36501(14-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  36501   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 331.  

         

Bogotá, D. C., septiembre catorce (14) de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación presentada por el defensor de los procesados EFRÉN  ANTONIO  MARÍN  ORTIZ,  RUBEY  CÓRDOBA  AYALA y     GUILLERMO     ALFREDO    CÓRDOBA  RAMÍREZ contra la sentencia proferida por el Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  12  de  enero  del  año  en  curso, mediante la cual  confirmó,  con  algunas  modificaciones,  la dictada por el Juzgado Sexto Penal  del  Circuito  de  Descongestión  de  la  misma  ciudad  el  27 de agosto de la  anualidad  anterior, que los condenó por el delito de corrupción de alimentos,  productos médicos o material profiláctico agravado.   

HECHOS  

El     ad  quem     los    relató    de    la   siguiente  forma:   

“El 27 de febrero de 2004, en los inmuebles  localizados  en  la  carrera  44 No. 64 A 20 sur y en la carrera 71 No 69 C sur,  casa  78,  de  esta  ciudad,  los  integrantes  de  una  patrulla  policial, con  autorización  de  los moradores, realizaron dos diligencias de registro y en el  curso   de   ella   encontraron  maquinaria  y  materia  prima  destinada  a  la  fabricación,  venta  y distribución de medicamentos adulterados, como también  diversas  cantidades  de los productos farmacéuticos cytotec, dólex, buscapina  y lomotil.   

Por  estos  hechos  fueron  privados  de  la  libertad  y  judicializados  EFRÉN  ANTONIO  MARÍN ORTIZ, RUBEY CÓRDOBA AYALA  y GUILLERMO ALFREDO CÓRDOBA  RAMÍREZ”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con   fundamento  en  los  acontecimientos  narrados,  se  decretó  la  apertura formal de la investigación penal, en cuyo  marco   se   vinculó,   mediante   diligencia   de  indagatoria,  a  EFRÉN  ANTONIO  MARÍN  ORTIZ,  RUBEY CÓRDOBA AYALA y     GUILLERMO     ALFREDO    CÓRDOBA  RAMÍREZ.   

Cerrado el ciclo instructivo, se calificó su  mérito  el  13  de enero de 2009 con resolución de acusación en contra de los  mencionados  por  el  delito  de  corrupción de alimentos, productos médicos o  material profiláctico agravado (at. 372, num. 3, del C.P.).   

Ejecutoriado  el  calificatorio,  la fase de  juzgamiento  correspondió  al Juzgado 41 Penal del Circuito de Bogotá, ante el  cual  se  tramitó la audiencia preparatoria y parte de la audiencia pública de  juzgamiento,  cuya  culminación  se asignó al Juzgado Sexto Penal del Circuito  de  Descongestión  de la misma ciudad, el cual, el 27 de agosto de 2010, dictó  fallo  de primer grado por cuyo medio condenó a EFRÉN  ANTONIO  MARÍN ORTIZ a las penas principales de ciento  doce  (112)  meses  y  quince  (15)  días  de prisión y multa por valor de 975  salarios    mínimos    legales   mensuales,   mientras   que   a   RUBEY    CÓRDOBA   AYALA   y  GUILLERMO ALFREDO CÓRDOBA RAMÍREZ a las  de  noventa  (90)  meses  de prisión y multa por valor de 300 salarios mínimos  legales  mensuales,  al  encontrarlos autores penalmente responsables del delito  por el cual se los acusó.   

En  la  misma  decisión,  el  a  quo  condenó  a   los   mencionados  a  la  sanción  principal  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de la profesión, arte, oficio, industria o  comercio  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por el mismo lapso de la pena privativa de la libertad, al  tiempo   que   les   negó   el   subrogado   de   la   condena   de  ejecución  condicional.    

Contra esta determinación, interpuso recurso  de  apelación  el defensor conjunto de los procesados, motivo por el cual el 12  de  enero  del año que corre se pronunció el Tribunal de Bogotá en el sentido  de  confirmarla,  con  la  modificación,  derivada de aplicar los principios de  legalidad  y  proscripción  de  la  aplicación retroactiva de la ley penal, de  fijar   las  penas  principales  al  procesado  EFRÉN  ANTONIO  MARÍN ORTIZ en treinta (30) meses de prisión  y  325  salarios mínimos legales mensuales vigentes de multa y a los sindicados  RUBEY       CÓRDOBA      AYALA      y     GUILLERMO     ALFREDO    CÓRDOBA  RAMÍREZ  en  dos (2) años de prisión y 100 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  de  multa.  Por  el mismo término de la  privativa  de la libertad, estableció la pena principal de inhabilitación para  el  ejercicio  del  comercio.   En  lo  demás,  el fallo quedó incólume.   

En desacuerdo con el fallo anterior, el mismo  sujeto   procesal   interpuso,   mediante  demanda,  recurso  extraordinario  de  casación, de cuya admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

          Formula un único cargo contra el fallo impugnado por   

violación  indirecta de la ley sustancial a  consecuencia  de  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  en la  apreciación  de  la  prueba  “por  agregación  que  hiciera  el  Tribunal al hacer decir a los medios de prueba aducidos a juicio lo  que  en  realidad  no  dicen,  por  cuanto  aseguró  que estos medios de prueba  decían   que   los   acusados   habían   sido  sorprendidos  con  medicamentos  adulterados,  afirmación esta que cotejada con los medios de prueba resulta ser  alterada”. Dicho yerro probatorio, según el censor,  condujo  a  la  aplicación indebida del artículo 372 de la Ley 599 de 2000 y a  la falta de aplicación del 7° de la Ley 600 del mismo año.   

          Para  sustentar  la  propuesta,  señala,  luego  de  transcribir un  aparte  del fallo en donde se consigna que los procesados fueron sorprendidos en  poder  de  medicamentos  adulterados,  que  ninguno  de  los  medios  de  prueba  demuestra esa hipótesis.   

Así,  refiere  al informe elaborado por los  miembros  de  de policía que llevaron a cabo la incautación, a lo dicho en sus  injuradas   por   los   procesados   EFRÉN   ANTONIO  MARÍN   y  RUBEY  CÓRDOBA  AYALA,  al  informe  de  policía  que da cuenta de la  aprehensión  de  GUILLERMO  ALFREDO CÓRDOBA RAMÍREZ  y   al   estudio   realizado   por  los  laboratorios  Bohringer    Ingelhiem,  transcribiendo apartes de cada una de estas probanzas.   

         Acto  seguido,  precisa  que  “examinado  de  manera  objetiva  cada  uno  de  los medios de prueba tenidos en cuenta por el Honorable  Tribunal,  así  como también examinados de manera conjunta, me permito afirmar  que   el   juzgador   de   segunda   instancia   realizó  un  falso  juicio  de  identidad”.   Error   que,   asegura,  “es  trascendente  para  la defensa por cuanto fue con base en ese  error  in  indicando  que  el Tribunal consideró que se tipificaba el delito”  y  porque  si  no  hubiera  incurrido  en  él habría  dictado fallo absolutorio a favor de sus prohijados.   

Con  sustento en lo expuesto, solicita casar  la  sentencia  impugnada  y, en su lugar, absolver a sus defendidos “en  aplicación  del  artículo  in  dubio pro reo”,  y  en tanto se conculcó “el principio  rector     de     apreciación    de    pruebas    en    conjunto”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

El  único  cargo  formulado  en  la demanda  presentada   por   el   defensor   conjunto   de   los  procesados  EFRÉN  ANTONIO  MARÍN  ORTIZ,  RUBEY  CÓRDOBA  AYALA y     GUILLERMO     ALFREDO    CÓRDOBA  RAMÍREZ  se  inadmitirá  por  no  cumplir  con  los  requisitos   establecidos   en   el  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000,  especialmente       por       cuanto       adolece      de      defectos      de  argumentación.      

          El  demandante  acude a la causal primera de casación del artículo  207  de la Ley 600 de 2000, por violación indirecta de ley sustancial, en tanto  encuentra  que  el  fallo  impugnado incurre en yerros en la apreciación de los  medios  de  prueba  a  consecuencia  de  errores  de hecho por falsos juicios de  identidad.   

          De  acuerdo  con  la jurisprudencia reiterada de la Sala, se incurre  en  esta  modalidad de desacierto cuando el juzgador tergiversa o distorsiona el  contenido  objetivo  de  la prueba para ponerla a decir algo que ella no expresa  materialmente.   

También  es inherente a esta clase de error  tomar  una  parte  de  la  prueba  como si fuera el todo, constituyendo ello una  forma  de  distorsión  pues,  en  el  proceso  de valoración a la prueba se le  suprimen   apartes  trascendentes,  omitiendo  de  esa  manera  su  apreciación  integral.    

Por ese mismo, como mucho lo ha enfatizado la  Sala,  este  un  yerro  de contemplación objetiva de la prueba surgido luego de  confrontar  su  expresión material con lo consignado por el sentenciador acerca  de  ella,  el cual, además, para que tenga concreción, como cualquier error de  apreciación  probatoria,  debe  recaer sobre un elemento de juicio trascendente  frente a la decisión adoptada.   

En  ese orden de ideas, el yerro no procede,  en  contraposición,  cuando  lo  que  se  pretende  es  discutir  en torno a la  credibilidad que ofrezca el medio de prueba.   

          Pues  bien,  el  actor  centra  su  ataque en un aparte del fallo de  segunda  instancia  donde  se  asevera que los procesados fueron sorprendidos en  poder     de    medicamentos    “adulterados”1, a pesar de que ninguno de los  medios  de  prueba considerados contiene esa afirmación y, por lo tanto, estima  se   configura   el   error   de   hecho   por   falso   juicio   de   identidad  invocado.                   

         

Frente a la reseñada carga argumentativa que  esa   modalidad   de   yerro  valorativo  exige,  varios  reparos  surgen  a  la  censura:   

En primer lugar, si como se señaló este es  un  error  de  contemplación material entre lo dicho por el juzgador acerca del  medio  de  prueba  y lo que éste expresa objetivamente, es preciso no falsear o  alterar  el  contenido  de  la apreciación del fallador (uno de los extremos de  cotejo),  esto  es,  como lo enseña el mismo error valorativo pretextado según  las  pautas atrás explicadas, resulta inadmisible suprimir, cercenar, agregar o  englobar  una  parte como si fuera el todo. Dicho de otro modo, paradójicamente  el  censor  somete  el  fallo  impugnado  al  mismo  yerro  por  falso juicio de  identidad que le atribuye.   

En efecto, el actor basa la propuesta en esa  aislada    aseveración   del   ad   quem  según  la  cual  los  procesados  fueron  encontrados en poder de  medicamentos  “adulterados”,  pero  si  se analiza el contexto global de los  fallos,  en tanto conforman una unidad jurídica inescindible, pronto se llega a  la  conclusión  de que esa referencia encuentra explicación en el marco de los  verbos   rectores   alternativos  contenidos  en  el  tipo  penal  endilgado  de  corrupción  de alimentos, productos médicos o material profiláctico agravado,  sancionado en el artículo 372 del C.P.   

Y, específicamente,  en   los verbos rectores elaborar y comercializar  los  productos,  porque  los implicados no contaban con aval de los laboratorios  legalmente  autorizados  para  su fabricación, de ahí que, por cierto, se haya  agravado  la  conducta  de  conformidad  con  el  inciso  tercero de la referida  preceptiva,  acorde  con el cual:  “Las penas se  aumentarán  hasta en la mitad, si el que suministre o comercialice fuere   el   mismo   que   la   elaboró,  envenenó,  contaminó  o  alteró” (subraya fuera de  texto).   

En  ese  marco,  señaló  el  a quo:   

“No cabe duda que los verbos suministrar y  comercializar   denotan  conductas  similares  a  la  de distribuir, lo que  permite  entender  que  tales  acciones  incluyen  la  de vender. Así mismo, la  acción  es instantánea porque la conducta se agota con la sola realización de  una  cualquiera  de  las señaladas porque se trata aquí de uno de los llamados  delitos  compuestos alternativos, integrado por varios verbos rectores, cada uno  de   los   cuales  configura  conducta  que  realizada  de  manera  autónoma  e  independiente,  establece  el  comportamiento  punible,  lo  que  supone  que al  iniciarse  la  acción  en  cualquiera de las modalidades previstas, ya se está  consumando    el   delito   en   su   totalidad”2.   

Lo  anterior, le permitió al mismo juzgador  concluir:   

“Es  así  como  este  despacho, radica la  responsabilidad,  total,  del  delito  de  corrupción  de  alimentos, productos  médicos  o  material  profiláctico, agravado por el numeral tercero, en cabeza  de  los  señores  EFRÉN ANTONIO MARÍN ORTIZ, RUBEY CÓRDOBA AYALA y GUILLERMO  ALFREDO   CÓRDOBA   RAMÍREZ,  quienes  fueron  legalmente  vinculados  a  esta  investigación,   al   haberlos   encontrado   en   situación   de  flagrancia,  con  material  y  maquinaria  propicios para producir  medidamente,   pero   sin   la  debida  autorización  del  Estado,  ni  de  los  laboratorios      legalmente     autorizadas     para     producirla…”3(subraya      fuera      de  texto).   

Pero  sobre  el  particular,  todavía  más  concreto fue el Tribunal, al señalar:   

“Ahora,  no  cabe duda en cuanto a que esa  forma  de  obrar hace parte del ámbito de conductas proscritas por el artículo  372  del  CP;   esta  norma  recoge el comportamiento de quien, entre otras  cosas,   elabora  productos  farmacéuticos  de  forma  clandestina,  sin  autorización  legal y sin ningún  respeto     por    normas    sanitarias    y,    además,    los    comercializa”4   (subrayas  fuera                           de                           texto).        

          Así  las cosas, queda claro que la referencia a la adulteración de  los  medicamentos  en  la cual el censor funda su crítica está relacionada con  el  hecho  de  haber  sido elaborados de forma clandestina, sin contar para ello  con   el   beneplácito   de   los   laboratorios   autorizados,   y  ser  luego  comercializados,  siendo  evidente  que la primera hipótesis se corresponde con  la  acepción “adulterar”,  cuyo    significado,    acorde   con   el   DRAE,   es   el   de:   “viciar,     falsificar     algo”5.   

         

Ahora,  para  demostrar la actualización de  los  reseñados  verbos  rectores,  como  bien  lo  precisaron los juzgadores de  instancia,  confluyeron el informe de policía que dio cuenta de la incautación  del  material  y  el  estudio realizado por los Laboratorios Bohringer Ingelheim  citados   por  el  actor,  sin  que  se  vislumbre  que  hayan  sido  objeto  de  tergiversación material por los juzgadores.   

La  primera probanza en cuanto corrobora que  efectivamente   la  fábrica  operaba  de  forma  clandestina  en  un  lugar  no  autorizado y por personas sin licencia legal para tal efecto.   

Y la segunda, por ilustrar que los productos  incautados  no  cumplen  con las características de los medicamentos legales e,  igualmente,   que   los  procesados  no  contaban  con  permiso  legal  para  su  fabricación.   Así  mismo,  porque  el  lugar  donde  fueron  hallados es  distinto al de la planta de producción autorizada.   

Esta  falencia  argumentativa  del  cargo,  consistente  en  restringir el contenido del fallo a una expresión tomada   fuera  de  su contexto integral, da al traste con la pretensión, por evidenciar  un  craso defecto argumentativo de cara a la demostración inherente al error de  apreciación probatoria pretextado endilgado al fallo.   

Ello  mismo,  y  como  segunda  falencia del  reparo,  explica  la  inexistente demostración sobre la trascendencia del vicio  en  el  planteamiento  del  actor,  circunscrita a señalar que si no se hubiera  incurrido en el defecto otro habría sido su sentido.   

Empero,   se   hace  abstracción  que  la  multimencionada  expresión  fue  plasmada  dentro  del contexto explicado, cuyo  cuestionamiento  aislado  ninguna incidencia tiene para mutar la declaración de  justicia  contenida  en el fallo, menos cuando invoca vulneración del principio  in  dubio  pro  reo, para lo  cual  ha  debido  necesariamente  establecer que existían elementos de prueba a  favor  y  en contra de los procesados y que ante la imposibilidad de dirimir ese  estado  de  incertidumbre procedía la absolución, demostración inexistente en  la censura.             

Basten las anteriores precisiones en orden a  inferir  la  inadmisión  de  la  demanda  presentada  por  el  defensor  de los  sindicados  EFRÉN ANTONIO MARÍN ORTIZ, RUBEY CÓRDOBA  AYALA  y  GUILLERMO  ALFREDO  CÓRDOBA  RAMÍREZ  en  tanto, para ser admitida, debe  contener,  como lo prevé el numeral 3° del artículo 212 del estatuto procesal  penal:   “(l)a  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando en forma clara y  precisa  sus  fundamentos”,  lo     cual     no     se     cumple     cuando     esboza     una    deficiente  argumentación.            

Además,  porque el principio de limitación  que  regenta  este  medio  extraordinario  de  impugnación y que por vía legal  encuentra     consagración     en     el     artículo     216     ejusdem,  impide  a esta Sala subsanar las  incorrecciones anotadas en las que incurre el casacionista.   

          Por  consiguiente,  a  ello se procederá, máxime cuando se observa  que  durante  el trámite del proceso o con ocasión del proferimiento del fallo  no  se  incurrió  en  vulneración  de  garantías  fundamentales  que ameriten  intervención  oficiosa  de  la  Sala,  según  la  previsión  contenida  en el  artículo 216 del estatuto procesal penal.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de los procesados EFRÉN  ANTONIO  MARÍN  ORTIZ,  RUBEY  CÓRDOBA  AYALA y     GUILLERMO     ALFREDO    CÓRDOBA  RAMÍREZ,  por  las  razones  expuestas en la anterior  motivación.   

          Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                  

FERNANDO          ALBERTO          CASTRO  CABALLERO        SIGIFREDO                 ESPINOSA  PÉREZ                      

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO                    MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS            

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                    JULIO      E.      SOCHA     SALAMANCA          

       

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria   

    

1 Pág.  8 de la sentencia de segunda instancia.   

2 Pág.  12 del fallo de primer grado.   

3   Págs. 12 y 13 ib.   

4 Pág.  8 del fallo de segunda instancia.   

5 REAL  ACADEMIA  DE  LA LENGUA ESPAÑOLA, Diccionario de la Lengua española, Vigésima  segunda   edición,  Editorial  Espasa  Calpe,  S.A.,  Madrid,  2001.     

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