28113(27-05-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28113  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

Aprobado: Acta No. 153  

Bogotá,  D. C., veintisiete (27) de mayo de  dos mil nueve (2009).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Mediante  sentencia  anticipada  del  9  de  octubre  de  2006,  la Juez 5ª Penal del Circuito de Ibagué declaró al señor  Jair  Feged  Sogamoso  autor  penalmente  responsable  de  un  concurso de conductas punibles de acceso carnal  abusivo  agravado con menor de 14 años de edad. Le impuso 48 meses de prisión,  40  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas, la  obligación  de  indemnizar  perjuicios  causados  y  le  negó  la  condena  de  ejecución  condicional  y  la  prisión domiciliaria1.   

El  fallo  fue  recurrido  por el defensor y  ratificado  por  el Tribunal Superior de la misma ciudad el 29 de marzo de 2007,  Corporación   que   lo   modificó   para   reducir  a  40  meses  la  pena  de  prisión2.   

El  nuevo apoderado interpuso casación, que  fue concedida.   

Recibido  el  concepto del señor Procurador  Primero Delegado en lo Penal, la Sala resuelve de fondo.   

HECHOS  

En  horas  de  la mañana del 21 de junio de  2006  se hizo presente en las instalaciones de la “Clínica Saludcoop” de la  ciudad     de     Ibagué     la     menor    LLOR3   

,  nacida  el  12  de  marzo  de 1993, quien  presentó  un  cuadro  clínico  de  aborto  de  un  feto  de  varias semanas de  gestación.  La  adolescente manifestó que desde hacía un tiempo sostenía una  relación  amorosa  con Jair Feged Sogamoso, por entonces de 32 años de edad.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Adelantada   la   investigación,   previa  solicitud  del  procesado de acogerse al trámite de sentencia anticipada, el 28  de  septiembre de 2006 se suscribió acta mediante la cual la Fiscalía formuló  cargos  a  Feged Sogamoso, que  éste  aceptó,  como  autor  material  del  delito de acceso carnal abusivo con  menor  de  14  años,  previsto  en el artículo 208 del Código Penal, agravado  según  el  artículo  211.6 del mismo Estatuto, por cuanto la víctima resultó  embarazada4.   

Luego   fueron   proferidos   los   fallos  reseñados.   

LA DEMANDA  

El    defensor    formula   dos   cargos,   que   desarrolla  de  la  siguiente manera:   

Primero.  Causal  segunda,  falta  de  consonancia  entre  el  acta de formulación de cargos y la  sentencia,  pues la Fiscalía no imputó un concurso de delitos, sino uno sólo,  luego  el  juez  no  podía  deducir  la  concurrencia,  que implicó un aumento  punitivo.   

Segundo.  Causal  tercera,  nulidad  por violación al debido proceso, toda vez que el Tribunal no  corrigió  el yerro del A quo  en cuanto a la deducción de la concurrencia de conductas.   

Finalmente, solicita la aplicación favorable  del artículo 351 de la Ley 906 del 2004.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

Con similares argumentos a los de la defensa,  recomienda  casar la sentencia en los términos demandados y redosificar la pena  por  incongruencia con la acusación, en cuanto los jueces dedujeron un concurso  que  la  fiscalía no imputó, debiéndose, además, aplicar el artículo 351 de  la Ley 906 del 2004.   

CONSIDERACIONES  

La       Sala       casará        la        sentencia  impugnada.   

Si  bien,  en lo esencial, la Corte está de  acuerdo   con   los  análisis  del  concepto  del  Ministerio  Público  y  del  recurrente,  no  comparte  la  solución propuesta por ellos. Las siguientes son  las razones:   

1. En principio, cabe precisar que si bien al  defensa   presentó   dos  cargos,  por  incongruencia  y  nulidad,  los  mismos  recibirán  respuesta de manera conjunta, como si se tratase de uno sólo, en la  medida  en  que  ambos  se  sustentan  en  y  apuntan  a  lo  mismo:  los jueces  desconocieron  los  lineamientos  de  la  acusación  al deducir un concurso, no  imputado en la acusación.   

De  asistirle  razón  a la defensa, como le  asiste,  la  irregularidad  no  exige  retrotraer  el  trámite,  sino hacer los  ajustes  punitivos  correspondientes,  en  atención  a  lo  cual la sanción de  nulidad resulta inadmisible.   

2.   Del   artículo  40  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  del  2000)  deriva que cuando se procede por el  instituto  de  terminación  abreviada  de  la  sentencia anticipada, una vez el  sindicado  acepta  los  cargos presentados por la fiscalía y se constata que no  hubo  violación  de garantías fundamentales, la única actuación posible para  el  juez  es  la  de  proferir  la  sentencia  condenatoria  que  ponga  fin  al  juicio.   

De  allí  se  desprende  que  el  acta  de  formulación  y  aceptación  de  cargos  marca  los  lineamientos  fácticos  y  jurídicos  dentro  de  los  cuales  el juzgador debe proferir su fallo. En este  contexto,  tal  acta  se asimila a la resolución acusatoria proferida dentro de  una  investigación  normal,  como  que  los  dos  actos  procesales imponen los  derroteros  por  los  que  debe  transitar  el juicio, cuando hay lugar a él, y  emitirse la sentencia.   

Desde esos dos momentos, en consecuencia, se  impone  el respeto al principio de congruencia, de consonancia, que debe existir  entre  la acusación y la sentencia, esto es, se exige que exista plena armonía  entre  las  reglas  propuestas por la Fiscalía y las deducidas por el juzgador,  en  el  entendido  de  que  éste  puede cargar circunstancias que impliquen una  mayor  punibilidad  única  y exclusivamente si el pliego de cargos (resolución  acusatoria,  con  las posibilidades de variación de la calificación, o acta de  formulación  y  aceptación  de  cargos)  hubo de imputarlas de manera expresa,  tanto fáctica como jurídicamente.   

3. En el caso concreto se tiene:  

(I)  Desde  la  noticia criminal5  se  puso  en  conocimiento  de  la  autoridad  judicial que el hecho materia de investigación  comprendió  el  romance  que víctima, menor de edad, y acusado sostuvieron por  un  lapso  prolongado,  con  sucesivas  relaciones sexuales que culminaron en un  embarazo y aborto.   

Es claro, entonces, que la investigación fue  iniciada  y  culminó,  en  el entendido de múltiples relaciones sexuales entre  las  partes.  Así se dijo en todos los actos procesales: fue puesto de presente  en  forma  expresa  al  sindicado  en  su indagatoria6,  se consignó en la medida de  aseguramiento7  y  se estipuló en el acta de formulación de cargos admitidos por  el    acusado8.   

No  obstante  esa  situación  objetiva,  la  Fiscalía  no  solamente  decidió  no  imputar  una  concurrencia  de conductas  delictivas,   sino   que  expresamente  se  refirió  a  la  estructuración  de  “un   delito  de  acceso  carnal   abusivo   con   menor   de   14   años”,   como   se   lee   en   la  indagatoria9,   pero  igual  se  infiere  de  lo  consignado  en  la  medida  de  aseguramiento10  y  en  el  acta  de  cargos  para sentencia anticipada11,  pues  en  estos  casos  no sólo se descartó el concurso, sino que se mencionó el delito  en singular.   

En  efecto,  la  diligencia  que  recoge los  cargos  aceptados,  que  es  de  la  que se pregona la congruencia con el fallo,  acusa   al   procesado  como  “autor  material  del  comportamiento  descrito  en el Código Penal… Art. 208, ACCESO CARNAL ABUSIVO  CON  MENOR  DE CATORCE AÑOS AGRAVADO… con el agravante del numeral 6 del Art.  211…   [Cuando]   ‘Se  produjere            embarazo’”12.   

Independientemente del acierto o desatino de  la  Fiscalía  para no imputar un concurso homogéneo y sucesivo de conductas, o  de  que  no  hubiese  explicado,  como  resultaba  aconsejable,  si  los  varios  comportamientos  fácticos  los consideraba como unidad de acción, lo cierto es  que,  sin  que exista lugar a incertidumbre sobre que se investigaron los varios  accesos  carnales,  el  cargo  de  la  acusación  estructuró una sola conducta  punible y a eso debía estarse el juzgador.   

(II) En la sentencia de primera instancia, el  juzgador  en  principio  concluyó  que  se  demostró “la conducta punible de  acceso   carnal   en   menor   de  catorce  años”13,  pero  luego aclaró que le  fueron  imputados  “los  delitos  contemplados en el artículo 208 del Código  Penal”14  y al individualizar la sanción en los términos de los artículos  208  y  211.6  estableció  que el cuarto mínimo de movilidad, en el que debía  ubicarse, quedaba entre 64 y 84 meses de prisión,   

“Pero como la misma conducta se realizaron  en  varias  oportunidades como se dedujo en la imputación, se tendrá en cuenta  lo  preceptuado  en  el  artículo  31  del  Código  Penal,  por el concurso de  conductas  punibles  y  conforme  al  numeral  2°  del artículo 60 ibídem, se  aumentará   hasta   en   otro   tanto,   para   el   caso   se   duplicará  el  máximo”15.   

Así, ese ámbito de movilidad inicial quedó  de  64  a  120 meses de prisión y en atención a que el acusado “ha observado  buena  conducta,  es  persona  trabajadora por lo que se le impondrá la pena de  setenta  y  dos  (72)  meses de prisión”, a los cuales descontó  24 (la  tercera  parte  por sentencia anticipada) y sobre el subtotal de 48 meses dedujo  8   meses   (la   sexta   parte   por   confesión)16.   

La  primera equivocación del juez estuvo en  los  cálculos,  que arrojaban un total de 40 meses. Ésta, entonces, debió ser  la  pena a imponer, no obstante lo cual señaló 48. Tal yerro fue corregido por  el  Tribunal,  que  hizo  el  descuento  correcto  y  fijó el castigo en los 40  meses17.   

La deducción del concurso, en consecuencia,  quedó incólume.   

(III) Existió otro yerro, igualmente avalado  por  la  segunda instancia, que surge del aparte de la sentencia de primer nivel  transcrito  atrás. Allí explicó que en razón de los varios delitos se debía  hacer  el  aumento  según lo reglado en el artículo 31 del Código Penal, pero  de  conformidad  “al  numeral  2° del artículo 60  ibídem”.   

El   entendimiento   de   las   reglas  de  dosificación  resulta en extremo equivocado, porque lo mandado por el artículo  31,  cuando de concurrencia de trata, es que para cada conducta se debe fijar la  pena  correspondiente,  como  si  fuese  única,  esto  es, para cada uno de los  delitos  se  imponía  hacer  el  ejercicio  del  artículo  60,  siguiendo  los  lineamientos del 61.   

Así, a los límites iniciales del artículo  208  (4 a 8 años de prisión), se les hacía el aumento del artículo 211.6 (de  una  tercera  parte  a  la  mitad), debiéndose aplicar la menor (la tercera) al  mínimo  y la mayor (la mitad) al máximo, según la regla 4ª del artículo 60,  para  unos  nuevos topes de 5 años y 4 meses a 12 años (64 a 144 meses). Hasta  este  momento acertó el juez, pues de esos guarismos surge que el primer cuarto  de movilidad quedaba de 64 a 84 meses.   

Pero  donde  desconoció  el  principio  de  legalidad  de  la  pena  fue al aplicar como regla de aumento para las conductas  concurrentes,  la 2ª del artículo 60, y, así, afirmó que “el otro tanto”  por  el  concurso  lo  aplicaría  “duplicando  el  máximo” para dejar unos  límites  entre  64  y 288 meses, situación que, obviamente, varió los cuartos  de movilidad.   

El yerro es manifiesto, porque los topes del  delito,  de  64  a 144 meses, no podían variar. Sino que desde estas variables,  una  vez  ubicado  en  el primer cuarto y aplicadas las reglas del artículo 61,  debió  fijar  la  pena  para  cada  delito  y la comparación de los resultados  logrados  indicaría  cuál sería el “delito más grave”, para tenerlo como  “delito  base”  y  sobre  éste  aplicar las reglas del artículo 31 (no del  61),  esto  es,  hacer  un  aumento  de  “hasta  otro tanto”, expresión que  consiste  en  adicionar un monto específico por cada uno de los comportamientos  concurrentes,  sin  que  el  quantum  total  pueda  superar  el  máximo general  establecido  para  la  pena  de  prisión,  como  tampoco  el  valor asignado al  “delito  base”,  ni el total que arrojaría sumar la dosificación hecha por  cada uno de los ilícitos concurrentes.   

(IV) Si bien se observa falta de claridad en  los  argumentos  del fallo para la fijación del castigo, lo cierto es que surge  su  propósito  de ubicarse en el cuarto mínimo y de pregonar como criterios de  dosificación,  que  deben respetarse, “la buena conducta” del acusado y que  se  trata  “de  una  persona  trabajadora”, razones de las que se deduce que  quiso  partir  del  límite  mínimo,  64  meses, y si bien fijó 7218, es claro que  la  diferencia,  8  meses,  fue  producto  del  concurso imputado y de su errado  criterio  de  que  esa  operación  debía  hacerse  dentro  de  los  cuartos de  movilidad.   

Por tanto, el castigo real por imponer era de  64  meses.  A  estos  debe  aplicarse  el  descuento  de la tercera parte por el  acogimiento  a  la sentencia anticipada (21 meses, 10 días), con lo cual quedan  42  meses,  20  días.  Sobre  estos  se impone la rebaja, por confesión, de la  sexta  parte  (7  meses,  3  días)  y  se  llega  al  total  de  35  meses,  17  días.   

(III) Respecto de la petición de la defensa,  avalada  por  el  Ministerio  Público,  de  que se aplique por favorabilidad el  mayor  descuento  previsto  en  el artículo 351 de la Ley 906 del 2004, compete  hacer las siguientes precisiones:   

(a)  La  Sala  ha  admitido  que  en asuntos  tramitados  bajo  la Ley 600 del 2000, cuando quiera que el procesado se hubiese  acogido  al instituto de la sentencia anticipada de su artículo 40, que permite  otorgarle  una rebaja de la tercera parte, es viable aplicar retroactivamente el  artículo  351  de  la Ley 906, que en el caso de allanamiento a cargos habilita  un descuento “de hasta la mitad de la pena imponible”.   

Esa  expresión implica que el beneficio por  conceder  debe  ser  modulado  por el juez, esto es, que puede conceder desde un  día  hasta  la mitad del límite señalado, lo cual dependerá, en esencia, del  mayor  o menor grado de colaboración del procesado, esto es, de lo acucioso del  allanamiento  en  cuanto haya impedido un mayo desgaste de la administración de  justicia.   

(b)  La  aplicación del artículo 351 de la  ley  906 del 2004 a casos culminados al amparo de la Ley 600 del 2000, exige que  el  tope  de  la  rebaja  deba  ser  superior  a la tercera parte, en tanto este  descuento   ya   se  lo  ganó  el  sindicado  por  optar  por  la  terminación  abreviada.   

(c)  En  el  evento  analizado,  el  Fiscal  declaró  cerrada  la  investigación  el  18  de septiembre de 200619  y solamente  después  de  que  fueron  notificados  de  la  decisión,  el  26 de ese mes el  sindicado    y    su   defensor   solicitaron   el   trámite   para   sentencia  anticipada20.   

En esas condiciones, el acusado no evitó un  mayor  desgaste  en el trámite judicial, en lo que a la fase de instrucción se  refiere,   como   que   para  su  finalización  solamente  quedaba  esperar  el  vencimiento  del lapso para presentar alegatos y proferir el acto calificatorio.  Como  consecuencia,  de  manera razonable se infiere que si bien resulta de buen  recibo  el  artículo  351 de la Ley 906, la rebaja por conceder solamente pueda  llegar hasta un 40%.   

(d) Se pretende hacer concurrir el descuento  por  terminación anticipada con el de la confesión (una sexta parte), previsto  en  el  artículo  283  de  la  Ley  600  del  2000 y que, en efecto, otorgó el  juzgador.   

Resulta  que  la Ley 906 del 2004 no regló  similar  beneficio.  En  el  Capítulo único (Elementos materiales probatorios,  evidencia  física  e  información)  del Título II (Medios cognoscitivos en la  indagación   e   investigación),   en   su   artículo   283   estableció  la  “Aceptación  por  el  imputado”,  que  por  su  definición puede comportar  alguna  semejanza  con la confesión, pero ni en esa disposición, ni en ninguna  otra,  determinó  que  esa  admisión  de responsabilidad podía significar una  rebaja concreta al procesado.   

Si  eso sucede, resulta válido deducir que  en  los  institutos  de allanamiento a cargos, preacuerdos y negociaciones entre  la  Fiscalía  y el imputado o acusado, de la Ley 906 del 2004, en los rangos de  descuentos  va  incluida  la  rebaja  correspondiente por la aceptación, por la  confesión.   

Por  modo  que las rebajas por confesión y  sentencia  anticipada  de  la  Ley  600  del  2000,  para  efectos del juicio de  favorabilidad  frente  a  la  Ley  906  del 2004, deben ser consideradas como un  todo,  en tanto en los descuentos del artículo 351 de ésta se incluyen los dos  aspectos:  la  aceptación por el imputado (artículo 283) y su decisión de que  el proceso culmine abreviadamente (artículo 351).   

Que  la  “confesión”,  llamada  en  el  artículo  283  de  la Ley 906 del 2004 “aceptación por el imputado”, está  incluida  en  los  institutos  de  terminación anticipada de los allanamientos,  preacuerdos  y  negociaciones,  surge  de la utilización en estos de ese nombre  jurídico.   

Así,  el artículo 293 establece que si el  imputado  “acepta la imputación”, lo actuado es suficiente como acusación;  el  351  determina  que “La aceptación de cargos” hechos en la formulación  de  imputación  representa rebaja de hasta la mitad de la pena; el 352 regla la  posibilidad  de  preacuerdos con posterioridad a la acusación, que deben partir  de  la  base  de  la  “aceptación  de  su  responsabilidad”  por  parte del  enjuiciado;   el   353  habilita  al  acusado  o  imputado  para  que  haga  una  “aceptación  total  o  parcial de cargos”; el 356.5 exige que en desarrollo  de  la  audiencia  preparatoria  el  acusado  exprese  “si  acepta  o  no  los  cargos”.   

No queda duda, entonces, que los institutos  procesales  de  allanamiento,  preacuerdos  y negociaciones, parten del supuesto  necesario  de la “aceptación de cargos” por parte del imputado o acusado. Y  esa  aceptación  de  cargos  es  lo  que  el artículo 283 procesal elevó a la  categoría  de  “confesión”,  precisamente  con el nombre de “aceptación  por  el  imputado”.  De  tal forma que el descuento reglado por la ley en esos  casos    de    fallos   adelantados   lleva   incluido   el   “premio”   por  confesión.   

La  jurisprudencia  de la Sala de Casación  Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia  ha  señalado  que21:   

“Para la Sala es claro que la aceptación  de  la  imputación  tiene efectos probatorios similares a los de la confesión,  como  inequívocamente  se desprende del contenido del artículo 283 del Código  de                   Procedimiento22,  y  lo  reconoce  la Corte  Constitucional  en  el  estudio  de  exequibilidad  que  hizo  de  la expresión  procederá      a     aceptarlo,     contenida  en  el  inciso  segundo del artículo 293 ejusdem, donde  textualmente dijo:   

“Según  la  ley  penal,  para  que  la  conducta  sea  punible  se  requiere  que  sea típica, antijurídica y culpable  (artículos  9  a  12  del  Código Penal). En consecuencia, el juez sólo puede  imponer  condena  al  imputado  cuando  establezca  con  certeza estos elementos  estructurales  del  delito,  como  se  afirma  en la demanda. En caso contrario,  quebrantaría  el  principio constitucional de legalidad de la función pública  y  las  normas  legales pertinentes, lo cual podría originarle responsabilidad,  aparte  de que los actos proferidos quedan sometidos a los medios de corrección  previstos en la ley.   

“Esta  exigencia  primordial  para  la  garantía  de la libertad de las personas y del debido proceso, en particular de  la  presunción  de  inocencia  que  forma  parte integrante de este último, no  resulta  quebrantada  por  la  expresión  que  se  examina,  ya  que ésta solo  contiene  la  orden  de  que  el  juez  de  conocimiento  apruebe  el acuerdo de  aceptación   de   la   imputación,   si  es  voluntario,  libre,  informado  y  espontáneo,  y  no  contiene la orden de proferir condena. Por el contrario, la  misma  norma  demandada,  en  un  aparte  no  impugnado,  establece  que  aquél  ‘convocará  a audiencia  para    la    individualización    de    la    pena   y   sentencia’.   

“Por otra parte, en lo concerniente a la  determinación  de  dicha  responsabilidad  y  la  consiguiente  condena  en  la  sentencia,  es evidente que el fundamento principal es  la  aceptación  voluntaria  de  aquella  por  parte del imputado, lo cual en el  campo  probatorio  configura  una  confesión,  de  modo que se pueda deducir en  forma  cierta  que  la  conducta  delictiva  existió y que aquél es su autor o  partícipe.        

“En  todo caso, es oportuno señalar que  según  lo  previsto  en el artículo 380 de la ley 906 de 2004, el juez deberá  valorar   en   conjunto  los  medios  de  prueba,  la  evidencia  física  y  la  información  legalmente  obtenida,  conforme  a los criterios consagrados en la  misma  ley en relación con cada uno de ellos, y que en virtud del artículo 381  ibídem,  para  condenar  se  requiere  el conocimiento más allá de toda duda,  acerca  del  delito  y  de  la responsabilidad penal del acusado, fundado en las  pruebas     debatidas     en     el     juicio”23.   

Y  en  materia  penal rige el principio de  libertad  probatoria,  de  acuerdo  con  el cual, los hechos y circunstancias de  interés  para la solución correcta del caso, pueden probarse por cualquiera de  los    medios    establecidos    en   el   Código24,  sin  que esto signifique,  desde  luego, que la prueba documental no sea la más indicada para acreditar la  condición  de servidor público del procesado en delitos especiales, por lo que  no  deja  de  causar  inquietud  que  la  Fiscalía,  en  el  presente  caso, no  hubiera   obtenido  esta  evidencia  previamente,  con  el  fin de conjurar  eventuales       inconvenientes       probatorios.        

Hechas estas precisiones se concluye que en  el  caso  analizado  no  existía  ninguna  razón  para que el juez se negara a  impartir  aprobación  a la aceptación, pues aparte de los elementos materiales  probatorios  recaudados,  constitutitos, a no dudarlo, de prueba suficiente para  inferir    razonablemente    que    se    estaba   frente   a   un   delito   de  concusión25,  y  que  los  procesados  eran  sus  autores,  se  contaba con la  manifestación  libre,  voluntaria,  asistida  e  informada de los procesados de  allanarse  a  los cargos, lo cual implicaba aceptar no solo que habían hecho la  exigencia  dineraria,  sino  también,  que  se hallaban vinculados al Instituto  Nacional  Penitenciario  en  calidad de Guardianes (Dragoneantes) y que en dicha  condición   hicieron   la   exigencia  de  los  valores  que  les  ameritó  la  condena.     

2.5.  El  otro  planteamiento  que  la  defensa  presenta,  consistente  en que el Juez, ante la  ausencia  de  prueba  que  acreditara  la  tipicidad  de  la conducta, no tenía  alternativa  distinta  de absolver a los procesados, carece también de sentido,  porque  desconoce  la  naturaleza,  justificación,  regulación  y fines de los  allanamientos  y  los  acuerdos,  instituidos  para procurar condenas rápidas a  cambio  de  una  rebaja de pena, dentro de un sistema cifrado en el principio de  justicia   premial,   no   para   obtener  sentencias  absolutorias.     

También,  porque  para poder dictar fallo  anticipado  es  presupuesto  necesario  que  el  Juez  de  conocimiento  imparta  aprobación    a    la    aceptación    que    el   procesado   hace   de   los  cargos”.   

De tal forma que, aplicado el descuento del  40%,  propio  de recibir favorablemente el artículo 351 de la Ley 906 del 2004,  a  los 64 meses (que significan 25 meses, 18 días), se concluye que la sanción  quedaría  en  38  meses,  12  días,  que  no pueden ser impuestos por resultar  superiores  a  los  35  meses, 17 días, dosificados según la Ley 600 del 2000,  debiéndose, por tanto dejar la última cifra como pena final.   

(IV)  La  reducción punitiva no altera los  aspectos  relacionados  con subrogados o sustitutos penales, porque ellos fueron  negados,  en  las  dos  instancias,  no solamente en atención al límite fijado  como  castigo,  sino  por  ausencia  del  presupuesto  “subjetivo”,  que  no  varía.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         

Casar parcialmente  la  sentencia  del  29  de  marzo de 2007, proferida por el Tribunal Superior de  Ibagué,  exclusivamente para fijar en 35 meses y 17 días las penas de prisión  e  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas que debe  cumplir  Jair  Feged Sogamoso  como  autor  responsable  del  delito  de acceso carnal agravado con menor de 14  años por el que fuera condenado.   

En  lo  restante  los  fallos  de instancia  permanecen vigentes.   

No procede ningún recurso.  

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ              SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

                                                                Comisión de servicio   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

Salvamento de voto  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN           JORGE LUIS  QUINTERO     MILANÉS                     

Salvamento de voto  

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Salvamento    de  voto   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

SALVAMENTO DE VOTO  

         

Con  mi acostumbrado respeto, me permito a  continuación  expresar  las  razones que me llevaron a disentir de la decisión  adoptada  por  la  Sala  en la sentencia del 27 de mayo del año 2009 dentro del  proceso      seguido     contra     JAIR     FEGED  SOGAMOSO.   

         Mi  inconformidad  con  el  fallo  se  concreta  a dos aspectos. En  primero  lugar,  a  la  posibilidad  planteada  por la Sala de aplicar de manera  favorable  a  casos  juzgados  con  base en la Ley 600 de 2000 la rebaja de pena  contemplada  en  el  artículo  351 de la Ley 906 de 2004 cuando el procesado se  acoge  al  mecanismo  de  la  sentencia  anticipada.  Y  en segundo término, al  criterio  al  cual  acudió  la  Sala  mayoritaria  para,  finalmente,  negar la  aplicación del referido principio fundamental.   

Sobre  el primer tema esbozado,  debo  señalar  que  en  virtud  del  artículo  29  de la Carta  Política,  el  cual  se  ocupa  de  reconocer  el derecho fundamental al debido  proceso,  “en  materia  penal,  la  ley permisiva o  favorable,   aun  cuando  sea  posterior,  se  aplicará  de  preferencia  a  la  restrictiva o desfavorable”.   

         Si   bien  por  regla  general  la  ley  rige  para  las  conductas  realizadas  durante  su  vigencia,  en  virtud del principio de favorabilidad es  posible  excepcionar  tal postulado mediante su retroactividad o ultraactividad.  En  el  primer  caso,  la  norma  es  aplicada a hechos acaecidos antes entrar a  regir,  mientras  que  en el segundo, su aplicación tiene lugar cuando ya no se  encuentra  vigente, respecto de sucesos ocurridos cuando regía, sólo cuando un  tal  proceder reporte tratamiento benéfico a la situación del sujeto pasivo de  la acción penal.   

         Norma  constitucional  desarrollada  en el inciso 2º del artículo  6°  de la Ley 600 de 2000 y en el inciso 2º del artículo 6° de la Ley 906 de  2004,   es  decir,  en  ambos  códigos  de  procedimiento  penal  se  establece  expresamente  el principio de favorabilidad como derivación concreta y efectiva  del texto fundamental.   

La aplicación de la ley penal permisiva o  favorable  supone sucesión de leyes en el tiempo, esto es, que una disposición  sea  sustituida  por  otra,  o  bien,  que  coexistan  preceptos  de  diferentes  ordenamientos,   siempre   que,  destaco,  exista  identidad  en  el  objeto  de  regulación.   

Las citadas vicisitudes no se presentan en  el  caso  bajo examen, pues la Ley 906 de 2004 no representa frente a la Ley 600  de  2000,  en  el punto discutido, sucesión de leyes o tránsito legislativo ni  coexistencia  de  normas  regulando   idéntico  aspecto, dado que el nuevo  procedimiento  no derogó el anterior ni tampoco creó una institución dirigida  a gobernar o a ocuparse de la misma situación fáctica procesal.   

Con   la   implementación  del  sistema  acusatorio  para  los  delitos  cometidos  con posterioridad a la vigencia de la  citada  normatividad  adjetiva,  según  lo  dispone  el  artículo 5º del acto  legislativo  03  de  2002,  se  dio  lugar  a  la  existencia sincrónica de dos  sistemas  procesales  diversos,  ellos  son,  el  nuevo procedimiento acusatorio  reglado  en  la  Ley  906  de 2004 y el mixto anterior regulado en la Ley 600 de  2004  que  en punto de la temática analizada, contienen normas  diferentes  para ocuparse de supuestos fácticos disímiles.   

Adicionalmente,  en cuanto se refiere a la  denominada    aceptación    de    cargos    o   de  imputación  establecida  en  la  Ley 906 de 2004, es  claro  que en su rito procesal y dinamismo no puede asemejarse a la figura de la  sentencia    anticipada  dispuesta  en  la Ley 600 de 2000, circunstancia que imposibilita la aplicación  de    aquella    normativa    a   conductas   gobernadas   por   ésta   última  legislación.   

En  efecto,  en  la  Ley  600  de  2000 el  allanamiento  que  da  lugar  a  la   sentencia anticipada se produce sobre  lapsos  procesales:  (i)  A partir de la diligencia indagatoria y hasta antes de  cobrar  ejecutoria  la  resolución de cierre de investigación y (ii) Proferida  la   resolución  de  acusación  y  hasta  antes  de  encontrase  en  firme  la  providencia   que   fija   fecha   para   la   realización   de   la  audiencia  pública.   

A su vez, en la Ley 906 de 2004 las rebajas  procesales  derivadas  de  los  allanamientos  están relacionadas no con lapsos  sino  con  momentos  procesales  específicos  y puntuales v.gr. (i) En la   audiencia  de  formulación  de  imputación  (art.  351);  (ii) En la audiencia  preparatoria  (art.  356.5);  y  (iii)  Una  vez  instalado el juicio oral (art.  367).   

Ahora, si bien podría argumentarse que en  la  normativa  procesal  de  2004 también existe la modalidad referida a lapsos  procesales  en  lo  que  respecta a los preacuerdos: (i) Desde que se formula la  imputación  y hasta antes de que el fiscal presente escrito de acusación (art.  350  y  351);  y (ii) Luego de presentada la acusación y hasta antes de que sea  interrogado  el  acusado  al inicio del juicio oral (art. 353), lo cierto es que  en   la   Ley   906   de  2004  existe  bilaterialidad  pues  hay  presencia  de  “negociación”   o  acuerdo  de  voluntades,  mientras que en la Ley 600 de 2000 frente al instituto  comentado   se   presenta   unilateralidad,  propia  de  una  justicia  criminal  estructuralmente  inducida o de negociación implícita con el Estado, en cuanto  se  supone  que  la  ley  sanciona  más  severamente a quienes insisten en ir a  juicio  o  porque  se  sabe  que  los  jueces imponen penas benévolas a quienes  aceptan   su   responsabilidad   y   renuncian   al   derecho   a   la  fase  de  juzgamiento26.   

Así  pues, la aceptación de cargos en la  Ley  906  de 2004 comporta por regla general un acuerdo bilateral entre fiscal e  imputado,  pues  entre  ambos  pueden  definir  el  quantum  de  rebaja de pena,  correspondiendo  al fallador sujetarse a dicha voluntad concertada, salvo cuando  advierta  la  trasgresión  de  garantías  fundamentales,  mientras  que  en la  sentencia  anticipada  propia  de  la  Ley  600  de  2000  rige una sistemática  unilateral,  en  cuanto excluye acuerdo alguno entre fiscal e incriminado y debe  el  juez  tasar  la  sanción  según  el  acto  libre,  voluntario y unilateral  manifestado por el procesado.   

De lo expuesto concluyo que la sentencia    anticipada   del   sistema  procesal  anterior  y  la  aceptación de cargos o de  imputación actualmente reglada en la Ley 906 de 2004  no  son  iguales,  en  cuanto pertenecen a sistemas procesales de enjuiciamiento  contrapuestos,  todo  lo cual conlleva a excluir la aplicación del principio de  favorabilidad, contrario a lo resuelto por la Sala mayoritaria.   

Por  tanto,  si  la  estructura  de  las  instituciones  cotejadas  es  sustancialmente  diversa,  no  resulta  procedente  aplicar  el  artículo  351  de  la  Ley  906  de  2004 a disímiles situaciones  posdelictuales  regidas  por  la  Ley  600  de  200027.   

Considero   importante   invitar   a  la  reflexión  sobre  el  devenir  práctico  de  la  aplicación  retroactiva  del  artículo  351  de  la  Ley  906  de 2004 a circunstancias posteriores al delito  regidas  por  la  Ley  600 de 2000, pues de conformidad con lo establecido en el  artículo  14  de  la  Ley  890  de  2004 las penas por los delitos cometidos en  vigencia  del  sistema acusatorio se incrementan “en  la  tercera  parte  en  el  mínimo  y  en  la  mitad  en el máximo”,   en   atención   a  que,  según  lo  ha  expuesto  la  Sala  “de  acuerdo con los antecedentes históricos de la  aludida  ley,  su  propósito no fue otro que permitir la puesta en marcha de un  sistema  procesal basado en una significativa negociación de penas, que exigía  por  tanto  el  aumento general de las mismas para mantener una proporcionalidad  sancionatoria  razonable que respondiese a las múltiples formas de negociación  y  rebajas  previstas”28.   

         La  tesis  ahora  prohijada  por la Sala y con la cual disiento, no  responde  a  la  política  criminal del Estado, pues si una persona cometió un  delito  regido  por  la  Ley  600  de  2000,  además  de  no serle aplicable el  incremento  punitivo  dispuesto  en  la  Ley 890 de 2004, se la beneficia con la  rebaja   punitiva   establecida  en  el  artículo  351  de la Ley 906   

de  2004,  circunstancia  que  comporta  un  distanciamiento  del  querer del legislador y no se compadece con la teleología  de  dicha  disposición,  pues  confirió  un ámbito de maniobra a la Fiscalía  General  de la Nación con el propósito de eludir los juicios, razón adicional  para  concluir  que no era viable la aplicación retroactiva del citado precepto  propio del sistema acusatorio.   

         Finalmente,  observo  que  al  llevar  a  la práctica la posición  mayoritaria  se contraría el principio de igualdad de las personas ante la ley,  pues  quien  se  someta  a  la aplicación del artículo 351 en razón de hechos  regidos  por  la  Ley  906  de  2004  tendrá  que asumir el incremento punitivo  establecido  en  el  artículo  14  de  la  Ley  890,  en  tanto  que si alguien  delinquió   bajo   la   égida   de   la   Ley   600   de   2000   –   como   ocurre   en   este  asunto  –   la   aplicación  retroactiva  de  artículo 351 de aquella legislación comportaría una evidente  desigualdad  de  trato  frente a la comisión de delitos similares, pues como ya  precisé,  la  disminución  de  pena  se  establecería a partir de la sanción  señalada  en  el  estatuto punitivo, sin tener en cuenta el incremento derivado  de la citada Ley 890 de 2004.   

En  suma,  considero  que  la  Sala debió  desestimar  la aplicación de la rebaja consagrada en el artículo 351 de la Ley  906  de  2004  con  fundamento en los anteriores razonamientos, mas no acudir al  argumento,  y  he  aquí  la  segunda  razón  de  mi  discrepancia,  consistente en que la confesión está  integrada   a   los   institutos   de   allanamiento  a  cargos,  preacuerdos  y  negociaciones,  planteamiento  con  el  cual  se  desconocen  los  avances de la  jurisprudencia   de   la   Corte  en  torno  a  la  figura  de  la  lex  tertia,  en  cuanto  de un criterio  estricto  en  el cual se prohibía la aplicación del principio de favorabilidad  cuando  se tratara de una misma ley, código o sistema jurídico, se pasó a uno  más  amplio  que  admite  su  procedencia  dentro de una misma normativa legal,  siempre  y  cuando  se  trate  de  materias diversas29.    

Y  en  el presente caso, resulta claro que  una  es  la  rebaja  de  pena  por  aceptación  de cargos y otra muy diversa la  temática  relacionada  con  la  confesión,  tanto  que  la Ley 600 de 2000 les  asigna  un  beneficio punitivo distinto. Por tanto, integrar la confesión a los  institutos  de  allanamiento a cargos, preacuerdos y negociaciones para negar la  aplicación  simultánea de las rebajas establecidas en la sistemática procesal  penal  antes  mencionada implica restringir el alcance fijado actualmente por la  Corte  a  la  figura  de  la  lex tertia.    

         Reitero  entonces  que  el  motivo  por  el  cual  no  procedía la  aplicación  favorable  de  la rebaja de pena prevista en el artículo 351 de la  Ley  906  de  2004  se  remite  a la imposibilidad de asimilar los institutos de  allanamiento  a  cargos, preacuerdos y negociaciones allí regulados a la figura  de la sentencia anticipada contemplada en la Ley 600 de 2000.   

En los anteriores términos dejo sentada mi  salvamento de voto.   

Con toda atención,  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Magistrada  

Fecha      ut     supra.   

SALVAMENTO DE VOTO  

Respetuosamente manifiesto mi discrepancia  con  la  decisión adoptada por la Sala en el presente asunto, por dos aspectos:  el  primero,  al entender que no es posible aplicar a hechos que se rigen por el  artículo  40  de  la  Ley 600 de 2000 el inciso 1° del artículo 351 de la Ley  906  de 2004, y, el segundo, a las razones por las cuales acudió la mayoría de  la  Corte  para  negar  la  aplicación  del  principio de favorabilidad bajo el  argumento  que  la  aceptación  de  cargos  del sistema acusatorio involucra la  rebaja  de  pena por confesión establecida en el artículo 283 del cpp de 2000.   

I. En relación  con   el   primer  aspecto,  reitero  las  razones  que  he  expuesto  en  otras  oportunidades, así:   

     

I. Legitimación de las providencias judiciales.   

II. Interpretación en Derecho Penal.   

III. La pena, sus fines y la culpabilidad.   

IV. Sistema acusatorio: axiología y literalidad.   

V. Conclusiones. Y,   

VI. Refrendación de un criterio.     

                    

El  principio de  legalidad  de  la  pena  es  una  garantía  para  el  procesado  y  también  para  la   sociedad, en el sentido de que el Estado  impondrá  las  que  hayan  sido  estatuidas previamente a la realización de la  conducta   punible,   dentro   de  los  límites  cuantitativos  y  cualitativos  consagrados  en  el  ordenamiento jurídico, sin que se puedan imponer penas por  arbitrio  o  imaginación   del  juez,  que  no  respeten  los  parámetros  legales,  con  quebranto  de  la  igualdad y de la seguridad jurídica”. Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, casación de 7 de marzo de 2007,  radicación  25.385,  M.  P.,  Dr.  Álvaro O. Pérez Pinzón. Agréguese que el  olvido,  el error o el delito judicial no pueden crear derechos, como tampoco la  negligencia  de  la  Fiscalía o de la Procuraduría para recurrir, que a menudo  se  trae  como pretexto de convalidación de esos fraudes a la Constitución y a  la              Ley              válida30.   

I  

Legitimación   de   las   providencias  judiciales   

1. La  mejor  manera  de  legitimar un criterio jurídico es a través  del  soporte  argumental  que  lo  acompañe. Así lo reclama además el derecho  fundamental  de partes e intervinientes procesales a la  motivación de las  providencias,  el  garantismo  penal  dispuesto hoy no aberrantemente a favor de  una  sola  de  las  partes  sino  de todas31   y  una  judicatura democrática, igualitaria e imparcial.   

Y  significa  la  fuente  de  seriedad  y  fortaleza  de  los planteamientos afincados en la axiología de la racionalidad,  de  la razonabilidad, de la proporcionalidad y de la ponderación, principios de  la  más  alta alcurnia  en cualquier variable del Estado de Derecho,   que   tiene   como   sus   valores   más  caros  la  dignidad  de  todos  los  seres  humanos (para el caso  involucrados  en  el proceso penal), la justicia, el orden justo, y, si se trata  del  Estado  Social  de  Derecho  (artículo  1 Const. Pol.), la igualdad, y que  tiene  entre  sus  fines,  el  de  facilitar  la  participación de todos   en   las   decisiones  que  los  afectan   (artículo  2  Const.  Pol.)  y,  si  es Estado Constitucional de  Derecho,  con  un  Poder  Judicial  rectorizado  por  una  “jurisprudencia  de  principios”  que  ha   llevado  en  Colombia  a que sus más altos jueces  penales    por    unanimidad    ponderen  (artículo 27 cpp-04):   

Hay  que  resaltar  la necesidad de que la  judicatura  comprenda  el  papel  que  juegan  sus decisiones en el contexto del  sistema  penal  y  del  modelo  estatal  del  que  hace  parte  por  cuanto  las  democracias  constitucionales  son  fundamentalmente  Estados  de  Justicia;  es  decir,  Estados que en el contexto de una democracia participativa y pluralista,  llevan  a  una  nueva dimensión los contenidos de libertad política del Estado  Liberal  y  de  igualdad  del  Estado Social. Por ello, cada acto de los poderes  constituidos,   incluido   el   Poder   Judicial,  se  halla  vinculado  por  la  Justicia   como   valor  superior   del  ordenamiento  jurídico,  como  principio  constitucional,  como  derecho  y  aún  como deber estatal, de donde resulta imperioso que los jueces,  al  emitir  sus  pronunciamientos,  no  se  preocupen  solo  por  la corrección  jurídica  de  sus  decisiones sino también por la  necesidad de armonizar  esa  corrección  con  contenidos  materiales  de  Justicia  porque  de lo   contrario,  la  judicatura  colombiana  no  habría  dado un solo paso desde las  épocas  del  más rígido formalismo jurídico32.   

2.  La  práctica  del Derecho consiste en  argumentar  porque,  como  dice Atienza, esta cualidad es la que mejor define lo  que  se entiende por buen jurista: capacidad para idear y manejar argumentos con  habilidad33.   

En  procesos  judiciales  en  los  que  se  resuelven  problemas  jurídicos  simples  o  rutinarios  es  común  que  el  esfuerzo  argumentativo  del  juez  se  reduzca a hacer una  inferencia  entre  el  supuesto  fáctico  y  la  norma; pero en los denominados  casos  difíciles,  en los  que  la  relación entre la premisa fáctica y la premisa normativa exige nuevas  argumentaciones  que  pueden o no ser deductivas, la validación de la decisión  requiere   además   de   una   justificación  interna  (corrección  desde  la  perspectiva  lógica-deductiva),  de  una  justificación  externa que impone ir  más  allá  de  la  lógica  en  sentido  estricto34.   

3. A  partir  de  los  desarrollos teóricos de mitad del siglo pasado  (Viehweg,  Perelman  y  Toulmin)  y de las propuestas de autores contemporáneos  (MacCormick  y  Alexy),  se  ha  consolidado  lo  que  se  denomina teorías  de la argumentación jurídica,  las que sirven, entre otras cosas, para señalar que   

Una   decisión  judicial  se  considera  justificada  cuando  el argumento cuya conclusión expresa el contenido de dicha  decisión  es  un  buen argumento o un argumento sólido. El argumento contenido  en  una sentencia judicial es sólido cuando el conjunto de sus premisas (normas  jurídicas   más   enunciados  fácticos)  es  aceptable  y  su  estructura  es  lógicamente                 correcta35.   

4. Modernamente  las  decisiones  judiciales  se profieren teniendo en  cuenta  criterios  de  razonabilidad y proporcionalidad que se edifican a partir  de  un  «test»,  entendido  como  una guía metodológica que se desarrolla en  tres   etapas  que  intentan  determinar:  (i)  La  existencia  de  un  objetivo  perseguido  a  través  de la norma. (ii) La validez de ese objetivo a la luz de  la  Constitución. Y, (iii) La razonabilidad de la relación de proporcionalidad  entre ese trato y el fin perseguido.   

5. El  concepto de razonabilidad puede ser aplicado satisfactoriamente  sólo  si  se concreta en otro más específico, el de «proporcionalidad», que  se     integra     con     tres    subcategorías36:  (i) La adecuación de los  medios  escogidos  para la consecución del fin perseguido. (ii) La necesidad de  la  utilización  de  esos  medios para el logro del fin (esto es, que no exista  otro  medio  que  pueda  conducir  al  fin  y que sacrifique en menor medida los  principios  constitucionales  afectados  por el uso de esos medios). Y, (iii) La  proporcionalidad  en  sentido  estricto  entre  medios  y  fin, es decir, que el  principio  satisfecho  por  el  logro  de  este  fin  no  sacrifique  principios  constitucionalmente más importantes.   

La  proporcionalidad  sirve  como punto de  apoyo   de   la   ponderación   (artículo   27   cpp-2004)   entre  principios  constitucionales:   cuando   dos  principios  entran  en  colisión,  porque  la  aplicación  de  uno  implica  la  reducción  del campo de aplicación de otro,  corresponde  al  juez determinar si esa reducción es proporcionada, a la luz de  la  importancia del principio afectado, y entonces se sopesan (ponderan) los dos  principios  que entran en colisión en el caso concreto para determinar cuál de  ellos  tiene  un  peso  mayor  en las circunstancias específicas, y, por tanto,  cuál de ellos prima la solución del caso.   

En  esta  variante  (de  prohibición  de  protección  deficiente),  el  principio  de  proporcionalidad  supone  también  interpretar  los derechos fundamentales de protección como principios y aceptar  que   de   ellos   se  deriva  la  pretensión  prima  facie  de que el legislador los garantice en la mayor  medida    posible,   habida   cuenta   de   las   posibilidades   jurídicas   y  fácticas37.   

Estas premisas teóricas de argumentación  han  permitido  monolíticamente  a  la  Sala  de  Casación  Penal,  al  buscar  proporcionalidad  entre  los derechos de los victimarios, afincados regularmente  en   el   carácter   absoluto  de  los  derechos  de  primera  generación  del  decimonónico  Estado  Liberal  de  Derecho,  y  los  derechos  de las víctimas  (Estado  Social  y  Democrático  de  Derecho,  y  del  Estado Constitucional de  Derecho  -garantismo  de  los  derechos  de todos-), a ponderar que los últimos  priman:   

No se debe desconocer que en situaciones de  sucesión  o  coexistencia  de  leyes ha de ser tenido en cuenta el principio de  favorabilidad,  sin  olvidar  que  en supuestos límite dicho postulado debe ser  ponderado  frente  a otros fines, valores y derechos fundamentales que lo pueden  hacer    ceder   y   producir   su   inaplicación38.    

II  

Interpretación en Derecho Penal  

Garantismo designa una filosofía política  que  impone  al  Derecho y al Estado  la carga de la justificación externa  conforme  a  los  bienes  y  a  los intereses cuya tutela y garantía constituye  precisamente  la  finalidad de ambos. En este último sentido el garantismo  presupone  la  doctrina  laica  de  superación  entre  Derecho  y  Moral, entre  validez  y  justicia, entre  punto  de  vista interno (jurídico) y punto de vista externo (ético-político)  en     la     valoración     del     ordenamiento,  es  decir,  entre  “ser”  y  “deber ser” del  derecho39.   

1.  Es  la  operación mediante la cual se  trata  de  asignar  sentido a los enunciados jurídicos, determinar su contenido  de  significado  y,  con  ello, su alcance normativo, proceso interpretativo que  parte  del  tenor  literal de los enunciados jurídicos que constituyen su   objeto,  criterio  gramatical-normativo  básico  en  derecho  penal  asociado a  consideraciones de seguridad jurídica y legitimidad democrática.   

La intención del legislador se consigna en  consideraciones  gramaticales  que  cuentan  mucho en la adscripción de sentido  del   enunciado  jurídico  porque  la  interpretación  es  principalmente  esa  asignación  en  el  marco  del  campo de sentido literal posible del mismo, que  además  tiene  que  ver  con  la integración del enunciado legal en un esquema  racional ordenado a la realización de una idea de Derecho.   

2.   La  doctrina  y  la  jurisprudencia  dominantes  señalan  que una interpretación constitucionalmente legítima debe  ser   respetuosa  del  tenor  literal  del  enunciado  y  mostrar  razonabilidad  axiológica;  adecuarse  a  la   orientación  material  de  la norma y ser  coherente  con  el  acervo  axial (plano político-jurídico), aspecto éste que  prima   en  aquellos  casos  de  fricción  con  la  literalidad  del  enunciado  jurídico-penal.  Vale  decir: no puede existir en la hermenéutica una absoluta  disolución  de  la  legalidad  positiva  pero  se  debe  buscar la racionalidad  teleológica,  cuál  es  el fin de la norma tanto como método para interpretar  su enunciado como resultado de la interpretación.   

3.  La interpretación teleológica de los  enunciados   jurídico-penales   señala   que   ellos  tienen  un  telos,  que  se  puede  llamar “fin de  regulación”,  “idea  fundamental”,  “razón  justificante”,  y que no  siempre  aparece  expreso  en el enunciado jurídico pero puede ser descubierto,  logrado lo cual,   

cabe  reconstruir el sentido del enunciado  jurídico   en    términos   de   racionalidad   teleológica,  es  decir,  configurarlo   como   medio   para  el  cumplimiento  de  dicho  fin40.   

4.       Ese       telos puede referirse a los fines que el  legislador  histórico  pretendía obtener con la promulgación del enunciado en  cuestión,  como también a fines independientes de esas pretensiones que pueden  aparecer  por  falta  de  coherencia  entre  el  dispositivo legal y los valores  superiores,   y   por   la   evolución   social.   Los  primeros  se  descubren  empíricamente   a  través  de  materiales  legislativos  y  del  contexto  histórico  en el que se promulgó el enunciado,  mientras que los segundos  (salidos   de   una   interpretación   teleológico-objetiva)  resultan  de  la  interacción   del   legislador,    que  inserta  el  texto  del  enunciado  jurídico-penal  en  un  contexto  comunicativo,  y  el  intérprete,  quien  se  aproxima  al  referido  enunciado  desde un punto de vista externo a éste (pero  “interno” al Derecho).   

Los          telos      de     los     enunciados  jurídico-penales  son consideraciones acerca de las consecuencias fácticas que  debe  obtener  el Derecho Penal, así como a los principios axiológicos por los  que  éste  debe  regirse.  Vendrían  dados  por  la  específica  racionalidad  teleológico-valorativa  del  Derecho  Penal.  Y los elementos configuradores de  una  determinada  racionalidad  jurídica  se  manifiestan  en  la teoría de la  política  criminal  y, más en concreto, en la dogmática de la parte general y  de  la parte especial, como segmentos de la política criminal racionalizados de  modo          singularmente          intenso41.   

5. Así, pues, en la interpretación hay un  camino  progresivo  que  avanza  de la descripción legal al criterio valorativo  rector,  coincidiendo  la  mayoría  de  veces  la  interpretación  del sentido  literal  con  la  interpretación de sentido total, como adelante lo demostraré  en  el  asunto  de  la especie, aunque invirtiendo el orden de los factores para  una  mejor  pedagogía  de  la tesis que con fundamento toral en el Estado  de Justicia, proclamo y defiendo:   

Evidenciaré enseguida el estelar papel en  las  civilizaciones  de  hoy  del  Derecho Penal y uno de sus productos, la pena  legal  y  justa (iii), qué quiso el Constituyente (Acto Legislativo 03 de 2002)  y   el   Legislador  (Leyes  906  y  890  de  2004)  al  obedecer  el  estándar  internacional  (Reglas  de  Palma  y  Estatuto  de  Roma) de implantar una   sistemática  acusatoria  y cuál  fue la política criminal que se adoptó  (artículo  251-4 Const. Pol.) reflejada en las partes dogmática o procesalista  y procedimentalista del nuevo código (iv).      

III  

La    pena,    sus    fines    y    la  culpabilidad   

La pena y sus fines:  

1.   El  periplo  humano  dice  que  una  de  sus  mayores  preocupaciones  tiene  que  ver  con  la  determinación de los fines de la pena  porque  las  diferentes  posturas han debido enfrentar dos paradigmas: (i) el de  sancionar  porque  se  cometió un delito frente al de (ii) penar para que no se  cometa un nuevo delito.   

2. La  teoría  ha  permitido delimitar la existencia de unas teorías  absolutas  de la pena que corren en paralelo a las teorías relativas. Entre las  primeras  se  destaca  la  llamada teoría de la retribución, también conocida  como  teoría  de  la  justicia,  perspectiva  desde  la cual se entiende que el  delito  personifica  la  ejecución  de  un  mal  que debe ser compensado con la  realización  de  la justicia que se produce con la imposición de una pena. Dos  grandes  filósofos  desarrollaron  lo  que  se  ha  dado en llamar retribucionismo  ético (Kant: la pena es  un  imperativo  para  la realización de la justicia42)    y   el   retribucionismo  dialéctico  (Hegel: la  pena   constituye   la   negación   del   delito:   se   trata   de  injusto  y  justicia).   

Las  teorías  relativas  se  desarrollan  teniendo  en  cuenta el fin preventivo de la pena. La prevención especial, cuyo  centro  de  atención  es el delincuente, a través de la pena busca mejorarlo o  resocializarlo  -también  se  ha  dicho  disuadirlo o inoculizarlo- para que no  cometa delitos en el futuro.   

La  prevención  general, que concentra su  mensaje  en  el  conglomerado  social,  busca  que la imposición de una pena se  convierta  en  medio  de comunicación o advertencia para que los miembros de la  sociedad  eviten  la comisión de delitos. La tendencia preventiva negativa hace  de  la  pena  un  mecanismo  de  coacción  psicológica  o  intimidatorio. Y la  prevención  positiva,  o  integradora,  se  construye a partir de relaciones de  confianza  y  fidelidad  al  derecho  que  conducen  a  la  aceptación  de  las  consecuencias cuando se comete un delito.   

3. Sin  embargo,  y  dado  el  cúmulo de críticas que no superan las  mencionadas    teorías,    muchos   autores   han   desarrollado   teorías   de  la  unión,  mixtas,           unificadoras,   en  la  pretensión  de  fundamentar  sólidamente  una  teoría  de  los fines de la pena a partir de un  sincretismo epistemológico.   

4. Adoptando   un   criterio  moderno  y  acorde  con  lo  desarrollos  teóricos  contemporáneos,  el  legislador colombiano de 2000 determinó que la  pena tiene fines   

de   prevención  general,  retribución     justa,    prevención  especial,   reinserción   social   y   protección   al   condenado43,   

pero aclaró que  

La  prevención especial y la reinserción  social   operan   en   el   momento   de   la   ejecución   de   la   pena   de  prisión.   

Esta  fórmula  legal  introduce entre los  fines  de  la  pena  todos  los criterios que han sido desarrollados, procurando  responder  la  pregunta  de  si  se  pena  porque se delinquió o para que no se  delinca.   

La Constitución Política…establece una  verdadera  política  y  filosofía  del  derecho  penal  y  de  las  penas  que  condiciona  los  fines,  objetivos y clases de penas que pueden imponerse por el  legislador  penal:  las  penas  deben  ser  humanas,  dignificantes,  limitadas,  posibles          de          cumplir,         edificantes,         determinadas    y   conocidas,   deben  rehabilitar    y    socializar    al    condenado44.   

5. Hoy  en  día no es posible administrar con criterios absolutos los  fines  de  la  pena  porque  a  la  luz  de  los principios signados en la Carta  Política    y    los    tratados   internacionales   sería   inconstitucional,  pues   

la  pena  es  una  forma  de intervención  estatal  radical  y  como  tal  necesita  un fundamento legitimador que no puede  consistir  en ideas metafísicas, sino sólo en la necesidad y conveniencia para  la  realización  de  tareas  estatales  (en  el caso concreto: el control de la  criminalidad)45.   

Si  bien modernamente se ha pretendido por  un  sector mayoritario de la doctrina dar respuesta a los fines de la pena desde  una  perspectiva  preventivo  general,  no se puede perder de vista que la pena,  por contener un reproche personal al autor del delito,   

No puede justificarse frente a éste sólo  con  su  necesidad  preventiva,  sino que también tiene que poder ser entendida  por    él    como   merecida   (lo   que)   sucede   cuando   es   justa,  esto  es, cuando se vincula a la  culpabilidad  del  autor  y se limita por el grado de la misma… Dicho en forma  simple:  la  pena  debe  permanecer  bajo  la  medida de la culpabilidad incluso  aunque   tenga   sentido   desde   un   punto  de  vista  preventivo46.   

Culpabilidad y pena:  

1. En  la  medida  en  que  se  ha propugnado por un derecho penal que  permita  hacer  responsable  a aquellos individuos por lo que han hecho y no por  lo  que  son,  porque  la  culpabilidad  dejó  de  ser un rasgo intrínseco del  sujeto,  se  ha  permitido entender la culpabilidad como cualidad que se predica  jurídicamente   de   una   persona   en  relación  con  la  conducta  ilícita  ejecutada.   

2.   El   «grado»  o  «cantidad»  de  culpabilidad  es  la  medida  de  la pena en tanto aquella determina el monto de  esta.  Al  quedar fijada la culpabilidad del autor se está predicando del mismo  su     responsabilidad,     de    donde    se    desprende    el    quantum  de  pena  a  imponer  al sujeto  particular   y   concreto   por  su  calidad  de  responsable  de  una  conducta  delictiva.   

3. Si     la    culpabilidad    se    entiende    como    capacidad    normal    y   suficiente   de   motivación   por   la  norma  no  hay  lugar a discutir que, en la medida en  que  el  llamado de la norma  es  recibido  por  el  sujeto,  dicho  mensaje  lo  motivará  a proceder en los  términos dispuestos por el ordenamiento jurídico.   

4. De  lo  expuesto  se  sigue  que  solamente  podrá ser tenida como  pena  justa  aquella  que  ponderada  a  partir  de  la  gravedad  del  hecho  frente a la culpabilidad del  responsable  de  la  acción,  está  en  capacidad  de  vigorizar  la confianza  colectiva  en  sus  instituciones  y la conciencia jurídica de la comunidad. La  pena  justa  no  puede  pasar por alto que al Estado47,   

además de garantizarles la protección de  los  derechos  humanos  mediante  el ejercicio de un recurso en los términos de  los  artículos  8  y  25  de  la  Convención  Americana  de  Derechos  Humanos  (le)   

[4.5.3.]  …  corresponde  el correlativo  deber  de juzgar y sancionar  las  violaciones  de tales derechos. Este deber puede ser llamado obligación de  procesamiento    y   sanción   judicial  de  los  responsables  de  atentados  en  contra  de los derechos  humanos internacionalmente protegidos.   

(…)  

4.5.5.  El  deber  estatal  de investigar,  procesar   y   sancionar  judicialmente   a   los   autores   de   graves  atropellos  contra  el  Derecho  Internacional  de  los  Derechos Humanos no queda cumplido por el sólo hecho de  adelantar  el  proceso  respectivo,  sino  que  exige  que  este  se surta en un  “plazo  razonable”. De otra manera no se satisface el derecho de la víctima  o  sus  familiares  a  saber  la  verdad  de lo sucedido y a que se sancione     a     los     eventuales  responsables.   

(…)  

4.5.10. El derecho a la verdad implica que  en  cabeza  de  las  víctimas  existe un derecho a conocer lo sucedido, a saber  quiénes  fueron  los  agentes  del  daño,  a  que  los  hechos  se investiguen  seriamente  y  se  sancionen  por el Estado, y a que se prevenga la impunidad.   

(…) la Corte aprecia que, dentro de las  principales  conclusiones  que  se extraen del “Conjunto de Principios para la  protección  y la promoción de los derechos humanos mediante la lucha contra la  impunidad” en su última  actualización,  cabe  mencionar  las siguientes, de especial relevancia para el  estudio  de  constitucionalidad  que  adelanta:  (i)  durante  los  procesos  de  transición  hacia  la  paz,  como el que adelanta Colombia, a las víctimas les  asisten  tres categorías de derechos: a) el derecho a saber, b) el derecho a la  justicia  y  c)  el  derecho  a  la reparación… (iv) el derecho a la justicia  implica  que  toda  víctima  tenga  la  posibilidad de hacer valer sus derechos  beneficiándose  de un recurso justo y eficaz, principalmente para conseguir que  su  agresor sea juzgado, obteniendo su reparación; (v) al derecho a la justicia  corresponde  el  deber  estatal  de  investigar las violaciones, perseguir a sus  autores    y,    si    su   culpabilidad     es     establecida,     de     asegurar     su    sanción.   

5. Pero  la  pena  no  solamente tiene que ser justa sino que debe ser  respetuosa  de  la  legalidad  existente;  se  debe  soportar  en los axiomas de  efectividad48  («facticidad»)  y  normatividad  («validez»)  del derecho, de  donde  su  legitimidad  dependerá  del  respeto  a los límites que disponga el  orden   jurídico   en  tanto  expresión  de  una  razonable  determinación  y  concreción    de   los   derechos   fundamentales49, que en el proceso penal se  predican        con       igual       énfasis50 tanto a favor del procesado  como         de         las         víctimas51 y la sociedad.   

6. Las  penas  establecidas  en la legislación penal han superado los  exámenes        de        constitucionalidad52   y   por  tanto  resultan  ajustadas         al        principio        de  proporcionalidad  para  sancionar  al  amparo  de sus  extremos  punitivos  los  ataques  que  puedan  recibir  los  bienes  jurídicos  protegidos,  de  donde  se tiene que la imposición de una sanción que desborde  el  tope máximo, se tace por debajo del límite mínimo o por vía de alguna de  las  instituciones del derecho premial conlleve una rebaja de pena más allá de  la     autorizada     legalmente,     debe     ser  corregida,  pues  desde  la  Constitución se reclama  imperativamente  que  los  poderes  públicos  en general, y la rama judicial en  particular,  desplieguen  su  actividad  de  manera encaminada a conseguir “la  efectividad  de los valores superiores de la justicia material y de la seguridad  jurídica”53:   

En  la  vida  en  comunidad y de cara a la  organización  estatal,  a  la  par  de  los derechos esenciales de vida-libertad-igualdad,  cobra  especial  relieve  para  hacer  real  y  efectivo  el  valor  de dignidad, el derecho   a   la   seguridad,  y  dentro  de este el de seguridad  jurídica…  Así es como el  derecho  a  la  seguridad  viene  a cobrar especial relevancia en el orden a la protección de la dignidad,  la  vida,  la  libertad  y  la igualdad. Sin seguridad  material  y  jurídica  de nada sirve la formulación  abstracta  de  derechos, el establecimiento de un Estado de Derecho se tornaría  inane  e  insignificante, pues la incertidumbre, la inseguridad, la variabilidad  de  las  situaciones  y por tanto la injusticia, cundirían, anegándose la vida  social   y  la  justicia  en  un  subjetivismo  peligroso  que  propiciaría  la  inconformidad, la violencia y la guerra civil.   

7. La  pena  que  legalmente  se  consagra  como  consecuencia  de  un  comportamiento  punible  está  ajustada dentro de unos límites que le permiten  caracterizarla  como necesaria, proporcional y razonable (artículo 3° cp) y en  tal  medida  con  ella  se  busca  obtener  como  fines  la prevención general,  retribución  justa,  prevención especial, reinserción social y protección al  condenado (artículo 4° cp).   

La  clásica pauta “a cada uno lo que le  corresponde”  se  interpreta  comúnmente  como  una  apelación  al mérito o  demérito   personal.  Quien  la hace, la paga. A cada uno lo que ha ganado  limpiamente.  La   justicia  reparte  premios  y  castigos  atendiendo a la  relación  entre  la  causa  y su agente. El individuo se responsabiliza de  sí  mismo ante sí mismo y, sobre todo, ante los demás. El sistema judicial se  basa,      desde     siempre,     en     dicha     concepción     de    la  responsabilidad.54   

8.  La  pena  es  un  mal  necesario  que,  parodiando  a  Radbruch,  se  debe utilizar racionalmente hasta que la humanidad  encuentre  algo  mejor  para afrontar las conductas desviadas. La reparación no  tiene  el  poder  de  extinguirla  sino  en  contados  casos.  Pervive   la  retribución   justa  (artículo  4  cp).  Y  el  monto  de  la  pena  debe  ser  proporcional   a   la   culpabilidad   del  autor,  cómplice  o  interviniente,  constituyéndose  en  referente  indiscutible  para la reparación de perjuicios  así  sea  en  sede  de  preacuerdos y negociaciones (artículos 34855,  34956     y     351     inc.     último57  cpp),  a  considerar en el  “arbitrio    ponderado”    que    otorga    el   normativo   “hasta”  (artículos 288.3 y 351 inc. 1  cpp),  “acuerdo  que  se  consignará   en  el  escrito  de acusación”, conforme a texto literal y  axiológicamente  limpio  ubicado  en  el  extremo  posterior  del  juicio  de identidad que se realiza entre  la  antigua  sentencia  anticipada y la primera “modalidad” de preacuerdos y  negociaciones  que  tifipica   el  artículo  351  con  el   nombre de  “aceptación de los cargos”.   

Después de que las extensiones legales del  principio   de   oportunidad   y   las   distintas   medidas   aceleratorias  no  resultaran   suficientes,  la  práctica judicial alemana ha encontrado una  solución  radical  propia,  que se  mantuvo durante muchos años encerrada  en  torres de silencio y que recientemente en los últimos años ha surgido a la  luz  de  la  opinión  pública.  Justo  aquí  es donde entran a jugar un papel  decisivo  los acuerdos informales en el proceso penal, que van a reducir el alto  número  de  causas,  los problemas de la práctica de la prueba en los procesos  muy  voluminosos  y  el  cuello  de  botella  de  la  acumulación  de  la vista  pública58.   

Y  no creo que imponiendo penas no legales  ni   justas  (artículos 3 y 4 cp) se construya tejido social, antes por el  contrario,  la  impunidad  -así sea parcial- es de los principales combustibles  de  la criminalidad, además que está fuera de lugar el argumento económico de  los  costos  carcelarios  por  manutención  de  presos como pretexto serio para  prohijar  exenciones, aunque sean fragmentarias, de pena concediendo rebajas que  no  van  para  generar  verdaderos  jubileos  criminales en un país acosado por  felonías de toda laya.   

   

La  condena  condicional  degeneró en una  especie  de  ius  primae  crimine  o derecho a delinquir por primera vez, con lo  cual  se  incrementó  la  criminalidad  y  se  llegó  a  un  verdadero jubileo  criminal,  a  modo  de  indulto  o de perdón predeterminado, siendo una latente  invitación     legal     a    la    delincuencia59.   

IV  

Sistema   acusatorio:   axiología   y  literalidad   

1.   El   marco   constitucional   -Acto  Legislativo  03 de 2002- y sus desarrollos legislativos -especialmente las leyes  906  y  890  de  2004-  dicen que con la colosal empresa de la implantación del  “sistema  acusatorio colombiano”, se buscó modernizar la vida jurídica del  país,  luchar  contra  la  criminalidad y beneficiar a la sociedad con justicia  pronta  y cumplida; ejercer la justicia penal con el convergente respeto por los  derechos   fundamentales   de  imputados,  comunidad  y  víctima;  activar  una  sistemática  de  partes en juicio oral y público, que propicia control social,  de  cara  a  un juez independiente, autónomo e imparcial; y, en fin, trazar las  líneas  de  una política criminal, que se adoptó como política de Estado, de  lucha  contra  la  impunidad  con  fortalecimiento  del  marco  de  derechos  y  garantías  de  procesados  y  víctimas,      y      justicia     restaurativa60.   

         Bien  se  ha  dicho  que esta reforma tan solo incidió en la parte  orgánica  de  la  Carta toda vez que su parte dogmática permaneció inalterada  (preámbulo  y  artículos  1,  2,  6,  15, 28, 29, 30, 31 y 32) aunque, para la  temática  que nos ocupa, se ha de resaltar que el derecho fundamental al debido  proceso  público  (artículo  29  Const.  Pol.) está atravesado  más que  nunca  por  el  tipo de Estado  que profesa Colombia (Social y Democrático  de  Derecho,  artículo  1  Const.  Pol.) y sus fines (artículo 2 Const. Pol.),  cuyo  principal  valor  es el de la igualdad (artículo 13 Const. Pol.), además  que  los  derechos  de  las  víctimas,  protegidos  de antaño por el bloque de  constitucionalidad  (artículos  93  y  94  Const. Pol.), ganaron un refuerzo de  protección  por  la  múltiple  referencia  que  de ellos se hace en los nuevos  artículos  250  y  251  de  la  Carta,  y en las 89 citas que de ellas ocupa el  cpp-04.       

            2.   La   Corte  Constitucional  al  hacer una especie de balance de las “modificaciones” que  introdujo  el  Acto  Legislativo  03  de  2002  en  el  sistema  procesal penal,  encontró  : (i) la aplicación del principio “nemo iudex sine actore”; (ii)  se  mantuvo  el  carácter  judicial del órgano de investigación y acusación;  (iii)  se  creó  la figura del juez de control de garantías; (iv) se consagró  el  principio  de  oportunidad;  (v)  se dispuso el carácter excepcional de las  capturas  realizadas por la Fiscalía General de la Nación, autoridad que, a su  vez,  preservó  la  competencia para imponer medidas restrictivas del derecho a  la  intimidad,  pero bajo control judicial posterior61; y, (vi) se acogieron en el  sistema   acusatorio   colombiano   fórmulas   mixtas  que  combinan  elementos  estructurales    de    las   subespecies   anglonorteamericano   y   continental  europeo62,  alentadas  por igual por la política criminal del acuerdo o del  consenso, o justicia consensuada.    

El  procedimiento  de  la  plea bargaining  constituye,   utilizando   palabras   de   Amodio,  “una  verdadera  y  propia  exaltación  de  la  autonomía  de  las  partes”.  La  negociación  entre el  prosecutor   y  el imputado se ha convertido, estadísticamente, en el modo  más  habitual  de  definir los procesos penales como alternativa al sofisticado  mecanismo    impuesto    por    el    jury   trial63.   

3.   La   Corte   Suprema   de  Justicia  pioneramente sentenció que:   

las normas que  se    dictaron    para    la   dinámica  del  sistema acusatorio colombiano, son susceptibles de aplicarse  por  favorabilidad a casos  que  se  encuentren  gobernados  por  el Código de Procedimiento Penal de 2000,  a   condición   de  que  no   se   refieran   a  instituciones  propias del  nuevo  modelo  procesal  y  de  que  los referentes de  hecho  en  los  dos  procedimientos sean idénticos.   

No  se  puede  eludir  la  aplicación  del principio, por ejemplo, a situaciones en las cuales  la  ley  906  de  2004  no  contempla  privación  de la libertad en cierto caso  mientras  que la ley 600 sí, o en eventualidades en las que la primera consagra  bajo  determinadas  condiciones  la  libertad  provisional y en presencia de las  mismas la segunda la niega.   

En  el  caso  que  resuelve  la  Corte, al  establecerse  que  la conducta punible de prevaricato por acción imputada tiene  prevista  pena  de  prisión  de  3  a  8  años y que el artículo 313-2    de    la   ley   906  de  2004  fijó  como  requisito de  procedencia  de  la detención preventiva en los delitos investigables de oficio  que  el  mínimo  de la pena prevista en la respectiva disposición sea o exceda  de  4  años,  es  claro  que ésta norma resulta aplicable al caso examinado en  virtud  del  principio  de  favorabilidad   penal  y  que,  por  lo  tanto,  debe  accederse  a  la  petición inicial de la defensa”64.   

4.  El  Tribunal  Constitucional  en  la  sentencia  C-592/05,  luego  de  hacer varios reenvíos y acoger el contenido de  algunas  providencias  de la Sala de Casación Penal65,    señaló    que    la  favorabilidad     era     aplicable    a supuestos de hecho de esa estirpe   

en  uno  -el de la Ley 600 de 2000- y otro  -el  sistema  de  la Ley 906 de 2004- pero que reciben  en  cada  uno  soluciones  de  derecho diferentes. Mal  podría  en efecto pretenderse por ejemplo que se dé aplicación, en virtud del  principio  de  favorabilidad, a las normas que sobre principio de oportunidad se  establecen  en  la  Ley  906  de  2004  a hechos acaecidos con anterioridad a la  entrada  en  vigencia  de  dicha ley, pues ese es un elemento esencial del nuevo  sistema  que  no encuentra su equivalente en el sistema anterior regulado por la  Ley  600  de  2000  y  por  tanto  no  se  dan en relación con este último los  presupuestos  lógicos  para  la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad  (Negrillas agregadas).   

Agregó que  

la  interpretación  que  se hace por esas  instituciones  (la  Fiscalía  General de la Nación y Ministerio del Interior y  de  Justicia)  tanto  del artículo 5° del Acto Legislativo 03 de 2002 como del  artículo  6°  de  la  Ley  906  de  2004 excluye en cualquier circunstancia la  aplicación  de  las  normas  de  la  Ley  906  de 2004 a hechos anteriores a su  entrada  en  vigencia  de  acuerdo  con  la  gradualidad   que  en ellas se  establece.   Aún si como lo hace el Vicefiscal General de la Nación no se  descarte   que  el  principio  de  favorabilidad  como  principio  rector  pueda  aplicarse  en  casos  concretos  que  puedan  llegar  a  presentarse  durante la  vigencia de la Ley 906 de 2004.   

Y concluyó:  

Así  las  cosas,  dado que no queda   duda  sobre  la aplicabilidad del principio de favorabilidad penal, la  Corte  -además de acoger, por ser claramente respetuosa de las  garantías  constitucionales,  la  interpretación adoptada por la Sala Penal de  la  Corte Suprema de Justicia como máximo tribunal de  la  Jurisdicción  ordinaria  en  este  tema-,  declarará  la exequibilidad del  tercer  inciso  del  artículo 6° de la Ley 906 de 2004 por el cargo formulado,  pues  se  reitera  la única interpretación posible del mismo en el marco de la  Constitución  es  la  que   se  desprende   de la conjugación de los  principios  de legalidad, irretroactividad de la ley y favorabilidad penal a que  se  ha  hecho  extensa  referencia, lo que pone presente que en manera alguna se  pueda    desconocer   la   aplicación   del  principio  de  favorabilidad,  contrariamente a lo que afirma el actor.   

Es  la  llamada  “teoría  del  derecho  viviente”,  que  la Corte Constitucional aplica apenas esporádicamente.   Pero  ese Alto Tribunal, no obstante el artículo 243 Const. Pol., referido a la  “cosa  juzgada  constitucional”,  varió a través de numerosas providencias  dictadas  en sede de revisión de tutelas,  como sonora pero acríticamente  se  relaciona  en  la  providencia  triunfante, ese inicial criterio al reclamar  para  la  procedencia  de la favorabilidad  en esa sucesión y coexistencia  de  procedimientos  y  de  leyes,  no  ya que las figuras fueran idénticas sino  similares,   cambiando   las   reglas   del   juego66.   

Rónald Dworkin analiza cómo a través de  frases  y  giros  de  lenguaje  se  fuerza  la  interpretación  jurídica hasta  límites  insospechados;  y  Beccaría escribió que “la arbitrariedad se  instala  cuando  el castigo no depende de la voz constante y fija de la ley sino  de  la errabunda inestabilidad de las interpretaciones”, que Ferrajoli señala  como  característica de los modelos autoritarios y de derecho penal máximo que  pretenden liberar al juez del principio de estricta legalidad.   

5. El artículo 4° del Acto Legislativo 03  de  2002  ordenó  crear una Comisión para que “presente a consideración del  Congreso  de  la  República… los proyectos de la ley pertinentes para adoptar  el  nuevo  sistema…”,  entre  los  cuales se incluyó una reforma al Código  Penal para aumento de penas con esta motivación:   

“Atendiendo   los   fundamentos   del  sistema  acusatorio,  que  prevé  los  mecanismos  de  negociación      y      preacuerdos,  en  claro  beneficio  para  la administración de justicia y los  acusados,  se  modificaron  las  penas…”.   

En  la Ponencia para primer debate se dijo  que   

“La razón que sustenta tales incrementos  está  ligada con la adopción de un sistema de rebaja  de   penas   (materia  regulada  en  el  Código  de  Procedimiento   Penal)  que  surge  como  resultado  de  la  implementación  de  mecanismos          de         ‘colaboración’  con  la  justicia  que  permitan  el  desarrollo  eficaz  de  las  investigaciones  en  contra  de  grupos  de  delincuencia organizada y, al mismo  tiempo,   aseguren   la   imposición   de  sanciones  proporcionales  a la naturaleza de los delitos que se  castigan”.   

El Senador Rojas dijo:  

Yo  tenía  la  misma  preocupación  del  Senador  Martínez  en  relación con las penas… pero aquí lo que habría que  decir  es  que  en el Código de Procedimiento Penal seguramente tiene que ir un  sistema  de  graduación  de  las  penas  por  lo que sustancialmente cambió la  función  de  la  Fiscalía  que  ahora no practica pruebas, que ahora no cumple  funciones  judiciales  y  que  en  consecuencia  va a significar que haya muchas  posibilidades      de     negociación,  de  acuerdos  entre    los   sujetos   procesales   con   miras   a   obtener   un   resultado  aceptable.   

El     Senador     Rivera    Salazar  expresó:   

El  sistema  acusatorio  es  un  sistema  básicamente   de  rebaja  de  penas  y  de  otorgamiento  de  beneficios  y  de  negociación    y   de  acuerdos entre la Fiscalía  y  la  defensa…  el  sistema  está  concebido de esa manera, es un sistema de  rebaja        de       penas,       un       sistema       de       preacuerdos,     de     negociación    entre    Fiscalía   y  defensa.   

6.  Aciertan  en  sus  apreciaciones los  Legisladores  porque  la  Comisión Constitucional Redactora había acogido como  criterio  rector  básico  de  la  nueva sistemática, la política criminal del  consenso    o    justicia   consensuada  que  superaba  con   creces  la  filosofía del sometimiento recogida en el artículo 40  Ley  600  de  2000  con  descuento fijo, y que encuentra respaldo en los valores  justicia  y  orden  justo,  en  los   principios  de  la  dignidad humana y  democracia  participativa y pluralista, y en el fin del Estado Social de Derecho  de  facilitar  la  participación  de  todos  en las decisiones que los afectan,  consultando       la       doctrina       globalizada      del      pattegiamiento italiano, el asprach   alemán,   el   plea   bargaining   anglosajón   y  la  conformidad  española67.   Y   se  estableció  un  descuento  a  ponderar  (“hasta”),  con   

Una  relación  de política criminal  global  (sistémica) entre el descuento punitivo y el incremento generalizado de  penas  (leyes  906 y 890/04): “Un ordenamiento jurídico es un sistema en cuyo  seno  las  normas carecen de existencia singular pues sólo adquieren sentido en  función            del            todo”68.   

7.    La   Corte   Suprema69  insistió  en  el  criterio  que  el  allanamiento o aceptación de cargos no es igual a la  sentencia   anticipada,   pues  en  aquél  instituto  se  presenta  una  activa  participación   del  fiscal  y  del  imputado  que  incluye  las  consecuencias  punitivas  derivadas  de  lo  aceptado,  al  punto  que  la ley obliga al juez a  respetar  los  acuerdos,  aspectos  que  no eran contemplados en la legislación  anterior   toda   vez   que   en   ella   no   se   previó   ningún   tipo  de  negociación70. Se agregó que   

la  comparación  institucional de las dos  figuras  en  estudio,  es  decir,  la  sentencia anticipada del sistema procesal  anterior  y  la aceptación de cargos o de imputación actualmente reglada en la  Ley  906  de  2004 no son iguales, toda vez que pertenecen a sistemas procesales  de   enjuiciamiento   contrapuestos,   conclusión   lógica   y  jurídica  que  necesariamente  conlleva  a  excluir  la pretendida aplicación del principio de  favorabilidad  que reclama la Procuraduría Delegada, pues si bien es cierto que  la   Sala   ha   admitido   la   operancia  de  la  favorabilidad  frente  a  la  “coexistencia”  de legislaciones, también  lo  es  que   ella   se  verifica  siempre  y  cuando  los   institutos  partan  de los mismos supuestos de hecho, evento que en este caso no  ocurre.   

Y se puntualizó que  

aducir  que los dos institutos son iguales  por  cuanto  inciden en el campo de la punibilidad, es una afirmación sesgada y  genérica  que  no consulta tanto la estructura de cada sistema como los motivos  por  los cuales fueron incorporados a cada legislación, resaltándose que en la  Ley  906  de  2004  impera  como  principio la justicia consensual propia de los  sistemas de corte acusatorio.   

En   otra   providencia   se   recalcó  que   

la aplicación de la favorabilidad respecto  de  determinadas  normas  contenidas  en la Ley 906 a casos regulados por la Ley  600,  depende  de  la equivalencia de los respectivos institutos, la cual, desde  ya  se  advierte,  no  se  consolida  en  los  casos  de  la  aceptación  de la  imputación  en la audiencia de su formulación prevista en los artículos 293 y  351  de  la  primera  normatividad,  y  la  sentencia  anticipada regulada en el  artículo  40  de la segunda, pues además de que fueron moldeados con arreglo a  esquemas   constitucionales   diferentes,   configuran   institutos   procesales  sostenidos   en  bases  filosóficas  distintas:  aquél  en  el  paradigma  del  consenso,    ésta    en   el   del   sometimiento71.   

V  

Conclusiones  

          1. Las dos Cortes  nacionales  en  ejercicio  puro de sus funciones constitucionales de unificar la  jurisprudencia  nacional  al  hilo  de  los mandatos superiores y de definir los  alcances  de  los  derechos  fundamentales  en sentencias de constitucionalidad,  dijeron  que  en  el  tránsito  y coexistencia de los códigos de procedimiento  penal    de    2000    y    2004    era   viable   el   principio   –derecho de favorabilidad a condición  de:  (i)  no ser la figura correspondiente estructural de la nueva sistemática,  vr.  gr.,  el  principio de oportunidad, no obstante los vestigios que existían  en  la  antigua  codificación;  y  (ii)  ser  idénticas  las  dos figuras, por  ejemplo:   la   definición   de  situación  jurídica.  De  suerte  que:    

         

2.  La  doctrina  comparada,  de  donde el  legislador   nacional  tomó  la figura, puntualiza: (i) El instituto de la  conformidad  o de los acuerdos, es claro exponente del principio de oportunidad;  y    (ii)    la    conformidad    es    un   instituto   típico   del   sistema  acusatorio72.   

         3.  La política criminal del consenso que alentó al Constituyente y Legislador  históricos  de  2002  y  2004,  es distinta a la del sometimiento que rigió la  sentencia  anticipada antigua (2000), aquella -la del  acuerdo- recogida en  los  artículos  8-d  y  10- de Principios y Garantías- y 354 -reglas comunes-,  entre otros.   

4.  Este  acervo  axial  y  de política  criminal  distinto,  llevaron  a  que  el  texto  de  las normas positivas fuera  claramente diferente (artículo 27 ccc):   

i)  “Sentencia  Anticipada.  A partir de la diligencia de indagatoria  y  hasta  antes  de  que  quede  ejecutoriada  la  resolución  de  cierre de la  investigación,  el  procesado  podrá solicitar, por una sola vez, que se dicte  sentencia  anticipada…  El juez dosificará la pena que corresponda y sobre el  monto  que  determine  hará una disminución de una tercera (1/3) parte de ella  por  razón  de  haber  aceptado  el procesado su responsabilidad…73.   

ii)  La  aceptación   de  los cargos  determinados  en  la  audiencia  de formulación de la imputación, comporta una  rebaja  hasta de la mitad de la pena imponible, acuerdo que se consignará en el  escrito            de           acusación74.   

5.  Por  esas  razones,  la aparente mayor  rebaja  que  contempla  la  última  preceptiva  no  se  puede aplicar por   favorabilidad  porque  es  “ilegal” de acuerdo con la propia interpretación  de  la  Corte  Constitucional en decisión  que hizo tránsito a  cosa  juzgada  (sentencia C-592/05), toda vez que la especie justicia consensuada y el  género  principio  de  oportunidad, son características del sistema acusatorio  global   y  colombiano  que   histórica  y   axiológicamente  marcan  diferencias     radicales     con     el     Ancien  Regimen  del  procesalismo  penal  nacional. Y no son  instituciones  idénticas,  talvez  lejanamente parecidas como dos primas de una  misma familia.   

Y si se hace un acertado uso del factor de  ponderación  “hasta” y no se aplica automática e irracionalmente el 50% de  rebaja,  no  siempre  la  rebaja  fija  de  la  tercera  parte  consagrada en el  artículo  40 Ley 600/00 sería inferior a aquella, además qué tal si se acoge  el  criterio  “garantista” según el cual la Ley 890/04, que en su artículo  14  sólo  aumenta  penas,  rige desde siempre y en todo el país, que -concedo-  tiene  su  lógica  desde  el  seno  de  la legislación que fijó posibilidades  (“hasta”)  de  topes  altos  de descuentos para alentar al procesado a   buscar  acuerdos  que  agilizaran  los  procedimientos,  pero con el simultáneo  incremento  punitivo  de  todos los tipos penales para que no hubiera impunidad,  criterio  rector de la política criminal adoptada para la creación de la nueva  sistemática   procesal  penal,   como  se  resaltó  atrás  por  repetida  vez.   

VI  

Refrendación de un criterio  

1. Mirando   procedimentalmente  la  figura se encuentra fácilmente que al detallarse el trámite  de  la  audiencia  de la formulación de la imputación, se le señala al fiscal  entre  sus  deberes  el de expresar oralmente (art. 288.3) la “posibilidad del  investigado   de  allanarse   a  la  imputación  y  a  obtener  rebaja  de  pena   de  conformidad  con  el  artículo  351”,  que  puede suceder por  iniciativa   propia  o  por  acuerdo  con  la fiscalía (art. 293) pero que  siempre     requerirá    de    acuerdo  respecto  del  “hasta”  de  la  aminoración  de pena pues no  siempre  será  el  50%,  como sin fundamentación se viene aplicando en algunas  instancias   tal   vez   para   aligerar  presupuestos  carcelarios  y   de  congestión  judicial.  Es  que  la aceptación de la imputación  a que se  refieren los artículos 288.3 y 293 -se reitera-,   

comporta   una   rebaja   hasta  de la mitad de la pena imposible,  acuerdo que se consignará  en el escrito de acusación.   

   

     

2. Desde          el          ámbito         del         procesalismo,    se    pregunta:   (i)  ¿Será   que  cuando  el  imputado  acepta  los  cargos   pero no por  acuerdo    sino    por   allanamiento,   sí   puede  retractarse –art.  293 inc. 2 cpp-?. (ii) ¿Será que si  la aceptación de  cargos    sucede    por    allanamiento   y   no   por   acuerdo,   serán   existentes   las   realizadas   sin   la   existencia  del  defensor   -art.  354  cpp-?. (iii)) ¿Será que  sí   es   posible  utilizar  en  contra  del   imputado  las  conversaciones  tendientes  a  lograr un  allanamiento  como  no  es posible hacerlo con los que buscan “un acuerdo para  la  declaración  de  responsabilidad  en  cualquiera de sus formas”, art. 8-d  cpp?.  Y,  (iv)  d)  ¿Será que puede el juez autorizar los acuerdos  pero  no   los   allanamientos  –arts.  10  inc. 4 y 293  inc. 2 cpp?.   

Las    respuestas    dicen    que   la  “aceptación   de la imputación”,  bien por iniciativa propia del  imputado  o  por acuerdo con la fiscalía, es figura global -política criminal-  de  la  justicia consensuada  que,    como    primera  modalidad,    registra    el   art.   351   inciso   inicial   en   texto  claro  que  reclama “acuerdo”  para fijar el “hasta” de la disminución punitiva.   

3. Así, siguiendo las pautas del Tribunal  Constitucional:  (i)  el  nuevo  código  de  procedimiento  penal  adoptó como  vertebral    de    su    sistemática,    la    filosofía    del   acuerdo     y     la     negociación  consagrando       en      el      art.      351     sus     “modalidades”,  en  cambio  de  la  del  sometimiento  del anterior  con   su   figura   estelar  de  la   sentencia  anticipada  (art.  40  ley  600/00).   Y,  (ii)  si  bien  es cierto que la primera “modalidad”, en  comienzo  tiene  perfiles  parecidos  a  ésta  -sometimiento o aceptación  unilateral  de  la  imputación-,   al requerirse de acuerdo o negociación  para   fijar  el  “hasta” de la pena imponible, presenta una mixtura de  las  antiguas  sentencia anticipada y audiencia especial, que hace exótico  el     predicado    de    identidad    entre esas figuras.   

4.  Recuérdese  que el cpp-91 acuñó por  primera  vez  en  Colombia  la terminación anticipada  del  proceso  creando  las  figuras  de  la sentencia  anticipada  (art.  37) y la audiencia especial (art. 37B), la  primera   de   las   cuales   implicaba  sometimiento con descuento  fijo    y   la   segunda  negociación,   que  por  supuesto   las   hacía   bien   diferentes.   El  Código   de  2000  (Ley  600/00)   sólo  consagró la primera especie y no la segunda, mientras que  el  estatuto  de 2004 estableció todas las modalidades bajo el rubro general de  “Preacuerdos   y   Negociaciones”   en   el   título   II  del  Libro  III,  “justicia  negociada”,  que  refleja,  además, la  influencia de figuras globalizadas, universales  y   trasnacionales  como  la  conformidad               española,              el              pattegiamiento italiano, el asprach   alemán   y  el  plea    bargaining    anglosajón.  Y,   

5. En fin: al respetar lo que originalmente  dijeron  las  Cortes colombianas sobre la viabilidad del principio-derecho de la  favorabilidad  en  el tránsito y/o coexistencia de estatutos procesales penales  (Leyes  600-2000  y  906-2004),  la  figura  del acuerdo y de la negociación es  propia,  característica,  típica  y  medular  del  sistema acusatorio, y no es  idéntica  a  la  sentencia  anticipada  del viejo código porque tanto la   axiología  contenida  en  la  política  criminal  respectiva  como  los textos  positivos  que  elaboraron  los  legisladores  históricos correspondientes, los  hacen  diferentes.  Por eso estimo que la interpretación en contrario es ilegal  y   sobre   un   tal  predicado  no  se  pueden   edificar  derechos.    

II. En relación  con el segundo aspecto:   

1.  Bajo  el  contexto tratado en el punto  anterior,  esto  es  al  entender  que  si bien la jurisprudencia nacional viene  aceptando  la posibilidad de aplicar el principio derecho de favorabilidad en el  tránsito  y  coexistencia de los códigos de procedimiento penal de 2000 y 2004  a  condición  de  que no se  refieran  a  instituciones  propias  del  nuevo  modelo  procesal  y  de que los  referentes  de  hecho en los dos procedimientos sean idénticos, la Corte debió  desestimar  la  aplicación de la rebaja de la pena establecida en el inciso 1°  del  artículo 351 de la ley 906 de 2004 a un caso que como el presente culminó  a  través  de  la sentencia anticipada establecida en el artículo 40 de la ley  600  de  2000,  equivocación que llevó a la Sala mayoritaria a sostener que la  confesión  prevista  en  el  artículo  283  del cpp de 2000 está integrada al  allanamiento de cargos del sistema acusatorio.   

2.  Este argumento restringe en esencia la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad  que con perfiles más amplios ha  venido tratando la doctrina de esta Corporación al entender que   

        es  un  problema  que  ocupa  al funcionario judicial al momento de  aplicar  la  ley,  desde luego siempre de cara a una vigencia sucesiva de normas  (o  coexistencia  de  leyes).  Es  decir,  como no es un problema de producción  legislativa  (legislador)  sino de aplicación de la ley (funcionario judicial),  debe  entenderse al máximo al caso concreto o a la práctica y un poco menos al  acervo  teórico,  con más veras si el propósito legislativo ha sido el de que  no  se  ponga  cortapisa  a  la  aplicación  de la ley benigna o favorable así  definida  (“sin excepción, dice el precepto -artículo 6° ley 599 de 2000-).   

En  razón  de  la amplitud que perfila el  legislador  en  la  aplicación  de  la  ley  permisiva,  ha  de  entenderse por  “ley”  la norma o precepto que por regular jurídicamente un comportamiento,  materia,    problema    o    institución    determinada,    logra   su   propia  individualización  y  tiene  su particular ámbito de aplicación, sin importar  en  el  concepto  el  grado  de relación entre ellas, porque éste se encuentra  supeditado a la ontología de aquéllas.   

Adelante  precisó:   

Quienes piensan que la favorabilidad sólo  puede  preverse en relación con el código, ley o tipo complejo como sistemas o  institucionales,   y  así,  verbigracia,  aplicarían  integralmente  el  nuevo  estatuto  porque  consagra  una  pena  privativa de la libertad más benigna, no  obstante  contemplar  una  sanción  pecuniaria  más  grave que la del anterior  ordenamiento,  sencillamente  han  dejado  de  aplicar  la  favorabilidad en esa  última   materia,  a  pesar  de  ser  ésta  perfectamente  deslindable  en  su  concepción  teórica y práctica, aunque haga parte de un todo orgánico; o, en  otras  palabras,  le  han  puesto restricciones a un instituto que el legislador  quiere  que  los  jueces desplieguen generosamente, siempre y cuando el precepto  conserva  su  identidad  y  sentido  jurídicos,  por más que en su aplicación  concreta   debe   relacionarse  con  otras  normas.75   

3.  En  la sistemática procesal de la ley  600  de  2000,  en  cuyo  imperio  se adelantó este caso, la rebaja de pena por  sentencia   anticipada   y   la   disminución   punitiva   por  confesión  son  instituciones  diversas  y perfectamente escindibles, no tanto desde el punto de  vista  punitivo,  sino que es posible la terminación anticipada del proceso sin  confesión  y  viceversa. De manera que integrar, como lo hizo la mayoría de la  Sala,  la  confesión  a  las  figuras  de  allanamiento a cargos, preacuerdos y  negociaciones  para negar la aplicación de la reducción de pena establecida en  el  artículo  283  conduce  a  restringir  el  alcance  fijado  por la Corte al  principio de favorabilidad.   

   

Cordialmente,  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1 Folio  70, cuaderno 1.   

2 Folio  10, cuaderno 2.   

3  Se  mantiene  en  reserva  el nombre del menor, en concordancia con el Código de la  Infancia y la Adolescencia.   

4 Folio  65, cuaderno 1.   

5 Folio  1, cuaderno 1.   

6 Folio  12, cuaderno 1.   

7 Folio  43, cuaderno 1.   

8 Folio  65, cuaderno 1.   

9 Folio  23, cuaderno 1.   

10  Folio 46, cuaderno 1.   

11  Folio 66, cuaderno 1.   

12  Folios 66, 67, cuaderno 1.   

13  Folio 72, cuaderno 1.   

14  Folio 74, cuaderno 1.   

15  Folio 74, cuaderno 1.   

16  Folio 75, cuaderno 1.   

17  Folios 12 y 13, cuaderno 2.   

18  Folio 75, cuaderno 1.   

19  Folio 56, cuaderno 1.   

20  Folio 62, cuaderno 1.   

21  Sentencia del 30 de noviembre de 2006, radicado 25.108.   

22  Artículo   283.   Aceptación   por   el  imputado.  La  aceptación  por el imputado es el reconocimiento  libre,  consciente y espontáneo de haber participado en alguna forma o grado en  la ejecución de la conducta delictiva que se investiga.   

23  Corte  Constitucional,  Sentencia  C-1195 de 22 de noviembre de 2005. Magistrado  Ponente Dr. Jaime Araújo Rentería.   

24  Artículo      373.     Libertad.     Los  hechos y circunstancias de interés para la solución correcta  del  caso,  se  podrán probar por cualquiera de los medios establecidos en este  código  o  por  cualquier  otro  medio técnico o científico, que no viole los  derechos humanos.   

25  Entre  los  elementos  de  prueba que acreditaban la condición de guardines del  INPEC  de  los  procesados,  la Fiscalía contaba con los carnés decomisados al  momento  de  la  captura, el acta de incautación del escrito alusivo al informe  de   visita   suscrito   por  uno  de  los  procesados,  los  registros  de  los  seguimientos,   y   las   manifestaciones   que   les   hicieron  telefónica  y  personalmente  a  la  mamá  de  la  víctima  y a ésta de pertenecer al INPEC.   

26  Cfr.  BASTIDAS  RAMÍREZ  Yesid.  Sistema  acusatorio  colombiano.   

27 En  este  sentido  providencias  de  14  de diciembre de 2005. Rad. 21347 y del 7 de  febrero de 2006. Rad. 24.020, entre otras   

28  Auto del 16 de marzo de 2006. Rad.25133, entre otros.   

29  Cfr. Sentencia del 3 de septiembre de 2001, radicación 16837.   

30  Yesid    Ramírez    Bastidas,    Aclaración    de  voto,  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación  Penal,  sentencia  de  casación  de 16 de mayo de 2007, radicación 23934, M.P.  Álvaro  Orlando Pérez Pinzón. El principio de legalidad se traduce en materia  penal  en  la  necesidad  imperiosa  e  insoslayable de que el legislador defina  previamente  el delito y la pena, el juez competente, las formas propias de cada  juicio  y  las  condiciones de ejecución de la sanción, con lo que se delimita  el    ejercicio    del    ius   puniendi  y se ata al parlamento a los contenidos supremos, pues éste debe  responder  “a  la  realización de los fines sociales del Estado, entre ellos,  los  de  garantizar  la  efectividad  de  los  principios,  derechos  y  deberes  consagrados  en la Constitución y de asegurar la vigencia de un orden justo”.  Corte Constitucional, Sentencias SU-1722/00 y C-070/96.   

31  “La     garantía     de     la    defensa    corresponde    a    todas  las partes… De hecho, en muchos  casos  es  una   afirmación  casi  automática,  aquella de que la defensa  corresponde  a  la  parte  pasiva  del  juicio…  Sin  embargo, no consideramos  acertada  esta  reducción  subjetiva  de  la garantía de la defensa a una sola  parte,  sino  que,  por  el contrario, entendemos que se dirige y ampara a todas  las  partes  del  proceso, en lo que constituye, por cierto, una característica  esencial  a  tener  en  cuenta  para  la elaboración  del concepto de esta  garantía     constitucional”.     Alex     Carroca    Pérez,    Garantía   constitucional   de   la  defensa  procesal,  Barcelona,  Bosch,  1998,  p. 86-87. Y además resulta elemental  que  la parte sea parcial por y para sus intereses; que el litigante también lo  sea  según  los  intereses  de  la   parte  que  asiste,  sea  victimario,  víctima,    tercero    civilmente   responsable   o   asegurador   –sistema  de  partes-;  pero  el  juez  tiene  que  ser  imparcial,  independiente  y  autónomo,  el fiel de la balanza a través de la ponderación  de  derechos.  María  Inmaculada  Ramos  Tapia,  Los  deberes   de  imparcialidad  y  vinculación  exclusiva  al  Derecho,      en      El      delito     de  prevaricación, Valencia, Editorial Tirant lo blanch,  2000, p. 146.   

32  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, providencias 11 julio de  2007 y 10 abril 2008.   

33  Manuel  Atienza,  Las razones del derecho, México, UNAM, 2003, p. 1.   

34  Manuel   Atienza,   Las   razones…,   ob. cit., p. 25-26.   

35  Pablo    Raúl    Bonorino    y    Jairo   Iván   Peña   Ayazo,   Argumentación    judicial,   Bogotá,  Consejo Superior de la Judicatura, 2003, p. 23.   

36  Robert    Alexis,    Teoría    de   los   derechos  fundamentales,    Madrid,    Centro   de   Estudios  Constitucionales, 1993.   

37  “En  razón  de esta función, la ponderación se ha convertido en un criterio  metodológico  indispensable  para el ejercicio de la función jurisdiccional…  que   se   encarga   de   la  aplicación  de  normas  que,  como  los  derechos  fundamentales,  tienen  la   estructura  de  principios”.  Carlos  Bernal  Pulido,   El  derecho  de  los  derechos, Bogotá, Uni-Ext., 2005, p. 139 y 97.   

38  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, providencias de julio 11 de  2007  y  abril  10 de 2006. Corte Constitucional, Sentencias C-580/02, C-004/03,  C-979/05,  C-1154/05,  C-370/06,  C-454/06  y  C-209/07.  Por  supuesto  que las  víctimas  son  titulares  de  un  amplio  elenco  de derechos fundamentales que  ganaron  espacio en la conciencia de los Pueblos, en su  axiología y en la  normatividad   positiva,  especialmente  después   de  la  Segunda  Guerra  Mundial  (1945),  cuando el Estado Social y Democrático surge para proteger los  derechos  de  tercera  generación,  en  particular  la Paz (artículo 22 Const.  Pol.).  La  Carta  Política les hace un amplio registro en los artículos 1, 2,  15,  21, 29, 229, 250 y 251, además del bloque de Constitucionalidad (artículo  93  Const.  Pol.),  que  se  han  materializado en derechos a la verdad sobre lo  ocurrido   (para  la  memoria  individual  y  colectiva,  y  para  que  no  haya  repetición),  para  que haya justicia (se evite la impunidad, así sea parcial)  y   efectiva   reparación   (que  en  sus  distintas  vertientes,  requiere  de  verdad  completa  y   penas   “legales”  y  “justas”).   

39  Luigi   Ferrajoli,  Derecho y Razón. Teoría del  garantismo  penal, Madrid, Editorial Trotta, 1995, p.  853.        “Son         ‘derechos   fundamentales’    todos    aquellos    derechos   subjetivos   que   corresponden  universalmente  a  todos los  seres  humanos  en  cuanto dotados del status  de personas, de ciudadanos o  personas  con  capacidad  de  obrar;  entendiendo   por  derecho  subjetivo  cualquier  expectativa  positiva  (de  prestaciones)  o  negativas (de no sufrir  lesiones)  adscritas  a  un  sujeto  por  una  norma  jurídica; y por status la  condición  de  un  sujeto,  prevista asimismo por una norma jurídica positiva,  como  presupuesto de su idoneidad para ser titular de situaciones jurídicas y/o  autor  de  los  actos  que  son  ejercicio  de éstas”. Luigi  Ferrajoli,  Los      fundamentos      de     los     derechos  fundamentales, Madrid, Editorial Trotta, 2001, p. 19.   

40  Jesús-María     Silva    Sánchez,    Sobre    la  “interpretación”  teleológica  en Derecho Penal,  en  Estudios  de filosofía  del Derecho Penal, Bogotá,  Uni-Ext., 2006, p. 373.   

41  Jesús-María   Silva   Sánchez,   Sobre…, ob. cit., p. 376.   

42  Kant  señala  que  “cuando se infringe la justicia no tiene ningún valor que  los hombres vivan sobre la tierra”.   

43  Código Penal de 2000, artículo 4°.   

44  Jesús  Orlando  Gómez  López, La teoría del delito  desde  la  perspectiva de la Constitución venezolana,  Barquisimeto, Judec, 2008, p. 38.   

45  Claus    Roxin,   Conclusiones   finales   en   Crítica  y  justificación  del  derecho  en  el  cambio  de siglo, Cuenca, Universidad  Castilla-La  Mancha,  2003, p. 319. “Un adecuado sistema de política criminal  debe  orientar  la  función  preventiva  de  la  pena  con  arreglo a los   principios  de  protección  de  bienes  jurídicos,  de  proporcionalidad  y de  culpabilidad,  Síguese de ello, que la Constitución conduce a un derecho penal  llamado  a desempeñar, dados unos presupuestos de garantía de los derechos del  procesado  y  del  sindicado, una función de prevención general, sin perjuicio  de  la  función  de  prevención especial”. Corte Constitucional, Sentencia 7  dic. 1993.   

46  Claus       Roxin,       Conclusiones… ob. cit., p. 319.   

47  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, auto de segunda instancia  de 11 de julio de 2007, radicación 26945.   

48  Mientras  que  para  Kelsen la efectividad aparece vinculada a la existencia del  Estado  y  a  la  capacidad  de imposición política, para Hart el principio de  efectividad se plasma en términos de regla o práctica social.   

49  Joseph  Aguiló  Regla,  Sobre  la  Constitución del  Estado  Constitucional,  Doxa, 24, Alicante, 2001, p.  455.   

50  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, autos de segunda instancia  de  11  de  julio  de  2007,  radicación  26945,  y  de  10  de  abril de 2008,  radicación 29472.   

51  Véanse:   Gerardo   Landrove   Díaz,   La  moderna  victimología,  Valencia, Editorial Tirant lo Blanch,  1998;  M.  Carmen Alastuey Dobón, La reparación a la  víctima  en  el  marco  de  las  sanciones  penales,  Valencia,  Editorial  Tirant  lo Blanch, 2000; Alberto Alonso Rimo, Víctima  y  sistema  penal:  las  infracciones  no perseguibles de  oficio  y el perdón del ofendido, Valencia, Editorial  Tirant     lo     Blanch,     2002;    Julio    Jorge    Urbina,    Protección  de  las  víctimas  de  conflictos  armados,  Naciones  Unidas  y Derecho Internacional Humanitario, Valencia,  Editorial  Tirant  lo  Blanch,  2000; y, Comisión Colombiana de Juristas (ed.),  Principios   internacionales   sobre   impunidad   y  reparaciones,  Bogotá,  Opciones  Gráficas Editores  Ltda., 2007.   

52 La  fijación  de  los límites mínimo y máximo de la escala de penas se conoce en  la    doctrina    como   proporcionalidad   cardinal  o   absoluta.   Adrew   von   Hirsch,   Censurar  y  castigar,  Madrid,  Editorial Trotta, 1998, p.45 s.s.  “Estatuir   que  nadie  puede  ser  juzgado  sino  conforme  a  las leyes  preexistentes  al  acto  que se le imputa, implica que  para condenar a una  persona  se  requiere que su conducta esté previamente definida como delito; de  la     misma     manera    que    sólo    puede   imponérsele   la  pena  previamente  establecida  en  la  ley.  Se  trata del  apotegma  universalmente  conocido  como  “nullum  crimen,  nulla  poena  sine  lege”.  El  principio de legalidad opera en un doble sentido, (i) como límite  al  ejercicio  del  poder  punitivo  del  Estado,  en la medida en que le impone  definir  previamente  qué  acciones  son  constitutivas  de  delitos y cuál la  sanción  a  aplicar  por  su   realización; y (ii) como garantía para el  procesado  y  la  comunidad, atendida la certidumbre que genera el saber de  antemano  que sólo será objeto de sanción penal la conducta erigida en delito  por   la   ley   y   que   únicamente   se   impondrá   la  pena  dentro  de  los límites cuantitativos y  cualitativos  establecidos  por  la misma”. Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal, Casación,  radicación  28059,  M.  P.,  Dra.  María del Rosario González de Lemos. “En  efecto,   los ciudadanos deben conocer los comportamientos  prohibidos  y  por lo mismo elevados por el legislador a la categoría  de delitos así  como  la correspondiente sanción previamente establecida a fin de contar con la  certeza  de que sólo podrán ser  sancionados en razón de la comisión de  una  conducta punible dentro  de  los  límites cuantitativos y cualitativos consagrados con  antelación  en  la  ley, sin que tales marcos puedan desbordarse a discreción o capricho de  los  funcionarios  judiciales”.  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación  Penal,     Casación,  radicación 24.030, M. P., Dr. Julio Enrique Socha Salamanca..   

53  Corte     Constitucional,    sentencias    C-004/03    y    C-871/03,    refiriéndose   al   non  bis  in  ídem y declarando que tal  principio  no  es  absoluto.  “En  el ámbito internacional se ha llegado a un  consenso  general  en la necesidad de considerar a las víctimas del delito como  parte   principal,    junto   al   victimario    y   en   igualdad   de   condiciones,   de   la  política   criminal  de  los  Estados.  Se trata de una exigencia social y  humana:  hoy,  el  llegar a ser víctima no se considera un incidente individual  sino  un problema de política social, un problema de derechos fundamentales”.  Alfonso  Daza  González,  Víctimas  en  el  Sistema  Procesal   Penal   Acusatorio,  Bogotá,  Universidad  Libre, 2006, p. 56.   

54  Ángel  Puyol,  El discurso de la igualdad, Barcelona, Editorial Crítica, 2001, p. 203.   

55  “Con  el  fin  de humanizar la actuación procesal y la pena; obtener pronta y  cumplida  justicia;  activar  la solución de los conflictos sociales que genera  el   delito;   propiciar   la   reparación  integral  de  los   perjuicios  ocasionados  con  el injusto y lograr la participación del imputado en la   definición  de  su  caso, la Fiscalía y el imputado o acusado podrán llegar a  preacuerdos que impliquen la terminación del proceso”.   

56  “En   los  delitos  en los cuales el sujeto activo de la conducta punible  hubiese  obtenido  incremento patrimonial fruto del mismo, no se podrá celebrar  el  acuerdo  con  la  Fiscalía  hasta  tanto  se  reintegre,  por  lo menos, el  cincuenta  por   ciento del valor  equivalente al incremento percibido  y se asegure el recaudo del remanente”.   

57  “Las  reparaciones  efectivas  a  la  víctima  que  puedan  resultar  de  los  preacuerdos   entre fiscal e imputado o acusado,  pueden aceptarse por  la  víctima.   En  caso  de  rehusarlos,  ésta  podrá acudir a las vías  judiciales  pertinentes”.   

58  Silvia  Barona  Vilar,  La  conformidad en el proceso  penal, Valencia, Editorial Tirant lo blanch, 1994, p.  31.   

59  Luis     Enrique    Romero    Soto,    Derecho  Penal,  Parte General, Editorial Temis, 1969, p. 553.  “…a  la  cabeza  de sus grandes problemas y mayores desgracias, la impunidad  en  Colombia,  junto  con la violencia, la  corrupción y el narcotráfico,  se  erigen  como  una  de  las peores culturas de lastre que tanto contribuyen a  mantenerla   sumida   en   su   profunda   crisis”.  Germán  Puyana  García,  ¿Cómo    somos    los    colombianos?,  Bogotá,  Editorial Panamericana, 2005, p. 275. El examen diario  de  expedientes  ha  señalado la práctica judicial discutible de reconocer sin  más,  a un allanado el máximo del descuento, que no puede suceder, vr. gr., en  casos  de  flagrancia  o  de  prueba  de cargo contundentes. Y si  ese  descuento  es  razonado,  más  el incremento  generalizado de penas por el  que  aboga  el  Magistrado  Gómez  Quintero, del artículo 14 de la Ley 890/04,  vigente  –según él desde  los  albores del sistema acusatorio colombiano-, por supuesto que la rebaja fija  de   1/3   de  pena  consagrada  en  el  mentado  artículo  40,  será  siempre  mayor.    

60  Luis  Camilo  Osorio  y  otros,  Prólogo,        Presentación  y  SPA: una política criminal para la  lucha  contra  la  impunidad en un marco reforzado de derechos, en Nuevo código  de   procedimiento  penal,  Bogotá,  CEJ,  2004,  p.  21-40.   

61  “En  Colombia,  la  adopción  mediante  reforma constitucional, de este nuevo  sistema   procesal   penal,  perseguía  en  líneas  generales  las  siguientes  finalidades:   (i)  fortalecer  la  función  investigativa de la Fiscalía  General  de la  Nación, en el sentido de concentrar los esfuerzos de ésta  en  el  recaudo  de la prueba; (ii) establecimiento de un juicio público, oral,  contradictorio  y  concentrado; (iii) instituir una clara distinción entre  los  funcionarios  encargados  de investigar, acusar y juzgar, con el propósito  de  que  el sistema procesal penal se ajustase a los estándares internacionales  en  materia  de  imparcialidad  de los jueces, en especial, el artículo  8  del  Pacto  de  San  José  de  Costa  Rica;  (iv) descongestionar los despachos  judiciales  mediante la supresión de un sistema procesal basado en la escritura  para  pasar  a la oralidad, y de esta forma, garantizar el derecho a ser juzgado  sin  dilaciones  injustificadas; (v) modificar el principio de permanencia de la  prueba  por  aquel  de  la  producción de la misma durante el juicio oral; (vi)  introducir  el  principio de oportunidad; (vii) crear la figura del juez de  control  de  garantías;  e  (viii)  implementar  gradualmente  el nuevo sistema  acusatorio”.  Corte Constitucional, Sentencia C-591/05.   

62  Corte  Constitucional,  Sentencia  C-591/05.  Además,  repárese Exposición de  Motivos  del  Proyecto  de Acto Legislativo No. 237 de 2002 Cámara, por el cual  se  modifican los  artículos 234, 235, 250 y 251 de la Constitución   Política,  y  Juan-Luis  Gómez  Colomer, El Tribunal  Penal  Internacional:  investigación  y  acusación,  Valencia, Editorial Tirant lo blanch, 2003, p. 55.   

63  Luis   Alfredo  de  Diego  Díez,  Justicia  criminal  consensuada,  Valencia,  Editorial  Tirant  lo   blanch,  1999,  p.  75.  “Estos acuerdos informales (en Alemania) funcionan de  forma   similar   al   plea   bargaining   de  los  EU  (y)  lo  que  en  Alemania fue producto de una  práctica  judicial  ha  sido introducida en España y en Italia por los propios  legisladores”.    Silvia    Barona    Vilar,    La  conformidad…, ob. cit., p. 32.   

64  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, Sentencia Única Inst.  agosto   3   de   2005,   radicación   19094,   M.   P.,   Dr.  Yesid  Ramírez  Bastidas.   

65 La  Corte  Constitucional hizo expresa referencia a los autos del 4 de mayo de 2005,  radicaciones  19094  (reiterado  en  el  auto de 7 de abril de 2005, radicación  23312) y 23567.   

66  “La  definición, como la  palabra lo sugiere, es primariamente una   cuestión   de  trazar límites o discriminar entre un tipo de cosa y otro,  que  el  lenguaje  distingue mediante una palabra  separada”. H.L.A.  Hart,    El    concepto    de   Derecho,   Buenos   Aires,   Editorial   Abeledo-Perrot,   1977,   p.  13.  «Parecido»  significa tener determinada apariencia o aspecto que le asemeja a  algo;  «similar» es lo que tiene semejanza o analogía  con      algo.      Son      expresiones      sinónimas     de     «semejante»  que significa que las partes guardan  todas  respectivamente la misma proporción en relación con otra. Es parecido a  lo     que     ocurre     con    los    vocablos     “equiparable”    y  “analogía”. «Idéntico» significa lo  mismo  que  otra cosa (institución) con que se compara. Véase  Diccionario de la Lengua Española, 22 edición.   

67 El  Comisionado  encargado del tema, escribió: “No debe perderse de vista que los  preacuerdos y negociaciones,   bien   entendidos   y  acertadamente   ejecutados,   procuran   imprimirle   rapidez   al  trámite  de  juzgamiento,   sobre   la   base   de   un   consenso  justo,  pudiéndose decir que si bien el procesado es  el  creador  del  conflicto  también  debe  intervenir  como  parte decisiva”  Gustavo  Gómez  Velásquez,  Aproximación al tema de  los       preacuerdos       y       negociaciones  en  el  cpp  –arts.    348   a    354-,   en  Sistema  penal  acusatorio,  Bogotá, Fiscalía General de la Nación, 2005, p. 69 ss.   

68  Camino  Vidal  Fueyo, El principio de proporcionalidad  como  parámetro, en Anuario  de  derecho constitucional latinoamericano, 11° año,  T.II.,     Montevideo,    Fundación    Honrad    Adenauer    Stiftung,    2005,  p.430.   

69 Que  acaba  de  decir: “En realidad, no parece razonable que en el sistema procesal  anterior  la  víctima  pudiera disponer de su  pretensión indemnizatoria,  pero  en  el  nuevo,  cruzado  transversalmente  por  el  instituto  de las  negociaciones,   preacuerdos  y  acuerdos,  esa capacidad dispositiva quede  limitada”.  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, Sentencia  abril 9 de 2008, radicación 28161.   

70  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de casación, 23  de agosto de 2005.   

71  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de casación, 23  de  mayo  de  2006,  radicación  25300,  con  reiteración  en  la sentencia de  casación de 3 de mayo de 2007, radicación 23486.   

72Silvia      Barona      Vilar,     La  conformidad…, ob. cit., p. 31 y 33.   

73  Artículo 40 Ley 600 de 2000.   

74  Artículo 351 inc. 1° Ley 906 de 2004.   

75  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  Sentencia  única instancia  septiembre 3 de 2001, rad. 16837.     

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