37266(21-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37266  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 340.  

         

Bogotá, D. C., septiembre veintiuno (21) de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

Acomete  la  Sala  el  análisis  sobre  la  admisibilidad   del   libelo   de   casación  presentado  por  el  defensor  de  JUAN    CARLOS    APOLINAR    CRIALES   con  el  objeto  de sustentar el recurso extraordinario de casación  interpuesto  contra  la  sentencia proferida el 23 de junio del año en curso, a  través  de  la  cual el Tribunal Superior de Bogotá confirmó la dictada el 26  de  septiembre  de  2010 por el Juzgado 22 Penal del Circuito de Conocimiento de  la  misma  sede,  que condenó al mencionado como autor de los delitos de acceso  carnal  violento,  acceso  carnal abusivo con menor de 14 años y actos sexuales  con menor de 14 años agravado.   

HECHOS  

Fueron  declarados  por  los juzgadores, con  fundamento en el escrito de acusación, de la siguiente forma:   

“En  el  curso  del año 2005 y por lo menos  hasta  el  mes de diciembre de 2008, JUAN CARLOS APOLINAR CRIALES, en pluralidad  de  ocasiones, sometió a prácticas sexuales, incluyendo el acceso carnal, a su  hija  L.Y.A.H.1,  cuando  ésta apenas contaba entre los 10 y los 14 años de edad,  pues  en  ocasiones  en  que  en vacaciones escolares la menor iba a visitarlo a  Puerto  Salgar  Cundinamarca, su lugar de trabajo, aprovechando la soledad o las  ocupaciones  de los terceros, pidiéndole que le guardara el secreto y que sólo  se  trataba  del  amor  que  el  padre  tiene  hacia su hija, inicia a besarla y  tocarle  todo su cuerpo, cada vez con mayor intensidad, para el mes de diciembre  de  2005,  copularla  vía  vaginal,  continuando  luego  en  la  ejecución  de  tocamientos  corporales  lascivos,  hasta en el mes de diciembre de 2008, cuando  con  ocasión  de  chequeos médicos a otros de sus hijos, JUAN CARLOS visita la  ciudad  de  Bogotá,  acompañándose  además, de su hija L.Y.A.H., buscando la  ocasión  para  en  la  residencia  de  la menor, ubicada en la calle 8 c No. 87  b-40,   etapa  1,  casa  66  del  barrio  Nueva  Castilla,  a  solas,  accederla  carnalmente,  esta  vez  en  contra  de  la  voluntad  de  la  menor y pese a su  oposición.  Situación  que  la  joven  soporta, hasta el  mes de abril de  2009,  cuando  todo  se  lo  confía  a  V.A.  B.G.2,   amiga   y  compañera  del  colegio,  quien  le  ofrece  ayuda  con  sus  familiares  y  la alienta para que  denuncie,  lo  que  ocurre  el 22 de abril de 2009, con la participación activa  del       Ministerio      Público”.      

ANTECEDENTES  RELEVANTES   

Con fundamento en los hechos denunciados, se  dispuso   la   captura   de   JUAN   CARLOS  APOLINAR  CRIALES,  cuya  legalización  tuvo  lugar  durante la  audiencia  preliminar  celebrada  el  8 de octubre de  2009  ante  el  Juzgado 61 Penal Municipal con Función de Control de Garantías  de   Bogotá,   misma   en   la   cual   la  fiscalía  formuló  imputación  en  su contra por los delitos  de  acto  sexual  abusivo con menor de 14 años;   acceso  carnal  abusivo  con  menor  de  14  años;  acceso carnal o acto sexual  abusivo  con  incapaz  de  resistir  agravado  e  incesto,  delincuencias que el  mencionado  no  aceptó  y por las cuales se le impuso  medida   de  aseguramiento  privativa  de  la  libertad  en  establecimiento  de  reclusión.   

          El  6  de  noviembre  ulterior,  la  Fiscalía  radicó  escrito  de  acusación  en  contra  del  procesado “como presunto  autor  del  concurso  homogéneo  y  sucesivo  de  conductas  punibles  de actos  sexuales  con  menor  de  14  años,  en concurso heterogéneo con acceso carnal  abusivo  con  menor  de  14 años, acceso carnal abusivo con incapaz de resistir  agravado  e incesto, del cual trata el Código Penal, en sus artículos 31, 208,  209,  210,  211 numeral 2°, 4° y 5° (modificados por la Ley 1236 del 2008, en  sus  artículos  1°  y  7°,  respectivamente  y  por la ley 1257 de 2008, art.  30)…).   

Posteriormente,  durante  la  audiencia  de  formulación  de  acusación  celebrada  el  25  de  noviembre siguiente ante el  Juzgado  22  Penal  del Circuito con Funciones de Conocimiento de la misma sede,  la   fiscalía   acusó   a   JUAN   CARLOS  APOLINAR  CRIALES   como  presunto  autor  de  los  delitos  de  “acceso   carnal   violento  agravado  en  concurso  heterogéneo  con  acceso  carnal abusivo con menor de 14 años y actos sexuales  con  menor  de  14  años,  agravados  estos  dos,  y  en  concurso homogéneo y  sucesivo”,  descritos “en  los  artículos  31,  205, 208, 209 y 211 numerales 2, 4 y 5, modificados por la  Ley  1236  de  2008 en sus artículos 1° y 7°, respectivamente, y 1257 de 2008  en         su         artículo         30”3.       

En el citado despacho judicial, se evacuaron  las   audiencias   preparatoria   y   de  juicio  oral.  Durante  esta  última,  concretamente  en  la  sesión  desarrollada  el 4 de mayo de 2010, la fiscalía  solicitó  condena  en contra del acusado como “autor  de  las  conductas  punibles  de  acceso  carnal  violento  agravado en concurso  heterogéneo  con  acceso  carnal abusivo con menor de 14 años y actos sexuales  con  menor  de  14  años,  agravados  estos  últimos, en concurso homogéneo y  sucesivo”,  descritos “en  los  artículos  31, 205, 208, 209 y 211 numerales 2 y 5, modificados por la Ley  1236  de 2008 en sus artículos 1° y 7°, respectivamente, y 1257 de 2008 en su  artículo 30”4   

.  

Culminada  la audiencia y emitido el sentido  condenatorio  del  fallo,  el  juzgado  de  conocimiento  profirió sentencia de  primer  grado  el  16  de  septiembre ulterior por medio de la cual condenó  a  JUAN CARLOS APOLINAR CRIALES  a  la  pena  principal  de  veintiocho  (28)  años de  prisión  y  a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por un lapso de diez (10) años,  tras  encontrarlo  autor  responsable  de  los  delitos  “de  acceso carnal violento agravado en concurso con acceso carnal abusivo con  menor  de  14  años y actos sexuales con menor de 14 años agravado (artículos  205  modificado por la Ley 1236 de 2008, 208 modificado por la Ley 890 de 2004 y  209  modificado  por  la  Ley  1236  de  2008  y  211  numeral 2° y 5° Código  Penal)”.   

En  la misma decisión, el juzgado le negó  el  subrogado  penal de la condena de ejecución condicional y el sustitutivo de  la   prisión   domiciliaria  y  lo  condenó  al  pago  de  perjuicios  morales  ocasionados  a  la  víctima  por  una  suma  equivalente a 50 salarios mínimos  legales mensuales vigentes.   

Contra el fallo de primer grado, el procesado  y  su  defensor  interpusieron  recurso  de  apelación,  sobre  los  cuales  se  pronunció  el  Tribunal  Superior  de Bogotá el 23 de junio del año en curso,  impartiéndole     confirmación,     con    la    modificación    “en  el  sentido  de excluir de la declaración de responsabilidad  penal  un  delito  de  acceso  carnal abusivo que no fue objeto de la acusación  fáctica,  y  en  consecuencia, reducir la pena principal que le fue impuesta de  28 a 26 años de prisión”.   

En desacuerdo con la providencia anterior, el  defensor  del  procesado interpuso recurso extraordinario de casación, por cuyo  motivo  la demanda presentada con el fin de sustentarlo se remitió a esta Sala,  aprestándose al estudio sobre su admisibilidad.   

LA DEMANDA  

         

          Propone  un  único  cargo  fundamentado  en  la  causal  tercera de  casación  prevista  en  el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, por violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  derivada  de  un  error  de  hecho por falso  raciocinio,  por  cuanto  “en el sub lite es palmario  que  el fallo del Tribunal erró cuando pregonó responsabilidad penal en cabeza  del  señor  JUNA (sic) CARLOS  APOLINAR   CRIALES,   al   valorar   en   ausencia  de  la  reglas  (sic)  de la sana crítica y la experiencia  en  el  testimonio  de  la  menor  presentada  como  víctima en las diligencias  penales”.   

          En   tal   dirección,   trae   a   colación  el  razonamiento  del  ad  quem  según el cual las  supuestas  contradicciones  que  ofrece dicho medio de prueba son aparentes  y  no  tienen  la  entidad  para  desvirtuar  su  dicho,  ante  lo cual, estima,  “es  pues insalvable la duda que surge en torno a la  existencia  o  no de los actos libidinosos imputados a mi procurado en tanto, de  manera  facilista  el H. Tribunal, presenta una valoración que más bien parece  estructurada  en  pos  de  demostrar  la hipótesis de condena solicitada por la  fiscalía  y  avalada  por  el  juez  a  quo,  que  el  estricto cumplimiento de  hermenéutica  (sic)  que le  impone   la   constitución   y   la   ley   en   estos   eventos”.   

Todo ello porque, asegura, se minimizaron las  contradicciones  en  que  incurrió  la mencionada en relación con el tiempo de  los  hechos,  “cuando  como  es lógico el carácter  traumaticos   (sic)  de  los  mismos  obliga  a  rememorar con precisión si bien no los días exactos, si por  lo  menos el mes en que se consumaron, datos que aparecen huérfanos de respaldo  en  el  diligenciamiento  penal,  y  por ende imponían del ad quem reconocer el  principio   general   del   in  dubio  pro  reo  a  favor  del  señor  APOLINAR  CRIALES”.   

Acto   seguido,   transcribe  in   extenso,   sin   determinar   fecha,  radicación  y  sin  siquiera  establecer  límites  a  la  cita, apartes de una  decisión  de  esta  Sala  en relación con los diversos errores de apreciación  probatoria   y   la   aplicación  del  in  dubio  pro  reo   

          Luego   de   ello,   en   el  capítulo  que  denomina  “petición”,  depreca  casar  el  fallo  impugnado  para en su lugar  “absolver por duda”, a su defendido.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Según criterio reiterado de esta Sala, para  que  la  demanda de casación sea admitida, acorde con las preceptivas previstas  en  la  Ley  906  de  2004,  resulta  imperativo el cumplimiento de una serie de  presupuestos  orientados  a  que  contenga una exposición lógica y debidamente  argumentada,  como  así  se  desprende,  en  primer  lugar, de lo normado en el  inciso segundo del artículo 184, según el cual:   

“(N)o   será   seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no desarrolla los cargos de  sustentación…”.   

Igualmente  y  en  segundo  orden,  de  lo  advertido  en  el  artículo 183 del mismo estatuto, conforme al cual el recurso  extraordinario de casación se interpondrá:   

“(M)ediante demanda que de manera precisa y  concisa   señale   las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos”.   

A   los  criterios  contenidos  en  estas  disposiciones,  se  aúna  la  necesidad  de  proferir el fallo con el objeto de  cumplir    alguno    de   los   fines   del   recurso,   a   los   cuales      refiere     la  última  parte  del segundo inciso del mencionado artículo 184  de  la  misma  codificación, al señalar que también se inadmitirá la demanda  “cuando de su contexto se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir alguna de las  finalidades       del      recurso”.   

Es  decir  que  con  la  Ley  906  adquieren  significativa  importancia  los  fines  del recurso, hasta el punto de que en el  inciso  siguiente de la misma preceptiva, se establece que la Corte “atendiendo  a  los  fines de la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia  planteada, deberá superar los defectos de la demanda para decidir  de fondo”.   

Lo  anterior  conduce a la consideración de  que  aún si la demanda de casación no reúne los presupuestos de orden lógico  o  argumentativo  para  su  admisibilidad  pero la Sala advierte la necesidad de  proferir  fallo  de fondo con el objeto de garantizar sus fines, se superará el  escollo  para  entrar  a  su  estudio  de  fondo.  Del  mismo  modo es viable la  hipótesis  contraria,  esto es, en tanto se privilegian esos factores sobre las  exigencias  formales,  también  en  los  casos  en  que  la demanda satisfaga a  cabalidad  dichos  presupuestos  pero  no  se  hace  necesario proferir fallo de  fondo, se procederá a su inadmisión.   

Esta  concepción  teleológica  del recurso  también  ha llevado a exigir que, para su admisión, de la demanda debe aflorar  la  necesidad  del pronunciamiento de fondo para satisfacer alguno de sus fines,  no  otros  que  los  previstos  en  el  artículo  180  del  estatuto  procesal.   

Al respecto, comiéncese por decir que en el  libelo  no se hace mención, siquiera tangencial, a los fines del recurso y a la  necesidad  en  este  caso de proferir el fallo acorde con ellos. Pero, lo que es  peor, tal ponderación tampoco emana de su contexto.   

A cambio, el actor opta por formular un cargo  con  fundamento  en  la causal tercera de casación por haber incurrido el fallo  en  violación  indirecta de la ley sustancial derivada de un error de hecho por  falso  raciocinio, cuyo desarrollo ni se ajusta a sus exigencias argumentativas,  según  los  parámetros  ampliamente  difundidos  por  esta  Sala,  ni  pone de  manifiesto  incorrección  en  la  apreciación probatoria o error alguno con la  entidad de resquebrajar la sentencia.   

Según  criterio  reiterado  de  la Sala, se  presenta  el  yerro  de valoración probatoria formulado por el libelista cuando  el  juzgador  aprecia  la  prueba  desconociendo las pautas de la sana crítica,  esto   es,   postulados   lógicos,   leyes   científicas   o  máximas  de  la  experiencia.   

Por  razón de esa especial naturaleza, para  que  la  propuesta  basada en esa modalidad goce de la imprescindible claridad y  suficiencia,  el  demandante está compelido, como primera medida, a identificar  la  prueba sobre la cual recae el yerro; luego, a establecer el mérito otorgado  al  medio  de  convicción  en  la sentencia y, a la vez, a señalar cuál es el  postulado  de  la  sana crítica en su criterio vulnerado, esto es, el principio  lógico,    la    máxima   de   la   experiencia   o   la   regla   científica  quebrantada.   

Luego,   debe   proceder  a  vincular  esa  apreciación  con  la  regla  aludida demostrando en dónde radica el desvío y,  por  último,  está  obligado a precisar la trascendencia del error frente a la  ley  sustancial, lo cual le exige exponer los argumentos conducentes a demostrar  que  la sentencia impugnada se debe modificar en favor del interés representado  como  consecuencia  necesaria  del  error,  tarea que, ineludiblemente, entraña  abordar   la   totalidad   de  los  medios  de  persuasión  en  los  cuales  se  sustenta.            

         

En la censura objeto de estudio, el defensor  identifica  como  medio  de  prueba  sobre  el  cual  recae  el pretextado vicio  valorativo,      la      deponencia      de      la      menor      L.Y.A.H.,  víctima  de  los  hechos;  sin  embargo,  se  abstiene  de  precisar  la  regla de la sana crítica, esto es, se  insiste,  el  postulado  lógico,  la  máxima  de  la  experiencia  o  la regla  científica  desconocida  en  su  apreciación por el fallador, presupuesto que,  como ya se señaló, es estructural de esa pretensión.   

No  basta  entonces,  como aquí ocurre, con  simplemente   señalar,  de  manera  enunciativa,  que  la  apreciación  de  la  sentencia  impugnada  es  contraria  a  tales  reglas,  sino  que ha menester su  individualización,  luego  de  lo cual debe ahondarse en su trascendencia tanto  probatoria  como  sustancial,  hasta  tal  punto de evidenciar que el fallo debe  mutarse   en   sentido   favorable   para   el   interés  representado  por  el  casacionista.   

La   única  referencia  del  cargo  asimilable  a  la  transgresión  de este tipo de reglas  se remite a que se vulneró  la  lógica  al otorgarse credibilidad al dicho de la menor a pesar de que nunca  precisó  las  fechas  de realización de los    ataques    sexuales;     empero,    tal    exigencia  nada tiene que ver  con  la  lógica,  sino  con      el     análisis    de   su  fuerza suasoria, al dar cuenta de reiterados actos de  tal     naturaleza     ejecutados     por  su  padre  durante  un considerable  lapso    de   más   de  cuatro años y     desde     cuando    la    víctima   apenas   contaba   con  10     años          de          edad5.        Ante        tal  panorama, y no obstante el  impacto  sicológico  que  dichas  conductas  pudieran  acarrear,  como  lo  aduce  el       censor,  difícil   le   resultaba  recordar   y   concretar  tales  datos,  máxime si,  según  ella misma lo relata, en los primeros años de  realización  su  padre la  convenció  de  que  eran  connaturales  a la relación  paterno-filial.     

Todo  se  resume,  entonces,  en que para el  actor  la  valoración  del  juzgador  no  consulta  con  las  pautas de la sana  crítica  simple  y llanamente porque no coincide con su muy superficial parecer  personal  sobre  cómo  ha  debido apreciarse este testimonio, el cual contrasta  con   el   juicioso   estudio   elaborado  por  el  ad  quem  en  orden  a  corroborar  su  consistencia  ante  similar  crítica  sustentada  en  la  apelación,  motivo  por  el cual resulta  evidente  que  deja sin demostrar el error formulado, atentando, además, contra  la  naturaleza  extraordinaria  del recurso de casación -en cuanto se concentra  en  la  producción de errores que afectan la ilegalidad del fallo- y resultando  inane  para  derruir la doble presunción de acierto y legalidad que lo gobierna  -en  cuya  virtud  prevalece  el  juicio  del  sentenciador  sobre  la  opinión  subjetiva del recurrente-.   

A más de ello, la revisión de los fallos de  instancia,   permite  evidenciar  que  si bien esta declaración sirvió de  fundamento  al  fallo  de  responsabilidad,  no fue el único elemento de juicio  considerado     y    que,    por    lo    mismo,    la    censura    se    torna  intrascendente.   

Así,  en las aludidas sentencias se deja en  claro   que   el   dicho   de  L.Y.A.H.  se  hace fuerte en la medida en que está respaldado con la versión  de  su  compañera  de  estudios  V.A.B.G.6,   con   el  testimonio  de  su  progenitora,  quien  a  pesar  de no ser haber apreciado los  hechos  sí  ratifica  circunstancias  tempo-espaciales  de su relato, y con los  peritajes  científicos  de  carácter  médico  y  sicológico que respaldan la  incriminación,  de  los  cuales no se ocupó en lo más mínimo el libelista en  perjuicio  de  la  indispensable comprobación de trascendencia que debe ofrecer  el reparo.   

Los  precedentes  defectos  argumentativos  permiten  a  la  Sala  razonablemente  concluir que la demanda no cumple con las  exigencias   contenidas  en  las  normas  transcritas  al  inicio  de  la  parte  considerativa   de   esta   decisión,   motivo   por   el  cual  se  impone  su  inadmisión.   

Se  arriba a idéntica conclusión, además,  porque  del  contenido  de  la  demanda  y  de  la revisión de la actuación no  encuentra  procedente  la Sala la necesidad en este caso de superar los defectos  reseñados  en procura de cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario  previstos  en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004 y en tanto no se avizora la  posibilidad  de  corregirlo  oficiosamente  por concurrir la causal de nulidad o  por   advertir   vulneración   de  garantías  fundamentales  de  las  diversas  partes.   

   

Ahora bien, habida  cuenta     que    contra    la    decisión    de    inadmitir    las           demandas  de  casación procede el mecanismo de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a  seguir  para  que se aplique el referido instituto procesal, habrán de seguirse  las   reglas   fijadas   por  la  Sala  para        su        aplicación7.   

         En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  presentada  por el  defensor   del   procesado   JUAN   CARLOS   APOLINAR  CRIALES,  por  las  razones consignadas en la anterior  motivación.   

        Contra  esta decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                   JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO        SIGIFREDO                ESPINOSA  PÉREZ                      

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                    MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ     DE     LEMOS            

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                    JULIO      E.      SOCHA     SALAMANCA          

       

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria    

1  Como  esta providencia puede ser publicada, se omite el nombre de  la  menor,  de  conformidad con lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de  la  Ley  1098  de  2006  “por  la cual se expide el  Código      de     la     Infancia     y     la     Adolescencia”.   

2 Dado  que  también  tiene  la  condición de menor de edad, igualmente se omitirá su  nombre, con fundamento en la misma norma.   

3  A  partir      del      récord     10’35’’  del  c.d. contentivo de dicha audiencia.   

4  A     partir     del     récord     1’48’’  del  c.d.  contentivo  de  dicha  audiencia.   

5   Sobre  el  particular,  consultar  análisis  del  sentenciador  de  segundo  grado,  en la  página 10 del fallo.   

6 Pág.  8 de la sentencia de primer grado.   

7  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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