26537(27-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  26537   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

Aprobado: Acta No. 260-  

Bogotá.  D.C.,  veintisiete (27) de julio de  dos mil once (2011)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Corte  decide  el  recurso  de  casación  interpuesto  por los defensores de Luis Eduardo Galeano  Morales  y  Luis Efrén Morales Marín, contra el fallo  del  8  de  junio  de  2006 proferido por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Antioquia,  mediante  el cual confirmó la sentencia del 24 de febrero del mismo  año  emitida  por el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado del mismo  distrito  judicial  que  los condenó como coautores del delito de extorsión en  la modalidad de tentativa.   

Los apoderados de los procesados interpusieron  el recurso extraordinario de casación, que fue concedido.   

Recibido  el  concepto del señor Procurador  Cuarto   Delegado   para   la  Casación  Penal,  la  Sala  resuelve  de  fondo.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

1.  A  partir  del mes de octubre de 2002 el  señor  Héctor  de  Jesús Narváez Hernández fue intimidado mediante llamadas  telefónicas   que   recibía   en   su  residencia1, para que cancelara la suma de  $  10.000.000, a cambio de no atentar contra la integridad de sus hijas. Ante el  incremento   de   los  requerimientos  el  28  de  enero  de  2003  formuló  la  correspondiente denuncia penal.   

Por  virtud  del  asesoramiento brindado por  miembros   del  grupo  Gaula  de  la  Policía  Nacional  y  en  desarrollo  del  “plan         cabina”,        aquél  atendió  la  llamada  extorsiva,  momento  en que fue capturado William Antonio Ocampo en  una cabina telefónica cuando realizaba la exigencia dineraria.   

2.  El  29 de enero de 2003 la Fiscalía 154  Seccional    de   Medellín    profirió   resolución   de   apertura   de  investigación   por   el   punible  de  extorsión2, contra William Antonio Ocampo  quien  al ser vinculado en la indagatoria delató a sus compañeros Luis    Eduardo    Galeano    Morales    y   Luis   Efrén   Morales  Marín,  los  que  fueron  vinculados  a  través  de  indagatoria  y  la  situación  jurídica les fue resuelta con la imposición de  medida de aseguramiento.   

3.  El  ciclo  instructivo se cerró el 3 de  noviembre             de             20053     y     previo    a    su  ejecutoria4,  los  procesados  Luis  Eduardo  Galeano  Morales  y  Luis  Efrén Morales Marín manifestaron su  voluntad  de  acogerse  a sentencia anticipada. El 13 de febrero de 2006 ante la  Fiscalía  Sexta  Especializada  de  la  Unidad  Antisecuestro  y  Extorsión de  Medellín,  se  llevó  a  cabo  la  diligencia de formulación y aceptación de  cargos5,  por  lo  que se dispuso la ruptura de la unidad procesal respecto  de la actuación seguida contra William Antonio Ocampo.   

4.  El  24  de  febrero  de 2006, el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito Especializado de Antioquia condenó a Luis   Eduardo   Galeano   Morales   y   a   Luis   Efrén   Morales  Marín  como  coautores del delito de extorsión en el  grado  de tentativa y les impuso la pena de seis (6) años de prisión, multa en  cuantía  de  setecientos  cincuenta  (750)  salarios mínimos legales mensuales  vigentes  y  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  un  período  igual.  Les  negó  el  beneficio de la  suspensión   condicional   en   la   ejecución   de   la  sanción6.   

El juez se abstuvo de efectuar la reducción  de  la pena ante el acogimiento a sentencia anticipada, por expresa prohibición  del  artículo  11  de  la  Ley 733 de 2002, así como el descuento punitivo por  reparación  integral  de  perjuicios,  al  no  constatar  el  pago  de  los  de  naturaleza moral.   

5.  La  Sala  Penal  del Tribunal Superior de  Antioquia,  al  conocer del recurso de apelación interpuesto por los defensores  de  los  procesados,  reformó  la  decisión  del  A  quo en el sentido de reducir la pena a cuarenta y ocho  (48)  meses  prisión,  imponiendo  el  mismo  tiempo  como  pena  accesoria  de  inhabilitación  en el ejercicio de derechos y funciones públicas, y doscientos  (200)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes de multa, tras reconocer el  descuento  punitivo  por  virtud  del  acogimiento  a  sentencia  anticipada. La  confirmó en todo lo demás.   

LA DEMANDA  

Cargo primero: nulidad.  

Toda vez que los defensores de los procesados  Luis  Eduardo  Galeano  Morales  y Luis Efrén Morales  Marín  exhibieron  en sus demandas identidad plena de  causales   y  motivos,  nada  impide  que  la  Corte  los  sintetice  y  estudie  conjuntamente.   

Con  fundamento  en  la  causal  tercera del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  acusan  la sentencia de  segunda  instancia  de  haberse  dictado  en  un  juicio  viciado de nulidad por  vulneración  de  los  principios  de investigación integral y defensa, pues la  Fiscalía  no  garantizó  el  cumplimiento  del  mandato  legal contenido en el  numeral      6,      del      artículo      3317  del  Código de Procedimiento  Penal. Los argumentos:   

i)   Luego  de  referirse  a  los  principios  que  orientan  la  declaratoria de las nulidades,  concluyeron  que  al  no  haberse  fijado  el monto de los perjuicios de índole  moral,  no  obstante  mediar  solicitud  por parte de la defensa de Morales              Marín8,  se  les  pretermitió  a los  acusados  la posibilidad de indemnizar integralmente los perjuicios causados con  muy significativos efectos dentro de la disminución punitiva.   

ii) En criterio de  los  casacionistas,  este  constituye  un  vicio  insubsanable  en  desmedro del  principio  de  investigación  integral,  pues  la Fiscalía estaba obligada a investigar tanto lo favorable  como  lo  desfavorable,  sin que la no insistencia de la defensa en la práctica  de  tal  prueba,  convalidara  la  falla en que incurrió el ente acusador al no  decretar  la  prueba  pericial, como era su deber antes de remitir la actuación  al   juez   de   conocimiento,   por   virtud   del   acogimiento   a  sentencia  anticipada.   

A  ello se suma, destacaron, el error en que  los  hizo  incurrir  el  Fiscal  Cuarto  Delegado  ante  el Tribunal Superior de  Medellín9  en  la  resolución  del 19 de agosto de 2003 a través de la cual  les  concedió  la  libertad  provisional,  pues  reconoció  que los procesados  habían indemnizado integralmente los perjuicios.   

iii)  En  tales  condiciones,  se derrumbó la presunción de legalidad que ampara las sentencias  de  primera y segunda instancias, luego el único remedio es decretar la nulidad  de  la  actuación  para  que, a través de perito se establezcan los eventuales  perjuicios  de  naturaleza  moral  causados y así puedan ser cancelados por los  procesados.   

iv) Son estas las  razones  que  los  llevan  a  solicitar que se casen las sentencias de primera y  segunda  instancia impugnadas y se disponga rehacer la actuación a partir de la  decisión   del   fiscal   de   remitir   la   actuación   al  juez  de  primer  grado,”sin  incluir  la DILIGENCIA DE ACEPTACION DE  CARGOS,  y posibilite la fijación de perjuicios, antes de remitir para el fallo  de  Primera  instancia, y tiempo razonable para la cancelación de estos, previo  el  trámite  de  su  aclaración, complementación u objeción del dictamen por  los           sujetos           procesales10”.   

Cargo  segundo: violación directa de la ley  sustancial.   

i)  Los Jueces de instancia no aplicaron por  “exclusión evidente” el  artículo   269   del   Código   Penal,   a   pesar   de  existir  “los  presupuestos  para darle rigor a  su  vigencia11”,  pues no obstante el cumplimiento de  los   requisitos  exigidos  por  la  norma,  negaron  la  disminución  de  pena  por     reparación,  desconociendo  que: (I) no es un reconocimiento facultativo del Juez; (II) al no  existir  la  posibilidad  de  restitución  del objeto por tratarse de un delito  tentado,  sólo resultaba viable la indemnización de perjuicios, actuación que  se  surtió  con la consignación de $565.000, suma fijada por la víctima el 13  de mayo de 2003.   

ii) Al margen de tales precisiones, aseguran,  ha  sido  la  Corte  Suprema de Justicia, la que en providencia radicada bajo el  número  24.817  puntualizó: “si la víctima acepta  la  indemnización  procederá  la  disminución punitiva que prevé la ley para  incentivar      la     reparación”,  por  lo que habiéndose cancelado los perjuicios, con anterioridad  a  la  sentencia de primera instancia, se le imponía a los juzgadores reconocer  el descuento punitivo.   

iii)  Frente a la trascendencia del agravio,  concluyen,  que  se  encuentra  demostrado  pues  al  no  haber  reconocido  los  juzgadores  la  vigencia  de  la norma que permitía la disminución de las tres  cuartas  partes  a  la  mitad  de  la  pena,  se  les  impuso a los acusados una  punibilidad mayor lo que representó una grave injusticia.   

Como corolario de lo expuesto, los libelistas  piden  se  case  el  fallo  impugnado  y  se  profiera sentencia reconociendo la  disminución  que  consagra  el artículo 269 de la Ley 599 de 2000 “o  que se dicte el fallo modificatorio, donde se tenga en cuenta  los  parámetros  de  instancia,  y la reducción de la mitad a las tres cuartas  partes  de  la  pena por la indemnización integral y luego el reconocimiento de  la  disminución  hasta  el  cincuenta  por ciento, por sentencia anticipada, en  aplicación   del   principio   de   favorabilidad12”.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

El señor Procurador Cuarto Delegado para la  Casación   Penal   recomienda   no   casar   la   sentencia.   Estos   son  sus  razonamientos:   

Primer cargo.  

i)  Empieza  por  destacar,  que  aunque los  demandantes  enumeraron de manera puntual los principios que deben ser atendidos  en sede de casación, no los desarrollaron.   

ii)  Asegura  que para alegar la nulidad, el  quebranto  del  derecho de defensa tiene que ser sustancial para que se traduzca  en  un  vicio  que  deba  ser  corregido en esta sede siendo menester distinguir  entre  las  nociones de carga procesal, deber procesal  y  obligación  procesal,  las que resultan necesarias  para    aterrizar    la  posibilidad    que    tienen    los    procesados    de   obtener   determinados  beneficios.   

iii)  Afirma que13 los  deberes      procesales     son     “las  conductas  de realización imperativa que van en beneficio del  proceso   y   por   el   interés   general   y   tienen   el   apremio  de  una  sanción”; las obligaciones  procesales:  “son aquellas  de  carácter  patrimonial  (…)  cuya  materialización puede hacerse por vía  ejecutiva   o   coercitiva”,   en   tanto   que  la  carga  procesal “es  una  conducta  de  realización  facultativa  establecida en  propio  interés del gravado con ella, cuyo incumplimiento lo pone en situación  de  riesgo  de  una  decisión o consecuencia jurídica desfavorable”;  en  este  último  evento, la parte  debe  probar  los  hechos que le interesan, por cuanto el Juez solo puede fallar  de acuerdo con lo probado en el proceso.   

iv)  Atendidas tales nociones y frente a las  censuras  destacó, que aunque en principio la defensa solicitó la tasación de  los  perjuicios  materiales  y morales, ésta petición decayó en el momento en  que  concurrieron  los procesados a la audiencia de formulación de cargos, pues  se  sabía  que  el  paso  siguiente era su terminación con el proferimiento de  sentencia,   luego   les   correspondía   como  carga  procesal,    antes   que  solicitar   el   reconocimiento   de  la  reducción  de  pena  por  reparación  integral,  invocar  la  determinación del monto a que  ascendían   los   perjuicios  morales,  que  les  permitieran  decidir  si  los  cancelaban o no.   

En criterio del representante del Ministerio  Público,  solo  se estructuraría la nulidad si a los procesados se les hubiese  negado  la  posibilidad  de  acceder  a un beneficio para el cumplimiento de sus  cargas,  pero ello no ocurrió en este evento, sin que resulte admisible que den  por  probado  el pago integral de los perjuicios reclamando un reconocimiento al  que   sabían  no  tenían  derecho,  lo  que  descarta  la  nulidad14.   

v)  De otro lado, no es posible concluir que  la  fiscalía  al momento de concederles la libertad provisional, los haya hecho  incurrir  en  error pues en la discutida decisión se advirtió que indemnizaron  los  perjuicios  de  orden  material,  siendo  a  partir  de  allí,  que en una  interpretación  favorable  de la ley, se les concedió la libertad provisional,  sin    que   tal   consideración   cobije   la   indemnización   integral   de  perjuicios.   

vi)  Finalmente, señaló que no se vulneró  el  derecho  defensa ni se quebrantó alguna garantía que deba ser restablecida  por  la  Corte  con  la  liquidación  en la sentencia de los perjuicios morales  causados    y    por    ello   demandó   se   despache   desfavorablemente   el  cargo.   

Segundo cargo.  

i) La pretensión dirigida a que se reconozca  el  descuento  punitivo  consagrado en el artículo 269 de la Ley 599 de 2000 no  tiene  vocación  de prosperidad. La discusión planteada no es la aplicación o  no  de  una  norma,  sino  lo  probado en el proceso, esto es, la indemnización  integral de perjuicios causados.   

ii)  Pese a admitir que el reconocimiento de  esta  diminuente  punitiva no es una potestad facultativa sino imperativa de los  juzgadores,  destaca  que  los censores no advirtieron que en éste evento sólo  se  encuentran indemnizados los de orden material lo que impide declarar probada  la indemnización integral que se demanda.   

iii)  Frente  a la constancia signada por el  ofendido  en  la  que  manifiesta que se encuentra satisfecho con el pago de los  perjuicios  y  que la suma recibida cubre tanto los materiales como los morales,  tal  documentó no tiene la entidad de medio de prueba, dado el momento procesal  en          que          se          allegó15,  pues  darle valor en tales  condiciones  sería pretermitir el principio de legalidad en la aducción de las  pruebas,  las  que para  ingresar al proceso tienen momentos procesales que  no pueden ser desconocidos.   

En  conclusión,  los  procesados no tenían  derecho  a la rebaja de pena consagrada en el artículo 269 el Código Penal del  2000 y por ello solicita se desestime el segundo cargo propuesto.   

CONSIDERACIONES  

La Sala se abstiene de examinar los defectos  que  pueda  exhibir  el  libelo  presentado  por  la  defensa porque, como se ha  señalado     en     anteriores     oportunidades16,  una  vez  admitida  no  es  posible  volver  sobre  un tema ya superado al momento de la calificación de la  demanda17  y  el recurrente adquiere el derecho a que se le responda de fondo  sobre  los  cuestionamientos  que  ha  invocado  en  contra de las sentencias de  instancia.   

Los      problemas      jurídicos  planteados.   

La  Corte debe examinar si en este evento la  fiscalía  vulneró el principio de investigación integral al no haber ordenado  la  tasación  de  los perjuicios morales causados por virtud del acogimiento de  los  procesados  a  sentencia  anticipada  y  si  tal  circunstancia conlleva la  declaratoria de nulidad de la actuación.   

Establecido lo anterior, se debe precisar si  los  acusados  repararon  integralmente los perjuicios causados y por tal razón  son  merecedores del descuento punitivo consagrado en el artículo 269 de la Ley  599 de 2000.   

1. Primer cargo: nulidad.  

Manifiestan  los  libelistas que la sentencia  recurrida  se  dictó  en  un  juicio  viciado  de nulidad en atención a que la  fiscalía  desconoció  el  principio  de  investigación integral, pues ante la  negativa  de  la  víctima  a  tasar  los perjuicios morales, era su obligación  practicar  prueba  pericial  para  establecer la existencia de tales daños y su  cuantificación.   

Al  respecto,  debe  recordarse que cuando se  plantea  la  nulidad  del proceso por violación del principio de investigación  integral,  el  actor  tiene  por deber no solamente enunciar la prueba o pruebas  que  extraña y que en su criterio han debido practicarse, sino  demostrar,  además,  que  el  recaudo  de dichos medios era racionalmente posible, que eran  conducentes,   pertinentes,   racionales   y   útiles   a   los   fines  de  la  investigación,  y  que  de  haberse  incorporado  oportunamente  al  proceso  y  valorados  siguiendo  las  reglas de la sana crítica en conjunto con las demás  válidamente  allegadas a la actuación, las conclusiones fácticas y jurídicas  del fallo habrían sido sustancialmente distintas.   

De no cumplirse esta carga por el impugnante,  la  sentencia  se  mantiene inamovible toda vez que no logra desvirtuar la doble  presunción   de   acierto   y  legalidad  que  ampara  el  fallo  que  pretende  derruir.   

En   procura   de   dar   respuesta  a  los  interrogantes  planteados,  la  Sala  abordará  el  estudio  del  principio  de  investigación  integral  para  establecer  si  aquel  fue  quebrantado  con  la  actuación de la Fiscalía.   

1.1   El   principio   de   investigación  integral.   

Dicha garantía constitucional fue consagrada  como   norma   rectora   con   carácter  obligatorio  y  prevalente18;  impone  a  los  funcionarios  como  obligación  y no como facultad, el deber de incorporar  los  medios  de  convicción  que permitan establecer la verdad sobre los hechos  investigados.   

Este  principio  rector, no se traduce en un  derecho  absoluto  y  automático  que  imponga  a  los funcionarios el deber de  recaudar  la  totalidad  de las pruebas pedidas, pues no es posible soslayar que  el   artículo   235   de   la   Ley  600  de  200019,  autoriza  la inadmisión y  rechazo  de  aquellas  que  no  conduzcan  a  establecer  la verdad sobre lo que  constituye       el       objeto      de      la      investigación.   

Sobre  este  principio  la  Sala  ha  dicho:   

“De acuerdo con los artículos 250, inciso  final,  de la Constitución Nacional y el 333 del Código de Procedimiento Penal  de   1991   (reproducido  por  el  20  de  la  ley  600  de  2000)  –según  lo  precisó  la Sala en otra  oportunidad—20  es  deber  del funcionario  judicial  investigar  tanto  lo  favorable  como lo desfavorable al imputado. Se  trata  del  principio  constitucional  de  investigación  integral, del cual se  deriva   la    obligación    del    Estado   de   verificar  –en  cuanto  ello  sea  posible—las   citas  y  aseveraciones  hechas por el imputado en la indagatoria, y practicar las pruebas  idóneas  que  solicite  para  su  demostración,  en  concordancia  a  como  lo  establecía  el  artículo  362  del Código de Procedimiento Penal de 1991 y lo  hace,  en  su  último  inciso,  el  338  de  la  ley  600  de  200021”.   

Significa  lo  anterior, que en el proceso de  búsqueda  de  la verdad material existe un imperativo de imparcialidad para los  funcionarios  en  la  labor de recolección, formación y aducción de la prueba  que  les  exige  investigar  lo favorable y desfavorable al imputado en estricto  acatamiento     de    sus    derechos    fundamentales    y    sus    garantías  procesales.   

Esas  son  las  razones  por  las  que  su  incumplimiento  desde  la  perspectiva  de  la Constitución y la estructura del  proceso  penal  consagrado  en  la  Ley  600 de 2000, puede llegar a ofrecer una  irregularidad sustancial que atenta contra el debido proceso.   

Lo anterior no significa que la “falta   de   práctica”  de  una  prueba  conduzca  necesariamente  a la afectación de los  derechos   fundamentales   de  la  persona  que  se  encuentra  sometida  a  una  investigación  penal,  pues  lo  que  se  trata  de  proteger no es la omisión  probatoria,  sino  la  garantía  de que se investigue a profundidad cada asunto  antes de elevar cualquier juicio de responsabilidad.   

En el caso sometido a examen de la Corte, no  le  es  atribuible a la Fiscalía ninguna negligencia vinculada a la omisión en  la  práctica  de  alguna prueba, pues aunque con vehemencia los censores alegan  que  se  dejó de investigar lo favorable, que en este evento sería el dictamen  que  determina los perjuicios morales con miras a su cancelación y por esa vía  repararlos   integralmente,  tal  reproche  no  apunta  a  la  vulneración  del  pluricitado principio.   

De  antaño  la  Corte  ha  sostenido que la  reparación22,   

“es  un mecanismo de reducción de pena, no  una  atenuante de responsabilidad. La rebaja en ella establecida no se deriva de  una  circunstancia  concomitante  al  hecho  punible,  que  pueda  incidir en la  tipicidad,  antijuridicidad  o  culpabilidad,  o  en  los  grados  o  formas  de  participación,  sino  de  una  actitud  posdelictual del imputado, de carácter  procesal,  que  para  nada varía el juicio de responsabilidad penal, y que como  tal solo puede afectar la pena una vez ha sido individualizada”.   

En    tales    condiciones  la  rebaja  punitiva  por  reparación,  que   procede cuando el responsable restituye el objeto material del delito  o  su  valor,  e indemniza los perjuicios ocasionados al ofendido o perjudicado,  ninguna incidencia tiene en el juicio de responsabilidad.   

De allí, que en su  condición  de  fenómeno  posdelictual,  la  posibilidad de reparar los      perjuicios,     en     nada  afecte   la  investigación  integral,  pues   aquella   es   una  carga  procesal  del  sujeto  que  pretende  lograr  un  descuento       punitivo,   sin   que   su   tasación  previa,  constituya   una   obligación   que   deba   asumir  como   suya   el   ente  acusador.   

La  Sala  recuerda  como,  dentro  de  los  diferentes        trámites        judiciales23,  la  doctrina  procesal  reconoce  la existencia de los  denominados    imperativos    jurídicos,  entendidos  como los deberes, obligaciones y cargas impuestas por  la  ley, tanto al Juez como a los sujetos procesales, que suponen la observancia  de  ciertas  conductas  con  repercusión  directa  en el resultado del proceso.   

Son           deberes,  los  que  persiguen  el adecuado  desarrollo  del  trámite, como los consagrados en los artículos 266, 142 y 145  de  la  Ley 600 de 2000 y se caracterizan pues tienen su origen en las normas de  contenido     procesal,    cuyo    cumplimiento    es    obligatorio24.    Las  obligaciones  procesales  en  tanto,  son  prestaciones  de  contenido  patrimonial  asociadas  al importe que  demanda  el  trámite  del  proceso como pueden ser las costas o las agencias en  derecho,   responsabilidades   cuyo  cumplimiento  se  puede  exigir  de  manera  coercitiva.   Las   cargas  procesales,  en  cambio,  son  situaciones que la ley contempla como un proceder  potestativo  generalmente  en beneficio del sujeto encargado de cumplirlas, cuya  observancia  apareja  una  situación  favorable  para  aquél  pero nadie pueda  exigir su cumplimiento.   

En   el   presente   evento,  cierto es que  la    defensa    de    Morales   Marín  solicitó  “citar ante su despacho al  señor  HECTOR  DE  JESUS  NARVAEZ  HERNANDEZ  con  el fin de que determine, los  perjuicios  materiales  y  morales  causados  con  la  conducta  punible  que se  investiga.  En  el  evento  en  que  este se niegue a hacerlo o le sea imposible  tasarlos,    se    solicita    designar    perito25”.   

En  cumplimiento  de tal petición y previa  citación        de       la       fiscalía,  la  víctima  concurrió  al  trámite  y el 13 de mayo de  2003  tasó  los perjuicios  de  orden material y, aunque  reconoció  la  existencia  de  perjuicios morales, no  efectuó su valoración.   

A   partir   de   tal  fecha,    al    tiempo    que   la    defensa    demandó   la   libertad   provisional26,  los          procesados          invocaron            sentencia  anticipada27,      sin      que     alguna  otra  manifestación  se hubiere  realizado;  de ahí que al  no  postular su intención  de  reparar  integralmente  los  daños,  y en cambio  acogerse    a    sentencia    anticipada,   ninguna  obligación le surgía al  ente   acusador   de   asegurar   la  tasación  de  los  perjuicios  morales,  pues   si   aquel   era  su  deseo,  constituía  carga   de      los     procesados   a  través  de  sus  defensores,  enervar   tal  solicitud  con  miras  a   lograr   un   adicional   descuento  punitivo.   

Igual,  dígase  que  no  resulta acertada la  afirmación  relativa  a que la Fiscalía les hizo incurrir en error al advertir  en   la  providencia  que  concedió  la  libertad  provisional  que  se  había  satisfecho  el  pago  de los perjuicios, pues tal reproche como bien lo destacó  el  Ministerio  Público,  resulta infundado ya que la Fiscalía Cuarta Delegada  ante  el  Tribunal  al  conceder el beneficio expresamente indicó: “…máxime  que  se  ha  producido la  indemnización  de  perjuicios  materiales  los  cuales  fueron  tasados  por el  ofendido28.”   

Y  mas  adelante,  en  idéntico  sentido la  Fiscalía  al  resolver sobre la rebaja de la caución prendaria recordó que la  indemnización  fue  provisional  y  así  lo  advirtió cuando dijo:“…máxime   que  se  ha  resarcido  provisionalmente  por  vía  de  la  indemnización29”.   

La  Sala destaca que la libertad provisional  es  un beneficio temporal que se otorga durante el trámite del proceso para que  bajo  ciertas  circunstancias la persona judicializada permanezca libre mientras  se   tramita   su   juicio,   en   tanto   la  reparación  integral30 persigue la  indemnización  definitiva del daño sufrido por la víctima, institutos que por  ser  de  contenido  diferente  no  pueden  ser  comparados,  ni  utilizados como  argumento para alegar una pretendida confusión inexistente.   

En  este evento lo que se puede predicar del  beneficio  de  libertad  provisional  concedido,  es que desde el punto de vista  normativo   se   le  dio  una  interpretación  favor  rei31  a  la  norma, sin que ello implique el reconocimiento de la rebaja  de  pena  de  que  trata el artículo 269 del Código Penal, pues la reparación  integral  con  efectos  punitivos, sólo opera cuando se produce la efectiva  indemnización del daño sufrido  por la víctima o el perjudicado.   

Así  las  cosas,  ninguna  vulneración  de  garantías  fundamentales  con  incidencia  en la decisión adoptada, apareja la  actuación del ente acusador que deba ser corregida por la Sala.   

La Corte quiere dejar sentado, que lo que se  advierte  de la actuación, no es que se les haya privado a los procesados de la  posibilidad  de  ejercer  un  derecho,  sino  su  renuncia tácita al mismo pues  omitieron  ejercerlo,  sin  que  tal postura conlleve el quebranto de garantías  superiores, lo que torna improcedente la pretensión de nulidad.   

2.  Segundo  cargo:  sobre  la violación  directa de la ley sustancial.   

La  segunda propuesta de ataque conlleva una  respuesta igualmente adversa a las pretensiones de los recurrentes.   

Bajo  tal  enunciado, demandaron la falta de  aplicación  del  artículo  269  de  la  Ley  599  de 2000, tras considerar que  “…  los  falladores ya referidos, concluyeron que  no  se  aplicaba  el  artículo  269  del  Código  Penal por no estar según su  visualización    del    caso   acreditada   la   indemnización   integral   de  perjuicios32”.  De cara a tal afirmación se impone  examinar  si  con  la  indemnización  acreditada  al  interior  del proceso, se  cumplen  los  requisitos que se deben observar para que se tenga por cumplida la  reparación  integral  a  que  se  refiere  el  artículo  269  de la Ley 599 de  2000.   

2.1. De la reparación consagrada  

en  el  artículo  269  del  Código  Penal.   

El   artículo   269   del  Código  Penal  dispone:   

Reparación. El  juez  disminuirá  las penas señaladas en los capítulos anteriores de la mitad  a  las  tres  cuartas partes, si antes de dictarse sentencia de primera o única  instancia,  el responsable restituyere el objeto material del delito o su valor,  e indemnizare los perjuicios ocasionados al ofendido o perjudicado.   

Acerca del alcance de éste precepto la Sala  ha   dicho33:    

“1. Se trata de un mecanismo de reducción  de  pena,  no de una atenuante de responsabilidad. Por lo tanto, no incide en el  término  de  prescripción  de  la  acción penal ni en la determinación de la  cantidad   máxima  de  pena  que  hace  procedente  el  recurso  de  casación.   

2.  La rebaja de  pena  no  es  facultativa  del juez. Cumplido el supuesto fáctico, se aplica la  consecuencia   jurídica   correspondiente  sin  que  interese  determinar  el  motivo  que indujo a la restitución o indemnización,  valoraciones  subjetivas  que no hacen parte de los requisitos consagrados en la  ley.   

3.  Si  el  objeto  material  del  delito  desaparece,  se  destruye  o el imputado no está en condiciones de recuperarlo,  la  exigencia  legal  se  cumple  si  paga  su  valor  e  indemniza el perjuicio  causado.   

4.  Si  no  se  logra  el apoderamiento del  objeto   material  –como  ocurre  en la tentativa- o éste es recuperado por las autoridades, la  rebaja opera si el responsable resarce los perjuicios causados  con el hecho punible.   

5.  La  reducción  es  extensiva  a  los  copartícipes,  aunque  no  necesariamente  en  la  misma  proporción dadas las  particularidades  que  se  deben  observar  en el proceso de dosificación de la  pena.   

6.  La estimación de perjuicios hecha por  el  ofendido  sólo  puede  ser  objetada  por los demás sujetos procesales, de  manera  que  si  aquél  no  reclama  por  daño  moral  es porque lo consideró  inexistente.  Sin embargo, aunque el funcionario judicial no puede cuestionar la  pretensión  indemnizatoria,  debe verificar que recoja el querer de la ley para  que  sea  integral  y  se estime de manera razonada, no como consecuencia de una  intervención rutinaria y superficial de la víctima del delito.   

7.  Su  reconocimiento  no  concurre  con  circunstancias   genéricas   de   menor   punibilidad.”   (subraya  fuera  de  texto)   

Entonces,  para establecer si en este preciso  evento  se cumplen los requisitos para su reconocimiento, corresponde en primera  instancia  definir  cuáles son los perjuicios que deben ser cancelados para que  se  entienda  satisfecha  la  obligación  de  reparar  la  totalidad  del daño  causado, que permita el reconocimiento del descuento punitivo.   

En  tal  sentido,  de  conformidad  con  lo  preceptuado  en el artículo  94 de la ley 599 de 2000, la conducta punible  origina   la   obligación  de  reparar  los  perjuicios  materiales  y  morales  ocasionados    con   la   comisión   del   delito34,  de  donde deviene que para  indemnizar  el daño causado, se deben compensar estos dos factores de agravio a  las víctimas.   

Los materiales en tanto afectan el patrimonio  económico    de    la    persona    pueden   ser   de   dos   órdenes:   daño  emergente35       y       lucro       cesante36.  Los  morales por su parte,  se  distinguen  entre:  i)  objetivos  por  afectar  el  patrimonio económico a  consecuencia  del trauma anímico derivado del daño37    y,    ii)   subjetivos,  entendidos  como  “…la  lesión  que  padece  la víctima la cual está concebida como el dolor humano o  sufrimiento  que  ésta  experimenta,  y  que  dada su naturaleza corresponde al  mundo  de  la  sensibilidad  espiritual  y  mantiene  relación  directa  con la  dignidad         del        ser        humano38”   o,   pretium  doloris,  que  por  pertenecer a la esfera síquica del lesionado, solo pueden  ser       tasados       por       el       juez39.   

Como  en este evento las afirmaciones de los  demandantes  están  dirigidas  a  demostrar  que  se  satisfizo  plenamente  la  indemnización  de  perjuicios, que se acreditó con la consignación de la suma  de  $ 565.000, que corresponde a la suma fijada por la víctima el 13 de mayo de  2003, debemos verificar qué sucedió en aquella oportunidad.   

Interrogado     Narváez    Hernández  señaló40:   

PREGUNTADO: Sírvase informar al Despacho o  de  manera  clara  determine los perjuicios materiales y morales causados con la  conducta  punible  que  se  investiga.  CONTESTO:  En  dinero  no  me afecta prácticamente en nada, pero la tranquilidad si me afectó  mucho  y  vale  más  que  el  dinero, incluso casi me tengo que ir de Rionegro,  tanto  mi  familia  como yo. Para mi económicamente lo que representa el dinero  no   es   plata   para   mi,   pero  los  perjuicios  morales  si  me  afectaron  muchísimo,  la  hija  que  se  encontraba embarazada  lloraba  mucho,  eso  fue  horrible.  En  cuanto  al  dinero  lo relaciono de la  siguiente manera:…”   

Desde  esta perspectiva y dada la prevalencia  de  la  voluntad de la persona afectada para establecer la existencia y magnitud  de  los  perjuicios  causados, no es cierta la afirmación de los demandantes en  cuanto   a   que   con   el   pago   de   los   perjuicios  tasados  en  aquella  oportunidad41,  se  haya dado por cumplida la indemnización integral pues los de  naturaleza  moral  subjetiva  aunque no fueron tasados, sí quedaron ampliamente  reconocidos  por  quien  los  sufrió,  lo  que  imponía  a los procesados como  “carga”    el   que  expresaran     su    intención    de    repararlos    integralmente42 para que el  Juez        procediera        a       tasarlos43  antes del proferimiento del  fallo  de  primera  instancia,  obligación que como se anticipó en el apartado  anterior, no era un deber de la Fiscalía.   

La revisión del proceso permite señalar que  previo   al   acogimiento   a   sentencia  anticipada,  los  procesados  ninguna  manifestación  realizaron  en  procura  de  establecer  su cuantía con miras a  lograr  la  reparación  integral  del daño para acceder al descuento punitivo.  Antes  por  el  contrario, lo que se anuncia es su intención fallida de acceder  al   beneficio,  acreditando  tan  sólo  una  reparación  parcial  del  daño,  pretensión que deviene improcedente.   

En  este  punto,  frente  a  la  necesidad de  reparar  la  totalidad  del  daño causado para acceder al descuento punitivo la  Sala    en    anterior   oportunidad   puntualizó44:   

“La exigencia que la norma establece para  la  procedencia  de  la  rebaja  de  la  pena  es  inequívoca:  que  medie  una  reparación  de  orden  económico  equivalente al valor del daño causado, bien  porque  se  restituye  el  objeto  material  del  delito  o  su equivalente y se  resarcen   los  perjuicios  causados,   o  porque  no  siendo  exigible  la  devolución   del   objeto   material,   se   cubren   en  su  integridad  estos  últimos.   

Esta  condicionante se erige en el supuesto  fáctico  de  la  norma,  y  por  tanto,  en  la  exigencia  necesaria  para  el  otorgamiento  de  la rebaja. Sin su concurso, no es posible la aplicación de la  consecuencia   jurídica  (rebaja  de  pena),  pues  el  precepto  no  contempla  alternativas  diferentes,  ni de su contenido resulta factible inferir que pueda  acudirse a compensaciones de naturaleza distinta.    

Consecuente  con  este  entendimiento,  la  Corte,  de  antiguo,  ha  sido  uniforme  en  sostener  que  la  aplicación  de  la rebaja de pena prevista en el artículo 269 de la  Ley  599  de 2000 (antes 374 del Decreto 100 de 1980), impone el cumplimiento de  la  exigencia  de  reparación  económica,  y  que  si este requerimiento no se  satisface,   o   sólo  se  cumple  en  forma  parcial,  la  aplicación  de  la  consecuencia  jurídica  no  tiene cabida.45   …”  (subraya fuera de texto)   

Como  en  este evento resulta evidente que el  resarcimiento  ocurrió  en  forma  parcial,  no es posible acceder al descuento  punitivo por reparación integral.   

Dígase además que, si lo pretendido por los  apoderados  demandantes  es  que  se valore un escrito sin fecha suscrito por la  víctima  y  presentado  con  el  recurso  de apelación en el que certifica que  “fui indemnizado integralmente en mis perjuicios de  todo   orden46”, tal pretensión deviene improcedente  y  atenta contra el principio de preclusión de los actos procesales como que al  juez  le  esta  vedado  una vez finalizadas las oportunidades procesales para la  aducción    de    pruebas,    tener    en    cuenta    aquellas    –que    como    en    el   presente  caso-  fueron  presentadas en forma extemporánea pues  tal  situación  atenta  contra el principio de contradicción la estructura del  proceso  y  el  principio de igualdad que se debe garantizar a todos los sujetos  procesales.   

Acorde con estos parámetros surge razonable  que  el  Tribunal  en  sus  consideraciones  no  hubiese  tenido  en  cuenta tal  documento,  al  no  constituir  medio  de  prueba,  ya  que  no  fue invocado ni  decretado como tal a lo largo del proceso.   

Por   ello  resulta  incompatible  con  el  principio  de  lealtad  que gobierna el proceso penal, que se pretenda a través  de  este  recurso  extraordinario  alegar  el  reconocimiento  de una diminuente  punitiva     con    fundamento    en    una    prueba    allegada    en    forma  extemporánea.   

Por   estas   razones   se   acogen   los  planteamientos  del  Representante  del  Ministerio  Público  para  no casar el  fallo,  tras advertir que el cargo anunciado no se probó y ninguna trasgresión  a derechos fundamentales se acreditó en el presente trámite.   

Este cargo tampoco prospera.  

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero. No casar la  sentencia impugnada por los cargos admitidos.   

Segundo.   Contra    esta    decisión    no    cabe    recurso  alguno.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                           JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO  A.  CASTRO CABALLERO                                 SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO           MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE  LEMOS                     

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                            JULIO            ENRIQUE            SOCHA  SALAMANCA                                              

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1  Ubicada en el municipio de Rionegro, Antioquia.   

2 Folio  16  cuaderno original 1   

3 Folio  343 cuaderno 2.   

4  Folios 350 y 351 cuaderno 2.   

5  Folios 370 a 375 cuaderno 2.   

6  Folio379 a 395 cuaderno 2.   

7     “ARTICULO  331.  APERTURA  DE  INSTRUCCIÓN. Mediante providencia de sustanciación,  el  Fiscal  General  de  la  Nación  o  su  delegado, dispondrá la apertura de  instrucción  indicando  los  fundamentos  de  la  decisión,  las  personas por  vincular y las pruebas a practicar.   

La instrucción tendrá como fin determinar:  (…)  6.  Los  daños  y perjuicios de orden moral y  material que causó la conducta punible…”   

8  Folios 161 y 162   

9 Folio  280 a 289 cuaderno original 2   

10  Folio 493 cuaderno original 2.   

11  Cfr. fl  496 Ibídem.   

12  Folio 501 cuaderno original 2.   

13  Folio 15 cuaderno de la Corte.   

14 En  apoyo  de su postura citó la Sentencia del 27 de abril de 2000, radicado 12029,  línea   jurisprudencial   retomada   en   auto   26199   del   9   de  mayo  de  2007.   

15 Con  el escrito de apelación de la sentencia de primera instancia.   

16 Cfr  entre otras, sentencia del 25 de mayo de 2006, radicado 21213.   

17  Folio  4  cuaderno  de  la  Corte.  En  el auto admisorio de la demanda, la Sala  estimó  que  las  demandas  “reúnen en su aspecto  formal los requisitos legales mínimos   

18  Articulo 250 de la Constitución Nacional.   

19  Vigente al momento de ocurrencia de los hechos.   

20  Sentencia   de   casación   del   11   de   septiembre   de  2003,  radicación  13.221.   

21  Auto 26 de septiembre de 2006, radicado 25741   

22  Sentencias   de  noviembre  23 de 1.998 y septiembre 28 de 2.001 (Radicados  Nos. 9.657 y 16.562, respectivamente).   

23 El  proceso penal no es la excepción.   

24  Atendiendo el principio de legalidad.   

25  Folio 162 cuaderno 1   

26  Folio  206 Idem   

27  Cfr. fl 350 y 351 cuaderno 2   

28  Folio 287 cuaderno 2   

29 Cfr  fl 298 cuaderno 2.   

30  Como mecanismo de reducción de pena.   

31  Regla de interpretación que en caso de duda obliga a  decidir a favor del procesado   

32  Folio 499 del cuaderno 2   

33  Sentencia  del  13  de  febrero  del  2003,  radicado  15.613.   

34  Como fuente primaria de la obligación de indemnizar.   

35 Que  corresponde  a  los desembolsos directos que se hayan causado o que en el futuro  sean  necesarios  con  ocasión  de  los  hechos  de  los  cuales  se  deduce la  responsabilidad   

36  Constituido  por todas las ganancias ciertas que se dejan de percibir por razón  del hecho del que se deduce la responsabilidad.   

37  Dada   su   connotación   objetiva   pueden   ser   tasados   por   un   perito  judicial.   

38  Auto 4 de febrero de 2009, radicado 28085.   

39 Su  valoración  en cada caso concreto dependerá de la afectación que haya sufrido  la víctima.   

40  Cfr. fl 186 y 187 cuaderno 1   

41  Declaración  rendida  el  13  de  mayo  de  2003. En esa oportunidad la victima  valoró  los  perjuicios  materiales  y no acreditó la existencia de perjuicios  morales objetivos.   

42  Nunca  hicieron  tal  solicitud;  ni  siquiera  después de la ampliación de la  denuncia de la víctima.   

43  Previo  al  acogimiento a sentencia anticipada o en la misma solicitud, debieron  manifestar  su  deseo de reparar integralmente los perjuicios causados, para que  los  morales  subjetivos  hubiesen  sido  tasados a fin de que decidieran si los  cancelaban    o   no,   en   procura   de   acceder   a   un   mayor   descuento  punitivo.   

44  Sentencia del 1 de julio de 2009, radicado 30800.   

45  C.S.J.,  Fallos  de  21  de  noviembre  de  1988, 5 de febrero de 1999 (radicado  9833),  13  de  febrero  de 2003 (radicado 15613) y 9 de abril de 2008 (radicado  28161) entre otros.   

46  Folio 415 cuaderno 2.     

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