29499(19-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29499  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  231  

Bogotá D.C., diecinueve (19) de agosto de dos  mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de    casación   interpuesto   por    los   defensores   de   JAVIER  FERNANDO  RODRÍGUEZ, EDGAR    MENDOZA    URIBE,   TULIO      ENRIQUE      RODRÍGUEZ      RODRÍGUEZ      y     JORGE     CONDE     contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de   Cúcuta, el 11 de abril de 2007, que al confirmar la dictada  por  el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito Especializado de Cúcuta, el 23 de  febrero  de 2005, los condenó a la pena principal de  15 años de prisión  y   a  la sanción accesoria de “inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la  pena  privativa  de  la  libertad”, como coautores de  los  delitos de concierto para delinquir, hurto calificado agravado, en concurso  homogéneo   y  sucesivo,  y  fabricación  y  tráfico  de  armas  de  fuego  o  municiones.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  primera  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Tuvieron ocurrencia durante los años de  1998,  1999  y  2000  en  la  ciudad  de  Cúcuta,  cuando un grupo de numerosas  personas  se  concertaron  para  cometer  delitos;  esa  banda de delincuentes a  partir  del  primer  semestre de 1998 y hasta julio de 2000, se dedicó a hurtar  en  las  fincas  ubicadas  en  los  corregimientos  Aguaclara,  El  Salado,  San  Faustino,   en   jurisdicción  de  Cúcuta,  Puerto  Santander,  El  Carmen  de  Tonchalá;  hasta  donde  llegaban  primero  cuatro  o cinco individuos, algunas  veces  vistiendo  prendas de uso privativo de las fuerzas armadas y argumentando  que  se  trataba  de  paramilitares,  amenazaban  a los indefensos campesinos, a  quienes  reducían  a la impotencia utilizando armas de fuego, los encerraban en  las  habitaciones  y  procedían  a registrar los inmuebles apoderándose de los  bienes  y  enseres  tales como, relojes, anillos, televisores, neveras, estufas,  equipos  de  sonido  y  VHS;  ropa  bicicletas, motos, equipos de trabajo de las  fincas,  guadañadoras,  bombas  y motores; posteriormente llegaban otros seis o  siete  sujetos,  quienes se dedicaban a sacrificar las mejores reses que habían  en  la  finca, llevándose la carne y dejando abandonados en el lugar la cabeza,  el    cuero,    las    patas,   las   viseras   y   la   osamenta…”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.   Por  los  anteriores  hechos,  la  Fiscalía   Segunda  de Patrimonio Económico de Cúcuta, el 23 de marzo de  2001, calificó el mérito del sumario, así:   

a)  Dictó  resolución  de acusación contra  Tulio  Enrique  Rodríguez,  Libardo     Medina     Moreno,    Javier    Fernando  Rodríguez,   Jorge  Blanco  Fuentes  o  Jorge Conde, Edgar  Mendoza  Uribe,  Luz  Marina  Ordóñez  Pérez, Jairo  López  Rodríguez,  César  Augusto  Sánchez  Buitrago,  Luis  Alberto Fuentes  Ramírez,  Florencio  José  Rodríguez,  Luis  Giovanny  Lizcano Mayorga, José  Ernesto  Rivera  Moreno, Omar Alberto Quintero Beltrán, Luis Alberto Hernández  Rodríguez,  Luis  Alfredo  Niño Rodríguez, Luis Alirio Peña Carrillo, Miguel  Ángel  Álvarez, Reinaldo Eusebio Martínez y Arlet Santamaría por los delitos  de  concierto  para  delinquir  agravado, hurto calificado agravado, en concurso  homogéneo   y  sucesivo,  y  fabricación  y  tráfico  de  armas  de  fuego  y  municiones.   

b)  Profirió resolución de acusación   en  contra   de  María del Carmen Ardila por el delito de hurto calificado  agravado,  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo.  Así  mismo,  le precluyó la  investigación por el punible de concierto para delinquir.   

c)  Dictó  resolución  de acusación contra  Luis  Alberto  Fuentes  Ramírez  por las conductas punibles de hurto calificado  agravado,    en    concurso    homogéneo   y   sucesivo,   y   concierto   para  delinquir.   

d)   Profirió resolución de acusación  contra Ezequiel Sandoval Vera por el delito de favorecimiento.   

e)  Precluyó  la  investigación  a  favor  de    Jorge   Enrique   Durán   por   el   punible   de  hurto  calificado  agravado.   

f)  Precluyó  la  investigación  a favor de  Jesús  Alejo  Peña  Bayona y Jorge Enrique Durán por los delitos de concierto  para delinquir y hurto calificado y agravado.   

g)  Precluyó la investigación  a favor  de   Argemiro   Peña  Bayona  por  la  conducta  punible  de  hurto  calificado  agravado.   

Apelada  que  fuera la anterior decisión, la  Fiscalía  Tercera de la Unidad Delegada  ante el Tribunal de Cúcuta, el 7  de junio de 2001, la confirmó.   

2.   La  etapa del juicio la tramitó el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cúcuta que, luego de  celebrar  la  audiencia  de  juzgamiento,  el  23  de  febrero  de  2005, dictó  sentencia   de   primera  instancia   en  la  que  adoptó  las  siguientes  determinaciones:   

a)  Cesó  todo  procedimiento  a  favor  de  Florencio  José  Rodríguez  Rodríguez  respecto  de  la  conducta  punible de  concierto para delinquir.   

b)  Condenó a Tulio  Enrique  Rodríguez  Rodríguez, Libardo Medina Moreno,  Javier  Fernando  Rodríguez,  Jorge  Conde,  Edgar  Mendoza  Uribe, Luz Marina Ordóñez  Pérez,  Jairo López Rodríguez, César Augusto Sánchez Buitrago, Luis Alberto  Fuentes  Ramírez,  Luis  Giovanny Lizcano Mayorga, José Ernesto Rivera Moreno,  Omar  Alberto  Quintero  Beltrán,  Alberto  Hernández Rodríguez, Luis Alfredo  Niño  Rodríguez, Luis Alirio Peña Carrillo, Reinaldo Eusebio Martínez Rivera  y  Arley  Santamaría Flórez a la pena principal de 15 años de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término,   como  coautores  de  los  delitos de  concierto  para delinquir (artículo 186 del Decreto 100 de 1980, modificado por  el  artículo 8° de la Ley 365 de 1997), hurto calificado agravado, en concurso  homogéneo  y  sucesivo,  (artículo 349, 350.1, 351.8.9 y 372.1 del Decreto 100  de  1980)   y  fabricación  y  tráfico  de  armas  de  fuego o municiones  (“artículo 201 del Decreto  100 de 1980).   

c) Condenó a Miguel Ángel Álvarez a la pena  principal  de  16  años de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo plazo, como coautor de  los  delitos de concierto para delinquir (artículo 186 del Decreto 100 de 1980,  modificado  por  el  artículo  8°  de  la  Ley  365 de 1997), hurto calificado  agravado,  en  concurso homogéneo y sucesivo, (artículos 349, 350.1, 351.8.9 y  372.1  del  Decreto  100  de 1980) y fabricación y tráfico de armas de fuego o  municiones  (“consagrado  en  el artículo 201 de la  misma obra”).   

d)  Condenó  a  María  del  Carmen  Ardila  García   a  la  pena  principal de 6 años de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones pública por el mismo  plazo,  como  coautora  del  delito  de  hurto  calificado agravado, en concurso  homogéneo  y  sucesivo  (artículos 349, 350.1, 351.8.9 y 372.1 del Decreto 100  de 1980).   

e) Condenó a Florencio José Rodríguez a la  pena  principal de 12 años de prisión y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas, como coautor de las conductas  punibles  de  hurto  calificado  agravado,  en  concurso  homogéneo  y sucesivo  (artículos  349,  350.1, 351.8.9 y 372.1) y fabricación y tráfico de armas de  fuego  o  municiones  (artículo “201” del Decreto 100 de 1980).   

f)  Condenó a Jorge Enrique Durán a la pena  principal  de  6  años  de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo lapso, como coautor de  la  conducta  punible  de  hurto  calificado  agravado, en concurso homogéneo y  sucesivo.   

g) Condenó a Ezequiel Sandoval Vera a la pena  principal  de  1  año  de  arresto  y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas como autor de la conducta punible  de favorecimiento (artículo 176 del Decreto 100 de 1980).   

3.  Apelado  el  fallo por los defensores, el  Tribunal  Superior  de Cúcuta, el  11 de abril de 2007, lo confirmó en su  integridad.   

LAS  DEMANDAS DE CASACIÓN  

Demanda presentada a nombre de Javier Fernando  Rodríguez   

El defensor del citado procesado, con base en  las  causales  tercera  y  primera  de  casación, presenta dos cargos contra la  sentencia   del  Tribunal,  cuyos  argumentos  se  sintetizan  de  la  siguiente  manera:   

Primer cargo  

1.  Basado en la causal tercera de casación,  acusa  al  Tribunal  de  haber dictado sentencia en un juicio viciado de nulidad  por violación del debido proceso.   

Anota  que  el  fallo es violatorio de la ley  sustancial,  en  tanto  que  se  profirió condenando sin que el expediente obre  “plena  certeza  de  su  responsabilidad”,  puesto  que  se  fundó en testigos de oídas, “desamparando  la investigación integral, al no hacer comparecer por  cualquier  medio  idóneo  al  testigo VALDERRAMA MUÑOZ, a un reconocimiento en  rueda  de  presos,  o audiencia pública, para contrainterrogarlo y dilucidar la  responsabilidad  de  JAVIER  RODRÍGUEZ”.   

Por  lo expuesto, pide a la Corte declarar la  nulidad  de  la  actuación  a  partir  del  auto  fechado  el  23 de octubre de  2005.   

Segundo cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  indirecta,  la ley sustancial por “falsa apreciación  de la prueba testimonial”.   

Como  norma violada cita el artículo 232 del  Código de Procedimiento Penal.   

Manifiesta que se condenó a su procurado con  los   testimonios   de   Orlando  Valderrama  Muñoz  y  Luis  María  Contreras  Carrillo,        “sindicaciones”  que  fueron  confrontadas con varias denuncias hechas por otras  personas  y  que  “nunca fueron arrimadas al proceso  para  corroborar  lo  dicho  por estos dos testigos, creándose la duda material  sobre       las       afirmaciones       hechas      por      éstos”.   

Reconoce  que  si  bien  es  cierto  que  el  deponente  Contreras  afirmó  que  el  hoy sentenciado participó en los hechos  delictivos,  de  todos  modos le queda la duda por cuanto no lo reconoció en la  diligencia  en  fila  de  personas  que  se  realizó  con las que presuntamente  habían hurtado en su finca.   

Así  mismo,  anota  que  no  se le puede dar  credibilidad  al  dicho  de José Rodríguez y Libardo Medina Moreno,  “quienes  fueron  capturados  en  flagrancia, además el señor  MEDINA  MORENO se fugó de las instalaciones de la Sijin sin que sucediera nada,  por  lo  cual  es  sospechoso  que  parezca  como  testigo  en  contra de Javier  Fernando”.   

Explica  que en el proceso obra a favor de su  procurado   que  los  señores  Luis   Humberto   y   José   de       Carmen      Rico      Pabón       hayan   reconocido        a      un       “sin  número”   de   personas   que   cometieron     los     hurtos     en     las     fincas  “y  reconocen  uno a uno a los autores dentro de los  sindicados  presentes  en la sala de audiencias…,”,  sin que dentro de ellos hubiese estado su defendido.   

De  ahí  que concluya que la identificación  que    hizo    Luis    María    Contreras    Carrillo    fue    “insinuada,  restándole  importancia  a las versiones que hoy tienen  como     coautor    al    señor    Javier    Fernando    Rodríguez”.   

Después  de informar que en el trámite obra  la  versión  de  señor Valderrama Muñoz que, en su criterio, también mintió  ante  la  justicia,  insiste en afirmar que en la unidad probatoria no emerge el  grado  de  conocimiento de certeza, motivo por el cual se impone la casación de  la sentencia y, por lo mismo, absolver a Javier Rodríguez.   

Demanda  presentada a nombre de Tulio Enrique  Rodríguez      Rodríguez,      Edgar      Mendoza      Uribe      y Jorge Conde   

El  citado defensor, con base en las causales  tercera   y  primera de casación, presenta dos cargos contra la sentencia,  así:   

Primer cargo  

El  citado  profesional del derecho, acusa al  Tribunal  de  haber  dictado  sentencia  en  un  juicio  viciado  de nulidad por  violación del debido proceso.   

Argumenta  que  la sentencia es violatoria de  dicho  derecho  fundamental,  en  la medida en que en el trámite no obra prueba  legalmente  aportada  que  lleve  a  predicar la certeza requerida para proferir  fallo de condena en contra de sus representados.   

Además,  dice  que  el  fallo  se  fundó en  testigos  de  oídas  y no se protegió el principio de investigación integral,  puesto  que  no  se  hizo  “comparecer por cualquier  medio  idóneo  al  testigo  VALDERRAMA  MUÑOZ, a un reconocimiento en rueda de  presos,   o   audiencia  pública,  y  ejercer  de  esta  forma  el  derecho  de  contrainterrogar  y  dilucidar  la  responsabilidad de los señores TULIO   ENRIQUE   RODRÍGUEZ,   EDGAR  MENDOZA  URIBE  y       JORGE      CONDE.   

Segundo cargo  

Por último el defensor del procesado, basado  en  la  causal  primera  de  casación,  acusa  al Tribunal de haber violado, de  manera  indirecta, la ley sustancial derivado de error de hecho por falso juicio  de  identidad  “por apreciación distorsionada de las  pruebas y tergiversación de las mismas”.   

En   lo   que   llamó   “FUNDAMENTO     DEL     CARGO”,   manifiesta   que   está   en   desacuerdo   con  las  apreciaciones     del     juzgador,    puesto  que  de  los  mismos  no  emerge el grado de conocimiento de  certeza  respecto  de  la  existencia  del  hecho  y  la  responsabilidad de los  procesados.   

Argumenta  que los cargos contra su defendido  se   apoyaron   en   una  serie  de  denuncias  que  no  fueron  “arrimadas  al  proceso,  a fin de que se pudiera corroborar lo dicho  por  estos  testigos, creándose duda material sobre las afirmaciones hechas por  los  mismos,  dudas estas de carácter razonable que deben ser resueltas a favor  de los procesados…”.   

Afirma  que  del  testimonio  del señor Luis  María  Contreras  se  advierte  que  sus defendidos participaron en los hechos.  Empero,  le  asalta  la  duda  que  no los haya identificado en la diligencia de  reconocimiento en fila de personas.   

Dice  que  la prueba de cargo en contra de su  defendido  se  apoya  en las afirmaciones de Orlando Muñoz Rodríguez y Orlando  Valderrama  Muñoz.  Sin  embargo, resalta que este último no se presentó a la  citada  diligencia de reconocimiento, motivo por el cual, en su criterio, aflora  el grado de conocimiento de la duda.   

De  la misma manera, anota que no se le puede  dar  credibilidad  a  las  versiones  de  José  Rodríguez y de Libardo Medina,  puesto que ellos fueron capturados en flagrancia.   

Por manera que en virtud de la duda razonable  por   la   deficiencia  probatoria  que  “coloca  en  entredicho  lo  relatado  por la menor y lo dictaminado por el médico legal,…  procede  la  aplicación  del principio universal que rige nuestro Sistema Penal  del  IN  DUBIO  PRO  REO”, en concordancia con el de  necesidad  de  la prueba, según lo previsto por el artículo 232 del Código de  Procedimiento Penal.   

Por  lo  expuesto,  pide  a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en  consecuencia, absolver a Tulio Enrique Rodríguez,  Edgar  Mendoza  Uribe  y Jorge Conde de los cargos formulados en su contra en la  resolución de acusación.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

De  la  extinción  de  la acción penal por  razón de la prescripción   

1.  La  Sala  advierte  la  extinción  de la  acción  penal por razón de la prescripción respecto de las conductas punibles  de  concierto  para  delinquir  y  fabricación  y  tráfico de armas de fuego y  municiones.   

En  efecto, de acuerdo con lo previsto en los  artículos  83  y  86  de  la  Ley  599 de 2000, se sabe que la extinción de la  acción  penal  por  razón  de  la prescripción respecto de aquellas conductas  punibles  será por un “tiempo igual al máximo de la  pena  fijada  en la ley, si fuere privativa de la libertad, pero en ningún caso  será    inferior    a   cinco   (5)   años”   y   “no excederá de veinte (20)…”.   

Así mismo, la última de las normas citadas,  esto  es,  el  artículo 86 de la Ley 599 de 2000 regula que la prescripción de  la  acción  penal se interrumpe con la formulación de la acusación, evento en  el  cual  dicho  plazo  comenzará “a correr de nuevo  por  un tiempo igual a la mitad del señalado en el artículo 83. En este evento  el  término  no podrá ser inferior a cinco (5)  años, ni superior a diez  (10)”.   

Ahora   bien,   teniendo   como  fuente  la  normatividad  aplicada  en las instancias, en tanto que resulta más favorable a  los  acusados,  las  citadas  conductas  punibles   reglaban las siguientes  penas:  el concierto para delinquir, según lo previsto por el artículo 186 del  Decreto  100  de  1980,  modificado por el artículo 8° de la Ley 365 del 21 de  febrero  de  1997,  contemplaba  una  pena privativa de la libertad que oscilaba  entre  3  y  6  años  y,  por su parte, el delito de fabricación y tráfico de  armas  de  fuego  o municiones, conforme a lo que estatuía el artículo 201 del  Decreto  100  de 1980, modificado por el artículo 1° del Decreto 3664 de 1986,  reglaba   una   sanción  privativa  de  la  libertad  entre  1  y  4  años  de  prisión.   

Por  manera que los delitos de concierto para  delinquir  y fabricación y tráfico de armas de fuego o municiones, teniendo en  cuenta   la  pena  máxima  fijada  en  los  respectivos  tipos penales, la  acción  penal  se extingue por razón de la prescripción en la etapa de juicio  en 5 años.   

En  el  supuesto que ocupa la atención de la  Corte,   comporta  un  hecho  indiscutible que la resolución de acusación  adquirió  firmeza  el  7 de junio de 2001 y, por lo mismo, que la acción penal  por  razón  de  las  citadas  conductas punibles se extinguió por razón de la  prescripción  el  8  de junio de 2006, esto es, cuando el proceso se encontraba  en  el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta  para  resolver el recurso de apelación  interpuesto contra la sentencia de primera instancia.   

De ahí que la Corte procederá a declarar la  extinción  de  la  acción  penal por razón de la prescripción en torno a las  conductas  punibles  de  concierto  para  delinquir y fabricación y tráfico de  armas  de  fuego  o  municiones  y  respecto  de  Tulio  Enrique  Rodríguez  Rodríguez, Libardo Medina Moreno,  Javier  Fernando  Rodríguez,  Jorge  Conde,  Edgar  Mendoza  Uribe, Luz Marina Ordóñez  Pérez,  Jairo López Rodríguez, César Augusto Sánchez Buitrago, Luis Alberto  Fuentes  Ramírez,  Luis  Giovanny Lizcano Mayorga, José Ernesto Rivera Moreno,  Omar  Alberto  Quintero  Beltrán,  Alberto  Hernández Rodríguez, Luis Alfredo  Niño  Rodríguez, Luis Alirio Peña Carrillo, Reinaldo Eusebio Martínez Rivera  y  Arley  Santamaría  Flórez. En consecuencia, se cesará todo procedimiento y  se    procederá   nuevamente   a   determinar   la   pena   privativa   de   la  libertad.   

2. En lo atinente al coprocesado Miguel Ángel  Álvarez,  contrario  a  los anteriores procesados y con respeto al principio de  congruencia,  los  juzgadores  mantuvieron la circunstancia de agravación de la  pena   consagrada   para   la  conducta  punible  de  concierto  para  delinquir  consistente   en  que  se  trata  del  jefe  y  cabecilla  de  la  organización  delincuencial.  De  ahí  que  la  sanción  se  aumentó en la mitad, según lo  reglado  por  el  artículo  340 de la Ley 599 de 2000, inciso final, preceptiva  que  se  aplicó  en  virtud  del principio de favorabilidad, quedando como pena  máxima  la de 9 años. En consecuencia, se advierte que también en este evento  se  extinguió  la  acción penal por razón de la prescripción y se le cesará  todo procedimiento a su favor.   

3.  Respecto del  coprocesado   Florencio   José   Rodríguez  que fue condenado  por   la      conducta      punible      de      hurto    calificado   y   agravado   y  fabricación  y  tráfico  de  armas  de  fuego  o  municiones,  también se le declarará   la   extinción    de    la    acción    penal    por   razón   de   la  prescripción respecto de este último delito y  se le cesará todo procedimiento a su favor.   

4.  Y,  por  último,  en  lo  que  atañe al  coprocesado  Ezequiel  Sandoval Vera que llega a esta instancia condenado por la  conducta  punible  de favorecimiento, según lo que reglaba el artículo 176 del  Decreto  100  de  1980,  adicionado por la Ley 365  de 1997, que comportaba  pena de arresto entre 6 meses y 4 años.   

En  tales  condiciones,  también  la acción  penal  se extinguió por razón de la prescripción. De ahí que la Sala así lo  declarará y cesará todo procedimiento a favor de Sandoval Vera.   

5. La Sala se abstendrá de expedir copias con  destino  a la Sala Disciplinaria del Consejo Seccional de la Judicatura de Norte  de  Santander  como  consecuencia  de  la  declaratoria  de  la extinción de la  acción  penal por razón de la prescripción de las citadas conductas punibles,  para  que  se  investigue a los distintos funcionarios judiciales que conocieron  del  trámite,  en  tanto  que se advierte que el mismo se hizo complejo dada la  cantidad  de  procesados y la pluralidad de delitos por los cuales éstos fueron  acusados y juzgados.   

Calificación   de   las   demandas   de  casación   

1.   Recuérdese  que  la  demanda  de  casación  no  es  un  escrito  de   libre  confección sino que debe estar  sujeta  a  una  estricta elaboración, de acuerdo con los parámetros señalados  en  la ley y en la jurisprudencia. Tal afirmación tiene su respaldo en que esta  impugnación  es  de carácter extraordinaria y rogada establecida para demandar  los  vicios  de  derecho  o  de actividad cometidos en la sentencia o durante el  trámite judicial.   

Por  manera  que  no  basta  con  postular la  censura  sino  que  corresponde  al casacionista que demuestre la existencia del  vicio  y  su  trascendencia  frente  a  las  plurales decisiones adoptadas en el  fallo.  Si  no  se  cumple  con  dichos  presupuestos  se impone la inadmisión,  máxime  cuando  la  Corte,  en  virtud  del  principio de limitación, no puede  entrar a complementar al libelista.   

2.  De acuerdo con los anteriores postulados,  surge  claro  y  evidente  que  ninguno de los casacionistas cumplió con dichos  parámetros, razón por la cual se inadmitirá los libelos. Veamos:   

En  lo  que  tiene  que  ver  con  la demanda  presentada  a  nombre  de Javier Fernando Rodríguez y respecto del primer cargo  que  el  actor postula por la vía de la nulidad por violación  del debido  proceso,  se  advierte  que el censor desconoce la naturaleza y el alcance   de  las causales de casación, en  la  medida  en  que   su desarrollo no guarda logicidad con el  enunciado.   

En  efecto,   el  casacionista en vez de  ilustrar  a  la  Corte  en  qué  consistió el vicio, es decir, que el error in  procedendo  alegado  desquició  las bases de la instrucción y del juzgamiento,  de  manera  antitécnica  incursiona  por  la  vía  de  la  causal  primera  de  casación,   puesto  que  procede  a  plantear  que la actividad probatoria  desplegada  en  el  proceso  no  lleva  al grado de certeza para dictar fallo de  carácter  condenatorio  por  cuanto  que  la decisión se fundó en testigos de  oídas.   

En  consecuencia,  si  la  inconformidad  del  libelista  radicaba  en  la  valoración  dada  a  los  medios  de impugnación,  entonces  la censura debió postularla bajo los senderos de la causal primera de  casación, toda vez que ese es su escenario natural.   

Recuérdese que la infracción indirecta de la  ley  sustancial  surge como consecuencia de la errada apreciación de la prueba.  Por  manera que al casacionista le corresponde que señale cuál fue el error en  que  incurrió  el  fallador  en el acto de apreciación de las pruebas, es  decir,  si  fue de hecho o de derecho, y el falso juicio que lo determinó, esto  es,     si     de     existencia,    identidad,    raciocinio,    legalidad    o  convicción.   

Cumplido  con dicho cometido y en punto de la  trascendencia,  necesariamente  el  actor  deberá acreditar cómo de no haberse  cometido  ese error el fallo habría sido favorable a los intereses del acusado,  ejercicio  en el cual se deberán tener en cuenta las demás probanzas en que se  fundó  el  sentenciador  para  concluir  en  la  existencia  del  hecho y en la  responsabilidad de los procesados.   

Y,  por  último,  en  procura de cimentar la  proposición  jurídica  completa,  el  actor  debe  indicar  las  consecuencias  jurídicas  del  mentado error en la apreciación de los medios de prueba. Dicho  en  otras  palabras,  cómo  ese vicio condujo a aplicar una norma que no era la  llamada  a  gobernar  el asunto o, a excluir otra que sí resolvía los extremos  de relación jurídico procesal.   

Como  se  puede  apreciar  del resumen de los  libelos  el  actor  no  cumplió  con  esos  parámetros  de lógica y de debida  fundamentación.   

En el evento en que se piense que se trató de  un  lapsus  calami,  tampoco  el  cargo aparece correctamente postulado. Si bien  dentro  de  la  pluralidad  de  argumentos  que  presenta el libelista afirma la  violación  del  postulado de investigación integral, de todos modos no indicó  la  fuente de pertinencia, conducencia y utilidad frente al objeto del proceso y  el   convencimiento   del   funcionario   judicial   de   la  prueba  echada  de  menos.   

Así  mismo, del discurso argumentativo no se  desprende  línea que lleve a colegir cómo de haber sido recibido el testimonio  del  señor Valderrama Muñoz, necesariamente el fallo habría sido favorable al  procesado.  Es  decir,  el  actor  sólo  atinó  a indicar que se trataba de un  testigo  idóneo  y que no compareció a la diligencia de reconocimiento en fila  de  personas  y  al acto de la audiencia de juzgamiento y, por esa razón, no lo  pudo contrainterrogar.   

Ante esa falta de claridad y precisión en la  formulación de la censura, se impone su indamisión.   

El segundo cargo no corre mejor suerte, habida  cuenta  que si bien lo formula por la vía de la infracción indirecta de la ley  sustancial  por  una “falsa apreciación de la prueba  testimonial”,  de  todos  modos no señaló la clase  del error y el falso juicio que lo determinó.   

El discurso argumentativo el actor lo centró  en  sostener  que  no comparte los razonamientos probatorios hechos por los  juzgadores,  por cuanto que las denuncias realizadas por otras personas  no  fueron  corroboradas  por  los  testigos Orlando Valderrama Muñoz y Luis María  Contreras  Carrillo. Así mismo, indica que de la unidad probatoria no emerge el  grado  de  conocimiento  de  certeza,  puesto  que uno de los testigos en que se  fundó  el  juicio  de  responsabilidad no reconoció a su defendido como uno de  los integrantes de la banda criminal.   

También muestra su inconformidad respecto al  mérito  dado  a  las  versiones  de  José  Rodríguez y Libardo Medina Moreno,  máxime  cuando  ellos  fueron  aprehendidos  en  estado de flagrancia, y que no  comparte  que  no se le haya otorgado a los testimonios de Luis Humberto y José  de  Carmen  Rico  Pabón  un  crédito  a  favor de los intereses procesales que  representa.  Y,  por  último,  dice  que  la  identificación  que  Luis María  Contreras      hizo      de      su      defendido      fue      “insinuada”.   

Dicho de otra forma, el cargo se presenta como  una  personal  forma  de  apreciar  los medios de prueba, sin que se advierta un  error   que   amerite   la   intervención   de   la   Corte  como  tribunal  de  casación.   

Demanda  presentada a nombre de Tulio Enrique  Rodríguez  Rodríguez, Edgar  Mendoza Uribe y Jorge Conde.   

En  lo  que  respecta  al primer cargo que el  demandante  postula  por  la  vía de la causal tercera de casación, utilizando  los  mismos  argumentos  de  la  anterior  demanda,  afirma  que  de  la  unidad  probatoria  no se advierte el grado de conocimiento de certeza  para dictar  fallo  de  condena  en  contra  de sus representados, argumento que ha debido de  presentar con base en la causal primera de casación.   

También  dice  que se violó el principio de  investigación  integral  por  cuanto no se recibió el testimonio de Valderrama  Muñoz;  empero,  de  igual  manera  como  en la anterior demanda no enseñó su  fuente  de pertinencia, conducencia y utilidad frente al objeto del proceso y el  convencimiento  del funcionario judicial. Además que no pudo ejercer el derecho  de contradicción.   

Es  decir,  con  los  mismos  argumentos  y  falencias  del  anterior libelo, el actor postula, nuevamente, la violación del  principio  de investigación integral y que de la unidad probatoria no emerge el  grado de conocimiento de certeza.   

Ante  esa  falta  de claridad y precisión se  impone la inadmisión del reproche.   

Y,  por  último, en lo que atañe al segundo  cargo,  muestra  inconformidad  con  las  conclusiones probatorias del juzgador,  puesto  que  de  ellas aflora la duda y no la certeza, máxime cuando uno de los  testigos  no  identificó a sus defendidos en la diligencia de reconocimiento en  fila de personas.   

Así  mismo,  como  en  el  anterior  libelo,  asegura  que  no  se le puede dar crédito a las versiones de José Rodríguez y  Libardo   Medina,   en   tanto  que  ellos  fueron  aprehendidos  en  estado  de  flagrancia.   

Frente  a tales argumentos, la Sala considera  nuevamente  oportuno reiterar que la sentencia llega a esta sede amparada por la  doble  presunción de acierto y legalidad, esto es, que los hechos y las pruebas  fueron   apreciados   correctamente   y   el   derecho  estrictamente  aplicado,  presunción  que  al  libelista  le  compete  desvirtuar  a través de las   causales  de  casación   y  demostrando  la  trascendencia del vicio   frente a las conclusiones adoptadas en el fallo.   

Así,   se   inadmitirán  la  demandas  de  casación.   

ACLARACIÓN  

La Sala advierte que el sentenciador de   instancia  vulneró  el principio de  legalidad de las penas respecto de la  sanción   accesoria  de  “inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas”, por  desconocimiento  del  postulado  de  favorabilidad,  en  tanto que si los hechos  comenzaron  a  ocurrir  partir  del año de 1999, lógico es concluir que debía  aplicarse,  para este efecto, lo consagrado en el artículo 44 de Decreto 100 de  1980,  que  reglaba  dicha  pena en el plazo máximo de 10 años, situación que  aquí no ocurrió.   

De  ahí  que  haya  sido  un  desacierto que  algunos  de los procesados se le hubiese determinado dicha sanción accesoria en  el  mismo  término  de  la  pena  privativa  de  la libertad, cuando la pena de  prisión    sobrepasaba   los   10   años    a   que   alude   la   citada  norma.   

Sin  embargo, en virtud de la declaratoria de  extinción  de  la  acción penal por razón de  la prescripción, el vicio  necesariamente  tiene  que  corregirse,  en la medida en que la pena de prisión  “  conllevará  la accesoria de inhabilitación para  el    ejercicio    de   derechos   y   funciones   públicas   por   un   tiempo  igual….”,  según  lo prevé el artículo 52 de la  Ley 599 de 2000.   

DETERMINACIÓN DE LA PENA  

Como  se  advirtió  en  el  cuerpo  de  esta  providencia,  la Sala declarará la extinción de la acción penal por razón de  la  prescripción respecto de las conductas punibles de concierto para delinquir  y  fabricación  y   tráfico de armas de fuego  o municiones; de ahí  que se haga imperioso determinar nuevamente la sanción.   

1.  En  primer  lugar,  vale recordar que los  acusados       Tulio      Enrique      Rodríguez  Rodríguez,   Libardo   Medina  Moreno,  Javier  Fernando  Rodríguez, Jorge       Conde,       Edgar  Mendoza  Uribe, Luz Marina Ordóñez  Pérez,  Jairo López Rodríguez, César Augusto Sánchez Buitrago, Luis Alberto  Fuentes  Ramírez,  Luis  Giovanny Lizcano Mayorga, José Ernesto Rivera Moreno,  Omar  Alberto  Quintero  Beltrán,  Alberto  Hernández Rodríguez, Luis Alfredo  Niño  Rodríguez, Luis Alirio Peña Carrillo, Reinaldo Eusebio Martínez Rivera  y  Arley  Santamaría  Flórez  fueron  condenados  por  los  delitos  de  hurto  calificado   agravado,   en  concurso  homogéneo  y  sucesivo,  concierto  para  delinquir y fabricación y tráfico de armas de fuego o municiones.   

Así mismo, vale igualmente aclarar que Miguel  Ángel  Álvarez  se  le  condenó  por  los delitos de concierto para delinquir  agravado,  hurto  calificado  y  agravado,  en concurso homogéneo y sucesivo, y  fabricación  y  tráfico de armas de fuego o municiones, en consonancia con los  cargos formulados en su contra en la resolución de acusación.   

Respecto  al primer grupo de procesados,  el  juzgador  de primera instancia determinó la pena, así: consideró que como  quiera  que  se trataba de un concurso de conductas punibles, según lo previsto  por  el  artículo  31  de  la  Ley 599 de 2000,  procedió a establecer la  sanción  más  grave de acuerdo con su naturaleza, concluyendo que ésta era la  de hurto calificado agravado al fijarla en 10 años.   

A  continuación,  en  virtud del concurso de  conductas   punibles,   procedió   a   realizar   el   aumento  “hasta  en otro tanto”, de conformidad con  lo  previsto  por el artículo 31 del Código Penal, así: 3 años por el delito  de  concierto para delinquir y 2 años más por el de fabricación y tráfico de  armas  de fuego o municiones, arrojando como pena privativa de la libertad la de  15 años de prisión.   

Con respeto a la citada dosificación la Corte  determina  la  pena  privativa de la libertad de los anteriores acusados en diez  (10)  años de prisión.   

Así   mismo,   la  sanción  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas se fija en  el mismo plazo, esto es, en 10 años.   

2. En lo atinente al coprocesado Miguel Ángel  Álvarez,  el  juzgado  la determinó de la siguiente manera, de acuerdo con los  parámetros  exhibidos  en  precedencia:  por  el  delito  de hurto calificado y  agravado  10 años, por el concierto para delinquir agravado 4 años y por el de  fabricación  y  tráfico  de armas de fuego o municiones 2 años, para un total  de 16 años.   

Por manera que a Miguel Ángel Álvarez se le  condenará  a  la  pena  principal  de  10 años de prisión, como coautor de la  conducta  punible  de  hurto  calificado  agravado,  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo.   

Como  sanción accesoria  se le atribuye  la  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  término de 10 años.   

3.   Respecto  del coprocesado Florencio  José  Rodríguez   el  juzgado lo condenó a la pena principal de 12 años  de  prisión,  así:  10  años  por  el  hurto calificado agravado, en concurso  homogéneo  y  sucesivo,  y 2 por el de fabricación y tráfico de armas de  fuego o municiones.   

Así,   se  condenará  a  Florencio  José  Rodríguez  a  la  pena  principal  de  10  años  de  prisión  y a la sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso,  como  coautor del punible de hurto calificado  agravado, en concurso homogéneo y sucesivo.   

Y,   por  último,  en  lo  que  atañe  al  coprocesado  Ezequiel  Sandoval Vera sólo fue acusado y condenado por el delito  de   favorecimiento.   De   ahí   que   respecto   de   él  sólo  se  cesará  procedimiento.   

4.  En  lo  demás  el fallo no sufre ninguna  modificación.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

1.  Declarar  la  extinción  de la acción  penal  por  razón  de  la  prescripción  respecto de las conductas punibles de  concierto   para   delinquir   y   fabricación   y   tráfico   de   armas   de  fuego  y  municiones   a  favor      de      Tulio     Enrique     Rodríguez  Rodríguez,   Libardo   Medina  Moreno,  Javier  Fernando  Rodríguez, Jorge       Conde,       Edgar  Mendoza  Uribe, Luz Marina Ordóñez  Pérez,  Jairo López Rodríguez, César Augusto Sánchez Buitrago, Luis Alberto  Fuentes  Ramírez,  Luis  Giovanny Lizcano Mayorga, José Ernesto Rivera Moreno,  Omar  Alberto  Quintero  Beltrán,  Alberto  Hernández Rodríguez, Luis Alfredo  Niño  Rodríguez,  Luis  Alirio  Peña  Carrillo,  Reinaldo  Eusebio  Martínez  Rivera,   Florencio  José  Rodríguez,  Arley Santamaría Flórez y Miguel  Ángel  Álvarez,  de acuerdo con lo expuesto en  la    parte   motiva   de   esta   providencia.   En  consecuencia,     se  les     cesa    todo  procedimiento.   

En   tales   condiciones,  se  condena  a  Tulio   Enrique   Rodríguez   Rodríguez,  Libardo  Medina  Moreno, Javier Fernando  Rodríguez,     Jorge  Conde,    Edgar   Mendoza  Uribe,  Luz  Marina  Ordóñez  Pérez,  Jairo  López  Rodríguez,  César  Augusto  Sánchez  Buitrago, Luis Alberto Fuentes Ramírez,  Luis  Giovanny  Lizcano  Mayorga,  José  Ernesto  Rivera  Moreno,  Omar Alberto  Quintero   Beltrán,   Alberto   Hernández   Rodríguez,   Luis  Alfredo  Niño  Rodríguez,  Luis  Alirio  Peña  Carrillo,  Reinaldo  Eusebio Martínez Rivera,  Arley  Santamaría  Flórez,  Florencio  José  Rodríguez  y  a  Miguel  Ángel  Álvarez  a  la  pena  principal  de diez (10) años de prisión y a la sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  plazo, como coautores de la conducta punible de hurto  calificado y agravado en concurso homogéneo y sucesivo.   

2. Declarar la extinción de la acción penal  por   razón   de   la   prescripción   respecto  de  la  conducta  punible  de  favorecimiento  y con relación a Ezequiel Sandoval Vera. En consecuencia, se le  cesa todo procedimiento.   

3.  En  lo demás, el fallo no sufre ninguna  modificación.   

4.           INADMITIR         las           demandas  de  casación  presentadas  a nombre de  JAVIER  FERNANDO  RODRÍGUEZ,  EDGAR    MENDOZA   URIBE,  TULIO   ENRIQUE   RODRÍGUEZ   RODRÍGUEZ   y   JORGE  CONDE,  por  lo  anotado  en  la  motivación de este  proveído.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Comuníquese     y     cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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