35904(01-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrados Ponentes:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado acta Nº.188  

Bogotá D. C., primero (1°) de junio de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

La  Corte resuelve sobre la admisibilidad de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado Pablo  Antonio  Tobos  Estébez  contra la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal Superior de Cúcuta, el 19 de noviembre de  2010,  mediante  la cual confirmó la proferida por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  Especializado  con Funciones de Conocimiento de la misma ciudad, el 15  de  septiembre  del  mismo  año,  que  lo  condenó como coautor de la conducta  punible de secuestro extorsivo agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                  

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  Juzgador   de   Segunda   Instancia   de la siguiente manera:   

El  señor  Abel  Antonio  Claro  Manzano  informó  a  la  autoridad mediante denuncia que el 30 de marzo de 2010 a eso de  las  9:00  am.,  momentos  en  que  se encontraba en su casa, se presentaron dos  individuos  manifestándole  que  tenía  que  ir  al  puerto  a  solucionar  un  problema,   contestando  él  que  no  tenía  ninguno  ni  negocio  con  nadie,  informándole  dichos sujetos que era porque estaba vendiendo una góndola   que  era  de su yerno con la cual respaldaba o se había garantizado un negocio,  pero  que  estaba  a  nombre suyo porque éste no quería tener problemas con su  esposa,  y que por ello fue que le dio a su yerno una mercancía, contestando el  denunciante  que  si  la  habían  dado  a  este  señor  era  él  —  su  yerno – quien debía responder,  pero  los dos sujetos contestaron que simplemente estaban cumpliendo una orden y  que tenía que irse con ellos o sino se llevaban la gándola.   

Afirma  que uno de los dos sujetos salió a  buscar  un  taxi  y  lo llevaron en contra de su voluntad hasta un sitio llamado  Guaramito  que  es  por  Agua  Clara, estando allí habló con un señor llamado  Henry   que  le  dijo  que  si  quiera  salir  de  ahí  nuevamente  tenía  que  responsabilizarse  de  la  mercancía  y  entregarle la gándola o dejársela en  empeño  por  la deuda de la mercancía, por lo que el señor Abel Antonio Claro  Manzano  manifiesta  que  por  temor  a  que lo fueran a matar aceptó lo que le  estaban  proponiendo, trasladándolo esa misma noche a un parqueadero denominado  Tres  Esquinas  ubicado detrás de Berlinas vía al aeropuerto, donde le dijeron  al  celador  que la gándola no se podía sacar, informándole éste que a quien  trajera  el recibo la entregaba, por ello el señor Henry dijo que se llevaba el  recibo,  que  después  de  ello ha recibido llamadas acosándolo mucho para que  les de la góndola.   

Dice que el 17 de abril de 2010 recibió una  llamada  a  su celular en la cual le manifestaron que lo estaban esperando en el  parqueadero  para  la  entrega  de  la  gándola.  Que  el  día  19 de abril se  encontró  con  un señor Pablo quien le exigió la entrega del vehículo y como  no  lo  hizo,  éste llamó a Henry para recibir instrucciones sobre qué hacer,  informándole  que  lo  llevara  hasta  la  casa  por las llaves y estando allí  llegó  una  patrulla de la Policía siendo registrados y a Pablo le encontraron  un  arma  de fuego que tenía con papeles, pero que los  llevaron  hasta  el  CAI de Niza y allí los hicieron  firmar un papel y luego se fue para su casa.   

Que  el  20  de  abril  Pablo  lo  llamó  nuevamente  para  ir  a  hablar  con  “El  Cucho”, con la finalidad de hacer  entrega de la gándola, lo cual pudo evadir con diferentes excusas.   

El  señor  Abel  Antonio  Claro  Manzano  describió  los  dos  individuos  que lo llevaron en contra de su voluntad en un  taxi  hasta  Guaramito,  que  uno de ellos, Pablo, era quien llevaba un revolver  con  papeles  y  en el CAl de Niza se identificó como escolta, que su esposa es  testigo  de  cuando  lo raptaron, lo mismo que un vecino que al ver el hecho los  siguió  hasta  Patillales, ya que el carro se le varó, que de regreso les dijo  que  pararan  que era amigo de él pero no lo hicieron porque venían de afán a  recoger  la  gándola,  que es lo que le exigen por el negocio de su yerno y del  cual no tiene nada que ver.   

         2.      Por      los      anteriores  hechos,     la    Fiscalía    General    de    la  Nación,   el     21  de    mayo         de         2010,  presentó  escrito     de     acusación    contra   Pablo   Antonio  Tobos  Estébez   por  los delitos  de secuestro  extorsivo    agravado    y    extorsión.   

         

         3.              Cumplidas  las  formalidades  del  juicio,  el  titular del  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito  Especializado  con Funciones  de      Conocimiento  de     Cúcuta,       el       15         de        septiembre      de     2010, dictó fallo de primera instancia en  el     que     condenó    a    Pablo  Antonio Tobos Estébez  a las penas principales de 38  años  de  prisión   y   multa   equivalente   a  6.666,66   salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos    y    funciones    públicas    por   el  término  de 20     años,     como    coautor  del  delito de secuestro extorsivo  agravado,  según  los  artículos 169 y 170, numeral  6°; de la Ley 599 de 2000.   

         

        Y   así  mismo,  lo  absolvió por  el      punible     de     extorsión.   

         

        4.  Apelado  el fallo por el  defensor del procesado,       el       Tribunal       Superior       de      Cúcuta,      el      19   de  noviembre  de   2010,  lo   confirmó  en  su  integridad.   

        Contra       la       anterior       decisión,       el defensor  de  Tobos  Estébez          presentó  demanda de casación.   

S  Í  N  T  E  S  I S    D E  L     L I B E L O   

         

          Al  amparo  de las causales segunda y primera según la sistemática  reglada  en  la  Ley  906  de  2004,  presenta  dos  cargos  contra el fallo del  Tribunal, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

          Primer cargo   

          Acusa  al  Tribunal  de haber dictado sentencia en un juicio viciado  de  nulidad, toda vez que el fallo recurrido carece de motivación, yerro que en  su criterio, vulnera el debido proceso.   

         

          A   continuación   transcribe   el   fallo  de  primera  instancia,  manifestando  que  las  providencias deben ser motivadas con el fin de demostrar  el  grado  de conocimiento de certeza que emerge de la unidad probatoria y de la  cual se colige la responsabilidad del procesado.   

          En  su  personal opinión, advierte que del testimonio de Abel Claro  Manzano  se  concluye  que  no  hubo secuestro, procediendo a referenciar varios  fragmentos de su versión.   

          Así  mismo,  dice  que el señor Gabriel Gelves Rojas que conducía  el  taxi  el  día  de  los hechos, destacó que las tres personas se apearon al  vehiculo   y   no   advirtió   que   una   de   ellas   fue  obligada  por  los  otros.   

          Luego  de  informar  lo expuesto por el citado deponente, afirma que  su  credibilidad  no  puede  ser  tachada  bajo  el  argumento  que  es raro que  Tobos  haya  salido  a buscar el taxista si sólo por  una  llamada  llegan  a la casa,  situación   que  no  desconoce,  puede  ser  cierta  dado el lugar donde vive la titular del  juzgado  y el libelista, pero no en el barrio las Palmeras, en tanto es difícil  su acceso.   

          De  ahí  que  concluya que por ese motivo no se puede restar merito  al testigo.   

          De  otro  lado,  muestra inconformidad con las consideraciones de la  juzgadora,  toda  vez  que  era  la  Fiscal  a  quien  correspondía impugnar la  credibilidad  del testigo. Además, comenta que la Sala de Casación Penal ya se  pronunció  al  respecto,  en  torno  a que el testimonio no pierde credibilidad  porque el deponente tenga nexos con los afectados.   

          En  lo  atinente  al  testimonio  del señor Isaías Gómez Caicedo,  quien  adujo  a la justicia que en las horas de la mañana cuando llegó el taxi  a  recoger  al  señor  Abel,  no  observó  que hubiesen obligado al mencionado  señor  a  subir  al  vehiculo  y menos, portar armas de fuego, concluye que los  datos  suministrados  por  el deponente confirman los hechos narrados por Gelves  Rojas.   

          A  continuación  vuelve  y  cita  varios  oficios  que  obran en el  diligenciamiento  en  orden  a  sostener  que  no  es  cierto  lo  que anotó el  fallador,  respecto  que estos instrumentos no aportan nada a la investigación,  en  la  medida  en  que  para  el  20  de  abril  no  se  había  denunciado  el  secuestro.   

          Por  tanto,  insiste  en  que  en  este asunto se profirió fallo de  responsabilidad  sin  existir  el  grado  de  conocimiento  más  allá  de toda  duda.   

          Manifiesta  que  no comparte la confirmación que de la sentencia de  primera  instancia  hizo  el  Tribunal, puesto que atenta contra  la verdad  real  y  procesal.  Además, no contestó los alegatos de la defensa en tanto se  dejó incólume la condena impuesta.   

          Después  de  informar que el fallo recurrido carece de motivación,  el  libelista  procede a resaltar los testimonios de Wifran Triana Murcia, Jorge  Rodríguez,  Eddy  Roa  y  Marcela Cecilia Muñoz García, así como también el  álbum fotográfico que fue allegado al proceso.   

          Sostiene  que  la falta de motivación conlleva que la sentencia sea  nula,  tal  como  lo ha dicho la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia,  para lo cual cita varias decisiones.   

          Destaca  que el yerro es trascendente, habida cuenta que el fallador  concluyó  en  el  grado  de  conocimiento de certeza, la existencia del hecho y  responsabilidad de su defendido.   

          Recuerda  que  la  ley  procesal  enseña  que  en  las providencias  judiciales  el  operador judicial debe indicar el mérito que da a cada elemento  de  juicio,  argumento  que  sustenta en el articulo 162, numeral 4°, de la Ley  906 de 2004.   

          Dice  que  el  artículo  6°  de  la  mentada  Ley  906  regula los  principios  de presunción de inocencia e in dubio pro reo, y que toda duda debe  resolverse a favor del procesado.   

          Como  normas  violadas  cita  los artículos 7°, 16, 162, 372 y 442  del Código de Procedimiento Penal.   

          Por  lo expuesto, depreca a la Corte casar la sentencia impugnada y,  en  su  lugar,  declarar  la  nulidad del fallo proferido por el sentenciador de  segundo grado.   

          Segundo cargo   

          Acusa   al   Tribunal   de   haber  violado  indirectamente  la  ley  sustancial,  respecto del delito de secuestro extorsivo agravado, dado que no se  aplicó  el  artículo 7° del Código de Procedimiento Penal, en torno al grado  de conocimiento de la duda.   

         

          Argumenta  que  de  la unidad probatoria recaudada en el juicio oral  no  se  evidencia  la  certeza  que  lleve  a  concluir  que  Tobos  Estévez es  responsable del delito por el cual fue condenado.   

          Igual  como  sucedió  en el cargo anterior, el demandante procede a  citar  los  datos  suministrados  por  los  testimonios  de  Abel  Antonio Claro  Manzano,  Jaime  Retrepo  Castro,  Myriam  Figueredo  Pavón  e  Isaías  Gómez  Caicedo, para lo cual hace una síntesis de lo dicho por ellos.   

          Acota  que  el  vicio es trascendente, en la medida en que se dedujo  que  el  señor  Abel  Claro  había  sido  secuestrado  y  que  su defendido es  partícipe  del  mismo,  pues  colige  que  de  la  prueba  sólo emerge la duda  razonable.   

          Como  normas violadas cita los artículos 7°, 372 y 381 del Código  de Procedimiento Penal.   

          Por  lo  expuesto, solicita a la Corte casar la sentencia impugnada,  reconociendo  la infracción indirecta de la ley sustancial y, consecuentemente,  absolver   a   Tobos   Estévez   del   cargo  de  secuestro  por  el  cual  fue  condenado.   

              

CONSIDERACIONES    DE   LA   SALA   

          1.  De  conformidad con lo establecido en el artículo 181 de la Ley  906  de  2004,  Código  de  Procedimiento  Penal, el recurso de casación es un  mecanismo  de  control  tanto  constitucional  (artículo  235-1) como legal que  procede  contra  las sentencias proferidas en segunda instancia y que de acuerdo  con  lo  señalado  en  el  artículo  180  del  mismo  ordenamiento, tiene como  propósitos  alcanzar  (i) la  efectividad  del  derecho  material,  (ii)   el  respeto de las  garantías fundamentales, (iii) la  reparación   de   los   agravios   inferidos   y  (i)  la  unificación  de  la  jurisprudencia.   

          Para  hacer  efectivo  el  cumplimiento  de  esos  objetivos,  en el  mencionado  régimen  procesal se dotó a la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia  de  facultades sustanciales al conferirle, ente otras, la  potestad  de superar los defectos de la demanda para decidir de fondo cuando los  fines  de  la casación, fundamentación de los mismos, posición del impugnante  dentro   del   proceso,   e   índole   de  la  discusión  planteada,  así  lo  ameriten.   

          Sin   embargo,   este  mecanismo  no  es  de  libre  configuración,  desprovisto  de  todo rigor y que tenga como finalidad abrir un espacio procesal  semejante  al  de las instancias para prolongar el debate respecto de puntos que  han  sido  materia  de  controversia,  pues por el contrario, dada su naturaleza  extraordinaria,   quien   acude   al   mismo   debe   ceñirse   a  determinados  requerimientos   sistemáticos   basados   en   la   razón   y  en  la  lógica  argumentativa,  atinentes  a la observancia de coherencia, precisión y claridad  en  el desarrollo de cada uno de los reparos efectuados y desarrollados conforme  a  las  causales  de  procedencia  previstas en el articulo 181 del ordenamiento  procesal,  en  aras  de  persuadir  a  esta  Corporación  a revisar el fallo de  segunda  instancia,  con  el  fin  de  corregir el pronunciamiento que se revela  contrario a derecho.   

          De  ahí  que  el inciso 2° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004  establezca  que  no será admitida la demanda de casación si el actor carece de  interés  para  acceder  al  recurso,  el  escrito  es infundado y, en términos  generales,   cuando   de  su  contexto  se  advierta  fundadamente  que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las finalidades  del  recurso, lo que puede presentarse cuando la Corte  observe  que  los  aspectos  reprochados  no tienen una incidencia sustancial en  relación  con  lo  decidido  en  el  caso concreto, o que puede responder a los  planteamientos  del demandante sin recurrir a valoraciones de fondo acerca de lo  que ocurrió en la actuación.   

          2.  En  el  evento  que ocupa la atención de la Sala, surge nítido  que  el  censor  no  cumplió  con  los anteriores presupuestos, en tanto que no  demostró  la  existencia  de  los  vicios  formulados  en  los cargos contra la  sentencia  de  segunda  instancia  y  menos, los conectó con los fines que  informan   la   casación  según  el  sistema  consagrado  en  la  Ley  906  de  2004.   

          Al  respecto  resulta  oportuno recordar que el recurso de casación  fue  estatuido  para  denunciar vicios de derecho o de actividad cometidos en la  construcción  de la sentencia o en el trámite judicial, según el caso, motivo  por  el cual compete al libelista que postula el yerro a través de las causales  contempladas  para  el  efecto,  demostrar  cómo el mismo logra resquebrajar el  fallo,  al  punto  que se impone su casación con el objeto de cumplir los fines  estatuidos en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

          3.  La  Sala  ha  puntualizado  que  si  bien la acreditación de la  causal  segunda  de  casación  es  menos  exigente  que la demostración de las  otras,  lo  cierto es que impone al demandante proceder con precisión, claridad  y  nitidez  a  identificar la clase de irregularidad sustancial que determina la  invalidación,  plantear  sus  fundamentos  fácticos, indicar los preceptos que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón  de su quebranto, especificar el  límite  de  la actuación a partir de la cual se produjo el vicio, así como la  cobertura  de  la nulidad, evidenciar que procesalmente no existe manera diversa  de  restablecer  el  derecho  afectado  y  lo  más importante, comprobar que la  anomalía  denunciada  tuvo injerencia perjudicial y decisiva en la declaración  de  justicia  contenida en el fallo impugnado (principio de trascendencia), dado  que   este   recurso   extraordinario   no  puede  fundarse  en  especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones carentes de demostración o en situaciones ausentes de  quebranto.   

          De  otro  lado,  cuando  la  censura  se  postula  por la vía de la  infracción  indirecta de la ley sustancial, el casacionista está aceptando que  el  yerro  del  juzgador ocurrió de manera mediata, esto es, en la elaboración  del  juicio  de  hecho  como  consecuencia  de  errores en la apreciación de la  prueba, falencia que se ve reflejada en la aplicación del derecho.   

          De  tal  manera,  en  el  plano de la demostración de la censura se  debe  indicar  la  clase  de  error,  esto  es, de hecho o de derecho, así como  también  el  falso  juicio  que lo determinó, es decir, existencia, identidad,  raciocinio, legalidad y/o convicción.   

         Y,  por  ultimo,  el  libelista  debe indicar cómo el mentado yerro  incidió  en  la  aplicación  del derecho, habida cuenta que se seleccionó una  norma  que  no  era la llamada a gobernar el asunto y/o se excluyó otra que sí  resolvía todos los extremos de la relación jurídico procesal.   

       En  consecuencia,  si  la  demanda  de casación no cumple con los  anteriores  parámetros  de  lógica  y  debida  fundamentación,  sin  duda, la  decisión a adoptar es la inadmisión del libelo.   

          En   lo   que   atañe   al  primer  cargo  postulado    bajo    la  supuesta  violación  del  debido  proceso,  en vez de  demostrar  en  qué  consistió  la ausencia de motivación del fallo de segunda  instancia,  como si la casación fuera una instancia más del proceso, procede a  criticar   la   credibilidad  dada  por  el  Tribunal  a  la  unidad  probatoria  incorporada  en  el  juicio  oral,  concluyendo  que  no  se avizora el grado de  conocimiento   de   certeza   con   relación   a  la  existencia  del  hecho  y  responsabilidad del procesado.   

          Mírese  cómo  en la fundamentación de la censura el actor no hace  otra  cosa  que  afirmar  que  de  las  pruebas allegadas al proceso no se puede  concluir  de  manera  cierta,  que  la  victima  fue secuestrada, en tanto en el  juicio oral desfilaron plurales testimonios que así lo indicaron.   

          Es  decir, conforme a la argumentación esgrimida por el demandante,  su  inconformidad  no radica en la ausencia de motivación de la sentencia, sino  en  las  hipótesis  probatorias  en  que  se  basó el juzgador para inferir la  existencia   del  hecho  y  responsabilidad  del  acusado  más  allá  de  toda  duda.   

          Ante   esa   simple   discrepancia   de   criterios,   el  cargo  se  inadmite.   

         

          En     lo     atinente     al    segundo  reproche  que  el libelista presenta por la vía de la  infracción  indirecta  de la ley sustancial, también incurre en los anteriores  vicios  en  la  construcción  de  la  demanda,  toda  vez que su argumentación  consistió  en  oponerse  a  las  conclusiones  probatorias  elaboradas  por  el  Tribunal.   

          En  vez  de  demostrar  la  clase  de error y el falso juicio que lo  determinó,  el  casacionista cuestiona que de las pruebas que desfilaron por el  juicio  oral,  público  y  concentrado,  no  emerge el grado de conocimiento de  certeza  para  proferir  sentencia  de  carácter  condenatorio, acto en el cual  procede  a  valorar,  desde  su  personal perspectiva, el mérito otorgado a una  pluralidad de testimonios que cita.   

          Por tanto, deviene la inadmisión de la demanda.   

          Resta  señalar  que  no  se  observa  que  con  ocasión  del fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación  se  hubiesen  violado otros derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

El mecanismo de la insistencia  

Al amparo del artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuando  la  Corte  decida  no  darle curso a una demanda de casación, es  procedente  la insistencia, cuyas reglas, en ausencia de disposición legal, han  sido   definidas   por   la   Sala   en   los  siguientes  términos1:   

“(ii)  La  insistencia  sólo  puede  ser  promovida  por  el  demandante,  por  ser  él a quien asiste interés en que se  reconsidere  la  decisión.  Los  demás  intervinientes en el proceso no tienen  dicha  facultad,  en  tanto  que  habiendo  tenido ocasión de acudir al recurso  extraordinario,  el  no  hacerlo  supone conformidad con los fallos adoptados en  sede de las instancias.   

         (iii)  La solicitud de insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público,  a  través de sus delegados para la casación penal, o ante alguno de  los  Magistrados  integrantes de la Sala de Casación Penal, según lo decida el  demandante.   

         (iv)  La  solicitud  respectiva  puede  tener dos finalidades: la de  rebatir  los argumentos con fundamento en los cuales la Sala decidió no admitir  la  demanda,  o para demostrar por qué no empece las incorrecciones del libelo,  es  preciso  que  la  Corte  haga  uso  de su facultad oficiosa para superar sus  defectos y decidir de fondo.   

         (v)  Es  potestativo  del  Magistrado  disidente  o del Delegado del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar por someter el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento  último  en  que  informará  de ello al peticionario. Así mismo, cualquiera de  ellos  puede  invocar  la  insistencia  directamente  ante  la  Sala  de  manera  oficiosa.   

         (vi)  El  auto  a  través  del  cual no se selecciona la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia   contra   la   cual  se  formuló  el  recurso,  con  la  consecuente  imposibilidad  de  invocar  la prescripción de la acción penal, efectos que no  se  alteran  con  la  petición de insistencia, ni con su trámite, a no ser que  ella prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

A  su  turno,  como  quiera  que  la ley no  establece  términos  para  el  trámite  de la insistencia, es preciso fijarlos  conforme  la  facultad  que en tal sentido se consagra en el artículo 159 de la  Ley 906 de 2004.   

Con  tal propósito, teniendo en cuenta que  la  decisión  a  través de la cual no se selecciona la demanda está contenida  en  un  auto  a cuyo enteramiento o publicidad debe procederse obligatoriamente,  con  arreglo  a  lo  dispuesto  en sentencia C-641 del 13 de agosto de 2002, por  vía  del  procedimiento  señalado en el artículo 169, inciso 3, de la Ley 906  de  2004,  esto  es  mediante  comunicación  escrita  dirigida  por  telegrama,  correo  certificado, facsímil, correo electrónico o  cualquier  otro  medio idóneo que haya sido indicado por las partes,  se  establecerá el término de cinco (5) días contados a partir  de  la fecha en que se produzca alguna de las anteriores formas de notificación  al  demandante,  como  plazo  para que éste solicite al Ministerio Público o a  alguno  de  los  Magistrados  integrantes  de  la  Sala,  si  a  bien  lo tiene,  insistencia en el asunto.   

A  su vez, teniendo en cuenta que el examen  de  la  solicitud  de insistencia supone un estudio ponderado de la misma, de la  demanda,  del  auto por el cual no se admitió y de la actuación respectiva, se  otorgará  al  Ministerio  Público  o  al  Magistrado interesado un término de  quince  (15)  días  para  el  examen de la temática planteada, vencido el cual  podrán  someter  el  asunto  a discusión de la Sala o informar al peticionario  sobre su decisión de no darle curso a la petición.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,   SALA   DE  CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

          INADMITIR   la  demanda de casación presentada  por  el  defensor  de  Pablo  Antonio  Tobos Estébez, por las razones expuestas en  la anterior motivación.   

De   conformidad   con  lo  dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de  insistencia en los términos  precisados  atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

                                                                  JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                                                               JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                 SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                              

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                               MARIA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                            

                                                                      NUBIA        YOLANDA       NOVA GARCÍA   

                                                                             Secretaria   

    

1  Auto del 12 de diciembre de 2005 (radicado 24.322).     

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