22881(10-06-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22881  

CORTE          SUPREMA DE JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente:   

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  Aprobado  acta        N°  175   

Bogotá D. C., diez (10) de junio de dos mil  nueve (2009)   

VISTOS  

Decide la Sala el recurso extraordinario de  casación    interpuesto   por   el   defensor   contractual   de   BERNARDA  PATRICIA  ARROYAVE RUIZ, contra  la  sentencia  del  28  de  mayo  de 2004,  por  medio  de  la  cual  el  Tribunal Superior de Villavicencio  revocó  el fallo absolutorio proferido el 29 de julio  de  2002  por  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  la  misma ciudad,  y  en  su  lugar condenó a  ARROYAVE  RUIZ  a  la pena  principal  de 4 años de prisión, a la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo lapso, como responsable del delito de fraude  procesal,  conducta  que  realizó  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo.   (Artículo 182 del Decreto 100 de 1980).   

En  la  misma  providencia condenó a Elkin  González  Betancourt  (no  recurrente  en  casación)  a la pena principal de 3  años  de  prisión,  interdicción  de derechos y de funciones públicas por el  mismo término, como coautor.   

Además  les  negó  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y la sustitución de la  prisión   efectiva   por   prisión   domiciliaria1.   

En  otro sentido, el Tribunal encontró que  las  diversas  conductas  de  fraude  procesal tuvieron por objetivo lesionar la  posesión  pacífica  que  sobre  el  inmueble  ejercía la denunciante (señora  Miriam  Hurtado  Bernal),  y  por  ello  condenó  de  manera  solidaria  a  los  sentenciados  al  pago  de  perjuicios morales a su favor, en cuantía de ciento  cincuenta          (150)          s.m.l.m.v.2,  en  tanto que no determinó  cantidad   alguna   en   relación  con  los  perjuicios  materiales3.   

Por  otra  parte,  de  conformidad  con  el  artículo  66  del  C.  de  P.P.  (L. 600), el Tribunal ordenó la cancelación,  tanto  de  las escrituras públicas números 4432 del 23 de junio de 1994 y 8812  del  6  de  diciembre de 1994, como de los registros realizados en la Oficina de  Instrumentos                Públicos4.   

También  dispuso  el  levantamiento de las  medidas  cautelares  que  ordenó  la  Fiscalía  General  de  la  Nación en el  transcurso  de  la  investigación  y  ordenó comunicar la decisión al Juzgado  Primero    Civil    del    Circuito    de    Villavicencio…    “para  que  tome  las  medidas  a que haya lugar en relación con el  inmueble  y  los  cánones  de arrendamiento que se encuentren a disposición de  ese     despacho”5.   

HECHOS  

El  29  de  marzo  de  1996,  Myriam  Hurtado  Bernal  (viuda de Jorge Eliécer Serrano Morales),  denunció  que  el  abogado  Luis Carlos Reyes Pardo,  Elkin  González Betancur y BERNARDA PATRICIA ARROYAVE  RUIZ,  mediante maniobras fraudulentas le arrebataron  la  propiedad  de  una  bodega que le dejó su esposo al morir, y cuya posesión  venía  ejerciendo  de manera pacífica hasta cuando se enteró que los cánones  de  arrendamiento  debía depositarlos a órdenes del Juzgado Civil del Circuito  de   Villavicencio.    Los   hechos   se   desarrollaron  de  la  siguiente  manera:   

Jorge  Eliécer  Serrano  Morales vendió a  Fabio  Vásquez Orozco, por escritura pública No. 3936 del 31 de agosto de 1002  de  la  Notaría 25 de Bogotá, una bodega ubicada en el barrio Nuevo Maizaro de  la  ciudad  de  Villavicencio;   la  escritura  no fue registrada porque el  comprador  tenía  que  hacer  un  viaje  fuera  del  país y no podía pagar la  compra;   por  esa  razón, de consuno prescindieron de la negociación sin  hacer     alguna     diligencia     notarial;      simplemente     no    la  registraron.   

A  la muerte del vendedor (el 22 de mayo de  1993),  la  posesión  del  inmueble  pasó de manera pacífica a Myriam Hurtado  Bernal,  quien  arrendó  en  una  primera  oportunidad  a la firma “Vehicamperos”,  y  desde  el  16 de  abril de 1994 en adelante, al Banco Davivienda.   

A   los   pocos   días  de  la  truncada  compraventa,   el   comprador   (Fabio   Vásquez  Orozco)  viajó  a  Guatemala  –el  14 de septiembre de  1992-  y  nada  se volvió a saber de él, razón por la cual su familia inició  el  proceso  de  muerte presunta por desaparición a partir del 22 de septiembre  de 1992 (última vez que se supo con vida).   

Sin  embargo,  el  11  de  febrero  de 1994  apareció  registrada  la  escritura  3936  de 1992, y se desconoce qué persona  realizó  la  inscripción en la oficina de registro6.    Con  posterioridad,  mediante  escritura pública número 4432 del 23 de junio de 1994 de la Notaría  1ª  de Villavicencio, el abogado Luis Carlos Reyes Pardo (en representación de  Fabio       Vásquez,       mediante      poder7 conferido el 14 de septiembre  de   1992,   vendió   el   inmueble  a  Elkin  González  Betancourt,  quien…  “contra  toda  previsión… nunca intentó ejercer  actos de señorío sobre el bien…”.   

Luego,  por escritura pública 8812 de 6 de  diciembre  de  1994 de la Notaría 1ª de Villavicencio, Elkin González vendió  el    inmueble    a   BERNARDA   PATRICIA   ARROYAVE  RUIZ, quien tampoco ejerció actos de señorío sobre  el inmueble.   

Con  posterioridad  a ello, el señor Pedro  Ovidio           Velásquez          Castro8 portador (endosatario) de una  letra   de   cambio  en  la  que  aparecía  como  girado  (deudor)  la  señora  ARROYAVE  RUIZ,  instauró  proceso  ejecutivo  el  19  de  abril  de 1995 ante el Juzgado Primero Civil del  Circuito  de  Villavicencio,  en el que pidió librar mandamiento de pago contra  la  deudora  y el embargo y secuestro del inmueble con el propósito de cancelar  el  importe  del  título.   (Cfr.  página 8, quinto párrafo y página 9,  cuarto párrafo de la sentencia del Tribunal).   

El  fundamento  de  la  condena  por fraude  procesal   (en   concurso  homogéneo  de  tipos  penales)  contra  BERNARDA   PATRICIA   ARROYAVE  y  Elkin  González,  radicó en que, a partir del documento falso (poder para realizar la  primera   venta),   indujeron   en  error,  tanto  1)  al   Notario  Primero  de  Villavicencio  (para  que  otorgara  las  escrituras  números  4432 del 23 de junio de 1994, 8812 del 6 de  Diciembre    de    1994),   como   2)   al   Registrador   de   Instrumentos   públicos   y   privados  de  Villavicencio  (para  que  realizara la inscripción irregular de las escrituras  públicas)  y  3)  al Juez  Primero  Civil  del Circuito de la misma ciudad, porque ante él se instauró un  proceso  ejecutivo  a  partir  de  un  título  valor  (letra  de cambio) contra  BERNARDA    PATRICIA    ARROYAVE   RUIZ  y en ese proceso ejecutivo el demandante solicitó al juzgado que  librara  mandamiento  de  pago  en  contra  de  la  demandada  y,  además,  que  dispusiera  el  embargo  y  secuestro  del  inmueble y de los arrendamientos del  mismo,  en  orden a obtener el pago del crédito insoluto, que la fiscalía y el  Tribunal  calificaron  como de “existencia dudosa”.  (Cfr. páginas 9 y  10 de la sentencia del Tribunal).   

La Sala desconoce si en el proceso civil se  adoptaron  medidas cautelares en relación con el inmueble y con el valor de los  arrendamientos.   

ANTECEDENTES  

Después   de   clausurado   el   ciclo  investigativo  (3 de junio de 1997), la Fiscalía 14 Delegada ante los jueces de  Circuito   de  Villavicencio  profirió  resolución  de  acusación  el  15  de  septiembre  de  1997  (con  adición  del  17 de septiembre siguiente) en la que  acusó  al  abogado  Luis  Carlos  Reyes Pardo, a Elkin González Betancourt y a  BERNARDA    PATRICIA    ARROYAVE   RUIZ  por fraude procesal, en concurso homogéneo y sucesivo (Artículo  182  del Decreto 100 de 1980);  en la misma decisión, la Fiscalía ordenó  “Cancelar  los títulos y registros respectivos que  se  efectuaron  del  inmueble  ubicado en la avenida 40 números 35 –      15,     35     –  23 de Villavicencio, a partir de la  utilización  del  poder tachado de falso, para obtener las escrituras públicas  que  otorgaron el traspaso de la propiedad del bien a Elkin González Betancourt  y  Bernarda  Patricia  Arroyave  Ruiz,  tanto  en la Notaría Primera como en la  Oficina    de    Registro    de   Instrumentos   públicos   de   Villavicencio,  respectivamente”9.    (Cfr.   Folios  149  – 168 / 2)   

La  Fiscalía  Primera  de  la  Unidad  de  Fiscalías  Delegadas  ante el Tribunal de Villavicencio confirmó la acusación  el     28    de    agosto    de    1998.     (Fls.    3   – 12 cuaderno de segunda instancia de la Fiscalía)   

El  Juzgado  Tercero  Penal del Circuito de  Villavicencio   tramitó   el   juicio  y  profirió  sentencia  absolutoria  el  29  de  julio de 2002 (Fls.  93  –  115 / 3), que fue  apelada  por  el  representante  de la parte civil.  (Fls. 119 – 135 / 3)   

El  28 de mayo de 2004 el Tribunal Superior  de  Villavicencio  revocó  parcialmente la absolución y en su lugar condenó a  BERNARDA    PATRICIA    ARROYAVE   RUIZ  y  a Elkin González Betancourt por fraude procesal, mientras que  absolvió,   por   duda,  al  abogado  Reyes  Pardo10.  (Fls. 23 – 39 / 4)   

El  defensor de la sentenciada ARROYAVE   RUIZ  interpuso  recurso  de  casación     excepcional    (51    –  73  /  4) que fue admitido por auto del 10 de noviembre de 2004 y  correspondió  inicialmente  por reparto a la Procuraduría Cuarta Delegada para  la   casación   penal,   despacho   que  no  conceptuó  (Fls.  5  –     11     cuaderno     de     la  Corte).   

Por  reasignación del 10 de julio de 2008,  el  expediente  pasó  a  la  Procuraduría  Tercera  Delegada,  que  rindió un  concepto  inicial,  el  28  de  julio  de  2008,  en  el que solicitó a la Sala  declarar    la    prescripción   de   la   acción.   (Fls.   34   – 46).   

El 12 de agosto de 2008 la Sala devolvió el  expediente  a  la  Delegada  con  la finalidad de que rindiera concepto sobre la  totalidad     de     los     cargos    propuestos    (Fls.    49    – 56).   

El  pasado  27 de marzo de 2009 la Delegada  rindió      el      respectivo     concepto     (Folios     66     – 117).   

LA    SENTENCIA  IMPUGNADA   

El Tribunal de Villavicencio fundamentó la  condena   en   que   la   conducta  delictiva  de  los  procesados  BERNARDA  PATRICIA  ARROYAVE RUIZ y Elkin  González     Betancourt…     “salta    a    la  vista”,   puesto   que  efectuaron  una  cuantiosa  inversión  sobre  un  predio  que,  ni siquiera se preocuparon por conocer, por  entrar  en  posesión  del  mismo, por enterarse de la manera como venía siendo  administrado (arrendado).   

El  Tribunal  encontró  que los procesados  realizaron  transacciones  ficticias  en  perjuicio  de una tercera persona, que  engañaron  al  notario,  a  la  oficina  de  registro,  al Juez del Circuito, y  consolidaron situaciones jurídicas inexistentes.   

“Peor aún en el  caso   de  ARROYAVE  RUIZ,  quien  no  sólo  se  prestó para el fraude en los despachos antes dichos, sino  ante  el  Juzgado  Primero Civil del Circuito de Villavicencio, girando la letra  que  no  iba  a  pagar,  puesto  que sabía que el inmueble que se embargaría a  pesar  de  figurar  a  su nombre, jamás lo había ocupado puesto que el negocio  realizado  con  González  Betancur  nunca  había  tenido lugar”.  (Página 11 de la sentencia del Tribunal).   

LA IMPUGNACION  

Cargo   primero.   Falso  juicio  de  existencia  por omisión;  exclusión evidente de las normas que regulan la  prescripción  de  la acción penal y aplicación indebida del artículo 182 del  C.P.      (fraude  procesal).   

Afirma  el  recurrente  que  el  Juzgador  colectivo  omitió  apreciar  la  anotación  número 19 del folio de matrícula  inmobiliaria     número     230    –  19481,  perteneciente  al  predio objeto de litigio, registro que  obedeció  a la orden de la Fiscalía Catorce Delegada ante el Juzgado Penal del  Circuito  de Villavicencio, mediante oficio 347 del 16 de septiembre de 1997, de  cancelar  los registros de las escrituras públicas 3936 de 1992, 4432 y 8812 de  1994.   

En  virtud  de esa solicitud, la Oficina de  Registro  de  Instrumentos  Públicos  de  Villavicencio efectivamente canceló,  mediante  anotación  número  19,  del folio de matrícula inmobiliaria número  230  0019  481,  tales  tradiciones,  y por ello, el bien volvió a la sucesión  intestada  del  causante  Jorge  Eliécer Serrano Morales.  Cfr. folios 140  – 144 / 2).  No debe  olvidarse  –dice- que la  calidad  de  propietario  se  adquiere  cuando  se  produce  la inscripción del  título  correspondiente  en  el  registro  público.   Artículo  756  del  Código Civil.   

Por suerte que a partir del 17 de septiembre  de  1997  comenzó  a contabilizarse un término de cinco años de prescripción  de  la  acción  penal,  y  por  no  haber  tenido  en  cuenta la anotación del  registro,  el  sentenciador excluyó de su aplicación las normas que regulan la  prescripción  de  la  acción  penal  y  aplicó  de manera indebida el tipo de  fraude.   

Por  otra  parte,  si  se  contabiliza  el  término  de  prescripción  a  partir  de  la  ejecutoria  de la resolución de  acusación  (28 de agosto de 1998), es evidente que se superaron ampliamente los  cinco  años desde la interrupción de la prescripción de la acción penal, por  lo  que  solicita  a  la  Sala  hacer la declaración y cesar el procedimiento a  favor de la sentenciada.   

Cargo  segundo (subsidiario).  Nulidad  por violación del debido proceso   

Fundamenta    la    censura   en   tres  críticas:   

Que  el  apoderado  de  la  parte civil que  representaba  en  el  litigio  los  intereses de los herederos de Fabio Vásquez  Orozco  (comprador  del inmueble en la escritura pública número 3936 del 31 de  agosto  de  1991)  no  tenía  mandato  para  impugnar  la  sentencia  porque su  actividad   –según  el  poder-  estaba  limitada  a  la  presentación  de la demanda (FL. 9 cuaderno de  parte civil).   

Que  el recurso de apelación propuesto por  el  representante  de la parte civil contra el auto del 25 de noviembre de 1998,  por  el  que  el  juzgado  dispuso  anular  el proceso en la fase del juicio, se  presentó  de  manera  extemporánea  el  15 de diciembre de 1998 y que, ello es  razón  suficiente  para  que  la  Corte  declare la nulidad a partir de aquella  impugnación   extemporánea,   que  culminó  con  la  providencia  de  segunda  instancia  del  9  de  abril  de  1999, mediante la cual, el Tribunal revocó la  decisión   del   juez   de   instancia   y   ordenó   la   continuación   del  juicio.   

Finalmente,   que   en  la  audiencia  de  juzgamiento,  el  defensor  de  la  procesada ARROYAVE  RUIZ  solicitó declarar la nulidad del proceso porque  estima  que  la  legitimada  para  actuar  como parte civil en el proceso era la  esposa  del  primer comprador (Fabio Vásquez Orozco) quien tiene mejor derecho,  y  no  la  señora  esposa  del vendedor (Jorge Eliécer Serrano Morales);   como  la  solicitud  de la defensa no fue atendida, pidió a la Sala declarar la  nulidad  y  reconstruir  la  actuación  desde  aquel  momento  del proceso o el  pronunciamiento de la Corte a ese respecto.   

Cargo  tercero  (subsidiario).   Falso  juicio  de  existencia por omisión;  selección indebida del artículo 182  del C.P.   

Sostiene  que  estos  errores se produjeron  i)  al  no apreciar que la  señora   ARROYAVE   RUIZ  adquirió  de buena fe el inmueble de manos de Elkin González Betancourt, quien  era  su  verdadero dueño porque aparecía registrado como tal en el certificado  de    tradición;     ii)    tampoco  contempló  el  testimonio  de  Daniel  Arias Blanco quien  contó  que  Elkin  González ofreció en venta y de manera pública el inmueble  objeto     de    litigio;     iii)   por  otra  parte, de conformidad con las versiones de Clara  Inés  Blanco Martínez, Daniel Vargas Blanco, Gloria Matilde Zuluga Cárdenas y  José  Gardel  Urquiza  Sabogal,  el  local  duró algunos meses deshabitado, en  construcción,  y  fue ocupado por Davivienda en diciembre de 1994, cuando ya la  procesada había suscrito la escritura de compraventa.   

El yerro del Tribunal consistió en afirmar  –como  un hecho notorio-  que  Davivienda ocupó el inmueble desde el mes de abril de 1994 y que por ello,  no  podía  dar  crédito  a la versión exculpatoria de la señora ARROYAVE,  quien  fraguó  su  defensa a  partir  de  la  realización de un negocio jurídico fundamentada en la buena fe  del vendedor.   

Requirió de la Sala proferir una sentencia  absolutoria.   

NO RECURRENTE  

El apoderado de Myriam Hurtado Bernal (viuda  del  vendedor  Jorge Eliécer Serrano Morales) reconocida como parte civil en el  proceso  penal11  alegó  que  su  posesión  sobre  el  predio sobrevino de manera  pacífica  como  consecuencia  de  la muerte de su esposo Jorge Eliécer Serrano  Morales  y  que  la tradición del inmueble según la escritura pública número  3936  de  1991  nunca  se  registró  porque  la  compraventa no se perfeccionó  finalmente;    solicitó   no   casar   la  sentencia  contra  BERNARDA   PATRICIA   ARROYAVE  y  Elkin  González:   

La  conducta  dolosa de los sentenciados se  demuestra  en  la medida que jamás ejecutaron actos de señor y dueño sobre el  inmueble,  tales como cobrar cánones de arrendamientos que superaban el millón  de  pesos  mensuales;   de  otra  parte,  la Gerente del banco –Davivienda-   declaró   que  Myriam  Hurtado   es   la  arrendadora  y  a  ella  se  pagan  los  cánones  de  manera  ininterrumpida.   

No     se     olvide     –dice-  que  la  propia  señora Nubia  Islena  Cruz  (esposa  del  inicial  comprador)  declaró  que Fabio Vásquez no  firmó  poder  al  Dr.  Luis Carlos Reyes para que transfiera el dominio a Elkin  González;   ratificó  que su marido jamás fue propietario del inmueble y  que  el negocio no se perfeccionó, aunque hubiera firmado la escritura pública  número 3496 de 1991.   

Para  el  libelista,  la  tradición  del  inmueble   fue…   “una   cadena   delictiva”   en  la  que  intervinieron,  inicialmente,  Luis Carlos Reyes Pardo (porque el poder presentado para la venta  a  Elkin González es falso y fue el fundamento para la realización de la venta  por  escritura  número  4432  que  se  registró  en la Oficina de Instrumentos  Públicos   de   Villavicencio)   y  después,  Elkin  González  y  la  señora  ARROYAVE RUIZ.   

De  manera  que  con  tales  transacciones  simuladas  se  cristalizó el engaño al notario, al registrador de instrumentos  públicos  y  finalmente al Juzgado Primero Civil del Circuito de Villavicencio,  porque   la   señora   BERNARDA  PATRICIA  ARROYAVE  no  iba  a  respaldar  legalmente obligación alguna,  porque  conocía  que  el  inmueble objeto del embargo en el juzgado, a pesar de  figurar  a  su  nombre,  no  era  suyo, jamás lo había ocupado, el negocio con  González Betancourt nunca tuvo lugar.   

No   debe   prosperar   la   impugnación  –dice-  porque el fraude  procesal  es  un  delito  continuado  y  el término de prescripción comienza a  contar  desde  el  momento  en  que  cesa  el error ocasionado con la actuación  fraudulenta;   en el caso concreto el error subsiste hasta la fecha, porque  aparecen  inscritas  las  tradiciones en el registro de instrumentos públicos y  porque  el  proceso  ejecutivo que se inició ante el Primero Civil del Circuito  de   Villavicencio   contra   la   señora   ARROYAVE  RUIZ,  instaurado  el  19  de abril de 1995 en el que  pidió  librar  mandamiento  de  pago contra la deudora y el embargo y secuestro  del  inmueble con el propósito de cancelar el importe del título, se encuentra  en suspenso.   

En    lo    atinente   a   ARROYAVE  RUIZ,  se desprende de todo el  acervo  probatorio  que  sabía  lo  que  hacía, pues todos estos puntos fueron  analizados de manera correcta por el sentenciador.   

EL     CONCEPTO     DEL    MINISTERIO  PÚBLICO   

En  virtud  del  principio  de  prioridad o  precedencia  de  las  causales  de  casación,  el Delegado respondió en primer  lugar   la  censura  de  nulidad  y  luego,  las  que  tienen  que  ver  con  la  contemplación de las pruebas:   

Cargo  segundo (subsidiario).  Nulidad  por violación del debido proceso   

1.  De conformidad con los lineamientos  del  poder,  hizo  notar  que  la  facultad de la parte civil dentro del proceso  penal   implica  las  facultades  de…  “demandar,  pedir,  recurrir, sustituir  y  reasumir,  recibir,  transigir,  conciliar  y  ejercer  las demás facultades  inherentes  al  mandato”;  además, a la parte  civil   como   sujeto   interviniente   en   el  proceso  penal  le  corresponde  …”…solicitar la práctica de pruebas orientadas  a  demostrar  la  existencia  de  la  conducta  investigada, la identidad de los  autores  o  partícipes,  su  responsabilidad, y la naturaleza y cuantía de los  perjuicios  ocasionados….  denunciar  bienes  del  procesado  y  solicitar  su  embargo  y secuestro, e interponer recursos contra las  providencias  que resuelvan sobre las materias de que  trata   este   artículo.”   (artículo  2157  del  C.C;  artículo 50 de la ley 600 de 2000).   

2.  Precisó que el Juzgado declaró la  nulidad  del  proceso  el 25 de noviembre de 1998;  que por Secretaría del  Despacho  se  dejó la constancia de que “a partir del día 11 de diciembre de  1998,  iniciaba  el  término de 5 días para sustentar el recurso de apelación  contra  el auto interlocutorio”, de conformidad con el trámite establecido en  los  artículos  196,  196-A  y  196-B-  del decreto 2700 de 1991 que reguló el  trámite  de  la  actuación.   Concluyó  que…  “hasta  el  día  7 de  diciembre  se  podía  interponer el recurso y que solo hasta el 15 de diciembre  su  sustentación”,  por  manera  que  el recurso fue interpuesto y sustentado  dentro   de   los  límites  temporales  establecidos  en  el  código  adjetivo  penal.   

3.   El  censor  alegó la nulidad del  proceso  por  violación  de  las  formas  legales,  con el argumento de que sea  reconocida  la  calidad  de  parte  civil a Nubia Islena Cruz de Vásquez, quien  –según  el  libelista-  tiene  mejor  derecho  que Miriam Hurtado Bernal.  Tal propuesta… “hace  parte  del  objeto  litigio  en  las  instancias”  y se resuelve al momento de  dictar  sentencia,  al decidir sobre la relación jurídico sustancial.  El  objetivo   de   la  casación  es  el  de  señalar  errores  trascendentes  que  comprometan  la  estructura  de  la  sentencia.  La propuesta del libelista  desnaturaliza   el   propósito   del   recurso   de  casación;   no  debe  prosperar.   

Cargo   primero.   Falso  juicio  de  existencia  por omisión;  exclusión evidente de las normas que regulan la  prescripción  de  la acción penal y aplicación indebida del artículo 182 del  C.P.      (fraude  procesal).   

1.  Recordó que el Tribunal ordenó la  cancelación  de  los  registros  que  transfirieron la propiedad a PATRICIA  ARROYAVE  RUIZ, Elkin González  Betancourt  y Luis Carlos Reyes Pardo, es decir, la cancelación de los títulos  y  registros obtenidos fraudulentamente (Cfr. numeral 4° de la parte resolutiva  de  la  sentencia  del  Tribunal);   precisó  que  la  cancelación de los  registros  de propiedad no afecta los elementos que estructuran el tipo penal de  fraude procesal, por ello no debe prosperar el reparo.   

Cargo  tercero  (subsidiario).   Falso  juicio  de  existencia por omisión;  selección indebida del artículo 182  del C.P.   

Señaló   que  el  juzgador  no  omitió  contemplar  prueba  alguna;   criticó  al  libelista  por confeccionar una  tesis   conveniente  a  sus  intereses  de  parte,  a  partir  de  realizar  una  apreciación  antojada  de  las  pruebas  que  conduce de manera inexorable a la  improsperidad del cargo.   

Casación  Oficiosa.  La prescripción  de la acción penal   

Estimó  que la prescripción de la acción  penal  opera  en  un tiempo igual al máximo de la pena señalada en la ley para  el  delito,  sin  que  sea  inferior  a  cinco  (5)  años  ni superior a veinte  (20):   artículo  83  de  la  ley  599 de 2000;  ib. artículo 84 del  decreto 100 de 1980.   

La  prescripción  de  la  acción penal se  interrumpió,  en  este  caso,  desde la providencia que resolvió el recurso de  apelación  contra  la acusación de primera instancia, el 28 de agosto de 1998,  y desde esa fecha han trascurrido más de cinco años.   

El  tipo  de fraude procesal (artículo 182  del  decreto  ley  100  de   1980)  tenía  prevista  una  pena  de  1  a 5  años;   por  modo  que  la  prescripción,  después  de  interrumpido  el  término  con  la  ejecutoria  de la resolución de acusación, “no podrá ser  inferior  a cinco años” y éste lapso venció el 28 de agosto de 2003, antes,  inclusive  de  que  el  Tribunal  de Villavicencio se pronunciara (20 de mayo de  2004).   

Solicitó  decretar  la  extinción  de  la  acción penal por prescripción.   

LA CORTE CONSIDERA  

Es  competente la Corte Suprema de Justicia  para  resolver  el recurso extraordinario de casación excepcional propuesto por  el  opugnador  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Villavicencio,  de  conformidad  con el artículo 205 de la Ley 600 de 2000, sin  perjuicio  del  poder  oficioso que le confiere el artículo 216 en concordancia  con el artículo 206 y el numeral tercero del artículo 207 ib.   

La  Sala responderá la censura en el mismo  orden en que fue propuesta la demanda:   

Cargo primero.  Violación indirecta de  la  ley  sustancial,  falso  juicio de existencia por omisión;  exclusión  evidente   de   las   normas   que   regulan  la  prescripción  de  la  acción  penal12  y  aplicación  indebida  del  artículo 182 del C.P. (fraude procesal).   

Aunque en estricta técnica de formulación  del  recurso,  el  reproche  no  podía  formularse  por  el  motivo  segundo de  violación  de  la  ley  (indirecto),  porque  de  ninguna  manera  la  crítica  compromete  la  apreciación probatoria, y lo viable era proponer la censura por  violación  directa,  en tanto, exclusión evidente de las normas que regulan la  prescripción  y selección errada del tipo de fraude procesal que se aplicó, o  bien,  por tratarse de una causal objetiva de extinción de la acción penal, la  nulidad  por  violación  del  debido  proceso era la vía señalada13,    lo  inexcusable  (desde  la  perspectiva  de  una  variante jurisprudencial sobre la  contabilización   de   términos   de   prescripción  en  materia  de  delitos  continuados)  es que asiste razón al recurrente cuando alega que el Tribunal de  Villavicencio  seleccionó  de  manera  equivocada  el  artículo  que regula la  conducta  punible  de  fraude  procesal  (182  del  Decreto  ley  100 de 1980) y  excluyó  de  su  aplicación la normatividad inherente a la prescripción de la  acción penal.  En efecto:   

1.  La tesis  que  adujo  el  Tribunal  para  no decretar la prescripción de la acción y por  consecuencia  cesar  todo  procedimiento  a favor de los procesados, consiste en  que  la  conducta  de  fraude procesal es de naturaleza sucesiva y continuada, y  que  por esa virtud el cómputo para contabilizar la prescripción de la acción  penal  comienza  a  contabilizarse desde el momento en  que  cesa  el error ocasionado con la actuación fraudulenta, porque subsiste la  potencialidad   de   que   el   error   siga  produciendo  efectos  en  el  bien  jurídico.   

En  síntesis, no decretó la prescripción  porque  las  escrituras espurias siguen en el registro de instrumentos públicos  y  privados  de Villavicencio y porque el proceso ejecutivo que se tramita en el  Juzgado  Primero Civil del Circuito de Villavicencio por embargo y secuestro del  inmueble  (de  Pedro  Ovidio  Velásquez  Castro  contra la señora ARROYAVE  RUIZ, instaurado el 19 de abril  de 1995) se encuentra suspendido.   

El  Tribunal  consideró  que  la  conducta  punible  de fraude procesal en concurso homogéneo y sucesivo en que incurrieron  los   procesados   es  una  conducta  de  ejecución  permanente  que  continúa afectando el interés jurídico de la Administración  de   Justicia.    (Cfr.   página   15   de  la  sentencia).   

2.  Si bien  es  cierto  que  esa  era  la  postura de la jurisprudencia en relación con las  conductas   de  ejecución permanente, también lo es  que,  al  menos  desde  mediados  del  año  2005  la Sala modificó el criterio  jurisprudencial  en materia de contabilización de términos de prescripción de  la  acción  penal  una  vez  interrumpido  dicho  lapso con la ejecutoria de la  resolución          de          acusación14  y en adelante, el término  de  prescripción  de  la  acción penal en conductas de esta naturaleza, en una  especie  de “corte de cuentas” la contabilización del término prescriptivo  de  la  acción  penal luego de la interrupción del mismo, se hace a  partir  de  la  ejecutoria  de la resolución de acusación, sin  respecto  del  carácter  permanente de la conducta con posterioridad a la fecha  del   llamamiento   a   juicio,  pues,  los  efectos  permanentes  del  comportamiento  que se suscitan con posterioridad al cierre de  investigación,  no  podrán  ser objeto de análisis ni de reproche en el mismo  proceso sino, acaso, en otro diferente.   

Ello   significa   que  en  conductas  de  naturaleza  permanente,  el  “último  acto” objeto de imputación, coincide  con  la  fecha  en que la fiscalía cerró la investigación (ley 600), o con la  fecha  en  que formuló la imputación si se tratase de enjuiciamientos a la luz  del  sistema  de  enjuiciamiento  acusatorio.   (Cfr. artículo 84 inc. 2 y  artículo  86 modificado por el artículo 6° de la Ley 890 de 2004, ambos de la  ley  599  de  2000;   artículo  292  de  la  Ley  906 de 2004)15.   

3.   Con  aquella  variación  jurisprudencial  implementada desde el mes de junio de 2005  (posterior  al  fallo  del  Tribunal),  habrá  que  concluir  entonces  que  la  aplicación   de  un  criterio  jurisprudencial,  posterior  y  favorable  a  la  decisión  objeto  de  la  impugnación, acompaña la tesis del libelista.   Dicho  en  otros  términos,  para  el  momento  en que el Tribunal profirió la  condena  (20  de  mayo de 2004) el criterio jurisprudencial aplicable era el que  expresó  la  sentencia  objeto  de  la  demanda  de  casación, admitida por el  trámite    excepcional   en   aras   de   un   pronunciamiento   en   sede   de  casación.   

4.   Con el  criterio   jurisprudencial   modificado,   para   contabilizar  el  término  de  prescripción  de  la  acción penal en comportamientos de naturaleza permanente  cometidos  –en este caso  por  personas  particulares-, a la luz del artículo 182 del Decreto 100 de 1980  que  consagraba  límites punitivos de uno (1) a cinco (5) años, el término de  prescripción  de  la  acción penal una vez interrumpida la acción es de cinco  (5)  años,  que  efectivamente se cumplieron el 27 de  agosto de 2003.   

5.  Desde esa  óptica  (al amparo del primer cargo de la demanda) por encontrar prescritas las  acciones  penal  y  civil, la Sala casará  la  sentencia  por  exclusión  evidente de los artículos 83, 84  inc.  2,  y  86  de  la  Ley  599 de 2000;  al mismo tiempo, por exclusión  evidente  de  los  artículos  108 del Decreto 100 de  1980,  98 de la Ley 599 de 2000 y 55 de la ley 600 de  2000 que regulan la materia.   

La  acción  civil  se instauró dentro del  proceso  penal por parte de la señora Myriam Hurtado Bernal en su condición de  víctima  de los comportamientos delictivos auspiciados por los procesados y con  mejor  derecho  sobre  la  propiedad  del  inmueble, por tratarse de la viuda de  Jorge  Eliécer  Serrano  Morales (inicial vendedor en la transacción que no se  formalizó) y por consiguiente, poseedora pacífica del inmueble.   

6.    Los  efectos  de  la prescripción de las acciones penal y civil se hacen extensivos,  de  manera  oficiosa, al no recurrente ELKIN GONZÁLEZ  BETANCOURT  a  quien cubren las mismas circunstancias  de hecho.   

RESTABLECIMIENTO  DEL  DERECHO.   UNA  GARANTÍA INTEMPORAL   

7.    En  relación  con  las  medidas  de  cancelación  de  registros  fraudulentos,  no  obstante  la prescripción de las acciones penal y civil en esta causa, a la luz  de  los  artículos 21, 64 y 66 de la Ley 600 de 2000 (ib. artículo 22 y 101 de  la   Ley   906   de  2004),  la  Sala  ordenará  la  cancelación  definitiva  de  los  registros obtenidos  fraudulentamente:   

La  Fiscalía  Catorce  Delegada  ante  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Villavicencio,  mediante oficio 347 del 16 de  septiembre  de  1997, dispuso cancelar los registros de las escrituras públicas  3936  del  31  de  agosto  de 1992, la escritura pública número 4432 del 23 de  junio  de  1994  y  la  número  8812  del  6  de diciembre de 1994.  (Cfr.  anotación  número 19 del folio de matrícula inmobiliaria visible a folios 140  – 144 / 2);  en tal  sentido,  remitirá  copia  de  esta  decisión  a  la  Oficina  de  Registro de  Instrumentos  Públicos  y  Privados de Villavicencio y al Juzgado Primero Civil  del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  para  lo  de sus competencias16.   

Por  su  parte,  la  Oficina de Registro de  Instrumentos  Públicos  de  Villavicencio canceló, mediante anotación número  19,   del   folio   de  matrícula  inmobiliaria  número  230  0019  481  tales  tradiciones.   (Cfr.   folios   140   – 144 / 2).   

En virtud del restablecimiento del derecho,  no  obstante  la  declaración de prescripción de las acciones penal y civil, y  desde  la  perspectiva  de los fines del Estado de procurar la “vigencia de un  orden  justo  y la preservación del derecho de propiedad privada” (Artículos  1,  2  y  58  modificado  por  el  A.L.  núm.  01  de  1999 de la Constitución  Política),  la  Sala  no  elude  el  compromiso  de  restituir  los bienes a su  legítimo   dueño   o   poseedor  pacífico,  salvo  que  otro  acredite  mejor  derecho.   (Cfr.  Artículo  64  inc.  2,  artículo  66  de  la Ley 600 de  2000).   

“Es  una  forma  de  resarcir  el  daño.  “Como   la  protección  de  la  propiedad  privada  en  nuestro  ordenamiento  constitucional  se condiciona a su adquisición con justo título y de acuerdo a  las  leyes  civiles,  no encuentra la Corte vicio de inconstitucionalidad alguno  en  que  el  legislador le haya impuesto al juez penal la obligación de ordenar  la  cancelación  de  los títulos espurios, pues además de ser consustancial a  su  misión  la  restitución  de  los  bienes  objeto  del  hecho  punible para  restablecer  el  estado  predelictual (restitutio in pristinum), la adquisición  de  ellos  aun  por  un  tercero  de buena fe, no es lícita en razón del hecho  punible  que  afecta la causa de su derecho y que el juez penal debe declarar de  oficio para restablecer el derecho de la víctima.   

Se  trata de una forma de resarcimiento del  daño  que  tiende  a  restablecer  el quebranto que experimenta la víctima del  hecho  punible mediante la restitución originaria de los bienes objeto material  del  delito.  Pero  la  orden  del juez penal y su ejecución no agotan el deber  indemnizatorio  del procesado de quien puede exigirse el pleno resarcimiento del  daño  en  el  proceso  penal  mediante  la  constitución  de parte civil, o en  proceso civil una vez decidida la responsabilidad penal.   

No se puede cuestionar entonces el deber que  le  impone  la ley al juez de ordenar la cancelación de los registros espurios,  simplemente  por ser una función que tradicionalmente cumplía el juez civil en  el  correspondiente  proceso  de  nulidad  del  acto  jurídico  vertido  en  el  documento   adulterado,  ya  que  en  razón  del  principio  de  la  unidad  de  jurisdicción  al  juez  penal  se  extiende  la  competencia para decidir sobre  cuestiones  civiles  vinculadas con el hecho punible y por tanto complementarias  con la defensa jurídica y social del crimen.   

Aceptar la pretensión del actor de anonadar  la  integridad  del  precepto acusado, implicaría reconocer que el delito puede  ser  fuente  o  causa lícita de aquellos derechos que la Constitución denomina  “adquiridos  con justo título” y que deben ser protegidos por la ley aun en  detrimento  de  los  derechos  del  legítimo  titular,  de  los  que pretendió  despojarlo   el  autor  del  hecho  criminal”.  (CSJ,  S.  Plena,  Sent.  dic.  3/87)17.   

Una   apreciación   articulada   de  tal  antecedente  con las consideraciones del fallo C-060 de 2008, permiten a la Sala  advertir  que  el  restablecimiento  del derecho de la  víctima   es   una   garantía   intemporal   que  dimana  directamente  de  la  Constitución  Política  y  de  la cual no puede sustraerse el juez;   por  ello,  a pesar de la prescripción de la acción como  declaración  objetiva de extinción de la acción penal, legalmente contemplada  (artículo  38  de  la  Ley  600;   artículo 77 de la ley 906 de 2004), la  competencia  para  hacer  este tipo de declaraciones se  mantiene:   

“…Esa  reforma  cae  también  en  la  incongruencia.   Las   dos  normas  anteriores  a  la  del  fragmento  demandado  permitían  (permiten,  en  las  acciones  penales que se continúan adelantando  bajo  la  Ley  600  de 2000), adoptar esta decisión “en cualquier momento de la  actuación”  en que aparezca demostrada la tipicidad – los elementos objetivos –  de  la  conducta  punible,  oportunidad que en el sistema procesal acusatorio no  procedería,  en  contravía  a  lo que es su plausible avance en defensa de los  derechos de las víctimas.   

Adviértase que, tal como lo exponen varios  intervinientes,  pueden  existir  diversas  situaciones  en  las que se cuente a  cabalidad  con  prueba  suficiente sobre los elementos objetivos del tipo penal,  sin  que  se  reúnan,  en cambio, las exigentes condiciones que son necesarias,  particularmente  en  cuanto  a  la  responsabilidad  penal,  para poder proferir  sentencia  condenatoria  (art.  7°  Ley 906 de 2004), siendo necesario entonces  emitir un fallo absolutorio.   

También pueden presentarse casos en los que  exista  “convencimiento  más  allá  de toda duda razonable” sobre el carácter  apócrifo  del  título de adquisición, pero ninguna información acerca de los  posibles  responsables  de  dicha  adulteración,  circunstancia  en  la cual no  podrá  procederse  al archivo de las diligencias por parte de la Fiscalía, por  cuanto  esta  situación  no  encuadra  en los supuestos que para esta decisión  prevé  el  artículo  79 de la misma Ley 906 de 2004. Por el contrario, el ente  investigador  debe  continuar  ejerciendo  la  acción  penal  a  fin  de  poder  determinar  quiénes  fueron  los  autores de dicha conducta punible, y mientras  tanto,  de  acuerdo con lo establecido en los ya citados artículos 22 ibídem y  250.6  de  la  Constitución  Política,  deberá adoptar las medidas necesarias  para  hacer  cesar  los  efectos producidos por el delito, y de ser posible, que  las  cosas  vuelvan al estado anterior, independientemente de la responsabilidad  penal.   

Finalmente, puede surgir también un factor  de  extinción  de  la  acción penal, como alguna causal de preclusión u otras  situaciones   que   la  terminan  (muerte  del  procesado  antes  de  proferirse  sentencia,  prescripción o, en los casos previstos por la ley, mutatis mutandis  y  dentro de sus propias condiciones legales y aún constitucionales, algunas de  ellas  preservantes  de  los  derechos  de  las  víctimas,  como indemnización  integral,  pago,  desistimiento,  amnistía propia, aplicación del principio de  oportunidad).   

Así  las cosas, no obstante que se hubiere  arribado  al  “convencimiento  más  allá  de  toda  duda  razonable”  sobre el  carácter  fraudulento  del título en cuestión, la ocurrencia de cualquiera de  las   situaciones   últimamente   reseñadas   traería  como  consecuencia  la  definitiva  imposibilidad,  pues  no  habrá  fallo  condenatorio, de obtener la  cancelación   del   título   apócrifo,   necesaria   para   lograr  el  pleno  restablecimiento del derecho de la víctima.   

En  la  misma  línea  planteada  por  el  demandante,  la  Corte  encuentra  que esta situación se deriva precisamente de  que  la  norma  demandada exija que dicha decisión se tome exclusivamente en la  sentencia  condenatoria, que  nunca  se  producirá  en  las  comentadas  eventualidades.  De  no  existir tal  restricción,  la  cancelación  podría  ordenarse  siempre  que  objetivamente  exista  prueba  suficiente  de  la  contrafacción,  de  manera semejante a como  ocurriera  con  la  aplicación  de  las normas anteriores, transcritas páginas  atrás.   

Es  claro  entonces  que  por  efecto  del  requisito  contenido en la expresión “En la sentencia condenatoria”, el segundo  inciso  del  artículo  101 parcialmente demandado puede dar lugar a situaciones  en  las  que  antijurídicamente se pierda por completo la posibilidad de que la  víctima   obtenga   el  pleno  restablecimiento  de  su  derecho,  mediante  la  cancelación     de     los     títulos     y     registros    fraudulentamente  obtenidos.   

Al  analizar  medidas  semejantes a ésta y  teniendo  en  cuenta  los  alcances  de  la  protección  constitucional  “a  la  propiedad  privada  y  los  demás  derechos  adquiridos con arreglo a las leyes  civiles”      (art.      58),      la     Corte     ha     resaltado9,   tal   como   ahora   reitera,  la  importancia  de  que los correctivos previstos en la ley para volver las cosas a  su  estado  original  y  desvirtuar los derechos arrogados contrariando el orden  jurídico,  se  apliquen  de  manera  pronta y efectiva, de modo que se evite la  continuación  y/o  la  consumación de situaciones irregulares, así como la de  los perjuicios que ellas injustamente causan.   

Esta  consideración, junto a la relativa a  la   importancia  y  especial  protección  constitucional  que,  según  se  ha  explicado,  tienen  los  derechos de los damnificados por los delitos, hacen que  no  resulte  necesario, razonable ni justo que el restablecimiento se condicione  de      manera     indefinida,     o     peor     aún,     pueda     frustrarse  definitivamente.   

Por todo lo anterior, encuentra la Corte que  por  efecto de la expresión demandada, algunas de las víctimas de este tipo de  delitos   no  tienen  completamente  garantizado  el  derecho  a  acceder  a  la  administración  de  justicia,  para  que pronta y cumplidamente se le defina la  restitución   a   que  tiene  derecho,  situación  que  a  su  turno  vulnera,  parcialmente,   las   garantías   constitucionales  del  debido  proceso  y  el  restablecimiento   del   derecho   (arts.  229,  29  y  250-6  constitucionales,  respectivamente).   

Ha  de  resaltarse,  claro  está, que como  constante  frente  a  todo  lo analizado, también opera el respeto debido a los  principios  fundamentales  que  trazan  la  forma, caracteres y fines del Estado  social     de    derecho    (arts.    1°,    2°    y    preámbulo    de    la  Constitución)”18.   

8.  La Sala  no  hace  pronunciamiento  alguno  en  relación  con los efectos que pudo haber  tenido  la  conducta  de  fraude  procesal  en  la  que  incurrió  la procesada  BERNARDA    PATRICIA   ARROYAVE   RUIZ  al  pretender  engañar  al  Juez  Primero  Civil del Circuito de  Villavicencio   cuando   a  instancias  de  esa  cadena  delictiva  de  engaños  determinó  que  se  iniciara  un  proceso ejecutivo en su contra, sencillamente  porque  desconoce si en el proceso ejecutivo el juez civil adoptó alguna medida  que perjudicara a la dueña (poseedora legítima) de los cánones.   

El  cargo  de prescripción de la acción  penal  propuesto  por  el  demandante, con la coadyuvancia del representante del  Ministerio  Público  (que  propuso  la  prescripción  de la acción al modo de  casación  oficiosa)  prospera.   Ello  releva  a  la Sala de responder las  demás censuras.   

9.   Finalmente,  al verificar que entre el 28 de agosto de  1998 cuando la Unidad de Fiscalías Delegadas ante el  Tribunal  de  Villavicencio  confirmó  la acusación  (Fls. 3 –  12 Cuaderno de segunda instancia de  la  Fiscalía)  y  el  29 de julio de 2002,  cuando  el  Juzgado  Tercero Penal del Circuito de Villavicencio  profirió     la     sentencia     absolutoria     (Fls.     93     –  115  /  3),  transcurrió  un lapso  considerable   de   tres   (3)  años  y  once  (11)  meses, que incidió en la prescripción de la acción  penal,  la  Sala  REMITIRÁ  copia  de  esta  decisión  con  destino al Consejo  Seccional  de  la Judicatura de Villavicencio, Sala Disciplinaria, con el fin de  que  el  funcionario(a)  rinda  las  explicaciones  necesarias por la mora en el  trámite del proceso.   

En  mérito  de  lo  dicho  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Penal y  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley,   

RESUELVE  

1.        DECLARAR       LA  PRESCRIPCIÓN  de las acciones penal y civil seguidas  contra  BERNARDA  PATRICIA ARROYAVE RUIZ       y       ELKIN      GONZÁLEZ  BETANCOURT  (no  recurrente en casación)  por  la  conducta  punible  de fraude  procesal.   

2.  CESAR  EL  PROCEDIMIENTO  seguido  contra  BERNARDA    PATRICIA   ARROYAVE   RUIZ       y       ELKIN      GONZÁLEZ  BETANCOURT.   

3.     ORDENAR     LA    CANCELACIÓN  DEFINITIVA de los registros  de  las  escrituras  públicas  3936  del  31 de agosto de 1992, de la escritura  pública  número  4432  del  23  de junio de 1994 y de la número 8812 del 6 de  diciembre  de  1994.   (Cfr.  anotación número 19 del folio de matrícula  inmobiliaria  visible  a  folios  140  –  144  /  2);   EXPEDIR  copia  de  esta decisión con destino a la Oficina de Registro de  Instrumentos  Públicos  y  Privados de Villavicencio y al Juzgado Primero Civil  del   Circuito   de   la  misma  ciudad,  para  lo  de  sus  competencias.   El  Juez  de  primera  instancia deberá cancelar los  gravámenes y las cauciones prestadas.   

4.  EXPEDIR  copia  de  esta  decisión  con  destino  a  la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del Consejo Seccional de la  Judicatura de Villavicencio (Cfr. núm. 9).   

Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

JULIO       ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                 SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

            Comisión de servicio   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO      MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS    

                                                                                         Comisión de servicio   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                               JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANES   

              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                             JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

   

                                                     

                  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1“Ninguno de los dos por otra parte, se  hacen  acreedores  a  los mecanismos sustitutivos de la pena de prisión, no por  ausencia  del  factor objetivo, sino del subjetivo en cada uno de ellos, pues la  gravedad  de  la  conducta, que ha sido por otra parte de carácter continuado y  en  grave  perjuicio para el conglomerado social mediante la utilización dolosa  de  órganos  del  Estado,  exigen  tratamiento  penitenciario,  sin que existan  medios    para   considerar   que   no   evadirán   el   cumplimiento   de   la  misma”.   (Página  13, párrafo tercero de la  sentencia del Tribunal).   

2Página    14,    segundo    párrafo    de    la   sentencia   del  Tribunal.   

3Simplemente   refirió   que   “…el  inmueble  no  se  ha  perdido,  que  la  cuestión  sobre  su propiedad debe ser  dirimida  en  otras  instancias,  que  los  cánones de arrendamiento permanecen  hasta  donde  se  tiene  conocimiento  a  órdenes del Juzgado Primero civil del  Circuito  de  Villavicencio…”   (Página 14,  primer párrafo de la sentencia del Tribunal).   

4Página    14,    tercer    párrafo    de    la    sentencia   del  Tribunal.   

5Página    14,    párrafo    quinto    de    la    sentencia   del  Tribunal.   

6El  Tribunal  de  Villavicencio  se  abstuvo  de  cancelar  la  inscripción  de esa  escritura  en la oficina de registro, pues consideró que esa competencia escapa  a  la  Sala  Penal…  “nada  se decidirá sobre la  escritura  y  el registro de la escritura de venta 3936 del 31 de agosto de 1992  de  la  Notaría  Veinticinco  de  Bogotá, puesto que la legalidad de ésta, es  tema  de  la  jurisdicción  civil ordinaria, que determinará si la venta allí  contenida  es  o  no  válida”.   (página 14,  párrafo sexto de la sentencia).   

7Se  estableció  que  el  poder otorgado al abogado Reyes Pardo era falso, porque no  coincidió  con  la  firma  del  poderdante;   no obstante, la fiscalía 19  Delegada  ante  los Jueces Penales del Circuito de Villavicencio que conoció la  investigación  por  dicho  comportamiento, precluyó la investigación el 19 de  diciembre  de  1995.   (Cfr.  Sentencia de segundo grado, página 3, tercer  párrafo;  ib. páginas 5 y 6).   

8Cfr.  página   12   párrafo   tercero   de   la  sentencia  del  Tribunal.   La  investigación  en  contra del señor Velásquez Castro terminó con resolución  de preclusión.   

9El  demandante  en casación dio cuenta que “Desde el 17  de  septiembre de 1997 se cancelaron las escrituras públicas 3936 de 1992, 4432  y   8812   de  1994,  por  orden  de  la  autoridad  judicial  en  este  proceso  penal”.    (Página   6   de  la  demanda  de  casación).   

10Cfr.  páginas 10 y 11 de la sentencia del Tribunal.   

11Preciso  es  recordar  que Nubia Islena Cruz de Vásquez (viuda del  inicial  comprador  Fabio  Vásquez  Orozco)  y  otros  presentaron  demanda  de  constitución  de  parte  civil,  pero que la demanda fue rechazada precisamente  porque…  “no  son  realmente  perjudicados con el delito”, toda vez que…  “la  directa  perjudicada  con el delito es la denunciante”.  (Auto del  27   de   octubre   de   1999,   del  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Villavicencio;    en  cuaderno  de  parte  civil,  folios  33  – 34).   

12Artículos 83, 84 inc. 2, y 86 de la Ley 599 de 2000   

13Cfr.  sentencia  del  24  de octubre de 2003, rad. núm. 17466.  (Véase Régimen  Penal  Legis,  envío  número  97;   junio de 2008, &0929 – 2)   

14CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sala Penal, sentencia del 20 de junio  de  2005,  rad.  núm.  19915;   (Régimen  Penal Légis, envío número 97  &932).   

15CORTE   CONSTITUCIONAL,   Sentencias   C-416  del  28  de  mayo  de  2002.   

16Cfr.  oficio  número  2210  del  14  de  octubre  de  1997  del  Juzgado Primero Civil del Circuito de Villavicencio Meta  (FL. 141 / 2),   

17Cfr.  Régimen       Penal       Legis,      anotación      número      [§   4785],  envío número 99 de enero de 2009;  en el mismo  sentido,      CORTE      CONSTITUCIONAL,      sentencia      C      – 060 de 2008.   

18CORTE       CONSTITUCIONAL,      sentencia      C      – 060 de 2008     

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