30547(24-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30547  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No.  339.   

Bogotá   D.  C.,  veinticuatro  (24)  de  noviembre de dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

El Juzgado Ciento Cincuenta y Uno de Primera  Instancia  de  la  Zona 12 Departamento de Policía del Atlántico, en sentencia  de   21  de  enero  de  2008,  absolvió  al  procesado  FABIO  CÉSAR  ORTEGÓN  RODRÍGUEZ, por el delito del centinela.   

Apelada la sentencia por la Fiscalía, el 30  de  abril  de  2008  el  Tribunal Superior Militar la revocó y, en su lugar, lo  condenó     como     autor    del    delito    del  centinela  a  la pena de un (1) año de arresto; y le  negó la suspensión de la ejecución de la sentencia.   

En  esta  oportunidad,  la Sala califica el  aspecto  formal  de la demanda de casación presentada por el apoderado de FABIO  CÉSAR ORTEGÓN RODRÍGUEZ.   

HECHOS  

1.  Fueron relatados de la siguiente manera  por el Juez de primer grado.   

“Da cuenta el informe de novedad suscrito  por  el  señor  Capitán SILVA LOPEZ URIEL (sic), que para ese día 10 de junio  de  2007,  pasaba  revista  a  las  instalaciones de la Base de Antinarcóticos,  cuando   encontró   al   señor   Patrullero  ORTEGON  RODRIGUEZ  FABIO  (sic),  completamente  dormido  en el sitio de facción denominado X3 y según el señor  oficial   dicho   patrullero   se   encontraba   sin   su   arma   de  dotación  oficial.”   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

1.  Una  vez  cerrada la investigación, la  Fiscalía  153  de  Instrucción  Penal  Militar,  el  13  de diciembre de 2007,  radicó     el     escrito     de     acusación1,  en el que le formula cargos  a   FABIO  CÉSAR  ORTEGÓN  RODRÍGUEZ,  como  autor  del  delito  del centinela.   

2. Remitido el expediente para adelantar la  etapa   del   juicio,   el  16  de  enero  de  20082  se celebró la corte marcial  de  guerra,  al cabo de la cual, el 21 de enero del mismo año el Juzgado Ciento  Cincuenta  y Uno de Primera Instancia de la Zona 12 Departamento de Policía del  Atlántico,  absolvió  a  FABIO  CÉSAR  ORTEGÓN  RODRÍGUEZ,  por  el  delito  del centinela.   

3.  Contra  esta  decisión,  la  Fiscalía  interpuso  el recurso de apelación y el Tribunal Superior Militar, en sentencia  de  30  de  abril  de  2008  la  revocó y, en su lugar, lo condenó en la forma  reseñada.   

4.  Inconforme con la sentencia el defensor  de  FABIO  CÉSAR  ORTEGÓN  RODRÍGUEZ,  interpuso el recurso extraordinario de  casación.   

LA  DEMANDA   

El  apoderado recurrente, postula un cargo,  por     “violación    directa    de    la    ley  sustancial”,  generado en la forma del “error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  (falta  de  apreciación       de       la      prueba).”3   

ÚNICO CARGO:  

Expresa como argumentos de sustentación los  siguientes:   

-.  El  Tribunal Superior Militar ignoró u  omitió   el   reconocimiento   de  la  presencia  de  unas  pruebas4; solamente se  tuvieron  en  cuenta  las testimoniales de cargo y se desconocieron aquellas, de  las  que  se  podía  inferir  una  eximente de responsabilidad, motivada en las  precarias condiciones de salud estomacal del implicado.   

-.  La  tesis  de  condena del Ad   quem,   viola  los  principios  de  legalidad,  derecho  de  defensa, debido proceso, al inaplicar el de presunción  de  inocencia,  cuando  da  por cierto un hecho que no logró ser probado por la  Fiscalía.  De  este  modo  estaba  afectado  el  estado  de certeza y se debió  reconocer la duda probatoria.   

En  un  acápite  denominado  “EL  CRITERIO FORMAL DEL IMPUGNANTE”,  expone  que  para concluir en el fallo de condena el juez de segundo grado parte  del  informe  del  capitán URIEL SILVA LÓPEZ, que en su sentir es sesgado, por  tener  interés  para  agravar  la  situación del implicado, quien “dentro   del   marco   legal   de   su   actividad  profesional,  institucional   y  humana,  desborda  todos  los  parámetros  fijados  para  la  relación  laboral  que  debía preservar, cual era, antes que todo, procurar la  atención  clínica  del  policial que argumentaba una deshidratación por causa  de un fuerte daño de estómago.”   

-.   El   Tribunal   utiliza   la  prueba  testimonial5  que  se  relaciona  con  unos  agentes,  miembros de la escolta y  conductor  del  oficial, quienes deponen hechos diferentes a los afirmados en la  sentencia,  al  ser  contestes  en  afirmar  que  no observaron que el procesado  estuviera  durmiendo.  Los  testigos  de  cargo  son  sospechosos  o al menos de  “dudosa      credibilidad”,  motivados en el deber de obediencia al superior.   

-.  La ley procesal dispone que, los medios  de  prueba  deben  ser  valorados y se tiene que expresar el atributo otorgado a  cada  uno  de  ellos,  labor  que incumple el Tribunal en la sentencia al omitir  tener     en     cuenta     las     declaraciones6  recaudadas  a favor de FABIO  CÉSAR  ORTEGÓN,  las  que de haber sido apreciadas correctamente, la decisión  tendría que ser contraria y beneficiosa a su poderdante.   

-. Los medios de convicción dejados de lado  corresponden  a  la  Indagatoria  rendida  por FABIO CÉSAR ORTEGÓN RODRÍGUEZ,  donde   relató   lo   ocurrido   como  consecuencia  de  su  estado  de  salud,  circunstancia                      desconocida                      “abruptamente”  por  el  Tribunal y,  los  testimonios,  que  de  ser  estimados,  el  fallo sería diferente, pues al  cotejarlas  con  las  de  cargo,  sobrevendría  “EL  INDUBIO PRO REO”.   

-. Se “soslayó  la  eventualidad  de  un  animo  (sic)  retaliatorio  del oficial”   por   el   suceso   antecedente   existente  entre  éste  y  el  implicado7.   

Dice  que la única relevancia jurídica de  los  elementos  de convencimiento, se encuentra en la reseña documental surgida  a  partir  del informe rendido por el capitán Silva López, donde manifiesta de  manera  enfática  que  FABIO  CÉSAR ORTEGÓN incurre en el delito del   centinela  al  haberlo  encontrado  dormido,  por  el  hecho  de no haber prestado atención al ruido de la sirena o  “al  irresponsable  acto  de  disparar  sin  razón  alguna aparente.”   

Controvierte el atributo persuasivo otorgado  al  informe  de  policía,  al  considerar  que carece de la calidad de medio de  prueba,  por  tratarse  de  un  acto  procesal que noticia de la comisión de un  presunto hecho punible.   

Si  se  hubieran  valorado los elementos de  convicción  que  infirman  los  de  cargo,  la indagatoria del inculpado, la de  terceros  declarantes,  persiste  el  censor, la veracidad de la denuncia sería  inexistente,  generando  la  duda  probatoria,  razón  por  la  cual  se debió  absolver  a  su poderdante. Al efecto cita jurisprudencia de la Corte Suprema de  Justicia, de 27 de julio de 1995, radicación No. 8909.   

Solicita casar el fallo y, en consecuencia,  se  absuelva  a  FABIO  CÉSAR  ORTEGÓN  RODRÍGUEZ,  al  carecerse  de certeza  probatoria  para  emitir  una  sentencia  de  condena por el delito objeto de la  acusación.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1.   El   artículo   368   (procedencia)  del Código Penal Militar  (Ley      522      de     1999),     establece   que   la  casación  procede  por  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo sea o exceda de seis (6)  años,  aún  cuando  la  sanción  impuesta  haya sido una medida de seguridad,  procedibilidad  que  se  extiende a los delitos conexos, aunque la pena prevista  para éstos sea inferior.   

También establece el citado precepto en su  inciso  tercero  que  la  Sala,  de  manera excepcional y en forma discrecional,  “… puede aceptar un recurso de casación en casos  distintos    a    los    arriba    mencionados,    a  solicitud  del  Procurador General de la Nación o su  Delegado,  o  del  defensor, cuando lo considere necesario para el desarrollo de  la jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales.”   

El  artículo 131 del Código Penal Militar  (Ley   522   de   1999),  vigente  para  el  mes  de  julio  de 2007, época de  ocurrencia  de  los  hechos,  reprimía  el delito del  centinela  con sanción de  arresto  de uno (1) a tres (3) años. De este modo en el caso que se examina, la  casación  común  es  improcedente, pues la pena máxima para el punible por el  que  se  procesó  a  FABIO CÉSAR ORTEGÓN RODRÍGUEZ  no  es  igual  o  excede de  seis (6) años de prisión.   

2.   Por  tanto,  era  necesario  que  el  impugnante  acudiera  a  la  casación  excepcional, en los términos del inciso  tercero  del  artículo  368 (procedencia)  del  Código  Penal Militar (Ley 522 de  1999),  expresando  la necesidad de su admisión para  el  desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales  que  hubieren  sido  transgredidos en el trámite ordinario del proceso, únicos  motivos  por  los  cuales  y  ante  la  solicitud  del  Procurador  General  de  la  Nación  o su Delegado, o del defensor,  puede  ser  aceptada,  correspondiendo  decidir  a  la  Corte, en  ejercicio  de  la  discrecionalidad  que  la  ley  le  otorga,  si  la concede o  rechaza.   

Se  trata  de  dar  a conocer a la Sala las  razones  por  las  cuales  el  demandante  piensa  que  el  recurso de casación  excepcional  debe  ser acogido, motivos que no siempre pueden confundirse con el  desarrollo  de  los  cargos  concretos contra el fallo de segundo grado, pues si  así  fuere  no  existiría ninguna diferencia entre la casación discrecional y  la casación ordinaria.   

Ello    implica    que    el  estudio  acerca  del aspecto formal de la demanda se efectuará  a  posteriori,  siempre  y  cuando  previamente  la  Corte  haya  arribado a la conclusión que es necesario  tramitar,  por  excepción,  el  recurso extraordinario en pro de las garantías  fundamentales o con miras a desarrollar la jurisprudencia.   

3. Cuando se aboga por la efectividad de los  derechos  fundamentales,  al  recurrente le corresponde identificar la garantía  objeto  del  quebranto denunciado, así como la norma superior que la protege, y  vincular  su  afectación  con  las actuaciones del respectivo proceso; esto es,  señalar   en   forma   específica   en   qué   consistió   la   vulneración  alegada.   

En    lo    relativo    al   desarrollo  jurisprudencial,  es  deber  del impugnante indicar si lo pretendido es fijar el  alcance  interpretativo  de alguna disposición, o la unificación de posiciones  disímiles  de  la Corte, o el pronunciamiento sobre un punto concreto que hasta  ahora  no  ha  desarrollado, o la actualización de la doctrina, al tenor de las  nuevas  realidades  fácticas  y  jurídicas; y, además, es preciso resaltar la  incidencia  favorable de la pretensión frente al caso y la ayuda que prestaría  a  la  actividad  judicial,  por trazar derroteros de interpretación auxiliares  para dicho ejercicio.   

4. En el escrito de sustentación el censor  omite  la manifestación expresa de acudir al recurso extraordinario por la vía  excepcional,  esto  es,  para  buscar  el  desarrollo  de la jurisprudencia o la  protección de garantías fundamentales.   

Ante  esa  carencia  y  en cumplimiento del  principio  de  limitación  propio  del  recurso  extraordinario,  no  le  es  dable  a la Corte, suplir las  omisiones  argumentativas  del  escrito  de  sustentación.  Por  tanto no puede  corregir,  complementar  o  de cualquier otra forma suplantar al libelista en la  construcción  de  la  demanda.  No  obstante, cuando atendiendo los fines de la  casación  y  en  procura  de  la  defensa  de las garantías fundamentales deba  hacerlo, evento que aquí no acontece.   

De  antaño  la Sala ha sentado el criterio  consistente  en que la impugnación es un juicio lógico-argumentativo, regulado  por  el  legislador  y  desarrollada por la jurisprudencia, con el propósito de  que  no  se  convierta en una tercera instancia, sin que pueda ser un escrito de  libre  confección  con  el  que  derrumbe  la  doble  presunción  de acierto y  legalidad de los fallos.   

5.  En  suma,  las impropiedades advertidas  conllevan  a  inadmitir  la  demanda,  máxime  que  tampoco en la revisión del  expediente   se   observa   la  vulneración  de  alguna  garantía  fundamental  -se  repite- que amerite el  ejercicio  de  las  facultades  oficiosas  de  la Sala de Casación Penal en los  términos  del  artículo  216  del  Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000).   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

1.  Inadmitir   la   demanda   de  casación  presentada    a   nombre   de   FABIO   CÉSAR  ORTEGÓN  RODRÍGUEZ,   conforme   a   lo   expuesto  en  la  parte  motiva.   

2.  Contra  lo  decidido  en  el  presente  auto  no  procede  recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase      y    devuélvase  al Tribunal de origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                           ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                                      AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

         

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

1  Cuaderno principal, folio 201.   

2  Cuaderno principal, folio 227.   

3  El  libelista  no  dice con fundamento en qué causal y en qué ordenamiento soporta  el cargo que plantea.   

4  El  demandante   no   identifica   los   medios  de  prueba  que  dice  fueron   desconocidos en el fallo.   

5  El  recurrente no dice cuáles testimonios.   

6  El  impugnante   omite   precisar   a   qué  medios  de  prueba  en  particular  se  refiere.   

7  El  censor no precisa cuál es esa circunstancia.     

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