30433(22-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 30433  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 304   

Bogotá D. C., veintidós (22) de octubre de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Califica  la  Sala  el aspecto formal de la  demanda  de  casación presentada por el apoderado de JUAN CARLOS  CASTILLA  MÉNDEZ,  a  quien  el Juzgado Cincuenta Penal del Circuito de Bogotá, mediante  sentencia  de  23  de noviembre de 2006, condenó a la pena principal de sesenta  (60)  meses de prisión como autor del delito de actos  sexuales   con   menor   de   14   años,  agravado  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo;  a  inhabilitación  para  el  ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas   por  el  mismo  período;  al  pago  de  perjuicios  morales  por  valor de cinco (5) salarios mínimos legales mensuales  vigentes  a  favor  de  la  representante  legal  de  la  menor;  y, le negó la  sustitución  de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria. Apelada la  decisión,  el  14 de marzo de 2008, el Tribunal Superior de la misma ciudad, la  confirmó.   

HECHOS  

1.   El   Ad  quem los relató de la siguiente manera:   

“Los  hechos  a  los cuales se refiere el  presente  asunto  ocurrieron  en  los  primeros  meses de 2003 en el apartamento  ubicado  en  la  calle 3 #3-B-20, barrio Santa Isabel de esta ciudad, residencia  de  los  abuelos  paternos  del  niño Nicolás Castillo Hurtado (q.e.p.d.) para  entonces  de  cuatro  años  de  edad, el cual compartía una habitación con su  tío  Juan  Carlos  Castilla  Méndez  , a quien señaló de haber manipulado su  miembro  viril, por encima de su ropa, varias veces en horas de la noche, lo que  dio  lugar  a  un  examen  por parte de la psicóloga Edith Amparo Rojas Roberto  ante  la  Fiscalía, la cual profirió resolución inhibitoria el 5 de junio del  mismo  año y dispuso se investigara la conducta de Juan Carlos Castilla Méndez  por presunto abuso sexual en el menor.”   

ACTUACIÓN RELEVANTE  

1. En Resolución de sustanciación de 8 de  marzo  de  20061,   la  Fiscalía  declaró  cerrada  la  investigación; y en  interlocutorio  de  4  de abril del mismo año, calificó el mérito del sumario  con  acusación  contra JUAN CARLOS CASTILLA MÉNDEZ2,  como  autor  del  delito de  actos  sexuales  con  menor  de 14 años, agravado en  concurso sucesivo.   

Apelada  la  decisión  por el defensor del  acusado,  en  resolución  de 13 de junio de 2006, la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal Superior de Bogotá, la confirmó.   

2. Remitido el expediente para adelantar la  etapa  del  juicio,  el  6  de septiembre de 2006, se llevó a cabo la audiencia  preparatoria;  el  26  de  octubre y 15 de noviembre3,   se   realizó   la  vista  pública  de juzgamiento, al cabo de la cual, en sentencia de 23 de noviembre de  la             misma            anualidad4,  el  Juzgado Cincuenta Penal  del  Circuito  de  Bogotá, condenó a JUAN CARLOS CASTILLA MÉNDEZ, en la forma  ya reseñada.   

3.  Apelada  la  anterior  decisión por el  abogado  de  JUAN  CARLOS CASTILLA MÉNDEZ, fue confirmada por la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de Bogotá, en fallo de  14 de mayo de 20085.   

4. Inconforme con la sentencia, el defensor  de  JUAN  CARLOS CASTILLA MÉNDEZ la impugnó y ahora la Sala estudia el aspecto  formal del libelo casacional.   

LA  DEMANDA   

Como  única,  el  defensor  de JUAN CARLOS  CASTILLA  MÉNDEZ,  postula  una  censura  con  base  en  la  causal  primera de  casación  del  artículo  207  del  Código  de Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000),  cuerpo  segundo,  pero  en  el desarrollo del escrito, plantea otro, con  fundamento en el primer apartado de la misma nomenclatura.   

Primer    cargo:    “CARGO    UNICO  (sic)”.   

Ataca  la  sentencia  del  Tribunal, por la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial por falso raciocinio que llevó al  “quebrantamiento de normas sustanciales frente a la  prueba” y se dejó de aplicar en forma “mediata”    los   artículos   12  (culpabilidad),  22  (dolo),  209  (actos  sexuales  con menor de 14 años), 211  (circunstancias  de agravación), del Código Penal (Ley 599 de 2000)); 7 (duda)  ,  232 (prueba necesaria), 233 (medios de prueba),237 (libertad probatoria), 238  (apreciación  de las pruebas conforme a la sana crítica) 284 a 287 (indicios),  del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000).   

Expone     como     motivos,     los  siguientes:   

         -.  “El tribunal ataca las reglas de la  tarifa  legal  al  darle  extrema credibilidad y mal interpretando el testimonio  del   menor”,  declaración  que  como  prueba  fue  practicada  en  forma  indebida,  al  ser  recepcionada  por el fiscal del caso,  cuando  lo  correcto  era que, el interrogatorio se desarrollara por parte de un  profesional  en  psicología  infantil,  con  la  supervisión de un defensor de  familia,  respetando  las garantías constitucionales para no ejercer injerencia  en las respuestas del niño.   

-.   El  fallador  no  otorgó  el  valor  “necesario  a  la  prueba  practicada  por medicina  legal”,  donde  el menor no recordó nada sobre los  hechos.  Conforme a la legislación, el perito no podía dar apreciaciones, más  aún,  las  no  pedidas;  la  que  rindió  es  ambigua; y el juzgador, toma una  decisión   al   extremo,   por   efecto   de   un  indicio  que  no  puede  ser  aplicado6.   

Ante  la  ausencia  de  recuerdo  sobre los  sucesos   por   la   víctima,   dice   el   censor,   surge   la   “duda  que  debió  valorar  a favor del implicado”.   

-.   El   Ad  quem,  se  apartó del aspecto subjetivo del tipo que  exige   el  actuar  doloso  del  agente,  como  “la  satisfacción  personal  por parte del agente” en la  realización    del    acto   sexual.   Esta   circunstancia   la   “da    por    enterada    pero   nunca   analizada”  y,  entre  el tío y sobrino víctima, dada su cercanía, siempre  existió  un  trato  con  juegos de confianza sin que conllevaran a “un actuar mórbido”.   

Discrepa de las calificaciones en el fallo,  sobre  el  actuar  libidinoso del procesado, “cuando  esta  apreciación  no  puede ser valorada sin al menos dar recibo a las pruebas  recaudadas,  pues es difícil que una persona de las características personales  y  sociales de mi defendido sienta placer en los hechos descritos, pues es claro  que  no  existían  caricias  y éstas para el caso en concreto si deberían ser  necesarias,  pues  no había manipulación como lo quiere hacer ver el honorable  ad  quem, sino simple roce o para ser exactos maltrato por así decirlo, más no  una actitud morbosa o sexual.”   

Precisa que el Tribunal carecía de pruebas  para acreditar un comportamiento sexual.   

-. El actuar doloso del acusado no se probó  y  la  primera versión del infante sobre la conducta de su tío apretándole el  pene, no fue corroborada ante los peritos.   

-.  El  juez  de segundo grado “deja  de  un  lado” la prueba de la  carta  aportada  al  expediente  por  los  padres  del  menor,  donde  ponen  en  conocimiento  la  enfermedad  que padece; la subvención que recibe de parte del  implicado;   el   permanente   trato   con   éste;  y  la  ausencia  de  nuevos  señalamientos  por  el  comportamiento  reprochado.  Aspectos  a  partir de los  cuales  debió  “presumir  la  inocencia del señor  Castilla    y    no    aplicar     la    norma   en   la   forma   objetiva  simplemente.”   

Solicita “CASAR  PARCIALMENTE” la sentencia y en su lugar absolver a  JUAN  CARLOS  CASTILLA  MÉNDEZ,  por  la  duda evidente en la ocurrencia de los  hechos.   

Ahora  y  como  “CAPÍTULO  SEGUNDO”,  propone un nuevo reproche.   

Segundo cargo: (Subsidiario).  

“CAUSAL  DE  CASACION  QUE SE INVOCA COMO  CARGO  SUBSIDIARIO  O  EXCLUYENTE:  VIOLACIÓN DIRECTA DE LA LEY SUSTANCIAL, CON  FUNDAMENTO  EN  EL  INCISO  FINAL DEL ARTÍCULO 212 DEL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTO  PENAL.”   

Expone como argumentos:  

-. Acusa la sentencia del Tribunal  por  haber  violado  de manera directa la ley sustancial al excluir en forma evidente  el  artículo  32, numeral 10 y aplicación indebida de los artículos 209 y 211  del Código Penal.   

En  un  acápite siguiente, bajo el título  “DEMOSTRACIÓN  DEL  CARGO  ÚNICO”,  cita y transcribe jurisprudencia de la  Sala   Penal  de  la  Corte,  sobre  el  tema  de  error  de  tipo,  para  luego  expresar:   

-.  Si  se  entra a determinar el actuar de  JUAN  CARLOS  CASTILLA  MÉNDEZ,  “podemos encontrar  que  se  evidencia  un trato juguetón y pesado  entre el mencionado con su  sobrino  ,  sin  tener  que  llegar  a  manifestar  que  se  tratara el mismo de  carácter  sexual,  pues  bien  es sabido  no solo (sic) por nuestra propia  idiosincrasia  ,  que  los  juegos  bruscos  son  propios  de  los hombres, y se  presentan   en   cualquier   edad,   entonces   si  en  algún  momento  su  actuar   consistió  en un golpe o apretón fuerte de las partes nobles del  menor,  este  surgió  con  ocasión  de  la  brusquedad propia de la condición  machista…”  y  no  se  puede  considerar como una  acción libidinosa, tampoco implique un hecho sexual.   

-. Si en la sentencia no se hubiera excluido  la  norma  relativa  al  error de tipo descrita en el artículo 32, numeral 10°  del  Código  Penal  y  en su lugar, se hubiese tenido en cuenta la personalidad  del  implicado  la  ausencia de antecedentes y las circunstancias de atenuación  punitiva, no habría sido de condena.   

Solicita Casar la sentencia y se absuelva al  procesado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La  demanda presentada por el apoderado de  JUAN  CARLOS  CASTILLA  MÉNDEZ  no  satisface  los requisitos de argumentación  establecidos  en  el  artículo  212 de la Ley 600 de 2000. Debido a ello, será  inadmitida.   

1.  Dado  que el recurso extraordinario de  casación  se  rige por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda  delimitan  la  competencia  de  la Sala de Casación Penal, con excepción de la  nulidad   que  puede  ser  decretada  oficiosamente  en  aras  de  proteger  las  garantías fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye una especie de  tercera  instancia;  no  consiste en someter a un nuevo juicio a los procesados,  ni  en  sede  de  casación puede postularse un debate probatorio generalizado y  sin  acatamiento  de  la  lógica  argumentativa  que  le  es inherente, pues el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino como una excepcional vía de llevar a conocimiento del máximo  tribunal  de  la  jurisdicción ordinaria el fallo proferido por el Ad-quem,  por las causales taxativamente  señaladas  en  la  ley,  que  hubiesen sido seleccionadas y desarrolladas en la  demanda.   

Por  ello,  el  recurso  de  casación  se  concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin   a   la   violación   de  la  Constitución  Política,  del  bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y  de  la  ley, que se refleja en la sentencia de segunda instancia,  por  errores de juicio o de actividad, y como tal comporta la elaboración de un  razonamiento  lógico jurídico sobre la sentencia misma, siguiendo el derrotero  trazado en las causales invocadas.   

No  se  trata  de exigirle al libelista la  estructuración   de   fórmulas  únicas  o  sacramentales  para  postular  sus  reproches,  ni  se precisa siquiera que utilice la terminología acuñada por la  doctrina  y  la  jurisprudencia  para designar las distintas especies de errores  posibles.  Sin embargo, sí es de esperar su discurrir de un modo claro, lógico  y  profundo,  hasta demostrar que el fallo presenta defectos protuberantes en su  estructura   jurídica,   de   tal   suerte  que  no  es  factible  mantener  su  vigencia.   

2.  Las  siguientes, son las impropiedades  más sobresalientes en las que se incurre en la demanda:   

2.1. Primer Cargo.  

La  inicial  glosa  que  merece la censura  postulada   por   violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  falso  raciocinio,  lo constituye la  carencia    de    desarrollo    y    presentación    metodológica    de    sus  planteamientos.   

El  recurrente omite identificar de manera  concisa  los  medios  de convicción sobre los que recae el ataque, para luego y  sin  ninguna concreción, esbozar reparos de distorsión probatoria en la prueba  indiciaria  que  tampoco  precisa,  en  una  presentación confusa, repetitiva y  llena  de expresiones conclusivas, donde el recurrente no logra ubicar de manera  específica la forma de violación.   

Con tal modo de argumentar, se vulneran los  principios  de  claridad,  precisión y razón suficiente que deben caracterizar  una debida demanda en esta sede de impugnación.   

Otra  equivocación,  se  encuentra  en la  permanente  entremezcla de ataques. Anunciado el falso  raciocinio   el  recurrente  controvierte  en  forma  reiterada  el  valor  suasorio  otorgado  por  el  Tribunal  a  los elementos de  persuasión,  cuando  esboza  el  desconocimiento  por  parte  del  ad   quem,   de  la  tarifa  legal,  al  otorgarle  un  mérito  probatorio e interpretación al testimonio del menor y a  la    prueba    pericial    practicada    por   medicina   legal;   falso  juicio  de  convicción,  por  la  irregular  producción  y  aducción  de  los  mismos  medios de prueba; y luego  sugiere,  el  desconocimiento  de  la  aplicación  del  principio  de  la  duda  probatoria a favor del acusado, ataques que tampoco desarrolla.   

De  esta  manera  aparentemente insinúa e  insinúa  falsos juicios de legalidad, falsos juicios  de  identidad, falso juicio  de   convicción,   falsos   juicios   de   legalidad   y   nulidad,   en   contravía  de  los  principios  de  autonomía,  claridad,  precisión,  profundidad,  razón  suficiente y debida argumentación, que rigen  la   extraordinaria   impugnación,  todo  dentro  del  cargo  por  falso raciocinio.   

Resulta oportuno destacar y como de manera  reiterada  lo  ha  expuesto  la  Sala,  que  el falso  raciocinio  se  presenta,  cuando  a  una  prueba que  existe   legalmente   y  es    valorada    en    su   integridad,  el  juzgador  le  asigna  un mérito o fuerza de convicción que  transgrede  los  postulados  de  la  sana  crítica;  es decir, las reglas de la  lógica, la experiencia común y los dictados científicos.   

Esta  especie de error exige al demandante  indicar  cuál  postulado  científico,  principio de la lógica o máxima de la  experiencia  fue desconocido por el juez; además, demostrar la trascendencia de  ese   yerro,   de  modo  que  sin  él,  el  fallo  hubiera  sido  diferente;  y  concomitantemente   indicar   cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  el  raciocinio  lógico  o  la  deducción por experiencia que debió aplicarse para  esclarecer el asunto debatido.   

En  todos los casos, es preciso referir la  trascendencia  del yerro aducido, lo cual se consigue analizando cuál sería el  sentido  del  fallo  si hubiese sopesado correctamente la prueba sobre la que se  hace  recaer  el  defecto,  en  conjunto y armonía con los restantes medios que  conforman el acervo probatorio en su integridad.   

La  demostración  de la trascendencia del  yerro  atribuido  al Ad-quem  comporta  la  obligación  de  enseñar  a  la  Corte  que si tal falencia no se  hubiese  presentado,  entonces el sentido del fallo sería distinto; y para ello  es  preciso demostrar que si la prueba cuestionada se hubiese apreciado en forma  correcta,  las  restantes  valoradas  por  el  Tribunal  perderían  la  entidad  jurídica  necesaria  y  suficiente para mover hacia la convicción declarada en  el fallo.   

Nada  de  ello  realizó el demandante, en  este  caso  correspondía  al  casacionista  referirse  al  verdadero  sentido y  alcance  de  las  pruebas  sobre las que hace recaer el yerro y, adicionalmente,  demostrar  que  aquellas,  aunadas a todas las demás analizadas en el fallo, no  permitían  arribar  a  la convicción de certeza sobre la responsabilidad penal  del procesado.   

Un  reparo  planteado  de  esta  manera es  impreciso y confuso, falencias que conllevan a su inadmisión.   

2.2.   Segundo   cargo   (subsidiario):  Violación directa de la ley sustancial.   

2.2.1.  Igual  suerte  corre  el  reproche  planteado  bajo el auspicio del cuerpo inicial de la causal primera de casación  por  falta de aplicación por exclusión evidente, donde el libelista alejado de  todo  rigor  casacional  enuncia  el  reproche,  pero  omite hacer un desarrollo  lógico propio de esta sede.   

La  argumentación que comporta el recurso  extraordinario  de  casación,  implica  ante  la postulación del censor, en la  forma  de yerro in iudicando  la     violación     directa     de     la    ley  sustancial, la aceptación de los hechos, las pruebas  y  la valoración que de ellas se hizo en las instancias; evento en donde no les  es  factible  discutir  cuestiones  de facto, toda vez que la impugnación es de  estricto   orden   jurídico,   como   de   manera  reiterada  lo  ha  dicho  la  Sala7   

De  esta manera, el desquicio en el reparo  persiste,  cuando presentado por violación directa de la ley sustancial, basado  en     el     error     por     la    “exclusión  evidente”   de  una  norma,  es  soportado  en  la  controversia  fáctica  y  probatoria, cuando expone como fundamento basilar del  ataque,  la  apreciación  personal,  que el trato y los juegos bruscos del tío  con  el  sobrino, infante de 4 años de edad, consistentes en apretar en algunas  oportunidades   sus   genitales,   no  deben  considerarse  como  una  actividad  libidinosa, menos, un “hecho sexual”.   

La  mayor  equivocación  del libelista en  este  reparo,  la constituye su oposición para aceptar los hechos y las pruebas  en  la  forma  como  fueron examinadas por las instancias. Si su pretensión era  cuestionar    la    conclusión    final    del   Ad  quem  después  de  valorar  la  prueba obrante en el  expediente  y  presentar  una  nueva  versión  de  lo  acontecido  en  camino a  desvirtuar  los actos sexuales sobre el menor, debió formular el cargo desde la  perspectiva  del  cuerpo  segundo  de  la  causal  primera  de  casación,  como  violación  indirecta  de  la ley sustancial, originada en la valoración de las  pruebas,    omisión   suficiente   para   inadmitir   la   demanda   por   este  concepto.   

3. Como en los dos cargos se incurre en la  inobservancia  del  principio  de autonomía, vale recordar, que este postulado,  consiste  en  la  prohibición  al  interior  de un mismo cargo, de entremezclar  ataques  propios  de  causales  diferentes, al tener cada una características y  parámetros  lógicos  de  demostración  distintos  con  diversas consecuencias  jurídicas8.  Es  que  la  decisión  que  debe  adoptar  la  Corte en caso de  prosperidad  del  reproche formulado contra la sentencia, debe compaginar con la  causal invocada y el error aducido.   

4.  De  otra  parte  y en cumplimiento del  principio  de  limitación  propio  del  recurso  de  casación,  no  le  es  dable  a  la Corte, suplir las  omisiones  argumentativas  del  escrito  de  sustentación.  Por  tanto no puede  corregir,  complementar  o  de cualquier otra forma suplantar al casacionista en  la  construcción  de la demanda; no obstante, cuando atendiendo los fines de la  casación  y  en  procura  de  la  defensa  de las garantías fundamentales deba  hacerlo,  evento  que  aquí  no acontece, máxime cuando de antaño, la Sala ha  sentado   el   criterio   consistente  en  que  la  impugnación  es  un  juicio  lógico-argumentativo,   regulado  por  el  legislador  y  desarrollada  por  la  jurisprudencia,  con  el  propósito  de  que  no  se  convierta  en una tercera  instancia.   

De  este  modo,  no es un escrito de libre  confección  el que derrumbe la doble presunción de acierto y legalidad atada a  los  fallos,  tampoco  la  demostración  del  ataque  propuesto  puede  ser una  sumatoria   de   ideas   en   procura  de  un  objetivo  jurídico  subjetivo  e  hipotético.   

5.  En  suma, las impropiedades advertidas  conllevan  a  inadmitir  la  demanda,  máxime  que  tampoco en la revisión del  expediente  se  observa  la  vulneración  de  alguna garantía fundamental, que  amerite  el  ejercicio de las facultades oficiosas de la Sala de Casación Penal  en  los  términos del artículo 216 del Código de Procedimiento Penal, Ley 600  de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  JUAN  CARLOS  CASTILLA MÉNDEZ, conforme a lo  expuesto en la parte motiva.   

2.  Contra  la  presente  providencia  no  procede recurso alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ    LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                                                     ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                                   AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN           

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

1  Cuaderno No. 1, folio 122.   

2  Cuaderno No. 1, folio 132.   

3  Cuaderno No. 1, folios 195 y 199.   

4  Cuaderno No. 1, folio 190.   

5  Cuaderno de segunda instancia, folio 6.   

6  El  demandante  omite identificar de manera precisa el medio de prueba y el indicio,  al cual hace referencia.   

7  Sentencia  de  casación  de 11 de abril de 2007, radicación  23667. Autos  de  casación de 20 de abril de 2006, radicación 24628, de 26 de abril de 2006,  radicación  25222, entre otros.   

8  Sentencia   de   casación   de   22   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  11963.     

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