30353(24-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     No  30353   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    N°    339   

Bogotá D.C., veinticuatro (24) de noviembre  de dos mil ocho   

V    I   S   T   O  S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el defensor de EMILIO  GARZÓN  CALDERÓN contra la  sentencia   de   segunda   instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  el  30  de  abril  de    2008,    mediante    la    cual   confirmó  la    dictada    por    el   Juzgado   Trece  Penal  del  Circuito con    funciones    de    conocimiento  de  la  misma  ciudad,  el  29   de   enero       de      2008,       y       lo  condenó  a  la  pena  principal  de  16     años     de  prisión  y  a la sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas   por  el  mismo  lapso  de  la  privativa de la libertad, como autor de  la  conducta  punible de acceso carnal violento agravado, en concurso homogéneo  y sucesivo.   

HECHOS  

El juzgador de segunda instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“Los  hechos a los cuales se refiere el  presente   asunto   tuvieron   ocurrencia   el   11    de   mayo  de  2007,  aproximadamente  a  las  8:30  de  la mañana, en el barrio Moralba al sur de la  ciudad,  cuando  la  adolescente  … se dirigía hacia una tienda de abarrotes,  fue  abordada por un vecino y conocido –  Emilio  Garzón  Calderón-  quien  le  preguntó  por  su  amiga  Adriana;  luego  de  responder  negativamente,  la  menor  fue llevada contra su  voluntad  por  el  hombre hasta una vivienda en la cual la accedió carnalmente,  primero  introduciendo  los  dedos en la vagina y luego mediante la penetración  natural, a consecuencia de lo cual la menor quedó embarazada”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

Ante el Juez Veintisiete Penal Municipal con  funciones  de  control  de  garantías  de  Bogotá,  la  fiscalía legalizó la  captura,   solicitó  la  medida  de  aseguramiento  y  formuló  imputación  a  Emilio       Garzón       Calderón   por el delito de acceso carnal violento agravado en concurso  homogéneo y sucesivo.   

El  6  de  junio  de  2007,  el  Fiscal  228  Seccional  de  Bogotá,  presentó  escrito  de  acusación  contra Emilio  Garzón  Calderón por la conducta  punible  de  acceso  carnal violento en concurso homogéneo y sucesivo, agravado  por el numeral 6° del artículo 211 del Código Penal.   

El   juicio   oral   le   correspondió  al  Juzgado Trece Penal del  Circuito    de   Bogotá   que,    ante  la  manifestación del procesado de aceptar los cargos y toda  vez  que  advirtió  que  se  trató  de  un acto libre, consciente, voluntario,  debidamente  informado  y  asesorado  por la defensa técnica, el 29 de enero de  2008,   profirió   fallo   de   primer   grado   en  el  que  condenó  a Emilio  Garzón  Calderón a la pena  principal  de  16  años de  prisión  y  a la sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas   por  el  mismo  lapso  de  la  privativa de la libertad, como autor de  la  conducta  punible de acceso carnal violento agravado, en concurso homogéneo  y sucesivo.   

Apelado el fallo por  el    defensor    del  procesado,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  al  desatar  el  recurso,  el  30    de   abril       de      2008,         lo        confirmó.   

Contra  la  anterior decisión, el defensor  del acusado interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

Con base en las causales segunda y tercera de  casación,  el defensor de Garzón Calderón formula tres cargos contra el fallo  proferido por el Tribunal, así:   

Primer cargo  

El defensor del procesado, acusa al Tribunal  de   haber   dictado   sentencia   en   un  juicio  viciado  de  “nulidad  por  afectación de las garantías fundamentales, Art. 181  –  2  de  la  Ley 906 de  2004.  En  cuanto  se  afectó  el  derecho  a  la  garantía  fundamental de la  imparcialidad,  pues  tenemos  que  el Tribunal Superior de Bogotá D.C., avocó  conocimiento  en  segunda  instancia de las pruebas que habían sido negadas por  el  Juez  de  Conocimiento  y  así mismo avocó conocimiento de la sentencia de  segundo   grado,   en   la  primera   decisión   bajo   el   mismo   radicado,  pero  con  el  número  interno  SPA-113/06  de  fecha  13  de  septiembre  de  2007,  conformada la Sala por los  magistrados  JAVIER  ARMANDO  FLETSCHER  P.,  MAX  ALEJANDRO FLÓREZ RODRÍGUEZ,  MARÍA  CRISTINA  TREJOS SALAZAR, en la misma Sala se desata la apelación de la  sentencia  condenatoria  conformada   por  los  Magistrados   JAVIER    ARMANDO    FLETSCHER    P.,  MAX   ALEJANDRO   FLÓREZ   RODRÍGUEZ  Y LUIS ALBERTO GONZÁLEZ  GÓMEZ,  de   donde   se   concluye  que  estaba  integrada  por  los    magistrados    que    inicialmente   habían   tenido  conocimiento del proceso”.   

Después  de señalar los numerales 13 y 14  del  artículo 56 de la Ley 906 de 2004, transcribe una decisión de la Sala del  21  de marzo de 2007 y comenta que al avocar conocimiento el Tribunal expuso los  elementos     de     juicio     que     podrían    ser    interpretados    como  certidumbre.   

Por  lo  tanto,  solicita  a  la  Corte  la  unificación  de  la  jurisprudencia, casando la sentencia  impugnada y que  “se  revoque la decisión para dar lugar a efectuar  la  sustentación  ante  otra  Sala del Tribunal de Bogotá D.C y de esta manera  salvaguardar las garantías que fueron vulneradas”.   

Segundo cargo  

El defensor, también con base en la causal  de nulidad, dice que se afectaron las garantías fundamentales.   

Comenta  el artículo 29, inciso 3°, de la  Constitución  Política y señala que el debido proceso tiene dos ingredientes,  la   presunción   de   inocencia   y   el   derecho  de  todo  sindicado  a  la  defensa.   

Después  de  reseñar jurisprudencia de la  Corte  y  apartes de la aceptación de cargos por parte del procesado, acota que  esa  espontaneidad propia de la voluntad no se vio eficazmente reflejada, razón  por  la  cual  se  vulneraron los artículos 1°, 4°, 5°, 6°, 7° y 8° de la  Ley 906 de 2004 y 29 de la Constitución Política.   

Añade  que  no basta con la aceptación de  los  cargos,  sino  que  se debe valorar la prueba y llegar al conocimiento más  allá  de  toda  duda  razonable  respecto  de  la  existencia  del  hecho  y la  responsabilidad del procesado.   

Anota que se había ordenado la práctica de  una  prueba científica y el defensor no se hizo presente, dado que pertenece al  sistema de defensoría pública.   

Asevera  que  al no haberse practicado este  examen  científico,  de  alta  confiabilidad  y  otros, su defendido no tuvo la  oportunidad   de   demostrar  “que  él  no  había  cometido nada”.   

Expresa que si en la audiencia de juicio se  hubiese  contado  con un elemento contundente para crear certidumbre o descartar  responsabilidad,  no  se  justifica  la  aceptación  de  cargos  hecha  por  su  representado,  en la medida en que el artículo 199 de la Ley 1098 de 2006, hace  nugatorios   los   beneficios   por   aceptar   y   manifiesta  que  el  abogado  “no    es    convidado    de   piedra” sino que debe procurar por una defensa técnica.   

Afirma  que  en  este  caso  los  elementos  estructurales  del  delito  no  se  dan  y  que se imputó a su defendido acceso  carnal   en   concurso   homogéneo   y   sucesivo   pero   que  “en  ningún  momento la Fiscalía dice que esta imputación se hace  porque   el   hecho  ocurrió  varias  veces”  sino  porque   así lo manifestó la víctima, para lo cual pasa a referenciar la  manera como ocurrieron los hechos.   

Así  mismo,  afirma  que  se  adicionó la  agravante  del  numeral 6° del artículo 211 del Código Penal y además de que  la víctima había abortado, prueba que nunca fue aportada.   

A   continuación   reseña   jurisprudencia   de  la  Corte  y  dice  que   se   equivocaron    los   juzgadores   al   considerar   que   era   suficiente   limitarse   a  verificar   que    la    aceptación    del    imputado   era   libre,      voluntaria      y     con    la     debida   asistencia      de      un     defensor,     “cuando   por  mandato  legal  le imponía   el    deber    irrestricto   a   las   garantías   fundamentales     como    lo   dice    la    precitada   sentencia”.   

Por  último,  manifiesta que el derecho de  defensa  se vio afectado, dado que el profesional del derecho que lo asistió le  aconsejó a su defendido aceptar los cargos.   

Tercer cargo  

El  defensor  presenta  como subsidiaria la  causal  contemplada  en  el  numeral 3° del artículo 181 de la Ley 906 de  2004.   

Acota que se vulneraron los artículos   10,  inciso  4°,  27,  293,  351,  numeral  4°,  380  y  381  del  Código  de  Procedimiento   Penal   y   las   garantías   fundamentales,  que  trascribe  y  analiza.   

Manifiesta  que los juzgadores no examinaron  las   pruebas   de   la   responsabilidad   de   Garzón  Calderón,  aduce  que  “después  de haber sido decretadas las pruebas que  pretendía  hacer  valer  la  defensa  y  que  fueron  negados  por  la  Juez de  Conocimiento,  pero  que  fueron  decretadas por el Tribunal Superior de Bogotá  D.C.,  decide el entonces defensor público, aconsejar a su prohijado que acepte  los cargos”.   

Afirma  que el derecho penal y procedimental  tienen  sus bases en la Constitución Política y la jurisprudencia. Así mismo,  argumenta,  entre  otros, que el informe de policía no ofrece certidumbre sobre  la  ocurrencia del hecho y la responsabilidad de su defendido, y que Luz Espitia  no  es  testigo  presencial  de  los hechos, que el cotejo dactiloscópico no es  medio  de prueba y que la menor tiene comportamientos que han afectado su esfera  emocional, reseñando algunos de ellos.   

Reitera     que     “…el  semen era necesario examinarlo, pero con la prueba científica,  hecho  que  no ocurrió…”. Razones estas por la que  considera  que  el  cargo  subsidiario  demandado  en  casación está llamado a  prosperar.   

Después  de  reseñar  jurisprudencia de la  Corte  Constitucional,  invoca  como  fundamentos  jurídicos  y  normativos los  artículos  29 de la Constitución Política, 4°, 5°, 6°, 7°, 8°, 293, 351,  380 y 381 de la Ley 906 de 2004.   

Por  último, solicita admitir la demanda de  casación  “y  dar  el  trámite que corresponde de  conformidad  con  el  Art. 184 del Canon Procesal Penal y convocar al recurrente  para  la sustentación del mismo, surtido el procedimiento, se case la sentencia  declarando   la   nulidad  de  la  actuación,  a  partir  de  la  audiencia  de  sustentación   de  juicio  oral  de  llamarse  a  prosperar  el  cargo  primero  demandado,  o  disponiendo por los demás cargos demandados, casar la sentencia,  revocando  la  decisión  de primer y segundo grado, a partir de la instancia de  la  audiencia  pública para que se agote el debate probatorio, insistiéndole a  la Fiscalía que debe practicarse la prueba de ADN”.   

Como  petición  subsidiaria,  solicita a la  Corte casar la sentencia oficiosamente.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  En el nuevo el sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por delitos cuando afectan derechos o garantías procesales. Por lo  mismo,   ha   de   concluirse  que  este  recurso,  concebido  como  un  control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación  de  derechos o garantías fundamentales, para lo cual  también    deberá    formular     y    desarrollar    los   correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Corte,  son  los  mismos  del  proceso  penal, lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del  interés  en  el censor, la correcta selección de las  causales,  la  coherencia  de  los  cargos  que  a  su   amparo     pretenda     aducir,     y     la     debida  fundamentación  fáctica  y  jurídica  de  éstos,  además de la necesidad de  acreditar  cómo  con  su  estudio se cumplirán uno o varios de los fines de la  casación”.1   

2.  En  primer  lugar,  se  hace  necesario  establecer   si   la   defensa   de   Emilio  Garzón  Calderón  tiene  interés para acudir a esta sede, en  tanto  que  se  allanó  a los cargos en la etapa del juicio, lo que implicó la  terminación del proceso.   

En  efecto,  de  acuerdo   con   el   recuento  de  la  actuación  procesal,  surge     evidente   que   el   acusado   en   el    acto    del    juicio   oral   aceptó   los  cargos    atribuidos    en    el    escrito    de   acusación,    esto    es,     por   la  conducta   punible   de   acceso  carnal  violento  agravado   en    concurso  homogéneo  y  sucesivo,   conociendo   que   no   tenía   ningún   tipo   de rebaja,  puesto   que   el   sujeto  pasivo  de  la  infracción era  una   adolescente,    según    lo    preceptuado   en   el   artículo   199   de   la  Ley  1098 de   2006.   

Por  manera que resulta claro que la defensa  de  Garzón  Calderón  sólo  tiene interés para controvertir a través de los  recursos   (apelación   o   casación)   la   vulneración  de  sus  garantías  fundamentales,   el   quantum   de   la   pena,  los  aspectos  referidos  a  su  determinación  y  lo  referente  a  los  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa de la libertad.   

En   el   evento   que   ocupa   la  atención  de  la  Sala, surge claro que la  defensa  no  tiene interés para demandar la casación de la sentencia a través  de  los reproches segundo y tercero postulados en el libelo, en la medida en que  ello  implicaría  una  retracción  de  los  cargos que el procesado aceptó de  manera  libre,  voluntaria  y  debidamente  asistida  en  el trámite del juicio  oral.   

En  efecto,  en  lo atinente al cargo  segundo, si bien lo fundamenta en la  causal  de  nulidad,  también lo es que el discurso argumentativo de la censura  está  construido  sobre  la  base  en  que  en  este asunto no se podía dictar  sentencia  de  carácter  condenatorio, puesto que al trámite del juicio oral y  público  no  se  allegó  un  examen  científico  en  procura  de descartar la  responsabilidad.   Además,  considera  que  los  elementos  integrantes  de  la  conducta  punible,  desde  el  punto  de  vista  probatorio,  no  se  encuentran  acreditados.   

Y,  por  último,  cuestiona  que  la simple  aceptación  de  cargos no es suficiente para edificar el correspondiente fallo,  máxime  cuando,  a  su juicio, dicho consejo profesional no lleva a colegir que  resultó  acertado  desde  el  punto  de  vista  de las consecuencias punitivas,  situación  que  conduce  a  predicar  una  posible  violación  del  derecho de  defensa.   

Es  decir,  dentro  de  esa  pluralidad  de  argumentos,  sin  duda,  deja  traslucir  que  la intención del casacionista es  cuestionar  el  juicio de responsabilidad hecho en la sentencia basado en que en  el  trámite  no obra la prueba suficiente para condenar, hipótesis que implica  una  retracción que de la aceptación de cargos hizo el acusado de manera libre  y voluntaria.   

En    lo    atinente   al   tercer  cargo, también resulta nítido que  el  actor  carece  de  interés  para  postular dicha censura, habida cuenta que  denuncia  que  los  juzgadores  de  instancia  no  examinaron las pruebas en que  apoyaron  el juicio de responsabilidad, en tanto que, en su criterio, el informe  policial   no  ofrece  la  certidumbre  sobre  la  existencia  del  hecho  y  la  responsabilidad  del sentenciado.  Así mismo, advierte que la realización  de  la  prueba  científica  era  necesaria  allegarla,  que  Luz Espitia no fue  testigo  presencial,  que  el  cotejo dactiloscópico no es un medio de prueba y  que  la  menor  tiene  comportamientos  que  ponen en evidencia que se encuentra  afectada emocionalmente.   

En tales condiciones, apoyado en una ausencia  probatoria  el libelista pretende rebatir los cargos que el procesado aceptó de  manera libre, voluntaria y debidamente asistido.   

Situación   distinta   ocurre   con   el  primer cargo, en la medida en  que  con  él  está  reclamando la afectación de la garantía de imparcialidad  que  forma  parte del debido proceso. De ahí que la Corte procederá a examinar  los    presupuestos    de    lógica    y   debida   fundamentación   para   su  admisibilidad.   

Ante todo vale recordar que cuando la censura  se  postula  por  la  vía de la de la nulidad, resulta oportuno recordar que si  bien  la  Sala  ha  puntualizado  que  la  acreditación de la causal segunda de  casación,  según  lo  previsto  por el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, es  menos  exigente  que  la  demostración  de  las  otras causales, de todos modos  también  existe  la  carga  que  el demandante postule el vicio con precisión,  claridad  y  nitidez,  es  decir,  que  identifique la clase de la irregularidad  sustancial  que  determina  la  invalidación,  que  argumente  sus  fundamentos  fácticos,  que indique los preceptos que considera conculcados y que exprese la  razón  de  su quebranto, especificando el límite de la actuación a partir del  cual  se  produjo  el  vicio,  así  como  la  cobertura  de  la declaratoria de  invalidez  de  todo  lo actuado, tarea en la cual de igual manera debe demostrar  que  procesalmente  no  existe manera diversa de restablecer el derecho afectado  y,  lo  más  importante, evidenciar que la anomalía denunciada tuvo injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración de justicia contenida en el fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado  que esta impugnación no puede  fundarse  en  especulaciones, conjeturas, afirmaciones carentes de demostración  o en situaciones ausentes de quebranto.   

En  el supuesto que ocupa la atención de la  Corte,  el  actor  no  cumplió  con  los  anteriores  parámetros,  dado que no  demostró  que  en  efecto  en  este  particular  asunto la imparcialidad de los  Magistrados  que  conocieron  de la sentencia de segunda instancia se encontraba  afectada  por  cuanto  en  pretérita  oportunidad  habían  conocido del asunto  cuando  resolvieron  el  recurso de apelación interpuesto contra la providencia  que negó recibir dos testimonios.   

En efecto, la labor demostrativa del cargo la  sujetó  en  informar  tal  circunstancia  pero  no  dedicó  línea  alguna  en  evidenciar   cómo   los  Magistrados  al   resolver   el  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  la  providencia  que  negó la práctica de dos  testimonios   comprometieron   su   imparcialidad,  habida  cuenta  que  en  esa  oportunidad  procesal  realizaron valoraciones en el campo de la responsabilidad  del  acusado  frente  a los cargos atribuidos en la audiencia de formulación de  la  acusación,  situación que los llevó a elaborar un preconcepto sobre dicho  aspecto.   

Ahora bien, la Corte observa que el actor no  podía  cumplir con dicho prepuesto, en tanto que revisada la providencia del 13  de  septiembre  de  2007,  por medio de la cual la Sala del Tribunal Superior de  Bogotá  revocó  el  auto  dictado en primera instancia y, en su lugar, dispuso  que  se  recibieran  los  testimonios  a que hace referencia el casacionista, se  advertirá  que  las  argumentaciones  expuestas  por  los mentados funcionarios  judiciales  se  centraron  únicamente  al  aspecto  de  la admisibilidad de las  probanzas,  concluyendo  que  dadas  las  hipótesis  anotadas  por  la  defensa  técnica  en  la  sustentación  de  la  impugnación y con el fin de obtener la  verdad,  “concretamente  lo  que hace alusión a la  violencia  ejercida  sobre  la  víctima…”,      se      hacia     necesario  escucharlos.   

En  consecuencia, en este asunto no se puede  arribar  a  la  conclusión  que  los  integrantes  de  la Sala de Decisión del  Tribunal  Superior  de Bogotá se hallaban impedidos para conocer del asunto, de  acuerdo   con   lo  previsto  por  el  artículo   56  de  la  Ley  906  de  2004.   

Así,  como  quiera  que  el  primer  cargo presentado contra el fallo de  segunda   instancia   carece   de   los   presupuestos   de   lógica  y  debida  fundamentación, la Sala inadmitirá el libelo.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías     del    procesado    EMILIO    GARZÓN  CALDERÓN,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  EMILIO  GARZÓN CALDERÓN,  procede el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 186  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido las reglas que habrán de seguirse para su aplicación,2    como  sigue:   

a)  La  insistencia  es   un   mecanismo   especial   que  sólo  puede  ser  promovido    por   el   demandante,   dentro   de   los   cinco  (5)  días  siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación  Penal   -siempre que el  recurso  no  hubiera sido interpuesto por el Procurador Judicial-, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)  Es  potestativo  del   Magistrado    disidente,    del   que    no    intervino   en  los   debates   o   del  Delegado   del     Ministerio     Público     ante    quien    se  formula    la    insistencia,    optar    por       someter       el      asunto     a   consideración    de   la   Sala   o  no  presentarlo  para  su  revisión,  evento   último   en   que  informará  de  ello   al     peticionario     en     un     plazo    de   quince   (15)   días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA,  SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de casación presentada por el defensor de  EMILIO  GARZÓN  CALDERÓN, por las razones expuestas  en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS                    AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                        YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                           

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                        JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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