28652(06-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28652  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 52   

Bogotá D. C., seis (6) de marzo de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por el procesado GONZALO CORNELIO BENT BENTI, actuando en  su  propio nombre, dada su calidad de abogado, contra el fallo del 8 de junio de  2007,  mediante el cual el Tribunal Superior de San Andrés, Providencia y Santa  Catalina  Islas,  confirmó  íntegramente  la  sentencia  de primera instancia,  dictada  el  13  de  febrero del mismo año por el Juzgado Penal del Circuito de  San  Andrés  Isla,  condenando  a dicho implicado por el delito de peculado   por   apropiación,   en  la  modalidad  de  continuado, a  la  pena  principal de treinta y seis (36) meses de prisión, a interdicción de  derechos  y  funciones  públicas por igual lapso, al pago de multa por valor de  siete  millones  setecientos  ochenta  mil pesos ($ 7.780.000), a indemnizar los  perjuicios  generados  con  la  infracción;  y  le concedió el subrogado de la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

HECHOS  

Mediante  Acuerdo No. 004 del 25 de octubre  de  2002, la Sala Plena del Tribunal Contencioso Administrativo del Departamento  Archipiélago   de   San  Andrés,  Providencia  y  Santa  Catalina  nombró  en  provisionalidad,  en  el  cargo  de  Secretario  General  de esa Corporación al  abogado    GONZALO    CORNELIO    BENT   BENT,   quien   tomó   posesión   del  mismo.   

Con  oficio  del  12 de febrero de 2003, el  Presidente  de ese Tribunal solicitó al Secretario BENT BENT, rendir un informe  de    gestión    en   relación   con   el   manejo   de   la   “cuenta     corriente     de    gastos    del    proceso”,  toda  vez  que  los  extractos bancarios reportaban egresos o  retiros   no   autorizados,   a   través  de  cheques  cobrados  por  el  mismo  secretario.   

El  Secretario  GONZALO CORNELIO BENT BENT,  informó  que él había realizado los retiros y que luego restituyó el dinero,  como efectivamente lo hizo, por un total de $ 7.680.000.   

Por  los  anteriores  acontecimientos  la  Presidencia   del   Tribunal   Contencioso   Administrativo   del   Departamento  Archipiélago   de   San   Andrés,   Providencia   y   Santa   Catalina  abrió  investigación  disciplinaria  y  expidió  copias  con  destino  a la Fiscalía  General de la Nación.   

LA  DEMANDA   

Dos  cargos  propone  el  procesado GONZALO  CORNELIO  BENT  BENT,  abogado  de  profesión, contra la sentencia del Tribunal  Superior  de  San Andrés, Providencia y Santa Catalina Islas, con fundamento en  la  causal  primera  de  casación  prevista  en el artículo 207 del Código de  Procedimiento  Penal,  Ley  600  de  2000,  por  violación  directa  de  la ley  sustancial.   

PRIMER CARGO: error de selección  

Sostiene  el  libelista  que  los Jueces de  instancia  se  equivocaron  al  adecuar  la  conducta  punible  en  peculado  por  apropiación que tipifica  el  artículo  397  del  Código  Penal  (Ley  599 de  2000),  toda  vez que el implicado no incurrió en el  verbo  rector  “apropiar”, pues lo único que hizo fue tomar un dinero, pero  no  para  quedarse  con él o apoderarse de lo que no era suyo; sino que lo hizo  con  el  ánimo y la intención de restituirlo voluntariamente, como en realidad  ocurrió, según las pruebas allegadas al expediente.   

SEGUNDO     CARGO:    interpretación  errónea   

El   censor   restringe   este   reproche  –subsidiario- al tema de  la  confesión, que, según  él,  existió en este caso, con todas las formalidades jurídicas, toda vez que  en  la  indagatoria  admitió  haber  tomado el dinero de la cuenta bancaria del  Tribunal  Contencioso  Administrativo  del  Departamento  Archipiélago  de  San  Andrés, Providencia y Santa Catalina.   

Sin  embargo,  explica,  el  Ad-quem  no  concedió  la  rebaja de la  pena  tras  advertir  que  BENT  BENT “no aceptó la  autoría     del    punible    de    Peculado    por    apropiación”.   

Recuerda  que  GONZALO  CORNELIO  BENT BENT  desde  el primer instante en forma consciente y libre, asistido por su defensor,  manifestó  ser  el  único  responsable  de  los  hechos  investigados,  siendo  evidente  que su actitud comporta una confesión; “cosa diferente es que no ha  aceptado haber cometido peculado por apropiación”.   

Por  ello  no  se  entiende  por qué no le  concedieron la rebaja de la pena correspondiente a la confesión.   

Señala     que    el    A-quo  interpretó  equivocadamente  el  artículo  280  (confesión-  requisitos)     y     no     aplicó    el    artículo    283    (reducción  de  pena)  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  Ley  600  de  2000;  y solicita a la Corte casar el fallo  impugnado y, en su lugar, emitir sentencia absolutoria.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La  demanda  presentada  por  el  procesado  GONZALO  CORNELIO BENT BENT no satisface los requisitos formales establecidos en  el   artículo   212   de   la   Ley   600   de   2000.  Debido  a  ello,  será  inadmitida.   

1.  Dado  que  el recurso extraordinario de  casación  se  rige por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda  delimitan  la  competencia  de  la Sala de Casación Penal, con excepción de la  nulidad  que  puede ser decretada oficiosamente en aras de la protección de las  garantías fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye  una especie de  tercera  instancia; no consiste en someter a un nuevo juicio al procesado, ni en  sede  de  casación  puede  postularse  un  debate probatorio generalizado y sin  acatamiento  de  la  lógica  argumentativa  que  le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  Ad-quem,  por las causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  desarrolladas en la demanda.   

De  ahí  que,  el  recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin   a   la   violación   de  la  Constitución  Política,  del  bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y  de  la  ley,  que  hubiese  ocurrido  en  la sentencia de segunda  instancia,  por  errores  de  juicio  o  de  actividad,  y  como tal comporta la  elaboración  de un juicio lógico jurídico sobre la sentencia misma, siguiendo  el derrotero trazado en las causales invocadas.   

No  se  trata  de  exigir  que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia   para   designar   las  distintas  especies  de  errores  en  la  estimación  probatoria.  Sin embargo, el casacionista debe discurrir de un modo  claro,  lógico,  y  profundo,  hasta  demostrar  que el fallo presenta defectos  protuberantes  en  su  estructura  jurídica,  de  tal suerte que no es factible  mantener su vigencia.   

2.  El libelista hace su postulación en el  marco   de   la   violación   directa   de  la  ley  sustancial, por aplicación  indebida   del   artículo  397  del  Código  Penal  (Ley  599  de  2000)  que  sanciona  el  delito  de  peculado  por  apropiación  y,  subsidiariamente,  por  interpretación  errónea  de  del  artículo 283 del  Código   de   Procedimiento   Penal   (Ley  600  de  2000),  en  cuanto  autoriza  a reducir la pena en la  sexta   parte   siempre   que   la   confesión   sea   el   fundamento   de  la  sentencia.   

La  argumentación  lógica que comporta el  recurso  extraordinario  de  casación,  implica  que  si el censor postula como  yerro   in  iudicando  la  violación  directa  de la ley sustancial,  acepta  los hechos, las pruebas y la valoración que de ellas se  hizo  en  las  instancias; caso en el cual no le es factible discutir cuestiones  de  facto,  toda  vez que la impugnación es de estricto orden jurídico y recae  sobre la ley sustancial por una de estas razones:   

-.   Falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente:  el  juez yerra  acerca  de  la existencia de la norma y por eso no la aplica al caso específico  que  la  reclama.  Ignora o desconoce la ley que regula la materia y no la tiene  en  cuenta,  debido a que ha incurrido en error sobre su existencia o validez en  el tiempo o el espacio.   

-.  Aplicación  indebida:  el  juez  desatina en la adecuación de la  norma.  El  error se manifiesta en la falsa adecuación de los hechos probados a  los  supuestos  que  contempla  la  norma,  ya  que  los  sucesos  procesalmente  reconocidos    no    coinciden    con    las   hipótesis   condicionantes   del  precepto.   

-. Interpretación  errónea:  el juez selecciona bien y acertadamente la  norma  que  corresponde  al  caso en cuestión, pero yerra al interpretarla y le  atribuye  un  sentido  jurídico  que  no tiene, o le asigna efectos distintos o  contrarios a su real contenido.   

3.  En  un caso como el presente, donde los  jueces  de  instancia sopesaron el conjunto probatorio, testimonios, la versión  del  implicado  y  documentos; y además, por inferencias racionales concluyeron  que  GONZALO  CORNELIO  BENT  BENT asumió la calidad de dueño frente al dinero  que  extrajo  y  consumió,  incurrió  dolosamente en el delito de peculado   por   apropiación,   no  es  correcta  la  postulación  del  cargo  por violación  directa  de la ley sustancial; pues fue la valoración  del  conjunto  de  medios  lo  que  sirvió de fundamento a las motivaciones del  fallo.   

Es  por  ello  que,  en  la  senda  de  la  violación  directa  de la ley sustancial  resulta un contrasentido partir de la aceptación de los hechos y  las     pruebas     como     fueron     valoradas     por     el    Ad-quem,  para  en seguida protestar por  las    inferencias    que    hizo    tomando    como   base   esos   medios   de  convicción.   

En  las anteriores condiciones, para que en  el  presente  caso  pudiere  hablarse  de  violación  directa   de   la  ley  sustancial,  por  aplicación  indebida    del    artículo   397   (peculado   por  apropiación) de la Ley 599 de 2000, sería necesario  que  los  jueces de instancia hubiesen admitido que BENT BENT no se apropió del  dinero,  no  lo  consumió, no desplegó actos de dominio sobre el mismo; y, sin  embargo  de  esa  declaración  previa,  hubieren  terminado condenándolo a tal  título     de     autor     de     peculado    por  apropiación.   

De lo contrario, como aquí ocurre, si a la  decisión  de  condenar  se  arribó después de apreciar el recaudo probatorio,  para  alegar  que  la  conducta  del  procesado  no  se  adecua  en  el  tipo de  peculado  por apropiación,  era  imprescindible  plantear  violación indirecta de  la     ley     sustancial,     por    errores   de  hecho  o  de  derecho   en   la  valoración  de  las  pruebas.   

No  sobra  recordar que en una acción post  delictual,  el  implicado  reintegró  el  dinero y por ello le fue concedida la  atenuante  a  que se refiere el artículo 401 del Código de Procedimiento Penal  (Ley  600 de 2000), lo cual  se reflejó sustancialmente en la dosificación punitiva.   

3.  No  obstante, el libelista parece haber  entendido    que    para    confeccionar    una    censura    por   violación   directa   de   la   ley  es  suficiente   mencionar   las   normas  de  derecho  sustancial  que  se  estiman  vulneradas,  y  exponer  luego  en  modo  libre el punto de vista de la defensa,  acerca de hechos que el Tribunal Superior encontró demostrados.   

Esa comprensión es equivocada, puesto que,  por   exigencia  del  discernimiento  lógico  en  materia  de  esta  causal  de  casación,  no  sólo es necesario admitir los hechos, sino también las pruebas  y  la  valoración que de ellas se hizo en las instancias; porque esa especie de  vulneración  de  la  ley  sustancial  –la  violación  directa-  consiste en la  proposición  de  una  controversia  de  orden jurídico exclusivamente; y no ha  lugar,  cuando se trata de poner en tela de juicio la legalidad o validez de las  pruebas,   o   la  razonabilidad  de  las  inferencias  obtenidas  a  partir  de  ellas.   

Y aunque el casacionista parte del supuesto  que  no  discutirá  cuestiones  fácticas,  de  inmediato, en el desarrollo del  cargo  se  aparta  de  ese  propósito, pues evidentemente plantea un alegato en  términos  fácticos  y probatorios cuando afirma que no tenía la intención de  adueñarse   del   dinero  que  extrajo  de  la  cuenta  bancaria  del  Tribunal  Contencioso  Administrativo, sino que, lo único que hizo fue tomarlo, algo así  como en calidad de préstamo, para después devolverlo.   

Sin  duda,  con  tal modo de argumentar se  cuestiona  el  alcance  dado por el Tribunal a los medios de convicción, de los  cuales  dedujo  los  elementos estructurales del peculado por apropiación. Así  que,  la  censura  se  traslada  al  terreno  de  la  valoración  probatoria y,  entonces,  abandona la lógica propia de la violación  directa   para  ubicarse  en  la  vía  indirecta  de  vulneración  de  la  ley  sustancial,   temática   que   no   fue   desarrollada   siquiera   en  mínima  parte.   

Aquella simbiosis atenta contra la lógica  de  la  postulación,  al  punto  de  tornarla inadmisible, pues si se parte del  supuesto  que  se  aceptarán  los  hechos y la valoración de las pruebas sobre  ellos,  es  evidente la contradicción cuando al mismo tiempo se protesta por el  alcance conferido a las pruebas sopesadas por el Tribunal Superior.   

Es claro que el debate se está proponiendo  en  el  campo de lo valorativo  y de la fuerza de convicción o poder   de    persuasión    que    el   Ad-quem  encontró  en  el  acopio probatorio. De ese modo, se abandona la  causal    primera   de   casación   –violación     directa    de    la    ley    sustancial-,  y  el  alegato  se  ubica  en  la  causal  tercera –violación    indirecta-,   que   ha  debido  demostrarse  a  través  de  alguna  de  las  modalidades de error de derecho o error de hecho.   

4.  La  jurisprudencia  de esta Sala de la  Corte  ha  reiterado que la violación indirecta de la  ley  sustancial  por  errores  de hecho, puede ocurrir  por:  falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio,  especies    de    yerros   que   responden   básicamente   a   los   siguientes  conceptos:   

-.  Falso juicio  de  existencia:  el  juez  omite  apreciar una prueba  legalmente   producida   o  incorporada  al  proceso,  o  infiere  consecuencias  valorativas  a  partir  de  un medio de convicción que no forma parte del mismo  por no haber sido producido o incorporado.   

-.  Falso juicio  de  identidad:  el  juez  tiene  en  cuenta  el medio  probatorio  legal  y  oportunamente  producido  o  incorporado;  sin embargo, al  valorarlo  lo  distorsiona,  tergiversa,  recorta  o  adiciona  en  su contenido  literal,  hasta llegar a conclusiones distintas a las que habría obtenido si lo  hubiese considerado en su integridad.   

-.   Falso  raciocinio: cuando a una prueba que existe legalmente  y  es  valorada  en  su integridad, el juzgador le asigna un mérito o fuerza de  convicción  que  transgrede  los  postulados de la sana crítica; es decir, las  reglas    de    la    lógica,    la   experiencia   común   y   los   dictados  científicos.   

Esta  especie de error exige al demandante  indicar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cual  máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez; además, demostrar la  trascendencia  de  ese  yerro,  de  modo  que  sin  él,  el  fallo hubiera sido  diferente;   y   concomitantemente  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál el raciocinio lógico, o cuál la deducción por experiencia  que debió aplicarse para esclarecer el asunto debatido.   

En  todo  caso,  es  preciso  referir  la  trascendencia  del yerro aducido, lo cual se consigue analizando cuál sería el  sentido  del  fallo  si hubiese sopesado correctamente la prueba sobre la que se  hace  recaer  el  defecto,  en  conjunto y armonía con los restantes medios que  conforman el conjunto probatorio en su integridad.   

Ninguna  de  esas modalidades de error fue  desarrollada    por    el   libelista,   pese   a   que   de   la   violación  directa de la ley sustancial  que    enunció,    trascendió    hacia   las   lindes   de   la   violación indirecta.   

6.  Similares  glosas  merece  el  segundo  cargo,  puesto  que  discutir  si hubo o no confesión, y en caso afirmativo, si  ésta  fue  o no el fundamento de la sentencia condenatoria, pasa necesariamente  por  confrontar  el acopio probatorio; caso en el cual, debido a que el Tribunal  Superior    descartó   expresamente   que   existiera   confesión,   en   sede  extraordinaria  era  imprescindible que el casacionista demostrara la incursión  en errores de hecho o de derecho.   

A   la   sazón,   el   Juez   colegiado  señaló:   

“Finalmente en cuanto a que a-quo no tuvo  en  cuenta  su  confesión  el  impugnante  no  acierta  porque  para que exista  confesión  se  debe aceptar la autoría o participación en el hecho punible de  peculado  por  apropiación, artículo 283 del CPP, y el Doctor Bent Bent, no ha  aceptado   su   autoría,   por   el   contrario   considera  su  conducta  como  atípica.”   

7. Las  impropiedades advertidas con antelación conllevan a inadmitir  la  demanda,  máxime  que  tampoco en la revisión del expediente se observa la  vulneración  de  alguna  garantía fundamental, que amerite el ejercicio de las  facultades  oficiosas  de  la  Sala  de  Casación  Penal  en  los términos del  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda   de   casación  presentada  por     el     procesado    GONZALO CORNELIO BENT BENT.   

Contra  la presente providencia no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                             JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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