35173(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35173  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado acta N° 078.  

Bogotá,  D. C., nueve (9) de marzo  de  dos mil once (2011).   

VISTOS  

Examina la Corte los presupuestos de adecuada  y  lógica  fundamentación  de  la  demanda  de  casación  interpuesta  por el  defensor    de   DUANER   DAVID   BOLAÑOS   JIMÉNEZ  contra  la  sentencia del 8 de junio de 2010, mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior  de Barranquilla confirmó la proferida el 5 de  marzo  anterior  por  el  Juzgado  Único Penal del Circuito Especializado de la  misma  sede,  que  condenó al procesado a las penas principales de 256 meses de  prisión,  esto  es  21  años  y  4 meses y  2.666  salarios  mínimos  legales  mensuales,  así  como  a  la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  determinado  para  la sanción privativa de la  libertad,  como  autor  responsable  del  delito  de tráfico de estupefacientes  agravado.   

HECHOS  

El  Tribunal  los  resumió  de la siguiente  manera:   

“Revisado  el  expediente,  los  audios  y  las  actas respectivas se constata que el día 2 de  junio  de 2009 el señor DUANER DAVID BOLAÑOS transitaba por la Avenida Murillo  con  carrera  primera  de  esta  ciudad,  siendo aproximadamente las 10:30 de la  noche,     cuando     arrolló     a     una    persona    causándole    trauma  craneoencefálico.   

Fue  por  ello  que  emprendió la huida del  sector   siendo   perseguido   por  una  patrulla  de  la  Policía  Nacional  e  interceptado  en  la Avenida Circunvalar, frente a la Urbanización las Cayenas,  a 10 metros del puente peatonal.   

A  ese  lugar  llegaron agentes de Tránsito  quienes  se  hicieron cargo y encontraron en la silla de atrás de los pasajeros  cuatro  (4)  cajas  bien  prensadas  y  protegidas,  las  cuales al ser abiertas  dejaron  ver  que  contenían, cada una de ellas, 23 paquetes o bolsas, para una  suma  total  de 92 paquetes, que al ser inspeccionados por medio de la prueba de  campo   dieron   positivo   para   una  sustancia  que  resultó  ser  cocaína.   

Ese resultado fue ratificado por el Instituto  de  Medicina  Legal  y  Ciencias Forenses en la pericia respectiva, con un   peso    neto    de    94.917    gramos,   o   sea,   casi   95   kilogramos   de  estupefaciente”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  A instancias de la Fiscalía, el 4   de  junio  de  2009 el Juzgado 16 Penal Municipal de Barranquilla, con funciones  de  control  de  garantías,  realizó audiencia preliminar concentrada, en cuyo  desarrollo   legalizó  la  captura  de  DUANER  DAVID  BOLAÑOS JIMÉNEZ,  así  como  la  incautación  del  vehículo  taxi  en el cual se  transportaba el antes aludido.   

En  el  curso  de  la  misma  diligencia, la  Fiscalía  le  formuló  imputación  por  el delito de tráfico, fabricación o  porte  de estupefacientes. Por esa misma conducta delictiva, finalmente, el juez  de  control  de  garantías lo afectó con medida de aseguramiento de detención  preventiva.   

2.  Oportunamente,  la  Fiscalía  Segunda  Especializada    presentó    escrito    de   acusación   contra   DUANER       DAVID       BOLAÑOS       JIMÉNEZ,       atribuyéndole  el  delito formulado en la audiencia de imputación,  punible  agravado  conforme  al  numeral  3º  del  artículo  384  del  Código  Penal.   

3.  Correspondió  tramitar  la  fase  del  juzgamiento  al  Juez  Único  Penal del Circuito Especializado de la mencionada  ciudad,  funcionario  que realizó la audiencia de formulación de acusación el  13 de agosto de 2009.   

4. El Juez celebró la audiencia preparatoria  en  dos  sesiones,  realizadas  los  días  23  y  29  de septiembre siguiente e  instaló  el  juicio  oral  el  15  de  octubre postrero, concluyéndolo el 9 de  febrero  de  2010,  fecha  en  la  que  anunció  como  sentido del fallo uno de  carácter condenatorio.   

5. La lectura de la sentencia ocurrió en la  audiencia  que  realizó  el  5 de marzo del precitado año, decisión contra la  cual  la  defensa  interpuso el recurso de apelación, por cuya vía el Tribunal  Superior  de  Barranquilla  la confirmó mediante el fallo objeto del recurso de  casación promovido por el mismo sujeto procesal.   

LA DEMANDA  

          El  impugnante  formula  cuatro cargos contra el fallo del Tribunal,  todos  con  apoyo  en la causal tercera de casación de la Ley 906 de 2004, esto  es,  violación  indirecta de la ley sustancial. A continuación se resumen cada  uno de los reproches:   

          PRIMER  CARGO.  Error  de  derecho  por  falso  juicio de legalidad:   

          Según  afirma,  el  error  se presentó en la cadena de custodia de  las    cuatro   cajas   incautadas   “y      del      resto      de      evidencia     física”.  También, sostiene, por omitirse la  certificación  regulada en el artículo 265 del Código de Procedimiento Penal,  la  cual  está  a  cargo de la Policía Judicial y los peritos. Finalmente, por  destruirse  la  sustancia  estupefaciente  sin  contarse  con  la  presencia del  Ministerio Público, tal como lo dispone el artículo 87 ibídem.   

          Para  desarrollar  el reproche inicia señalando que en la audiencia  de  acusación  la  Fiscalía  se  abstuvo  de  descubrir  los formatos FPJ-07 y  FPJ-04,  omisión  violatoria de las resoluciones 0-6394 de diciembre 22 de 2004  y  0-2770 de junio 30 de 2005 de la Fiscalía General de la Nación, relativa al  manual  de  cadena  de custodia, así como de los artículos 205, 254, 263 y 265  de  la  Ley  906 de 2004, referidos al inicio de la cadena de custodia, lo mismo  que  de  los  artículos 344 y 346 ibídem relacionados con el descubrimiento de  las pruebas.   

          La   Fiscalía   tampoco,  añadió,  descubrió  la  certificación  aludida   por  el  artículo  265  del  mismo  estatuto,  la  cual  “representa  la  afirmación  de que el  elemento  hallado  en  el  lugar,  fecha  y hora del rótulo es el mismo que fue  recogido  por la policía judicial, que ha llegado al laboratorio, examinado por  el  perito  o  peritos  y  que  en todo momento ha estado custodiado”.   

          Afirma  el  censor  que  la  Fiscalía  pretendió  en  la audiencia  pública  introducir  una  supuesta  copia  de  dicho documento, pero sufrió la  sanción  de  exclusión  referida  por  el  artículo 346 por no descubrimiento  oportuno,  pese  a  lo  cual  el  juez fundamentó la sentencia con ese elemento  material   probatorio,   violando   el   debido   proceso   y   el   derecho  de  defensa.   

          Insiste  el  actor,  de esa manera, que respecto de las cuatro cajas  incautadas  se  omitió  por parte del funcionario de policía judicial tramitar  el  formato  de  cadena  de  custodia, violando el estatuto procesal penal y las  resoluciones  de  la  Fiscalía  General  de la Nación, atinentes al embalaje y  rotulación  de  las  evidencias,  omisión  que no permitió tener conocimiento  cierto  acerca  del verdadero contenido de las referidas cajas, como tampoco que  el mismo corresponde al recibido posteriormente por los peritos.   

          La  pretermisión  de  las reglas de cadena de custodia en mención,  esto  es,  el  diligenciamiento  de las constancias relativas a su recolección,  embalaje  y  rotulación,  según  el  demandante,  también  se  presentó  con  relación  a  las fotografías tomadas al vehículo conducido por el acusado y a  las   cuatro  cajas  allí  encontradas,  así  como  respecto  del  informe  de  identificación  preliminar homologado realizado por el perito de la SIJIN y del  informe  pericial  de  análisis rendido por el perito del Instituto de Medicina  Legal  y también frente al proceso de destrucción de los elementos contentivos  en  las  cajas, en el cual se echa de menos el registro de continuidad de cadena  de custodia.    

          En  su  criterio,  la  cadena  de custodia no podía ser suplida por  vía  testimonial,  como  lo  hizo  el  Tribunal, máxime cuando no escuchó las  grabaciones  de  las declaraciones. Además, añade, los peritos sólo emitieron  concepto  técnico  y  no  podían referirse a hechos no presenciados por ellos,  peritos  que reconocieron haber recibido y examinado 26 muestras, lo cual indica  que  no  sometieron a ese procedimiento la totalidad de los envoltorios, pues se  trataba de 92.   

          Considera,  por tanto, que sin la debida cadena de custodia y sin la  certificación  original  de  que el material a examinar estuvo precedido de esa  formalidad  sustancial,  no  sólo no es factible afirmar la autenticidad de los  elementos   materiales  probatorios,  sino  que  no  es  posible  desvirtuar  la  presunción  de inocencia. Al respecto, insiste en que la Fiscalía, al advertir  la  omisión  en  su descubrimiento, pretendió extemporáneamente introducir al  juicio  una  copia  de  la referida certificación, violando de esa forma le ley  procedimental penal.   

          Luego  de  reiterar  que en este caso también aparece demostrada la  vulneración  del  artículo 87 del Código de Procedimiento Penal, pues durante  la  destrucción de la sustancia no estuvo presente el Ministerio Público, así  como  el  quebranto  de  disposiciones reglamentarias expedidas por la Fiscalía  General  de  la Nación, conforme a las cuales para realizar esa destrucción se  debe  contar  con el registro de continuidad de cadena de custodia, el libelista  alude  a  la  trascendencia  del  yerro atribuido al ad  quem,  señalando  que  de  no  haberse quebrantado la  cadena  de custodia,  ni incurrirse en la ausencia de la certificación que  debieron  expedir  la policía judicial y los peritos y si no hubiera inasistido  el   Ministerio  Público  a  la  destrucción  de  la  sustancia,  “no  se  habría  caído  en  la  falsa  conclusión  de dar por demostrado la tipicidad objetiva del hecho investigado y  por   el  contrario,  se  hubiese  proferido  sentencia  absolutoria”.   

          En  tal  virtud,  solicitó  casar  la  sentencia para, en su lugar,  absolver al acusado.   

          SEGUNDO    CARGO.    Error    de   hecho   por   falso   juicio   de  existencia:   

          El  yerro  lo  estima configurado porque el juzgador dio por probado  que  el  procesado  celebró  un  contrato  por  una  gruesa suma de dinero para  transportar  el  estupefaciente  incautado,  sin  existir  en los autos elemento  material de prueba o evidencia física demostrativa de ese hecho.   

          Considera  que  con ese proceder el sentenciador violó abiertamente  uno  de los fines esenciales del Estado cual es garantizar la efectividad de los  principios,  deberes  y derechos de los ciudadanos, así como el debido proceso,  la  presunción  de  inocencia  y  el principio de necesidad de la prueba, entre  otros derechos fundamentales.   

          Sobre  la  trascendencia  del  error,  señala que si el Tribunal no  hubiera  dado por demostrada la existencia de un contrato por una gruesa suma de  dinero  no  acreditado  en  el  proceso,  jamás  hubiese hallado responsable al  acusado,  pues la prueba obrante no es suficiente para desvirtuar la presunción  de   inocencia,   de   manera   que   debía   reconocérsele   la  eximente  de  responsabilidad  denominada error invencible, respaldada la misma en las pruebas  de  descargo,  conforme a las cuales se trataba apenas de un simple conductor de  taxi,     desprovisto     del     perfil    de    quienes    se    dedican    al  narcotráfico.   

          En  consecuencia,  solicitó  casar  la sentencia para, en su lugar,  absolver al acusado.   

          TERCER    CARGO.    Error    de    hecho   por   falso   juicio   de  existencia:   

          Aduce  el  desconocimiento de la constancia de verificación de buen  trato  y  del  informe  de  la  Policía  de  Vigilancia  en  caso de captura en  flagrancia,  documentos  que  en ningún momento indican que el procesado, luego  de  ser  capturado,  hubiese  procedido  a  llamar al dueño de la mercancía ni  mucho  menos para informar que le incautaron dinero o arma de alguna naturaleza.   

          Según  sostiene,  el contenido de dichos documentos se encuentra en  contravía  con  los  testimonios  rendidos  por  los  efectivos  policiales que  intervinieron  en  el  caso,  declaraciones que, por lo demás, o son en algunos  casos  contradictorias  o  en  otros  nada  informan sobre las circunstancias de  tiempo, modo y lugar de lo acontecido.   

          En  relación  con  la  trascendencia, argumenta que el contenido de  los  documentos  no  apreciados por el fallador respaldan la teoría del caso de  la  defensa,  pues demuestran que el procesado sólo realizaba un acto propio de  su  oficio, es decir, su comportamiento no estaba dirigido a la ejecución de un  hecho  punible, lo cual acredita ausencia de la tipicidad subjetiva o, al menos,  genera   una   duda   probatoria   que  reclama  la  aplicación  del  principio  in dubio pro reo.   

          Pidió  de  esa  manera  casar  la  sentencia impugnada y, a cambio,  dictar fallo absolutorio.   

          CUARTO     CARGO.     Error     de     hecho     por    “falso juicio de raciocinio”:   

          Según  el  actor,  en la sentencia impugnada se desconocieron todos  los  testimonios  de  la  defensa  con  fundamento en suposiciones o conjeturas,  apareciendo  así “de bulto  la     total    omisión    del    caudal    probatorio    recaudado”.   En  su  criterio,  uno  de esos testimonios lo constituye la versión del propio acusado  DUANER   BOLAÑOS,   quien  siempre  dijo  que  no  tenía  conocimiento  de la calidad de la mercancía que  transportaba,  en  cuanto  se  dedicaba  al  oficio de conductor de un taxi y en  desarrollo  de esa labor recogió en una esquina de la ciudad al pasajero que le  solicitó el servicio.   

          Para  el  demandante, la declaración del procesado está respaldada  por  los  testigos  Berta Dolores Noriega Ospino, Nelly  Vanesa  García  Payares, Julio Gregorio Flórez Amaranto, Wilfrido Acero Díaz,  también    conductor    de    taxi,    Bladimir  Varela  Sierra  y por el hermano  del  acusado, deponencias en las cuales no se aprecia mayor contradicción, y si  bien  presentan  disparidad  en  algunos detalles, tal situación resulta apenas  lógica,   pues   los   hechos   ocurrieron  de  noche  y  además  “los  conductores  de  taxi  no tenían  ningún      interés      en      identificar      al      pasajero”.   

          Insiste  así  el  libelista  que  la  actividad  del  procesado fue  enteramente  lícita,  lo  cual es corroborado con el hecho de que la mercancía  era  transportada  en  el  cojín  trasero del taxi, lugar totalmente visible al  público  y  en  el  cual  lo ubicó el pasajero para no despertar sospechas, ni  siquiera  en  el  propio  DUANER BOLAÑOS, a  cuyo distractivo se sumó la moto negra en donde se movilizaba el  dueño  de  la  mercancía,  hecho  este  que  justificaba  el por qué éste no  abordaba  el  automotor  y  que  resulta creíble por lo usual, pues, señala el  impugnante,  se  trata  de un método utilizado frecuentemente por él, esto es,  según  explica,  “cuando  compro  materiales  pesados  e  incluso,  livianos  pero  que pueden ensuciar el  vehículo  o  rayarlo:  paro  un  taxi,  subo  la  mercancía y lo sigo desde mi  coche”.   

          Considera  el  censor  que  la actitud asumida por el acusado, al no  preguntar  sobre  el contenido de los envoltorios y menos proceder a revisarlos,  es  la  usual o acostumbrada en el círculo de los conductores de taxi, por cuya  razón  ese  proceder  a  lo  máximo  que  puede  conllevar  es  a  tildarlo de  negligente  o  descuidado,  modalidad  no  admitida  por el tipo penal imputado.   

         Tras  conceptualizar acerca de los elementos del indicio, el actor a  renglón  seguido  se refiere a los argumentos considerados por el Tribunal para  desconocer  las  pruebas de la defensa, empezando con el razonamiento acorde con  el  cual  no resulta creíble que el sujeto de la moto negra estuviera esperando  un  taxi  en  plena  vía  pública y con tanta cantidad de cocaína, como si se  tratara de alguien que sale de un supermercado.   

         Para  el demandante, el fallador olvidó que hoy en día los centros  de  producción  de  la  droga  ya  no  se  encuentran  en  sitios  apartados  y  “enmontados”  sino  en  las  grandes urbes. En ese  sentido      considera      que      el     Tribunal     debió     “fundamentar  con pruebas o indicios la  razón  de  su  dicho  o señalar en dónde y por qué pudo haberse realizado en  otro  sitio, con respaldo en el proceso”.   

         En  tales  condiciones, estima que el juzgador dio un alcance que no  tiene  al  hecho  de  recoger  la carrera en un lugar céntrico. Es decir, en su  criterio,  “el error radica  en  elaborar  equívocamente  la  inferencia  lógica que se desprende del hecho  indicador”  conforme    al    cual   “no  era  posible  que  otro  vehículo  lo hubiese llevado hasta ese  lugar”.   

         Al  segundo  argumento del sentenciador consistente en no ser verdad  que  el procesado recogió al pasajero en el lugar que indica, el actor aduce la  inexistencia  de  prueba  indiciaria  alguna  que  respalde  la  conclusión del  ad  quem.  Insiste  sobre el  particular  en  la  circunstancia  de  ser  de  público conocimiento la inmensa  cantidad  de  viviendas  y  lugares  comerciales  que  han  sido  destinados  al  procesamiento  de  estupefacientes.  Estima,  por  tanto, que el hecho indicador  considerado  por  el  Tribunal  es  una suposición, pues no cuenta con el poder  demostrativo asignado en el fallo.   

         Finalmente,  al  argumento  según el cual el acusado fue contratado  por  una  gruesa suma de dinero para transportar el estupefaciente, el libelista  considera  que  se trata de una falacia, pues el juzgador no asumió la tarea de  establecer  si  probatoriamente  estaba  demostrada  la contratación desde otro  lugar  al señalado por el procesado. En su sentir, en consecuencia, el fallador  a   partir   de  presupuestos  indemostrados  y  falsos  construyó  un  indicio  ostensiblemente  errado,  lo  cual se habría evitado si se hubiere efectuado un  estudio  integral  de  las  pruebas.  Ese  yerro,  concluye el censor, llevó al  Tribunal  a  incurrir  en  un  falso  juicio  de  identidad, del cual derivó la  responsabilidad penal.   

         Señala,  de  otra  parte, que el juzgador erró en forma manifiesta  en  cuanto  a  la  inferencia  lógica del indicio de oportunidad, pues efectuó  falsos  razonamientos con ocasión de la labor de conductor de taxi desempeñada  por  el  procesado. En su opinión, no es usual asumir como actos propios de ese  oficio  el  necesario  conocimiento  del contenido de todo lo que se transporta,  proceder   con   el   cual   terminó  por  aplicarse  proscritos  criterios  de  responsabilidad objetiva.   

         Sobre  el  nerviosismo  del  procesado, estima que no se trata de un  indicio  sino  de  un  sofisma,  pero  en  todo  caso  frente  al  mismo existen  contraindicios  que  destruyen  el  valor  probatorio  que se le ha asignado. Al  respecto    destaca   cómo   BOLAÑOS   venía  de  ocasionar  un accidente y pensaba que podía ser seguido  por  los  residentes  para  lincharlo,  amén  de  tener  el pase vencido. Estas  circunstancias,  para el censor, explican la actitud de nerviosismo del aludido,  de  modo  que  éste no pudo tener conciencia de la ilicitud del comportamiento,  máxime  cuando  no se encontraba armado, como es usual en los narcotraficantes,  lo  cual  le  hubiera  permitido  disparar  contra el policía cuando le hizo la  señal           de           “pare”   y  posiblemente con éxito hubiera evadido la acción de la justicia.   

         Tras  insistir  en  que  la  conducta  omisiva  del  procesado de no  preguntar  por el contenido de las cajas ni proceder a revisarlas es usual en el  círculo  de los conductores de taxi, el actor se ocupó de la trascendencia del  yerro,  señalando  que  si  el  fallador  hubiese  valorado  cada  uno  de  los  testimonios  presentados  por  la  defensa, habría concluido en la inocencia de  DUANER BOLAÑOS.   

         De  esa manera, pidió casar la sentencia y, en su reemplazo, dictar  fallo absolutorio.   

         En  capítulo  final,  el  demandante  señala  que de prosperar los  cargos  formulados  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia,  no quedaría  ningún  medio  de prueba  para atacar. Sobre el particular, sostiene que a  instancia  de la Fiscalía se allegaron otros medios de prueba, pero el fallador  no  hizo  mención a ellos y, en todo caso, están referidos exclusivamente a la  tipicidad   objetiva   del   hecho.  Contrariamente,  recalca,  al  ignorar  los  testimonios  de  la  defensa,  la constancia de verificación de buen trato y el  informe  de  la  policía  de  vigilancia en caso de captura en flagrancia, así  como  los  contraindicios  plenamente  probados  en  el proceso, se incurrió en  errores que condujeron a dar por demostrada la culpabilidad.   

         Según  el libelista, esas pruebas corroboran la teoría del caso de  la  defensa,  centrada  en  la  inocencia  del acusado, en cuanto demuestran que  solamente  tuvo  un aporte material, pero que en momento alguno actuó de manera  dolosa en el delito que se le imputa.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

El estatuto procesal penal expedido mediante  la  Ley  906  de  2004,  conforme  ocurre con el previsto en la Ley 600 de 2000,  también  exige,  como  condición para la admisión de la demanda de casación,  la  satisfacción  de  exigencias de lógica y adecuada argumentación, cuyo fin  es  permitirle a la Corte, a partir de la coherencia y precisión conceptual del  libelo,  establecer  sin dificultad cuál es el error atribuido al sentenciador,  causante  de  la violación de la Constitución o la ley o la afectación de las  garantías fundamentales de las partes.   

Esos  presupuestos de sustentación, acorde  con  lo  establecido en los artículos 183 y 184, inciso segundo de la precitada  Ley  906  de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal invocada  y  al  adecuado desarrollo de los cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

         Además,  se hace imperioso que el actor justifique la necesidad del  fallo  de  casación  de  cara  al cumplimiento de alguna de las finalidades del  recurso,  según  así  lo  tiene  también  establecido  el  inciso segundo del  precitado artículo 184.   

         En  el  caso objeto de examen, advierte la Sala que el demandante no  cumple dichos requisitos de fundamentación de la demanda.   

         En  efecto, en el primer cargo plantea  la  existencia  de  un error de derecho por falso juicio de  legalidad,  dada  la  vulneración  de  las  reglas de cadena de custodia, la no  expedición  de  la certificación aludida por el artículo 265 de la Ley 906 de  2004  y por destruirse el estupefaciente incautado sin contarse con la presencia  del  Ministerio  Público,  conforme  lo ordena el artículo 87 de la mencionada  disposición legal.   

         Antes  de  examinar  el  caso  específico, es preciso anotar que en  punto  a  la  forma  como debe atacarse por vía de casación el quebranto en la  cadena  de custodia, la Corte ha expresado posiciones encontradas, pues mientras  en  unas  ocasiones  ha  señalado que dicha anomalía se demanda por el sendero  del  error  de  hecho  derivado  del falso raciocinio, en otras oportunidades ha  dicho  que  la  ruta  correcta  para el efecto es acudir al error de derecho por  falso juicio de legalidad.   

         Así,  el  primero  de  esos criterios se ha sostenido en decisiones  tales  como  las  emitidas  el 21 de febrero de 20071,   el   19   de   febrero  de  20092   y   el   5   de   agosto   de   20093.   En   la  primera  de  esas  decisiones,   que   sirvió   de   fundamento   a  las  otras,  se  señaló  lo  siguiente:   

         

“La  cadena de  custodia,  reglamentada en los artículo 254 y siguientes de la Ley 906 de 2004,  también  tiene  como  finalidad  demostrar  la  autenticidad  de  los elementos  materiales probatorios y evidencia física.   

La  manera  de  introducir  las evidencias,  objetos  y  documentos  al  juicio oral se cumple, básicamente, a través de un  testigo  de  acreditación, quien se encargará de afirmar en audiencia pública  que  una  evidencia,  elemento,  objeto  o  documento  es lo que la parte que lo  aporta dice que es.   

La cadena de custodia, la acreditación y la  autenticación   de   una   evidencia,  objeto,  elemento  material  probatorio,  documento,   etc.,   no  condicionan  –como  si se tratase de un requisito de legalidad- la admisión de la  prueba  que  con  base  en ellos se practicará en el juicio oral; ni interfiere  necesariamente   con   su   admisibilidad   decreto  o  práctica  como  pruebas  autónomas.  Tampoco  se  trata  de  un problema de pertinencia. De ahí que, en  principio,  no  resulta  apropiado discutir, ni siquiera en sede casacional, que  un  medio  de  prueba es ilegal y reclamar la regla de exclusión, sobre la base  de cuestionar su cadena de custodia, acreditación o autenticidad.   

Por el contrario, si llegare a admitirse una  prueba  respecto  de  la  cual,  posteriormente, en el debate oral se demuestran  defectos  en  la cadena de custodia, indebida acreditación o se pone en tela de  juicio  su  autenticidad,  la verificación de estos aspectos no torna la prueba  en    ilegal    ni    la    solución   consiste   en   retirarla   del   acopio  probatorio.   

En  cambio,  los comprobados defectos de la  cadena  de  custodia,  acreditación  o  autenticidad de la evidencia o elemento  probatorio,  podrían  conspirar  contra la eficacia, credibilidad o asignación  de  su  mérito  probatorio,  aspectos  éstos  a los que tendrá que enfilar la  crítica la parte contra la cual se aduce.   

La  última es la solución adoptada por el  Código  de Procedimiento Penal (Ley 906 de 2004), al sentar en el artículo 273  los   criterios   de   valoración:   “La  valoración  de los elementos materiales probatorios y evidencia  física  se  hará teniendo en cuenta su legalidad, autenticidad, sometimiento a  cadena  de  custodia  y  grado  actual  de  aceptación  científica, técnica o  artística   de   los   principios   en  que  se  funda  el  informe”.   

         Por   su   parte,   la  segunda  postura  se  ha  prohijado  en  las  providencias    del    23   de   abril   de   20084    y    14   de   abril   de  20105.  En  la  primera  de  ellas,  reiterada  en  la  más reciente, se  expresó lo siguiente:   

“Atendiendo a la  dogmática  que rige los errores que se debaten en la violación indirecta de la  ley  sustancial,  es  preciso  afirmar  que  las  irregularidades -las falencias  procedimentales  comprobadas en la cadena de custodia- tienen como vía expedita  de  impugnación  el  error  de derecho por falso juicio de legalidad, mas no la  censura  por afectación a los postulados de la sana crítica en orden a derruir  su credibilidad y ausencia de poder de convicción.   

“Los ataques que  en  casación  penal  se  efectúan  por  menoscabo de los postulados de la sana  crítica  referidos  a  la  valoración  de  los  medios  de  prueba,  elementos  materiales  probatorios y evidencias físicas, parten de la base de la licitud o  legalidad  de  aquellos  con  los  que  se han efectuado inferencias carentes de  credibilidad  por  desconocimiento  de  máximas  de  experiencia,  leyes  de la  lógica o de la ciencia.   

“En   su  contrario,   las  impugnaciones  que  tienen  relación  con  las  ilicitudes  o  ilegalidades  predicadas  de  los  medios  de convicción en general, como es de  procedencia  casacional,  deben  transitar  por  el  error  de derecho por falso  juicio  de legalidad y no se pueden trasladar a los falsos juicios de raciocinio  en  orden  a  derruir  su  credibilidad,  inducciones,  deducciones  o  aspectos  conclusivos pues ello resulta inapropiado y contradictorio.   

“Cuando  no se  trate  de  ilegalidades  o de ilicitudes referidas al procedimiento de la cadena  de  custodia  de elementos materiales y evidencia física, sino de cuestionar la  equivocada  apreciación  y  valoración  pericial o de los juzgadores que se ha  dado  a aquellos con los cuales se han construido indebidas inferencias lógicas  y  de  conclusión, es claro que se debe acudir a la vía del error de hecho por  falso  raciocinio, sendero de impugnación en el que encuentran cabida todos los  menoscabos   y  afectaciones  de  trascendencia  que  se  hubiesen  dado  a  los  postulados  de  la  sana  crítica  por desconocimiento de máximas generales de  experiencia,    leyes    de    la    lógica   o   de   la   ciencia”.   

         En   esta   nueva  oportunidad,  luego  de  reexaminar  el  tema  en  cuestión,  la  Sala  opta  por  señalar  que,  en  realidad, las impugnaciones  relacionadas  con  la  violación  de  las  reglas  reguladoras  de la cadena de  custodia  necesariamente deben dirigirse por vía del error de derecho por falso  juicio de legalidad.   

Lo anterior por resultar claro que la cadena  de  custodia  pretende  asegurar  la  evidencia  física,  a  fin  de  evitar su  alteración,  modificación  o  falseamiento,  todo  lo  cual  queda comprendido  dentro    del   principio   de   mismidad,  según  el  cual  el  medio  probatorio  exhibido en los estrados  judiciales  debe  ser  el  mismo y ha de contar con las mismas características,  componentes  y  elementos  esenciales  del recogido en la escena del delito o en  otros   lugares   en   el   curso   de   las   pesquisas   adelantadas  por  los  investigadores.   

En  ese  sentido,  se  tiene que las reglas  destinadas  a  la  preservación de la evidencia física tienen una indiscutible  estirpe  legal, pues ellas están establecidas en los artículos 254 a 266 de la  Ley  906  de 2004, amén de que la Fiscalía General de la Nación en virtud del  parágrafo  del  artículo  254  del  citado  estatuto, ha reglamentado aspectos  relacionados  con dicha materia, en aras de asegurar la legalidad y autenticidad  de  los  elementos  materiales  probatorios  y  evidencias  físicas6.   

         Si,  en  tales  condiciones, el error de derecho por falso juicio de  legalidad  se presenta cuando el fallador asigna validez a un medio de prueba, a  pesar   de   que  en  su  producción  y  aducción  se  desconocen  las  reglas  establecidas  en  la  ley  para el efecto, y también cuando el juzgador deja de  apreciar  algún elemento de convicción, por considerar erróneamente que en su  recaudo  se  desatendieron dichas reglas, no hay duda de que el quebranto de las  normas  reguladoras  de  la  cadena  de  custodia  configura  un  yerro de dicha  naturaleza.   

         Siendo  así  la  situación, imperioso resulta reconocer el acierto  del  demandante cuando acudió al falso juicio de legalidad en relación con los  aspectos  en  los que el ataque se encamina a cuestionar anomalías en la cadena  de custodia.   

         

         No  obstante,  en  la fundamentación del reproche, el actor incurre  en  inconsistencias  argumentativas que dan al traste con la debida comprensión  del mismo.   

         En  efecto,  al  iniciar  el  desarrollo  del  cargo el libelista se  aparta  del  tema  que postuló, pues su esfuerzo se encamina, contrariamente, a  demostrar  que  el  juzgador  no  descubrió los formatos FPJ-07 y FPJ-04, ni la  certificación  sobre  cadena  de  custodia a que se refiere el artículo 265 en  cita,  con lo cual traslada el discurso hacia los terrenos del descubrimiento de  la  prueba  regulado  en  los  artículos 344 y siguientes del estatuto procesal  penal  de  2004,  dejando  entonces  entrever  que  el  error  de los falladores  estribó,  no  en  admitir  un  elemento de prueba aducido con violación de las  reglas  sobre  cadena  de  custodia, sino en apreciarlo a pesar de no haber sido  descubierto  oportunamente,  lo  que, en su sentir, es violatorio del derecho de  defensa  y  del  debido  proceso,  sugiriendo  de esa manera la presencia de una  nulidad.   

         La  postulación del censor viola así el principio de autonomía de  los  motivos  de  impugnación  extraordinaria,  conforme  al  cual  el reproche  enunciado  se  debe  corresponder  con  su  desarrollo. Obsérvese cómo termina  enmarcando la censura en la causal segunda de casación.   

         De  todas  maneras, se observa que el actor no logra demostrar ni el  enunciado  quebranto  en  la  cadena  de  custodia  ni  mucho  menos la falta de  descubrimiento  de  los  elementos  probatorios  considerados en el fallo. Sobre  esto  último,  se  advierte  que  en  la  fundamentación de la censura acude a  argumentos  que  se  distancian  de la realidad procesal, pues no resulta cierto  que  no se haya descubierto la certificación echada de menos por el demandante.  Dicha  certificación  aparece  incluida  en el dictamen rendido por los peritos  Gustavo    E.   Trespalacios   Acosta   y  Cielo  Isabel  Flórez Meza,  adscritos  al  Instituto de Medicina Legal, en cuanto en la parte  final   del  referido  experticio  los  profesionales  en  mención  dejaron  la  siguiente constancia:   

         “CADENA    DE   CUSTODIA.  Las  muestras  analizadas  han  estado en permanente custodia por  parte  del  INSTITUTO  NACIONAL  DE  MEDICINA LEGAL Y CIENCIAS FORENSES REGIONAL  NORTE      desde      el      momento      de      su     recepción”.   

         El   comentado   dictamen   fue  enunciado  como  elemento  material  probatorio  por  la  Fiscalía  tanto  en  el  escrito  de acusación como en la  audiencia  de esa misma naturaleza llevada a cabo por el juez de conocimiento y,  además,  descubierta en forma completa por dicho sujeto procesal, procedimiento  de  descubrimiento  frente  al  cual la defensa manifestó no expresar objeción  alguna,  conforme consta en la sesión de la audiencia preparatoria desarrollada  el 23 de septiembre de 2009.   

         En  ese  sentido,  tampoco  resulta  verdad  que el aludido elemento  probatorio  hubiese  sido  excluido en el curso del juzgamiento, con el pretenso  argumento  de  su aducción extemporánea, pues lo cierto es que fue descubierto  oportunamente  e,  incluso,  admitido como prueba, según se aprecia también en  la audiencia preparatoria.   

         Ahora  bien,  el censor se limitó a señalar de manea genérica que  en  este  caso  no  se  llevó  a  cabo  el  registro  de cadena de custodia del  estupefaciente  incautado,  sin  esforzarse  por  explicar en qué momento de su  procedimiento  se  produjo  la ruptura del mismo. Es decir, omitió la necesaria  acreditación  de la trascendencia del yerro. Simplemente señaló que esa falta  de  registro  de  la  cadena  de  custodia no permite establecer si la sustancia  recibida  tanto  por  la  perito que realizó la identificación preliminar como  por  quien  efectuó  el  dictamen  técnico  en  el Instituto de Medicina Legal  corresponde a la misma que fue objeto de incautación.   

         Al  respecto, como ya se dijo, pasa por alto que en relación con el  dictamen  proveniente  del  mencionado  Instituto  se  certificó a cabalidad la  cadena  de  custodia.  Igual  situación ocurre con la prueba de identificación  preliminar,  pues en él se indica que la sustancia corresponde al caso criminal  080016001055200902424,   mismo   con   el  cual  se  le  dio  traslado  para  la  realización  de  ese  análisis a través del informe ejecutivo suscrito por el  efectivo    policial    Fabián    Antonio   Escobar  Hernández,  señalándose  también  en  la  referida  prueba  preliminar  que  la  sustancia  contaba  con sus respectivos embalajes y  rotulaciones     e    igualmente    “con     el    registro    de    cadena    de    custodia”.   

         Es  de  anotar  que  el  actor  sostiene que la pretermisión de las  reglas  de  cadena  de  custodia  también  se  presentó  en  relación  con la  recolección,  embalaje  y  rotulación de las fotografías tomadas al vehículo  conducido  por  el  acusado  y  a  las  cuatro cajas contentivas de la sustancia  incautada,  así  como frente al proceso de destrucción de la misma, diligencia  con  respecto  a  la  cual  reprocha  el  haberse realizado sin la presencia del  Ministerio Público.   

         Sin  embargo,  pasó por alto acreditar la incidencia de esos yerros  en  las  conclusiones  de los fallos de instancia, omitiendo entonces exponer de  qué  forma  la  exclusión  de  los  referidos elementos de juicio tendrían la  capacidad de variar el sentido de la decisión impugnada.   

         De  otra parte, incurriendo nuevamente en violación al principio de  autonomía   que   gobierna  el  recurso  de  casación,  el  libelista  termina  introduciendo  nuevas  postulaciones,  como  cuando  señala  que el Tribunal no  podía  suplir  la  cadena de custodia por vía testimonial y que los peritos no  sometieron  a análisis técnico la totalidad de los envoltorios, sino apenas 26  muestras.   

         De  la  anterior  forma,  el  casacionista plantea nuevos errores de  derecho,  incluso,  uno  (el  primero)  por  falso juicio de convicción, que de  todas  maneras  apenas  enuncia,  pues  en  parte  alguna reseña las normas que  establecen  la  tarifa  legal  sugerida  en la demanda y menos aún aquellas que  exigen  examinar  la  totalidad de las muestras para dar por válido el dictamen  pericial.   

         Frente  a  tales  defectos  de  fundamentación,  no  le  queda más  remedio a la Sala que inadmitir el cargo, como en efecto lo hará.   

         En    el   segundo   cargo   el  impugnante  acusa  al juzgador de incurrir en error de hecho por  falso  juicio  de  existencia,  sobre  la  base  de  haber  dado  por probada la  celebración   por  parte  del  acusado  de  un  contrato  para  transportar  el  estupefaciente  incautado  a cambio de una gruesa suma de dinero, sin existir en  los   autos  elemento  material  de  prueba  o  evidencia  demostrativa  de  ese  hecho.   

         El  yerro  invocado  por  el  censor se configura, conforme lo tiene  ampliamente  establecido  la  Sala,  cuando  el  sentenciador,  al  apreciar  el  conjunto  probatorio,  omite  apreciar algún medio de convicción obrante en el  proceso  (falso  juicio  de  existencia  por omisión) o supone otro inexistente  (falso  juicio de existencia por suposición). Para su demostración se requiere  indicar  la  prueba  omitida  o inventada y explicar la trascendencia del yerro.   

         En  el  presente  caso, el censor no precisa si el error proviene de  un  falso  juicio  de  existencia por omisión o por suposición, aun cuando del  contexto  del  libelo surge que optó por esa última vía. Sin embargo, olvidó  precisar  el  elemento  de  juicio  apreciado indebidamente por el sentenciador,  limitándose  a  señalar  que  en  el  fallo  se dio por demostrado un hecho no  acreditado  en  el  plenario,  con  lo  cual  terminó  haciendo  referencia, en  realidad,  a  un  defecto  por  falta de motivación7.   

         En  ese  sentido, resulta claro el desacierto del actor en cuanto al  sendero  escogido  para presentar el ataque, pues lo correcto era confeccionarlo  por  la  vía  de la causal segunda de casación, cumpliendo los presupuestos de  fundamentación  propios  de  ese  motivo  de  impugnación  extraordinario, los  cuales brillan por su ausencia en la demanda.   

         Recuérdese,  al respecto, que cuando se predica la presencia de una  nulidad,  conforme lo tiene dicho la Sala, le corresponde al demandante precisar  el  vicio  y  su  naturaleza,  explicando  si  es  de garantía o de estructura,  indicar  las  normas violadas, mencionar el momento procesal en que se presentó  la  irregularidad  y  las actuaciones afectadas con la misma, así como expresar  la  trascendencia  de  la  anomalía con respecto al fallo, en orden a acreditar  que  su  corrección  solamente  se  lograría mediante el remedio extremo de la  nulidad.   

         También  constituye  jurisprudencia  consolidada  de  la  Corte que  cuando  se  denuncia la existencia de nulidad por falta de motivación, al actor  le  compete  demostrar  la presencia de uno cualquiera de los siguientes vicios:  (i)  que el fallo carece totalmente de motivación; (ii) que siendo motivado, es  dilógico  o  ambivalente; (iii) que su motivación es incompleta; o (iv) que la  motivación     es    aparente    o    sofística8.     

         Se  reitera  entonces que el censor no satisfizo tales requisitos de  redacción  y,  por  el  contrario,  equivocó  la vía de ataque al postular un  falso  juicio  de  existencia,  que  no  se  presenta  en este caso.           

         En     el    tercer    cargo  aduce  también  un  falso  juicio  de  existencia,  esta  vez  por omitirse la valoración de la  constancia  de  verificación  de  buen  trato  y  del informe de la Policía de  Vigilancia  en  caso  de captura en flagrancia. En su criterio, estos documentos  en  ningún  momento  indican  que el procesado, luego de ser capturado, hubiese  procedido  a  llamar al dueño de la mercancía ni mucho menos para informar que  le incautaron dinero o arma de alguna naturaleza.   

         El  falso juicio de existencia por omisión así presentado adolece,  sin  embargo,  de  la adecuada sustentación de la trascendencia del error, pues  el  libelista se abstiene de confrontar los elementos de juicio echados de menos  con  los fundamentos de la decisión impugnada en orden a demostrarle a la Corte  que  éstos  últimos  por  sí  solos  no  son  suficientes  para  sostener  la  condena.   

         El  censor  tan  sólo  se  limita  a  señalar  que  los documentos  omitidos  se  encuentran  en  contravía  con  los  testimonios de los efectivos  policiales,  presentando  de  esa  manera  una  mera  discrepancia probatoria, a  partir  de  la  cual  pretende  que la Sala acoja su punto de vista y desestime,  consecuencialmente,  el  criterio  valorativo del Tribunal, sin advertir que esa  clase  de  planteamientos  no son permitidos en sede de casación, dada la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  acompaña a la sentencia impugnada.   

         En  estas  condiciones,  el  tercer  reproche  también  deberá ser  inadmitido.   

         Finalmente,    en    el    cuarto   cargo  se  denuncia  un  error  de  hecho  por  “falso juicio de raciocinio”.   

         El  mencionado  yerro,  en realidad denominado por la jurisprudencia  falso    raciocinio,   se  configura  cuando el sentenciador al apreciar el conjunto probatorio vulnera los  principios  de  la  sana  crítica, integrados por las reglas de la experiencia,  los  postulados  lógicos  y  las leyes de la ciencia. Para su demostración, es  necesario  que  en  la  demanda se precise la prueba indebidamente apreciada, se  señalen  los  principios  de la sana crítica vulnerados, indicando la regla de  la  experiencia,  el  postulado lógico o la ley de la ciencia en donde ocurrió  ese   quebranto   y,   por   último,   se   explique   la   trascendencia   del  error.   

         En  el  caso  objeto  de  estudio,  el  libelista esboza múltiples,  incoherentes   y   confusos  argumentos,  algunos  incluso  propios  de  motivos  casacionales   diversos   al   planteado,   sin   lograr   entonces  desarrollar  adecuadamente el error atribuido al fallador.   

Es  así  como  empieza por señalar que el  juzgador  desconoció  la  totalidad del caudal probatorio recaudado, deslizando  entonces  el  discurso  hacia  los  predios  del  falso juicio de existencia por  omisión,  cuyo  sustento  lo  estriba  en  su  particular  visión acerca de la  persuasión  demostrativa  de  las  pruebas, al amparo de la cual señala que en  los  autos  aparece  corroborada  la  versión  del acusado referida al hecho de  desconocer   que   las   cajas   por   él  transportadas  contenían  sustancia  estupefaciente,  criterio  que opone al del fallador, planteando así nuevamente  una  discrepancia  probatoria  que, como ya lo dijo la Sala, resulta inadmisible  en sede de casación.   

Las  incoherencias  llegan  al  punto  de  argumentar  que la conclusión del ad quem según  la  cual  el  acusado  fue contratado por una gruesa suma de  dinero  para  transportar el estupefaciente es fruto de una falacia constitutiva  de  falso  juicio  de identidad, incurriendo el actor una vez más en violación  al  principio  de  autonomía,  al  sustentar  el cargo con motivos distintos al  enunciado.     

         Tampoco  resulta  afortunada la sustentación orientada a cuestionar  los  razonamientos  lógicos  con  los  cuales el Tribunal edificó los indicios  fundamento  de  la  condena.  Al  respecto,  es necesario recordar que cuando se  trata  de  atacar  por  vía  de  casación la prueba indiciaria al libelista le  compete  precisar  si  lo  hace  respecto (i) de los medios demostrativos de los  hechos  indicadores,  (ii)  de  la  inferencia  lógica  o  (iii) del proceso de  valoración  conjunto  al apreciar su articulación, convergencia y concordancia  de   los   varios   indicios   entre   sí,  y  entre  éstos  y  las  restantes  pruebas9.    

También tiene dicho la jurisprudencia de la  Sala  que si se opta por lo primero, la impugnación solamente procede, desde la  perspectiva  del  error  de hecho, por vía de los falsos juicios de identidad y  existencia10,  mientras  si  se  cuestiona  el  razonamiento  lógico, el ataque  solamente puede dirigirse por vía del falso raciocinio.   

         El  actor,  en el presente caso, no es claro en precisar en cuál de  dichas   fases  se  presenta  el  error  alegado.  Porque  si  bien  se  refiere  inicialmente  a  los  razonamientos  lógicos  considerados  por el fallador, en  ningún  momento indica las reglas de la experiencia vulneradas en la sentencia,  sino  que  sostiene que dichas inferencias se efectuaron a partir de conjeturas,  suposiciones  y  falacias  y,  en fin, sin prueba que las soportara, con lo cual  entonces  desvía  el  cuestionamiento  hacía el campo del hecho indicador, sin  estructurar  en  todo  caso  un  yerro  casacional  compatible  con esa fase del  indicio, según se precisó en precedencia.   

           Aun  cuando  el  desacierto  último  referido no se observa en la  fundamentación  que  esboza  el  actor  frente  a los indicios de oportunidad y  nerviosismo,  lo  cierto  es que tampoco en estos temas estructura adecuadamente  el  falso  raciocinio  denunciado,  pues  también  aquí  omite identificar las  reglas  de  la  experiencia,  los  postulados  lógicos o las leyes científicas  quebrantadas  por  el  Tribunal,  limitándose  nuevamente  a postular su propio  enfoque   probatorio  al  respecto,  señalando  que  se  aplican  criterios  de  responsabilidad  objetiva cuando se asume como común en el oficio de taxista el  conocimiento  de  lo  transportado  y  que  en  este caso existen contraindicios  favorables al procesado.   

         Como,  en  consecuencia,  el  cuarto  cargo  también  exhibe graves  falencias  de  sustentación,  la  Sala habrá de inadmitir la demanda objeto de  examen,  máxime  la  no  presencia  de circunstancias vulnerantes de garantías  fundamentales  en  los temas contemplados en el libelo, que impongan superar los  desaciertos técnicos para decidir de fondo.   

No  obstante,  la  Corte  observa  que  el  sentenciador  impuso  al  acusado DUANER DAVID BOLAÑOS  JIMÉNEZ  la  sanción  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas en el mismo término fijado para la  pena  privativa  de  la  libertad,  que  al haber ascendido a 21 años y 4 meses  implicó  la  posible  vulneración  del inciso 1º del artículo 51 del Código  penal,  en  armonía  con  lo  dispuesto  en  el  inciso  3º  del  artículo 52  ibídem.   

Por  tanto,  la  Sala ordenará que una vez  cobre  ejecutoria  la presente decisión y se resuelva, en caso de interponerse,  lo   relacionado   con  el  mecanismo  de  insistencia  que  procede  contra  la  providencia  inadmisoria  de  la  demanda  conforme  lo  dispuesto  en el inciso  segundo  del  artículo  184  de  la  Ley 906 de  2004 y de acuerdo con las  reglas    fijadas   en   jurisprudencia   reiterada   de   la   Sala11,  vuelva el  proceso  al  Despacho  de  la  Magistrada ponente para de oficio proferir, en su  momento, el pronunciamiento de rigor.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

         1.  INADMITIR  la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   defensor   de   DUANER  DAVID  BOLAÑOS  JIMÉNEZ, por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004 y en los términos referidos en el acápite  final    de    esta    determinación,    contra    la    misma    procede    la  insistencia.   

2.  Ejecutoriada  la  presente  decisión y  resuelto,  en  caso  de  interponerse, el mecanismo de insistencia, volverá  el  proceso  al  Despacho  de la  Magistrada  ponente, a fin de que la Sala provea de manera oficiosa acerca de la  posible  vulneración de garantías fundamentales, conforme lo expresado en esta  providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ               FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                   ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                         

MARÍA       DEL      ROSARIO      GONZÁLEZ      DE  LEMOS           AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN                     

JORGE              LUIS              QUINTERO  MILANÉS              JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                     Secretaria   

    

1  Radicación 25920.   

2  Radicación 30598.   

3  Radicación 31898.   

4  Radicado No. 29416.   

5  Radicación 33691.   

6 Cfr.  Auto del 14 de abril de 2010, radicación 33691.   

7 Auto  del 16 de septiembre de 2009, radicación 32454.   

8  Sentencia del 18 de julio de 2007, radicación 26255.   

9  En  este sentido, sentencia del 4 de abril de 2003. Rad. 14636.   

10 Cfr.  auto del 10 de marzo de 2009, radicación 26572.   

11  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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