32641(11-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32641  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta N° 353  

Bogotá,  D.  C., noviembre once (11) de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS:  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado Derlin  Espinosa  Rodríguez contra la sentencia proferida el 23 de enero de 2009 por el  Tribunal  Superior  de  Cali,  que  lo condenó, junto con Héctor Fabio Salcedo  Cedano  y  Constantino  Casañas  Zapata,  a las penas de 40 meses de prisión e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso, al considerarlos coautores responsables del delito de estafa  agravada  (Código  Penal de 1980,  artículos 356 y 372).   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1. Los primeros, que  tuvieron  ocurrencia  en  Cali  a  partir  de  1999,  fueron  descritos  en  los  siguientes términos en la resolución acusatoria:   

Los hechos surgen de la relación comercial  sostenida  entre  el  señor  gerente  de la Cooperativa de Trabajadores Emcali,  Derlin  Espinosa  Rodríguez  y  los funcionarios del Banco Tequendama, señores  Teodosio  Ubaldo Molina Peláez, gerente de la oficina principal, Roberto Ávila  Martínez,   secretario   sucursal   Pasoancho,  Linette  Arango,  promotora  de  servicios  sucursal  Pasoancho, relación en la que se hace aparecer un contrato  de  mutuo  empresarial  ordinario  como  un  contrato  de mutuo rotativo, que se  manejó  a través de aceptaciones bancarias, con las cuales se pagaba alguno de  los  proveedores  del  ente  cooperativo, entre los que se cuenta principalmente  comerciales Basal y la sociedad comercial Mil Detalles.   

También se sabe que para lograr el cometido  se   hace   aparecer   la   documentación,   autorizaciones   de  la  junta  de  administración  de  la  cooperativa  que  nunca  se  dieron, se adulteraron los  reportes  mensuales  de  las  operaciones  bancarias,  se  mutaron  actas de las  reuniones  del  Consejo  de Administración de la Cooperativa, se hizo inscribir  en  los  libros  de  contabilidad operaciones que no se ajustaban a la realidad.  Todos  esos  procesos  terminan  generando  obligaciones  que  superan  los  MIL  DOSCIENTOS   MILLONES   DE  PESOS  ($1’200.000.000,00).   

2.  Los anteriores  hechos  fueron  puestos  en  conocimiento  de la Fiscalía el 16 de noviembre de  2000  y  una  vez ordenada la apertura de instrucción se escuchó en diligencia  de  descargos  a  Teodosio  Ubaldo  Molina  Peláez,  Javier Arbeláez Londoño,  Lynette   Astrid  Arango  Bedoya,  Héctor  Fabio  Salcedo  Cedano,  Constantino  Casañas   Zapata,   Roberto   Augusto   Ávila   Martínez  y  Derlin  Espinosa  Rodríguez.   

3. Cumplido el ciclo  instructivo  se  dispuso  el cierre de investigación y se profirió resolución  acusatoria  contra  Derlin  Espinosa Rodríguez, Héctor Fabio Salcedo Cedano, y  Constantino  Casañas  Zapata  al  ser encontrados como posibles responsables de  los     delitos    de    falsedad    en    documento  privado  y estafa   agravada   (Código   Penal   de  1980,  artículos  221,  356  y  372-1)1.  Respecto  de los demás procesados se profirió preclusión de la  investigación2.   

4.  El  proceso  correspondió  al Juzgado Tercero Penal del Circuito de Cali, autoridad que, una  vez  cumplidas  las audiencias preparatoria y de juzgamiento, el 7 de febrero de  2008   profirió  sentencia  y  declaró  que  los  procesados  Derlin  Espinosa  Rodríguez,  Héctor  Fabio  Salcedo  Cedano  y Constantino Casañas Zapata eran  responsables  de  los  delitos  de  estafa     y     falsedad     en    documento  privado,  razón  por  la cual les impuso veinticuatro  (24)  meses  de  prisión,  multa  de un mil pesos ($1.000,00) e inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas.   

6. El fallo anterior  lo  apelaron  los  defensores y el apoderado de la parte civil, y el 23 de enero  de  2009  el Tribunal Superior de Cali lo modificó al entender que el delito de  estafa  era  agravado por la  cuantía,  y determinó que por el concurso delictual los procesados debían ser  condenados  a  las  penas  de  40  meses  de  prisión e inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo lapso. Además revocó  el subrogado penal otorgado por el a quo a los condenados.   

7.  Contra el fallo  de  segunda  instancia  se  anunció  el  recurso  de casación por parte de los  defensores  de  Derlin  Espinosa Rodríguez y Héctor Fabio Salcedo Cedano, pero  solamente  el  apoderado  del  primero  allegó  la  correspondiente demanda. El  recurso  promovido  por el letrado representante de Salcedo Cedano fue declarado  desierto mediante auto de 28 de julio de 2009.   

8. Mediante auto de  29   de   abril   de   2009   el  ad  quem  declaró  la  prescripción  de  la acción respecto del delito de  falsedad     en    documento    privado.  Conforme  lo  anterior  readecuó  la pena y fijó la misma en 24  meses  de  prisión  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas,      como     responsables     del     delito     de     estafa agravada.   

LA DEMANDA:  

El  defensor  de  Derlin Espinosa Rodríguez  presentó dos cargos, así:   

Cargo      primero:     Señala  que  de conformidad con el artículo 207-1 de la Ley 600 de  2000  se ha incurrido en un error de hecho o de derecho en la apreciación de la  prueba.   

Explica  que  se  ha  presentado un error de  derecho  en  la  apreciación de la aceptación bancaria porque se le ha dado un  alcance  que  no  corresponde.  Agrega  que  los  hechos  ocurrieron  porque  se  presentó  una  falta  de  diligencia  por  parte  de los funcionarios del banco  Tequendama y de los órganos del ente cooperativo.   

Ofrece una serie de consideraciones sobre lo  analizado  por  los  jueces  de  instancia y presenta su criterio, que considera  más acertado que el expresado por la judicatura en sus decisiones.   

Cargo  segundo: Con  fundamento   en  la  causal  segunda  expresa  que  la  sentencia  no  está  en  consonancia con la acusación.   

Señala que en la acusación se hizo mención  al  delito  de estafa y que en  el  fallo  demandado  se  condenó al procesado como responsable de un delito de  estafa agravada.   

Como conclusión solicita casar la sentencia  demandada  y,  subsidiariamente, que se revoque la parte resolutiva del fallo de  segunda  instancia  dejándose  como  fallo  de  reemplazo  el  proferido por el  a quo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  La casación se  concibe   como   un   recurso   extraordinario   y  como  un  medio  de  control  jurisdiccional  de la constitucionalidad y de la legalidad de los fallos, que en  los   términos   del   artículo   206   del  Código  de  Procedimiento  Penal  20003  pretende  la  efectividad  del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia.   

Al  seguir  siendo  un  recurso  se  puede  interponer  para  controvertir  la  sentencia de segundo grado antes que alcance  ejecutoria  material;  y,  la  connotación  de extraordinario la da el hecho de  surtirse   por   fuera   de  las  instancias  en  tanto  no  plantea  una  nueva  consideración  de  lo que fue objeto de debate en ellas sino un juicio de valor  contra  la  sentencia  que  puso  fin  al  proceso,  esencialmente,  por haberse  proferido  con  violación  de garantías fundamentales, materializado a través  de  una  demanda  que  no  es  de libre elaboración porque debe ceñirse a unos  parámetros  lógicos  mínimos,  a  causales  taxativas  y sólo procede contra  sentencias de segundo grado.   

La   casación   como   medio  de  control  constitucional  y  legal  implica  para la Corte Suprema de Justicia la tarea de  verificar  que  las sentencias de segunda instancia se ajusten a la normatividad  constitucional  especialmente  en  lo  referente  al  respeto  de  los  derechos  fundamentales  garantizados  a  cada uno de los intervinientes, y que los fallos  de los jueces se ciñan a la legalidad estricta.   

Esa  función  restaurativa del ordenamiento  jurídico  la  ejerce  la Corte, no sólo desde la perspectiva del entendimiento  clásico       de       la       función      nomofiláctica      (nomofilachia)  de  la  casación,  sino y,  sobre  todo,  en  torno  a la protección por vía de casación del ius   constitutionis  o  del  ius  litigatoris,  imperativos que definen  la  procedencia de la casación tanto en protección de la ley (nomofiláctica y  unificadora),  como  de los derechos del litigante (ius  litigatoris)  y  del  orden  justo  que  garantiza  la  Constitución4.   

2. La casación no  constituye  sede  adicional  para prolongar el debate probatorio cumplido en las  instancias  ordinarias  y  concluido  con  el  fallo  de  segundo  grado, por el  contrario,   exige   para   la  admisión  de  la  demanda  el  cumplimiento  de  específicos  requisitos  formales orientados a demostrar a través de un juicio  técnico  jurídico  que en la declaración de justicia allí contenida -la cual  llega  a  esta  sede amparada de la dual presunción de acierto y legalidad-, se  incurrió  en  errores  de  hecho  o  de  derecho  ostensibles y relevantes o se  profirió  en un juicio viciado, ocurrencias una y otra que reclaman para sí el  necesario correctivo.   

3.  Las  reglas  establecidas  en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000 para la elaboración del  libelo   son   de   ineludible  cumplimiento  y  cuando  se  soslayan  aquéllas  relacionadas  con  la adecuada formulación de los cargos y se omite indicar con  la  claridad  y  precisión  debidas  sus  fundamentos, la consecuencia procesal  inmediata  no  puede  ser  otra  que  su inadmisión5.   

4.  El  marco  teórico  expuesto  permite  afirmar que si bien el censor acertó en la demanda  al  identificar  los  sujetos  procesales,  sintetizar  los  hechos  juzgados  y  relacionar  brevemente  los  antecedentes procesales, desatendió los principios  que  regulan  el  recurso  extraordinario  de  casación  orientados  a conjurar  confusiones   argumentativas   y   conceptuales   que   puedan   entorpecer   el  entendimiento de la propuesta.   

5.  En    el   cargo   primero   el       libelista       acusó  al  Tribunal de incurrir en errores de hecho y de derecho en  la   apreciación   de   la   prueba.   Esta  forma  de  razonar  constituye  un  desconocimiento   de  elementales  reglas  de  técnica  en  la  medida  que  el  recurrente  debe  concretar  el  error,  si  de  derecho o de hecho, la prueba o  pruebas  sobre  las  que  recae  y demostrar su trascendencia o incidencia en la  transgresión  de  una  norma del bloque de constitucionalidad, constitucional o  legal.   

Si   se   trata   de   un   error  de  derecho,  el  cual  entraña la  apreciación  material de la prueba por el juzgador, quien la acepta no obstante  haber  sido  aportada al proceso con violación de las formalidades legales para  su  aducción,  o  la  rechaza porque a pesar de estar reunidas considera que no  las  cumple  (falso  juicio  de  legalidad);   también,   aunque   de   restringida   aplicación  por  haber  desaparecido  de  la  sistemática procesal nacional la tarifa legal, se incurre  en  esta  especie  de  error  cuando  el  juez desconoce el valor prefijado a la  prueba   en   la   ley,   o   la  eficacia  que  esta  le  asigna  (falso juicio de convicción).   

Si   el   yerro   es   de   hecho  corresponde  indicar la modalidad y  especie  del  mismo,  porque  esta clase de yerros se pueden presentar cuando el  juzgador  se  equivoca  al  contemplar  materialmente el medio bien porque omite  apreciar  una  prueba que obra en el proceso, ora porque la supone existente sin  estarlo   o   se   la   inventa   (falso   juicio  de  existencia);   o   cuando  no  obstante  considerarla  oportuna  y  legalmente recaudada, al fijar su contenido la distorsiona, cercena  o   adiciona  en  su  expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no  se  establecen de ella (falso juicio  de   identidad);  o,  porque  al  apreciar  la  prueba  transgrede  los  postulados  de la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas  de  la  experiencia, esto es, los principios de la sana crítica como método de  valoración  probatoria  (falso raciocinio).   

Ninguna  de las anteriores reglas fue tenida  en  cuenta  por  el  demandante.  El  líbelo  se  limitó  a  discutir el valor  probatorio  de  una  aceptación  bancaria y la posibilidad de ser fuente de una  estafa.   

Al  margen  de las falencias advertidas, y  contrario  a  lo  afirmado por el libelista, para la Sala es claro que cualquier  ardid  o  maniobra  puede  convertirse  en  medio o instrumento adecuado para la  ejecución  de  una  estafa.  Entre  estos  medios  de  engaño debe resaltarse que lugar de privilegio tienen  los  títulos  valores  y  diferentes documentos y negocios bancarios atípicos,  los  que  sirven  para  recibir  dineros  o bienes y que finalmente pueden hacer  parte   de   las   múltiples   maniobras   que  se  ejecutan  en  busca  de  un  enriquecimiento  ilícito  a  costa  de  otro,  como  ha ocurrido en el presente  asunto.   

El cargo se inadmite.  

6.   En   el  cargo  segundo se postula una  falta  de  congruencia  entre la acusación y el fallo porque se impuso una pena  de   prisión   teniendo  como  punto  de  partida  el  delito  de  estafa  agravada  por  la cuantía, siendo  que  en  el  pliego  calificatorio no se hizo alusión a circunstancias de mayor  punibilidad.   

En el régimen de la Ley 600 de 2000 aparece  una  causal  de  casación autónoma para la incongruencia entre la acusación y  la  sentencia  (art.  207,  numeral 2°), la que impone que el juez al dictar el  fallo respete los alcances de la acusación.   

En  el  presente asunto no se da la falta de  consonancia  alegada  por  el  demandante porque en la resolución acusatoria se  hizo  expresa  mención  sobre  la  concurrencia  de  la agravante del delito de  estafa   cimentada  en  la  cuantía.   

El   Fiscal   a  quo,  luego  de  indicar las transacciones millonarias  que  se  hicieron  y  de  cotejar  las  normas vigentes para la época de hechos  (Código  Penal  de  1980)  frente  a  los  preceptos vigentes (Código Penal de  2000),  en  el  acápite  referido  a  la  adecuación  típica  de  la conducta  señaló:   

No  obstante,  la  pena  a  imponer deberá  partir  de  un  año  como  lo  consagraba el artículo 356 del Código Penal de  1980,  sin perjuicio de que se dé aplicación a la circunstancia de agravación  que  traía  el  numeral  primero del artículo 372 del viejo Código Penal, hoy  numeral   1°   del   artículo   267   del  Código  Penal  vigente.   

La  referencia  expresa  que  se  hizo en la  resolución   acusatoria   a  la  causal  de  agravación  posibilitaba  que  el  ad  quem,  al  resolver  el  recurso  propuesto  por la parte civil interesada en aumentar la pena impuesta a  los  procesados  por  virtud  de la agravante citada, tasara la pena teniendo en  cuenta    el    aumento   punitivo   derivado   de   la   referida   causal   de  agravación.   

Que  de tal causal de agravación no se haya  hecho  mención  expresa  en  el  aparte  resolutivo  del  pliego  de cargos, no  impedía  al  Tribunal  utilizarla  como  instrumento  de  medida  de  la pena a  imponer,  porque  al  hacerse  mención  a la misma en las consideraciones de la  acusación  se  estaba  afectando  todo el contenido de la resolución proferida  por la Fiscalía.   

El cargo se inadmite.  

          7.  Finalmente es oportuno resaltar que la  Sala  no  observa  con  ocasión  del  trámite procesal o en el fallo impugnado  violación   de   derechos  o  garantías  ni  la  necesidad  de  un  desarrollo  jurisprudencial  específico,  como  para que se hiciera ineludible el ejercicio  de  la  facultad legal oficiosa que le asiste a fin de asegurar su protección o  un  desarrollo  teórico  en los términos de los artículos 205 y 206 de la Ley  600 de 2000.   

8. Como se observa  una  posible  mora  judicial  que permitió la prescripción de la acción penal  por    el    delito    de   falsedad   en   documento  privado,  se dispone compulsar copias contra el juez y  los  magistrados  que  intervinieron en el presente asunto, con el propósito de  que   la   autoridad   disciplinaria   determine   si   incurrieron   en   falta  sancionable.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

         1°.      INADMITIR     la     demanda  presentada.   

2°. COMPULSAR las  copias anunciadas.   

3°.  ADVERTIR que  contra la presente decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                                                                 SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

             Licencia    no  remunerada   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                           MARIA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                       JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

1  Folios  84,  88  y  100  de  la  resolución acusatoria de primera instancia (La  providencia   aparece   a  folios  3.891-3.992  del  cuaderno  original  número  13).   

2  La  acusación  cobró  ejecutoria  el  28  de  enero  de  2004,  fecha en la que se  suscribió  el pliego de cargos por parte del Fiscal de segunda instancia (Folio  4.120 y s.s. cuaderno original 14).   

3  Corresponde al artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

4 Desde  antaño       la       jurisprudencia       ha      señalado:      “Al  lado  de  la  unificación  de la  jurisprudencia  y  la defensa del sistema jurídico a través del control de las  sentencias  judiciales,  se  une  entre  sus  fines  el de corregir los injustos  gravámenes  recaídos  sobre  las  partes,  lo  que  constituye el estímulo al  interés  particular  para que la casación sea viable poniéndole punto final a  un   perjuicio   particular   ocasionado   por  el  fallo  recurrido”  (Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal, sentencias  de casación de 5 y 27 de febrero de 1976).   

5 Corte  Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  auto   del   13   de   julio  de  2005,  radicación  23889.     

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