35942(07-12-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 35942  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  434  

Bogotá  D.C., siete (7) de diciembre de dos  mil once (2011)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el  defensor  del  procesado  Emerson Zuluaga Quintero  contra  el  fallo del Tribunal Superior de Bogotá que  revocó  la  sentencia  absolutoria  de primer grado y, en su lugar, condenó al  procesado  y a los demás acusados por los delitos de concierto para delinquir y  falsedad    en   documento   público   agravada   y   falsedad   en   documento  privado.   

H E C H O S  

El     ad  quem los resumió de la siguiente manera:   

“El  6 de diciembre de 2007, ante miembros  de  la  Policía Nacional de (Bogotá), adscritos a la SIJIN, una persona que no  quiso  identificarse  les informó que existía un grupo de individuos liderados  por  una mujer, llamada Diana, quienes provistos de documentos falsos y de datos  que   obtenían   de   algunos  archivos,  se  dedicaba  a  defraudar  entidades  crediticias  y  establecimientos  comerciales,  haciéndose  pasar  por  quienes  obtenían   sus   datos,   falsificando   las  anotaciones  consignadas  en  los  documentos,  a  través  de  los cuales solicitaban créditos y mercancías. Del  mismo  modo,  el  informante  suministró  el lugar de residencia de la referida  señora  Diana,  como  el  nombre  de otro sujeto denominado Diego, a más de su  número  celular,  adicionando que éste se dedicaba a financiar la elaboración  de  cédulas  falsas,  bajo  la  colaboración  de  Omar,  Luis  Gonzaga,  David  Cartagena,  último que se encargaba de conseguir personas con el perfil de edad  para suplantar a otras.   

Obtenidos   los   señalados   datos,  los  uniformados  procedieron  a  realizar  las  averiguaciones  del caso, obteniendo  autorización  para  interceptar  las  líneas  telefónicas  2736954 y 4655046,  escuchando  las  llamadas  que  de allí salían y en las que sus interlocutores  además  de  otros,  estaban  Liliana  Gómez  Hidalgo,  Maira  Alejandra  Uribe  Orjuela,   Emerson  Augusto  Zuluaga  Quintero,  y  Jhonnatan  Muñetón  Gaviria,  quienes  se  referían  a  presuntas  actividades  ilícitas  de  una  organización  criminal, dado que se  apuntaban  a  dar  referencias  personales  de  terceros,  a  la elaboración de  documentos  y al trámite de créditos que fueron obtenidos fraudulentamente por  personas  que  eran  suplantadas  y  que  comprometieron  como  deudores  en las  entidades  financieras  y en los negocios comerciales otorgantes.”     

ANTECEDENTES PROCESALES  

1.   El  25  de  noviembre  de 2008, ante el Juzgado 24 Penal Municipal de Medellín con Función  de  Garantías,  se  cumplió  la  audiencia  reservada  en  la que se resolvió  positivamente  sobre  la solicitud de interceptación telefónica y orden  de captura en contra de Emerson  Augusto  Zuluaga  Quintero. El 26  del  mismo  mes,  el Juez 30 Penal Municipal de igual denominación, con sede en  la  misma  ciudad,  a  instancias  de  la  Fiscal  165  Seccional,  legalizó   la   captura  de  Zuluaga             Quintero1,  avaló la imputación que se  le  formulara  por  los  delitos  de  concierto  para  delinquir, falsedad   material  en  documento  público  agravada  y  falsedad  en  documento  privado  (artículos   340,  287,  290  y  289  del  Código  Penal)  y  lo  afectó  con  medida  de  aseguramiento de  detención en establecimiento carcelario.     

2. El escrito      de      acusación     fue  presentado el 24 de diciembre  de  2008  y adicionado mediante escrito del 27 de marzo de 2009; el 6 de febrero  siguiente,  el  Juez 17 Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento aprobó  el  preacuerdo  suscrito  entre la fiscalía y los acusados Diego Armando Tamayo  Gómez,  Jorge  Omar  Tamayo  Gómez,  Leidy  Johanna  Duque  Ossa,  Lina María  Castañeda  López  y  Gloria  Estela  López  Benítez,  lo  que dio lugar a la  ruptura   de   la  unidad  procesal,  respecto  de  aquellos.  La  audiencia  de  formulación  de  acusación  tuvo  lugar  el  27  de  marzo  de  2009 ante el Juez 176 Penal del Circuito con  Función  de  Conocimiento de Medellín; en ella, el Fiscal 165 Seccional acusó  a   Emerson  Augusto  Zuluaga  Quintero  como  coautor,  en  concurso heterogéneo, de las conductas punibles  de  concierto para delinquir (artículo 340 del Código Penal, modificado por el  8º,  inciso segundo, de la Ley 733 de 2002 y 14 de la 890 de 2004), falsedad en  documento  público  agravada  (artículo  287 de la Ley 599 de 2000, modificado  por  el 14 de la Ley 890 de 2004, en concordancia con el 290 del mismo estatuto,  modificado  por  el  53   de  la  Ley 1142 de 2007) y falsedad en documento  privado  (artículo 289 del Código Penal, modificado por el 14 de la Ley 890 de  2004), tal como quedó en el escrito de acusación.   

Realizadas las audiencias preparatoria y del  juicio  oral,  el  funcionario  judicial  anunció  el  sentido  absolutorio  del  fallo  a favor de todos los  acusados,  providencia  que  fue  emitida  y leída el 16 de septiembre de 2010.  Contra   esta   decisión   la   fiscalía   formuló  recurso  de  apelación.   

Así,  el  Tribunal Superior de Medellín, a  través  de  fallo  de  segundo  grado  del  22 de octubre de 2010, revocó  la  sentencia  recurrida y, en su  lugar,   condenó   a  los  acusados  Liliana  Gómez  Hidalgo,  Maira Alejandra Uribe Orjuela, Emerson   Augusto   Zuluaga   Quintero  y  Jhonnatan  Muñetón  Gaviria  a la pena principal de 74 meses de prisión, como  coautores  de las conductas punibles por las que fueron acusados, así como a la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el mismo término de la sanción privativa de la libertad.    

El     ad  quem  les  negó a los sentenciados el subrogado de la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y, al mismo tiempo, les  otorgó     el     sustituto    de    la    prisión  domiciliaria.       

Inconforme  con lo resuelto, el apoderado de  Emerson    Augusto    Zuluaga   Quintero  formuló  el  recurso  extraordinario  de  casación  y, de manera  oportuna, presentó el correspondiente libelo.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El impugnante, al amparo de la causal de que  trata  el  artículo  181,  numeral,  3  de  la  Ley 906 de 2004, formula sendos  cargos,  por  medio  de  los  cuales  denuncia  que el sentenciador incurrió en  errores  de  hecho,  constitutivos  de  falso juicio de  identidad  y  falso juicio de  existencia  en  la  apreciación  de  las pruebas, los  cuales  lo condujeron a violar los artículos 7º, 372, 381, 404 y 432 de la Ley  906  de  2004 y, por indebida aplicación, los artículos 29, 31, 287, 289 y 290  del Código Penal.   

A  través de los cargos formulados pretende  que  se  proteja el derecho sustancial de su asistido a una valoración completa  de  las  pruebas,  al  tiempo que aspira, y así lo solicita a la Sala, a que se  case  el  fallo  recurrido  y,  en  su  lugar,  se  dicte  uno  absolutorio. Sus  argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Cargo  primero:  falso  juicio  de identidad   

Al  amparo  de la causal de casación de que  trata  el  artículo  181,  numeral  3,  de  la Ley 906 de 2004, el casacionista  denuncia  que  el  juzgador  incurrió  en  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  la  prueba  sobre  la que fundó la sentencia,  particularmente  en  un  falso  juicio  de  identidad,  el  cual  recayó  en la  apreciación  de  la  declaración  del Intendente de la Policía Nacional Pablo  César Acosta López.   

Alega  el casacionista que este testigo dijo  que    aún    cuando    no    percibió    directamente   a   Zuluaga   Quintero  cuando  elaboraba  las  colillas  de pago, sí escuchó en las interceptaciones telefónicas que ese era  su  oficio en la banda criminal. Así, reprocha que el Tribunal diera por cierto  que   Zuluaga  Quintero,  al  igual  que  las  demás  personas,  conocía  y  participaba  de  la asociación  ilícita.    

Señala  que de la comunicación telefónica  sostenida    entre    Diana    Patricia   Hincapié   Giraldo   y   Zuluaga  Quintero  se  desprende  que este  último  no  sabía elaborar las colillas de pago y que era aquella –Hincapié   Giraldo-   la   que   le  enseñaría  a  hacer  esa  tarea. Por lo tanto, aduce el casacionista, si no se  tergiversa   ni   cercena   el   testimonio   del  policía  Acosta  López,  su  manifestación,     según     la    cual    Zuluaga  Quintero  tenía  como  función  en  la organización  criminal  elaborar las colillas de pago, carece de respaldo probatorio. Además,  dice,  según  las  estipulaciones  probatorias,  las  colillas  de  pago fueron  falsificadas  en  2007,  es decir, un año antes de que tuviera lugar la aludida  interceptación  telefónica   y,  por  otra  parte,  conforme el dicho del  policial,   en   el  lugar  donde  trabajaba  el  hoy  procesado  no  había  un  computador.   

Por  lo  tanto,  la  incriminación  hacia  Zuluaga   Quintero  es  el  producto de la fantasía del declarante Pablo César Acosta López.   

Cargo    segundo:    falso   juicio   de  existencia   

El  demandante alega que el juzgador omitió  otros  testimonios  que  permiten  deducir  que Zuluaga  Quintero   no   hacía   parte   de   la  asociación  ilícita.   

Diana   Patricia   Hincapié,  precisa  el  recurrente,  explicó  la manera en que conoció al hoy procesado y, frente a la  comunicación   telefónica   sostenida   con  aquél,  sostuvo  que  le  estaba  explicando  cómo  podía  obtener  un  préstamo  bancario, para lo cual debía  elaborar unas colillas de pago.    

Carlos  Alejandro Gómez Taborda, explica el  libelista,  manifestó  haber  sido  socio  de  Zuluaga  Quintero  en  un  negocio  de  lavado  de vehículos y  taller  de  mecánica.  Dice  que el testigo mencionó que el hoy sentenciado le  pidió  unas colillas de pago para tramitar un préstamo bancario, las cuales no  le  pudo  entregar,  toda  vez  que  no  llevaba  un registro de las operaciones  monetarias  realizadas.  A  su turno, agrega el casacionista, según el dicho de  Cielo    de    los    Ángeles   Quintero   Tabares,   madre   de   Zuluaga,  aquella fue codeudora de su hijo  en  el  aludido  préstamo y, a su turno, David Fernando Cartagena explicó que,  junto  a  Diana  Patricia  Hincapie  y  Diego  Tamayo  Gómez,  frecuentaban  el  parqueadero     de    Emerson    Zuluaga,  y  que  las  defraudaciones  fueron  cometidas exclusivamente por  aquellos.    

De  haber  apreciado y no desestimado dichos  testimonios  y  lo  que demuestran, el sentenciador habría inferido que Zuluaga  Quintero    no    pretendía    falsificar    documentos    para   defraudar   a  terceros.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  La Corporación anticipa su decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación,  toda  vez  que  no  cumple con los requisitos de lógica y debida  fundamentación.   

2.  El  recurrente  pasa  por  alto  que  la  casación  no  es  un  instrumento para continuar el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso y, por lo tanto, que no le está permitido  realizar  cuestionamientos  a manera de instancia adicional a las ordinarias del  trámite.   Por  desconocer  lo  anterior,  el censor no enseña a la Corte  ningún  motivo  que justifique emprender el examen de control constitucional de  la  sentencia  de  instancia,  la  cual  llega  a esta sede amparada en la doble  presunción de acierto y legalidad.    

En particular, la Corporación encuentra que  el  censor,  al  desarrollar  los  cargos  orientados  como  de  falso juicio de  identidad  y falso juicio de existencia, incurre en el error común de discurrir  por  la  personal  apreciación  de  los  medios  de convicción que obran en la  actuación,  sin  demostrar  simultáneamente un error ostensible y trascendente  en  la  apreciación  judicial.  Además,  incumple el principio de proposición  jurídica  completa,  pues  no  atina  enunciar  de  manera  completa las normas  sustánciales  supuestamente  violadas, menos aun a enseñar cómo se produjo la  violación de cada una de las citadas.   

En  efecto,  dígase  en primer lugar que la  demostración  en  esta sede de cualquiera de las modalidades del error de hecho  -vicio  que,  junto con el de derecho, es una de las formas en que se manifiesta  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial- exige la acreditación de la  materialidad  del  dislate  cometido por el juzgador, es decir, la omisión o la  suposición   probatoria,  en  el  caso  del  falso  juicio  de  existencia;  la  tergiversación,  agregación  o mutilación del contenido material del medio de  convicción,   si   se   trata  del  falso  juicio  de  identidad,  o bien la violación de las máximas de la  experiencia,  la  lógica  o  la  ciencia  en los casos en que se acude al falso  raciocinio.    

Tanto  o más importante que lo anterior, es  la  demostración  de la trascendencia de la equivocación, lo cual solamente se  logra  tras enseñar de qué manera la decisión no puede lógicamente subsistir  al   lado  del  vicio,  siempre  al  margen  de  la  personal  apreciación  del  casacionista,  pues,  como  ya  se  precisó, el recurso extraordinario no está  previsto  para  enfrentar diversas interpretaciones probatorias, por viables que  estas sean.   

Ha dicho la Sala2,  además,  que  cuando  el libelista emprende la censura a través del falso juicio  de   identidad   o  de  existencia  debe  evitar  confundir  la  prueba  con  lo  probado,  es  decir,  la  materialidad  del  medio  de  convicción  con el poder suasorio que le asigna el juzgador; dígase, entonces,  que  una  cosa es el contenido de la prueba -por ejemplo, la versión que de los  hechos  ofrece el testigo-  y otra muy distinta que el sentenciador acoja o  rechace  la  veracidad  de  sus  atestaciones.  De allí que si el fallador  aprecia  como  alejada  de  la  realidad el relato del declarante ello no quiere  decir   que   altere   su   materialidad,   sino   que   rechaza   su  poder  de  convicción.   

3.  Con  fundamento  en  los  presupuestos  reseñados,  puede afirmarse, entonces, que la demanda que ocupa la atención de  la Sala adolece de las siguientes falencias:   

3.1.  En el primer cargo, formulado como  falso juicio de identidad, el  censor  confunde  la  prueba con lo probado, es decir, la materialidad del medio  de  convicción con la apreciación que de él elabora el juzgador, lo que torna  su argumento en intrascendente.   

En  efecto,  el sentenciador corporativo, al  considerar  el testimonio del policial Pablo César Acosta López, no perdió de  vista  su  exacto contenido, pues, al igual que lo hace el demandante, advirtió  que   aquél   no  percibió  directamente  a  Zuluaga  Quintero  cuando  elaboraba las colillas de pago, pero  que  de  las  comunicaciones  intervenidas  escuchó que ese era su oficio en la  empresa  criminal,  además  de  que  lo vio reunido con otros integrantes de la  banda,  en  momentos  que  revisaban  unos  documentos,  más concretamente unos  desprendibles   de   pago.   

Así  mismo,  el ad  quem  plasmó  de  manera literal la parte que estimó  pertinente   de  las  atestaciones  del  servidor  policial,  en  donde  figura,  precisamente,   el   fragmento  cuya  interpretación  cuestiona  el  impugnante  extraordinario.   

En  estas  condiciones, surge nítido que no  existe  la  tergiversación  que pregona el censor; y lo que se evidencia es que  la  crítica  versa  sobre un asunto distinto, cual es la apreciación que sobre  el  dicho  del  servidor  público  y  la conversación interceptada realizó el  juzgador,  lo que no corresponde a la modalidad del error de hecho seleccionada,  sino   eventualmente   a   un  -por  demás  mal  orientado-  falso  raciocinio.   

Y  en  ese  ejercicio  de  apreciación,  el  recurrente  no  demuestra  un  yerro  evidente  y  trascendente,  pues si de las  manifestaciones  del  miembro  de  la Policía Nacional el Tribunal infirió que  Zuluaga  Quintero hacia parte  de  la  asociación  ilícita  y,  como  tal,  tenía  la  función  de elaborar  documentos  espurios, ello no configura una irregularidad de raciocinio, pues no  se  extralimitan  las  facultades  de  ponderación  razonada  que le asisten al  funcionario  judicial.  Así, lo que subyace al relamo del censor es que en esta  sede  extraordinaria  se  enfaticen  ciertos  apartes  de  la  declaración  del  servidor  policial,  en perjuicio de otros, lo que por sí mismo no enseña a la  Corporación  acerca  de la materialidad y relevancia de la anomalía pregonada.   

3.2.  Lo  propio  ocurre  con  el  cargo  de  falso juicio de existencia, a  través  del cual el casacionista asegura que de haber apreciado el fallador las  declaraciones  de  la  madre  del  hoy  procesado y de su socio en un negocio de  lavado  de  carros,  los  cuales,  según dice, respaldaban las exculpaciones de  aquél,  así  como  el  dicho  de  otros  miembros  de la banda criminal que lo  excluían  de  la  asociación  ilícita,  otro  hubiera  sido  el sentido de su  decisión.    

Así planteada la crítica, el argumento que  la  sustenta  resulta  ser la personal apreciación de las pruebas por parte del  recurrente,   la   cual  no  logra  demostrar  una  anomalía  relevante  en  la  valoración   judicial,   menos   aún   logra  derribar  las  conclusiones  del  ad quem.   

Ello  es  así,  porque  si  el  juicio  de  responsabilidad  en  contra  de Emerson Augusto Zuluaga  Quintero   lo  edificó  el  Tribunal  a  partir  del  contenido   de   sus   conversaciones  sostenidas  con  otra  integrante  de  la  agrupación  delincuencial,  de su similitud con las realizadas por esta última  con   otras   personas  comprometidas  en  la  asociación  ilícita  y  en  las  defraudaciones,  y  en las atestaciones del integrante de la SIJIN, referentes a  lo  que  percibió  de  su  actividad y relación con otros concertados, ninguna  idoneidad  tienen  las expresiones de apoyo, evidentemente poco objetivas, de la  madre  y  el  socio  del  hoy  sentenciado  para  derribar  el  razonamiento  de  instancia,  pues  configuran  apreciaciones  que  simplemente  discurren por una  interpretación  diversa  a  la  del  juzgador,  pero  que  no son idóneas para  demostrar en esta última una irregularidad.   

En  todo caso, la Sala no encuentra cómo la  condición  de  codeudora  de  la  madre  del procesado, el que éste le hubiera  reclamado  a  su  socio  las nombradas ‘colillas     de     pago’  o  que  la  coasociada  Diana  Patricia  Hincapié  Giraldo, quien  reconoció   su  responsabilidad  por  los  delitos  objeto  de  acusación,  le  señalara  a  Zuluaga Quintero  cómo  debía  elaborar los mencionados documentos, logren derribar lógicamente  la  apreciación  del ad quem,  pues   apenas   configuran   apreciaciones  de  instancia,  las  cuales  podrán  calificarse   de  plausibles,  pero  que  no  enseñan  de  forma  fehaciente  y  trascendente  la  violación  al  derecho  sustancial  que  pregona  el  censor.   

3.3.  El  impugnante  incumple  el  deber de  proposición  jurídica  completa,  toda  vez que no cita de manera íntegra las  normas  sustanciales  supuestamente  violadas,  como  tampoco identifica en qué  consistió  la  violación.  Por  lo  tanto,  aún  cuando  hubiere  acertado  a  demostrar  los yerros de hecho pregonados, de todos modos su argumento quedaría  a  mitad  de camino y, por lo mismo, resultaría intrascendente, puesto que nada  sustenta acerca de la manera en que se violaron las normas.   

3.3.1.  En  efecto,  lo primero que llama la  atención  es  que el casacionista omite enunciar la norma sustancial mas obvia,  como  es el artículo 340 del Código Penal, que tipifica el delito de concierto  para  delinquir,  el  cual fue el fundamento que permitió la imputación de las  demás  conductas  constitutivas  de  atentados  contra  la fe pública. Una tal  omisión  resulta  relevante,  pues  significa que el casacionista admite que el  juzgador  no  incurrió en error alguno al encuadrar la conducta de Zuluaga   Quintero   en  la  descripción  abstracta   contenida   en   dicho   artículo,   menos   aún   al  deducir  la  responsabilidad del procesado por la misma.   

3.3.2.  En lo demás, resulta notorio que el  casacionista  cita  indiscriminadamente  un  conjunto de normas, muchas de ellas  sin  tener  la  calidad de sustanciales (como los artículos 372, 381, 404 y 432  del  Código de Procedimiento Penal de 2004) y sin precisarle a la Corte en qué  consistió  su  violación,  ejercicio  argumentativo que no le corresponde a la  Sala emprender en lugar del censor.   

Así,  surge  nítido  que  el libelista, al  invocar  como  violado  el artículo 7º de la Ley 906 de 2004, no precisa si la  irregularidad  consistió  en  el desconocimiento del principio del in  dubio  pro  reo, o si acaso durante el  proceso  la  carga  de la prueba se le trasladó al procesado, o bien si fue que  la  duda  probatoria se resolvió de manera incorrecta. Tampoco identifica cómo  se  violaron  los  fines  de la prueba (artículo 372 de la Ley 906 de 2004), ni  demuestra  cómo la sentencia se edificó sobre pruebas de referencia, yerro que  sugiere  el  casacionista al citar indiscriminadamente como violado el artículo  382 del mismo estatuto.   

Tampoco  explica qué parte o cuáles de los  cinco  incisos  del  artículo  29  del  Código Penal o de los conceptos en él  involucrados   (autoría   material,   autoría  mediata,  coautoría  impropia,  autoría  a través personas jurídicas, naturales o entes colectivos, o bien la  regla  de  punibilidad allí prevista) fueron violados, y en qué sentido, menos  aún  si  al  mencionar  como  desconocido  el  artículo 31 de la misma obra se  refiere  a errores en la configuración del concurso de delitos o a la regla que  fija la punibilidad en tales casos.   

Así  las  cosas,  el concepto de violación  aparece   tan   deficientemente  motivado  que  el  argumento  casacional  surge  incompleto  e  inidóneo para  los  fines  propuestos,  falencia  que  la Corporación no puede solucionar, por  expresa     prohibición     del     principio    de  limitación.        

4.        En        conclusión,   la  demanda  de  casación  adolece  de  una  indebida  fundamentación,  motivo  por  el  cual,  como ya se  anunció, la Corte dispondrá su indamisión.   

5.  Cuestión  adicional   

Toda vez que contra la decisión de inadmitir  la   demanda   de   casación   procede  el  mecanismo  de  insistencia  según  lo  establece  el  artículo 186 de la Ley 906 de 2004, es  necesario  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite que ha de  regir  ese  instituto  procesal,  la  jurisprudencia  de  la  Sala ha fijado los  siguientes                lineamientos3:   

a) La insistencia es  un  mecanismo  especial  que sólo puede ser promovido por el demandante, dentro  de  los cinco días siguientes a la notificación del auto pro medio del cual la  inadmite  la  demanda de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere  lo  decidido.  También  podrá  ser  promovido  oficiosamente  dentro del mismo  término   por   alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación      Penal      –siempre      que     el     recurso     no   hubiera     sido     interpuesto    por     el    Procurador  Judicial–,  el   Magistrado    disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya  participado en los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado  voto  en  cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de inadmitir la  demanda,  o  bien  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio Público ante quien se formula la insistencia, someter  el  asunto  a consideración de la Sala o no hacerlo, evento este último que se  informará al peticionario en un plazo de quince días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E:   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado Emerson         Augusto         Zuluaga        Quintero.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, contra la determinación adoptada en el  numeral    anterior    es    viable   la   interposición   del   mecanismo   de  insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

Comisión de servicio  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                            JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                        SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                         AUGUSTO J.  IBÁÑEZ GUZMÁN   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                           JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  La   diligencia   de   legalización   de   captura,  imputación  e imposición de  medida de aseguramiento incluyó, además, a  Diana  Patricia  Hincapié  Giraldo,  Diego  Armando  Tamayo  Gómez, Jorge Omar  Tamayo  Gómez,  David  Alberto Porras Cadavid, Diego Alejandro Londoño Orozco,  David  Fernando  Cartagena  Cartagena,  Hugo  Armando  Gaviria  Galeano, Liliana  Gómez  Hidalgo,  Mauricio Ramírez Cadavid, Gloria Stella López Benítez, Juan  Pablo  Rendón  Sánchez, Leidy Johanna Duque Ossa, Leidy Andrea Rendón Rivera,  Lina  María  Castañeda  López,  Orlando  de Jesús Ríos Jaramillo, Wilson de  Jesús  Agudelo  Ramírez,  Mayra  Alejandra  Uribe Orjuela, Jhonnatan Muñetón  Gaviria.    

2 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, autos del 17 de noviembre de 2010  y 9 de marzo de 2011, radicaciones No. 34294 y 34052, entre otros.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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