28821(30-01-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28821   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.13  

Bogotá  D.c.,  treinta (30) de enero de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  acerca  de los fundamentos  lógicos  y  debida  argumentación de la demanda de casación presentada por el  defensor  de  ISIDRO  GONZÁLEZ  MANCIPE,  contra  la  sentencia  emitida  en el  Tribunal  Superior de Distrito Judicial de Bogotá, que confirmó la dictada por  el  Juzgado  Cuarenta y Dos Penal del Circuito de esta ciudad, por cuyo medio lo  condenó  como  autor penalmente responsable del delito de acto sexual con menor  de catorce años.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

“El señor ISIDRO  GONZÁLEZ  MANCIPE  convivió  por  más  de  10  años con la señora EDILMA DE  JESÚS  HENAO DE TORRES y con la hija menor de ésta, J… T… H…  1,  con  quienes  se dedicaba a la labor de reciclaje; a finales del  2005  él  comenzó  a realizar tocamientos y a besar en la boca a la menor, por  lo  que  la niña decidió contarle todo a su madre, quien tomó la decisión de  marcharse  de  la casa donde vivía con ISIDRO GONZÁLEZ e instaurar denuncia en  su     contra””.2   

Según los registros, con base en la denuncia  formulada  el  10 de febrero de 2006 por la madre de la víctima y la entrevista  que  con  ésta  sostuvieron  el  12 de abril siguiente los investigadores de la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  el  14  de  noviembre de ese año, ante el  Juzgado  Cuarenta  y  Cinco  Penal  Municipal  de  esta ciudad, se llevó a cabo  audiencia  de  formulación  de imputación contra ISIDRO GONZÁLEZ MANCIPE, por  el  delito  de  acto  sexual  con  menor  de catorce años, cometido en concurso  homogéneo,  previsto  en el artículo 209 de la Ley 599 de 2000, modificado por  el  artículo  14  de la Ley 890 de 2004, en concurrencia de la circunstancia de  agravación  señalada  en  el  artículo  211,  numeral  2, del citado Estatuto  Penal.   

El  19  de  enero  de 2007, fue celebrada la  audiencia  de  formulación  de  acusación ante el Juzgado Cuarenta y Dos Penal  del  Circuito de Bogotá, concretándose en la misma los cargos contra GONZÁLEZ  MANCIPE  en  los  términos  señalados  en  la imputación y, tras la audiencia  preparatoria,  el  juicio  oral y público se desarrolló el 2 de mayo del mismo  año.   

Luego,  el 15 de junio siguiente, el juez de  conocimiento  dictó contra el precitado fallo condenatorio por el delito objeto  de  la  acusación  y  como  pena  principal  le  impuso  ochenta y dos meses de  prisión,  así  como  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual  lapso,  negándole  la condena de  ejecución   condicional,   así   como   la  prisión  domiciliaria  como  pena  sustitutiva.   

Del  expresado  fallo apeló el defensor del  acusado,  y tras la sustentación de la alzada, el Tribunal Superior de Bogotá,  mediante  el  suyo  de  23 de agosto de 2007, lo confirmó, sentencia de segundo  grado   contra   la   que   el   mismo  sujeto  procesal  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

Cuatro cargos hace el demandante con base en  el  numeral 3 del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, cuyos fundamentos son los  siguientes:   

PRIMER CARGO  

Sostiene que el testimonio de la víctima no  fue  valorado  de  acuerdo  con  las  reglas  previstas  en el artículo 404 del  Código   de   Procedimiento   Penal   (Ley  906  de  2004), y menos con sujeción a las de la sana critica,  por  cuanto  no  advirtió  el  Tribunal  las  contradicciones  que,  según  el  libelista,  existen entre la “entrevista”  rendida ante la Fiscalía por la niña ofendida y el testimonio  vertido  en el juicio por aquélla. Básicamente aduce que en esa oportunidad la  joven  hizo  un  relato  genérico,  lacónico,  carente de detalles, a pesar de  estar  acompañada de su progenitora, a diferencia del que ofreció en el debate  oral,  al  que  llegó  “mas aleccionada”.   

Califica de ilógico que la progenitora de la  víctima  acudiera  sola  a  formular  la denuncia y no en compañía de su hija  para  exponer  “con lujo de detalles los escabrosos  hechos”,  ya  que en eventos como éstos, lo primero  que  se  le ocurre a un padre es llevar al menor afectado ante un profesional en  medicina  o ante las autoridades para que tomen las medidas del caso; igualmente  destaca  que  como  la  niña fue llevada a rendir entrevista 62 días después,  ello   permite   “inducir  lógicamente”  que  los  sucesos  jamás  ocurrieron,  que  la  denuncia fue a  espaldas   de   ésta   y   que   luego   se   vio  obligada  a  “colaborar     con    la    macabra    idea    vengativa” de su madre.   

Precisa que es equivocada la afirmación del  Tribunal  en  el sentidito de que la niña J… T… H… no mintió, por que la  verdad     es    que    “si    miente”,  y  para  llegar  a  tal  conclusión  bastaba  con  confrontar  críticamente     su     “entrevista”  ante el investigador judicial, con el testimonio que rindió en  el juicio, para encontrar las contradicciones en las que incurre.   

Agrega que es contraria a la “experiencia,   la   lógica   y   el   sentido   común”     la     “exótica”  afirmación  de  la  joven en cuanto a que las dos ocasiones en  las  que  el  acusado  “le  metió  la  mano  en la  vagina” éste se quedó dormido, pues de acuerdo con  la   “experiencia”  un  hombre  joven  y  sano  como el procesado, bajo los efectos del alcohol, como se  asegura  estaba  GONZÁLEZ  MANCIPE, “nunca se queda  dormido  sin  antes  satisfacer  el  impulso sexual”,  además  que  “está  demostrado  que  Isidro es un  hombre  de  éxito  en encuentros amorosos inclusive con otras mujeres y esto no  será por dormilón”.   

Por último puntualiza que el Tribunal violó  la  sana  crítica  al  considerar normal la ausencia de testigos de los hechos,  con  base  en  que ese tipo de conductas no se ejecuta a la vista pública, pues  siendo  tan amplia la gama de circunstancias en las que el acusado supuestamente  abusó,  por  vivir  el  grupo familiar en un inquilinato y al tener la víctima  tantos   familiares   con   los   que   se   asegura   contaba   “lo  lógico  es  que siquiera una persona se hubiera dado cuenta de  los  hechos”,  además que siguiendo el razonamiento  del  ad-quem  “lo  ilógico  es obligar”  al  acusado  a  desmentir  los  sucesos  ya  que por los mismos  aspectos  éste  se  hallaría  en  imposibilidad  de  aportar  testigos  de  su  inocencia.   

SEGUNDO CARGO  

Alega  un  falso  juicio  de  identidad  por  “tergiversación   del   contenido   probatorio  y  fáctico”,  debido  a  que  el  Tribunal  cambió el  contenido  de  la  proposición esgrimida por la defensa, al sostener el ad-quem  que  “personas  de esas inclinaciones no solo hacen  víctimas  a  los menores de meses, sino también jóvenes y adultos”,  pues,  de  una  parte,  no  hay  pruebas  de  que  el  acusado  “tuviera     esas     inclinaciones”;  y de otra, el sentido real de lo alegado por la defensa es que  la  experiencia  y  la lógica indican que una persona como el enjuiciado que ha  convivido  largo  tiempo  con  la  ofendida,  a  la  que  suministró alimento y  acompañó  en  las  primeras  etapas  de su vida, no cambia repentinamente para  volverse   “agresivo,  explotador,  amenazador  con  asesinatos,        extorsionista        y       abusivo       sexual”.   

TERCER CARGO  

Sostiene la configuración de un falso juicio  de    existencia    por    “suponer    medio   de  prueba”   acerca   del  miedo  que  le  tenían  la  denunciante  y la víctima al acusado, ya que no es verdad que exista confesión  de  parte  éste  respecto del maltrato físico que le deparaba a la madre de la  menor,  además  que  esa  circunstancia  del  miedo,  según  el actor, fue una  invención  de  las quejosas para influir en la toma de decisiones del juzgador,  porque  si  en  seis  ocasiones  se  habían  separado  del  procesado y siempre  volvieron  con  él es porque no existía el supuesto temor, además que resulta  ilógico  que no hubieran comunicado a familiar alguno la angustia producida por  el  enjuiciado  con  su  actuar  violento,  y  que la progenitora de la víctima  jamás denunciara las lesiones que le fueron causadas por aquél.   

CUARTO CARGO  

Por último arguye el censor un falso juicio  de  existencia  por  ignorar  el ad-quem un medio de prueba existente y sostener  que  la  defensa  no  consiguió  probar  los celos vengativos de la mamá de la  víctima,  ya  que,  por  el  contrario, al juicio concurrieron dos testigos que  bajo  juramento  afirmaron  que  Edilma  Henao,  madre  de  la  menor,  celaba a  GONZÁLEZ   MANCIPE  y  evitaban  saludarlo  por  temor  a  enfrentamientos  con  aquélla,  además que ésta no desmintió las alegadas escenas de celos, razón  por  la  que,  puntualiza  el  demandante, el “haber  omitido    esas   pruebas”   llevó   al   Tribunal  “a concluir erradamente que esta problemática para  nada    podía    influir    en    la    conducta    de   la   menor”.   

De otra parte, en el mismo cargo asegura que  el  ad-quem  faltó  al  “sentido  común  y  a  la  experiencia”  al  asegurar  que  el testimonio de la  víctima  fue claro, consistente, y circunstanciado, ya que para el libelista la  joven   “se  mostró  inquieta,  fría,  distante,  incierta,  errática,  su  lacónica exposición daba la impresión de seguir un  libreto  mal aprendido…” y, agrega, su dicho estuvo  lleno  de  incontables  contradicciones  con  lo  afirmado  inicialmente  en  la  entrevista   que  rindió  en  la  “URI”.   

Con  base  en  lo anterior solicita casar el  fallo recurrido y declarar la inocencia del acusado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  El  recurso  extraordinario  de casación en materia penal ha sido concebido en la Ley 906 de  2004  (Libro  I,  Título VI, Capitulo IX, artículos  180  a 191), como mecanismo de control constitucional y  legal  de las sentencias proferidas en segunda instancia, cuando la decisión de  justicia  expresada  en aquellas afecta derechos o garantías procesales, luego,  en  acatamiento  de  lo  dispuesto  en  el  artículo  235-1 de la Constitución  Política  y en armonía con el artículo 180 del citado estatuto procesal, esta  Sala  tiene  la  función  suprema  de  fungir como guardián de los fines a los  cuales  sirve  este  instrumento  de impugnación extraordinaria, los cuales son  asegurar     “…la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos,  y  la  unificación de la jurisprudencia”.   

Para garantizar el cumplimiento de ese deber  de  rango constitucional, en el régimen procesal de la Ley 906 de 2004 se dotó  a  la  Sala  Penal  de la Corte Suprema de Justicia de facultades verdaderamente  sustanciales,  al  conferirle,  entre  otras,  la  potestad  de  “superar    los   defectos   de   la   demanda   para   decidir   de  fondo” cuando “los fines  de  la casación, fundamentación de los mismos, posición del impugnante dentro  del  proceso  e índole de la controversia planteada”  así    lo   ameriten   (artículo   184),   y  la  de  emitir       “fallo      anticipado”     en  aquellos  eventos  en  que  “por   razones   de  interés  general”  en  decisión  mayoritaria  de  la  Sala  se  estime  necesario  anticipar  los  turnos para “convocar a la audiencia  de   sustentación   y   decisión”   (artículo 191).   

Sin   embargo,  y  no  obstante  la  nueva  dimensión   del   recurso  extraordinario  de  casación  dentro  del  contexto  normativo  de  la  Ley  906  de  2004,  ello  de ninguna manera significa que la  naturaleza  de  este  mecanismo sea de libre configuración, desprovisto de todo  rigor,  y que tenga como finalidad abrir un espacio procesal semejante al de las  instancias  para prolongar el debate respecto de los puntos que han sido materia  de  controversia, pues ha de resaltarse que mediante la proposición del recurso  el  censor  debe  persuadir  a la Corte de revisar el fallo de segunda instancia  para  verificar  si  fue  proferido  o  no  conforme  a  la  constitución  y la  ley.   

De  ahí  que  según  lo  dispuesto  en  el  mencionado  estatuto  procesal,  en  materia  de  inadmisión  de  la demanda de  casación,  la  Sala  Penal de la Corte Suprema de Justicia, sin perjuicio de su  facultad  oficiosa  para  prescindir  de los defectos formales de aquella cuando  advierta  la  violación  de  garantías  de  los  sujetos  procesales  o de los  intervinientes,   puede   rechazarla  si  se  presenta  uno  cualquiera  de  los  siguientes  aspectos:  cuando  el  demandante  no tenga interés para acceder al  recurso;  en  eventos  en  que  la  demanda  sea  infundada,  esto es, cuando la  motivación  ofrecida  no  evidencie  una  potencial  violación  de  garantías  fundamentales;  y,  cuando  de  su  inicial  estudio  sea  ostensible  que no se  requiere  de la emisión de una sentencia de casación para el desarrollo de los  fines a los que honra este instrumento de impugnación.   

En  efecto,  así expresamente lo señala el  artículo  184,  inciso segundo, de la Ley 906 de 2004, al advertir que no será  seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado, “la  demanda  que  se  encuentren  en  cualquiera  de los siguientes supuestos: si el  demandante  carece  de  interés, prescinde de señalar la causal, no desarrolla  los  cargos  de  sustentación  o cuando de su contexto se advierta fundadamente  que  no  se  precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de las finalidades del  recurso”.   

Por  lo  tanto  y  en conclusión, de manera  general  la  Sala  ha  afirmado  que  la  demanda  de  casación,  frente  a los  requerimientos  de  la  Ley  906  de  2004,  debe  cumplir  con  las  siguientes  condiciones  mínimas  para  su  admisibilidad:  “1.  Acreditación  del  agravio  a los derechos o garantías fundamentales producido  con  la  sentencia  demandada.  2.  Señalamiento  de  la causal de casación, a  través  de  la  cual  se  deja  evidente  tal  afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del  motivo casacional postulado. 3. Determinación de la necesariedad del fallo  de  casación para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el recurso  en   el   ya   citado   artículo   180   de  la  Ley  906  de  2004”3.   

Respecto de la existencia o no de legitimidad  para  impugnar  ante  esta  sede, aspecto que importa destacar, pues el mismo se  vincula  con  el  concepto  de  agravio, primer requisito de admisibilidad de la  demanda,  ha  de  recordarse  lo  decantado  por  la  jurisprudencia4  en  cuanto a  que  un sujeto procesal sufre perjuicio con la sentencia atacada cuando la misma  es  en  todo  o  en  parte  desfavorable  a  sus pretensiones, y en consecuencia  tendrá,  en  principio,  derecho  para  impugnar; por el contrario, si no sufre  menoscabo  con  la  decisión,  por  ser en todo favorable a sus requerimientos,  carecerá de interés para demandar su revisión.   

2. Descendiendo lo  anterior  al presente caso, la parte impugnante es el defensor del procesado, de  quien  en  manera  alguna  puede ponerse en entredicho su legitimidad e interés  para  recurrir  el fallo, toda vez que el mismo fue de carácter condenatorio en  primera  instancia  y  confirmado  en  segundo grado al resolverse el recurso de  apelación interpuesto por el aludido sujeto procesal.   

Sin embargo, a pesar de que está acreditada  la  legitimidad e interés del demandante, estudiado el fundamento de los cargos  hechos  a  la  sentencia  de  segunda instancia con base en la causal tercera de  casación    (Ley    906    de    2004,   artículo  181-3),   la   conclusión  no  es  otra  que  la  de  inadmisión  del  libelo,  como  desde  ahora  lo  afirma  la  Sala, debido a la  inobservancia  de  los  parámetros  lógicos,  argumentales  y  de postulación  propios  del  específico  motivo  de casación alegado, además que las razones  esgrimidas  no  persuaden  a  la  Corte  acerca  de  una potencial violación de  garantías  fundamentales,  y  menos  de  la  necesidad  de  un  fallo  para  el  desarrollo  de la jurisprudencia en provecho de los fines a los que debe atender  el presente recurso.   

3.  En  efecto, en  principio   hay   que   decir  que  al  denunciar  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  errores  originados  en  la  apreciación  probatoria, como expresamente lo hace el  aquí  impugnante,  a  éste  le asistía la carga de  indicar  la  norma o normas  de contenido sustantivo que  consideraba    transgredidas,    así   como   el  sentido  de  ese quebranto,  es    decir,   si   fue  por  falta de aplicación o  aplicación    indebida    de    los    respectivos  preceptos,                deber   que   incumple   fatalmente  el  recurrente   en   cada  uno  de  los  cuatro  cargos  endilgados  a la sentencia,  dejando así sin dirección la censura.   

Necesario      es      resaltar   la  confusa  presentación  y  desarrollo   de  los  cargos,  en  los  cuales   postula  diversos  errores  de  hecho  sin  discriminar  con la claridad y precisión  que   exige  este extraordinario medio de impugnación los específicos medios  de  prueba  en  los  que  se  materializó el dislate,  ya que en todos hace alusión indistinta a    los    testimonios    de   Edilma   de   Jesús   Henao  Torres  y  de  su  hija, la menor J… T… H…,   quedando   impedida   la  Sala,  en  virtud  del  principio  de  limitación,  para  determinar  en  concreto  en  cuál  de  esos  elementos  de  convicción  tuvo  ocurrencia el desaguisado que alega  en los correspondientes reproches.   

Adviértase       cómo      en     el     “CARGO       PRIMERO”    el   actor   al   denunciar   un  “error   de  hecho  por  violación  a  la  sana  critica”,  está            aludiendo  a  un  vicio   conocido  en  la  doctrina  y  en    la    jurisprudencia   como   falso  raciocinio,   el  cual  se  relaciona  con  la  desviación  de los postulados que integran la sana crítica  como método de valoración probatoria.   

Cuando  se  alega  esa  especie  de error de  hecho,  debe  partirse  de la base de aceptar que el específico medio de prueba  del  que se predica es legal y que fue producido de manera regular en el debate,  así  como  que  el fallador al aprehender su contenido fue fiel a su expresión  fáctica,  toda  vez que la discusión gira en cuanto que por desconocimiento de  determinada  regla  de la lógica, ley de la ciencia o máxima de la experiencia  y     el     sentido     común     —axiomas     que     informan     la    sana    crítica—   el   juez  llegó  a  conclusiones  equivocadas  o  le  otorgó un poder suasorio que no le corresponde, hallándose  el  demandante  en  el  deber  de  señalar  cuál  era  el postulado de la sana  crítica   probatoria  que  correspondía  activar  para  su  acertada  y  cabal  valoración.   

Nada  de  lo  anterior  fue observado por el  libelista  en lo que identifica como primera censura, sino que todo el ejercicio  lo  redujo  a su muy particular apreciación del testimonio de la menor víctima  del  abuso,  así como del de su progenitora, fundando la crítica a esos medios  de  prueba  en  el  contraste o comparación que dice hacer de los mismos con la  “entrevista” rendida por  la  primera y la denuncia formulada por la segunda, valoración que endilga como  omitida  por  parte del fallador de segundo grado, incurriendo de esta manera en  un  garrafal  desconocimiento  del  régimen  probatorio propio de la Ley 906 de  2004.   

De  acuerdo  con  el artículo 16 del citado  estatuto  procesal  penal  “En el juicio únicamente  se  estimará como prueba la que haya sido producida o  incorporada  en  forma  pública,  oral, concentrada y sujeta a confrontación y  contradicción  ante  el juez de conocimiento”, regla  que  en  similares  términos  reitera  el  artículo  379 ídem al señalar que  “El juez deberá tener en  cuenta  como pruebas únicamente las que hayan sido practicadas y controvertidas  en  su  presencia”, así como el 381, inciso primero,  ídem,  en  el  que se prevé que “Para condenar, se  requiere  el  conocimiento  más  allá  de toda duda, acerca del delito y de la  responsabilidad  del  acusado,  fundado en las pruebas  debatidas     en    el    juicio”    (negrillas  fuera  de texto en todas las transcripciones).   

De  suerte  que no obstante que el censor no  desplegó  un  ejercicio  tendiente a demostrar el falso raciocinio que aludió,  se  equivocó,  además, al aseverar que en procura de una acertada valoración,  para  hallar  las  contradicciones  a  las  que  se  refiere, debía el Tribunal  apreciar  la “entrevista”  hecha  a  la  víctima  y  la  “denuncia”  formulada  por  su progenitora, pues aun cuando estos elementos  materiales  o  medios  de  conocimiento  sirvieron  para  la  formulación de la  imputación,   y   fueron  descubiertos  por  la  Fiscalía  en  el  escrito  de  acusación,  lo  cierto  es  que  no  se  solicitó  su  aporte  en la audiencia  preparatoria   para   hacerlos  valer  como  pruebas  en  el  juicio5,   y   en  desarrollo  de  éste  tampoco  fueron  introducidos durante el testimonio de la  ofendida  y  el de su progenitora en la forma establecida en los artículos 393,  literal  b,  y  403, numeral 4, de la Ley 906 de 2004, luego al no ser dejados a  disposición  del  funcionario  de conocimiento para su debida incorporación al  debate no pueden ser considerados como medios de prueba.   

En  el  “CARGO  SEGUNDO”  afirma  el  actor  la  configuración  de  un       falso      juicio     de     identidad     por     “tergiversación      del      contenido      probatorio”,  modalidad  de  error  de hecho que consiste en que al fijar el  fallador  el  contenido material de un medio de prueba, lo adiciona con aspectos  fácticos  que  no  le  corresponden  (falso juicio de  identidad   por   adición),   o  le  mutila  apartes  trascendentes  de  su tenor (falso juicio de identidad  por  cercenamiento)  o  le  cambia  el  sentido  a  su  literalidad   (falso   juicio   de   identidad   por  distorsión),    haciéndole   decir   lo   que   no  dice.   

La demostración de un yerro semejante es en  extremo  elemental,  ya  que  por  tratarse  de  un vicio de naturaleza objetivo  contemplativa  basta  con  reproducir fielmente el contenido de la prueba que se  asegura  falseada,  para luego confrontarlo con la síntesis que de su contenido  hizo  el  funcionario,  enseñando  a  continuación  como  en  virtud  de  esas  alteraciones  se  llegó  a conclusiones jurídicas equivocadas determinantes de  la  aplicación  indebida  o  falta  de  aplicación de una norma sustantiva, en  detrimento de la parte que alega el desaguisado.   

Sin embargo, en el aludido reproche el actor  imputa  la supuesta tergiversación, no respecto de un concreto medio de prueba,  sino  en  relación  con  uno  de  los argumentos con los que apeló el fallo de  primer  grado,  lo  cual  hace inadmisible la replica por obedecer, en verdad, a  una  simple  oposición  de  criterios  entre el impugnante y el ad-quem, con la  inaceptable  pretensión de que prevalezca el del primero, cometido inalcanzable  en  sede  de casación, debido a la doble presunción de acierto y legalidad con  la que arriba ungido el fallo de segundo grado.   

Además,  en última instancia, el libelista  hace   consistir   el  dislate  en  el  desconocimiento  de  la  “experiencia   y   la  lógica”  porque,  según   él,   una  persona  como  el  enjuiciado  que  siempre  observó  buen  comportamiento  con  la  ofendida  y  representaba  la figura paterna, no cambia  repentinamente   para   cometer  atentados  contra  su  libertad,  integridad  y  formación  sexual,  afirmación  con la que abandona la demostración del error  inicial   propuesto   y   que  resulta  insuficiente  para  acreditar  un  falso  raciocinio,  pues  la misma obedece al particular criterio del demandante y no a  una máxima de la experiencia o a una determinada regla lógica.   

No   es   más  afortunado  el  desarrollo  argumental    del    “CARGO   TERCERO”,  en  el  que el libelista sostiene la ocurrencia de un error de  hecho   consistente   en   falso   juicio  de  existencia,  porque  el  Tribunal  “supuso”  la prueba del  temor  que  el  acusado  infundía  a  la  víctima y su progenitora debido a su  actuar  violento  frente a la última, descartando el libelista que el procesado  haya  “confesado” que en  alguna ocasión la agredió físicamente.   

Dos  aspectos  confluyen para la inadmisión  del  reproche:  de  una parte, al revisar los registros fílmicos se observa que  el  acusado  renunció  a su derecho a guardar silencio y accedió a declarar, y  al  ser  interrogado  por  el  fiscal  reconoció  haber agredido físicamente a  Edilma  de  Jesús  Henao  de  Torres  en  dos ocasiones, la última con un arma  blanca6,  luego  falta  a  la  verdad  el  actor al asegurar que el ad-quem  supuso   que   el  acusado  había  aceptado  haber  agredido  a  su  compañera  permanente.   

Y  de  otra,  el  actor, como en el anterior  reproche,  abandona  la  demostración  del  yerro  en  principio invocado, para  incurrir  en  predicados alusivos a un posible falso raciocinio, al sostener que  el  temor alegado por víctima y denunciante constituía una invención de ellas  contraria  a  la  lógica,  porque  no  le  comunicaron  tal circunstancia a sus  familiares  y  la  señora  Henao de Torres no denunció las supuestas lesiones,  elucubraciones,  no sólo inidóneas para la acreditación de un dislate como el  tácitamente  propuesto,  sino  con  las  que, además, termina el libelista por  desconocer  el  principio  lógico  de  no contradicción, ya que con las mismas  reconoce  que  la  consideración  acerca  del  miedo por parte del ad-quem tuvo  soporte,  también,  en  los  testimonios de las precitadas, descartando ello el  falso   juicio   de  existencia  por  suposición  de  prueba  que  inicialmente  alegó.   

Finalmente,     el     “CARGO   CUARTO”   tampoco  resiste  el  análisis  acerca  de  su debida argumentación. En éste sostiene el recurrente  que  el  Tribunal incurrió en falso juicio de existencia al ignorar las pruebas  que  acreditaban los celos con los que Edilma de Jesús Henao de Torres asediaba  al  acusado,  según  el actor, determinantes de la acusación que se le hizo al  procesado.   

Afirma que los celos hostiles de la precitada  fueron  debidamente  acreditados  con  dos  testimonios  que  por  su  parte  se  produjeron  en  el  juicio,  así  como  por  el  hecho  de que la víctima y su  progenitora   no   desmintieron   las   escenas   de  celos,  agregando  que  al  “haber    omitido    esas    pruebas”  el  Tribunal concluyó “erradamente  que   esta  problemática  para  nada  podía  influir  en  la  conducta  de  la  menor”.   

La  contradicción  en  los  términos  es  manifiesta:  el ad-quem no omitió valorar las pruebas acerca del comportamiento  celoso  de  la  señora  Henao  de  Torres  respecto  del  aquí acusado, por el  contrario,  las  valoró  y concluyó, como lo reconoce el actor, que a pesar de  existir      esa      “problemática”  entre  la  pareja,  de  allí  no podía deducirse que la misma  fuera  determinante  de  una acusación injusta o falaz por parte de la víctima  acerca de los abusos sexuales cometidos por el acusado con ella.   

También, el libelista desvía en este cargo  nuevamente  su  argumentación,  a  criticar  la  credibilidad  concedida por el  fallador  de  segundo  grado  al  testimonio  de  la menor ofendida, pero en tal  ejercicio  simplemente se limita a exponer su particular percepción de la forma  como  declaró  la  niña,  sin  sujeción  a  los  derroteros para acreditar un  posible   falso   raciocinio,  y  pretendiendo  la  demostración  de  supuestas  contradicciones  mediante el contraste del relato hecho en el juicio, con el que  hizo  en  la  “entrevista” rendida ante funcionarios de policía judicial de  la  Fiscalía,  elemento  material  de conocimiento que, como ya se precisó, no  ostenta el carácter de medio de prueba.   

Lo  anterior  es suficiente para reiterar la  indamisión  del  libelo,  sin  que  sobre  señalar  que la Sala no observa con  ocasión  del trámite procesal o en el fallo impugnado violación de derechos o  garantías  de  ISIDRO  GONZÁLEZ  MANCIPE,  como  para que se haga necesario el  ejercicio  de  la  facultad  legal  oficiosa  que le asiste a fin de asegurar su  protección.   

4. Por último cabe  recordar  que  contra la decisión de inadmitir la demanda de casación, procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo  184,  inciso  segundo,  de  la  Ley  906  de 2004, cuyo trámite, de acuerdo con  reiterados   pronunciamientos   de  la  Sala,  está  sujeto  a  las  siguientes  reglas:   

a.  La insistencia es un mecanismo especial,  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a la notificación de la providencia mediante la cual la Sala decide  inadmitir la demanda de casación.   

b. La solicitud de insistencia puede elevarse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados  que hayan salvado voto en cuanto a la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido   en   la  discusión  y  no  haya  suscrito  el  referido  auto  de  inadmisión.   

c.  Es facultativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días, y   

d. El auto a través del cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión del libelo.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO   ADMITIR  la  demanda de casación presentada por el defensor de  ISIDRO  GONZÁLEZ MANCIPE, de acuerdo con las razones plasmadas en el cuerpo del  presente proveído.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia en relación con el punto.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                 MARÍA  DEL  R. GONZÁLEZ DE L.   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                JORGE LUÍS QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  El  nombre  de  la  menor  víctima en los sucesos se mantiene en reserva de acuerdo  con la Ley 1098 de 2006, artículo 47.   

2  Situación fáctica tomada del fallo de segundo grado.   

3 Autos  de  10  de  mayo  de  2006,  Rad.  Nº  25248, y 17 de octubre de 2007. Rad. Nº  28451.   

4 Auto  de 24 de octubre de 2007, Rad. 28433.   

5 Disco  Nº 4, minuto 04:31; 06:31; 09:20, y 13:00.   

6 Disco  Nº 7, minuto 01:08:23.     

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