31848(21-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 31848  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARIA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 120.  

         

          Bogotá  D.C.,  veintiuno  (21)  de  abril  de  dos mil diez (2010).   

VISTOS  

Resuelve la Sala el recurso extraordinario de  casación    interpuesto    por   el   defensor   del   procesado   GILBERTO  LÓPEZ GUZMÁN contra el fallo de  segundo  grado proferido por el Tribunal Superior de Tunja el 19 de diciembre de  2008,  confirmatorio,  con  algunas  modificaciones,  del dictado por el Juzgado  Penal  del Circuito de Moniquirá el 4 de marzo del mismo año, mediante el cual  condenó  al mencionado procesado, así como a Hernando  López  Guzmán  a las penas principales de 48 meses de  prisión  y  multa  en  cuantía  de 200 salarios mínimos legales mensuales, al  igual  que  a  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  idéntico lapso al determinado para la pena privativa  de   la   libertad,   como   coautores   responsables   del   delito  de  fraude  procesal.   

HECHOS  

Dado  que  el  22  de  septiembre  de  2001  falleció    el    señor    José   Manuel   López  Castellanos,      sus      hijos      Hernando        y       GILBERTO   LÓPEZ  GUZMÁN  a  través  de  apoderado  dieron  curso  al correspondiente trámite sucesoral ante la Notaría  Primera  de  Moniquirá,  donde  se protocolizó la escritura No. 1765 del 26 de  diciembre  del  mismo  año,  siendo  desconocidos  los derechos de Alba  Consuelo,  José  Luis,  Juan  Carlos, Stella y María Eugenia  López  Castro, también hijos del causante, situación  denunciada por esta última ante la Fiscalía.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La Fiscalía Seccional de Moniquirá declaró  abierta   la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  Hernando    y  GILBERTO  LÓPEZ  GUZMÁN resolviéndoles  su  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva,  sustituida  por  domiciliaria,  como  posibles  autores  del  delito  de  fraude  procesal.   

Cerrado el ciclo instructivo, el sumario fue  calificado  el  21 de septiembre de 2004 con resolución de acusación en contra  de  los  mencionados ciudadanos como presuntos autores del punible que sustentó  la  medida  asegurativa,  decisión  que  al  ser  impugnada por la defensa, fue  objeto  de  confirmación  por  parte de la Unidad de Fiscalía Delegada ante el  Tribunal de Tunja mediante proveído del 19 de agosto de 2005.   

La etapa de juzgamiento fue adelantada por el  Juzgado  Penal  del Circuito de Moniquirá, despacho que una vez surtido el rito  establecido  por  el  legislador profirió fallo el 4 de marzo de 2008, por cuyo  medio  condenó  a  los  incriminados a las penas principales de cuarenta y ocho  (48)  meses  de  prisión  y multa de doscientos (200) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la sanción  privativa  de  la  libertad  y  al  pago de la correspondiente indemnización de  perjuicios,   como  coautores  penalmente  responsables  del  delito  objeto  de  acusación.   En   la   misma   decisión   les   fue   concedida   la  prisión  domiciliaria.   

Impugnada  la  sentencia por la defensa y la  parte  civil,  el  Tribunal Superior de Tunja la confirmó, pero precisó que el  monto  de  la indemnización debía ser indexado a la fecha de su pago. De igual  manera,  ordenó  dejar  sin  efecto  el  trámite  notarial  promovido  por los  procesados,    así   como   los   registros   realizados   con   base   en   el  mismo.   

          Contra   el  fallo  proferido  por  el  ad  quem, el defensor de GILBERTO  LÓPEZ   GUZMÁN  interpuso  recurso  de  casación  y  allegó la correspondiente demanda oportunamente.   

          Mediante  auto  del  3 de junio de 2009, la Sala admitió el libelo,  por  cuya  razón ordenó correr el traslado de rigor a la Procuraduría General  de la Nación.   

          El  Procurador  Primero Delegado para la Casacón Penal, en concepto  recibido  el  11  de  diciembre  de  2009, conceptuó en el sentido de solicitar  casar la sentencia impugnada.   

LA DEMANDA  

          El  recurrente  formula  un  único  cargo  al  amparo  de la causal  primera  de  casación,  cuerpo  primero  de  la  Ley  600  de 2000. Lo sustenta  afirmando  que  los  falladores  incurrieron  en  violación  directa  de la ley  sustancial,  por  cuanto  condenaron  a  su  asistido  por  el  delito de fraude  procesal,  sin  tener  en cuenta, de una parte, que dicho comportamiento lesiona  el  bien  jurídico  de  la recta impartición de justicia, sin que los notarios  cuenten con tal función jurisdiccional.   

Y  de otra, que el delito de fraude procesal  supone  la  inducción en error orientada a obtener una resolución, sentencia o  acto  administrativo,  decisiones que no pueden proferir los notarios, a quienes  sólo  le  es  confiada  la  facultad de autorizar la declaración de partición  realizada  por  los  interesados  mediante  la respectiva escritura pública, la  cual  no tiene el carácter de sentencia, amén de que la función fedante no es  susceptible  de  control  por  la vía gubernativa o ante la jurisdicción de lo  contencioso administrativo.   

A  partir  de  lo  expuesto,  concluye  el  libelista  que  los  sentenciadores  violaron  directamente la ley sustancial al  aplicar  un  precepto frente a una situación atípica, circunstancia que impone  casar  el  fallo,  para en su lugar proferir sentencia absolutoria a favor de su  representado,  todo ello para asegurar “la  efectividad  del derecho material y el respeto de las garantías  fundamentales     del     señor     Gilberto     López     Guzmán”,  a  quien le fueron desconocidos sus  derechos al debido proceso e igualdad.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          Considera  que  el  Tribunal  se  equivocó  cuando  sostuvo que los  notarios  ejercen  funciones  jurisdiccionales.  En  su  criterio,  esa  postura  contraviene  lo  dispuesto  en  el  artículo 116 de la Constitución Política,  acorde  con  el  cual  administran  justicia  la  Corte Constitucional, la Corte  Suprema   de  Justicia,  el  Consejo  de  Estado,  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  la  Fiscalía  General de la Nación, los jueces, la justicia penal  militar y el Congreso en algunos casos.   

          Si  bien,  según  el  Delegado, el precepto constitucional autoriza  atribuir    excepcionalmente   función   jurisdiccional   a   las   autoridades  administrativas,  la  doctrina de la Corte Constitucional tiene definido que los  notarios  no  ostentan  esa condición, y ello a pesar de que en el ejercicio de  sus  funciones  actúan como autoridades públicas o estatales, en virtud de una  delegación  de  competencia que les atribuye la función fedante, de naturaleza  meramente  declarativa  o  testimonial,  en  la cual caben funciones relativas a  procesos   de   jurisdicción   voluntaria,   mas   no   labores   materialmente  jurisdiccionales,  como  son  las de dirimir conflictos o contiendas jurídicas.   

          Fue  por  lo  anterior, añade, que la mencionada Corporación en la  sentencia  C-1159  de 2008 declaró inexequible los artículos 10 a 14 de la Ley  1183  de 2008, en los cuales se asignaba competencia a los notarios para definir  disputas  jurídicas relativas a la adquisición, modificación o extinción del  derecho de propiedad privada.   

          Por  cuanto  la  misma  doctrina  de  la  Corte Constitucional tiene  determinado  que  los  notarios son particulares, el Procurador descarta que por  esa  vía  puedan acceder a la función de administrar justicia, pues aun cuando  el  artículo  116  superior  permite asignarles atribuciones de esa naturaleza,  éstas  solamente  comprenden  lo  relativo  a jurados en las causas criminales,  conciliadores  y  árbitros  habilitados  por las partes para proferir fallos en  derecho o en equidad.   

          Tras  señalar  que,  acorde  con  lo  dispuesto  en  el Estatuto de  Notariado  y Registro, la actividad notarial es incompatible con el ejercicio de  autoridad  o  jurisdicción,  el  Procurador Delegado insiste en sostener que el  Tribunal  erró  cuando  en su afán por adecuar el comportamiento al tipo penal  imputado  consideró que el notario administra justicia, incurriendo con ello en  contradicción   al   atribuirle  a  su  vez  la  capacidad  de  producir  actos  administrativos.  Coincide  de  esa  manera  con  el  demandante  en  que dichos  funcionarios  en el trámite de liquidación de la sucesión o de la herencia no  profieren  sentencias  o  decisiones  judiciales,  ni  actos  administrativos  o  resoluciones,  pues  simplemente  autorizan  la  declaración de los interesados  contenida en la partición.   

          En  su  criterio,  empero,  al  casacionista  le asiste razón sólo  parcialmente,  pues aun cuando la conducta objeto de acusación no se subsume en  el  tipo  penal  del  fraude  procesal,  dicho  comportamiento sí constituye el  ilícito  de falsedad ideológica en documento privado, previsto en el artículo  289 del Código Penal.   

          Para   sustentar   su  posición,  el  Ministerio  Público  trae  a  colación  el  procedimiento  legal  que  regula  el  trámite  notarial  de  la  sucesión,  destacando  cómo de acuerdo con esa normativa ni los interesados ni  sus  apoderados  pueden  libremente  callar  la existencia de otras personas con  igual  o  mejor  derecho,  al  punto de que si las desconocen están obligados a  manifestarlo  así  bajo  la gravedad del juramento que se entiende prestado con  la solicitud.   

          En   el  presente  evento,  estima  que  los  hermanos  López  Guzmán  faltaron a la verdad en el  memorial   poder,   pues   ocultaron   allí   la  existencia  de  sus  hermanos  extramatrimoniales  Alba  Consuelo,  José  Luis, Juan  Carlos,  Stella y María Eugenia López Castro, lo cual  hicieron  también  al  momento  de  otorgarse la respectiva escritura pública,  documento   considerado   por   la   doctrina   como   formalmente   público  y  sustancialmente  privado,  en  la medida en que si su veracidad se afecta por la  acción  de  los  particulares  al  plasmar allí sus declaraciones de voluntad,  éstos incurren en falsedad ideológica en documento privado.   

          El  Procurador  Delegado  dedicó un amplio espacio para fundamentar  la  tesis  según la cual el tipo penal previsto en el artículo 289 del Código  Penal  no  sólo incluye la falsedad material en documento privado sino también  la  falsedad  ideológica.  Para  el  efecto se apoyó en jurisprudencia de esta  Sala,  en  el  sentido  de que en ese segundo caso el precepto es de aplicación  restringida,  pues  a  los  particulares  sólo les asiste el deber jurídico de  decir  la  verdad  cuando  la  propia ley, expresa o tácitamente, les impone el  deber de hacerlo.   

          En  ese  orden,  considera  que  los procesados cuando presentaron a  través  de  apoderado  la  solicitud del trámite sucesoral estaban obligados a  decir  la  verdad,  pues  la  ley  les  imponía  afirmar  bajo juramento que no  conocían  otros  interesados  de  mejor  o  igual  derecho.  Al  manifestar  lo  contrario,  añadió, faltaron a la verdad haciendo incurrir en error al notario  para  hacerse  reconocer  como  únicos  y  exclusivos  herederos  del causante,  comportamiento  que  entonces  se  adecua  en  el  tipo  penal  de  la  falsedad  ideológica en documento privado.   

          En   consecuencia,  solicitó  desestimar  la  solicitud  del  actor  orientada    a    obtener    la    absolución    del   procesado   GILBERTO  LÓPEZ  GUZMÁN.  En su defecto,  pidió  decretar  la  nulidad de lo actuado a partir de la audiencia pública, a  fin  de  que  a  través  del  mecanismo  de  la  variación de la calificación  jurídica   de  la  conducta  previsto  en  el  artículo  404  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y en orden a preservar el principio de congruencia  entre   acusación   y   sentencia,   se  impute  a  los  hermanos  López   Guzmán  el  delito  de  falsedad  ideológica en documento privado, en calidad de determinadores.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

          Corresponde  a  la  Sala  determinar  en este caso si quien promueve  ante  notario  un  trámite sucesoral, ocultando la existencia de otras personas  con  derecho  a  heredar, incurre o no en conducta delictiva. Desde luego, en el  evento  de resultar afirmativa la respuesta, será necesario establecer luego en  cuál descripción típica se adecua ese comportamiento.   

          Para   dilucidar  tales  aspectos,  considera  la  Corte  pertinente  empezar  examinando  la  estructura  típica  del  delito  de  fraude  procesal,  conducta  en la cual los falladores acomodaron los hechos objeto de juzgamiento.   

          Estructura típica del fraude procesal:   

          El  Código  Penal de 2000 incluye dicho ilícito dentro del título  destinado  para  los  delitos  atentatorios de la eficaz y recta impartición de  justicia   y   lo   describe   en   su   artículo   453   en   los   siguientes  términos:   

          “Fraude  procesal. El que por cualquier  medio  fraudulento  induzca  en  error  a  un  servidor  público  para  obtener  sentencia,  resolución  o  acto  administrativo  contrario a la ley, incurrirá  en…”.   

          Sobre  esta  figura delictiva resulta relevante señalar que el bien  jurídico  protegido por el legislador no alude exclusivamente a las actuaciones  propiamente  judiciales, sino también a aquellas de carácter administrativo en  las  cuales  haya  lugar  a adoptar alguna decisión que ponga fin a un trámite  previamente solicitado por el interesado.   

Precisamente  por  eso  es  por  lo  que  el  funcionario   inducido  en  error  por  la  acción  del  agente  no  se  reduce  únicamente  a quien ostenta la condición de juez sino, en general, a cualquier  servidor  público.  De  ahí  también  que  la  conducta material del ilícito  contenga   como  elemento  subjetivo  la  pretensión  de  obtener  “sentencia,    resolución   o   acto  administrativo”,  decisiones    estas    últimas    a    cargo,    justamente,   de   autoridades  administrativas.   

          Es  por  lo  anterior  por  lo que quien promueve una investigación  disciplinaria  ante  la  Procuraduría General de la Nación, con la pretensión  de  obtener  decisión  contraria  a  la  ley,  utilizando  para el efecto medio  fraudulento  con  el  cual  induce en error al servidor público encargado de su  tramitación,  incurre  en el ilícito de fraude procesal. Igual conducta comete  quien  con  elemento  de  la  misma naturaleza acude a la Oficina de Registro de  Instrumentos  Públicos  con  el fin de obtener su inscripción como propietario  de un bien inmueble, sin obtener su titularidad de manera válida.   

          De  lo  anotado  se concluye que se materializa el punible de fraude  procesal   si   la  conducta  se  realiza  en  actuación  tanto  judicial  como  administrativa.  Así,  por  lo demás, lo tiene dicho la jurisprudencia de esta  Corporación:   

“Desde   la  perspectiva  de  la  prevalencia  del derecho sustancial, objetivo máximo de la  casación  penal  entendida como control de constitucionalidad y legalidad de la  sentencias  de  segundo  grado,  se  hace  necesario  reiterar que dentro de los  términos  “resolución o  acto  administrativo”  se  implican   toda   clase   de  decisiones  entre  las  que  se  encuentran  autos  interlocutorios  o  providencias de autoridad judicial  o  gubernativa.  En esa perspectiva, si bien es cierto  el  nombre  de aquellos, deriva del derecho procesal no deberán entenderse como  conceptos   cerrados  sino  amplios  en  sus  contenidos  materiales1  (subraya la Sala, ahora).   

Por     tanto,     para   determinar   si  el   trámite  sucesoral adelantado en  Notaría  puede  tipificar  dicho  comportamiento,   será   necesario  establecer  si   los notarios administran justicia u ostentan la condición  de autoridades administrativas.   

          Naturaleza jurídica de la actividad notarial:   

          El  artículo  116  de la Constitución Política, modificado por el  artículo  1º  del  Acto  Legislativo  No  3  de 2002, señala expresamente los  órganos  que  administran  justicia,  mencionando  como  tales  a la  Corte  Constitucional,  la Corte Suprema de Justicia, el Consejo  de  Estado,  el  Consejo  Superior  de la Judicatura, la Fiscalía General de la  Nación,  los  Tribunales  y  los  jueces,  así como la justicia Penal Militar.  Establece   también   que   el   Congreso   ejercerá   determinadas  funciones  judiciales.   

La misma disposición, en su inciso tercero,  prevé  que  la  ley excepcionalmente podrá atribuir función jurisdiccional en  materias  precisas  a  determinadas  autoridades  administrativas.  Sin embargo,  excepciona   la   función  de  adelantar  la  instrucción  de  sumarios  y  el  juzgamiento de delitos.   

   

De  acuerdo con el inciso cuarto del citado  precepto,  los  particulares  pueden también ser investidos transitoriamente de  la  función  de  administrar justicia en la condición de jurados en las causas  criminales,  conciliadores  o en la de árbitros habilitados por las partes para  proferir  fallos  en  derecho  o  en  equidad, en los términos que determine la  ley.   

Como  se  observa,  los  notarios  no están  incluidos  entre  las  autoridades  con  atribución  natural  para  administrar  justicia.   Queda   solamente   la   posibilidad   de   que   lo   puedan  hacer  excepcionalmente,  bien  por  ser  autoridades administrativas o por ostentar la  condición de particulares.   

          Sobre  el  alcance  y  naturaleza de la actividad notarial, la Corte  Constitucional         tiene         definido2  que  se trata de “una  función  testimonial3 de autoridad,  que  implica  la guarda de la fe pública, teniendo en cuenta que el notario, en  virtud  del  servicio  que presta, debe otorgar autenticidad a las declaraciones  que  son emitidas ante él, y en consecuencia, dar plena fe de los hechos que ha  podido    percibir   en   el   ejercicio   de   tales   competencias”4.   

En  ese  sentido,  la  citada  Corporación  ha señalado de igual manera  que      la      función      notarial      corresponde      a     “un             ‘servicio      público’  (C.P.  art.  131) confiado de manera  permanente       a       particulares5,  circunstancia  que  hace   de   esta   actividad,  un  ejemplo  claro  de  la  llamada  ‘descentralización         por  colaboración’6  autorizada  por  la  Carta en  virtud  de  los   artículos   209,  123 – inciso 3 –  y 365  de       la      Constitución”7.   

De  ahí  que la propia Corte Constitucional  tenga  establecidos  como  caracteres  distintivos  de  la  función notarial en  Colombia, los siguientes:   

“En  síntesis,  las  principales  notas distintivas del servicio notarial, tal como se expuso en  la  sentencia  C-1508/00,  son:  (i)  es un servicio público, (ii) de carácter  testimonial,  iii)  que  apareja  el  ejercicio de una función pública, (iv) a  cargo   normalmente   de   los  particulares  en  desarrollo  del  principio  de  descentralización  por  colaboración  y  (v)  a  los  cuales  se les otorga la  condición      de      autoridades”8.   

         Acorde  con  lo expresado por la mencionada colegiatura, si bien los  particulares  que  ejercen  la  función  notarial son autoridades estatales, en  cuanto  realizan una actividad de la cual es titular el Estado, aquellos no son,  en  sentido  subjetivo,  servidores  públicos,  por  cuya razón no ostentan la  condición de autoridades administrativas.   

         Sobre  el  particular,  en  la  sentencia C-1159 de 2008 señaló lo  siguiente:   

          “De acuerdo con lo antes expuesto, esta  corporación  ha  considerado que el Notario es en el ejercicio de sus funciones  una  autoridad  pública   o estatal, por ser aquellas propias del Estado y  ser  las  mismas  determinantes  de una superioridad o preeminencia del titular,  originario o delegado, respecto de los gobernados.   

No     obstante,     la   Corte   Constitucional   no   ha  señalado que los notarios  sean  específicamente  autoridades  administrativas.  Por  el contrario, en una  ocasión  manifestó  que  sus funciones no tienen naturaleza administrativa, en  los siguientes términos:   

‘Esta finalidad  básica  del servicio notarial pone en evidencia que los notarios no desarrollan  únicamente   un  servicio  público,  como  podría  ser  el  transporte  o  el  suministro  de  electricidad,  sino  que  ejercen  una actividad, que si bien es  distinta  de  las  funciones  estatales  clásicas,  a saber, la legislativa, la  ejecutiva  y  la  judicial,  no  puede  ser  calificada  sino como una verdadera  función   pública.   En   efecto,   el  notario  declara  la  autenticidad  de  determinados   documentos   y  es  depositario  de  la  fe  pública,  pero  tal  atribución,     conocida    como    el    ejercicio    de    la    “función      fedante”,   la   desarrolla,  dentro  de  los  ordenamientos  que  han  acogido el modelo latino de notariado, esencialmente en  virtud  de  una  delegación  de  una  competencia  propiamente  estatal, que es  claramente    de   interés   general’9     (se  destaca)   

En  estas  condiciones, debe concluirse que  los notarios, por no ser autoridades administrativas,  no    pueden   ser   titulares   de   la   función   jurisdiccional…”  (subraya  la Sala).   

         Como  se  observa,  los  notarios  ni son funcionarios judiciales ni  ostentan  la  condición  de autoridades administrativas. Precisamente, por esto  último   tampoco  se  les  puede  facultar  para  administrar  excepcionalmente  justicia,  con  apoyo  en lo dispuesto en el inciso tercero del artículo 116 de  la Constitución Política.   

            Y aunque en calidad de particulares podrían, con fundamento en el  citado  artículo  116, ejercer funciones jurisdiccionales, no puede pasarse por  alto  que la autorización constitucional solamente se extiende para actuar como  jurados  en  causas criminales, así como conciliadores o árbitros en virtud de  habilitación  por  las  partes  en  ejercicio  de  su autonomía de la voluntad  privada,   sin   comprender   entonces   actividades  como  la  tramitación  de  actuaciones sucesorales.   

         Significa  lo  anterior que cuando el notario adelanta por petición  de  las  partes  una  sucesión,  no ejerce funciones jurisdiccionales. Su labor  tampoco  reviste  naturaleza  administrativa,  pues, como se dijo, no ostenta la  condición  de  autoridad  de  esa  estirpe.  En  esas condiciones, no es viable  predicar  aquí  la estructuración del delito de fraude procesal, en cuanto ese  comportamiento  implica  la pretensión de obtener sentencia, resolución o acto  administrativo,  cuyas  decisiones  no  se  encuentran  bajo  el  resorte de los  notarios.   

         Como  lo señaló el Procurador Delegado, erró entonces el Tribunal  cuando  afirmó  lo  contrario.  Al casacionista, empero, no le asiste razón al  señalar  que el comportamiento de los procesados es atípico, pues el mismo sí  resulta relevante penalmente, como se verá a continuación.   

         La conducta delictiva realizada por los acusados:   

         La  Corte  debe, ante todo, descartar la configuración del ilícito  de  falso  testimonio,  criterio  aplicado en la sentencia del 5 de diciembre de  1996,  en  donde  en  un caso similar al presente se consideró que los notarios  administran  justicia.  Como  se  dijo,  en  punto  del trámite de liquidación  sucesoral  no  resulta  apropiado  sostener  esa  tesis,  como  tampoco  que  la  actividad   por   ellos   desempeñada   conlleve  a  la  expedición  de  actos  administrativos.   

En  tal  virtud,  si  de conformidad con lo  establecido  en el artículo 442 del estatuto punitivo, el falso testimonio debe  darse  en  actuación  judicial  o administrativa, resulta claro que tampoco ese  punible  se comete cuando alguien ante notario solicita adelantar un trámite de  la   mencionada   naturaleza,   afirmando   mendazmente  que  no  existen  otros  herederos.   

         Comparte  la  Sala,  en  cambio,  la  manifestación  del Ministerio  Público  acorde con la cual dicho comportamiento tipifica el delito de falsedad  ideológica  en  documento  privado. Así, advertido sea, lo consideró la Corte  en  reciente  sentencia,  al  avalar la adecuación típica en ese mismo sentido  efectuada  por  los  falladores  de  instancia dentro de un caso análogo al que  ahora              se             decide10.   

         Se  ratificó de la anterior manera la postura expuesta por la Corte  en  pretéritas  decisiones,  consistente  en  que   el  artículo  289 del  Código  Penal  no  solamente  reprime la falsedad material de documento privado  sino  también  la  falsedad  ideológica,  aun  cuando  frente  a  esta última  exigiendo  para  su  configuración  que  la  ley,  en  forma expresa o tácita,  establezca  al particular el deber de decir la verdad. Dicho criterio, prohijado  nuevamente  en  esta oportunidad, lo condensó la Sala en la sentencia del 16 de  marzo de 2005, en la cual sostuvo:   

“Uno.   La  falsedad  ideológica  en  documento  privado  sí  se  encuentra  definida como  delictiva, tanto en el Código Penal de 1980 como en el del 2000.   

          “Dos.   Para   hablar   de   falsedad  ideológica  en  documentos  privados,  al  principio  se requería que el autor  faltara  a  la verdad y originara daño a un tercero o, al menos, que lo hiciera  con la intención de propinarlo.   

          “Luego,  ante el ostensible y necesario  cambio  de  óptica sobre el alcance y contenido del bien jurídico fe pública,  no  fue  imprescindible incluir esos elementos en la definición típica, porque  era  obvio  que  si  una  persona  falsificaba un documento con suficiencia para  vulnerarlo  una  vez  sometido  al torrente del tráfico jurídico, incurría en  delito,  siempre  que,  desde  luego,  afectara real o potencialmente el decurso  normal de las relaciones socio jurídicas.   

          “Tres.  Por lo anterior, aun cuando los  tipos  penales  de  1980  y  del 2000 no lo requieren en forma expresa, se sigue  hablando  del  deber  de  verdad  que  debe  acompañar  al autor para que pueda  cometer  esa  conducta  delictiva.  Esa  determinación es atendible, porque, en  verdad,  un  documento  ideológicamente  falso que solamente vincule y produzca  efectos  exclusivamente  entre  particulares, no genera riesgo ni perjuicio a la  fe   pública   por   cuanto   esta  se  halla  en  cabeza  de  la  “colectividad”,   es   decir,   del   “interés    de    la    generalidad  social”.  Sin embargo, si  esa  mentira  entre  dos  o  más  personas trasciende y arriba al terreno de la  pluralidad  poniendo  en  peligro  o  dañando  el  habitual  y normal entramado  jurídico,   el   simple   embuste   particular,   privado,   se   convierte  en  delito.   

          “Cuatro.  El deber de verdad resulta de  dos  fuentes.  La  primera  es  la ley. Sucede cuando esta, concebida en sentido  lato,  frente  a  una  relación  social,  afirma  expresamente que las personas  están  obligadas a obrar con la verdad; es el denominado deber legal de verdad,  o  deber  expreso  de  decir  la  verdad;  la  segunda  es  la  que  surge de la  demostración   de   que   en  el  caso  concreto  con  la  conducta  desplegada  –falsedad  y  uso-  se ha  creado    un    riesgo   para   el   “bien   jurídico   social”  conocido  como fe pública, o cuando se comprueba que lesionado el  carácter  probatorio  del  documento,  efectivamente,  se  ha ofendido ese bien  “colectivo”.   Es   la   obligación   tácita,  sobrentendida     o     deducida    de    decir    la    verdad”11.   

          En  el  caso materia de análisis, existe obligación legal de decir  la  verdad para quien acude a un notario a adelantar el trámite de liquidación  de  una  sucesión,  pues  el Decreto Legislativo 902 de 1988, modificado por el  Decreto  1729  de  1989, normatividad que regula dicha actuación, señala en su  artículo   2º   que   los   peticionarios   o   sus   apoderados  “deberán afirmar bajo juramento que se  considera  prestado  por  la  firma  de  la  solicitud,  que  no  conocen  otros  interesados  de  mejor  o igual derecho”,    estableciendo    adicionalmente    que   su   ocultación   “hará    que    los  responsables  queden  solidariamente  obligados  a indemnizar a quienes resulten  perjudicados   por  ella,  sin  perjuicio  de  las  sanciones  que  otras  leyes  establezcan”.   

          Ese   deber   legal,   sin  duda,  no  lo  cumplieron  los  hermanos  LÓPEZ  GUZMÁN,  porque  a  pesar  de  conocer  la  existencia de otros herederos con igual derecho sobre la  masa  sucesoral,  decidieron  afirmar  lo  contrario  para  hacerse  asignar  la  totalidad  de  los  activos del causante, birlando de esa manera los derechos de  sus  consanguíneos  Alba  Consuelo,  José Luis, Juan  Carlos,  Stella y María Eugenia López Castro, nacidos  de    una    relación    extramatrimonial    del    padre    de    los    aquí  procesados.   

         Es  de  advertir  que  esa  manifestación fue efectuada tanto en el  escrito  donde  se  solicitó  adelantar  el trámite de la sucesión como en la  escritura  pública  en la cual se protocolizó la respectiva liquidación, pues  en  ese último documento se insistió en afirmar bajo la gravedad del juramento  que  el  causante “no dejó  herederos  diferentes  a  los  hijos  habidos  dentro del matrimonio”12, desfigurándose también la  verdad  en  un  acto  notarial  que,  como lo señala el Procurador Delegado, es  formalmente   público   pero   sustancialmente  privado,  en  cuanto  su  parte  introductiva  corresponde  al  notario  mientras  la narrativa al particular que  acude  al  primero  a  otorgar  la  escritura pública, cuyas mentiras cuando se  está  en  la  obligación  de  decir  la verdad configuran, por tanto, falsedad  ideológica en documento privado.   

         

         Se  observa, igualmente, que tales manifestaciones no las efectuaron  los  acusados  en  forma  directa sino a través de su apoderado, pues fue éste  quien  presentó  la  petición  y  luego compareció a la Notaría a otorgar la  escritura  pública.  Este  hecho,  entiende  la  Sala,  permite  al  Ministerio  Público  sostener  que  los  procesados  incurrieron  en el delito a título de  determinadores.   

         La  Sala, empero, no participa de dicho criterio porque en la figura  de  la  determinación  tanto  el  determinador  como  el  determinado responden  penalmente  por  la  conducta  ilícita  realizada,  y  en el presente evento no  existe  elemento  de  juicio  para  afirmar  que  el apoderado de los procesados  tenía conocimiento de la existencia de los otros herederos.   

         Considera  la  Corte que en este caso se presentó, en realidad, una  autoría  mediata, entendida como aquella en la cual el sujeto activo realiza el  comportamiento  punible  valiéndose  para  el efecto de otra persona que actúa  como   instrumento,  quien  entonces  no  responde  penalmente  de  la  conducta  ilícita, salvo en algunos excepcionales eventos.    

         Sobre  la  distinción  entre  determinación y autoría mediata, la  jurisprudencia de esta Corporación tiene expresado lo siguiente:   

         

“A    su  vez…  puede efectuarse un  cotejo  entre  la  determinación y la autoría mediata. En aquella se establece  una  relación  persona  a  persona  a  partir de una orden, consejo, acuerdo de  voluntades,   mandato   o   coacción  superable  entre  el  determinador  y  el  determinado   (autor   material),  dado  que  ambos  conocen  de  la  tipicidad,  antijuridicidad  y  culpabilidad  del comportamiento realizado, pero sólo éste  tiene   dominio  del  hecho,  motivo  por  el  cual,  también  ambos  responden  penalmente de la conducta hasta la fase en que se haya cometido.   

Por  su  parte, en la figura de la autoría  mediata,    entre    autor    mediato    (también    denominado    “el   hombre   de   atrás”     o    el    que    “mueve     los     hilos”)   y   ejecutor   instrumental,   se  establece  una  relación  persona  a  “persona      objetivada”  o cosa, pues se soporta en una coacción ajena insuperable, en una  inducción  en error o en el aprovechamiento de un error, de manera que sólo el  autor   mediato   conoce   de   la   tipicidad,   ilicitud  y  culpabilidad  del  comportamiento,  en  tanto,  que  el  ejecutor  instrumental  obra  – salvo cuando se trata de inimputables  –  bajo  una  causal  de  exclusión  de  responsabilidad,  motivo  por el cual, mientras el autor mediato  responde   penalmente,   el   ejecutor   instrumental,   en   principio,  no  es  responsable.   

          En  efecto,  hay  casos  en  los  que el ejecutor sí responde, como  ocurre  cuando  el  autor mediato utiliza a inimputables, quienes son penalmente  responsables al serles impuestas medidas de seguridad.   

También  hay  lugar  a imponer sanción al  individuo   mediatizado   cuando  actúa  bajo  error  vencible  de  tipo  o  de  prohibición  indirecto  de  tipo permisivo, siempre que el delito por el que se  proceda  admita  la  modalidad  conductual  culposa.  Igualmente,  cuando aquél  actúa  por  error  vencible  de prohibición directo la pena se rebajará en la  mitad”13.   

         Es  de anotar que en reciente decisión la Sala sostuvo que también  responden  penalmente  quienes  son  utilizados  por los aparatos organizados de  poder  para  ejecutar los delitos, pues en estos eventos los ilícitos cometidos  “son  imputables  tanto a  sus  dirigentes  -gestores,  patrocinadores,  comandantes-  a título de autores  mediatos,   a   sus  coordinadores  en  cuanto  dominan  la  función  encargada  -comandantes,  jefes  de  grupo-  a  título  de  coautores;  y  a  los directos  ejecutores   o   subordinados  -soldados,  tropa,  patrulleros,  guerrilleros  o  milicianos-,  pues  toda  la  cadena actúa con verdadero conocimiento y dominio  del  hecho  y  mal  podrían  ser  amparados  algunos de ellos con una posición  conceptual  que  conlleve  la impunidad”14.   

         En   la   actuación   desplegada   por  los  hermanos  LÓPEZ  GUZMÁN  no se presenta ninguna de  las  excepciones antes referidas, apareciendo claro, por el contrario, que ellos  eran  los  únicos  que  conocían  la  tipicidad,  ilicitud  y culpabilidad del  comportamiento  e indujeron en error a su apoderado para promover el trámite de  liquidación  sucesoral,  afirmando a través suyo que se trataba de las únicas  personas  con  derecho  a  heredar  los  bienes  de  su progenitor, sin ser ello  cierto.   

         Desde  luego,  como  surge  evidente,  el  uso  del documento falso,  elemento  estructurante  de la conducta punible en mención, se concretó cuando  con  la manifestación espuria no sólo se dio trámite a la sucesión sino que,  finalmente,  los  procesados  se hicieron adjudicar la totalidad de los derechos  herenciales, parte de los cuales no les pertenecía.   

         De  lo  expuesto  se sigue, por tanto, que los hermanos Hernando        y       GILBERTO  LÓPEZ  GUZMÁN no incurrieron en  el  delito  de  fraude  procesal como lo declararon los falladores de instancia,  sino  en  el  ilícito de falsedad ideológica en documento privado a título de  autores    mediatos.    

         La decisión a adoptar:   

         La  solución  a  implementar  en  este  evento no será, empero, la  propuesta  por  el  representante  de  la  sociedad,  quien solicita declarar la  nulidad  a  partir  de  la  audiencia  pública  para  que  mediante el trámite  previsto  en  el  artículo  404  del  Código de Procedimiento Penal de 2000 se  varíe la adecuación típica.   

         La  Sala  desde  la  providencia  del  14  de  febrero de 2002 viene  sosteniendo  que  dicho  procedimiento de variación no se hace necesario cuando  se  trata  de  mejorar la situación jurídica del procesado, pues en tal evento  basta  con  enmendar  el  yerro  en la sentencia, efectuando allí la respectiva  redosificación  punitiva.  Este criterio, es de advertir, lo ratificó la Corte  en     recientes    decisiones    de    casación15   

.  

         Dicha  situación  es  la  acontecida en este caso, pues mientras el  fraude  procesal  está  sancionado con prisión de 4 a 8 años y multa de 200 a  1.000  salarios mínimos legales mensuales (art. 453 del Código Penal de 2000),  la  falsedad en documento privado tiene prevista pena de prisión de 1 a 6 años  y no contiene sanción pecuniaria (art. 289 ibídem).   

         La  Sala, por tanto, casará la sentencia impugnada para condenar al  procesado  recurrente  por  el  delito  de  falsedad  en documento privado. Esta  decisión,  de  acuerdo  con  el  artículo  229 de la Ley 600 de 2000, se hará  extensiva    al   no   recurrente   Hernando   López  Guzmán.   

         En   tal   virtud,   se   procede   a   efectuar   la   consiguiente  redosificación  punitiva,  para  lo  cual se considerarán los mismos criterios  aplicados por el a quo.   

         Como  el  juzgador  de primer grado se ubicó en el cuarto mínimo y  dentro   de   ese  ámbito  punitivo  seleccionó  el  extremo  inferior,  igual  procedimiento  seguirá  la  Sala,  por  cuya  razón  impondrá  a los hermanos  LÓPEZ  GUZMÁN  la  pena de  un  (1)  año  de  prisión a  título   principal,   mismo   lapso   en  el  cual  quedará  la  accesoria  de  inhabilitación   para   el   ejercicio   de   derechos  y  funciones  públicas  consecuencialmente irrogada a los aludidos.   

         Por  cuanto  el  fallador  les  negó el subrogado de la suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena con fundamento en la no satisfacción  del  presupuesto  objetivo  previsto  en  el  artículo 63 del Código Penal, el  monto  de  la sanción principal a imponerles ahora obliga a estudiar nuevamente  la  viabilidad  de  su concesión.            

         Se   advierte   al   respecto  que  la  decisión  del  a  quo  de  determinar la sanción mínima  establecida  en  el  tipo  penal  permite entender que el funcionario no estimó  concurrente  en este caso factores relativos a la naturaleza y a las modalidades  de   la  conducta  que  exigieran  someter  a  los  sentenciados  a  tratamiento  penitenciario.  Como  dichos  aspectos,  aunados  a los antecedentes personales,  sociales  y familiares, que no se presentan negativos para los acusados, son los  llamados  a  evaluar  para  establecer  la necesidad o no de la ejecución de la  pena,  según  así  lo  prevé el numeral 2º de la precitada norma sustancial,  pertinente  encuentra  la  Sala  conceder  a los aludidos el analizado sustituto  penal.   

         Lo  anterior  tanto  más  cuando  la  conducta  ejecutada  por  los  procesados  ha  resultado ser de menor entidad a la que fue objeto de condena en  las  instancias,  tratándose  aquella  (la falsedad en documento privado) de un  delito  que  aunque  genéricamente  afecta  al conglomerado social, comprendió  solamente  la  vulneración  efectiva  de  los  intereses  patrimoniales  de los  consanguíneos  de  los  acusados, quedando la disputa en un ámbito enteramente  familiar,  cuyos  lazos  si  bien  se  resquebrajaron  con  el  ilícito, pueden  perfectamente   restaurarse   en   el  futuro  si  se  permite  a  los  hermanos  LÓPEZ  GUZMÁN permanecer en  el  seno  de  la sociedad, máxime cuando con la acción penal se restablecieron  los  derechos  de  las víctimas, en cuanto el Tribunal dispuso dejar sin efecto  el  trámite  notarial  surtido  irregularmente,  así  como  los  subsiguientes  registros públicos realizados con base en el mismo.   

         No  puede  pasarse  por  alto  que  la función del administrador de  justicia  no es solamente de carácter represiva, pues está también a su cargo  propender  por  el acercamiento entre víctima y victimario en aras de buscar su  convivencia  pacífica,  que  constituye  uno de los fines esenciales del Estado  social  de  derecho,  conforme  lo consagra el artículo 2º de la Constitución  Política.   

         En  consecuencia,  se  suspenderá condicionalmente la ejecución de  la  pena  por  el  período  de  dos  (2)  años.  Para acceder al subrogado los  procesados  deberán  suscribir  diligencia  compromisoria  en los términos del  artículo  65 del Código Penal, aun cuando se tendrá en cuenta la caución por  valor  de  $400.000  prestada por cada uno de ellos con ocasión de la medida de  aseguramiento impuesta en el curso del proceso.   

         En  esos  términos,  por  sustracción  de  materia se revocará la  prisión  domiciliaria  concedida  a  los  acusados  en  la sentencia de primera  instancia.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero-. CASAR la  sentencia   impugnada,   en  el  sentido  de  condenar  a  GILBERTO  LÓPEZ  GUZMÁN  y  HERNANDO  LÓPEZ  GUZMÁN  a la pena principal de un (1)  año  de  prisión, así como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo lapso, como autores mediatos del delito de falsedad en  documento privado.   

Segundo-.    CONCEDER    a   los  mencionados  procesados  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  en  los  términos y condiciones  señalados en la presente sentencia.   

         Tercero-.                  DECLARAR   que   los  restantes  ordenamientos  de  la  sentencia  impugnada  se mantienen incólumes,  salvo  lo relacionado con la prisión domiciliaria concedida a los acusados, que  se revoca por sustracción de materia.   

         Contra la presente sentencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ             SIGIFREDO      ESPINOSA  PÉREZ             

Aclaración    de    voto                                                        Salvamento de voto   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                        AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                            

               

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                       

JULIO          ENRIQUE           SOCHA   SALAMANCA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                     Secretaria     

1 Auto  del     31     de     agosto    de    2009,    radicación    31759..   

2   Sentencia   C-399   de   1999.   M.   P.   Alejandro   Martínez  Caballero.   

3Ver  Gaceta    Constitucional    No    28.    Marzo    27   de   1991.   Notarios de Fe pública.   

4 Art.  1° de la ley 29 de 1973.   

5 Corte  Constitucional.     Sentencia    C-181/97,    M.P.,    doctor    Fabio    Morón  Díaz.   

6  Ver   Sentencias  SU-250 de 1998. M.P. Alejandro Martínez Caballero,   Sentencia  C-181/97  y  Sentencia   C-166  de  1995, C-741/98, entre otras.   

7  Sentencia C-399 de 1999 antes citada.   

8  Sentencia  C-1212 de 2001, M. P. Jaime Araújo Rentería. Aclaración de Voto de  Manuel  José  Cepeda  Espinosa.  Salvamento  de  Voto  de Rodrigo Escobar Gil y  Rodrigo Uprimny Yepes.   

9  Sentencia C- 741 de 1998. M. P. Alejandro Martínez Caballero.   

10 Cfr.  Sentencia del 12 de marzo de 2008, radicación 25059.   

11  Radicación 22407.   

12 Fl.  197 cuaderno principal.   

13  Sentencia del 23 de febrero de 2009, radicación 29418.   

14  Sentencia   de   única  instancia  del  23  de  febrero  de  2010,  radicación  32805.   

15  Así  lo señaló en sentencias del 27 de enero de 2010, radicación 31448 y del  3 de marzo de 2010, radicación 33282.     

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