32925(28-10-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 32925  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

                                                   JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                               Aprobado Acta No.339   

Bogotá, D. C., veintiocho (28) de octubre de  dos mil nueve (2009).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la manifestación de  impedimento   presentada   por  los  Magistrados  del  Tribunal  Superior  de  Antioquia  BETTY  MARIA  LIMA AZUERO y EDILBERTO ANTONIO  ARENAS  CORREA para conocer en segunda instancia del proceso penal adelantado en  contra  de  Deiver  Luis  Duran Caicedo, Manuel Anaya  Vargas  y  Omar  De Jesús  Ciro  Henao quienes fueron condenados por el delito de  fabricación,  tráfico y porte de armas y municiones  de   uso   privativo   de   las   Fuerzas  Armadas  y  explosivos,  y  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas    de    fuego   o   municiones   [artículos 366 y 365 del Código Penal].   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Los  primeros  fueron  reseñados  en la sentencia de primera instancia proferida el 8 de julio  de  2009,  por el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Antioquia,  así:   

“De acuerdo a la descripción realizada por  la  Fiscalía en la presentación de la acusación, el 6 de abril de 2008, a las  15:50,  en  la  estación  de  policía  de  Arboletes, el agente Bayron Guzmán  Valencia,  radioperador,  recibió  una llamada al 112, de una persona que no se  identificó,   para  informarle  que  en  la  playa  del  sector  conocido  como  Montebello,  del  municipio de San Juan de Urabá, había una lancha sospechosa,  por   lo  que  el  agente  coordinó  con  los  funcionarios  de  EMCAR  de  esa  jurisdicción  el  desplazamiento  al  sector en donde efectivamente encontraron  una  lancha  rápida  y  a  seis  personas descargando unos costales de lona que  procedieron  a  revisar,  encontrando  armas  de  uso  privativo  de las fuerzas  militares,   fusiles   y   municiones   que  se  relacionaron  de  la  siguiente  manera:   6.278  cartuchos  de  fúsil  5.56 MM, 52 culatines de madera, un  radio  marca  ICON  serial 2113288, 150 proveedores para fusil calibre 5.56, una  lancha  con  identificación  AA85B05Z3765, dos motores Yamaha de seis válvulas  150  CC,   125  fusiles  AK47,  13  fusiles  COLT  M4,  un fusil M16A1, dos  proveedores  para  pistola  calibre  9MM,  30 cartuchos 9 MM, lo que constituyó  motivo  suficiente  para  capturarlos,  enterarlos de sus derechos e incautar el  material  de  guerra, al señor DEIVER DURÁN CAICEDO,  uno de los capturados, le encontraron en su poder dos  proveedores para pistola 9MM, cada uno con quince cartuchos.”   

2.   El 7 de  abril  de  2008  en  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal de Turbo se llevó a cabo  audiencia   mediante  la  cual  se  legalizó  la  captura  de  los  indiciados,  imputación  del  cargo  de  fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego o  municiones  de  uso  privativo  de  las  fuerzas militares, y finalmente, se les  impuso medida de aseguramiento en establecimiento carcelario.   

La  defensa de los tres implicados recurrió  esa  decisión  y  el 18 de abril de 2008, el Juzgado Segundo Penal del Circuito  de  Turbo  declaró  la ilegalidad de la captura y, por consiguiente, revocó la  medida de aseguramiento impuesta.   

3.  El Fiscal  33  Especializado,  el  6  de mayo siguiente, presentó escrito de acusación en  contra  de  Deiver  Luis  Duran Caicedo, Manuel Anaya  Vargas  y  Omar  De Jesús  Ciro   Henao   por   los  delitos  que  ab initio les imputó.   

4.  Agotado  el  juicio  oral,  público  y concentrado, el 7 de octubre de 2008, la Juez Segunda  Penal  del  Circuito  Especializado  de Antioquia dictó fallo absolviendo a los  acusados.  Esta  sentencia  fue apelada por la Fiscalía, y el Tribunal Superior  de  Antioquia  en  Sala  de  Decisión  Penal,  en  la  cual  hicieron parte los  magistrados  BETTY  MARIA  DEL  PILAR  LIMA AZUERO [ponente] y EDILBERTO ANTONIO  ARENAS  CORREA,  resolvió  anular  la actuación a partir del debate probatorio  del  juicio oral, para que se rehiciera la actuación, con la aclaración de que  el   testimonio   rendido   por   el   perito   Olarte   Morales  conservaba  su  validez.   

Para  tal  fin  tuvo  en cuenta que, como lo  alegó  el  Delegado  de  la  Fiscalía,  la  juez  de  instancia  sustentó  la  absolución  en  la  falta  de  elementos  de  prueba  que ella no permitió que  ingresaran al juicio; en tal sentido, señaló:   

“En  punto  de  razonabilidad,  lo  que  se  observa  no  solamente es el equívoco del Despacho  respecto  a  la  forma  en que no admite que unos documentos ingresen al juicio,  para  que  adquieran  junto  con  el  testigo  de  acreditación  pertinente, la  posibilidad  de  ser  valorados  amén  de  la negativa a que se discuta en otra  instancia  una tal decisión; sino también un olímpico abandono del rol propio  de  la  Fiscalía, porque aún en la misma instancia, no podía tirar a la borda  su  pretensión  probatoria base para sacar avante la acusación pudiendo seguir  practicando  la  prueba  aún  con  los  requerimientos del Despacho.    (Subrayas    y    resaltado   del  original)   

Advirtió que la juez de instancia autorizó  que  los  documentos descubiertos por la Fiscalía fueran introducidos a través  del  testimonio  del  teniente  Alejandro  Torres  Suárez,  quien narró lo que  recordaba,  acotando que participó en todos los actos urgentes en los cuales se  elaboraron  documentos,  entre  ellos,  el  informe  ejecutivo y sus anexos, los  cuales   finalmente   la   juzgadora   no   admitió   por   haberse  presentado  incorrecciones   en   el   interrogatorio,   relacionadas   con   la  cadena  de  custodia.   

Precisó  que, al escuchar los registros del  juicio,  es  evidente  que  el Fiscal insistentemente pretendía introducir cada  documento  sin  dejar que el testigo hiciera el relato de lo que recordaba, para  luego   sí,   como  era  debido,  “refrescarle  la  memoria”   [porque  los  documentos  no se descubrieron como o con vocación de prueba directa, sino para  introducirse   con   un   testigo  de  acreditación]  ejercicio  que  constantemente  fue  controlado  por  la  Juez; sin embargo, tal  circunstancia  no  constituía obstáculo para que un vez obtenido el relato del  testigo,  la  Fiscalía  introdujera  los  documentos  independientemente  de la  forma,  “porque  al fin y al cabo ya había vertido  lo   que   recordaba   y   preciso  era  refrescarle  su  memoria”,   máxime   cuando   se   trataba  de  un  operativo  de  grandes  proporciones,   donde   el   paso   del   tiempo  borra  detalles,  “pero  por  sobre  todo,  máxime cuando se trataba de documentos  públicos   los   pretendidos   utilizar   para  actualizar  la  evocación  del  testigo”.   

Concluyó que se sacrificó lo sustancial en  detrimento  de la pretensión punitiva con la aquiescencia del sujeto titular de  tal  pretensión,  yerro que no puede convalidarse teniendo en cuenta que uno de  los  fines  esenciales  del  Estado  es la realización de la justicia material,  además  de lograr la prevalencia del derecho sustancial como lo trascienden los  principios constitucionales.   

En  consecuencia,  establecida la forma como  ocurrieron  los sucesos y su incidencia en la estructura del proceso, la cual se  vio  afectada  ante la negativa de la juez de instancia a conceder los recursos,  desconociendo  que  el  tema  debatido  no  era de simple trámite, “en  cuanto se refería en el fondo a admitir ingresar al juicio,  unos  documentos  pedidos  usar  (sic)) para refrescar memoria del testigo y una  entrevista  registrada  documentalmente, con el mismo fin, los que utilizados en  la  forma citada viabilizan su valoración junto con el testimonio que apoyaban,  adquiriendo      de      esta     manera     valor     probatorio”.   

Ante  la  imposibilidad de corregir el yerro  anotado  de  otra  manera,  decretó  la  nulidad  de la actuación a partir del  debate  probatorio  del  juicio  para que se rehiciera conservando la validez el  testimonio  rendido  por  el  perito  experto  en  armas,  el cual no alcanzó a  contaminarse por el defecto aludido.   

5. De este modo, la  Juez   Segunda  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Antioquia  subsanó  la  actuación  y nuevamente, el 8 de julio de este año, dictó sentencia condenado  a  los  procesados  a  ocho años de prisión por haber sido hallados penalmente  responsables     de     las     conductas     delictivas     de     fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  o  municiones  de uso  privativo  de  las  Fuerzas  Armadas  y  explosivos  y  fabricación,   tráfico   y   porte   de   armas  o  municiones, descritos en los artículos 366 y 365 del  Código Penal.   

6.  La defensa de  los   acusados  interpuso  recurso  de  apelación  contra  esta  sentencia.  En  consecuencia,  las  diligencias fueron enviadas a la Sala de Decisión Penal del  Tribunal  Superior  de  Antioquia  que  había  conocido  de  ellas  en anterior  oportunidad.   

El  15 de octubre pasado, una vez instalada  la  audiencia  de  debate  para la sustentación del recurso aludido, la doctora  BETTY  MARÍA  LIMA  AZUERO,  en su condición de ponente, y el doctor EDILBERTO  ANTONIO  ARENAS  CORREA,  integrante  de  la  Sala de Decisión, manifestaron su  impedimento  para  conocer  del  proceso porque el 13 de febrero de 2009, cuando  decretaron  la  nulidad  de  la  actuación,  comprometieron su criterio, por lo  menos en cuanto a la tipicidad de los hechos hace referencia.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Al tenor de lo preceptuado por el artículo  57  de  la  Ley 906 de 2004, cuando el funcionario judicial se encuentra incurso  en  una  de  las causales de impedimento debe manifestarlo a la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de Justicia o a la Sala Penal del Tribunal de Distrito Judicial,  según   corresponda,   para   que   sea   sustraído   del   conocimiento   del  asunto.   

El  canon  59  ibídem,  dispone  que si la  casual  se  extiende  a  varios  integrantes  de  las  Salas de decisión de los  Tribunales,  el  trámite  será conjunto, y el artículo 62 ordena suspender la  actuación  procesal  desde el mismo momento en que se presente la recusación o  se  manifieste  el  impedimento  del  funcionario judicial hasta que se resuelva  definitivamente.   

Acorde  con  lo  dispuesto  en   los  artículos  57  y 341 de la Ley 906 de 2004, la Sala es competente para resolver  el  impedimento  planteado,  por  tratarse  de  un  proceso  adelantado bajo los  lineamientos   del   sistema  penal  acusatorio  y   de  la  manifestación  efectuada  por dos Magistrados que integran la Sala de Decisión Penal del   Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Antioquia para inhibirse de conocer  de  este  asunto  por vía del recurso de apelación interpuesto por el defensor  de  los  procesados  contra  la  sentencia  condenatoria  dictada por la juez de  instancia.   

Teniendo  en  cuenta  que  en  este caso la  situación  planteada  se  acomoda  en  la causal prevista en el numeral 6° del  artículo  56  del  ordenamiento  en  cita,  la  cual  señala  como  motivo  de  impedimento  que  el  funcionario judicial “hubiere  participado  dentro  del proceso” cuya revisión es  sometida   a  su  consideración,  indispensable  es  evaluar  en  el caso concreto cuál es el conocimiento que del plenario tuvieron  los  funcionarios  en  el  transcurso  del  trámite  y  establecer  si  con  su  actuación comprometieron su imparcialidad.   

No   se   trata  de  una  presunción  de  impedimento,  ni  de  un  motivo  que  se active en forma objetiva, por el sólo  hecho    de    que    el    funcionario    judicial    hubiere   “participado”  dentro  del  proceso.   

Al   respecto   la  Sala  tiene  sentado:   

“La expresión  “participado”,  no  debe  tomarse  en forma textual, literal ni aislada del contexto procesal penal,  pues  de  aceptarse  así, se llegaría a extremos que escapan a la finalidad de  salvaguarda  de  la  imparcialidad  contenida  en  las  normas  relativas  a los  impedimentos y recusaciones.   

Piénsese,  por  ejemplo,  que el Tribunal  Superior  conociese  apelaciones  sucesivas  de diferentes autos emitidos por el  Juez  Penal  del  Circuito  dentro  del  mismo  proceso;  bajo  tal supuesto, la  participación  de  los  magistrados   es   innegable,   pero  ninguna  razón  existe  para  aceptar  un  impedimento,  sin  argumentación  específica  de  respaldo.  También habrían  participado   ya   los  magistrados  que  conocen  por vía de apelación de la providencia que niega la  práctica  de una prueba o del auto que se abstuvo de declarar una nulidad; pero  esa  intervención  en  el  proceso  nada  dice  por  sí misma de un pretendido  impedimento  para  conocer  después, en segunda instancia, la apelación contra  el fallo de primer grado.   

En  especial, cuando se produce la ruptura  de  la  unidad  procesal, por allanamiento a cargos, total o parcial, de todos o  parte  de  los  implicados,  o  por  otras  circunstancias  que  la  generen, la  necesaria  participación  de    los   funcionarios   judiciales   (jueces   y  magistrados)  en  el proceso original integrado como  una  unidad, o en los procesos derivados del anterior con ocasión de la ruptura  de  esa unidad, no debe invocarse sin la fundamentación correlativa como causal  de impedimento ni recusación.   

En efecto, así como no es motivo objetivo  de  impedimento,  que el funcionario judicial “haya  manifestado   su  opinión  sobre  el  asunto  materia  del  proceso”  (numeral  4° del artículo 56 de  la  Ley  906  de  2004),  tampoco se erige en causal  objetiva   ni   automática   de   impedimento,   que  el  funcionario  judicial  “hubiere      participado      dentro      del  proceso”  (numeral 6°,  ibídem).   

En tratándose de impedimento, es necesario  que  en cada caso particular y concreto los funcionarios judiciales –jueces  y  magistrados-  expliquen  cuáles  son  las  razones  por  las cuales su imparcialidad, su ecuanimidad, su  independencia  o  su  equilibro  podrían  afectarse  frente  a  cada uno de los  implicados,       por       el       hecho       de      haber      participado      ya      en     el  proceso.   

El género de argumentación que se exige,  incluye  especificar  las  circunstancias  o  condiciones  en  que se produjo la  participación   del  funcionario  judicial  en  el  proceso  original  o  en  alguno  de los procesos  derivados  por  la  ruptura  de  la  unidad procesal; y si la actividad del Juez  –individual    o  colegiado-  se  extendió  ya  a  la  valoración  de elementos probatorios o de  información  susceptible  de  convertirse en prueba, se precisa indicar cómo y  de  qué  manera  las apreciaciones anteriores inciden en el ánimo del juzgador  al  conocer  el  asunto  en  ocasiones  posteriores,  frente  a  cada uno de los  implicados o situaciones concretas por resolver.   

Lo  mismo  pude  predicarse  –mutatis     mutandi-  cuando  se  trata  de recusación, aduciendo que el funcionario  judicial  ya  participó  dentro del proceso.   

4.   Las   instituciones  jurídicas  de  impedimento   y   recusación   se   vinculan   inescindiblemente  al  principio  constitucional  del debido proceso, en su amplia concepción garantista; pero no  a  la  manera  de  una presunción peyorativa sobre los funcionarios judiciales,  respecto  de quienes, por el contrario, se presume su imparcialidad; presunción  que,  sin  embargo,  puede  desvirtuarse  cuando  a  ello  hubiere lugar, siendo  indispensable   que  el  interesado  suministre  los  elementos  subjetivos  que  cimentan  tal  pretensión,  pues  como  los  motivos que eventualmente podrían  conspirar  contra  la  imparcialidad,  ecuanimidad,  equilibrio,  etc., a menudo  pertenecen  al  fuero interno de las personas, la corporación llamada a dirimir  el  incidente  -en  este  caso  la Sala de Casación Penal- debe ser enterada de  aquellos  motivos, para que pueda determinar si en realidad se encuentra ante un  juez  subjetivamente  incompetente,  por haber emitido juicios anticipados o ser  sujeto  de  prevenciones  que  comprometan de antemano su criterio, al punto que  alguna  de  las  partes  pudiese  resultar  perjudicada o favorecida”1.   

En el caso bajo examen, la Sala observa que  los  magistrados  que  se  declaran  impedidos para conocer de estas diligencias  fundamentan  su  manifestación  en  haber  conocido  anteriormente,  en segunda  instancia,  de  la  sentencia  absolutoria, oportunidad en la cual decretaron la  nulidad  de  una  parte  de  la  actuación  ordenando  rehacer  el juicio oral,  público   y   concentrado   para  que  se  introdujeran  en  el  mismo  pruebas  documentales, trascendentes para la decisión de fondo.   

Así,  se  aprecia  que  participaron en el  proceso  con  efecto  vinculante,  pues  se involucraron con el fondo del asunto  para  declarar  la  nulidad de una parte del juicio oral público y concentrado,  comprometiendo  su  criterio, la imparcialidad y ecuanimidad de la decisión que  ahora se debe proferir en segunda instancia.   

En  este sentido, para la Sala es claro que  ante   la  separación  orgánica  y  funcional  establecida,  constitucional  y  legalmente,  entre  las  labores  de  acusación y juzgamiento, conforme con las  cuales  al  juez  solamente  le  corresponde  juzgar,  a  pesar de lo cual, para  preservar   principios  superiores  como  el  de  prevalencia de las normas  sustanciales  respecto  de  las  adjetivas  en aras de alcanzar los objetivos de  verdad,  justicia  y  reparación, inmanentes al Estado Social y Democrático de  Derecho,  cuando asume decisiones con las que procura facilitar la introducción  de  pruebas oportunamente ofrecidas por las partes, en orden a decidir de manera  definitiva  el asunto sometido a su conocimiento, funcionalmente el principio de  imparcialidad  se  coloca  en  riesgo;  situación  que  justifica que en dichos  casos,  los  cuales  constituyen  una  excepción,  el funcionario judicial debe  expresar su impedimento para conocer nuevamente del proceso.   

En   consecuencia,  como  el  impedimento  manifestado   se   encuentra   debidamente   fundamentado,  se  aceptará  y  en  consecuencia   se  dispondrá  que  los  Magistrados  BETTY  MARIA  LIMA AZUERO y EDILBERTO ANTONIO ARENAS  CORREA,   sean   sustraídos   del  conocimiento  de  este  proceso.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

1°.  DECLARAR  fundado  el  impedimento  manifestado  por  los  Magistrados  BETTY  MARIA LIMA AZUERO y EDILBERTO ANTONIO  ARENAS  CORREA,  de  la  Sala  de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Antioquia,  en  consecuencia  se  ORDENA su separación del conocimiento de este  proceso.   

2º. DEVOLVER de  inmediato  el  proceso  al Tribunal Superior del Distrito Judicial de Antioquia,  con  el  fin  de  que  se integre la Sala de Decisión Penal que deba conocer el  recurso  de  apelación  interpuesto  por la defensa de los acusados  Deiver  Luis  Duran  Caicedo,  Manuel  Anaya Vargas y   Omar   De   Jesús   Ciro  Henao,  contra  la  sentencia  mediante  la  cual el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito Especializado de Antioquia los condenó a ocho (8)  años  de  prisión  por los delitos de fabricación,  tráfico  y  porte de armas y municiones de uso privativo de las Fuerzas Armadas  y        explosivos,       y       fabricación,   tráfico   y   porte   de   armas   de   fuego   o  municiones    

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese y cúmplase  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ           SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO               MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE L.   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                      JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

         Excusa  justificada   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                            JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Auto de 13 de junio de 2007, radicado 27497.     

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