29486(15-05-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  29486   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.119  

Bogotá D. C., quince (15) de mayo de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS  

Sería  el  caso  que la Sala se pronunciara  acerca   del  cumplimiento  o  no  de  los  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  GABRIEL     IGNACIO    NOVOA    QUEVEDO,  de  no  ser  porque  se  observa  que, antes del fallo de segundo  grado,  se  configuró  el  fenómeno  de  la  prescripción de la acción penal  derivada  del  delito  previsto  en  el  artículo  43  de  la  Ley  30 de 1986,  modificado  por  el  20  de la Ley 365 de 1997, en razón del cual fue condenado  aquél,   junto   con   Eismar   Antonio   Montero   y   Luis  Alberto  Corrales  Aristizabal.   

ANTECEDENTES  

1. En Bogotá, el 6  de  octubre  de  2000,  el  Grupo  Central  de  Policía  Judicial,  Control  de  Precursores  Químicos,  Dirección  de  Policía  Antinarcóticos,  con base en  información  obtenida  días atrás, dispuso un operativo merced al cual logró  decomisar  tres  mil  novecientos  noventa  y  tres coma tres (3.993,3) kilos de  ácido  sulfúrico,  contenidos en treinta y cinco (35) canecas que habían sido  descargadas  momentos  antes  en una bodega ubicada en la calle 11 B con carrera  85,  entre  los  inmuebles  signados  con  los números 85-06 y 85-14 del barrio  Santa Catalina.   

Dicha  sustancia, según se estableció, era  comercializada  de  manera  ilegal para la producción de narcóticos, por parte  de   Eismar   Antonio   Montero,  con  el  concurso  de  Luis  Alberto  Corrales  Aristizabal,       como       representante      legal      de      DISTRIBUCIONES  LA  GARZA, y GABRIEL  IGNACIO NOVOA QUEVEDO, propietario  de  la  empresa  COMERCIALIZADORA BIONOVA.   

2.   Por   los  anteriores  hechos,  tras  la vinculación legal de los tres antes citados, el 5  de  octubre de 2001 la Fiscalía General de la Nación les profirió resolución  de  acusación  en  calidad  de coautores del delito de concierto para delinquir  previsto  en  el artículo 340 de la Ley 599 de 2000, así como del señalado en  el  artículo  43  de  la  Ley 30 de 1986, modificado por el 20 de la Ley 365 de  19971,  pliego  de  cargos  que,  apelado  por los defensores de Corrales  Aristizabal  y  NOVOA QUEVEDO,  el  21  de  diciembre de 2001  fue  revocado por la Unidad de Fiscalías Delegadas Ante el Tribunal Superior de  Bogotá,  en  cuanto  a  la  atribución  de  la  primera  conducta  punible,  y  confirmado     respecto     de     la     segunda2.   

3. El 14 de enero de  2002  asumió  el  conocimiento  de  la causa el Juez Primero Penal del Circuito  Especializado  de  Bogota,  funcionario  que  el  14  de julio de 2003 profirió  sentencia  condenatoria  contra  Montero,  Corrales  Aristizabal  y NOVA  QUEVEDO,  como  coautores penalmente  responsables  de  infringir el artículo 43 de la Ley 30 de 1986, modificado por  el  20  de  la  Ley  365 de 1997, y en tal virtud a cada uno le impuso las penas  principales  de cuarenta y ocho (48) meses de prisión y multa equivalente a dos  mil  (2.000)  salarios  mínimos  mensuales  legales  vigentes,  así  como  las  accesorias  de  inhabilidad para el ejercicio de derechos y funciones públicas,  y  la  de  prohibición  para  el ejercicio de la industria y el comercio por el  mismo lapso de la pena aflictiva.   

El fallador, aun cuando negó los subrogados  penales  a  los procesados, dispuso que, mientras alcanzaba ejecutoria el fallo,  debían  seguir  gozando  de la prisión domiciliaria concedida como sustitutiva  de  la  medida cautelar con la que estaban cobijados3.   

4.  Del  expresado  fallo   apelaron   los   defensores   de  Corrales  Aristizabal  y  NOVOA  QUEVEDO,  y la actuación llegó el  10  de  diciembre de 2003 a la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá, sede  en  la  que, en cumplimiento del Acuerdo Nº 2776 de 23 de diciembre de 2004 del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  el  magistrado ponente ordenó, el 21 de  enero  de 2005, remitir las diligencias a la homóloga corporación de Sincelejo  (Sucre),  de  la  que  fueron devueltas al Tribunal de origen el 1 de septiembre  siguiente,  sin  el  respectivo  fallo, por vencimiento del término fijado para  las  labores  de  descongestión  en la citada norma4.   

El  22  de septiembre de 2005, el magistrado  sustanciador,  en  acatamiento del Acuerdo Nº PSAA05-3039 proferido por la Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura el 20 del mismo mes y  año,  nuevamente  envió la actuación a la Sala Penal del Tribunal Superior de  Sincelejo  (Sucre),  colegiatura  que  la  recibió el 26 de octubre siguiente y  dictó   sentencia   hasta   el  5  de  septiembre  de  2007, confirmando la de primer grado, decisión contra  la   que   NOVOA   QUEVEDO  interpuso   recurso   extraordinario   de   casación,  el  cual,  oportunamente  sustentado5,  permitió  el  arribo  del  proceso a esta Sala el 28 de marzo de  2008.   

CONSIDERACIONES  

1.  Acerca  del  fenómeno  jurídico de la prescripción de la acción penal, tiene precisado la  jurisprudencia        de        la       Corte6 que:   

“La prescripción  desde  la  perspectiva  de  la  casación,  puede  producirse:  a)  antes  de la  sentencia  de  segunda  instancia;  b)  como  consecuencia  de  alguna decisión  adoptada  en  ella con repercusión en la punibilidad; o, c) con posterioridad a  la   misma,  vale  decir,  entre  el  día  de  su  proferimiento  y  el  de  su  ejecutoria.   

“Si  en las dos  primeras  hipótesis  se  dicta  el fallo, su ilegalidad es demandable a través  del  recurso de casación, porque el mismo no se podía dictar en consideración  a  la pérdida de la potestad punitiva del Estado originada en el transcurso del  tiempo.   

“Frente  a  la  tercera  hipótesis  la  solución  es diferente. En tal evento la acción penal  estaba  vigente  al  momento de producirse el fallo y su legalidad en esa medida  resulta  indiscutible  a  través  de la casación, porque la misma se encuentra  instituida  para  juzgar  la  corrección  de  la  sentencia  y  eso  no incluye  eventualidades  posteriores,  como  la  prescripción de la acción penal dentro  del término de ejecutoria.   

“Cuando  así  sucede,  es deber del funcionario judicial de segunda instancia o de la Corte si  el  fenómeno  se  produce  en  el  trámite  del recurso de casación, declarar  extinguida  la  acción  en  el  momento  en  el  cual  se  cumpla  el  término  prescriptivo,  de  oficio  o  a  petición  de  parte. Pero si no se advierte la  circunstancia  y  la  sentencia alcanza la categoría de cosa juzgada, la única  forma  de  remover  sus  efectos  e invalidarla es acudiendo a la segunda de las  causales    que   hacen   procedente   la   acción   de   revisión”  (negrillas  de  la Sala).   

Sin  embargo,  en  el  presente asunto, como  objetivamente  se  desprende  de  la  síntesis procesal, la prescripción de la  acción  penal  respecto  del  delito  objeto  de  acusación  y juzgamiento, se  configuró   antes   de   la   sentencia   condenatoria  de  segunda  instancia,  circunstancia  que  pasó  desapercibida  para el respectivo Tribunal, así como  para el demandante quien no ataca el fallo por dicho aspecto.   

Es  indiscutible  que al continuar el Estado  con  el  ejercicio  del  poder  punitivo  después  de  que, por virtud del mero  transcurso  del  tiempo  perdió  dicha  facultad, la actuación posterior a ese  momento  deviene  ineficaz  y,  en  este  concreto  caso,  resulta  inválida la  sentencia  proferida  en  un proceso que no podía adelantar el juez por haberse  extinguido  en  él  la  potestad  conferida  por la Constitución y la Ley para  dirimir el conflicto sometido a su conocimiento.   

A  primera  vista  diríase  que, si bien la  demanda  de  casación  no  cuestiona el fallo de segundo grado por la señalada  circunstancia,  sin entrar a calificar el acierto lógico argumental del cargo o  cargos  propuestos,  la  Corte  debería  casarlo  de  oficio  para preservar la  efectividad  del  derecho  sustancial  y  las  garantías  debidas a los sujetos  procesales  —en este caso  de    los    acusados,    por    ser   la   decisión   condenatoria—,  empero,  ello supone la expedición  de  una sentencia de sustitución, que obviamente le es imposible emitir, justo,  por falta de una acción penal vigente.   

Tiene    dicho    la   Corte7     que  adelantar el juzgamiento de un ciudadano luego de que  el  Estado  ha  perdido  por  extinción de la acción la potestad sancionatoria  frente  a  un  comportamiento  típico,  constituye  grave  transgresión de las  garantías  constitucionales  sobre  legalidad  del  juicio,  con violación del  debido  proceso  y  del  derecho  de defensa, pues ocurrido ese fenómeno por el  transcurso  ininterrumpido  del término señalado por la ley para su operancia,  la  competencia  del respectivo funcionario se limita  para   efectos   de   la  sola  declaración  de  esa  prescripción,  de  la  cual  deriva  para la persona imputada el reconocimiento  de   su   presunción  de  inocencia.   

En  consecuencia,  atendiendo  el  mandato  fundamental    de    prevalencia    del    derecho    sustancial   (Constitución  Política, artículo 228) y  el  principio  rector del ordenamiento procesal penal que faculta al funcionario  a  corregir,  en  cualquier  momento  de  la  actuación,  los actos irregulares  (Ley   600   de   2000,   artículo   15),  en  eventos  como  este,  se  impone  la  misma solución dada a  aquellos  casos en los que el fenómeno jurídico de la prescripción ocurre con  posterioridad  a  la  sentencia de segunda instancia, es decir, entre el día de  su  proferimiento  y  hasta antes de su ejecutoria, hipótesis en la que si bien  no  hay  ilegalidad  del  fallo,  lo  procedente  es  acudir  a  la cesación de  procedimiento8.   

Esa decisión debe adoptarla la Corte Suprema  de  Justicia  cuando  quiera  que,  como en el asunto analizado, se abre paso el  trámite  del  recurso  extraordinario  de casación, sin que el juez de segundo  grado  se  haya  percatado de su configuración, bien de oficio o a petición de  parte,  y  sin  que el motivo de censura ante esta sede lo constituya el aludido  desaguisado,  ya que de no corregir en esa forma el extravío, en caso de que la  sentencia  alcance  ejecutoria  con  pervivencia del mismo, la manera de remover  sus  efectos  e  invalidarla es acudiendo a la acción de revisión, por vía de  la  causal  segunda,  tal  y  como  se  indica en la jurisprudencia inicialmente  citada.   

2.  Entrando  en  materia,  debe primeramente puntualizarse que de conformidad con el artículo 80  del   Código  Penal  vigente  para  el  momento  de  los  hechos  (Decreto  Ley  100  de  1980),  la acción  penal  prescribía en un tiempo igual al máximo de la pena fijada en la ley, si  era  privativa  de  la  libertad,  pero  en  ningún  caso  ese lapso podía ser  inferior a cinco (5) años, ni exceder de veinte (20).   

Según  la  misma legislación (artículos  83  y  84), la iniciación del  término  de prescripción comenzaba a contarse, para los delitos instantáneos,  desde  el  día de la consumación, y desde la perpetración del último acto en  los  tentados  o  permanentes. Este tiempo se interrumpía por la resolución de  acusación,  o su equivalente, debidamente ejecutoriada, y comenzaba a correr de  nuevo  por  un  período igual a la mitad del señalado en la norma inicialmente  invocada,  pero  en  ningún  caso  podía  ser  inferior  a cinco (5) años, ni  superior a diez (10).   

3. A los procesados  Eismar  Antonio  Montero,  Luis  Alberto  Corrales  Aristizabal  y  GABRIEL   IGNACIO  NOVOA  QUEVEDO,  en  la  resolución  de  acusación y en las sentencias de instancia se les atribuyó la  conducta  punible  definida  en el artículo 43 de la Ley 30 de 1986, modificado  por  el 20 de la Ley 365 de 1997, preceptos que establecían un máximo punitivo  de diez (10) años para el delito en cuestión.   

Con  el  fin de establecer el término de la  prescripción,  en  este  caso,  a  partir de la ejecutoria de la resolución de  acusación,  de  conformidad  con los preceptos atrás mencionados, la señalada  pena  máxima  debe  reducirse a la mitad, esto es, cinco (5) años, lapso en el  que  operaba  durante  el  juicio  el  aludido fenómeno extintivo de la acción  penal.   

Como  la  resolución de acusación alcanzó  ejecutoria  el  21  de  diciembre  de 2001,  ello  significa  que  el tiempo mínimo señalado por la ley para  que  operara  la  prescripción de la acción penal en el juicio por la conducta  punible  de  la  que  se  ocupó  este  proceso,  se  cumplió  el  20  de  diciembre  de 2006, es decir, antes  de   que   fuera   proferido   el   fallo  de  segunda  instancia  (23   de  agosto  de  2007),  sin  que  el  Tribunal  Superior de Sincelejo (Sucre) que para ese momento conocía del asunto  por  descongestión,  advirtiera  la situación que aquí se hace referencia, ni  el actor diera cuenta de esa circunstancia en su demanda.   

Lo  anterior, de acuerdo con lo puntualizado  al  inicio  de  estas  consideraciones, constituye razón suficiente para que la  Sala  proceda  a  declarar  la  prescripción de la acción penal derivada de la  conducta  punible  prevista  en el artículo 43 de la Ley 30 de 1986, modificado  por  el 20 de la Ley 365 de 1997, y a ordenar, en consecuencia, la cesación del  procedimiento  seguido  contra  GABRIEL  IGNACIO NOVOA  QUEVEDO,   Eismar  Antonio  Montero  y  Luis  Alberto  Corrales   Aristizabal,  determinación  que  se  hacen  extensivas  a  los  dos  últimos,  para  preservar  sus  garantías  fundamentales,  a  pesar  de que no  recurrieron el fallo de segundo grado.   

Puesto que según lo informa el proceso, los  aquí  encausados  están  afectados  por una medida restrictiva de su libertad,  consistente  en  prisión  domiciliaria,  se  ordenará  su libertad inmediata e  incondicional.   

El  juzgado  de primera instancia realizará  las  anotaciones  y  cancelaciones  que  se  deriven  de  lo  decidido  en  esta  providencia, contra la cual procede el recurso de reposición.   

4.  Como  la  Sala  encuentra  que  durante  el trámite del juicio y, en particular, del recurso de  apelación  de  la  sentencia  de primera instancia, pudo presentarse, según se  evidenció   en   los   antecedentes  procesales,  una  dilación  injustificada  determinante  de la prescripción, dispondrá que la Secretaría compulse copias  de  la  actuación  correspondiente  con  destino  al  Consejo  Seccional  de la  Judicatura  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  y  al  Consejo  Superior  de la  Judicatura     Sala     Disciplinaria     para    los    fines    que    estimen  pertinentes.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA    SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA   CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA,   

RESUELVE:  

1.  DECLARAR   prescrita   la  acción  penal  derivada  de  la  conducta punible consagrada en el artículo 43 de la Ley 30 de  1986,  modificado  por  el  20  de  la Ley 365 de 1997, atribuida a GABRIEL   IGNACIO  NOVOA  QUEVEDO,  Eismar  Antonio Montero y Luis Alberto Corrales Aristizabal.   

2.  ORDENAR,  en  consecuencia,  la  cesación del procedimiento adelantado contra los mencionados  procesados.   

3.  CONCEDER  la  libertad  inmediata  e incondicional de GABRIEL IGNACIO  NOVOA  QUEVEDO,  Eismar Antonio Montero y Luis Alberto  Corrales Aristizabal, respecto de esta actuación.   

4.- DISPONER que por  el  Juzgado  de  primera  instancia  se realicen las anotaciones y cancelaciones  pertinentes,   incluida  la  expedición  de  las  correspondientes  boletas  de  libertad,   previa   verificación   de   que   no   sea   requerido   por  otra  autoridad.   

4.-  ORDENAR que la  Secretaría  de  la  Sala  compulse  las  copias con la finalidad y los destinos  indicados.   

Contra esta providencia procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Despacho de origen   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                         ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  L.            AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUÍS  QUINTERO MILANÊS                                                YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                             JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

   

    

1  Folios 44 a 76, cuaderno original # 12.   

2  Folios   46   a  59,  cuaderno  original  #  3  de  segunda  instancia  ante  la  Fiscalía.   

3  Folios 235 a 286, cuaderno original # 14.   

4  Folios 5, 39, 40 y 48, cuaderno original del Tribunal.   

5  Folios 49, 51, 74 a 97 y 143 a 161 ídem.   

6  Sentencia  de  30  de  junio y auto de 8 de septiembre de 2004, Rad. Nº 18368 y  22588 respectivamente.   

7  Sentencia de 13 de octubre de 1994, Rad. Nº 8690.   

8  Sentencia de 24 de octubre de 2003, Rad. Nº 17466.     

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