34143(04-08-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34143  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 248  

Bogotá  D.  C., cuatro (4) de agosto de dos  mil diez (2010)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por la defensora de  Juan  Carlos  Pinto Becerra contra la sentencia dictada  por  el  Tribunal  Superior  de Bucaramanga, el 28 de enero de 2010, mediante la  cual  confirmó  la  proferida  por el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de la  misma  ciudad,  el  27  de octubre de 2009, y lo condenó a la pena principal de  430  meses  de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  lapso  de 20 años, como autor de la  conducta punible de homicidio agravado.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el Tribunal de la  siguiente manera:   

“Consta  en  los  registros  que el 1° de  octubre  de  2006  se  suscitó inicialmente una riña entre el hoy occiso Oscar  Eduardo  Pérez  Garavito  y Pedro Pablo Jaimes, alias Juancho, quien se hallaba  en  compañía  de  JUAN  CARLOS  PINTO  BECERRA,  alias paco, y Gabriel Suárez  Becerra,  apodado  gorila,  cerca al coliseo del barrio el Poblado de Girón, lo  que  llevó  al  primero  de  los  mencionados a salir corriendo por la calle 39  hacia    la    carrera    26    hasta   llegar   al   restaurante   ‘El          Típico’  a  donde ingresó y se ocultó en una  habitación,  siendo perseguido a pie por Pinto Becerra y por Jaimes en el carro  en  el  que se movilizaba junto con gorila, sitio al que también ingresó alias  Juancho  con  ánimo  de  atacar  a  la  víctima  y de donde sacó un cuchillo.   

“En   cuestión  de  segundos  sale  del  restaurante  Pérez  Garavito  y  detrás  suyo Juancho, momento en el que PINTO  BECERRA,  alias  paco,  quien se hallaba afuera, con un pico de botella lo ataca  causándole  algunas  lesiones  en  sus  extremidades,  no  obstante ello, éste  continúa  corriendo  e  ingresa a una miscelánea a donde igualmente llegan los  otros  dos sujetos, que continúan atacando a Oscar Eduardo, empleando para ello  el  cuchillo  y  el  pico  de botella, al igual que hace presencia alias gorila,  quien  a  la  salida de la papelería lanza a Oscar Eduardo contra la pared y lo  sostiene  mientras que Pedro Pablo, apodado Juancho, le propina una puñalada en  una  parte  sensible de la cabeza, como lo es la sien, y posteriormente los tres  individuos  se  van  en  el  automóvil dejando herido a Oscar Eduardo, quien es  auxiliado  por un amigo que lo sube a un taxi para que fuera llevado al hospital  de  Girón  donde al día siguiente es dado de alta, y a donde vuelve a ingresar  el  11  de  octubre  de  2006,  día  en  el que fallece debido a la lesión que  sufrió  en la región prearicular izquierda, conocida como sien, que alcanzó a  lesionar el cerebro”.   

             

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los anteriores hechos y respecto de  Juan  Carlos  Pinto  Becerra la fiscalía presentó escrito de acusación por el  delito  de  homicidio agravado,  según lo previsto en los artículos 103 y  104, numerales 4° y 7°,  del Código Penal.   

2.  Celebradas  las audiencia preparatoria  y   del   juicio   oral,   el  Juzgado  Séptimo   Penal   del   Circuito   con  funciones  de  conocimiento de Bucaramanga,  el  27  de  octubre de 2009, dictó sentencia de primera instancia  en  la  que  condenó  a Juan Carlos Pinto Becerra a la  pena  principal  de  430  meses  de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el lapso de 20 años,  como autor de la conducta punible de homicidio agravado.   

3.  Apelado  el  fallo  por el defensor, el  Tribunal    Superior    de   Bucaramanga,  el  28  de  enero    de  2010,  al  desatar el recurso,  lo confirmó.   

Contra  la  anterior  decisión,  la defensa  técnica de Pinto Becerra presentó demanda de casación.   

S  Í  N  T  E S I S    D E  L    L I B E L O   

La  defensora,  al  amparo  de  las causales  primera y tercera de casación, presenta cinco cargos, así:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  indirecta,  la  ley sustancial, habida cuenta que se le dio un sentido u alcance  “que  no se da en este caso concreto a la coautoría  impropia  tácita,  consagrada en el inciso segundo del artículo 29 del Código  Penal…”.   

Argumenta que en este asunto no se estructura  la   coautoría   impropia,   razón  por  la  cual  se  debió  absolver  a  su  representado.   

Dice que las pruebas de carácter testimonial  son  de referencia, en tanto que  la  única  directa es la de la  señora   Diana  Marcela  Monsalve  Remolina,  propietaria  del  establecimiento  público donde ocurrió el acontecer fáctico.   

De  tal manera, reitera que en este supuesto  no  hay prueba que determine “la existencia de alguna  clase  de  incitación,  determinación,  consejo  oral   por parte de Juan  Carlos  Pinto  Becerra  hacia  Pedro  Pablo  Jaimes  para  ocasionar lesiones al  occiso,  empleando  el  cuchillo,  que fuera sacado por éste del Restaurante El  Típico  e  hiriera a Oscar Eduardo Pérez Garavito. Lo expuesto permite afirmar  que  para  llegar  a  la aseveración de una coautoría impropia tácita se debe  estar  alejado  de  cualquier especulación, pues si se escuchan los testimonios  recibidos  en el juicio oral, se evidencia que el tiempo y la distancia entre la  riña  entre  Pérez  Garavito  y Pedro Pablo Jaimes y la agresión fue mínima,  por  lo tanto es difícil que se pregone un plan de autor o coautoría impropia,  amén  de  que  el  hoy  acusado  venía  detrás  del  automotor  que conducía  Jaimes”.   

Sostiene   que  el  comportamiento  de  su  defendido    sólo   alcanza   al   de   “dolo   de  pelea”   pero no de matar. De ahí que concluya  que   el   proceder   delictual  sólo  es  atribuible  al  señor  Pedro  Pablo  Jaimes.    

Acota  que en el juicio oral se incorporaron  los  testimonios  de  la  novia del occiso, de la madre y de su hermano, quienes  nunca  manifestaron  haber percibido que su representado haya incitado al señor  Jaimes para que agrediera a la víctima.   

Anota que de los razonamientos esgrimidos por  el  sentenciador  no  se puede concluir que el fin de Pinto Becerra haya sido el  de  ocasionar  el  resultado  muerte.  De  manera  que no es posible predicar la  existencia del co-dominio del hecho.   

Critica  al sentenciador por haber llegado a  la  conclusión  de  la  existencia  de  la  coautoría  basado  en  inferencias  indiciarias,  en  tanto  todo queda en el plano de las probabilidades y no de la  certeza.   

Después de reiterar algunos incidentes de la  actuación  procesal,  solicita  a  la  Corte  casar  la  sentencia impugnada y,  consecuentemente, absolver a Juan Carlos Pinto Becerra.   

Segundo cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  directa,  la  ley  sustancial  por  indebida  aplicación  del artículo 9° del  Código Penal.   

Manifiesta  que  no se puede predicar que el  resultado  muerte  derivó  de  la  lesión  del  agresor, habida cuenta que ese  efecto  se  le  debe  atribuir al personal médico del hospital de Girón, en la  medida  en  que  se  está  en  presencia  de  negligencia  médica, tal como se  desprende  de  los  testimonios  rendidos  por  la madre del occiso, del médico  forense y del perito que rindió el experticio médico.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y, por lo mismo, absolver a su representado del delito por  el que fue condenado.   

Tercer cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  indirecta,  la  ley  sustancial,  habida  cuenta  que  en  el fallo se plasmaron  inferencias indiciarias erróneas.   

Dice  que  los  fallos  de primera y segunda  instancia  se  fundamentan en prueba de referencia y, no obstante, se condenó a  su representado como autor.   

De  igual  manera,  sostiene que el juzgador  parte  de  simple  suposiciones   que  les  da  el  carácter  de indicios.  “Está  probado  que  mi defendido, como el mismo lo  confesó,  se  encontraba  con  el  verdadero  autor  de las lesiones personales  contra  el  occiso  Oscar Eduardo Pérez Garavito, quien se encontraba al inicio  de  la  riña  con  su  novia  Yuri  Lucía  González Echavarría, pero ella no  presenció  luego  el  acontecer  de  la  riña  en  el  restaurante  ni  en  la  miscelánea, este último lugar donde concurrieron las lesiones”.   

De ahí que insista en que el fallo recurrido  se  apoyó  en  pruebas  de  referencia, contrariando lo normado en el artículo  381, inciso 2°, de la Ley 906 de 2004.   

Así  las cosas, depreca a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  consecuentemente, absolver a su representado del cargo  de homicidio agravado.   

Cuarto        cargo     

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  directa,  la ley sustancial “por falta de aplicación  por  exclusión  de  la  valoración  integral  del  testimonio  del Yuri Lucía  González  Echavarría,  que  fue  objeto  de  impugnación, de tal forma que la  sentencia   condenatoria  se  traduce  en  falta  absoluta  de  motivación  que  quebranta el debido proceso”.   

Luego  de  destacar  la jurisprudencia de la  Corte  respecto  a la motivación sofistica, falsa o aparente, insiste en que la  sentencia  recurrida  no  contiene  la  motivación  requerida máxime cuando se  impugnó  la  credibilidad  del  testimonio  de González Echavarría, yerro que  quebrantó  los  artículos  29  de  la Constitución Política y 403, numerales  1°, 2°, 3°, 4° y 6°, de la Ley 906 de 2004.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia   impugnada   y,   por   lo   mismo,  absolver  a  Juan  Carlos  Pinto  Becerra.   

Quinto  cargo      

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  indirecta,  la  ley  sustancial,  por  error  de  derecho  por  falso  juicio de  legalidad,  habida  cuenta  que  se  realizó  una prueba sin observancia de los  requisitos consagrados en la ley.   

Sostiene  que  desde  la   audiencia   preparatoria  se  solicitó  la  exclusión  de  la  necropsia que determinó que la muerte de la víctima fue a consecuencia  de  un  choque  neurogénico  secundario  a  herida cortopunzante  en   cráneo,   por  cuanto  se  rompió  la  cadena de  custodia.   

Después  de  citar  el   D.R.786,   parágrafo   1,   artículo   8°,  de   1990,   dice  que  la historia clínica no fue aportada para que se hiciera  la  necropsia  como  bien  lo afirmó el médico legista. De ahí que insista en  que  se omitieron reglas probatorias en cuanto a la producción de este medio de  prueba.   

A continuación procede a citar el artículo  277  de  la  Ley  906  de  2004  y  anota que en el juicio se aceptó el acta de  necropsia como medio de prueba.   

De  tal  manera,  concluye que de no haberse  cometido  el  anterior  yerro  no  se habría condenado a su representado por el  delito  de  homicidio  agravado,  a fin de concluir sobre la verdadera causa del  fallecimiento de la víctima.   

En  tales  condiciones,  solicita a la Corte  casar    la   sentencia   impugnada   y,   consecuentemente,   absolver   a   su  representado.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  En el Código de Procedimiento Penal de  2004,  la  casación  se concibe como un medio de control constitucional y legal  que  procede contra las sentencias dictadas en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

De  manera  que  se  puede colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,   para   lo   cual   también   deberá   formular   y   desarrollar    los    correspondientes    cargos    y,   por   supuesto,  demostrar  la  necesidad de intervención de la Corte para  lograr  algunos  de los fines establecidos para la casación, según lo previsto  en  el  artículo  180 de esa normatividad, es decir, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación  de la jurisprudencia,  propósitos  que, como lo tiene dicho la Sala, son los mismos del proceso penal,  lo  que  explica  que  las  causales  de  casación tengan un diseño dirigido a  lograr esos fines.   

Por    ello,    “el        recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,   surge   nítido   que  la  libelista  no  cumplió  con  los  anteriores  presupuestos,  en  tanto  que no demostró la existencia del vicio y, menos, los  conectó  con  los  fines  que  informan  la casación de acuerdo con el sistema  consagrado en la Ley 906 de 2004.   

No  sobra  recordar  que  este  recurso  fue  estatuido  para  denunciar  vicios  de  derecho  o  de actividad cometidos en la  construcción  de  la  sentencia  o  en  el  trámite  judicial.  De ahí que al  casacionista  le  compete  que  postule  el  yerro  a través de las causales de  casación   contempladas   para  ese  fin,  demostrando  cómo  el  mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento, con el objeto  de  cumplir  con  los  fines  estatuidos  en  el  artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

Así  las  cosas,  vale  recalcar  que  la  casación   no   es  el  escenario  natural   para  increpar  el  grado  de  estimación  probatoria  sino para denunciar los anteriores vicios, en la medida  en  que  se trata de una impugnación de carácter rogada, correspondiéndole al  libelista  la  postulación  del vicio y la demostración del mismo frente a las  plurales conclusiones adoptadas en el fallo.   

Cuando  la censura se postula por la vía de  la  infracción  directa  de  la ley sustancial, el casacionista está aceptando  que  los  hechos  y  las  pruebas  declaradas  como  probadas en el fallo fueron  correctamente  incorporadas  y  apreciadas,  razón  por  la  cual  el debate se  circunscribe  a  la  aplicación  del  derecho,  sin  que tengan cabida aspectos  relacionados  con  la  credibilidad  de  los elementos de juicio y del acontecer  fáctico.   

La labor de demostración de la trascendencia  del  vicio  deberá  estar  sustentada en evidenciar que el juzgador seleccionó  una  norma  que no era la llamada a gobernar el asunto, que omitió otra que sí  resolvía  los  extremos  de  la relación jurídico procesal o, que habiéndola  escogido  correctamente  le  dio  un alcance interpretativo que no se deriva del  texto de la ley.   

De  otro  lado,  los errores en la actividad  probatoria  pueden  tener  como  génesis  yerros  de  hecho  o  de derecho. Los  primeros,  relacionados  con  la  contemplación  o  apreciación  del  medio de  prueba,  en tanto que se excluye un medio de convicción allegado validamente al  juicio  oral  o,  se  supone  o se excluye, otro, que se tergiversa su contenido  material  haciéndose  derivar  una  verdad que no emerge del mismo o, cuando se  aprecia   en   abierta   contrariedad  con  las  reglas  que  rigen  a  la  sana  crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce  el rito establecido en la ley que condiciona su validez y  cuando  el  juzgador  al  valorar  la  probanza  se aparta de la tarifa legal de  pruebas o se inventa una que no regula la ley.   

Así mismo, en el punto de la postulación de  la  censura  el  actor  debe  enseñar  a la Corte la clase del error y el falso  juicio  que  lo  determinó.  De  igual  manera, respecto a la trascendencia del  vicio,  debe  evidenciar cómo los medios de prueba de haber sido incorporados y  valorados  correctamente,  necesariamente  el fallo habría sido favorable a los  intereses que representa.   

Y,  por  último, también debe indicar a la  Corte  cómo  el  mentado vicio incidió en la aplicación del derecho, esto es,  que  se  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto   o,  que  se  excluyó  otra que sí resolvía todos los extremos de la relación  jurídico-procesal.   

En    lo    relativo   al   primer  cargo  que  la libelista propone a  fin  de denunciar una infracción indirecta de la ley sustancial por cuanto que,  en  su  criterio,  de la unidad probatoria incorporada en el juicio oral no  se  vislumbra  la  coautoría impropia de su representado, se quedó en el plano  del  simple  enunciado,  puesto  que  no  demostró  el  presunto  error  en  la  apreciación de las pruebas.   

En  efecto,  como  si tratara de una tercera  instancia,  la  demandante pretende que la Corte nuevamente valore los medios de  convicción  y  concluya  que  en  este  particular evento no emerge el grado de  conocimiento  de  certeza  para concluir en la autoría de su representado en la  comisión del delito de homicidio agravado.   

Es  decir,  pasa  por  alto que la sentencia  llega  a  esta  sede  amparada  por la doble presunción de acierto y legalidad,  esto  es,  los hechos y las pruebas fueron correctamente apreciadas y el derecho  estrictamente  aplicado,  presunción  que  sólo  se  derrumba a través de las  causales  de  casación  y  evidenciando la trascendencia del vicio frente a las  plurales decisiones adoptadas en el fallo impugnado.   

De  otro  lado,  también  se  colige  que  desconoce  los  parámetros  de  lógica y debida fundamentación para atacar la  prueba  de  indicios  con  base en esta impugnación extraordinaria, puesto, que  como  lo  ha dicho la jurisprudencia, de la Sala cuando el yerro se deriva de la  apreciación  del  hecho  indicador  el  reproche  se puede fundar a través del  error de hecho o de derecho.   

Situación distinta ocurre con la inferencia  lógica  y  el  grado  de  persuasión del indicio, en la medida en que sólo es  susceptible  de  censura  por  la  vía del error de hecho por falso raciocinio,  indicándose  cuál  fue el principio de la lógica vulnerada, de qué manera lo  fue  y  su  incidencia  frente  al  juicio  de  responsabilidad  adoptado  en la  sentencia.   

   

Y,  por  último,  la  Sala  avizora  que el  juzgador  basado  en  los  elementos de juicio incorporados al proceso dedujo la  intervención  del  acusado  a  título  de coautor. Así, teniendo en cuenta la  reconstrucción        fáctica        concluyó       que       “efectivamente  el  primero  de  octubre de 2006 Oscar Eduardo Pérez  Garavito  fue atacado y agredido por Pedro Pablo Jaimes, apodado Juan o juancho,  Juan  Carlos Pinto Becerra, alias paco, y Gabriel Suárez Becerra, alias gorila,  cada  uno cumpliendo una labor distinta a un mismo fin, no otro que, cercenar la  vida de su víctima…”.   

Arribó  a la anterior inferencia puesto que  Pinto  Becerra  “…junto  con sus otros compañeros  realizaron  comunitariamente  una  misma  operación  delictiva al punto que los  tres  atacaban  simultáneamente  a  la  víctima,  sobre  todo,  Jaimes y Pinto  Becerra  porque  éstos eran los que más lo hostigaban y acometían causándole  diversas  lesiones  en  su cuerpo, sin importar quién produjo la herida mortal,  porque   está   claro   que   la   intención   de   los   atacantes   era   la  misma…”.   

Respecto     a     los    cargos  segundo  y  cuarto   que  la  demandante postula contra el fallo por la vía de la infracción  directa  de  la  ley  sustancial,  se  aparta de su enunciado  e incursiona  indebidamente  por los senderos de la violación indirecta, habida cuenta que en  vez  de  demostrar  en qué consistió el dislate del juzgador en la aplicación  de  derecho, procede a criticar que de los medios de convicción incorporados en  el  juicio  oral  no  se  puede concluir que el resultado muerte (cargo segundo)  derivó  de  las lesiones ocasionadas por el acusado y que el testimonio de Yuri  González  Echavarría  (cargo cuarto) no debió de ser apreciado por cuanto fue  impugnada su credibilidad en el mismo acto público.   

De  manera que ninguno de los dos argumentos  ponen  en  evidencia  que  el  sentenciador  al  elaborar  el  juicio de derecho  trasgredió  los  artículos  29  de  la Constitución Politica, 9° del Código  Penal  y  403 de la Ley 906 de 2004, puesto que la argumentación central radica  en  oponerse  a  la  conclusión  probatoria  contenida  en  el fallo impugnado,  disparidad  de  criterios  que no constituye yerro para ser postulado en sede de  casación.   

Ahora  bien, como última critica  a la  elaboración  del  cargo  cuarto,  la  libelista  trasgrediendo  el principio de  autonomía  de las causales de casación y el de prioridad, anuncia que el yerro  de  apreciación  probatoria  condujo  a  que la sentencia se motivara de manera  sofistica,  afirmación  que  debió  ser  sustentada  por  la  causal segunda y  demostrada   por   la   vía   de   la  causal  primera  o  tercera,  según  el  caso.   

En    lo    atinente   al   cargo   tercero  que  se  finca  bajo  el  sustento  que  el  fallo  se apoyó en prueba de referencia, como una constante,  también  carece  de  la  correspondiente  demostración, en la medida en que no  pone en evidencia dicho yerro de actividad.   

Y, era que no podía cumplir con dicha carga  por  cuanto  revisado  el  fallo  del  Tribunal  se  colige  claramente  que  la  situación  denunciada  fue objeto de estudio, destacándose que los testimonios  presentados   por   la   fiscalía   “merecen  plena  credibilidad  máxime  que  no  se  advierte  en ellos ánimo mal sano de causar  daño  o perjudicar al procesado, pues con él no tenían animadversión alguna,  y  en  ellos  se  aprecia  que  sólo dicen la verdad aunque los testigos Martha  Nubia  Garavito  y  Herson Nicolás Pérez Garavito sea de mera referencia, pues  esa  sola  condición  no  conlleva su rechazo y menos cuando obra otro medio de  prueba que los corrobora, como aquí sucede”.   

En esas condiciones y bajo lo reglado en los  artículos  437  y  438  del Código de Procedimiento Penal, la Corporación fue  imperativa   en   indicar   que   dentro   del  trámite  se  logró  igualmente  “demostrar  con prueba documental y testimonial… y  las  declaraciones  de  los  médicos  y  familiares del fallecido Oscar Eduardo  Garavito,  que  éste  permaneció con vida durante 9 días en estado conciente,  lo  que  le  permitió  contar  a su progenitora Martha Nubia Garavito y hermano  Herson  Nicolás  Pérez  Garavito las circunstancias de tiempo, modo y lugar de  los  hechos respecto de los cuales fue víctima, indicando a los mencionados que  Juan  Carlos Pinto Becerra fue quien junto con Pedro Pablo y Gabriel Suárez, lo  persiguió  y agredió utilizando para ello un pico de botella, y siempre estuvo  con  aquellos en el restaurante y en la papelería. Empero debido a que el 11 de  octubre  de  2006  murió Oscar Eduardo Pérez Garavito no fue posible oírlo en  declaración”.       

De ahí que el Tribunal hubiese concluido que  en  este  asunto,  de  acuerdo  con  el  artículo  438, literal d, la prueba de  referencia tenía que ser admitida de manera excepcional.   

Y, en torno al cargo  quinto   que  la demandante funda por la vía del  error  de derecho por falso juicio de legalidad no demostró que la necropsia no  se  realizó  teniendo  como  fuente  de conocimiento la historia clínica de la  víctima;  y tampoco evidenció cómo esa circunstancia influyó en el juicio de  responsabilidad  del  acusado,  situación  que  impone,  como  lo  depreca,  la  absolución del procesado.   

Así  las cosas, se impone la inadmisión de  la  demanda.               

Resta  señalar  que  no   se    observa   que   con   ocasión   del   fallo  impugnado   o   dentro   de  la  actuación  se  violaron  los  derechos  o  las  garantías   de   los   intervinientes,  como  para que  tal  circunstancia   imponga   superar   los  defectos   del   libelo   para   decidir   de fondo,  según   lo      dispone     el     inciso     3°     del   artículo     184     de    la    Ley    906   de   2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir  la demanda de casación presentada a nombre del procesado  Juan  Carlos  Pinto  Becerra  procede el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 186  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido las reglas que habrán de seguirse para su aplicación,2    como  sigue:   

a)   La  insistencia  es  un mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la      demanda      de      casación      presentadas     por     la          defensora   de   Juan  Carlos Pinto Becerra.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo   de   insistencia   en   los   términos  precisados  atrás  por  la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                        AUGUSTO  J. IBAÑEZ GUZMÁN            

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                         

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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