32007(11-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 32007  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  353  

Bogotá  D.C., once (11) de noviembre de dos  mil nueve (2009).   

V I S T O S  

La  Sala  resuelve sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  fundamentación de las demandas de casación presentadas por  la  defensora  de la procesada MARÍA DEL ROSARIO ORTIZ ÁNGEL y la apoderada de  la   Clínica  ZAYMA  Ltda,  vinculada como tercero civilmente responsable.     

H E C H O S  

El           ad-quem   los  relató  de  la  siguiente  manera:   

“De  las  piezas  procesales  obrantes en el sumario se extracta que la señora María del Rosario  Siciliano  Salgado  fue llevada en la madrugada del día 7 de abril de 2003 a la  Clínica  ZAYMA (Montería) para ser atendida por la Unidad de Urgencia de dicha  institución,   debido   a   que  presentaba  un  fuerte  dolor  en  el  hombro,  específicamente  a  la  altura del omoplato, siendo atendida en el lugar por la  doctora  MARÍA  DEL  ROSARIO ORTIZ ÁNGEL, quien le practicó un examen físico  general   y   un   electrocardiograma,   y   al   no  encontrar  sintomatología  diferente   dispuso  que  le  aplicaran  a  la  paciente  una inyección de  dipirona,  la cual le originó una grave reacción alérgica que comprometió la  mayoría  de  sus  órgano vitales y la mantuvo en cuidados intensivos durante 8  días,     falleciendo    al    término    de    dicho    período.”   

A N T E C E D E N T E S  

1. Por los hechos anteriormente referidos,  la   Fiscalía  Primera  Delegada  ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito  de  Montería,   en   resolución  del  24  de  marzo  de  2005,                 acusó  a  MARÍA DEL ROSARIO ORTIZ ÁNGEL  por  el comportamiento punible de homicidio culposo (artículo 109 de la Ley 599  de  2000),  decisión  que fue notificada a la acusada, al apoderado de la parte  civil,   al   representante   de   la  Clínica  ZAYMA  Ltda.,  vinculada  como  tercero civil responsable y a  los  llamados  en  garantía,  aseguradoras  Colseguros  S.A.   y   La   Previsora  S.A.   

La acusación fue recurrida en apelación por  todos  los  sujetos  procesales  mencionados,  a  excepción del apoderado de la  parte  civil,  y confirmada en  segunda  instancia  por  la  Unidad  de  Fiscalías  Delegadas  ante el Tribunal  Superior  de  Montería, a través de resolución del 3  de   agosto   de   2005,  fecha  en  la  cual  cobró  ejecutoria.   

2.  La etapa de la causa fue adelantada  ante  el  Juez Tercero Penal del Circuito de Montería, el cual, en sentencia de  primer     grado     del     5     de     octubre    de    2007,    condenó a MARÍA DEL ROSARIO ORTIZ ÁNGEL  a  las  penas  principales  de  2  años  de  prisión  y  a  las  accesorias de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas, así como  a  la  suspensión de la actividad como médico por término igual al de la pena  privativa de la libertad.    

Al  mismo tiempo, la condenó al pago de los  perjuicios  materiales  por valor de $65’072.349  y  morales  por  el  equivalente  a  312  salarios mínimos  legales   mensuales   vigentes,   de   manera   solidaria  con  la  Clínica  ZAYMA  Ltda.,  y las aseguradoras  Colseguros    S.A.    y  La  Previsora S.A, la primera  vinculada  como  tercero  civil  responsable  y  las  últimas  como llamadas en  garantía.   De  igual forme, le concedió la suspensión condicional de la  ejecución de la pena.   

3.  La sentencia de primer grado fue apelada  por  la  defensora  de  la  procesada,  el  agente  del  Ministerio Público, la  representante  del  tercero  civil  responsable  y  los apoderados de las firmas  llamadas   en   garantía,   y  confirmada  por  el  Tribunal  Superior  de  Montería,  en  fallo  de segunda  instancia   del   16  de  abril  de  2008.      

4. De manera oportuna, y a través de sendas  demandas,        impugnan        en        casación       la       defensora  de  la  procesada  MARÍA  DEL  ROSARIO  ORTIZ  ÁNGEL  y  la  apoderada de la Clínica  ZAYMA    Ltda.,    vinculada    como    tercero civil responsable.   

LAS DEMANDAS DE CASACIÓN  

La  defensora  de  MARÍA  DEL ROSARIO ORTIZ  ÁNGEL   acude   al   mecanismo   de   la   casación  excepcional   por  razón  de  la  favorabilidad  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de 2004, con el fin de que se haga efectivo el  derecho  material,  se  repare  el  agravio  y  restablezcan  las  garantías de  aquella.    En    tal    virtud,    formula    dos   cargos   por   violación  directa  de  la ley sustancial  –uno  principal  y el otro  subsidiario-,    y    dos    más    por   violación  indirecta,  en  la  modalidad  de  error  de hecho por  falso     juicio     de     existencia.   

Por  su  parte,  la  apoderada  del  tercero  civilmente    responsable    invoca    la   casación  excepcional  “con  el  fin  de  que  se  actualicen  criterios claros y únicos en  relación  con  la  tasación y condena de perjuicios morales dentro del proceso  penal,   especialmente   en   la   aplicación  del  artículo  97  del  Código  Penal”.  Así, ofrece  en  la demanda un cargo único  por  violación  indirecta de  la  ley  sustancial,  en  su  modalidad  de  error  de hecho por falso juicio de  existencia,  que  coincide  en su formulación, desarrollo y pretensiones con el  último  de  los  cargos que propone la defensora de la procesada, motivo por el  cual  la  Sala  habrá  de  abordar  su  estudio  de  manera  conjunta,  como lo  advertirá en su momento.     

A.             Demanda  presentada  a  nombre  de  la  procesada MARÍA DEL ROSARIO ORTIZ ÁNGEL.    

Primer  cargo:  violación directa de la ley  sustancial por razón de la atipicidad de la conducta.   

Al  amparo  de la causal de casación de que  trata  el  cuerpo  primero  del  numeral  1º del artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  la  impugnante   reprocha  que el sentenciador, como consecuencia de  aplicar  indebidamente  los  artículos 21 (modalidades de la conducta punible),  23  (culpa)  y  109  (homicidio  culposo)  de  la  Ley 599 de 2000, “al  darles un sentido y alcance diverso  al    establecido    en    la    norma,   restringiéndolas   (sic),”  ignoró  el  artículo 10 (tipicidad)  del mismo Estatuto.    

En  apoyo del reparo, estima que no existió  el  comportamiento  punible  de  homicidio  culposo  ya  que  los  falladores de  instancia  admitieron  que  la muerte de Siciliano Salgado se produjo por causas  naturales,  tal  como lo corrobora el correspondiente protocolo de necropsia del  20  de  agosto  de 2003, así como su ampliación del 14 de noviembre siguiente.  El     censor     subraya     que    –según  lo afirmó este último dictamen- la víctima falleció como  consecuencia      de      la     reacción     inesperada,     “o   choque   anafiláctico”,  a  la  aplicación  de  la dipirona.  Dicho  medio  de convicción le permite concluir a la demandante que la conducta  de la procesada fue atípica.    

Sostiene  además  que  la  violación  al  artículo  10  (tipicidad), es patente, “ya  que  estando  demostrado  por  medios  técnico científicos los  presupuestos  objetivos  de  la  causa  de  una  muerte,  el sentenciador debió  reconocer  que  tal  acontecer, por ser de origen natural, no podía adecuarse a  la  descripción típica que trae el artículo 109 del Código Penal”.   En  conclusión,  aduce que la  aplicación  indebida  de esta última norma tuvo origen en la violación de las  citadas normas rectoras del Código Penal.   

Por todo lo anterior, solicita a la Corte que  “haga  efectivo el derecho  material,  se  reestablezcan  las  garantías  debidas  y  se repare el agravio,  mediante  una  sentencia  en donde se interprete adecuadamente las disposiciones  invocadas   y   se   apliquen   las   normas   dejadas   de  aplicar” y, en consecuencia, revoque los fallos  de instancia.   

Cargo  subsidiario: violación directa de la  ley sustancial por omisión del artículo 32-5 del Código Penal.   

A través de la causal de casación descrita  en  cargo  anterior,  el  casacionista  reprocha,  de manera subsidiaria, que el  fallador,   como   consecuencia   de   aplicar   indebidamente,  y  –a  la vez- otorgar un sentido y alcance  diversos  a  los  artículos  9  (conducta  punible)  y 11 (antijuridicidad) del  Código  Penal, hubiese incurrido en falta de aplicación del artículo 32-5 del  mismo Estatuto.    

En  sustento  de  su  tesis,  señala que el  comportamiento  de la procesada, doctora MARÍA DEL ROSARIO ORTIZ ÁNGEL, estuvo  ajustado     a     las     reglas     de     su     profesión,     “ya  que  frente  a  las  pruebas  y  su  valoración    está    plenamente    demostrado    que   cumplía   con   dicho  requisito”;  de manera que  por  no  reconocer  la  aludida  causal  de  justificación  -es  decir,  que la  procesada  ORTIZ  ÁNGEL  actuó  conforme  a  derecho  y  en  ejercicio  de una  profesión  lícita-,  el  sentenciador  la  condenó por el delito de homicidio  culposo.   

Así las cosas, el demandante pide a la Sala  que   “haga  efectivo  el  derecho  material,  se  restablezcan  las  garantías  debidas  y  se  repare el  agravio,  mediante  una  sentencia  en  donde  se  interprete  adecuadamente las  disposiciones  invocadas y se apliquen las normas dejadas de aplicar” y, en consecuencia, dicte la sentencia  de reemplazo absolviendo a la procesada.   

Segundo cargo: violación indirecta de la ley  sustancial   por  vía  del  falso  juicio  de  existencia  que  recayó  en  la  apreciación de los testimonios y la prueba técnica.   

Con apoyo en la causal de casación descrita  en  el  artículo  207 del Código Penal, cuerpo segundo del numeral primero, el  libelista  señala  que  el  juzgador violó los artículos 232 (necesidad de la  prueba),  233  (medios  de  prueba),  234  (imparcialidad  del funcionario en la  búsqueda  de  la  prueba)  y  238  (apreciación  de  la prueba) del Código de  Procedimiento  Penal de 2000, debido a un falso juicio de existencia respecto de  las    pruebas   que   demuestran   que   la   procesada   actuó   “conforme  a  la  lex artis, y por tanto  que  su  actuar  estuvo  enmarcado  en  el  cumplimiento  del  deber objetivo de  cuidado”.  Lo anterior  –asegura-,  condujo  a  la  indebida   aplicación   de   los   artículos   21,   23   y  109  del  Código  Penal.   

En  desarrollo  de  su  tesis,  el libelista  sostiene  que el fallador omitió el testimonio de Genoveva Silgado, auxiliar de  enfermería    de   la   Clínica   ZAYMA,   quien   asegura   que   la  doctora  ORTIZ  ÁNGEL  “es  una  de  las  mejores  médicos que  mejor  trabaja  en  la  clínica  (sic) ”  y  que  los  familiares  de  la  víctima no presentaron documento  alguno sobre las sustancias a las que aquella era alérgica.   

También         –afirma-,  el  juzgador  desconoció  la  declaración  de  la  enfermera  Ruth  Beatriz  Ojeda Acosta; ésta –según  la  recurrente- refirió que en  el  momento  de  la  aplicación  de  la  dipirona un familiar de la paciente le  advirtió  que  la  señora  Siciliano  Salgado  era alérgica al acetaminofén,  motivo  por  el  cual  consultó con la doctora ORTIZ ÁNGEL, quien confirmó la  aplicación  de  la droga, toda vez que “la  dipirona  no tiene nada que ver con la acetaminofén”,  al  tiempo  que  sostuvo  que a todo  paciente  a  quien  se  le  aplica  un medicamento se le informa y se obtiene su  autorización,  y  nunca ha visto que a un paciente se le haga prueba de alergia  antes de aplicarle un analgésico.    

Así       mismo      –dice  la  casacionista-,  el  juzgador  omitió  el  testimonio  de  la  doctora  Elsie  Margarita  de  los Ríos, quien  precisó  que  no  existe un protocolo para, en la sala de urgencias y a través  de  pruebas,  detectar  alergias respecto de un medicamento, pues dichas pruebas  en    su    mayoría    resultan    arrojar    falsos  positivos,  al  tiempo que aseguró que las reacciones  alérgicas son impredecibles.   

Por otra parte, sostiene que el sentenciador  pasó  por  alto  los  estudios  científicos  elaborados  por  el  Instituto de  Medicina  Legal,  según  los  cuales  “las  reacciones  inesperadas  a  su  aplicación  (se  refiere  a la  dipirona),   están   descritas   y  no  hay  forma  de  prevenirlas”         y         “las  pruebas  cutáneas no son eficaces  para  detectar  alergia producida por  los agentes antiinflamatorios porque  los  pacientes  no  presentan  reactividad  a  las pruebas cutáneas…   lo   recomendable   es  evitar  la  utilización  del  medicamento  conocido  que  produce  alergia  y  evitar  usar  medicamentos  que  puedan producir reacción cruzada, en otras palabras utilizar  otro   medicamento   no  emparentado  con  el  que  produce  alergia…  el  acetaminofén  y la dipirona son  dos  medicamentos  analgésicos  de diferente composición molecular”.   

En  conclusión, la libelista señala que la  prueba  omitida demuestra la idoneidad y diligencia con que actuó la procesada;  por  no  apreciarlo así, el sentenciador  dejó de aplicar el inciso final  del  artículo  9  de  la Ley 599 de 2000, error que incidió en la sentencia al  predicar  la  existencia  de una conducta culposa.  De no haber existido el  yerro    pregonado,    agrega,    el    juzgador    hubiese    absuelto   a   la  procesada.   

Con   fundamento   en   los   anteriores  razonamientos,  el  demandante  pide  a  la  Corporación  que  haga efectivo el  derecho   material,   repare   el  agravio  ocasionado  a  la  procesada  y,  en  consecuencia, dicte la sentencia de reemplazo absolutoria.   

Tercer   cargo:    violación   indirecta   de  la  ley  sustancial por vía del falso juicio de existencia  que recayó en la prueba de los perjuicios morales.   

Con  fundamento  en  la  causal de casación  sobre  la  cual  edificó  el  cargo anterior, el censor señala que el fallador  aplicó  indebidamente  el  artículo  97  del  Código  Penal,  al  suponer  la  existencia   de   las   pruebas   que   sustentaron   el   valor  del  perjuicio  moral.    El  yerro  pregonado,  sostiene, tuvo lugar  como   consecuencia    de    la    violación   de   los   artículos   232,   233,  234 y 238 del Código de Procedimiento Penal  de    2000    y    tuvo    trascendencia    en    la   sentencia,   “de tal manera que si el sentenciador no  hubiera  supuesto  dichos  medios probatorios, incurriendo en un falso juicio de  existencia,  estaba  obligado  en  la  sentencia  a  no  condenar por perjuicios  morales”.   

En  desarrollo  de  la  censura  pregonada,  sostiene  que  la fijación del perjuicio moral en 312 salarios mínimos legales  mensuales vigentes no tiene ningún fundamento probatorio.   

Por  lo  tanto,  pide  a  la  Corte que haga  efectivo    el    derecho    material   y   repare   el   agravio   “mediante  una  sentencia  en  donde  se  aplique        el       artículo…”  y,  en consecuencia, revoque el fallo  respecto de la condena en perjuicios morales.   

B.            Demanda presentada por la apoderada de la  Clínica   ZAYMA   Ltda.,  vinculada como tercero civilmente responsable.   

Cargo   único:  violación indirecta de la ley sustancial por vía del  falso  juicio  de  existencia  que  recayó  en  las  pruebas  de los perjuicios  morales.   

La  apoderada  de  la  firma  Clínica  ZAYMA  Ltda., tercero civilmente  responsable,    acude   también   a   la   casación  excepcional,  “con  el  fin  de  que  se  actualicen  criterios claros y únicos en  relación  con  la  tasación y condena de perjuicios morales dentro del proceso  penal,   especialmente   en   la   aplicación  del  artículo  97  del  Código  Penal”.    

Así, asegura, que el sentenciador incurrió  en   un  falso  juicio   de   existencia  al  suponer  las  pruebas  del  perjuicio  moral,  motivo  por  el  cual  incurrió  en violación  indirecta  de la ley sustancial, por aplicación indebida del  artículo 97  del  Código  Penal,  tesis  que  desarrolla  con los mismos razonamientos y con  idénticas  pretensiones  a las plasmadas por la defensora de la procesada en el  último cargo de su demanda.    

Agrega  que  el  sentenciador no precisó la  clase  de  perjuicio  moral,  es decir, “si  son  los  objetivados o los subjetivados, ni cuál el dolor o la  aflicción   sufrida…  ni  quiénes   en   forma   específica   y   por  qué  los  padecieron”,  al tiempo  que  admite  “que  en gracia de discusión (los perjuicios morales) pudieron tener  existencia,  pero  su  causación  no  fue  demostrada en el proceso”   .    

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.   En  primer  término,  vale destacar que en el presente asunto sólo procede la casación  excepcional en los términos del  inciso  3º  del  artículo  205  del  Código  Penal, toda vez que la sentencia  impugnada,  si  bien  es  cierto  fue  proferida  por  el  Tribunal  Superior de  Montería,  también  lo  es que la conducta punible objeto de condena, esto es,  el  homicidio  culposo  consagrado  en  el  artículo  109  del  Código  Penal,  establece   una   pena   máxima   privativa   de   la  libertad  inferior  a  8  años1.   

2.   Ahora  bien,  comoquiera  que  la  vía  de  ataque  en  casación  contra la sentencia  proferida  dentro  de  la  presente  actuación  es  la  modalidad  discrecional,   las   casacionistas,   en  estricto  acatamiento  de  la  ley y la jurisprudencia de la Sala, deben cumplir  con    las    cargas    establecidas    para    este   medio   de   impugnación  extraordinario.   

Recuérdese  que,  cuando  de  la casación  excepcional  se  trata,  el  demandante debe exponer, así sea de manera sucinta  pero  clara  y  suficiente,  qué es lo que pretende con el recurso, teniendo en  cuenta  que  solamente  procede  para  el desarrollo de la jurisprudencia o para  garantizar los derechos fundamentales.   

En tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo    de    la    jurisprudencia,   el   casacionista  debe  mencionar  en  la  demanda  si  con  la  impugnación  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  persigue  que  la Corte  unifique  posturas  conceptuales, actualice la doctrina o aborde un tópico aún  no  desarrollado,  precisando,  en  todo  caso,  la  manera  en que la decisión  solicitada  tiene  la  utilidad simultánea de brindar solución al asunto y, al  mismo tiempo, servir de guía a la actividad judicial.   

Y,    respecto   de   la   protección  de los derechos fundamentales,  el  demandante  en  casación  está  obligado  a desarrollar una argumentación  lógica  dirigida  a  evidenciar el desacierto, siendo necesario, por una parte,  que  identifique  con precisión la garantía que estima vulnerada e indique las  normas  constitucionales  que  la  contienen  y,  por  la otra, que demuestre su  violación  en  la  sentencia,  a  través  del quebrantamiento de la estructura  básica del proceso o la violación de un derecho fundamental.   

Es  así que a la Sala le compete constatar  en  este  punto  del  trámite  que el recurrente formule el reparo con estricta  sujeción  a las exigencias de lógica y argumentación suficiente definidas por  el  legislador  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  con el propósito de  evitar  que  esta  herramienta  excepcional  se  convierta en una instancia más  dentro  del  proceso  o  bien  que  se  desnaturalice  la  finalidad del recurso  extraordinario.   Los  mencionados  requerimientos están encaminados a que  el  desarrollo  los  cargos  de  la  demanda  esté  apoyado  en  unos  mínimos  parámetros  de  lógica  y  coherencia,  de manera que resulten inteligibles en  cuanto  a  precisión y claridad, pues de lo contrario, como ya se advirtió, no  puede  la  Corte entrar a subsanar tales falencias, en atención al principio de  limitación.   

Desde ya la Sala anticipa su conclusión en  el  sentido  de  inadmitir las  demandas,  conclusión a la cual llega tras insistir en la necesidad de que para  acudir     al     mecanismo    de    la    casación  excepcional  no  basta  invocar  el último inciso del  artículo  205  de  la Ley 600 de 2000, o adobar el planteamiento casacional con  frases  de  cajón  alusivas  a  derechos  fundamentales,  sino que es necesario  consultar  y  desarrollar  los precisos presupuestos que permiten acudir a dicho  instituto  y  diferenciarlos  de aquellos que permiten el recurso extraordinario  de casación por la vía común.    

Por  lo  tanto,  no  se  cumple  con  una  debida  fundamentación  del  instituto  excepcional  a  través  de  argumentos que cabrían en una casación  ordinaria  para  corregir  una ilegalidad, y que no denotan nada diferente a una  discrepancia  con  el  contenido y sentido del fallo. Tampoco el hecho de que se  acuda    al    recurso    extraordinario    en    su    modalidad   excepcional  relega  al  demandante  de su  deber  de mostrar claramente los yerros que pregona, como tampoco de los deberes  de precisión, claridad y debida fundamentación.   

3.  Ahora  bien,  en  el  caso que ocupa la  atención  de  la  Sala,  se  observa,  por  una  parte,  que las demandantes no  demuestran  los presupuestos que ameritan la admisión de la demanda por la vía  discrecional  y,  por  la otra, que los razonamientos que desarrollan los cargos  adolecen  de  importantes  yerros  que desconocen los principios de debida   y   suficiente   argumentación,  claridad   y   precisión,  autonomía  de  las  causales  de   casación,   no   contradicción   y         trascendencia.    

En   primer   término,   las  apoderadas  recurrentes  se equivocan al pedir a la Sala que admita las demandas por vía de  la  casación  excepcional, en razón a la favorabilidad que supone el artículo  181 de la Ley 906 de 2004.    

El  anterior razonamiento es desafortunado,  pues  la  procedencia de la casación, en este caso particular -por razón de la  época  de  ocurrencia  de  los  hechos  y  por  pena máxima que corresponde al  homicidio  agravado-, está regido y debe justificarse conforme los presupuestos  de  la  casación excepcional,  de  que trata el inciso 3º del artículo 205 de la Ley  600  de  2000, y no por el artículo 181 de la Ley 906  de  2004, pues en este último estatuto ya no existe la  casación  excepcional  y,  en  punto del trámite del  recurso  extraordinario  de  casación,  se  aplican  los criterios temporales y  territoriales  que,  en  su  momento,  determinaron la vigencia gradual de dicha  norma.     

Por  otra  parte,  en  relación  con  los  presupuestos  de  la  vía  de ataque seleccionada, las impugnantes se limitan a  mencionar,  en  la  introducción  de  sus  demandas, la expresión ‘casación    excepcional’  y  otras  relacionadas con garantías  fundamentales,  en  la  creencia  de  que  ello  es  más  que  suficiente  para  introducir  a  esta  sede  extraordinaria  reparos  alusivos  a  la apreciación  probatoria,  propios de la casación común, por lo demás, mal orientados, como  más adelante se verá.     

Es así, entonces, que el libelo presentado  a  nombre  de  la  procesada  ORTIZ  ÁNGEL  no  acierta a enseñar a la Sala la  necesidad  de corregir la violación de garantías fundamentales, ni la suscrita  a  nombre del tercero civilmente responsable logra acreditar los presupuestos de  la   necesidad   de   un   pronunciamiento   de  la  Corte  sobre  el  punto  en  debate.   

La  demanda  presentada  a  nombre  de  la  procesada  MARÍA DEL ROSARIO ORTIZ ÁNGEL incumple los  presupuestos     de     la     casación    excepcional,    pues    –como  ya  se  advirtió- omite enunciar  las  garantías  fundamentales  supuestamente vulneradas por la sentencia.    

La  censora  estima  cumplido ese requisito  esencial  a  través  de  la  reiterada mención de expresiones a las que no les  asigna  ningún  contenido  material -y que constituyen verdadero lugar común-,  tales  como  ‘la reparación  del   agravio   inferido’,  ‘la efectividad del derecho  material’   y ‘el    restablecimiento   de   las   garantías   debidas’,  sin  precisar a la Corte cuál es el  derecho  material  a  que  se  refiere, ni cuál la garantía debida o dónde la  consagra  la  Constitución  Política,  aspectos  cuya  demostración  no puede  trasladar  a  la  Corte, por prohibición expresa que se deduce del principio  de  limitación. Y, en punto del  agravio  inferido, no pasa de  lamentar   que   el  juzgador  no  hubiese  compartido  su  propia  apreciación  probatoria.   

Así,       la       confusión       y       falta  de  precisión  reseñados hasta el  momento    en    relación    con    los   presupuestos   de   la   casación   excepcional   son   más  que  suficientes  para  predicar  la  equivocada  formulación  de  la  demanda  y la  indebida  argumentación  de  todos  los  cargos  y,  de  allí,  a  disponer su  inadmisión.     No  obstante,  aún  cuando la Sala pasara por alto dichas inconsistencias y entrara  al  estudio  de  cada  uno de los reproches, como enseguida lo hace, observa que  éstos  contienen  graves  yerros en su formulación y demostración que tampoco  permitirían  su  admisión  a esta sede, ni siquiera a través del mecanismo de  la casación común.   

4.   A    través    del   primer    cargo,   la   defensora   de   MARÍA   DEL  ROSARIO  ORTIZ  ÁNGEL reprocha que el fallador no  advirtiera  que  la  conducta de aquélla fue atípica, pues la prueba demuestra  que no incurrió en culpa.   

La vía de censura que escoge la recurrente  le  permite  a  la  Corte  precisar,  como  de  tiempo atrás lo ha decantado su  jurisprudencia,  que  la  violación directa de la ley  sustancial  se  relaciona  con la equivocación en que  incurre  el  juzgador  de  manera inmediata, es decir, sin mediar un yerro en la  apreciación  de  la  prueba,  al  realizar  el  juicio de derecho, es decir, al  aplicar   la   normatividad   que   corresponde   a   los   hechos   materia  de  juzgamiento.    

La  equivocación  aludida  se manifiesta a  través  de  tres variaciones, así: la primera, denominada falta de aplicación  o  exclusión evidente, se presenta cuando no se aplica la norma que corresponde  porque  el  juez  yerra  acerca  de  su  existencia;  a  través  de la segunda,  denominada  aplicación indebida, el sentenciador efectúa una falsa adecuación  de  los  hechos  probados  a  los supuestos que contempla la disposición; en la  última,  conocida  como  interpretación  errónea  de  la ley, los procesos de  selección   y   adecuación  al  caso  en  cuestión  son  correctos  pero,  al  interpretar  el  precepto,  el  juez  le  atribuye  un  sentido  que no tiene, o  bien  le asigna efectos distintos o contrarios a su contenido.   

Así  mismo, ha señalado la jurisprudencia  de  la  Corte, de manera reiterada, que cuando se invoca el cuerpo primero de la  causal  primera  de casación, esto es, violación directa de la ley sustancial,  el  libelista  no  puede  discutir  la valoración de la prueba realizada por el  sentenciador  ni  cuestionar  la  declaración  de  los  hechos consignada en el  fallo,  pues toda su actividad debe estar dirigida exclusivamente a demostrar la  equivocación  en  que  incurrió  el  Tribunal  al  aplicar  o  al inaplicar la  normatividad  al  caso  concreto, así como el perjuicio irrogado por razón del  yerro.   

Vistos los anteriores parámetros de cara al  desarrollo  de  la  tesis  que trae la recurrente en el primer cargo, se observa  que   aquella   incurre  en  una  grave  contradicción  que  torna  confusa  la  formulación  del  reproche,  pues inicialmente sostiene que la norma sustancial  vulnerada  fue  el  artículo 10 del Código Penal (tipicidad), vulneración que  –según   asegura-  tuvo  origen  en  la  equivocada  interpretación  restrictiva  de  los  artículos 21  (modalidades  de  la conducta punible), 23 (culpa) y 109 (homicidio culposo) del  mismo Estatuto.    

Pero, más adelante, modifica el fundamento  y  sentido de la violación, pues señala que la norma sustancial conculcada fue  el  artículo 109 de la Ley 599 de 2000, vulneración que supuestamente acaeció  como  consecuencia  del desconocimiento de las ya reseñadas normas rectoras del  Código Penal.   

Estos   dos   razonamientos  de  por  sí  excluyentes  hacen en extremo confusa la comprensión y desarrollo del reproche,  pues,  según  el primer argumento, la aplicación indebida del artículo 109 es  el  mecanismo  que  origina  la  violación  de la norma rectora de que trata el  artículo  10,  mientras  que,  conforme el segundo razonamiento contenido en el  mismo  cargo,  es la violación del artículo 10 la que supuestamente condujo al  fallador  a  aplicar  indebidamente  el  artículo  109,  discurso que se ofrece  ostensiblemente  contradictorio  como  para  permitir  su  admisión a esta sede  extraordinario.    

A  la  falencia anteriormente referida debe  unirse  la  contradicción  en  el  discurso  de  la impugnante, particularmente  cuando   sostiene   que   el  sentido  de  la  violación  fue  la  aplicación  indebida  de  la norma y, al  mismo  tiempo, su interpretación errónea,       yerros      que      son      naturalmente      excluyentes  entre  sí,  de  modo que no  pueden lógicamente coexistir en el mismo cargo.    

En  efecto,  véase  cómo  la  libelista  reprocha      que      el     juzgador     aplicó  indebidamente  los  artículos  21  (modalidades de la  conducta  punible),  23 (culpa) y 109 (homicidio culposo) de la Ley 599 de 2000,  “al  darles  un sentido y  alcance   diverso   al   establecido   en  la  norma,  restringiéndola”.  El  discurso  así planteado resulta ostensiblemente contradictorio, toda vez que si  la  recurrente  pretende  afirmar que el fallador interpretó la norma de manera  equivocada,  debe  admitir  al mismo que dicha norma era la llamada a regular el  caso;  es  por  eso que se contradice al afirmar, dentro del mismo razonamiento,  que  las  normas  que  fueron  mal  interpretadas, también fueron indebidamente  aplicadas.   

Además, en el fondo del cargo –superadas     las    inconsistencias  reseñadas-  no  existe  cosa  distinta  a  una discrepancia con la apreciación  probatoria  del  sentenciador,  lo  cual  termina  por  dar  al  traste  con las  pretensiones de la demandante.    

Véase  que  la  censora  sostiene  que  la  violación   de  la  norma  sustancial  (artículo  10  del  Código  Penal)  es  ostensible  “ya que estando  demostrado  por  medios  técnico  científicos los presupuestos objetivos de la  causa  de  una  muerte,  el sentenciador debió reconocer que tal acontecer, por  ser  de  origen  natural, no podía adecuarse a la descripción típica que trae  el  artículo  109  del  Código  Penal” (subraya la Corte).    

En  otras  palabras, dice la impugnante, el  juzgador  aplicó erradamente el artículo 109, pues no interpretó la prueba de  manera  tal  que  le  permitiera  concluir que la muerte de la señora Siciliano  Salgado  ocurrió  por  causas  naturales,  tal como, según dice, lo enseña la  prueba.   

Con el razonamiento anterior, la demandante  solamente  logra oponerse a la ponderación probatoria del sentenciador, el cual  apreció  que  la  muerte  de María del Rosario Siciliano Salgado ocurrió como  consecuencia  de  un  actuar  culposo por parte de la doctora ORTIZ ÁNGEL, toda  vez    que    en    nuestro   medio   “es   común  encontrar  casos  de  mala  atención  que  traen  como  consecuencia  resultados  adversos  a  los  pacientes,  precisamente  por  el no  cumplimiento    de   la   lex   artis…  la  profesional médico hoy sometida a juicio debía tener la Sala  conocimientos  más elementales para abordar un problema alérgico de una manera  sencilla… la Sala no duda  entonces  en  afirmar que, contrario a lo que manifiestan los recurrentes, en el  evento  de  la  especie  se  observa  un  claro  evento  de  negligencia médica  ”.    

Es  así  que  al  oponer  a  la  anterior  apreciación  probatoria  del juzgador la suya propia, la impugnante termina por  apartarse  de  los precisos requisitos de la vía de ataque seleccionada, con lo  cual  incurre  en violación a los principios de debida  fundamentación  y autonomía  de  las causales, pues se aparta de los presupuestos de  la  violación  directa  para  asomar,  sin  éxito,  en  los  terrenos  de  una  violación indirecta.   

Por  las  numerosas  falencias anotadas, el  cargo        será        inadmitido.     

5.    Por    medio   del   cargo  subsidiario, la recurrente aduce que  el  fallador  no  advirtió  que  la  médica  investigada  actuó  conforme  la  lex  artis, de manera que su  conducta  se  vio  amparada  por  la  causal  de  justificación que describe el  numeral  5  del  artículo  32  del  Código  Penal, norma sustancial que estima  violada por falta de aplicación.   

Una   vez  más,  surge  nítido  que  la  demandante  se  aleja  de  los  presupuestos  de  la vía de ataque seleccionada  –violación  directa de la  ley    sustancial-    para    incurrir    en    un    yerro    de   violación  indirecta, por vía de un error  de  hecho,  pues  argumenta que el sentenciador excluyó el artículo 32-5, como  consecuencia  de  pasar por alto que la conducta de la procesada estuvo ajustada  a   las   reglas  de  su  profesión,  “ya  que  frente  a  las  pruebas  y su valoración está plenamente  demostrado      que      cumplía      con      dicho      requisito”     (subraya    por    fuera    del  original).    

Así  desarrollado  el reproche, se observa  que  la  casacionista no comparte la apreciación probatoria del juzgador, quien  –como  ya  se advirtió en  los  párrafos inmediatamente anteriores- consideró todo lo contrario, es decir  que  la  doctora  ORTIZ  ÁNGEL  incurrió  en conducta imprudente, pues así lo  mostraron  los  medios  de convicción.  En otras palabras, la libelista no  solamente  se  aparta  de  los presupuestos de argumentación de la violación  directa  de la ley sustancial,  sino  que,  además,  incurre  en  un  –por    demás-    mal    desarrollado   reproche   de   falso raciocinio.   

Por  otra  parte,  que  planteamiento  que  intenta  identificar  el sentido de la violación se ofrece contradictorio, toda  vez  que  censura  la  interpretación  equivocada  de los artículo 9 (conducta  punible)  y  11  (antijuridicidad) del Código Penal y, a la vez, su aplicación  indebida  (pág.  16-17,  demanda), razonamientos excluyentes entre sí, como se  advirtió en el cargo anterior.   

Así   las  cosas,  por  su  indebida  fundamentación y por violar los  principios    de    no    contradicción  y  autonomía de las causales,       el       cargo      subsidiario      será      inadmitido.   

6.    A    través   del   segundo  cargo, la recurrente sostiene que  el    juzgador   incurrió   en   falso   juicio   de  existencia  al  omitir  los  testimonios  de  Genoveva  Silgado,  Ruth  Beatriz  Ojeda  Acosta y Elsie Margarita de los Ríos, así como  los  dictámenes  periciales  del Instituto de Medicina Legal; de haberlo hecho,  asegura,  hubiese  apreciado  que  la doctora ORTIZ ÁNGEL actuó con idoneidad,  dentro  del marco de la ciencia médica, de allí que no hubiera incurrido en el  delito culposo.   

La   vía   de  reproche  que  ensaya  la  impugnante,  hace  imperioso recordar que, como de tiempo atrás lo ha decantado  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  el  falso juicio de  existencia, tiene lugar cuando el juzgador, al momento  de  valorar  individual  y  mancomunadamente  las  pruebas,  supone  un medio de  convicción  que  no  obra en el diligenciamiento o excluye uno, los que tenían  la  capacidad  de  probar circunstancias que eliminan, disminuyen o modifican la  decisión  absolutoria  o  de condena.  Lógicamente, el vicio reseñado le  impone  al  libelista  identificar las pruebas supuestamente omitidas y cómo su  consideración  en  el  fallo  necesariamente  habría de mutar su sentido, o al  menos generar un beneficio trascendente al sujeto procesal.   

El  desarrollo  del reproche que plantea la  demandante   desconoce   de   entrada   la   realidad  procesal,  lo  que  impide  siquiera  avanzar hacia el  estudio  de  los  presupuestos  de  lógica  y  debida  fundamentación  que  lo  sustentan.   Basta  la lectura de la sentencia para descubrir que no existe  el  yerro pregonado, pues en verdad el sentenciador sí se ocupó de las pruebas  que  la  recurrente  estima omitidas, cosa distinta fue que apreció el conjunto  probatorio de manera diferente a las intereses defensivos.   

Así  las cosas, es fácil ver que el fallo  del  Tribunal  se ocupó expresamente del dicho de Elsie Margarita de los Ríos,  Genoveva  Delgado  y Beatriz Ojeda Acosta, tal como se observa en las páginas 9  y  10  de  la  sentencia de segundo grado.  Del dicho de Elsie de los Ríos  también  se  ocupó el a-quo,  según  consta  en  la sentencia de primera instancia a folios 215-216 y 219 del  cuaderno de la causa.   

Así     mismo,    el    a-quo  apreció  el dictamen médico legal  con  el  fin  de identificar la causa del deceso de la víctima, según consta a  folios  216 y 221 del mismo cuaderno, y se percató de que el perito afirmó que  en   la  práctica  médica  no  se  suelen  hacer  pruebas  de  alergia  a  los  medicamentos.    Sobre   esa   precisa   afirmación   se   pronunció   el  juzgado   al  calificar  de viciosa dicha práctica omisiva (fl. 220, 222),  motivo  por el cual expresó, además, que era también inidónea para sustentar  el concepto de riesgo permitido.    

De  manera  similar, el juez advirtió que,  tal  como lo sostiene la casacionista, el dictamen médico estimó que la muerte  había      sido     determinada     por     causas  naturales,   pero   enseguida   precisó   que  dicha  expresión  no  descartaba  el  delito  culposo,  pues  el término muerte  natural  se usa para diferenciarla  de     la     muerte     violenta,    dolosa    o    accidental,    “sin  que  tal circunstancia signifique,  en   manera   alguna,  que  su  causa  no  hay  podido  ser  culposa”  (fl.  223,  cuaderno  de  la  causa).   

Además  de  todo  lo anterior, puede verse  cómo  el  sentenciador ponderó también el dicho de la auxiliar de enfermería  Genoveva  Delgado,  al  enfatizar  respecto  del aviso que dio el familiar de la  paciente,  hoy fallecida, sobre la alergia que ésta padecía (fl. 218, cuaderno  de  la  causa),  y  cómo  la  médica  insistió,  de  manera imprudente, en su  determinación de aplicar el medicamento.   

Visto así el contenido de las sentencias de  instancia,  surge nítido que no existe el falso juicio  de  existencia que pregona la libelista, pues aquellas  se  ocuparon  de  todas  las  pruebas  que  la demandante estima omitidas.   Distinto  fue  que  –reitera  la  Sala-   el  juzgador las apreciara de manera opuesta a los intereses de  la defensa.    

Más  importante  aún,  el sentenciador no  solamente  se  ocupó  de las pruebas sobre las que la censora pretende edificar  el  yerro  de  falso juicio de existencia, sino que advirtió los argumentos que  -a  partir  de  los  medios  de convicción supuestamente omitidos- se pretenden  traer  a  esta sede extraordinaria, más precisamente, aquellos según sobre los  cuales  la  recurrente  intenta  demostrar  que  la  médica actuó conforme las  reglas  de  la medicina, afirmación que, a lo largo de los fallos de instancia,  tanto     el     juez,     como      la    corporación    de    instancia,  descartaron.   

Significa  lo  anterior  que  el  argumento  contenido  en el segundo cargo  desconoce    la    realidad    procesal,   por   lo   que   termina   siendo  manifiestamente  intrascendente    para   demostrar   una  ilegalidad      del      fallo      y     por     eso     será     inadmitido.   

7. Por último, la Sala aborda enseguida, de  manera    conjunta,   el  último  cargo de la demanda  presentada   por   la  defensora  de  MARÍA  DEL  ROSARIO  ORTIZ  ÁNGEL  y  el  cargo único propuesto por la  apoderada  del  tercero  civilmente  responsable, quienes al unísono recriminan  que  el  sentenciador  incurriera en un falso juicio de  existencia al suponer la existencia de las pruebas del  perjuicio  moral,  con  la  única diferencia de que la primera lo enfoca con la  pretensión  de que se protejan las garantías de la procesada, mientras la otra  pregona  la  necesidad  de  un  pronunciamiento  jurisprudencial por parte de la  Sala.   

Sea   lo  primero  advertir            que a ninguna  de  las apoderadas les asiste interés para impugnar en casación el tema de los  perjuicios  morales,  toda  vez  que  sobre el mismo ningún reparo manifestaron  dentro  de  las  instancias,  lo  que  permite  inferir  su  conformidad  con la  decisión  en  ese  aspecto.   Así lo ha precisado la jurisprudencia de la  Sala:   

“Ha   sido  criterio    uniforme    de    la    jurisprudencia2  que  quien  no ha apelado la  sentencia  de  primer  grado  carece  de  legitimación  para  recurrir por vía  extraordinaria,  excepto  si  su  situación  procesal  es  desmejorada  con  la  decisión  de  segunda  instancia  en  virtud  de la impugnación de otro de los  sujetos  que  intervienen  en  el proceso, o se reclaman nulidades o el amparo o  restablecimiento   de   garantías   fundamentales,   o  arbitrariamente  se  ha  obstaculizado el ejercicio del derecho de impugnación.   

Lo  que  se  ataca  es  la legalidad de la  decisión  de  segunda  instancia,  la que se presume veraz y cierta. Como ésta  constituye  una  unidad  jurídica  con  la  del  a  quo cuando en casos como el  presente  la determinación del ad quem no modifica en nada la revisada, deviene  entonces,   en  consecuencia,  el  que  carezca  de  sentido  lógico  y  razón  jurídica,  el  autorizar  la  casación  cuando  se  ha  consentido el fallo en  condiciones  como  las del asunto sub judice, pues habiendo podido impugnarlo el  incriminado  o su defensor no lo hicieron, en los términos exigidos por la ley.  Ello  es  así, porque el fundamento de la falta de interés en este evento para  recurrir    obedece   al   propio   fin   del   recurso,   como   enseguida   se  verá.”3   

Se dirá, con fundamento en lo anterior, que  si  se recurre en casación con apoyo en la casación excepcional, con el fin de  corregir   la   violación  de  garantías  fundamentales,  no  se  requiere  el  presupuesto  de  la  apelación.  No  obstante  lo  anterior,  la  Sala  insiste  –una vez más- que en este  caso  particular,  a  más  de  la  enunciación  de  la expresión ‘casación    excepcional’  no  existe,  en  ninguna  de  las dos  demandas,  la  acreditación  de  una  garantía fundamental vulnerada, sino que  aquellas  discurren  a través de reparos a la apreciación probatoria.  Es  así  que,  como  ya  se  advirtió, la defensora no pasa de invocar expresiones  tales    como   ‘agravio  inferido’,  ‘efectividad       del      derecho  material’  y  ‘garantías constitucionales’,  lo  cual  no  basta para cumplir los  propósitos  de  la  casación  discrecional,  pues,  una  vez más, se limita a  mostrar  a la Sala su desacuerdo con el contenido del fallo, sin identificar, ni  demostrar la violación de una garantía fundamental.    

Respecto  de  la  demanda presentada por la  apoderada   de   la  Clínica  ZAYMA  Ltda,  la  Sala  debe  señalar que respecto de este sujeto procesal, la  ausencia  de  interés  para recurrir en casación es doble, pues de los motivos  que   le   permiten   al   tercero  civilmente  responsable  acceder  esta  sede  extraordinaria,  según  lo  ha  fijado la jurisprudencia penal, ninguno aparece  configurado.   

Es  así  que sobre el interés del tercero  civilmente  responsable  para  demandar  en  casación,  y  la forma en que debe  hacerlo, la Corte ha dicho lo siguiente:   

“En  resumen,  las  posibilidades  de  intervención del tercero civilmente responsable en sede  de  casación,  como  quedó  dicho  en  la sentencia del 23 de agosto del 2005,  radicado  23.718  y  en  el  auto  del  7 de septiembre del mismo año, radicado  23.925, se concretan a:   

1.   Discutir  exclusivamente  el  tema de los perjuicios, caso en el cual se deberá atender a  la   cuantía  y  a  las  causales  que  rigen  la  casación  civil.   

2.   Reclamar   la  protección  de  sus  garantías  fundamentales, bien a través de la casación ordinaria, ya mediante  la  discrecional,  sin  que  para  este último efecto importe la cuantía de la  indemnización que fue condenado a pagar.   

3.  Pedir  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  sobre  un  tema  exclusivamente ligado a sus  intereses   patrimoniales,  ejerciendo  la  casación  discrecional  y  sin  que  interese el monto de la condena.   

4. Abogar por la absolución del procesado  porque  la conducta causante del perjuicio no se realizó, o porque el sindicado  no  la  cometió  o porque obró en estricto cumplimiento de un deber legal o en  legítima  defensa, siempre que hubiera discutido el punto en las instancias, de  manera  que  exista  identidad  temática  entre  la  censura  que se formula en  casación   y   las   pretensiones   que   se   expusieron   en  el  recurso  de  apelación.   

5.  Puede, así mismo, beneficiarse con la  casación  oficiosa,  en  todo  caso que la Corte advierta el desconocimiento de  sus     derechos     fundamentales.”     (subraya    la    Corporación)4   

Vistas las precisiones anteriores de cara a  los  razonamientos  que  ofrece  la  demandante  a nombre del tercero civilmente  responsable,  podría  interpretarse,  en  gracia  de  discusión  y a riesgo de  transgredir  el  principio  de  limitación,  que  su  planteamiento consiste en  objetar  exclusivamente  lo relativo a los perjuicios morales, o bien pedir a la  Corte   un   preciso  desarrollo  jurisprudencial  sobre  el  mismo  tema.    

No     obstante,     en   ninguna   de   las  dos  hipótesis  tiene éxito   pues,   de   ser   lo   primero,  ha  debido   formular   y   desarrollar   la   demanda   conforme lo  dispone  el  Código de Procedimiento Civil y, más importante aún, respetar la  cuantía  que le permite acceder a esta sede extraordinaria, la cual es superior  a  aquella por la que en este caso particular se tasó el perjuicio moral.    

Y,  en  cuanto  a la segunda hipótesis, es  decir,  la  petición  a  la  Corporación  de  un preciso y novedoso desarrollo  jurisprudencial  sobre  el  tema  de  los  perjuicios  morales,  tampoco en ello  acierta  la  libelista,  pues  termina  por  admitir  que  no es necesario dicho  desarrollo,  sino  que  basta  con la aplicación de los precedentes vigentes de  tiempo atrás, tal como se demuestra enseguida:    

La  apoderada  de  la Clínica ZAYMA  Ltda,  en  lugar  de  enseñar a la  Corte   los  presupuestos  de  la  casación  discrecional,  en  particular  los  necesarios  para  que  la demanda sea admitida con fundamento en la necesidad de  un   pronunciamiento  jurisprudencial  –tal  como  se reseñaron en el inicio de este acápite-, se limita a  reclamar  que,  tal  como de tiempo atrás lo ha dicho  la  jurisprudencia  vigente  de  la  Sala, el perjuicio  moral  debe  demostrarse,  tesis  que,  por  supuesto no es novedosa5.   

En  consecuencia,  el  mismo desarrollo del  reproche  planteado  en  la  demanda  se  encarga  de  dar  al  traste  con  las  pretensiones  de  la  impugnante,  pues tras invocar la necesidad de un novedoso  desarrollo   jurisprudencial sobre el perjuicio moral, acaba admitiendo que  respecto    de    ese   tema   existen   precedentes   anteriores   –que identifica, cita y transcribe-, los  cuales,  según  asegura,  el  sentenciador  debió darles cabal cumplimiento en  este caso particular.    

Así  las  cosas,  el  cargo  termina  por  convertirse  en  un  argumento  encaminado  a  disentir  de  la manera en que el  juzgador  demostró  la existencia y fijó el monto del perjuicio moral, aspecto  que  nada  tiene  que ver con el motivo que invoca la recurrente para justificar  la admisión del libelo a través de la casación excepcional.   

Con todo, en caso de que la Corte pasara por  alto  la grave inconsistencia reseñada, no encuentra que alguna de las demandas  demuestre  una irregularidad trascendente en la demostración del perjuicio y su  tasación,  pues  aún  cuando  es  cierto  que  el  fallo  de  primer grado los  reconoció  y  tasó  en  la cantidad de 312 salarios mínimos legales mensuales  vigentes  (fl.  225,  cuaderno de la causa), en ello no existe una arbitrariedad  ostensible.   Lo anterior es así porque aún cuando la fijación del monto  del  perjuicio  moral  por  parte del juez no deja de tener algún componente de  subjetividad,  no  por  ello  puede  afirmarse  que  carezca  de base real en el  expediente que acá ocupa la atención de la Sala.    

El  aserto precedente encuentra sustento en  que  la  demanda  de  parte  civil  demuestra  la  relación  entre  la paciente  fallecida  con  su  compañero  Henio Jacob Zabaleta Padilla y con sus dos hijos  Kenia  y  Jáider Zabaleta Siciliano, relaciones de afinidad y consanguinidad de  las  cuales  razonablemente puede inferirse el perjuicio moral. Por lo tanto, al  decir  la  demandante  que  ese  perjuicio  podría  no  existir,  introduce una  afirmación  que  ha  debido demostrar a partir de los elementos probatorios que  obran en la actuación, ejercicio que a todas luces omite.   

Así   mismo,  puede  observarse  que  el  apoderado   de  la  parte  civil  acredita  el  perjuicio  moral  a  partir  del  “sufrimiento causado a mis  poderdantes”  y  fija  su  monto  en  1000 salarios mínimos legales mensuales vigentes, cifra de la que se  apartó  el  sentenciador, al tasarla en un valor mucho más bajo.  Si a lo  anterior  se  le  agrega  el  contenido del artículo 278 de la Ley 600 de 2000,  según   el   cual   “Para  determinar  (…) la cuantía  y  el  monto de la indemnización, podrá ser la que fije el perjudicado bajo la  gravedad   de   juramento,   siempre  y  cuando  no  sea  impugnada  durante  la  investigación”,  entonces  resulta  acertado concluir que la estimación y fijación del perjuicio moral no  carece de bases fácticas y jurídicas dentro de la actuación.   

Significa   lo   anterior  que  la  firma  Clínica  ZAYMA  Ltda   carece   de  interés  para  demandar  en  casación  y  que,  en  todo  caso,  el  desarrollo  del argumento  casacional  de  los  dos  libelos  adolecen de indebida  motivación  y  devienen  en  intrascendentes.   

8. En conclusión, las demandas de casación  por  la  vía discrecional presentadas por la defensora de la doctora MARÍA DEL  ROSARIO  ORTIZ  ÁNGEL  y  la  apoderada de la Clínica  ZAYMA  Ltda., vinculada como tercero civil responsable,  no  cumplen  con  los presupuestos para acceder a esta  sede  extraordinaria  por  la vía discrecional, motivo  por    el    cual    serán   inadmitidas.   

9.  Para  terminar,  se  advierte  que  del  estudio  del  proceso  no  se  vislumbra  violación de derechos fundamentales o  garantías  de  los  sujetos  procesales que amerite el ejercicio de la facultad  oficiosa  de  índole legal que al respecto le asiste a la Sala para asegurar su  protección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR   las   demandas  de  casación  presentadas  por  la  defensora  de  la procesada y por la apoderada del tercero  civilmente responsable.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

         LICENCIA  NO  REMUNERADA   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ                         SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO                        MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ    DE  LEMOS        

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                       JORGE          LUIS        QUINTERO  MILANÉS             

YESID  RAMÍREZ BASTIDAS                                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1     ARTÍCULO  109. HOMICIDIO CULPOSO: El que por culpa matare a  otro,  incurrirá  en  prisión  de  2  a  6  años y multa de 20 a 100 salarios  mínimos legales mensuales vigentes   

2 Cfr.  Auto    del   09-08-95,   Mag.   Pte.   Dr.   Páez  Velandía.   

3  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto del 24 de noviembre de 2005, radicación No. 23484   

4  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto  de  20  de octubre de 2005, radicación No. 24164   

5  La  Corte  se  ha  pronunciado  de  manera  reiterada  respecto  de  la  tasación  de  perjuicios  morales a través de las siguientes  decisiones,  entre  otras  muchas:  auto  del 4 de febrero de 2009, radicación:  28085;  auto  del  15  de  diciembre  de  2008,  rad:  30665; sentencia del 2 de  diciembre de 2008, rad: 28268.     

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