36548(14-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36548  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  331  

Bogotá, D.C., catorce (14) de septiembre de  dos mil once (2011)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el    defensor    del    procesado    Pedro   Cerón  Guenis,  en  contra del fallo de 21 de julio de 2010 a  través  del  cual la Sala Penal del Tribunal Superior de Cundinamarca confirmó  la  sentencia de primera instancia del Juzgado Penal del Circuito de Zipaquirá,  que   condenó   al   mencionado   por  los  delitos  de  homicidio  agravado  y  fabricación,   tráfico    y   porte  de  armas  de  fuego  o  municiones.   

H E C H O S  

El sentenciador de segundo grado los resumió  de la siguiente manera:   

“Se tiene noticias que en inmediaciones del  municipio   de   Cogua   (Cundinamarca),   el   6   de  julio  de  2006,  siendo  aproximadamente  las  19:40  horas,  cuando  el  señor  José Demetrio Benítez  Velandia  se  encontraba  dentro  del  establecimiento  público de su propiedad  denominado    ‘Puerto  Chivo’, se levantaron dos  sujetos  que  se  encontraban consumiendo cerveza en una mesa cercana y luego de  indagarle  cuánto  se  debía, uno de ellos procedió a dispararle en repetidas  ocasiones, causándole la muerte en forma inmediata.   

Posteriormente se tuvo noticia que el señor  Benítez  Velandia  venía recibiendo llamadas extorsivas en donde se le exigía  un  millón  de  pesos  a  cambio  de  no  atentar  contra su vida y/o la de sus  familiares,  y  ante  la  negativa  de  éste  fue ultimado, como se indicó. No  obstante  lo  anterior,  días  siguientes  a  su  deceso iniciaron las llamadas  extorsivas  en donde se indicaba a su esposa Blanca Lilia y a su hijo Jhon Fredy  Benítez,  que debía (sic) consignar un dinero si quería proteger su vida y la  de  su  familia,  pues  ya  tenían  noticia  de lo que les podía ocurrir si no  pagaban  por  su  seguridad,  en  la  medida que ya se había dado la muerte del  señor  Benítez Velandia. Así las cosas, Jhon Fredy, atendiendo las exigencias  realizadas  por  los  extorsionistas, efectivamente consignó el 17 de julio del  mismo  año  un  millón de pesos ($1.000.000,oo) a la cuenta No. 2021-015910339  de  CONAVI,  cuyo  titular era Pedro Cerón Guenis; sin embargo, continuaron las  llamadas  extorsivas  y  amenazantes  en  donde  se  le  exigía el pago de diez  millones   de   pesos   ($10.000.000,oo),  las  cuales  se  iban  haciendo  más  reiterativas,  por  lo  que  optó Jhon Fredy por dar aviso a las autoridades de  Policía,  quienes luego de las diligencias de inteligencia realizadas el 26 del  mismo  mes  y  año, lograron la captura de Pedro Cerón Guenis, quien tenía en  su  poder la tarjeta débito de la cuenta de la Corporación CONAVI, misma en la  que  se  consignó  el  dinero  inicialmente exigido y a Javier Henao Martínez,  quien   admitió   haber   realizado   algunas   de  las  llamadas  extorsivas.”   

         

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por los hechos  anteriormente  referidos,  el  19  de  junio de 2007, la Fiscal 1ª Seccional de  Zipaquirá       formuló      resolución      de  acusación1,  contra  Pedro  Cerón  Guenis,   por  las  conductas punibles de  homicidio  agravado  y  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego o  municiones  (artículo  103,  104-4  y  365  del Código Penal). Adicionalmente,  acusó  a  Teófilo  Ceballos  Sánchez  y Javier Henao Martínez por los mismos  delitos  y,  además, el de extorsión agravada, según los artículos 244 y 245  de  la  Ley  599  de  2000,  modificados  por  la  Ley  733  de 20022.     La  providencia  mencionada  no  fue  recurrida  y  cobró  ejecutoria el 28 de junio de 2007.   

La causa fue adelantada por la Juez Penal del  Circuito   de   Zipaquirá,   la   cual,   luego   de   correr  el  traslado  del  artículo  400 de  la  Ley  600 de 2000, de  celebrar  las  audiencias preparatoria y  la  pública del juicio, el 8  de  abril  de  2008,  profirió  sentencia  de  primer  grado3,  mediante  la  cual condenó a    Pedro   Cerón   Guenis  a  la  pena  principal de 26 años de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término  de  20  años, como coautor de los delitos por los que fue acusado, en  concurso.  Así  mismo,  condenó  a  Teófilo  Ceballos Sánchez y Javier Henao  Martínez  a  la pena principal de 31 años de prisión y multa de 3000 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes, como coautores de las conductas punibles  por las que fueron convocados a juicio.    

A  todos  los  mencionados  el  a   quo  les  negó  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y el sustituto de la  prisión  domiciliaria  y,  al  mismo  tiempo,  los  condenó  al  pago  de  los  perjuicios  civiles  derivados de la ejecución de las conductas punibles.    

Apelada la decisión de primera instancia por  el   defensor   de   Pedro  Cerón  Guenis,  fue  confirmada  por  el  Tribunal  Superior de Cundinamarca, en fallo de segundo grado del 21 de  julio  de  20104.   

Inconforme  con  lo resuelto, el defensor de  Cerón  Guenis,  de  manera  oportuna,  formuló  y  sustentó  el recurso extraordinario de casación.    

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  demandante,  con  apoyo  en la causal de  casación  que  describe el cuerpo segundo, numeral 1°, del artículo 207 de la  Ley  600  de  2000,   denuncia que el sentenciador incurrió en un error de  hecho  “en  la  apreciación  de determinados medios  probatorios”,  lo  cual  configura violaciones a las  reglas  de  la  sana  crítica,  así  como falsos juicios de existencia. Estima  vulnerados  los  artículos  103,  104-4 del Código Penal y 232, 233, 234 y 238  del   Código   de   Procedimiento   Penal   de   2000,  y  aplicado  de  manera  “amañada”  el  365  del  estatuto sustancial.   

Sus argumentos son los siguientes:  

La  censura  del impugnante se centra en las  “malformaciones      del      juicio”   por  errónea  y  falsa  apreciación  de  la  prueba, en  particular   de   los   indicios  y  los  testimonios;  así,  reprocha  que  el  sentenciador  hubiera  deducido la responsabilidad del procesado en el homicidio  de  la víctima por el hecho de haber aceptado su participación en el delito de  extorsión,  pues  la  prueba  no  permite  esa  conclusión;  por  apreciar  lo  contrario,  asegura,  el  fallador  violó  las reglas de la sana crítica en la  conformación de la prueba indiciaria.   

Precisa  que  Blanca  Lilia Jiménez Moreno,  esposa  del  hoy  occiso  y  testigo  presencial  del  crimen, no identificó al  procesado  Pedro  Cerón  Guenis  como  el  victimario  de su cónyuge; por otra  parte,  la  empleada  del  establecimiento  de  comercio, Marlene Parada López,  describió  a  los  autores  del hecho como de edad superior a la del procesado.  Así  mismo,  el  censor  estima  que  en las llamadas extorsivas y de contenido  amenazante  recibidas  por  el  hijo de la víctima días después del crimen no  existe  una  expresa  amenaza de muerte, de suerte que no es posible derivar que  quien  cometió  la  extorsión  tuviera  algún vínculo con el homicidio; más  bien,  dice, los extorsionistas aprovecharon la muerte de Benítez Velandia para  darle fundamento a las exigencias económicas.   

Así, critica que el sentenciador empleara la  trasliteración   de   la  aludida  comunicación  como  prueba  indiciaria  del  homicidio,  en  violación  a  las  reglas de la experiencia y de la lógica. De  igual  forma, asegura que del dicho de Jhon Fredy Benítez, hijo de la víctima,  solamente  se  puede  deducir  que  fue  la  persona  que  portó ilegalmente la  presunta  arma  homicida, así como dudas sobre la actuación de César Gómez y  de un individuo llamado Álvaro.   

Luego  de  enunciar  sus dudas en torno a la  ocurrencia  de  los  hechos,  afirma  que de haberse investigado “que  verdaderamente  existían antecedentes de información criminal  en  la  Policía” sobre las exigencias extorsivas de  que  supuestamente  fue  víctima el señor José Demetrio Benítez Velandia con  anterioridad,  “ello  iría  borrando hipótesis que  acercaría   el   indicio   a   señalar   el   hecho  del  homicidio  por  esta  causa”.  Califica  como  acomodado  y  torticero  el  argumento  del  sentenciador,  por  medio  del cual infirió el porte de arma de  fuego  por el procesado a partir del hecho de la muerte de la víctima, toda vez  que  -asegura-  el  arma  no  existe  en  el  proceso  y  de  ella  no  se tiene  conocimiento.   

Concluye  su discurso afirmando que el yerro  consistió    en    que    los    falladores    de   instancia   “partieron  de  un supuesto estimado bajo yerro de derecho creando un  falso  juicio de existencia de un medio probatorio falsamente apreciado, como ya  se ha podido establecer”.   

En  escrito  separado,  presentado de manera  oportuna,  el demandante agrega como vulnerado el artículo 7, inciso 2º, de la  Ley   600   de  2000  (in  dubio  pro  reo),  toda  vez  que,  según  dice,  el  juzgador observó los medios  probatorios  que  lo  llevaron  a  dudar,  pero  no  aplicó esa duda a favor de  Cerón Guenis.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Naturaleza  del recurso extraordinario y  deberes del impugnante   

Antes  de  ocuparse  la  Colegiatura  de los  requerimientos  de  admisibilidad  del  libelo, estima necesario recordar que su  jurisprudencia  ha  precisado  de tiempo atrás que al impugnante le es exigible  acompasar  el  discurso de sustentación del recurso extraordinario de casación  con  sus fines; es así que los reproches planteados deben encaminarse a obtener  la  efectividad  del derecho material y de las garantías debidas a las personas  que  intervienen  en  la  actuación penal, la unificación de la jurisprudencia  nacional,  o  bien  la reparación de los agravios inferidos a las partes con la  sentencia  demandada (artículo 206 de la Ley 600 de 2000), pues de lo contrario  el  escrito  habrá  de ser rechazado (artículo 213 del ordenamiento procesal).   

En  el  orden argumentativo, al censor le es  exigible  identificar  y respetar los parámetros que la ley ha establecido y la  jurisprudencia  ha  desarrollado  respecto  de  cada  una  de  las  específicas  causales  aducidas,  como  también  sus  diferentes  sentidos y modalidades. El  recurso  de  casación  no  es  una  tercera  instancia  del proceso penal ni un  escenario  encaminado  a  desaprobar  de cualquier manera, como si se tratare de  una  alegación  de  instancia,  la  interpretación probatoria y normativa  del   juzgador,  como  tampoco para reprochar cualquier clase de vicio  en el trámite de la actuación, o desconocer la realidad procesal.   

El  impugnante  extraordinario debe tener en  cuenta  que  el  deber de una correcta postulación y debida fundamentación que  le  impone  el  artículo  212  del  Código de Procedimiento Penal encuentra su  razón   de  ser  en  que,  de  una  parte,  la  sentencia  llega  a  esta  sede  extraordinaria  amparada  por la doble presunción de acierto y legalidad y, por  la  otra,  el recurso es de naturaleza rogada, razón por la cual le es exigible  completa   claridad   y   coherencia  en  la  presentación  del  caso  ante  la  Corporación,  la cual -según así se lo impide el principio de limitación- no  puede  corregir,  interpretar o complementar los razonamientos del censor.    

Por  el  contrario,  el  casacionista  debe  identificar  con  toda  claridad  qué error cometió el juzgador y apoyar dicho  enunciado   en  los  argumentos  que  persuadan  sobre  su  ocurrencia  y,  más  importante    aún,   debe   enseñar   a   la   Sala   la   trascendencia   del  yerro.   

2. El caso concreto  

Vistos los lineamientos anteriores, desde ya  la  Sala  anticipa  su  conclusión en el sentido de que inadmitirá la demanda,  toda  vez que presenta ostensibles yerros de postulación y fundamentación: los  primeros,  por cuanto i) omite  formular   a   la   Sala   una  petición  concreta  como  consecuencia  de  los  razonamientos      formualdos      y      porque,      además,     ii) falta al deber de claridad al precisar  la  modalidad  y  sentido  de  la  o  las  violaciones indirectas que alega; los  segundos,     en     tanto     el     razonamiento    casacional    iii)   se   limita   a  discrepar  de  la  apreciación  judicial  de  la  prueba,  a  través del mecanismo de oponerle su  personal   punto   de   vista   y,   por   otra   parte,   porque   iv) pasa por alto la manera en que se debe  atacar  en  esta  sede  la prueba indiciaria, así como el verdadero alcance del  contenido de la sentencia.   

2.1. En efecto, en  los   dos  escritos  presentados  en  sustento  del  recurso  extraordinario  de  casación,  la  Corporación no encuentra que el recurrente le formule una clara  e   inequívoca   petición   que  resulte  consecuente  con  los  razonamientos  presentados.  De  suerte  que,  aún  cuando el impugnante lograra acreditar los  yerros  que pregona y su trascendencia, de todos modos la Colegiatura no podría  entrar  a  casar  la  sentencia  en  un  sentido determinado por ausencia de una  petición   en  tal  dirección,  falencia  que  la  Corte  no  puede  corregir,  interpretando  o  suplantando la intención del censor, por expresa prohibición  que le impone el principio de limitación.   

2.2. Por otra parte,  el  libelo falta al deber de claridad en cuanto al número de cargos formulados,  así   como   en   el  sentido  y  modalidad  de  la  violación  indirecta  que  alega.   

Ello   es  así  porque,  aún  cuando  el  casacionista  menciona  inicialmente  que la violación indirecta proviene de un  error   de  hecho,  y  más  adelante  refiere  la violación de máximas de la sana  crítica,  también  lo es que a manera de conclusión  de  sus  argumentos  asegura  que  los falladores de instancia incurrieron en un  yerro    de    derecho,  “creando  un  falso juicio  de   existencia  de  un  medio  probatorio  falsamente  apreciado”.    

Así orientado el reproche y por razón de la  deficiente  metodología  expositiva  del libelo, a la Corporación no le asiste  claridad  si  la modalidad de error de hecho denunciada es el falso raciocinio o  el  falso  juicio  de  existencia,  o  bien  si  se  trata de cargos o reproches  distintos.   La  confusión  así  plasmada por el impugnante en el escrito  aumenta  si se consideran las varias inconsistencias en que incurre: primero, al  sugerir  que el falso juicio de existencia es una de las modalidades de error de  derecho,  pues  es  sabido que esta manifestación de la violación indirecta de  la  ley sustancial abarca solamente los yerros de falso juicio de legalidad y el  poco  común falso juicio de convicción; y en segundo lugar, al sugerir que una  prueba   afectada   por  falso  juicio  de  existencia  puede  ser  ‘falsamente    apreciada’,       aserto       naturalmente  ilógico.   

Las   anteriores   imprecisiones   en   la  orientación  de  la  censura no configuran simplemente el incumplimiento de una  formalidad  de  escasa  relevancia,  pues  si la Sala no tiene claridad sobre el  sentido  y  modalidad  de  censura  invocada  no  podrá lógicamente determinar  cuáles  son  los  presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación que debe  encontrar en el libelo.   

2.3. Por otra parte,  la  Colegiatura  evidencia que el argumento del casacionista solamente plasma su  propia  apreciación  de  la prueba, opuesta a la del juzgador, sin demostrar de  manera  fehaciente que aquél incurrió en un dislate trascendente para mutar el  sentido del fallo.   

En  efecto,  el  impugnante  critica  que el  juzgador  hubiera  deducido  el  compromiso  del  procesado  en el homicidio del  ciudadano  José  Demetrio  Benítez  Velandia  a partir del hecho de que aquél  admitiera  su  responsabilidad  en  las  extorsiones  realizadas; señala que no  existe  prueba  que hubiera identificado a Pedro Cerón  Guenis como la persona que disparó contra la víctima  o  que hubiera portado un arma de fuego, y estima desenfocados los razonamientos  del sentenciador al vincular la extorsiones con el homicidio.   

Pues bien, el argumento así presentado no es  idóneo  para  demostrar  un  yerro  de  apreciación  probatoria  por parte del  sentenciador,  menos aún uno constitutivo de falso raciocinio o de falso juicio  de  existencia. Ello es así porque el casacionista, entre el cúmulo de pruebas  que  estima  mal apreciadas, si bien es cierto indica cuál fue aquella sobre la  que  recayó  el falso raciocinio, también lo es que no dice cuál fue la regla  de  la  experiencia,  la  lógica o la ciencia que el juzgador aplicó de manera  errónea,  por qué dicha máxima no es válida, cuál fue la regla que dejó de  aplicar  y  cuál  es  el  nuevo panorama probatorio luego de la corrección del  yerro.   

Nada  de  lo  anterior  acredita  el censor;  apenas  se  limita a mencionar en un aparte de su escrito, sin mayor desarrollo,  que  de  la trascripción de las llamadas telefónicas amenazantes no se infiere  un  peligro  inminente  de  muerte,  pues  de  haber  sido esa la intención del  extorsionista   “por  regla  general amenaza de  manera   objetiva   y   no   se  anda  con  rodeos”,  apreciación  por  demás  bien  cuestionable  que le sirve, además, para negar  cualquier  vínculo  entre  la extorsión admitida por el procesado Pedro   Cerón   Guenis  y  el  homicidio.   

Lo  cierto es que el juzgador, tras advertir  la  inexistencia  de  prueba  directa  de  la  responsabilidad  de  Cerón   Guenis,   apreció,   luego   de  configurar  diversos indicios, que José Demetrio Benítez Velandia fue ultimado  por  un  grupo de individuos, los cuales actuaron con división de trabajo, como  consecuencia  de  no haber accedido al pago de exigencias extorsivas, mismas que  siguieron  realizándose  a  sus  familiares  después del crimen.  Para el  fallador,  las  llamadas  telefónicas  extorsivas  realizadas  a  Blanca  Lilia  Jiménez  Moreno  y  Jhon Fredy Benítez, esposa e hijo del hoy occiso, llevaban  una  amenaza  de  muerte  en  caso  de  no  cumplir  lo exigido, amenaza apoyada  precisamente en el crimen de Benítez Velandia.   

El juzgador reforzó su convicción sobre la  responsabilidad   del   procesado   tras   considerar,   adicionalmente,  que  a  Pedro  Cerón  Guenis  se le  halló  la  tarjeta débito correspondiente a la cuenta donde se consignaron las  sumas  solicitadas  por  vía de la extorsión y, además, que aquél reconoció  su  participación  en  ese  delito. Así, la modalidad de ejecución del delito  (coautoría  por  división  de trabajo) fue la que le permitió al sentenciador  deducir,  por  vía de la aprueba indirecta, que Cerón  Guenis,   además  de  ser  autor  de  la  extorsión  admitida,  también  fue responsable del homicidio, sin necesidad de que hubiera  disparado   contra   el   ofendido   o   que   hubiera   portado   el   arma  de  fuego.   

Al  razonamiento  anterior, el recurrente le  opone  su  propia  apreciación, según la cual, Cerón  Guenis  no  es  responsable  del homicidio en tanto no  ejecutó  materialmente  esa  conducta, los testigos presenciales no lo ubicaron  en  la escena del crimen y porque de las llamadas telefónicas no se aprecia una  amenaza  directa de muerte, ponderación que apenas refleja la personal opinión  del  censor,  pero  por  ninguna parte acredita un yerro probatorio ostensible y  trascendente por parte de los funcionarios de instancia.   

2.4.   Dígase,  además,  que el impugnante pasa por alto los exigentes presupuestos que, según  lo  ha  decantado  la jurisprudencia de la Sala, requiere la demostración de un  yerro  en  la  configuración  de  los  indicios;  para  demostrar esta clase de  censura, al libelista le es exigible:   

“informar si la  equivocación  se  cometió  respecto  de  los  medios  demostrativos   de   los   hechos   indicadores,   la  inferencia   lógica  ,  o  en  el  proceso   de   valoración  conjunta   al    apreciar    su    articulación,    convergencia   y    concordancia    de   los   varios   indicios   entre    sí,   y   entre   éstos   y   las   restantes    pruebas,    para    llegar   a   una   conclusión                 fáctica                desacertada.”   

“De manera que,  si   el   error  radica  en  la  apreciación  del  hecho  indicador,  dado  que  necesariamente  éste  ha  de  acreditarse  con  otro  medio  de  prueba  de los  legalmente  establecidos,  necesario resulta postular si el yerro fue de hecho o  de  derecho,  a  qué expresión corresponde, y cómo alcanza demostración para  el caso.”   

“Y si el error  se  ubica  en el proceso de inferencia lógica, ello supone partir de aceptar la  validez  del  medio  con  el  que se acredita el hecho indicador, y demostrar al  tiempo  que  el  juzgador  en  la  labor  de asignación del mérito suasorio se  apartó  de  las  leyes de la ciencia, los principios de la lógica o las reglas  de  experiencia,  haciendo  evidente  en  qué  consiste y cuál es la operancia  correcta   de   cada   uno   de   ellos,   y   cómo   en   concreto   éste  es  desconocido.”   

“Si   lo    pretendido    es    denunciar    error   de   hecho   por   falso   juicio   de  existencia  de   un   indicio   o   un   conjunto  de  ellos,   lo   primero   que   debe  acreditar  el  censor es la existencia  material  en el proceso de medio con el cual se evidencia el hecho indicador, la  validez   de   su  aducción,  qué  se  establece  de  él,  cuál  mérito  le  corresponde,  y  luego  de realizar el proceso de inferencia lógica a partir de  tener  acreditado el hecho base, exponer el indicio que se estructura sobre él,  el   valor   correspondiente   siguiendo   las   reglas  de  experiencia,  y  su  articulación  y  convergencia  con  los  otros  indicios  o  medios  de  prueba  directos.”   

“Además, dada la naturaleza de este medio  de  prueba,  si el yerro se presenta en la labor de análisis de la convergencia  y  congruencia entre los distintos indicios y de éstos con los demás medios, o  al  asignar la fuerza demostrativa en su valoración conjunta, es aspecto que no  puede  dejarse de precisar en la demanda, concretando el tipo de error cometido,  demostrando   que   la  inferencia  realizada  por  el  juzgador  indicando  los  postulados  de  la  sana  crítica, y acreditando que la apreciación probatoria  que  se propone en su reemplazo, permite llegar a conclusión diversa de aquella  a  la  que  arribara  el sentenciador, pues no trata la casación de dar lugar a  anteponer  el  particular  punto  de  vista del actor al del fallador, ya que en  dicha  eventualidad  primará  siempre  éste,  en  cuanto la sentencia se halla  amparada  por  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad, siendo carga del  demandante  desvirtuar  con  la  demostración  concreta de haberse incurrido en  errores  determinantes de violación en la declaración del derecho.”   

“Es     en     este   sentido    que   el   demandante   debe   indicar   en    qué   momento    de    la    construcción   indiciaria    se   produce,   si   en   el   hecho  indicador  o  en  la  inferencia por violar las reglas de la sana crítica,  para  lo  cual  ha  de señalar  qué en concreto el medio demostrativo del  hecho  indicador, cómo hizo la  inferencia el juzgador, en qué consistió  el  yerro, y qué grado de  trascendencia tuvo éste por su repercusión en  la    parte    resolutiva    del    fallo”.5   

Pues  bien, el fallo es claro al identificar  el   cúmulo   de   indicios   sobre   los   que   construyó   el   juicio   de  responsabilidad.   Éstos  fueron: i)  el  informe  del  Departamento de Policía de Cundinamarca, Unidad  Investigativa    de    Zipaquirá,   ii)   la   trascripción   de  las  llamadas  extorsivas,  iii)       la       “confesión   velada”   de   los  demás  procesados  sobre  la  existencia  de  la  cuenta  donde  se  recibió  la  suma  inicialmente      exigida      por      los      delincuentes,      iv)  la  delación  efectuada  por Javier  Henao  Martínez  contra  Teófilo  Ceballos  y  Pedro  Cerón,  en lo referente a la extorsión, v)  la  utilización  de  un escrito para  eximirse   de   responsabilidad  y  atribuírsela  a  un  tercero,  vi)   la   ostensible   mentira  en  que  incurrieron  al  afirmar  que fue un desconocido quien, a cambio de su libertad,  les propuso la coartada antes mencionada.   

Así las cosas, enfrentado el sustento de la  sentencia  con  las alegaciones del casacionista, surge nítido que esta último  solamente  de  manera  parcial cumple con los requerimientos argumentativos para  atacar  la  configuración  de los indicios, pues limita su discurso a mencionar  unas  cuantas  pruebas  constitutivas de los hechos indicadores (el contenido de  las  llamadas telefónicas extorsivas, la no presencia del procesado en el lugar  del   homicidio,  su  reconocimiento  de  haber  participado  en  las  maniobras  extorsivas),  pero  no  logra  enseñar  a  la  Sala  cómo  el sentenciador, al  elaborar  la inferencia que concluyó en una coautoría por división de trabajo  de  la  que  hizo  parte el hoy procesado, incurrió en alguno de los errores de  hecho  que  -sin  la  debida  claridad-  pregona, dado que para ello -insiste la  Corporación-   no  pasa  de sugerir su propia e incompleta apreciación de  la  prueba,  y  de  proponer  dudas que van por senda distinta a la apreciación  judicial.   

Por último, dígase que el planteamiento del  libelista,  según  el cual el juzgador “observó los  medios  probatorios  que  lo  llevaron a dudar” y, no  obstante  lo  anterior,  no  declaró  esa duda, carece de todo fundamento, pues  aquél  siempre  expresó su convicción en el sentido de la responsabilidad del  acusado  y  así  lo  declaró  en  la  parte  dispositiva de su decisión. Cosa  distinta  es  que  hubiera  reconocido, como en efecto lo hizo, las dificultades  probatorias  derivadas  de  la  inexistencia  de  prueba  directa,  aspecto  que  resolvió  -para  la Corte de manera acertada- a través de la prueba indiciaria  que  condujo  a  la materialización de la figura de la coautoría por división  de trabajo.   

3. Conclusión  

Por  las  razones precedentes, los reproches  contenidos  en  la  demanda de casación formulada por el defensor del procesado  Pedro     Cerón     Guenis      adolecen  de una indebida fundamentación y, por lo mismo, el libelo  será inadmitido.   

Por  último,  del  estudio de la actuación  surtida  y  las  decisiones proferidas en el proceso, la Colegiatura no advierte  la   configuración   de   vicios   de  estructura  o  de  garantía  en perjuicio de  los   sujetos  procesales  que  amerite  superar  los  defectos  de  la  demanda  con  el  fin  de asegurar su protección en esta sede  extraordinaria.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR la   demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado Pedro Cerón Guenis.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                            JOSÉ  LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ               

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ             

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                      MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                           JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Fl.  324   –  344,  cuaderno  original N° 2   

2  El  entonces  investigado Pedro Cerón Guenis, mediante comunicación del 14 de mayo  de   2007   (fl.   262,   c.o.   No.   2),   se   acogió   a   la  sentencia    anticipada    por    el    punible    de    extorsión  agravada,  motivo  por  el  cual  la  resolución  de  acusación que obra en esta actuación lo excluye de ese delito.   

3  F.  189      –     228  c.o.3   

4 Fl.  32-49, cuaderno del Tribunal   

5  Sentencia  de casación del 2 de agosto de 2001, radicación 12062, reiterada en  auto de 6 de marzo de 2008, rad. 28539     

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