35477(14-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso n.º 35477  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrados Ponentes  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  419  

         

Bogotá, D. C., catorce (14) de diciembre de  dos mil diez (2010)   

V I S T O S  

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de    casación    interpuesto    por    el    defensor   de   Orlando  Hernando  Pulido  Rojas  contra la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Arauca, el  24  de  junio  de 2010, que modificó la dictada por el Juzgado Único Penal del  Circuito  Especializado  de  Descongestión de la misma ciudad, el 12 de octubre  de  2007,  y lo condenó a las penas principales de 40 años prisión y multa de  7000   salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  lapso  de  20 años, como  coautor  de la conducta punible de concierto para delinquir agravado y autor del  delito de homicidio agravado, en concurso homogéneo y sucesivo.   

H E C H O S  

El   juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Los  sucesos de  que  da  cuenta  esta  actuación,  tuvieron  ocurrencia  en  la  noche del 19 y  amanecer   del   20  de  noviembre  de  1998,  en  el  corregimiento  denominado  ‘La   Cabuya’,    comprensión   territorial   del  Municipio  de  Tame,  Arauca,  cuando  un  grupo de personas irrumpió de manera  intempestiva  y  violenta  en dicho caserío, vistiendo prendas de uso privativo  de  las  Fuerzas  Militares  y portando armas de fuego de corto y largo alcance,  encontrándose    encapuchados   e   identificándose   como   paramilitares   o  ‘macetos’   procedieron  a  dar  muerte  a  los  señores  RITO  ANTONIO  DÍAZ  DUARTE,  EFRAÍN CARVAJAL VALBUENA, SAMUEL SILVA  RODRÍGUEZ,  LEONOR  MERCEDES  CARRILLO  y ALICIA RAMÍREZ MÉNDEZ, esta última  quien se encontraba en estado de embarazo.   

“En la acción violenta los homicidas, sin  la  más  mínima aflicción procedieron a ajusticiar a las víctimas no sólo a  través  de  disparos  sino  que  además  algunos  de ellos fueron ‘decapitados’   con  armas  cortopunzantes,  previo  sometimiento  a  torturas y vejámenes varios, tal como fue acreditado de manera  testimonial   y   en   las   correspondientes  actas  de  levantamiento  de  los  cadáveres…”.   

A C T U A C I Ó N    P R O C  E S A L      

1. Por los anteriores hechos, un Fiscal de la  Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos  y  Derecho Internacional Humanitario de  Bogotá,  mediante  resolución  del 27 de febrero de  2004,  acusó  a Orlando Hernando Pulido Rojas por los delitos de concierto para  delinquir  agravado  (coautor)  y homicidio agravado (determinador), en concurso homogéneo y sucesivo.   

2.   El   expediente   pasó  al  Juzgado  Único   Penal   del   Circuito   Especializado   de  Descongestión  de  Arauca, que, luego de tramitar el  juicio,  el  12  de octubre de 2007, dictó sentencia de primera instancia en la  que  condenó  a  Orlando  Hernando  Pulido Rojas a las  penas  principales de 30 años prisión y multa de 150 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  lapso de 20  años,   como  coautor  de  la  conducta  punible  de  concierto  para  delinquir  agravado  y  determinador  del  delito  de homicidio  agravado, en concurso homogéneo y sucesivo.   

3.  Apelado  el  fallo  por el defensor del  procesado   y   el   apoderado  de  la  parte  civil,  el  Tribunal  Superior  de  Arauca, el 24 de junio de  2010,   al   desatar   el   recurso,   lo   modificó   con  los  resultados  ya  conocidos.   

Contra  la  anterior decisión, el defensor  del procesado interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

El defensor, con base en la causal segunda de  casación  según  la  sistemática  reglada  en  la Ley 600 de 2000, postula un  único  cargo  contra la sentencia del Tribunal, cuyos argumentos se sintetizan,  así:   

Único cargo  

Acusa  que la sentencia de segunda instancia  no  está  en  consonancia  con  los  cargos  formulados  en  la  resolución de  acusación.   

Luego   de   referirse   al  principio  de  congruencia,  manifiesta  que  según los hechos atribuidos en la resolución de  acusación,  el  juzgador  de  segunda instancia condenó a su representado. Sin  embargo,  no  comparte  que  se  hubiese  dictado  sentencia sobre hechos que no  fueron  consignados  en el pliego de cargos, “como es  que  se  le  acusa  por  hechos  de  2004  y  se  condena por hechos de 1998”,  agregándosele   una   circunstancia  de  agravación  punitiva con relación al punible de concierto para delinquir.   

Acota  que el Tribunal al desatar el recurso  de  apelación  interpuesto  contra el fallo de segunda instancia, condenó a su  representado  por hechos ocurridos en 1998 en el caserío La Cabuya comprensión  territorial  de  Tame  (Arauca), por los delitos de concierto delinquir agravado  en  calidad  de  autor  y  por  homicidio  agravado como autor mediato, grado de  participación que tampoco se encontraba imputado en la acusación.   

Después   de  especificar  las  presuntas  incongruencias  en  que  incurrieron los juzgadores de instancia, insiste en que  no  comparte  el  fallo  del  Tribunal, tanto desconoció el debido proceso y el  derecho  de  defensa,  habida  cuenta que al momento de determinar nuevamente la  sanción  tuvieron  a  su  representado,  respecto  al delito de homicidio, como  autor  y  le  dedujeron  una  circunstancia  de agravación punitiva referida al  delito de concierto para delinquir.   

Afirma  que  en  el  diligenciamiento  no se  estableció  hasta  cuando  su representado participó en el delito de concierto  para  delinquir,  situación  que lo lleva a predicar vulneración del principio  de  legalidad  de  la pena, habida cuenta que Pulido Rojas estuvo en la zona del  acontecer  fáctico  entre  el  27  de  octubre  y  el  30 de diciembre de 1998,  realizando   la   operación   Oro  Negro,   que   se   llevó   a   cabo   el   20   de   noviembre  de  esa  anualidad.   

De tal manera que rechaza el cargo atribuido  a su representado por el punible de concierto para delinquir.   

Luego  de  mostrar  inconformidad  frente al  grado   de  participación  del  delito  de  homicidio  y  la  circunstancia  de  agravación  punitiva  atribuida  a  su  representado  en  el  fallo  de segunda  instancia,  dice  que  se le vulneró el derecho de defensa, en la medida en que  no  pudo  controvertir  esa  agravante, yerro que derivó en una pena mayor a la  impuesta en primera instancia.   

Como  normas infringidas cita los artículos  29  de  la  Constitución  Política  y  207  y  398  de  la  Ley  600  de 2000.   

Asevera que el yerro es trascendente, puesto  que  los  cargos  por  los  que se  condenó en segunda instancia no fueron  imputados  en  la  resolución  de  acusación,  para lo cual presenta conceptos  sobre autor mediato e insiste en el yerro imputado al juzgador.   

Por lo anteriormente expuesto, depreca   a  la  Corte casar la sentencia impugnada y, en su lugar, declarar la nulidad de  todo  lo  actuado a partir de la sentencia de primera instancia, a fin de que se  restablezcan los derechos quebrantados a Pulido Rojas.   

   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   Es bien sabido que el recurso de  casación  constituye  el  medio  por  el cual la Sala revisa la legalidad de la  sentencia.  De  ahí  que  el  censor  en el escrito de demanda deba cumplir con  todas  las  formalidades  estatuidas por el artículo 212 de la Ley 600 de 2000,  en  tanto  le  compete  que señale, de manera clara y precisa, la causal con la  cual  pretende  la  infirmación  del  fallo  y  argumentando  cómo el vicio de  derecho   o   de   actividad,   según   el  caso,  condujo  a  resquebrajar  la  sentencia.   

En tales condiciones, el escrito de demanda  no  es  de  libre  confección  sino  que  debe cumplir con dichos presupuestos,  máxime  cuando la Sala, en virtud del principio de limitación, no puede entrar  a complementar al libelista.   

Así,  no  basta con denunciar la existencia  del  vicio  que  se  invoca sino que el demandante debe demostrar cómo el mismo  tiene  la trascendencia suficiente para romper la sentencia de segunda instancia  y,  por  lo  mismo, la Corte intervenir como Tribunal de Casación en procura de  reparar,  entre  otros  fines,  los agravios sufridos a los intervinientes en el  proceso objeto de censura.   

   

En  tales condiciones, cuando el reproche se  postula  bajo  los lineamientos de la causal segunda de casación, el demandante  debe  demostrar  que  efectivamente  la sentencia no está en consonancia con la  resolución  de acusación, en la medida en que en el fallo se incluyeron nuevas  conductas  punibles,  se  atribuyeron circunstancias especificas o genéricas de  agravación   no  imputadas,  se  desconocieron  circunstancias  de  atenuación  punitiva  y/o  cuando  se  modifica  desfavorablemente  las  modalidades  de  la  conducta   punible   (dolosa,   culposa  o  preterintencional)  o  la  forma  de  participación  en  el  delito  (de  cómplice a autor), evento en los cuales se  rompe  la  necesaria  concordancia  que  debe  existir  entre los aludidos actos  procesales,  y  generan  desequilibrio  a  la  defensa,  porque  se  la ubica en  situación   de   enfrentar   cargos   distintos   o  adicionales  que  no  pudo  controvertir.   

3.  Según  el  marco teórico anteriormente  enunciado,  surge  evidente  sostener  que  el  censor   no cumplió con la  anterior  carga, esto es, demostrar que la sentencia no está en consonancia con  el pliego de cargos.   

En  efecto,  la  labor  demostrativa  de  la  censura  el  actor la hizo consistir en denunciar  que los hechos imputados  en  la  sentencia  de  primera  instancia  no  coinciden con los plasmados en la  resolución  de  acusación,  puesto  que  en  la primera pieza procesal se hace  referencia  al  año  2004  y  en  la  otra al año 1998; que el sentenciador de  segunda  instancia varió el grado de participación del acusado de determinador  a  autor  y  que  introdujo una circunstancia especifica de agravación punitiva  para  el  delito  de  concierto  para  delinquir;  empero,  no presentó ningún  argumento  que  evidenciara  que  efectivamente  sus  denuncias  corresponden al  acontecer  procesal  y  que conducen a predicar la inconsonancia de la sentencia  con el pliego de cargos.   

En  efecto,  en lo que atañe al año en que  sucedieron   los   hechos  resulta  incuestionable  que  en  la  resolución  de  acusación  se  plasmó  que  los mismos tuvieron ocurrencia entre el 19 y 20 de  noviembre   “del   presente  año”.  Sin  embargo,  pasa  por  alto  que  la  mentada  afirmación fue el  resultado  de un lapsus calami del funcionario judicial que calificó el mérito  del  sumario,  toda  vez que el núcleo objetivo de la imputación concuerda con  la   investigación   y   con   lo   que   se   consignó   en   los  fallos  de  instancia.   

Esto es, en el caserío denominado La Cabuya  de  la  comprensión  territorial  de  Tame  (Arauca),  en  la noche del 19 y al  amanecer  del  20  de  noviembre  (debe entenderse que se refiere al año 1998),  hombres    armados    ingresaron    y   causaron   la   muerte   de   cinco  personas.   

Por  tanto,  la  mentada  incongruencia  que  denuncia  el  casacionista  resulta  inane,  en la medida en que se trató de un  error   del   funcionario   instructor   al   reseñar  el  año  del  acontecer  fáctico.   

Respecto  a  la circunstancia de agravación  punitiva  deducida  por  el  sentenciador de segundo grado en torno al delito de  concierto  para  delinquir,  la  misma sí fue atribuida en el pliego de cargos,  tal  como  se  advierte  a  los  folios 17 y 18 del calificatorio, puesto que se  dedujo  que  en  el acusado se estructuraba en tanto fue cometida por un miembro  activo  de  las  Fuerza Militares. De ahí que se le hubiese imputado la mentada  circunstancia  de  agravación punitiva inicialmente reglada en el artículo 4°  del Decreto 1194 de 1989.   

Y, por último, en  lo   que   atañe  a  la  variación    de    la    participación    del    acusado   con   relación  al  delito  de  homicidio   agravado,   esto   es,   de  determinador   a   autor,   vale   destacar   que   la  Sala1  tiene  precisado  que  las  variaciones en el fallo referidas a la  forma  de  participación  respecto  de  la  modalidad  deducida  en  el  pliego  acusatorio,  en  cuanto  no  comporten agravación punitiva, como ocurre con los  grados  de  coautoría  y determinación, no configuran  desconocimiento de  la  consonancia  o armonía que debe existir entre las dos providencias, siempre  y  cuando,  claro  está,  tales modificaciones respeten el marco fáctico de la  acusación.   

          Lo  anterior se explica porque “la ley no  exige  total  identidad  o armonía perfecta entre la acusación y la sentencia;  lo  constituido  es  una  garantía  de que el proceso gravite en torno a un eje  conceptual,  fáctico  u  jurídico,  circunscrito a unos límites dentro de los  cuales  puede desenvolverse, que le permiten incluso cambiar el delito en cuanto  su  especie,  siempre  que  no  desborde  el  marco  fáctico  señalado  en  la  providencia  calificatoria  ni agrave la situación del sindicado”2.   

          En  el  supuesto que ocupa la atención de la Sala fácil se observa  que  el  sentenciador de segundo grado al cambiar el grado de participación del  procesado  Pulido  Rojas  de determinador  a  autor,  no  introdujo  hechos  o  varió  los  declarados en la resolución acusatoria, como  para  de ahí colegir, como lo hace erróneamente el libelista, quebranto alguno  al derecho de defensa por sorprender con esa modificación.   

         

          El  Tribunal,  en  este  caso,  simplemente  efectuó una precisión  conceptual  a  partir  de  la misma realidad fáctica consignada en el proveído  acusatorio,  según  la cual, la conducta del acusado se enmarca en la autoría,  puesto  que  “el plexo probatorio enseña que hubo un  concreto  previo  y  concurrente  para contribuir a la comisión del delito y un  dominio  funcional del hecho, como lo evidencia la reconstrucción de los hechos  que  ofrecen  los  medios  probatorios  que dan cuenta de la preparación de los  hechos  delictivos,  su  coparticipación en los mismos, el aporte que haría la  empresa  común  y  la división del trabajo en orden a lograr el fin propuesto,  que  permite  concluir  sin duda alguna que hubo coautoría criminal merced a la  cual  deben  responder penalmente por la totalidad de los delitos ejecutados por  ellos  en  desarrollo  de  la  mancomunidad.  Por  ello,  para  la Sala aparecen  acertadas  las  razonables  inferencias  del a quo en virtud de las cuales   debió  acusarse  a  Orlando  Hernando  Pulido  Rojas a título de autor y no de  determinador”.   

         La   Corte,  recientemente,  siguiendo  la  línea  jurisprudencial  esbozada,  razonó  de  igual  forma  frente a la misma problemática, aunque en  relación  con  las  figuras de autoría mediata y coautoría, lo cual no afecta  la solución del asunto, acotando que:   

“En  lo  que corresponde al caso concreto,  debe  advertirse  que  los  fenómenos de la autoría mediata y el determinador,  como  modalidades  de  conductas  concurrentes  en  la  realización del delito,  están  ubicados  en artículos separados de la Ley 599 de 2000, lo cual obedece  a   una   sistemática   que   explica   exigencias   de   forma,   sin  que  la  variación  de  imputación  entre ellas como para el  evento  ocurrido  sea  constitutivo de incongruencia ni de violación al derecho  de      defensa”3          (subraya fuera de texto).   

En   tales   condiciones,   el  cargo  objeto de estudio, sin lugar a dudas, evidencia defectos  de  argumentación,  en  tanto la propuesta, acorde con el criterio reiterado de  la   Sala,   carece   de  trascendencia, lo cual impone su inadmisión.   

CASACIÓN   OFICIOSA   

La  Sala  observa  que  en  este  asunto  se  vulneró  el  principio  de  legalidad  de  la  pena con relación a la sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  o  funciones  públicas  por cuanto fue determinada  en  20  años, quantum que  no    se    compadece   con   el   que   regía   al   momento   del   acontecer  fáctico.   

Si  bien  es  cierto  que  los juzgadores de  instancia  respetaron  el  principio  de favorabilidad para determinar las penas  principales  por  las  cuales  fue condenado Pulido Rojas, también lo es que no  ocurrió  lo  mismo  con  la  accesoria, en la medida en que el artículo 44 del  Decreto   100   de   1980   la   contemplaba  por  un  término  máximo  de  10  años.   

Empero, en este caso se condenó al acusado,  conforme  a  lo  reglado  en  el  artículo  51 de la Ley 599 de 2000, cuando en  virtud  del  principio  de favorabilidad se debió regir por el citado artículo  44 del Decreto 100.   

En  tales  condiciones,  la  Sala  casará  parcialmente  y  de  oficio  la  sentencia,  según   lo  preceptuado en el  artículo  216  de  la  Ley  600 de 2000, y por tanto, condenará a Orlando   Hernando   Pulido   Rojas  a  la  sanción  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas por el  lapso  de  10  años.  En  lo  demás,  el fallo no sufre ninguna modificación.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a nombre de Orlando  Hernando   Pulido   Rojas,  por  lo  expuesto  en  las  consideraciones   de   este   proveído.     

2.   CASAR   PARCIALMENTE   y DE OFICIO el  fallo    impugnado.   En   consecuencia,              se  condena  a  Orlando Hernando Pulido Rojas  a  la  pena  accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por el  lapso de 10 años.    

En  lo  demás  el  fallo  no sufre ninguna  modificación.   

3.  Contra esta decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

MARIA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                        AUGUSTO  J. IBAÑEZ GUZMÁN            

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1 Ente  otras,  sentencia  del   22 de junio de 2006, rad. 24824 y sentencia del 15  de junio de 2000, rad. 12372.   

2  Sentencia  del   22  de  junio  de  2006,  rad.  24824   

3  Sentencia del  13 de abril de 2009, rad. 30125.      

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *