29873(10-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 29873  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

                                    Aprobada Acta N°185   

Bogotá,  D. C., julio diez (10)    de dos mil ocho (2008).   

VISTOS:  

Procede   la  Sala  a  resolver  sobre  la  admisibilidad  formal  de  la demanda de casación presentada por el defensor de  la  procesada Diva Yaneth García Valderrama, condenada en fallos proferidos por  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Descongestión de  Villavicencio   y   el  Tribunal  Superior  de  esa  ciudad,   como  autora  responsable   de   los   delitos   de   enriquecimiento  ilícito  y  rebelión.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.-  Los  primeros  fueron consignados en el  fallo impugnado de la siguiente manera:   

Según autos, Diva Janeth García Valderrama  fue  retenida  el  día  9  de  diciembre  de 2003 en jurisdicción de Cumaribo,  Vichada,  en  sitio  denominado  Tienda  Nueva ubicado en el corregimiento de El  Placer,  cuando  se  realizaba  la  operación  “El  Lanzador”  por personal  adscrito   al  Batallón  de  Infantería  motorizado  número  43,  contra  los  integrantes  de  la  comisión de finanzas de las FARC, a quien se señaló como  integrante  de  esta  organización  y  ser  la encargada de cobrar las cuotas o  vacunas  que  habían impuesto en ese lugar. Al momento de la captura portaba en  efectivo  la suma de quince mil trescientos (15.300) dólares, un millón veinte  mil pesos ($1.020.000.oo) y diez mil bolívares.   

2.- Abierta la correspondiente investigación  y  vinculada  al proceso mediante indagatoria Diva Janeth García Valderrama, el  17  de  diciembre  de  2003  la  Fiscalía  16 Especializada de Villavicencio le  impuso  medida  de  aseguramiento  consistente  en detención preventiva por los  delitos de rebelión y enriquecimiento ilícito.   

3.-  Cerrada  la  investigación,  la  misma  fiscalía  el  28  de  julio  de 2004 profirió resolución de acusación contra  Diva  Janeth  García  Peña por los mismos delitos atribuidos al momento en que  se   le   definió   situación   jurídica,  la  cual  apelada  fue  objeto  de  confirmación  el  5  de  noviembre  de  2004  por la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal de esa ciudad   

4.-  Correspondió  al  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Descongestión  adelantar  el juicio y celebrada la  audiencia  pública, el 16 de septiembre de 2005 condenó a García Valderrama a  la  pena  principal  de  noventa  y seis (96) meses de prisión, multa de ciento  cuarenta y  dos                   (142)   salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes,  a  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por un  período  igual,  y  se le negó el subrogado de suspensión de la ejecución de  la  pena,  como  autora responsable de los delitos de enriquecimiento ilícito y  rebelión.   

5.- La providencia anterior fue recurrida por  la  defensa  y  el 14 de diciembre de 2007 el Tribunal Superior de Villavicencio  la  confirmó,  mediante  fallo  objeto  del recurso extraordinario de casación  interpuesto por el defensor del acusado.   

LA DEMANDA:  

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo  del  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el recurrente formula  un solo cargo contra el fallo proferido por el Tribunal, así:   

Cargo  único:  violación  indirecta de los  artículos 327 y 467 del Código Penal.   

Manifiesta el casacionista que la defensa no  discutió  al  interior  del proceso el hecho probado de haberle encontrado a la  procesada  una  cantidad  de  dinero  en  totalidad  de  cuarenta  y un millones  ($41.000.000.oo)   de   pesos,   sobre   lo   cual   ella   dio   dos  versiones  diferentes.   

Hizo  mención que a la primera instancia le  resultó  extraño  y  no creíble que su defendida hubiera comprado dólares en  Bogotá  y  luego los llevara para Cumaribo Vichada, pero al dar por establecido  que  ella  pertenecía  al Frente 16 de las FARC, resultaba lógico concluir que  esos  dineros  eran  el  producto  de  las actividades de compra venta de coca y  cobro  de  extorsiones  que  la  misma  desarrollaba para beneficio de ese grupo  insurgente.   

Adujo  que  los  juzgadores  erraron  en  la  sentencia  al desconocer que para la consumación del punible de enriquecimiento  ilícito   se   requiere   de   la   existencia  de  un  incremento  patrimonial  injustificado  que  se  derive  de  “una  o  varias  actividades ilícitas”,  resultado  que  en  el  caso  de  su  defendida  no  se ha dado porque existe un  dictamen  pericial  en  el cual se indica que no hay incremento en los bienes de  su  propiedad  y  además no aparece prueba directa o indirecta mediante la cual  se  infiera  que  esos  dineros provengan de actividades delictivas, razones por  las  que  concluye  se  incurrió en un error de interpretación que vulneró la  ley  sustantiva  en  forma  indirecta,  afectó el debido proceso, el derecho de  defensa y la presunción de inocencia de la procesada.   

En  lo  relativo  al  delito  de  rebelión,  argumentó  que no existen elementos de juicio con los cuales se permita deducir  que  Garcia  Valderrama  sea  colaboradora  o miembro de las FARC, y que para el  caso  no  se  podía  utilizar  el  testimonio  de Alfredo Briceño Chipiaje, al  existir  en  el  proceso  un  fallo  del  Juez  Primero  Penal  del  Circuito de  Descongestión  mediante  el cual se desestimaron sus afirmaciones valorándolas  como de poco creíbles.   

En igual sentido argumentó que el testimonio  de  Huber  Gutiérrez  Casulú  quien  denunció   haber  pagado  a García  Valderrama  la  suma de seis millones de pesos como “vacuna” impuesta por la  guerrilla,  en forma posterior se retractó de lo dicho a través de un memorial  que  fue presentado ante un Juez, razones por las que concluye erró el fallador  al  no  tener en cuenta que los fallos se deben fundamentar con pruebas legales,  regulares  y  oportunamente allegados a la actuación y además ser valoradas en  conjunto y de manera integral.   

Argumentó que a su defendida se la condenó  por  “una  conducta  atípica”, pues para consumar el delito de rebelión se  requiere  que  el  actor  tenga  o porte consigo armas para derrotar el régimen  constitucional  vigente  o  en  el  caso de no tenerlas al menos debe “ejercer  hechos  notorios”  que  permitan  suponer  la  existencia de vínculos con ese  grupo subversivo en calidad de miliciano o de colaborador.   

Por lo anterior, solicita casar la sentencia  y dictar la sustitutiva de absolución a favor de su defendido.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.-   Si   bien   es   cierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  entendido  como control constitucional y legal de  las  sentencias proferidas en segundo grado se halla des-formalizado en cuanto a  las  exigencias  rigurosas  de  debida  técnica  que  en el pasado inmediato se  demandaban,   a   las   que  en  el  presente  no  se  les  debe  otorgar  tanta  preponderancia  pues  ello implicaría contrariar el principio constitucional de  prevalencia  de  lo  sustancial  sobre  lo formal, postulado que incluso se debe  hacer  extensivo  para las impugnaciones efectuadas contra sentencias de segundo  grado  proferidas  en  vigencia de la Ley 600 de 2000, también es cierto que no  se  constituye  en una tercera instancia alterna para extender los debates dados  en  las instancias sobre unos presuntos errores de derecho por falsos juicios de  legalidad  referidos  a  la  apreciación  de  unos testimonios, aspectos que de  manera  difusa  se formularon en la demanda sin que se hubiese demostrado, ni se  advierta  ninguna  violación indirecta de la ley sustancial de manera evidente,  ni  trascendencia  alguna  como para superar los defectos de la misma en orden a  proferir   un  fallo  sustitutivo  de  absolución  a  favor  de  la  procesada.   

Por el contrario, en esta sede extraordinaria  a  efecto  de  la prosperidad de los cargos antes que exigencias formales lo que  se   reclaman   son  requerimientos  lógico-jurídicos  y  concluyentes  en  la  finalidad  de  proponer,  objetivar y demostrar con trascendencia sustancial que  la  declaración  de  justicia objeto de impugnación, la cual llega a esta sede  extraordinaria  amparada  por  el  principio  de  la  doble  unidad jurídica de  decisión,  se  fundó  en  errores  de  hecho  o  de  derecho  manifiestos o se  profirió  al interior de un juicio viciado por irregularidades sustanciales que  afectaron  la  estructura  o  la  garantía  del debido proceso o del derecho de  defensa,  falencias  claramente  diferenciadas  en  sus alcances que reclaman el  correspondiente    control    legal    o   constitucional   y   los   necesarios  correctivos.   

Por  tanto, cuando en el libelo impugnatorio  se  desatienden  los  requisitos señalados en el artículo 212 de la Ley 600 de  2000  y fundamentalmente, cuando se  omiten las exigencias relacionadas con  una  adecuada  formulación  del  cargo  y  se  deja  de señalar con claridad y  precisión  debida sus fundamentos o cuando se incurre en contradicciones cuando  de  formular  cargos excluyentes se trata, la consecuencia procesal inmediata no  puede  ser  otra  que  su  inadmisión  según  así  lo  manda el artículo 213  ibídem.   

2.-  A partir del anterior marco conceptual,  se  advierte  que en la demanda presentada por el libelista no se procedió para  su  desarrollo bajo los anteriores presupuestos requeridos para la demostración  de  las  censuras  formuladas  todas  ellas bajo la égida de la causal primera,  cuerpo segundo, artículo 207 de la ley 600 de 2000. En efecto:   

2.1.-  En  el cargo  único,  con  relación  al  delito de enriquecimiento  ilícito,  el  demandante  enunció  que acusaba la sentencia de violar en forma  indirecta  la  ley  sustancial  por  error  de  derecho, el cual entremezcló de  manera  difusa con un supuesto error de hecho al desestimar el dictamen pericial  en  el  que  se  puso  de  presente  “que  no  había  incremento  patrimonial  injustificado  en  los  bienes de su defendida”, formulación así dada que se  quedó  como  un  predicado  sin  desarrollar,  pues  al estilo de un alegato de  instancia    se   extendió   en   plasmar   afirmaciones    subjetivistas,  dedicándose   en   abreviados  desarrollos  de  lo  demandado  a  anteponer  su  particular  valoración  del  dictamen  pericial  frente  a  la realizada por el  Tribunal.   

2.2.-   El  pretendido  error  de  hecho  por  falso juicio de existencia por omisión antes  mencionado,  fue  un  ejercicio que el censor realizó  en      solitario,      habiendo     omitido  confrontar,    es    decir,    derruir   los   otros   medios   de   prueba  y  valoraciones  a  través de los cuales los juzgadores  concluyeron  que  la procesada incrementó de manera injustificada su patrimonio  con  los  dineros  que  le  fueron  incautados  (en dólares, bolívares y pesos  colombianos)    en    suma    de    cuarenta    y    un    millones   de   pesos  ($41.000.000.oo),    por    lo    cual  se infirió eran derivados de actividades ilícitas, toda    vez    que    ella   no   dio  razones   satisfactorias   ni  aportó  elementos  probatorios  suficientes  que  explicaran   la  existencia  y  causalidad  normal  y  legal de esos valores.   

En   tratándose   de   esta   clase   de  censura,      esto  es,    de   los   errores   de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia para  el   caso  por  omisión  o  ignoración  probatoria,  corresponde       al       casacionista       no      quedarse      –como    aquí   ha   ocurrido-   en  meros enunciados pregonando  genéricamente  que  los  juzgadores desconocieron el  dictamen  pericial referido, sino que por el contrario  se      torna      obligatorio      adentrarse   y  demostrar  la   incidencia   de   dicho   error   en  las  dispositivas   de   lo   fallado,    pero    no    de    manera   insular   sino   en   conjunto    como    debe    ser,    es   decir,   en   correlación  con  los  otros medios de prueba que dieron soporte a  la  imputación  fáctica  y  jurídica  del atribuido delito de enriquecimiento  ilícito, aspectos estos de  lógica   jurídica   que  en  un  todo  omitió  el  casacionista.   

Uno  de  los  principios  regentes  de  la  casación  penal  es  el de trascendencia, el cual siempre y cualquiera fuere la  causal  elegida, obliga al  censor a desarrollar no un  alegato   sin   medida,   sino   a   ocuparse   en  la  elaboración    de    un   verdadero   juicio   lógico-jurídico          concluyente,            demostrando  los errores en los que se ha incurrido en la sentencia  impugnada,   enjuiciamiento   desde   luego   discursivo  que  no  es  de  libre  formulación,  pues  en sus desarrollos y fundamentos debe abstenerse de plasmar  sus  particulares  criterios de apreciación de los hechos o de las pruebas como  si  fuera  un  memorial de instancia en ligera contraposición a como se hiciera  por  el  Tribunal, pues de  forma  reiterada  se  ha  dicho  por  esta Sala que la casación penal no es una  tercera instancia.   

Reiterados  han  sido  los  pronunciamientos  de  la  Corte  en  los  cuales  se  ha adoptado  el rechazo de aquellas demandas  en  las  que  se  materialice la actitud del censor en  efectuar  cuestionamientos  desde  su personal visión a la razonada valoración  de  los  hechos  y  de  las  pruebas   realizadas   por   el   juzgador   de   segundo   grado,  toda  vez  que  en  esas  condiciones la  demanda  se  proyecta  carente  de las exigencias formales y sustanciales de que  trata  el  artículo  213  del  Código  de  Procedimiento  Penal, pues en lugar  de evidenciarse un debate a  la  constitucionalidad  o  legalidad  de la sentencia objeto de impugnación, se  estaría  dando espacio a una tercera instancia que no  es   posible,   como   quiera   que   en  esta  sede  extraordinaria  las  sentencias arriban amparadas por  una  doble  presunción  de  acierto  y legalidad o principio de la doble unidad  jurídica  de  decisión  y  su  resquebrajamiento  sólo  resulta posible en la  medida  que  el  recurrente  formule,  objetive  y  demuestre  que  el  fallador  incurrió    en   errores   de   juicio, de estructura o de garantía.   

2.3.-  Al  interior  del mismo cargo  único  con    relación   al   delito   de   rebelión   y  sin  mayores precisiones acerca de las falencias en  las  que  pudieron incurrir los jueces de instancia,  el  demandante  trató de insinuar un supuesto error  de  derecho  por  falso  juicio  de legalidad por haber dado valor probatorio al  testimonio  de  Adolfo Briceño Chipiaje,   de  quien  dijo,  existe  un  fallo  de  un  Juez  de la República quien en proceso  separado  le  restó  credibilidad  a  las  declaraciones del citado declarante,  y por la circunstancia de  otorgar   credibilidad  y  fuerza probatoria a lo  declarado   por   Húber  Gutiérrez                Casulú,  quien         tras        denunciar  que  entregó  a  la procesada seis  millones  de  pesos  ($6.000.000.oo)  producto de una “vacuna extorsiva” con  destino  al  grupo subversivo de las FARC, posteriormente en memorial presentado  ante     un    funcionario    judicial se retractó de lo así denunciado.   

          Distante  se  halla lo así censurado,  de   lo  que  en  casación  penal  se  entiende  por  errores  de  derecho  por  falso    juicio    de    legalidad.   Esta   modalidad   de   violación   indirecta  de  que  trata  la  Ley  600  de  2000  en  el artículo 207,   cuerpo   segundo,   obedece   sus  contenidos  al  principio  y  garantía de legalidad de la prueba regulado en el  artículo  29  de  la  Carta Política, en el cual se reportan “nulas de pleno  derecho  las  pruebas obtenidas con violación del debido proceso”, imperativo  que  se  reprodujo en los  artículos     23     y     455    –comprendidas   sus   salvedades-   de  la    Ley   906   de  2004  en  lo  que  dice  relación  con  las pruebas  ilícitas  y  en  el  artículo  232  y  360  ejusdem  en  lo  correspondiente con las elementos materiales  probatorios,  evidencias  físicas  y  pruebas  ilegales,  de lo cual se contrae  normativamente  un efecto-sanción de “inexistencia jurídica” y por ende de  exclusión  cuando  de  pruebas  “ilícitas” o “ilegales” y de elementos  materiales   y   evidencias   físicas   recogidas   de   manera   irregular  se  trate.   

Mayoritariamente  se  ha  concebido  por  la  doctrina  nacional,  extranjera  y  la  jurisprudencia que la prueba ilícita es  aquella  que  se ha obtenido o producido con violación de derechos y garantías  fundamentales,  género entre las que se encuentran las pruebas prohibidas cuyas  vedas  son  objeto de consagración específica en la ley y que la prueba ilegal  irregular  que  extiende  sus alcances hacia los “actos de investigación” y  “actos probatorios” propiamente dichos, es aquella:   

En  cuya  obtención  se  ha  infringido  la  legalidad  ordinaria  y/o  se  ha  practicado  sin  las  formalidades legalmente  establecidas  para la obtención y práctica de la prueba, esto es, aquella cuyo  desarrollo  no  se  ajusta  a  las previsiones o al procedimiento previsto en la  ley1.   

Desde       la      perspectiva   de  la  prevalencia  del  derecho  sustancial  no  se  advierte  en  manera  alguna  que  el testimonio de  Adolfo Briceño Chiape ni  el  de  Húber Gutiérrez  Casulú,   estén   viciados   de  ilicitud  ni  de  ilegalidad  ni  que  las  mismas  puedan  ser objeto de exclusión en orden a un  fallo   de   reemplazo   sustitutivo   de   absolución   por   el   delito   de  rebelión,  razones  más  que   suficientes   por   las   que   puede   concluirse  que  las  razones      dadas      en     este     cargo     único     deben  desestimarse.   

4.-  Atendiendo a los fines de la casación,  fundamentación  de  la  misma,  posición de la impugnante dentro del proceso e  índole   de   la   controversia,  no  se  encuentra  violación  de  garantías  fundamentales  de  incidencia  sustancial  ni  procesal que deban ser protegidas  oficiosamente  y  conduzcan  a superar los defectos de la demanda, por lo que se  impone  su inadmisión, de conformidad con lo dispuesto por los artículos 212 y  213  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  lo  cual  conlleva la consecuencia  procesal  de  declarar desierta la impugnación, mediante decisión que adquiere  ejecutoria  en  la  fecha  en  que  es  suscrita  y  no  admite ningún recurso.   

A mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de  casación  presentada  en  defensa  de  la  procesada  Diva  Janeth  García  Valderrama.   

Contra  esta  providencia no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ             ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO     

                         

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                   AUGUSTO                 J.                 IBÁÑEZ  GUZMÁN                       

             

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANES                             YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                      

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                           JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

              Secretaria   

    

1  MANUEL  MIRANDA  ESTRAMPES,  El  concepto  de prueba  ilícita  y  su  tratamiento  en  el  proceso  penal,  Barcelona, Editorial Bosch, 1999, pág. 47.     

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