30467(11-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 30467  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

          Magistrado  Ponente:   

                                                                  DR. ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                                                                 Aprobado Acta No. 327   

Bogotá D. C., once (11)  de noviembre  de dos mil ocho (2008)   

VISTOS:   

Examina  la  Sala  la  demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de Wilmer Alfair Uribe Ledezma contra el fallo de  marzo  27  del  año en curso, mediante el cual el Tribunal Superior de Popayán  confirmó  el  que  anticipadamente  dictara el 13 de febrero de 2007 el Juzgado  Penal  del Circuito de Patía El Bordo -Cauca- condenando a dicho implicado como  autor  del  ilícito  de  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes a la  pena principal de cuatro años de prisión y multa de $27.297.280.   

ANTECEDENTES   

Según  reseñó  el  a  quo,  “siendo  las  10:00  horas del 27 de julio de 2006, en la esquina  del  parque  principal  (diagonal a la Droguería Arcila) de Argelia, Cauca, fue  capturado  en  flagrancia  Wilmer  Alfair  Uribe  Ledezma,  por  unidades  de la  Policía  Nacional  adscritas  a  la  Estación  de  esa  localidad,  cuando  al  practicarle  una  requisa  le  fue encontrado llevando consigo en el bolsillo de  atrás  de  su  pantalón  un  paquete  envuelto  en  cinta  de  color café que  contenía  156.3 gramos netos de una sustancia que sometida a reconocimiento dio  positivo para cocaína y sus derivados…”.   

Iniciada    al    día   siguiente   la  correspondiente  investigación  y  a  ella  vinculado  Uribe  Ledezma  mediante  indagatoria,  tras  lo  cual  se  le  afectó  con  medida  de  aseguramiento de  detención  preventiva  por  el  punible  de  tráfico,  fabricación o porte de  estupefacientes,  se  clausuró  el  sumario  en auto de octubre 12 de 2006, mas  antes   de   que   tal   decisión  quedare  ejecutoriada  aquél  solicitó  la  realización  de  los trámites necesarios para sentencia anticipada, efectos en  los  cuales  se celebró la correspondiente diligencia de formulación de cargos  el  29 de noviembre de 2006 aceptando el procesado la imputación que se le hizo  por el delito objeto de medida de aseguramiento.   

En  dichas condiciones el Juzgado Penal del  Circuito  de  Patía  El  Bordo  -Cauca-  dictó sentencia en febrero 13 de 2007  condenando  al  procesado  a  la  pena  principal  ya  citada, a la accesoria de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por tiempo  igual  al  de  la  privativa  de libertad, a la vez que declaró improcedente la  concesión  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y la  prisión domiciliaria.   

Recurrida  la  anterior  decisión  por  el  procesado,  el  Tribunal Superior de Popayán la confirmó mediante la proferida  en  marzo 27 del año que transcurre, interponiendo contra la misma el acusado y  su  defensor  el  recurso  de casación que éste sustentó oportunamente con la  presentación del correspondiente libelo.   

LA  DEMANDA:   

Formulada  por la vía excepcional en tanto  el  punible  materia  de  condena  se halla sancionado con pena de prisión cuyo  máximo  no  excede  de 8 años, el defensor simplemente se limita a exponer una  serie  de  argumentos en procura de motivar la discrecionalidad de la Sala en el  propósito  de  que se protejan a su prohijado los derechos al debido proceso, a  la  defensa,  a la libertad y a la igualdad, mas omite precisar a qué causal de  casación  acude  y en esa medida ninguna argumentación expone que evidencie el  desarrollo  de  un  cargo  que  técnica  y  jurídicamente  trascienda  en esta  sede.   

En ese orden sustenta la excepcionalidad del  recurso  en  el  hecho  de  que  habiéndose  el  procesado  acogido a sentencia  anticipada  no  le  fue  aplicado  el  descuento  punitivo que con favorabilidad  prevé  el  artículo  351  de la Ley 906 de 2004, por ello es su pretensión de  que  a  la  pena  que le corresponde al acusado se le disminuya la mitad de modo  que se le impongan 36 meses y no los 48 a que fue sentenciado.   

CONSIDERACIONES:   

Si bien acierta el defensor de Uribe Ledezma  al  formular  su  demanda  por  la vía excepcional toda vez que en efecto se ha  procedido  por  un  punible  cuyo  máximo  punitivo  no  excede  de  8 años de  prisión,  así  como  al  exponer  la argumentación que una tal senda exige en  procura  de  dinamizar  la  discrecionalidad de la Sala, no menos patente es que  ello  no  satisface  los requisitos formales establecidos en el artículo 212 de  la  Ley  600  de  2000,  especialmente porque en el libelo no se enunció causal  alguna  de  casación,  tampoco se formuló un cargo acorde con dicho motivo, ni  se  indicaron  sus  fundamentos,  todo  lo  cual resulta suficiente para que sea  inadmitido.   

Sin  embargo,  como el asunto evidencia una  vulneración  al  principio  de favorabilidad, la Sala  casará  parcialmente  y  de  oficio el fallo del Tribunal Superior de Popayán,  máxime  que  como  lo  precisó  la  Corporación  desde su sentencia del 12 de  septiembre  de  2007  (radicación 26967),  pese  a  que  se  inadmita la demanda es factible redosificar la  pena  en  reconocimiento  de  las  garantías  fundamentales  del  implicado sin  necesidad  de disponer el traslado al Ministerio Público para que conceptúe al  respecto.   

En  efecto,  si bien al momento de dictarse  los  fallos  de  instancia  el tema de la favorabilidad en el evento específico  del  artículo 351 de la Ley 906 de 2004 no admitía en la posición mayoritaria  de  la  Sala  de  Casación  Penal  la  similitud  entre la sentencia anticipada  (artículo  40  Ley  600  de 2000) y el allanamiento a cargos (artículo 351 Ley  906  de 2004), tesis que se mantuvo hasta el proferimiento de la sentencia del 8  de  abril  de  2008  (radicación  25306),  cuando  se  produjo  un cambio en la  doctrina  de la Sala mayoritaria, es claro que a partir de dicha decisión se ha  venido  admitiendo  la  aplicación  de la citada norma a asuntos regidos por la  Ley  600  de 2000, pues “Ante la coexistencia de dos  sistemas  jurídico-procesales  distintos  se  presentan  varias inquietudes: en  primer  lugar,  si  es procedente la favorabilidad en la simultaneidad de normas  procesales;  y,  en  segundo  lugar,  si  es  procedente  aplicar,  por  vía de  benignidad,  disposiciones de la ley 906 del 2004 a casos regidos por la ley 600  del 2000, siendo sus instituciones de tan diversa naturaleza.   

(…)  

“En  conclusión,  como  lo  expuso  el  Ministerio  Público,  las  normas  que  regulan la reducción de la pena tienen  efectos  sustantivos,  pues  disciplinan la libertad personal del procesado. Por  lo  tanto,  el  inciso  primero  del  artículo  351  de la ley 906 del 2004, ab  initio,  puede ser aplicado retroactivamente a situaciones gobernadas por la ley  600 del 2000, en virtud del postulado de la favorabilidad.   

(…)  

“Según  los artículos 206 de la ley 600  del  2000 y 180 de la ley 906 del 2004, la casación penal tiene como una de sus  finalidades  la unificación de la jurisprudencia nacional, entre otras razones,  para  garantizar  principios  como  los  de  igualdad y de previsibilidad de los  ciudadanos  frente  a  la  ley,  propósito  que  se erige en baluarte desde los  albores del recurso en Colombia.   

(…)  

“En  el caso que ocupa la atención de la  Sala,  resulta  más  cara  al  ser  humano  la  interpretación  que permite la  aplicación  retroactiva, por vía de favorabilidad, del artículo 351 del nuevo  Estatuto procesal.   

“Reconoce  esta  decisión  que  en  esta  modalidad  de  Estado, pueden coexistir interpretaciones diversas sobre un mismo  punto  de  derecho,  en  cuyo caso para garantizar el principio de igualdad y la  efectividad  misma  del  principio  de favorabilidad, debe primar la opción que  más  identifique  los  postulados del sistema jurídico vigente, que en nuestro  caso   y según los artículos 1,6, 7, 93 de la Constitución Política, es  el  reconocimiento de la dignidad humana, a partir de la libertad y la igualdad.   

(…)  

“Lo  anterior  para indicar que es con la  figura  del  allanamiento a cargos que la sentencia anticipada guarda similitud,  en  donde  entre  el  imputado  y  la  fiscalía  no  ha  mediado consenso y las  consecuencias  de  ese  acto  unilateral libre y voluntario no dependen sino del  juez   dentro   del   marco   de   movilidad   que  la  ley  confiere  hasta  la  mitad-.   

“Desde esta observación sí parece que la  invocación  al  principio  de  favorabilidad es correcta, porque el supuesto de  hecho  es idéntico: se trata de un ciudadano que admite su culpabilidad en unos  hechos  y  releva  al  Estado  del  esfuerzo  de  la demostración probatoria en  juicio;  en  las  dos  situaciones la pena no se acuerda, literalmente hablando,  porque  aquella  se  dosifica  por  el  juez,  conforme  a los criterios para su  fijación  y  dentro  del  marco  de  movilidad que le confiere el artículo 351  ejusdem,  en  ninguno  de los dos eventos se pactan situaciones procesales sobre  la  libertad,  como  subrogados  penales;  es decir, el fiscal no acuerda con el  imputado,  la  alegación  de culpabilidad de aquél, previo conocimiento de los  cargos  formulados  por  la fiscalía,  lo pone en directa relación con el  juez,  no  con el fiscal, con quien no se estima ni pena, ni subrogados, esto es  lo que ocurre también con la sentencia anticipada.   

“Tampoco  es  correcto  afirmar  que  el  allanamiento  a  cargos  esté  condicionado  a  la  reparación integral de los  perjuicios  ocasionados,  lo  que  se ha destacado como nota diferenciadora para  imposibilidad  la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad.   Lo que  ocurre  es  que esta situación condiciona la relación jurídica entre fiscal e  imputado  para  acordar,  pero  cuando  el  ciudadano se allana a los cargos sin  mediar  acuerdos  ni  pactos  con  su  acusador,  es  el juez el que decide, por  ejemplo  que  no  es  acreedor  a una rebaja de la mitad de la pena, sino de una  significativamente  menor,  según  se  satisfagan los presupuestos axiológicos  que se persiguen con la terminación anticipada del proceso.”   

Por  consiguiente,  como  el acusado Wilmer  Alfair  Uribe Ledezma procesado bajo los cauces de la Ley 600 de 2000 se acogió  a  sentencia  anticipada  se casará parcialmente y de oficio el fallo impugnado  de  modo  que  aplicándose  por favorabilidad el artículo 351 de la Ley 906 de  2004 se le redosificará la pena impuesta.   

Así,  determinado  por  el juzgador que al  acusado  correspondía  la pena mínima prevista en el artículo 376, inciso 3º  del  Código  Penal,  esto  es  6  años  de  prisión y multa equivalente a 100  salarios  mínimos  mensuales  legales,  a  lo  cual restó la tercera parte por  razón  del  acogimiento  a  sentencia  anticipada, tal disminución será ahora  hasta   de  la  mitad  en  términos  del  referido  artículo  351  de  la  Ley  906.   

Como  el implicado formuló su petición de  sentencia  anticipada  al  momento  en que ya se había proferido resolución de  cierre  de  la investigación, es evidente que su sometimiento si bien permitió  obviar  parte  del  sumario  específicamente  la  fase  de calificación, ya se  había  surtido  prácticamente  toda  la  etapa instructiva, luego la rebaja de  pena  será  del  40% dado que en esas condiciones no se produjo el mayor ahorro  de instancia posible.   

Por ende, siendo la base punitiva de 6 años  de  prisión  y multa equivalente a cien salarios mínimos mensuales legales, la  reducción  en dicho porcentaje implica que la pena principal a imponer a Wilmer  Alfair  Uribe  Ledezma  será  entonces de 43 meses, 6 días de prisión y multa  equivalente  a  60 salarios mínimos mensuales legales y en tal sentido será la  casación  oficiosa  en  el  entendido además de que en lo restante el fallo se  mantendrá incólume.   

En  mérito  de  lo  expuesto, la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

RESUELVE:   

1.  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada a nombre de Wilmer Alfair Uribe Ledezma.   

2.  Casar parcialmente y de oficio el fallo  de  marzo  27  del año en curso proferido por el Tribunal Superior de Popayán,  en   el   sentido  de  declarar  que  Wilmer  Alfair  Uribe  Ledezma   queda  condenado  por  el  delito  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  a  la  pena principal de  cuarenta  y  tres  (43)  meses  y  seis  (6)  días de prisión, así como multa  equivalente a sesenta (60) salarios mínimos mensuales legales.   

3. En todos los demás aspectos la sentencia  del Tribunal Superior de Popayán permanece incólume.   

Contra  lo decidido en el presente fallo no  procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

        Salvamento Parcial de voto   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                                           ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARIA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE  LEMOS                           AUGUSTO    J.   IBAÑEZ  GUZMÁN   

Salvamento parcial de voto  

    JORGE  LUIS QUINTERO  MILANÉS                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

Salvamento  parcial  de  voto                                   Salvamento parcial de voto   

   

JULIO      ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA                       JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

Respetuosamente  manifiesto mi discrepancia  frontal  con  la  decisión  que por mínima mayoría se ha impuesto ahora en la  Sala,  al  entender  que  no  es  posible  aplicar  a hechos que se rigen por el  artículo  40  de  la  Ley 600 de 2000 el inciso 1° del artículo 351 de la Ley  906  de  2004,  de  donde  resulta  imperativo  para  los  servidores judiciales  incluido  el juez de casación, corregir los   -en mi sentir- desvíos  que  en  tal sentido se lleguen a producir sin que con ello se vulnere principio  constitucional  alguno  pues  semejantes  decisiones  no  pueden  ser  fuente de  derechos,   y   la   providencia   que  en  instancias  los  avale  no  se puede tolerar y, menos, dejar que  produzca efecto alguno.   

El      principio      nullum  crimen,  nulla  poena  sine  lege  representa  no  solo  un  límite  formal  al  poder  punitivo  del Estado, sino  también  uno  material que… se ciñe a castigar las perturbaciones más   graves   de  la  vida  en  sociedad…  el  de  legalidad  es  un  principio  de  racionalización  del  castigo  que…  al  orden de las infracciones, según la  seriedad  del mal que  causan, ha de comprender el de las sanciones, según  su   gravedad1.   

Las razones que me acolitan se expondrán de  acuerdo con la secuencia que sigue:   

     

I. Legitimación de las providencias judiciales.   

II. Interpretación en Derecho Penal.   

III. La pena, sus fines y la culpabilidad.   

IV. Sistema acusatorio: axiología y literalidad.   

V. Conclusiones. Y,   

VI. Refrendación de un criterio.     

                    

El  principio de  legalidad  de  la  pena  es  una  garantía  para  el  procesado  y  también  para  la   sociedad, en el sentido de que el Estado  impondrá  las  que  hayan  sido  estatuidas previamente a la realización de la  conducta   punible,   dentro   de  los  límites  cuantitativos  y  cualitativos  consagrados  en  el  ordenamiento jurídico, sin que se puedan imponer penas por  arbitrio  o  imaginación   del  juez,  que  no  respeten  los  parámetros  legales,  con  quebranto  de  la  igualdad y de la seguridad jurídica”. Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, casación de 7 de marzo de 2007,  radicación  25.385,  M.  P.,  Dr.  Álvaro O. Pérez Pinzón. Agréguese que el  olvido,  el error o el delito judicial no pueden crear derechos, como tampoco la  negligencia  de  la  Fiscalía o de la Procuraduría para recurrir, que a menudo  se  trae  como pretexto de convalidación de esos fraudes a la Constitución y a  la  Ley  válida2.   

I  

Legitimación   de   las   providencias  judiciales   

1.  La  mejor  manera  de  legitimar un criterio jurídico es a través  del  soporte  argumental  que  lo  acompañe. Así lo reclama además el derecho  fundamental  de partes e intervinientes procesales a la  motivación de las  providencias,  el  garantismo  penal  dispuesto hoy no aberrantemente a favor de  una  sola  de  las  partes  sino  de todas3   y   una  judicatura democrática, igualitaria e imparcial.   

Y  significa  la  fuente  de  seriedad  y  fortaleza  de  los planteamientos afincados en la axiología de la racionalidad,  de  la razonabilidad, de la proporcionalidad y de la ponderación, principios de  la  más  alta alcurnia  en cualquier variable del Estado de Derecho,   que   tiene   como   sus   valores   más  caros  la  dignidad  de  todos  los  seres  humanos (para el caso  involucrados  en  el proceso penal), la justicia, el orden justo, y, si se trata  del  Estado  Social  de  Derecho  (artículo  1 Const. Pol.), la igualdad, y que  tiene  entre  sus  fines,  el  de  facilitar  la  participación de todos   en   las   decisiones  que  los  afectan   (artículo  2  Const.  Pol.)  y,  si  es Estado Constitucional de  Derecho,  con  un  Poder  Judicial  rectorizado  por  una  “jurisprudencia  de  principios”  que  ha   llevado  en  Colombia  a que sus más altos jueces  penales    por    unanimidad    ponderen  (artículo 27 cpp-04):   

Hay  que  resaltar  la  necesidad de que la  judicatura  comprenda  el  papel  que  juegan  sus decisiones en el contexto del  sistema  penal  y  del  modelo  estatal  del  que  hace  parte  por  cuanto  las  democracias  constitucionales  son  fundamentalmente  Estados  de  Justicia;  es  decir,  Estados que en el contexto de una democracia participativa y pluralista,  llevan  a  una  nueva dimensión los contenidos de libertad política del Estado  Liberal  y  de  igualdad  del  Estado Social. Por ello, cada acto de los poderes  constituidos,   incluido   el   Poder   Judicial,  se  halla  vinculado  por  la  Justicia   como   valor  superior   del  ordenamiento  jurídico,  como  principio  constitucional,  como  derecho  y  aún  como deber estatal, de donde resulta imperioso que los jueces,  al  emitir  sus  pronunciamientos,  no  se  preocupen  solo  por  la corrección  jurídica  de  sus  decisiones sino también por la  necesidad de armonizar  esa  corrección  con  contenidos  materiales  de  Justicia  porque  de lo   contrario,  la  judicatura  colombiana  no  habría  dado un solo paso desde las  épocas  del  más rígido formalismo jurídico4.   

2.  La  práctica  del  Derecho consiste en  argumentar  porque,  como  dice Atienza, esta cualidad es la que mejor define lo  que  se entiende por buen jurista: capacidad para idear y manejar argumentos con  habilidad5.   

En  procesos  judiciales  en  los  que  se  resuelven  problemas  jurídicos  simples  o  rutinarios  es  común  que  el  esfuerzo  argumentativo  del  juez  se  reduzca a hacer una  inferencia  entre  el  supuesto  fáctico  y  la  norma; pero en los denominados  casos  difíciles,  en los  que  la  relación entre la premisa fáctica y la premisa normativa exige nuevas  argumentaciones  que  pueden o no ser deductivas, la validación de la decisión  requiere   además   de   una   justificación  interna  (corrección  desde  la  perspectiva  lógica-deductiva),  de  una  justificación  externa que impone ir  más  allá  de  la  lógica  en  sentido  estricto6.   

3.  A  partir  de  los  desarrollos teóricos de mitad del siglo pasado  (Viehweg,  Perelman  y  Toulmin)  y de las propuestas de autores contemporáneos  (MacCormick  y  Alexy),  se  ha  consolidado  lo  que  se  denomina teorías  de la argumentación jurídica,  las que sirven, entre otras cosas, para señalar que   

Una   decisión   judicial  se  considera  justificada  cuando  el argumento cuya conclusión expresa el contenido de dicha  decisión  es  un  buen argumento o un argumento sólido. El argumento contenido  en  una sentencia judicial es sólido cuando el conjunto de sus premisas (normas  jurídicas   más   enunciados  fácticos)  es  aceptable  y  su  estructura  es  lógicamente                 correcta7.   

4.  Modernamente  las  decisiones  judiciales  se profieren teniendo en  cuenta  criterios  de  razonabilidad y proporcionalidad que se edifican a partir  de  un  «test»,  entendido  como  una guía metodológica que se desarrolla en  tres   etapas  que  intentan  determinar:  (i)  La  existencia  de  un  objetivo  perseguido  a  través  de la norma. (ii) La validez de ese objetivo a la luz de  la  Constitución. Y, (iii) La razonabilidad de la relación de proporcionalidad  entre ese trato y el fin perseguido.   

5.  El  concepto de razonabilidad puede ser aplicado satisfactoriamente  sólo  si  se concreta en otro más específico, el de «proporcionalidad», que  se     integra     con     tres    subcategorías8:  (i)  La  adecuación de los  medios  escogidos  para la consecución del fin perseguido. (ii) La necesidad de  la  utilización  de  esos  medios para el logro del fin (esto es, que no exista  otro  medio  que  pueda  conducir  al  fin  y que sacrifique en menor medida los  principios  constitucionales  afectados  por el uso de esos medios). Y, (iii) La  proporcionalidad  en  sentido  estricto  entre  medios  y  fin, es decir, que el  principio  satisfecho  por  el  logro  de  este  fin  no  sacrifique  principios  constitucionalmente más importantes.   

La  proporcionalidad  sirve  como  punto de  apoyo   de   la   ponderación   (artículo   27   cpp-2004)   entre  principios  constitucionales:   cuando   dos  principios  entran  en  colisión,  porque  la  aplicación  de  uno  implica  la  reducción  del campo de aplicación de otro,  corresponde  al  juez determinar si esa reducción es proporcionada, a la luz de  la  importancia del principio afectado, y entonces se sopesan (ponderan) los dos  principios  que entran en colisión en el caso concreto para determinar cuál de  ellos  tiene  un  peso  mayor  en las circunstancias específicas, y, por tanto,  cuál de ellos prima la solución del caso.   

En  esta  variante  (de  prohibición  de  protección  deficiente),  el  principio  de  proporcionalidad  supone  también  interpretar  los derechos fundamentales de protección como principios y aceptar  que   de   ellos   se  deriva  la  pretensión  prima  facie  de que el legislador los garantice en la mayor  medida    posible,   habida   cuenta   de   las   posibilidades   jurídicas   y  fácticas9.   

Estas  premisas teóricas de argumentación  han  permitido  monolíticamente  a  la  Sala  de  Casación  Penal,  al  buscar  proporcionalidad  entre  los derechos de los victimarios, afincados regularmente  en   el   carácter   absoluto  de  los  derechos  de  primera  generación  del  decimonónico  Estado  Liberal  de  Derecho,  y  los  derechos  de las víctimas  (Estado  Social  y  Democrático  de  Derecho,  y  del  Estado Constitucional de  Derecho  –garantismo  de  los derechos de todos-), a ponderar que los últimos priman:   

No se debe desconocer que en situaciones de  sucesión  o  coexistencia  de  leyes ha de ser tenido en cuenta el principio de  favorabilidad,  sin  olvidar  que  en supuestos límite dicho postulado debe ser  ponderado  frente  a otros fines, valores y derechos fundamentales que lo pueden  hacer    ceder   y   producir   su   inaplicación10.    

II  

Interpretación en Derecho Penal  

Garantismo designa una filosofía política  que  impone  al  Derecho y al Estado  la carga de la justificación externa  conforme  a  los  bienes  y  a  los intereses cuya tutela y garantía constituye  precisamente  la  finalidad de ambos. En este último sentido el garantismo  presupone  la  doctrina  laica  de  superación  entre  Derecho  y  Moral, entre  validez  y  justicia, entre  punto  de  vista interno (jurídico) y punto de vista externo (ético-político)  en     la     valoración     del     ordenamiento,  es  decir,  entre  “ser”  y  “deber ser” del  derecho11.   

1.  Es  la  operación  mediante la cual se  trata  de  asignar  sentido a los enunciados jurídicos, determinar su contenido  de  significado  y,  con  ello, su alcance normativo, proceso interpretativo que  parte  del  tenor  literal de los enunciados jurídicos que constituyen su   objeto,  criterio  gramatical-normativo  básico  en  derecho  penal  asociado a  consideraciones de seguridad jurídica y legitimidad democrática.   

La intención del legislador se consigna en  consideraciones  gramaticales  que  cuentan  mucho en la adscripción de sentido  del   enunciado  jurídico  porque  la  interpretación  es  principalmente  esa  asignación  en  el  marco  del  campo de sentido literal posible del mismo, que  además  tiene  que  ver  con  la integración del enunciado legal en un esquema  racional ordenado a la realización de una idea de Derecho.   

2.   La   doctrina  y  la  jurisprudencia  dominantes  señalan  que una interpretación constitucionalmente legítima debe  ser   respetuosa  del  tenor  literal  del  enunciado  y  mostrar  razonabilidad  axiológica;  adecuarse  a  la   orientación  material  de  la norma y ser  coherente  con  el  acervo  axial (plano político-jurídico), aspecto éste que  prima   en  aquellos  casos  de  fricción  con  la  literalidad  del  enunciado  jurídico-penal.  Vale  decir: no puede existir en la hermenéutica una absoluta  disolución  de  la  legalidad  positiva  pero  se  debe  buscar la racionalidad  teleológica,  cuál  es  el fin de la norma tanto como método para interpretar  su enunciado como resultado de la interpretación.   

3.  La  interpretación teleológica de los  enunciados   jurídico-penales   señala   que   ellos  tienen  un  telos,  que  se  puede  llamar “fin de  regulación”,  “idea  fundamental”,  “razón  justificante”,  y que no  siempre  aparece  expreso  en el enunciado jurídico pero puede ser descubierto,  logrado lo cual,   

cabe  reconstruir  el sentido del enunciado  jurídico   en    términos   de   racionalidad   teleológica,  es  decir,  configurarlo   como   medio   para  el  cumplimiento  de  dicho  fin12.   

4.       Ese       telos puede referirse a los fines que el  legislador  histórico  pretendía obtener con la promulgación del enunciado en  cuestión,  como también a fines independientes de esas pretensiones que pueden  aparecer  por  falta  de  coherencia  entre  el  dispositivo legal y los valores  superiores,   y   por   la   evolución   social.   Los  primeros  se  descubren  empíricamente   a  través  de  materiales  legislativos  y  del  contexto  histórico  en el que se promulgó el enunciado,  mientras que los segundos  (salidos   de   una   interpretación   teleológico-objetiva)  resultan  de  la  interacción   del   legislador,    que  inserta  el  texto  del  enunciado  jurídico-penal  en  un  contexto  comunicativo,  y  el  intérprete,  quien  se  aproxima  al  referido  enunciado  desde un punto de vista externo a éste (pero  “interno” al Derecho).   

Los          telos      de     los     enunciados  jurídico-penales  son consideraciones acerca de las consecuencias fácticas que  debe  obtener  el Derecho Penal, así como a los principios axiológicos por los  que  éste  debe  regirse.  Vendrían  dados  por  la  específica  racionalidad  teleológico-valorativa  del  Derecho  Penal.  Y los elementos configuradores de  una  determinada  racionalidad  jurídica  se  manifiestan  en  la teoría de la  política  criminal  y, más en concreto, en la dogmática de la parte general y  de  la parte especial, como segmentos de la política criminal racionalizados de  modo          singularmente          intenso13.   

5. Así, pues, en la interpretación hay un  camino  progresivo  que  avanza  de la descripción legal al criterio valorativo  rector,  coincidiendo  la  mayoría  de  veces  la  interpretación  del sentido  literal  con  la  interpretación de sentido total, como adelante lo demostraré  en  el  asunto  de  la especie, aunque invirtiendo el orden de los factores para  una  mejor  pedagogía  de  la tesis que con fundamento toral en el Estado  de Justicia, proclamo y defiendo:   

Evidenciaré enseguida el estelar papel en  las  civilizaciones  de  hoy  del  Derecho Penal y uno de sus productos, la pena  legal  y  justa (iii), qué quiso el Constituyente (Acto Legislativo 03 de 2002)  y   el   Legislador  (Leyes  906  y  890  de  2004)  al  obedecer  el  estándar  internacional  (Reglas  de  Palma  y  Estatuto  de  Roma) de implantar una   sistemática  acusatoria  y cuál  fue la política criminal que se adoptó  (artículo  251-4 Const. Pol.) reflejada en las partes dogmática o procesalista  y procedimentalista del nuevo código (iv).      

III  

La    pena,    sus    fines    y    la  culpabilidad   

La pena y sus fines:  

1.   El  periplo  humano  dice  que  una  de  sus  mayores  preocupaciones  tiene  que  ver  con  la  determinación de los fines de la pena  porque  las  diferentes  posturas han debido enfrentar dos paradigmas: (i) el de  sancionar  porque  se  cometió un delito frente al de (ii) penar para que no se  cometa un nuevo delito.   

2. La  teoría  ha  permitido delimitar la existencia de unas teorías  absolutas  de la pena que corren en paralelo a las teorías relativas. Entre las  primeras  se  destaca  la  llamada teoría de la retribución, también conocida  como  teoría  de  la  justicia,  perspectiva  desde  la cual se entiende que el  delito  personifica  la  ejecución  de  un  mal  que debe ser compensado con la  realización  de  la justicia que se produce con la imposición de una pena. Dos  grandes  filósofos  desarrollaron  lo  que  se  ha  dado en llamar retribucionismo  ético (Kant: la pena es  un  imperativo  para  la realización de la justicia14)    y   el   retribucionismo  dialéctico  (Hegel: la  pena   constituye   la   negación   del   delito:   se   trata   de  injusto  y  justicia).   

Las  teorías  relativas  se  desarrollan  teniendo  en  cuenta el fin preventivo de la pena. La prevención especial, cuyo  centro  de  atención  es el delincuente, a través de la pena busca mejorarlo o  resocializarlo  -también  se  ha  dicho  disuadirlo o inoculizarlo- para que no  cometa delitos en el futuro.   

La  prevención  general, que concentra su  mensaje  en  el  conglomerado  social,  busca  que la imposición de una pena se  convierta  en  medio  de comunicación o advertencia para que los miembros de la  sociedad  eviten  la comisión de delitos. La tendencia preventiva negativa hace  de  la  pena  un  mecanismo  de  coacción  psicológica  o  intimidatorio. Y la  prevención  positiva,  o  integradora,  se  construye a partir de relaciones de  confianza  y  fidelidad  al  derecho  que  conducen  a  la  aceptación  de  las  consecuencias cuando se comete un delito.   

3. Sin  embargo,  y  dado  el  cúmulo de críticas que no superan las  mencionadas    teorías,    muchos   autores   han   desarrollado   teorías   de  la  unión,  mixtas,           unificadoras,   en  la  pretensión  de  fundamentar  sólidamente  una  teoría  de  los fines de la pena a partir de un  sincretismo epistemológico.   

4. Adoptando   un   criterio  moderno  y  acorde  con  lo  desarrollos  teóricos  contemporáneos,  el  legislador colombiano de 2000 determinó que la  pena tiene fines   

de   prevención  general,  retribución     justa,    prevención  especial,   reinserción   social   y   protección   al   condenado15,   

pero aclaró que  

La  prevención especial y la reinserción  social   operan   en   el   momento   de   la   ejecución   de   la   pena   de  prisión.   

Esta  fórmula  legal  introduce entre los  fines  de  la  pena  todos  los criterios que han sido desarrollados, procurando  responder  la  pregunta  de  si  se  pena  porque se delinquió o para que no se  delinca.   

La Constitución Política…establece una  verdadera  política  y  filosofía  del  derecho  penal  y  de  las  penas  que  condiciona  los  fines,  objetivos y clases de penas que pueden imponerse por el  legislador  penal:  las  penas  deben  ser  humanas,  dignificantes,  limitadas,  posibles          de          cumplir,         edificantes,         determinadas    y   conocidas,   deben  rehabilitar    y    socializar    al    condenado16.   

5. Hoy  en  día no es posible administrar con criterios absolutos los  fines  de  la  pena  porque  a  la  luz  de  los principios signados en la Carta  Política    y    los    tratados   internacionales   sería   inconstitucional,  pues   

la  pena  es  una  forma  de intervención  estatal  radical  y  como  tal  necesita  un fundamento legitimador que no puede  consistir  en ideas metafísicas, sino sólo en la necesidad y conveniencia para  la  realización  de  tareas  estatales  (en  el caso concreto: el control de la  criminalidad)17.   

Si  bien modernamente se ha pretendido por  un  sector mayoritario de la doctrina dar respuesta a los fines de la pena desde  una  perspectiva  preventivo  general,  no se puede perder de vista que la pena,  por contener un reproche personal al autor del delito,   

No puede justificarse frente a éste sólo  con  su  necesidad  preventiva,  sino que también tiene que poder ser entendida  por    él    como   merecida   (lo   que)   sucede   cuando   es   justa,  esto  es, cuando se vincula a la  culpabilidad  del  autor  y se limita por el grado de la misma… Dicho en forma  simple:  la  pena  debe  permanecer  bajo  la  medida de la culpabilidad incluso  aunque   tenga   sentido   desde   un   punto  de  vista  preventivo18.   

Culpabilidad y pena:  

1. En  la  medida  en  que  se  ha propugnado por un derecho penal que  permita  hacer  responsable  a aquellos individuos por lo que han hecho y no por  lo  que  son,  porque  la  culpabilidad  dejó  de  ser un rasgo intrínseco del  sujeto,  se  ha  permitido entender la culpabilidad como cualidad que se predica  jurídicamente   de   una   persona   en  relación  con  la  conducta  ilícita  ejecutada.   

2.   El   «grado»  o  «cantidad»  de  culpabilidad  es  la  medida  de  la pena en tanto aquella determina el monto de  esta.  Al  quedar fijada la culpabilidad del autor se está predicando del mismo  su     responsabilidad,     de    donde    se    desprende    el    quantum  de  pena  a  imponer  al sujeto  particular   y   concreto   por  su  calidad  de  responsable  de  una  conducta  delictiva.   

3. Si     la    culpabilidad    se    entiende    como    capacidad    normal    y   suficiente   de   motivación   por   la  norma  no  hay  lugar a discutir que, en la medida en  que  el  llamado de la norma  es  recibido  por  el  sujeto,  dicho  mensaje  lo  motivará  a proceder en los  términos dispuestos por el ordenamiento jurídico.   

4. De  lo  expuesto  se  sigue  que  solamente  podrá ser tenida como  pena  justa  aquella  que  ponderada  a  partir  de  la  gravedad  del  hecho  frente a la culpabilidad del  responsable  de  la  acción,  está  en  capacidad  de  vigorizar  la confianza  colectiva  en  sus  instituciones  y la conciencia jurídica de la comunidad. La  pena  justa  no  puede  pasar por alto que al Estado19,   

además de garantizarles la protección de  los  derechos  humanos  mediante  el ejercicio de un recurso en los términos de  los  artículos  8  y  25  de  la  Convención  Americana  de  Derechos  Humanos  (le)   

[4.5.3.]  …  corresponde  el correlativo  deber  de juzgar y sancionar  las  violaciones  de tales derechos. Este deber puede ser llamado obligación de  procesamiento    y   sanción   judicial  de  los  responsables  de  atentados  en  contra  de los derechos  humanos internacionalmente protegidos.   

(…)  

4.5.5.  El  deber  estatal  de investigar,  procesar   y   sancionar  judicialmente   a   los   autores   de   graves  atropellos  contra  el  Derecho  Internacional  de  los  Derechos Humanos no queda cumplido por el sólo hecho de  adelantar  el  proceso  respectivo,  sino  que  exige  que  este  se surta en un  “plazo  razonable”. De otra manera no se satisface el derecho de la víctima  o  sus  familiares  a  saber  la  verdad  de lo sucedido y a que se sancione     a     los     eventuales  responsables.   

(…)  

4.5.10. El derecho a la verdad implica que  en  cabeza  de  las  víctimas  existe un derecho a conocer lo sucedido, a saber  quiénes  fueron  los  agentes  del  daño,  a  que  los  hechos  se investiguen  seriamente  y  se  sancionen  por el Estado, y a que se prevenga la impunidad.   

(…) la Corte aprecia que, dentro de las  principales  conclusiones  que  se extraen del “Conjunto de Principios para la  protección  y la promoción de los derechos humanos mediante la lucha contra la  impunidad” en su última  actualización,  cabe  mencionar  las siguientes, de especial relevancia para el  estudio  de  constitucionalidad  que  adelanta:  (i)  durante  los  procesos  de  transición  hacia  la  paz,  como el que adelanta Colombia, a las víctimas les  asisten  tres categorías de derechos: a) el derecho a saber, b) el derecho a la  justicia  y  c)  el  derecho  a  la reparación… (iv) el derecho a la justicia  implica  que  toda  víctima  tenga  la  posibilidad de hacer valer sus derechos  beneficiándose  de un recurso justo y eficaz, principalmente para conseguir que  su  agresor sea juzgado, obteniendo su reparación; (v) al derecho a la justicia  corresponde  el  deber  estatal  de  investigar las violaciones, perseguir a sus  autores    y,    si    su   culpabilidad     es     establecida,     de     asegurar     su    sanción.   

5. Pero  la  pena  no  solamente tiene que ser justa sino que debe ser  respetuosa  de  la  legalidad  existente;  se  debe  soportar  en los axiomas de  efectividad20  («facticidad»)  y  normatividad  («validez»)  del derecho, de  donde  su  legitimidad  dependerá  del  respeto  a los límites que disponga el  orden   jurídico   en  tanto  expresión  de  una  razonable  determinación  y  concreción    de   los   derechos   fundamentales21, que en el proceso penal se  predican        con       igual       énfasis22 tanto a favor del procesado  como         de         las         víctimas23 y la sociedad.   

6. Las  penas  establecidas  en la legislación penal han superado los  exámenes        de        constitucionalidad24  y  por  lo  tanto resultan  ajustadas         al        principio        de  proporcionalidad  para  sancionar  al  amparo  de sus  extremos  punitivos  los  ataques  que  puedan  recibir  los  bienes  jurídicos  protegidos,  de  donde  se tiene que la imposición de una sanción que desborde  el  tope máximo, se tace por debajo del límite mínimo o por vía de alguna de  las  instituciones del derecho premial conlleve una rebaja de pena más allá de  la     autorizada     legalmente,     debe     ser  corregida,  pues  desde  la  Constitución se reclama  imperativamente  que  los  poderes  públicos  en general, y la rama judicial en  particular,  desplieguen  su  actividad  de  manera encaminada a conseguir “la  efectividad  de los valores superiores de la justicia material y de la seguridad  jurídica”25:   

En  la  vida  en  comunidad y de cara a la  organización  estatal,  a  la  par  de  los derechos esenciales de vida-libertad-igualdad,  cobra  especial  relieve  para  hacer  real  y  efectivo  el  valor  de dignidad, el derecho   a   la   seguridad,  y  dentro  de este el de seguridad  jurídica…  Así es como el  derecho  a  la  seguridad  viene  a cobrar especial relevancia en el orden a la protección de la dignidad,  la  vida,  la  libertad  y  la igualdad. Sin seguridad  material  y  jurídica  de nada sirve la formulación  abstracta  de  derechos, el establecimiento de un Estado de Derecho se tornaría  inane  e  insignificante, pues la incertidumbre, la inseguridad, la variabilidad  de  las  situaciones  y por tanto la injusticia, cundirían, anegándose la vida  social   y  la  justicia  en  un  subjetivismo  peligroso  que  propiciaría  la  inconformidad, la violencia y la guerra civil.   

7. La  pena  que  legalmente  se  consagra  como  consecuencia  de  un  comportamiento  punible  está  ajustada dentro de unos límites que le permiten  caracterizarla  como necesaria, proporcional y razonable (artículo 3° cp) y en  tal  medida  con  ella  se  busca  obtener  como  fines  la prevención general,  retribución  justa,  prevención especial, reinserción social y protección al  condenado (artículo 4° cp).   

La  clásica pauta “a cada uno lo que le  corresponde”  se  interpreta  comúnmente  como  una  apelación  al mérito o  demérito   personal.  Quien  la hace, la paga. A cada uno lo que ha ganado  limpiamente.  La   justicia  reparte  premios  y  castigos  atendiendo a la  relación  entre  la  causa  y su agente. El individuo se responsabiliza de  sí  mismo ante sí mismo y, sobre todo, ante los demás. El sistema judicial se  basa,      desde     siempre,     en     dicha     concepción     de    la  responsabilidad.26   

8.  La  pena  es  un  mal  necesario  que,  parodiando  a  Radbruch,  se  debe utilizar racionalmente hasta que la humanidad  encuentre  algo  mejor  para afrontar las conductas desviadas. La reparación no  tiene  el  poder  de  extinguirla  sino  en  contados  casos.  Pervive   la  retribución  justa  (artículo  4  cpp).  Y  el  monto  de  la  pena  debe  ser  proporcional   a   la   culpabilidad   del  autor,  cómplice  o  interviniente,  constituyéndose  en  referente  indiscutible  para la reparación de perjuicios  así  sea  en  sede  de  preacuerdos y negociaciones (artículos 34827,  34928     y     351     inc.     último29  cpp),  a  considerar en el  “arbitrio    ponderado”    que    otorga    el   normativo   “hasta”  (artículos 288.3 y 351 inc. 1  cpp),  “acuerdo  que  se  consignará   en  el  escrito  de acusación”, conforme a texto literal y  axiológicamente  limpio  ubicado  en  el  extremo  posterior  del  juicio  de identidad que se realiza entre  la  antigua  sentencia  anticipada y la primera “modalidad” de preacuerdos y  negociaciones  que  tifipica   el  artículo  351  con  el   nombre de  “aceptación de los cargos”.   

Después de que las extensiones legales del  principio   de   oportunidad   y   las   distintas   medidas   aceleratorias  no  resultaran   suficientes,  la  práctica judicial alemana ha encontrado una  solución  radical  propia,  que se  mantuvo durante muchos años encerrada  en  torres de silencio y que recientemente en los últimos años ha surgido a la  luz  de  la  opinión  pública.  Justo  aquí  es donde entran a jugar un papel  decisivo  los acuerdos informales en el proceso penal, que van a reducir el alto  número  de  causas,  los problemas de la práctica de la prueba en los procesos  muy  voluminosos  y  el  cuello  de  botella  de  la  acumulación  de  la vista  pública30.   

Y  no creo que imponiendo penas no legales  ni   justas  (artículos 3 y 4 cp) se construya tejido social, antes por el  contrario,     la     impunidad     –así  sea  parcial-  es  de  los  principales  combustibles  de  la  criminalidad,  además  que  está fuera de lugar el argumento económico de los  costos  carcelarios por manutención de presos como pretexto serio para prohijar  exenciones,  aunque  sean  fragmentarias, de pena concediendo rebajas que no van  para  generar  verdaderos  jubileos criminales en un país acosado por felonías  de toda laya.   

   

La  condena  condicional  degeneró en una  especie  de  ius  primae  crimine  o derecho a delinquir por primera vez, con lo  cual  se  incrementó  la  criminalidad  y  se  llegó  a  un  verdadero jubileo  criminal,  a  modo  de  indulto  o de perdón predeterminado, siendo una latente  invitación     legal     a    la    delincuencia31.   

IV  

Sistema   acusatorio:   axiología   y  literalidad   

1.  El  marco  constitucional –Acto  Legislativo  03  de 2002- y sus  desarrollos  legislativos  -especialmente las leyes 906 y 890 de 2004- dicen que  con   la   colosal   empresa  de  la  implantación  del  “sistema  acusatorio  colombiano”,  se  buscó modernizar la vida jurídica del país, luchar contra  la  criminalidad  y  beneficiar  a  la  sociedad con justicia pronta y cumplida;  ejercer   la  justicia  penal  con  el  convergente  respeto  por  los  derechos  fundamentales  de  imputados,  comunidad y víctima; activar una sistemática de  partes  en  juicio  oral  y  público, que propicia control social, de cara a un  juez  independiente, autónomo e imparcial; y, en fin, trazar las líneas de una  política  criminal, que se adoptó como política de Estado, de lucha contra la  impunidad      con  fortalecimiento  del marco de derechos y garantías de procesados y víctimas, y  justicia                 restaurativa32.   

         Bien  se  ha  dicho  que esta reforma tan solo incidió en la parte  orgánica  de  la  Carta toda vez que su parte dogmática permaneció inalterada  (preámbulo  y  artículos  1,  2,  6,  15, 28, 29, 30, 31 y 32) aunque, para la  temática  que nos ocupa, se ha de resaltar que el derecho fundamental al debido  proceso  público  (artículo  29  Const.  Pol.) está atravesado  más que  nunca  por  el  tipo de Estado  que profesa Colombia (Social y Democrático  de  Derecho,  artículo  1  Const.  Pol.) y sus fines (artículo 2 Const. Pol.),  cuyo  principal  valor  es el de la igualdad (artículo 13 Const. Pol.), además  que  los  derechos  de  las  víctimas,  protegidos  de antaño por el bloque de  constitucionalidad  (artículos  93  y  94  Const. Pol.), ganaron un refuerzo de  protección  por  la  múltiple  referencia  que  de ellos se hace en los nuevos  artículos  250  y  251  de  la  Carta,  y en las 89 citas que de ellas ocupa el  cpp-04.       

            2.   La   Corte  Constitucional  al  hacer una especie de balance de las “modificaciones” que  introdujo  el  Acto  Legislativo  03  de  2002  en  el  sistema  procesal penal,  encontró  : (i) la aplicación del principio “nemo iudex sine actore”; (ii)  se  mantuvo  el  carácter  judicial del órgano de investigación y acusación;  (iii)  se  creó  la figura del juez de control de garantías; (iv) se consagró  el  principio  de  oportunidad;  (v)  se dispuso el carácter excepcional de las  capturas  realizadas por la Fiscalía General de la Nación, autoridad que, a su  vez,  preservó  la  competencia para imponer medidas restrictivas del derecho a  la  intimidad,  pero bajo control judicial posterior33; y, (vi) se acogieron en el  sistema   acusatorio   colombiano   fórmulas   mixtas  que  combinan  elementos  estructurales    de    las   subespecies   anglonorteamericano   y   continental  europeo34,  alentadas  por igual por la política criminal del acuerdo o del  consenso, o justicia consensuada.    

El  procedimiento  de  la  plea bargaining  constituye,   utilizando   palabras   de   Amodio,  “una  verdadera  y  propia  exaltación  de  la  autonomía  de  las  partes”.  La  negociación  entre el  prosecutor   y  el imputado se ha convertido, estadísticamente, en el modo  más  habitual  de  definir los procesos penales como alternativa al sofisticado  mecanismo    impuesto    por    el    jury   trial35.   

3.   La   Corte   Suprema   de  Justicia  pioneramente sentenció que:   

las normas que  se    dictaron    para    la   dinámica  del  sistema acusatorio colombiano, son susceptibles de aplicarse  por  favorabilidad a casos  que  se  encuentren  gobernados  por  el Código de Procedimiento Penal de 2000,  a   condición   de  que  no   se   refieran   a  instituciones  propias del  nuevo  modelo  procesal  y  de  que  los referentes de  hecho  en  los  dos  procedimientos sean idénticos.   

No  se  puede  eludir  la  aplicación  del principio, por ejemplo, a situaciones en las cuales  la  ley  906  de  2004  no  contempla  privación  de la libertad en cierto caso  mientras  que la ley 600 sí, o en eventualidades en las que la primera consagra  bajo  determinadas  condiciones  la  libertad  provisional y en presencia de las  mismas la segunda la niega.   

En  el  caso  que  resuelve  la  Corte, al  establecerse  que  la conducta punible de prevaricato por acción imputada tiene  prevista  pena  de  prisión  de  3  a  8  años y que el artículo 313-2    de    la   ley   906  de  2004  fijó  como  requisito de  procedencia  de  la detención preventiva en los delitos investigables de oficio  que  el  mínimo  de la pena prevista en la respectiva disposición sea o exceda  de  4  años,  es  claro  que ésta norma resulta aplicable al caso examinado en  virtud  del  principio  de  favorabilidad   penal  y  que,  por  lo  tanto,  debe  accederse  a  la  petición inicial de la defensa”36.   

4.  El  Tribunal  Constitucional  en  la  sentencia  C-592/05,  luego  de  hacer varios reenvíos y acoger el contenido de  algunas  providencias  de la Sala de Casación Penal37,    señaló    que    la  favorabilidad  era  aplicable a supuestos de hecho de  esa estirpe   

en  uno  -el de la Ley 600 de 2000- y otro  -el  sistema  de  la Ley 906 de 2004- pero que reciben  en  cada  uno  soluciones  de  derecho diferentes. Mal  podría  en efecto pretenderse por ejemplo que se dé aplicación, en virtud del  principio  de  favorabilidad, a las normas que sobre principio de oportunidad se  establecen  en  la  Ley  906  de  2004  a hechos acaecidos con anterioridad a la  entrada  en  vigencia  de  dicha ley, pues ese es un elemento esencial del nuevo  sistema  que  no encuentra su equivalente en el sistema anterior regulado por la  Ley  600  de  2000  y  por  tanto  no  se  dan en relación con este último los  presupuestos  lógicos  para  la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad  (Negrillas agregadas).   

Agregó que  

la  interpretación  que  se hace por esas  instituciones  (la  Fiscalía  General de la Nación y Ministerio del Interior y  de  Justicia)  tanto  del artículo 5° del Acto Legislativo 03 de 2002 como del  artículo  6°  de  la  Ley  906  de  2004 excluye en cualquier circunstancia la  aplicación  de  las  normas  de  la  Ley  906  de 2004 a hechos anteriores a su  entrada  en  vigencia  de  acuerdo  con  la  gradualidad   que  en ellas se  establece.   Aún si como lo hace el Vicefiscal General de la Nación no se  descarte   que  el  principio  de  favorabilidad  como  principio  rector  pueda  aplicarse  en  casos  concretos  que  puedan  llegar  a  presentarse  durante la  vigencia de la Ley 906 de 2004.   

Y concluyó:  

Así  las  cosas,  dado que no queda   duda  sobre  la aplicabilidad del principio de favorabilidad penal, la  Corte  -además de acoger, por ser claramente respetuosa de las  garantías  constitucionales,  la  interpretación adoptada por la Sala Penal de  la  Corte Suprema de Justicia como máximo tribunal de  la  Jurisdicción  ordinaria  en  este  tema-,  declarará  la exequibilidad del  tercer  inciso  del  artículo 6° de la Ley 906 de 2004 por el cargo formulado,  pues  se  reitera  la única interpretación posible del mismo en el marco de la  Constitución  es  la  que   se  desprende   de la conjugación de los  principios  de legalidad, irretroactividad de la ley y favorabilidad penal a que  se  ha  hecho  extensa  referencia, lo que pone presente que en manera alguna se  pueda    desconocer   la   aplicación   del  principio  de  favorabilidad,  contrariamente a lo que afirma el actor.   

Es  la  llamada  “teoría  del  derecho  viviente”,  que  la Corte Constitucional aplica apenas esporádicamente.   Pero  ese Alto Tribunal, no obstante el artículo 243 Const. Pol., referido a la  “cosa  juzgada  constitucional”,  varió a través de numerosas providencias  dictadas  en sede de revisión de tutelas,  como sonora pero acríticamente  se  relaciona  en  la  providencia  triunfante, ese inicial criterio al reclamar  para  la  procedencia  de la favorabilidad  en esa sucesión y coexistencia  de  procedimientos  y  de  leyes,  no  ya que las figuras fueran idénticas sino  similares,   cambiando   las   reglas   del   juego38.   

Rónald Dworkin analiza cómo a través de  frases  y  giros  de  lenguaje  se  fuerza  la  interpretación  jurídica hasta  límites  insospechados;  y  Beccaría escribió que “la arbitrariedad se  instala  cuando  el castigo no depende de la voz constante y fija de la ley sino  de  la errabunda inestabilidad de las interpretaciones”, que Ferrajoli señala  como  característica de los modelos autoritarios y de derecho penal máximo que  pretenden liberar al juez del principio de estricta legalidad.   

5. El artículo 4° del Acto Legislativo 03  de  2002  ordenó  crear una Comisión para que “presente a consideración del  Congreso  de  la  República… los proyectos de la ley pertinentes para adoptar  el  nuevo  sistema…”,  entre  los  cuales se incluyó una reforma al Código  Penal para aumento de penas con esta motivación:   

“Atendiendo   los   fundamentos   del  sistema  acusatorio,  que  prevé  los  mecanismos  de  negociación      y      preacuerdos,  en  claro  beneficio  para  la administración de justicia y los  acusados,  se  modificaron  las  penas…”.   

En  la Ponencia para primer debate se dijo  que   

“La razón que sustenta tales incrementos  está  ligada con la adopción de un sistema de rebaja  de   penas   (materia  regulada  en  el  Código  de  Procedimiento   Penal)  que  surge  como  resultado  de  la  implementación  de  mecanismos          de         ‘colaboración’  con  la  justicia  que  permitan  el  desarrollo  eficaz  de  las  investigaciones  en  contra  de  grupos  de  delincuencia organizada y, al mismo  tiempo,   aseguren   la   imposición   de  sanciones  proporcionales  a la naturaleza de los delitos que se  castigan”.   

El Senador Rojas dijo:  

Yo  tenía  la  misma  preocupación  del  Senador  Martínez  en  relación con las penas… pero aquí lo que habría que  decir  es  que  en el Código de Procedimiento Penal seguramente tiene que ir un  sistema  de  graduación  de  las  penas  por  lo que sustancialmente cambió la  función  de  la  Fiscalía  que  ahora no practica pruebas, que ahora no cumple  funciones  judiciales  y  que  en  consecuencia  va a significar que haya muchas  posibilidades      de     negociación,  de  acuerdos  entre    los   sujetos   procesales   con   miras   a   obtener   un   resultado  aceptable.   

El     Senador     Rivera    Salazar  expresó:   

El  sistema  acusatorio  es  un  sistema  básicamente   de  rebaja  de  penas  y  de  otorgamiento  de  beneficios  y  de  negociación    y   de  acuerdos entre la Fiscalía  y  la  defensa…  el  sistema  está  concebido de esa manera, es un sistema de  rebaja        de       penas,       un       sistema       de       preacuerdos,     de     negociación    entre    Fiscalía   y  defensa.   

6.  Aciertan  en  sus  apreciaciones los  Legisladores  porque  la  Comisión Constitucional Redactora había acogido como  criterio  rector  básico  de  la  nueva sistemática, la política criminal del  consenso    o    justicia   consensuada  que  superaba  con   creces  la  filosofía del sometimiento recogida en el artículo 40  Ley  600  de  2000  con  descuento fijo, y que encuentra respaldo en los valores  justicia  y  orden  justo,  en  los   principios  de  la  dignidad humana y  democracia  participativa y pluralista, y en el fin del Estado Social de Derecho  de  facilitar  la  participación  de  todos  en las decisiones que los afectan,  consultando       la       doctrina       globalizada      del      pattegiamiento italiano, el asprach   alemán,   el   plea   bargaining   anglosajón   y  la  conformidad  española39.   Y   se  estableció  un  descuento  a  ponderar  (“hasta”),  con   

Una  relación  de política criminal  global  (sistémica) entre el descuento punitivo y el incremento generalizado de  penas  (leyes  906 y 890/04): “Un ordenamiento jurídico es un sistema en cuyo  seno  las  normas carecen de existencia singular pues sólo adquieren sentido en  función            del            todo”40.   

7.    La   Corte   Suprema41  insistió  en  el  criterio  que  el  allanamiento o aceptación de cargos no es igual a la  sentencia   anticipada,   pues  en  aquél  instituto  se  presenta  una  activa  participación   del  fiscal  y  del  imputado  que  incluye  las  consecuencias  punitivas  derivadas  de  lo  aceptado,  al  punto  que  la ley obliga al juez a  respetar  los  acuerdos,  aspectos  que  no eran contemplados en la legislación  anterior   toda   vez   que   en   ella   no   se   previó   ningún   tipo  de  negociación42. Se agregó que   

la  comparación  institucional de las dos  figuras  en  estudio,  es  decir,  la  sentencia anticipada del sistema procesal  anterior  y  la aceptación de cargos o de imputación actualmente reglada en la  Ley  906  de  2004 no son iguales, toda vez que pertenecen a sistemas procesales  de   enjuiciamiento   contrapuestos,   conclusión   lógica   y  jurídica  que  necesariamente  conlleva  a  excluir  la pretendida aplicación del principio de  favorabilidad  que reclama la Procuraduría Delegada, pues si bien es cierto que  la   Sala   ha   admitido   la   operancia  de  la  favorabilidad  frente  a  la  “coexistencia”  de legislaciones, también  lo  es  que   ella   se  verifica  siempre  y  cuando  los   institutos  partan  de los mismos supuestos de hecho, evento que en este caso no  ocurre.   

Y se puntualizó que  

aducir  que los dos institutos son iguales  por  cuanto  inciden en el campo de la punibilidad, es una afirmación sesgada y  genérica  que  no consulta tanto la estructura de cada sistema como los motivos  por  los cuales fueron incorporados a cada legislación, resaltándose que en la  Ley  906  de  2004  impera  como  principio la justicia consensual propia de los  sistemas de corte acusatorio.   

En   otra   providencia   se   recalcó  que   

la aplicación de la favorabilidad respecto  de  determinadas  normas  contenidas  en la Ley 906 a casos regulados por la Ley  600,  depende  de  la equivalencia de los respectivos institutos, la cual, desde  ya  se  advierte,  no  se  consolida  en  los  casos  de  la  aceptación  de la  imputación  en la audiencia de su formulación prevista en los artículos 293 y  351  de  la  primera  normatividad,  y  la  sentencia  anticipada regulada en el  artículo  40  de la segunda, pues además de que fueron moldeados con arreglo a  esquemas   constitucionales   diferentes,   configuran   institutos   procesales  sostenidos   en  bases  filosóficas  distintas:  aquél  en  el  paradigma  del  consenso,    ésta    en   el   del   sometimiento43.   

V  

Conclusiones  

          1. Las dos Cortes  nacionales  en  ejercicio  puro de sus funciones constitucionales de unificar la  jurisprudencia  nacional  al  hilo  de  los mandatos superiores y de definir los  alcances  de  los  derechos  fundamentales  en sentencias de constitucionalidad,  dijeron  que  en  el  tránsito  y coexistencia de los códigos de procedimiento  penal    de    2000    y    2004    era   viable   el   principio   –derecho de favorabilidad a condición  de:  (i)  no ser la figura correspondiente estructural de la nueva sistemática,  vr.  gr.,  el  principio de oportunidad, no obstante los vestigios que existían  en  la  antigua  codificación;  y  (ii)  ser  idénticas  las  dos figuras, por  ejemplo:   la   definición   de  situación  jurídica.  De  suerte  que:    

         

2.  La  doctrina  comparada,  de  donde el  legislador   nacional  tomó  la figura, puntualiza: (i) El instituto de la  conformidad  o de los acuerdos, es claro exponente del principio de oportunidad;  y    (ii)    la    conformidad    es    un   instituto   típico   del   sistema  acusatorio44.   

         3.  La política criminal del consenso que alentó al Constituyente y Legislador  históricos  de  2002  y  2004,  es distinta a la del sometimiento que rigió la  sentencia      anticipada      antigua      (2000),     aquella     –la del  acuerdo- recogida en los  artículos  8-d  y 10- de Principios y Garantías- y 354 -reglas comunes-, entre  otros.   

4.  Este  acervo  axial  y  de política  criminal  distinto,  llevaron  a  que  el  texto  de  las normas positivas fuera  claramente diferente (artículo 27 ccc):   

i)  “Sentencia  Anticipada.  A partir de la diligencia de indagatoria  y  hasta  antes  de  que  quede  ejecutoriada  la  resolución  de  cierre de la  investigación,  el  procesado  podrá solicitar, por una sola vez, que se dicte  sentencia  anticipada…  El juez dosificará la pena que corresponda y sobre el  monto  que  determine  hará una disminución de una tercera (1/3) parte de ella  por  razón  de  haber  aceptado  el procesado su responsabilidad…45.   

ii)  La  aceptación   de  los cargos  determinados  en  la  audiencia  de formulación de la imputación, comporta una  rebaja  hasta de la mitad de la pena imponible, acuerdo que se consignará en el  escrito            de           acusación46.   

5.  Por  esas  razones,  la aparente mayor  rebaja  que  contempla  la  última  preceptiva  no  se  puede aplicar por   favorabilidad  porque  es  “ilegal” de acuerdo con la propia interpretación  de  la  Corte  Constitucional en decisión  que hizo tránsito a  cosa  juzgada  (sentencia C-592/05), toda vez que la especie justicia consensuada y el  género  principio  de  oportunidad, son características del sistema acusatorio  global   y  colombiano  que   histórica  y   axiológicamente  marcan  diferencias     radicales     con     el     Ancien  Regimen  del  procesalismo  penal  nacional. Y no son  instituciones  idénticas,  talvez  lejanamente parecidas como dos primas de una  misma familia.   

Y si se hace un acertado uso del factor de  ponderación  “hasta” y no se aplica automática e irracionalmente el 50% de  rebaja,  no  siempre  la  rebaja  fija  de  la  tercera  parte  consagrada en el  artículo  40 Ley 600/00 sería inferior a aquella, además qué tal si se acoge  el  criterio  “garantista” según el cual la Ley 890/04, que en su artículo  14  sólo aumenta penas, rige desde siempre y en todo el país, que –concedo-  tiene  su  lógica desde el  seno  de la legislación que fijó posibilidades (“hasta”) de topes altos de  descuentos  para alentar al procesado a  buscar acuerdos que agilizaran los  procedimientos,  pero  con el simultáneo incremento punitivo de todos los tipos  penales  para que no hubiera impunidad, criterio rector de la política criminal  adoptada  para  la creación de la nueva sistemática procesal penal,  como  se resaltó atrás por repetida vez.   

VI  

Refrendación de un criterio  

1.      Mirando      procedimentalmente    la   figura   se  encuentra  fácilmente  que  al  detallarse  el  trámite  de la audiencia de la  formulación  de la imputación, se le señala al fiscal entre sus deberes el de  expresar   oralmente   (art.   288.3)   la  “posibilidad  del  investigado  de  allanarse    a   la  imputación  y  a  obtener  rebaja  de  pena   de  conformidad  con  el  artículo  351”,  que puede suceder por iniciativa   propia  o por acuerdo con la fiscalía (art. 293) pero que siempre requerirá de  acuerdo   respecto   del  “hasta”  de  la  aminoración de pena pues no siempre será el 50%, como sin  fundamentación  se  viene aplicando en algunas instancias tal vez para aligerar  presupuestos  carcelarios y  de congestión judicial. Es que la aceptación  de   la  imputación   a  que  se  refieren  los  artículos  288.3  y  293  –se     reitera-,   

comporta   una   rebaja   hasta  de la mitad de la pena imposible,  acuerdo que se consignará  en el escrito de acusación.   

   

    

2. Desde          el          ámbito         del         procesalismo,    se    pregunta:   (i)  ¿Será   que  cuando  el  imputado  acepta  los  cargos   pero no por  acuerdo    sino    por   allanamiento,   sí   puede  retractarse –art.  293 inc. 2 cpp-?. (ii) ¿Será que si  la aceptación de  cargos    sucede    por    allanamiento   y   no   por   acuerdo,   serán   existentes   las   realizadas   sin   la   existencia  del  defensor   -art.  354  cpp-?. (iii)) ¿Será que  sí   es   posible  utilizar  en  contra  del   imputado  las  conversaciones  tendientes  a  lograr un  allanamiento  como  no  es posible hacerlo con los que buscan “un acuerdo para  la  declaración  de  responsabilidad  en  cualquiera de sus formas”, art. 8-d  cpp?.  Y,  (iv)  d)  ¿Será que puede el juez autorizar los acuerdos  pero  no   los   allanamientos  –arts.  10  inc. 4 y 293  inc. 2 cpp?.   

Las    respuestas    dicen    que   la  “aceptación   de la imputación”,  bien por iniciativa propia del  imputado  o  por  acuerdo  con  la  fiscalía,  es  figura  global  –política    criminal-    de    la  justicia  consensuada que,  como   primera  modalidad,  registra   el   art.  351  inciso  inicial  en  texto  claro   que  reclama  “acuerdo”  para  fijar  el  “hasta” de la disminución punitiva.   

3. Así, siguiendo las pautas del Tribunal  Constitucional:  (i)  el  nuevo  código  de  procedimiento  penal  adoptó como  vertebral    de    su    sistemática,    la    filosofía    del   acuerdo     y     la     negociación  consagrando       en      el      art.      351     sus     “modalidades”,  en  cambio  de  la  del  sometimiento  del anterior  con   su   figura   estelar  de  la   sentencia  anticipada  (art.  40  ley  600/00).   Y,  (ii)  si  bien  es cierto que la primera “modalidad”, en  comienzo  tiene  perfiles  parecidos  a  ésta  -sometimiento o aceptación  unilateral  de  la  imputación-,   al requerirse de acuerdo o negociación  para   fijar  el  “hasta” de la pena imponible, presenta una mixtura de  las  antiguas  sentencia anticipada y audiencia especial, que hace exótico  el     predicado    de    identidad    entre esas figuras.   

4.  Recuérdese  que el cpp-91 acuñó por  primera  vez  en  Colombia  la terminación anticipada  del  proceso  creando  las  figuras  de  la sentencia  anticipada  (art.  37) y la audiencia especial (art. 37B), la  primera   de   las   cuales   implicaba  sometimiento con descuento  fijo    y   la   segunda  negociación,   que  por  supuesto   las   hacía   bien   diferentes.   El  Código   de  2000  (Ley  600/00)   sólo  consagró la primera especie y no la segunda, mientras que  el  estatuto  de 2004 estableció todas las modalidades bajo el rubro general de  “Preacuerdos   y   Negociaciones”   en   el   título   II  del  Libro  III,  “justicia  negociada”,  que  refleja,  además, la  influencia de figuras globalizadas, universales  y   trasnacionales  como  la  conformidad               española,              el              pattegiamiento italiano, el asprach   alemán   y  el  plea    bargaining    anglosajón.  Y,   

5. En fin: al respetar lo que originalmente  dijeron  las  Cortes colombianas sobre la viabilidad del principio-derecho de la  favorabilidad  en  el tránsito y/o coexistencia de estatutos procesales penales  (Leyes  600-2000  y  906-2004),  la  figura  del acuerdo y de la negociación es  propia,  característica,  típica  y  medular  del  sistema acusatorio, y no es  idéntica  a  la  sentencia  anticipada  del viejo código porque tanto la   axiología  contenida  en  la  política  criminal  respectiva  como  los textos  positivos  que  elaboraron  los  legisladores  históricos correspondientes, los  hacen  diferentes.  Por eso estimo que la interpretación en contrario es ilegal  y   sobre   un   tal  predicado  no  se  pueden   edificar  derechos.    

Cordialmente,  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1 “Y,  así,  debiendo  la  ley, en virtud de tales exigencias concebir la pena como un  mal     necesario    y    proporcionado  a  la   gravedad  del  delito,  en  el  corazón  mismo  del  principio  de  legalidad   se  halló  inscrito,  naturalmente, otro, el de  intervención  mínima  o proporcionalidad   en   sentido   amplio”.   Tomás  Vives  Antón,  Principio  de  legalidad,  interpretación  de  la  ley    y   dogmática   penal,  en  Estudios de filosofía del derecho  penal,  Bogotá, Uni-Ext., 2006, p. 298. El principio  de  legalidad  aparece,  además  de  antitético  del  principio de oportunidad  (artículos  250  Const. Pol. y 321-330 cpp-2004), en el estatuto procesal penal  último  como  principio  rector  y  garantía  procesal  (artículo  6), y como  criterio  modulador  de la  actividad procesal (artículo 27). Para mí una  pena  es legal cuando se tasa dentro de los parámetros que establece la ley. El  valor  justicia  implica  que  no  haya impunidad. Y no hay pena justa cuando se  reconocen   atenuantes  ilegales,  es  decir,  que no contempla la ley  como    “fin   de   regulación”,   “idea   fundamental”   o   “razón  justificante”,  o  porque  no  haya  razonabilidad  axiológica  que  entre en  fricción   con   el   tenor   literal   del   enunciado,   como   adelante   lo  demuestro.   

2 Yesid  Ramírez  Bastidas,  Aclaración  de voto,  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de  casación  de 16 de mayo de 2007, radicación 23934, M.P. Álvaro Orlando Pérez  Pinzón.  El  principio de legalidad se traduce en materia penal en la necesidad  imperiosa  e insoslayable de que el legislador defina previamente el delito y la  pena,  el  juez  competente, las formas propias de cada juicio y las condiciones  de  ejecución  de  la  sanción,  con  lo  que  se  delimita  el  ejercicio del  ius  puniendi  y se ata al  parlamento  a  los  contenidos  supremos,  pues  éste  debe  responder  “a la  realización  de  los  fines sociales del Estado, entre ellos, los de garantizar  la  efectividad  de  los  principios,  derechos  y  deberes  consagrados  en  la  Constitución   y   de   asegurar  la  vigencia  de  un  orden  justo”.  Corte  Constitucional, Sentencias SU-1722/00 y C-070/96.   

3 “La  garantía      de      la      defensa      corresponde      a      todas  las partes… De hecho, en muchos  casos  es  una   afirmación  casi  automática,  aquella de que la defensa  corresponde  a  la  parte  pasiva  del  juicio…  Sin  embargo, no consideramos  acertada  esta  reducción  subjetiva  de  la garantía de la defensa a una sola  parte,  sino  que,  por  el contrario, entendemos que se dirige y ampara a todas  las  partes  del  proceso, en lo que constituye, por cierto, una característica  esencial  a  tener  en  cuenta  para  la elaboración  del concepto de esta  garantía     constitucional”.     Alex     Carroca    Pérez,    Garantía   constitucional   de   la  defensa  procesal,  Barcelona,  Bosch,  1998,  p. 86-87. Y además resulta elemental  que  la parte sea parcial por y para sus intereses; que el litigante también lo  sea  según  los  intereses  de  la   parte  que  asiste,  sea  victimario,  víctima,    tercero    civilmente   responsable   o   asegurador   –sistema  de  partes-;  pero  el  juez  tiene  que  ser  imparcial,  independiente  y  autónomo,  el fiel de la balanza a través de la ponderación  de  derechos.  María  Inmaculada  Ramos  Tapia,  Los  deberes   de  imparcialidad  y  vinculación  exclusiva  al  Derecho,      en      El      delito     de  prevaricación, Valencia, Editorial Tirant lo blanch,  2000, p. 146.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, providencias 11 julio de 2007 y  10 abril 2008.   

5  Manuel  Atienza,  Las razones del derecho, México, UNAM, 2003, p. 1.   

6  Manuel   Atienza,   Las   razones…,   ob. cit., p. 25-26.   

7 Pablo  Raúl     Bonorino     y     Jairo     Iván     Peña    Ayazo,    Argumentación    judicial,   Bogotá,  Consejo Superior de la Judicatura, 2003, p. 23.   

8  Robert    Alexis,    Teoría    de   los   derechos  fundamentales,    Madrid,    Centro   de   Estudios  Constitucionales, 1993.   

9 “En  razón  de  esta  función,  la  ponderación  se  ha  convertido en un criterio  metodológico  indispensable  para el ejercicio de la función jurisdiccional…  que   se   encarga   de   la  aplicación  de  normas  que,  como  los  derechos  fundamentales,  tienen  la   estructura  de  principios”.  Carlos  Bernal  Pulido,   El  derecho  de  los  derechos, Bogotá, Uni-Ext., 2005, p. 139 y 97.   

10  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, providencias de julio 11 de  2007  y  abril  10 de 2006. Corte Constitucional, Sentencias C-580/02, C-004/03,  C-979/05,  C-1154/05,  C-370/06,  C-454/06  y  C-209/07.  Por  supuesto  que las  víctimas  son  titulares  de  un  amplio  elenco  de derechos fundamentales que  ganaron  espacio en la conciencia de los Pueblos, en su  axiología y en la  normatividad   positiva,  especialmente  después   de  la  Segunda  Guerra  Mundial  (1945),  cuando el Estado Social y Democrático surge para proteger los  derechos  de  tercera  generación,  en  particular  la Paz (artículo 22 Const.  Pol.).  La  Carta  Política les hace un amplio registro en los artículos 1, 2,  15,  21, 29, 229, 250 y 251, además del bloque de Constitucionalidad (artículo  93  Const.  Pol.),  que  se  han  materializado en derechos a la verdad sobre lo  ocurrido   (para  la  memoria  individual  y  colectiva,  y  para  que  no  haya  repetición),  para  que haya justicia (se evite la impunidad, así sea parcial)  y   efectiva   reparación   (que  en  sus  distintas  vertientes,  requiere  de  verdad  completa  y   penas   “legales”  y  “justas”).   

11  Luigi   Ferrajoli,  Derecho y Razón. Teoría del  garantismo  penal, Madrid, Editorial Trotta, 1995, p.  853.        “Son         ‘derechos   fundamentales’    todos    aquellos    derechos   subjetivos   que   corresponden  universalmente  a  todos los  seres  humanos  en  cuanto dotados del status  de personas, de ciudadanos o  personas  con  capacidad  de  obrar;  entendiendo   por  derecho  subjetivo  cualquier  expectativa  positiva  (de  prestaciones)  o  negativas (de no sufrir  lesiones)  adscritas  a  un  sujeto  por  una  norma  jurídica; y por status la  condición  de  un  sujeto,  prevista asimismo por una norma jurídica positiva,  como  presupuesto de su idoneidad para ser titular de situaciones jurídicas y/o  autor  de  los  actos  que  son  ejercicio  de éstas”. Luigi  Ferrajoli,  Los      fundamentos      de     los     derechos  fundamentales, Madrid, Editorial Trotta, 2001, p. 19.   

12  Jesús-María     Silva    Sánchez,    Sobre    la  “interpretación”  teleológica  en Derecho Penal,  en  Estudios  de filosofía  del Derecho Penal, Bogotá,  Uni-Ext., 2006, p. 373.   

13  Jesús-María   Silva   Sánchez,   Sobre…, ob. cit., p. 376.   

14  Kant  señala  que  “cuando se infringe la justicia no tiene ningún valor que  los hombres vivan sobre la tierra”.   

15  Código Penal de 2000, artículo 4°.   

16  Jesús  Orlando  Gómez  López, La teoría del delito  desde  la  perspectiva de la Constitución venezolana,  Barquisimeto, Judec, 2008, p. 38.   

17  Claus    Roxin,   Conclusiones   finales   en   Crítica  y  justificación  del  derecho  en  el  cambio  de siglo, Cuenca, Universidad  Castilla-La  Mancha,  2003, p. 319. “Un adecuado sistema de política criminal  debe  orientar  la  función  preventiva  de  la  pena  con  arreglo a los   principios  de  protección  de  bienes  jurídicos,  de  proporcionalidad  y de  culpabilidad,  Síguese de ello, que la Constitución conduce a un derecho penal  llamado  a desempeñar, dados unos presupuestos de garantía de los derechos del  procesado  y  del  sindicado, una función de prevención general, sin perjuicio  de  la  función  de  prevención especial”. Corte Constitucional, Sentencia 7  dic. 1993.   

18  Claus       Roxin,       Conclusiones… ob. cit., p. 319.   

19  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, auto de segunda instancia  de 11 de julio de 2007, radicación 26945.   

20  Mientras  que  para  Kelsen la efectividad aparece vinculada a la existencia del  Estado  y  a  la  capacidad  de imposición política, para Hart el principio de  efectividad se plasma en términos de regla o práctica social.   

21  Joseph  Aguiló  Regla,  Sobre  la  Constitución del  Estado  Constitucional,  Doxa, 24, Alicante, 2001, p.  455.   

22  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, autos de segunda instancia  de  11  de  julio  de  2007,  radicación  26945,  y  de  10  de  abril de 2008,  radicación 29472.   

23  Véanse:   Gerardo   Landrove   Díaz,   La  moderna  victimología,  Valencia, Editorial Tirant lo Blanch,  1998;  M.  Carmen Alastuey Dobón, La reparación a la  víctima  en  el  marco  de  las  sanciones  penales,  Valencia,  Editorial  Tirant  lo Blanch, 2000; Alberto Alonso Rimo, Víctima  y  sistema  penal:  las  infracciones  no perseguibles de  oficio  y el perdón del ofendido, Valencia, Editorial  Tirant     lo     Blanch,     2002;    Julio    Jorge    Urbina,    Protección  de  las  víctimas  de  conflictos  armados,  Naciones  Unidas  y Derecho Internacional Humanitario, Valencia,  Editorial  Tirant  lo  Blanch,  2000; y, Comisión Colombiana de Juristas (ed.),  Principios   internacionales   sobre   impunidad   y  reparaciones,  Bogotá,  Opciones  Gráficas Editores  Ltda., 2007.   

24 La  fijación  de  los límites mínimo y máximo de la escala de penas se conoce en  la    doctrina    como   proporcionalidad   cardinal  o   absoluta.   Adrew   von   Hirsch,   Censurar  y  castigar,  Madrid,  Editorial Trotta, 1998, p.45 s.s.  “Estatuir   que  nadie  puede  ser  juzgado  sino  conforme  a  las leyes  preexistentes  al  acto  que se le imputa, implica que  para condenar a una  persona  se  requiere que su conducta esté previamente definida como delito; de  la     misma     manera    que    sólo    puede   imponérsele   la  pena  previamente  establecida  en  la  ley.  Se  trata del  apotegma  universalmente  conocido  como  “nullum  crimen,  nulla  poena  sine  lege”.  El  principio de legalidad opera en un doble sentido, (i) como límite  al  ejercicio  del  poder  punitivo  del  Estado,  en la medida en que le impone  definir  previamente  qué  acciones  son  constitutivas  de  delitos y cuál la  sanción  a  aplicar  por  su   realización; y (ii) como garantía para el  procesado  y  la  comunidad, atendida la certidumbre que genera el saber de  antemano  que sólo será objeto de sanción penal la conducta erigida en delito  por   la   ley   y   que   únicamente   se   impondrá   la  pena  dentro  de  los límites cuantitativos y  cualitativos  establecidos  por  la misma”. Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal, Casación,  radicación  28059,  M.  P.,  Dra.  María del Rosario González de Lemos. “En  efecto,   los ciudadanos deben conocer los comportamientos  prohibidos  y  por lo mismo elevados por el legislador a la categoría  de delitos así  como  la correspondiente sanción previamente establecida a fin de contar con la  certeza  de que sólo podrán ser  sancionados en razón de la comisión de  una  conducta punible dentro  de  los  límites cuantitativos y cualitativos consagrados con  antelación  en  la  ley, sin que tales marcos puedan desbordarse a discreción o capricho de  los  funcionarios  judiciales”.  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación  Penal,     Casación,  radicación 24.030, M. P., Dr. Julio Enrique Socha Salamanca..   

25  Corte     Constitucional,    sentencias    C-004/03    y    C-871/03,    refiriéndose   al   non  bis  in  ídem y declarando que tal  principio  no  es  absoluto.  “En  el ámbito internacional se ha llegado a un  consenso  general  en la necesidad de considerar a las víctimas del delito como  parte   principal,    junto   al   victimario    y   en   igualdad   de   condiciones,   de   la  política   criminal  de  los  Estados.  Se trata de una exigencia social y  humana:  hoy,  el  llegar a ser víctima no se considera un incidente individual  sino  un problema de política social, un problema de derechos fundamentales”.  Alfonso  Daza  González,  Víctimas  en  el  Sistema  Procesal   Penal   Acusatorio,  Bogotá,  Universidad  Libre, 2006, p. 56.   

26  Ángel  Puyol,  El discurso de la igualdad, Barcelona, Editorial Crítica, 2001, p. 203.   

27  “Con  el  fin  de humanizar la actuación procesal y la pena; obtener pronta y  cumplida  justicia;  activar  la solución de los conflictos sociales que genera  el   delito;   propiciar   la   reparación  integral  de  los   perjuicios  ocasionados  con  el injusto y lograr la participación del imputado en la   definición  de  su  caso, la Fiscalía y el imputado o acusado podrán llegar a  preacuerdos que impliquen la terminación del proceso”.   

28  “En   los  delitos  en los cuales el sujeto activo de la conducta punible  hubiese  obtenido  incremento patrimonial fruto del mismo, no se podrá celebrar  el  acuerdo  con  la  Fiscalía  hasta  tanto  se  reintegre,  por  lo menos, el  cincuenta  por   ciento del valor  equivalente al incremento percibido  y se asegure el recaudo del remanente”.   

29  “Las  reparaciones  efectivas  a  la  víctima  que  puedan  resultar  de  los  preacuerdos   entre fiscal e imputado o acusado,  pueden aceptarse por  la  víctima.   En  caso  de  rehusarlos,  ésta  podrá acudir a las vías  judiciales  pertinentes”.   

30  Silvia  Barona  Vilar,  La  conformidad en el proceso  penal, Valencia, Editorial Tirant lo blanch, 1994, p.  31.   

31  Luis     Enrique    Romero    Soto,    Derecho  Penal,  Parte General, Editorial Temis, 1969, p. 553.  “…a  la  cabeza  de sus grandes problemas y mayores desgracias, la impunidad  en  Colombia,  junto  con la violencia, la  corrupción y el narcotráfico,  se  erigen  como  una  de  las peores culturas de lastre que tanto contribuyen a  mantenerla   sumida   en   su   profunda   crisis”.  Germán  Puyana  García,  ¿Cómo    somos    los    colombianos?,  Bogotá,  Editorial Panamericana, 2005, p. 275. El examen diario  de  expedientes  ha  señalado la práctica judicial discutible de reconocer sin  más,  a un allanado el máximo del descuento, que no puede suceder, vr. gr., en  casos  de  flagrancia  o  de  prueba  de cargo contundentes. Y si  ese  descuento  es  razonado,  más  el incremento  generalizado de penas por el  que  aboga  el  Magistrado  Gómez  Quintero, del artículo 14 de la Ley 890/04,  vigente  –según él desde  los  albores del sistema acusatorio colombiano-, por supuesto que la rebaja fija  de   1/3   de  pena  consagrada  en  el  mentado  artículo  40,  será  siempre  mayor.    

32  Luis  Camilo  Osorio  y  otros,  Prólogo,        Presentación  y  SPA: una política criminal para la  lucha  contra  la  impunidad en un marco reforzado de derechos, en Nuevo código  de   procedimiento  penal,  Bogotá,  CEJ,  2004,  p.  21-40.   

33  “En  Colombia,  la  adopción  mediante  reforma constitucional, de este nuevo  sistema   procesal   penal,  perseguía  en  líneas  generales  las  siguientes  finalidades:   (i)  fortalecer  la  función  investigativa de la Fiscalía  General  de la  Nación, en el sentido de concentrar los esfuerzos de ésta  en  el  recaudo  de la prueba; (ii) establecimiento de un juicio público, oral,  contradictorio  y  concentrado; (iii) instituir una clara distinción entre  los  funcionarios  encargados  de investigar, acusar y juzgar, con el propósito  de  que  el sistema procesal penal se ajustase a los estándares internacionales  en  materia  de  imparcialidad  de los jueces, en especial, el artículo  8  del  Pacto  de  San  José  de  Costa  Rica;  (iv) descongestionar los despachos  judiciales  mediante la supresión de un sistema procesal basado en la escritura  para  pasar  a la oralidad, y de esta forma, garantizar el derecho a ser juzgado  sin  dilaciones  injustificadas; (v) modificar el principio de permanencia de la  prueba  por  aquel  de  la  producción de la misma durante el juicio oral; (vi)  introducir  el  principio de oportunidad; (vii) crear la figura del juez de  control  de  garantías;  e  (viii)  implementar  gradualmente  el nuevo sistema  acusatorio”.  Corte Constitucional, Sentencia C-591/05.   

34  Corte  Constitucional,  Sentencia  C-591/05.  Además,  repárese Exposición de  Motivos  del  Proyecto  de Acto Legislativo No. 237 de 2002 Cámara, por el cual  se  modifican los  artículos 234, 235, 250 y 251 de la Constitución   Política,  y  Juan-Luis  Gómez  Colomer, El Tribunal  Penal  Internacional:  investigación  y  acusación,  Valencia, Editorial Tirant lo blanch, 2003, p. 55.   

35  Luis   Alfredo  de  Diego  Díez,  Justicia  criminal  consensuada,  Valencia,  Editorial  Tirant  lo   blanch,  1999,  p.  75.  “Estos acuerdos informales (en Alemania) funcionan de  forma   similar   al   plea   bargaining   de  los  EU  (y)  lo  que  en  Alemania fue producto de una  práctica  judicial  ha  sido introducida en España y en Italia por los propios  legisladores”.    Silvia    Barona    Vilar,    La  conformidad…, ob. cit., p. 32.   

36  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, Sentencia Única Inst.  agosto   3   de   2005,   radicación   19094,   M.   P.,   Dr.  Yesid  Ramírez  Bastidas.   

37 La  Corte  Constitucional hizo expresa referencia a los autos del 4 de mayo de 2005,  radicaciones  19094  (reiterado  en  el  auto de 7 de abril de 2005, radicación  23312) y 23567.   

38  “La  definición, como la  palabra lo sugiere, es primariamente una   cuestión   de  trazar límites o discriminar entre un tipo de cosa y otro,  que  el  lenguaje  distingue mediante una palabra  separada”. H.L.A.  Hart,    El    concepto    de   Derecho,   Buenos   Aires,   Editorial   Abeledo-Perrot,   1977,   p.  13.  «Parecido»  significa tener determinada apariencia o aspecto que le asemeja a  algo;  «similar» es lo que tiene semejanza o analogía  con      algo.      Son      expresiones      sinónimas     de     «semejante»  que significa que las partes guardan  todas  respectivamente la misma proporción en relación con otra. Es parecido a  lo     que     ocurre     con    los    vocablos     “equiparable”    y  “analogía”. «Idéntico» significa lo  mismo  que  otra cosa (institución) con que se compara. Véase  Diccionario de la Lengua Española, 22 edición.   

39 El  Comisionado  encargado del tema, escribió: “No debe perderse de vista que los  preacuerdos y negociaciones,   bien   entendidos   y  acertadamente   ejecutados,   procuran   imprimirle   rapidez   al  trámite  de  juzgamiento,   sobre   la   base   de   un   consenso  justo,  pudiéndose decir que si bien el procesado es  el  creador  del  conflicto  también  debe  intervenir  como  parte decisiva”  Gustavo  Gómez  Velásquez,  Aproximación al tema de  los       preacuerdos       y       negociaciones  en  el  cpp  –arts.    348   a    354-,   en  Sistema  penal  acusatorio,  Bogotá, Fiscalía General de la Nación, 2005, p. 69 ss.   

40  Camino  Vidal  Fueyo, El principio de proporcionalidad  como  parámetro, en Anuario  de  derecho constitucional latinoamericano, 11° año,  T.II.,     Montevideo,    Fundación    Honrad    Adenauer    Stiftung,    2005,  p.430.   

41 Que  acaba  de  decir: “En realidad, no parece razonable que en el sistema procesal  anterior  la  víctima  pudiera disponer de su  pretensión indemnizatoria,  pero  en  el  nuevo,  cruzado  transversalmente  por  el  instituto  de las  negociaciones,   preacuerdos  y  acuerdos,  esa capacidad dispositiva quede  limitada”.  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, Sentencia  abril 9 de 2008, radicación 28161.   

42  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de casación, 23  de agosto de 2005.   

43  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de casación, 23  de  mayo  de  2006,  radicación  25300,  con  reiteración  en  la sentencia de  casación de 3 de mayo de 2007, radicación 23486.   

44Silvia      Barona      Vilar,     La  conformidad…, ob. cit., p. 31 y 33.   

45  Artículo 40 Ley 600 de 2000.   

46  Artículo 351 inc. 1° Ley 906 de 2004.     

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