30513(18-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 30513  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta: 333   

Quibdó  (Chocó),  dieciocho   (18)  de  noviembre de dos mil ocho (2008).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  formales  que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda  de      casación     discrecional     presentada  por  el  defensor de ÁLVARO DE  MOYA   LARA,   contra   el   fallo  del  Tribunal   Superior  del  Distrito  Judicial  de Barranquilla,  del  17 de abril de 2008, mediante el cual  confirmó  la  sentencia  adoptada  por  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  el 25 de abril de 2007, quien lo condenó  por  el  punible de omisión   del   agente   retenedor   o   recaudador,   a   la  pena  de  36  meses  de  prisión,  a   la   multa  de  $  27´734.000  pesos  y,  a la accesoria de inhabilitación en  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, por el mismo lapso que la sanción principal.   

H    E    C    H   O   S   

El 11 de julio de 2000, la División Jurídica  de   la  Administración  Local  de  Impuestos  de  Barranquilla,  denunció  al  representante  legal  ÁLVARO DE MOYA LARA de  la sociedad denominada Sistemas Wexpertos de Colombia Ltda., Nit  80.256.075,  porque  no canceló los tributos recibidos a la administración por  concepto  de ventas (iva) y retención de la fuente durante los años 1997, 1998  y 1999;  gravámenes determinados en $ 15´061,000.oo pesos.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 28 de junio de  2002,  la Fiscalía Cincuenta y Tres Delegada ante los  Juzgados  Penales  del Circuito de Barranquilla, dictó  resolución  de  acusación  contra    ÁLVARO   DE   MOYA   LARA,   por   el  delito  de  omisión  de  agente  retenedor o recaudador.   

2. El 25 de abril de  2007,  el  Juzgado  Tercero  Penal del Circuito de la  misma           ciudad,          condenó   por   el   delito  imputado  a  ÁLVARO  DE  MOYA  LARA a las  penas  principales  de  treinta  y  seis (36) meses de  prisión  y  multa de $ 27´734.000 pesos; así mismo,  por  daños materiales a favor de la parte civil la suma  de $ 13´867.000;  y,  a  la  accesoria  de inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones  públicas,   por   el   mismo   tiempo   que   la   sanción   privativa  de  la  libertad.     

3. El 17 de abril de  2008,  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Barranquilla,   confirmó  la  sentencia  recurrida  por  la defensa técnica. El  mismo  sujeto  procesal,  inconforme  con esa decisión, la impugnó y sustentó  mediante  la  presentación  del  respectivo  libelo,  que hoy califica la Sala.   

R   E   S   U  M  E  N     D  E    L A   D E M A N D A   

Bajo  el  imperio  de  la Ley 600 de 2000, el  actor      atacó     discrecionalmente    la    decisión    de    segundo    nivel,    por   cinco nulidades.   

I. Justificación de la casación excepcional:   

En el capítulo décimo de la demanda sostuvo  que  se  “acceda  subsidiariamente,  a  admitir  la  presente   Demanda  (sic)”,  teniendo  presente  las  “graves irregularidades”  en  las que incurrieron las instancias, en donde desconocieron el debido proceso  regulado  en  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política al designar un  “perito  para  actuar  en  un  Proceso  Penal  y de  contera,  también  se  permitió, que la experticia se llevara a cabo sobre una  sociedad  inexistente  y  no  sobre  aquella en la cual el hoy condenado, había  fungido como representante legal”.   

Con   tal   actuación  se  vulneraron  los  postulados   de   contradicción,  celeridad,  presunción  de  inocencia,   favorabilidad,  entre  otros;  no  pudiéndose  arribar  a  un  acuerdo  con  la  Administración,  porque  se  violentó  la  misma  normativa  que consagró los  acuerdos a los que pueden llegar las partes.   

II. Cargo principal: nulidad.  

Sin especificar cuál clase de vicio encierra  su  enunciado  indicó  que  el  proceso  penal  iniciado contra su prohijado es  “sui  generis”, para lo  cual  citó  una  gama de normas a fin de demostrar que si el agente retenedor o  autorretenedor  paga,  acuerda  o  compensa  el  requerimiento tributario, se le  extingue la obligación.   

Su   protegido   jurídico   “presentó    solicitud   de   acuerdo   de   pago”,  a  la cual le anexó un certificado de tradición en donde consta  que  él  era  el  propietario  del  bien  inmueble avaluado en $ 40´000.000 de  pesos,  que  estaba  ofreciéndole  a  la DIAN de Barranquilla para cancelar los  impuestos  por  él  captados;  pero esa oficina “no  ordenó  tramitar  la  solicitud”. Es por esta razón  que  la  actuación  deberá  nulitarse  desde  el  momento procesal en donde se  peticionó el arreglo, indicó.    

En     este     orden,     “tanto  la  DIAN  como  la Administración de Justicia en el caso  que  nos  ocupa,  quebrantaron  por descuido o por intención, el debido proceso  establecido  para  los  agentes  retenedores”, puesto  que  creyeron solucionar el problema con la cancelación únicamente en efectivo  de  la  obligación  tributaria,  desconociendo  otras posibilidades de acuerdo,  como la solicitada por su prohijado.   

Por tanto, debe casarse la sentencia impugnada  para   “dejar   sin  efectos  jurídicos  toda  la  actuación”    desde   el   25   de   febrero   de  2002.   

III.  Primer  cargo  subsidiario:  nulidad.   

El  demandante  la  sustentó alegando que se  “dan   una   serie   de   reiteradas   situaciones  irregulares  que  nulifican  la  sentencia  dictada y el proceso adelantado, por  cuanto  la  Prueba  (sic)  obtenida,  se  hizo  con  clara violación del Debido  Proceso Penal y por fuera del ordenamiento legal”.   

Para demostrar tal hipótesis transcribió los  artículos:  232,  249,  253 y 254 de la Ley 600 de 2000; y, en forma posterior,  se  refirió  al  auto  Fiscal  en el que designó a un perito contable. Con esa  comisión    –sostuvo-  “se  despojó de su potestad judicial para designar  Peritos  (sic)  y  la  trasladó  a un funcionario administrativo del CTI que no  tenía facultades para nombrar a ningún perito”.   

Como quiera que la Fiscal delegó funciones en  un  coordinador  y,  a  su  turno, él nombró a una subalterna vinculada con la  Unidad  Anticorrupción;  tal  proceder,  afectó  la  experticia rendida por la  contadora,      por     ser     “irregular     e  ilegal”  la  actuación del ente acusador. De suerte  que  al  decretarse la citada nulidad “la actuación  quedaría  sin  Prueba  (sic)  válida  alguna de la cual pueda inferirse que el  condenado, es o fue el autor del punible que se le imputa”.   

Siendo  ello  así,  solicitó  se  case  la  sentencia  recurrida a fin de decretar la nulidad de todo lo actuado, incluyendo  “la  Nulidad  (sic)  total  de  las  Pruebas  (sic)  obrantes  a  Folios  (sic)  41,  42  y  43 del cuaderno principal… y ordene el  archivo del expediente”.   

Las censuras anteriores fueron cimentadas con  base  en  una  multiplicidad  de  normas del Código de Procedimiento Penal, que  transcribió   en   varias  páginas  tales  como:  principios,  preclusión  de  investigación,   conciliación,  indemnización  integral,  la  acción  civil,  prueba  pericial,  término  para  rendir  dictamen,  contradicción  del mismo,  traslados  e  instrucción del proceso; y, de la Ley 599 de 2000, copió el tipo  penal por el que fue sentenciado su mandante.   

IV.  Segundo  cargo  subsidiario:  nulidad.   

Solicitó   se   declare   la  prescripción  de  la  acción  penal, por  haber  trascurrido un tiempo superior de cinco (5) años, desde la ejecutoria de  la resolución de acusación hasta el fallo de segunda instancia.   

Por  tanto,  “el  Tribunal  erró  al  no  reconocer  los efectos de la Prescripción (sic) que se  operaba  a  favor  del  hoy  condenado  y  pronunció  una sentencia afectada de  nulidad  legal,  por  violar  los  artículos  83,  84, 86 y 88 de la Ley 599 de  2000”.   

V.   Tercer   cargo  subsidiario:  nulidad.   

El actor tituló la censura como “vinculación      jurídica     del     condenado”,  toda  vez  que  la  fiscalía  escuchó  a su protegido jurídico  “35  días  después de haberse vencido el término  de  instrucción… [estando]  obligado  a  respetar  la  normatividad  vigente  y  en  consecuencia, no debió  recepcionar   la   indagatoria   para   vincular  al  procesado,  sino  que,  en  cumplimiento  de  la  norma,  Cerrar  (sic)  la  investigación  y  precluir  la  investigación por ausencia de vinculación del sindicado”.   

Siendo   importante  que  los  funcionarios  respeten  el  término  legal  instituido  para  adelantar  las  diversas etapas  procesales,   puesto   que  con  esa  “vinculación  tardía”  se  “impide el  ejercicio   del   derecho   de   contradicción  de  la  prueba”  y  lo  único  que  podía  haber  hecho  el Fiscal era calificar la  actuación, nada más.   

VI.   Cuarto  cargo  subsidiario:  nulidad.   

La   sustentó   con  base  en  las  normas  Tributarias,  las  cuales  comunican  que  antes  de  denunciar penalmente a una  persona,   “el  funcionario  administrativo  de  la  administración    de    Impuestos    y    Aduanas    Nacionales    –DIAN-,  debe  requerir previamente al  representante  legal  de  la  sociedad”,  a  fin  de  “invitarlo         a        sanear        la  irregularidad”.   

Este      es      un     “requisito   de   procedibilidad   sine   qua  non”,  en  donde  no  le  es  posible  a  la  Fiscalía  iniciar ninguna  investigación,  “so pena de incurrir, por parte del  funcionario  administrativo  y  judicial,  en  violación  de  la  ley  y  en el  desconocimiento del Debido Proceso Penal (sic)”.   

Por   lo   tanto,   solicitó  “subsidiariamente     casar    la    demanda    y    decretar  la  nulidad de todo lo actuado  desde   el   auto  de  apertura  de  instrucción,  ordene  (sic)  levantar  las  restricciones  que  impuso  la sentencia y disponga el  archivo     del     expediente”.    Subrayado fuera de texto.   

VII.    Quinto    cargo    subsidiario:  nulidad.   

Expuso   el   ataque   por   “nulidad  con  fundamento  en  la causal primera de casación por  violación  indirecta de la ley sustancial por error de hecho en la apreciación  de la prueba recaudada”.   

La prueba fue ilegalmente aportada al proceso  –agregó-,    ni   es  “una  irregularidad  cualquiera… por lo tanto, no  se  acepta  la prueba incriminatoria que se arrimó al expediente y sirvió como  fundamento  para  fulminar  condena  en  contra  del  encartado”. Con  todo, se vulneró el debido proceso y el derecho de defensa con  (i)  el  nombramiento  del  perito  que  realizó  el  coordinador  de  la Unidad de Anticorrupción y no la  Fiscal,  (ii) el dictamen se  realizó       sobre       una      sociedad      inexistente,      (iii)  todos los funcionarios que tuvieron  conocimiento    del    proceso    “violaron    la  ley”    y  el  debido  proceso  al  desconocer  “la  existencia  de  los  artículos 232, 238, 239,  253,  254 y 257 ibídem” , en todo lo relacionado con  la prueba pericial.    

Concluyó  que  la  valoración  probatoria  realizada  por  los  falladores  “está afectada de  Nulidad  (sic)  Constitucional  y Legal (sic) y por lo tanto, no debe afectar al  hoy condenado”.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  SALA   

1. La Corte hará en  el  presente  caso  una  calificación  mixta,  teniendo  en cuenta los plurales  desatinos  del  impugnante  y  su  desconocimiento  potencial  de  la  temática  casacional.     No    obstante,    el    cargo    elevado    por    prescripción  de  la acción penal, aunque  contiene   esenciales  yerros,  se  admitirá,  en  garantía  de  los  derechos  fundamentales  del  penado,  a  fin  de  reflexionar  sobre  lo  allí esbozado.   

2. En lo concerniente  a   los   cuatro   ataques   restantes   presentados  a  favor  de  ÁLVARO  DE  MOYA  LARA,  la Corte anuncia  que    no   reúnen   los  presupuestos  mínimos  de  coherencia y lógica-argumentativa puntualizados por  la     jurisprudencia     para    admitir    la    demanda    de    casación, pues si bien propone como punto  de  partida  para  lograr  la infirmación del fallo de segundo nivel, la causal  tercera;  en  desarrollo  y  demostración  de  cada censura incurrió en graves  fallas  que  atentan contra la filosofía que inspira el recurso extraordinario.   

No  es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  atada  a  los  fallos,  tampoco  es una adición de ideas en búsqueda de un fin  jurídico  subjetivo  o  hipotético  para  asegurar la demostración del ataque  propuesto.   

Como  metodología,  la  Sala  abordará  la  calificación  de  los  reparos  en  bloque,  estableciendo aquellos puntos más  preponderantes,  a  fin  de  determinar de manera precisa las falencias de mayor  impacto,  con  el objeto de brindarle al defensor suficiente claridad en torno a  los desatinos que presenta su demanda.   

1. Sobre la vía discrecional:  

Viene informando la Sala que los presupuestos  exigidos  por  el  legislador  para  admitir  una  demanda promovida por la vía  excepcional,  no  pueden  ser  entendidos  como  una mezcla de ideas sin ningún  desenvolvimiento   temático   ni   es   conveniente   identificarlos  con   múltiples   enunciados   concernientes  a  posibles  derechos  constitucionales  fundamentales  virtualmente  vulnerados;  es  necesario, en consecuencia, que el  profesional   del  derecho  persuada  a  la  Sala  de  su  urgente  y  necesaria  intervención a fin de corregir el desmedro a la Ley.   

Con  base  en  lo expuesto, ningún ejercicio  realizó  el  actor  para argumentar debidamente la vía discrecional planteada,  pues  únicamente  se  avino  con  traer  un  listado de posibles e hipotéticas  falencias,  sin  que la hubiese sustentado como lo tiene sentado la Sala, con el  fin   de   demostrar  uno  de  los  dos  requerimientos  exigidos  en  la  norma  instrumental:   

“De manera excepcional, la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  discrecionalmente,  puede  admitir  la demanda de  casación  contra  sentencias  de  segunda  instancia  distintas  a  las  arriba  mencionadas,  a  solicitud de cualquiera de los sujetos procesales, cuando   lo   considere   necesario   para   el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la garantía de derechos fundamentales, siempre que reúna los  demás    requisitos    exigidos    por   la   Ley1”.  (Subrayado fuera de texto).   

Siendo importante precisar que la demanda debe  agrupar  los  restantes  presupuestos  exigidos  en  las  normas procesales, los  cuales  viene  desarrollando  la  jurisprudencia para estudiar su admisibilidad;  situación ignorada completamente en todo el escrito.   

Así  mismo,  el  abogado  se  refirió a una  diversidad  de  temas  para  que  se  le  admitiera  la  casación discrecional:  1)    debido    proceso,  2)  principio  de legalidad,  3)  desconocimiento  de  la  plenitud  de las formas de cada juicio, 4) designación  de  un perito por un Coordinador de Unidad y no por la  Fiscal     del    caso,  5) derecho de contradicción,  6)  celeridad,  7)   prontitud  de  la  investigación  y  8)    non    bis    in  idem. Al haber propuesto esa  gran  variedad de contenidos, sin que se hubiese explicado alguno, dejó la vía  discrecional sin fundamento y vacía de contenido.    

Se   hace  imperioso,  entonces,  discernir  ¿cómo?,  ¿cuándo?,  ¿dónde?,  ¿de  qué  manera? y ¿quién?, consumó en  instancias   una   vulneración   a   las      garantías      constitucionales  fundamentales  puntualizadas en alguno de los sentidos  expresados  por  la  ley  y la jurisprudencia; además, le incumbirá motivar la  correspondiente  influencia  dañina del yerro alegado en la decisión impugnada  al  amparo  de  instrumentos  internacionales o normas nacionales potencialmente  vilipendiadas;  desde  luego,  deberá  realizarse  esa  labor intelectual en el  mismo   contexto   del   libelo  pero  delimitándolo  en  un  capítulo  aparte  –de  preferencia  en  el  primero-  para después, atarlo coherentemente a la argumentación propia de una  casación  común: presupuestos que no se satisfacen por el sólo hecho de haber  sido insinuados por el defensor, como en el caso en estudio.   

Entraña,  en  segundo lugar, el desarrollo   de   la  jurisprudencia,  una  ponderación  aquilatada de las tesis jurídicas que en juicio del abogado deban  ser  perfeccionadas y mejoradas, naturalmente, tomando como punto de partida los  criterios  de  la  Sala que se pretenden modernizar, para luego, aterrizarlos al  caso cuestionado.   

Las falencias advertidas son suficientes para  rechazar  ipso facto la demanda, sin embargo, la Sala especificará otros yerros  que   la   identifican  como  un  alegato  de  libre  factura,  vedado  en  sede  extraordinaria.    

Son múltiples los desatinos:  

Primero:  a)  uno de  los   atributos   de  las  nulidades  es  el  general:  los  cargos  deben argumentarse atendiendo la clase de  vicio  seleccionado  por  ejemplo, debido proceso, derecho de defensa técnico o  material,  investigación integral, entre otros, bajo el rasero del principio de  prioridad;     b)   específico:  si se proponen  diversos  cargos,  el  principal  debe  abarcar  el  mayor  radio  de  cobertura  (lesión)  con el objeto de declarar la invalidación de la actuación con mayor  extensión  de  daño; desde luego, verificando su trascendencia, puesto que los  demás     ataques     devienen     innecesarios,     por     sustracción    de  materia.       

Segundo: en un mismo  texto   argumentativo,   referente   al  quinto  cargo  subsidiario,   el   demandante   mezcló   en   forma  indiscriminada  institutos  jurídicos  que  deben  ser  motivados por separado:  violación  al  debido  proceso  y  derecho  de defensa, sustentados por la vía  indirecta  de  violación  de  la Ley sustancial, con base en un “error    de    hecho    en    la    apreciación   de   la   prueba  recaudada”.  Con tal actuar vulneró el postulado de  autonomía   que  rige  el  recurso  extraordinario  de  casación,  puesto  que  cada  ataque  conlleva  un  razonamiento  independiente  y  al  combinarlos se tornan confusos e imprecisos,  desapareciendo    –de  contera- el alcance, validez y efectividad de cada uno.   

En  el  mismo  sentido, cuando la censura se  propone  sobre el conglomerado probatorio no es acertado presentarla por nulidad  puesto  que  tiene  otros fines epistemológicos al no poder declararla la Corte  –ni   ningún  Despacho  jurisdiccional-  de  una  fracción procesal o de toda la actuación con base en  ataques  a  los  diversos medios de convicción, motivo dispensado por la Ley al  cuerpo  segundo  de  la causal primera de casación, En otros palabras, combinar  en  un  mismo  texto  argumentativo  la  causal  tercera  con la primera, cuerpo  segundo,  vulnera  los  postulados de autonomía y claridad que rigen el recurso  de casación.   

Tercero:  tiene que  ver   con   el   olvido   del   actor   en  todas  las  censuras  respecto  de  los  principios  que rigen las  nulidades,  como los de taxatividad, protección, residualidad, finalidad de los  actos,  entre  otros, con el objeto de constatar la infirmación de la sentencia  última,  puesto  que  si aplica alguno, como por ejemplo, el de convalidación,  la embestida se torna insustancial y efímera.   

Cuarto: el libelista,  sin   enunciar   o   identificar   ningún  ataque  como  lo  tiene  sentado  la  jurisprudencia  se  refirió  constantemente  al debido  proceso;  sin  embargo,  olvidó  demostrar ¿cómo se  fracturaron  las  bases  procesales,  ya sea en su aspecto formal o conceptual?,  ¿por  qué  habría de retrotraer lo actuado en instancias?, ¿de qué forma se  vulneraron  las garantías demandadas? y ¿cuáles fueron las repercusiones y el  daño  causado  con  tales  infracciones? en desmedro de la ley y de los sujetos  procesales.  No  se trata, entonces, de expresar un cúmulo de ideas generales e  hipotéticas  propuestas al combinar -en el mismo contexto argumentativo- varios  motivos de censuras.   

El  jurista  debe  identificar  y determinar,  conjuntamente,  la  clase  de  nulidad (estructura o garantía), denunciando las  normas  sustanciales  vulneradas,  a  fin  de  demostrar  por qué su premisa es  consecuente  con  el acontecer procesal, pues no basta, la sola enunciación del  cargo.  Es  imperioso  argumentar ¿cómo?, ¿de qué forma? y ¿cuáles? fueron  las  repercusiones o el daño al interior del proceso, tanto como para romper la  presunción de acierto y legalidad que viene unida a los fallos.   

Quinto: se violentó  el  principio  de  contradicción  que rige el recurso de casación al afirmar y  negar  en  una  misma  línea de pensamiento una tesis o concepto, generando con  tal  aptitud  confusión  antes que claridad jurídica. Obsérvese cuando en una  de  las  peticiones  el  defensor  solicitó  nulitar  todo  lo  actuado y, como  consecuencia  de  tal  declaratoria,   le  peticionó  a la Sala que debía  absolver  a  su  prohijado  y archivar el proceso. Desde luego, es desafortunado  concluir  una  censura  de  ese  modo,  debido  a  la  discordancia que entraña  retrotraer  el  proceso con el fin de subsanar los vicios y a la par absolver al  condenado: lo cual es absurdo.   

Sexto:  la  defensa  técnica   expuso  las  nulidades  conforme  a  un criterio general, subjetivo e hipotético, véase por  ejemplo,  y  sin  que  se  entienda  como  una  respuesta  de fondo sino como un  ejercicio  pedagógico  que la Sala viene implementando con sus funciones que en  el  cargo principal, formulado  porque  la  DIAN no le contestó su petición de acuerdo de pago con un inmueble  que  superaba varias veces el monto no cancelado; al respecto se advierte en los  folios  7  y  8 del cuaderno principal, que la Dirección de Impuestos y Aduanas  Nacionales,  el  6  de  abril  de  2000,  lo invitó a realizar una “compensación  de  las  obligaciones  tributarias”,  concediéndole  un  término  para  tal  efecto.  Luego, el 22 de  octubre  de  2001,  la  misma  institución  le  comunicó  al  procesado que su  solicitud  de facilidad de pago debía cumplir unos requisitos para someterla al  comité                  respectivo2.   

Así    mismo,    en    el   primer   cargo   subsidiario,  arremetió  contra  la  Fiscal,  toda vez que solicitó la designación de un profesional en  el  área  de  contabilidad,  auxiliándose  de  la Unidad Anticorrupción de la  misma  entidad  y puesto que el coordinador nombró a un perito, ya se demostró  la nulidad para el defensor.   

El  proceder  de  la funcionaria tiene amplio  respaldo   normativo,  exactamente  en  el  artículo  242  de  la  Ley  600  de  2000:      

“El funcionario judicial podrá solicitar  de  entidades  oficiales  o privadas, la designación de expertos en determinada  ciencia,  arte  o  técnica,  cuando  quiera  que la naturaleza de las conductas  punibles  que  se  investigan  requiera  de  la  ilustración de tales expertos.   

Los  asesores  designados tomaran posesión  como  los  peritos  y  tendrán  acceso  al  expediente  en  la medida en que su  función lo exija, obligándose a guardar la reserva debida.   

El  director  de  la  entidad o dependencia  oficial   o   privada   cumplirá   inmediatamente  el  requerimiento  del   funcionario   judicial”.   (Subrayado   fuera   de  texto).   

En     atención     al    tercer   cargo   subsidiario  por  haberle  recibido  la  Fiscalía  injurada  a  su  prohijado  después  de  los términos  legales,  el  demandante  muestra  su  inconformidad  de  manera genérica y sin  atacar   lo   expuesto  sobre  el  particular  por  el  Juez  cuando  advirtió:  “  el  instructor  ante  el  desacato y desidia del  sindicado  a  comparecer  en  indagatoria, pudo declararlo reo ausente, pero las  distintas  citaciones  y  su  incumplimiento en comparecer denota la ausencia de  interés,  dilación  injustificada  que  no  es atribuible al funcionario, sino  plenamente al encartado”.   

Igual aconteció con  el  cuarto  cargo  subsidiario,  en  donde  propone su  especial   forma   de   entender  la  valoración  jurídica  expuesta  por  las  instancias,  sin  tener  presente  lo  que  ellas  sopesaron;  con  lo  cual  se  identifica  su  ataque  con  un  simple  alegato de libre factura vedado en sede  extraordinaria.  Obsérvese que en la aludida censura peticionó la declaratoria  de  nulidad  porque  la  DIAN  no  requirió  previamente a la sociedad para que  cancelará  su  obligación tributaria –requisito  de  procedibilidad  -;  tema conectado con el ataque principal y el cual tiene similar  desenlace,  sin  que  le  hubiera merecido al defensor algún reparo lo afirmado  por  las  instancias  sobre el punto en comento: “de  igual  manera  se  ha  cumplido  el  requisito de procedibilidad para iniciar la  presente  acción  penal,  vistos los folios 7 y 8 del cuaderno original, figura  el  oficio  persuasivo  o  requerimiento previo, como estipula en el Art. 16 del  Decreto  3050  de  1997,  donde  existe  la  obligación  de  requerir al agente  retenedor antes de iniciar un proceso penal en su contra”.   

Séptimo: aparte de  haber   atendido   los   presupuestos  anteriores,  es  obligación  inexcusable  constatar     a    través    del    principio    de  trascendencia,  la  importancia,  lesividad y gravedad  del  error denunciado, sin que le sea factible repetir, transcribir o pensar que  tal  consecuencia  jurídica  se  encuentra  satisfecha,  puesto  que  con  ella  únicamente  se  denuncia  el  vicio  más  no  se  demuestra. Tal postulado fue  ignorado  por  completo  por  el  libelista  en  todos y cada uno de los ataques  propuestos.     

La  Sala advierte y lo repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a  tono  con la ley y la jurisprudencia, en el que paso a paso se  vaya  destruyendo  la credibilidad otorgada por los falladores a las pruebas, si  se  selecciona  la  vía  indirecta;  o  quizás  la  directa,  cuando  el actor  demuestre  mediante  una  temática  jurídica  contundente  que  las instancias  desbordaron  la  aplicación  o interpretación del derecho en relación con los  hechos y pruebas aceptados, entre otras alternativas de ataque.   

Finalmente, uno de los principios que inspiran  el     recurso     extraordinario    de    casación    es    el    dispositivo, con el cual, lo pretendido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación, fijándose con él la  competencia  de  la  Corte.  Sin que pueda ni deba hacerse, una readecuación de  las  censuras y sus fundamentos trascendentes, para así cumplir con la forma y,  luego  de  fondo, dictar la sentencia correspondiente. Esto concitaría a actuar  en   dos   extremos   excluyentes   y  exclusivos,  se  unificarían  tanto  las  pretensiones  contenidas  en  el escrito con el criterio jurídico de la Sala al  enmendarlo  y,  lo más censurable de todo, sería que la misma Corporación que  convalidó  la  demanda,  falle  en  consecuencia.  Por  ende, admitirla sin que  cumpla  elementales  presupuestos  de  lógica  y debida argumentación, es como  ponerla  a  combatir la ilegalidad en un proceso usurpando facultades inherentes  a  los  intervinientes,  partes  o  sujetos  en una actuación penal, lo cual es  inadmisible.    

Es por esta potísima razón que se insiste en  la  consagración  de  algunos  presupuestos  sin los cuales el recurso se torna  inane  y  queda convertido en un simple alegato de instancia, donde sólo impera  la  voluntad  del  censor,  más  no  se demuestra la afrenta a la Ley, la   Constitución  o al Bloque de Constitucionalidad que es la causa final en la que  se inspira el instituto.   

No     es    que    la    “técnica”  por  si  misma tenga como  fin  enervar  los  derechos  adquiridos  a  los  sujetos  procesales,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  aquellos  yerros  conducen a la Corte a desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas de mayor relevancia. Lo que ocurre es que si la  Sala  entra a solucionar todos los defectos contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  de  reconfeccionarla  y  adecuarla  a  posturas  argumentativas  decantadas  por  los  intervinientes  en  el proceso, para luego  entrar  a  decidir  el  problema  de  fondo: lo cual es absurdo, inconveniente e  incorrecto.   

Se  verifica,  entonces,  que  la  demandante  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas contra lo afirmado por los Jueces de instancia, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que irradia el  instituto casacional.   

En  consecuencia,  los  defectos sustanciales  enunciados   atrás  no  le  dejan  otro  camino  a  la  Sala  que  inadmitir    cuatro    de    los    cinco    ataques    propuestos  a  favor  de  ÁLVARO  DE MOYA  LARA, de conformidad con lo consagrado en el artículo  213  de la Ley 600 de 2000; sin olvidar que, estudiado el proceso, no se percibe  en  su  contexto,  que  se  hubiese  violentado alguna garantía fundamental que  amerite  el  facultativo  ejercicio de la oficiosidad, en virtud de lo dispuesto  en el artículo 216 de la misma obra instrumental citada.   

Con  fundamento  en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:           Inadmitir  el  cargo   principal  y  los  subsidiarios   uno,  tres,  cuatro   y  cinco  de  la  demanda  de casación presentada a nombre de ÁLVARO DE  MOYA  LARA,  en  virtud de lo argumentado en párrafos  precedentes.   

Segundo:  Admitir la  segunda  censura  subsidiaria con el objeto de estudiar la probable prescripción   de  la  acción  penal  en  atención  al injusto de omisión de agente retenedor o  recaudador,  para lo cual se  correrá  traslado a la Procuraduría Delegada ante la  Corte, a fin de que emita el correspondiente concepto  en   el  término  de  ley,  atendiendo  lo  expuesto  atrás.      

Tercero:  Contra  la  presente  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Cuarto:  Cópiese,  notifíquese y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

Comisión de servicio  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1 Ley  600 de 2000, artículo 205, inciso 2°.   

2 Ver  folio 107, c. o. 1.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *