34964(17-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34964  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 371  

Bogotá, D. C., diecisiete (17) de noviembre  de dos mil diez (2010)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el apoderado de las víctimas contra la  sentencia  dictada  por el Tribunal Superior de Santa Marta, el 24 de febrero de  2010,  mediante  la  cual  confirmó la proferida por el Juzgado Promiscuo   del  Circuito  de  Plato,  el  15  de  diciembre de 2009, que absolvió a Wilmar  Rafael  Díaz  Lora  de  las  conductas  punibles  de  homicidio y fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego o municiones.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el Tribunal de la  siguiente manera:   

“…   tuvieron   ocurrencia  el  23  de  septiembre  de 2009 en horas de la noche, en la residencia ubicada en la carrera  8  No  7  –  123  del  barrio  Alto  Prado o instituto del Municipio de Tenerife  (Magdalena)  donde  fue  ultimado el señor Oswaldo Rafael Ospino Saumeth por un  desconocido  que  se  traspasó  la  paredilla  de su casa, disparándole en dos  ocasiones, ocasionándole la muerte”.   

             

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los anteriores hechos, la fiscalía  presentó  escrito  de  acusación en contra de Wilmar Rafael Díaz Lora por las  conductas  punibles  de  homicidio  y fabricación, tráfico y porte de armas de  fuego o municiones.   

2.  Celebradas  las  audiencias    preparatoria    y    del   juicio  oral,       el       Juzgado       Promiscuo  del Circuito con funciones de  conocimiento        de        Plato       (Magdalena),  el  15  de  diciembre      de  2009,  dictó sentencia de  primera  instancia  en  la  que  absolvió  a Wilmar Rafael Díaz Lora de los cargos  formulados en la acusación.   

3.  Apelado  el  fallo  por  la  fiscalía  y  el representante de las  víctimas,  el  Tribunal  Superior  de  Santa    Marta,    el    24         de         febrero   de  2010,   al   desatar  el  recurso, lo confirmó.   

Contra   la   anterior   decisión,   el  representante de las víctimas presentó demanda de casación.   

S  Í  N  T  E S I S    D E  L    L I B E L O   

El  apoderado de las víctimas, al amparo de  las   causales   segunda   y   tercera   de   casación,  presenta  dos  cargos,  así:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber dictado sentencia  en un juicio viciado de nulidad.   

Luego  de  referirse  al  instituto  de  los  impedimentos  y  recusaciones,  manifiesta  que  se  conserva  el  principio  de  imparcialidad  cuando  el  servidor  público ha  tenido conocimiento de un  asunto  litigioso  y  así  lo  declara;  de ahí la existencia de la causal 6°  reglada   en   el   artículo   56   del   Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004.   

    

Advierte que el funcionario que conoció por  vía  de  apelación  de la medida de aseguramiento fue el Juzgado Promiscuo del  Circuito  de  Plato,  quien le impartió confirmación a la dictada por el   juez de control de garantías.   

Considera  que  bajo  esa  apreciación  el  mentado  juez  promiscuo  del  circuito  ya  había prejuzgado al resolver dicho  recurso  de  apelación,  situación que ulteriormente le sirvió para dictar el  correspondiente   fallo   de  mérito  de  carácter  absolutorio  a  favor  del  acusado.   

Comenta  que la intervención del juez no se  debió  a situaciones accidentales, motivo por el cual concluye que el juicio no  se adelantó con la debida imparcialidad.   

De tal manera, asevera que dicho funcionario  debió  apartase  de  tramitar  el  juicio  por  haber  conocido  del recurso de  apelación anteriormente citado.   

Segundo cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  indirecta,  la  ley  sustancial,  toda vez que hay una manifiesta contradicción  entre  lo  dicho  por  el  Tribunal  y  lo  reglado en la ley con relación a la  individualización  de  la  persona, puesto que la testigo Leticia Jiménez Vega  identificó al acusado como el autor del hecho.   

Después  de  referirse a la identificación  del  acusado  apoyado en las correspondientes normas legales y en jurisprudencia  de   la   Corte,  dice  que  el  señalamiento  incriminatorio  no  depende  del  reconocimiento  que  por  medio de fotografías, videos o en fila de personas se  hubiere adelantado previamente.   

Aduce que el reconocimiento que se realiza en  el  juicio  resulta  valido como parte del interrogatorio directo adelantado por  la  fiscalía,  toda  vez  que comporta “una pregunta  destinada  a  la  verificación de las proposiciones fácticas de su teoría del  caso  a  través de la solidez y credibilidad de testigo al que se le interrogue  sobre el particular…”.   

Reconoce que si bien el acusado tiene derecho  a  asistir  a  las  audiencias,  de todos modos el mismo no es absoluto, máxime  cuando  en  este  asunto  por  pasividad  del juez de primera instancia y con la  anuencia  del Tribunal permitieron que Daza Lora no se presentara a la audiencia  del  juicio  oral  porque  sabían  que  iba  a  ser objeto de observación y de  señalamiento por la testigo.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar la  sentencia   impugnada   y,  por  lo  mismo,  dictar  el  fallo  que  en  derecho  corresponda.   

   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   En el sistema procesal de 2004, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal,  lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el        recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que  por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  que  no  demostró la existencia del vicio y, menos, los conectó con  los  fines  que informan la casación de acuerdo con el sistema consagrado en la  Ley 906 de 2004.   

En primer lugar, surge oportuno recordar que  este  recurso  fue  estatuido  para  denunciar  vicios de derecho o de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso.  De ahí que le compete al casacionista que postule el yerro a través  de  las  causales de casación contempladas para el efecto, demostrando cómo el  mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento,  con  el objeto de cumplir con los fines estatuidos en el artículo 180 de la Ley  906 de 2004.   

Vale  recalcar  que  la  casación  no es el  escenario  natural   para  increpar el grado de estimación probatoria sino  para  denunciar  los  anteriores  vicios,  en  la  medida en que se trata de una  impugnación   de   carácter   rogada,   correspondiéndole   al  libelista  la  postulación  del  vicio  y  la  demostración  del  mismo frente a las plurales  conclusiones adoptadas en el fallo.   

En lo relativo a los presupuestos de lógica  y  debida  fundamentación  de la nulidad la Sala ha puntualizado que si bien la  acreditación   de   esta   causal   de  casación  es  menos  exigente  que  la  demostración  de  las otras, lo cierto es que impone al demandante proceder con  precisión,   claridad  y  nitidez  a  identificar  la  clase  de  irregularidad  sustancial  que  determina la invalidación, plantear sus fundamentos fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y expresar la razón de su  quebranto,  especificar el límite de la actuación a partir del cual se produjo  el  vicio,  así como la cobertura de la nulidad, demostrar que procesalmente no  existe  manera diversa de restablecer el derecho afectado y, lo más importante,  evidenciar  que  la  anomalía denunciada tuvo injerencia perjudicial y decisiva  en  la  declaración  de  justicia contenida en el fallo impugnado (principio de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede fundarse en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones ausentes de quebranto.   

De  otro  lado,  los errores en la actividad  probatoria  pueden  tener  como  génesis  yerros  de  hecho  o  de derecho. Los  primeros,  relacionados  con  la  contemplación  o  apreciación  del  medio de  prueba,  en tanto que se excluye un medio de convicción allegado validamente al  juicio  oral  o,  se supone otro que no desfiló en el debate, que se tergiversa  su  contenido material haciéndose derivar una verdad que no emerge del mismo o,  cuando  se  aprecia  en  abierta contrariedad con las reglas que rigen a la sana  crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce el rito establecido en la ley que condiciona su validez, y  cuando  el  juzgador  al  valorar  la  probanza  se aparta de la tarifa legal de  pruebas o se inventa una que no regula la ley.   

Así mismo, en el punto de la postulación de  la  censura  el  actor  debe  enseñar  a la Corte la clase del error y el falso  juicio  que  lo  determinó.  De  igual  manera, respecto a la trascendencia del  vicio,  debe  evidenciar cómo los medios de prueba de haber sido incorporados y  valorados  correctamente,  necesariamente  el fallo habría sido favorable a los  intereses que representa.   

Y, por último, también debía indicar a la  Corte  cómo  el  mentado vicio incidió en la aplicación del derecho, esto es,  que  se  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto   o,  que  se  excluyó  otra que sí resolvía todos los extremos de la relación  jurídico-procesal.   

En   lo   que   atañe   al   primer  cargo que el libelista postula por  la  vía  de  la  causal  segunda  de  casación por una presunta violación del  debido  proceso,  por  cuanto  el  juez  de  primera  instancia  había conocido  previamente  del  recurso  apelación  interpuesto contra la providencia dictada  por  el  juez  de  control  de  garantías  mediante la cual se impuso medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva en contra del acusado, el libelista lo  dejó  a  mitad  de  camino,  en  la  medida  en  que no demostró que el citado  funcionario   judicial   al   desatar   dicha   impugnación   comprometió   su  imparcialidad y perturbo su objetividad para resolver el litigio.   

Como  lo  ha  dicho  la jurisprudencia de la  Corte,  los  motivos  de  exclusión de funcionarios judiciales del conocimiento  del  asunto,  como figuras jurídicas instituidas para garantizar la objetividad  e  independencia  en la función de administrar justicia, de manera reiterada ha  precisado  que  no  genera  nulidad  cuando un funcionario obligado a declararse  impedido  no  lo  hace   dado  que  los  intervinientes  pueden  acudir  al  instituto  de  la  recusación,  amén  de  mediar otros mecanismos de carácter  disciplinario            y           penal2.   

Como   el  apoderado  de  la  víctima  no  evidenció   que  el  desafuero  procesal  denunciado  produjo  unos  resultados  adversos  y  lesivos  a  los  intereses  y  derechos  del  incriminado, falencia  argumentativa  que  la  Corte  no  puede  enmendar,  en  virtud  al principio de  limitación, la censura no será admitida.   

Respecto al segundo  cargo  que  el libelista plantea por la causal tercera  de  casación,  esto  es,  por  el sendero de la infracción indirecta de la ley  sustancial,   varios   reparos   de   lógica   y  debida  fundamentacion  deben  hacerse:   

En primer término, no señaló cuál fue la  clase  de  error  que  cometió el sentenciador en el acto de apreciación de la  prueba, así como tampoco el falso juicio que lo determinó.   

Del  mismo  modo,  de  las  argumentaciones  expuestas  no  se  puede  inferir  el  anterior  presupuesto   y  menos  la  existencia  de  un  vicio  que  lleve  a  la  Sala a intervenir como Tribunal de  casación.   

De otro lado, se colige que la inconformidad  del  demandante  radica  en el mérito dado a la testigo de cargo, circunstancia  esta  que,  como  se sabe, no constituye vicio para ser postulado en esta sede a  menos  que  se  concluya  la  violación  de  las  leyes  que informan a la sana  crítica,              evento              que              aquí             no  ocurrió.          

En  el supuesto que ocupa la atención de la  Sala  resulta  claro  que  el  cargo  se  fundamenta  con  el fin de cuestionar,  contrario  a  lo  señalado  por  las  instancias,  que  el  acusado no pudo ser  identificado  por  la  testigo  de cargo por cuanto no compareció al acto de la  audiencia pública.   

Empero,  de ese supuesto no se puede colegir  que  los  falladores de instancia hubiesen incurrido en un error de apreciación  probatoria,  máxime cuando el propio libelista señala que comparecer o no a la  audiencia constituye un acto discrecional del acusado.   

Así, como está planteada la censura, surge  oportuno  reiterar  que  la  simple  discrepancia  de  criterios  no  constituye  argumento  suficiente  para acudir a esta sede, habida cuenta que, como se sabe,  la  sentencia  arriba  a la Corte amparada por la doble presunción de acierto y  legalidad,  presunción de hecho que sólo se derrumba a través de las causales  de  casación  y  demostrando  la trascendencia del vicio respecto a la plurales  decisiones  adoptadas  en  el  fallo,  evento que aquí no ocurrió.     

De  tal manera, los cargos formulados contra  la  sentencia  no  reúnen  los  requisitos de lógica y debida fundamentación,  como se anunció, motivo por el cual se inadmitirá la demanda.   

Resta  señalar  que  no   se    observa   que   con   ocasión   del   fallo  impugnado  o  dentro  de la actuación se violaron los derechos o las garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia  imponga   superar    los    defectos    del   libelo   para   decidir   de  fondo,   según   lo   dispone   el   inciso   3°   del   artículo   184  de  la   Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre del apoderado de la  víctima procede el mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 186 de la Ley  906  de  2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el trámite  a  seguir  para  que  se  aplique  el  referido  instituto  procesal, la Sala ha  definido  las  reglas  que  habrán de seguirse para su aplicación,3    como  sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda de casación presentada por el apoderado de  la víctima.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

COMISIÓN DE SERVICIO  

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

                                           PERMISO   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                PERMISO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                        AUGUSTO  J. IBAÑEZ GUZMÁN            

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Casación  del 9 de marzo de 2010. Radicado 28545.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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