30978(17-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30978  

CORTE     SUPREMA     DE   JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta Nº 80  

Bogotá, D. C., marzo diecisiete (17) de dos  mil nueve (2009).   

V I S T O S  

Aprobado  por  la  Sala  el  preacuerdo  que  realizara  el  Fiscal  2°  Delegado ante esta Corporación con el acusado José  Alfredo    Jaramillo    Matiz,    ex─Fiscal  11  de  la  Unidad  de  Justicia  Delegado  ante el Tribunal  Superior  de Barranquilla, en relación con el delito de concusión, se profiere  anticipadamente la sentencia que ponga fin a esta actuación.   

ANTECEDENTES  FÁCTICOS  

El  30  de  mayo de 2008, en horas del medio  día,  cuando  José  Alfredo  Jaramillo  Matíz,  en su condición de Fiscal 11  Delegado  de  la  Unidad  de  Justicia  y  Paz  ante  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  iba  conduciendo  la camioneta a él asignada oficialmente, marca  Toyota    Prado,    de   placas   QHJ─028,  recogió  en  una  calle  de dicha ciudad a Alfonso del Cristo  Hilsaca  Eljadue  y  en  su  compañía  se  dirigió  al restaurante “Búfalo  Grill”  ubicado  en  la  carrera  51 B #79-97 del mismo lugar, oportunidad que  aprovechó  para  solicitarle  quinientos  millones  de  pesos ($500’000.000,00) a cambio de direccionar la  versión  libre y espontánea que ante su Despacho había rendido durante el 28,  29  y  30  de mayo de 2008, el desmovilizado comandante paramilitar Uber Enrique  Bánquez  Martínez, alias “Juancho Dique”, dentro de un proceso de justicia  y  paz,  para  que  no  lo  implicara  en  los homicidios de cuatro trabajadoras  sexuales      de     Cartagena     ─Betsevit  Obviada  Espitia,  Lourdes  Lara  Champan,  Ofelia  Correa  Torres    y    Hendy   Smith   Pérez─  y  del abogado Alberto Yaruma,  acaecidos el 13 de febrero de  2003,  comprometiéndose  a  no  interrogar al versionista sobre dicho tema para  evitar  que  lo señalara como determinador de tales delitos, y a conseguirle el  nombre  y  lugar de reclusión de los autores materiales para que los contactara  y  les  ofreciera  dinero  con  el  fin  de  evitar  que  lo  incriminaran en el  futuro.   

IDENTIFICACIÓN DEL ACUSADO  

          Según  la  información  obtenida  por  la Fiscalía, José Alfredo  Jaramillo  Matiz  se identifica con la cédula de ciudadanía N° 17’321.624      de     Villavicencio,  Meta1,  nació  en  Cúcuta  el  28  de febrero de 1962, es hijo de José  Jaramillo  y  Alejandra  Matiz  (fallecidos),  su  compañera  de vida es María  Marlén  Ramírez  Escobar,  es  padre de Cristian Felipe Jaramillo Ramírez, es  abogado  especializado  en  Derecho  Penal  y  Criminología,  y ha fungido como  Fiscal    Delegado    ante    los    Juzgados    Penales   Municipales   y   del  Circuito.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

          1.        Comenzando  el  mes  de junio de 2008, llegó al Despacho del Fiscal  General  de  la  Nación  un  disco  compacto  cuyo  contenido daba cuenta de la  noticia  criminosa  previamente  descrita,  material  con  base  en  el  cual se  adelantaron  las  averiguaciones  que  condujeron al Fiscal 2° Delegado ante la  Corte  Suprema  de  Justicia a solicitar audiencia preliminar, diligencia que se  cumplió  el  19 de septiembre de 2008 bajo la dirección del Juez Tercero Penal  Municipal  de control de garantías de Barranquilla y en su desarrollo el fiscal  imputó  a  José Alfredo Jaramillo Matiz, a título de autoría, los delitos de  concusión,  falsedad  ideológica  en documento público y fraude procesal, los  dos  últimos en grado de tentativa, consagrados en los artículos 404, 286, 453  y  27  del  Código Penal  de 2000, respectivamente, cargos a los cuales no  se allanó el imputado.   

          2.        En  el  mismo  acto  fue  rechazada  por  el  juez  la  solicitud de  imposición  de  la  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva por el  delito  de  concusión,  decisión contra la cual el Fiscal interpuso el recurso  de  reposición,  pero  como  fuera resuelto negativamente, instauró apelación  que  resolvió  el  Juez  Cuarto Penal del Circuito de Barranquilla en audiencia  celebrada  el  18  de  febrero  del  año  en curso, durante la cual decretó la  cautela  personal  en establecimiento carcelario y libró la respectiva orden de  captura.   

          3.        El  23  de  febrero siguiente el imputado se presentó personalmente  ante  la  Unidad Seccional del Cuerpo Técnico de Investigación de Cundinamarca  para  que  se efectivizara la captura, cuya legalidad declaró al día siguiente  el   Tribunal   Superior  de  Bogotá  actuando  con  funciones  de  control  de  garantías,  dada  la competencia de este asunto atribuida a la Corte Suprema de  Justicia  en  única  instancia  cuando se trata de aforados, razón por la cual  José  Alfredo  Jaramillo  Matiz  actualmente está privado de la libertad en la  Cárcel La Picota de esta ciudad.   

          4.        Antes  la Fiscalía había registrado en la Secretaría de esta Sala  escrito  de  acusación contra el mencionado aforado, como probable autor de los  delitos   de  concusión  en  concurso  material  con  falsedad  ideológica  en  documento  público y fraude procesal, estos dos últimos en grado de tentativa,  y  para  su  formulación  la  Corte  citó  a audiencia el 27 de enero de 2009,  diligencia  en  cuyo desarrollo resolvió negativamente la solicitud de falta de  competencia  elevada  por  el  defensor  y  después  de  correr  traslado  a la  Fiscalía  sobre los reparos que formulara la defensa por la indeterminación de  los  presupuestos  fácticos de los punibles tentados, suspendió la audiencia y  fijó  el  18  de  febrero siguiente para su reanudación, sin que tuviera lugar  porque  el  Fiscal  solicitó  aplazamiento  para  desplazarse  a Barranquilla a  sustentar  el recurso de apelación interpuesto contra la decisión del juez que  negó  la imposición de la medida de aseguramiento detentiva con los resultados  previamente anotados.   

          5.        Surtida   dicha   actividad  procesal,  la  Sala  convocó  para  la  continuación  de la audiencia de formulación de acusación el 3 del mes y año  en  curso, interregno aprovechado por la defensa para proponer a la Fiscalía un  preacuerdo  encaminado  a  la  aceptación de la responsabilidad por parte de su  representado,  que  se  consolidó  el  26  de  febrero del año en curso con la  participación  de  las  víctimas,  Alfonso  del  Cristo  Hilsaca  Eljuade y la  Dirección  Nacional  Ejecutiva  de  Administración Judicial, y sus respectivos  representantes judiciales.   

          6.        El  control  de  legalidad  del preacuerdo celebrado entre el Fiscal  2°  Delegado  ante  esta Corporación y José Alfredo Jaramillo Matiz, asistido  de  su  defensor, fue realizado por la Sala el 10 de los corrientes en audiencia  pública  en  la  cual,  después  de  oír  la  conformidad  con el preacuerdo,  expresada  por  las  partes,  el Ministerio Público y los representantes de las  dos   víctimas   reconocidas   dentro  de  esta  actuación;  de  verificar  el  cumplimiento  de  los  presupuestos exigidos constitucional y legalmente para su  convalidación  judicial;  y  de  abrir  y  tramitar el incidente de reparación  integral,  resolvió  aprobar tanto el preacuerdo como la reparación simbólica  cumplida  en  el  curso  de  la  audiencia  por  el procesado, en respuesta a la  pretensión  de  la  Dirección  Nacional Ejecutiva de Administración Judicial,  única   víctima   reclamante,   poniendo   de   esta   manera   fin   a  dicho  incidente.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE:   

1.          Competencia   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  32  numeral  9° del Código Penal de Procedimiento Penal de 2004, la  Sala  es  competente  para juzgar al ex─Fiscal  11°  de  la  Unidad  de  Justicia  y  Paz  Delegado ante el  Tribunal   Superior   de   Barranquilla,   así  actualmente  no  ostente  dicha  investidura,  por cuanto la conducta investigada guarda relación directa con el  ejercicio de sus funciones.   

2.            Verificación  de  los presupuestos para  condenar anticipadamente   

La terminación precoz de los procedimientos  penales   fue   aceptada   en   nuestro   ordenamiento   jurídico  penal  mucho  antes2  de que la Ley 906 de 2004 implantara el actual sistema procesal de  singular  factura  adversarial  en  el  cual  coexisten  diversos  mecanismos de  derecho  premial orientados a garantizar la efectividad de la administración de  justicia  mediante  la  aceleración  del  rito  y la disminución de los costos  procesales;  facilitar  la reducción de la impunidad; materializar los fines de  pena;  y  estimular  la  pronta  reparación  de las víctimas, a través de los  cuales  quienes  se  acogen  a  ellos  son  compensados,  en  algunos casos, con  variados  porcentajes  de  descuento punitivo, y, en otros, con la suspensión o  extinción de la persecución penal.   

El  acceso  a  dichos  mecanismos  se  logra  básicamente  mediante  la  aceptación  de  la  responsabilidad  penal  por  el  imputado  o  el  acusado,  quien  lo puede hacer de diversas formas, mediante el  allanamiento  o  la aceptación unilateral de los cargos penales, o a través de  la celebración de negociaciones entre dicha parte y la Fiscalía.   

En  todos  los  casos  es  obligatoria  la  intervención  del  juez  de  conocimiento quien pronunciará fallo condenatorio  solamente  cuando  constate  que  el  preacuerdo  se  realizó  sin  vicios  del  consentimiento,  y respetando los derechos fundamentales y garantías procesales  del  procesado3.  Además, le corresponde verificar la concurrencia de evidencias y  elementos  de  prueba  que, si bien no necesariamente deben aportar conocimiento  más    allá    de    toda   duda   ─grado  de  certeza  exigido  en  el  artículo  381  del  Código de  Procedimiento    Penal    de    2004─  acerca  del  delito y de la responsabilidad del acusado, sí deben  conducir  a  establecer  la  tipicidad y antijuridicidad de la conducta aceptada  por   el   incriminado,   y   a   señalarlo   como  su  más  posible  autor  y  responsable.   

En  esta  ocasión  la  Sala se ocupará con  mayor  detenimiento de la labor descrita en segundo término, pues la primera ya  la  cumplió  a  cabalidad  en el curso de la audiencia pública celebrada el 10  del  mes  y  año  en curso, cuando al examinar el preacuerdo realizado entre el  Fiscal  2°  Delegado  ante  la  Corte  Suprema de Justicia y el procesado José  Alfredo  Jaramillo  Matiz,  asistido  por  su defensor, estableció su legalidad  verificando  el  cumplimiento  de  los artículos 10, 293 y 368 de la Ley 906 de  2004.   

          Los  términos  del  pacto  logrado  en  aquella ocasión fueron los  siguientes:   

i)   La   aceptación  de  la  autoría  y  responsabilidad  penal  por José Alfredo Jaramillo Matiz únicamente del delito  de  concusión,  consagrado  en el artículo 404 del Código Penal de 2000, como  quiera  que  respecto  del  fraude  procesal  y  de  la  falsedad ideológica en  documento  público,  tentados,  se  convino  dar  aplicación  al  principio de  oportunidad,  conforme a lo dispuesto en el artículo 324, numeral 6° de la Ley  906  de  2004,  y suspender la persecución penal mientras el acusado cumple los  compromisos   probatorios  adquiridos  con  la  Fiscalía  bajo   inmunidad  parcial,   lo   cual   conllevó   a   la   respectiva   ruptura  de  la  unidad  procesal.   

ii)   La   imposición  de  las  sanciones  principales  mínimas fijadas en el artículo 404 del Código Penal de 2000, con  el  incremento de la tercera parte señalado en el artículo 14 de la Ley 890 de  2004,  esto  es,  prisión  de  noventa  y seis (96) meses, multa de seiscientos  sesenta  y seis punto sesenta y seis (66.66) salarios mínimos legales mensuales  vigentes,  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  durante  ochenta  (80)  meses,  con  una disminución de una tercera parte en la  forma   autorizada   por   el   artículo  352,  inciso  2  de  la  Ley  906  de  2004.   

iii)  El  cumplimiento  de  la  obligación  adquirida  por  el procesado de reparar simbólicamente a la Dirección Nacional  Ejecutiva  de  Administración Judicial, expresando público arrepentimiento por  el  injusto  penal  contra la administración pública cuya comisión finalmente  había admitido.   

Revisada la actuación encuentra la Sala que  el  disco  compacto  entregado  a  la  Fiscalía  por Alfonso del Cristo Hilsaca  Eljadue  y  con  base  en el cual se inició esta actuación penal, da cuenta de  que  el  30 de mayo de 2008, José Alfredo Jaramillo Matíz, en su condición de  Fiscal  11  Delegado de la Unidad de Justicia y Paz ante el Tribunal Superior de  Barranquilla,   durante  el  encuentro  que  tuvo  con  dicho  ciudadano  en  el  restaurante  “Búfalo  Grill”  de  la  citada  capital costera, le solicitó  quinientos  millones  de  pesos  ($500’000.000,00)  a cambio de direccionar la versión libre y espontánea  que   ante  su  Despacho  estaba  rindiendo  por  esos  días  el  desmovilizado  comandante   paramilitar  Uber  Enrique  Bánquez  Martínez,  alias  “Juancho  Dique”,   dentro  de  un  proceso  de  justicia  y  paz  que  tramitaba  dicho  funcionario,  en  el  sentido  de evitar que lo involucrara como determinador de  los  homicidios de cuatro trabajadoras sexuales y un abogado, ocurridos el 13 de  febrero  de 2003, y, además, le planteó el compromiso de conseguirle el nombre  y  lugar  de  ubicación de los autores materiales de tales hechos con el fin de  que   les   ofreciera   dinero  para  disuadirlos  de  cualquier  incriminación  futura.   

La  demostración  de  este  episodio  muy  probablemente  se  hubiera  logrado en el juicio oral si en cuenta se tiene que,  según  anunció  el Fiscal 2° Delegado ante esta Corporación en el escrito de  acusación  y  en el contentivo del preacuerdo, contaba con el elemento material  probatorio          antes          descrito4,  con  las  entrevistas  de la  víctima,   Alfonso   del  Cristo  Hilsaca  Eljaude5,     y     de     Reynaldo  Burgos6,  testigo  presencial  de  estos  hechos,  y con la grabadora marca  Sony,        referencia       ICD─P5207,  en la cual el primero de los  nombrados  registró  la  solicitud  intimidante  que  le  hiciera José Alfredo  Jaramillo  Matiz, poniendo de manifiesto la calidad de Fiscal 11 de la Unidad de  Justicia  y  Paz  Delegado  ante  el Tribunal Superior de Barranquilla, material  cuyo  carácter  incriminatorio  finalmente  es  reforzado  con  la  aceptación  voluntaria,  libre  y  espontánea  de la responsabilidad penal por el delito de  concusión  que  realizó  el  acusado en el curso de la audiencia de control de  legalidad   del   preacuerdo   al   cual  llegó  con  la  Fiscalía8.   

Luego  la  disposición  de las evidencias y  elementos  materiales  probatorios  antes  relacionados, unidos a los documentos  contentivos  de los actos administrativos procedentes de la Fiscalía General de  la  Nación  alusivos a la condición de servidor público del nombrado acusado,  por      la     época     de     los     hechos9,   ampliamente   debatida   y  finalmente  establecida  en  la  primera sesión de audiencia de formulación de  acusación,  permiten  afirmar  que  José Alfredo Jaramillo Matiz solicitó una  cuantiosa   suma   de   dinero   ($500’000.000.00)  a  Alfonso del Cristo Hilsaca Eljaude, a quien abusando  de  las  funciones  inherentes  a  su  condición  de  Fiscal 11 de la Unidad de  Justicia  y  Paz  Delegado  ante el Tribunal Superior de Barranquilla, intimidó  con  una  potencial  vinculación  como  determinador  al  proceso  penal que se  adelantaría  por  el  concurso  de  los  cinco homicidios, delatado por el jefe  paramilitar  conocido  como “Juancho Dique”, sino accedía a su pretensión,  produciéndole    de    esta    manera    el   temor   denominado   “metus  publicae potestatis”, constitutivo  del  elemento  subjetivo  predicable  de  la víctima, consistente, según lo ha  reiterado   esta   Sala   en   su   jurisprudencia10, en   

“…el temor derivado de fuerza física o  moral  (constreñimiento) que infunde el funcionario en razón de su investidura  oficial o por la inducción a entregar determinada dádiva”.   

En  conclusión: la actividad desplegada por  José   Alfredo   Jaramillo   Matiz   es   típica   de   concusión11   

y  también  es antijurídica pues no cabe  duda   de   la  lesividad  que  esta  clase  de  comportamientos  acarrea  a  la  administración  pública,  en  cuanto  afecta  la  legitimidad  de la actividad  encomendada  a los funcionarios encargados de cumplir un rol protagónico en los  procesos  de  justicia  y paz en los cuales está empeñado el Estado colombiano  para  lograr el restablecimiento de la institucionalidad gravemente alterada por  el actuar de grupos armados al margen de la ley.   

La prolongada vinculación del procesado a la  Fiscalía   General   de   la  Nación  -aproximadamente  20  años,  según  manifestó  en  la audiencia de  control   de  legalidad  del  preacuerdo-  y  la  posición  preeminente que él ocupaba por la época de los  episodios  investigados  en dicha institución, ponen de relieve la capacidad en  que  se  encontraba  de actuar conforme a derecho, luego su elección en sentido  contrario,   sin   ninguna   justificación   legalmente  admisible,  denota  su  culpabilidad  y  autoriza  el  pronunciamiento anticipado del fallo condenatorio  por él solicitado.   

    

1. Penas a irrogar y su ejecución     

Concertaron  el  acusado  y  el  Fiscal  2°  Delegado   ante   la   Corte  Suprema  de  Justicia12  que las penas principales a  imponer  por el delito de concusión corresponden a las mínimas previstas en el  artículo 404 del Código Penal de 2000,   

“…en  razón a (sic) su aceptación del  cargo  que  evita  el  adelantamiento  completo del juicio público y al momento  procesal  del  preacuerdo (fase de enjuiciamiento), y porque el acusado no tiene  antecedentes  penales  ni  disciplinarios  y esta es la única radicación penal  conocida en su contra…”,   

esto es, prisión de seis (6) años, multa de  cincuenta  (50)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes e inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  de  cinco (5) años,  incrementadas  en  una tercera parte acorde con el artículo 14 de la Ley 890, y  por  eso  determinó  la  prisión  en  noventa  y  seis (96) meses, la multa en  seiscientos  sesenta  y  seis  punto  sesenta  y  seis (66.66) salarios mínimos  legales  mensuales vigentes y la inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones públicas en ochenta (80) meses.   

El  porcentaje de reducción acordado fue de  la  tercera  parte,  operación  que  arroja  el  siguiente resultado: sesenta y  cuatro  (64)  meses  de  prisión,  cuarenta  y  cuatro  punto cuarenta y cuatro  (44.44)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes en la época delictual de  multa,  e  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas  durante cincuenta y tres (53) meses y diez (10) días.   

Es de tener en cuenta que la legalidad de la  negociación  sobre  la  punibilidad  declarada  en  el  curso  de  la audiencia  celebrada  por  la Sala, exime de la aplicación del sistema de cuartos previsto  en  el   primer  inciso  del  artículo  61  del  Código Penal13,  luego las  penas  individualizadas  y  aceptadas  por  el  acusado  en  el  curso  de dicha  diligencia  serán recogidas en esta sentencia, según la instrucción impartida  en  el  artículo  351,  inciso  4° del Código Penal de Procedimiento Penal de  200414.   

La  obligatoriedad  de la negociación sobre  esos  aspectos  obedece al proceso penal de partes característico de un sistema  que  propicia  la  participación  de  los interesados en las decisiones que los  afecten   en   cumplimiento   del   artículo   2º  de  la  Carta,  siendo  una  manifestación   trascendente  de  ella  los  preacuerdos  celebrados  entre  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  y  los  imputados  o  acusados,  en  cuanto  involucran  a  las  partes en la solución del caso, al tiempo que contribuyen a  obtener     pronta     y     cumplida    justicia15.   

Estima  la  Sala  que  la respuesta punitiva  acordada  entre  la  Fiscalía  General  de la Nación y José Alfredo Jaramillo  Matiz,  amerita  ser convalidada en cuanto el funcionario que la propuso tuvo en  cuenta  varios  de los fundamentos para la individualización de la pena fijados  en   el   artículo   61,   inciso   2°  de  la  Ley  599  de  200016,   pues  consideró  la inexistencia de antecedentes penales del acusado, la cooperación  prestada  por él a la administración de justicia, el arrepentimiento expresado  por  el  injusto  penal  cometido a petición del representante de la Dirección  Nacional  Ejecutiva  de Administración Judicial, reconocida como víctima de la  conducta  punible  en  referencia,  y su presentación voluntaria ante la Unidad  Seccional  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  de  Cundinamarca, al tener  conocimiento  de  la  orden  de  captura  impartida en su contra, circunstancias  éstas  catalogadas como de menor punibilidad en el artículo 55, numerales 1°,  6°      y     7°     del     Código     Penal17.   

El quántum de la pena privativa de libertad  finalmente  determinada,  no  viabiliza  en favor del sentenciado la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la condena consagrada en el artículo 63 del  Código  Penal  de  2000, por cuanto la pena de prisión impuesta excede de tres  años,  ni tampoco la prisión domiciliaria prevista en el artículo 38 ibídem,  dado  el  incumplimiento  de  la  exigencia  objetiva como quiera que la pena de  prisión  prevista  en  la  ley  para  el  delito de concusión supera los cinco  años,  razón  por la cual deberá purgarla en el establecimiento que asigne el  Instituto   Nacional   Penitenciario,  como  se  anunció  en  la  audiencia  de  aprobación del preacuerdo.   

    

1. Reparación   integral   por  los perjuicios causados a las víctimas  con    el   delito   de  concusión     

Los teóricos del derecho procesal siempre se  han  preocupado  por  la  vigencia  de  los  principios de economía y celeridad  procesal  en  la  definición  de  los  asuntos sometidos al conocimiento de los  jueces.   

En  desarrollo  de lo anterior y teniendo en  cuenta  que  el  delito  es  reconocido  en  el  derecho  civil  como  fuente de  obligaciones,  los  códigos  de  procedimiento  penal colombiano permitieron la  intervención  de  la víctima en el proceso penal y el capítulo regulatorio de  la  materia  se le denominó “acción civil” en el proceso penal18.   

La  intervención  de  las  víctimas  en el  proceso  penal  constituía  una  extensión  de la acción civil, razón por la  cual           la           jurisprudencia19   durante  mucho  tiempo entendió que el  interés  de  la parte civil en el proceso penal se limitaba al resarcimiento de  los  perjuicios,  y  entonces  cuando  se  le indemnizaba en los términos de su  pretensión  económica  quedaba  excluida  del  proceso  y  no  podía intentar  acciones que desmejoraran la situación del procesado.   

Fue  a  partir de 2002 que se autorizó a la  víctima   a   intervenir   en   el  proceso  con  finalidades  diversas  a  las  estrictamente               económicas20,  momento  a partir del cual  se  hizo  común  resaltar  que  dicha  parte  o interviniente era titular de un  derecho  constitucional  fundamental  que  además de garantizar (i) la efectiva  reparación  por  el agravio  sufrido,  asegura  (ii)  la  obligación  estatal  de  buscar  que se conozca la  verdad  sobre lo ocurrido, y  (iii)  un  acceso  expedito  a  la justicia,  pues así se prevé por la propia Constitución Política, la ley  penal  vigente  y  los  tratados  internacionales  que hacen parte del bloque de  constitucionalidad21.   

Posteriormente       la      Corte  Constitucional22 estableció que existen tres  tipos   de   daños  completamente  diferenciables,  a  saber:  el  daño   individual,  que  afecta  derechos  patrimoniales,   extrapatrimoniales   y   fundamentales  de  un  solo  individuo  identificado    e    identificable;   el   daño   de  grupo,  que afecta a una porción de individuos o a un  grupo   de   individuos   que  forman  parte  de  una  comunidad  determinada  o  determinable;   y   el   daño  colectivo,  que  no  afecta  directamente  a  un  individuo  o  a un grupo de  individuos, pero sí a una comunidad determinada o determinable.   

La  anterior clasificación resulta útil en  cuanto  en tratándose de delitos contra la administración pública, como en el  sub examine, se configura un  daño  colectivo  dado que la acción del servidor público afectó la finalidad  de  la  función  pública  consistente  en  satisfacer  con  imparcialidad  las  necesidades  generales  de  todos  los  habitantes y, un daño individual, en el  caso  específico  de  la  concusión, la libre autodeterminación del ciudadano  constreñido,  de  modo  que  la reparación del agravio tiene que consultar los  intereses    resarcitorios    de    la    administración   y   del   particular  lesionado.   

Como  para  los  efectos  del  incidente  de  reparación,  el  particular  Alfonso  del  Cristo Hilsaca Eljaude manifestó no  tener  ningún  interés  económico  y  estar  satisfecho con la aceptación de  cargos  por  parte  del  acusado, surge evidente que para esta víctima resultó  suficiente  la obtención de verdad y la aplicación de justicia que conlleva la  pena derivada del acuerdo suscrito entre el acusador y el acusado.   

Y  como  la  víctima  Dirección  Nacional  Ejecutiva  de Administración Judicial, expresó por medio de su apoderado que a  título   indemnizatorio   resultaba  suficiente  una  declaración  expresa  de  arrepentimiento  y perdón por parte del procesado, lo que en efecto ocurrió al  aceptar  éste tal medio de resarcimiento y proceder inmediatamente dentro de la  audiencia  correspondiente  a expresar su solicitud de perdón y el dolor que le  ha  causado  el  incumplimiento de sus deberes oficiales al utilizar su función  de   fiscal   para   constreñir   a  un  ciudadano23,   se  entiende  plenamente  realizada  la justicia y satisfechas las exigencias que de la misma hicieron las  víctimas  dentro  del  presente  asunto,  además,  se  estima que este tipo de  acción  condujo  a la recuperación institucional de la Fiscalía General de la  Nación.   

La Sala resalta que Administración Pública  ordinariamente  no  puede  renunciar  a  la  reparación  económica derivada de  algunos  delitos, como ocurre por ejemplo cuando las acciones delictivas generan  al   menoscabo   de  su  patrimonio,  pero  en  punibles  como  la  concusión  es  posible que se satisfagan  los   derechos  de  las  víctimas  con  manifestaciones  de  arrepentimiento  y  contrición  por  parte  del  enjuiciado, resarcimiento simbólico que cada día  cobra  más  fuerza  y  que  genera  un  positivo  y profundo impacto social que  permite  realizar  algunas  de  las  funciones preventivas que cumple el derecho  penal.   

Es   bien   conocido   que   las   cortes  internacionales   de  derechos  humanos  han  venido  utilizando  mecanismos  de  reparación  a  favor  de  las  víctimas  concurrentes pero diferentes a los de  orden  económico, porque en algunas ocasiones el interés de ellas se concentra  en  conocer  la  verdad, mantener la memoria de lo ocurrido u obtener garantías  de             no             repetición24.   

Siguiendo  la anterior línea argumentativa  la  jurisdicción  contencioso  administrativa  interna  ha  considerado  que la  indemnización  patrimonial  es  apenas una parte de la reparación integral, de  modo  que en un caso ─en el  que  se  demostró que agentes estatales realizaron actos constitutivos de grave  violación         a        los        derechos        fundamentales─  consideró  viable la aplicación de  medidas  restaurativas  como  la  rehabilitación,  satisfacción, medidas de no  repetición   y  el  restablecimiento  simbólico  que  comprende  presentación  pública   de  excusas  por  los  hechos  ocurridos,  medidas  de  promoción  y  divulgación  de los derechos de las víctimas y publicidad a lo resuelto por la  justicia25.   

De lo anterior se sigue que en materia penal  la  reparación  simbólica  se  erige  en  un  instrumento  idóneo, adecuado y  proporcional  de  restablecimiento de los derechos de las víctimas cuando ellas  no  pueden  o  renuncian a acceder a compensaciones patrimoniales, cumpliendo de  esa manera la jurisdicción penal una importante labor promocional.   

A  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

R E S U E L V E :  

1.           CONDENAR a José  Alfredo  Jaramillo  Matiz,  de  las  condiciones  civiles  consignadas  en  esta  providencia,   como   autor   y   responsable   del   delito   de   concusión previsto en el artículo 404 de  la   Ley   599   de  2000,  a  la  siguientes  penas  principales:  sesenta  y  cuatro  (64) meses de prisión;  multa  equivalente,  en  moneda nacional, a cuarenta y  cuatro  punto  cuarenta  y  cuatro  (44.44)  salarios mínimos legales mensuales  vigentes    en    el    año    2008    ─época   de   los  hechos─,  que deberá cancelar a favor Tesoro  Nacional,  en la respectiva cuenta del Consejo Superior de la Judicatura, dentro  del   (1)   año   siguiente  a  la  fecha  de  esta  providencia;  e   inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  durante  cincuenta  y  tres  (53) meses y diez (10) días,  sanción  ésta  que  se  contabilizará  simultáneamente con la  sanción corporal.   

          2.        DECLARAR       que      José     Alfredo    Jaramillo    Matiz  no es acreedor al subrogado  de  la suspensión condicional de la ejecución de las penas a él irrogadas, ni  a   la  prisión  domiciliaria,  en  consecuencia,  se  ORDENA  la ejecución de las  sanciones impuestas en esta sentencia.   

3.           DECLARAR que la  reparación  de carácter  simbólico realizada por José Alfredo Jaramillo  Matiz,  en  el  curso de la audiencia de control de legalidad del preacuerdo que  celebrara  con la Fiscalía General de la Nación, es suficiente para indemnizar  los  perjuicios  por  él causados con la concusión que afectó a la Dirección  Nacional Ejecutiva de la Administración Judicial.   

         

         4.           ADVERTIR  que  contra esta sentencia no procede recurso alguno.   

5.         La Secretaría  de  la  Sala  enviará las copias del fallo a las que alude el artículo 472 del  C. de P. Penal.   

          Cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ    DE  LEMOS   

AUGUSTO   IBÁÑEZ   GUZMÁN                                JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

1  C.  orig. Anexo N° 2, fols. 157-162.   

2  Dichos  mecanismos surgieron en el ordenamiento procesal colombiano ─cuando    aún   no   había   sido  implementado     el     sistema     acusatorio     o     adversarial─   con   el   Decreto  050  de  1987  (procedimiento  abreviado); se ampliaron y afianzaron a través del Decreto 2700  de  1991  (dispositivos  de  transacción  procesal)  y  de  la Leyes 81 de 1993  (sentencia  anticipada  y  audiencia  especial)  y  906  de  2004 (preacuerdos y  negociaciones  entre  la  Fiscalía y el imputado o acusado, y aceptación de la  responsabilidad).   

3 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sent.  del 30 de Noviembre de 2006, rad. N° 25.108.   

4  C.  orig. Anexo N° 1, fols. 3-4.   

5  C.  orig. Anexo N° 1, fols. 135-137.   

6  C.  orig. Anexo N° 2, fols. 96-101.   

7  C.  orig. Anexo N° 1, fols. 248-249.   

8 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sent.  del 5 de octubre de 2006, rad. N° 25.248.   

9  C.  orig. Anexos N° 1, fols. 48, 37.   

10  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent.  del  10  de  noviembre  de  2005, rad. N° 22.333. Existen otras  referencias  al  mismo concepto en la Sent.  del  22  de  septiembre  de  2004,  rad.  N°  21.691  y  en  el  Auto  del 13 de septiembre  de 2006, rad. N° 18.578.   

11 El  artículo  404  del  Código  Penal  de  2000  sanciona al servidor público que  abusando  de  su cargo o de sus funciones constriña o induzca a alguien a dar o  prometer  al  mismo  servidor  o  a un tercero, dinero o cualquier otra utilidad  indebidos, o los solicite.   

12  Así  lo  estipuló  dicho  funcionario en el escrito de preacuerdo presentado a  esta Corporación el 4 de marzo de 2009.   

13  “Fundamentos  para  la  individualización  de  la  pena.   Efectuado   el  procedimiento  anterior,  el  sentenciador  dividirá  el  ámbito punitivo de movilidad previsto en la ley en  cuartos: uno mínimo, dos medios y uno máximo”.   

14  “Los  preacuerdos  celebrados  entre  Fiscalía  y  acusado obligan al juez de  conocimiento,   salvo   que   ellos  desconozcan  o  quebranten  las  garantías  fundamentales”.   

15  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent., del 4 de mayo de 2006, Rad. N° 24.531.   

16  “El  sentenciador  sólo  podrá  moverse  dentro del cuarto mínimo cuando no  existan  atenuantes  ni  agravantes  o  concurran  únicamente circunstancias de  atenuación   punitiva,   dentro   de   los   cuartos  medios  cuando  concurran  circunstancias  de  atenuación  y  de agravación punitiva, y dentro del cuarto  máximo  cuando únicamente concurran circunstancias de agravación punitiva”.   

17  “Son  circunstancias de menor punibilidad, siempre que no hayan sido previstas  de  otra  manera:  1.  La  carencia  de  antecedentes  penales. (…) 6. Reparar  voluntariamente  el  daño  ocasionado aunque no sea en forma total. Así mismo,  si  se  ha procedido a indemnizar a las personas afectadas con el hecho punible.  (…)  7.  Presentarse  voluntariamente  a  las  autoridades  después  de haber  cometido   la   conducta   punible   o   evitar   la   injusta  sindicación  de  terceros”.   

18 CPP  de  1936,  artículos  125  a 148; CPP de 1987, artículos 37 a 57; CPP de 1991,  artículos 43 a 55; y CPP De 2000, artículos 45 a 55.   

19  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal, por ejemplo, Sents.   del   21  de  enero  de  1998,  radicación  10166  y  del  7  de octubre de 1999, radicación 12394. Tal línea  jurisprudencial   fue   acogida   en   la   sentencia   C-293/95  por  la  Corte  Constitucional y se mantuvo hasta el año 2002.   

20  CORTE  CONSTITUCIONAL, Sent.  C-228/02.   

21  Véase  Corte  Constitucional,  sentencia C-209/07. En ésta providencia se hace  un  resumen  de  la forma como ha discurrido la jurisprudencia en materia de los  derechos  de las víctimas. Especial mención se hace de las sentencias C-580/02  (estableció  que  el  derecho  de  las  víctimas  del  delito de desaparición  forzada  de  personas  y la necesidad de garantizar los derechos a la verdad y a  la  justicia,  permitían  que el legislador estableciera la imprescriptibilidad  de  la acción penal, siempre que no se hubiera identificado e individualizado a  los  presuntos  responsables); C-004/03 (garantía jurídica con que cuentan las  víctimas  para  controvertir  decisiones  que  sean  adversas  a sus derechos);  C-979/05  (derecho  de  las víctimas a solicitar la revisión extraordinaria de  las  sentencias  condenatorias  en procesos por violaciones a derechos humanos o  infracciones  graves  al derecho internacional humanitario, cuando una instancia  internacional  haya  concluido  que  dicha  condena  es  aparente  o irrisoria);  C-1154/05  (derecho  de  las  víctimas  a  que se les comuniquen las decisiones  sobre  el  archivo  de  diligencias); C-370/06 (los derechos de las víctimas en  procesos  inscritos  en  contextos  y  modalidades  de  justicia transicional de  reconciliación);  y,  C-454/06 (la garantía de comunicación a las víctimas y  perjudicados  con  el  delito  opera  desde  el  momento en que éstos entran en  contacto  con las autoridades; señala que los derechos a la verdad, la justicia  y  la  reparación  las  autoriza  a  solicitudes  probatorias  en  la audiencia  preparatoria,    en    igualdad   de   condiciones   que   la   defensa   y   la  fiscalía).   

22  Sent.    T─325 de 2002.   

23 El  procesado  dijo:  “Pido perdón a mi familia… soy  un  ser  humano…  me  equivoqué, por eso cuando se dio la orden de captura me  entregué  y  por eso acepto mi delito, porque estoy arrepentido… pido perdón  a  la  administración  de  justicia,  a  ustedes  (Magistrados)  que fueron mis  profesores,  y  pido perdón a las víctimas que pudieron resultar afectadas con  mi  conducta”,  lo  que  llevó  al apoderado de la Administración Judicial a  manifestar su satisfacción por la reparación obtenida.   

24  Convención  Europea de Derechos Humanos, suscrita en  Roma   el   4  de  noviembre  de  1950,  artículos  32,  46  y  54.  El  Tribunal  Europeo  se mantiene por  regla  general  dentro  de los estrechos marcos de lo económico en tanto que la  Corte   Interamericana   de  Derechos  Humanos  ha  establecido  modalidades  de  reparación   que   conllevan   la  indemnización  de  perjuicios  (reparación  económica)  complementadas  con la efectividad de los derechos a la verdad y la  justicia.  Ejemplos  de  ello  son los asuntos contenciosos tramitados contra la  República  de  Colombia:  Caso  19  Comerciantes  Vs.  Colombia,  Sentencia  de  5  de  julio  de 2004; Caso  Gutiérrez       Soler      Vs.      Colombia,  Sentencia  de  12  de  septiembre  de  2005;  Caso de la  “Masacre   de   Mapiripán”   Vs.   Colombia,  Sentencia de 15 septiembre de 2005; Caso de las Masacres  de  Ituango  Vs. Colombia,  Sentencia  de  1  de  julio  de   2006;  Caso de la Masacre de Pueblo Bello  Vs.  Colombia, Sentencia de  31     de     enero     de     2006;    Caso    Escué    Zapata    Vs. Colombia, Sentencia de 4 de julio de  2007;  y,  Caso  Valle  Jaramillo  y  otros  Vs.  Colombia,  Sentencia  de 27 de  noviembre de 2008.   

25  CONSEJO DE ESTADO, Sección  Tercera,   Sent.   del   28  de  enero  de  2009,  rad.  30340  (R-20030015801).     

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