29084(13-05-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29084  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta: 138    

Bogotá, D. C., trece (13) de mayo de dos mil  nueve (2009).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Resuelve  la  Sala el recurso de casación,  interpuesto  contra  el  fallo  expedido   por   el  Tribunal  Superior  de  Pereira,  mediante    el    cual  revocó   la  sentencia   absolutoria  adoptada  por  el  Juzgado     Doce    Penal    del    Circuito    de  Bogotá1    y,   en   su   lugar,   condenó a MARÍA  FLOREDY    MORENO    RIAÑO    a   la   pena  principal de  18   meses  de  prisión   y  a  la  accesoria   de   inhabilitación   en  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas, por el mismo lapso, en calidad de  autora  del concurso punible  de   falsedad   en   documento   privado   y   fraude  procesal.   

H    E    C    H   O   S   

Las sociedades Castro  Tcherassi  y  Equipo  Universal,  se  fusionaron  para  celebrar    con    el    Instituto   de   Desarrollo  Urbano “IDU”, un contrato  de  obra  pública con el objeto de mantener y reparar  la autopista sur de Bogotá.   

En  el  mes  de agosto de 1998, las firmas en  consorcio  aludidas,  con  el  ánimo  de ejecutar lo pactado, signaron un nuevo  contrato  con  la  compañía  Maquinaria  Cero  Horas  S.A.,  pero esta vez, de arrendamiento de un compresor  portátil  (Holman  Zitair  180),  dos martillos rompe pavimento (Compair Holman  RB-666,  series  6382  y 5775) y dos tramos de manguera de ¾ de 25 metros; como  prestación  económica  se  obligaron  a cancelar por el uso, metro cúbico por  hora de trabajo.     

El  día  24  del  mismo  mes  y  año, en el  parqueadero  privado denominado Valert ubicado en la calle 10 sur No. 31-D-10 de  la  ciudad,  fueron  hurtados  tales elementos, los cuales eran guardados por el  operador   del   compresor,   quien  a  su  turno,  trabajada  para  la  empresa  Maquinaria  Cero  Horas S.A.,  propietaria de las unidades.   

Como las sociedades en litigio no concertaron  alguna   solución,  –por  falta  de  prueba  documental-  alegaron  que  se  estaba  ante  un  contrato de  arrendamiento  por  alquiler  o frente a una negociación de adquisición de los  citados  componentes;  la  firma  Maquinaria Cero Horas  S.A., representada por MARÍA  FLOREDY  MORENO  RIAÑO, elaboró una factura cambiaria  de  compraventa el 14 de noviembre de 1998, número 1858, por valor de veinte ($  20’000.000)  millones  de  pesos;  título  valor que fue cobrado por vía ejecutiva en el Juzgado 29 Civil  del  Circuito  de  Bogotá, donde se libró mandamiento de pago el 7 de julio de  1999  y  se  embargaron  distintas cuentas corrientes del consorcio Equipo      Universal     y   Castro   Tcherassi;  quienes,  además,  decidieron poner en conocimiento de las autoridades tales sucesos.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 14 de mayo de  2003,  la  Fiscalía Setenta y Seis, Unidad de delitos  contra  el  Patrimonio  Económico, dictó resolución    de    acusación   contra  MARÍA    FLOREDY    MORENO   RIAÑO,   como    autora    del    concurso   de   delitos   de   falsedad en documento privado y fraude procesal.   

A la inculpada se le aplicó por favorabilidad  la  Ley  100 de 1980, por ser la norma vigente al momento de consumación de los  injustos: artículos:   

221:  “El  que falsifique documento privado que pueda servir de prueba,  incurrirá, si lo usa, en prisión de uno (1) a seis (6) años”;   

182: “El que por  cualquier  medio fraudulento induzca en error a un empleado oficial para obtener  sentencia,  resolución  o acto administrativo contrario a la ley, incurrirá en  prisión de uno (1) a cinco (5) años”.   

2.  El 21 de Octubre  de  2004, la Unidad Delegada ante el Tribunal Superior  de   Bogotá,  confirmó  la  imputación     elevada     contra     MORENO  RIAÑO,  con  base  en   el  recurso  ordinario  de  apelación  interpuesto por el defensor y la parte civil.    

3.  El 6 de marzo de  2006,   el   Juzgado  Doce  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,                  absolvió  a  la procesada MARÍA FLOREDY,  de  los  delitos  por  los que se le acusó. En algunos apartes, entre otros, el  funcionario argumentó su decisión, como sigue:   

“Concluye entonces este Despacho judicial,  que  no  se  configura la Falsedad en documento privado denunciada, y por tanto,  la  conducta  es  atípica,  con  la subsiguiente consecuencia que tampoco puede  hablarse  de  la  conducta  de  fraude  procesal, porque al no haberse negado el  Consorcio      Equipo      Universal      y      Cia.     Ltda.     –Castro  Tcherassi  y  Cia.  Ltda., ni  controvertido  en  su  momento  la  elaboración  del documento en cuestión, no  entiende    que   asumían   su   consecuencias”2.   

4. El 25 de octubre  de   2005,   el   Tribunal   de  Pereira,      con     funciones     de     descongestión,     revocó  la  sentencia  impugnada  por  el  apoderado  de  parte  civil,  condenando  a la procesada a las penas principal y  accesoria  atrás determinadas; con fundamento, entre otras motivaciones, cuando  afirmó el Juez Colegiado:   

“(…)   deviene   incontrastable   la  ocurrencia  de  ambos reatos por cuanto la falsificación integral de la factura  cambiaria   –documento  privado-  fue la que sirvió como medio fraudulento para obtener del funcionario  judicial…  sendas  decisiones  contrarias  a  la  ley,  en  la  medida  que no  constituía  un  título  valor  veraz  y legítimo a partir del cual se pudiera  exigir  el  cumplimiento   de una obligación pecuniaria. Sin lugar a dudas  se  estructuró  un  engaño  a  la judicatura que presumiendo la buena fe de la  parte  demandada,  independientemente de la actitud que la misma hubiera asumido  hasta  entonces  de  cara  al cumplimiento de su obligación indemnizatoria, esa  sí  real y válida, como arrendataria de la maquinaria hurtada, como quiera que  se  trata  de  dos situaciones fácticas y jurídicas completamente autónomas e  independientes    que    obedecían    a    causas   distintas,   como   ya   se  señaló”.   

5.  La defensa  técnica,  inconforme con el referido fallo, lo impugnó y, a su turno, mediante  la  presentación  del  respectivo  escrito,  sustentó el recurso de casación,  siendo admitido por la Corte, el 1 de febrero de 2008.   

R   E   S   U  M  E  N     D  E    L A   D E M A N D A   

Bajo  el  imperio  de  la Ley 600 de 2000, el  recurrente  atacó  la  decisión  de  segundo  nivel,  por la vía discrecional; la cual, por sustracción de  materia,   no   se   estudiará  ni  compendiará  al  favorecerle  –antes  que  aquélla-  el  Código  de  Procedimiento   Penal  de  la  época,  Decreto  2700  de  1991,  artículo  218  (modificado  por  la  Ley  81  de  1993), puesto que los actos antijurídicos se  consumaron  en  su vigencia y bajo el rasero de la Ley 100 de 1980, para decidir  el caso por la ruta de la casación ordinaria.   

Dos  cargos  presentó el libelista contra la  sentencia  de  segunda  instancia: uno por falso juicio  de  identidad (distorsión) y el otro por falso  juicio de existencia (omisión), por  cuanto  se  desconoció  el contenido de los preceptos 6, 7, 16, 232 y 238 de la  Ley  600 de 2000; “llegando entonces a la violación  indirecta  de  los  artículos 12 y 22 del Código Penal y 221 y 182 del Decreto  100  de  1980,  que regulan los aspectos relacionados con la culpabilidad, y los  delitos de falsedad en documento privado y fraude procesal”.   

I. Falso juicio de identidad:  

La   Sala  enumerará  las  argumentaciones  exhibidas  por  el  demandante a fin de proyectar con claridad sus pretensiones:   

(1)  El  Tribunal  consideró  que  la factura cambiaria era espuria, en dos sentidos: a)  la  compraventa alegada por la empresa  Maquinaria  Cero  Hora,  era  mendaz  al  no  existir los  aparatos   arrendados  y  b)  tampoco hubo acuerdo de voluntades sobre el particular.   

(2)   La  segunda  instancia       arribó       a      “semejante  conclusión” teniendo en cuenta que la mercancía al  momento  de elaborarse el título valor había sido objeto de hurto, por lo cual  “resultaba  imposible  configurar  el  contrato  de  compraventa”.   

(3)   Para   el  libelista,  el  Juez  Colegiado,  partió  “de  una  realidad   probatoria   establecida…   MAQUINARIA   CERO  HORAS  S.A.  dio  en  arrendamiento   al   CONSORCIO   EQUIPO   UNIVERSAL  Y  CIA.  LTDA  –CASTRO  TCHERASSI  Y  CIA LTDA. (Sic)  una   maquinaria   consistente  en:  un  compresor  portátil…  dos  martillos  rompepavimento  (sic)  y  dos tramos de manguera…”;  y,   para   demostrar  su  preexistencia,  citó  algunos  hechos  y  medios  de  convicción:  a) solicitud de  alquiler,  b)  fotocopias de  cancelación  de  días de trabajo donde se utilizó los elementos en cuestión,  c)  hurto  de  los  mismos y  d)  el  arrendamiento  de un  bien real y cierto como era la mentada maquinaria.   

(4) Afirmó además:  “no  obstante  la  existencia  de esa prueba que no  permitió  poner  en  duda  la  existencia  de  la  mercancía,  el  Tribunal…  incurriendo  en un falso juicio de identidad, considera que la factura cambiaria  de  compraventa es falsa porque la mercancía NO EXISTIA, lo cual conllevaría a  la  existencia de un contrato de compraventa sin objeto material”.     

(5)  El Juez Plural  aceptó  el  contrato  de  arrendamiento,  el cuerpo cierto de los elementos, el  recibo  de  los  mismos  por  el  consorcio,  su  utilización  en el objeto del  contrato,  “sin embargo digo, por haber sido materia  de  un  atentado contra el patrimonio, AL SER HURTADA,  ES  ENTONCES  INEXISTENTE,  Y  EN  CONSECUENCIA,  EL CONTRATO DE COMPRAVENTA QUE  DESPUES   (sic)   SE   CELEBRO   (sic)   RESULTABA   ESPUREO  PUES  ‘NO HAY OBJETO CONCRETO QUE ENTREGARLE  AL          COMPRADOR”.         (Mayúsculas en el texto).   

(6) En igual sentido,  el  actor  afirmó:  “mediante  un  falso juicio de  identidad  el  juzgador de instancia llega a una conclusión distorsionada sobre  el  sentido  de lo que la prueba demuestra: porque los  elementos  probatorios  arrimados  al  plenario,  lo  que  se  (sic)  señalan y  establecen  es  la  realidad  de  la  existencia  de  la mercancía –maquinaria-  y  el  hurto  de que fue  objeto.  Pero  de  allí,  no  puede  deducirse, como lo hace el juzgador que la  MAQUINARIA  OBJETO  DE LA COMPRAVENTA, POR HABER SIDO  HURTADA,     NO     EXISTIA     (sic).    

(7) Para demostrar su  aserto,  se refirió a los siguientes artículos del Código Civil: a)               1866 (venta de cosas cuya enajenación sea  legal);   b)  1867   (prohibición   de   negociación  respecto  de  bienes  presentes o futuros (universalidades), siendo válidos los  convenios  en  donde  se  detallen   las  especies,  géneros  y cantidades  determinadas   en   una  escritura  pública,  siempre  y  cuando  sean  objetos  lícitos),  y  c)   1870  (la  negociación  de  objetos  inexistentes  no  producen efecto alguno).   Por  tanto,  “El  error  en  el  cual  incurrió el  Tribunal…  fue el de considerar que por cuanto existía prueba del hurto de la  maquinaria  dada  inicialmente  en  arrendamiento, LA  COSA  HABIA  DEJADO DE EXISTIR, lo cual constituye una  tergiversación       y      distorsión      manifiesta      del      contenido  probatorio”.   

(8)  Dedicó  los  párrafos  finales  de su embestida contra el fallo condenatorio expedido por el  Juez  Colegiado,  en  repetir  las motivaciones sobre la existencia –cierta   para  el  libelista-  de  la  maquinaria en cuestión; y, en otro apartado, alegó:   

“Sostener entonces que por el hecho de que  la   maquinaria   entregada   por   CERO   HORAS  al  CONSORCIO…   fue   hurtada,   ésta   DEJO  DE  EXISTIR, es tanto como afirmar  que  por  tal  hecho,  SE  PRODUJO  UN  FENÓMENO  DE  REVERSIÓN,  EN VIRTUD DEL CUAL, Y DENTRO DE UN COMPLEJO PROCESO DE DESTRUCCIÓN  MOLECULAR,  LA  MAQUINARIA  SE CONVIRTIO EN UN CUERPO AFORME, O SE TRANSFORMO EN  VIENTO,  O  SIMPLEMENTE  O  PASO  A  SER  PARTE  DE  OTRA GALAXIA”;  por  tal  motivo,  se tergiversó “el  alcance  de la  prueba que señalaba la comisión del hurto”.   

II. Falso juicio de existencia:  

1)  El  Tribunal  omitió  valorar  “la  prueba  existente dentro del  proceso  sobre  EL  ACUERDO DE VOLUNTADES   que   existió  entre  JAIME  RICARDO  GUTIERREZ   GUTIERREZ  (sic)  en  representación  de  HORA   CERO   S.A.  y  el  Ingeniero  ALFONSO  VARGAS,  director     de     la     obra    “Autopista    Sur”    del    CONSORCIO…  limitándose simplemente a  desconocer  tal evidencia fáctica, dentro de un claro error por falso juicio de  existencia”.   

2) Con tal actuar se  ignoró  un  requisito contractual y un elemento demostrativo de la inocencia de  su poderdante. Ello lo verifica de la siguiente manera:   

2.1.)  El  actor se  refirió  a  un  cúmulo  de  prueba testimonial “al  cual  llegaron  los representantes de las empresas sobre la manera de solucionar  el   problema   presentado   con   el   hurto  de  la  maquinaria,  y  cuyo  contenido  no  fue  apreciado  por el fallador”.   

2.2.)  Transcribió  apartes  de  la  declaración  de   Jaime Ricardo  Gutiérrez  (socio  de  la firma Cero Horas), en donde  expresó  que  Alfonso Vargas  (del  Consorcio)  aceptó  facturar  el  equipo  por  venta  de  activos  fijos.  “De suerte que desde el primer momento el Ingeniero  JAIME  GUTIERREZ  (sic)…  dijo  bajo  juramento  de  sus  conversaciones  con  los directores de la obra y  EL  ACUERDO  AL  QUE  LLEGARON  SOBRE EL PRECIO DE LA  MAQUINARIA Y LA ELABORACIÓN DE LA FACTURA CAMBIARIA DE VENTA”.   

2.3.)  Nubia  Yaneth  Prieto Parra, funcionaria de  Cero   Horas,   dijo:   se  presentó  un acuerdo verbal entre las empresas para facturar la maquinaria, por  cuanto        la        responsabilidad        era        del       Consorcio;   en   los   demás  aspectos,  corroboró     lo     atestiguado     por     Jaime  Gutiérrez.   

2.4.)   Las  dos  declaraciones  aludidas  junto  con  la  injurada  de la procesada, “muestran  sin  lugar  a  dudas…  la  existencia  de un acuerdo  verbal  de  voluntades…  entre  los dos representantes para el caso… a raíz  del   hurto…  lo  cual  significa  desde  el  punto  de  vista  del  análisis  probatorio,  que la elaboración de la factura Cambiaria de Compraventa de fecha  14  de  noviembre  de  1998,  no  puede  ser  considerada  espúrea,  porque fue  precedida del acuerdo de voluntades que le dio vida jurídica”.   

El    Juez    Colegiado,    “ni  siquiera se refirió a ella; no le importó, no la analizó,  la  ignoró  groseramente…  afirmando  que  nunca  recibió la declaración de  ALFONSO  VARGAS,  quien se  señala        como        el        representante        del       CONSORCIO  en estas conversaciones, pero  sin  tener  en cuenta que dicho señor eludió en toda ocasión las citas que la  justicia  le  hizo  para  que compareciera a dar su declaración”. (Subrayado fuera de texto.   

2.5.)  El  Tribunal  tampoco  sopesó  las  pruebas documentales  demostrativas  del  acuerdo  de  voluntades  realizado  entre  los  representantes   de   las   firmas   para  la  expedición  del  título  valor.   

Ellas fueron:  

(i) Comunicación de  Cero  Horas  al Consorcio  en  donde le estipula, el valor  del  alquiler  del  equipo  y  la  responsabilidad  en  cabeza del adquirente si  llegaré  a  perderlo,  quien,  en tal caso, “debía  asumir los costos de dicha situación”.   

(ii)   Trajo   a  colación  el defensor, una nueva comunicación (carta de reclamación) remitida  por  Cero  Horas,  en  donde  indicó  que  las firmas asociadas deberían reconocer por el compresor un valor  de  $ 18’000.000 de pesos y  por   los   restantes  elementos  $  2’000.000      para      un     total     del     $     20’000.000  millones  de  pesos. Al final  del  “oficio” expresó:  “Esperamos  poder  lograr un acuerdo lo más pronto  posible  y  así  poder  continuar  en  un  fututo  nuestras  mejores relaciones  comerciales”.   

(iii) Otro documento  omitido,  según  el  libelista,  tiene  que  ver  con  el  envío realizado del  anterior  “oficio”  por  Gonzalo  Rojas a Alfonso  Vargas  de  la Firma Cero   Horas,  sobre  las  conversaciones  realizadas    con    Jaime    Gutiérrez.  Por  esto  infirió  que el primero, estaba enterado de todos los  diálogos adelantados.   

      

(iv)   Una  nueva  misiva,  es la relacionada por el defensor, remitida por la sociedad propietaria  de  los  equipos  al  Consorcio,  en  donde  le  informa  que si antes del 18 de  diciembre  de  1998  no se hubiere cancelado el valor de los elementos hurtados,  la   abogada  de  esa  empresa,  iniciaría  el  respectivo  proceso  jurídico.   

(v)  También  se  ignoró  la factura cambiaria de compraventa número 1958 del 14 de noviembre de  1998,  “mediante  la  cual,  y  una vez acordada la  forma  como se procedería al pago de la maquinaria a través de la figura de la  compra  venta  y acordado el  precio, se confeccionó el documento de cobro  por  la  suma  de  $20,000,000.oo  factura  que  fue  remitida  al  CONSORCIO…   Y   RECIBIDA   EN   DICHAS   OFICINAS   EL   17   DE  NOVIEMBRE”.   

Los documentos enunciados, al decir del actor,  el  Tribunal  los omitió -“se ignoró absolutamente  su  existencia”-;  además, el título valor aludido  no  fue  objetado  porque  “simplemente recogía el  acuerdo  de  voluntades”: bajo esos presupuestos, no  se      podía      “deducir”     ninguna “responsabilidad” a su prohijada.       

3)   Relacionó  también   el  impugnante,  otros  documentos,  sobre  los  cuales  –afirmó-  tampoco fueron valorados por  el  Juez  Colegiado, a pesar de haber sido “avalados  por  los  funcionarios  judiciales”; entre los cuales  se  refirió  “al arrendamiento de un compresor con  dos  martillos”  y  desarrolló  lo  expuesto en los  puntos  2, 3,  4, 5 y 6, de su demanda e informó la semejanza de este caso  con  seis  (6)  más,  en  donde Cero Horas  alquiló equipos  a  sociedades  que  luego  fueron  hurtados:  Conconcreto  S.A.,   Almacenes  Éxito,  Pedro  Gómez,  Cusezar,  Arquitectos  e  ingenieros  asociados   y  Asinter  Ingenieros  Ltda.;  con  el  fin  de demostrar la creación por parte de Cero   Horas  de  facturas  cambiarias  de  compraventa,  sin que ello hubiera generado consumación de delitos contra la fe  pública  y el patrimonio económico, como en la presente actuación. Insistió,  por ejemplo:   

“La  maquinaria  fue  hurtada  y  las dos  empresas:    MAQUINARIA    CERO   HORAS     y     CONSORCIO    CONCRETO    Y  CUSEZAR  llegaron  a  un  acuerdo mediante el cual se  elaboró  la  FACTURA  CAMBIARIA  DE COMPRA VENTA No.  3001  DEL  25  DE FEBRERO DE 2002, y de esta manera se  resolvió  la  situación planteada como consecuencia del hurto de la maquinaria  arrendada”.   

Siendo  ello  así,  la  instancia  superior,  debió  concluir  que: (i) por  mutuo   consentimiento   se   elaboró  el  título  valor  por  la  suma  de  $  20’000.000  millones  de  pesos,  (ii) esa pretensión  la  aprobó  el  Consorcio  al  no  haber objetado la reclamación, (iii)  la prueba documental atrás referida  demuestra  el  acuerdo  de  voluntades,  en  especial,  por  el  intercambio  de  propuestas      realizado      entre      las      partes     y     (iv)     la     firma     Cero  Horas que representaba su prohijada,  en   casos   idénticos,   siempre   acudió   al   mecanismo   de   la  factura  cambiaria.      

Todo    lo    expresado    “condujo   a   la  VIOLACIÓN  DE  LAS  GARANTIAS   DE   LOS  DERECHOS  FUNDAMENTALES  DE  MARIA  FLOREDY…  puesto  que  si el ad-quem hubiese entendido el análisis serio y  reposado  de  la  prueba…  tendría  necesariamente  que  haber  llegado  a la  conclusión  de que la FACTURA CAMBIARIA NO ES FALSA Y  QUE,  EN  CONSECUENCIA,  MARIA  FLOREDY…  NO  COMETIO  DELITO ALGUNO, Y HABRIA  TENIDO  QUE  MANTENER  LA  DECISIÓN  DE  PRIMERA  INSTANCIA, DICTANDO SENTENCIA  ABSOLUTORIA A SU FAVOR”.   

En    cuanto    a    la    trascendencia   adujo:   el  Juez  Plural  omitió  el  estudio  de las pruebas por él referidas, en donde se demuestra el  acuerdo  de  voluntades  entre  los  representantes  legales  de  las  firmas en  discusión;  además  no se entendió que los equipos fueron objeto de un delito  contra    el   patrimonio   económico,   “y,   no  [de]  una  desintegración  molecular”,  motivo por el cual habría concluido la  existencia  real  de  la maquinaria; asimismo, en su criterio, el actual proceso  es  una  cuestión  contractual  propia  de  la legislación civil más no de la  penal.     

Por  último,  peticionó  casar la sentencia  cuestionada   y   en   su  lugar  absolver de los cargos a su mandante.   

M   I   N   I   S   T   E   R   I   O      P   Ú   B  L  I  C  O   

El Procurador Cuarto  Delegado  para la Casación Penal, después de realizar  un   resumen:   (i)  de  los  hechos,  (ii) de la actuación  procesal  relevante y (iii) de  la  demanda,  solicitó  se “desestime el cargo… y  NO   CASE  la  sentencia  objeto  de  impugnación”.   

Estas fueron sus motivaciones:  

1.   En  algunos  párrafos     que     destinó     con     el     título     de    “aclaración    previa”,   sostuvo:  “como  se  presenta el fenómeno de la sucesión de  leyes…  acertó  la  Corte  Suprema de Justicia al declarar la procedencia del  recurso    acorde    con    las   reglas   que   imperan   para   la   casación  común”.   

2.  Sobre  el  falso  juicio de identidad, por tergiversación, afirmó:   

2.1.  Comentó  la  metodología  establecida  por  la  Sala,  cuando  los profesionales del derecho  invocan  un  ataque  por  error  de  hecho.  A renglón seguido, informó que la  distorsión  probatoria  reprochada  por el actor al fallo de segunda instancia,  en      nada      se     compadece     con     la     realidad,     “percibiéndose  más  bien  como una simple disparidad de juicio  valorativo  entre  el  demandante  y  el  Tribunal”.   

2.2.   El  error  predominante    del    demandante    –advirtió-  fue “tomar en consideración  sólo  un pequeño aparte de la sentencia” y a partir  de  él,  descalificar la decisión, parcelando su sentido cognoscitivo, pues el  Tribunal   –entre   sus  múltiples  argumentaciones-  sostuvo  que  era imposible admitir el contrato de  compraventa  al  involucrar  bienes  inexistentes (hurtados) en el momento de su  creación.     

2.3. Otro yerro del  libelista,   tiene   su   origen   en  haber  utilizado  silogismos  abreviados,  “por  lo  que  no  es  extraño  que  sea utilizado  habitualmente  como  recurso  retórico” al concebir  sus  premisas  como  incuestionables.  Es  por  ello  que  el Juez Colegiado, no  aceptó  la  mutación  contractual  generada  por la representante jurídica de  Cero  Horas, al convertir un  convenio  de  arrendamiento de unos equipos, en otro de compraventa “no  sólo  debido  a  su  naturaleza  y efectos disímiles, sino  también  por  responder cada una de estas modalidades de contratación a reglas  diversas”.     

2.4.   Un  nuevo  desquicio  evidencia  el Delegado, por cuanto se disgregaron supuestos fácticos  para  acrecentar  tesis  defensivas,  puesto “que la  estimación  de  las  pruebas debe hacerse en conjunto de acuerdo con las reglas  de   la   sana   crítica,  tal  y  como  lo  hiciera  el  fallador  de  segundo  grado”.   

Siendo  ello  así, los argumentos judiciales  conmemorados  por  el  Ministerio  Público,  se  pueden plasmar de la siguiente  manera:   

(i) En los negocios  mencionados  tanto  las partes  (Cero   Horas   y   el   Consorcio)   como  el  objeto  material  (un compresor portátil, dos martillos rompe  pavimento   y   dos   tramos   de   manguera)   fueron   iguales,   “pese  a  tratarse  de  relaciones  jurídicas  sustanciales  que  tienen   sus   propias   causas,   lo   que   impedía  confundirlos”.   

(ii)   Si   el  arrendatario  de  la  maquinaria  hurtada debía responder por ella, es evidente  que  el  contrato  de  compraventa  no  se  ajustaba  a  esos nuevos sucesos, al  ignorarse el paradero de los equipos.   

(iii)  La  empresa  representada  por  la  procesada  “de todas maneras  contaba   con   la   acción   civil   pertinente  para  reclamar  los  derechos  patrimoniales”.   

(iv)  No  existió  “consentimiento  expresó  por  parte  del supuesto  comprador  para  la  elaboración  de  la factura de compraventa” motivo  por  el  cual declaró inaceptable  “la   creación   unilateral   de   la   factura   cambiaria”,  por   cuanto   no   tenía  “vocación  probatoria  y  menos  aptitud  jurídica  para  prestar mérito ejecutivo contra  quien  jamás  demostró  intención  de  celebrar  contrato  de compraventa”.   

(v)  Los  equipos  materia  de  controversia,  no  fueron  entregados  físicamente al Consorcio  con  base  en  un  contrato  de  compraventa  sino  de arrendamiento, cuestión que ninguna de las partes puso en  duda.   

(vi)  Por tanto, el  funcionario  de  segunda  instancia  “fue  fiel  al  contenido  de  la  prueba  obrante  en  el  proceso”,  contrario  al  A-quo y, desde luego, al criterio del abogado, quienes dejaron de  analizar  en  forma  integral  los  diferentes  medios,  con los cuales hubiesen  concluido  “que  la  firma  arrendadora en lugar de  acudir  a los mecanismos legales a su disposición para obtener el pago… de la  maquinaria  hurtada,  decidiera crear unilateralmente una factura cambiaria para  simular   la   celebración  de  un  contrato  de  compra  venta”.    

(vii)  Cuando  el  Tribunal  adujo  que  la factura fue creada después del hurto de la maquinaria,  “no   podía   ser   tomada  de  forma  insular”  esa    afirmación,    para    acoplar   el   ataque  extraordinario;   pues   el   fallador,   conectó   otras   pruebas  analizadas  “al  tamiz  de la sana crítica… y en ese sentido  los   argumentos”   expuestos   por   el   defensor  “quedan   reducidos   a   la  incompatibilidad  de  criterios  entre  aquel  y  el  juez  plural”.    

En  conclusión:  el  recurrente  presenta su  particular  y subjetivo “enfoque de los elementos de  persuasión”, en un discurso de instancia, añorando  que  la  Corte  atienda  su  “análisis como el más  afortunado  o  acertado”, en contra de lo expuesto en  el  fallo  controvertido y olvidando la doble presunción de acierto y legalidad  “que  solo  puede  ser  quebrantada por la efectiva  demostración  de  yerros”;  por tanto, “es  equivocado  pretender  que la simple disparidad de criterios  entre   el   raciocinio  del  ad-quem   y  el  demandante  de  lugar  a  la  configuración    de    un    falso   juicio   de   identidad”,   siendo  deber  sujetarse  a  la  técnica  establecida…  lo que en este caso no consigue acreditar el recurrente, razones  estas   por   las   que  el  reproche  no  debe  prosperar”.      

3.  Sobre  el  falso  juicio  de  existencia,  por  omisión,  aseveró:   

3.1.  Indicó  el  Delegado  que  el  ataque  se  relaciona  con  las declaraciones de Jaime   Ricardo   Gutiérrez   Gutiérrez   y  Nubia  Yaneth  Prieto  Parra    y    de   la   injurada   de   María   Floredy,  quienes  demuestran  el  acuerdo  de  voluntades  de  los  representantes de las firmas en conflicto; sin  embargo,   -agregó-   “ha  de  manifestar  que  no  corresponde a la realidad el planteamiento del recurrente”   

3.2.  La esencia de  los  fallos  no es señalar taxativamente todos los medios, pues lo “importante  es que las pruebas sean valoradas en conjunto, y que  la  síntesis de ese procedimiento se plasme en las consideraciones mediante las  citas  esenciales  y  determinantes  en que se sustentan las conclusiones de ese  trabajo   dialéctico,   el   cual   ciertamente  se  observa  en  la  sentencia  cuestionada”.   

3.3. El error alegado  lo   realizó  el  actor  al  desconocer  sus  propias  transcripciones  de  las  atestaciones  aludidas,  porque  no  se  ajustaban  a  su criterio: “el  mismo  libelista  conspira contra su propuesta de un posible  error  de  hecho por falso juicio de existencia, porque reconoce que respecto de  tales  medios  de prueba el juzgador adelantó un juicio, sólo que no le dio el  mérito o el valor que él esperaba”.   

3.4.  Después  de  reseñar   algunos   párrafos  de  la  sentencia  condenatoria,  el  Procurador  manifestó   que   las   pruebas   sí  fueron  valoradas,  siendo  “claro  que se trató de un tema que razonadamente interesó a la  judicatura…  por  consiguiente  la  alegada  falsa  apreciación de este dicho  carece de pertinencia”.   

3.5. Es “inusual”,   como   lo   plasmó  el  defensor,  “considerar como plena prueba el dicho de  los   declarantes…   con   prescindencia  absoluta  de  los  demás  elementos  probatorios”,  contrario  a  lo  sostenido  por  el  Tribunal,  quien  en  un  ejercicio  de  persuasión  racional,  sí examinó la  totalidad  de  los  medios,  “lo  que  le permitió  restar  mérito  a  la  versión que pretendía sacar avante la teoría sobre la  existencia del acuerdo de voluntades”.   

3.6. En síntesis, el  Juez  Colegiado no fue arbitrario en el análisis probatorio, pues demostró que  los     implicados    falsearon    “la    verdad,  materializad[a]   en   la   factura   cambiaria   de   compra  venta,  utilizada  posteriormente  para  iniciar  un proceso ejecutivo”;  temática  acoplada  a la antijuridicidad (formal y material) tanto de la época  en  la que se consumaron los ilícitos como a la vigente, prevista en la Ley 599  de  2000  (la  cual reclama una lesión efectiva de los bienes jurídicos), para  descartar    algunas    presunciones    en   las   conductas   de   “peligro       abstracto”.    

3.7.  Al repasar el  concepto  de  tipicidad  basado  en  lo  expuesto  en  un  tratadista patrio, se  concretó  el  Delegado, en los punibles contra la fe pública, afirmando que el  hecho  de  ser  la entidad arrendataria de los equipos garante de los mismos, no  le  daba  derecho  alguno  a la firma representada por la acusada, de exhibir la  factura  en el tráfico jurídico. Por tanto, “en el  fallo  de  segunda  instancia  se  acepta sin ambages que la acción falsaria es  típica…  aspecto  que  ciertamente  está  acreditado  en  el proceso con los  medios  de  prueba aportados, amén que el uso del documento para hacer incurrir  en  error  a  la  Administración  de  Justicia con la pretensión de obtener un  pronunciamiento contrario a la Ley está igualmente demostrado”.   

3.7. Y, respecto a la  responsabilidad  de la procesada, se tiene “que ella  obró  consciente y voluntariamente en la ejecución de los actos que condujeron  a  la  materialización  del  punible, lo cual se traduce en que su proceder fue  doloso”;  sin que hubiese logrado el actor demostrar  los errores propuestos.   

I   N   T   E   R  V  E  N  C  I   Ó  N      D E L    N O   D E M A N D A  N T E   

Gravitó   en  punto  de  los  presupuestos  requeridos   por   la   Ley   y   la  jurisprudencia  para  admitir  el  recurso  extraordinario  por  vía  discrecional, los que en criterio del apoderado de la  parte civil, no se compadecen  por  el  sólo  hecho  de  enunciar  una  serie de potenciales violaciones a los  derechos  fundamentales,  como  la  presunción  de  inocencia y el principio de  legalidad;  además,  se  equivocó  el libelista al sostener que no hubo prueba  para  condenar,  o  cuando  alegó  ausencia  de  apreciación  de  las  mismas:  “Hipótesis  que no fueron concretadas, demostradas  reitero,  ni como presupuesto de la acción (sic) de casación ni como causal de  casación”.    

Por tanto, solicitó se rechacen las censuras  propuestas,  por  cuanto  el  actor  incumplió fundamentarlas  debidamente  “al   punto   que  el  ataque  realizado  se  hace  coetáneamente  desde  distintas aristas, cuya confusión no permite la técnica  casacional,  esto  es:  falso  juicio de existencia y  falso  juicio  de  identidad,  según  lo  enseña la  sentencia  de  casación  del  30 de enero de 2.003, radicación 13518… cuando  advierte  que se incurre en error de derecho por falso  juicio  de  convicción, bien porque el juzgador niega  a  la prueba el valor fijado en la ley o la eficacia que ésta le asigna, o bien  le  da uno u otra que ella no establece, pudiéndose atacar el fallo bien por la  vía  directa  o  indirecta”.  (Subrayado  fuera  de  texto).   

C O N S I D E R A C I O N E S  

1. La Corte advierte  que  al  haber sido admitida la demanda de casación en lo atinente a los cargos  elevados  por errores de hecho en sentidos de falsos juicios de  existencia  y  de  identidad, se superaron  los  múltiples  y  complejos  defectos lógico argumentativos exhibidos en él,  con   el   exclusivo   propósito   de   analizar   a   fondo  las  posibles   falencias   a  las  garantías  fundamentales  materializadas en las instancias, sin que lo precedente (casar el  fallo  por  ejemplo),  irremediablemente desencadene en su declaratoria, máxime  si  se constata todo lo contrario; es decir, que no se presentó ninguna afrenta  o  vulneración  de  entidad  trascendente establecida por la ley y desarrollada  por la jurisprudencia.   

2. Cuestión previa:   

La  Sala  recuerda  que  en  virtud  de  lo  consagrado  en  legislaciones pretéritas como el Decreto 2.700 de 1991 y la Ley  100  de  1980,  junto  con  las  modificaciones  correspondientes;  el  caso  en  reflexión  no se resolverá por la ruta de la casación excepcional sino por la  común,  en  aplicación  del  axioma  de  favorabilidad; por cuanto la fecha de  ocurrencia  de  los  hechos  se  presentó  bajo  esa  normatividad sustancial y  procesal.      

3. Problema jurídico planteado:  

Según el actor, los juzgadores tergiversaron  y  omitieron  aquellos  medios  de  certidumbre  allegados  en  forma  regular y  oportuna  al  plenario,  los  cuales  fueron  sopesados  ilegalmente  e hicieron  incurrir  a  los  funcionarios que administran justicia de segundo grado, en una  iniquidad  por  defectuosa  apreciación  de  su  convicción  al condenar a una  persona inocente.    

Con  el  objeto  de  comprobar  si  de verdad  concurren  o  no  los yerros imputados contra la sentencia condenatoria, la Sala  cotejará  la decisión cuestionada con a)  los  motivos denunciados, b)        el        plexo        probatorio,         c)  el  concepto  del  Procurador  Cuarto  Delegado  y  d)  el  exiguo  escrito de la parte civil.    

4. Antecedentes:  

1)  Las  sociedades  Cero  Horas y el Consorcio   celebraron   un  contrato  de  arrendamiento  sobre  una maquinaria para realizar trabajos de obra pública, la  cual  estuvo  en  custodia  de  un  operador  de  la empresa arrendataria.    

2)  La  Firma  que  recibió   los   equipos   se   obligó   a   velar  por  la  seguridad  de  los  mismos.   

3)  Los  elementos  objeto del acuerdo fueron hurtados.   

4)  Por tal motivo,  Cero  Horas requirió el pago  del material, según lo estipulado en el pacto de arrendamiento.   

5)   Como   el  Consorcio no tenía interés  en  cumplir  la obligación, la empresa propietaria de los elementos alquilados,  elaboró   una   factura   cambiaria,  “en  la  que  incluían  los  mismos  objetos  arrendados  hurtados (sic), a los cuales se les  asignó  un  valor  de  veinte  millones  de  pesos”,  haciéndolos aparecer como vendidos.    

6)  La  cuenta  fue  remitida  para  su aceptación y cancelación, “pero  de ella no hay respuesta expresa”.   

7) Con fundamento en  ese   título   valor,  la  sociedad  Cero  Horas inició un  proceso   ejecutivo   singular   contra    Equipo  Universal    y    Castro  Tcherassi (en consorcio), ante el Juzgado 29 Civil del  Circuito  de Bogotá, “el que mediante auto del 7 de  julio  de  1999  libró  mandamiento  de pago y ordenó el embargo de diferentes  cuentas corrientes”.   

5.  Resumen  de  los motivos expuestos por el  Tribunal para condenar a MARÍA FLOREDY MORENO RIAÑO:   

Afirmó,  que  era  ilegal  la  modificación  realizada  al  primigenio  pacto  de  arrendamiento  para  mutarlo,  sin  previa  autorización,  en  un  convenio de compraventa, con el único fin de iniciar la  acción civil.   

Estas fueron sus razones:  

a)  Los mencionados  contratos   contienen  sustanciales  diferencias:  están  regulados  de  manera  distinta  en  el  Código Civil, artículos 1849, 1869, 1870, 1937, 1997 y 2005;  por  ende, su naturaleza y axiomas son diversos: “Se  trata,  sin  hesitación  alguna,  de  dos situaciones sucedáneas ontológica y  jurídicamente diferentes”.      

b)  Estudiando  las  divergencias  entre  uno  y  otro,  el  Tribunal  concluyó,  parodiando  el  de  compraventa:   

“Ello  implica que necesariamente la cosa  debe  existir o esperarse razonablemente que exista, por manera que, a menos que  lo  comprado  sea  la  suerte,  el  comprador debe esperar el ingreso a su haber  patrimonial  de  un bien por el cual paga un precio, lo que no sucede cuando las  partes  contratantes  saben  que el bien fue hurtado y se ignora su paradero. En  tal  evento  no hay objeto concreto que entregarle al comprador ni este pretende  adquirirlo pagando un precio”.   

c)  No  existió en  cabeza    del   Consorcio:  i)  expreso  consentimiento  para   realizar   la   compra   de   los   equipos   arrendados  y  ii)  tuvo una actitud reticente a pagar el  precio  requerido, ello “implica la ausencia de otro  de los presupuestos esenciales de este negocio jurídico”.   

d)   También  se  vulneró  la  Ley  penal al no tener presente el contenido del artículo 772 del  Código de Comercio:   

“Factura  cambiaria  de  compraventa es un  título-valor  que  el vendedor podrá librar y entregar o remitir al comprador.   

No  podrá librarse factura cambiaria que no  corresponda   a   una   venta   efectiva   de  mercaderías  entregadas  real  y  materialmente al comprador”   

Por  tanto,  indicó  el  Juez Colegiado que:   

“De  allí que no se pueda admitir que la  creación  unilateral  de tal factura cambiaria en estos términos creada, tenga  vocación  probatoria  y  menos aptitud jurídica para prestar mérito ejecutivo  contra   quien   jamás   demostró   intención  de  celebrar  un  contrato  de  compraventa,  independientemente  de  la  mala  o  buena  actitud  de  no  pagar  voluntariamente  el valor de los elementos que le fueron arrendados y que fueron  hurtados  estando en su poder, pues el que existiera esta obligación a su cargo  derivada  del  contrato  de  arrendamiento  referenciado,  ese  si  existente  y  validamente  celebrado,  lo  cual  no  se discute por los sujetos procesales, en  manera  alguna  autorizaba al arrendador a variar motu propio sustancialmente la  naturaleza  de  este negocio jurídico en perjuicio del arrendatario o crear uno  nuevo  y  menos  a  elaborar  dicha  factura”.    

e)   También  se  refirió  –apoyado  en un  tratadista-  a los presupuestos de validez de la factura cambiaria, entre ellos,  mencionó:   a)  la  venta  efectiva    o    la    preexistencia    de   la   compraventa   y   b)  la entrega real de las mercancías, en  donde      se      excluirá     “la     entrega  simbólica”.  Siendo claro que los equipos no fueron  entregados  materialmente  con  base en referido contrato de compraventa sino de  arrendamiento,  “en  el que no medió propósito de  enajenar…  sino  que se limitó a una simple tenencia de la maquinaria… para  que fuera utilizada en la obra pública”.   

f)   Y  como  los  elementos habían sido hurtados:      

“resultaba   imposible   configurar  el  contrato  de  compraventa  pretendido  unilateralmente  por  la  empresa… CERO  HORAS…   mucho   menos   cuando   no   está   demostrada  la  existencia  del  consentimiento  del  supuesto  comprador  ni  hay lugar a presumirlo, pues al no  existir  este  último  contrato, no había lugar a crear la factura cambiaria y  menos  a  predicar  la  configuración  de  una  oferta  y  una  aceptación que  vinculara  jurídicamente al CONSORCIO… toda vez que el primero es antecedente  necesario     e     imprescindible     de     los     dos    actos    jurídicos  posteriores”.   

g)   Las   Leyes  Colombianas  protegen  el  documento  por  su  aptitud  probatoria,  más  no le  atribuyen un valor específico por sí mismo:   

“De   allí  que  resulte  evidente  la  estructuración  de  una  falsedad  material  impropia  en documento privado por  creación  integral  de  la  factura  cambiaria  que da cuenta de un inexistente  contrato  de  compraventa…  que  en  este caso trascendió los simples efectos  patrimoniales  y  alcanzó  a  lesionar  tanto  la  fe  pública  como la propia  administración  de justicia por la aparente vocación probatoria que el título  valor espurio entrañaba”.   

Las  anteriores  son razones suficientes para  sostener  que también se consumó el punible de fraude  procesal,  por cuanto, el delito contra la fe pública  “sirvió  como  medio  fraudulento para obtener del  funcionario  judicial… sendas decisiones contrarias a la ley, en la medida que  no  constituía  un título valor veraz y legítimo a partir del cual se pudiera  exigir  el  cumplimiento  de  una  obligación  pecuniaria. Sin lugar a dudas se  estructuró un engaño a la judicatura”.    

h) En lo atinente a  la    responsabilidad    de    la   imputada   MARÍA  FLOREDY,  el Juez Plural concluyó que sin duda alguna  ella  era la representante legal de la firma Maquinaria  Cero  Horas  S.A., en ese orden de ideas, “fue   la   gestora   de   ambas  conductas  punibles  por  haber  falsificado   la   factura   cambiaria…   y  promovido  el  proceso  ejecutivo  singular…  en  el  que  se libró mandamiento de pago a su favor y decretó el  embargo  de  distintas cuentas corrientes”, según lo  reconoció  en su injurada, “aunque por supuesto sin  aceptar  que  era  conocedora  de  la  ilicitud  de  su conducta”.      

i)   Finalizó,  aseverando:   

“El que en otras oportunidades la firma…  CERO  HORAS…  hubiera  efectuado  operaciones similares con otras empresas sin  que  se hubiera presentado inconveniente alguno, so pretexto de lograr un ajuste  contable,  no  desfigura  el juicio de responsabilidad que le es predicable a la  enjuiciada  dada la naturaleza y alcance que se le dio a la situación jurídica  concreta”.   

6.      Resumen      del     material  probatorio:   

6.1. En el escrito de  entrega    de    los    equipos    arrendados,   Cero  Horas, advirtió:   

“Desde  el  momento  en que el Equipo sea  entregado  en la Obra, es responsabilidad de CONSORCIO EQUIPO UNIVERSAL Y CASTRO  TCHERASSI,  velar  por  su seguridad y buen estado. Si  es   alquilado   por  un  solo  día  se  cobrará  $  180.000.oo  más  transporte.  Favor tomar atenta nota  de  lo  anterior debido a que si sucede un robo o hurto es responsabilidad total  de  CONSORCIO  EQUIPO  UNIVERSAL Y CASTRO TCHERASSI…  Hora  de  entrega:  4.45,   agosto  25  de 19983”.  (Subrayado de la Sala)   

6.2. A folio 19 del  c.  o.,  1, aparece la factura  cambiaria   de   compraventa   No.   1958,  elaborada  por  Maquinaria Cero Horas S.  A., el 14 de noviembre del mismo año:   

“Nit  830.003.976-8, Régimen común,  Agente   Retenedor   del   Impuesto   de   Industria   y  Comercio  –    actividad   económica   304…  VENTA  DE  ACTIVOS  FIJOS:  COMPRESOR  MARCA  COMPAIR  HOLMAN   ZITAIR  180  SERIE  No.  PC443LPC0001445  1  18.000.000.00,    MARTILLO   ROMP.   MARCA   COMPAIR  HOLMAN      1      1.800.000.00,     TRAMOS  DE  MANGUERA  GUMMIN  DE  ¾ 2…  200.000.00,  saldo  a cargo  20.000.000.00…  LA  PRESENTE  FACTURA  DE  VENTA SE  ASIMILA  EN  SUS EFECTOS A UNA LETRA DE CAMBIO (ART. 772. 773. 774 DEL CODIGO DE  COMERCIO).  EL  COMPRADOR  DECLARA  HABER  RECIBIDO  TODAS  LAS MERCANCIAS ANTES  DESCRITAS  Y  ENUMERADAS… LA MORA EN EL PAGO OCASIONA INTERESES SOBRE SALDOS A  LA   TASA   MAS   ALTA  PERMITIDA  SIN  PERJUICIO  DE  LAS  ACCIONES  EJECUTIVAS  PERTINENTES”.   En   la  última     parte,     se     lee:    “Firma    Comprador    Aceptante”,  donde  se  exhibe un sello y firma de recibido, por lo  demás,  ilegible  la  identificación  de la empresa.  (Subrayado fuera de texto)   

6.3.  El  14  de  diciembre  de  1998,  la empresa Cero Horas,  le  comunicó  al Consorcio:   

“Después  de  repetidas  ocasiones  para  poder  comunicarnos  y  sin  encontrar  respuesta  alguna, la Compañía a (sic)  tomado   la   decisión  de  iniciar  proceso  jurídico,  con  las  respectivas  consecuencias   como   son:  Lucro  Cesante,  Honorarios  del  Abogado  y  otras  obligaciones  jurídicas  que  son  de  pleno  conocimiento de Ustedes. Favor no  olvidar  que  la  responsabilidad  del hurto es totalmente de USTEDES como está  escrito   en   nuestra   remisión   –  Contrato  No.  MCH-054-98.  Lamentamos que hayamos llegado a este  extremo.   Atte.   CONCEPCIÓN   GALEANO,   Control   de  Equipos”4.   

6.4.  La  señora  Concepción  Galeano  Mora,  técnica   en   contabilidad,   funcionaria   de  Cero  Horas,  declaró  el  27  de  marzo  de  2001, ante la  Fiscalía:   

“Nosotros  alquilamos  el  equipo como lo  mencioné  anteriormente,  en  el  contrato  es muy claro que desde que (sic) el  momento   en   que  el  equipo  quede  en  las  instalaciones  del  cliente,  es  responsabilidad  de  este.  El  siniestro  ocurrió  en agosto 31, fue el hurto,  nosotros  en  octubre  le mandamos una carta en la que decimos que como no hemos  obtenido  solución al incidente que hay se les da un valor por el que se les va  a  facturar el equipo y sus accesorios, en noviembre me dan la orden de elaborar  la  factura,  la  cual  enviamos  y  radicamos,  sin  obtener  comunicación  de  rechazo…  el  ingeniero  JAIME  GUTIÉRREZ,  me  da  la  orden  de elaborar la  factura,  desconozco a qué acuerdo llegaron, el ingeniero GUTIERREZ es socio de  la   empresa   y  el  (sic)  supervisa,  estos  casos  cuando  se  presentan”.   

6.5.  Nubia  Yaneth  Prieto Parra,     quien     trabaja     para    Cero  Horas  en el “Departamento  de    alquileres”,    indicó   que   “esa  factura  cambiaria  se  originó  debido  a la pérdida del  compresor  y  sus accesorios, hubo un acuerdo verbal”  entre   las   empresas  para  “facturar  el  equipo  hurtado,  debido  a que la responsabilidad total” era  del  Consorcio. “Diganos  (sic)  si  usted  (sic) presenció ese acuerdo verbal a  que  se  refiere en su respuesta dada sobre el origen de la factura cambiaria…  No,  porque  fue  telefónico”,  entre  Jaime    Gutiérrez    y    Alfonso Vargas.   

6.6.  Injurada  de  MARÍA FLOREDY MORENO RIAÑO,  natural  del  Casanare,  egresada  de  la  Universidad Javeriana, bacterióloga,  casada  con  Jaime Gutiérrez,  representante  legal  de  la  empresa  Maquinaria Cero  Horas S. A., allí expresó:   

i)  El Consorcio     solicitó    “en  calidad  de  alquiler  un  compresor  para  su  obra  en  la  autopista  sur,  que  el  mismo  día  se  hizo entrega en horas de la tarde del  equipo  y sus accesorios solicitados y la remisión contrato con que normalmente  se envia (sic)”.   

ii)   Como   la  maquinaria  fue  hurtada  se inició una conversación entre las sociedades para  su  cancelación.  “(…) lo que pasó fue que hubo  mucho   cruce   de   conversación  telefónica”  de  Jaime Gutiérrez (Cero Horas)  con    Alfonso    Vargas  (Consorcio)  quienes “llegaron a un acuerdo verbal,  en  que  se  emitía  factura  de  cobro por el valor del equipo hurtado, lo que  efectivamente  se hizo; la factura fue recibida y aceptada por ellos y prueba de  ello   es  que  nunca  devolvieron  la  factura,  ni se manifestaron a Cero  horas…  en  el  mes  de diciembre Cero horas decide someter la factura a cobro  jurídico”.    

iii)   Afirmó,  asimismo:  “No tengo idea quien recibió la factura,  la   persona   que   llevó   ese   documento   fue   el   mensajero   de   Cero  Horas”.   

iv) Se le preguntó,  igualmente,    a   la   procesada:   “El  aquí  denunciante formula cargos contra el representante legal  de  la  Sociedad  Maquinaría  Cero  Horas  S.  A., por los presuntos delitos de  falsedad…  y  fraude  procesal… Cero Horas creó una factura de compraventa,  que  contiene  un  ficticio  contrato…  con  el  cual se promovió una acción  ejecutiva  con evidente engaño al juez civil, ya que nunca existió contrato de  compra  venta,  sino  de arrendamiento de cosa mueble. REPUESTA: En primer lugar  no  es  una  factura  ficticia,  porque  hubo un acuerdo previo vía telefónica  entre  el  señor  ALFONSO  VARGAS,  quien  en  la  operación  representaba  al  consorcio  y el señor JAIME GUTIERREZ encargado del área de contratación… y  tan  es así  que Equipo Universal y Castro… aceptaron la factura y nunca  la devolvieron.   

6.7.     Jaime    Ricardo    Gutiérrez  Gutiérrez,  casado,  ingeniero  civil  y  socio de la  empresa Cero Horas:   

Expuso:  i)  “Personalmente  me  comunique  con  el  señor  ALFONSO  VARGAS,  administrador  de  la  obra  para que llegáramos a un acuerdo  sobre  el  pago  del  equipo…  a principios de Noviembre el (sic) nos confirmo  (sic)  que la decisión de la empresa estaba de acuerdo con los precios a lo que  le  respondí  si  podríamos  facturar  el equipo  y el respondió que sí  (sic)  el  día 14 de noviembre se emitió la factura por venta de activos fijos  de   maquinaria   CERO   HORAS   al   consorcio…   y   donde  nunca  obtuvimos  respuesta”     

ii)  En igual forma  sostuvo  que  la  maquinaria  no fue sustraída: “lo  cual  es una mentira porque el equipo trabajó después  del día que ellos  argumentan     que    fue    hurtado”.     

iii)   Indicó,  además,  ser  el  esposo  de la procesada, que inicialmente hubo un contrato de  arrendamiento  con  el  Consorcio,  sin embargo, con otras empresas donde se han  perdido   los   elementos   alquilados,   también  hemos  llegado  “a  acuerdos verbales donde se factura el equipo y posteriormente  ellos   efectúan   el  pago”;  nadie  de  la  Firma  cuestionada rechazó la factura de compra.    

6.8.   Jaime   Ignacio   Francisco   Castro  Vergara,  quien es el Gerente  Técnico           del           Consorcio,   explicó:  “en  ningún  momento hicimos negocio para comprar el compresor y  la  factura  que  me  está mostrando es de venta de un compresor”;  aclaró que el trabajador encargado de alquilar la maquinaria era  el  director  de  la  obra  Gonzalo  Rojas;     cuando    los    elementos    son    hurtados,    “Si   el   equipo   es   propio   denunciar  ante  la  compañía  aseguradora,  y  si  es  alquilado  avisarle  al  dueño del equipo, los equipos  cuando   son  alquilados  deben  venir  asegurados”.  Explicó:  él  es la persona autorizada para actuar en calidad de representante  legal  del  Consorcio; y, con  relación   al   título   valor   de  compraventa  elaborada  por  Cero     Horas,    dijo:    “No  se devolvió la factura, el sello que tiene la factura es de  recepción y no de aceptación”.   

6.9. El 24 de mayo de  2002,   el   Despacho   Fiscal   que   adelantó  la  investigación,  practicó  inspección  judicial  a las  diligencias  iniciadas  con  ocasión a la factura cambiaria, en el Juzgado  29  Civil  del  Circuito,  donde  estableció  que  se  trataba de un proceso ejecutivo singular, promovido por la  inculpada  MARÍA  FLOREDY  MORENO  RIAÑO,  en  calidad  de  representante  legal  de la empresa Cero   Horas,   contra   el  Consorcio    Castro   Tcherassi   y   Equipo   Universal (expediente 27.036).   

6.10 Gonzalo Alfredo Rojas Wiesner,  declaró  que  era ingeniero director de  la  obra  para la rehabilitación de la autopista sur,  el cual informó:   

i)  Se  arrendaron  algunos  elementos;  “el compresor alquilado tenía  un  operador  designado y que era empleado de CERO HORAS, por lo tanto el equipo  no  podía ser operado por personal [ajeno]  a  este,  sopena  (sic)  de  que  los daños que pudiesen haberle  ocurrido  por la mala operación por parte de otras personas, serían por cuenta  del consorcio”.   

ii)  Acerca  de los  objetos  hurtados,  aseveró  que  el  operador  de  los mismos, le notificó la  sustracción   de  ellos,  motivo  por  el  cual  le  comunicó  a  Cero  Horas  tal suceso a fin de constatar  “si  el  compresor  tenía seguro contra robo, dado  que  el  consorcio  no podría asumir los costos o la reposición de los equipos  en  caso  de  robo,  solamente  se  asumía  la responsabilidad por daños en el  equipo”.     

iii)  Respecto  al  título  valor  ejecutado  por  vía civil dijo: “Le  puedo  informar  al despacho que la factura que he (sic) me pone de presente, de  ella  no  tenía  conocimiento, máxime que es una factura de compraventa, donde  se  nos  está cobrando un compresor y la relación comercial que se tuvo con la  firma  maquinaria CERO HORAS fue de alquiler de compresores más no de compra…  pero  si  es así, nunca hubo una conciliación o aceptación de responsabilidad  del equipo”.    

iv)  Los  equipos  –agregó el deponente- no  se  utilizaron  pues  fueron  recibidos  el  viernes  y el lunes ya habían sido  hurtados.   

6.11. El Juzgado   12   Penal   del   Circuito   de   Bogotá,   en  el  desarrollo de la audiencia pública  no  practicó  ninguna  prueba, motivo por el cual, le  concedió  la  palabra  a  los  diversos sujetos procesales para que alegaran de  conclusión,  tal  como  lo  hicieron,  cada  uno,  invocando su propio interés  jurídico.    

7. Falso juicio de identidad:  

La Sala resume la censura del siguiente modo:  1) La factura cambiaria no es  falsa,  es  producto  del acuerdo de voluntades realizado por los representantes  de   las   sociedades   en  conflicto,  2)  se vulneró la ley sustancial en el sentido enunciado al demostrar  la  existencia  de  la  mercancía,  ello  es tan evidente,  si se tiene en  cuenta,  que  la  misma  fue  hurtada,  3)  el  Código  Civil, permite la elaboración de títulos valores en  esos eventos, cuando se individualicen los bienes contractuales.   

El  falso  juicio  de  identidad, se refiere,  precisamente  a  la  integridad,  o  si  se quiere, fidelidad de la prueba en si  misma  considerada, donde los funcionarios no pueden cercenarla, tergiversarla o  adicionarle  hechos  o  circunstancias  que  el  propio  medio de convicción no  informa;  debido  a  ello,  aquí se quiso contrarrestar la inferencia realizada  por  los juzgadores (con base en el juicio de identidad), en el entendido que el  Tribunal  detectó  la  simulación  de  un  acuerdo  de voluntades –contra el criterio del libelista quien  afirmó  que  sí  hubo un pacto- y, a partir de ahí, constató la falsedad del  título  ejecutivo elaborado de manera arbitraria por la imputada; por tanto, la  vía  de confrontación más expedita hubiese sido seleccionar el error de hecho  por  falso  raciocinio.    

Un  nuevo  desacierto del abogado, fue pensar  que   lo  único  importante  para  sustentar  la  embestida  era  demostrar  la  preexistencia  de los equipos hurtados, esto -desde luego- no es substancial con  el  caso  en  estudio;  con  ello, dejó intacta su inconformidad. Y deja de ser  significativa  la  existencia  o  no  de  la  maquinaria  en  la  medida que tal  eventualidad,  justamente,  la  corroboró el contrato de arrendamiento el cual,  como  lo  informó el Tribunal y lo avaló el Procurador, nadie discutió, luego  fue  un  hecho  real  y  no  aparente el cual no ameritaba ser denunciado;   cuestión  diversa  es  reflexionar  como  lo hizo el juzgador, en el sentido de  inferir  la  entelequia del acuerdo porque el convenio de compraventa no reunía  sus  elementos  esenciales para predicar su eficacia jurídica, proyectando para  el  perfeccionamiento  del  nuevo  pacto,  la  entrega  real  y  material de los  elementos   en   virtud   de   la   trasferencia  de  la  propiedad.     

Como   se   puede   apreciar   –contrario  a  lo  manifestado  por los  deponentes    vinculados    a    la    empresa   Cero  Horas-   la   persona  natural  que  representaba  al  Consorcio,  no  era  nadie  diferente  a  Jaime  Ignacio Francisco Castro Vergara,  con quien no se produjo ningún acuerdo sobre el nuevo  pacto   de   compraventa;   asimismo,  el  tantas  veces  nombrado  Alfonso  Vargas,  tampoco  declaró con el  fin  de  desmentir  o  asentir  lo  sostenido por Jaime  Gutiérrez   y  su  mujer,  puesto  que  Nubia  Yaneth, manifestó la ocurrencia de  ese hecho, pero no le consta a cuál acuerdo arribaron.   

Ahora:  la  suposición  del  defensor  en el  sentido  que  Alfonso  Vargas  eludió  la  justicia,  no se demostró en el plenario; tampoco se tiene noticia  de  haber  sido  vinculado  a la actuación como para esquivar la acción penal;  con  éstas  precisiones  afloran,  como  una  conjetura  más,  sus  opiniones.   

El título quirografario de compraventa   confeccionado  unilateralmente  por  la  sociedad  Cero  Horas,  reunía  en  apariencia los requisitos legales  para  ser ejecutado por la jurisdicción civil, es por ello que se engañó a la  administración  de  justicia  por intermedio del Juzgado 29 del Circuito, quien  expidió  el  mandamiento  de  pago  y,  a  su  turno,  embargó algunas cuentas  corrientes   del  Consorcio.   

Repite  la  Sala,  el  punto  central  no  se  constata  con  la  existencia  o inexistencia de los equipos, ello no tiene nada  que  ver  con  la declaratoria de responsabilidad penal atribuida a MARÍA  FLOREDY,  el  fondo  del asunto se  relaciona  con  la  inferencia  lógica  construida por el fallador a partir del  hecho  indicador:  atestaciones  y  factura  cambiaria, de donde se desprende la  ausencia de acuerdo para signar un nuevo pacto de compraventa.   

Mírese,  por  ejemplo,  el  contenido  de la  declaración       del       representante      legal      del      Consorcio,  quien  informó que con él no  se    habló    al    respecto,    la    rúbrica   del   título   –además  de  desconocerse su autor- es  de  recibo  de  correspondencia  y  nunca  de  aceptación de lo allí expuesto.  Incluso,   en   la  parte  final  del  referido  título  se  lee:  “Firma  Comprador Aceptante”, la cual,  esa  si  es inexistente, puesto que ella no es el resultado de la convalidación  del  supuesto acuerdo verbal, precisamente, porque el juzgador de segundo nivel,  arribó  a  un juicio de convicción tal, después de ponderar la prueba bajo el  filtro  de  la  sana  crítica, en el sentido de descartar el citado convenio de  compraventa.      

Entre  otras  razones,  si  de verdad hubiese  existido  el  tan  mentado  pacto  verbal, el medio más expedito para tratar el  asunto  no  era dejarlo en una ventanilla de radicación, sin ninguna solemnidad  para  su  aceptación,  tal  como lo aseguró la inculpada: el título valor fue  llevado  por  el  mensajero  de  Cero Horas.  Ahora,  si  en el escrito de remisión de la maquinaria arrendada  se  estipuló  que  su  pérdida  le  generaba  responsabilidad  al Consorcio,  no  se  entiende como, se crea  una  factura  cambiaria, teniendo como cláusula del compromiso al alquilarlo la  señalada,  precisamente,  con  igual finalidad: cancelar la mercancía hurtada;  desde  luego,  iniciar  un proceso ejecutivo singular con base en ese título, a  sabiendas  que  no cumplía con las exigencias legales, convierte la conducta en  antijurídica.    

El  profesional  del derecho, por ende, nunca  pudo  probar  el consentimiento expreso del representante legal del Consorcio,  tampoco  el  hecho  cierto  de  haber  sido  creada  la factura cambiaria después de consumado el delito contra  el  patrimonio  económico  y,  sobre todo, con preeminencia de sus particulares  opiniones  y  pareceres  que  solo  confirman  discrepancia  de  juicios  con el  Tribunal,  quien de paso, no varió el contenido probatorio atacado.     

Los  requisitos fueron ampliamente detallados  por  la  instancia  superior:  acuerdo  de  voluntades  y entrega real del bien.  Aquí,  es  mayúsculo el caos del demandante al entender que el Tribunal estaba  aseverando   que  los  elementos  nunca  habían  existido:  cuando  afirmó  lo  contrario:  los  equipos  no  fueron  entregados en virtud de la transacción de  compraventa   sino  de  arrendamiento,  luego,  se  estampó  una  mentira  para  legalizar   el   primero   para   acceder   a   los   juzgados   y  Cero  Horas  poder  cobrar,  mediante  una  factura  cambiaria  espurea,  unos  bienes como si hubiesen sido vendidos por la  hoy     sentenciada     al     Consorcio.    

En  el  universo  normativo,  la  naturaleza  jurídica  de  un contrato de compraventa frente a otro de arrendamiento, es tan  abismal:  tanto  como confundir, un bien mueble con un bien inmueble, los que de  paso  participan  de  la  misma especie pero con diversas connotaciones legales,  pues  en  uno  se  entrega la cosa a título traslaticio de dominio, en el otro,  por  supuesto  que  no;  es  por  ello  indispensable  el  acuerdo de voluntades  inter-partes   para  predicar  de  él,  su  eficacia;  siendo  excluyente,  por  antonomasia, un pacto unilateral.       

Finalmente,  es  nítido  el  desafuero  del  profesional   del  derecho,  al  pretender  señalar  tergiversados  unos  medio  probatorio  que,  por  un  lado,  generalizó,  por otro, basado en una realidad  (física)  ya  demostrada  en el plenario, la cual nunca desconoció el Tribunal  (hurto),  aunado  a una defectuosa interpretación (existencia del acuerdo), con  argumentos quiméricos o fantásticos, como cuando afirmó:   

“Sostener entonces que por el hecho de que  la   maquinaria   entregada   por   CERO   HORAS  al  CONSORCIO…   fue   hurtada,   ésta   DEJO  DE  EXISTIR, es tanto como afirmar  que  por  tal  hecho,  SE  PRODUJO  UN  FENÓMENO  DE  REVERSIÓN,  EN VIRTUD DEL CUAL, Y DENTRO DE UN COMPLEJO PROCESO DE DESTRUCCIÓN  MOLECULAR,  LA  MAQUINARIA  SE CONVIRTIO EN UN CUERPO AFORME, O SE TRANSFORMO EN  VIENTO,  O  SIMPLEMENTE  O  PASO  A  SER  PARTE  DE  OTRA GALAXIA”;  por  tal  motivo,  se tergiversó “el  alcance  de la  prueba que señalaba la comisión del hurto”.   

En   consecuencia,   ningún   elemento  de  convicción  fue  tergiversado  por  el Juez Plural (jamás identificó alguno);  pues  todo,  en ese entendido, quedó condicionado a una hermenéutica sofistica  expuesta  por  el actor, en donde fragmentó gran parte de la argumentación del  fallo  de segundo nivel, para ajustarla a su propia visión del asunto, mediante  suposiciones  apodícticas  y sin ninguna trascendencia, como el párrafo atrás  transcrito.   

Por    estas   razones,   el   cargo   no  prospera.   

5. Falso juicio de existencia:  

El punto central del ataque consistió en que  el  Juez  Plural  no  observó un acuerdo de voluntades donde la misma prueba lo  exhibía.  Con el fin de demostrar su hipótesis se refirió a las declaraciones  de  Jaime  Ricardo  Gutiérrez,  Nubia  Yaneth  Prieto  Parra,  a  la  injurada  de  su  prohijada y a algunos  medios  documentales: escrito de remisión del equipo en arrendamiento, carta de  reclamación  por  valor  de  $ 20´000.000, aviso inicio proceso ejecutivo y la  factura  cambiaria  de  compraventa:  los  cuales  sí  valoró,  aunque  no los  identificó,       al       darle       credibilidad       a      la      prueba  incriminatorias.         

El  falso juicio de  existencia   se   infringe,   cuando   el   Fallador  omite apreciar una evidencia  aportada       legalmente       al      proceso      o      al      suponer un medio  de  convicción no incorporado a la actuación del cual se generan consecuencias  valorativas.    Por    tanto,    es    deber    del   demandante:   (a)   individualizar   las   pruebas   no  sopesadas  o  la  inexistente  presumida  en  el  análisis de los funcionarios,  (b) puntualizar la expresión  objetiva  de  la  misma,  (c)  explicar  cuál  fue  la  incidencia suasoria y trascendente en conjunto y cómo  repercutieron  en  la  decisión  final  al  punto  de  explicar la irremediable  necesidad jurídica de modificar la decisión atacada.    

No  le  asiste  razón  al  libelista por las  siguientes razones:   

1.   La   prueba  documental  referida  lo  único que manifiesta es la existencia del contrato de  arrendamiento  -cuestión  aceptada  por el Juez Plural- celebrado por las   empresas,  sobre  la  especificación  de maquinaria, el precio del alquiler, la  entrega,  entre  otros presupuestos; en donde, ni el requerimiento para cancelar  el  valor  total  de  los  equipos,  menos aún el ultimátum de activar la vía  ejecutiva  con  ese  fin, corrobora algún pacto de compraventa, puesto que toda  la  acción  se  realizó  de  forma  unilateral  por  la  sociedad Cero   Horas,  como  bien  lo  dedujo  la  instancia.   

2.   No   es  un  requerimiento  específico el citar en las sentencias, todas pruebas practicadas  en  las  instancias  o  como  lo  informó  el  Procurador, ser un procedimiento  “taxativo”;   por  el  contrario,  si  el  medio  de  convicción  es  trascendente,  lo  importante es  criticarlo  en  conjunto  con  el  objeto de arribar a una conclusión jurídica  ajustada  en  derecho.  Menos aún se afrenta la ley, dejándolos de identificar  literalmente,   como   lo  pretende  el defensor, vicio de ser así, en el que él también incurrió; pues  por  un lado, solicitó la declaratoria de inocencia de su prohijada al entender  que  sí  hubo  un  acuerdo de voluntades con el fin contractual de compraventa,  pero,  por  otro  lado,  se  le  olvidó  valorar  el testimonio de Jaime  Gutiérrez unido a los demás medios  de  persuasión  –en forma  integral-   lo   cual,  sin  duda  alguna,  hubiera  aterrizado  a  conclusiones  objetivamente opuestas a las pretendidas en casación   

3. Las empresas a las  que  según  el  defensor  también les sustrajeron de forma ilícita maquinaria  similar    o    igual    a    la    aquí    reseñada,   fueron:   (i)  el  Consorcio  Conconcreto y Cusezar,  (ii) Consorcio Pedro Gómez y  Triada  Ltda., (iii) Consorcio  Conconcreto  y  Almacenes Éxito S.A., (iv)    Conconcreto   S.A.,   (v)       Asinter       Ingenieros      Ltda.,      y      (vi)  Arquitectos  e Ingenieros Asociados;  aquí  arguyó:  todas  las  Firmas llegaron a un cuerdo común a través de una  factura  cambiaria,  “solucionándose de esta manera  la  situación  creada  por  el hurto de la maquinaria dada en arrendamiento”;  lo  cual  resulta   intrascendente  que  en forma  análoga    la    empresa    Cero   Horas  hubiera actuado y resuelto sus problemas de manera idéntica, pues  no  deja de ser otra de las conjeturas traídas por el libelista, sin fundamento  alguno  para  resolver  el caso en estudio, conforme lo solicitó en la demanda.   

Con  las  sociedades  aludidas,  bien  pudo  presentarse   un   acuerdo   de   voluntades  sobre  la  autorización  para  la  elaboración   del   titulo   valor  como  lo  afianzó  el  actor  –si  ello  fue  así-  siempre  debió  mediar  un  previo  acuerdo, el cual jamás se demostró aquí: por tanto, no se  justifica  ni  se  puede acreditar la creación de una factura cambiaria de esas  magnitudes  a  motu  propio,  como  lo  evidenció  la  instancia  superior y lo  demuestra  la  misma  prueba  en el caso en reflexión; concibiéndose más bien  extraña  la  constante  y  persistente  pérdida  de equipos, hasta el punto de  plasmar       como       una      obligación      contractual      –por el valor total de los equipos- una  supuesta          exigencia          financiera         por         “posibles”  hurtos  al  momento de la  entrega  de  la  maquinaria  en  arriendo,  sacando  de  soslayo,  a  las Firmas  aseguradoras  y  su  propia  responsabilidad  puesto  que una de las condiciones  propuestas  se  identificaba  con  el  operador  de  los  elementos quien debía  trabajar    para    la    Firma    cuestionada   Cero  Horas.    

4.  Respecto  a  la  prueba  testimonial,  si  bien  es  cierto  los  dos  declarantes y la inculpada  coinciden  en el hecho de haberse celebrado un pacto de pacto de compraventa; el  propio  título  quirografario  los  desmiente  al  no  aparecer la rúbrica del  representante   legal   del  consorcio  Jaime  Ignacio  Francisco   Castro   Vergara,  aceptando  tal  negocio  jurídico   y  las  consecuencias  en  él  implícitas;  las  declaraciones  de  Gutiérrez,         Prieto         y Moreno anuncian  la  celebración  contractual  de venta de los equipos hurtados, sin embargo, el  primero  fue  la  única  persona  que  habló presupuestamente con Alfonso  Vargas quien adujo el defensor era  –“el  representante del CONSORCIO”-;   sin  embargo,  jamás  declaró  y  mucho menos tenía la vocería jurídica del  Consorcio.   

5.  A  Nubia  Prieto, no le costa nada relacionado  con  el  supuesto  acuerdo  del  contrato  de compraventa, tal como lo indicó y  menos  a  la procesada con el argumento que como “la  factura  fue  recibida  y  aceptada  por  ellos  y  prueba  de ello es que nunca  devolvieron   la   factura,  ni  se  manifestaron  a  Cero  horas”;  pues,  primero  sólo  fue  recibida  en  recepción  de  documentos del Consorcio, segundo,  no  la  rubricó  el funcionario  encargado  de  esas  labores  como  lo  es  el representante legal, tercero,  como  lo  informó  Castro: “No se  devolvió  la  factura,  el  sello que tiene la factura es de recepción y no de  aceptación”          y         cuarto, el silencio en la contratación no  es  prueba de aprobación o acuerdo de voluntades, se requiere indiscutiblemente  la aquiescencia concreta y real de las dos partes.    

El  Juez  Colegiado  concluyó:   

“resultaba   imposible   configurar  el  contrato  de  compraventa  pretendido  unilateralmente  por  la  empresa… CERO  HORAS…  mucho  menos  cuando no está demostrada la  existencia  del consentimiento del supuesto comprador ni hay lugar a presumirlo,  pues  al  no  existir  este último contrato, no había lugar a crear la factura  cambiaria y menos a predicar la configuración de una  oferta  y  una aceptación que vinculara jurídicamente al CONSORCIO… toda vez  que  el  primero  es  antecedente  necesario  e  imprescindible de los dos actos  jurídicos   posteriores”.   (Subrayado   fuera  de  texto).   

6. Por su parte los  declarantes    Fredy    Ortega    Pérez    (abogado    denunciante    del    consorcio)    y   Gonzalo  Alfredo  Wiesner  (quien trabajó  como   ingeniero  de  la  obra  autopista  sur),  corroboraron  lo  narrado  por  Jaime  Ignacio  Francisco  Castro  Vergara,  en  especial,  que  no se presentó ningún acuerdo de voluntades  para   celebrar   un   contrato   de  compraventa  de  los  equipos  alquilados.   

El   Juez   de  conocimiento,  entre  otros  argumentos    para    absolver    a    la   procesada,   afirmó:   “Cosa  diferente, es que no se cumplan los requisitos formales de  un  contrato de compraventa, entre ellos el acuerdo entre la cosa y el precio, y  por  tanto adolezca de algún vicio, empero, esto comporta una situación que no  compete   dirimir   a   esta   jurisdicción”   sino   dentro  de  un  proceso  civil”;  tales  asertos,  fueron  desechados  por el  Tribunal  por cuanto interviene la justicia penal en el momento de la ejecución  o  consumación de un delito, como sucedió en el caso de análisis, en donde se  creó   una   factura  cambiaria  artificial  para  acreditar  virtualmente  los  presupuestos  “formales”  de un inexistente acuerdo de voluntades.    

7.  Tal  como  lo  demostró  el Juez corporativo, al descartarse el supuesto pacto de compraventa,  la  factura  deviene  falsa  y  si bajo esa égida, se acciona la vía ejecutiva  para  cobrar unos elementos que fueron objeto contractual diverso al primigenio;  entonces,  los  actos  antijurídicos  latentes  no  pueden  ser resueltos en un  proceso  civil,  porque  participan  de  inversas connotaciones; desde luego, la  impunidad  que  se  generaría  sería  absoluta  y,  menos  aún, al vaivén de  interpretaciones sofísticas.   

Las  personas  naturales  o  jurídicas  que  quieran  perfeccionar  un  contrato  de compraventa, requieren concertarse en un  previo  acuerdo  de  voluntades sobre el objeto, precio y demás cláusulas como  la  forma  de  pago,  el  día  y la hora de entrega del bien mueble o inmueble,  entre   otros  presupuestos:  por ello la legislación atempera el concepto  de   bilateralidad  consensuada,  cuestión  de  gran  importancia,  pues  deben  aparecer  las  respectivas  grafías  de  las partes en aceptación concreta del  negocio  jurídico  realizado;  máxime,  si  el precio es de veinte millones de  pesos:  exigencia  imprescindible  que  aquí  tampoco  se cumplió.     

Por ende, la adecuación típica edificada por  la  instancia  superior,  acorde  con la imputación elevada contra MORENO  RIAÑO,  se  ajusta  a la realidad  probatoria  en  todo  su contexto. Mírese, por ejemplo, como el actor jamás se  ocupó  de  la  prueba  de  cargo,  menos  aún,  le  mereció  el  más mínimo  comentario,  la  excluyó de sus motivaciones y de las conclusiones absolutorias  anheladas  por  él;  con  ello,  dejó  incólume  la  incriminación,  pues es  absurdo,  declarar  a  una  persona inocente, cuando la prueba que compromete su  actuar  ilícito  se  encuentra  intacta, como pasa con las declaraciones arriba  analizadas     de     los     funcionarios     vinculados     al    Consorcio.   

8.  Tal  como  lo  sostuvo  la  Procuraduría,  las  censuras  se convierten en un efímero alegato  trivial  al  confrontarlas  con  la  sentencia condenatoria y realizar el cotejo  probatorio  con  el  fallo  de primera instancia, en donde demostró el Tribunal  que  no le asistía ninguna razón al juez de conocimiento cuando absolvió a la  inculpada.    

9. Por lo demás, el  alegato  exhibido  por  el  representante  de  la  parte civil, en calidad de no  recurrente,  estuvo  precedido de una multiplicidad de yerros e impresiones como  el  confundir  los  errores  de hecho propuestos (falsos juicios de existencia e  identidad)  con  el  falso juicio de convicción, que en esencia es de Derecho y  cuya  aplicación  esta  íntimamente  ligada  a  la  prueba tarifada; cuestión  superada   por  las  nuevas  legislaciones  penales;  motivo  por  el  cual  sus  apreciaciones   son   irrelevantes,   intrascendentes,  superfluas  y  fuera  de  contexto.      

5. Conclusiones:  

Primera: Para dictar  sentencia  condenatoria,  el  legislador requiere que obre en el plenario prueba  que  conduzca  a  la  certeza  de  los  delitos  imputados  y,  además,  de  la  responsabilidad  de  la procesada. Por tanto, en los dos eventos ilícitos aquí  estudiados  de  falsedad en documento privado y fraude  procesal,  se comprobó en la respuesta de la demanda,  su  consumación.   

Segunda: En atención  al  punible  de  fraude  procesal  no  cabe ninguna duda que ella, en calidad de  Gerente   de   la   empresa   Cero  Horas  confirió poder a la abogada Flora María  Torres  Rodríguez,  con  el  exclusivo fin de iniciar  proceso        ejecutivo       singular       contra       el       Consorcio;  esto  no  tiene  discusión  y  está  acreditado  en el plenario. Inclusive, la Cámara de Comercio de Bogotá,  sede  Chapinero,  el  28  de enero de 1999, certificó: en la escritura pública  no.  0000910  de  la Notaría 39 del Círculo de la mima ciudad, del 27 de abril  de  1995, inscrita el 8 de mayo de 1995, fue nombrada como representante legal y  gerente   de   la   Firma   Maquinaria   Cero   Horas  S.A., “MORENO RIAÑO MARIA  (sic)  FLORELY”,  con cédula de ciudadanía número  51’595.956.   

Tercera: En cuanto al  ilícito  de falsedad en documento público,     la    línea    jurisprudencial5  disciplina que la infracción  objeto    de    estudio,    se    realiza    en    dos    actos:    (i)  los  materiales  tendientes  a  crear  (materialmente)  una  obligación  de  por  sí inexistente, mutando la verdad y  (ii)  el  uso,  al ponerlo a  circular  en  el  tráfico  socio-jurídico bajo el entendido teleológico de su  eficacia  probatoria,  la  cual no riñe, con su naturaleza espuria.     

Siendo ello así, el documento debe ser usado  para  predicar  de  él  una  legalidad simulada, la cual genera, a su turno, la  consumación  de  la infracción; concurriendo en atípica la conducta falsaria,  por  ausencia  del primer presupuesto. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  los  acontecimientos  narrados  en  el  proceso,  tuvieron como exclusivo  propósito  el  hacerle  pagar al Consorcio  una  suma de dinero ($ 20’000.000)  por  unos bines que ciertamente no habían sido adquiridos  sino arrendados.        

Por tanto, la falsedad en si misma considerada  y  el  uso  dado  al documento espurio por la Gerente de la empresa Cero  Horas,  al  reconocer en la injurada  que  ello ocurrió así, debido al acuerdo de voluntades teóricamente llevado a  cabo  entre  su  esposo  Jaime Gutiérrez a   quien  se  refiere  como  “el  señor”,  tratando de ocultar su  familiaridad    y    Alfonso   Vargas,   ciudadano   que   no   estaba   autorizado  como  representante  del  Consorcio   para  realizar  negociaciones  de  ese  talante;  muestra  de manera innegable el conocimiento e  intimidad   con   la   acción   ilegal   de   MARÍA  FLOREDY,  hasta el punto de querer trasformar un hecho  ilícito  en  legítimo  a  través  de  un  pacto de compraventa, el cual nunca  lograron demostrar.     

La      declarante      Concepción   Galeano  Mora,  técnica  en  contabilidad  de  la  empresa  Cero  Horas,  informó  que  por  mandato de sus Jefes ella había elaborado la  factura  cambiaria,  lo  cual  se  ajusta  a lo expresado por el Tribunal cuando  dijo:    

“Se  debe concluir sin hesitación alguna  que  la  acusada  MARIA (sic) FLOREDY MORENO RIAÑO, como representante legal de  la  firma MAQUINARIA CERO HORAS S.A., fue la gestora de ambas conductas punibles  por  haber falsificado la factura cambiaria 8-0001958 fechada el 14 de noviembre  de  1998,  por valor de veinte millones de pesos ($20.000.000.oo) y promovido el  proceso singular contra el CONSORCIO”.   

Podría  pensarse  que  el  Juez  Colegiado  incurrió  en  un  error de hecho por falso juicio de existencia, al suponer tal  circunstancia,  pero ello no es así, puesto que todo el manejo antijurídico lo  realizó  la  encartada,  tal y como se demostró atrás y se puede constatar en  su  indagatoria  y  los demás medios de convicción allegados al proceso: ella,  por  ende, aceptó que (i) los  equipos    se    entregaron    a    titulo    de   arrendamiento,   (ii)  reconoció  el  hurto de los mismos,  (iii)  también  admitió la  emisión  de  la  “factura de cobro por el valor del  equipo  hurtado,  lo  que  efectivamente  se  hizo”,  (iv) asimismo, la iniciación  del  proceso  ejecutivo  por  cuanto  “en el mes de  diciembre   Cero   horas   decide  someter  la  factura  a  cobro  jurídico”,  (v)     su  mensajero  llevó  el  contrato  de  compraventa  al  consorcio,  “No     tengo    idea    quien    recibió    la  factura”     y     concluyó:     “no  es  una  factura  ficticia,  porque hubo un acuerdo previo vía  telefónica  entre el señor ALFONSO VARGAS, quien en la operación representaba  al   consorcio   y   el   señor   JAIME   GUTIERREZ   encargado  del  área  de  contratación…  y tan es así  que Equipo Universal y Castro… aceptaron  la factura y nunca la devolvieron.   

Motivo por el cual tenía pleno dominio de los  actos  ilícitos, su comportamiento típico fue aceptado en la injurada, dispuso  la  creación  del documento con el fin de usarlo, primero para coaccionar a los  funcionarios  del  consorcio y luego, como ello no le dio resultado, lo ejecutó  por  vía  judicial;  tanto,  hasta  asegurar  la real existencia del acuerdo de  voluntades  entre su esposo y socio de la empresa Jaime  Gutiérrez;     sin     percatarse     –como  se  argumentó  atrás-  que tal  pacto  de  voluntades  nunca se realizó y, por tanto, su conducta se tradujo en  dolosa   por   atentar   contra   la   fe   pública  y  la  administración  de  justicia.     

Cuarta:  Finalmente,  la                   jurisprudencia6  de  la  Sala,  tiene sentado,  respecto a negociaciones de igual talante, lo siguiente:   

“Si  tal  estatuto  exige  lo  que  exige,  resultaría  inconcebible  que  ante  sus  terminantes palabras, el ordenamiento  permitiera   que   alguien   en   una   factura   cambiara  la  materia  de  una  convención.   

El  Código  de Comercio da la categoría de  título-valor   a  la  factura  cambiaria.  Y  alude a varios temas relacionados con ella, por ejemplo: no se  puede  librar  factura  que  no corresponda a una venta efectiva de mercaderías  entregadas  real  y  materialmente al comprador (artículo 772); aceptada por el  comprador,  se considera, frente a terceros de buena fe exentos de culpa, que la  compraventa  ha  sido  debidamente  ejecutada  (artículo 773); y debe contener,  entre  otras exigencias, “La denominación y características que identifiquen  las  mercaderías  vendidas  y  la  constancia  de  su  entre real y material”  (artículo 774).   

Si esa ley requiere tan importante contenido,  no puede admitir que ese preciso contenido sea variado.   

El Código Civil, por su parte, indica que el  pago  es  la  prestación  de  lo  que  se  debe, lo que implica que el acreedor  ejecute  el  hecho  objeto de la prestación (artículo 1626), y que el vendedor  es obligado a entregar lo que reza el contrato (artículo 1884).   

Como  es  elemental,  si  el  pacto  entre  comprador  y  vendedor  se  refiere  a  una  cosa  determinada,  aquél no puede  extender una prueba escrita mutando la razón de ser del mismo.   

En síntesis, a nadie se le ocurriría pensar  que  con  fundamento  en  las anteriores disposiciones, tomadas simplemente como  muestra,  una  persona  estuviera  facultada  para faltar a la verdad, es decir,  para que no afirmara la realidad en los documentos que deba emitir.   

Por lo demás, el asunto no es nuevo para la  Corte.  Basta  recordar  la  ya citada sentencia de casación del 23 de abril de  1985…  que se ocupó de hechos relacionados con falsedad ideológica de varias  “facturas”.   

Quinta:  Siendo ello  así,  el  Tribunal  no  creyó  ninguna  explicación  proporcionada  sobre  el  consenso  celebrado vía telefónica al que supuestamente arribaron Jaime  Gutiérrez  (Cero  Horas  con   Alfonso  Vargas (Consorcio);  por  no  existir  testigo directo que corroborara tal afirmación; los elementos  que  le  dan  vida  jurídica al título valor fueron dolosamente acondicionados  sin  mediar  la  entrega  real  de  los  equipos  con  base  en el nuevo negocio  jurídico;  no  se  presentó  intención  de  adquirir  la  maquinaria mediante  contrato  de  compraventa por parte del vendedor; mucho menos, recibir, cancelar  el  precio  o  comprar  los  objetos,  en  cabeza  del  Consorcio,  “quienes    ya    sabían    de    la    inexistencia    de    la  maquinaria”;  y el claro propósito del arrendatario  “de  eludir  la  responsabilidad por la pérdida de  los objetos alquilados”.   

Finalmente,  acorde  con  los  planeamientos  trazados  por  la  Procuraduría  y  excluyendo  los vertidos por la parte civil  –no  se  evidencia alguna  falencia   de   garantías  que  deba  remediarse  de  oficio-;  por  lo  tanto,  el  segundo  cargo  también se desestima.   

Con  fundamento  en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero: No Casar el  fallo  de  segundo  grado  de  fecha  16  de  julio  de  2007,  proferido por el  Tribunal  de  Pereira,   tal y como quedó plasmado en la parte motiva.   

Segundo:  Contra  la  presente  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Tercero:  Cópiese,  notifíquese, cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen.   

JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   

               

                                                                                             

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                                                                                                          

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                               MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                                                                                              

AUGUSTO        J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                                                                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

                                                                                                                            

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                                                      JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1 Las  decisiones  de  primera y segunda instancia se profirieron el 6 de marzo de 2006  y el 16 de julio de 2007, respectivamente.     

2 Folio  113, c. o. 2.   

3 Folio  20, c.o. 1.   

4 Folio  21, c.o.1.   

5 Corte  Suprema  de  Justicia,  tenencias:  1.983     (15-09-83);     1.984     (24-01-84);    3.100     (26-07-89);    6.473     (25-09-92);     6.487     (06-11-92);     9.516     (03-04-97);    11.192     (28-01-99);    10.860     (02-02-99);    17.106 (21-03-01); entre otros pronunciamientos.    

6 Corte  Suprema  de  Justicia,  sentencia  de casación 22.407 del 16 de marzo de 2005 y  auto 13.426 del 29 de abril de 1998.     

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