32960(03-12-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n° 32960  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 374.  

Bogotá, D. C., tres (3) de diciembre de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  sustentación de la demanda de casación instaurada por el defensor de  MARISOL    LORENA   RODRÍGUEZ   CRUZ   contra  la  sentencia  del  24  de julio de 2009 mediante la cual el  Tribunal  Superior  de  Armenia  confirmó  el  fallo  proferido  el 12 de junio  anterior  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de la misma ciudad, que  condenó  a  la  mencionada  procesada  a  las  penas principales de 64 meses de  prisión  y  2.66  salarios mínimos legales mensuales, así como a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por un  tiempo  igual  al  de  la  pena  privativa  de la libertad, como responsable del  delito de fabricación, tráfico o porte de estupefacientes.   

HECHOS  

El juzgador de segunda instancia los resumió  en los siguientes términos:   

“Con motivo de las  quejas  presentadas  en  el CAI tres esquinas de la ciudad, sobre el expendio de  estupefacientes  dentro de una ventanilla llamada “cañas gordas” ubicada en  la  manzana  6 casa 11 del barrio Cañas Gordas, el 9 de mayo de 2007 se inició  un  operativo,  encontrando en la cocina una bolsa contentiva de varios paquetes  que  tenían  adentro  un  material  que  sometido  a  prueba de identificación  preliminar   homologada   y   experticia  científica,  arrojó  resultado  para  cocaína,…  con un peso neto de 13.3 gramos,… y opio y derivados con un peso  neto de 0.56 gramos.   

Por  estos  hechos  se dio captura a las dos  personas  que  se  encontraban  allí  en  ese  momento, esto es, MANUEL EDUARDO  QUINTERO  ARANGO  y MARISOL LORENA RODRÍGUEZ CRUZ. No obstante, se les vinculó  a  través  de  formulación  de imputación por la infracción al artículo 376  inciso  2º  del  Código  Penal,  siendo  el  primero de ellos el único que se  allanó a los cargos, rompiéndose la unidad procesal…”   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  A  solicitud de la Fiscalía, el Juzgado  Quinto  Penal  Municipal, con funciones de control de garantías, realizó el 10  de  mayo  de  2007  audiencia  preliminar  concentrada,  en la cual legalizó el  allanamiento,  la  incautación  de evidencia y la captura de los implicados. En  la  misma  diligencia, el fiscal les formuló la respectiva imputación, la cual  fue    admitida    por    Manuel   Eduardo   Quintero  Arango.  Finalmente,  el  juez  profirió en contra de  MARISOL  LORENA  RODRÍGUEZ  CRUZ   medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  en  tanto se  abstuvo   de   proceder   en   igual   sentido  en  relación  con  Quintero Arango.   

3. El 12 de junio de 2007, el Fiscal Tercero  Seccional  de  Armenia  presentó  escrito  de  acusación  contra  MARISOL   LORENA   RODRÍGUEZ   CRUZ,  por  infracción  al  artículo 376, inciso 2º del Código Penal, en la modalidad de  conservar.  Con sustento en dicho escrito, el Juzgado Segundo Penal del Circuito  de  la  mencionada ciudad llevó a cabo, el 22 de junio siguiente, la respectiva  audiencia de acusación.   

4.  La  preparatoria  la  realizó  el 19 de  septiembre  del  mismo  año y el juicio oral lo inició el 30 de julio de 2008,  culminándolo  el  18  de  mayo  de  2009  con el anuncio del sentido del fallo,  precisando  que  sería  de carácter condenatorio. La sentencia la profirió el  12  de  junio  siguiente,  contra  la  cual  la  defensa  interpuso  recurso  de  apelación,  por  cuya  vía  el  Tribunal  Superior  de  Armenia  confirmó  la  decisión  de  primera  instancia, ante lo cual el defensor promovió el recurso  extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula dos cargos contra la sentencia del Tribunal,  el  primero  con fundamento en el numeral 1º del artículo 181 de la Ley 906 de  2004,  mientras  el  segundo bajo el auspicio del numeral 3º del mismo precepto  procesal.   

          En    el    primer   cargo   denuncia  la violación directa del artículo 29 de la Constitución  Política,   así   como   los   artículos   6º,  7º,  8º,  381  y  448  del  

Código de Procedimiento Penal, contentivos de los  derechos   fundamentales  a  la  presunción  de  inocencia  y  debido  proceso,  vulneración    proveniente   de   la   errónea   interpretación   de   dichas  disposiciones.   

          Para   sustentar   el   reproche,   sostiene   que   los  juzgadores  quebrantaron  el  principio  de  no  auto-incriminación  cuando condenaron a la  procesada  con  inferencias  relativas  a su condición de compañera permanente  del  otro  capturado,  a  partir de lo cual dedujeron que tenía conocimiento de  las  actuaciones  de  su  esposo, pese a que ella no estaba en la obligación de  denunciarlo.   

          En  ese  contexto,  argumenta  la  consecuencial  violación  de los  principios  de  presunción de inocencia e in dubio pro  reo, por soportar la responsabilidad de la acusada con  sustento  en  el  hallazgo de la sustancia, en la captura de los dos compañeros  permanentes  y en la aceptación efectuada por el jefe del hogar, cuyo análisis  le parece entonces muy subjetivo.   

          Predica,   de   otra   parte,   la  vulneración  del  principio  de  congruencia  porque  a pesar de realizarse el operativo de captura con el fin de  confirmarse  la  venta  de estupefacientes, en la acusación se acudió al verbo  “conservar”, no obstante  lo   cual   los   falladores  terminaron  atribuyendo  la  comercialización  de  sustancias.  Más  aun,  añade, la imputación se formuló por autoría, pese a  lo cual los juzgadores hablaron de coautoría.   

          Para  el  impugnante,  además,  la responsabilidad de la acusada se  sustentó  a  partir  de  inferencias,  a pesar de que ese tema es propio de las  audiencias  preliminares.  En apoyo de su criterio, alude al siguiente argumento  de   la   sentencia,   según   cita   hecha   en  la  demanda:  “No  era  ajena  al  acontecer criminal (refiriéndose a la acusada),  por  que  (sic)  aquel era su  compañero  sentimental,  convivía  con  ella  en  la misma residencia; ¡No es  lógico  que  los  hechos  sucedieran  a espalda de la inculpada, lo que resulta  acertado  para  el  tribunal;  la  aceptación  de  cargos y condena de QUINTERO  ARANGO,   permiten   inferir   que  la  conducta  se  llevo  acabo  (sic)   en  connivencia,  con  la  señora  MARISOL   LORENA  RODRÍGUEZ;  al  igual  que  ella  y  el  otro  capturado,  se  encontraban  presentes  en  la  incautación y el primero se allano (sic)    y   esta   situación   resulta  contundente para afirmar su coautoría”.   

          Finalmente,  expresa  que  los  fallos  de  instancia  desconocen el  principio  según el cual el derecho penal es de acto y no de autor, porque como  soporte   de  la  declaratoria  de  responsabilidad  trajeron  a  colación  dos  antecedentes  constituidos  por  sentencias  condenatorias,  con  cuyo  sustento  afirmaron que la procesada era proclive al delito.   

          En    el   segundo   cargo   acusa  la  sentencia de violar indirectamente la ley sustancial, por  no  aplicarse  o  por  aplicarse en indebida forma los artículos 1º, 6º y 7º  (no precisa de qué estatuto).   

          Según  el  censor,  la primera de esas disposiciones, consagratoria  del  principio  de  la dignidad humana, se desconoce por no tenerse en cuenta el  vínculo     de     “parentesco”    entre   los  dos  procesados,  lo  cual  autorizaba  a  MARISOL  RODRÍGUEZ a no auto-incriminarse.  El  artículo  6º,  que  prevé  el  principio de legalidad, en su criterio, se  vulnera  por  considerarse  el  pasado  judicial  de la acusada para declarar su  responsabilidad.  Y  el  artículo  7º, regulador del derecho a la igualdad, se  conculca   –dice-   por  deducirse   la   responsabilidad  de  la  procesada  con  sustento  en  la  sola  circunstancia  de  ser la compañera permanente de quien aceptó unos hechos por  conservación de la sustancia.   

          El  impugnante  atribuye a los falladores incurrir en error de hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  por  cuanto hacen una lectura equivocada del  contenido  de  la  prueba,  cuando  afirman  que  la acusada, por ser compañera  permanente  del  otro  capturado,  tenía conocimiento de la conservación de la  sustancia,  conclusión  a  la cual arribaron también por la aceptación pura y  simple  efectuada  por  su  compañero permanente y por el pasado judicial de la  primera.    

          En    su    criterio,    los   juzgadores   incurrieron   igualmente  en “error de raciocinio”,  pues  no aplicaron las reglas de la sana crítica, lo cual les impidió advertir  que el conjunto probatorio no conduce a la certeza del hecho.   

          Para  el  demandante,  los  errores  de apreciación recayeron sobre  todo  el  material  probatorio allegado a la actuación. Sobre su trascendencia,  señala  que  incidieron  negativamente en la “suerte  de  la  persona sometida al rigor del derecho penal”.  Por  tanto,  considera  que  “otra  hubiese  sido su  suerte    si   el   legislador   (sic)   de  primera  instancia  acude a la ponderación de derechos de orden  constitucional  y  legal  para realizar análisis subjetivos que desembocaron en  una  responsabilidad  objetiva que como bien sabemos está erradicada de nuestra  codificación penal”.   

          En  esos  términos, solicitó casar la sentencia para absolver a la  procesada.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

          La  Corte  no  deja  de  insistir  en  señalar  que  la  demanda de  casación  no  es  un  escrito de libre elaboración sino que, dado el carácter  extraordinario  de  ese  recurso,  debe  cumplir unos presupuestos de adecuada y  lógica   fundamentación,   sin   los   cuales   el   libelo   no   podrá  ser  admitido.           

         

          Esos  presupuestos, en el esquema procesal contemplado en la Ley 906  de  2004, surgen de lo dispuesto en los artículos 183 y 184, inciso segundo. La  primera  de  dichas  normas  exige  al censor presentar la demanda señalando de  manera  precisa  y concisa las causales invocadas y sus fundamentos. A su turno,  la  segunda  establece  que  no  se  seleccionará el libelo cuando, entre otros  casos,  se  prescinde  de  señalar  la causal o no se desarrollan los cargos de  sustentación.   

          Al  amparo de las mencionadas disposiciones la Sala ha expresado que  en  la  nueva  sistemática procesal penal al demandante le corresponde también  satisfacer,   al   formular   los   respectivos   cargos,   las  pautas  fijadas  tradicionalmente  por  la  jurisprudencia  frente  a cada una de las causales de  casación establecidas por la ley.   

          Al  examinarse la demanda instaurada por el defensor de MARISOL  LORENA  RODRÍGUEZ  CRUZ, concluye  la   Sala  que  la  misma  no  cumple  las  exigencias  de  adecuada  redacción  indispensables   para   su   admisión  y,  antes  bien,  presenta  numerosos  e  insalvables  defectos  que  la tornan inepta para esos propósitos.            

          En  efecto,  el  primer cargo lo  apoya en el numeral 1º del artículo 181 de la Ley 906 de 2004,  es  decir,  denuncia  la  violación  directa  de la ley sustancial.           

         Acorde   con  la  jurisprudencia  de  la  Corte,  cuando  el  ataque  se  fundamenta  en  la  causal  de  casación  antes  mencionada  le  está  vedado al actor desconocer los hechos declarados probados  por  el  sentenciador,  así como controvertir el mérito probatorio asignado en  el fallo a las pruebas incorporadas a la actuación.   

         En   consecuencia,   constituye   obligación  para  el  demandante  presentar   una   discusión   netamente   jurídica  orientada  a  establecer  la  falta  de  aplicación de una norma sustancial, su  aplicación     indebida     o     la    interpretación    errónea    de    la  misma,     debate  que,  desde  luego,  deberá estar apegado  a  los  fundamentos  de  la decisión  objeto  de  la  impugnación,  so  pena  de  que  la  censura  pierda  seriedad.   

          Tales  presupuestos  de  sustentación no los cumplió el libelista,  pues  a  lo  largo  del  reproche  no  hace cosa diversa a la de controvertir el  alcance  fijado  por  los  falladores  a  las  pruebas incorporadas al plenario,  señalando  que  las  inferencias  probatorias  efectuadas  por  éstos,  o bien  desconocen  el  principio  de  no  auto-incriminación,  ora  son  de  carácter  subjetivo  o,  finalmente, no sirven para sustentar la condena, equivocando así  el  ataque  casacional,  pues  si su inconformidad recae sobre la labor suasoria  del  juzgador,  lo  procedente  era  acudir a la violación indirecta de la ley,  planteando  la existencia de errores de hecho o de derecho, en cualquiera de las  modalidades mediante las cuales se manifiestan esos yerros.   

          Es  decir,  en  el  primer  caso  (error  de  hecho)  denunciando la  incursión  en  falso  juicio  de  existencia, falso juicio de identidad o falso  raciocinio  y,  en  el segundo (error de derecho) demostrando la concurrencia de  un falso juicio de legalidad o de un falso juicio de convicción.   

          Más  aún,  resultó introduciendo a la censura un argumento propio  de  la  causal  segunda  de  casación  de la Ley 906 de 2004, al atribuir a los  sentenciadores   incurrir   en   incongruencia   por   condenar   por  venta  de  estupefacientes  y  considerar a la procesada coautora, pese a que la acusación  se  formuló  por  conservación  y a título de autoría. Irregularidad de esta  naturaleza  es constitutiva de violación al debido proceso, por cuya razón, de  presentarse, generaría invalidación procesal.   

          De  la  anterior  forma,  el  actor terminó desconociendo de manera  palmar  el  principio  lógico  de  no contradicción que gobierna el recurso de  casación,   porque   aducir  la  existencia  de  nulidad  del  proceso  implica  cuestionar  la  legalidad  del mismo, en tanto impugnar la eficacia o mérito de  las  pruebas  supone  reconocer  la  validez  de la actuación, de manera que no  resulta  dable,  en  esta sede extraordinaria, postular simultáneamente los dos  aspectos.   

          Ahora  bien, la aducida incongruencia tampoco se corresponde con los  contenidos  del  fallo, pues el Tribunal reprochó a la procesada la conducta de  conservar,  y  si  bien  en  algunos apartes tocó el tema de la venta, fue para  precisar  que  esa  actividad  la  desarrolló  Manuel  Eduardo  Quintero,  compañero permanente de aquélla,  cuyo  comportamiento  entonces  quedó  claramente determinado en la sentencia y  está  en  consonancia con lo atribuido en la acusación. Los siguientes apartes  de la decisión confirman esta conclusión:   

          “Precisamente  este  hecho, es decir, la  venta  que se hacía de la sustancia alucinógena por parte del señor MANUEL E.  QUINTERO,  situación  que  no  admite  controversia  porque además así quedó  demostrado,  impide dar credibilidad a la ajenidad en  la   conservación  del  estupefaciente  por  parte  de  la  acusada.   Mírese  cómo  se  pretende  hacer  creer  que  las  sustancias  alucinógenas   estaban  en  dicho  lugar  para  el  consumo  de  su  compañero  sentimental     después     de     éste     haberse    allanado    a    cargos  previamente.   

          Con  relación  a  lo  esbozado  por la defensa en la sustentación,  dígase  que  en el transcurso de la causa nunca se ha mencionado que se hubiese  encontrado  o no estupefacientes en el cuerpo de la procesada, pues desde  el  principio  se  ha  venido señalando que incurrió en la  conservación   de   las  sustancias  estupefacientes,  tampoco  se  advierte,  contrario a lo aludido por el recurrente, que las mismas  hayan  sido  halladas  en un lugar aislado de la vivienda, pues la cocina es uno  de  los lugares más concurridos por cualquiera de los residentes”1   

El  segundo  cargo  el  actor lo formula con sustento en el numeral 3º de  la  Ley  906  de  2004,  el  cual  corresponde  a  la causal de casación que la  jurisprudencia  tradicionalmente  ha  denominado  violación indirecta de la ley  sustancial.   

          Cuando  se  acude  a  ese  motivo  casacional,  como  se  esbozó en  precedencia,   es   deber   del   libelista   acreditar   que   el  ad  quem al apreciar la prueba incurrió en  error  de derecho o en error de hecho. Si aduce lo primero, adicionalmente tiene  como  carga  demostrativa sustentar la presencia de un falso juicio de legalidad  o  de  un falso juicio de convicción. En cambio, si la pretensión del actor es  denunciar  la presencia de un error de hecho, le corresponde encaminar el ataque  hacia  la  acreditación  de  alguno  de los siguientes errores: falso juicio de  existencia, falso juicio de identidad o falso raciocinio.   

En el presente evento, el libelista atribuye  al  Tribunal  incurrir  en errores de hecho, inicialmente por un falso juicio de  identidad y luego por un falso raciocinio.   

Tiene determinado la Sala que cuando se aduce  un  falso  juicio de identidad, la carga de fundamentación deberá orientarse a  establecer  que en el fallo se distorsionó un medio de convicción para hacerle  decir  lo  que  no  expresa,  bien  sea porque le adicionó aspectos ajenos a su  contenido,  o  porque  le  cercenó  algunos  que  sí forman parte del mismo, o  porque lo transliteró.   

Para   su  demostración,  el  actor  debe  identificar  el medio probatorio, efectuar un análisis comparativo entre lo que  dice  la  prueba  y lo que le hizo expresar el fallador y, finalmente, acreditar  la trascendencia del yerro.   

Ninguna  de estas exigencias las cumplió el  impugnante,  pues,  en  primer lugar, señaló que el error recayó en todas las  pruebas  incorporadas  al plenario, sin precisar exactamente en cuál o cuáles.  Por  lo  mismo,  tampoco  realizó  el  referido examen comparativo. Mucho menos  sustentó  la  trascendencia  de  la  anomalía.  En  este  punto,  se limitó a  señalar  que  de  no  incurrirse  en el error otra hubiese sido la suerte de la  acusada,  sin  abordar  el  examen  concreto  de  las  pruebas ponderadas por el  ad  quem  para acreditar que  con ninguno de sus razonamientos era factible sostener la condena.   

El  casacionista  también  predicó,  aunque  de  manera  implícita,  la  existencia de un falso  raciocinio,  en  cuanto argumentó que los falladores  no    aplicaron    los    principios   de   la   sana   crítica.  La  censura,  sin  embargo,  se  quedó  en el mero enunciado, pues  no  precisó  cuáles  principios  de  esa naturaleza  desconocieron  éstos,  es  decir,  si los postulados lógicos, las reglas de la  experiencia  o  las  leyes  de la ciencia, carga argumental que le correspondía  asumir,  junto  con la demostración de la trascendencia del error, como  lo  tiene precisado la jurisprudencia de la Corte, pero ni la una ni la otra la cumplió el actor.   

          Los  desaciertos  en  la estructuración de los dos cargos objeto de  examen  conducen,  por  consiguiente,  a la inadmisión de la demanda presentada  por  la  defensa.  En  ese  sentido  se pronunciará la Sala, teniendo en cuenta  además  la  no observación de vulneración alguna de garantías fundamentales,  que    imponga    superar    los   desaciertos   técnicos   para   decidir   de  fondo.   

   

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación2,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por cuyo medio la Sala resuelva inadmitir la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   MARISOL          LORENA          RODRÍGUEZ         CRUZ.   

         De    conformidad    con    lo   dispuesto   en   el   inciso     segundo    del    artículo  184  de  la  Ley  906  de   2004  y,  en  los  términos  referidos  en  el  acápite   final   de   esta  determinación,  contra  la    misma    procede  la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE         SOCHA          SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

                                                                                                                                                   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS                

                                                                               

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                   

                                                                             Cita medica   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                          JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

     

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria     

1  Página 7 del fallo de segunda instancia.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *