36335(30-11-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso nº 36335  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado acta No. 425   

Bogotá,  D.C.,  treinta de noviembre de dos  mil once.   

Se   pronuncia  la  Corte  sobre  la   admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del  procesado   CARLOS   JOSÉ  HOYOS  BAENA,  contra la sentencia de segunda instancia dictada por el Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Bogotá, confirmatoria de la proferida por el  Juzgado  33  Penal del Circuito de la misma ciudad, mediante la cual lo condenó  por  el  concurso  de  delitos  de utilización indebida de información oficial  privilegiada   y   asociación   para  la  comisión  de  un  delito  contra  la  administración pública.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.-  Aquellos  fueron  declarados  por  el  juzgador de la manera siguiente:   

“Según  lo que  revela   el  expediente,  para  el  mes  de  marzo  de  2004,  funcionarios  del  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  DAS se percataron de que LÍA SNEDA  CRUZ  GUERRERO, sin ser funcionaria de la entidad, portaba documentación de uso  oficial y de carácter confidencial.   

“En tal virtud, se efectuó un allanamiento  en  su  lugar  de  residencia,  ubicado  en  la  transversal  39 No. 17B-42 Sur,  apartamento  201 de Bogotá, diligencia en el marco de  la  cual  fueron  hallados,  entre otros, documentos contentivos de información  reservada  sobre el grupo guerrillero FARC. Dicha documentación, al parecer, le  habría  sido entregada a la señora CRUZ GUERRERO por CARLOS JOSÉ HOYOS BAENA,  quien  para  esa  época  se  desempeñaba  como  Director  del DAS –Seccional  Leticia,  con el objeto de  que  aquélla,  a  su vez, se la suministrara al Ejército Nacional, a cambio de  una recompensa económica”.   

2.-   Abierta  la  investigación  por  la  Fiscalía  110  Seccional  Destacada ante el Das con sede en Bogotá1,  vinculó  mediante  indagatoria  a  LÍA  SNEDA  CRUZ GUERRERO2    y    BENJAMÍN    VARGAS  MOTTA3  a  quienes  les  definió  la situación jurídica imponiéndoles  medida   de   aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva4.  Asimismo,  días   más   tarde   vinculó   mediante  indagatoria  a  CARLOS  JOSÉ  HOYOS  BAENA5.   

El  25  de  mayo  de  2004  la Fiscalía 240  Seccional  de  Bogotá,  a donde fueron reasignadas las diligencias, decretó la  clausura  parcial  de  la  investigación  respecto de los sindicados LÍA SNEDA  CRUZ    GUERRERO    y   BENJAMÍN   VARGAS   MOTTA6,  y  el  2  de  julio de 2004  calificó   el   mérito   probatorio   del   sumario   con  preclusión  de  la  investigación  por  los  delitos  de  rebelión  y  destrucción,  supresión y  ocultamiento      de      documento     público7.   

El   23   de  agosto  de  20048 la Fiscalía  instructora   dispuso   la   ampliación  de  indagatoria  de  LÍA  SNEDA  CRUZ  GUERRERO9    y    BENJAMÍN    VARGAS    MOTTA10,  así  como la vinculación  mediante  indagatoria  de  JORGE  LUIS OCHOA BARBOSA11  y  JOSÉ  RAÚL  CONTRERAS  ZAFRA12.   

Posteriormente,   previa  clausura  de  la  investigación13,     el     25     de    noviembre    de    200514   calificó   el   mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución de acusación en contra del procesado  CARLOS  JOSÉ  HOYOS BAENA,  como  presunto  autor  responsable  del  concurso  de  delitos  de  utilización  indebida   de   información  oficial  privilegiada15   y  asociación  para  la  comisión   de   un   delito   contra  la  administración  pública16,   y  en  contra    de    la    procesada    LÍA   SNEDA   CRUZ   GUERRERO   “como  presunta  coautora  de  la conducta punible de asociación  para   la   comisión   de   un   delito   en   contra   de  la  administración  pública”,    al    tiempo   que   precluyó   la  investigación  a favor de JORGE LUIS OCHOA BARBOSA, JOSÉ RAÚL CONTRERAS ZAFRA  y   BENJAMÍN   VARGAS   MOTTA,  mediante  determinación  que  el  28  de  marzo  de  2006  la Fiscalía 48  Delegada  ante  el  Tribunal Superior de Bogotá confirmó, pero “modificándola  parcialmente  en  el  sentido  de  señalar  que la  infracción  imputada  al  procesado  de  que trata el artículo 420 del Código  Penal,  lo  es en el grado de tentativa”, al conocer  en  segunda  instancia  de  la apelación promovida por la defensa del procesado  HOYOS  BAENA17.   

5.-  El trámite del juicio fue asumido  por  el  Juzgado  33  Penal  del Circuito de Bogotá18,  en  donde,  después  de  haberse   llevado  a  cabo  la  audiencia  pública19,     el     27  de  mayo  de  2008  se puso fin a la  instancia  condenando  al  procesado  CARLOS  JOSÉ  HOYOS  BAENA  a  las  penas  principales  de  16  meses  de  prisión y multa en cuantía de $1.969.000.00, a  consecuencia  de  hallarlo  autor penalmente responsable del delito de tentativa  de  utilización  indebida  de información privilegiada, y  coautor del de  asociación   para   la   comisión  de  un  delito  contra  la  administración  pública.   

En  esa  misma determinación, condenó a la  procesada  LÍA SNEDA CRUZ GUERRERO a la pena principal de dieciséis (16) meses  de  prisión  como  coautora  de  la  conducta  punible  de  asociación para la  comisión  de  un delito contra la administración pública y a ambos procesados  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  término igual al de la privación de la libertad, al tiempo que  les  concedió  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena, entre  otras                   decisiones20.   

Apelado el fallo por la defensa del procesado  HOYOS  BAENA21,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá, al  conocer  en segunda instancia de la impugnación interpuesta, mediante sentencia  proferida   el   17  de  agosto  de  2010    decidió    impartirle    íntegra    confirmación22.   

6.- Contra el fallo de segunda instancia, en  oportunidad  el  defensor  del  procesado  interpuso  recurso  extraordinario de  casación23  siendo  concedido  por  el  ad  quem24 y dentro del término legal  presentó     la     correspondiente     demanda25,  sobre  cuya admisibilidad  se pronuncia la Corte.   

2.- LA DEMANDA  

Después   de   identificar   los  sujetos  procesales  y  la  providencia materia de impugnación, así como de resumir los  hechos   y   la   actuación  llevada  a  cabo  en  las  instancias,   comienza  por  manifestar  que  “la  sentencia  demandada  causa  grave daño a el procesado al imponérsele una pena  ilegal  e  injusta,  por  no  respetar  la  actuación del a quo el principio de  legalidad  y  el  derecho  al  debido  proceso previsto en el artículo 29 de la  carta  Constitucional”  y  agrega  que “la  sentencia  demandada  viola el debido proceso y el derecho a  la defensa”.   

Seguidamente, al amparo de la causal tercera  de  casación,  el libelista formula dos cargos contra el fallo del Tribunal, en  los  que  lo  acusa  de  haber  sido  proferido en juicio viciado de nulidad por  violación     del     debido    proceso    y    el    derecho    de    defensa,  respectivamente.   

En   el  primer  cargo  sostiene  que  la  nulidad  de  lo actuado por  violación   del   debido   proceso  deriva  de  haber  convocado  la  audiencia  preparatoria  “sin ni siquiera citar al procesado, y  su  realización  sin  la  presencia de los sujetos procesales (todos, ya que el  juez  no es sujeto procesal), trasgresión que trascendió a la vulneración del  derecho  fundamental  a  la  defensa  material  y  técnica,  y  al derecho a la  contradicción”,  lo  que indica que no se llevó a  cabo,   pues   además   “la   juez   enunció  la  comparecencia  del  representante de la fiscalía sin estar verdaderamente éste  presente”.   

Sostiene que según el Tribunal la audiencia  preparatoria  se  puede realizar sin la presencia de las partes, y aún se puede  prescindir  de ella cuando no se requiere emitir ningún pronunciamiento para el  cual  se  halla  prevista,  situación que no concurre en este caso “ya  que  el  procesado  había  radicado  una  amplia  solicitud  probatoria,  que  el  a  quo negó, sin tener oportunidad la defensa técnica ni  material  de  impugnar  por haberse realizado la audiencia sin su presencia, por  lo  que  sí  se  violó  el  debido  proceso  (no se les citó) y se denegó el  derecho  a  ejercer  los  recursos, si lo hubieran considerado necesario, con la  decisión    del    juez    de    instancia    (debido   proceso)”.   

Con fundamento en esta censura, solicita a la  Corte  casar la sentencia recurrida y decretar la nulidad de lo actuado desde la  citación a audiencia preparatoria.   

En  el  segundo  cargo,  manifiesta  que  la  nulidad  del proceso por  violación  del derecho a la defensa, tuvo lugar “al  realizar  la  audiencia preparatoria sin la citación a los procesados, y sin la  presencia   de  los  sujetos  procesales,  trasgresión  que  trascendió  a  la  vulneración  del  derecho  fundamental  a  la defensa material y técnica, y el  derecho a la contradicción”.   

Después de transcribir in extenso apartes de  lo  consignado  en  el  acta  de  la  audiencia preparatoria, sostiene que no se  cumplió  lo  dispuesto por el artículo 401 de la Ley 600 de 2000, toda vez que  dicho  acto  se  realizó  “sin la presencia de los  sujetos  procesales,  por  lo que no pudieron intervenir  en la audiencia y  recurrir  las  decisiones  que  les fueron contrarias, pruebas con las cuales la  defensa  material  y  técnica  buscaban desvirtuar los cargos formulados por la  Fiscalía en la resolución de acusación”.   

Señala que si bien es cierto los defensores  de  los  procesados  no  se  hicieron  presentes  en  la audiencia, “esta  responsabilidad no se le debe cobrar a la defensa material  o   procesado, ya que estos últimos no fueron citados para comparecer a la  audiencia,  siendo  además que fue el procesado HOYOS BAENA quien solicitó las  pruebas,  por  lo  que  él,  además  de  tener interés, por obvias razones el  proceso,  también tenía derecho a que se le citara a la audiencia preparatoria  y  a  controvertir  o  apelar  las  pruebas  que  no  fueron decretadas por el a  quo” (sic).    

Con   fundamento   en   estas   y   otras  consideraciones  orientadas  en  el  mismo  sentido, solicita casar la sentencia  recurrida  y  decretar  la  nulidad  de  lo  actuado  desde  la culminación del  término  de  traslado  común  para solicitar pruebas de que trata el artículo  401             del             Código             de             Procedimiento  Penal.             

3.-        Solicitud       de  prescripción.   

Por  medio  de  escrito  hecho llegar a esta  Corporación26,  el  procesado CARLOS JOSÉ HOYOS  BAENA solicita se declare  la  prescripción  de la acción penal, toda vez que si el recurso de apelación  contra  la  resolución  de acusación se resolvió el 24 de marzo de 2006, y si  la  ley  determina  un  término  de cinco años para el ejercicio de la acción  penal,  a  su  modo  de ver, dicho término se habría vencido el 24 de marzo de  2011.   

   

SE CONSIDERA:  

1.-  Cuestión  previa.  De  la solicitud de  prescripción.   

Cabe  señalar,  ab initio, que no le asiste  razón  al   procesado  quien  considera  que la acción penal seguida     en    su    contra,    ha  prescrito.   

Al  efecto  debe  reiterarse  que en materia  penal  el  fenómeno  prescriptivo  de  la  acción  opera en un tiempo igual al  máximo  de  la  pena privativa de la libertad prevista para el delito imputado,  tenidas   en   cuenta   las  circunstancias  sustanciales  modificadoras  de  la  punibilidad  concurrentes,  sin  que en ningún caso pueda ser inferior de cinco  años  o  superior  de  veinte, salvo las excepciones que la propia normatividad  establece  (Artículos  80  del  Código  Penal  de  1980  y 83 de la Ley 599 de  2000).   

En   tal  sentido  cabe  destacar  que  de  conformidad  con  lo dispuesto por el artículo 1º de  la  Ley 1309 de 2009, modificado por el artículo 1º de la Ley 1426 de 2010, el  término   de   prescripción   para   las   conductas  punibles  de  genocidio,  desaparición  forzada,  tortura,  homicidio  de un miembro de una organización  sindical  legalmente  reconocida,  homicidio  de  defensor  de derechos humanos,  homicidio   de   periodista   y    desplazamiento   forzado,   es   de   30  años27.   

Asimismo,  que a tenor de lo previsto por el  artículo  1º  de  la  Ley  1154  de 2007, cuando se trate de delitos contra la  libertad,  integridad  y  formación  sexuales,  o  el  de incesto, cometidos en  menores  de  edad,  la acción penal prescribe en 20 años contados a partir del  momento   en   que   la   víctima  alcance  la  mayoría  de  edad.     

Dicho   término   se  interrumpe  con  la  resolución  de  acusación  o  su  equivalente debidamente ejecutoriada. Cuando  esto  acontece,  debe  comenzar  a  correr  de  nuevo  desde  entonces,  pero el  fenómeno  se  consolida  en  la  mitad del tiempo respectivo, sin que pueda ser  inferior  a  5 años, ni superior de 10 (Artículos 84 del Código Penal de 1980  y 86 de la Ley 599 de 2000).      

Tanto  uno como otro término se aumentan en  una  tercera  parte  cuando  el  delito  es  cometido  en  el país por servidor  público  en  ejercicio de sus funciones, o de su cargo, o con ocasión de ellos  (artículos  80 y 82 del Código de 1980 y 83 del Código de 2000), según viene  siendo  reiterado  por la jurisprudencia de la Corte28.   

Igualmente,   de   conformidad  con  estas  disposiciones,  el  término  de  prescripción se aumenta en la mitad cuando la  conducta punible se hubiere iniciado o consumado en el exterior.   

En el presente caso, atendiendo los términos  de      la     resolución     de     acusación29,  el procesado CARLOS JOSÉ  HOYOS  BAENA  fue  acusado  como  autor  del delito de tentativa de utilización  indebida  de  información  oficial  privilegiada,  y coautor del de asociación  para  la comisión de un delito contra la administración pública, cometidos en  concurso,  en  tanto  que  LÍA  SNEDA  CRUZ  GUERRERO fue acusada como presunta  coautora  del  delito de asociación para la comisión de un delito en contra de  la  administración  pública, según conductas definidas por los artículos 420  y  434  de  la  Ley  599  de  2000,  que adscribían como sanción la multa y la  pérdida  del  empleo  o  cargo público, y pena privativa de la libertad de uno  (1) a tres (3) años, respectivamente.   

De  conformidad  con las normas sustanciales  que  vienen  de  ser  mencionadas, cuando dichas conductas son realizadas por un  particular,  el término de prescripción, tanto en la fase de instrucción como  en  el  juicio,  es  de cinco (5) años, y si, como en el caso del señor CARLOS  JOSÉ  HOYOS  BAENA,  dichas  conductas  son realizadas por servidor público en  ejercicio  de  sus  funciones,  de  su  cargo  o  con  ocasión de ellos, en tal  eventualidad  el  término  de prescripción sería de seis (6) años y ocho (8)  meses en la etapa de instrucción y en la del juicio.   

Es  de anotar que las aludidas disposiciones  del  Código  Penal  de  2000 (sin las modificaciones introducidas por las Leyes  890  de 2004 y 1288 de 2009)  son  las  aplicables  al   caso   por   virtud   de  los   principios de legalidad y de  favorabilidad,  ya  que  no  solamente se encontraban vigentes al momento de los  hechos  sino que además resultan menos gravosas para el acusado, exclusivamente  para  efectos  de  la  prescripción,  según  la  calificación jurídica de la  conducta a él imputada en la resolución acusatoria y el fallo.   

La  resolución de acusación en el caso sub  judice   causó   ejecutoria   el   28  de  marzo  de  2006,  cuando fue confirmada en segunda instancia por  virtud  de la  apelación interpuesta por la defensa, según constancia que  sobre  dicho  particular  corre  a  folios  34  y  siguientes del cuaderno de la  fiscalía de segunda instancia.   

Contados desde entonces los seis (6) años y  ocho  (8)  meses para que opere la prescripción por los delitos de utilización  indebida  de  información  oficial privilegiada y asociación para la comisión  de  un  delito  contra  la administración pública, cuando dichas conductas son  realizadas  por  servidor  público en ejercicio de sus funciones, de su cargo o  con   ocasión  de  ellos,  se  constata  que  se  cumplirían  el  28  de noviembre de 2012, es decir que en  relación  con  el  señor  CARLOS  JOSÉ  HOYOS  BAENA  aún  no  ha operado el  fenómeno jurídico de la prescripción de la acción penal.   

El error del procesado HOYOS BAENA, radica en  dejar  de  considerar que la conducta por la que se le procesa, se llevó a cabo  con  ocasión  de  su  vinculación  a  la administración pública, como en tal  sentido  se lee a folios 10 y 13 de la sentencia de primera instancia, lo que lo  lleva  a estimar equivocadamente que el término de prescripción es de 5 años,  cuando   en   realidad   es   de   6   años  y  8  meses,  como  se  ha  dejado  visto.   

Aclara  la Sala, no obstante, que esta misma  situación  no  concurre  en  relación  con  la también procesada señora LÍA  SNEDA  CRUZ  GUERRER0, toda vez que llevó a cabo la conducta como particular ya  que  carecía  de la calidad de servidora pública, condición que sí ostentaba  el    otro    coacusado,    señor   HOYOS   BAENA30.   

Por  este  motivo,  como  el  término  de  prescripción  para la conducta atribuida a la señora CRUZ GUERRERO es de cinco  (5)  años,  los  cuales,  al  ser  contados  a  partir  de la ejecutoría de la  resolución   de   acusación   (28   de   marzo  de  2006),  se constata que se cumplieron el 28   de   marzo   de   2011,  esto  es,  con posterioridad al proferimiento de la sentencia de  segunda  instancia  -lo que  tuvo  lugar  el  17 de agosto de 2010-, y antes de que  llegaran  las  diligencias  a la Corte (27 de abril de  2011).   

Sobre  la base entonces, de la prescripción  de  la  acción penal por el referido delito, la Sala declarará la cesación de  procedimiento  a  favor  de la procesada LÍA SNEDA CRUZ GUERRERO y, como quiera  que  esta misma situación no se presenta en relación con el otro procesado, se  ocupará  de  analizar  la  idoneidad  formal  y  sustancial  de  la  demanda de  casación presentada a nombre de CARLOS JOSÉ HOYOS BAENA.   

En  la  medida en que en este trámite no se  ejerció  la  acción  civil,  según lo dispuesto por el artículo 98 de la Ley  599  de  200031   con   respecto   a  ella  no  se  declarará  la  prescripción.   

Cabe  señalar,  de  otra parte, que como la  Sala  advierte la eventual presencia de dilaciones injustificadas, especialmente  en  la  fase del juicio, se dispondrá compulsar copias para que las autoridades  competentes  establezcan  la  posible comisión de falta disciplinaria y decidan  lo pertinente sobre el particular.     

2.-  Estudio de la demanda.  

1.-  El artículo 205 de la Ley 600 de 2000,  norma  aplicable  al  caso  en estudio, exige para la procedencia del recurso de  casación  que  la  conducta punible por la que se procede, tenga señalada pena  privativa  de  la libertad cuyo máximo exceda de ocho  (8) años.   

Dicho  presupuesto  no  se  satisface  en el  presente  evento, si se toma en cuenta que los delitos  de  utilización  indebida  de  información oficial privilegiada y asociación   para   la   comisión   de   un   delito   contra  la  administración    pública,    por    los            cuales     resultó     condenado     el  procesado   CARLOS  JOSÉ  HOYOS     BAENA,     se     encontraban         sancionados  para la época de los hechos con pena  de   multa   y   de  prisión  de  uno  (1)    a  tres   (3)   años32,  respectivamente, es decir, con una sanción privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  no  supera el requisito punitivo requerido para  acceder  a la casación común. Por lo tanto, solo resulta viable la excepcional  o discrecional prevista en el inciso 3° de la norma procesal.   

2.- Sentado lo anterior, cabe señalar que la  Corte  ha  sido  insistente en sostener que la casación discrecional exige para  su   admisibilidad   el   cumplimiento   de   varias  condiciones:  (i)  que  el  caso  no  tenga  casación  común;   (ii)   que  la  intervención  de  la  Corte sea necesaria para la protección de las garantías  fundamentales   o   el   desarrollo   de   la   jurisprudencia,  y  (iii)  que  se  presente una demanda que  cumpla  las  condiciones  mínimas requeridas por la ley y la lógica casacional  para   su   estudio,   en   sus  aspectos  formal  y  sustancial.   

El  primer presupuesto implica demostrar que  los  requerimientos  de  procedencia  de  la  casación  común, previstos en el  artículo  205  de  la  Ley  600  de  2000,  por  razón  de la naturaleza de la  sentencia  impugnada, su origen, o la pena prevista para el delito por el que se  procede,  no  concurren  integralmente,  y que la vía de ataque es por tanto la  casación discrecional.   

El  segundo,  comporta  acreditar  que  la  sentencia  impugnada desconoció un derecho fundamental específico que requiere  la  intervención  de  la  Corte para su protección, o que se está frente a un  tema  que  no  ha  tenido  desarrollo  jurisprudencial,  o  que  teniéndolo  es  necesario   replantear,   o   que   alrededor   suyo   se   presentan   posturas  interpretativas disonantes que es  indispensable unificar.   

Con  dicho  propósito,  el  demandante debe  precisar,  clara  y  nítidamente, la razón o razones por las cuales el Juez de  casación   debe  intervenir  en  un  asunto  sobre  el  que  no  concurren  los  presupuestos de la casación común.   

De este modo, ha sido dicho, si el motivo de  inconformidad  radica  en aducir la violación de un  derecho  fundamental,  el demandante debe desarrollar una argumentación lógica  dirigida  a patentizar el desacierto. En tal medida, le compete demostrar que el  juicio   se   llevó  a  cabo  con  desconocimiento  de  una  garantía  por  el  quebrantamiento  de  la  estructura  básica  del  proceso  o  la  actividad del  juzgador,  según  sea  el  caso,  e  indicar  las  normas  constitucionales que  protegen  el  derecho  invocado  y  su  concreto conculcamiento con la sentencia  ameritada.      

A   este   respecto,   la  jurisprudencia  insistentemente  ha precisado que cuando se aduce violación del debido proceso,  se  debe  comprobar  la  existencia de la irregularidad sustancial que afecte la  estructura  del  sistema  que  lo  inspira.  Por  ejemplo,  falta de apertura de  investigación,  no  vinculación del procesado, no definición de la situación  jurídica  cuando  ella sea obligatoria, o ausencia de la decisión de cierre de  la  investigación; desconocimiento de la etapa de investigación o juzgamiento;  dentro  del  juicio:  de la fase probatoria o de debate oral; de formulación de  cargos  o  sentencia,  o  la posibilidad de recurrir en segunda instancia, entre  otras eventualidades.   

En  cuanto hace a la violación del derecho  de  defensa,  es de cargo de quien la alegue determinar la actuación que estima  lesiva  de esta garantía fundamental, indicar las normas que fueron violadas, y  dejar  establecido cómo el vicio repercute negativamente en la validez del rito  llevado  a  cabo  y por qué el reo fue privado de oportunidades que le hubiesen  permitido  sacar  avante  posturas  favorables  a su  situación.   

Y si lo que pretende es que la Corte emita un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad en relación con determinado punto  jurídico  sobre el cual no exista suficiente ilustración y que por oscuro deba  ser  clarificado  por  vía  jurisprudencial,  resulta indispensable que ello se  diga  expresamente  en el escrito respectivo, indicándose igualmente, si lo que  se  pide  es la unificación de posiciones  encontradas sobre el particular  con  señalamiento  de  las  providencias  de la Corte, y no de otra autoridad o  autoridades,  en  las que se observa la existencia de posturas divergentes sobre  una  misma  temática;  la  actualización  de  la  doctrina  hasta  el  momento  imperante   por   razón   de  las  nuevas  realidades  jurídicas,  políticas,  económicas  o  sociales  que  compete  precisar al censor; o el pronunciamiento  sobre  un  tema  aún  no desarrollado. Además, debe señalar de qué manera la  decisión  demandada  de  la  Corte  satisface  la doble finalidad de solucionar  adecuadamente  el  caso  y  servir  de  parámetro  como criterio auxiliar de la  actividad judicial.   

La  tercera  exigencia,  impone  cumplir los  requerimientos  mínimos  de  forma  y  contenido  señalados  para la casación  común  por  el  artículo  212  del  estatuto  procesal penal de 2000, a saber:  (1) identificación de los  sujetos    procesales    y    de    la    sentencia    impugnada,   (2)  resumen  de  los  hechos  y  de  la  actuación  procesal,  y (3)  señalamiento  de  la  causal  invocada  y exposición de sus fundamentos, en la  forma  requerida  por  los  principios que rigen la casación y la lógica de la  causal planteada.   

En  todo  caso,  la  jurisprudencia  de modo  reiterado  ha indicado que es competencia exclusiva de la Corte, en ejercicio de  su  discrecionalidad,  ponderar  la  fundamentación  expuesta  por la parte que  acude  a  dicho  instrumento,  y  decidir  si admite o rechaza el trámite de la  casación excepcional.   

3.-  En  el  caso  en  estudio,  el  casacionista  nada dice sobre la  procedencia  de  la  casación  discrecional. Es más, ni siquiera menciona esta  vía  de ataque para demostrar la necesidad de intervención de la Corte para la  protección   de   las   garantías   fundamentales   o   el  desarrollo  de  la  jurisprudencia.  De  manera que no invoca esta vía, ni la justifica  expresamente, como para que la Corte  se   ocupara   de   estudiar   la   admisibilidad   al   trámite  por  la  vía  excepcional.   

4.-  Pero  aún  bajo  el supuesto de que la  pretensión  del  demandante  sea acudir a la discrecionalidad para denunciar la  violación  de  alguna  garantía  fundamental  por  haberse  incurrido  en  una  irritualidad  en  la  realización  de  la  audiencia  preparatoria, también la  inadmisión resulta obligada.   

Deja   de  considerar   que   en   tratándose  de  la  causal  tercera  o de nulidad, la  jurisprudencia        tiene       establecido33,   que   los  motivos  de  ineficacia  de  los  actos procesales no son de postulación libre, sino que por  el  contrario se hallan sometidos al cumplimiento de precisos principios que los  dotan de sentido y los hacen operantes.   

De  acuerdo con éstos, solamente es posible  alegar   las   nulidades   expresamente   previstas   en  la  ley  (taxatividad);  no  puede  invocarlas  el  sujeto  procesal  que  con  su  conducta haya dado lugar a la configuración del  motivo   invalidatorio,   salvo   el  caso  de  ausencia  de  defensa  técnica,  (protección);  aunque  se  configure  la  irregularidad,  ella  puede  convalidarse  con  el consentimiento  expreso  o  tácito  del  sujeto perjudicado, a condición de ser observadas las  garantías  fundamentales  (convalidación);  quien  alegue  la  nulidad está en la obligación de acreditar  que  la  irregularidad  sustancial afecta las garantías constitucionales de los  sujetos  procesales o desconoce las bases fundamentales de la investigación y/o  el      juzgamiento     (trascendencia);  no se declarará la invalidez de un  acto  cuando  cumpla  la  finalidad  a  que  estaba destinado, pues lo  importante no es que el acto procesal se ajuste estrictamente a  las  formalidades  preestablecidas  en  la  ley  para su producción, sino que a  pesar  de  no  cumplirlas  estrictamente,  en  últimas  se  haya  alcanzado  la  finalidad      para      la      cual      está      destinado     (instrumentalidad)  y;  además,  que no  existe  otro  remedio  procesal,  distinto de la nulidad, para subsanar el yerro  que     se    advierte    (residualidad).           

   

De  manera  que para que la nulidad resulte  procedente,  en  sede  de casación no basta solamente con invocar la existencia  de  un  motivo  de  ineficacia  de  lo  actuado,  sino  que  además  compete al  demandante   precisar   el   tipo  de  irregularidad  que  alega,  demostrar  su  existencia,  acreditar  cómo su configuración comporta un vicio de garantía o  de  estructura,  y,  tal  vez lo más importante, demostrar la trascendencia del  yerro     para     afectar     la     validez     del     fallo     cuestionado.   

Y si lo que se persigue con la casación es  denunciar  la presencia de varias irregularidades, cada una de ellas con entidad  suficiente  para  invalidar la actuación o parte de ella, resulta indispensable  que  en  la demanda se sustenten en capítulos separados y de manera subsidiaria  si  fueren  excluyentes, pues sólo así puede acatarse la exigencia de claridad  y  precisión  en  la  postulación  del  ataque  y respetarse los principios de  autonomía    y    de    no    contradicción    de    los    cargos   en   sede  extraordinaria.   

Lo  anterior  por  cuanto  las nulidades no  surgen  por  la  sola  circunstancia  de haberse incurrido en una irregularidad,  sino  porque  habiéndose  configurado el desacierto y siendo éste de carácter  sustancial,  afecta  garantías  de los sujetos procesales o desconoce las bases  fundamentales     de     la     instrucción    o  juzgamiento.   

5.-  En  este  caso, pese al desacierto del  demandante  al  dejar de aclarar la razón o razones por las cuales la casación  en  el  caso de su asistido resulta procedente, lo que de suyo sería suficiente  para  que  la  Corte decidiera inadmitir el libelo,  si se supusiera que se  acude  al  recurso  extraordinario  para  invocar  la  discrecionalidad  aduciendo violación de garantías fundamentales, en este caso  del   debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa,  es  lo  cierto  que  no logra demostrar la necesaria  intervención  de  la Corte en un caso respecto del cual no procede la casación  común.   

Esto   si   se  toma  en  cuenta  que  la  argumentación  que  propone se distancia en grado sumo de tales propósitos, en  la  medida  en  que la hace depender de los particulares alcances que atribuye a  la   inasistencia  del  procesado  a  la  audiencia  preparatoria, lo cual le resta toda objetividad a su  propuesta,  de  tal  suerte  que en dichas circunstancias no logra justificar la  discrecionalidad,  como  para que la Corte pudiera tener elementos de juicio que  le  permitieran  estudiar  la  admisibilidad  al trámite casacional por la vía  excepcional.   

Sostener,  como  lo hace el demandante, que  como  no  se  citó  al  procesado  a  la  audiencia  preparatoria,  y    a   ella    tampoco   concurrieron   los  defensores  técnicos  y  la  fiscalía,  pese  a  haber sido éstos debidamente  notificados  de  la fecha y hora de su realización, se violó el debido proceso  y  el  derecho de defensa,  pues  se  le  privó  de  la  posibilidad  de  interponer  recursos  contra  las  decisiones  que  le  resultaron adversas a sus pretensiones probatorias, no deja  de  ser  un  recurso de último momento para expresar  su  inconformidad  con la sentencia de condena,   atendiendo  el  sentido  de la decisión finalmente adoptada por los juzgadores,  el   cual,   además   se   muestra   inocuo    frente    a   la  necesidad de acreditar la objetiva  y necesaria trascendencia  del  yerro,  para que la  declaratoria   de   la  nulidad  resulte procedente.   

Esto  si  se  toma  en  consideración  que  encontrándose     el    defensor    debidamente  notificado de la  fecha  y  hora  en  que  habría  de  realizarse  la audiencia  preparatoria               (advirtiéndole expresamente que en el  proceso   “actúa   como  defensor  de  confianza  del  acusado”34);    y  habiendo          sido          oportunamente    enterado   de   las  pretensiones   probatorias   expuestas  por    su    asistido   (pues  no  solamente pidió,       sino       que      le      fue      autorizada,  la  prórroga del término previsto  en  el  artículo  400  de  la  Ley  600 de 2000 a fin de conocer el expediente,  incluido,  por  supuesto,  el    memorial   de   solicitud   de   pruebas      presentado      por      el      procesado35),   se  concluye  sin  lugar  a  equívoco  que  la ausencia  del   procesado  y  su  defensor  en  la  audiencia  preparatoria,    no    obedeció    a    otra    cosa    que   la   voluntaria  decisión  de    no   comparecer   a   la   citada  diligencia,   en  la  cual,  además,  por  disposición legal su  presencia  no  era  obligatoria  y cuyas decisiones quedarían  notificadas en estrados.   

Siendo   ello   así,  resulta  contrario  a     los  principios  que  rigen  la nulidad,  que  el  recurrente  ahora  pretenda  sacar indebida  ventaja     de    una    postura    procesal    voluntariamente    asumida    en   el   curso   ordinario   del   trámite,  pues  la  asistencia  obligatoria de  los    sujetos   procesales,   sólo   ha  sido  prevista para la audiencia de  juzgamiento  y,  de conformidad con el artículo 408 de la Ley 600 de 200,   únicamente para el fiscal y el defensor.   

De  esta  manera,  que  el  fiscal delegado  hubiese  o  no comparecido  a  la  audiencia  preparatoria, que tampoco lo hubiere hecho el defensor, pese a  haber     sido     ambos    debidamente  convocados,  y  que  además  se  hubiere  dejado  de  citar al  procesado,   son  situaciones  que  en  manera  alguna  constituyen     irregularidad     sustancial     que    desquicien   las   bases   del  juzgamiento  o  resulten  lesivas  del  derecho de  defensa,  puesto  que  para  ese particular trámite del juicio, su presencia no  constituía un imperativo legal.      

Entonces,  por  el  lado  que  se  observe,  resulta  claro  que  el  demandante  apenas  enunció  su  discrepancia  con la decisión del Tribunal de  condenar  a su asistido, pues no demostró que el sentenciador hubiere proferido  la  sentencia  en  juicio  viciado de nulidad por la  violación  del debido proceso o el derecho de defensa en los precisos términos  exigidos  por  la ley procesal, como le correspondía  hacerlo  si  pretendía  no  solamente  acudir  a la  discrecionalidad   y  además  desvirtuar  la  doble  presunción   de   acierto   y   legalidad   que  ampara  el  fallo  de  segunda  instancia.   

Este  modo  de  proceder  por  parte  del  demandante,  resulta por completo ajeno al recurso extraordinario, imponiéndose  para  la  Sala  tener  que  inadmitir  la  demanda,  con mayor razón si aparece  evidente   que   no   cumplió   la  obligación  de  justificar  la  necesaria  intervención de la Corte  para  un  asunto en que es  improcedente  la casación común, ni con el deber de  presentar  clara  y  precisamente  el  fundamento  de  sus  reparos,  pues  dejó  de  acreditar  de  qué  manera   se  configuraron  los  yerros  que  enuncia  y   por   qué,  al  haber  procedido  los  juzgadores  en  la  forma como lo  menciona,    resultaron    afectados   negativamente   los   intereses   de   su  representado.   

4.-     Dado     que     el   demandante   no   acredita   la  procedencia  de  la casación discrecional y siendo ostensibles los defectos que  la  demanda  acusa,  pues,  como  se  deja  expuesto,  de ella no se desentraña  precisa  y  claramente los fundamentos de la causal que invoca, y no pudiendo la  Corte   corregirla   por  virtud  del  principio  de  limitación  que  rige  su  actuación,  lo  procedente  será  inadmitirla  y  ordenar  la  devolución del  expediente  al  Tribunal de origen, conforme así se establece de los artículos  197 del Decreto 2700 de 1991 y 213 de la Ley 600 de 2000.   

Esto  último,  si  se  considera que de la  revisión   de   lo   actuado   tampoco  se  observa  violación  de  garantías  fundamentales  que  tornen viable el ejercicio de la oficiosidad por parte de la  Sala.   

Contra  estas decisiones no procede recurso  alguno.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E:  

PRIMERO.     DECLARAR    que       la       acción       penal       por      los       delitos    de  utilización  indebida  de  información oficial privilegiada y asociación para  la  comisión  de  un delito contra la administración pública, imputados en la  acusación  al procesado CARLOS JOSÉ HOYOS BAENA, no  se encuentra prescrita.    

SEGUNDO.      INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado   CARLOS  JOSÉ  HOYOS  BAENA por lo  anotado   en   la  motivación  de  este  proveído.   

TERCERO.   DECLARAR  PRESCRITA  la  acción  penal   respecto  de la conducta de asociación  para  la  comisión de un delito contra la administración pública, imputado en  el  pliego  enjuiciatorio  a  la procesada LÍA SNEDA CRUZ GUERRERO. Ordenar, en  consecuencia,  la cesación del procedimiento adelantado en su contra por razón  de este comportamiento punible.   

CUATRO.- Devolver  la  actuación  al Tribunal de origen, el cual, en relación con la señora CRUZ  GUERRERO,  procederá  a  cancelar  las  órdenes de captura y las cauciones que  hubieren  sido  prestadas,  así  como  a  levantar la prohibición de salir del  país  y  las  medidas  cautelares  sobre  bienes  que  se  encuentren vigentes.  Además,  de ser el caso, comunicará lo aquí resuelto a las mismas autoridades  a  las  que  se  les  informó  la medida de aseguramiento, el calificatorio del  sumario y las sentencias de primera y segunda instancia.   

CINCO.-  COMPULSAR  las  copias  ordenadas  en  la  parte  motiva  de esta providencia, a lo cual se  procederá por la Secretaría de la Sala.   

Contra  las  decisiones  adoptadas  en  los  numerales  primero  y  tercero procede el recurso de reposición, no así contra  la  adoptada  en  el  numeral  segundo,  respecto  de la cual no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                    JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

               Comisión de servicio   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Fl.  13 y ss. cno. 1   

2 Fl.  14 y ss.  cno. 1   

3 Fl.  21 y ss. cno. 1   

4 Fls.  42 y ss. cno. 1   

5  Fls.128 y ss. cno. 1   

6 Fls.  156 cno. 1   

7 Fls.  186 y ss. cno. 1   

8 Fls.  228 cno 1.   

9 Fls.  277 y ss cno. 1   

10  A  quien  vinculó  al  proceso  mediante  declaratoria de persona ausente (Fl. 285  cno. 1).   

11  Fls. 296 y ss. cno. 1   

12  Fls. 258 y ss. cno. 1   

13 Fl.  13 cno. 2   

14  Fls. 133 y ss. cno. 2   

15  Definido por el artículo 420 de la Ley 599 de 2000.   

16 De  que trata el artículo 434 ejusdem.   

17  Fls. 7 y ss. Fisc. Sda. Inst.   

18  Fls. 6  cno. 3   

19  Fls. 99 y ss,  cno. 3 y 12 ss. cno. 2   

20  Fls. 147 y ss. cno. 3   

21  Fls. 177 y 45 ss. cno. 3   

22  Fls. 3 y ss. cno. Sda. Inst.   

23  Fls. 37  y ss. cno. Sda. Inst.   

24  Fls. 42  cno. Sda. Inst.   

25  Fls. 49 y ss. cno. Sda. Inst.   

26  Fls. 5 y ss. cno. Corte.   

27  Cabe  aclarar,  no  obstante, que la jurisprudencia de la Corte, en armonía con  los  compromisos  internacionalmente adquiridos por Colombia,  ha declarado  la  imprescriptibilidad  de  la  acción  penal  en  los casos considerados como  crímenes  de  lesa  humanidad. Cfr.  Auto de Única Instancia. 14 de marzo  de 2011. Rad. 33118.     

28  Cfr. cas. oct. 27 de 2004. Rad. 21090   

29 Fl.  134  cno.  2:  “Se  procede  por  los  punibles  de  utilización  indebida de  información  oficial, contemplado en el Título XV, Capítulo Octavo, Art. 420,  que  a  la letra dice: ‘El  servidor  público  que  como  empleado  o  directivo  o  miembro de una junta u  órgano  de administración de cualquier entidad pública, que haga uso indebido  de  información  que haya conocido por razón o con ocasión de sus funciones y  que  no  sea objeto de conocimiento público con el fin de obtener provecho para  sí  o  para  un  tercero,  se  éste persona natural o jurídica, incurrirá en  multa     y     pérdida     del    empleo    o    cargo    público’. Y, Asociación para la comisión de  un  delito contra la administración pública, consagrado dentro del mismo   título   capítulo   once,   art.   434,   al   siguiente  tenor:  ‘El  servidor  público  que se asocie  con   otro,   o   con   un   particular,  para  realizar  un  delito  contra  la  administración  pública,  incurrirá  por esa sola conducta en prisión de uno  (1)  a  tres (3) años, siempre que la misma no constituya delito sancionado con  pena   mayor.   Si   interviene   un   particular   se  le  impondrá  la  misma  pena”.   

30 En  la  sentencia  de  primera  instancia  el a quo consideró lo siguiente: “Tipo  penal  que  se  circunscribe  a  un  sujeto  activo  cualificado,  como lo es el  servidor   público   y   otro   indeterminado,   es   decir   el   ‘particular’.  En  el  sub-examine  la  referida  conducta  punible  tiene  plena  adecuación   típica  en la medida en que  CARLOS  JOSÉ  HOYOS  BAENA,  quien  para  la  época de los hechos ostentaba la  calidad   de  servidor  público,  dada  su  vinculación  con  el  Departamento  Administrativo    de    Seguridad    ‘DAS’  Seccional  Amazonas (intraneus), prevaliéndose de tal calidad se asoció con un  particular,  huelga  decir  con la señora LÍA SNEDA CRUZ GUERRERO (extraneus),  con  el  objeto de realizar una conducta punible  contra la Administración  Pública” (f. 159 cno. 3).      

31 LEY  599  DE  2000. ART. 98.- “Prescripción.  La  acción  civil  proveniente de la conducta punible, cuando se  ejercita  dentro  del  proceso penal, prescribe, en relación con los penalmente  responsables,  en  tiempo  igual al de la prescripción de la respectiva acción  penal.  En  los  demás  casos,  se  aplicarán  las  normas  pertinentes  de la  legislación civil”.   

32  Artículos  420 y 434 de la Ley 599 de 2000, sin las modificaciones introducidas  por las Leyes 890 de 2004 y 1288 de 2009.   

33  Cas. Agosto 1º de 2002. Rad. 12091   

34  Cfr. Fl. 30 cno. 3.   

35  Cfr. Fls. 26 y 27 cno. 3,     

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