30481(29-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30481  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta   Nº    312   

Bogotá, D.C., veintinueve (29) de octubre de  dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La  Sala  resuelve sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  fundamentación de la demanda de casación presentada por el  defensor     del     procesado    CONRADO    GIRALDO  CUARTAS.   

H E C H O S  

Así  los  resumió el Tribunal ad-quem:   

“Hacia el año de  1994  existía una relación sentimental entre JULIETA RUIZ DE ARBELÁEZ y JULIO  VICENTE  MORENO BLANCO, que se remontaba a la época en que adelantaron estudios  de  derecho  en  una  universidad  de  Bogotá.   En razón de la confianza  generada  por  esa  relación,  aquella le prestó a éste la suma de $7.000.000  para  que  cubriera  un  sobregiro,  con  la  promesa de que el dinero le sería  reintegrado  en  unos  días.  No  obstante  MORENO  BLANCO  no  reintegró  esa  suma.”   

“A  mediados de  1995,  se  realizó entre ellos una negociación.  En virtud de ésta, el 5  de          julio          de          19951, JULIETA RUIZ DE ARBELÁEZ le  entregó  a JULIO VICENTE MORENO BLANCO el apartamento 507 del Edificio Astorga,  localizado  en la Carrera 37 No. 139-22 de Bogotá, por un valor de $55.000.000,  con  el  compromiso  de  éste  último  de  cancelar dos hipotecas por valor de  $12.000.000,   suscritas   a   nombre   de   Granahorrar   y   el  Banco  de  la  República.   Por  su  parte,  MORENO BLANCO le entregó el apartamento 402  localizado  en el Conjunto Residencial Altos de Cantabria II Etapa, por un valor  de  $66.000.000,  con  el compromiso de legalizar la transacción en el término  de  dos  meses.   La  diferencia  de  precio  se  explicaba  porque, con la  transacción,   la   señora  RUIZ  DE  ARBELÁEZ  daba  por  devuelta  la  suma  anteriormente   debida   a   título   de   préstamo,   con   sus   respectivos  intereses.”   

“Luego   se  estableció  que  el  verdadero  dueño del inmueble entregado por MORENO BLANCO  era  el  señor  FABIO IZQUIERDO RAMÍREZ, que éste había suscrito una promesa  de     compraventa     con     CONRADO     GIRALDO  CUARTAS,  que  la  hipoteca de $46.000.000 a favor de  Granahorrar  que  afectaba  ese  inmueble  no había sido cancelada por éste y,  como  esa  entidad  adelantaba  un  proceso ejecutivo, no podía entregársela a  aquella.    De  igual  manera se estableció que el inmueble entregado  por  JULIETA  RUIZ  DE  ARBELÁEZ había sido prometido en venta por  CONRADO  GIRALDO  CUARTAS a MARCO FIDEL  CÁRDENAS  TORRES  un  mes  antes  de  la entrega realizada  y que sobre el  mismo,   éste   había   entrado   a  ejercer  actos  de  posesión.”   

“Por   estos  motivos,  JULIETA RUIZ DE ARBELÁEZ presentó denuncia en contra de CONRADO  GIRALDO  CUARTAS y JULIO VICENTE  MORENO      BLANCO,      por      el      delito      de      estafa.”          

El  sentenciador  de  segundo grado precisó  aún más la secuencia de los hechos, así:   

“Nótese  que  JULIO  VICENTE MORENO BLANCO fue quien le entregó un apartamento a JULIETA RUIZ  DE  ARBELÁEZ  y quien recibió otro apartamento  de ésta, pero no lo hizo  directamente,  sino  a  través de un tercero: CONRADO  GIRALDO              CUARTAS.”   

“Este  sujeto  cumplió  un  papel  central  en  la  secuencia fáctica sometida a juzgamiento:  FABIO  IZQUIERDO  RAMÍREZ,  propietario del apartamento 402, suscribió con él  una  promesa  de  compraventa  y  este  contrato le dio pie a MORENO BLANCO para  ofrecerle  ese  inmueble  a  la  señora  RUIZ  DE  ARBELÁEZ.  De la misma  manera,    CONRADO    GIRALDO   CUARTAS  suscribió  una  promesa de compraventa con MARCO FIDEL CÁRDENAS  TORRES,  obligándose a  venderle a éste el inmueble que MORENO BLANCO iba  a recibir de la citada señora”   

“De  este modo,  CONRADO  GIRALDO  CUARTAS  aparece  vinculado  a  las dos transacciones realizadas por MORENO BLANCO: funge  como  comprador  del  inmueble  que  éste  le  entregaría a la señora RUIZ DE  ARBELÁEZ  y,  al  mismo  tiempo,  aparece como vendedor del inmueble que aquél  recibió de esta última”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.   Por  los  anteriores  hechos,  la  Fiscalía  160  Seccional  adscrita  a la Unidad 7ª de  Delitos  contra  la Fe Pública y el Patrimonio Económico de Bogotá, a través  de  resolución del 21 de junio de 2002  (fl. 60-77, cuaderno original VI),  acusó   a   CONRADO  GIRALDO  CUARTAS  y JULIO VICENTE  MORENO  BLANCO  como autores responsables de la conducta punible de estafa   agravada   (artículo   356,  en  concordancia  con  el 372 del Código Penal de 1980), al tiempo que precluyó  la  actuación a favor de MARCO  FIDEL CÁRDENAS TORRES.    

Tras ser apelada la decisión de preclusión  por  el  apoderado  de  la parte civil, y la de acusación por los defensores de  GIRALDO  CUARTAS  y  MORENO  BLANCO,  la  Unidad  de  Fiscalías  Delegadas  ante  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  la  confirmó, a  través  de  decisión  de  segunda instancia del 20 de  junio de 2003.   

2.   La etapa  del  juicio  la  tramitó  el  Juez  53  Penal  del  Circuito de Bogotá que, en  sentencia  de  15  de  noviembre  de  2007 (fl. 15-26, c.o. 7), condenó a JULIO  VICENTE    MORENO    BLANCO    y    CONRADO   GIRALDO  CUARTAS  a  las  penas  principales  de  16  meses  de  prisión,  multa de $5.000, a la accesoria de interdicción para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  “por un período  igual  al de la pena principal”, así como al pago de  los   perjuicios   civiles   generados   por  su  conducta,  como  coautores  de  estafa  agravada  (artículo  356,  en  concordancia  con el 372 del Código Penal de 1980), al tiempo que les  concedió la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

Apelada  la  decisión  condenatoria  por el  defensor   de   CONRADO  GIRALDO  CUARTAS  y  por  el  apoderado  de  la parte civil, el Tribunal Superior de  Bogotá,   en   decisión   del   10   de   abril   de   2008,  la  modificó   así   (fl.   3-29,   c.  del  Tribunal):   

Impuso a los procesados las penas principales  de  30 meses de prisión, multa de $100.000 y la accesoria de interdicción para  el   ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  término  de  30  meses.    Fijó  la  condena  por  perjuicios  materiales  en  $7´000.000,  indexada  desde el 1º de septiembre de 1994, agregó el pago del equivalente al  12%  anual, desde el 1º de julio de 1995, sobre el valor del inmueble, estimado  en  $55´000.000,  y  determinó los perjuicios morales en 100 gramos oro.   Dispuso  la  entrega  definitiva  del  apartamento 507 del Edificio Astorga a la  ofendida  JULIETA  RUIZ  DE  ARBELÁEZ y canceló el embargo especial que pesaba  sobre  el  mismo  y que fuera ordenado por la Fiscalía mediante resolución del  17  de  febrero  de  1999.   Por  último,  revocó  la  suspensión  de la  ejecución       condicional       de      la      pena      y      confirmó   en   todo   lo  demás.    

L  A      D  E  M  A N D  A    D E   C A S A C I Ó N   

El  apoderado  del  procesado  CONRADO  GIRALDO  CUARTAS  presenta demanda  de  casación,  por  medio  de  la  cual  postula  dos  cargos   por   violación  indirecta  de  la ley sustancial por la vía del error  de   hecho,  al  tiempo  que  formula  una  petición  subsidiaria final.   

Primer  cargo:  falso  juicio de existencia.   

Al amparo de la causal de casación descrita  en  el  cuerpo  2º del artículo 207-1 de la ley 600 de 2000, el censor acusa a  la  sentencia  de  violar  de  manera  indirecta la ley sustancial, por vía del  error  de  hecho  en  la  modalidad  de falso juicio de  existencia.   El  impugnante  critica  que,  como  consecuencia  de  dicho  yerro,  el  fallador  no  advirtió que la conducta era  atípica,  razón por la cual omitió el artículo 9 de la ley 599 de 2000 y, de  manera  correlativa, aplicó indebidamente el 356 del mismo estatuto (fl. 61-65,  cuaderno del Tribunal).     

En apoyo del yerro postulado, el casacionista  rememora  los  elementos  del  delito  de  estafa  y señala que MORENO BLANCO y  JULIETA  RUIZ  DE  ARBELÁEZ  son  abogados,  al  tiempo  que precisa que fue su  relación  afectiva  la  que  los  llevó  a  realizar  negocios comerciales sin  soporte  documental,  en particular sin promesa de compraventa.  Agrega que  el  juzgador  se  equivoca  al  dar  por  cierto que el apartamento del Edificio  Astorga  había  sido  negociado  por  CONRADO GIRALDO  CUARTAS  antes  del  contrato  de  permuta  entre  la  ofendida y JULIO VICENTE MORENO BLANCO.   

Afirma  que  existe  una  promesa  de  venta  suscrita     entre    GIRALDO    CUARTAS  y  MARCO  FIDEL CÁRDENAS TORRES del 5 de junio de 1995, pero para  entonces  ya  el  primero  había  comprado a FABIO IZQUIERDO el apartamento del  Conjunto  Altos  de  Cantabria,  que hacía parte de la permuta celebrada con la  ofendida.   Aduce que JULIETA RUIZ DE ARBELÁEZ, gracias a su relación con  MORENO  BLANCO,  a  que anteriormente había celebrado transacciones con él y a  su  condición de abogada, tenía conocimiento y aceptaba los negocios de éste,  en  particular  los  que  se  hacían con los dos apartamentos; además, aquella  conocía  los  vaivenes  del  comercio,  por  lo  que no era tan ingenua como lo  señala  la  sentencia,  menos aún si inició un proceso reivindicatorio contra  el nuevo poseedor.   

Agrega  que el conocimiento de la situación  por  parte de GIRALDO CUARTAS,  JULIETA  RUIZ  DE  ARBELÁEZ  y MORENO BLANCO se corrobora si se tiene en cuenta  que  la  ofendida  solamente  denunció  el  hecho 3 años después de ocurrido,  lapso   durante   el  cual  realizó  múltiples  gestiones  para  recuperar  su  patrimonio,   lo   que   significa  que  en  realidad  no  existió  una  previa  concertación  entre  los  procesados  para  defraudar  a  la  víctima, sino un  incumplimiento  contractual  originados  en  un  negocio  que  la  misma RUIZ DE  ARBELÁEZ aceptó.   

De  lo anterior se deriva que no existió en  este  caso un propósito de defraudar, como tampoco el engaño propio del delito  de   estafa,  menos  aún  la  intención  del  procesado  de  perjudicar  a  su  compañera,  sino  un  conjunto de negociaciones verbales entre la denunciante y  MORENO  BLANCO  dada  su relación sentimental, razón por la cual no es posible  afirmar  que  la  permuta  verbal  celebrada  entre la pareja fue posterior a la  promesa   de   venta   llevada   cabo   entre  GIRALDO  CUARTAS y MARCO FIDEL CÁRDENAS.   

Concluye  en que la conducta de CONRADO   GIRALDO   CUARTAS  es  atípica,  motivo  por el cual solicita a la Corte “que se case  la sentencia”.   

Segundo  cargo:  falso juicio de existencia.   

A través de la causal de casación descrita  en  el  cuerpo 2º del artículo 207-1 de la ley 600 de 2000, el censor denuncia  que  la  sentencia  excluyó  los artículos 232 de la ley 600 de 2000 y 7º del  Código  Penal,  al  tiempo  que  aplicó indebidamente el 356 y 372 del Código  Penal  de  1980,  como  consecuencia  del  error  de  hecho  en  la modalidad de  falso  juicio  de  identidad,  que  se originó en la omisión del testimonio de JUAN EDGAR BONILLA RODRÍGUEZ,  JOSÉ  HIPÓLITO GUZMÁN y GILBERTO YÁÑEZ JACDEC (fl. 65-68, c. del Tribunal).   

Asegura que los testimonios omitidos permiten  predicar    la   duda   respecto   de   la   responsabilidad   de   GIRALDO  CUARTAS,  toda vez que dan cuenta  de  la entrega del apartamento del Edificio Astorga a su nuevo propietario MARCO  FIDEL  CÁRDENAS,  y  del  conocimiento  que  de  ese  hecho  tuvieron todos los  intervinientes,  incluida  JULIETA  RUIZ  DE  ARBELÁEZ,  quien consintió en el  negocio   y,   según   asegura,   como  abogada  experimentada  se  presume  su  conocimiento jurídico.    

Agrega  que  dichas  pruebas  reafirman  las  exculpaciones    de    GIRALDO   CUARTAS,  en  el  sentido  que  la ofendida conocía el negocio y solamente  acudió  a  la  penal  cuando  vio  que la vía judicial civil que inició no le  aseguró éxito.   

Por  no  advertir  lo  anterior  y fundar su  razonamiento  solamente  en  el dicho de JULIETA RUIZ DE ARBELÁEZ, rendido tres  años  después de ocurridos los hechos, el fallador condenó, sin contar con la  certeza  necesaria  y  en  virtud  de  una  responsabilidad  objetiva, cuando en  realidad del estado del proceso se desprendía la duda probatoria.   

Como consecuencia del yerro acusado, solicita  a  la  Sala  que case la sentencia y absuelva a CONRADO  GIRALDO CUARTAS.   

A     manera     de     petición    subsidiaria    final,   el  casacionista  pide a la Corte que “resuelva sobre el  beneficio  de suspensión condicional de ejecución  de la pena”  ya  que  no  es  posible  hablar  de  proclividad  al  delito o  peligrosidad  del  procesado con fundamento en un antecedente de hace más de 16  años.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

El recurso de casación, como lo tiene dicho  la  Sala,  no  es  una  tercera  instancia  del  proceso  penal  ni un escenario  encaminado    a    desaprobar    de    cualquier    manera    la   apreciación   de  la  prueba  que  hace  el   juzgador,  como   tampoco  para  detectar  cualquier  clase  de vicio en el  trámite procesal.   

El  mecanismo extraordinario de impugnación  está  limitado a los posibles errores ostensibles y trascendentes que se pueden  cometer  en  el  proceso,  y  ellos  se  encuentran  sintetizados en los motivos  legales  que  lo  hacen  procedente,  para  el presente caso los previstos en el  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  estatuto  con  sujeción al cual la defensa presentó la demanda.   

El  casacionista no debe perder de vista que  la  lógica  del proceso se refleja en las causales legales que permiten acceder  al  medio  de  impugnación  extraordinario,  y  que los deberes de una correcta  postulación  y  debida  fundamentación  encuentran su razón de ser en que, de  una  parte,  la sentencia llega a esta sede extraordinaria amparada por la doble  presunción  de  acierto y legalidad y, por la otra, el recurso es de naturaleza  rogada,  razón  por  la cual es exigible al demandante un mínimo de claridad y  de   coherencia   en   la   manera   de   la   presentación  del  caso  ante  a  Corporación.   

Es  por  esta razón que no es procedente el  sustento  argumentativo  que  se  funda en vaguedades o que se encamina a buscar  que  la  Sala  analice las pruebas como juez de instancia, sino que es necesario  enunciar  con  toda  claridad  qué  error  trascendente  cometió el juzgador y  acompañar   dicho   enunciado   con  los  argumentos  que  persuadan  sobre  su  ocurrencia.   

Los  anteriores  presupuestos  explican  la  exigencia  legal  de claridad y precisión en la enunciación de la causal, así  como  en  la  postulación  y  desarrollo  del  cargo,  tal como lo establece el  numeral 3º del artículo 212 de la ley 600 de 2000.   

En el caso que ocupa la atención de la Sala,  los  argumentos  con los cuales el demandante desarrolla los cargos no  cumplen  los presupuestos que permiten  su  admisión  en  esta  sede  extraordinaria, toda vez que desconocen los   principios   de   debida   argumentación,  trascendencia y  autonomía   de  las  causales  de casación, motivo por  el      cual,      desde      ya,      se      anuncia      la      inadmisión del libelo.   

La vía de ataque que ensaya el casacionista  le   permite  a  la  Sala,  una  vez  más,  precisar  que  existe  falso   juicio   de   existencia   cuando  “el  juzgador,  al  momento de valorar individual y  mancomunadamente  las  pruebas, supone un medio de convicción que no obra en el  diligenciamiento  o  excluye  uno,  los  que  tenían  la  capacidad  de  probar  circunstancias  que  eliminan, disminuyen o modifican la decisión absolutoria o  de      condena”2.   

Al mismo tiempo, la Corporación ha precisado  que:  “si la falencia que se propone consiste en que  el  sentenciador  deja  de  apreciar  una prueba con capacidad para modificar la  decisión  impugnada,  a  pesar de haber sido legalmente incorporada al proceso,  una  alegación  correcta  de  este tipo de error exige sujetar la censura a una  argumentación  lógica  y  consecuente  que  parta  de  la  demostración de la  omisión,  de modo que una vez acreditado tal aspecto se proceda al examen de la  nueva  situación  probatoria  que  se  generaría  al  considerar  el  medio de  convicción  que  obrando  en el proceso de modo legal se dejó de analizar para  así  demostrar  que  el  yerro  evidenciado  reviste  idoneidad suficiente para  modificar  le  sentido  o  el alcance de la sentencia, pues no de otra manera se  justificaría  el  proferimiento  del fallo de sustitución que por esta vía se  solicita”.   

También  la Sala, respecto del falso juicio  de   existencia  por  omisión  probatoria,  ha  precisado que: “El error de hecho  por  falso  juicio  de  existencia  no  consiste  solamente  en  una ausencia de  invocación  formal de la prueba que se alega como omitida en la sentencia, sino  en   el  absoluto  desconocimiento  de  los  contenidos  probatorios  que  ellas  suministran…  lo  determinante  en  esta  clase  de error no es que se deje de  mencionar  nominalmente  la  prueba,  sino  que  el hecho que ella revela no ser  aprehendido  en  el  ejercicio  valorativo  del funcionario judicial”3.   

Vistos  los  derroteros anteriores, la Corte  advierte  que  el  razonamiento  que sustenta el primer  cargo  los desconoce, comoquiera que por ninguna parte  se  precisa  cuál es la prueba que el fallador omitió.  Dicha falencia le  impide  naturalmente  al censor avanzar hacia otros requerimientos de la vía de  ataque  escogida,  tales  como  la  acreditación  de  lo  que la prueba omitida  traería  al proceso, así como la necesidad lógica de modificar el sentido del  fallo como consecuencia de corregir el yerro acusado.   

En  efecto,  el  casacionista  se  limita  a  señalar  que  por  razón  de  la  relación afectiva entre el procesado MORENO  BLANCO  y  JULIETA  RUIZ DE ARBELÁEZ, así como por la condición de abogada de  esta   última,  debe  apreciarse  que  la  ofendida  conocía  y  aceptaba  los  movimientos  comerciales  de  su  compañero  y GIRALDO  CUARTAS, al tiempo que critica que el fallador hubiera  aceptado  que  la  promesa de compraventa entre GIRALDO  CUARTAS  y MARCO FIDEL CÁRDENAS TORRES fuera anterior  a   la   permuta  entre  RUIZ  DE  ARBELÁEZ  y  su  compañero  VICENTE  MORENO  BLANCO.   

Tal forma de presentar el reproche se aleja  de  la  vía  de censura ensayada y termina por asomar un mal desarrollado falso  raciocinio,  toda  vez que pregona que el sentenciador debió apreciar la prueba  de  manera  diferente.  Es así como el recurrente, en lugar de cumplir los  requisitos  del  falso  juicio de existencia, se opone a que el juzgador hubiese  apreciado  que  la  ofendida sí fue engañada por su compañero MORENO BLANCO y  que  el apartamento de propiedad de aquella hubiera sido prometido en venta a un  tercero  antes de que la señora RUIZ DE ARBELÁEZ lo hubiese permutado a MORENO  BLANCO.   

En particular, sobre el desconocimiento por  parte  de  la  víctima acerca de los negocios de MORENO BLANCO, el sentenciador  expresó   que:   “frente  a  lo  alegado  por  los  defensores   en   cuanto  a  que  la  señora  JULIETA   siempre  supo  las  condiciones  de  las  negociaciones,  por lo cual no se configura el engaño, y,  que  como  profesional  del  derecho  debió  tener cuidado en las negociaciones  elaboradas,  es  evidente  que lo dicho por los abogados no es acertado en dicho  raciocinio,  dado  que  los procesados asaltaron la buena fe de la denunciante y  la  confianza depositada al señor MORENO por ser su compañero sentimental, por  lo  que  no  le generó ningún tipo de desconfianza en las negociaciones que se  estaban  llevando  a  cabo.   Por  lo  que,  si  bien la señora JULIETA es  abogada,  no tenía por qué desconfiar de quien se suponía tenía respaldo por  la   relación   que   sostenían”  (fl.  21,  c.o.  VII).    

Fue  así  como el sentenciador apreció la  prueba  y  el  casacionista  no  demuestra  de  qué manera la omisión de una o  varias  pruebas  condujo  a  una  decisión  de  condena que debe necesariamente  modificarse,  como  consecuencia  de  corregir la supuesta omisión.     

En lo que tiene que ver con el segundo  cargo, postulado también como un  falso  juicio  de existencia,  la  Sala  encuentra  que,  si  bien  es cierto que en esta oportunidad el censor  atina  a  precisar que el yerro pregonado recayó sobre los testimonios de   JUAN  EDGAR BONILLA RODRÍGUEZ, JOSÉ HIPÓLITO GUZMÁN y GILBERTO YÁÑEZ, así  como  al  demostrar que la sentencia en verdad no los contempló, también lo es  que  olvida  que  el  fallo  sí  tomó  en  cuenta la hipótesis que, según el  libelista,     acredita     los     mencionados     testimonios     –el supuesto conocimiento y aceptación  de  JULIETA  RUIZ  DE ARBELÁEZ de las transacciones que MORENO BLANCO realizaba  sobre  los  inmuebles-,  solamente  que  la  descartó  al apreciar la prueba de  manera diferente.   

Lo   anterior   torna   en   intrascendente  el yerro acusado, toda vez  que,   como   la   Corte  lo  advirtió  en  precedencia,  lo  relevante  en  la  configuración  del  falso juicio de existencia por omisión probatoria no es la  exclusión  literal  de  una  prueba  sino  la  inadvertencia  de  lo  que  ella  demuestra.    

El sentenciador concluyó, a través de una  interpretación  probatoria  fundada  en reglas de la experiencia (fl. 10-11, c.  del  Tribunal,  fl.  21,  c.o. VII), que fue la relación afectiva entre RUIZ DE  ARBELÁEZ  y  MORENO  BLANCO,  así  como  los  negocios  anteriores que los dos  habían  realizado,  lo  que  condujo  a  la primera a confiar ciegamente en las  gestiones  comerciales  del segundo, al punto de omitir la prueba escrita de los  actos  contractuales, razonamiento que deja ver que aquella efectivamente sabía  de  las  maniobras de su compañero y, por lo tanto, fue engañada al desconocer  la   confabulación  entre  MORENO  BLANCO  y  GIRALDO  CUARTAS,  así  como  las  transacciones  que  éstos  llevaron  a cabo de manera subrepticia con terceras personas, en perjuicio de su  patrimonio.    

En apoyo a lo anterior, el fallador explicó  en  detalle  que  el engaño de que fue víctima  JULIETA RUIZ DE ARBELÁEZ  tuvo  su  génesis  en  la  confianza que depositó en su compañero sentimental  MORENO  BLANCO,  como  también  en  el  hecho  de que esta último no aparecía  directamente  como  contratante  en  ninguna de las transacciones celebradas con  terceras  personas  sobre  los inmuebles, sino que tal posición la desempeñaba  el  intermediario  CONRADO GIRALDO CUARTAS,   con  quien  existía  de  tiempo  atrás  una  connivencia  para  desapoderar  a  la  hoy  ofendida  (fl.  12,  c.  del  Tribunal,  fl.  21,  c.o.  VII).    

Para  el  sentenciador, la demostración de  dicho   plan  criminal  proviene  del  hecho,  según  el  cual  la  promesa  de  compraventa  del  apartamento  de  propiedad  de  la  víctima,  celebrada entre  GIRALDO CUARTAS y MARCO FIDEL  CÁRDENAS,  tuvo  lugar  un  mes antes de que la pareja de abogados realizara la  permuta sobre el mismo inmueble.   

De  manera  que  la  crítica del censor se  torna  en una de falso raciocinio porque, una vez más, termina por reprochar la  apreciación   probatoria   del   sentenciador,   respecto  del  conocimiento  y  aprobación  por  la  perjudicada,  respecto  de los negocios de su compañero y  GIRALDO    CUARTAS.    

En  efecto,  el  casacionista solicita a la  Corte  que  comparta  su  apreciación,  según  la  cual  se  debe  presumir el  conocimiento  jurídico  de  la  víctima,  dada su condición de abogada.   Dicho  raciocinio  ofrece  un  argumento que se opone a la tesis que edificó el  fallador  a  partir  de  reglas  de experiencia que enseñan que “Si  bien  la  prudencia  enseña  que,  en  todos  los  casos,  los  interesados  en transacciones inmobiliarias  deben verificar la titularidad  del  derecho   de  propiedad  o  adelantarlas  de  manera  formalizada,  la  experiencia   también   indica    que   cuando   entre   los  contratantes  existe   un  alto grado de confianza, se tramitan negociaciones con el solo  compromiso   de   la   palabra   otorgada,   pero   sin   formalidad  documental  alguna”.   

Luego,  el  sentenciador aplicó al caso la  anterior  regla  de  experiencia,  así:  “En estas  condiciones,   si   bien  a  JULIETA  RUIZ  DE  ARBELÁEZ  le  era  exigible  el  comportamiento  que  se  espera  de  toda  persona que adelanta una negociación  inmobiliaria,  también  lo  es que ella, desde hace varios años, sostenía una  relación  sentimental  con  JULIO  VICENTE  MORENO  BLANCO,  que  esa relación  generó  una  gran  confianza  entre  ellos  y  que  ese alto grado de confianza  allanó  el  camino para que fuera convencida por éste de la realización de la  transacción  de  que  da cuenta el proceso” (fl. 11,  c. del Tribunal).   

Para al juzgador, entonces, fue la relación  sentimental  que  la ofendida sostenía con MORENO BLANCO, así como el hecho de  que  éste  no  apareciera  suscribiendo  los  contratos de compraventa sobre su  propio  inmueble,  lo  que  condujo  a  aquella  a caer en el engaño, pese a su  condición  de  abogada.   Así  discurrió  el  raciocinio  probatorio del  fallador  y  en  ella  no se vislumbra que el sentenciador hubiese conculcado la  facultad  discrecional  de  apreciación  que  le asiste, solamente sujeta a las  máximas  de  la  sana crítica.  Por su parte, la censura formulada por el  casacionista  se  limita  a  ofrecer  su personal visión probatoria al pregonar  que,  según su particular visión probatoria, debe apreciarse que la condición  de  profesional  del  derecho  de  la  ofendida  hace  presumir  su conocimiento  jurídico,  lo cual –según  dice- debe dar paso a la duda probatoria.    

Así planteada la discrepancia probatoria no  resulta  idónea,  como  la  Corte  lo  tiene  dicho,  para  demostrar  un yerro  trascendente  en  la  valoración   judicial,  comoquiera  que  no  atina a  demostrar  la  omisión  que acusa, como tampoco un error relevante en el juicio  de  interpretación  probatoria,  con  incidencia  en el sentido de la decisión  condenatoria.     

Por  último, a través de una petición               subsidiaria               final,   el  casacionista  sostiene que el  antecedente  que  obra  en contra de CONRADO GIRALDO CUARTAS, desde hace más de  16  años,  no demuestra su proclividad al delito o peligrosidad y solicita a la  Sala   que   “resuelva   sobre   el  beneficio  de  suspensión  condicional de la ejecución de la pena”   

La  Corporación  encuentra  que,  en  este  punto,  la  demanda  carece  ostensiblemente  de fundamentación (fl. 68, c. del  Tribunal),  comoquiera  que el casacionista no la conduce a través de alguna de  las  vías  de  censura  descritas en el artículo 207 de la ley 600 de 2000, ni  siquiera  precisa  si  se trata de un error de estructura o de garantía, lo que  naturalmente  impide  a  la Sala conocer bajo qué presupuestos lógicos habría  de  abordar  el estudio del reproche.  Y no puede la Sala entrar a corregir  la  aludida  falencia  argumentativa,  en  razón  de la naturaleza rogada   del  recurso  extraordinario  de  casación  y  el  principio de limitación que la rige.    

Por otra parte, tampoco el libelista dedica  raciocinio  alguno  a enseñar a la Corte de qué manera se cometió un yerro al  negar  la  suspensión de la ejecución condicional de la pena; de manera que lo  escaso  de  su  raciocinio se limita a mostrar su discrepancia con los criterios  del  fallador  para  negar  el  subrogado  penal, pero sin demostrar una precisa  equivocación en dicha determinación.   

En           conclusión,  la demanda presentada por el  defensor     de     procesado     CONRADO    GIRALDO  CUARTAS,       no  reúne   los   requisitos   de   lógica   y   debida  argumentación  para ser admitida a esta sede extraordinaria, razón por la cual  la       Sala      la      inadmitirá.   

5.   Para  terminar,  se advierte que del estudio del proceso no se vislumbra violación de  derechos  fundamentales  o  garantías  de los sujetos procesales que amerite el  ejercicio  de  la facultad oficiosa de índole legal que al respecto le asiste a  la Sala para asegurar su protección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E   

1.                                   INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada   por   el  defensor  de  CONRADO  GIRALDO  CUARTAS.      En  consecuencia,    se   declara   DESIERTO el recurso.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBÀÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  (pág. 12, sentencia del Tribunal)   

2 Auto  de 8 de febrero de 2008, radicación No. 26746   

3 24 de  noviembre de 2005, rad. 23853.     

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