29090(10-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 29090  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta: 185  

Bogotá, D.C., diez (10) de julio de dos mil  ocho (2008).   

D E C I S I Ó N  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  formales  que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda  de  casación  presentada por el defensor de JOSÉ ROYO  LLORCA  y  JOSÉ  ANASTASIO  HERRERA CAMPOS, contra el  fallo   del   29   de   junio   de   2007,  mediante  el  cual  el  Tribunal  Superior de Distrito Judicial de Barranquilla,   confirmó  la   sentencia   adoptada   por   el   Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Descongestión de  Cartagena,  el  6  de  diciembre  de  2004,  que  los  condenó   a   las  penas  principales  de  15  años  de  prisión  y multa de 3.000 smlmv, como coautores  responsables   de   la   comisión   del   concurso   de   delitos  de    narcotráfico   y   concierto para delinquir.   

H    E    C    H   O   S   

Fueron  resumidos  por  las instancias de la  siguiente manera:   

“Sucedieron  el 3 de diciembre de 1998, en  las  instalaciones  de  la  Sociedad  Portuaria  de  Cartagena,  cuando  en  una  inspección  llevada  a cabo por la Policía Antinarcóticos a unos contenedores  que  se  encontraban en la plataforma de aforo, los cuales llamaron la atención  al    presentar  una  diferencia  en  su  estructura  longitudinal  interna  identificados  como  TOLÚ  2387679,  con  sello N° 3501482; TPHU 625246-9, con  sello  N°  3501589;  CFAU  200347-8,  con  sello N° 3185954; TPHU 6909471, con  sello  N° 7800; TPHU 633198-0, con sello N° 18487; TPHU 6873147, con sello N°  3185453;  de  20  pies  cada uno, color ladrillo, los cuales fueron revisados de  manera  minuciosa, encontrando en ellos un doble fondo que servía para camuflar  la  droga,  la  cual  al  ser  pesada  arrojó  un  total de seis mil doscientos  diecinueve  kilogramos  (6.219  kgs)  de una sustancia que resultó ser positiva  para  Cocaína,  según  análisis  efectuado  por  el  Instituto  de  Medicinal  Legal.   

“La   carga   que   transportaban  tales  contenedores  venía  procedente  de  la  ciudad de Barranquilla, de una empresa  denominada  E. I. Caribe Ltda., mercancía consistente en bombillos, roscas para  bombillos,  soportes  para  lámparas,  súper  bonder, resina poliéster, papel  abrasivo,  bombas  de  vidrio y papel plástico, con rumbo a la Habana (Cuba), y  como destino final Vigo (España).   

“El día de la incautación fue capturado  JOSE  (sic)  DE  LOS  REYES  VILLERO  SANTOYA  y  vinculado  inicialmente  a  la  investigación,  quien se desempeñaba como representante de la empresa y agente  aduanero  de  E.  I.  Caribe  Ltda.,  resultando luego vinculados al proceso los  colombianos  MARCO  ANTONIO  ALVARES   y/o CARLOS HENAO, JOSE (sic) IGNACIO  HENAO  VERGARA,  HUGO VILLARREAL OTÁLORA, COLOMBIA PATRICIA PEREZ (sic) MUÑOZ,  RICARDO  ESTRADA  VERGARA  (fallecido), HERNAN (sic) DARIO ZAPATA y VICTOR (sic)  MANUEL  TAFUR,  al  igual que los ciudadanos españoles JOSE (sic) ROYO LLORCA y  JOSE  (sic)  HERRERA  CAMPOS,  quienes  a  través  de  la  cuenta corriente N°  4777129531-9  del  Banco de Colombia, sostenían económicamente a la empresa E.  I. Caribe Ltda., los cuales fueron judicializados.   

“Luego, basados en las pruebas obrantes en  el  expediente,  se  logró  establecer  que  existía una relación entre E. I.  Caribe  Ltda.,  con  Artesanías  Caribeñas  Poliplast & Royo, siendo ésta  última su única cliente.   

“Se  llevó  a  cabo  por  arte  de  las  autoridades  diligencia  de  allanamiento  y registro en las instalaciones de la  empresa  E.  I.  Caribe Ltda., ubicada en el barrio Bella Vista de Cartagena, en  la  que se incautaron insumos que indicaban que en ese lugar se llevó a cabo la  alteración  de  los  contenedores,   al  igual que cajas y etiquetas de la  empresa  Artesanías  Caribeñas  Poliplast  &  Royo  (compañía  ésta  de  propiedad de JOSE (sic) ROYO LLORCA”.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1.   El  27  de  diciembre  de  2000,  la  Unidad  Nacional  de  Antinarcóticos  e Interdicción  Marítima,   UNAIN,   Fiscalía   Especializada   de  Bogotá,  dictó resolución  de  acusación  contra JOSÉ  ROYO  LLORCA  y JOSÉ ANASTASIO HERRERA CAMPOS, por el  delito      de      narcotráfico,     previsto  en  el  capítulo  V,  artículo  33  de  la  Ley  30  de  19861  del  Código  Penal (Ley 100 de 1980), modificado por el 17 de la  Ley  365  de  1997,  agravado  por  el  artículo 382  del mismo estatuto punitivo,  en   concurso   material   heterogéneo   con   el   punible   de   concierto   para  cometer  delitos  de  narcotráfico,  consagrado   en   el   artículo   1863   

del  Código  sustancial citado. Proveído  recurrido       por       la      defensa      técnica      y      confirmado, el 31 de mayo de 2001, por la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá.    

2. El 6 de diciembre  de  2004,  el Juzgado Penal del Circuito Especializado  de   Descongestión   de   Cartagena,   condenó a JOSÉ  ROYO  LLORCA y JOSÉ ANASTASIO HERRERA CAMPOS, por los  punibles  imputados  de  narcotráfico y concierto para  delinquir,  a la pena de quince (15) años de prisión  y  multa  de  tres  mil  (3.000) salarios mínimos mensuales legales vigentes al  año de 1998.   

3. El 29 de junio de  2007,   el   Tribunal   de  Barranquilla,  en  virtud  de  la  apelación sustentada por la defensora   técnica,  confirmó en todas  sus partes, la sentencia proferida por el Juez de conocimiento.   

4.   El  23  de  noviembre   de   2007,  el  abogado  suplente,  atacó el fallo de segunda instancia, sustentando el recurso  extraordinario; libelo que hoy califica la Sala.   

R   E   S   U  M  E  N     D  E    L A   D E M A N D A   

Bajo  el  amparo  del  artículo  220,  sin  mencionar  la  Ley  que  lo  regula,  el  libelista  planteó  un  único cargo,  indicando  “como lo haré en cargos diferentes, tal  como  es  la  técnica  de  la  Casación, quiero referirme en este acápite, la  manera  como  quedaron  redactados  los considerandos tanto de la Resolución de  Acusación,  como  de  la  intervención  de la Fiscalía en la Acusación en el  juicio  y  en las sentencias de primera y segunda instancia, en donde se echa de  menos  cualquier  análisis  probatorio  y  solo  se  impone  el subjetivo de la  Fiscalía, Del (sic) Juez y del Tribunal”.   

Con base en la introducción anterior, acusó  la  sentencia  del  Tribunal,  “por  presentarse un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  puesto que existiendo las  pruebas, dejan de valorarse”.   

Acto  seguido,  transcribe  apartes  de  la  resolución  de  acusación,  sin  determinar  a  cuál  se  refiere,  esto  es,  a  la  de  primera o segunda  instancia;  para  al  final  sostener  que “el hecho  anterior  es  la  demostración  palpable  de  la  omisión  material de pruebas  allegadas  al  expediente  en  la instrucción y el error en que se incurrió al  señalar  la  influencia  que  tenían los antedichos señores en las diferentes  sociedades”.   

Luego,  criticando  la  providencia  atrás  mencionada,  informó  que  por  “el  hecho  de que  hubiesen  hecho  una  transferencia  por  101.504  dólares  a  E. I. Caribe sin  establecer  las  razones”,  no lo podían condenar.  Entre  algunas  motivaciones que le faltaron al ente Fiscal, trae a colación la  declaración  de  ANTONIO RODRÍGUEZ DOPAZO, persona que hace alusión al primer  envío  de  dinero norteamericano de ciento un mil dólares, por tanto, concluye  el  libelista que “el hecho narrado por la Fiscalía  queda  sin  respaldo  y, por el contrario, desvirtuado con la prueba omitida”.   

Otro medio de convicción excluido, aseveró,  fue   la   visita   de   HERRERA   CAMPOS  a  Colombia,  en  mayo  de  1997,  la  cual es otra fecha a la de  incautación  de la droga ilícita, por ello, se rechazan las argumentaciones de  la  “Fiscalía” cuando  motivó  la  acusación, indicando que, el citado ciudadano español venía para  “mantener   informado  al  señor  Royo  sobre  el  desarrollo  de  la operación de envío de los contenedores, según se deduce de  su movimiento migratorio”.   

A   renglón  seguido,  pasó  a  explicar  “el hallazgo de cajas y adhesivos con el logo de la  A.  E.  I.  UNION  (sic) DEL PLASTICO (sic). JOSE (sic) ROYO LLORCA en la bodega  ocupada  por  E.  I.  CARIBE  LTDA”,  refiriéndose  nuevamente  a  la declaración de RODRÍGUEZ DOPAZZO (sic), además que JOSÉ DE  LOS  REYES VILLERO SANTOYA, “llegó a efectuar hasta  tres  importaciones  de  productos  de  la A. E. I.”  Unión  de  Plásticos.   Se refirió, así mismo, a CARLOS ALBERTO ZULUAGA  MOLINA,   nueva  declaración  jurada,  que  informó  sobre  el  hurto  de  una  mercancía de un container.   

Concluye que con todo lo anterior, demostró  que  “no existe, legalmente prueba que conduzca a la  certeza  de la responsabilidad de los sindicados… como lo dispone el artículo  232  del  Código  de Procedimiento Penal”, teniendo  la  Corte  que aplicar “la contenida en el artículo  7°.   Ejusdem”.   Toda   vez   que,  “se  trata  de  una simple conjetura y es la deducción subjetiva  que  hace  la  Fiscalía  al  sustentar  la acusación, quebrantando con ello el  Mandanto  Constitucional del derecho penal de acto (art. 29 C.P.)”,   para   lo  cual  transcribe  la  parte  correspondiente  de  la  resolución  de  acusación  que avala su afirmación.   

Y,  apoyándose en una jurisprudencia de los  años  ochenta, anunció que por falta de certeza probatoria es deber aplicar el  principio  in  dubio  pro  reo, para no condenar a un inocente; bajo el auspicio  del   numeral  1°  del  artículo  217  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  “cuando  la  causal  aceptada  fuere la primera, la  segunda  o  la  de  nulidad  cuando  esta  afecte  exclusivamente  la  sentencia  impugnada  casará el fallo y dictará el que deba reemplazarlo”. Por  tanto,  solicitó,  “se revoque el  fallo  de  segunda  instancia”  que  condenó a los  españoles  ROYO  y  HERRERA,  por los delitos de narcotráfico y concierto para  delinquir;  y,  en  su  lugar, se absuelvan;  así  mismo “se revoquen las ordenes  (sic)   de   captura   impartidas   contra  ellos”.   

CONSIDERACIONES                 DE   LA  SALA   

La censura presentada a favor de  JOSÉ  ROYO  LLORCA  y  JOSÉ ANASTASIO HERRERA CAMPOS,   no   reúne   los   presupuestos   mínimos   de  coherencia  y  lógica-argumentativa  puntualizados  por  la  jurisprudencia  para  admitir  la  demanda,   pues   si  bien,  propone  como  punto  de  partida  para  lograr  la  infirmación  del  fallo  de segundo nivel, la violación indirecta de una norma  de  derecho  sustancial,  por  falso  juicio  de  existencia, en su desarrollo y  demostración  incurrió  en  graves fallas que atentan contra la filosofía que  inspira el recurso extraordinario.   

No es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  atada  a  los  fallos,  tampoco  es una adición de ideas en búsqueda de un fin  jurídico  subjetivo o hipotético del censor para asegurar la demostración del  ataque propuesto.   

Como  metodología,  la  Sala  abordará la  calificación  de  la  censura  en  aquellos  puntos  más  sobresalientes a fin  determinar  de  manera precisa, las falencias de mayor impacto, con el objeto de  brindarle  al actor claridad suficiente en torno a los desatinos que presenta su  escrito.   

Son    múltiples    los    yerros    del  demandante:   

(1) No identificó  por  cuál  normatividad  procedimental  estaba  desarrollando el cargo, pues se  refirió  a algunos artículos, al parecer, del Decreto 2.700 de 1991 modificado  por  la  Ley  81 de 1993, no obstante, el fallo de segundo grado, se expidió el  29  de junio de 2007, en vigencia de la Ley 600 de 2000, que era el trámite por  la  que  ha debido formular la censura, en atención  al artículo 40 de la  Ley   153  de  1887,  que  disciplina:  “las  leyes  concernientes  a  la sustanciación y ritualidad de los juicios prevalecen sobre  las   anteriores   desde   el   momento   en   que   deben   empezar   á  (sic)  regir…”,   cuya   vigencia   hermenéutica,  fue  declarada  exequible  por la Corte Constitucional mediante sentencia C-200 el 19  de  marzo  de 2002; entendiéndose, inclusive, que entre normatividades, para el  caso  en  estudio, no se inició ningún término procesal, como para pensar que  debe prevalecer el Decreto 2.700 de 1991.   

(2) Tampoco acusó  ninguna  norma  de  derecho sustancial, de aquellas que regulan el caso, dejando  con  ello,  irrelevante  el  ataque,  al  no  poder  desentrañar  la  Corte  la  disyuntiva  del  demandante,  al  pretender  que  sean  declarados inocentes sus  prohijados  en  sede  de  casación,  cuando  dejó  de  evocar  y sustentar los  supuestos    yerros    de    los    juzgadores,    al    aplicar    –si  se  quiere-,  precisamente,  las  normas fundamento de las condenas.   

(3) Confundió falta  de  motivación  de las sentencias, que se propone por nulidad, con falso juicio  de  existencia,  propio  de la vía indirecta: sentidos de ataque que tienen una  argumentación  lógica  independiente, vulnerándose el postulado de autonomía  que rige la casación.   

(4)  Criticó  los  diversos  medios probatorios imprimiéndoles su personal apreciación por encima  de  la  expuesta  por  los  juzgadores,  olvidando la temática casacional, como  cuando  indicó  que  las  “supuestas transferencias  injustificadas”  según  afirmó  la Fiscalía, las  desvirtuaba  con “el hecho de que hubiesen hecho una  transferencia   por   101.504  dólares  a  E.  I.  Caribe  sin  establecer  las  razones”.   

(5) Sostuvo que las  declaraciones  de  ANTONIO RODRÍGUEZ DOPAZO, JOSÉ DE LOS REYES VILLERO SANTOYO  y  CARLOS  ALBERTO  ZULUAGA  MOLINA,  no  fueron valoradas por la Fiscalía, por  ello,  “no existe, legalmente la prueba que conduzca  a  la  certeza  de  la responsabilidad de los sindicados… pues se trata de una  simple  conjetura  y  es  la  deducción  subjetiva  que  hace  la Fiscalía”.  Aquí,  se  constata  el   mayor  desquicio  del  libelista,   al   haber   sustentado   la  casación  atacando  la  resolución  de  acusación elevada contra  sus  poderdantes,  ignorando  por  completo los fallos de condena proferidos por  los Juzgadores.   

Desde  la  vigencia  de  Ley 61 de 1886, que  desarrolló  el  postulado constitucional sobre las funciones de la Corte,   el  recurso  extraordinario  de  casación,  en el artículo 37 de la misma obra  instrumental,  consagró  que “la Corte Suprema como  Tribunal   del  Casación…  conocerá  en  lo  criminal  de  las  sentencias  que  se  pronuncien  por  la  comisión  de  delitos  designados  en  el  artículo  29  de  la  Constitución  nacional…”; hasta hoy, cuando la Ley 600 de 2000,  precepto  205  ordena  que  “la  casación  procede  contra   las   sentencias  proferidas  en  segunda  instancia…”; y, no sobra  advertir  que,  la Ley 906 de 2004, dispone en el artículo 181 que “el  recurso  como  control constitucional y legal procede contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia…”;  inclusive,  el Decreto  2.700  de  1991, 219 al enseñar que los fines de la casación, entre otros, son  “(…)  la  reparación de los agravios inferidos a  las  partes por la sentencia  recurrida”  o  el  220  de  la  misma normatividad,  “cuando           la          sentencia sea violatoria de una norma de  derecho    sustancial”.   (Subrayados   fuera   de  textos).   

(6)  Por  último,  olvidó  desarrollar  la  censura  tal y como lo tiene establecido la Sala, así  mismo,  el principio de trascendencia fue relegado por completo, el libelo es el  producto  de  hipótesis  y  suposiciones  genéricas,  mostrándose  con  ello,  insustancial;  y,  la  petición de revocar el fallo del Tribunal, es insólita,  pues   el   trámite  extraordinario  –cuando  prospera  una determinada causal- interfiere las decisiones  de  los falladores, lo cual no significa que sea una extensión del proceso como  si   fuese   una   nueva  instancia,  cuya  motivación  es  de  libre  factura,  desconociendo  el  memorialista,  toda  la  filosofía  que  inspira  el recurso  extraordinario de casación.   

El   error   de   hecho   por  falso  juicio de existencia, se presenta  cuando   los   falladores   omiten  apreciar  un  determinado  medio  probatorio  legalmente  aportado  al  proceso  o  suponen  uno, que por el contrario, no fue  validamente  incorporada  al  expediente  y, en esas condiciones, fundamentan la  decisión  de  responsabilidad  penal o inocencia. Por tanto, es imprescindible:  (i)  determinar  la  prueba  dejada  de  apreciar  o imaginada por los funcionarios que administran justicia,  (ii)    acreditar    la  trascendencia  del  daño,  expresándose los motivos de manera objetiva del por  qué  la  ausencia  de valoración de ese medio de prueba, presentada como tal o  aquella  objeto  de  fantasía,  incidieron  de forma decisiva en el sentido del  fallo.   

A  modo  de  información  y  sin  que  sea  entendida  como  una  respuesta  de  fondo,  las  instancias,  sí valoraron los  testimonios,  por  ejemplo,  como el de RODRÍGUEZ DOPAZO al decir: “por  otra  parte,  aparece la declaración del ciudadano Cubano,  ANTONIO  RODRÍGUEZ  DOPAZO,  quien  se  desempeñaba  como jefe de taller de la  Empresa   ‘Artesanías  Caribeñas     Poliplas    y    Royo’,   el   cual   hace   un  relato…”.   

No obstante, ello se muestra irrelevante, si  se  tiene  presente que la prueba incriminatoria jamás fue motivo de ataque por  el demandante, pues los funcionarios de instancia aseveraron que:   

“A   través  de  la  abundante  prueba  documental  que  obra  en la actuación, la cual fue verificada profesionalmente  con  seriedad  y  responsabilidad  por  parte  de los investigadores, las cuales  fueron  reforzadas  en  su  eficacia  a través de otros medios de prueba, tales  como  testimonios,  peritazgos  e  indicios;  donde pudo demostrase que entre la  empresa  E.  I.  CARIBE LTDA, Y los señores JOSE (sic) ROYO LLORCA y JOSE (sic)  HERRERACAMPOS,   existía   una   estrecha   relación  desde  tiempo  atrás  y  constituían  junto  con  otras  personas  una  red  nacional e internacional de  traficantes  de  cocaína,  uno de cuyos destinos preferidos era Europa, para lo  cual  aprovechaban  el  aparente  movimiento  de  materias primas con la empresa  ARTESANIÁS  (sic)  CARIBEÑAS  &  ROYO,  que funcionaba en la Habana, Cuba,  administrada  por  los  dos  ciudadanos  Españoles,  quienes utilizaban la ruta  Colombia,  Jamaica, Cuba, España y viceversa, para transportar los contenedores  que llevaban una doble pared para mimetizar el alcaloide”.   

Se  verifica,  entonces,  que  el  libelista  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por el Juez Colegiado, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  demanda,  con  lo  cual  todas  sus  pretensiones se alejan de la filosofía que  ilumina el instituto casacional.   

Los defectos sustanciales enunciados atrás  no  le  dejan  otro  camino  a  la  Sala  que inadmitir la demanda de casación,  presentada  a  favor  de  JOSÉ  ROYO  LLORCA  y JOSÉ  ANASTASIO  HERRERA CAMPOS, en lo que tiene que ver con  el  injusto  de  narcotráfico, de conformidad con lo consagrado en el artículo  213  de la Ley 600 de 2000; sin olvidar que, estudiado el proceso, no se percibe  en  su  contexto,  que  se  hubiese  violentado alguna garantía fundamental que  amerite  el  facultativo ejercicio de la oficiosidad, en virtud de los dispuesto  en el artículo 216 de la misma obra instrumental citada.   

P R E S C R I P C I Ó N  

La  Sala  declarará  la  extinción  de  la  acción  penal  por  haber  operado  el  fenómeno  jurídico de la prescripción,   en   relación  con  el  punible   de   concierto  para  delinquir,  por  el  que  se  condenó a JOSÉ ROYO  LLORCA y JOSÉ ANASTASIO HERRERA CAMPOS.   

Los  juzgadores al realizar la dosificación  punitiva   respecto   al   delito  de  concierto  para  delinquir    con   fines   de   narcotráfico,   por  favorabilidad,  aplicaron la pena más benigna consagrada en la ley 599 de 2000,  artículo  340,  consagrada  de  seis  (6)  a  doce  (12)  años,  diversa de la  estipulada  en  la  Ley 30 de 1986, modificada por la Ley 365 de 1997, artículo  8, que oscilaba de diez (10) a quince (15) años.   

El  artículo  86  de  la  Ley  599 de 2000,  determina  que  la  prescripción  de  la  acción  penal  se  interrumpe con la  resolución  de acusación o  su  equivalente,  ejecutoriada  se  reinicia  el conteo de un nuevo término que  será  igual  al  acreditado  en el precepto 83, sin que pueda ser menor a cinco  (5) ni superior a diez (10) años.   

Por  tanto,  el  término prescriptivo de la  acción    penal,    en    punto    a   la   ejecutoria   de   la   resolución  de acusación, se entiende en  dos  sentidos: i) si se trata  de  un servidor público debe  contabilizarse,   como   lo   viene   explicando  la  jurisprudencia4 de esta Sala,  en  seis  (6)  años  y ocho (8) meses, ii)  por  el contrario, si es un particular, el lapso tiene un límite  de cinco (5) años.    

Así  mismo, la Sala viene precisando que en  vigencia   de   la   Ley   599   de   2000,   en   cuanto   a   la  prescripción  de  la  acción  penal, la  hermenéutica  que  guía  al interprete debe ser aquella que dimane de la misma  normatividad,      impidiendo      –en  la  gran mayoría de casos-, hacer extensivo a los particulares  el  incremento  de la tercera parte acreditado a los servidores públicos que en  ejercicio  de  sus  funciones  o  cargo  quebranten  la  ley penal, cuando en la  ejecución  o consumación de un punible de los llamados especiales, concurran a  su  realización unos y otros; tal como lo prevé el artículo 83 de la Ley 599,  inciso  5: “el servidor público que en ejercicio de  sus  funciones,  de  su  cargo  o  con  ocasión  de ellos, realice una conducta  punible  o  participe en ella, el término de prescripción se aumentará en una  tercera parte”    

En virtud de lo dispuesto en el artículo 197  de  la  Ley  2700  de  1991,  modificado  por  el 187 de la Ley 600 de 2000, que  disciplina  lo  concerniente  a  la  ejecutoria de las  providencias  de  segunda  instancia, al disponer que  “quedan ejecutoriadas el día en que sean suscritas  por  el  funcionario  correspondiente”;  se  tiene,  entonces,     que     la      resolución    de  acusación    expedida    por    la    Fiscalía   Delegada   ante   el  Tribunal  de  Bogotá,  quedó  ejecutoriada  el  día  de  su  expedición, esto es, el  31  de  mayo de 2001, lo que  indica  que  se  interrumpió  el  ciclo prescriptivo; iniciando un nuevo conteo  equivalente  a  la  mitad  del señalado en el artículo 83, el que no puede ser  menor  de  seis  (6) años ocho (8) meses, en relación a servidores públicos y  será  hasta cinco (5) años, para los particulares, con base en lo dispuesto en  el aludido artículo 86, numeral 2.   

En   consecuencia,   a   los  particulares  JOSÉ   ROYO   LLORCA   y   JOSÉ  ANASTASIO  HERRERA  CAMPOS, les  operó el fenómeno jurídico de la  prescripción  de  la  acción  penal para el delito de concierto para delinquir  con  fines  de  narcotráfico  y,  como  tal  infracción,  tiene  como  limites  punitivos  de  6  a  12  años,  la  acción  prescribió  en  6  años desde la  ejecutoria   de   la   resolución   de   acusación,   esto   es,  el 31 de mayo de 2007.   

En   la   fecha   indicada,   cuando   el  proceso  no  había  llegado a la Sala  para  calificar  las  demandas  de casación, operó el fenómeno  jurídico   de  prescripción  de  la  acción  penal.  En  efecto,  habiéndose  proferido  la  sentencia  condenatoria  de  primera  instancia  el  6  de  diciembre de 2004 y la del Tribunal  en   virtud  de  la  apelación  el  29  de  junio  de  2007,  la  acción  prescribió  entre los Tribunales  Superiores  de  los  Distritos  Judiciales de Barranquilla y Cartagena, toda vez  que,  el  secretario  de  esta  última  Corporación, certificó que el proceso  arribó  el  11  de febrero de 2005 y, el Tribunal de Barranquilla, falló el 29  de julio de 2007.    

Siendo  ello  así, la causa fue asignada, a  quien  hoy  funge en calidad de ponente, el 28 de enero  de  2008, entendiéndose que el punible en comento, ya  había  prescrito;  motivo  por el cual, el Estado Colombiano como titular de la  acción  pública,  perdió  la  potestad,  desde  ese  momento,  para investigar,  perseguir  y  sancionar  a  los  infractores  de  la  ley penal, toda vez que la  sentencia  condenatoria  de  segundo  nivel,  a  la  fecha,  aún  no ha cobrado  ejecutoria.   

Desde  luego,  atendiendo lo puntualizado en  los  artículos  38  y  39  del Código de Procedimiento Penal, se declarará la  extinción    de    la   acción   penal  por  el  delito concierto para delinquir  con   fines   de   narcotráfico,  en  los  términos  señalados;  decretándose  así mismo, la cesación de  todo     procedimiento     a    favor    de    los  sentenciados   JOSÉ  ROYO  LLORCA  y JOSÉ ANASTASIO HERRERA CAMPOS; por ende, se  conservarán,  los  lineamientos  punitivos  destacados  por  los  falladores de  instancia,   para  el  punible  de  narcotráfico,  los  que  se  resumen  así:   

“En   las   anteriores  circunstancias,  considera  el  Despacho  que  la  pena a imponer a JOSE (sic) ROYO LLORCA y JOSE  (sic)  ANASTASIO  HERRERA  CAMPOS,  por el delito más grave, será de 12 años;  ahora  bien como a la anterior cantidad es imperioso imponerle otra por concepto  del   ‘hasta  en  otro  tanto’   propia   del  concurso  material  heterogéneo  que  se  viene  predicando,  de  la situación  particular  examinada,  por concurrir el tipo penal de concierto para delinquir,  se  aumentará  en tres (3) años, para una sumatoria total de quince (15) años  de  prisión  como  coautores  responsables  de  los  delitos de narcotráfico y  concierto para delinquir”.   

Al  declararse  la  extinción de la acción  penal,  por  el  delito de concierto para delinquir con  fines   de   narcotráfico,  se  hace  imprescindible  prescindir  de  la  punibilidad impuesta por los juzgadores de instancia por tal  infracción;  es  decir,  reducirles  tres  (3) años, quedando en definitiva la  pena  que  deben  cumplir  los  sentenciados  en  doce  (12) años, como autores  responsables  del  delito  de narcotráfico.  Determinación que se informará a los  organismos  de  seguridad  a  donde  se  hubiese  oficiado en relación con este  proceso.   

Respecto   a   la  multa,  los  juzgadores  individualizaron  correctamente  el  monto  de  la sanción pecuniaria para cada  delito  (100  a  50.000  por  narcotráfico y 2.000 a 20.000 smlmv por concierto  para  delinquir), y escogieron adecuadamente el delito base dentro de las reglas  del  concurso  de  conductas  punibles,  pues partieron del punible de concierto  para  delinquir,  que  evidentemente,  tiene  una  pena  de multa mayor a la del  narcotráfico.  Dentro  de  este  ámbito  punitivo, impusieron la pena de 2.500  smlmv  por  el  delito  de concierto, la cual fue aumentada en 500 smlmv, por el  injusto de narcotráfico-    

No  obstante,  como el punible de concierto  para      delinquir      con     fines     de     narcotráfico     prescribió,  se  impone la readecuación  de  esta  pena  principal,  fijándola  en  quinientos  (500)  salarios mínimos  legales  mensuales vigentes, en atención a la cuantificación realizada por los  falladores.   

Así  mismo,  se  compulsará  copia de esta  decisión   con  destino  a  la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del Consejo Superior de la Judicatura a  fin, si a ello hay lugar, de iniciar la correspondiente acción.   

En  todo  lo  demás, la sentencia impugnada  conserva su integridad.   

Con   fundamento   en   lo   expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

R   E  S   U  E  L  V E   

Primero:  inadmitir   la   demanda   de  casación  presentada  a  nombre  de         los         sentenciados         JOSÉ  ROYO  LLORCA  y  JOSÉ  ANASTASIO  HERRERA CAMPOS,   en   virtud  de  lo  argumentado  en  párrafos precedentes.   

Segundo:   Declarar  extinguida   la   acción   penal   por   el  delito  de   concierto   para   delinquir   con   fines   de  narcotráfico,   mediante  la  cual  se  condenó  a  JOSÉ  ROYO  LLORCA  y JOSÉ ANASTASIO HERRERA CAMPOS,  por     las   razones   puntualizadas   en   la   parte   motiva   de  este  proveído.   

Tercero:  Decrétase,  en   consecuencia,   la   cesación   de   procedimiento  a  favor  de  los  procesados.   

Cuarto: En atención  a  la extinción de la acción penal, los sentenciados  ROYO    LLORCA    y    HERRERA    CAMPOS,     deberán     purgar  la pena de doce (12) años de prisión,  por  el punible de narcotráfico y respecto a la multa, ella será de quinientos  (500) salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

Quinto:              Ofíciese  a los organismos de seguridad  del   Estado,   con  el  fin  de  comunicarles  lo  aquí  decidido.    

Sexto: Compúlsese     por     secretaría    de    la    Sala,  copia  del  presente  proveído  con destino a la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del  Consejo Superior de la Judicatura.   

Sétimo: Cópiese,  notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1  Modificado  por  la  Ley  365 de 1997, de febrero 21. (Por el cual se establecen  normas  tendientes  a  combatir  la  delincuencia  organizada  y se dictan otras  disposiciones).  La  descripción  del  tipo penal consagrada en el Estatuto   Nacional  de  Estupefacientes  era:  “el  que sin permiso de autoridad competente,  salvo  lo  dispuesto  para  dosis  personal,  introduzca  al  país, así sea en  tránsito  o  saque  de  él,  transporte,  lleve  consigo,  almacene, conserve,  elabore,  venda,  ofrezca,  adquiera,  financie o suministre a cualquier título  droga   que   produzca   dependencia,  incurrirá  en  prisión  de  seis  (6) a veinte (20) años y multa de  cien    (100)    a    cincuenta   mil   (50.000)   salarios   mínimos   legales  mensuales”.   

2  El  agravante  duplicó las penas, cuando el hecho se realice en tres eventos, entre  ellos,  si  la  cantidad  de  droga  incautada  es superior a cinco (5) kilos de  cocaína o metacualona.   

3  El  artículo  186  del Código Penal, fue modificado  por el 8 de la Ley 365 de 1997; así quedó:   

“CONCIERTO PARA  DELINQUIR.  Cuando  varias  personas  se  concierten  con el fin de cometer delitos, cada una de ellas será  penada,  por  ese  solo hecho, con prisión de tres (3) a seis. (6) años.   Si  actuaren  en  despoblado  o  con armas, la pena será prisión de tres (3) a  nueve  (9)  años.  Cuando  el concierto sea para cometer delitos de terrorismo,  narcotráfico,  secuestro  extorsivo, extorsión o para conformar escuadrones de  la  muerte,  grupos  de  justicia  privada o bandas de sicarios la pena será de  prisión de diez (10) a quince (15) años  y  multa de dos mil (2.000) hasta cincuenta mil (50.000) salarios  mínimos  legales  mensuales.  La  pena  se  aumentará del doble al triple para  quienes  organicen,  fomenten,  promuevan,  dirijan,  encabecen,  constituyan  o  financien   el   concierto   o  la  asociación  para  delinquir”.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Radicación  25.767 (20-09-06); 25.149 (5-10-06); 20.673  (1-9-04).     

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