34970(06-10-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  34970   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta Nº 321  

Bogotá D. C., seis (6) de octubre de dos mil  diez (2010).   

VISTOS  

Sería  el  caso  que la Sala se pronunciara  acerca  de  los  requisitos de adecuada fundamentación del recurso de casación  que    por    vía   excepcional   interpuso   el   defensor   de   FRANCISCO  JAVIER  MURCIA  POLO,  LUIS  ALFONSO  ARBOLEDA  ALBORNOZ,  CARLOS    FERNANDO    SOLANILLA    PUENTES    y    EMILIANO    ALFONSO    CASTRO  HERNÁNDEZ,  de  no  ser  porque  luego  del  fallo de  segundo  grado  se  configuró  el  fenómeno  de la prescripción de la acción  penal,  derivada de la conducta punible de contaminación ambiental en modalidad  culposa por la que fueron condenados en segunda instancia.   

ANTECEDENTES  

1. Según se extrae  de  la  actuación,  en  el  departamento  del  Valle  del  Cauca,  FRANCISCO  JAVIER  MURCIA  POLO,  LUIS  ALFONSO  ARBOLEDA  ALBORNOZ,  CARLOS    FERNANDO    SOLANILLA    PUENTES    y    EMILIANO    ALFONSO    CASTRO  HERNÁNDEZ,    trabajadores   de   la   Empresa    de    Energía    Eléctrica    del    Pacífico    S.A.  E.S.P.1,  a  partir del 23 de julio de  2001  iniciaron  labores  de  mantenimiento  en  las  instalaciones  del embalse  denominado      “Bajo     Anchicayá”,  para  lo  cual  arrojaron al cause del río que lleva el mismo  nombre,  aproximadamente,  quinientos  mil  metros  cúbicos  de sedimentos, sin  consultar  con  la  autoridad ambiental las respectivas obras ni adoptar un plan  para  regular  y  mitigar  el  impacto  sobre  ese  recurso natural, acción que  ocasionó  la  contaminación de las aguas de aquél afluente por alteración de  sus  calidades  físicas,  químicas  y  biológicas,  repercutiendo ello en sus  recursos  fáunicos  y forestales así como en la utilización del líquido para  el  consumo  humano  de  las  comunidades ribereñas2.   

2.   Por   los  anteriores   hechos   el   11   de   abril  de  2002  se  abrió  la  respectiva  investigación,  a  la  que  fueron vinculados mediante indagatoria MURCIA   POLO,   ARBOLEDA   ALBORNOZ,  SOLANILLA  PUENTES  y  CASTRO  HERNÁNDEZ3,  y  el  21  de mayo de 2004 se calificó el mérito probatorio del  sumario  con resolución de acusación contra los citados, en calidad de autores  de  la  conducta  punible  de  contaminación ambiental, agravada y en modalidad  culposa,  de  conformidad  con los artículos 247 y 247-A del Decreto Ley 100 de  1980,  modificado  y  adicionado  por  la  Ley  491  de 1999, determinación que  adquirió  firmeza  material  el  24 de enero de 2005,  con  el  pronunciamiento  de  la  Unidad de Fiscalías  Delegadas  ante  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Cali que, al  desatar  la  apelación de uno de los defensores, confirmó en todo el pliego de  cargos4.   

3. El 11 de febrero  de  2005  asumió  el  conocimiento  de  la  causa  el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de  Buenaventura, cuyo titular profirió sentencia absolutoria a favor  de  los  acusados el 11 de octubre 2007, proveídodecisión que con ocasión del  recurso  de apelación formulado por el apoderado de la Parte Civil fue anuladoa  por  el  Tribunal  Superior de Distrito Judicial de Buga el 27 de abril de 2009,  motivo  por  el  que  una vez repuesta la actuación invalidada, el 11 de agosto  del  año últimamente citado, el a-quo nuevamente emitió sentencia en el mismo  sentido  de  la anterior, la cual igualmente fue impugnada por el aludido sujeto  procesal5.   

4.  La  actuación  llegó  al  Tribunal  Superior  de Distrito Judicial de Buga el 27 de octubre de  2009,  y  la  alzada  fue resuelta el 11 de noviembre siguiente en el sentido de  revocar  el  fallo apelado y en su lugar condenar a los procesados, como autores  responsables  del  delito  de  contaminación  ambiental  en  modalidad  culposa  (sin   el   agravante   deducido   en  el  pliego  de  cargos),  a  las  penas principales de un (1)  año  de prisión y multa en cuantía  de   setenta  y  cinco  (75)  salarios  mínimos  mensuales  legales vigentes, y a la accesoria de inhabilidad  para el ejercicio de derechos y funciones públicas.   

Contra  la referida decisión el defensor de  los  enjuiciados  interpuso  el  recurso  de  casación  por  vía discrecional,  trámite  en  cuya virtud, a raíz del cambio del profesional que representaba a  éstos,   una   vez   concedida   próorroga  para  sustentar  el  mecanismo  de  impugnación    y    surtidos    los    traslados    de   treinta   (30)  días  hábiles  por cada uno de los  acusados,   el   expediente   arribó  a  esta  Sala  el  10  de  septiembre  de  20106.   

CONSIDERACIONES  

1.  Acerca  del  fenómeno  jurídico de la prescripción de la acción penal, tiene precisado la  jurisprudencia de la Corte que:   

“La prescripción  desde  la  perspectiva  de  la  casación,  puede  producirse:  a)  antes  de la  sentencia  de  segunda  instancia;  b)  como  consecuencia  de  alguna decisión  adoptada  en  ella con repercusión en la punibilidad; o, c) con posterioridad a  la   misma,  vale  decir,  entre  el  día  de  su  proferimiento  y  el  de  su  ejecutoria.   

“Si  en las dos  primeras  hipótesis  se  dicta  el fallo, su ilegalidad es demandable a través  del  recurso de casación, porque el mismo no se podía dictar en consideración  a  la pérdida de la potestad punitiva del Estado originada en el transcurso del  tiempo.   

“Frente  a  la  tercera  hipótesis  la  solución  es diferente. En tal evento la acción penal  estaba  vigente  al  momento de producirse el fallo y su legalidad en esa medida  resulta  indiscutible  a  través  de la casación, porque la misma se encuentra  instituida  para  juzgar  la  corrección  de  la  sentencia  y  eso  no incluye  eventualidades  posteriores,  como  la  prescripción de la acción penal dentro  del término de ejecutoria.   

“Cuando  así  sucede,  es deber del funcionario judicial de segunda instancia o de la Corte si  el  fenómeno  se  produce  en  el  trámite  del recurso de casación, declarar  extinguida  la  acción  en  el  momento  en  el  cual  se  cumpla  el  término  prescriptivo,  de  oficio  o  a  petición  de  parte. Pero si no se advierte la  circunstancia  y  la  sentencia alcanza la categoría de cosa juzgada, la única  forma  de  remover  sus  efectos  e invalidarla es acudiendo a la segunda de las  causales    que   hacen   procedente   la   acción   de   revisión”    7.   

En el asunto examinado, tras la revisión del  proceso,  se advierte que se ha configurado la prescripción de la acción penal  en  relación  con  el  delito  objeto  de acusación y juzgamiento, luego de la  sentencia  de  segunda  instancia, durante el período en el que se cumplía con  el  traslado  al  defensor  para sustentar el recurso de casación discrecional,  motivo  por  el  que  a  la  Corte  le  corresponde,  con  sujeción a la citada  jurisprudencia,  adoptar  la  decisión  con  base  en las siguientes siguientes  precisiones:.   

2. El artículo 83  de  de  la  Ley  599  de  2000  prevé  que  la  acción  penal  se extingue por  prescripción  en  un  tiempo  de  cinco  años, para los delitos reprimidos con  sanción  no  privativa de la libertad, y en un plazo igual al máximo fijado en  la  ley  para  ésta  en las correspondientes hipótesis típicas, atendidas las  circunstancias  objetivas  de  modificación de sus extremos, sin que en ningún  caso  ese  lapso  pueda  ser  inferior  a  cinco  años,  ni  exceder  de veinte  (en  similares términos lo consagraba el artículo 80  del  Decreto  Lley  100 de 1980), salvo que se trate de  las  conductas  punibles  de  desaparición  forzada,  tortura  y desplazamiento  forzado,   eventos   en   los   que   el   término   máximo   es   de  treinta  años.   

El comentado precepto ordena incrementar los  referidos  plazos  en  una tercera parte, si el comportamiento delictivo ha sido  realizado  por un servidor público en ejercicio de sus funciones o con ocasión  de  ellas,  y  en  la  mitad,  cuando  el hecho se ha iniciado o consumado en el  exterior  (también  así lo disponían los artículos  81  y  82  del  Decreto  Ley  100 de 1980), sin que, de  todas  formas,  pueda excederse los límites máximos de veinte o treinta años,  respectivamente.   

Según el artículo 84 de la Ley 599 de 2000,  el  término de prescripción empieza a contarse para los delitos instantáneos,  desde  el  día  de  su  consumación,  en  los tentados o permanentes, desde la  perpetración  del  último acto, y respecto de las conductas punibles omisivas,  a  partir  de cuando cesa el deber jurídico de actuar. A su turno, el artículo  86  ibídem,  señala que ese cómputo se interrumpe durante la fase instructiva  por  la  resolución de acusación, o su equivalente8,  debidamente  ejecutoriada, y  comienza  a correr de nuevo por un período igual a la mitad del señalado en la  norma  inicialmente  invocada,  pero  en ningún caso puede ser inferior a cinco  años,       ni       superior      a      diez9          (reglas  semejantes  estaban  consagrandas en los artículos 83 y 84  del Decreto Ley 100 de 1980).   

3.  De conformidad  con  la  resolución de acusación y al considerar el instructor que la conducta  punible   se   había  consumado  antes  de  entrar  en  vigor  la  Ley  599  de  200010  (que  lo  fue  desde  el  24 de julio de  2001),  a los aquí procesados se les fue atribuyóido  el  delito  de contaminación ambiental descrito en el artículo 247 del Decreto  Ley  100  de  1980,  modificado por la Ley 491 de 1999, artículo 24, sancionado  con  pena de prisión máxima de ocho (8) años, líimite que debe incrementarse  en  una  tercera  parte  de acuerdo con el inciso segundo del mismo precepto, ya  que   igualles  se  fue  imputó  deducida  a  aquéellos  la  circunstancia  de  agravación  consistente  en alterar de modo peligroso aguas destinadas al uso o  consumo  humano,  luego  dicho  margenlimite,  en  principio,  quedaría en diez  (10)    años   y   ocho  (8) meses.   

No  obstante,  impera aclarar que la aludida  causal  objetiva de intensificación punitiva desapareció al entrar en vigor la  Ley  599  de  2000,  como  sin  dificultad  se  desprende  de la correspondiente  hipótesis delictiva consagrada en su artículo 332:   

“El  que,  con  incumplimiento  de la normatividad existente, contamine el aire, la atmósfera o  demás  componentes  del  espacio  aéreo,  el  suelo,  el subsuelo, las aguas o  demás  recursos  naturales en forma tal que ponga en peligro la salud humana, o  los   recursos   fáunicos,   forestales,   florísticos,   o   hidrobiológicos  incurrirá,  sin perjuicio de las sanciones administrativas a que hubiere lugar,  en  prisión  de  tres  (3) a seis (6) años y multa de cien (100) a veinticinco  mil (25.000) salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

”La  pena  se  aumentará  de  una  tercera  parte a la mitad cuando la conducta se realice con  fines  terroristas,  sin  que  la  multa  supere  el equivalente a cincuenta mil  salarios       mínimos       legales       mensuales       vigentes”11.   

De la confrontación de las dos normas surge  evidente  la  revocatoria  de  la  circunstancia  de  agravación deducida en el  pliego  de cargos y la modificación del límite máximo de la pena privativa de  la   libertad   (fijado   ahora   en  seis  años  de  prisión),  cambios legislativos que en aplicación de  la  garantía  fundamental  de  favorabilidad  deben  ser tenidos en cuenta para  efectos  de  contabilizar el términos de decadencia prescripción de la acción  penal12.   

4.  Resumiendo  lo  hasta  ahora  considerado,  el  delito  de  contaminación  ambiental por el que  fueron   juzgados  los  aquí  procesados,  para  efectos  del  cómputo  de  la  prescripción,  tiene  prevista una pena máxima de seis (6) años, y como dicha  conducta  punible  fue atribuida en modalidad culposa, según lo dispuesto en el  artículo  247-A introducido por la Ley 491 de 1999, ese límite puede reducirse  “hasta       en      la      mitad”    13         (como  igualmente  lo  prevé  el  artículo  339  de  la Ley 599 de  2000);   es   decir,  que  durante  la  etapa  de  la  instrucción  el  lapso prescriptivo no podía ser superior a cinco (5)  años  y trescientos sesenta y cuatro  (364) días.   

Como  en este caso se trata de establecer la  configuración  de  dicho fenómeno el término de la prescripción, a partir de  la  ejecutoria de la resolución de acusación, de conformidad con los preceptos  mencionados   al   principio   (Supra  2),  dicho lapso se reduce a la mitad, sin embargo, durante el juicio,  por  mandato  legal,  durante  el  juicio  el  plazo  para su estructuración la  prescripción  de  ninguna  manera puede ser inferior a  cinco  (5) años.   

Importante  resulta  dejar  en claro que los  acusados   no   ostentaban   para   el   momento   de   ejecutar   las  acciones  reprochadas    la   condición   de   servidores  públicos,  en  los términos amplios que el artículo  20  de  la  Ley  599  de  2000  concibe  a aquella categoría para efectos de la  aplicación de sus mandatos.   

Obsérvese,   en   primer  lugar,  que  la  Empresa  de  Energía  Eléctrica  del Pacífico S.A.  E.S.P.,  de  la  cual  es  accionista  la Corporación  Autónoma  Regional  del Valle del Cauca (circunstancia  que  llevó  a  ésta  entidad  pública a declararse impedida para adelantar la  investigación            administrativa)14,  es  una   entidad  privada  y no Estatal, pues aun  cuando   de   ésta  es  accionista  la  Corporación  Autónoma  Regional  del  Valle  del Cauca (circunstancia  que  llevó a tal institución pública a declararse  impedida    para   adelantar   la   investigación   administrativa)15,    su  participación  es  minoritaria,  conforme así se desprende de los certificados  de  existencia  y  representación  de  aquella  en  los que se puntualiza dicha  calidad    de   la   aludida   persona   jurídica16,    conclusión   que   se  robustece  con  fundamento en lo dispuesto en la Ley 142 de 1994, la cual regula  la  prestación  de  servicios públicos domiciliarios, y en su artículo 14, al  consagrar  varias  definiciones  para  interpretar y aplicar ese régimen, entre  otras, señala las siguientes:   

“14.5. EMPRESAS  DE  SERVICIOS  PÚBLICOS  OFICIALES.  Es aquella en cuyo capital la Nación, las  entidades  territoriales,  o  las  entidades descentralizadas de aquella o estas  tienen el 100% de los aportes.   

”14.6. EMPRESA  DE  SERVICIOS  PÚBLICOS  MIXTA.  Es  aquella  en  cuyo  capital la Nación, las  entidades  territoriales,  o  las  entidades descentralizadas de aquella o estas  tienen     aportes     iguales    o    superiores al 50%.   

”14.7. EMPRESA  DE   SERVICIOS   PÚBLICOS   PRIVADA.   Es   aquella   cuyo   capital  pertenece  mayoritariamente   a   particulares,   o   a  entidades  surgidas  de  convenios  internacionales  que  deseen  someterse  íntegramente  para estos efectos a las  reglas     a     las     que    se    someten    los    particulares”.   

,  

En   segundo   término,   aun  cuando  la  Empresa  de  Energía  Eléctrica  del Pacífico S.A.  E.S.P.,  en su objeto social contempla “LA  GENERACIÓN, TRANSMISIÓN, DISTRIBUCIÓN Y COMERCIALIZACIÓN DE  ENERGÍA,   SU   ADMINISTRACIÓN   MANEJO   Y  APROVECHAMIENTO  CONFORME  A  LAS  REGULACIONES,  PAUTAS  Y  DIRECTRICES  EXPEDIDAS  POR  EL  MINISTERIO DE MINAS Y  ENERGÍA,    CUMPLIENDO    SIEMPRE    CON    LA    FUNCIÓN   SOCIAL”17,    ello,    per   se,  no  le  da  el  carácter  de  servidores  públicos a los  trabajadores  que laboran para aquélla, dado que por mandato legal (Ley  142  de  1994)  éstos  son también  trabajadores particulares:   

“  Artículo  41.  Las personas que presten sus servicios a las  empresas  de  servicios  públicos  privadas  o mixtas, tendrán el carácter de  trabajadores  particulares  y  estarán  sometidas  a  las  normas  del  Código  Sustantivo  del  Trabajo  y  a  lo  dispuesto  en  esta  ley.  (…)”.   

Cierto  es,  en  tercer lugar, que según la  Constitución  Política  (artículo  365),  en  términos  generales, los servicios públicos “son   inherentes  a  la  finalidad  Social  del  Estado”,  empero,  ello  no  implica  que  el ejercicio de una actividad  comercial  lícita  que  el  propio  Estado  ha resuelto someter a las leyes del  mercado    (como   la   generación,   transmisión,  distribución    y   comercialización   de   energía   eléctrica),  conservando  sobre la misma su regulación, control y vigilancia,  convierta   a  las  personas  particulares  habilitadas  para  desarrollarla  en  servidores públicos.   

Un razonamiento en tal sentido llevaría a la  equívoca  conclusión de aceptar que en tratándose de la salud que es a la vez  servicio  público y derecho fundamental (Constitución  Política,  artículo 49), los empleados de una Empresa  Prestadora  de  Salud particular habilitada para esa actividad, por ejemplo, los  médicos,  serían  servidores  públicos  y  de incurrir éstos en una conducta  punible  culposa  en desarrollo de su actividad laboral con aquella (v.  g.  homicidio  o lesiones personales),  el  término  de  prescripción  frente  a  respectivo  comportamiento  debería  entonces  sufrir  el  incremento  ordenado  en  la  ley,  colofón que sería un  absurdo.   

Finalmente,    en   cuarto   lugar,   la  jurisprudencia  tanto de esta Sala como de la Corte Constitucional se ha ocupado  de  aclarar  en qué casos adquieren los particulares el carácter de servidores  públicos  para  efectos penales, por lo que bien vale la pena traer a colación  el      siguiente      extracto      que              finiquita           cualquier           debate            acerca   del  tema:   

“Los artículos  20  del  Código  Penal  y  56  de la Ley 80 de 1993, que el casacionista afirma  violados por falta de aplicación, preceptúan:   

”‘Artículo  20.  Servidores  públicos. Para todos los efectos de la  ley   penal,   son  servidores  públicos  los  miembros  de  las  corporaciones  públicas,   los  empleados  y  trabajadores  del  Estado  y  de  sus  entidades  descentralizadas territorialmente y por servicios.   

”‘Para  los  mismos  efectos  se  consideran servidores públicos los  miembros   de  la  fuerza  pública,  los  particulares  que  ejerzan  funciones  públicas  en  forma  permanente  o transitoria, los funcionarios y trabajadores  del  Banco  de la República, los integrantes de la Comisión Nacional Ciudadana  para  la lucha contra la corrupción y las personas que administren los recursos  de  que  trata  el  artículo  338  de  la  Constitución  Política’.   

”‘Artículo  56.  De la responsabilidad penal de los particulares que  intervienen  en  la contratación estatal. Para efectos penales, el contratista,  el  interventor,  el  consultor,  y  el  asesor  se  consideran particulares que  cumplen   funciones  públicas  en  todo  lo  concerniente  a  la  celebración,  ejecución  y  liquidación  de  los  contratos  que  celebren con las entidades  estatales  y,  por  lo  tanto,  estarán sujetos a la responsabilidad que en esa  materia    señala    la   ley   para   los   servidores   públicos’.   

”La   Corte  Constitucional,   al  examinar  la  constitucionalidad  de  la  última  de  las  disposiciones  transcritas  (artículo 56 de la Ley 80 de 1993), precisó que la  equiparación  que  la  norma  contiene,  en  el  sentido de considerar servidor  público  para  efectos penales a los contratistas, interventores, consultores y  asesores  que  en condición de particulares desempeñan funciones públicas, no  surge  del  mero  vínculo contractual con la entidad estatal, sino del hecho de  que  el  contrato  tenga por objeto la atribución o delegación temporal de una  función pública. Dijo entonces:   

”‘Ahora  bien:  en  contra  de lo afirmado por el demandante, es claro  que  a  dichos  sujetos  no  se les está elevando a la categoría de servidores  públicos,  ni  desconociendo  su  condición  de  particulares.  Simplemente el  legislador,  como  autoridad  competente  para definir la política criminal, ha  considerado  que  la  responsabilidad  penal  de  las personas con las cuales el  Estado   ha   celebrado   contratos   para   desarrollar  una  obra  o  cometido  determinados,  debe  ser  igual  a  la  de  los  miembros  de  las corporaciones  públicas,  los  empleados  y  trabajadores  del Estado, o la de funcionarios al  servicio  de  entidades  descentralizadas  territorialmente y por servicios. Tal  tratamiento  que,  se insiste, no implica convertir al particular en un servidor  público,   tiene   una  justificación  objetiva  y  razonable,  pues  pretende  garantizar  que los fines que se persiguen con la contratación administrativa y  los   principios   constitucionales   que   rigen   todos   los   actos   de  la  administración,  se  cumplan a cabalidad, sin que sean menguados o interferidos  por  alguien que, en principio, no está vinculado por ellos. En otras palabras,  la  responsabilidad  que  en este caso se predica de ciertos particulares, no se  deriva  de la calidad del actor, sino de la especial implicación envuelta en su  rol,    relacionado    directamente    con    una    finalidad    de    interés  público’18.   

”También  esta  Corporación  ha  sido  insistente  en  plantear la necesidad de que el contrato  estatal  transfiera  al  contratista, interventor, consultor y asesor particular  el  ejercicio temporal de una función pública, para que la equiparación pueda  materializarse:   

”‘…el  contratista,  el  interventor,  el  consultor y el asesor que  celebran  contratos  con  las entidades estatales, sólo adquieren la condición  de   servidores   públicos  por  extensión  cuando  con  motivo  del  vínculo  contractual  asumen funciones públicas, es decir, cuando el contrato implica la  transferencia  de  una  función  de  esta  naturaleza,  no  cuando su objeto es  distinto,  como  sucede cuando se circunscribe a una labor simplemente material,  casos    en    los    cuales    continúan    teniendo    la    condición    de  particulares’19.   

”Las precisiones  realizadas  en  los  campos  constitucional  y penal sobre el alcance y campo de  aplicación  del artículo 56 de la Ley 80 de 1993, permiten concluir, entonces,  que  para  que  opere  la  asimilación  prevista  en  la  norma, se requiere el  cumplimiento  de  tres  condiciones,  (i) que se esté ante un contrato estatal,  (ii)  que  el  particular  tenga  la  condición  de  contratista,  interventor,  consultor  o  asesor,  y  (iii)  que  el  contrato  tenga  por objeto conferirle  temporalmente     al     particular     una     función    pública”20.   

En  el  asunto  estudiado  la  Empresa    de    Energía    Eléctrica    del    Pacífico    S.A.  E.S.P.,  para la época de los hechos, no desarrollaba  su  objeto  social  en  razón  de  vínculo contractual alguno celebrado con el  Estado,  sino  como persona jurídica privada, en modalidad de sociedad anónima  habilitada  para adelantar la correspondiente actividad comercial, con sujeción  a  las  Leyes  142  y  143  de  1994, y, de remate, los aquí procesados tampoco  estaban  ligados  con  entidad Estatal alguna mediante contrato que les asignara  en  forma  temporal  o  permanente  una  función  pública, sino con la aludida  empresa  privada para la ejecución de labores materiales inherentes a la esfera  de  sus conocimientos en el campo de sus profesiones21.   

5. En conclusión,  como  en  el  presente  caso la resolución de acusación alcanzó ejecutoria el  24  de  enero  de  2005, ello  significa  que  el  tiempo  señalado por la ley (cinco  años) para que operara la prescripción de la acción  penal  en el juicio por la conducta punible de la que se ocupó este proceso, se  cumplió  el  24  de  enerojunio  de  2010,  es  decir,  durante  el término de ejecutoria de la sentencia de  segunda  instancia,  mientras  se  surtían  los  traslados  para  presentar las  demandas de casación.   

Lo anterior constituye fundamento suficiente  para  que  la  Sala  proceda  a  declarar  la  prescripción de la acción penal  derivada  de  la  conducta punible de contaminación ambiental por la que fueron  condenados  MURCIA  POLO, ARBOLEDA ALBORNOZ, SOLANILLA  PUENTES   y   CASTRO   HERNÁNDEZ,  y  a  ordenar,  en  consecuencia,  la  cesación  del  procedimiento  seguido  contra  aquellos,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  los  artículos  38  y 39 de la Ley 6300 de  2000.   

No se dispondrá la extinción de la acción  civil    indemnizatoria,    toda    vez    que,    conforme    consta    en   la  actuación22,  esta  se promovió paralelamente mediante una acción de grupo, y  justamente  por  ello  la  intervención del apoderado de las personas que aquí  fueron  reconocidas  como  víctimas,  el  ad-quem  la  autorizó únicamente en  procura  de velar por la efectividad de los derechos fundamentales a la verdad y  la        justicia        de        aquéllas23.   

Aun cuando los procesados están en libertad,  el  juzgado  de primera instancia realizará las anotaciones y cancelaciones que  se  deriven  de  lo  decidido  en  esta  providencia,  contra la cual procede el  recurso de reposición.   

6.  Al  revisar de  manera  preliminar  las  demandas de casación presentadas en nombre de cada uno  de  los  procesados por el defensor común a todos ellos, la Sala observa que el  letrado,  previamente  al  desarrollo  de los correspondientes cargos, solicitó  que  en  el evento de encontrar configurado el fenómeno de la prescripción, se  abstuviera  la  Corte  de  decretarlo y procediera ae emitir sentencia de fondo,  únicamente  si  advertía  que  alguno  de los reproches por él propuestos por  vía  de  la  causal  primera de casación y orientados a la absolución, tenía  vocación de éxitoprosperar.   

Tal  forma  de  proceder, entiende el actor,  sería  congruente,  no  sólo  con la jurisprudencia de esta Corporación en la  que  ha  optado, ante la presentación de varios cargos, encaminados unos por la  senda  de la nulidad y otros por violación directa o indirecta pero dirigidos a  la   exoneración  de  responsabilidad  (como  en  las  demandas   lo   plantea  el  censor),  estudiar  estos  últimos  cuando  objetivo  se  aprecia  que prosperará alguno, ya que en tales  eventos  ha  concluido  que  esa  es  la  mejor forma de garantizar los derechos  fundamentales          del         procesado24,  sino  también, de aquella  otra  línea  de  pensamiento  de  la  Corporación  en  la  que  prefiere dejar  incólume  la decisión absolutoria que arriba sin discusión ungida de la doble  presunción  de acierto y legalidad, a pesar de que respecto de la misma se haya  configurado  el  fenómeno  de  la prescripción de la acción penal25.   

Frente  a dichos planteamientos es necesario  resaltar  que  la  prescripción  de  la  acción penal, como lo ha destacado la  Corte                 Constitucional26,  es  una  institución  de  orden  público  por  virtud  de la cual, debido al simple transcurso del tiempo  señalado  en  la  ley,  el  Estado  pierde  su  capacidad  de  investigación y  juzgamiento,  de suerte tal que una vez logrado o superado el lapso previsto por  el  legislador  para  el  efecto,  no  hay  opción  distinta  para  el operador  jurídico  quea  decretar  la  prescripción,  pues  actuar  en  contravía  del  respectivo  mandato,  esto  es,  trascendiendo  el límite cronológico máximo,  implica  desconocer  las  formas  propias  del juicio, sin que sea oponible para  eludir  el  referido pronunciamiento, el que decisiones próximas a tomar puedan  favorecer al procesado.   

En eventos tales, ni siquiera la presunción  de  inocencia  como  garantía fundamental podría invocarse para justificar que  debe   emitirse  la  providencia  liberatoria  de  responsabilidad  (por  ejemplo,  por  preclusión  de  la  instrucción, cesación de  procedimiento   o  aún  sentencia  absolutoria),  por  cuanto  para  proferirla  se exige como requisito sine  qua  non  que  el  Estado,  a  través  del respectivo  funcionario,  detente  la capacidad para adelantar una actuación penal, la cual  desaparece  ipso  iure  por  virtud  de  extinguirse  la acción penal, entendida ésta como el derecho-deber  del  Estado de investigar, juzgar o sancionar a una persona a quien se le imputa  la comisión de una conducta definida como punible.   

De  otra  parte,  pero  en  relación con lo  mismo,  a  una  solución como la que pretendeaspira el censor no puede a priori  llegar  la  Sala,  dado  que,  en principio, no percibe que esté ante supuestos  fácticos  semejantes  a  los  que  en  pretéritas  ocasiones  hicieron posible  concebir  los  fundamentos  de  las  decisiones que el actor trae a colación en  procura  de  brindar  luz  acerca de la forma de resolver el asunto, además que  por  lo  vasto  y  enjundioso de las tesis consignadas en cada uno de los cargos  postulados  en las cuatro demandas, la Corte no ha superado aún el análisis de  los   respectivos   cuestionamientos   desde   la   óptica   de   su   adecuada  fundamentación,  y  menos  en  lo  relativo  al  acierto  o  no  de  alguno  de  ellos.   

Y es que para acceder en forma váalida a esa  labor  que implica el sereno y responsable estudio de los vicios denunciados por  el   casacionista   en   las  cuatro  enciclopédicas  demandas,  soslayando  la  inobjetable  constatación  de  la prescripción de la acción penal a efecto de  hacer  prevalecer  la  dignidad  humana  en  función del principio pro  hóomine, el camino no es la análoga  aplicación  de  las líneas de jurisprudencia invocadas por el recurrente, sino  el  del  acatar  sinmiento  irrestricciónto  de  la  ley,  como  quiera  que es  indesconocible  que al procesado le asiste el derecho de renunciar a los efectos  de  aquél  fenómeno,  el de la prescripción (Ley 599  de  2000  artículo  85;  Decreto  Ley  100  de  1980, artículo 86),  si  es  que  está  en  verdad convencido está de la ausencia de  compromiso  con  el  delito  imputado  y aspira a que por encima del decaimiento  de   aquéla potestad punitiva l sse consolide sin mácula lala presunción  de inocencia.   

DichoAquel  mecanismo,  el  de renuncia a la  prescripción,  fue  previsto  por  el legislador, entre otros fines, justamente  para  salvaguardar  la  presunción  de  inocencia,  con  lo cual se favorece al  procesado,  a quien le otorga un plazo suficiente que se extiende hasta antes de  la  ejecutoria  de  la  providencia que la decreta (Ley  600  de 2000, artículo 44), desde luego que imponiendo  un  límite  de  dos  años  al  extendido  o prorrogado lapso de vigencia de la  acción  penal,  de modo tal que dentro de él se pueda adoptar una decisión de  fondo,  la que de no emitirse comporta ahí sí indiscutiblemente la obligación  de  declarar  la  prescripción,  tal  como  se  desprende de lo señalado en el  artículo  85  de la Codificación Penal Sustantiva, previsión esta última que  tiene  su  razón  de  ser  en  lo que la Corte Constitucional califica como una  manifestación  favorable al sindicado que “consiste  en  la  garantía  constitucional  que  le  asiste a todo ciudadano de que se le  defina  su  situación jurídica, pues éste no puede quedar sujeto perennemente  a    la   imputación   que   se   ha   proferido   en   su   contra”27.   

Finalmente, agréguese, que la renuncia a la  prescripción,  en  principio,  se  asemeja  a un derecho personalísimo del que  sólo  puede  disponer  el  procesado  de  manera  incondicionada, empero, en el  asunto   examinado,   los   poderes   conferidos  al  demandante,  no  contienen  manifestación  expresa  de  los enjuiciados en el sentido de declinar a aquella  institución  o  de  conceder  facultad a su representante para que en nombre de  ellos  así  proceda,  y  éste por su parte en la demanda tampoco asevera estar  revestido  de  esa  prerrogativa,  sino  que  se  limita  a  dejar supeditado su  requerimiento  a  que  la  Sala entre al estudio a fondo del asunto y absuelva a  sus  prohijados  con  base  en  alguno  de  los  cargos por violación directa o  indirecta  de  la  ley,  luego,  en  esos  términos,  la  Corte  sin  tener una  manifestación  expresa  e  incondicional de la parte habilitada para dimitir de  la  prescripción,  no  puede  aceptaradmitir la renuncia tácita que implica la  propuesta del memorialista.   

7.    Por  últimoFinalmente,  es  obligación  precisar  que  como durante el trámite del  juicio  pudo  presentarse  una  dilación  de  los  términos  que  permitió la  prescripción,  la  Sala dispondrá que se compulsen copias de la actuación con  destino  a  laslas  respectivas Salas Disciplinarias del Consejo Seccional de la  Judicatura  y  al  Consejo  Superior  de  la  Judicatura, para los fines que, de  hallar  mérito,  inicien  la  respectiva investigación contra el doctor Carlos  Eduardo    Barragán    Maya    (juez   de   primera  instancia)  y  los  doctores  Martha  Liliana  Bertín  Gallego,  José Jaime Valencia Castro y Jaime Humberto Moreno Acero (falladores  de  segundo  grado).e estimen  pertinentes.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA    SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA   CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA,   

RESUELVE:  

1.  DECLARAR   prescrita   la  acción  penal  derivada  de  la  conducta  punible  de  contaminación  ambiental, en modalidad  culposa,  atribuida  a  FRANCISCO  JAVIER MURCIA POLO,  LUIS  ALFONSO  ARBOLEDA  ALBORNOZ,  CARLOS FERNANDO SOLANILLA PUENTES y EMILIANO  ALFONSO CASTRO HERNÁNDEZ.   

2.  ORDENAR, en consecuencia, la cesación del  procedimiento adelantado contra los mencionados.   

3.  DISPONER  que  por  el  juzgado de primera  instancia se realicen las anotaciones y cancelaciones pertinentes.   

4.-  ORDENAR que la  Secretaría  de  la  Sala  compulse  las  copias con fines disciplinarios con la  finalidad y los dea los desstinos indicados.   

Contra esta providencia procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Despacho de origen.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

Comisión de servicio  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                AUGUSTO   J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN   

Comisión de servicio  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                   JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                            JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

   

CASACIÓN No. 34970  

Fiscales             

Dr. Carlos  Adolfo Millán potes   

Dr.   Félix   María   Quintero   Charry  

Juez             

Dr.  Carlos  Eduardo  Barragán Maya  

Magistrados            

Dr.  José  Jaime Valencia Castro   

Dr. Jaime Humberto moreno Acero  

Dra.     Martha    Liliana    Bertín  Gallego  

Parte Civil  (impugnante)             

Dr.  Edgar  Saavedra Rojas  

ORIGEN DE LA SENTENCIA:  

TRIBUNAL  SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE  BUGA   

Decisión:                           Cesa procedimiento por prescripción   

Acusación           2ª  Instancia:                                    24 de enero de 2005   

EJECUTORIA 24 DE ENERO DE 2005  

Fallo        de        primer  grado:                                 11 de agosto de 2009   

Fallo        de        segundo  grado:                           11 de noviembre de 2009   

DELITO:   Contaminación   ambiental   en  modalidad  culposa,  artículos  332 y 339 de la Ley 599 de 2000, de acuerdo con  los  cuales  la pena máxima es de seis años, por lo que en el juicio prescribe  en cinco (5) años.   

PRESCRIBIÓ   EL   24   DE   ENERO   DE  2010   

Para estudio de las demandas llego el 10 de  septiembre de 2010   

PROYECTÓ:  

Carlos Fabián Peña Suárez  

298 de septiembre de 2010    

1  Persona  Jurídica  que,  de acuerdo con los varios certificados de existencia y  representación   allegados   al   proceso,  es  una  sociedad  de  economía   privada,  constituida  para  participar  en  el  mercado  libre  de  generación  de  energía  eléctrica  y  actividades  a fines, y está sujeta al régimen previsto en las Leyes 142 y 143  de  1994.  (Cuaderno original # 1, folios 12-31, cuaderno original Parte Civil #  1, folios 170-189).   

2  Cuaderno original # 1, folios 2-11.   

3  Ibídem, folios 131, 158-164, 202-208, 212-217 y 218-223.   

4  Cuaderno original # 2, folios 1, 33-53 y 77-90.   

5  Ibídem,  folio  108,  y  cuaderno  original  #  5,  folio 1117-1169, 1179-1212,  1239-1258, 1288-1361.   

6  Cuaderno original # 6, folios 1, 5-42, 73, 74, 76 y 84-109.   

7  Sentencia  de  30  de  junio y auto de 8 de septiembre de 2004, Rad. Nº 18368 y  22588 respectivamente.   

8  En  los  delitos enjuiciados por el trámite de la Ley 906 de 2004, la prescripción  se  interrumpe  con la formulación de la imputación (artículo 6 de la Ley 890  de 2004).   

9  De  acuerdo  con  el artículo 292 de la Ley 906 de 2004, en los asuntos sometidos a  ese  régimen,  interrumpido el término de prescripción por la formulación de  la  imputación,  corre nuevamente por la mitad del señalado en el artículo 83  de  la  Ley  599  de  2000,  pero  en  todo  caso  no  puede ser inferior a tres  años.   

10  Según  lo  reseña  la actuación, la evacuación de los sedimentos del embalse  “Bajo   Anchicayá”  probablemente  contaminantes  del río que lleva el mismo nombre, ocurrió entre  el 23 y 29 de julio de 2001 (Cuaderno original #1, folios 124-129).   

11  El  mandato subrogado era del siguiente tenor: Decreto Ley 100 de  1980,   artículo   247,   modificado   por  el  24  de  la  Ley  491  de  1999:  “El  que  ilícitamente contamine la atmósfera, el  suelo,  el subsuelo, las aguas o demás recurso naturales y pueda producir daño  a  los  recursos  fáunicos, forestales, florísticos o hidrobiológicos o a los  ecosistemas  naturales,  incurrirá  en  prisión  de dos (2) a ocho (8) años y  multa  de  150  a  500  (sic) salarios mínimos legales mensuales vigentes. / La  pena  se  incrementará en una tercera parte cuando la conducta descrita en este  artículo  altere  de  modo  peligroso  las  aguas  destinadas  al uso o consumo  humano”.   

12 De  hecho,  marginalmente  es  necesario  destacar que, al  parecer,  justamente  en  aplicación  del  invocado  axioma,  el  sentenciador  de  segundo  grado  al  declarar  responsables  a los  acusados  y dosificar la respectiva consecuencia punitiva, no solamente dejó de  considerar  el  agravante  retirado del ordenamiento jurídico, sino que acogió  el  límite  inferior previsto en la anterior legislación por considerarlo más  benigno para la estimación del correspondiente castigo.   

13 Con  sujeción  a  los parámetros para determinar los mínimos y máximos de la pena  previstos  en  el artículo 60 de la Ley 599 de 2000, atendiendo lo dispuesto en  su  numeral  3°,  cuando  se  prevé  que  la  sanción  se disminuye hasta una  proporción,  “ésta  se aplicará al mínimo de la  infracción básica”.   

14  Cuaderno original # 1, folios 83 y 121-123.   

15  Cuaderno original # 1, folios 83 y 121-123.   

16  IbídemPersona  Jurídica  que,  de  acuerdo  con  los  varios  certificados  de  existencia   y   representación  allegados  al  proceso,  es  una  sociedad  de  economía    privada,  constituida  para  participar  en  el  mercado  libre de generación de energía  eléctrica  y  actividades  a  fines, y está sujeta al régimen previsto en las  Leyes  142  y  143  de  1994.  (Cuaderno  original # 1,,  folios 12-31 y C,  cuaderno   original   Parte   Civil   #   1,  folios  170-189).  “LA  COMPAÑÍA  ES  UNA  SOCIEDAD  ANÓNIMA  ORGANIZADA EN FORMA DE  EMPRESA  DE  SERVICIOS  PÚBLICOS  DOMICILIARIOS  Y  DE  GENERACIÓN,  PRIVADA Y  SOMETIDA  AL  RÉGIMEN JURÍDICO ESTABLECIDO EN LAS LEYES DE SERVICIOS PÚBLICOS  DOMICILIARIOS   Y   ELÉCTRICA   (LEYES   142   Y   143   DE   1994)”.   

17  Cuaderno  original  #  1,  folio  13  y Cuaderno original Parte Civil # 1, folio  171.   

18  Sentencia C-563 de 1998.   

19  Casación  23872,  Sentencia  de  27 de julio de 2006. Confrontar  también  Casación  24833 de 13 de marzo de 2006 y Casación 22683 de 9 de mayo  de 2007, entre otras.   

20  Cfr. Sentencia de 6 de marzo de 2008, radicación Nº 27477.   

21 Dos  de  ellos  ingenieros  electricistas,  otro  ingeniero  mecánico y un ingeniero  civil.   

22  Cuaderno original # 2, folios 228-257.   

23  Cuaderno original # 3, folios 332-355 y 368-384.   

24  Cfr,  sentencias  de 10 de junio de 2008 y 17 de junio de 2009, radicaciones Nº  28693 y 27816, respectivamente.   

25  Cfr.  Providencia de 16 de mayo y 28 de septiembre de 2007, radicaciones 24734 y  28067, respectivamente.   

26  Cfr.  sentencia  C-416  de  28  de  mayo  de 2002. M. P. Dra. Clara Inés Vargas  Hernández.   

27  Ibídem.     

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