29518(25-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 29518  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 171.  

Bogotá, D. C., veinticinco (25) de junio de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  sustentación de la demanda de casación instaurada por el defensor de  WILLIAM  MANZANO  MERCADO  y  JHON    JAIRO    ESPINAL    CORTÉS    contra  la  sentencia  del  15 de septiembre de 2007 a través de la  cual  el  Tribunal  Superior de Buga confirmó el fallo proferido por el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad, que condenó al acusado a la  pena  principal  de  445  meses  de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo término, como  autores del delito de homicidio agravado.   

HECHOS  

Los  episodios  sustento  de  la  condena se  pueden resumir de la siguiente manera:   

          El  22 de septiembre de 2006, en horas de la madrugada, WILLIAM  MANZANO  MERCADO  y  JHON  JAIRO ESPINAL CORTÉS dieron muerte a  Francisco    Luis   González   Álvarez  mediante  multiplicidad de puñaladas (33 en total) que el primero  asestó  al  segundo  mientras  el  otro  lo sujetaba por la espalda. Los hechos  ocurrieron  en  la  calle  4ª  entre  carreras 5 y 6 de la localidad de Ginebra  (Valle),  luego  de  que  los  tres  departieran  por  algún rato en la casa de  habitación de la víctima.    

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Iniciada  la  respectiva indagación, la  fiscalía  solicitó audiencia preliminar con miras a obtener autorización para  capturar   a   WILLIAM  MANZANO  MERCADO  y  JHON  JAIRO ESPINAL CORTÉS.  La diligencia se llevó a cabo el 14 de noviembre de 2006 ante el  Juzgado   Promiscuo   Municipal  con  funciones  de  control  de  garantías  de  Ginebra.   

2.  Obtenida  la  captura  de  los  entonces  indiciados,  el  mismo  Juez  Promiscuo  Municipal  de Ginebra realizó el 16 de  noviembre  del  citado  año  audiencias preliminares para legalizar la captura,  formular  la  imputación  e  imponer  medida  de  aseguramiento.  Efectuado  lo  primero,  la  fiscalía  imputó  a  los  implicados  el  ilícito  de homicidio  agravado  y,  por  esa  misma  conducta punible, el juez les profirió medida de  aseguramiento de detención preventiva.   

3. La medida de aseguramiento fue apelada por  la  defensa  y  el  Juez  Segundo  Penal  del  Circuito  de Buga la confirmó en  audiencia celebrada el 28 de noviembre siguiente.   

4.  Presentado  el escrito de acusación, el  Juez  Primero  Penal  del  Circuito  de Buga celebró el 7 de febrero de 2007 la  respectiva  audiencia,  en  desarrollo  de  la cual la fiscalía atribuyó a los  procesados  el  delito  de homicidio agravado, conducta prevista en el artículo  104, numeral 7º del Código Penal.   

5. La audiencia preparatoria la llevó a cabo  el  juez  de  conocimiento  el  7  de  marzo  de  2007. Durante su desarrollo el  funcionario  negó  la  petición  de  la  fiscalía  de excluir algunas pruebas  solicitadas  por  la defensa, decisión contra la cual el representante del ente  acusador  interpuso  apelación,  siendo  confirmada por el Tribunal Superior de  Buga  en providencia del 22 de marzo de 2007 adoptada en audiencia celebrada ese  mismo día.   

6. Realizado el juicio oral, el a   quo  profirió  sentencia  de  condena  conforme  lo  anunció  al término del debate público. Contra esa decisión se  alzó  en apelación la defensa con resultado desfavorable, ante lo cual acudió  al recurso extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          El  actor  formula  dos  cargos contra la sentencia del Tribunal, el  primero  con  apoyo  en la causal segunda de casación prevista en la Ley 906 de  2004  y  el  segundo  con sustento en la causal tercera de la misma disposición  legal.   

          Por  razones  metodológicas  y con el objeto de evitar repeticiones  innecesarias,  la  Sala  abordará  en  el  siguiente  acápite el examen de los  cargos  formulados  por  el actor, expresando el soporte de cada uno de ellos en  la medida en que se ofrezca la respectiva respuesta.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

          Antes  de  proceder  al  anunciado estudio, la Sala debe insistir en  señalar  que la demanda de casación no es un escrito de libre confección sino  que,  dado  el  carácter  extraordinario  de  ese  recurso,  debe  cumplir unos  presupuestos  de adecuada y lógica fundamentación, sin los cuales el libelo no  podrá    ser    admitido.                  

         

          Esos  presupuestos, en el esquema procesal contemplado en la Ley 906  de  2004, surgen de lo dispuesto en los artículos 182 y 184, inciso segundo. La  primera  de  esas  normas  exige  al  censor  presentar la demanda señalando de  manera  precisa  y concisa las causales invocadas y sus fundamentos. A su turno,  la  segunda  establece  que  no  se  seleccionará el libelo cuando, entre otros  casos,  se  prescinde  de  señalar  la causal o no se desarrollan los cargos de  sustentación.   

          Al  amparo de las mencionadas disposiciones la Sala ha expresado que  en  la  nueva  sistemática procesal penal al demandante le corresponde también  satisfacer,   al   formular   los   respectivos   cargos,   las  pautas  fijadas  tradicionalmente  por  la  jurisprudencia  frente  a cada una de las causales de  casación establecidas por la ley.   

          Primer       cargo.      Nulidad.   

          El  libelista  sustenta  este  reproche  en  el  hecho de no haberse  vinculado   a   la   actuación   a   Oscar   Ledesma  Guerrero,   señalado  por  el  testigo  Luis  Carlos  Pérez  León de ser el autor  del homicidio.   

          La  jurisprudencia de la Sala tiene establecido que cuando se invoca  la  causal  de  casación  en  mención  compete  al actor cumplir unas mínimas  exigencias  de  fundamentación  en  orden  a posibilitar el entendimiento de la  censura.  En  ese  sentido,  ha  dicho  que  debe  identificar la irregularidad,  señalar  si  se trata de un vicio de estructura o garantía, indicar la norma o  normas  violadas,  mencionar  el  momento  procesal  en  donde  se  presentó la  anomalía  y  las  actuaciones  afectadas con la misma, así como fundamentar su  trascendencia.   

          En  el  presente  caso,  el  demandante  se  abstuvo de mencionar la  naturaleza  del vicio, es decir, si de estructura o garantía y tampoco explicó  la  incidencia  de  la falta de vinculación del tercero en las conclusiones del  fallo  atacado.  Este  último  presupuesto, importa señalar, está en armonía  con  lo  dispuesto en el inciso primero del artículo 457 de la Ley 906 de 2004,  conforme  al  cual  sólo  hay  lugar  a  decretar la nulidad por violación del  derecho  de  defensa  o del debido proceso en aspectos  sustanciales.  Y también con lo previsto en el inciso  segundo  del  artículo  50  ibídem,  a  cuyo  amparo  la  ruptura de la unidad  procesal    no    genera    nulidad    siempre    que   no   afecte   garantías  constitucionales.   

          En  vez  de  emprender  dicha fundamentación, el casacionista optó  por  orientar  su  discurso  a demeritar la fuerza persuasiva de las pruebas con  las  cuales  el  juzgador  sustentó  el fallo condenatorio para privilegiar, en  cambio,   la  credibilidad  del  testimonio  de  quien  señala  a  Ledesma  Guerrero  como  único  autor del  delito.  Es  así  como alude a la declaración de Luis  Orlando  Saavedra  Saa  para destacar que presenta una  personalidad  “de escasa instrucción o preparación  con  tan  solo  segundo  año  de  bachillerato…,  su ignorancia (sic)  debido  a  la  cantidad de droga que  consume   y   de  manera  habitual,  las  historias  fantásticas”.   

De   igual   manera,   se  refirió  a  la  intervención  del perito médico de nombre Juan Manuel  Arango, respecto de quien criticó la circunstancia de  manifestar  que  el  acto  criminal  no pudo ser ejecutado por una sola persona,  basado  en  la  ausencia  de actos de defensa a pesar de admitir la presencia de  contusión   en   el   labio   inferior   del  occiso.   

          Precisamente,  en  criterio  del  impugnante, dicha lesión coincide  con   la  versión  del  testigo  Luis  Carlos  Pérez  León,  quien declaró que la víctima fue atacada por  la  espalda  por  Oscar Ledesma Guerrero, poniéndole  la  mano  en la boca, lo cual pudo causar la contusión  mencionada  por  el  perito,  habiendo  utilizado su otro brazo para ejecutar el  acto criminal.   

          Como  se  observa,  se dedica a presentar su propia visión sobre el  alcance  suasorio  de  las pruebas recaudadas en el juicio oral, sin explicar de  qué  forma  la  eventual  vinculación  a  la  actuación de ese tercero tenía  capacidad  para  influir en la conclusión valorativa del Tribunal, en tal forma  que  la  ruptura  de  la  unidad  procesal  producida como consecuencia de su no  vinculación  derivó en la conculcación de las garantías fundamentales de los  procesados.           

          En  consecuencia, por no fundamentarse adecuadamente, se inadmitirá  este reproche.   

          Segundo       cargo.      Manifiesto   desconocimiento   de   las   reglas  de  producción  y  apreciación de la prueba.   

          Este  motivo  de  casación,  tradicionalmente denominado violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, se presenta cuando el fallador al valorar la  prueba  incurre en error de hecho o de derecho. El primero se manifiesta en tres  modalidades,  a  saber:  falso juicio de existencia, falso juicio de identidad y  falso  raciocinio.  El  error  de derecho, a su turno, se expresa de dos formas:  falso juicio de legalidad y falso juicio de convicción.    

          El  falso  juicio de existencia se presenta cuando el juzgador omite  apreciar  una  prueba  legalmente  recaudada  o sustenta su decisión con una no  practicada.  El  falso  juicio de identidad ocurre cuando el fallador aprecia la  prueba  pero  distorsiona  su  sentido  fáctico,  ya  sea  porque  la adiciona,  fragmenta  o  translitera.  Y  el  falso  raciocinio  se  estructura  cuando  el  sentenciador  vulnera  de  manera  ostensible los principios de la sana crítica  conformados  por  las  reglas  de  la experiencia, los postulados lógicos o las  leyes de la ciencia.   

          Por  su  parte,  el  falso juicio de legalidad se presenta cuando el  funcionario  judicial  desconoce  las  normas  reguladoras  de  la  formación o  producción  de  las  pruebas,  ya sea por apreciar un medio de prueba pese a no  cumplir  dicha normativa o porque lo excluye a pesar de satisfacer tales reglas.  Finalmente,  el  falso  juicio  de  convicción  ocurre  cuando  el sentenciador  vulnera  el  valor  asignado por la ley a un determinado elemento probatorio, es  decir, desconoce la denominada tarifa legal.    

             

          Para  la  acreditación de cada uno de esos errores se debe acudir a  distintos  desarrollos.  Así,  en  el  falso  juicio de existencia es necesario  identificar  la  prueba  o  pruebas  omitidas  o inventadas, precisar los hechos  dejados  de  demostrar o los que se dieron por probados indebidamente, según el  caso  y  explicar la incidencia del yerro. En el falso juicio de identidad será  indispensable  identificar  el medio sobre el cual recayó el error, realizar un  cotejo  entre  su  contenido y aquel que le atribuye el fallador, precisando los  aspectos  en donde se presenta la distorsión y luego acreditar la trascendencia  del  yerro.  En  el  falso  raciocinio  debe  el  actor  identificar  la  prueba  indebidamente  valorada,  señalar  la  regla  de  la sana crítica desconocida,  indicar  aquella  que  debió  aplicar el juzgador y sustentar las implicaciones  del error en el sentido de la sentencia.   

   

          Por  su  parte,  para  demostrar  alguno cualquiera de los referidos  errores   de   derecho,   es   deber  del  casacionista  identificar  la  prueba  indebidamente  apreciada,  señalar  las  normas que regulan su formación o que  tasan  su  valor  probatorio,  según el caso, acreditar el error y demostrar su  trascendencia frente a las conclusiones del fallo.   

          En  el  caso  sometido  a  estudio,  el actor en el cargo segundo de  manera  confusa  se  refiere  a  varias  clases  de  errores, sin fundamentarlos  adecuadamente.  Es  así  como  al  enunciar la censura empieza por señalar que  “en  el  rodaje  procesal  se  tuvo  oportunidad  de  conocer  más  testimonios  de  personas,  que tuvieron conocimiento directo del  caso,   donde  se  puede  apreciar  el  aparecimiento  de  un  falso  juicio  de  existencia…”.                Luego   aduce   que  con  los  testimonios  con  los  cuales  el  ad quem  fundó  su  decisión  no  se  logra  llegar a la verdad por estar  contaminados     y     encontrarse    distorsionados    en    su    alcance    y  contenido.   

          Al  desarrollar el reproche sostiene que la sentencia partió de dos  posiciones   antagónicas   derivadas  de  tomar  como  conclusión  una  prueba  tergiversada,  en cuanto se fundó en hechos contrarios a los expresados por los  testimonios.   Al  respecto  se  queja  de  que  el  Tribunal  hubiese  otorgado  credibilidad   al   testigo  Saavedra  Saa   y   desechado  la  versión  de  Pérez  León,  a  pesar de dar ambos detalles de lo ocurrido.  Considera  que ese modo de manejar las pruebas desconoce el derecho de igualdad,  máxime  cuando respecto del testigo de cargo no se constató si estuvo presente  en   un   velorio,   circunstancia   que   le   correspondía  investigar  a  la  fiscalía.   

          En  el  mismo  acápite cuestiona la conclusión del perito cuando a  partir  de  la carencia de heridas de defensa y del número de lesiones causadas  (33  en  total), conceptuó que en los hechos participaron más de dos personas.  En  criterio  del  actor,  la  conclusión  del  perito  es  más  propia  de un  violentólogo  que  de  un  legista; más aún, ello constituye una deformación  real  de  la  prueba  porque  el dictamen habla de más de dos personas, pero el  Tribunal  solamente  condenó  a  dos, lo cual “surte  una  violación por vía de derecho llamada ilegalidad  extrínseca”  (sic),  por  cuanto   las   pruebas   deben   ser   valoradas   en  conjunto  “teniendo   en   cuenta   la   lógica,   experiencia,   y  dinámica  social”.    

Como se observa, el demandante esboza primero  la  presencia  de un falso juicio de existencia, pero ni siquiera identifica las  pruebas  sobre  las  cuales  recayó  el  error  que  aduce.  Luego  sugiere  la  incursión  en  un  falso  juicio  de  identidad, yerro que pretende acreditar a  partir  de  criticar el mérito probatorio asignado por el fallador a los medios  de  prueba,  sin  indicar  cuáles  fragmentos de los testimonios con los cuales  fundó  la  decisión  atacada  omitió,  adicionó  o transliteró el juzgador.  Finalmente,   alude  a  la  existencia  de  un  curioso  error  de  derecho  por  “ilegalidad extrínseca”,  sin  ofrecer  más  argumento  en  su  sustento  que  el de propender porque las  pruebas sean analizadas en conjunto.   

          En  capítulo  posterior,  pero  en  desarrollo  del mismo cargo, el  actor  insiste  en  denunciar  la  presencia de un falso juicio de identidad, en  cuyo  fundamento,  luego  de realizar la ininteligible introducción consistente  en  que  “la  distorsión  y  alcance que se recaudo  (sic)    en   la   prueba  testimonial  produce  lo  que  objetivamente,  no  son  los propios (sic)”,   pasó   a  reseñar  el  contenido  de  las  entrevistas  recepcionadas  a  Jhon  Jairo Espinel Cortés, William  Manzano   Mercado   y  Oscar  Ledesma  Saldarriaga, las declaraciones de Luis  Orlando  Saavedra  Saa y Luis  Carlos  Pérez  León  y el memorial  suscrito  por  Luis Orlando Saavedra Zapata,  padre  del  testigo  Saavedra Saa.              

          Empero,   tampoco   en  esta  oportunidad  el  libelista  estructura  adecuadamente  el  error  que  enuncia,  pues aparte de reseñar el contenido de  dichos  elementos,  se  limita  a  fijar  su  particular punto de vista sobre el  mérito  persuasivo  de  los  mismos,  sin  mencionar  los apartes presuntamente  distorsionados  por  el Tribunal y sin atinar siquiera a identificar las pruebas  con  las  cuales  esa corporación cimentó efectivamente el fallo condenatorio.   

          El  censor,  finalmente, alude a la presencia de un falso raciocinio  por  cuanto  el  ad  quem  no  aplicó  las  reglas  de  la sana crítica ni apreció los distintos aspectos de  los    medios    de    convicción    de    manera   integral,   “inclinando  su  fallo  a  hechos  enrarecidos, y contaminados por la  formación  probatoria,  debido  a  la  exclusión de otra persona, en el juicio  debidamente   implicada  de  manera  directa”.    

          Sin  embargo, en la presentación del falso raciocinio se abstuvo de  indicar  las reglas de la experiencia, los postulados lógicos o las leyes de la  ciencia  que  habría  vulnerado  el Tribunal en la apreciación de las pruebas.  Fuera  de  ello,  acudió  a  un  argumento  que  escapa  al motivo de casación  denunciado,  pues  insistió  en  la falta de vinculación de un tercero, cuando  ese  aspecto  no  tiene relación con el falso raciocinio alegado, vulnerando de  esa  forma  el  principio  de  autonomía  que gobierna el recurso de casación.   

Como,  según lo analizado, el segundo cargo  tampoco  se  estructuró  de  manera lógica y coherente, la Sala inadmitirá la  demanda  presentada por el defensor de WILLIAM MANZANO  MERCADO   y   JHON  JAIRO  ESPINAL  CORTÉS,  sin  que  advierta  la  vulneración de garantías fundamentales en los temas contemplados  en  el  libelo,  que  impongan superar los desaciertos técnicos para decidir de  fondo.   

   

No obstante lo anterior, la Corte observa que  el  sentenciador  pudo  vulnerar el principio de legalidad al determinar la pena  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  pues  la  fijó  en  el  mismo  término  señalado para la sanción  privativa  de  la  libertad,  lo cual implica que quedó en 445 meses, cuando la  pena  privativa  de  los  derechos  y funciones públicas no puede exceder de 20  años,  de  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 51 del Código Penal.   

En  consecuencia,  se  ordenará que una vez  cobre  ejecutoria  la presente decisión y se resuelva, en caso de interponerse,  lo  relacionado  con  el mecanismo de insistencia, vuelva el proceso al Despacho  de   la  Magistrada  ponente,  para  de  oficio  proferir,  en  su  momento,  el  pronunciamiento de rigor.   

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación1,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por cuyo medio la Sala resuelva inadmitir la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          1.  INADMITIR la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  WILLIAM  MANZANO  MERCADO  y  JHON     JAIRO     ESPINAL     CORTÉS.   

         De    conformidad    con    lo   dispuesto   en   el   inciso     segundo    del    artículo  184  de  la  Ley  906  de   2004  y,  en  los  términos  referidos  en  el  acápite   final   de   esta  determinación,  contra  la    misma    procede  la insistencia.   

2.  Ejecutoriada  la  presente  decisión  y  resuelto,  en  caso  de  interponerse,  el  recurso de insistencia, volverá  el  proceso  al  Despacho  de la  Magistrada  ponente, a fin de que la Sala provea de manera oficiosa acerca de la  posible  vulneración de garantías fundamentales, conforme lo expresado en esta  providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                AUGUSTO   J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                      

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                           YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                             JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria   

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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