35837(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35837  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  078  

Bogotá,  D.C.,  nueve  (9)  de  marzo  de  dos  mil  once  (2011)   

V I S T O S  

La  Sala resuelve la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por   el   apoderado  de  la  parte  civil contra la sentencia del  5  de agosto de 2010, dictada por el Tribunal Superior de Barranquilla por medio  de  la  cual  revocó la proferida por el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de  la  misma  ciudad, el 16 de enero de 2009; y absolvió a Laura Carmen de Angelis  de Caro del delito de estafa agravada.   

H E C H O S  

El   juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“De autos se sabe  que  entre  las señoras Helda Esther Gómez Ojeda, actuando en nombre propio, y  Laura  Carmen  de  Angelis  de  Caro,  en  nombre  y representación legal de la  sociedad  comercial CAYA LTDA, el 2 de noviembre de 1995, celebraron un contrato  de  promesa  de  compraventa sobre una casa quinta en la carrera 61 No 74-172 de  esta  ciudad,  en  la  que  la  sociedad  comercial  citada, en su condición de  promitente  compradora  para  terminar  de  pagar  el  precio  de  la  venta  se  comprometía  a  entregarle a la promitente vendedora, un apartamento de máximo  106  metros  cuadrados  (106  M2),  en  el  primer piso sobre la carrera 61, con  especificaciones  normales  de  primera  calidad,  ubicado en el edificio que se  levantaría  en  el  lote  del  bien  inmueble que se adquiere por la promesa de  contrato  de  compraventa. Posteriormente, la señora Laura Carmen de Angelis de  Caro,  representante legal de CAYA LTDA, mediante escritura pública No 1038 del  20  de  agosto  de 1996, esto es, nueve (9) meses después de haber celebrado la  promesa  de  compraventa  con  la  señora  Hilda Esther Gómez Ojeda, en la que  había  asumido  una  serie  de  compromisos,  entre  otros, el de entregar a la  promitente  vendedora un apartamento en el edificio que construiría, la vendió  a  la señora María Lourdes Tarud Saieh”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Por  los anteriores hechos, la Fiscalía, el 9 de diciembre de 2004,  profirió  resolución  de  acusación  en  contra de Laura Carmen de Angelis de  Caro  por  el  delito  estafa  agravada,  decisión  que  al  ser  recurrida fue  confirmada  el 28 de julio de 2005.   

2.  El  expediente pasó al Juzgado Séptimo  Penal  del  Circuito  de  Barranquilla  que,  el 16 de enero de 2009, condenó a  Laura  Carmen de Angelis de Caro a las penas principales de 36 meses de prisión  y  multa  de $50.000.00 y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el  mismo lapso de la privativa de la  libertad, como autora de la conducta punible de estafa agravada.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el defensor, el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  el  5 de agosto de 2010, lo revocó en su  integridad con los resultados ya conocidos.   

Contra la anterior decisión, el apoderado de  la parte civil interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A    D E    C A S A C I Ó N   

El apoderado de la parte civil con base en la  causal primera presenta un único cargo contra la sentencia, así:   

Único cargo  

“Me  permito  invocar  como  causal  de casación contra la sentencia del Tribunal Superior de  Atlántico  (sic)  Sala  Penal,  la causal primera del artículo 246 del Código  Penal  (sic)  por  considerar  que  sí hubo MANIOBRAS  ENGAÑOSAS  y  que  sí  se  indujo en error al sujeto  pasivo.  De  manera  que  la  sentencia  acusada  resulta  violatoria  de la ley  sustancial   por   error   en   la   interpretación   de  la  norma”.   

Así, solicita a la Corte casar la sentencia  impugnada y, en su lugar, confirmar el fallo de primer grado.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.   Recuérdese  que  dado  el  carácter  extraordinario  de la casación, compete al libelista que al elaborar la demanda  lo  haga  bajo los estrictos parámetros contemplados en la ley y decantados por  la  jurisprudencia.  De  ahí  que no basta con afirmar que en la sentencia o al  interior  del  proceso  se cometió un error de derecho o de actividad, en tanto  debe  demostrar la existencia del vicio y su trascendencia frente a las plurales  decisiones adoptadas en el fallo.   

2.  Cuando la censura se postula por la vía  de  la infracción directa de la ley sustancial, el casacionista está aceptando  que  los  hechos  y  las pruebas declaradas como probadas en la sentencia fueron  correctamente  apreciadas,  razón  por  la  cual el debate se circunscribe a la  aplicación  del  derecho,  sin  que  tengan cabida aspectos relacionados con la  credibilidad de los elementos de juicio y del acontecer fáctico.   

En  esa medida, la labor de demostración de  la  trascendencia  del  vicio  deberá  estar  sustentada  en  evidenciar que el  juzgador  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto, que  omitió  otra  que sí resolvía los extremos de la relación jurídico procesal  o,  que  habiéndola escogido correctamente le dio un alcance interpretativo que  no se deriva del texto de la ley.   

De  manera  que  si  no  se  cumple  con los  anteriores    derroteros,    sin    duda,   se   impone   la   inadmisión   del  libelo.   

3.  En el supuesto que ocupa la atención de  la  Corte,  resulta  claro que el único cargo presentado por el apoderado de la  parte  civil  contra  la sentencia de segunda instancia no reúne los anteriores  presupuestos,    razón    por    la    cual,    desde   ya,   se   anuncia   su  inadmisión.   

A  más  de  que  se  equivocó  al citar la  nomenclatura  de  la  causal de casación, de su escaso discurso se advierte que  la  inconformidad  contra  el  fallo  radica  en  las  conclusiones  probatorias  adoptadas  en  el  fallo  recurrido, en la medida en que para el Tribunal de las  pruebas   incorporadas  en  el  diligenciamiento  no  se  dedujo  las  maniobras  engañosas y que se indujo en error a la víctima.   

Es  decir,  el  actor  equivocó la via para  censurar  en  sede de casación los posibles yerros en que incurrió el Tribunal  para  absolver  a  la  procesada  del  delito de estafa agravada atribuido en el  pliego de cargos.   

La  Corte arriba a esa conclusión cuando de  las  pocas  líneas  con  las  cuales  sustentó  la censura, el libelista sólo  informa  que  la sentencia de segunda instancia infringió la ley sustancial por  interpretación  errónea;  pero  a  continuación  dice  que,  contrario  a  lo  afirmado  en  la  providencia, la acusada ejerció maniobras engañosas e indujo  en error a la víctima.   

En  efecto,  el  actor  en  vez  de enseñar  cuáles  son  sus  inconformidades en torno a la interpretación que el Tribunal  le   dio   al  artículo  246  del  Código  Penal,  colige  que  los  elementos  estructurales  del  tipo  penal de estafa se adecuan a este asunto basado en las  pruebas incorporadas al diligenciamiento.   

De tal manera que la Sala no advierte en qué  consistió  el  yerro  que  el  libelista  le  atribuye  al  juzgador de segunda  instancia.   

Por  tal motivo, ante la falta de claridad y  precisión   en  la  postulación  del  cargo,  se  impone  la  inadmisión  del  libelo.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por el apoderado de la parte civil, por lo anotado en  la motivación de este proveído.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y   cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                            ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO                         

MARIA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO  J. IBAÑEZ GUZMÁN            

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                                                                    

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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