29806(19-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29806  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  231  

Bogotá  D.C.,  diecinueve (19) de agosto de  dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La  Sala  resuelve sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  argumentación  de la demanda de casación presentada por el  defensor   del   procesado   LUIS   ALFONSO  RESTREPO  SUÁREZ.   

H E C H O S  

Así  los  resumió el Tribunal ad-quem:   

“Obra  en  el  expediente   que  el  22  de  enero de 1999, el señor Carol Iván Abaúnza  Forero,  en  representación  del  Instituto  del  Seguro Social, ISS; Seccional  Cundinamarca,  denunció  a  los  señores  JESÚS  ERNESTO  LUCERO  BOLAÑOS  y  LUIS    ALFONSO    RESTREPO    SUÁREZ  por  haber procedido en forma irregular al autorizar y permitir el  pago  de  incapacidades  por  valores  superiores  a  los  que correspondían de  acuerdo a la liquidación.”   

“Éstas  (liquidaciones)  fueron,  en abril de 1998 al señor José Heli Carvajal Osorio,  por  la  suma  de  $4´063.511,82,  por  concepto  de  incapacidad  laboral  por  accidente  de  trabajo,  números  J64454  y  J64455,  cuyo  valor  real  era de  $338.899,      excediendo     el     pago     en     $3´724.821,82.”   

“En agosto de 1997  al  señor  Jaime  Romero  Rojas  la  suma  de  $1´364.639,38  por  concepto de  incapacidad  cuando  lo  que  realmente  correspondía era el valor de $131.870,  excediendo el pago en $1´250.692.”   

A N T E C E D E N T E S  

1.   Por  los  anteriores   hechos,   la   Fiscalía   Seccional   3ª   de   la   Unidad  Especial  de  Delitos  contra  la  Administración Pública,  Justicia  y  otros, a través de resolución del 20 de  junio      de      2002      (fl.     260-272,     c.o.     1),     acusó   a   JOSÈ   ANTONIO   TIBADUIZA  CRISTANCHO,  LUIS ALFONSO RESTREPO SUÁREZ  y  JESÙS  ERNESTO  LUCERO  BOLAÑOS  por  la  conducta punible de  peculado      culposo  (artículo137  del decreto ley  100 de 1980, modificado por el artículo 20  de la ley 190 de 1995).   

Recurrida  la  anterior  decisión  por  los  defensores   de   TIBADUIZA  CRISTANCHO  y  LUCERO  BOLAÑOS,  fue  revocada  parcialmente en 2ª instancia por  la  Unidad  de Delegada ante el Tribunal Superior de Cundinamarca, que, mediante  resolución   de   27  de  enero  de  2003,  precluyó  la  investigación  a favor de JOSÉ ANTONIO TIBADUIZA  CRISTANCHO y confirmó en lo demás.   

2.   La etapa  del  juicio  la  tramitó el Juez 23 Penal del Circuito de Bogotá que, el 22 de  febrero  de  2007, dictó sentencia (fl. 82-95, c.o. del juicio) por medio de la  cual  condenó  a JESÚS ERNESTO LUCERO BOLAÑOS y LUIS ALFONSO RESTREPO SUÁREZ  a  la  pena principal de multa  equivalente  a  15  salarios  mínimos  legales  mensuales  y  al  pago  de  los  perjuicios  materiales  ocasionados  con la conducta1,  como  autores  del delito de  peculado  culposo (artículo  137   del   decreto   ley   100   de   1980,   modificado  por  la  ley  190  de  1995).   

3.  Apelada la  anterior  decisión  por  el  apoderado de LUIS ALFONSO  RESTREPO  SUÁREZ,  fue  confirmada  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  mediante  sentencia  de  segundo  grado  del 10   de   diciembre  de  2007  (fl.  7-16,  cuaderno  original  de  2ª instancia), la cual fue notificada por edicto que se  desfijó  el  23 de enero de 2008 (fl. 23, c.o. 2ª instancia).  Dentro del  término  de  ejecutoria del fallo, el defensor de LUIS  ALFONSO    RESTREPO    SUÁREZ   interpuso   recurso  extraordinario  de casación por la vía discrecional, el cual fue concedido por  el  ad-quem a través de auto  del 14 de febrero de 2008 (fl. 32, c.o. 2ª instancia).    

L  A      D  E  M  A N D  A    D E   C A S A C I Ó N   

El  apoderado  del  procesado  LUIS  ALFONSO  RESTREPO  SUÁREZ, presentó  demanda   de   casación   por  la  vía  discrecional  a   efectos   de   que  se  garanticen  los  derechos  fundamentales  del  procesado  y se desarrolle la jurisprudencia; en tal virtud,  postula  un cargo de nulidad y  otro   por   violación   indirecta  de  ley  sustancial,  en  la  modalidad  de  falso  juicio  de  identidad,  cuyos argumentos se sintetizan así:   

Antes de entrar al desarrollo de los cargos,  el  casacionista  precisa  que la demanda tiene por objeto, de una parte, que la  Corte     decrete    la    prescripción  de  la  acción  penal  para  que,  de  esa  manera, garantice los  derechos  fundamentales  del  procesado,   y,   de   otra,   que  se  desarrolle  la  jurisprudencia  en  lo  que  tiene  que  ver  con  la  violación  normativa,  el  principio de confianza y el  criterio  del hombre medio, como fuentes que determinan  la  infracción  al  deber  objetivo  de  cuidado,  en tratándose de servidores  públicos.   

Agrega  que  el  punto  es  relevante  para  resolver  el  caso,  en la medida que, a través del cargo postulado por la vía  del  falso juicio de identidad, reprocha que el sentenciador hubiera imputado al  procesado  la violación de sus deberes funcionales, y de allí la violación al  deber  objetivo  de  cuidado,  cuando  en realidad no existía una norma que los  consagrara.   

Primer cargo: nulidad por prescripción de la  acción penal   

De conformidad con la causal 3ª de casación  que  describe el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el demandante acusa que la  sentencia  fue  proferida en un juicio viciado de nulidad por razón de un yerro  de  garantía  que  afecta  la  competencia del sentenciador y el debido proceso  (artículo  306-1-2  del  mismo estatuto), toda vez que, acorde con una anterior  tesis  jurisprudencial  más  favorable  que  la  actual, la cual estuvo vigente  mientras  el  proceso  se  encontraba en el trámite del juicio, debe entenderse  que la acción penal se encuentra prescrita.   

En  sustento  del  reproche, el casacionista  señala  que el delito acusado (peculado culposo) se juzgó conforme el entonces  vigente   artículo   137   del   Código   Penal   de   1980   (“modificado  por  el  artículo  32 de la ley 190 de 1995”),  el  cual  consagraba pena principal de arresto de 6 meses a 2  años;  así  mismo, menciona que la acusación cobró ejecutoria el 27 de enero  de  2003   y   que  la  sentencia  de segundo grado fue  proferida  el 10 de diciembre de 2007 y notificada por edicto que se desfijó el  23 de enero de 2008.   

De igual forma, recuerda que con ocasión de  la   entrada   en  vigencia  del  Código  Penal  de  2000,  surgió  una  tesis  jurisprudencial,  según  la  cual,  en  el  evento  de  delitos  cometidos  por  servidores  públicos, la acción penal podía prescribir en la etapa del juicio  en  el término de 5 años, comoquiera que, según el artículo 86 de la ley 599  de  2000, dicho término se calculaba incrementando la tercera parte al término  máximo  de  la pena fijado en la ley, y luego dividiendo la cifra así obtenida  entre  dos;  de manera que, si dicha operación arrojaba un resultado inferior a  5  años,  el  término  de  prescripción  se ajustaría a 5 años, conforme el  inciso 1º del artículo 83 del estatuto punitivo.     

Aduce que dicha hipótesis es la aplicable al  presente  caso,  toda  vez  que  es más favorable que la actual posición de la  Sala,  según  la cual, en tratándose de servidores públicos, la extinción de  la  acción penal por motivo de la prescripción no puede ser inferior a 6 años  y  8 meses.  Agrega que, de esta manera, se actualiza también el derecho a  la  igualdad, toda vez que “la única forma en que se  puede  asegurar  la  expectativa  ciudadana  igualitaria en la aplicación de la  ley,  deviene  de  la  aplicación  jurisprudencial  más  favorable”,   criterio   que   coincide   con   lo  expresado  en  diversos  pronunciamiento  de  la Corte Constitucional y con la causal de revisión de que  trata el artículo 220-6 de la ley 600 de 2000.   

Como  consecuencia  del  yerro  acusado,  el  casacionista  solicita a la Sala “declarar la nulidad  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior de  Bogotá  el  10  de  noviembre  de 2007… en consecuencia declarar prescrita la  acción  penal por el delito de peculado culposo y cesar procedimiento por dicha  conducta   a   favor   del   Dr.   LUIS   ALFONSO  RESTREPO  SUÀREZ” (pág. 41, demanda).      

Segundo cargo: violación indirecta de la ley  sustancia por vía de falso juicio de identidad.   

En  los  términos de la causal de casación  descrita  en  el cuerpo 2º del artículo 207-1 de la ley 600 de 2000, el censor  acusa  a  la sentencia de violar de manera indirecta la ley sustancial, por vía  del  error  de hecho en la modalidad de falso juicio de  identidad.   Aduce  que, comoquiera que no están  demostrados  los  presupuestos  de tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad, el  sentenciador  violó,  por  indebida  aplicación,  el artículo 137 del Código  Penal  de  1980,  modificado  por  el  32  de la ley 190 de 1995 y, por falta de  aplicación,  los  artículos 2º y 23 del Código Penal, y el 7º de la ley 600  de 2000 (pág. 41-42, demanda).   

En  sustento  del  reparo,  el  casacionista  precisa  que  el  fallo  imputó al procesado la violación al deber objetivo de  cuidado  con  fundamento  en que infringió sus deberes funcionales como jefe de  la  oficina  ATEP del Instituto de Seguros Sociales, por no advertir, al ejercer  el  control  posterior,  el  error  en  que  incurrió  el liquidador y, de esta  manera,  permitir  el  pago  excesivo  de  una  incapacidad  laboral.  Pero  –agrega-, no es posible la  imputación  por  infracción  al deber de cuidado, toda vez que no existe en el  proceso  norma  alguna  que  le  atribuya  al  procesado  la  función que se le  atribuye haber violado.   

Manifiesta que el fallador erró al señalar  que  el artículo 88 del decreto 1403 de 1994, el cual consagra las funciones de  la  oficina  ATEP  del ISS, permitía deducir las actividades y competencias que  le  correspondían  al  jefe  de  la  dependencia.   Dicho yerro condujo al  juzgador  a  sustentar  el fundamento normativo del deber objetivo de cuidado en  una  norma que, en realidad, no establece las funciones del cargo, es decir, que  hizo  decir  a  la  prueba  lo  que  ella  objetivamente no decía, toda vez que  “no  es  lo  mismo que una norma señale cuáles son  las  tareas  a  cargo  de una dependencia oficial y otra bien distinta es que en  ella  se  señalen  las funciones que le competen a cada uno de los funcionarios  que laboran en ella”.    

En  otras palabras, el sentenciador erró al  suponer  que  las  funciones  del  jefe  de departamento se derivan del marco de  competencia del departamento a su cargo.   

Con  el  fin  de  demostrar  la trascendencia  del  yerro, el casacionista  señala  que el delito culposo exige la demostración de la infracción al deber  objetivo  de  cuidado,  cuyos  elementos ha desarrollado la jurisprudencia de la  Sala;  asegura  que,  en  este  caso, el fallo no explicó cuál fue el criterio  para  determinar  la  infracción  del  deber  objetivo  de  cuidado,  y  que el  artículo  88  del  decreto  1403  de  1994  no  podía  servir para ese efecto,  comoquiera  que  dicha  norma  no  consagraba los deberes funcionales que debía  observar  el procesado; es decir, que el sentenciador demostró la existencia de  una   violación   al   deber   objetivo   de   cuidado  con  fundamento  en  la  tergiversación de una norma inexistente.   

De otra parte, el razonamiento con el que el  fallador  demostró la violación al deber objetivo de cuidado no tuvo en cuenta  que  el  procesado  no  fue  quien  materialmente elaboró la planilla, sino que  dicha  labor  la  cumplió  JESÚS ERNESTO LUCERO BOLAÑOS, servidor adscrito al  mismo  departamento;  por  no advertir lo anterior, el juzgador dejó de lado el  principio de confianza.   

Afirma  que  en la investigación adelantada  por  la  fiscalía no se hizo ningún esfuerzo por investigar lo que sucedió al  interior  del  ISS,  en particular lo relativo al proceso de reestructuración y  el  nivel  de responsabilidad de los funcionarios; de manera que, dicha falencia  fue  solucionada por el sentenciador a través de la ilegalidad que se acusa, lo  cual     constituye     violación    al    principio    de    presunción    de  inocencia.   

El demandante solicita a la Sala que case el  fallo y en su lugar absuelva al procesado.     CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.   En  primer  término,  vale  destacar  que  en el presente asunto sólo procede la casación  excepcional  en  los  términos  del  inciso  3º  del artículo 205 del Código  Penal,  en  tanto  que  la  sentencia impugnada fue proferida por un delito que,  como  el  peculado  culposo  que  consagra el artículo 137 del Código Penal de  1980,  tiene  legalmente  fijada una pena distinta a aquella que exige el inciso  1º  del  citado  artículo,  como  presupuesto  para la casación común.    

En efecto, en el caso que estudia la Sala, la  pena   señalada   para   el   delito   de   peculado  culposo        es        de        multa,  toda  vez  que la pena de arresto  contemplada  en  el artículo 137 del Código Penal de 1980 no procede frente al  Código  Penal de 2000, comoquiera que en dicha legislación el arresto no está  previsto como pena principal ni accesoria.      

2.  Comoquiera  que  la vía de ataque en sede de casación contra la sentencia proferida dentro  de     la     presente     actuación     es     la    modalidad    discrecional, el casacionista, en estricto  acatamiento  de  la  ley  y  la  jurisprudencia de la Sala, debe cumplir con las  cargas establecidas para este medio de impugnación extraordinario.   

Recuérdese  que,  cuando  de  la  casación  excepcional     se     trata,    el    demandante    debe    exponer,   así  sea  de  manera  sucinta  pero  clara,  qué  es  lo  que  pretende  con  el  recurso,  teniendo  en  cuenta  que solamente procede para el  desarrollo    de    la   jurisprudencia   o   para   garantizar   los   derechos  fundamentales.   

En tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, el casacionista debe mencionar en la demanda  si  con  la  impugnación  de  la sentencia de segunda instancia persigue que la  Corte  unifique posturas conceptuales, actualice la doctrina o aborde un tópico  aún  no  desarrollado,  precisando, en todo caso, la manera en que la decisión  solicitada  tiene  la  utilidad  simultánea  de  brindar  solución  al  asunto  y,  a  la  par,   servir   de  guía  a  la  actividad  judicial.   

Y, respecto de la protección de los derechos  fundamentales,  el  casacionista está obligado a desarrollar una argumentación  lógica  dirigida  a evidenciar el desacierto, siendo necesario que demuestre el  desconocimiento  de  una  garantía por quebrantamiento de la estructura básica  del  proceso  o  por  violación  de  un derecho fundamental, al tiempo que debe  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho invocado y su  concreta infracción a través de la sentencia.   

En el caso que ocupa la atención de la Sala,  los  argumentos  que  el  libelista plasma en el escrito de demanda no  cumplen  los presupuestos que permiten  admitir      su      admisión      por      vía     de     la     casación           discrecional,  razón por la cual desde ya  se anuncia la inadmisión de la demanda.   

Lo  anterior encuentra fundamento en que los  razonamientos  del  censor  parten  de  supuestos  errados,  motivo  por el cual  no demuestran la violación de derechos fundamentales,  como     tampoco   la  necesidad  de desarrollar  la  jurisprudencia, tal como lo exige la vía de ataque  seleccionada,   sino  que,  en  últimas,  se  limitan  a  mostrar  una  diversa  interpretación  de la decisión del sentenciador y a requerir la aplicación de  un  cierto  criterio  jurisprudencial  por  razón del principio de favorabilidad.   

Como   se   verá  enseguida,  los  cargos  presentados  adolecen,  desde  su  postulación  y  fundamentación,  de  yerros  trascendentes  que,  por  no poder la Corte subsanarlos por razón del principio  de   limitación,  resultan  suficientes, como ya se indicó, para inadmitir el libelo.    

En  lo que tiene que ver con la postulación  del  primer  cargo, enfocado  por  la  causal  tercera  de  casación,  por  vía  de  nulidad  por  falta  de  competencia   y   afectación  del  debido  proceso,  la  Sala  observa  que  el  casacionista  olvida  que,  como  lo  tiene  dicho  la jurisprudencia, cuando se  solicita   en  sede  de  casación  la  nulidad  del  fallo  por  razón  de  la  prescripción  de  la  acción penal, lo procedente es desarrollar el cargo bajo  los  razonamientos  de  la  causal primera, ejercicio que omite el casacionista,  comoquiera  que,  aparte  de  citar  la tesis jurisprudencial cuya inaplicación  censura,  no  detalla  si dicha omisión tuvo origen en una violación directa o  indirecta  de  la ley sustancial, ni, en éste último evento, si por violación  directa  o indirecta de la ley sustancial, como tampoco la específica modalidad  de  uno  u  otro  tipo  de  violación  que,  en  su  sentir,  dio  lugar  a  la  equivocación.   

De  otra  parte,  la  Corte  observa  que el  casacionista  introduce  una  petición  inconsecuente con  los  argumentos  que  desarrolla  el  cargo, toda vez que solicita se declare la  invalidez  del  fallo  de 2ª instancia, por cuanto la acción penal prescribió  después de proferido éste.   

Con dicho razonamiento, el demandante olvida  que,  como  la  Sala  lo  tiene  dicho,  cuando la acción prescribe después de  proferida  la sentencia de 2º grado, lo procedente no es pedir su anulación en  sede  de  casación,  toda  vez que fue dictada legalmente porque el funcionario  judicial  aún  tenía facultad para dictarlo, sino pedir a la Corte que en sede  extraordinaria   declare   la  prescripción,  sin  necesidad  de  invalidar  la  sentencia.   

Por  no  hacerlo  así,  el  casacionista se  enfrenta   a   demostrar   un   imposible,  esto  es,  que  el  fallador  carecía  de  competencia  para  dictar  el  fallo, y, al mismo tiempo, que la acción penal,  según  su  particular  tesis,  no  había  prescrito  cuando  se  profirió  la  decisión  de  2º grado. La  contradicción  es  evidente,  en  la  medida  que  la competencia para proferir  sentencia   no  puede  lógicamente  existir  y  no  existir  al  mismo  tiempo.   

El  demandante  parte  de  un  supuesto   errado,   según  el  cual  la  sentencia  de 2ª instancia deviene en inválida si la prescripción tiene lugar  después  de  su  proferimiento y antes de su ejecutoria.  Dicha hipótesis  es  equivocada,  pues  la  Corte  ha  dicho  de  manera reiterada que, cuando la  prescripción  opera  después de emitido el fallo de segundo grado, antes de su  ejecutoria,  la  decisión no se torna inválida.  En estos términos lo ha  expresado la Sala:   

“La prescripción  desde  la  perspectiva  de  la  casación,  puede  producirse:  a)  antes  de la  sentencia  de  segunda  instancia;  b)  como  consecuencia  de  alguna decisión  adoptada  en  ella con repercusión en la punibilidad; o, c) con posterioridad a  la   misma,  vale  decir,  entre  el  día  de  su  proferimiento  y  el  de  su  ejecutoria.”   

“Si  en las dos  primeras  hipótesis  se  dicta  el fallo, su ilegalidad es demandable a través  del  recurso de casación, porque el mismo no se podía dictar en consideración  a  la pérdida de la potestad punitiva del Estado originada en el transcurso del  tiempo.”   

“Frente  a  la  tercera  hipótesis  la  situación es diferente. En tal evento la acción penal  estaba  vigente  al  momento de producirse el fallo y su legalidad en esa medida  resulta  indiscutible  a  través  de la casación, porque la misma se encuentra  instituida  para  juzgar  la  corrección  de  la  sentencia  y  eso  no incluye  eventualidades   posteriores,  como  la  prescripción  de la acción penal  dentro del término de ejecutoria.”   

“Cuando  así  sucede,  es deber del funcionario judicial de segunda instancia o de la Corte si  el  fenómeno  se  produce  en  el  trámite  del recurso de casación, declarar  extinguida  la  acción  en  el  momento  en  el  cual  se  cumpla  el  término  prescriptivo,  de  oficio  o  a  petición  de  parte. Pero si no se advierte la  circunstancia  y  la  sentencia alcanza la categoría de cosa juzgada, la única  forma  de  remover  sus  efectos  e invalidarla es acudiendo a la segunda de las  causales    que   hacen   procedente   la   acción   de   revisión”2.     

Ahora  bien,  el censor desarrolla el cargo  con  un  argumento,  según  el  cual  la  Sala  debe  declarar  la prescripción  de  la  acción  penal, como  consecuencia   de   aplicar   al   caso,   por   razón   de   su   favorabilidad  frente a la interpretación  hoy acoge la Sala, una tesis jurisprudencial que ya fue recogida.   

Con  dicho  razonamiento  el  casacionista  olvida   que,   como   también   lo  ha  señalada  la  Sala,  la  favorabilidad      no      opera      respecto     de     criterios  jurisprudenciales,   habida  cuenta  que,  según  el  artículo  29 de la Constitución Política,  se trata de una garantía que  cobra       vigencia       ante      la      sucesión      de      normas  en  el tiempo, las cuales regulan  un    mismo    supuesto    de    hecho,    y   no   ante   diversas   posiciones  jurisprudenciales.   Así  lo  ha  dicho  la Corte:       

“La  favorabilidad,  tal como la regla el artículo 29 de la Carta Política, al lado  de  la legalidad, la defensa, la presunción de inocencia, la cosa juzgada, etc.  es  un  ingrediente  o  un  componente del genérico debido proceso.   Asimismo  cabe predicar que (tal  como  lo concibe el texto superior y el entendido que le ha dado la Corte) aquel  fenómeno  encuentra  asiento en el tránsito de legislaciones, esto es, de cara  a  la sucesión de leyes en el tiempo y más específicamente cuando el operador  judicial  se  enfrenta  a  una conducta punible cometida en vigencia de una ley,  pero  que  debe  decidir  (o  resolver  un  asunto  atinente a ella) cuando otra  normatividad  regula de manera distinta el mismo problema jurídico.”   

“Debe  recordarse  igualmente,  que  la  favorabilidad encuentra espacio de aplicación  alrededor  o  frente a la legislación positiva -y en el específico campo de la  sucesión  de  leyes en el tiempo- mas no  de cara a la jurisprudencia (cfr  casación  nov  29/02 Rad 17358), como que es aquél el alcance que se colige de  la      simple      lectura      del      texto      constitucional.”    3   

De  manera que el reproche del casacionista  encaminado   a   solicitar   que   se   dé   aplicación  a  una  cierta  tesis  jurisprudencial  favorable,  como  si  se tratara de una norma sustancial, no es  idónea  para  demostrar  una  violación  a la garantía fundamental del debido  proceso.    

En  consecuencia,  acorde  con la tesis que  viene  sosteniendo  la  Sala,  la  prescripción  de la acción penal dentro del  presente  caso  no  ha operado, toda vez que no ha transcurrido el término de 6  años  y  8  meses,  contados a partir del 27 de enero de 2003, fecha en la cual  cobró firmeza la resolución de acusación.   

Respecto   del  segundo  cargo,  que  el censor enfoca por la vía del  error  de  hecho,  en  la  modalidad de falso juicio de  identidad,  la  Sala encuentra que el argumento que lo  desarrolla  no  demuestre  el  yerro  acusado,  menos  aún  la  necesidad de un  pronunciamiento  jurisprudencial  que tenga la vocación para solucionar el caso  que en esta oportunidad analiza la Sala.   

Vista  la modalidad de yerro que intenta el  demandante,  la  Sala  estima  pertinente  recordar  que  el  error de hecho por  falso  juicio  de  identidad  consiste  en  que  el  juzgador  plasma  de  manera  tergiversada  el  medio  de  convicción  u  omite  una parte trascendente de él, y ello lo lleva a declarar  una  verdad que no se compadece de su contenido literal.  Por manera que el  casacionista  debe  demostrar  cómo, de haber sido apreciado el citado elemento  de  juicio  de  manera  estricta a su contenido, necesariamente el fallo, por lo  menos, habría sido favorable al acusado.   

Vistos  los  derroteros  anteriores,  surge  nítido   que   el  argumento  del  impugnante  no  se  ajusta a ellos.  En efecto, el demandante asegura  que,  como consecuencia de tergiversar el contenido del artículo 88 del decreto  1403  de  1994,  el  sentenciador  le  imputó  a  LUIS  ALFONSO   RESTREPO  SUÁREZ  la  violación  al  deber  objetivo  de  cuidado,  sin precisar cuál en concreto fue el criterio en que se  fundó dicha imputación.         

El  argumento,  tal  como  lo  presenta  el  casacionista,     es     contradictorio,  comoquiera  que,  por  una  parte, critica que el sentenciador no  determinó  de  dónde  surge, en el comportamiento del procesado, la violación  al  deber  objetivo de cuidado; pero, por la otra, admite al mismo tiempo que el  fallador  la sustentó en la inobservancia del mandato contenido en el artículo  88  del  decreto  1403  de  1994.   En últimas, el libelista admite que el  juzgador  sí  fundamentó  la  razón  para  imputar  la  infracción del deber  objetivo  de  cuidado, solamente que estima que la norma invocada no era idónea  para ello.   

De  otra parte, en lo relativo a las normas  que  el casacionista estima violadas, la Corte observa que éstas no cumplen con  el  deber  de  proposición  jurídica completa.   Recuérdese  que el   impugnante  asegura  que  el  fallador  violó,  por  falta  de  aplicación, los artículos 2º y 23 del Código Penal.   

No obstante, el demandante olvida enseñar a  la Corte de qué manera se violaron dichas normas.   

En   efecto,   el  argumento  del  censor  no  se  detiene  en señalar  cuáles  fueron las normas y postulados sobre derechos humanos, como tampoco los  tratados  y  convenios internacionales ratificados por Colombia que se entienden  incorporados  a  la  ley 600 de 2000, menos aún acredita cómo fueron excluidos  por el fallador.   

De  otra parte, es  ilógica  la  crítica  del  censor, según la cual el  juzgador  violó,  por  falta  de aplicación, el artículo 23 del Código Penal  (que  define  la conducta culposa) cuando en realidad le dio plena aplicación a  dicha norma, al condenar al procesado por un delito culposo.   

Ahora  bien,  en  lo  que  tiene que ver en  particular  con  la modalidad de error de hecho ensayada, la Sala observa que el  falso juicio de identidad que  pregona  el libelista en este segundo cargo  no  encuentra  asidero,  toda vez que el sentenciador –al  contrario  de  lo  que  critica el  impugnante-  sí  advirtió  que  el  artículo  88  del  decreto  1403  de 1994  fija  las  funciones  de  una dependencia.             Pero,            enseguida           apreció  que  de  la enumeración de las  funciones   de   la   dependencia  “se  derivan  las  funciones del jefe de la misma”.    

Significa  lo  anterior  que,  lo  que  el  demandante   pretende   reprochar   a   través  del  reparo  que  postula  como  falso juicio de identidad, es  en  realidad  un  posible falso raciocinio,  comoquiera que en su propio razonamiento advierte que el juzgador  respetó  la  integridad  de  la prueba (pág. 46, demanda), pero la apreció de  manera errónea dándole un alcance que no le corresponde.    

En   todo   caso,   tampoco  enfocada  la  inconformidad     del    impugnante    como    falso  raciocinio  el  argumento  tendría éxito, comoquiera  que  la Corte no observa de qué manera al decir el Tribunal que a partir de las  funciones    asignadas    a    una   dependencia   se  deriven  las de quien la dirige, se haya desbordado la  facultad   razonada   de   apreciación   probatoria  que  le  asiste.   La  discrepancia  probatoria  que  en este sentido deja entrever el razonamiento del  censor,  no  es  idóneo,  como  la  Corte  lo  tiene  dicho, para demostrar una  ilegalidad en el razonamiento judicial.   

Por   lo   tanto,   si   en  el  sustento  argumentativo  con  que  el  fallador  imputó  a  LUIS  ALFONSO   RESTREPO  SUÁREZ  la  violación  al  deber  objetivo  de  cuidado  no  existió  el yerro de apreciación probatoria acusado  (falso  juicio  de  identidad), por lógica tampoco surge la necesidad de que la  Sala  profundice  o  corrija al sentenciador acerca de cuáles son los criterios  que  permiten  imputar  la  violación  al  deber  objetivo  de  cuidado  a  los  servidores públicos.   

Ahora  bien,  a  través  de  la  alegada  necesidad  de desarrollar la jurisprudencia,  el casacionista dirige a la Corte una petición para que ésta se  pronuncie  acerca  de cómo debe operar el principio de confianza respecto de la  conducta  funcional  de  los  servidores  públicos.   Dicha  solicitud  la  justificó  el  libelista en que el juzgador no advirtió que la responsabilidad  por  la errónea liquidación no corresponde a RESTREPO  SUÁREZ  en  su  condición de jefe de la dependencia,  sino  al liquidador JESÚS ERNESTO LUCERO BOLAÑOS, quien elaboró materialmente  la    correspondiente   planilla,   como   también   en   que   “la  investigación  adelantada por la fiscalía, la misma brilla por  sus  deficiencias,  puesto  que  no  se hicieron los más mínimos esfuerzos por  investigar  lo que sucedió al interior del Instituto de los Seguros Sociales…  una       vez       en       vigencia      la      reestructuración”.   

El   anterior  razonamiento  no   es   idóneo   para  fundamentar  la  necesidad  de  desarrollo  jurisprudencial  sobre el tema que propone el censor,  habida  cuenta  que, conforme la orientación que le imprime al argumento, éste  no   pasa  de  ser  más  que  un  reproche  encaminado  a  que,  en  esta  sede  extraordinaria,  se  aprecie  de  manera  diversa  la  prueba  que  obra  en  la  actuación  y que, según el impugnante, demostraría que la responsabilidad por  la defraudación corresponde a un tercero.    

Así     mismo,     el   razonamiento   ofrecido  de  esta  forma  resulta   ser   una crítica  intrascendente  por  violación  al  principio   de   investigación  integral,     la     cual     debió     enfocarse   por    la   causal   tercera   de    casación         y         demostrar         su    trascendencia    en   la  parte  dispositiva   de  la  decisión.   

En conclusión, la demanda presentada por el  defensor  de  LUIS ALFONSO RESTREPO SUÁREZ  no  cumple los  requisitos  de  lógica y debida argumentación necesarios para que sea admitida  por     la     vía    discrecional,    razón  por  la  cual  la Sala dispondrá   su   inadmisión.   

Por     último,     se   advierte    que    del    estudio   del   proceso   no   se   vislumbra violación  de  derechos fundamentales o  garantías  de  los  sujetos  procesales   que  amerite  el   ejercicio    de    la    facultad   oficiosa   de   índole  legal   que   al   respecto   le  asiste   a      la      Sala      para     asegurar     su   protección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E   

1.                                   INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por el defensor  de   LUIS   ALFONSO   RESTREPO   SUÁREZ.    En  consecuencia,  se  declara  DESIERTO      el  recurso.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBÀÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  El juzgado se abstuvo de condenar los procesados a la  pena  de  arresto  consagrada en el artículo 137 del Código Penal de 1980, por  cuanto  dicha  sanción  no  procede  frente  a  la  ley  599  de 2000; la misma  decisión  tomó  frente  a la imposición de la pena principal de interdicción  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas, puesto que, acorde con el  artículo  400  del  Código  Penal de 2000, dicha sanción está sujeta a la de  privación   de   la   libertad,  según  fue  aclarado  en  sentencia  de  esta  Corporación   de   23  de  febrero  de  2006,  radicación:  19367.   

2  Sentencia  de  1º  de  junio  de  2005, radicación:  21018   

3  Sentencia  de  12  de  mayo  de 2004, Radicación No.  17151     

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