33558(07-07-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  33.558   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA No.216  

Bogotá  D. C., siete (7) de julio de dos mil  diez (2010).   

VISTOS  

La  Corte  se pronuncia de oficio en sede de  casación  para  verificar  la  eventual  violación  de la ley sustancial en la  sentencia  dictada  el  24 de septiembre del 2009 por la Sala de Decisión Penal  del  Tribunal  Superior  de Manizales, que revocó la condenatoria emitida el 28  de  julio  del  mismo  año por el Juzgado Quinto Penal del Circuito de la misma  ciudad     contra     FELIX    ANTONIO    HERNÁNDEZ  ALCALDE   y  ARNEY  TAPASCO  REYES     por    el    delito    de    rebelión.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  A  partir de varias entrevistas rendidas  por  algunos  desmovilizados  del  Frente  Aurelio  Rodríguez  de  las FARC con  asiento  en  la  zona  occidental  de  Caldas, recaudadas por investigadores del  Departamento        Administrativo        de        Seguridad       –DAS-,  un  reconocimiento  fotográfico  realizado  por  CONCEPCIÓN  BONILLA GALEANO e interceptaciones telefónicas del  abonado  de  JHON  FREDY  ASPRILLA CAÑAS que daban cuenta sobre las actividades  insurgentes  desarrolladas  por  los  brazos  militar  y  político de ese grupo  armado  al  margen de la ley, se estableció que FÉLIX  ANTONIO    HERNÁNDEZ    ALCALDE    y   ARNEY  ANTONIO  TAPASCO REYES eran miembros  del      partido      comunista      clandestino     colombiano     –PC3-,   organización   encargada   de  impartir  instrucción ideológica, filosófica y política a los integrantes de  la  guerrilla  y que suministraban a esta organización información y elementos  tales   como  prendas  de  vestir,  medicamentos,  armas  y  demás  implementos  necesarios para el abastecimiento de los combatientes.   

2.  El  20 de noviembre de 2008, a petición  del  Fiscal  20  Seccional  de  Manizales,  el  Juez  Sexto  Penal Municipal con  Función  de  Control  de Garantías de la misma ciudad ordenó la captura   de los precitados.   

3.  Obtenida  la  aprehensión de HERNÁNDEZ  ALCALDE  y  TAPASCO  REYES,  el  25  de  noviembre de 2008, el Juez Octavo Penal  Municipal  con  Función  de  Control  de  Garantías de Manizales, legalizó el  registro,  el  allanamiento, la incautación de elementos materiales probatorios  y  la  captura  de  los  aprehendidos.  La  Fiscalía  por  su  parte,  formuló  imputación  por  el  delito  de rebelión. El cargo no fue aceptado por los imputados.   

En  la  misma  audiencia  preliminar, se les  impuso  medida  de  aseguramiento de detención preventiva intramural, decisión  que  fue recurrida por la defensa y confirmada el 12 de diciembre de 2008 por el  Juzgado Tercero Penal del Circuito del lugar.   

4.  Ese  día, el Juez Sexto Penal Municipal  con  Función de Control de Garantías de la misma ciudad autorizó la práctica  de   la   prueba   grafotécnica   de   identificación   de  voz  respecto  del  primero.   

5.  Por  su parte, el 10 de ese mes, el Juez  Primero  Penal  Municipal  con  Función  de Control de Garantías accedió a la  solicitud   de  realización  de  cotejo  fonoespectográfico  con  respecto  al  indiciado TAPASCO REYES.   

Aunque   la   defensa  había  apelado  la  decisión,  mediante  auto  del  21  de enero de 2009, el Juez Segundo Penal del  Circuito     de    Manizales    aceptó    el    desistimiento    del    recurso  respectivo.   

6.  El 22 de diciembre de 2008, el ente  investigador  presentó  escrito  de  acusación contra FELIX ANTONIO HERNÁNDEZ  ALCALDE,  alias  “Félix”  o “Feliciano” o “El Pitufo” por el delito  de  rebelión  agravada   conforme   lo  describen  los  artículos  463  y  473  del  Código  Penal y respecto a ARNEY ANTONIO TAPASCO,  alias  “Erney”  o  “El gordo” o El viejo” por el reato de rebelión.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     

7.  El  asunto  correspondió  al Juez Sexto  Penal  del  Circuito  de  Manizales,  funcionario  ante quien el 5 de febrero de  2009,   se  celebró  la  audiencia  de  formulación  de  la  acusación.    

8. No obstante, por redistribución dispuesta  por  el Tribunal Superior de Manizales mediante acta No. 02 del 19 de febrero de  ese  año,  el  27  siguiente,  el Juzgado Quinto Penal del Circuito de la misma  localidad asumió el conocimiento del proceso.   

9.  A instancia del mismo juzgador, el 14 de  abril de 2009, se celebró la audiencia preparatoria.   

10.  El juicio oral inició el 2 de junio de  2009  y  se prolongó durante los días 3, 4, 5 y 8 del mismo mes. Al cabo de la  última  sesión,  el  juzgador  anunció  que el sentido de la decisión sería  condenatorio.   

11.  El  fallo  proferido  el 28 de julio de  2009,  sentenció  a  los  enjuiciados  en  calidad  de  coautores del delito de  rebelión  y les impuso las  penas  principales  de  ocho  (8)  años  de  prisión  y  multa  en cuantía de  $61.533.179,  así  como  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo término.  De igual manera,  les  negó  la suspensión condicional de la ejecución de la pena y la prisión  domiciliaria.   

12.  La  sentencia,  apelada  por la defensa  técnica,  fue  revocada por  la  Sala  de  Decisión  Penal  del Tribunal Superior de Manizales, en fallo del  pasado   24   de   septiembre   de   2009,   en   el   sentido  de  absolver  a  los procesados de los cargos  formulados por la Fiscalía.   

13. Dentro de la oportunidad legal, el Fiscal  20  Seccional  de  Manizales  interpuso y sustentó el recurso extraordinario de  casación.   

14.   El   asunto   fue   remitido   a  la  Corte.   

15.  Pese  a los defectos lógicos argumentativos que exhibía el libelo,  por  auto del 15 de marzo de 2010 la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema  de  Justicia  admitió  la  demanda  promovida  por  el sendero de la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  y  fijó  hora y fecha para la audiencia de  sustentación oral.   

No obstante, el 12 de abril, es decir, antes  de  surtida  la  correspondiente  audiencia,  el  Fiscal Noveno Delegado ante la  Corte    Suprema,    presentó    memorial    de   desistimiento   del   recurso  extraordinario.   

La  Sala,  sin  embargo,  aceptó el aludido  desistimiento  y  ordenó  la devolución del proceso al despacho del Magistrado  Ponente para conocer de oficio el asunto.   

CONSIDERACIONES  

Tal  como  se  expresó en el auto del 21 de  abril  de 2010, por cuyo medio aceptó el desistimiento del recurso de casación  manifestado  por  un  Delegado  de  la Fiscalía General de la Nación ante esta  Corporación  y el retorno de las diligencias al despacho del Magistrado Ponente  a   fin   de   que   la   Corte   se   pronuncie  de  oficio  respecto  a  la  eventual violación de la ley  sustancial  en  la  sentencia  de  segunda  instancia,  que pudiera tener efecto  trascendente  en la decisión absolutoria emitida por la Sala de Decisión Penal  del  Tribunal  Superior  de Manizales con aplicación del principio in  dubio pro reo, corresponde a esta Sala  verificar  si  la  decisión  objeto  de examen incurrió en yerros que por vía  indirecta la vulneren.   

1. Las decisiones de instancia.  

1.1. Con fundamento en prueba testimonial de  algunos  desmovilizados  pertenecientes  al Frente Aurelio Rodríguez de la FARC  –EDISON  DAVID  GONZÁLEZ  ÁLVAREZ,  JOSÉ  EUCLIDES  GONZÁLEZ  ALZATE, CONCEPCIÓN BONILLA GALEANO, LUIS  ALONSO  CASTAÑEDA  y  LUZ MARY BARTOLO-, los reconocimientos fotográficos ante  la  policía  judicial,  ratificados en el juicio y unos manuscritos encontrados  en  el  allanamiento  practicado  a  ARNEY  ANTONIO  TAPASCO REYES alusivos a su  simpatía  con el grupo guerrillero, el juez de primer grado halló responsables  a los enjuiciados del punible de rebelión.    

Afirmó en la sentencia que pese a que FELIX  ANTONIO  HERNÁNDEZ ALCALDE y ARNEY ANTONIO TAPASCO REYES utilizaron los canales  democráticos  para  postular sus ideas políticas, en tanto que con el aval del  Partido  Polo  Democrático  Alternativo, el primero, fue diputado a la Asamblea  de  Caldas  y  el  segundo,  candidato  a  la  Alcaldía  de Supía y gobernador  suplente  del  Resguardo Indígena de Cañamomo y Lomaprieta, obra constancia de  que  “ellos fueron militantes del partido político  PC3,  auspiciaron  y  apoyaron  al  grupo  rebelde  de las FARC, precisamente al  frente  Aurelio  Rodríguez  no  solo  con  sus  ideas,  integrando  el  partido  clandestino  PC3,  además  proveyéndolos  con uniformes, armas, llegando hasta  tal  punto  de  informar  a  aquellos  los lugares donde se encontraba la fuerza  monopólica      del      Estado     erigida     constitucionalmente”1.   

Consideró el juzgador, que la condición de  desmovilizados   de  los  testigos,  “no  le  resta  credibilidad   a   sus   atestaciones”  por  cuanto  justamente  esa  calidad  es la que les permite dar a conocer el grupo armado al  que  pertenecían,  las  fechas  de  ingreso  y  de  deserción,  los lugares de  operación,  las  personas  que  los  auxiliaban,  la  forma  de  cautivar  a la  población  civil  y de intercomunicarse en clave, el manejo de la organización  y las reuniones a las que asistieron.   

Afirmó, igualmente, que las contradicciones  en  que  incurrieron  los  deponentes  no tienen “el  peso  o  contundencia suficiente para desechar esos testimonios como incrédulos  o mentirosos”.   

Con  todo,  encontró  inviable  valorar las  interceptaciones  telefónicas  de  conversaciones  presuntamente sostenidas por  los   enjuiciados   y   JUAN   CARLOS   RODRÍGUEZ  HERRERA,  alias  “Yimy”,  “pues    no    se    sabe    quienes    son   los  intercomunicadores”  y,  de igual modo, descartó la  posibilidad  de  deducir  la  causal  de  agravación  punitiva  imputada por la  Fiscalía  a  FELIX ANTONIO HERNÁNDEZ ALCALDE, prevista en el artículo 473 del  Código  Penal, por cuanto no obtuvo certeza de que durante el año 2006, tiempo  para  el  cual  aquél  fungió como diputado departamental, hubiera prestado su  ayuda al grupo insurgente.   

1.2.  Por su parte, el Tribunal con apoyo en  el    principio   in   dubio   pro   reo,  absolvió  a  los  procesados  porque  una  vez  recapituló  las  versiones  entregadas  por  EDISON  DAVID  GONZÁLEZ  ÁLVAREZ,  JOSÉ  EUCLIDES  GONZÁLEZ  ALZATE,  y  CONCEPCIÓN  BONILLA  PALACIOS,  alias “Melquíades”,  “Darío”  y  “Mondeco”, respectivamente, advirtió que si bien no pueden  ser  desestimadas  por  el sólo hecho de provenir de desmovilizados, no ofrecen  credibilidad  ya  que “si bien dan a conocer algunos  (sic)  situaciones  que  en  forma  personal y directa vivenciaron, ello no liga  inexorablemente   a   aquellos   al   ilícito  objeto  de  reproche”2.   

Argumentó  el  Ad  quem  que ninguno de los  testigos  vinculó a los incriminados con labores de inteligencia, información,  proselitismo  subversivo,  apoyo  económico o cualquier otra actividad que nada  tenga  que  ver  con el uso de las armas, por lo que únicamente subsistió para  el  juzgador  plural  el  reproche por una “probable  colaboración     de     índole     ideológica     o     política”.   

Dijo  que los aludidos testimonios que daban  cuenta  sobre  los temas abordados por los enjuiciados y alias “Yimy” en sus  reuniones  y  la  pertenencia  de  estos  al PC3, sólo fueron de oídas, ya que  “ninguno   de   ellos   se   aventura   a  indicar  concretamente  en  que  (sic)  consistía  la labor cumplida por los acusados al  interior    de    dicho   (sic)   de   dicho   partido   subrepticio”3,  además  que  ellos  incurrieron  en  contradicciones con WILLIAM  CARTAGENA  FLÓREZ y LUIS ALONSO CASTAÑEDA sobre el número de miembros de cada  célula y la frecuencia de las reuniones.   

También  se cuestionó el juez plural sobre  la  posibilidad  de  dar  crédito  a  alias  “Melquíades”,  “Darío” y  “Mondeco”,  en tanto los considera “combatientes  rasos,  que  estuvieron  poco  tiempo al servicio de alias “Yimy” y nada les  consta   acerca   de  las  reuniones  que  este  comandante  sostenía  con  los  acusados”4,  o a Luis Alonso Castañeda y  Cartagena  Flórez,  quienes brindan información distinta a la de aquellos y en  todo  caso,  tienen la condición de “militantes por  largo  tiempo del frente Aurelio Rodríguez”, máxime  cuando  éste  último  aseguró  que  no  le  consta  la  participación de los  acusados en el movimiento político ilegal.   

Del  mismo  modo, a partir del testimonio de  LUIS  ALFONSO  CASTAÑEDA,  el  Tribunal dedujo el número de integrantes de las  células  y de los líderes de cada una de ellas que concurrían a las reuniones  que  se  hacían mensualmente y, coligió que el PC3 estaría conformado por 720  miembros,  lo  cual a su juicio pugna contra la lógica y la experiencia, porque  la  cantidad de adiestradores políticos o ideológicos no puede ser superior al  de  combatientes,  “cuando por antonomasia se tiene  que  es  a  través  del  alzamiento en armas básicamente, que la lucha rebelde  está   llamada   a   derrocar  el  gobierno  de  turno”  y  esa  “desfasada  aglomeración      de     individuos”5 reñiría con  el   principio   de   compartimentación de la información.   

Tampoco se explicó el Ad quem que dentro del  juicio  sólo  se  hubiera  hecho  alusión  a  unas  3  o 4 reuniones a las que  habrían  asistido los procesados, cuando el testigo CASTAÑEDA afirma que entre  el  2000  y  el 2008 estos no faltaron a ninguna de las programadas mensualmente  -12 anuales-.   

Aseguró,   por   lo   tanto  que,  existe  “total ignorancia” en el  expediente  “acerca de la razón de ser del mentado  pc3,  nada  se  sabe acerca de su funcionamiento, su estructura, su organigrama,  la  forma  concreta  en  que  incidía  en  el  estamento  guerrillero y lo más  relevante  aún,  de la vinculación que con el mismo tenían los acá acusados;  es  más,  ni siquiera se estableció con certeza, tal como lo exigen las normas  procesales,  el  nexo entre los acusados y el comandante “Yimy”, de quien se  dijo   era   el   jefe   de   las   ideas  en  el  grupo  insurgente”6.   

En este sentido, concluyó que no era viable  deducir   responsabilidad  penal  en  contra  de  los  acusados  “por  el  mero  hecho  de asistir a reuniones programadas por grupos  subversivos”7, pues en criterio del juzgador  de  segundo grado, es posible que hayan sido presionados, amenazados u obligados  a   ello,   atendiendo   “las   circunstancias  de  subordinación  y  desprotección  en  que  se  encuentra la población civil en  frente  de  los  grupos armados ilegales”8,  sobre  todo  tratándose  de dirigentes indígenas que deben propender por el bienestar de la  comunidad,  lo cual a su vez explica el tema que apareció tratado en el acta de  una  reunión  sostenida  por  HERNÁNDEZ  ALCALDE con alias “Yimy” a la que  alias  “Melquíades”  aludió,  relativo  a la autonomía de las comunidades  indígenas  y  la prohibición para los jóvenes de ingresar a las FARC, so pena  de ser excluido del cabildo.   

Remató   afirmando  que  no  tiene  mayor  significación  para los fines punitivos que, los incriminados hayan entregado a  los    subversivos    ropa    y    medicamentos,   pues   además   –en  su criterio- esto no constituye una  asistencia  idónea  tendiente  al  fortalecimiento  y  funcionamiento del grupo  guerrillero,  porque i) a partir del testimonio de alias “Darío” no se sabe  qué  motivó  esas  entregas, ii) las prendas de vestir no eran uniformes, iii)  seguido   a   la   recepción  de  los  medicamentos  alias  “Yimy”  habría  manifestado   –según  lo  afirmó  Luis  Alonso  Castañeda-  “sí, nos está  cumpliendo”9,  lo  que  indica  que  ARNEY  ANTONIO  “pudo estar obedeciendo a una coacción del  jefe    insurgente”10   y,   iv)  la  información  suministrada  por los testigos es fragmentaria sin precisión de circunstancias,  modo, tiempo y lugar.   

Finalmente,  la corporación judicial avaló  la  decisión  del  A quo de no darles valor a las interceptaciones telefónicas  escuchadas   en   el   juicio   y   aplicó   la   presunción  de  inocencia  y  correlativamente   el   principio   in   dubio   pro  reo.   

2.   Sobre la violación indirecta de la  ley sustancial y sus modalidades de error.   

Aunque en principio, la sentencia goza de la  doble  presunción  de acierto y legalidad, a través del recurso extraordinario  de  casación  es  posible  demostrar  que  en la misma el juez de segundo grado  –también  el  de  primera  instancia  si  el  sentido  del  fallo  es  el mismo por virtud del principio de  inescindibilidad  o  de  unidad de decisiones- incurrió en violación directa o  indirecta de la Constitución o la Ley.   

Por  ser  pertinente  para  el caso, la Sala  sólo  aludirá  a  la  infracción  de carácter indirecta de la ley sustancial  producida  por  errores  de  hecho en el proceso de apreciación de las pruebas,  los  cuales  se  proyectan  en  las  modalidades  de falso juicio de existencia,  identidad   y   raciocinio,   se   concretan  siempre  que  el  defecto  revista  trascendencia  en el sentido de la decisión que se estudia, de tal forma que se  acredite  que  de  no  haberse consolidado el desacierto, tanto las imputaciones  fácticas como jurídicas del fallo serían distintas.   

El falso juicio de existencia, como su nombre  lo  indica, implica omitir la valoración de una prueba que materialmente reposa  dentro del expediente o suponer una que no obra en el mismo.   

Por   su  parte,  el  juzgador  incurre  en  falso  juicio  de identidad  cuando  cambia  el  sentido  literal  de  un medio de convicción para ponerlo a  decir  algo  que  no revela.  Ello puede ocurrir por tergiversación porque  varía  o  distorsiona  el  contenido material de la prueba, por adición cuando  agrega  aspectos  o  resultados  fácticos  no  comprendidos  por el elemento de  persuasión,  o  por  cercenamiento  si  suprime  hechos fundamentales del medio  probatorio.   

El  falso  raciocinio, en cambio, se produce  cuando  al  apreciar  una prueba el sentenciador le asigna un mérito persuasivo  que  desatiende alguna regla de la sana crítica, esto es, un postulado lógico,  una ley científica o una máxima de la experiencia.   

En todo caso, se insiste, el defecto debe ser  relevante,  al  punto  que  tenga  la  capacidad de modificar sustancialmente el  sentido del fallo impugnado.   

3.     El    pronunciamiento    de  oficio.   

En  el  examen de admisión de la demanda de  casación  promovida  por  el  Fiscal  20  Seccional  de  Manizales,  contra  la  sentencia  de  segundo grado dictada por la Sala Penal del Tribunal Superior del  mismo  distrito  judicial,  aquella  constituyó  el  marco  de  reflexión para  inferir  la  probable  violación  indirecta de la ley sustancial en que habría  incurrido el juez plural.   

Ante   el   desistimiento   del   recurso  extraordinario   por   parte   del   Fiscal  Delegado  ante  esta  Corporación,  debidamente  aceptado en proveído del pasado 21 de abril de 2010, en procura de  salvaguardar  los  fines  de  la  casación,  la  Sala procede a pronunciarse de  oficio  sobre  los  errores  de  hecho con efecto trascendente, detectados en el  fallo de segunda instancia, tal como sigue:   

Con   fundamento  en  la  aplicación  del  principio  in dubio pro reo,  y  de  la  presunción  de  inocencia,  el  Tribunal  absolvió  a  FELIX   ANTONIO   HERNÁNDEZ   ALCALDE  y  ARNEY  ANTONIO  TAPASCO REYES  del delito de rebelión.   

A   su   juicio,   la   prueba  de  cargo,  esencialmente  de  carácter  testimonial,  impide  alcanzar el grado de certeza  necesario para condenar.    

La  Sala demostrará que esta premisa carece  de  soporte argumentativo, en la medida que parte de múltiples errores de hecho  que  de  no  haberse  configurado  habrían  impedido  la  emisión  de un fallo  absolutorio.  En  efecto, contrario a lo sostenido por el Ad quem es contundente  la  prueba  recaudada y, sólida la persuasión racional derivada de aquella que  permite  efectuar  sin  asomo  de  duda,  un juicio de reproche penal contra los  coacusados por el punible de rebelión.   

3.1.  De  los  falsos juicios de identidad y  raciocinio presentes en el fallo de segunda instancia.   

La  revisión  integral  de  la sentencia de  segundo  grado permite establecer que el Tribunal incurrió en múltiples yerros  de  raciocinio  e identidad en los distintos sentidos de violación –adición,     tergiversación     y  cercenamiento-   que   recayeron  sobre  la  prueba  testimonial  incriminatoria  valorada,  los  cuales  condujeron  a  que  diera  por no probada la pretensión  acusatoria,  pese  a  que está plenamente demostrado el compromiso criminal que  le    asiste    a    HERNÁNDEZ   ALCALDE  y  TAPASCO REYES  en  la  comisión  del  delito  de  rebelión,  en su condición de miembros del  partido  comunista  clandestino  colombiano, en adelante, PC3 del Frente Aurelio  Rodríguez de las FARC.   

Sobre  la  valoración  de  los  medios  de  conocimiento,  el  artículo  380  de la Ley 906 de 2004 prevé que ellos han de  ser  apreciados en conjunto.  Ello con el fin de obtener más allá de toda  duda  razonable  el conocimiento sobre los hechos y la responsabilidad penal que  le asiste al enjuiciado.   

Es  así  como  bajo  el  tamiz  de  la sana  crítica,  esto  es,  de la lógica, la ciencia o la experiencia, corresponde al  juzgador  efectuar  un ejercicio analítico en el que confronte en su integridad  el  universo de elementos de convicción aducidos, controvertidos e incorporados  legalmente  en el proceso, para inferir a partir de ellos la existencia o no del  hecho punible.   

Como  es  obvio, la prueba testimonial, como  medio  de  persuasión  racional  que  es,  debe  ser  valorada  por el operador  judicial,  con  apego  a  tales  postulados y en especial, a los descritos en el  artículo  404  ibídem, es decir, a “los principios  técnico  científicos  sobre  la  percepción y la memoria y, especialmente, lo  relativo  a la naturaleza del objeto percibido, al estado de sanidad del sentido  o  sentidos  por los cuales se tuvo la percepción, las circunstancias de lugar,  tiempo   y  modo  en  que  se  percibió,  los  procesos  de  rememoración,  el  comportamiento  del testigo durante el interrogatorio y el contrainterrogatorio,  la     forma     de     sus    respuestas    y    su    personalidad”.   

En  punto  de  la  credibilidad que se ha de  conferir   a   un   testimonio   cuando  el  sujeto  que  lo  rinde  incurre  en  contradicciones  consigo  mismo  o  con  otros medios de prueba, la Sala ha sido  enfática  en  señalar que ante inconsistencias irrelevantes o marginales entre  varios  relatos  y  coincidencia plena en lo principal, no es posible magnificar  aquéllas  para  restarle  crédito  al  dicho  del  deponente  si no que por el  contrario,  es  posible  conceder  mérito  persuasorio  a la prueba11.    

Ahora, aunque atendiendo la jurisprudencia de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  el  Ad  quem  reconoció  que “no  todo  miembro   de  la organización rebelde tiene que ser  combatiente  (…) basta con que se pertenezca al grupo y por esa razón le sean  encomendadas   labores   de   diversa   naturaleza   tales   como  inteligencia,  información  propagandismo subversivo, apoyo económico, en fin, cualquier otra  actividad   que  nada  tenga  que  ver  con  el  uso  de  las  armas”    12,   también   afirmó   que  “ninguno   de   los  testigos,  le  acuña  a  los  procesados   uno   de   esos   alternos   procederes,  subsistiendo  para  ellos  únicamente  la censura en  cuanto    a    una    probable    colaboración   de   índole   ideológica   o  política”13,  premisas  estas que no son  ciertas,  y  que  en  su  orden  constituyen  falsos  juicios  de  identidad por  cercenamiento y de raciocinio como pasa a demostrarse.   

Contrario  a  lo  sostenido por el Tribunal,  cuatro  de los cinco testigos de cargo coinciden en señalar a los acusados como  miembros  de  las  FARC,  concretamente,  de  las  células que integran el PC3,  imputación  que  se  robustece con los señalamientos que en las diligencias de  reconocimiento  fotográfico, debidamente ratificados en el juicio oral hicieron  en  contra  de  FÉLIX  ANTONIO  HERNÁNDEZ  ALCALDE  y  ARNEY  ANTONIO  TAPASCO  REYES.   

Es así como cada uno relata lo que le consta  acerca   de   su   participación   en  distintas  reuniones  y  “escuelas  guerrilleras” convocadas para  los  integrantes  de  ese  movimiento  político  ilegal y sobre el desempeño a  favor  del  Frente  Aurelio  Rodríguez  con  asiento  en  el sector de Riosucio  (Caldas),  de  labores  de logística, favorecimiento en el trámite de libretas  militares  para los jóvenes del Resguardo de Cañamomo y Lomaprieta, entrega de  información,  suministro  de  armas, medicamentos, prendas de vestir y tarjetas  para  celular,  tareas  todas  ellas  que con un mismo objeto común pretendían  garantizar el cabal funcionamiento del grupo subversivo.   

Así, EDISON DAVID GONZÁLEZ ÁLVAREZ, alias  “Melquíades”  quien  fue  miembro  de  las FARC por aproximadamente 14 o 15  años14,  contó  que hacia el año 2000 cuando temporalmente -6 meses a lo  sumo-   fungió   como   comandante   del  aludido  Frente,  recibió  de  alias  “Germán”  –cabecilla a  quien      sucedió      en      el      mando-15 una agenda contentiva de los  nombres     de     los     miembros    del    PCC16,  con  el  fin  de  que  los  convocara  para  saber  cómo  iba  la  organización  en ese sector17,  documento  en  el  que  aparecían “Félix y Arney Tapasco”18,  conocido éste último por  él            como            “Erney”19.   

Afirmó  el  testigo,  que  si bien intentó  tener  una  reunión  con  ellos,  para  lo  cual  le  solicitó  a  Tom,  alias  “Libardo”  -su  segundo-  que  los  convocara,  aquellos  no  comparecieron,  seguramente  porque  no  era  conocido  por ese lugar, pero en todo caso, FÉLIX  terminó      por      reunirse      con     Tom20.   

Posteriormente, en el mismo año, conoció a  FÉLIX  en  una reunión que se realizó en la noche en una caseta ubicada entre  las   Veredas  Portachuelo  y  La  Iberia,  la  cual  fue  presidida  por  alias  “Yimy”21,   pero   desconoce  el  tema  tratado22.   A  los dos días, en  la  Vereda  Paneso, se realizó otra reunión, a la que también asistió aquél  procesado,  con  el  fin de tratar el apoyo político que el grupo insurgente le  entregaría    a    la   candidata   “Fabiola”23.   

De  igual  modo,  ratificó  que  si bien no  asistió  a  la  “escuela”  guerrillera  y  a  la reunión programadas en la  Vereda  Cábarga  con  el fin de dar adiestramiento político por parte de alias  “Germán”    a    los    miembros    del   PC324,  que  duraron  entre  3 y 8  días  cada  una  y se celebraron en las casas de Alejandrina y una dama llamada  posiblemente  Socorro,  respectivamente,  indicó que tuvo en sus manos tanto un  casete  como  el  listado  de  los  asistentes, así como las conclusiones de la  segunda  reunión,  documentos  en  los  que  constaba la asistencia de FÉLIX y  ARNEY,  los  cuales guardó en una caleta en la finca de un señor Jesús Motato  y   que   recibió   en   un   paquete   que   le  entregó  Tobías25.   

Así mismo, afirmó haber conocido a través  de  LUZ MARY BARTOLO que la reunión celebrada el 4 y 5 de enero de 2007, por el  sector  del  Manzo,  pretendía tratar el tema del apoyo a la campaña política  de   FÉLIX26  y  que desconoce cualquier otro tipo de colaboración prestada por  los  procesados  al  Frente, salvo porque cuando necesitó “tarjetas”, alias  “Libardo”  le  dijo  que  podía conseguirlas con FÉLIX o ARNEY27.   

Por  su  parte,  JOSÉ  EUCLIDES  GONZÁLEZ  ALZATE,  alias  “Darío”, indicó que conoció a los procesados en la vereda  La  Esperanza,  cuando en compañía de alias “el flaco” y “Valeria” los  recogió  para  conducirlos  a  una  reunión  que  aquellos  tuvieron con alias  “Yimy”   y   alias   “Otilia”,  para  hacer  una  lista  de  prendas  de  vestir28.    

Aunque el deponente precisó que no conoció  directamente  sobre  lo  tratado  en  la  reunión,  logró advertir que estaban  “cuadrando    la    lista    de   ropa   de   una  intendencia”29  porque alias “Yimy” los  llamó  para  tomar  las  tallas respectivas de pantalones, camisas, camisetas y  sudaderas,  prendas  que  cerca de 15 días después recogió en la Esperanza de  manos   de   FÉLIX   en   4   o  5  bolsas  negras30,  que  posteriormente fueron  repartidas    a    los   integrantes   del   grupo31.   

A su turno, CONCEPCION BONILLA GALEANO, alias  “Mondeco”,  informó que le consta la militancia de FÉLIX con el PC3 porque  alias  “Yimy”  le  contó que aquél, era el encargado de una célula.   Igualmente,  afirmó  haber  visto  que  éste  procesado  se  reunió  en  tres  ocasiones  con su comandante (Veredas Chancos y Cábarga) y que ARNEY lo hizo en  dos oportunidades.   

En  concreto, una vez dio las señas exactas  de  la casa donde se reunió FÉLIX con alias “Yimy”, relató que la primera  vez  que  lo vio, concurrió acompañado de un miliciano llamado “Alfonso” y  luego   se   reunió   en   un  cuarto  con  aquél32.    En   la   segunda  ocasión,  llegó  solo  como a las 10:30 a.m., con unos papeles en la mano y se  congregó  con  el  mismo detrás de una ramada y en la sala de la casa en donde  le  entregó  los  documentos  que  llevaba,  uno de los cuales, una vez partió  aquél,  alias  “Yimy”  lo  mostró  al  testigo  y  a  otros, aclarando que  contenía  una  declaración  de un desertor y un volante con las fotos de alias  “el  flaco”  y  alias  “Yimy”  por  quienes  se pedía recompensa.   Seguidamente,  les  dijo  que, “ese era el daño que  hacían  las  personas que se venían de la organización porque después pasara  lo     que     pasara     que     venían     a     hablar     cosas”33.   

Por  último,  señaló  que  a  la  tercera  reunión,  realizada  en  la  misma  casa  del encuentro anterior, FÉLIX llegó  acompañado  de  alguien  que  no  conoce  y  en esta oportunidad, el declarante  presenció  cuando  aquél  le  mostró  a  alias “Yimy” una “pistola  negra  7  pequeña”34, y que en la  tarde,  cuando  hizo  cambio  de armamento -presume el testigo- se la entregó a  Doraldo,  pues  el  arma  de  éste  se la dio a una muchacha llamada Carolina y  quedó   sobrando   un   revólver   que   pasó  a  ser  de  otro  miembro  del  grupo35.   

A ARNEY lo vio reunirse con alias “Yimy”  en  una casa sola por la cancha de Cábarga por un lapso de hora u hora y media,  al  cabo de la cual, aquél le dio a éste un poncho36.  La segunda vez que los vio  reunidos,   en   la  casa  de  “doña  Rubiela”,  frente  a  la  escuela  de  Cábarga37  presenció  cuando alias “Yimy” le mostró en su computador un  video  de  una  revuelta  en  el  Cauca y le dijo que esa era la forma en que se  organizaba  el  pueblo  contra  la burguesía para la toma del poder38.  ARNEY  le  llevó  unos  documentos  y alias “Yimy” le entregó otro en el que se leía  “PC3”39.   

También aseguró haber recibido una llamada  telefónica  para  alias  “Yimy”  que tenía como interlocutor a alias “El  Gordo”,  el  cual  según  lo informó aquél al testigo era ARNEY40.   

Así mismo, precisó que si en la entrevista  utilizada  por  la  defensa para impugnar su credibilidad relacionó a ARNEY con  el  evento de la pistola, debe ser porque quedó mal escrito en ella41.   

Finalmente,  LUIS  ALONSO   CASTAÑEDA   TAPASCO,   persona  que  siendo  cabildante   del  Resguardo  de  Cañamomo  y  Lomaprieta  durante  el  período  comprendido      entre      2001      y     200642,  igualmente  hizo  parte de  las  filas  del  Frente  Aurelio  Rodríguez  de  las  FARC, durante un término  aproximado  de  13 años, primero como auxiliador y luego, a partir del 2001, en  calidad   de   miembro   del   PCC   que   posteriormente  pasó  a  denominarse  PC343,  bajo  la  dirección  de alias “Yimy”, afirmó que conocía a  FELIX  HERNÁNDEZ  y a ARNEY TAPASCO porque por 5 años fue cabildante con ambos  y  dentro  del mismo período supo de la actividad del segundo en la Secretaría  de  Salud  del Resguardo de Cañamomo y Lomaprieta, así como por la pertenencia  de  ellos  a  la  organización  guerrillera  como  miembros del PC344,   y   su  asistencia   a   todas   las   reuniones  convocadas  por  los  comandantes  del  Frente45,  en  especial, por alias “Yimy”, las cuales se realizaban cada  mes o mes y medio.   

Agregó  que,  FELIX  HERNÁNDEZ manejaba un  proceso  de  libretas  militares con el fin de que los jóvenes que cumplían la  mayoría   de   edad   no   prestaran   el   servicio  militar,  “sanear   el   resguardo”  para  que  no  entraran  a  la  fuerza  pública,  y  “abrirle las  puertas  a  la guerrilla”46 y, dijo desconocer cualquier  otra forma de colaboración de él para con la guerrilla.   

Respecto de ARNEY TAPASCO dijo que le consta  su  colaboración  a favor del Frente porque “de sus  manos  y  muy  personal” recibió en varias ocasiones  droga47  que  a  su  vez  era entregada en la comunidad de Planadas a alias  “Yimy”,  quien  al respecto, manifestaba “si nos  están    cumpliendo”48.   

Como  bien  se  observa,  fueron  múltiples  “los      alternos      procederes”   –en  los  términos  del  Tribunal-  desplegados  por  los  coprocesados  que reafirman su  pertenencia  al  Frente  Aurelio  Rodríguez  de las FARC, pues todas las tareas  referidas  por  los testigos y desarrolladas por los enjuiciados constituyen sin  lugar  a duda actividades que apuntan al fortalecimiento y estabilidad del grupo  insurgente.   

En  este punto, pertinente resulta rememorar  que  de  forma  constante, la Sala de Casación Penal ha sostenido que aunque la  descripción  del  tipo  de rebelión previsto en el artículo 467 de la Ley 599  de  2000,  sanciona  penalmente  a  quienes  mediante  el  empleo  de  las armas  pretendan  derrocar  al  Gobierno  Nacional  o, suprimir o modificar el régimen  constitucional  vigente,  no  sólo  son  sujetos activos de la conducta punible  aquellos  que  literalmente  empuñen las armas con los propósitos mencionados,  pues  siendo  los  grupos guerrilleros, organizaciones constituidas al margen de  la  ley  con  el  objetivo  de quebrantar la institucionalidad gubernamental, su  cabal  funcionamiento  demanda  de  una  estructura  que  en diferentes ámbitos  garantice  el desarrollo de las actividades subversivas, lo que implica que todo  aquél  que desarrolle labores de reclutamiento, adoctrinamiento, capacitación,  financiamiento,    ideología,    planeación,    milicia    urbana   o   rural,  comunicaciones,   publicidad,  infiltración,  asistencia  médica,  logística,  –aprovisionamiento   de  armas,  medicamentos,  víveres,  ropa,  uniformes,  celulares,  etc.-  y demás  tareas  que  impliquen  el  sostenimiento  irrestricto  de la causa guerrillera,  tendrá  la  condición  de rebelde, en la medida que todos comparten los mismos  ideales  y  objetivos,  y  su  colaboración  está  sujeta  a  una repartición  funcional predeterminada.   

Sobre   el   particular  ha  precisado  la  Corte49:   

“En este sentido  es  de  reiterar  que  los  actos  de  rebelión  no  se  agotan solamente en el  enfrentamiento  armado  con  los miembros de la fuerza pública, al punto que el  tipo  delictivo  también  encuentra  realización  en  la  sola pertenencia del  sujeto  agente  al  grupo subversivo y que por dicha razón le sean encomendadas  labores     de     cualquier     naturaleza,     tales     como     financiamiento,     ideológicas,    planeación,    reclutamiento,  publicidad,    relaciones    internacionales,   instrucción,   adoctrinamiento,  comunicaciones,  inteligencia, infiltración, suministros, asistencia médica, o  cualquier  otra  actividad  que  no  se relacione directamente con el uso de las  armas,  pero  que  se  constituyan en instrumento idóneo para el mantenimiento,  fortalecimiento    o    funcionamiento    del    grupo    subversivo.  Por  esto  resulta  de  obvio  entendimiento que se puede dar el  calificativo  de  rebelde  a quien tales actividades realiza, así materialmente  no  porte  armas  de  fuego  ni  haga  uso de ellas, porque la exigencia típica  relativa  al  empleo  de  las  armas  se  da  con las que, en orden a lograr sus  finalidades,   utiliza   el   grupo  rebelde  al  que  se  pertenece50”.   

En  el mismo sentido, reiteró recientemente  la    Sala51:   

“Se  tomó como  punto  de  referencia la concepción que en materia de autoría y participación  frente  al  delito  de “Rebelión” tiene fijada la jurisprudencia de la Sala, en  cuanto  a  que  la  condición  de  rebelde  no  solamente  la  ostenta quien es  combatiente,  porta  armas  y  se  enfrenta  a la Fuerza Pública, sino también  todos aquellos comprometidos con el ideario político  de   la   organización  subversiva  y  que  desarrollan  labores  como  las  de  financiación,     planeación,     reclutamiento,     publicidad,    relaciones  internacionales,  instrucción,  adoctrinamiento,  comunicaciones, inteligencia,  infiltración,  suministros,  asistencia  médica,  o  cualquier  otra actividad  idónea  para  el  mantenimiento,  fortalecimiento  y  funcionamiento  del grupo  armado (…)”.   

De esta manera, es necesario aceptar que toda  participación  en  la  organización  subversiva mediante actividades bélicas,  políticas,  financieras,  logísticas  y  en  general,  que  propendan  por  el  establecimiento  y  consolidación  de  la  agrupación  guerrillera  merece  un  reproche  penal, tal como ocurre en el caso sometido a examen, donde es evidente  que   HERNÁNDEZ  ALCALDE  Y TAPASCO REYES materialmente realizaron labores  tanto  de  índole político ilegal al ser miembros activos del PC3 y logístico  e informativo a favor de la subversión que apoyaban.   

En  este  punto,  indispensable  se  ofrece  destacar  que  apartándose  de la contundente evidencia hasta aquí traída, el  Tribunal  prefirió  hacer  un  recuento  de lo dicho por EDISON DAVID GONZÁLEZ  ÁLVAREZ,  alias  “Melquíades”,  JOSÉ  EUCLIDES  GONZÁLEZ  ALZATE,  alias  “Darío”  y  CONCEPCIÓN  BONILLA PALACIOS, alias “Mondeco”, para en ese  ejercicio,  incurrir  en varios falsos juicios identidad por tergiversación que  incidieron  en  el  margen  de credibilidad que les imprimió a los mismos y que  terminaron  por  sustentar el fallo absolutorio con apoyo en la existencia de la  duda probatoria.   

Contrariando el sentido literal de la prueba  testimonial  practicada  en el juicio, el órgano colegiado afirmó respecto del  testimonio      del      primero      de      los     nombrados     –alias “Melquíades- que i) en las dos  reuniones  celebradas  en  el  año  2000  entre FÉLIX  ANTONIO  HERNÁNDEZ  ALCALDE  y  alias  “Yimy”, la  primera,  en  la  caseta  ubicada entre las veredas Portachuelo y La Iberia y la  segunda,   en   la   que   participó  una  señora  “Fabiola”  –candidata  a  la Alcaldía de Riosucio-  “se      hablaba      del      PC3”52,      ii)      para  “llevar  a  cabo  esas  dos  reuniones”53 el testigo recibió de alias  “Germán”  una  lista  de  personas  en la que estaban los acusados, iii) en  ellas,   el   deponente  “se  dedicó  a  prestarle  seguridad  a  alias  “Yimy”, enfatizando que no participó en las mismas, no  las  escuchó  sólo  le  consta lo que su comandante le contaba al final de las  mismas”54,  iv)  el  deponente tuvo en  sus  manos  copia  de  las  conclusiones  de  la reunión del 4 de enero de 2007  “la  cual  estaba  muy  borrosa  y  de  lo poco que  alcanzó  a  leer  observó  que  se  trató  de una reunión de las FARC con el  CRIDEC  (Consejo  Regional  Indígena de Caldas) y dentro del escrito se hablaba  de  la  autonomía  que  tenían  las  comunidades  indígenas (…)”55.   

Sin  embargo, contrastado el texto del fallo  con  la  declaración de GONZÁLEZ ÁLVAREZ, se advierte que distinto a la dicho  por  el Ad quem i) para el año 2000 el PC3 aún no se había conformado, luego,  lo  que  al  testigo  le  consta  es que tanto FÉLIX ANTONIO como “Fabiola”  pertenecían      al      PCC      –Partido  Comunista Colombiano- pues en las aludidas reuniones de esa  época  se  trataron  temas  relativos  al  partido  político  que  aún  no se  denominaba  clandestino, ii) para la convocatoria de las dos reuniones no medió  la  entrega  de  “la lista de personas en la cual se  encontraban   los   acusados”  por  parte  de  alias  “Germán”   a   alias  “Melquíades”,  pues  la  entrega  de  la  agenda  contentiva  de  los nombres de los miembros del partido, se produjo cuando éste  lo  relevó  en  el  mando  y  para  que se pudiera reunir con ellos a efecto de  indagar  cómo  iba  la organización; iii) el deponente supo lo tratado en esas  reuniones  por  alias  “Yimy”, persona ésta que las lideraba pero no porque  fuera  comandante del Frente ya que para esa época apenas comenzaba su gestión  para  el  Frente  y ésta posición la tenía alias “Melquíades” y, iv) las  conclusiones  de  las  escuelas guerrilleras a las que el testigo tuvo acceso no  corresponden  a  la  llevada  a cabo el 4 de enero de 2007, sino a la segunda de  las desarrolladas en el año 2005.   

Ahora,  respecto  al  testimonio  de  JOSÉ  EUCLIDES  GONZÁLEZ  ALZATE  alias “Darío”, el Tribunal afirmó en el fallo  que  “por  orden  de  alias  “Yimy”  recogió a  un   grupo   en   el   cual   se   encontraban   los  acusados  para  llevarlas  a  la  vereda la Esperanza  (…)   la   reunión   fue   en   una  casa  pero  no  supo  de  que  (sic)  se  trató”56;  sin embargo, verificado el  registro  de  la declaración se observa que tergiversó el dicho del deponente,  quien  realmente  afirmó:  “en esos días andaba yo  con  el  flaco  y  una muchacha que se llamaba Valeria, en esos días estábamos  haciendo  nosotros  unas vueltas por ahí, cuando por orden de Yimy nos dijo que  recogiéramos  unas personas, unas personas (sic) en La Esperanza y las personas  eran    estos    dos    señores    que   están   aquí   presentes”57,    aludiendo    a    los  procesados.   

Así mismo, precisó que ello ocurrió a eso  de  las  10:00  u  11:00 de la mañana, en un día que no precisa, del 2007, que  estos  subieron  solos  a  la  vereda la Palma -sitio de encuentro- y si bien no  puede  indicar  qué  pudieron haber hablado, logró darse cuenta de que estaban  “cuadrando  una  lista  de  ropa  de una intendencia”58,   porque  alias  “Yimy”  empezó  a llamar al personal para tomarles las tallas de los  pantalones, camisas, camisetas y sudaderas.   

Frente  al testimonio de CONCEPCIÓN BONILLA  PALACIOS  por  su  parte,  el Ad quem incurrió en falso juicio de identidad por  cercenamiento  pues  aunque  hizo  un  recuento  de  lo que él percibió en las  reuniones  que los procesados tuvieron con alias “Yimy”, omitió referirse a  lo  observado  por  el  testigo  al  culminar  la  segunda reunión celebrada en  Cábarga    entre    alias    “Yimy”   y   FÉLIX  ANTONIO.    

En  efecto,  adujo  el declarante respecto a  unos documentos que FÉLIX le llevó a alias “Yimy”:   

“(…)  yo  ese  día  lo  vi  llegar,  llegó  como con unos  papeles,  como  con  unos  papeles (sic), llevaba  unos  papeles en la mano, un formulario así, unos papeles  ahí  en  la  carpeta, eh, llegó, volvió y se encerraron a hablar con Yimy por  allá  en  una  parte  allá  incluso  en  una  ramada, atrás de una ramada eh,  hablaron   ellos   como   en   la  ramada  y  después  se  vinieron  para  acá  pa’  (sic)  la  sala  y  entonces  nosotros  estábamos  acá  en  la sala y nos mandaron a todos los que  habíamos  ahí nos mandaron para detrás de la ramada, ellos se quedaron arriba  al  frente de la casa y se pusieron a charlar, eh, los  documentos  o  digo  los  papeles que llevaba él pues se que los dejó a Yimy y  (sic)  incluso  uno  de  esos papeles nos los enseñó Yimy, después que él se  fue  por  la  tarde  ya,  por  la tarde nos enseñó esos papeles (…) pues del  papel  que el señor Yimy o alias “Yimy” nos enseñó se que en esos tiempos  se  había  volado  un  muchacho  que  se  llamaba dentro de la organización se  llamaba  Armin se que el apellido o no se si era que se llamaba Naticay no se si  era  apellido  pero  si  era Naticay algo así entonces el nos mostró, el papel  que  nos  mostró  era  como  que como él se había volado entonces como que el  muchacho  ese  Naticay  había dado unas declaraciones no se en qué parte,  porque  no me fijé muy bien en qué parte del municipio donde estaba la foto de  Naticay  y  donde  aparecía  a  un lado, aparecía que el había atestiguado de  unas  personas  que  se  estaban  investigando, ahí aparecían unas personas de  allá,  esa  misma región, incluso mas abajo de la hoja estaba la foto de Yimy,  de  un  muchacho  que  fue  miliciano  alias, le decíamos alias el flaco allá,  estaba  la  foto  del  flaco  y de Yimy donde se decía se busca y recompensa, y  entonces  cuando  Yimy pues nos mostró la hoja esa al rato nos dio una charla y  nos  dijo  que  miráramos  que ese era el daño que hacían las personas que se  venían  de  la organización porque después pasara lo que pasara que venían a  hablar  cosas,  que  mirara  que  ahí  teníamos  una prueba de la gente que se  había   desmovilizado,   o   sea   desmovilizado   no,  porque  él  no  decía  desmovilizado  sino  que  se  había salido de la organización, porque allá no  manejábamos  el  tema  desmovilizado, entonces decía Yimy que por eso es que a  esa  gente  había  que  darle  donde  la encontraba uno, como fuera  y  los otros papeles no se que contenían porque ahí si no tengo  ni       idea”59.   

No  obstante,  la  imputación  de la prueba  transliterada,  el  Tribunal  cercenó parte esencial de la misma, con el fin de  restarle certeza y credibilidad al relato.   

De la misma manera, el juzgador plural dejó  de  referirse al documento que al cabo de la segunda reunión presenciada por el  testigo  y  celebrada entre alias “Yimy” y ARNEY ANTONIO, le entregó aquél  a   éste,   el   cual   llevaba   el  nombre:  PC360.   

Ahora  bien,  abundando  en la detección de  defectos  indirectos  en  la sentencia estudiada, la Sala constata otro yerro de  raciocinio  sustancial  del  Tribunal,  derivado  de  argumentar  que  no  tiene  significación  en  términos punitivos el que los enjuiciados hayan entregado a  los  subversivos una ropa y unos medicamentos porque de un lado, no se acreditó  la  motivación  para entregar las prendas de vestir y estas no correspondían a  “indumentaria    camuflada    o    material    de  intendencia”     sino     de     “uso  diario”  y  de otro, las medicinas  pudieron ser entregadas bajo amenaza o presión.   

Las  reflexiones del Tribunal se ofrecen del  todo  desatinadas  ya que pese a la constatación material del apoyo irrestricto  de  los  procesados al régimen subversivo mediante la entrega de bienes útiles  al  establecimiento  del  Frente,  prefirió restarle poder suasorio y otorgar a  tales  procederes  circunstancias  de  justificación  que  enmarcan  cualidades  altruistas  o  por  lo  menos  de  atemorización ajenas al sentido común en la  medida  que  de  una  parte  se sabe que los miembros de la guerrilla no siempre  usan  trajes  propiamente  militares  o  uniformes, pues está probado que en la  zona  de  Riosucio  (Caldas)  es  común en los integrantes del Frente el uso de  prendas    de    vestir    civiles    –así  lo manifestaron alias “Darío”61,            alias  “Mondeco”62-  y  de otra, de la expresión: “si nos  están  cumpliendo”  proferida  por alias “Yimy”  cuando  recibió  los  medicamentos  enviados  por  ARNEY  ANTONIO, no se deduce  necesariamente    algún    tipo    de    coacción,   como   lo   infirió   la  magistratura.   

La  Sala es del criterio que la información  suministrada  por  los desmovilizados, que relataron lo que les consta acerca de  la  facilitación  en  el  trámite  de  las libretas militares y la entrega por  parte  de  los inculpados de ropa, medicamentos, armas e información a las FARC  no    es   “insular   y   fragmentaria”  y  mucho  menos,  o  carente  de específicas circunstancias de  tiempo,  modo o lugar como lo señaló erradamente el Ad quem, porque escuchados  con  particular atención, los testimonios recaudados se advierte sin dificultad  alguna  que  ellos  entregaron datos exactos temporoespaciales que como se viene  demostrando   fueron   descartados   del   análisis   por   parte   del  cuerpo  colegiado.   

Así mismo, pretender que sólo la constancia  y  periodicidad  en  la entrega a la insurgencia de ropa y medicamentos o demás  implementos   pueda   ser   entendido   como   colaboración   eficaz   para  el  establecimiento   de   la  guerrilla  resulta  ciertamente  irracional  pues  en  términos  de  tipicidad y antijuridicidad formal y material el injusto penal no  exige  para  su  consumación  la  realización  de  un  número significativo o  cuantitativo de actos rebeldes.   

Adviértase que si bien el Tribunal admite a  partir  del dicho de los deponentes que subsiste “la  censura  en  cuanto  a  una  probable  colaboración  de  índole  ideológica o  política”   de   los   procesados   para   con  la  insurgencia,   niega   –al  tiempo-  que  éste  tipo  de  actividad  incorpore  un  compromiso rebelde para  quienes  la  desarrollen,  conclusión  del  todo  ajena a las reglas de la sana  crítica,  específicamente  a  la  ley  de  la  experiencia  que indica que las  organizaciones  guerrilleras cuentan con un brazo político, el cual puede estar  a la par o incluso ser más importante que el militar.   

Así,  lo  refirió  por  ejemplo,  WILLIAM  CARTAGENA  FLÓREZ,  alias  “Iván”, quien permaneció 15 años en las filas  de  la  guerrilla de las FARC y ostentó el rango de segundo al mando del Frente  Aurelio Rodríguez.  Dijo sobre el particular:   

“(…)  pues    hablar  aquí  a  grandes rasgos de lo que es el PC3 porque pues el  partido   tiene   mucho   de  que  uno  decir,  pero  digamos  que  el  partido  como  tal  es de vital importancia para las FARC, más  que  la  lucha  misma armada, ellos combinan todas las formas de lucha pero para  ellos  la  más importante es la política y el PC3 es  o  sea  hace  tiempo  no  se le daba la importancia que merecía pero de 7 años  hacia  acá  las  FARC ha dicho que, que (sic) como ha  estado  perdiendo  el apoyo del pueblo de de (sic) la población civil, entonces  hay   que   meterle   duro   a   lo   que   es   Pc3  (…)”63         (Resaltado propio).   

En   similar  sentido,  LUZ  MARY  BARTOLO  –testigo  de  la  defensa-  afirmó  que  “ser miembro de la célula implica sí  una  responsabilidad  con el Frente porque no se puede  ser      célula     sin     pertenecer     a     una     estructura”64.         (Subrayas no originales).   

Por  lo  tanto, descartar de plano cualquier  compromiso  criminal  de  quienes  sin  incursionar  directamente  en  la guerra  frontal   con  el  Estado,  integran  las  células  políticas  del  movimiento  insurgente,  quebranta  abiertamente  la ley penal, desatiende la jurisprudencia  reseñada  y desconoce que la lucha armada de los rebeldes, esencialmente atenta  contra  el  régimen  constitucional  y  legal,  lo  cual  tiene  claros matices  políticos.   

Continuando con la cadena de errores de hecho  detectados  por  la  Corte,  que  consolidan  la  necesidad de casar el fallo de  segundo  grado,  arguye  el  Tribunal  que  “en  la  tríada      de      atestados”     –se    refiere    a   los   de   alias  “Melquíades,  “Darío”  y  “Mondeco”-  converge  la manifestación de  haber  visto  a  los  acusados reunidos con alias “Yimy” en varias tertulias  –dos o tres- y conocer por  boca  de su comandante que ellos pertenecían al PC3, versiones a las que no les  concede   credibilidad  toda  vez  que  tienen  la  calidad  de  “simples           testigos           de          oídas”.   

Al  respecto,  es  evidente  el  dislate del  cuerpo  colegiado porque no es cierto que lo percibido por los testigos de cargo  haya  sido de manera únicamente indirecta -a través de lo que les contó alias  “Yimy”  sobre  el  papel de los procesados en la organización guerrillera-,  pues  además  que tal como se describió atrás, ellos también fueron testigos  directos  de  muchos hechos que comprometen a los inculpados en la comisión del  delito    imputado,    los    jueces    están    obligados    a    auscultar  la  credibilidad  de  todos  los  medios de conocimiento  legalmente  incorporados  al  proceso,  sin  que  sea  viable    descartar   el  contenido  pleno  de  una  declaración porque algunos  de  los  supuestos  fácticos de los que afirme           tener        conocimiento  los haya conocido por vía   indirecta,   pues   ello   reñiría  abiertamente  con  los postulados de la sana crítica en materia de apreciación  del testimonio.   

Recuérdese  que  los testigos desmovilizados    propuestos    por   la   Fiscalía   fueron     recurrentes    en  afirmar que si bien no estuvieron en  el   escenario   concreto   donde  se  realizaron  las  reuniones,  esto  es  en el espacio físico de la casa, cancha o ramada, porque  esencialmente   se  dedicaban  a  custodiar  a  alias  “Yimy”,  sí  los  vieron  llegar  a los  respectivos sitios sin ser sometidos  a  coerción  alguna,  llevar  o  recibir documentos contentivos de información  atinente  a  la  persecución  por parte del Estado de  sus  miembros  o  al  PC3  y entregar ropa,    armas   y   medicamentos.   

El  Ad  quem  se  duele de que ninguno  de  los  tres  testigos mencionados atrás “se  aventur[e]  a  indicar  concretamente  en  que  (sic)  consistía  la labor cumplida por los  acusados  al  interior  de dicho partido subrepticio, es más ni siquiera existe  claridad  sobre  la  finalidad  o  teleología  que  lo  guiaba,  pues tanto los  testigos  que  se  analizan  como  otros que también desfilaron en estrados por  cuenta   del   ente   investigador,   ofrecen  datos  disímiles  acerca  de  su  conformación,    operación    etc.”.   

En el mismo sentido, más adelante sostuvo el  Tribunal  Superior  que  se ignora en el expediente la razón de ser del partido  clandestino  “PC3”,  de  su  funcionamiento,  su estructura, su organigrama,  así como la vinculación que con el mismo tenían los acusados.   

Sobre    este    particular,  es claro que la descalificación por el Tribunal de los testigos  por  cuenta de que presuntamente no hayan señalado  cuál  era  la  función  concreta  de  cada  uno de los  enjuiciados   en   el   partido  clandestino  deviene  ilógica   pues   por  el  contrario,  los relatos brindados por los testigos son  uniformes  en  identificar cada una de las tareas que  HERNÁNDEZ     ALCALDE     y     TAPASCO    REYES    desarrollaban    para    la  organización.   

Ahora,  si  la pretensión del juez   colegiado   estaba  orientada  a  cuestionar   que  los  declarantes  no  hubiesen  brindado  información  exacta  sobre  lo  debatido  en  cada  una  de  las  tertulias  de  las que informaron  en  el  juicio,  pues de los  detalles  sólo se enteraron por boca de alias “Yimy” se habrá de decir que  la        postura       de      la    segunda    instancia  inadvierte que una actitud como la adoptada por los deponentes en  el   sentido   de   expresar   únicamente   lo   que  les  consta  –por   vía   indirecta   o  directa-  antes   que   restarle   crédito   a  su  dicho  lo  fortalece     porque  resulta  coherente  con un  testimonio  que  no  falta a la verdad que únicamente  refiera  lo  que  sabe  y  evite  adicionar  hechos  que  desconoce, para darle  credibilidad a sus afirmaciones.   

Justamente, esto es lo que se observa  al escuchar las declaraciones  de  los  referidos  testigos,  quienes  se  niegan a pronunciarse más allá de  lo  percibido.   Y  es que sobre el puntual aspecto aludido por el Ad quem,  es  decir,  respecto  a  las  funciones  que  a  los  acusados  se  les habrían  encomendado  dentro  del  PC3,  es  nítido  que  los  declarantes  no tendrían  por   qué  conocer  en  detalle  las  instrucciones  entregadas  por alias “Yimy” en las reuniones a  las  que  aquéllos fueron  convocados,       cuando       los      testigos  claramente            expresaron  que  permanecieron  afuera  de los  sitios   en  que  ellas  se  realizaron     y     el    principio    de    compartimentación65 que rige  la     inteligencia     de     la    subversión,   el   acceso   a   la  información  confidencial     es  limitado.   

Que los deponentes hubieran entregado esos  detalles  cuando  su  función primordial era militar y no política,        sí        habría  podido en cambio, generar          algún     tipo     de    incertidumbre    frente   a   su  relato.   

En  todo  caso,  no  resulta  cercano a lo  predicado  por  los  testigos  la conclusión del Ad  quem    según    la    cual   no   “existe  claridad sobre la finalidad o teleología que (…)      guiaba” al PC3, o  que  se ignore su razón de ser, lo relativo a su funcionamiento, su estructura,  su  organigrama,  así  como  la  vinculación  que  con  el  mismo  tenían los  acusados,   ni   mucho  menos  atinado pretender  que   los   testigos   ofrecieran  datos        no       “disímiles” al respecto.   

En   verdad,  todos los desmovilizados que rindieron testimonio en  el  juicio,  dan  cuenta  sobre  la  existencia  del  movimiento  y  son congruentes en brindar   –unos  con  mayor  precisión  que otros- información sobre  i)   la  creación  del  partido   hacia   el  año  2001  en  reemplazo  del  PCC,  ii),  la     conformación    del    mismo  en      células     integradas     por  entre 3 o 6 personas, las   que  a  su  turno  en  segmentos  de   3  conforman  los  Grupos    Ejecutivos    de    Zona    –GEZ-,  que  a la vez integran –en  conjuntos  de  3-  los  Grupos  Ejecutivo      de      Radio      –GER-,  iii)  la  representación  de  estos subgrupos mediante     miembros    destacados  en la Dirección Regional  y      en     el  Secretariado     y,  iv),   el   fundamento  que  está  dado  por la necesidad de organizar las  “masas”,   concientizar  el  pueblo     para    fortalecer       el       grupo       insurgente,       capacitar    en    la   filosofía   rebelde  e     incorporar  más adeptos a las filas de la subversión.   

En efecto, sobre estos aspectos, dijo alias  “Melquíades”:   

“(…)  pues  el PC3 está conformado por 3 miembros de de de  (sic)  por  3  integrantes  y se conforma el PC3, están los comités de radio y  comités  de  zona  y  por 3 personas, pues las 3 personas más más, más (sic)  importantes  pues, los que son los delegados y de ahí pues cada cada cada (sic)  miembro  de  esos  tiene su célula por de (sic) aparte con unos integrantes que  son   clandestinos   por   eso   se   llama   PC3   porque   es   un  movimiento  clandestino,  primero  llamaba  (sic), primero era el  PC,  el  PCC  que  era  normal  y  ahorita con cuando el Estado pues declaró la  guerra  contra  el  PCC entonces ya mas bien entonces se fue a la clandestinidad  entonces  por  eso  se  llama PC3, lleva una P y 3 C (…) que significa partido  comunista    clandestino    colombiano”66.  (Resaltado propio).   

En   el   mismo   sentido,   alias  Darío  manifestó:   

“(…)  el   PC3,   es   una,  es  un,  como  le  dijera  es  una   estructura,   la  estructura  política,  como dicen la mano derecha política de las FARC, porque  el  PC3,  el  PC3  (sic)  es  algo que se conforma por 3 personas que empiezan a  forma  células,  unas  células  políticas, entonces  así  yo  cojo  y cuadro tres personas y esa (sic) otras tres personas, cada uno  va  a  hacer  otra  célula,  otras  3 personas hasta ir generando un núcleo de  células  políticas  para  ir  organizando masas, esas van organizando el resto  hasta  el  nivel  nacional  concientizar como dicen, como dicen allá el pueblo,  eso        es        el        PC3.”67         (Subrayas de la Sala).   

Alias  “Mondeco” por su parte, brindó  la siguiente información:   

“(…)  pues alias Yimy’s  (sic) era, hacia parte también de  la  dirección  el  señor  alias  Yimy  se  encargaba  más  que todo del área  política  del PC3, de todo lo que se llame política dentro de la organización  como  FARC,  (…) pues yo siempre estuve un buen rato andando con Yimy y lo que  el  le  explicaba  a  uno dentro de la organización ahí tal cual, el PC3 es un  movimiento  o  es una rama política que tiene las FARC por qué?, porque es una  rama  política que uno la llama allá porque el PC3 se encarga de organizar las  masas  supuestamente se dice allá para la toma del poder, (…) todo empieza el  PC3  empieza  por  digamos se organiza por células entonces digamos una célula  se  conforman  (sic)  de  3  personas,  hmm,  un  GER que se llama allá que van  aumentando  las  células  entonces ya no no (sic) son 2 o 1 sino van aumentando  las  células,  entonces  qué  lleva el proyecto con el PC3 que se maneja allá  con   3   organizaciones,  supuestamente  lo  que  yo  aprendí  y lo que me explicaron allá era que el PC3 se encarga de organizar la  gente  donde  mas  pueda,  mejor  dicho  presentar gente donde mas pueda, en las  universidades,  empresas,  políticos  donde  se  pueda, donde más puedan ellos  integrar   gente   pal’  (sic)  PC3  (…)  pues  allá a futuro se dice que el PC3 primero que todo va a  ser  la  vanguardia  de  las FARC porque supuestamente  haya  le dice (sic) a uno que el PC3 pa’  (sic)  la  ofensiva final van a ir adelante de la gente que lleva  los  fusiles,  entonces quién se va a encargar de esa gente o esa gente de qué  se  encarga:  bloquear  carreteras, bloquear aeropuertos, eh, mejor dicho, armar  el  desorden  en la ciudad, para detrás llegar las FARC dando plomo, se lo dice  allá   que   es   la   ofensiva   final.”68         (Resaltado propio).   

Por   su  parte,  alias  “Iván,  segundo  al  mando  del Frente  aclaró:   

“(…)  a la de  organización  como  ellos  ven  que  esto es de vital importancia para las FARC  ponen  a dos personas de la dirección del Frente, en este caso habían nombrado  a  Yimy y a la señora Otilia, siendo la cabeza visible de eso Yimy, entonces el  partido  toma hablando del Aurelio Rodríguez toma más fuerza porque nombra dos  miembros  de la dirección que trabajen en el partido, entonces claro, estos los  dos  miembros  de  la dirección cada cual coge por su área, ellos dicen en una  reunión  que la zona de Riosucio no se puede dejar sin un miembro de dirección  encargado  del  PC3  porque  es  una  zona de vital importancia para el Aurelio,  comenzando  de  que (sic) el Aurelio en un tiempo tenía diciéndolo así tenía  la  casa  por  la  zona de Riosucio y un 90% de la gente de los guerrilleros que  integran  el  Aurelio  Rodríguez  son personas indígenas, entonces ellos dicen  que  a  esta región hay que meterle con toda, entonces el partido con Yimy toma  mucha  fuerza  en  la  zona  de  Riosucio.  (…)  La  estructura  orgánica del  PC3  está  conformada  por las células del partido que se forman de 3 personas  si  es  en  las  ciudades  y  si es en el campo se forma de 5 personas, eh, cada  célula  de  partido  se  forma por 3 personas, 3 células de partido que vienen  siendo  9  personas,  se  compone  un GEZ que viene siendo un grupo ejecutivo de  zona,  3  GEZ  que  vienen siendo 9 células componen un GER que viene siendo un  grupo  ejecutivo de radio y ya de ahí en adelante sigue la estructura orgánica  que  es  la  dirección  regional  que  es  conformada  por gente que compone la  célula,  los  GEZ  y  los  GER  destacados  de  confianza  de  la  (sic) de los  encargados  del  encargado  del  frente  de  manejar  un  PC3  y  conforman  una  dirección  regional  y  estos  agotan  los  mecanismos  para  llegar  hasta  el  secretariado,  quiere decir el encargado del Frente este el encargado del Bloque  y  el  bloque  al  secretariado  nacional.”69         (Resaltado original).   

Finalmente, LUIS ALONSO CASTAÑEDA TAPASCO,  quien   afirmó   ser   parte   de   una  célula  de  6  personas  en    la    comunidad   de Riosucio dijo:   

“Las células es  (sic)  un grupo de personas que hacen parte del PC3, auxiliadoras o auxiliadores  de  la  guerrilla, (…) qué se pretende con ese PC3,  tomarsen   (sic)   el   poder,   apoyar   la   guerrilla,   (…)   [el  apoyo  de  la  guerrilla  se  recibía  mediante] capacitaciones    (…)    [que    las  dictaba]    alias    Yimy,    (…)    [en  ellas se trataba] el fortalecimiento  del  resguardo,  el  siempre  estar  activos con el PC3, fortalecer las células  para  que  nunca  desfallecieran y siempre estar apoyando eh, las FARC por parte  de  estas  comunidades”70.         (Énfasis de la Corte).   

Por manera que,  contrario  a  lo  afirmado  por  el  Tribunal  en la  sentencia  que  se  revisa, los medios de persuasión  son              suficientes   para   establecer  la  existencia  material  del  PC3,  sus  bases  y  su  conformación.   

En    este    punto,    bien  resulta  oportuno  señalar  que  las    contradicciones   advertidas   por   el   juez  plural  relativas   al  número  de  integrantes  de  las  células  y  la  frecuencia   de   las   reuniones,   que   le  sirvieron  de  fundamento  para  negarle   credibilidad   a   los   testimonios   recién  reseñados,  son  apenas aparentes y en  todo       caso  intrascendentes.   

En  efecto,  el  que    tres    de    los   testigos   –alias  “Darío”  y   “Mondeco”   y   WILLIAM   CARTAGENA  FLÓREZ-  hayan  manifestado que las células se  conformaban    por   3  miembros,  mientras  que  LUIS  ALFONSO  CASTAÑEDA  dijo que se integraba por 6  miembros,  o  que CARTAGENA FLÓREZ haya afirmado   que   las   reuniones  del  PC3  eran  cada seis (6)  meses  o un año, mientras  que    CASTAÑEDA    TAPASCO    indicó  que  ellas  se realizaban cada mes o mes y medio por un grupo de  alrededor  de  120  personas  en  las que siempre vio a los acusados,  no  entrañan realmente ninguna    incongruencia.   

Nótese      que      justamente      es     CARTAGENA        FLÓREZ       o       alias       “Iván”          –quien llegó a ser segundo al mando  del  Frente-,  el  que  precisó  que el número de  miembros de las células  en  las  ciudades  y  el  campo    diferían   en   cantidad,   pues  en el  primer    sitio   indicado   se   conformaban   por  3   miembros   y   en  el  segundo,      por      5,     pero  en  todo  caso  de  manera  general  se  integraban  por  3,  lo  cual  no  resulta sustancialmente diferente a lo  dicho  por  LUIS  ALFONSO  CASTAÑEDA  cuando  dijo  ser  parte  de  una célula  rural     de     6  personas.   

De    igual    modo,    nótese  que  CARTAGENA  FLÓREZ  nunca  afirmó  que las reuniones  del   PC3   se   celebraran   cada  6  meses  o  un  año   como   lo   afirma   distorsionadamente   el  Tribunal, lo señalado    es   que   en     las    reuniones    efectuadas    con    la    periodicidad  indicada,  se  enteró  sobre  la  existencia  de  60 u 80 células en el sector de Riosucio,  por  los “partes” que entregó alias “Yimy” a la organización.   

Es así como la comparación efectuada por  el  Tribunal entre lo expuesto por éste testigo con lo narrado por LUIS ALFONSO  CASTAÑEDA  pierde soporte  porque    obviamente    dos    premisas   distintas  son   incontrastables  cuando no guardan similar  sentido semántico.   

Ahora  bien, en  mayúsculos  falsos juicios    de    identidad    por  cercenamiento  y tergiversación,  vuelve  y  recae  el  Ad  quem  cuando  acaba  con  cualquier  posibilidad  de  brindarle  crédito  a los  testimonios      de     alias     “Melquíades”,        “Darío”  y  “Mondeco”  al  argumentar que  no   es  posible  creerles  porque  “se  trata  de  combatientes   rasos,   que  estuvieron  poco  tiempo  al  servicio  de  alias  “Yimy” y nada les consta acerca de las reuniones  que     este     comandante     sostenía     con    los    acusados”.   

Primero,  porque  es contrario a la  verdad  que  alias  “Melquíades”  haya  sido un  simple  “combatiente  raso”, ya que no es posible  olvidar    que    éste    testigo    recordó      que     durante    el   año   2000   asumió  el  mando  de  comandante del Frente en el sector de  Riosucio,    el    cual    recibió    de    alias  “Germán”  y,  es el  mismo  alias  “Iván”  quien  ubica  a  alias “Melquíades” en la Dirección del Frente  –quien a  su  vez  era  el  compañero  permanente  de  alias  “Otilia”  otra  de  las  directoras  del  Aurelio  Rodríguez-  y;      segundo,      tal  como  se  sostuvo  atrás alias “Darío” y “Mondeco”,  no   permanecieron  por  un       corto  tiempo  bajo  el  mando de alias “Yimy” sino por  períodos      extensos      de     171     y     5  años72,  respectivamente,  con lo  cual     tuvieron    la    oportunidad     de    observar    los  encuentros  de los procesados con éste, así como los demás  hechos  que  directamente  percibieron  -a  los  que ya se aludió-.   

Tampoco  es  cierto  que  la  información  suministrada  por CARTAGENA FLÓREZ sea tan equidistante de la brindada por LUIS  ALONSO  CASTAÑEDA  como  lo arguye el Tribunal, pues concuerdan en lo esencial,  es decir, sobre la existencia del PC3.   

Además,  si bien al primero no le consta la  participación  de  los  acusados  en  el  movimiento  político ilegal, ello se  explica  porque  éste  desmovilizado  no  tenía  por  qué conocer a todos los  integrantes  del  Frente en el sector de Riosucio, toda vez que se trataba de un  alto  mando  guerrillero  que  sólo  tenía noticias sobre el trabajo político  realizado  en este territorio a través de los “partes” que alias “Yimy”  le  daba  en  las  reuniones  que se llevaban a cabo en espacios temporales de 6  meses o un año.   

Riñe contra la lógica pretender que en una  organización   subversiva   en   la   que   además   rige   el   principio  de  compartimentación los mandos deban conocer a todos sus inferiores.   

Ahora,   el   juez   colegiado   vuelve  a  distorsionar  lo  dicho  por  LUIS ALONSO CASTAÑEDA al decir que éste señaló  que  “en esas reuniones mensuales se agrupaban cerca  de  120  personas  y  en las mismas sólo asistían los líderes de cada célula  (por   aquello   de   la   compartimentación”  o  resguardo  de  información  secreta)”,  pues  lo  que  literalmente dijo fue que  “ahí  iban  células,  en  determinadas  fechas  y  representantes  de  las  células  (…)  primero,  yo  fui  claro al decirles a  ustedes  que  las  reuniones  se  hacían cada mes o cada mes y medio, por qué,  porque  el  manejo  de  estas  células  es cada mes, con los integrantes de las  células,  cada  mes  y  medio  con  un  participante  de las células que es el  secretario       político       (…)      [Yimy  asistía]   a   todas  las  reuniones,  [a  ninguna  de esas reuniones faltaron los procesados],    asistían    en   el   promedio   por   ahí   de   unas   120  personas”73.   

Por lo tanto, el dicho del testigo consistió  en    que,    a    unas   reuniones   –las  que  se  hacían  cada  mes-  asistían  los integrantes de las  células  y  a  otras -las que se llevaban a cabo cada mes y medio-, concurrían  los  representantes  de  ellas, esto es, el secretario político, congregaciones  éstas  y  aquéllas, en las que se reunía un promedio de 120 personas, número  de  guerrilleros  que no resulta exagerado si se considera que según lo afirmó  CARTAGENA  FLÓREZ,  en  Riosucio  habían  por lo menos entre 60 u 80 células,  según   lo   había   informado  alias  “Yimy”74    y    además,    alias  “Melquíades”  dio  cuenta  de  una  escuela guerrillera de por lo menos 300  personas congregadas.   

De  igual  forma,  en  parte  alguna  de  la  declaración  se  escucha que CASTAÑEDA diga que a dichas reuniones  “sólo asistían los líderes de cada  célula  (por  aquello  de  la compartimentación” o resguardo de información  secreta)”,  pues  éste  testigo  únicamente  alude  a  éste  principio  cuando es interrogado sobre su  concepto y responde:   

“(…)  compartimentación  dentro de una célula es  respetar  la ley y las direcciones que traen las FARC, llevar a  cabo  las  formas de trabajo tal y como los mandos de la guerrilla se los trazan  a  cada  uno  integrantes  de  la  células, (…) clandestinidad es la parte la  parte   (sic)   secreta   de   que  (sic)  una  célula  eh,  manifiesta  y  que  prácticamente  no  se  deben  de  (sic)  sacar  a,  a  (sic)  luz publica donde  prácticamente  solo  lo  conocen  miembros de la célula y que no deben conocer  personas  que  no  son integrantes de las células del PC3, (…) únicamente se  daban  cuenta los integrantes o mejor los que hacían parte del partido o sea de  la  célula,  estos son los únicos y eran las únicas personas que se deberían  dar    cuenta    que    estas    células    existían,   por   eso   se   llama  clandestinidad”75.   

Así  las  cosas, en este punto, el Tribunal  incurrió  en  falso  juicio  de  identidad  por  adición,  al poner a decir al  testigo  algo  que  literalmente no manifestó y utilizar ese contenido fáctico  ilegalmente deducido para restarle credibilidad a su dicho.   

En el mismo sentido, el ejercicio aritmético  que  hace  el órgano de juzgamiento de segunda instancia sobre el número total  de  miembros  del  PC3  -720-  calculado a partir de la cantidad de personas que  asistían  a  las  reuniones  -120- y las que integraban las células (según el  dicho  del  testigo)  -6-,  resulta  del todo especulativo porque el testigo fue  claro  en sostener que a esas tertulias no siempre concurrían representantes de  cada  célula  sino  también otros integrantes de las mismas, de tal manera que  se  torna  imposible  establecer  con  certeza  cuántos  eran  los miembros del  movimiento   político  clandestino,  aunque  lo  cierto  es  que  más  sólido  resultaría  considerar  que  ellos  pudieron estar entre alrededor de 180 a 480  personas,  dado que se sabe que las células se integran por entre 3 y 6 sujetos  y en Riosucio existían entre 60 u 80 células.   

En  todo caso, si en gracia de discusión se  admitiera  que  el  PC3  está  conformado  por  720 integrantes, la tesis que a  continuación  dedujo  el  Tribunal  en  el  sentido  que  pugna “contra  la lógica y la experiencia que el número de adiestradores  políticos  o  ideólogos  superen  el de combatientes cuando por antonomasia se  tiene  que  es  a  través  del  alzamiento  en armas básicamente, que la lucha  rebelde   está   llamada   a   derrocar   el   gobierno   de  turno”,  deviene  a  todas  luces  transgresora de los postulados de la  sana  crítica  que  enarbola,  porque  i)  en  el  expediente  no obra medio de  conocimiento  alguno que permita saber cuántos son los miembros de la milicia y  cuántos  los  integrantes de la fuerza política de las FARC, ni a qué espacio  territorial  se circunscribirían cada uno de esos componentes, como para que se  pueda  hacer tan incierta comparación y suponer de tal modo, que éstos superan  a  aquéllos,  ii)  ninguna  prueba  indica  que todos los miembros del PC3 sean  “adiestradores  políticos o ideólogos”,   más   bien   lo   que  los  testimonios  de  los  deponentes  recurrentemente  indicaron  es  que  éste  título  esencialmente recaía sobre  alias  “Germán, alias “Yimy” y “Otilia” quienes fueron designados por  los  mandos  para  cumplir la función de capacitar a los integrantes del PC3 y,  iv),  olvidó  el  Ad  quem  que son los mismos desmovilizados declarantes en el  juicio,  quienes le entregan mayor relevancia al brazo político de las FARC que  al   de   los  combatientes,  dado  su  papel  esencial  en  la  divulgación  y  fortalecimiento de las ideas subversivas.   

Para  el  Tribunal  el  número  de personas  pertenecientes  al PC3 que en promedio se aglomeraban cada mes o mes y medio -al  que  aludió  LUIS ALONSO CASTAÑEDA- es desfasada porque quebranta el postulado  de  compartimentación;  no  obstante, a juicio de la Corte una cantidad como la  estimada  no resulta desproporcionada como para considerar que la clandestinidad  que  constituye piedra angular de la estrategia subversiva se vea resquebrajada,  máxime  cuando  se  sabe  que tales congregaciones se hacían en zonas rurales,  alejadas de los núcleos poblados.   

El cuerpo colegiado le niega credibilidad al  dicho  de  CASTAÑEDA  porque le parece incomprensible que mientras éste afirma  que  las reuniones a las que siempre habrían acudido los procesados, se hacían  con  una  frecuencia  mensual,  -para  un  total  de 12 anuales- el resto de los  testigos  solo diera cuenta de su asistencia a unas cuantas reuniones: 3 o 4, en  un período extenso de por lo menos, 8 años.   

La incertidumbre que por este aspecto dedujo  el  juez  plural  pierde  solidez  cuando  se  advierte que no existe prueba que  indique    que    los    testigos    –distintos  a  CASTAÑEDA- hayan estado presentes en todas y cada una  de  las  reuniones  programadas por el Frente Aurelio Rodríguez.  Es más,  varios  de  ellos,  afirman expresamente no haber estado en algunas de aquellas,  lo  cual resulta lógico si se considera que los miembros de la guerrilla tienen  distintos  roles  de  acuerdo  a  su jerarquía, que como es obvio, no los puede  ubicar  de forma unívoca e indefectible en un mismo tiempo y espacio, como para  que   pudieran   haber   sido   testigos  de  cada  una  de  las  congregaciones  realizadas.   

Lo anterior, amén que se advierte que alias  “Melquiades”,  “Darío”  y  “Mondeco”,  en esencia, hicieron expresa  alusión  a  varias  reuniones  privadas  entre los acusados y alias “Yimy”,  distintas  a  las también referenciadas escuelas guerrilleras a las que se sabe  concurría  un  número  considerable de personas, entre ellas, los enjuiciados,  tal  como  alias “Melquiades” lo vio en un listado de asistentes que tuvo en  sus manos.   

Así las cosas, pese a las inconsistencias de  los  testigos  sobre  algunos  aspectos  insulares,  la  responsabilidad  de los  acusados   FÉLIX   ANTONIO   HERNÁNDEZ   ALCALDE   Y   ARNEY  ANTONIO  TAPASCO  REYES  no se diluye porque el  señalamiento directo realizado por aquéllos permanece incólume.   

Para   la  Sala  la  credibilidad  de  los  declarantes  no  podía  ser  cuestionada  desde  un ejercicio de confrontación  llevado  al  extremo  de  destacar  algunas  contradicciones  que  no se ofrecen  medulares  pues  en  lo  fundamental  los  testigos  son  coherentes,  hilados y  minuciosos  en  señalar  las  circunstancias  de tiempo, modo y lugar en que se  desarrollaron los actos rebeldes realizados por los procesados.   

Ahora  bien,  resulta  del  todo  sofístico  argumentar  como  lo  hace  el  Tribunal  que  no  es posible dar crédito a los  desmovilizados  interrogados  en el juicio que al unísono afirmaron haber visto  a  alias  “Yimy”  con los coacusados, para luego indicar que “no  se  puede  de manera objetiva responsabilizárseles por el mero  hecho  de  asistir  a  reuniones  programadas por grupos subversivos”.   

Recuérdese que lo que la ley penal sanciona  al  consagrar  el delito de rebelión es el desarrollo de toda aquella actividad  dentro  de  la  organización  guerrillera  que propenda por su consolidación y  estabilización,  tareas  que  en el caso de los procesados se materializaron en  la  pertenencia  al  PC3,  y  en  el  suministro  de  distintos  elementos  a la  organización ilegal.   

Evidentemente,   la   asistencia   de  los  procesados  a  las  reuniones  programadas  por  los  comandantes del Frente con  objetivos   claros   de   recibir   capacitación  y  planeación  logística  e  informativa,  merece  un reproche penal que los hace responsables de la conducta  punible imputada.   

En el mismo escenario, el juzgador de segundo  grado  replica  que  no  se  puede  descartar la posibilidad de que los acusados  hayan  sido  compelidos  mediante  la  intimidación a acudir a las multicitadas  reuniones,  causal  de  justificación  que  en  el  caso concreto, entraña una  proposición  especulativa  ajena  al  razonamiento jurídico, en tanto parte de  una suposición que no tiene respaldo probatorio.   

En  verdad,  se  advierte  que  ante  la que  parecería  una  necesidad  del juez plural de justificar la conducta punible de  los  enjuiciados, termina por reconocer –aunque   no   expresamente-   la   circunstancia   de   ausencia  de  responsabilidad  prevista  en  el  numeral 8º del artículo 32 de la Ley 599 de  2000,   según   la   cual   no   hay   lugar  a  responsabilidad  penal  cuando  “se     obre    bajo    insuperable    coacción  ajena”.   

Más  contradictorio  aún  es  que  a dicha  circunstancia,  el  Tribunal  le  otorga  una  consecuencia  distinta  a  la que  eventualmente  le hubiera correspondido, esto es, la declaración de ausencia de  responsabilidad  respecto  de  la  conducta  punible imputada, ya que en cambio,  predica la existencia de duda probatoria.   

Bien es sabido que una infracción penal deja  de  ser  punible  cuando  se  desarrolla  bajo  alguna  de las circunstancias de  inculpabilidad  que  haya  impedido al sujeto activo desplegar un comportamiento  distinto  a vulnerar el bien jurídico tutelado.  Entre ellas, se encuentra  la    insuperable    coacción    ajena,  la  cual  demanda  como presupuestos normativos, la existencia de  una  coacción  o  amenaza humana grave, de carácter real y exterior que genere  un  miedo  extremo  en el sujeto activo  -puede ser imaginario- frente a la  afectación  o  daño  de bienes personalísimos, la que a su vez concluye en la  comisión por el agente del hecho punible.   

En  todo  caso,  el  miedo  generado  por la  coacción  debe  ser  insuperable  o  irresistible,  es  decir,  no debe existir  ninguna  posibilidad  de superarlo. En efecto, ante un supuesto de miedo causado  por  una  amenaza  se  debe  verificar conforme a las condiciones personales del  sujeto  y  el  grado  de  resistencia de una persona promedio si se trata de una  presión  que  pudo normalmente soportar, si fue su condición débil, cómoda o  cobarde  la que lo llevó a cometer el injusto o si por el contrario, en verdad,  no    le    era    exigible    otra    conducta    diferente    a   cometer   la  infracción.   

Descendiendo al caso concreto, y verificados  los  medios  de  conocimiento  practicados  en  la  actuación, es indispensable  insistir  en  que  la  coacción aducida por el Tribunal Superior para excluir a  los  acusados de responsabilidad o por lo menos, para fortalecer la idea de duda  probatoria,   no   constituye  más  que  un  argumento  recreado  a  partir  de  figuraciones que no tienen soporte probatorio alguno.   

En verdad, los testigos de cargo coinciden en  negar  la  probabilidad  de que HERNÁNDEZ ALCALDE y TAPASCO REYES hubieran sido  obligados  a asistir a las reuniones convocadas por alias “Yimy” o a prestar  su    colaboración   a   la   insurgencia.    En   este   sentido,   alias  “Melquíades”   dijo   en   la   entrevista   ratificada  ante  el  juez  de  conocimiento:   

“(…)  respecto  a  la  colaboración  prestada  por  Félix  es  voluntaria  por  cuanto a nadie se obligaba a que  prestara  su colaboración o asistiera a reuniones y además porque la guerrilla  solo   dejaba   entrar  a  los  sitios  de  influencia  a  los  que  compartían  ideológicamente      con      ella”76   

Alias “Darío”, igualmente dijo sobre el  particular  que,  para  que  los  procesados  se  desplazaran  al sitio donde se  reunieron   posteriormente   con   alias   “Yimy”   no  fueron  atemorizados  “porque  de  todas maneras la gente que va allá no  va,  no  va  (sic)  obligada,  [el estado anímico de  ellos]  era  contentos,  subieron  contentos de allí  pa’      (sic)  arriba”77   

Por su parte, LUIS ALONSO CASTAÑEDA TAPASCO,  refiriéndose  a  ARNEY  ANTONIO TAPASCO REYES y a los medicamentos que éste le  entregó  para  dárselos  a  alias  “Yimy”  dijo  que esa colaboración que  prestaba   “era   voluntaria   porque  allá  no  obligan  a  nadie”.78   

Aunado  a  lo  anterior, se tiene que ni los  acusados  ni  la  unidad  de  defensa  acudieron  a  la  tesis del Tribunal para  justificar  su  proceder. Ciertamente, nunca manifestaron que su comparecencia a  las  reuniones  convocadas  por  la  guerrilla  o el suministro de los distintos  elementos  que  propendían por la logística de la organización hubiera estado  precedida  de  presiones  ilícitas  o  amenazas contra su integridad personal o  patrimonial.   

Nótese  que,  habiendo sido los inculpados,  reconocidas    autoridades   indígenas,   sujetos   de   especial   protección  constitucional   e   inclusive  candidatos  y  miembros  de  la  administración  municipal  y de corporaciones públicas no existe constancia alguna de que ellos  hayan  denunciado  ante  las autoridades judiciales tal coacción.  En todo  caso,  si  en  gracia  de  discusión se admitiera que ella pudo existir dada la  cohabitación  de  las  culturas ancestrales con los grupos armados al margen de  la  ley,  tal circunstancia tampoco bastaría para exonerar de responsabilidad a  los  procesados  porque no está probado que la coerción fuera invencible y que  no  tuvieran  camino  distinto a cometer el reato investigado, máxime cuando se  sabe  que  suele  existir  connivencia  entre  los miembros de grupos armados al  margen  de  la  ley y aspirantes a puestos públicos de elección popular, a fin  de que los primeros apoyen las candidaturas de los segundos.   

Ahora, a juicio del Tribunal, la obligación  de  propender  por  el  bienestar  de  la  comunidad  y la intimidación que los  miembros  del  movimiento insurgente ejercían sobre la población motivó a las  autoridades  indígenas  acusadas  a  asistir  a  las  reuniones  con  el  grupo  guerrillero  y para tal efecto, se apoyó en el dicho de alias “Melquiades”,  quien  habría mencionado que tuvo en sus manos las conclusiones de una reunión  con  alias  “Yimy”  –en  verdad  el testigo dijo que ella se celebró con alias “Germán”-, en la que  se  trató  el  tema de la autonomía indígena y la exclusión del resguardo de  quienes ingresaran a las FARC.   

Al  respecto,  no  obstante  que  los grupos  guerrilleros  suelen asentarse en zonas de la geografía colombiana apartadas en  las  que  es  frecuente  que  la población civil se vea sometida a compartir su  territorio  con  los  actores  armados, es clara la delimitación entre aquellas  personas  que  siendo  por  ejemplo,  miembros de una comunidad étnica procuran  espacios  de  concertación  para  una  convivencia  pacífica, y las que tienen  lazos  de identidad y pertenencia para con un grupo guerrillero porque velan por  su sostenimiento y crecimiento.   

Este  último  caso, es el de los procesados  pues  las  pruebas  no  revelan  que  los  múltiples  encuentros sostenidos con  líderes  guerrilleros  hayan  tenido  el  único  propósito  de  garantizar el  bienestar  de  la  población  indígena;  por el contrario, la constante estuvo  dada   por   la   frecuente   colaboración  ofrecida  por  ellos  en  punto  de  información,  ropa,  medicamentos, armas y participación directa en el partido  político ilegal de las FARC.   

3.4.  Reflexiones  acerca  de  la  prueba de  descargo    que    no   fue   valorada   por   el   juez   plural   de   segunda  instancia.   

Aunque  es  evidente  que  en  el  ejercicio  apreciativo  de  las  pruebas  debidamente practicadas en el juicio, el Tribunal  apreció   la   mayoría   de   los   testimonios,   rendidos  en  esencia,  por  desmovilizados,  la  Corte  percibe  que  omitió  valorar los ofrecidos por los  testigos   solicitados   por  la  defensa  siendo  que  ello  habría  resultado  indispensable  para  confrontarlos con los demás medios de convicción obrantes  en  la  actuación  a fin de establecer si era posible derruir el grado pleno de  convicción  que condujo a la declaración de responsabilidad penal en contra de  HERNÁNDEZ    ALCALDE    y    TAPASCO    REYES    por   el   juez   de   primera  instancia.   

En verdad, verificado a cabalidad el fallo de  segundo  grado, se advierte que la crítica probatoria desplegada por el Ad quem  se  centró  en  los  testimonios  de  EDISON  DAVID  GONZÁLEZ  ÁLVAREZ, alias  “Melquíades”,   JOSÉ   EUCLIDES   GONZÁLEZ  ALZATE,  alias  “Darío”,  CONCEPCIÓN  BONILLA  PALACIOS, alias “Mondeco”, WILLIAM CARTAGENA FLÓREZ y  LUIS ALONSO CASTAÑEDA.   

Sin  embargo, nada dijo sobre los entregados  por  LUZ  MARY  BARTOLO,  LIBARDO  GAÑAN  BETANCOURT,  MARTHA ISABEL HERNÁNDEZ  DÍAZ,  SANDRA  VICTORIA  TREJOS  RUIZ,  NELSON DE JESÚS ALCALDE, JORGE OSORIO,  LEONOR  ELIÉCER  ALCALDE y LUIS EFRÉN LARGO CAÑAS, los cuales si bien dada su  falta  de  conocimiento  directo  de los hechos investigados, (salvo por los dos  primeros  que  al  igual  que los declarantes de cargo hicieron parte del Frente  Aurelio  Rodríguez)  no resultan eficientes para descartar la participación de  los  enjuiciados  en  el  punible,  sí apuntaban a afianzar la imposibilidad de  aplicar  el  principio  in dubio pro reo y  la  consecuente  presunción  de  inocencia,  toda vez que fueron  usados   por   la   defensa   para   impugnar  la  credibilidad  de  los  demás  testigos.   

Nótese  cómo, LUZ MARY BARTOLO, quien dijo  haber  pertenecido  al  Frente Aurelio Rodríguez por un lapso de 5 años, entre  el  2002  y el 2007 -cuando fue capturada-, pese a manifestar que los procesados  no  eran ideólogos de las FARC ni los escuchó pronunciar discursos subversivos  en  las  reuniones  con las comunidades indígenas, también aclaró que estando  encargada  del  apoyo  logístico, nunca participó en las escuelas guerrilleras  porque   su   participación   no   era   directa   dado   que   “no  tenía  responsabilidad  política”,  “su  función era otra”,  “no  podía  conocer  todo  lo  que se desarrollara  dentro  del  tema  ni  dentro  de  la  política” y,  además,  para  esto  se  “requería  ser  algo  de  confianza”79,  luego,  es nítido para la  Sala  que  ella  no  tenía  cómo  saber  que  los  enjuiciados eran afectos al  régimen  insurrecto,  concretamente  miembros del Partido Comunista Clandestino  Colombiano,  estructura política de las FARC conformada por células integradas  por 3 a 6 miembros.    

Además, es ella misma quien precisa que pese  a  saber de la existencia de células en el sector de Riosucio, por virtud de la  compartimentación80        “no  podría  decir  quienes  eran  los  de las células”.   

En  este  punto,  adviértase que si bien la  testigo  manifestó  no  haber  visto  a  los  aquí  acusados  en  una  escuela  insurgente  realizada a principios del mes de enero de 2007, cuando curiosamente  antes  había  afirmado con contundencia que nunca había participado en ninguna  reunión  de  ese  tipo  porque  “su  función  era  otra”,  al  tiempo  se  negó  a decir qué personas  habían  asistido  a  la  misma  pese  a  que bajo la gravedad del juramento fue  conminada  por  el  juez  de la causa para declarar sobre este aspecto y ante su  renuencia  aquél  hubo de compulsar las copias respectivas para ser investigada  por     el    delito    de    falso    testimonio81.   

Y  es  que, el registro enseña que de forma  expresa   LUZ  MARY  manifestó  que  en  aras  de  responder  al  principio  de  clandestinidad  que  rige  la  agrupación,  al  ser  aprehendida  se  acogió a  sentencia  anticipada por el delito de rebelión pues no tenía la intención de  delatar  a  ninguno  de  los  miembros  del  Frente82.   

En ese mismo orden, es obvio que el dicho de  esta  testigo  se encuentra comprometido y no es fiel al deber de declarar, pues  a   éste   anticipa   una  correlativa  obligación  de  lealtad  para  con  la  organización  guerrillera de la que hizo parte, distinta a la que ya no anima a  quienes  se  desmovilizaron, decidieron colaborar con la justicia y rindieron su  testimonio en este juicio.   

El Tribunal omitió valorar esta prueba para  restarle  credibilidad y descalificar la teoría defensiva que se apoyó en ella  para  probar  la  no  pertenencia  de  los  incriminados a las FARC, cuyo efecto  trascendente  se  deriva  de no haberla utilizado para descartar su dicho cuando  negó  saber sobre la filiación de aquellos con el PC3 y conceder por lo tanto,  mérito  al  dicho plural de los testigos de cargo, quienes afirmaron justamente  lo contrario, esto es, que sí eran miembros activos del mismo.   

De  igual  modo,  se  tiene  que  los demás  testigos:  LIBARDO  GAÑAN  BETANCOURT,  MARTHA  ISABEL HERNÁNDEZ DÍAZ, SANDRA  VICTORIA  TREJOS  RUIZ,  NELSON DE JESÚS ALCALDE, JORGE OSORIO, LEONOR ELIÉCER  ALCALDE  y LUIS EFRÉN LARGO CAÑAS afirmaron al unísono no tener noticia de la  pertenencia de HERNÁNDEZ ALCALDE y TAPASCO REYES a las FARC.   

El           primero -LIBARDO GAÑAN BETANCOURT-, dijo  que  durante  el  tiempo -2005 al 2008- que anduvo con alias “Yimy”, a quien  le  prestó  seguridad,  no  lo  vio  reunirse con éstos.  No obstante, su  relato  pierde  consistencia si se considera que también afirma que no conoció  a  LUIS  ALFONSO  CASTAÑEDA  siendo  que  éste  también hizo parte del Frente  Aurelio   Rodríguez   y   le   prestaba   seguridad  al  mencionado  comandante  guerrillero.   

La   segunda  -MARTHA  ISABEL  HERNÁNDEZ  DÍAZ-, afirmó que en su  condición  de  empleada  del  Cabildo, actualmente Secretaria, conoció a ARNEY  como  funcionario de la Secretaria de Salud y candidato a la Alcaldía de Supía  y  a FELIX como responsable del trámite de las libretas militares y candidato a  la  Asamblea  Departamental  y  durante  el desarrollo de sus funciones y de las  campañas    nunca    escuchó    arengas    de    su    parte    de   contenido  subversivo.   

Sin embargo, ello por sí solo no implica que  estos  sujetos  no pertenecieran al PC3, pues es ella la que también manifiesta  que  no  supo  que  LUIS  ALONSO  CASTAÑEDA -a quien identifica como cabildante  durante  5  años,  representante  de  la comunidad de Planadas y trabajador del  área  de  vivienda-,  “fuera  parte  de  un  grupo  insurgente”,   anonimato   que  se  explica  en  la  circunstancia de clandestinidad que rige en el grupo insurgente.   

La   tercera  -SANDRA VICTORIA TREJOS RUIZ-, señaló que atendiendo  su  calidad  de  funcionaria del programa de educación del resguardo conoció a  los  enjuiciados  desarrollando  similares  condiciones  a  las descritas por la  anterior  declarante  y  tampoco  supo  de su participación en alguna actividad  ilegal.         En       similar       sentido,       el       último  de  los  nombrados  LUIS  EFRÉN  LARGO  CAÑAS  aseguró  que conoció a HERNÁNDEZ ALCALDE en calidad de guardia  comunitario  entre  el  2000  y  el 2005 y esa condición sólo la adquieren los  cabildantes   y   personas   reconocidas   en   la   comunidad   “que        tengan        la       conducta       limpia”.   

Al   respecto,   lo  probado  es  que  las  actividades  comunitarias  a  favor  de  la población indígena constituyó una  forma de encubrir su proceder delictivo.    

Recuérdese que es la misma LUZ MARY BARTOLO,  quien  dice que no llegó a ser excluida de la comunidad indígena como sanción  por  integrar  las  filas  guerrilleras porque pese a su condición legítima de  cabildante  por  varios  años,  no  fue sino hasta el día de su captura que la  población  sorprendida  se  enteró  de  su  militancia  en  el  Frente Aurelio  Rodríguez83.   

El    cuarto  -NELSON  DE JESÚS ALCALDE-, por su parte, indicó que  en  su  calidad  de  escolta  asignado por el DAS a ARNEY ANTONIO TAPASCO REYES,  prestó  sus  servicios  de  manera  permanente, de tal suerte que registró los  desplazamientos  de  su  protegido  en una bitácora particular, lo acompañó a  varias  visitas  y  no  advirtió  que se reuniera con personas distintas de las  comunidades.  Así  mismo,  el  quinto  -JORGE  OSORIO-,  también  escolta  y  conductor  de  TAPASCO  REYES  manifestó  que  no advirtió situaciones anormales durante el desempeño de sus  labores.   

No  obstante, el primero de los funcionarios  del  esquema  de  seguridad, también informó en el juicio que la bitácora que  llevaba  por  disciplina  personal  sólo  la  llenaba como es obvio, cuando él  estaba  de  servicio,  pues  el  compañero  con el que se rotaba no lo hacía y  ambos  testigos, manifestaron desconocer los temas tratados en las reuniones por  cuanto   permanecían  en  las  afueras  de  los  sitios  destinados  para  esos  fines.   Incluso,  el  segundo de estos deponentes, afirmó que él tampoco  tenía certeza de las personas con las que se reunía su protegido.   

Finalmente,      el     sexto  -LEONOR ELIÉCER ALCALDE-, hermano  de  FÉLIX  ANTONIO  y  patrullero  de  la  Policía  informó que ingresó a la  institución  una  vez  consultó con aquél y su familia, pero lo dicho en nada  descarta  la  militancia  de  aquél  en  la  organización guerrillera pues las  reglas  de  la  experiencia indican que no todos los integrantes de una familia,  por  cercanos  que sean, al determinar su profesión u oficio, escogen transitar  por el camino de la legalidad o ilegalidad.   

Visto   está   que  el  Tribunal  omitió  pronunciarse  sobre  el  valor  persuasivo que le brindaba a dichos testimonios,  cuando  tal  como  ocurrió  con  la  declaración vertida por LUZ MARY BARTOLO,  resultaba  importante  a  efecto  de establecer si era posible conceder alguna o  ninguna  eficacia  probatoria  a  estos  medios  de persuasión para soportar la  tesis  defensiva  según  la  cual,  los  acusados  no ostentan la condición de  rebeldes.   

En todo caso, revisadas con detenimiento las  declaraciones  de  los  testigos  atrás  referidos  se  observa que todos ellos  carecen  de  capacidad  demostrativa  en  punto  de la presunta inocencia de los  investigados.   

Conforme  con lo anterior, es nítido que no  es  posible  aplicar   a favor de los enjuiciados el principio in dubio pro  reo  pues  la  responsabilidad  penal  que le asiste a FÉLIX ANTONIO HERNÁNDEZ  ALCALDE  y  ARNEY ANTONIO TAPASCO REYES en la comisión del delito de rebelión,  está suficientemente demostrada.   

3.5.   Consideraciones   finales.  La  circunstancia  de  agravación  específica deducida en contra de Félix Antonio  Hernández Alcalde.   

Se  tiene  que  el  Juez  de  primer  grado  descartó  la  posibilidad de deducir la causal de agravación punitiva imputada  por  la  Fiscalía a FÉLIX ANTONIO HERNÁNDEZ ALCALDE, prevista en el artículo  473  del  Código Penal, por cuanto no obtuvo certeza de que durante el período  en  que aquél fungió como diputado departamental, hubiera prestado su ayuda al  grupo insurgente.   

La  Sala comparte esa consideración pues es  nítido  que el ente fiscal no logró acreditar que entre los años 2005 y 2006,  mientras  HERNÁNDEZ  ALCALDE  detentó  un escaño en la Asamblea Departamental  alguno  de  los  actos  rebeldes  descritos  en la imputación fáctica se hayan  producido,   luego   con  el  juzgador  la  Corte  es  del  criterio  que  dicha  circunstancia no se puede deducir en contra del procesado.   

Conforme con las precedentes consideraciones,  la  Corte  procederá  a revocar el fallo absolutorio de segunda instancia, y en  su  lugar,  dejará  en  firme  la  condena  impartida  por  el  Juez  de primer  grado.   

Por  último,  ante  la  evidencia  de  una  providencia  abiertamente  contraria  a las pruebas practicadas en el juicio, se  dispondrá   compulsar  copias  penales  y  disciplinarias  contra  la  Sala  de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de Manizales para que las autoridades  competentes  (penales  y  disciplinarias)  investiguen  el  asunto  y decidan lo  pertinente.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero.   Casar  de  oficio  la  sentencia  del  24 de septiembre del 2009, proferida por la Sala  Penal   del   Tribunal  Superior  de  Manizales  y  en  su  lugar,  confirmar  el fallo dictado el 28 de julio  de   2009   por   el   Juzgado   Quinto   Penal   del   Circuito   de  la  misma  ciudad.   

Segundo. Contra esta  decisión no procede recurso alguno.   

Tercero.  Compulsar  las copias ordenadas en la parte motiva de esta providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS        

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                             Salvamento de voto   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                      AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                     

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                        YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                            

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

SALVAMENTO  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre he profesado por  las  decisiones  de  la  Sala,  estimo  necesario  salvar el voto respecto de lo  decidido  en el presente asunto (casar de oficio el fallo de segundo grado y, en  su  lugar,  confirmar la sentencia de primera instancia), pues siguen incólumes  las  razones que di a conocer al apartarme de la providencia mediante la cual no  se  aceptó  el  desistimiento del recurso de casación presentado por el Fiscal  Noveno  Delegado  ante  la  Corte Suprema de Justicia y, en su lugar, se dispuso  continuar  con  el  trámite  de  la  “audiencia de  sustentación oral”.   

En     aquella    oportunidad    esto  señalé:   

“Es  indiscutible  que  a  través  del  recurso  extraordinario  de  casación,  la Corte propende por la salvaguarda de  los  derechos  esenciales  de  las  personas,  la  tutela del debido proceso, la  prevalencia   del   derecho   sustancial   y   la  garantía  del  acceso  a  la  administración  de  justicia.   Pero  alcanzar esos loables propósitos no  justifica  el empleo de cualquier medio, porque aún dentro de ese contexto toda  función  está  sometida  a muy precisos límites y se desarrolla con arreglo a  determinadas competencias.   

En  las  ocasiones  en  las  cuales  esta  Corporación  ha  abierto la puerta a la casación oficiosa de una sentencia, lo  ha  hecho con plena competencia, en ejercicio cabal de las atribuciones que como  Tribunal  de  Casación le confiere el artículo 235-1 de la Constitución y las  normas  pertinentes  de  los  estatutos  procesales  que  en  cada caso rigen el  proceso  (artículos  205  a 217 de la ley 600 de 2000 y artículos 180 a 191 de  la ley 906 de 2004).   

No obstante, con el respeto que merecen las  decisiones  de  la  Sala,  considero  que  la  solución  que se adoptó en este  particular  caso  esta  por  fuera  del  ámbito  dentro del cual la Corte puede  ejercer    de    manera    legítima    su    atribución   como   Tribunal   de  Casación.   

En  efecto,  la  auscultación  sobre  el  respeto  de  las  garantías  fundamentales  de los intervinientes en el proceso  penal,  se puede presentar en dos ocasiones en esta instancia excepcional:   la   primera,   al   momento   de   verificar   si   la  demanda  satisface  los  condicionamientos  para  su admisibilidad, oportunidad en la cual puede ocurrir,  que  la admita, ya porque la demanda satisface esos condicionamientos mínimos o  porque  la  Sala  encuentra  necesario  superar  sus defectos para alguno de los  fines  de  la  casación,  caso  en  el  que, en consecuencia, le da traslado al  Procurador  Delegado  para  que emita su opinión sobre el mérito del libelo en  el  trámite de la Ley 600 de 2000, o cita a audiencia de sustentación en el de  la Ley 906 de 2004.   

En  tal  evento, la competencia de la Sala  queda  atada  al  objeto de la demanda, pues el recurso de casación se rige por  el  principio  de  limitación, según el cual la Corte no puede tener en cuenta  ninguna  causal  distinta de la expresamente alegada por el censor, sin que ello  signifique  que  no pueda extenderse, con base en esa competencia, a restablecer  los  derechos  que  observe vulnerados al estudiar el fondo del caso, pero, cabe  destacar,  esa  ampliación  del  objeto de la decisión viene como consecuencia  necesaria  de  la  facultad  de  pronunciamiento  adquirida  por  la  vía de la  admisión de la demanda.   

También puede suceder que al estudiar los  requisitos  legales  de  admisibilidad de la demanda, encuentre que no se reúne  ninguno  de ellos, pero que se necesita del fallo de casación para proteger las  garantías  fundamentales  de  los  intervinientes  o  para  el desarrollo de la  jurisprudencia.   En tales casos, la Sala inadmite la demanda, pero entra a  conocer  directamente  del  fallo,  atada  a  la competencia que le dispensa esa  facultad  de  revisión  oficiosa, que se manifiesta y desarrolla en el instante  mismo del estudio formal del escrito introductorio.   

Ahora  bien,  en  los  casos  en  que  la  competencia   de   la  Corte  quedó  atada  a  la  demanda,  es  claro  que  el  desistimiento  del  interesado  hace  cesar el trámite de la casación y lo que  tenía  carácter  suspensivo, esto es, la sentencia demandada, adquiere firmeza  y, por tanto, el carácter de cosa juzgada.   

La cosa juzgada, huelga resaltar, también  representa      una      garantía      para     las     partes     –no  apenas  a favor del procesado-,  pues,  desarrolla  los  principios  de  non  bis in ídem y seguridad jurídica,  caros a un sistema democrático de derecho.   

Y,  precisamente por esa importancia toral  que  reviste,  su  verificación  opera como principio general sólo derrumbable  por    vía    excepcionalísima    –dígase  la  acción  de  revisión o eventual acción de tutela-,  dentro de precisos motivos y conforme específica tramitación.   

Esa  seguridad jurídica, además, implica  señalar  de  manera concreta y taxativa el momento en el cual cesa la actividad  estatal  encaminada  a  determinar la existencia del delito y la responsabilidad  del  procesado,  pues,  resulta obvio, no es del resorte del operador jurídico,  pasando  por encima de lo que la ley dispone, señalar a su antojo el momento en  que  ello ocurre o incluso, revivir oportunidades procesales perdidas para dejar  sin  efecto  uno  de  esos  momentos  o  actividades  procesales  que determinan  cubierto el asunto con el manto de la cosa juzgada.   

Así las cosas, dentro de la actuación que  le  es  facultativa  a  la Corte al momento de analizar la demanda de casación,  ella  no  puede conservar la competencia para examinar oficiosamente un caso, si  no  lo  advirtió  así  en  la  providencia  que determinó admitir la demanda,  superar  sus  defectos  o  inadmitirla,  y  menos  aún,  asumir  el  papel  del  demandante  para  hacer propios los reparos de éste en el libelo, porque de ser  así  se  impone  revisar  si  materialmente  el  desistimiento  al  recurso  de  casación  no  procede  o su admisibilidad debe diferirse para el momento en que  la  Corte  emita el pronunciamiento de rigor, pues la atribución que tiene como  Tribunal  de  Casación, conferida por el artículo 235-1 de la Carta Política,  dirigida  a  cumplir  las  elevadas finalidades que traza el artículo 206 de la  ley  600  de 2000 o el artículo 180 de la ley 906 de 2004, se desarrolla, de un  lado,  de  conformidad  con los fines y principios que inspiran la Constitución  y, por otro, de acuerdo con los parámetros legales.   

Por  lo  tanto, no puede la Corte entrar a  sustituir  al sujeto procesal que desistió de su pretensión casacional, cuando  el   trámite   habilitado   de   adelantar  y  que,  precisamente,  faculta  la  intervención  de  la  Sala,  deviene precisa y exclusivamente de la pretensión  contenida  en  la  demanda,  pues  ello representa una injerencia indebida en el  asunto,  porque  admitido  el  desistimiento de la intervención de parte que le  daba  competencia  para  conocer  del caso, sin ella, no puede entrar a corregir  eventuales  entuertos  que  no advirtió en la oportunidad que tenía para ello,  así se invoque la potestad oficiosa consagrada en la ley.   

Además,   porque   el   desistimiento  –sin condicionamientos-  vuelve  las  cosas al original estado de la interposición del recurso, al punto  que  debe  entenderse  que  en  ningún  momento  existió  inconformidad con lo  resuelto  en  la instancia, a menos que fueran varios los recurrentes y no todos  desistieran, o que el desistimiento fuese parcial.   

Ello  porque, como se advirtió en líneas  anteriores,  el  efecto específico e ineludible para esa actuación procesal de  la  parte  que desiste de la casación, no es otro diferente a la ejecutoria del  fallo  que  se  pretendía  controvertir.   Y  ya  ejecutoriado el fallo, o  mejor,  dotado de la condición de cosa juzgada, mal puede la Corte, pasando por  alto  esas  precisas  condiciones que facultan derrumbar por vía excepcional el  principio,  establecer,  por su propio arbitrio, una tramitación ad latere que,  en  la práctica, tiene como finalidad y sustento material, revivir el contenido  y  efectos  de la demanda, y particularmente, del cargo que allí se desarrolla,  so  pretexto  de  proteger  derechos  fundamentales  hechos  decaer por la parte  facultada  legalmente  para  el  efecto. Y no puede olvidarse que en ese momento  nacen  derechos  para los sujetos procesales, que no pueden ser desconocidos por  la Corte.   

En  tal  escenario,  es  evidente  para el  suscrito  que  la  Corte  ya  no  actúa  de  conformidad con la facultad que le  defiere  el  artículo 235-1 constitucional, sino como una Corporación de plena  jurisdicción,  quizá  a  la  manera  del  grado de consulta, hoy expurgado del  proceso  penal,  pero  en  todo  caso la determinación que llegare a adoptar no  tiene  el  carácter  de  sentencia  –menos  de  una  de  casación-  ni puede incidir en algo que ya ha  tomado  la  fuerza  de  cosa juzgada material, pues se tratará de una decisión  sin competencia del órgano que la produce.   

La  competencia es un presupuesto para que  las  autoridades  judiciales  apliquen  la  regla  de la prevalencia del derecho  sustancial consagrada en el artículo 228 Constitucional.   

La  decisión  de  la  Sala  vulnera  las  garantías  judiciales  que  pretende defender, pues pone en riesgo la seguridad  jurídica  de  los  asociados  en  este  y  los demás procesos que lleguen a su  conocimiento,  al  permitir  que  las  reglas  procesales  se  puedan aplicar al  acomodo  de  una  situación  concreta  so  pretexto de buscar una solución que  tiene remedio por otras vías previstas en la ley.   

Aunque se admite la evolución del recurso  de  casación  en  Colombia  a  dimensiones  completamente afines con el vigente  Estado  Social  y  Democrático  de Derecho (art. 1º Const. Pol.), al punto que  sus   modernos   desarrollos   le   han  permitido  a  la  Corporación  revisar  oficiosamente  el  proceso, incluso en los casos de inadmisión de la demanda de  casación,  ello  no  puede  significar,  por  contera, que se abjure del debido  proceso,  como  quiera que este constituye bastión insustituible de legitimidad  de las decisiones judiciales.   

Aún si la irregularidad observada por la  Sala  afecta  las  garantías de justicia, verdad y reparación de las víctimas  del  delito, y es necesaria su corrección para asegurar la vigencia de un orden  justo,  la  forma  adoptada  por  la  Sala  no se ajusta a los cánones legales,  porque  establece  una  novedosa  tramitación  que  pasa  por alto los remedios  excepcionalmente consagrados para derrumbar la cosa juzgada penal.   

Procedimiento, el instituido ahora por la  Corte  que,  por  lo  demás,  sorprende  de  manera  superlativa a las partes e  intervinientes  –no en  vano,  completamente perplejo la representante del Ministerio Público pidió se  le  otorgara  la  palabra para clarificar los tantos puntos problemáticos de lo  decidido por la Sala, aunque esa posibilidad le fue negada-.   

En  este  sentido,  desde  luego  que  la  oficiosidad   representa   un   actuar   autónomo   de   la  Corporación,  sin  intervención  de  las  partes,  no  obstante  sean  ellas quienes finalmente se  afecten  positiva  o  negativamente  con  la  decisión  que,  no  cuesta  mucho  adivinarlo,   terminará   casando   la  sentencia  de  segundo  grado.  Con  la  “oficiosidad”  la  Corte  adquiere  competencia sólo en aspectos que no han  sido  demandados  por  las partes en el respectivo libelo, porque, a la inversa,  el carácter rogado del recurso, liga la competencia a la demanda.   

Pero,  se  pregunta  el  suscrito, si esa  “oficiosidad”  determinada  por  la  Corte,  no sólo usurpando competencia,  sino  de  manera extemporánea, se nutre precisamente de la demanda y los cargos  que  la  contienen; y si además, es claro que las partes e intervinientes ya se  aprestaban,  con  ocasión  de  la  audiencia  de  sustentación  convocada pero  finalmente  fallida  ante  el  desistimiento  de  la  fiscalía,  a sustentar su  posición  en  torno  de  lo  alegado,  ¿no  será conveniente y adecuado, para  preservar  los  derechos que les asisten y, en el caso concreto, la garantía de  defensa,   permitir   que   se   pronuncien   sobre  el  contenido  del  escrito  introductorio,  cuando,  además,  es  claro  que  lo  por  decidir, en punto de  derechos  presuntamente  vulnerados  con  la  decisión de segunda instancia, no  corresponde  a  un  hecho  objetivo,  sino,  ha de relevarse, a la auscultación  valorativa que de las pruebas surja?   

Porque,  para  culminar,  asoma  bastante  paradójico  que,  si  no  hubiese  desistido  de  su  pretensión la fiscalía,  necesariamente,  a  pesar  de  advertirse desde el momento de la admisión de la  demanda,  como  se  anota  en  el  proyecto  de  la  mayoría, la posibilidad de  vulneración  de  garantías fundamentales, se habría escuchado a las partes en  la  audiencia  de sustentación y el fallo de casación obligadamente habría de  considerar  estos  argumentos,  pero  ello  no ocurra ahora, con la tramitación  estimada  menester  adelantar  por la Sala una vez aceptado el desistimiento, no  obstante tratarse de los mismos hechos y cargos.   

En  este  caso,  además,  debe  mirarse  detenidamente  la  vigencia  de  la  Ley  906  de  2004,  y  particularmente, la  naturaleza  adversarial  que  informa  la  nueva  tramitación  penal,  pues,  a  diferencia   de  los  sistemas  inquisitivos  o  mixtos  del  pasado,  ahora  la  oficiosidad  se  halla  bastante  limitada,  en  cuanto, se estima propio de las  partes  formular  una  pretensión particular y oponerse a ella, también con la  posibilidad,  íntimamente  ligada a ese presupuesto adversarial, de desistir de  lo pretendido, o deponer el particular interés que los asiste.   

Y si bien, no es posible determinar que en  Colombia  el  juez  es  un  simple  árbitro, tampoco se encuentra sustento para  dotarlo  de  los  plenos  poderes  que  antaño poseía, simplemente porque ello  conduce    a    desnaturalizar    los    cimientos    básicos    del    sistema  vigente.”   

“( . . . )  

No  puede  erigirse en fundamento sólido  que  faculte  el trámite por encima del querer del casacionista, la remisión a  la  facultad  discrecional  de  revisión  que posee la Corte Constitucional, en  sede   de   tutela,   sencillamente   porque,  como  lo  dijo  precisamente  esa  Corporación: “(i) ésta etapa no es una instancia  adicional    dentro   del   proceso   de   tutela,   por   tanto,   el  interés  de  las partes no es relevante, ni para adelantarla,  ni    para   dejar   de   hacerlo…”.   

No  se  niega  que  la casación se erige  recurso  extraordinario,  y por tanto, no se trata, al igual que la revisión en  sede  de  tutela,  de una instancia adicional. Pero, es imposible negarlo, opera  diferencia  fundamental  entre  ambos institutos, la referida al interés de las  partes,  pues,  es claro que si el mismo no se manifiesta, resulta completamente  improcedente que el asunto llegue a conocimiento de la Sala Penal.   

En ese sentido, tampoco se discute que el  recurso  extraordinario de casación, emerge completamente ajeno, por ejemplo, a  la  consulta  u  otros  mecanismos  de  revisión  que  operan  directamente por  Ministerio de la Ley, independientemente del interés de parte.   

Bajo  esa  premisa,  evidente  surge  lo  inapropiado  del argumento consignado en la decisión de la cual me aparto, dada  la  disimilitud  esencial que separa las figuras de la revisión de tutelas y el  recurso extraordinario de casación.   

Precisamente,   el  que  se  trate,  la  casación,  de  un  mecanismo  eminentemente rogado, implica que es el querer de  las  partes el que activa la intervención judicial y, por ende, el que se halla  facultado para terminarla, cuando se manifiesta oportunamente.   

Es que, finalmente, hermanar la casación  con  el  trámite de revisión de las acciones de tutela, o hacerlo similar a la  consulta,  busca  apenas  eliminar los requisitos de debido proceso que informan  el  recurso extraordinario, facultando que, por vía de selección aleatoria, en  el  primero  de  los  casos,  o  a  través  de la obligatoriedad expresa, en el  segundo,  los  asuntos  lleguen a conocimiento de la Sala Penal sin necesidad de  intervención  de las partes, eliminando de tajo el carácter rogado del recurso  y sus efectos.   

Y, me temo, si se abre la compuerta de la  oficiosidad       extrema       –por  lo  demás  ajena a un sistema de partes como el acusatorio-,  ya  nada  obsta para que ni siquiera por virtud del recurso, sino en sede de las  instancias,  cualquier operador jurídico entienda que el asunto abarca derechos  inalienables  de  las víctimas y deba motivar la intervención de la Corte, sin  cortapisas o respeto de procedimiento alguno.   

Ahora  bien,  en  el  texto  del  cual me  aparto,  se  cita, para fundamentar lo decidido, el salvamento de voto de uno de  los respetados magistrados, en ocasión anterior.   

Al respecto, debo también disentir de los  efectos  que  se  dan  a  esa manifestación, pues, siempre será posible por el  desbordado  cauce  de los derechos ilimitados, pasar por alto el debido proceso,  derecho  de  defensa o cualquier tipo de derechos de otras de las partes, con la  elusiva  consigna  de  que  el  fin justifica los medios o, como se estila decir  ahora,       “todo       vale”.   

Cuando  se  tiene  claro,  en  el  caso  concreto,  que  la  Fiscalía  es la parte con interés jurídico que activó el  mecanismo    de    la   casación   –y,  desde  luego,  no  se  advierte  mala  fe  en  la decisión de  renunciar   a  la  impugnación-,  único  medio  habilitado  para  facultar  la  intervención  de  la  Corte, de ninguna manera puede hacerse tábula rasa de su  decisión  de  dejar  sin  efecto  ese  medio,  no sólo porque caros principios  procedimentales  así  lo  obligan,  sino  en  atención a que claramente la ley  delimita   esa   como   posibilidad  suya  (artículo  199  de  la  Ley  906  de  200484).   

Deberá decir la Sala, entonces, que ya no  tiene  ningún  efecto  la norma en cuestión, dado que con lo decidido se le ha  vaciado completamente de contenido.   

Pero,  a  la  vez, ha de explicar la Sala  mayoritaria  cuál  es  el efecto de su posición, vale decir, si esa negativa a  aceptar  el  desistimiento  opera  únicamente  en  el  caso de las víctimas, o  también  cuando  se  afectan  derechos  sustanciales  del procesado    –diríase,    para  respetar  el  derecho  de  igualdad-,  o  en  los  casos  que se adviertan otras  afectaciones  trascendentes a principios constitucionales-. Esto, por cuanto, ya  se  advierte, finalmente la decisión de negar el desistimiento opera subjetiva,  llevándose  de  calle principios basilares referidos a la seguridad jurídica y  la  igualdad, para no hablar del debido proceso, como ampliamente se ha expuesto  en precedencia.”   

Con todo respeto,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

7 de julio de 2010.  

    

1 Ver  folio 176 del cuaderno principal del expediente.   

2 Ver  folio 258 del cuaderno principal del expediente.   

3 Ver  folio 259 del cuaderno principal del expediente.   

4 Ver  folio 260 ibídem.   

5 Ver  folio 261 del cuaderno principal del expediente.   

6 Ver  folio 262 del cuaderno principal del expediente.   

7  Ibídem.   

8  Ibídem.   

9 Ver  folio 265 del cuaderno principal del expediente.   

10  Ibídem.   

11 Ver  Sentencia del 27 de julio de 2006, radicado 25.503.   

12 Ver  folio 258 del cuaderno principal del expediente.   

13 Ver  folios 258-259 ibídem.   

14 Ver  CD 11, minuto 4:33.   

15 Ver  CD 11, minuto 15:21.   

16  Partido Comunista Colombiano.   

17 Ver  CD. 11, minuto 15:43.   

18 Ver  CD. 11, minuto 18:10.   

19 Ver  CD. 11, minuto 1:05:14.   

20 Ver  CD. 11, minuto 1:19.44.   

21 Ver  CD 11, minutos 46:11 y 1:21:58.   

22 Ver  CD 11, minuto 1:25.00.   

23 Ver  CD 11, minutos 47:05 y 1:24:32.   

24 Ver  CD 11, minuto 1:05:33.   

25 Ver  CD. 11, minuto 1:06:21.   

26 Ver  CD 11, minuto 1:04:07.   

27 Ver  CD 11, minuto 1:09.:20.   

28 Ver  CD 12, minuto 28:00   

29 Ver  CD 12, minuto 31:54   

30  Ibídem, minuto 33:38.   

31  Ibídem, minuto 35:20.   

32 Ver  CD 13, minuto 29:05.   

33 Ver  CD 13, minuto 31:05.   

34 ver  CD 13, minuto 36:05.   

35 Ver  CD 13, minuto 37:25.   

36 Ver  CD 13, minuto 49:15.   

37 Ver  CD 13, minuto 50:38.   

38 Ver  CD 13, minuto 51:29.   

39 Ver  CD 13, minuto 56:18.   

40 Ver  CD 13, minuto 56:30.   

41 Ver  CD 13, minuto 1:24:29   

42 En  la  audiencia  de  juicio  oral enseñó el carnet que así lo identificaba. Ver  CD.17, minuto 6:30.   

43 Ver  CD 17, minuto 10:50.   

44 Ver  CD 17, minuto 30:10.   

45 Ver  CD 17, minuto 38:11.   

46 Ver  CD 17, minuto 29:58.   

47 Ver  CD 17, minuto 35.04.   

48 Ver  CD 17, minuto 35.33.   

49 Ver  sentencia del 26 de enero de 2006, radicado 23893.   

50  Cfr. Cas. de 12 de agosto de 1993. Rad. 7504.   

51 Ver  auto del 15 de julio de 2009, radicado 29.876.   

52 Ver  folio 253 del cuaderno principal del expediente.   

53 Ver  folio 254 ibídem.   

54  Ibídem.   

55  Ibídem.   

56 Ver  folio 255 del cuaderno principal del expediente.   

57 Ver  CD 12, minuto 28:00.   

58 Ver  CD 12. minuto 31:36.   

59 Ver  CD 13, minuto 31:05.   

60 Ver  CD 13, minuto 56:18.   

61 Ver  CD 12, minuto 29:43.   

62 Ver  CD 13, minuto 27:54.   

63 Ver  CD 14, minuto 11:42.   

64 Ver  CD 18, minuto 34:39.   

65 El  término   compartimentación  de  acuerdo  con  la  enciclopedia  Wipipedia  se  entiende  de  la  siguiente  manera:  “En  asuntos  relacionados           con          la          inteligencia   militar,   tanto   del  sector  público  como  privado, la compartimentación de información da a entender que  hay  un  limitado acceso a determinada información para personas que tienen que  saber    directamente   dicha   confidencia   para   llevar   a   cabo   ciertas  tareas.   

El    principio    básico   para   la  compartimentación  es  que  sí  muy pocas personas conocen los detalles de una  asignación  o  cometido,  el  riesgo  o  probabilidad de que dicha información  pueda  ser  comprometida  o  que caiga en manos de la oposición se reduce. Así  pues,  existen  diversos  niveles  de autorización dentro de las organizaciones  (en  este caso, las agencias de inteligencia). No obstante, aunque alguien tenga  la   más  alta  autorización,  cierta  información  impuesta  a  determinados  documentos  bajo las palabras “Eyes Only” o “Sólo para ser leído” pueden estar  restringidos     para     determinados     operadores,    incluso    de    rango  inferior.   

En  la administración de inteligencia, los  oficiales  creen  que  es  útil  mantener  una  estrecha  vigilancia  sobre los  “métodos  y  fuentes”  de  información para poder evitar la revelación de las  personas  implicadas  y  sus actividades, cuyas vidas pueden estar en peligro si  tal  información  se  desclasificara  públicamente  o si cayera en manos de la  oposición”.              Ver             “http://es.wikipedia.org/wiki/Compartimentaci%C3%B3n_(servicio_de_inteligencia).   

66 Ver  CD 11, minuto 10:20.   

67 Ver  CD 12, minuto 12:20.   

68 Ver  CD 13, minuto 5:13.   

69 Ver  CD 14, minuto 13:08.   

70 Ver  CD 17, minuto 19:37.   

71 Ver  CD 12, minuto 8:38.   

72 Ver  CD 13, minuto 10:34.   

73 Ver  CD 17, minuto 1:06:09.   

74 Ver  CD 14, minuto 16:06.   

75 Ver  CD 17, minuto 55.16   

76 Ver  CD 11, minuto 1:04:35.   

77 Ver  CD 12, minuto 31:05.   

78 Ver  CD 17, minuto 36:03.   

79 Ver  CD 18, minuto 6:35.   

80 Ver  CD 18, minuto, 34:35.   

81 Ver  CD 18, minuto 43:40.   

82 Ver  CD 18, minuto 40.27.   

83 Ver  CD 18, minuto 14:52   

84   “podrá  desistirse  del  recurso  de  casación  y de la  acción de revisión antes de que la sala las decida”.     

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