34199(26-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34199  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN  

Aprobado: Acta No. 168  

Bogotá D.C., veintiséis (26) de mayo de dos  mil diez (2010).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas  y  argumentativas  de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor de los  procesados   ROSEMBERG  AYALA  GARCÍA  y  MARTHA  CAMPOS  GARAVITO,  contra  la  sentencia  proferida  el  4  de  noviembre de 2009, por el Tribunal Superior del  Distrito Judicial de Bucaramanga.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   Así   resumió   el   A quem la cuestión fáctica:   

Mediante denuncia No 113 del 29 de junio de  2002,  en  la  oficina  de  contravenciones  de  la  estación  de  policía  de  Piedecuesta,  la  señora  MARTHA  CAMPOS  GARAVITO  puso en conocimiento de las  autoridades  el  hurto  por parte de personas desconocidas, de bienes muebles de  su propiedad, entre ellos un televisor marca Kendo.   

El 5 de septiembre del mismo año asistió a  la  Fiscalía  Primera  Delegada  ante los Juzgados Promiscuos de esa localidad,  donde  cursaba  la  respectiva  investigación  y  presentó  una  factura de la  sociedad  comercial  Metálicas  Moderna Limitada, de fecha junio 12 de 2001, en  la  que  se  anotaba  que  el señor ROSEMBERG AYALA GARCÍA, había comprado un  televisor  de  la  misma  marca  distinguido  con  el número 6090320, y que esa  mañana  lo  había  visto  para vender en la prendería La Bolsa del Préstamo,  habiéndolo  identificado  por  algunas  rayas  que  tenía y por los rastros de  algunas  calcomanías  que  le  quitaron,  situación  por  la cual la fiscalía  cognoscente,  incautó  el  televisor,  pero  posteriormente  estableció que el  mismo     no     era     de     la    denunciante1.   

2.  Adelantada  la  investigación, el 22 de  marzo  de 2005 la Fiscalía 18 Seccional de Bucaramanga profirió resolución de  acusación  por  los  delitos   de  falsedad  en documento privado y fraude  procesal.   

La decisión cobró ejecutoria el 15 de julio  de    20052.   

3.  El  7  de septiembre de 2009, el Juzgado  Séptimo  Penal  del Circuito de la misma ciudad, condenó a los procesados como  autores  responsables  de  las  mismas  conductas  punibles y les impuso la pena  principal  de  cincuenta  y  cuatro  (54)  meses  de  prisión y la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas, por el  mismo tiempo.   

Les  negó  la suspensión condicional de la  ejecución de la pena y les concedió la prisión domiciliaria.   

4.  El  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  confirmó   en  su  integridad  la  decisión  del  A  quo.   

LA DEMANDA  

Cargo primero  

Con apoyo en la causal primera del artículo  207   del  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  defensor  de  los  procesados  manifiesta  que el sentenciador vulneró la ley sustancial por la vía directa a  causa  de  la  indebida  aplicación  del  artículo  453  del Código Penal que  tipifica el delito de fraude procesal.   

Tras aludir a copiosa jurisprudencia sobre la  técnica  que  se  debe  aplicar  para  esta  clase  de  censuras,  así como la  relacionada      con      la      “inducción    en    error”  como elemento del tipo penal en comento, afirma que los juzgadores  estimaron  que  los medios empleados por los procesados para inducir en error al  funcionario  que  adelantaba la investigación por el hurto de sus pertenencias,  son    de    tal    entidad,    que    con   ellos   pretendieron   ‘obtener  resolución  -contraria  a la  ley-    a    su   favor   para   que   les   fuese   adjudicado   el   televisor  incautado’.   

La  valoración de las pruebas efectuada por  los  sentenciadores,  condujo  a  acreditar  que  la  factura de cobro R2095 del  almacén  Electrodomésticos  Metálicas Modernas Ltda., en realidad corresponde  a  un compromiso de pago asumido por el procesado frente a dicho establecimiento  comercial,  a  la  cual se adicionó el número de referencia del televisor para  presentarla a la Fiscalía instructora.   

Entonces,  se tuvo como hecho cierto que los  procesados  fueron  víctimas  de  una  conducta punible lesiva de su patrimonio  económico,  la  cual  motivó  la  respectiva  denuncia.  También  es un hecho  declarado  en  la  actuación,  que  los procesados adquirieron un televisor del  mismo   género   del   que   encontraron  en  el  establecimiento  “La  Bolsa  del  Préstamo”.   

Al recaer la presunta acción falsaria en uno  de  los  componentes  de  la  factura,  como lo es la identificación serial del  aparato  adquirido,  tal  comportamiento  tiene  como  presupuesto  el carácter  genuino   inicial   del  documento.  En  otras  palabras,  para  los  operadores  judiciales  los  procesados  sí  adquirieron  un  televisor,  el  mismo les fue  hurtado   y   la  factura  arrimada  demuestra  la  legítima  adquisición  del  mismo.   

Conforme  a  ello, la acción desplegada por  sus  defendidos,  consistente  en  adicionar a la factura la identificación del  aparato,  “no  es  de la  entidad  requerida por el legislador para considerar colmada la conducta punible  de   fraude   procesal,   de   donde   surge   el   carácter   atípico  de  la  conducta”.   

Si,  como lo entendieron los falladores, los  procesados  fueron  víctimas del hurto e identificaron en la prendería el bien  de  su  propiedad,  desde  el punto de vista objetivo no se requería la factura  para   que   la   fiscalía   dispusiera   el  allanamiento  y  registro  en  el  establecimiento  de comercio, pues atendiendo a lo dispuesto en el artículo 294  del   Código   de   Procedimiento   Penal,  a  partir  del  testimonio  de  sus  representados,  se erigieron los serios motivos que demanda la disposición para  ordenar la diligencia.   

En  tales  condiciones,  el  hecho  de haber  concurrido  a  la  justicia a denunciar el apoderamiento ilícito del que fueron  víctimas   ROSEMBERG   AYALA   y  MARTHA  CAMPOS,  no  constituye  un  elemento  fraudulento.   

En  punto  de  la  trascendencia  del yerro,  apunta  el libelista que la forma en que se presentó la factura, revela que los  procesados  la  aportaron  para darle mayor credibilidad a sus testimonios, pues  el televisor ya había sido identificado por otros medios.   

Así,   demostrada  la  ilegalidad  de  la  sentencia,  por  no  corresponder  sus  fundamentos fácticos a los supuestos de  hecho  previstos  en  el  artículo  453 del Código Penal, surge con nitidez la  atipicidad  de la conducta de los procesados frente al cargo de fraude procesal.   

Solicita se case la sentencia y, en su lugar,  se dicte fallo absolutorio, en relación con esa conducta punible.   

Cargo segundo  

El  casacionista  invoca el mismo enunciado,  esto  es  violación  directa  de la ley sustancial por aplicación indebida del  artículo  453  del  Código  Penal,  por  considerar  que la valoración de los  hechos  efectuada  por el Tribunal, se aparta de la descripción típica vertida  en  la  norma,  toda  vez  que  sus  defendidos  AYALA GARCÍA y CAMPOS GARAVITO  obraron  con  la  firme convicción de que su conducta se enmarcaba dentro de la  ley,   descartando   el   engaño   para   acceder  a  providencia  contraria  a  derecho.   

Considera   que al referir  MARTHA  CAMPOS   GARAVITO,   en  su  relato:  ‘Yo  sí reconozco que yo fue a la compraventa pero solo le pregunté  al  Aldemar  por  el  precio  del  Televisor  porque  se  me  pareció  al   mío’  excluye  el  dolo,  pues  sus  representados  siempre  identificaron  el  televisor  expuesto  en la  prendería  como  el  suyo, lo cual respaldaron con la factura suministrada a la  Fiscalía.  Así,  desde el comienzo obraron con la creencia que el televisor de  marras  era  suyo,  por los rastros que su uso dejó y que al final se descartó  con las piezas documentales recaudadas con posterioridad.   

Según  el  demandante,  los hechos narrados  reúnen  la  totalidad  de  los  supuestos  que  integran  el error de tipo  consagrado en el numeral 10 del artículo 32 del Código Penal.   

Con  apoyo  en la jurisprudencia previamente  referenciada,  apunta  que las circunstancias fácticas consistentes en recurrir  al   vendedor   en   búsqueda   de   las   constancias  respectivas,  encontrar  coincidencias  físicas  entre  los aparatos, exponer ante la administración de  justicia  el  delito  del  que fueron víctimas y consignar el número de serial  del  televisor  que  consideraron suyo, revelan el error que motivó su accionar  en cuanto creían reclamar ante la justicia lo que era suyo.   

Frente a la trascendencia del yerro, señala  que  la  aducida  violación  de  la  norma  sustantiva,  condujo  a la indebida  aplicación  del  artículo 453 del Código Penal y a la exclusión evidente del  artículo  32-10  de  la misma normativa, impidiendo la declaración de ausencia  de    responsabilidad    de    ROSEMBERG   AYALA   GARCÍA   y   MARTHA   CAMPOS  GARAVITO.   

En   ese  sentido,  solicita  se  case  la  sentencia.   

CONSIDERACIONES  

La  demanda  que  se  examina  no  cumple  a  cabalidad  con  las  exigencias  previstas  en  el  artículo 212 del Código de  Procedimiento Penal. En consecuencia será inadmitida.   

1.  Los procesados ROSEMBERG AYALA GARCÍA y  MARTHA  CAMPOS  GARAVITO  fueron  condenados  por  los  delitos  de  falsedad en  documento  privado  y  fraude  procesal, consagrados en los artículos 289 y 453  del  Código  Penal, que tienen señalada pena de prisión de 1 a 6 años y de 4  a  8  años,  respectivamente,  inferior  al quantum establecido para acceder al  recurso  de  casación  por  la  vía  común u ordinaria, motivo por el cual el  recurrente  debió acudir a la casación por la vía discrecional o excepcional,  consagrada  en  el  inciso  2°  del  artículo 205 del Código de Procedimiento  Penal, que estipula:   

De  manera excepcional, la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  discrecionalmente,  puede  admitir  la demanda de  casación  contra  sentencias  de  segunda  instancia  distintas  a  las  arriba  mencionadas,  a  la solicitud de cualquiera de los sujetos procesales, cuando lo  considere   necesario   para   el  desarrollo  de  la  jurisprudencia       o      la      garantía    de    los    derechos    fundamentales,   siempre   que   reúna   los  demás  requisitos  exigidos  por  la  ley.   

Como  se sabe, la viabilidad de esta especie  de  impugnación  está  supeditada  a  que  el  demandante justifique, en forma  clara,  uno  de  los  motivos  por los cuales interpone el recurso y aspira a un  pronunciamiento  de  la  Corte,  bien  sea  por  la  necesidad de desarrollar la  jurisprudencia o para salvaguardar los derechos fundamentales.   

Es posible que esa motivación se integre en  el  desarrollo  y  fundamentación de los cargos, pero no se puede confundir con  estos,  porque  la  discrecionalidad  de  la  Corte  opera  en  el marco de esos  especiales   motivos   y  la  justificación  que  ofrezca  el  recurrente  debe  acreditar,  por  sí  sola, que  el trámite amerita la intervención de la  Sala.   

Una vez establecido el cumplimiento de estos  requisitos  previos,  se  procede  al  examen  del aspecto formal de la demanda,  conforme  a  las  previsiones  que  para su admisibilidad consagra la ley en los  artículos 212 y 213 del Código de Procedimiento Penal.   

2. El recurrente, en este caso, no advirtió  la  posibilidad  de  acudir  al recurso de manera excepcional. Por esa razón se  sustrajo  de acreditar los requisitos aludidos, situación que impide a la Sala,  en  uso  de  la  discrecionalidad, admitir la demanda, puesto que dicha facultad  está  limitada  a  la  justificación  que  el  interesado  ofrezca  para hacer  operante el recurso por la vía excepcional.   

3.  Tampoco  se avizora que en los reproches  formulados  contra  el  fallo  del  Tribunal,  el  libelista  hubiese  intentado  acreditar  alguno  de los eventos que condicionan la admisibilidad de la demanda  y  que  habilitan  una  revisión  de  fondo  del  asunto  y  resolver  el  caso  concreto.   

4.  En  punto de los requisitos formales, el  actor  también  omitió  elaborar  la  correspondiente  demanda  ajustada a las  exigencias  técnico-formales  en  cuanto a la formulación de los reproches, su  desarrollo   y   demostración   de   acuerdo   a   la   causal   de   casación  invocada.   

4.1.    Tanto    en    el   primero  como  en  el  segundo cargos aduce  que  el  juzgador incurrió en violación directa de la ley sustancial, derivada  de  la  indebida aplicación del artículo 453 del Código Penal, pero al tratar  de  demostrar  el  desacierto, incurre en la inadmisible falencia  técnica  de  conducir  su  alegato  al  plano  netamente  valorativo,  muy a pesar de los  lineamientos  jurisprudenciales  transcritos  en el libelo relacionados con esta  especial vía de ataque.   

Es  que, como se ha precisado, la violación  directa  de  la  ley sustancial comporta la ocurrencia de un yerro de juicio, en  cuanto  a  la  norma  llamada  a  gobernar  el respectivo supuesto de hecho. Por  tanto,  el debate se agota en el plano netamente jurídico, en orden a demostrar  que  se  dejó  de  aplicar  el  precepto  correspondiente  a  una situación en  concreto  (falta  de  aplicación),  o  que  se  aplicó al supuesto de hecho la  disposición  que  no correspondía (indebida aplicación) o que se le otorgó a  la norma aplicada un alcance indebido (interpretación errónea).   

En   consecuencia,  surge  como  exigencia  ineludible,  aceptar  la  forma  como los sentenciadores declararon los hechos y  valoraron las pruebas.   

4.1.  En  la primera censura, aún cuando el  libelista  atina  en predicar que el error por aplicación indebida de una norma  sustancial  se  presenta cuando el sentenciador adecua los hechos probados en un  precepto  que  no  corresponde,  no  demuestra  en realidad cómo los falladores  incurrieron  en ese desatino, sino que, en aras de demostrar la atipicidad de la  conducta  de  sus  representados,  incursiona  en el análisis de la valoración  efectuada   por   los   juzgadores   para  interpretarla  y  sacar  sus  propias  conclusiones.   

Con  esa postura, el esfuerzo del demandante  atenta  contra  la  viabilidad  del  recurso, porque se percibe que su verdadera  discrepancia   radica,   justamente,   en  la  declaración  fáctica  y  en  la  valoración   probatoria   de  los  sentenciadores,  en  total  alejamiento  del  análisis   jurídico  que  presupone  la  aplicación  indebida  de  una  norma  sustancial,  desatino que se evidencia más cuando aprovecha este escenario para  presentar  los  hechos  y  exponer  una valoración de las pruebas distinta a la  efectuada por el sentenciador.   

4.2.  Similares  son  las  deficiencias  del  segundo  cargo,  en  el  que  omitió  demostrar,  con la claridad y precisión requeridas, cómo se presentó  la   indebida   aplicación   del  artículo  453  del  Código  Penal  y,  como  consecuencia,  la  falta de aplicación del artículo 32 numeral 1º de la misma  codificación.   

En  lugar de ello, nuevamente concentró su  atención  en  tratar  de  demostrar  la  presencia  de  la  causal  eximente de  responsabilidad,  exaltando  un  aparte  del  relato  ofrecido  por la procesada  MARTHA  CAMPOS GARAVITO, para deducir subjetivamente, la ausencia de dolo de sus  defendidos.   

Más bien, optó por encaminar su alegato al  campo  de las valoraciones probatorias, dejando sin fundamento la proposición y  desarrollo  de  la  censura,  porque en lugar de señalar los hechos reconocidos  por  el  fallador  que  configuraban  la  existencia de la causal de ausencia de  responsabilidad  que  reclama, se dedicó a analizar desde su propia óptica las  pruebas    aludidas    y    a    justificar    el    comportamiento    de    los  procesados.   

Olvida  además,  que  en  el supuesto de un  ataque  a  la  apreciación  probatoria,  en esta sede ningún reproche se puede  escudar  en  el  desacuerdo que se tenga con las consideraciones del juzgador en  cuanto  al  mérito  asignado  a determinados elementos de juicio pues, de todos  modos,  el  criterio  judicial  prevalece  sobre  cualquier  otro,  salvo que se  demuestre,   con  apoyo  en  la  causal  de  casación  pertinente,  que  en  la  apreciación   de   los   medios  de  prueba  el  sentenciador  desconoció  los  parámetros que rigen el sistema de valoración probatoria.   

5. De contera, los reproches adolecen de una  fundamentación  razonada,  porque  al  involucrar  argumentos  que  responden a  diversas  especies  de  error,  entiéndase violación directa e indirecta de la  ley  sustancial,  es  imposible  determinar cuál es el verdadero propósito del  recurrente,  con  lo cual deja de lado los presupuestos de claridad y precisión  que  deben ostentar las construcciones argumentativas destinadas a evidenciar la  ilegalidad del fallo recurrido.   

6.  Adicionalmente,  observa  la Sala que el  casacionista  no  enfrenta  a  cabalidad el examen probatorio ni las deducciones  del  sentenciador,  sino  que interpreta el asunto a su manera, dando a entender  que otro es el sentido lógico del fallo recurrido.   

Por  ello,  surge  necesario apuntar que el  Tribunal,  estableció  la responsabilidad de los procesados, al advertir que la  señora  MARTHA  CAMPOS GARAVITO acudió a la Fiscalía donde previamente había  formulado  denuncia  por  el  hurto  en su residencia del televisor marca Kendo,  entre  otros  bienes  muebles,  para  informar que en la prendería “La  Bolsa  del  Préstamo”  observó  dicho  aparato  y  que  lo  reconoció  por  sus  características,  al tiempo que suministró la factura de  cobro  R2095 del almacén Electrodomésticos Metálicas Modernas Ltda., de fecha  12  de  junio  de 2002, dirigida a ROSEMBERG AYALA, y donde se encuentra escrito  que  canceló  la  suma  $150.000.oo,  quedando un saldo de $540.000.oo, y en la  parte  central “T.V. Kendo  6090320”3.   

Con base en esa manifestación, la Fiscalía  ordenó  la  práctica  de  un  allanamiento  y  registro  a  la  compraventa en  mención,  que  se  realizó  el  5  de  septiembre  de  2002,  incautándose un  televisor  marca  Kendo, identificado con el número 6090320. En ese momento, el  propietario  de  la  prendería  informó  que  la tenencia del televisor estaba  respaldada  con  la  factura de compra expedida por el almacén Contrapol, donde  consta  que  fue  vendido  al  señor Flaviano Lamprea Garzón, así como con el  contrato de compraventa con pacto de retroventa No 2006.   

Luego  de referir que la Fiscalía observó  en  la  factura allegada por la denunciante, MARTHA CAMPOS GARAVITO dos tintas y  grafologías  diferentes,  por  lo cual  procedió a interrogarla, y que el  señor  Darío Antonio Londoño Afanador, quien vendió el televisor a ROSEMBERG  AYALA,  aportó  la factura original  allegada por la citada señora, donde  no  estaba  escrito  el  número  del  serial  ni  la  marca del televisor, como  aparecía en el documento exhibido por la acriminada, puntualizó:   

Con  mérito  en  los  medios  probatorios  examinados,  se  concluye  que  MARTHA CAMPOS GARAVITO y ROSEMBERG AYALA GARCÍA  alteraron  la  factura  de cobro con la cual pretendieron demostrar la propiedad  del  televisor,  adicionándole  el  número de referencia del electrodoméstico  que    previamente    habían    visto    en    la    prendería    ‘La  Bolsa  del  Préstamo’,  tal  y  como  lo  aseguró ALDEMAR  SALAZAR MACHADO.   

Este planteamiento, entre muchos otros, fue  abiertamente  desconocido  por  el  casacionista,  al  asegurar  que  la acción  desplegada  por  sus  defendidos,  consistente  en  adicionar  a  la  factura la  identificación    del    aparato,   “no  es  de  la  entidad requerida por el legislador para considerar  colmada  la  conducta  punible  de  fraude procesal, de donde surge el carácter  atípico     de     la     conducta”.   

Precisamente,   para   el   juzgador,  la  situación  fáctica  que  tipifica  el  delito de fraude procesal se verifica a  través  del  documento  falso  que aportaron a la justicia, por el hurto de sus  bienes,  porque  a  través  de  él  buscaron  inducir  en  error al fiscal que  conocía  la  investigación  para  obtener  resolución  a  su  favor  que  les  adjudicara el televisor incautado.   

La carga argumentativa del sentenciador, en  punto  a  desvirtuar  la  presencia  de  un  error  de  tipo en el actuar de los  procesados,  es  disímil  a la del recurrente, pues mientras el Tribunal deriva  de  la  prueba  examinada,  el  conocimiento  que  tenían  de  la  ilicitud, el  libelista  se  ampara  en  una  manifestación de su defendida, para afirmar que  ella  y  ROSEMBERG AYALA actuaron con la creencia que el televisor de marras era  suyo.   

Todo  lo  anterior conduce a predicar que el  censor  acude  a  esta  sede  pretendiendo  desconocer los juicios del fallador,  incumpliendo  con  los  requisitos  de  claridad  y  precisión   que  debe  contener  el  libelo, en tanto dejó de demostrar el acaecimiento de los errores  denunciados en la demanda.   

7.  Finalmente, es oportuno señalar que la  revisión  integral  del  proceso  permite  inferir  que  no  se ha incurrido en  protuberantes  causales  de  nulidad  ni  en  infracción  flagrante de derechos  fundamentales, por lo tanto, no hay lugar a proceder de oficio.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

         

Inadmitir   la  demanda de casación presentada.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS        

     JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ                                           SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                                   AUGUSTO                                J.                                IBAÑEZ  GUZMÁN                     

            Impedido   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANES                                                             YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                            

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                                                                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

             TERESA    RUIZ  NUÑEZ   

         Secretaria     

1 Cfr  fls 219 y 220 C.O.   

2 Cfr  fl 106 vto.   

3 Cfr  fl 2.     

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