30355(15-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30355  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  217  

Bogotá  D.  C., quince (15) de julio de dos  mil nueve (2009).   

V    I   S   T   O  S   

La Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de lógica y debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de  MILLER LEÓN GÓMEZ  MEDINA.   

H    E   C   H   O  S   

Fueron sintetizados por el juzgador de primer  grado, así:   

“De acuerdo con  el   escrito  de  acusación,  Claudia  Soraya  Durán  Calderón,  quien  está  encargada  del  cuidado de Estafanía luego de la jornada escolar, de 7 años de  edad  y abandonada por la madre tres meses después del nacimiento, en el mes de  noviembre  de 2006, se percató que la niña aquejaba dolor en la vagina, motivo  por  el  cual la examinó para constatar que presentaba flujo, y al interrogarla  al  respecto la menor manifestó que el progenitor MILLER LEÓN GÓMEZ MEDINA le  introducía los dedos en los genitales.”   

“La   menor  reiteró  dicho  recuento  en  las  entrevistas  efectuadas  en  el Instituto de  Medicina  Legal  y ante la sicóloga del Cuerpo Técnico de Investigación de la  Fiscalía  General  de  la  Nación;  versiones  a  través  de  las  cuales  se  estableció  que  la última agresión sexual había ocurrido el 17 de noviembre  de  la  referida  anualidad,  como también, que el padre aprovechaba el momento  del  baño  diario  en  ausencia de la madrastra para perpetrar tales desmanes e  impidiendo      cualquier     oposición     de     la     víctima.”   

“La valoración  sexológica  forense  permitió  establecer, finalmente, que la niña presentaba  foramen  himeneal  muy  dilatado, así como en el meridiano de las 9 un desgarro  parcial,  hallazgos  compatibles  con  manipulaciones  recientes  a dicho nivel,  según    el    dictamen    pericial.”     

ACTUACIÓN     PROCESAL   

1.  Por razón  de  los  hechos  narrados,  en  audiencia  preliminar  que  se realizó el 13 de  diciembre  de  2006   ante  el  Juez  12  Penal  Municipal con Funciones de  Control  de  Garantías,  la  Fiscalía  291 Seccional de Bogotá formuló   imputación   en   contra   de  MILLER  LEÓN  GÓMEZ  MEDINA,  por  la  conducta  punible  de  acceso    carnal   violento   agravado,  cometido  en  concurso homogéneo y sucesivo (artículo 205, 211-2-4 del Código  Penal,  con las modificaciones introducidas por el artículo 14 de la Ley 890 de  2004).    

En   la  misma  diligencia,  MILLER  LEÓN  GÓMEZ MEDINA fue afectado  con   medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  en  establecimiento  carcelario.   

2. El escrito de acusación fue radicado por  la  Fiscalía  291  Seccional  Seccional de Bogotá el 10 de enero de 2008;  en  él  se  le  imputó  a  MILLER LEÓN GÓMEZ MEDINA  el     comportamiento    punible    reseñado    en  precedencia.    

La  actuación  fue  asignada  al Juzgado 32  Penal  del  Circuito  con  Función  de  Conocimiento, despacho que llevó  a  cabo audiencia de formulación  de   acusación   en  sesiones  del  1º   y   16   de   febrero   de   2007,   la   audiencia  preparatoria  el  30  de  marzo siguiente y el juicio oral en sendas  sesiones  del  22 de abril, 30 de julio y 29 de agosto  del   mismo   año,  en  la  última  de  las  cuales  anunció     el     sentido    condenatorio    del  fallo.    

El  Juzgado  de  Conocimiento,  en audiencia  llevada  a  cabo  el  29 de octubre de 2007 profirió sentencia, por medio de la  cual  condenó a MILLER LEÓN GÓMEZ MEDINA  a  la  pena  principal de 24 años de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término  de  20 años, como autor responsable del comportamiento punible por el  cual  fue  acusado,  al  tiempo  que  le  negó la suspensión condicional de la  ejecución    de    la    pena    y    la    prisión   domiciliaria.    

3.  La   decisión   fue   apelada   por   el  defensor  del  procesado  MILLER  LEÓN GÓMEZ MEDINA  y  confirmada  en  segunda  instancia  por el Tribunal  Superior  de  Bogotá en decisión del 31 de enero de  2008.   

Inconforme con la decisión del Tribunal, el  defensor   del   procesado   interpuso   y   sustentó   oportunamente   recurso  extraordinario de casación.   

LA      DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El   defensor   del  procesado  MILLER LEÓN GÓMEZ MEDINA  formula  dos  cargos, así: el primero  al  amparo  de la causal 2ª de casación,  el  cual  desarrolla  a  través  de  tres  censuras  de nulidad, y  el  segundo  con apego a la  causal  3ª,  el  cual  fundamente  en un falso     juicio    de    convicción.   

Cargo único, con fundamento en la causal 2ª  de casación.   

El casacionista, al amparo de lo establecido  en  el  numeral  2º del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, acusa la sentencia  del  ad-quem por haber sido  proferida   en   un   juicio  viciado  de  nulidad,  por  violación  al  debido  proceso.    En   tal   virtud   formula   tres   peticiones   de   nulidad,  así:   

i)  La  fiscalía  acusadora   -en  contravía  de  lo  dispuesto  en  los  artículos  250  de  la  Constitución  Política,  344,  346   y  124-2 de la Ley 906 de 2004, y en  detrimento  del  derecho de contradicción y el principio de igualdad de armas-,  omitió  el  deber  de  descubrir,  ya  fuera en la audiencia de formulación de  acusación  o  en  la  preparatoria,  el  informe  realizado  a  la menor por el  sicólogo  Andrés  Lenín  Gómez, adscrito a la Clínica de Tunjuelito, pese a  lo cual lo utilizó en la audiencia del juicio oral.    

Dicha omisión, agrega, no fue advertida por  el  juez ni por la defensa, “haciendo así imposible  su   corrección  por  parte  del  primero  o  su  exigencia  por  parte  de  la  segunda”.   

De  haber  conocido oportunamente el aludido  informe,  el  defensor  hubiese podido entrevistar al sicólogo para aclarar las  afirmaciones  contenidas  en  aquél,  “en  caso de  considerarlas  desfavorables”,  así como valorar la  conveniencia   de   solicitar   o   no  su  testimonio  y  preparar  al  testigo  “para  prevenir  la sorpresiva y aleve impugnación  de credibilidad”.     

Por  lo  anterior,  asegura, “la  vulneración  al  debido  proceso  es  evidente,  tanto  en  su  existencia  como  en su trascendencia”, motivo por el  cual  solicita  a  la  Corte que case el fallo y anule lo actuado a partir de la  audiencia de acusación.    

ii) El casacionista  sostiene  que  se  violó el principio de concentración (artículo 17 de la Ley  906   de   2004)   el   cual  impone  –según  la  doctrina- que “la actuación  se  surta  sin  interrupciones  para que, al momento de decidir, exista un mejor  aprovechamiento    de   las   pruebas   y   de   los   planteamientos   de   las  partes”.   Al contrario de lo anterior, en este  caso,  las  alegaciones  y  el  debate  probatorio  estuvieron fracturadas en el  tiempo,  pues  se  desarrollaron  a  lo  largo de tres sesiones, sin que mediara  razón  justificada o concurrieran los motivos fijados en el artículo 454 de la  Ley 906 de 2004.   

En  apoyo  de  su  reparo,  sostiene  que la  audiencia  del juicio oral inició el 22 de mayo de 2007 con la presentación de  las  declaraciones  iniciales  y  la  lectura  de  las  estipulaciones,  pero se  suspendió   –de  manera  injustificada,    y    sin    que    mediaran   circunstancias   “sobrevivientes     ni     de     manifiesta    gravedad”,  conforme  lo  estipula  el  artículo  454  de  la  Ley 906 de  2004-   por razón de las vacaciones de la fiscal titular y la inasistencia  de  la  víctima,  quien  no  fue citada por el centro de servicios, situaciones  ambas  atribuibles a la fiscalía.  Así, el juez fijó el 22 de junio para  la   continuación   del   juicio,   pero  éste  no  se  reanudó  por  motivos  desconocidos.  La  audiencia  continuó el 30 de julio, fecha en la que, una vez  más  y  de  manera  injustificada,  fue  suspendida  por  la inasistencia de la  funcionaria    del    CTI,    Yasmine    Calvete,   quien   se   encontraba   de  vacaciones.        

“Con lo anterior  –agrega- se denotaría la  trascendencia  misma  de  la  nulidad  impetrada,  pues se afectó una garantía  procesal  además  de  una  forma  propia  del  juicio,  las  dos  instituciones  derivadas   del   debido   proceso”,   además,  la  experiencia  enseña  “que el paso del tiempo entre  actuaciones  afectan en forma directa la memoria de lo acontecido, no solo en la  mente  del  juzgador,  sino  de  los  intervinientes,  en especial de la defensa  técnica”.    

Recrimina enseguida que el juez, sin tomarse  el  término  legal  de dos horas, anunció el sentido del fallo, lo cual indica  que   “en   pocos   segundos   rememoró  todo  lo  argumentado  y  debatido  probatoriamente  en un juicio que se adelantó en tres  sesiones,  durante  más  de  tres  meses”.  Lo  anterior,  agrega,  permite  concluir  que el funcionario judicial consultó los  registros  momentos  antes  de  la  última  sesión  del  juicio  o bien que su  decisión ya estaba tomada de antemano.   

Por lo anterior, solicita a la Corte que case  el  fallo  impugnado y declare la nulidad de lo actuado desde la primera sesión  del juicio oral.   

iii) Al confirmar  el  fallo impugnado, el Tribunal desconoció los principios de imparcialidad del  juez  y  presunción  de  inocencia  (artículos  5º  y  7º  de  la Ley 906 de  2004).    Funda  la anterior censura en que, tras conocer que la menor  supuestamente  afectada  fue  llevada  por  su madre biológica, a visitar en su  lugar  de  reclusión  al procesado MILLER LEÓN GÓMEZ  MEDINA,  el  juez  “en una  exacerbada  intervención prejuzgó tal hecho y de paso sobre la responsabilidad  de mi defendido”.    

Así,   argumenta   el   casacionista,  el  funcionario  judicial  desconoció  que  la medida de aseguramiento en contra de  GÓMEZ   MEDINA   no   era  definitiva,  le  negó el derecho a tener una familia, desconoció la condición  de  representante  legal de la madre al prohibir su presencia en la declaración  de  la  víctima,  al  tiempo  que,  de manera infundada, presumió una indebida  manipulación  del testimonio de la niña.    

Por  otra  parte,  alega que el a-quo  no  le  advirtió  a  la  menor el  derecho  a  no  declarar  en  contra  de  su  padre, lo cual se evidencia cuando  aquella   se  negó  a  responder  “todas  aquellas  preguntas  que  en  tal sentido se le hicieron” pero,  en   contraste,   permitió  la  introducción  una  prueba  de  referencia,  en  particular  la  entrevista  de  la  niña, al tiempo que dispuso la remisión de  copias   para   que  se  investigara  la  conducta  punible  de  “amenazas  a  testigos”.  Así, dice  el  recurrente,  el  juzgador  presumió  que  el  dicho de la menor había sido  manipulado,     sin    que    hubiera    un    pronunciamiento    judicial    al  respecto.   

Como  consecuencia de lo anterior, el censor  solicita   a   la   Sala   que   case   el  fallo  impugnado  y  “decrete  la  nulidad  de  todo lo actuado desde el momento mismo en  que  se  hizo  evidente  la  imparcialidad  del  a-quo,  esto es, cuando el juez  interviene   inmediatamente   después   del   testimonio   de   Soraya   Durán  Calderón”.    

Cargo  único  por  la  causal  tercera  de  casación: falso juicio de convicción.   

Con  sustento  en  la casual de que trata el  artículo  181-3  de  la  Ley  906  de  2004,  el  impugnante  sostiene  que  el  fallador    incurrió  en  falso  juicio  de  convicción  al  apreciar  la  entrevista  practicada  a  la  menor por la sicóloga Jazmín Calvete Rangel, el  testimonio  de  Claudia Soraya Durán Calderón, el testimonio de la dra. Carmen  Villamizar  y  el  testimonio  del sicólogo Lenín Gómez, pues por tratarse de  pruebas  de  referencia,  su  valoración  está  sujeta  a una tarifa legal, la  cual   fue  desconocida por el sentenciador.  Sostiene que las pruebas  de  referencia  en  principio  no  son  admisibles, menos aún para sustentar la  decisión de condena.    

Por     lo     tanto     –asegura-,  el  juzgador desconoció la  tarifa  legal  pues  sustentó  la  condena  de manera exclusiva sobre prueba de  referencia.   

Enseguida  precisa  que  la  entrevista  que  practicó  la  sicóloga Jazmine Calvete a la menor, por fuera del juicio oral y  en   contravía   de   los  principios  de  inmediación  y  oralidad,  contiene  aseveraciones  que comprometen la responsabilidad de MILLER LEÓN GÓMEZ MEDINA,  pese  a  lo  cual  el  juez  la  admitió  y aprecio como prueba documental, sin  advertir  que en realidad era una prueba de referencia cuyo poder suasorio está  regulado por la ley.    

Lo       propio       –dice  el  demandante-, debe predicarse  del  testimonio  pericial  de  Jazmine  Calvete,  quien  se  limitó  a  leer la  entrevista  practicada  a  la  víctima por fuera del juicio oral, como también  del  testimonio  pericial  de  la  dra.  Carmen  Villamizar, especialmente en lo  relativo  a  la  anamnesis de la examinada, pues corresponde al relato hecho por  un  tercero,  con  ausencia  de inmediación y contradicción.  También es  prueba  de  referencia,  agrega,  el  documento  con  el  cual  se  le  impugnó  credibilidad  al  sicólogo  Lenín  Gómez,  pues  refiere hechos tomados de la  denuncia  que  formuló  una  tercera persona, motivo por el cual dicho medio de  convicción  “se  deberá  apreciar  conforme a los  preceptos  de  valoración  menguada  de  las pruebas de referencia.”   

Por  otra  parte,  el  sentenciador  no hizo  pronunciamiento  alguno  sobre  la  procedibilidad  de las anteriores pruebas de  referencia,  según  las  hipótesis que consagra el artículo 438 de la Ley 906  de  2004,  de manera que la única prueba directa podía ser el testimonio de la  víctima, quien se abstuvo de hacer declaración alguna.    

En  conclusión,  asegura  el  censor,  las  pruebas    de    referencia    anteriormente   reseñadas   “constituyen  el  eje  argumentativo  y  valorativo  sobre  el  cual  descansa  la  sentencia condenatoria” y nada dicen de  la responsabilidad del procesado.   

Además,  el  concepto  médico solamente se  refiere   a   “una   sintomatología  ‘compatible’ con manipulación sexual”,  razón  por  la  cual no descartan la preexistencia del cuadro  clínico;  por  su parte, la valoración sexológica se fundó en el dicho de la  examinada  y  se  encaminó  a corroborar sus manifestaciones, al tiempo que las  demás atestaciones son intrascendentes.   

Por todo lo anterior, el impugnante reclama a  la  Corporación  que  las  pruebas  de referencia mencionadas sean excluidas de  apreciación,  lo  cual  deja  sin sustento probatorio el fallo impugnado.   Así,  solicita  a  la  Corte  que se case el fallo recurrido y, en su lugar, se  profiera sentencia absolutoria de reemplazo.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  En el nuevo  el  sistema  procesal,  la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional  y  legal  que  procede  contra  las sentencias dictadas en   segunda    instancia   con   ocasión   de  los  procesos  a  través  de  los  cuales se investigan y juzgan comportamientos punibles, cuando  las  decisiones  proferidas  o el trámite surtido afectan derechos o garantías  procesales.    Por   lo   mismo,   ha   de   concluirse  que  este  recurso  extraordinario  es  consecuencia natural de la función que ejerce la Corte  Suprema  de  Justicia  como  Tribunal  de  Casación,  según  lo  determina  el  artículo  235  de  la  Carta,  y, por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con   la   citada    Ley    906,    para   que   la  demanda   sea   admitida  ,  el   libelista  debe  acreditar  el interés que le  asiste   para   recurrir   a   esta  sede  extraordinaria,  así  como  la   afectación   de   derechos   o   garantías  fundamentales;  para   ello,   deberá    formular    y    desarrollar   los  correspondientes  cargos  y,  por   supuesto,  demostrar  la  necesidad  de  intervención  de la Corte para lograr algunos de los fines establecidos para la  casación,  según  lo  previsto  en  el  artículo  180 de esa normatividad, es  decir,  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación  de  la  jurisprudencia,  propósitos  que,  como lo tiene dicho la  jurisprudencia  de  la  Corte,  son los mismos del proceso penal, lo que explica  que  las  causales  de  casación  tengan  un  diseño  dirigido  a  lograr esos  fines.   

Por    lo   tanto,   “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.”   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    esta    debe    determinarse    por    la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.”   

“Claro que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes, sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta  para controvertir sin mas las decisiones judiciales según el albedrío  del   casacionista,   lo   cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la  casación”1.   

En  consecuencia, el recurso extraordinario  no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  motivo por el cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciado  su  trascendencia,  para  de esa  manera  concluir  que  la  sentencia  no  resulta  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación,  se reitera, compete al libelista.     

2.   Teniendo en cuenta los anteriores  lineamientos,  la  Corte  advierte  que  los cargos de nulidad y falso juicio de  convicción   formulados   por  el  recurrente  no  reúnen  el  presupuesto  de  trascendencia  y  debida  fundamentación,  pues no acreditan un yerro con incidencia en la parte dispositiva  del  fallo  impugnado,  razón  por  la  cual,  desde  ya,  la  Sala  anuncia su  inadmisión.   

3.  A través de sendas censuras de nulidad  desarrolladas  en  un  cargo  único,  el  demandante  critica  que la fiscalía  omitió  el  deber  de  descubrir  un  informe  mediante  el  cual  impugnó  la  credibilidad  de un perito, como también que el juez de conocimiento violó los  principios     de     concentración,     presunción     de     inocencia     e  imparcialidad.   

La   vía   de   censura  que  ensaya  el  casacionista  le  permite  a  la Corte recordar que, como de tiempo atrás lo ha  decantado  su  jurisprudencia, cuando la nulidad constituye motivo de casación,  el  impugnante  debe  acreditar cómo la irritualidad detectada en el proceso le  generó  al procesado un perjuicio evidente y trascendente, como también que la  corrección  del  yerro  conlleva una decisión de fondo distinta.  Así lo  ha expresado la Corporación:   

“…impera  señalar  que,  aún cuando tiene dicho la Sala que la postulación de vicios de  nulidad  en  sede  de  casación  flexibiliza el rigor técnico que se espera de  cualquier  escrito que sustente el recurso extraordinario, ello por sí sólo no  exime  al demandante de deber de (…) demostrar la trascendencia directa que el  yerro  de  actividad  refleja  en  el  fallo  y por qué, de no haber mediado el  mismo,  el  desarrollo de la actuación sería otro y, por consiguiente, otra la  decisión  final,  pues  sólo  así  es factible demostrar que la irregularidad  denunciada   solo   puede   remediarse   por   medio   de   la  declaración  de  nulidad”2.     

La  postura  de  la  Sala  deja  en  claro,  entonces,   que   el   impugnante  debe  demostrar  que  la  corrección  de  la  irritualidad  denunciada  debe acarrear lógicamente  un  efecto   cierto,   no  apenas  hipotético,  en  el  sentido  del  fallo, o al menos  representar una mejora sustancial a la situación del procesado.   

4.   Vistos  los  derroteros  anteriores,  para  la Sala el  argumento  que  sustenta el primero de los reparos por  nulidad      anteriormente     reseñados     surge  ostensiblemente      intrascendente  para  demostrar un vicio con incidencia en el debido proceso, pues  el  argumento  expuesto  desconoce  la  realidad plasmada en los registros de la  actuación.   

En efecto, en ellos consta con claridad que  en  la  audiencia preparatoria que tuvo lugar el 15 de marzo de 2007, la defensa  descubrió  “la entrevista  o  resumen y concepto” del  sicólogo  Lenín  Gómez,  servidor  del  Hospital  de Tunjuelito – Clínica de  Salud   Mental,   quien   realizó   tratamiento   a  la  menor  (minuto  3  con  50’’);  enseguida,  el  representante  de  la fiscalía, aduciendo el principio de igualdad, le pidió a  la  defensa  que  le descubriera o le diera a conocer ésa, así como las demás  entrevistas    señaladas    por    ésta    (minuto   04   con   50’’), motivo por el cual el juez de la  causa  procedió  a  requerir al apoderado judicial del procesado en tal sentido  (minuto      05      con      10’’).   

Ahora bien, al referirse los intervinientes  a  la  pertinencia,  conducencia  y  utilidad  de las pruebas descubiertas -cuya  práctica  fue  solicitada-,  el  defensor  recavó  en  que el sicólogo Lenín  Gómez  se  desempeñaba  al  servicio  del  Hospital de Tunjuelito, Clínica de  Salud  Mental  y  fue  el  mismo  quien,  tras la denuncia formulada por Claudia  Soraya  Durán  y  a  instancias de la fiscalía, brindó tratamiento a la menor  afectada   (minuto   16   con   35’’).   Más  adelante,  la  defensa  pidió  la  introducción de  prueba  documental,  particularmente  exámenes  clínicos  y copia de historias  clínicas,  entre  ellas unas provenientes del Hospital de Tunjuelito (minuto 19  con 15’’).   

Por  último,  el  juez  de  conocimiento  admitió  la  práctica  de  las pruebas solicitadas por la fiscalía y expresó  que  a  través  de  los  testimonios  aquella podría introducir los documentos  pertinentes   (minuto   26  con  25’’);  enseguida,  dispuso  la práctica de las pruebas solicitadas pro  la  defensa,  entre  ellas  el  testimonio  de  Lenín  Gómez  (minuto  26  con  45’’),   para   quien  naturalmente  se  extendía  la precisión realizada, en el sentido de que ésta  podría   introducir   de  igual  manera  los  documentos que estimare  pertinente.   

De   manera   que   si   en     el     juicio     oral     la    fiscalía   interrogó    al    sicólogo  Lenín  Gómez   y   lo   enfrentó   al   informe   o  historia  clínica por el  elaborado  –naturalmente en  la  etapa de investigación, pues así suele ocurrir en la dinámica del sistema  acusatorio-,  ninguna irregularidad existe en ello, pues el medio de convicción  así  introducido en el juicio  oral  fue  descubierto por la  propia  defensa  del  procesado  MILLER  LEÓN  GÓMEZ  MEDINA  en la audiencia preparatoria y, por razón del  principio       de       igualdad,       utilizado       por       la      parte  acusadora.        

5. A través de la  segunda  censura de nulidad,  fundada  en  la  violación  al principio de concentración, el censor demuestra  que  en  verdad la audiencia del juicio oral transcurrió a lo largo de sesiones  celebradas  el  22  de  abril,  30  de  julio y 29 de agosto de 2007, como   también  que  la  fiscalía  solicitó  su suspensión en dos oportunidades por  ausencia  de  sus  testigos.   Pero  olvida  que la diligencia fue aplazada  también  en  dos  oportunidades  por  petición  de  la defensa, por los mismos  motivos,  esto  es,  por  razón  de  la ausencia de sus testigos y por no haber  podido   reunirse  con  los  peritos  citados  al  juicio  (fl.  41,  60  de  la  carpeta).    

De manera que en cumplimiento del principio  de  igualdad,  no  se  presentaba  justo que si el juicio se aplazó para que la  defensa  pudiera disponer de sus testigos, la fiscalía acusadora no contara con  la  misma consideración; de manera que, en este sentido, la actuación del juez  no puede reprocharse.   

Ahora  bien,  aún  cuando  la Corporación  admitiera  el  razonamiento  del  casacionista  sobre  la  no concurrencia de la  necesaria  gravedad  para disponer la suspensión o aplazamiento de la audiencia  del  juicio  oral,  en  todo  caso  el argumento mantendría su ostensible   intrascendencia   para  la  demostración  del  vicio  pregonado,  pues  el recurrente no enseña a la Corte  cómo  la  violación  del  principio  de concentración produjo al procesado un  perjuicio relevante y cierto (no apenas hipotético).   

El libelista estima cumplido el requisito de  la  trascendencia  de  la  irregularidad  pregonada,  a  través de un argumento  carente  de  contenido,  según  el  cual  “con  lo  anterior  se  denotaría la trascendencia misma de la nulidad impetrada, pues se  afectó  una  garantía procesal además de una forma propia del juicio, las dos  instituciones  derivadas  del  debido  proceso”, pues  así no hace más reprochar el defecto por el defecto mismo.   

Señala  además que la experiencia enseña  que  el  paso  del  tiempo  afecta la memoria del juez sobre lo acontecido en el  juicio,  lo  cual  lo  lleva a sostener que el hecho de no tomarse aquel las dos  horas  legalmente  previstas  para anunciar el sentido del fallo se debió a que  la  decisión  de  condena  ya  estaba  tomada  desde un inicio, o bien a que el  funcionario   judicial  consultó  los  registros  de  la  actuación.   No  obstante,  el  impugnante  omite demostrar su aserto, el cual no pasa de ser una  hipótesis  incierta,  menos  aún  acredita su incidencia en el resultado de la  actuación.    

En todo caso, si bien es cierto –tal  como lo aduce el censor- lo ideal  es  que  la práctica de la prueba se concentre en una única sesión, o bien en  pocas  de  ellas  distanciadas en el tiempo lo menos posible, también lo es que  la  dinámica del proceso acusatorio obliga al juez a estar especialmente atento  al  desarrollo  probatorio  que se surte ante él, de manera que insistir en que  el  funcionario  judicial  no  podía  adoptar un criterio sobre la decisión de  fondo  del  proceso  al  término  del  juicio  oral, no pasa de ser una postura  encaminada  a  dudar  –sin  mayor    fundamento-    de    la   capacidad   de   aquel   para   ejercer   sus  funciones.   

A     manera     de     conclusión, y dicho en otras palabras, el  demandante  no acredita la incidencia del yerro que pregona en el debido proceso  o  en  el  derecho  de  defensa,  menos  aún  que  la  corrección del mismo le  represente   al   procesado   una  mejora  sustancial  en  su  situación.    

6. Por último, a  través  del  tercer  reproche de nulidad,   el  recurrente  afirma  que  el  juez  de  la  causa    violó   los   principios   de  presunción  de  inocencia  e imparcialidad a raíz de las decisiones adoptadas,  como  consecuencia  de  advertir  la posible manipulación del dicho de la menor  víctima,  tras  conocer  que  su madre la llevó a visitar a su padre -el aquí  procesado  por  comportamiento  punible de abuso sexual en su contra- a su lugar  de     reclusión,     situación    que    calificó    como    “irregular  y  anómala”,  con capacidad  para  comprometer  el  testimonio  de  la  niña  (minuto  3  con 00’’    del    Disco    No.   2   del  juicio).   

Para   la   Sala,  es  evidente  que  las  determinaciones  adoptadas  por  el funcionario judicial, lejos de constituir la  violación  de  las garantías mencionadas por el impugnante, no son más que la  expresión  de  las  facultades  de  corrección  que  a  aquél le asisten para  garantizar  la  buena  marcha  del proceso y así proteger la dignidad humana de  los  intervinientes  en él, pues dicha garantía, a las voces del artículo 1º  de       la       Constitución       Política3   

,  es  uno  de los pilares fundamentales de  Estado  Social de Derecho, y así aparece desarrollado en el artículo 1º de la  Ley  906 de 20044.    

Por   lo   tanto,  las  afirmaciones  del  libelista,  según  las cuales el juez, al cuestionar la visita de la niña a la  cárcel  a ver a su padre, investigado por abuso sexual en su contra, le negó a  aquél  el derecho a tener una familia, o bien que al impedir la presencia de la  madre  en  el  testimonio  de su hija desconoció su condición de representante  legal,  o  que  violó  el  principio de presunción de inocencia al prevenir la  manipulación  del  dicho  de  la  abusada,  son  razonamientos desenfocados que  olvidan  el  deber  constitucional  y  legal  que  pesa  sobre el comportamiento  funcional del servidor judicial.   

Finalmente,   la  Corte  observa  que  el  libelista,  una vez más, desconoce la realidad procesal cuando critica que a la  niña  no  se puso de presente la posibilidad de abstenerse de rendir testimonio  en  contra  de  su  padre,  el  procesado  MILLER LEÓN  GÓMEZ  MEDINA.  Valga precisar, antes de entrar a  advertir   la  manifiesta  intrascendencia  del reparo, que éste no debió orientarse por vía de la nulidad,  sino,  como  la  jurisprudencia  de  la  Corporación lo tiene dicho5, a través de  la  violación  indirecta  de  una  norma  sustancial,  en la modalidad de falso  juicio  de  legalidad,  pues  la  censura  radica en la indebida práctica de la  prueba.   

Lo  anterior, no impide a la Sala señalar,  en  todo  caso, que los registros dan cuenta que, con ocasión del testimonio de  la  menor,  el  juez  le  pidió  a  la  sicóloga acompañante: “que  le explique [a la niña interrogada] que este juzgado no puede  obligarla  a  declarar,  dado  que  es  la  hija del acusado, que si ella quiere  declarar”.   A  su vez la sicóloga, a quien le  correspondía  transmitir  las  preguntas de los intervinientes en la audiencia,  le  anunció  a  la  menor:  “bueno, resulta que la  persona  que  está afuera es tu papá; eso hace que ninguna persona del juzgado  te  pueda  obligar a que tu nos cuentes cosas.  Vamos a estar acá, y yo te  voy  a  hacer  preguntas, si tú quieres me las puedes contestar, yo no te puedo  obligar  a  que  tú  me las contestes, listo?”, a lo  cual   la  infante  respondió:  “Bueno”   (minuto  06  con  00  hasta  minuto 06 con 45’’   del  disco  No.  2  del  juicio  oral).   Más  adelante, al ser preguntada en torno a los hechos, la menor,  a  quien el Tribunal se refiere como Estafanía, se negó a responder (minuto 08  con 04’’).   

Significa   lo  anterior  que  el  reparo  formulado  a la manera en que se desarrolló el testimonio de la ofendida carece  por    completo   de   fundamento,   ya   sea   que   se   aborde   –indebidamente-  como motivo de nulidad  o  como  falso juicio de legalidad, en los términos en que la jurisprudencia de  la  Corte  lo  ha  decantado,  pues la advertencia legal sí se realizó y, más  aún,  la  interrogada  hizo  uso  de  ella cuando lo estimó conveniente.    

En   conclusión,   por   manifiestamente  intrascendentes     y  contrarios   a   la   realidad   procesal  los  razonamientos  con que el demandante sustenta las censuras de  nulidad,        la        Corte        habrá        de        inadmitir el cargo único formulado por el  defensor  de  MILLER  LEÓN  GÓMEZ MEDINA al amparo de la causal segunda de casación.   

7. A través de un  cargo   orientado   por   la   causal   tercera   de  casación  de  que  trata el artículo 181-3 de la Ley  906  de  2004,  el  recurrente  sostiene  que, en contra de expresa prohibición  legal,  el  sentenciador  fundó  la  decisión  condenatoria  exclusivamente en  prueba  de  referencia, en particular en la entrevista practicada a la menor por  la  sicóloga  Jazmín  Calvete  Rangel,  el testimonio de Claudia Soraya Durán  Calderón,   el   de   la   dra.   Carmen  Villamizar  y  del  sicólogo  Lenín  Gómez.   

El  reparo  así  formulado  constituye  un  falso juicio de convicción,  el  cual,  como lo tiene dicho la jurisprudencia de la Corte, tiene lugar cuando  el  sentenciador  aprecia  la  prueba  con  desconocimiento  de la tarifa que el  legislador la fijado.    

El   anterior  presupuesto,  de  cara  al  razonamiento  que  desarrolla  el  cargo,  deja  ver  sin dificultad su falta de  trascendencia  para  afectar  el  sentido del fallo, pues olvida que las pruebas  reseñadas  –el testimonio  de  la tía de la menor abusada y los informes y atestaciones de los peritos- no  son  prueba  de  referencia.   Además,  según lo expresó el Tribunal, la  decisión  se  soportó,  además de la prueba pericial, en prueba directa, cual  fue  la  versión  de  la ofendida, “pues la actitud  evasiva  asumida  durante el testimonio rendido en el juicio oral y público, de  ninguna  manera  comporta  la  consecuencia  alegada  por la defensa”,  es  decir,  la  negación  del  abuso  referido  en entrevista  anterior.    

En  particular, recuérdese, como lo anotó  el  ad-quem, la manera en que  la  ofendida  “en clara actitud evasiva, cubrió sus  oídos  cuando,  a petición de la fiscalía, pretendió efectuar [lectura de la  entrevista  inicial  rendida  por aquella] la sicóloga acompañante, razón por  la  cual  el  juzgador,  en  connivencia  con  el  defensor  de  familia ordenó  suspender  la  imposición  por esa vía del contenido del documento a la niña,  para   evitar   una  innecesaria  revictimización”,  circunstancia  que  naturalmente  deja entrever el deseo de la perjudicada de no  recordar un hecho realmente vivido.     

Como  ya  lo  precisó  la Sala en acápite  anterior,  las  pruebas reseñadas por el recurrente no son de referencia, pues,  en  primer  lugar,  la  declaración  de  Claudia Soraya Durán, aunque, como lo  admitió  el  sentenciador,  contenía  una  referencia  a  lo que, a su vez, le  manifestó   la   menor,   en   todo   caso,   la  deponente  también  refirió  “otros  datos importantes, surgidos estos en cambio  de     sus     propias    percepciones”  (subraya  fuera  del  original),  entre  ellos  “los  sensibles  cambios  de  comportamiento  de  Estafanía,  quien  exteriorizó  tristeza e inapetencia, alteraciones que le fue posible constatar,  pues  estaba  encargada de su cuidado durante 2 o 3 días de la semana.  De  igual  modo  –continúa el  Tribunal-,  a  los  sentimientos ambivalentes de aquella hacia su progenitor, de  miedo,  pero  a  la  vez  de  cariño; incluso, aún más significativamente, al  dolor  vaginal  experimentado  por la menor, acompañado de un flujo a tal punto  anormal    que    la   determinó   a   procurarle   inmediatamente   asistencia  médica.”  (pág.  17,  sentencia de segundo grado).   

En  segundo término, tampoco son prueba de  referencia  las  atestaciones  de  los profesionales en sicología y siquiatría  que  valoraron a la ofendida, pues su dicho en el juicio oral, complementado con  los  informes  elaborados  con anterioridad, constituyen una prueba técnica que  involucra      conocimientos      científicos     en     su     práctica     y  conclusiones.   

Sobre el caso de la prueba pericial, aunque  es  cierto  que el dictamen siquiátrico o la entrevista sicológica suponen que  el  experto  obtiene del examinado una serie de manifestaciones que aquél ha de  escuchar  y registrar en su informe, ello no permite por sí mismo calificar sus  palabras  o  sus  conclusiones  como prueba de referencia, pues su esencia no es  otra  que  el  análisis  de las manifestaciones y comportamientos del examinado  bajo  los  preceptos  de la ciencia que estudia el comportamiento humano, mas no  es   su   objeto   ni   su   método  científico  el  de  deslindar  o  asignar  responsabilidades   según   las   manifestaciones   de   quien   es  objeto  de  estudio.    

Es  así que el peritaje está encaminado a  ofrecer  un  elemento  de  juicio  de  naturaleza científica que, en todo caso,  está  sometido  al  tamiz  de  la  sana  crítica  por  parte  del  funcionario  judicial.   

Lógicamente, por las características de su  intervención,  al  perito  no  le  corresponde  deponer  sobre los hechos, pues  evidentemente  no  le  constan, pero su conocimiento sobre un tema particular le  permite  al funcionario judicial comprenderlos y allegar elementos de juicio del  orden  científico  para  adoptar una decisión.   En consecuencia, no  es  acertado  afirmar  que  el experto en sicología o siquiatría deponga en el  juicio  oral  sobre  los  hechos  del  caso  particular o la responsabilidad del  enjuiciado,  con  fundamento  en  lo  que el individuo explorado le ha referido,  pues  tal  ejercicio le corresponde elaborarlo al juez, conforme los parámetros  de la sana crítica.       

Fenómeno  similar  al anterior tiene lugar  con  el  reconocimiento  médico  legal  de lesiones personales, pues uno de sus  elementos  es  la anamnesis del examinado, la cual no es otra cosa que el relato  que  de  los  hechos  hace  este  último al legista.  No obstante, como es  sabido,  ello no permite tener el peritaje de lesiones personales como prueba de  referencia,  pues  su  fundamento  se  encuentra  en el análisis científico de  aquello que el legista percibe.   

Ahora  bien,  una  interpretación  en  el  sentido  de  que  los  expertos  en  sicología  y siquiatría que examinan a la  víctima  resultan  ser  testigos de referencia, denota una confusión entre los  conceptos  de  testigo  perito  y  testigo  técnico,  aspecto  sobre el cual la  Corporación ha dicho lo siguiente:   

“Así mismo, no  se  puede  confundir la diferencia entre testigo perito y testigo técnico, toda  vez  que  este  último  es  aquel  sujeto que posee conocimientos especiales en  torno  a  una  ciencia  o arte, que lo hace particular al momento de relatar los  hechos  que  interesan  al proceso, de acuerdo con la teoría del caso, mientras  que  el  primero  se pronuncia no sobre los hechos, sino sobre un aspecto o tema  especializado     que    interesa    en    la   evaluación   del   proceso  fáctico.   

Dicho de otras manera, el testigo técnico  es  la  persona  experta  en  una  determinada  ciencia  o arte que lo hace  especial  y  que,  al  relatar  los  hechos por haberlos presenciado, se vale de  dichos    conocimientos   especiales.”6    

Así, en tratándose del denominado testigo  técnico   –según   la  anterior  distinción-, podrá decirse que puede eventualmente ser un testigo de  referencia,  en la medida en que con su dicho se pretendan introducir hechos que  no  le  constan  pero  ha  escuchado  de terceros.  No obstante, insiste la  Corte,  esa condición no puede predicarse del testigo perito, pues este último  interviene  en  el debate oral introduciendo y soportando las conclusiones de su  estudio científico que ha sido elaborado con anterioridad.    

Lo  anterior significa que el argumento del  casacionista,  según  el  cual,  el  juicio  de  condena  se  basa en prueba de  referencia,  no posee fundamento alguno, pues el testimonio rendido en el juicio  oral,  por los expertos, profesionales en sicología, constituye prueba técnica  -pericial-,  a  la  que hace relación el artículo 405 de la Ley 906 de 2004, y  fue  así como, de manera acertada, el sentenciador apreció su contenido.    

Es      evidente      –insiste  la  Corporación-,  que  los  profesionales  no  presenciaron los hechos sino que realizaron una valoración a  la  menor  y,  en  tal virtud, justificaron las conclusiones de su estudio en el  juicio  oral,  es  decir,  que  aportaron  su  conocimiento  científico para el  esclarecimiento  de  los hechos, cumpliendo con lo ordenado por el artículo 402  del mismo estatuto.   

Más   aún,   sobre  la  naturaleza  del  testimonio del perito sicólogo, la Corporación ha dicho:   

“De allí que  el  conocimiento  que  por  vía  directa e indicial permite superar duda alguna  sobre  la existencia del delito y de la responsabilidad de (…), como lo ordena  el  artículo  381  y  372  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  sin que sea  procedente  reflexión  posible  en torno a la prueba de referencia.”   

Así,  al  resolver  la misma inquietud que  aquí propone el censor, la Sala expresó lo siguiente:   

“… todos los  profesionales  que  valoraron  a  (…)  rindieron  su  testimonio en calidad de  peritos.  Se  trata entonces de testimonios de peritos que debieron valorarse de  acuerdo   a  las  reglas  establecidas  en  el  artículo  420  del  Código  de  Procedimiento  Penal, en tanto que comparecieron a la audiencia del juicio oral,  donde  las  partes tuvieron oportunidad de ejercer el derecho de contradicción,  respecto de sus informes.   

En  consecuencia,  no  es  cierto, como se  afirma  en  la sentencia de segundo grado, que la foliatura no cuenta con prueba  testimonial  que  permita  comparar la posterior manifestación de (…) negando  los  hechos,  porque  para  ese efecto lo procedente era acudir al testimonio de  las  citadas  expertas, el cual no se puede calificar como prueba de referencia,  porque  el  punto  a dilucidar no era el acontecimiento delictivo como tal, sino  la  veracidad  de  los  relatos que sobre los hechos suministraron la menor y su  progenitora,  en  las diferentes etapas del proceso.7”   

En   consecuencia,   el   argumento   del  casacionista  surge deficiente porque parte de un fundamento equivocado, lo cual  lo  torna  intrascendente para  derribar los fundamentos de la sentencia impugnada.   

Ahora bien, el cargo que ocupa la atención  de  la  Sala,  avanza en su argumentación al sostener que el fallador incurrió  en   un   falso   juicio  de  convicción  porque,  en  contravía  de lo dispuesto en el artículo 381 de la  Ley  906  de 2004, apoyó la sentencia sobre prueba de referencia, concretamente  en  el  dicho de los peritos que examinaron a la víctima menor de edad, y en el  testimonio de su pariente.   

No  obstante,  si,  como  lo  ha  fijado la  Corporación  en precedencia, el testimonio de los peritos y las atestaciones de  la  tía  de la niña no son pruebas de referencia, entonces en sana lógica, el  argumento  que  sustenta  el  cargo  surge  viciado,  porque  parte de supuestos  inexistentes,   pues  no  cumple  con  demostrar  que  los  aludidos  medios  de  convicción   son   en  verdad  de  referencia,  razón  por  la  cual,  ninguna  irregularidad  existe  en  que  hubiesen  contribuido  a  construir el juicio de  condena.   

Por  otra  parte, las críticas del censor,  encaminadas  a  que  en  esta  sede se aprecie que el dictamen de los peritos no  apunta   con   certeza   al   abuso  sexual,  pues  apenas  mencionan  maniobras  compatibles con el abuso, no  son  más que apreciaciones probatorias de instancia que, por sí mismas, no son  suficientes  para  demostrar  una  ilegalidad  evidente  y  trascendente  en  la  apreciación del juzgador.    

En  este  sentido,  recuérdese  cómo  el  fallador  apreció  la  actitud  evasiva  observada  en  la  ofendida durante su  intervención  en  el  juicio  oral,  la  apreció  al  lado de las percepciones  directas  que  manifestó  Claudia  Soraya  Durán  Calderón,  así como de las  conclusiones  de  los  expertos  en  el  comportamiento humano, en particular de  menores  abusados sexualmente.  Así mismo, ponderó los hallazgos físicos  detectados      en      el      reconocimiento      sexológico     –desgarro  parcial  del  himen  en  el  meridiano  de  las 9 y foramen himeneal muy dilatado- (pág. 18, de la decisión  del   ad-quem)   y   así  concluyó  en la materialidad de la conducta punible y en la responsabilidad del  procesado    MILLER   LEÓN   GÓMEZ   MEDINA.    

Y al apreciar así el conjunto probatorio la  Corte  no  encuentra  un  exceso en la facultad de apreciación que le asiste al  funcionario  judicial,  quien puede otorgar mérito a aquella parte de la prueba  que  le  traiga  certeza  en  un  determinado sentido y negárselo a la otra que  apunte  en  sentido  contrario,  como  de  manera  reiterada  lo ha precisado la  jurisprudencia de la Sala, de la siguiente manera:    

“De acuerdo con  el  sistema  de  valoración  probatoria  consagrado  en  la  ley,  el deber del  juzgador  de apreciar en su totalidad el conjunto probatorio no puede oponerse a  la  facultad  que  tiene  de desestimar todo aquello que no le dé certeza de lo  que  en  el  proceso  se pretende probar.  Por ello es completamente viable  que  en ese ejercicio tome solo una porción del testimonio y deseche lo demás,  sin  que  se puedan elevar a la categoría de errores de apreciación probatoria  los  juicios  del  sentenciador  a través de los cuales establece el mérito de  los  elementos  que  sustentan el fallo, salvo que se pretenda demostrar que las  conclusiones  a  las  que  llegó  no  son  acordes  a  la sana crítica, único  postulado   al   que   está   sometido”8   

En consecuencia, el argumento que desarrolla  cargo  formulado  por  falso  juicio  de convicción,  al amparo de la causal 3ª de casación no alcanza  a  demostrar  a  la  Sala  cómo  los  motivos  sobre los cuales el ad-quem  edificó  la credibilidad que le  otorgó  al  dicho  de  Durán Calderón o las apreciaciones que lo condujeron a  conceder  credibilidad a las manifestaciones y a los estudios realizados por los  sicólogos  que examinaron a la víctima, resultan ser ostensiblemente ilegales,  motivo  por el cual la Corte lo inadmitirá.   

8.  Resta   señalar    que   la  Corporación  no   observa   que   con   ocasión  del  fallo impugnado o dentro de la actuación se  hubieren  violado  los  derechos  o  las  garantías  del procesado MILLER  LEÓN GÓMEZ MEDINA, como para que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo para decidir de  fondo,  según  lo  dispone  el  inciso  3°  del artículo 184 de la Ley 906 de  2004.   

Acotación final.  

9.  Habida cuenta  que  contra  la  decisión  de  inadmitir  la  demanda de casación presentada a  nombre  del procesado MILLER LEÓN GÓMEZ MEDINA   procede     el     mecanismo     de    insistencia   de   conformidad   con   lo  establecido  en  el  artículo  186 de la Ley 906 de 2004, es necesario precisar  que  como  dicha legislación no regula el trámite a seguir para que se aplique  el  referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación,9 como sigue:   

a)    La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio   Público   para   la   Casación    Penal    –siempre    que    el   recurso   no   hubiera  sido  interpuesto por  el   Procurador         Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el   Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado voto en cuanto a la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda  o   ante   uno   de   los   Magistrados   que   no   haya   intervenido   en  la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar  por  someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento último en que informará de ello al peticionario en un plazo  de quince (15) días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.         INADMITIR     la   demanda   de  casación  presentada por el defensor de MILLER    LEÓN    GÓMEZ    MEDINA.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es viable la interposición del mecanismo  de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

       COMISIÓN    DE  SERVICIO   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                        JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                        JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia   de   7   de   marzo  de  2006,  radicación  No.  24132.   

3  “ARTICULO 1o. Colombia es  un  Estado  social  de  derecho,  organizado  en  forma  de República unitaria,  descentralizada,  con  autonomía  de sus entidades territoriales, democrática,  participativa  y  pluralista, fundada en el respeto de  la  dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de  las   personas   que   la   integran   y   en   la   prevalencia   del  interés  general”  (subraya  la  Sala).   

4  “Artículo   1º.   Dignidad   Humana.  Los  intervinientes  en  el proceso penal serán tratados con el  respeto debido a la dignidad humana.”   

5  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia  de 7 de julio de 2006, radicación No. 21529   

6 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de 11 de abril de 2007,  radicación No. 26128   

7  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia de 29 de febrero de 2008, radicación No. 28257   

8  Sentencia   de   16   de  noviembre de 2001, Rad: 14361   

9  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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