31811(14-09-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  31811   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N° 287.   

Bogotá D.C., septiembre catorce (14) de dos  mil nueve (2009).    

VISTOS  

Aborda  la  Sala  el  análisis  sobre  la  admisibilidad  del  libelo de casación presentado por el defensor del procesado  MAURICIO   GIRALDO  ISAZA  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Pereira  el 18 de diciembre de 2008, a través de la cual confirmó la de primer  grado  dictada  el  14  de febrero anterior por el Juzgado Penal del Circuito de  Dosquebradas  en  el  mismo  departamento, que condenó al mencionado, junto con  Luis     Humberto     Marín    Correa,   por  los  delitos  de  homicidio  en  la  persona de Wilmar  Alexander  Henao  Mona  y porte ilegal de armas de uso  personal.     

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

         Los    primeros    fueron    consignados    por   el   ad     quem¸    de    la    siguiente  forma:   

         “Los  hechos  jurídicamente  relevantes  tuvieron  ocurrencia la  noche  del  4  de  octubre de 2007, a la altura de la carrera 19 bis frente a la  casa  número  9  del barrio Villa María de Dosquebradas-Risaralda, cuando unos  individuos  que  se  transportaban en un automóvil Mazda 323, tipo coupe, color  gris,  dispararon contra Wilmar Alexander Henao Mona, causándole la muerte. Con  fundamento  en la información recibida por vecinos del sector que observaron lo  sucedido,   unidades   de  la  Policía  Nacional  inmediatamente  iniciaron  la  búsqueda  del  vehículo  del  cual  se supo había ingresado al parqueadero El  Crucero,  ubicado  en  ese  mismo  poblado,  y  fue entonces cuando vieron salir  apresuradamente  del  mismo  a Luis Humberto Marín Correa portando un revólver  en  la  pretina del pantalón, al cual  de inmediato aprehendieron, y luego  hicieron  lo  propio con MAURICIO GIRALDO ISAZA, que se hallaba oculto debajo de  un  taxi allí estacionado, y al revisar el automotor en el que se transportaban  éstos,  debajo  de la silla delantera derecha encontraron otra arma de la misma  naturaleza,  motivo  por el cual fueron vinculados a este proceso”.       

Por  razón  de  las aprehensiones, al día  siguiente  se  realizó audiencia preliminar ante el Juzgado Primero  Penal  Municipal  con  Función  de  Control  de Garantías de Dosquebradas, durante la  cual  se  legalizó  la  captura  de  los  mencionados,  en contra de quienes se  formuló  imputación  por el delito de homicidio y porte ilegal de armas de uso  personal,  afectándolos con medida de aseguramiento privativa de la libertad en  establecimiento  carcelario.   En desarrollo de la audiencia, los imputados  se       allanaron       a      los      cargos      formulados      por      la  fiscalía.         

El escrito de acusación se presentó el 11  de  octubre  ulterior,  cuyo conocimiento correspondió al Juzgado Primero Penal  del  Circuito de Desquebradas, el cual el 14 de febrero de 2008 dictó fallo por  cuyo  medio  los condenó como autores de los delitos aceptados  a la pena principal de ciento cuarenta  y  un  (141)  meses  de  prisión  y  a  la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por un lapso igual. En la misma  determinación,  negó  a  ambos  procesados  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

Contra  esta  providencia,  los  defensores  interpusieron  recurso de apelación, sobre los cuales se pronunció el Tribunal  Superior  de  Pereira   el  18  de  octubre  posterior  en  el  sentido  de  confirmarla.   

Inconforme con la decisión adoptada por el  ad-quem,   de   manera  exclusiva   la  defensa  de  MAURICIO  GIRALDO  ISAZA  la   recurrió  extraordinariamente,  para  lo  cual  allegó  demanda,  sobre  cuya  admisibilidad,  en punto del cumplimiento de los  presupuestos   de   lógica   y   adecuada   argumentación,   se  pronuncia  la  Sala.   

LA  DEMANDA   

         El  libelista  formula  dos  censuras  contra  el  fallo de segunda  instancia, del siguiente tenor:   

         

1.             Primer  cargo:        

                 Con sustento  en  la  causal primera de casación prevista en el numeral 1° del artículo 181  de  la Ley 906 de 2004, considera que la sentencia impugnada fue proferida en un  juicio  “viciado  de nulidad absoluta e insaneable,  por  irregularidad  sustancial  (supra  legal  y  legal)  que  afecta  el debido  proceso,    como    consecuencia    de    la   violación   del   principio   de  congruencia”.   

Estima  que  se  violó  el  “artículo  305  del  C.P.C.”, según  el  cual la sentencia “debe estar en consonancia con  los   hechos   y   pretensiones   aducidas   en  la  demanda  y  en  las  demás  oportunidades”.   

Para  fundamentar  el  reparo,  señala que  “por  mandato legal, el juez de conocimiento, está  en  la  obligación  de  resolver  las consideraciones que se le expongan en los  recursos”,  como  ocurrió  en  este caso porque el  Tribunal  “no  resolvió  sobre  lo  alegado  en el  recurso  de  apelación,  que  era  la  omisión  en la que incurrió la juez de  conocimiento  cuando  en  la audiencia de individualización de pena y sentencia  no  permitió la verificación del consentimiento que le reclamaba la defensa de  MAURICIO       GIRALDO      ISAZA”.      

Por  razón  de  lo  expuesto,  depreca  el  decreto  de  nulidad  de  todo  lo  actuado, con el fin de que se restablezca el  principio de congruencia conculcado.   

2.  Cargo segundo.   

         Lo  propone  al  amparo de la causal segunda del referido artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  por  violación indirecta de la ley sustancial  “derivado  de  la  estructuración  de  un error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  que  recae en la actividad de haber  apreciado  la  estructura  del  proceso  en  sí  mismo considerado, violando el  debido  proceso  y  como  consecuencia,  el  derecho  de  defensa”.                        

El   error   que   postula   “recae  en  la  actividad  de  haber  apreciado la estructura del  proceso  penal  sin  que el juez de conocimiento examinara la determinación del  acusado  en  forma voluntaria, libre y espontánea, que protegen la decisión en  sí misma considerada”.   

Lo   expuesto,   agrega,   condujo  a  la  vulneración  medio  de  los artículos 6 a 9 y 293 del estatuto procesal penal,  1,  2, 3, 5, 10 y 11 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, 29 de  la Constitución Política y 1, 6 y 13 del Código Penal.   

Respalda  la  censura  en  que, por mandato  legal,  el juez de conocimiento está en la obligación de examinar la voluntad,  libre   y   espontánea  del  procesado,  así  como  a  respetar  los  derechos  fundamentales    y   garantías   procesales   que   le   asisten   “lo  que  se  constituye  en  el soporte de certeza que habrá de  sustentar el fallo definitivo”.   

Para   el   casacionista   “no  se  realizó  ninguna  gestión  para  permitir a la defensa  exponer  las  amenazas de muerte que pesaba sobre MAURICIO GIRALDO ISAZA, pese a  las  manifestaciones  por  escrito  (sic) y  orales  que se cumplieron por parte de la defensa”.   

De  ahí  que,  añade,  los  juzgadores de  instancia    han    debido    recaudar    todos    las    pruebas   “testimoniales,   documentales,  inspección  judicial  y  demás  pruebas  legalmente  permitidas,  en  aras  de  fortalecer  la voluntad, libre y  espontánea  del  acusado”. Así mismo, puntualiza,  debieron  realizarse estudios acerca de las condiciones sociales, familiares del  procesado  y  ahondar  en  punto  de  sus  antecedentes  judiciales y policivos,  “estudios todos ausentes del proceso”.   

En  consideración  a  ello,  agrega  más  adelante,   “los   juzgadores   de   instancia  no  atendieron  las normas de verificación del consentimiento, ni las de la lógica  y    de    la    experiencia   citadas   en   la   apreciación   de   la   sana  crítica”.   

Por  lo  tanto,  a  su juicio, “en  el  presente  caso  concurre  el  error  de  hecho por falso  raciocinio  que  es  trascendente en el resultado de la sentencia y otro hubiera  sido  el resultado del juicio valorando conforme a la sana crítica (la ciencia,  la       lógica,       las      reglas      de      experiencia)”.   

Finalmente,  como  encuentra  “establecida  la  violación  indirecta  de la ley”,  solicita  casar  la  sentencia “y en  decisión  de  reemplazo,  declare nula la actuación penal y la absolución del  señor  MAURICIO  GIRALDO ISAZA, como consecuencia de la aplicación en su favor  de la garantía del in dubio pro reo”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  Para  que  la  demanda de casación sea  admitida,  acorde con las preceptivas previstas en la Ley 906 de 2004, bajo cuya  égida  se tramita este proceso, resulta imperativo el cumplimiento de una serie  de  presupuestos orientados a que contenga una exposición lógica y debidamente  argumentada,  como  así  se  desprende,  en  primer  lugar, de lo normado en el  inciso segundo del artículo 184, según el cual:   

“(N)o   será  seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no desarrolla los cargos de  sustentación…”.   

Y,  en segundo lugar, de lo advertido en el  artículo  183 del mismo estatuto, conforme al cual el recurso extraordinario de  casación se interpondrá:   

“(M)ediante demanda que de manera precisa  y  concisa  señale  las  causales  invocadas  y  sus fundamentos”.   

A   los  criterios  contenidos  en  estas  disposiciones,  se  aúna  la  necesidad  de  proferir el fallo con el objeto de  cumplir    alguno    de   los   fines   del   recurso,   a   los   cuales      refiere     la  última  parte  del segundo inciso del mencionado artículo 184  de  la  misma  codificación, al señalar que también se inadmitirá la demanda  “cuando de su contexto se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir alguna de las  finalidades       del      recurso”.   

Es  decir  que  con  la  Ley  906 adquieren  significativa  importancia  los  fines  del recurso, hasta el punto de que en el  inciso  siguiente de la misma preceptiva, se establece que la Corte “atendiendo  a  los fines de la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia  planteada, deberá superar los defectos de la demanda para decidir  de fondo”.   

Lo  anterior conduce a la consideración de  que  aún si la demanda de casación no reúne los presupuestos de orden lógico  o  argumentativo  para  su  admisibilidad  pero la Sala advierte la necesidad de  proferir  fallo  de fondo con el objeto de garantizar sus fines, se superará el  escollo  para  entrar  a  su  estudio  de  fondo.  Del  mismo  modo es viable la  hipótesis  contraria,  esto es, en tanto se privilegian esos factores sobre las  exigencias  formales,  también  en  los  casos  en  que  la demanda satisfaga a  cabalidad  dichos  presupuestos  pero  no  se  hace  necesario proferir fallo de  fondo, se procederá a su inadmisión.   

2.  Frente  a  los dos cargos de la demanda  presentada  por  el  defensor  del  procesado MAURICIO  GIRALDO  ISAZA, se  advierte  que  desconocen  los presupuestos legales referidos y  que   como   tales   falencias   resultan   similares  es  viable  su  análisis  coetáneo.   Tales incorrecciones  se pueden condensar de la siguiente  forma:         

         –  En  ambas  censuras es evidente la confusión para establecer la  causal  de  casación  sustento  de la prédica, como así se establece desde su  mismo enunciado.   

         En  efecto, en el primer reproche, el casacionista invoca la causal  contemplada  en el numeral primero del artículo 181 de la Ley 906 que refiere a  la  violación  directa  de la ley sustancial;  no obstante, de inmediato y  en  su  posterior  desarrollo,  alude  que  la  sentencia se dictó en un juicio  viciado   de   nulidad  “absoluta  e  insaneable”  por  haberse  incurrido  en irregularidad sustancial,  circunstancia  que no corresponde al motivo invocado sino a la causal segunda de  la misma preceptiva legal.   

         El  error  se  repite  en  el  segundo  reparo, puesto que el actor  invoca  la  causal  segunda,  cuya  naturaleza  ya se vio, empero, acto seguido,  aduce  que el fallo impugnado viola indirectamente la ley sustancial, motivo que  tampoco  encuadra  en  la  causal alegada, sino en la tercera de la normativa en  cita.   

         Para  mayor  perplejidad,  en la solicitud de este reparo el censor  utiliza  una  fórmula  mixta  y,  por  lo  mismo,  totalmente inapropiada, pues  combina  los  efectos  de las diversas casuales de casación, introduciendo más  ambigüedad   y   confusión   sobre   el   punto,   al  deprecar  de  la  Corte  que    “en  decisión  de  reemplazo, declare nula la actuación penal y la  absolución del señor MAURICIO GIRALDO ISAZA”   

         Esa  petición  resulta  contradictoria,  toda  vez que no se puede  solicitar  el  decreto  de  invalidez  de  la actuación con el objeto de que se  rehaga  la actuación procesal y, a la par, abogar por un fallo absolutorio que,  indirectamente, admite su validez.    

         El   desarrollo   de  ese  mismo  reproche  dista  de  elucidar  la  confusión,  pues  en su interior convergen argumentos correspondientes a varios  motivos  de casación, cuando refiere que se incurrió en errores de derecho por  falso  juicio  de  legalidad y de hecho por falso raciocinio, compatibles con la  causal  de violación indirecta de la ley sustancial, pero también alude que el  funcionario   judicial  omitió  la  práctica  de  pruebas,  circunstancia  que  encasilla  en la causal de nulidad, además de ser insostenible teóricamente en  un sistema penal acusatorio.   

         De  esa  manera,  es  ostensible,  en  las  dos  censuras objeto de  estudio,  la  transgresión de los principios de no contradicción y autonomía,  ambos regentes de la actividad casacional.   

           

Con  sujeción  al  primero, las propuestas  excluyentes,  tanto  en  su  naturaleza  como  en  sus  efectos,  no  pueden ser  formuladas   en   una  misma  censura,  pues  el  escrito  pierde  coherencia  y  comprensión, al afirmarse que algo es y no es a la vez.   

De acuerdo con el segundo, por su parte, las  censuras  que  apunten hacia el resquebrajamiento del fallo deben ser planteadas  en   forma  independiente,  con  miras  a  evitar  que  se  incurra  en  mezclas  argumentativas  y conceptuales, más aún cuando, como en este caso, se trata de  asuntos que tienen fundamento en diversas causales de casación.   

Al  no  existir  claridad  sobre  el motivo  invocado,  surge  evidente  el  desconocimiento  del presupuesto contenido en el  reseñado   artículo   183   de  la  Ley  906,  conforme  al  cual  el  recurso  extraordinario      de      casación      se      interpondrá     “(M)ediante  demanda  que de manera precisa y concisa señale las  causales invocadas…”.   

–  Ahora, la confusión del libelista no se  limita  a  la  determinación  de la causal de casación invocada, sino también  frente  a  otros  aspectos  que  impiden  conocer  adecuadamente  las  razones o  fundamentos  de  la  impugnación, como emana en relación con el supuesto error  de  apreciación  probatoria  en el que habría incurrido el fallador, anunciado  en el segundo reparo.   

Ciertamente,   en   dicha   censura   el  casacionista  comienza por señalar que en tal labor se incurrió en un error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad;  sin embargo, en la parte final  insiste en que el error fue de hecho por falso raciocinio.   

El  trato  indistinto de estos yerros y, lo  que  es  peor,  al interior del mismo cargo, pone de manifiesto la poca claridad  del  libelista  sobre  su  naturaleza,  especialmente  si en cuenta se tiene que  ninguna  glosa  apunta para demostrar el primero y cuando tampoco basta, para la  del  segundo,  con  simplemente referir al genérico quebranto de la ciencia, la  lógica y la experiencia.   

Como  lo  ha  señalado  la  Sala de manera  reiterada,  el  error  de derecho por falso juicio de legalidad tiene ocurrencia  por  doble  vía.   La primera, también conocida como aspecto positivo, se  verifica  cuando  a  un  medio  de  prueba se le confiere validez jurídica tras  suponer  que  satisface  las  exigencias  formales  de  producción  sin  que en  realidad  las  satisfaga y, la segunda, o aspecto negativo, se configura ante la  situación   contraria,  esto  es,  porque  se  considera  que  no  las  reúne,  cumpliéndolas.   

Para  tenerlo por adecuadamente demostrado,  en  ambos  casos se exige del actor individualizar la prueba sobre la cual recae  el  vicio,  especificar  cuál  es  la  formalidad  legal omitida, por lo que es  necesario  referir  a  la  norma  que  contiene  la  formalidad  y  señalar  su  trascendencia  en  relación  con  el  fallo  o,  dicho  de  otro  modo,  que al  marginarla  y  confrontarla  con las demás pruebas cuya validez no se encuentra  comprometida,  en  caso  de  que  existan,  las  conclusiones y el sentido de la  sentencia   sufren   modificación  de  manera  favorable  para  el  interesado.   

Si  lo decidido no varía, la invalidación  del  medio  de  prueba  carece  de trascendencia para casar el fallo; pero si la  invalidación  de  la  referida prueba ilegal conduce a una providencia diversa,  el  yerro  se  torna  trascendente e impone casar el fallo y así proferir en su  reemplazo  la  decisión  que se ajuste a la nueva valoración probatoria.   No  escapa  a su demostración, como es innato a estos yerros, la obligación de  corroborar  que con el defecto de apreciación se vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

   

Por  su  parte, el error de hecho por falso  raciocinio  se  configura cuando el sentenciador aprecia la prueba desconociendo  las   reglas   de   la  sana  crítica,  esto  es,  postulados  lógicos,  leyes  científicas o máximas de la experiencia.   

En   tal   supuesto   le  corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.    

Finalmente,    deberá   demostrar   la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de acreditar  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar  a un fallo esencialmente diverso y  favorable a los intereses de su representado.   

La  propuesta contenida en el segundo cargo  de  la  demanda presentada por el defensor de MAURICIO  GIRALDO   ISAZA    no   sólo   es  confusa  al  entremezclar  estos  dos  yerros,  sino  que,  además,  dista  de  presentar un  desarrollo  consecuente  con  su naturaleza acorde con las exigencias señaladas  en precedencia.   

–  Por último, debe dejar en claro la Sala  que  tampoco  del  contenido  de  la  demanda y de la revisión de la actuación  encuentra  procedente  la  Sala la necesidad de superar los defectos aludidos en  procura  de  cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario previstos en  el      artículo      180     ibídem.    

         

         Así,  por ejemplo, en relación con el planteamiento del libelista  según  el  cual  el  Tribunal  no  se ocupó de los argumentos expuestos por la  defensa  para  sustentar  el recurso de apelación contra la sentencia de primer  grado,  que  erróneamente enmarca como violación del principio de congruencia,  se  observa  que antes que evidenciar un yerro de motivación de la sentencia de  segunda  instancia  realmente  muestra  un  desacuerdo  con  lo  fallado por esa  corporación  por  apartarse  de  su pretensión, situación incompatible con el  supuesto alegado.          

3.  Las falencias reseñadas atentan contra  la  claridad  y  concisión  que legalmente se exige de la demanda, pues no obra  una   mínima   argumentación   dirigida   a  demostrar  un  error  del  fallo,  circunstancia  que,  consecuentemente,  torna  ineludible  la inadmisión de los  cargos  propuestos,   de  conformidad  con  lo  normado  en  los  referidos  artículos 183 y 184 de la Ley 906 de 2004.   

             Cuestión final.   

Habida cuenta de que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación1,    como  sigue:   

         i)                      La  insistencia  es  un  mecanismo especial que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la Sala decida  inadmitir  la demanda de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere  lo  decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación  Penal  –siempre  que  el  recurso   de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial–, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

         

         ii)                     La solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

iii)            Es  potestativo  del Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

iv)          El  auto a través del cual se inadmite  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  por el defensor  de  MAURICIO GIRALDO ISAZA,  por las razones consignadas en la anterior motivación.   

         Contra  esta  decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                         MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS        

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                  JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                               

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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