34183(06-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 34183  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 225  

Bogotá, D. C., seis (6) de julio de dos mil  once (2011)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  Edwin  Alexander  Monsalve  Carmona contra la sentencia  dictada  por  el Tribunal Superior de Bogotá, el 2 de febrero de 2010, mediante  la  cual  confirmó  la proferida por el Juzgado Dieciocho Penal del Circuito de  la  misma  ciudad,  el  8  de julio de 2009, que lo condenó como coautor de las  conductas  punibles  de  homicidio  agravado,  homicidio en grado de tentativa y  falsedad material en documento público.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el Tribunal de la  siguiente manera:   

“Según la acusación, el día 23 de marzo  de  2008  hacia  las 12:45 horas, en la Avenida Boyacá con calle 39 Sur de esta  ciudad,  con  armas de fuego, fue asesinado LUIS ENRIQUE BUENO SALAZAR, quien se  desplazaba  en  un  vehículo, junto con su familia, episodio en el que resultó  herida la señora FRANCY JULIANA ROJAS GONZÁLEZ, su esposa.   

De  acuerdo con la información suministrada  por  personas  que  presenciaron los hechos, expuso la Fiscalía que los autores  materiales  se movilizaban en una camioneta identificada con las placas BNE-265,  la  cual fue interceptada en la calle 127 con carrera 13, bajo la conducción de  ERWIN  ALEJANDRO MONSALVE CARMONA, a quien se le encontró una pistola calibre 9  m.m.  con  dos  proveedores  -con su respectivo salvoconducto- y un carné falso  que lo identificaba como soldado del Ejército Nacional”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los anteriores hechos, la fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  en  contra de Edwin  Alexander  Monsalve  Carmona por el delito de homicidio  agravado,  homicidio  en  grado  de  tentativa  y falsedad material en documento  público.    

2.  Celebradas las audiencias preparatoria,  del  juicio  oral  y  anunciado el sentido del fallo, el Juzgado Dieciocho Penal  del  Circuito  con  funciones de conocimiento de Bogotá, el 8 de julio de 2009,  dictó  sentencia  de  primera  instancia  en  la  que  condenó  a Edwin  Alexander Monsalve Carmona a la pena  principal  de 41 años y 6 meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el  lapso de 20  años,  como  coautor de las conductas punibles de homicidio agravado, homicidio  en grado de tentativa y falsedad material en documento público.   

3.  Apelado  el  fallo  por el defensor, el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, el 2 de febrero de 2010, al desatar el recurso,  lo confirmó.   

Contra  la  anterior  decisión,  la defensa  técnica  de  Monsalve Carmona  presentó demanda de casación.   

S  Í  N  T  E S I S    D E  L    L I B E L O   

Al amparo de las causales tercera y primera,  presenta cuatro cargos, así:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  indirecta,   la   ley   sustancial   “por  error  de  hecho   por  falso  juicio  de  identidad  producido  por tergiversación o  distorsión objetiva del contenido probatorio”.   

Dice  que  el  juzgador  incurrió en ese un  error  al contemplar la prueba, toda vez que arribó a conclusiones equivocadas,  para los cual trascribe jurisprudencia de la Corte.   

Acota que se avasallaron los artículos 29 de  la  Constitución  Política,  8°  de  la  Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  14  del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, 381, 401  y   404  de  la  Ley  906  de  2004  y 6°, 10, 27, 29, inciso 2°,y 31 del  Código Penal.   

Aduce  que el yerro emana del interrogatorio  de  los  auxiliares  bachilleres  José  Félix  Izaquita Bernal y Edgar Fabián  Fonseca  Rodríguez,  habida  cuenta que “…hubo una  alteración   de   la   expresión  fáctica   de  estos”,  en tanto se sostuvo que hubo detonaciones desde la camioneta en donde  se  desplazaban  los  agresores,  la  cual  horas  después  se  le  incautó  a  Monsalve Carmona.   

Sostiene  que  no es cierto que su defendido  era  quien  transportaba a los autores materiales de la conducta punible como lo  sostuvo  el juzgador de primara instancia, que con relación a la camioneta gris  marca  Chevrolet  Rodeo  fue  sólo  un  transeúnte  quien adujo que era ese el  automotor  y  que  el  operador  judicial  adicionó  o  agregó “situaciones  que  no  se  consignaron  en  las  atestaciones  de los  auxiliares bachilleres”.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia  “parcialmente”  y, por lo mismo, emitir una de carácter absolutoria.   

Segundo cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  indirecta,  la  ley  sustancial  por  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción.   

Después de transcribir decisiones de la Sala  sobre  la  prueba de referencia y el falso juicio de convicción, comenta que el  yerro  del  Tribunal  fue construir, “a partir de una  prueba  de  referencia,  un  razonamiento  que  le permite la convicción de los  hechos  y  la  responsabilidad  a  título de coautor del enjuiciado”  y,  así  mismo, lo llevó a colegir que los autores materiales  del  ilícito  se  movilizaban  en  la  camioneta Chevrolet Rodeo de color gris,  inferencia  a  la  que  arribó, a partir de las declaraciones de los auxiliares  bachilleres,  quienes,  en  su  criterio,  no  observaron de manera presencial y  directa  que  los  disparos  se  hubiesen  realizados desde ese automotor, o por  personas que se desplazaban en él.   

Anota que los citados testimonios carecen de  mérito  probatorio  en  orden a edificar el juicio de responsabilidad en contra  del  acusado,  para  lo  cual  referencia  apartes  de  la  sentencia de segunda  instancia.  Además,  con  el  fin  de  restar convicción a la citas versiones,  indica  que los vidrios de citado automotor eran polarizados, lo que ocultaba la  identidad de los delincuentes.   

Añade   que   si   se  hubiese  apreciado  correctamente  la  prueba,  el fallo habría sido de carácter absolutorio. Como  normas  vulneradas enuncia los artículos 6°, 381 y 404 de la Ley 906 de 2004 y  6°, 9°, 27, 29.2 y 31 de la Ley 599 de 2000.   

Solicita  a  la  Sala  casar parcialmente la  sentencia  impugnada y, consecuentemente, dictar una absolutoria por los delitos  de homicidio agravado y homicidio en grado de tentativa.   

Tercer cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  indirecta,   la   ley  sustancial  por  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia.   

Dice  que el juzgador fundó la sentencia en  el  indicio,  “atinente a que la camioneta Rodeo, de  color  gris  y  placas  BNE-265,  tenía los vidrios polarizados y construyó la  inferencia   indiciaria   a   partir   de  ese  supuesto,  como  un  indicio  de  responsabilidad  penal sobre el cual descansa la coautoría endilgada a MONSALVE  CARMONA,  relacionado  con  ocultar la identidad de quienes se movilizaban en la  misma  y  su  nexo con la ejecución de la conducta”,  dado que el hecho indicador no se encuentra demostrado.   

Afirma que el juzgador dio por demostrado el  anterior  hecho  con  el  testimonio  de uno de los auxiliares bachilleres de la  Policía   inexperto  en  este  conocimiento.  Acota  que  la  mayoría  de  los  vehículos  nuevos tienen sus vidrios panorámicos y laterales revestidos de una  película  que  permite  un  ligero  oscurecimiento,  lo cual es de conocimiento  ordinario,  motivo  por el cual  cabe la posibilidad de que la camioneta no  tuviera  los  vidrios  polarizados,  situación  que  demuestra  que  debió ser  sometido a una prueba técnica o pericial.   

Una   vez   que   trascribe   apartes   de  jurisprudencia  de  la  Sala  sobre  la  prueba indiciaria y cita a unos autores  sobre  ese  tema y la sospecha, aduce que si no se hubiese cometido ese yerro en  la   apreciación   probatoria,  no  habría  fallo  de  condena  en  contra  de  Monsalve Carmona.   

Insiste en que el indicio se sustentó en que  la  camioneta  tenía  vidrios  polarizados  sin  permiso  de  la  autoridad  de  tránsito,  lo que permitió el ocultamiento de la identidad de las personas que  se encontraban en el interior  del automotor.   

Como normas vulneradas enuncia los artículos  29  de  la  Constitución  Política,  6°, 372, 380, 381 y 382 de la Ley 906 de  2004 y 6°, 25, 27, 29, 31 y 104 del Código Penal.   

Por  lo  expuesto,  pide  a  la  Corte casar  parcialmente  la sentencia impugnada, profiriendo fallo de carácter absolutorio  con    relación    a   los   delitos   contra   la   vida   y   la   integridad  personal.   

Cuarto cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  directa,  la ley sustancial por “aplicación indebida  del  art.  30, inciso 2°, de la Ley 599 de 2000, que regla instituto relativo a  la  coautoría  impropia,  cuando  debió aplicarse en la sentencia el artículo  30,  inciso  3°,  esto  es,  lo  relativo  al  coparticipe  en  la modalidad de  cómplice”.   

Aduce que en este caso la coautoría impropia  es  manifiestamente  improcedente,  según  así  se plasmó tanto fáctica como  jurídicamente  en  los  fallos  de  instancia, pues  no hubo división del  trabajo  criminal  y, menos, un co-dominio funcional del hecho para atribuible a  Monsalve Carmona una coautoría.   

Anota que la conducción de un vehículo del  cual   descienden  los  agresores  con  el  fin  de accionar armas de fuego  contra  las  víctimas,  corresponde  a  un evento de participación accesoria y  secundario, adecuado al fenómeno de la complicidad.   

Como normas vulneradas señala los artículos  6°,  25  y  29,  inciso  2°,  por  aplicación  indebida y 30, inciso 3°, del  Código Penal por falta de aplicación.   

Solicita  a  la  Corte casar parcialmente la  sentencia    impugnada    profiriendo    una    de   reemplazo   “con     la     correspondiente    reducción    punitiva…”,  en  cuanto  a los delitos de homicidio agravado y homicidio  en grado de tentativa.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  En  el Código de Procedimiento Penal de  2004,  la  casación  se concibe como un medio de control constitucional y legal  que  procede contra las sentencias dictadas en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes  cargos  y,  por   supuesto,  demostrar  la  necesidad  de  intervención  de la Corte para lograr algunos de los fines establecidos para la  casación,  según  lo  previsto  en  el  artículo  180 de esa normatividad, es  decir,  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación  de  la  jurisprudencia,  propósitos  que,  como lo tiene dicho la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal, lo que explica que las causales de  casación tengan un diseño dirigido a lograr esos fines.   

Por    ello,    “el        recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,   surge   nítido   que  el  libelista  no  cumplió  con  los  anteriores  presupuestos,  en  tanto  no demostró la existencia de los vicios y, menos, los  conectó con los fines que informan la casación.   

No  sobra  recordar  que  este  recurso  fue  estatuido  para  denunciar  vicios  de  derecho  o  de actividad cometidos en la  construcción  de  la  sentencia  o  en  el  trámite  judicial.  De ahí que al  casacionista  compete  postular  el yerro a través de las causales de casación  contempladas  para  ese  fin,  demostrando  cómo el mismo logra resquebrajar el  fallo,  al  punto  que se impone su quebrantamiento con el objeto de cumplir con  los fines estatuidos en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

Así  las  cosas,  vale  recalcar  que  esta  impugnación  extraordinaria  no  es el escenario natural  para increpar el  grado  de  estimación  probatoria  que los juzgadores dieron a los elementos de  juicio,  sino para denunciar los anteriores vicios, en la medida en que se trata  de  una  impugnación  de  carácter  rogada  correspondiéndole al libelista la  postulación  del  vicio  y  la  demostración  del  mismo frente a las plurales  conclusiones adoptadas en el fallo.   

2.1 Cuando la censura se postula por la vía  de  la  infracción  directa de la ley sustancial, el censor está aceptando que  los  hechos y las pruebas plasmadas en el fallo fueron correctamente apreciadas,  razón  por  la cual el debate se circunscribe a la aplicación del derecho, sin  que  tengan cabida aspectos relacionados con la credibilidad de los elementos de  juicio y del acontecer fáctico.   

Por  tanto,  la labor de demostración de la  trascendencia  del yerro debe estar sustentada en evidenciar que el sentenciador  seleccionó  una  norma que no era la llamada a gobernar el asunto, omitió otra  que   sí   resolvía  los  extremos  de  la  relación  jurídico  procesal  o,  habiéndola  escogido  correctamente  le dio un alcance interpretativo que no se  deriva del texto de la ley.   

2.2 Por su parte, los errores en la actividad  probatoria  pueden  tener  como  génesis  yerros  de  hecho  o  de derecho. Los  primeros,  relacionados  con  la  contemplación  o  apreciación  del  medio de  prueba,  en  tanto  que se excluye un medio de convicción allegado válidamente  al  juicio  oral  o,  se  supone  o  se excluye otro, se tergiversa su contenido  material  haciéndose  derivar  una  verdad que no emerge del mismo o, cuando se  aprecia   en   abierta   contrariedad   con   las   reglas  que  rigen  la  sana  crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce el rito establecido en la ley que condiciona su validez y,  en  el  evento  en que el juzgador al valorar la probanza se aparta de la tarifa  legal  como  método  de  apreciación  o  se  inventa  una  que  no  regula  la  ley.   

En punto de la postulación de la censura, el  actor  debe  enseñar  a  la  Corte  la  clase de error y el falso juicio que lo  determinó,  así como la trascendencia del vicio, indicando cómo los medios de  prueba  de  haber sido incorporados y valorados correctamente, necesariamente el  fallo habría sido favorable a los intereses que representa.   

Y, por último, también debe señalar cómo  el  citado yerro incidió en la aplicación del derecho, esto es, se seleccionó  una  norma  que no era la llamada a gobernar el asunto  o, se excluyó otra  que     sí     resolvía     todos     los    extremos    de    la    relación  jurídico-procesal.   

3.   En   lo   relativo   al  primer  cargo  que  el libelista propone a  fin  de  denunciar  una  infracción  indirecta  de  la  ley sustancial, bajo el  argumento  que  el  sentenciador incurrió en un error hecho por falso juicio de  identidad,  no  reúne los prepuestos de lógica y debida fundamentación, en la  medida    en   que   no   se   avizora   el   citado   yerro   de   apreciación  probatoria.   

El  censor  en  vez  de  demostrar  en  qué  consistieron   las   tergiversaciones  de  los  testimonios  que  rindieron  los  auxiliares  bachilleres  de  la  Policía  Nacional,  la  Corte  advierte que la  inconformidad  radica  en  el  grado  de  estimación  que  se le otorgó a esas  pruebas  respecto  a  que  hubo  unos  disparos  desde  la  camioneta,  donde se  desplazaban    los    agresores    y   que   era   manejada   por   Monsalve  Carmona, lo cual, en su criterio,  no    es    cierto    por    cuanto   esa   información   la   suministró   un  transeúnte.   

De  tal manera, el citado error de hecho por  falso  juicio  de  identidad  únicamente  se  queda  en  el  plano  de la   enunciación,   puesto  que  el  actor  nunca  demostró  que  efectivamente  el  sentenciador  adicionó  o  agregó  circunstancias  a  los testimonios de José  Feliz  Izaquita  Bernal y Edgar Fabián Fonseca Rodríguez, versiones que, en su  criterio,  no son suficientes  en orden a concluir en la responsabilidad de  su defendido.   

Así las cosas, como el reproche radica en la  credibilidad  otorgada  a  los  elementos  de  juicio  allegados válidamente al  juicio  oral, puesto que la simple discrepancia de criterios no constituye yerro  para  ser  demandado  en  sede  de  casación,  a  menos que se demuestre que se  incurrió  en  un  error  de  hecho  por  falso  raciocinio, evento que aquí no  ocurrió,      deviene      necesariamente      la     inadmisión     de     la  censura.           

En cuanto al segundo  cargo que el defensor presenta por la vía de un error  de   derecho   por   falso   juicio   de   convicción,   olvida  que  éste  se  estructura   cuando el acto de estimación se aparta del valor asignado por  la  ley  a  los  medios  probatorios,  o se inventa uno que tampoco establece la  norma,  motivo  por  el  cual  la  demostración  está  en  la  obligación  de  identificar  la  prueba sobre la cual recae el desacierto, e indicar el precepto  legal   que   establece   su  valor  tarifado,  evento  que  aquí  que  tampoco  ocurrió.   

Y,    era    que   no   podía   cumplir   con   ese   presupuesto,   por   cuanto     en    nuestro    sistema    procesal    que   contiene   la   Ley   906   de   2004,   por   regla  general,   no  contempla  ese  método  de   apreciación   probatoria   sino   la libre persuasión racional,  respetando los postulados de la sana crítica.   

Además,  el  demandante desconoce  que  cuando  se  trata  de  la  prueba  de  indicio  y la censura se dirige contra la  inferencia  lógica,  el  ataque se debe postular por la vía del error de hecho  por  falso  raciocinio,  indicando  cuál  fue el principio de la lógica que se  avasalló  para  concluir  en  el  hecho  indicado, esto es, que los autores del  homicidio  agravado  y  del homicidio en grado de tentativa se desplazaban en el  vehículo  que  manejaba  Monsalve Carmona.   

Como una crítica final a la formulación de  la  censura, el actor pretende restar mérito suasorio al hecho indicador en que  se  apoyó  el sentenciador en orden a la construcción indiciaria, esto es, los  testimonios  de  los  auxiliares  de  la  Policía  Nacional,  afirmando que ese  señalamiento  hecho   en contra de su procurado resulta equivocado, puesto  que  los  vidrios  del  automotor eran polarizados y, por lo mismo, ocultaban la  identidad  de  los  agresores,  hipótesis  que  carece  de  la  correspondiente  demostración.   

Por    lo    expuesto,   el   cargo   se  inadmitirá.   

En cuanto al tercer  cargo  que  el  actor postula por la vía del error de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  respecto  al  hecho  indicador  en  que se basó el Tribunal para  construir   un   indicio   de   responsabilidad   en   contra   de  Monsalve  Carmona,  en  cuanto a que los  vidrios  del  automotor  se hallaban polarizados sin el correspondiente permiso,  lo  cual  llevó  a  la conclusión que esa característica del rodante era para  ocultar  la identidad de sus ocupantes, resulta desacertado, porque no demostró  que  efectivamente  el sentenciador se apoyó en un acontecer que no contaba con  el  soporte probatorio.     

Es  más,  como  si la casación fuera una  tercera  instancia,  propone  como  argumento  contradictor  que los vidrios del  automotor   no  se  encontraban  polarizados,  puesto  que  no  se  realizó  la  correspondiente  experticia a fin de  establecer la veracidad de ese hecho,  pero  a  reglón  seguido acepta que la mencionada conclusión tuvo como soporte  el  testimonio  de  uno  de  los auxiliares bachilleres de la Policía Nacional,  afirmación  que  no comparte por cuanto la versión no derivó de un experto en  la materia.    

Ante  esa  falta  de  claridad se impone la  inadmisión del cargo.   

Y,  por  último,  en cuanto al cuarto  cargo que el demandante postula por  la  vía  de la infracción directa de la ley sustancial con el argumento de que  la  participación  de  su  defendido  en el acontecer fáctico fue a título de  cómplice  y  no de autor, se quedó en el plano de la enunciación, en tanto no  demostró  la  existencia  del  vicio  y   su  trascendencia  frente  a  la  conclusiones contenidas en el fallo.   

De  verdad  que  no  podía  cumplir con ese  presupuesto,  habida  cuenta que contradice abiertamente  lo plasmado en la  sentencia,  en torno a que Monsalve Carmona  debía  responder  con  relación  a  los cargos atribuidos por la  fiscalía en calidad de coautor.   

Es   decir,   resulta   evidente   que  el  casacionista  se apartó de los presupuestos de lógica y debida fundamentación  en  orden  a  invocar  la transgresión, de manera directa, de la ley sustancial  respecto  de  que  se debe acatar los hechos y la pruebas tal como se encuentran  plasmadas  en la sentencia, en tanto la discusión se centra en la aplicación o  interpretación de la norma jurídica llamada a resolver el caso.   

En  el supuesto que ocupa la atención de la  Sala,  el  libelista  parte de un supuesto fáctico distinto al concluido por el  juzgador  de  segundo grado, consistente en que el acusado actuó como cómplice  y no como coautor.   

Así, ante esa disparidad de criterios frente  a  la  participación  de  Monsalve Carmona, deviene la inadmisión de la demanda.   

Resta  señalar  que  no   se    observa   que   con   ocasión   del   fallo  impugnado  o  dentro  de la actuación se violaron los derechos o las garantías  de   los   intervinientes,   como   para  que  tal  circunstancia  imponga   superar    los    defectos    del   libelo   para   decidir   de   fondo,    según    lo    dispone    el   inciso    3°   del   artículo   184    de   la    Ley   906  de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir  la demanda de casación presentada a nombre del procesado  Edwin  Alexander Monsalve Carmona procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo  186  de  la  Ley  906  de  2004,  impera precisar que como dicha legislación no  regula  el trámite a seguir para que se aplique el referido instituto procesal,  la   Sala   ha   definido   las   reglas   que   habrán  de  seguirse  para  su  aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR       la  demanda de casación presentada por el defensor de Edwin    Alexander   Monsalve   Carmona.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo   de   insistencia   en   los   términos  precisados  atrás  por  la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                           JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ           

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                        SIGIFREDO  ESPINOSA    PÉREZ                        

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARIA     DEL     ROSARIO    GONZÁLEZ    DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                                                                   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCIA  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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