28047(10-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 186.  

          Bogotá D.C., julio diez (10) de dos mil ocho (2008)   

VISTOS  

Esta  Sala  conformada  por  Magistrados  y  Conjueces  se pronuncia de fondo sobre la demanda de revisión presentada por el  apoderado   de   la   sentenciada  BERTHA  BAQUERO  DE  GÓMEZ,  en  contra  de los fallos proferidos el 26 de  noviembre  de  2004  por  el Juzgado Penal del Circuito de Fusagasugá, el 17 de  mayo  de  2005 por el Tribunal Superior de Cundinamarca y el 11 de septiembre de  2006  por  esta  Colegiatura,  mediante  los  cuales  fue  condenada  a  la pena de sesenta y seis (66) meses  de  prisión  como  autora  penalmente  responsable  del  concurso homogéneo de  delitos     de     violación     al     régimen     de     inhabilidades     e  incompatibilidades.   

HECHOS  

Durante   la  administración  del  señor  Willer  Octavio Barrera Peña  como  Alcalde  de  la población de Silvania, comprendida entre el 2 de enero de  1995  y  el  12 de agosto de 1997, ocurrieron serias irregularidades denunciadas  ante  las  autoridades, entre ellas, que BERTHA BAQUERO  DE  GÓMEZ  pese  a tener la condición de cónyuge de  Antonio  Gerardino  Gómez,  quien  se  desempeñaba  como Concejal de dicho municipio, celebró a través de  interpuestas  personas  múltiples contratos con la Alcaldía para el suministro  de   diversos   bienes,   tales   como  papelería,  disquetes,  rodillos  y  un  fax.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  trámite  concluido con los fallos cuya revisión se demanda fue  producto  de  dos  causas  acumuladas.  En  la  primera,  correspondiente  a  la  radicación  1999-0203,  la  Fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario  el  14 de diciembre de 1998 con  resolución  de  acusación en contra de José Oliverio  Castillo   Candela  y  Jorge  Eduardo  Castillo Soriano como probables determinadores  del   concurso   de  delitos  de  violación  al  régimen  de  inhabilidades  e  incompatibilidades;        Amanda        Barbosa  Cubillos  como  coautora  del  concurso  de delitos de  violación  al  régimen de inhabilidades e incompatibilidades y cohecho por dar  u  ofrecer;  Hugo Humberto  Herrera  Manrique  como probable  autor  del  delito  de cohecho propio; Ricardo Castillo  Soriano  como  presunto  coautor del delito de cohecho  por     dar    u    ofrecer    y    María    Teresa  Piernagorda  como  probable determinadora del concurso  de delitos de peculado por apropiación.   

En   dicha   providencia   precluyó   la  investigación  a  favor  de  los  procesados  Héctor  Armando  González  por  el  punible  de violación al  régimen   de   inhabilidades   y   Ricardo  Castillo  Soriano    por    el    delito   de   peculado   por  apropiación.   

          Impugnada  la acusación, la Unidad de Fiscalías Delegadas ante los  Tribunales  de  Bogotá y Cundinamarca la confirmó mediante proveído del 18 de  junio de 1999.   

En  la  segunda  causa,  con  radicación   2000-0219,   la  Fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario  el  24 de marzo de 2000 con resolución de  acusación   en   contra   de   BERTHA   BAQUERO   DE  GÓMEZ  como  determinadora  del  concurso  homogéneo  y  sucesivo  de  delitos de violación al régimen de  inhabilidades  e  incompatibilidades;  Amanda  Barbosa  Cubillos  como  coautora  del  concurso  homogéneo  y  sucesivo  de  delitos  de  peculado  por  apropiación,  falsedad ideológica en  documento  público,  falsedad material en documento público y uso de documento  público     falso;     Olga     Janeth    Beltrán  Rodríguez  como  determinadora del delito de peculado  por  apropiación  en cuantía de $250.000 y cómplice del concurso de conductas  punibles  de  peculado  a  favor  de  terceros, coautora del concurso sucesivo y  homogéneo  de  delitos  de  falsedad  material  de  documento  público, uso de  documento público falso y cohecho por dar u ofrecer.   

          En  la misma decisión acusó a Pedro Julio  Cruz   como   autor   del   delito  de  peculado  por  apropiación  en  cuantía  de  $350.000  en  concurso con falsedad en documento  privado.   

Igualmente  precluyó  la  investigación  a  favor   de   BERTHA   BAQUERO  DE  GÓMEZ   por   el   delito   de   falsedad   personal  y  de  Edilberto  Barrera  Durán por los delitos  de   peculado   por   apropiación   en   concurso   con   cohecho   por  dar  u  ofrecer.   

Impugnada  la  acusación por el defensor de  Amanda  Barbosa  Cubillos, la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante  los  Tribunales  Superiores  de Bogotá y  Cundinamarca  la  confirmó mediante resolución del 13  de   septiembre   de  2000.   

La  etapa  del  juicio fue adelantada por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de Fusagasugá, despacho que luego de disponer la  acumulación  de  las  causas  y surtido el trámite dispuesto por el legislador  profirió  fallo  el  26 de noviembre de 2004, en el cual adoptó las siguientes  decisiones:   

(i)            Condenar a Pedro  Julio   Ruiz   a  la  pena  principal  de  veinticuatro  (24)  meses  de prisión y multa equivalente a 2.94  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la  sanción  privativa  de  libertad y al pago de la correspondiente indemnización  de  perjuicios,  como  autor  penalmente  responsable del concurso de delitos de  peculado por apropiación y falsedad en documento privado.   

(ii)     Condenar    a    José  Oliverio  Castillo  Candela, Jorge Eduardo Castillo Soriano y  BERTHA  BAQUERO  DE  GÓMEZ a  la  pena  principal de sesenta y seis (66) meses de prisión y multa equivalente  a  23.33  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  a  la  accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  tiempo  de  la  pena  privativa  de  libertad, como autores del delito de  violación  al  régimen  de  inhabilidades  e  incompatibilidades  en  concurso  homogéneo y sucesivo.   

(iii)          Condenar a Olga  Janeth  Beltrán  Rodríguez  a  la  pena principal de  sesenta  (60)  meses  de  prisión  y  multa  equivalente a 53 salarios mínimos  legales  mensuales vigentes, a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por lapso igual al de la pena de prisión y  al  pago  de  la  respetiva indemnización de perjuicios, como autora penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos  de  falsedad  ideológica  en documento  público,  falsedad  material  en  documento público, uso de documento público  falso, cohecho por dar u ofrecer y peculado por apropiación.   

(iv)              Condenar      a     Amanda   Barbosa   Cubillos   a  la  pena  principal  de  noventa  (90) meses de prisión y multa equivalente a 30 salarios  mínimos  legales mensuales, a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo lapso de la sanción privativa  de  libertad  y  al  pago  de perjuicios, como autora penalmente responsable del  concurso   de   delitos   de   violación   al   régimen   de  inhabilidades  e  incompatibilidades,   peculado   por   apropiación,   falsedad  ideológica  en  documento público y uso de documento público falso.   

En la misma decisión se declaró extinguida  la  acción  penal  respecto  de  Hugo Humberto Herrera  Manrique,  José Ricardo Castillo Soriano y  María Teresa Piernagorda por los delitos  objeto  de  la  primera  acusación.  Igual decisión se adoptó con relación a  Amanda   Barbosa   Cubillos  respecto del delito de cohecho por dar u ofrecer, exclusivamente.   

Impugnada  la  sentencia de primer grado, el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  la  confirmó mediante proveído del 17 de  mayo  de  2005,  excepto  en  punto  de  la  sanción  impuesta  a  Olga   Janeth  Beltrán  Rodríguez,  pues  tasó  la  pena  de prisión en cincuenta (50) meses, tiempo en el cual también  fue dosificada la pena accesoria.   

          Dado  que  los  defensores  interpusieron  recurso extraordinario de  casación  contra  el  fallo  del  ad quem,  esta  Sala  mediante  providencia  del  11  de septiembre de 2006  decidió:   

          (a)                       Declarar  la  extinción  de la acción derivada  del  delito  de violación al régimen de inhabilidades e incompatibilidades por  prescripción,  respecto  de  José  Oliverio Castillo  Candela   y  Jorge  Eduardo  Castillo Soriano.   

          (b)                       No  casar  el  fallo  atacado  en  razón de los  argumentos expuestos por los demandantes.   

          (c)                       Disponer   para   los  procesados  Pedro   Julio  Cruz,  Olga  Janeth  Beltrán  Ramírez  y   Amanda  Barbosa  Cubillos,  la  inhabilidad dispuesta en el artículo 122 de la Constitución  Política.   

Contra las referidas sentencias de condena la  sentenciada   BERTHA  BAQUERO  DE  GÓMEZ interpone a través de apoderado acción de revisión.   

LA  DEMANDA   

Al amparo de la causal segunda de revisión,  el  defensor  aduce que mediante fallo de casación del 11 de septiembre de 2006  la  Sala  Penal  de  esta  Colegiatura  decidió  no casar la sentencia atacada,  manteniendo  incólumes  los  fallos de primera y segunda instancia, providencia  notificada  por  edicto  desfijado  a las cuatro de la tarde el 19 de los mismos  mes y año.   

No obstante, resalta que si la acusación de  segunda  instancia proferida en contra de su representada como autora del delito  de  violación  al  régimen  de inhabilidades e incompatibilidades –  el cual tiene una pena de cuatro (4)  a   doce   (12)  años  de  prisión  –  fue  proferida  el  13 de septiembre de 2000, es claro que para el  día  19 de septiembre de 2006, fecha en la cual se desfijó el edicto del fallo  casacional,  ya  había prescrito la acción penal derivada del referido delito,  es  decir, el término de prescripción de la acción penal se cumplió el 13 de  septiembre de 2006.   

          En  apoyo  de  su argumentación dice que la Corte Constitucional en  providencia  C-641  del  13  de  agosto  de 2002 señaló con precisión que las  sentencias   de  casación  sólo  producen  efectos  desde  el  momento  de  su  notificación,   fecha   a  partir  de  la  cual  se  extingue  el  término  de  prescripción  de  la acción y por ello, en este asunto, para cuando se surtió  la  notificación  por  edicto  del  fallo  de casación, ya había prescrito la  acción  penal  derivada  del  delito  por  el  cual  se  acusó  a BERTHA BAQUERO DE GÓMEZ.   

          A  partir  de  lo  expuesto,  el actor solicita a la Sala considerar  fundada  la  causal  invocada  y declarar, en consecuencia, prescrita la acción  penal  del  delito  objeto  de  acusación, amén de proferir la correspondiente  cesación de procedimiento a favor de su representada.   

ALEGATOS DE LAS PARTES  

El           defensor   manifiesta  que  tal  como  lo  expresó  en  su  demanda,  si  el término de prescripción de la acción penal  derivada   del   delito   de   violación   del   régimen  de  inhabilidades  e  incompatibilidades  por  el cual se condenó a su representada prescribió el 13  de  septiembre  de  2006, en cuanto la acusación de segundo grado fue proferida  el  13  de  septiembre  de  2000,  es  claro que si bien el fallo casacional fue  dictado  el  11  de septiembre de 2006, lo cierto es que sus efectos, de acuerdo  con  lo  establecido  por  la  Corte Constitucional en sentencia C-641 del 13 de  agosto  de 2002 sólo empezaron a regir hasta el 19 de septiembre de 2006, fecha  en  la  cual  se desfijó el edicto y, por tanto, para tal día ya se encontraba  prescrita la referida acción penal.   

          Por   su   parte,  el  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Investigación  y  el  Juzgamiento  considera  que  la  causal de casación invocada es infundada, pues los temas de  la  ejecutoria  de  las  decisiones  y  de  su notificación son sustancialmente  diferentes.   

          Entonces,  señala  que si de acuerdo con el artículo 187 de la Ley  600  de  2000,  “la casación, salvo cuando sustituya  la  sentencia materia de la misma y la revisión quedan ejecutoriadas el día en  que  sean  suscritas”, no hay duda que para el 11 de  septiembre  de  2006, fecha en la cual se suscribió la sentencia de casación y  en  la  que  cobró  ejecutoria  el  fallo  proferido  en contra de BERTHA  BAQUERO  DE  GÓMEZ, aún no había  operado  el fenómeno de la prescripción de la acción penal, cuyo cumplimiento  ocurriría el 13 de los mismos mes y año.   

Precisa que si el artículo 176 de la Ley 600  de  2000 dispone la notificación de las decisiones judiciales con independencia  de  si  contra  ellas  proceden  o  no  recurso,  esto es, sin que importe si se  encuentran  ejecutoriadas  o  no,  ello  permite  concluir  que  se  trata de un  fenómeno  diverso  al  curso objetivo del tiempo dispuesto para que se cause la  prescripción de la acción penal derivada de los delitos.   

          Entonces  concluye:  “después de que una  sentencia  ha  adquirido  firmeza  que  le proporciona su ejecutoria, procede la  notificación  que  no  es otra cosa que el enteramiento de su contenido a quien  se vea afectado con ella”.   

          Finalmente  indica  que  si  el  fallo  de  casación  se  ocupó de  declarar  la extinción de la acción por prescripción de la acción penal para  dos  procesados  y  se dedujo la inhabilidad de que trata el artículo 122 de la  Carta  Política  para  otros, sin comprometer de manera alguna la situación de  la  señora  BERTHA  BAQUERO,  tal  decisión cobró ejecutoria el día en que fue firmada, sin que su ulterior  comunicación  tenga  efectos respecto del tiempo de prescripción de la acción  penal.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

Como ya ha tenido oportunidad se señalarlo  la  Sala,  la  acción  de  revisión  excepciona por voluntad del legislador el  principio  de  cosa juzgada  en  procura de enmendar yerros judiciales dentro de las taxativas circunstancias  enunciadas  en  la  ley,  ya  porque  no  fueron  conocidas  o en cuanto pasaron  desapercibidas    para   los   funcionarios   judiciales   en   el   curso   del  diligenciamiento,  dando lugar a decisiones que pese a  estar     ejecutoriadas,     deben     ser     removidas    para    conseguir la justicia en el caso particular.   

          En  el  asunto  de  la  especie el actor invoca la causal segunda de  revisión  establecida  en  el  artículo  220  de la Ley 600 de 2000, según la  cual,  procede  el  referido  instituto  “Cuando  se  hubiere  dictado  sentencia  condenatoria  o que imponga medida de seguridad, en  proceso    que    no   podía   iniciarse   o   proseguirse   por   prescripción  de la acción, por falta de  querella  o  petición  válidamente  formulada,  o por cualquier otra causal de  extinción  de  la  acción penal” (subrayas fuera de  texto).   

En  punto  de la causal aducida esta Sala ha  considerado  su  procedencia  cuando  el término de prescripción de la acción  penal  se  ha cumplido antes de ser proferido el fallo, como también, cuando se  ha   configurado  después  de  dicho  momento  procesal,  pues  “la  concreción del ius puniendi mediante la imposición de una pena  conllevaría  el  desconocimiento  de los presupuestos legales de viabilidad del  ejercicio  de  la acción penal por parte del Estado, por no haber sido ejercida  dentro  del  marco estricto del principio de legalidad que se erige como límite  al  poder soberano y, a su vez, como garantía de imparcialidad y de justicia de  quien  es  sometido a juzgamiento por la administración de justicia, los que no  pueden  ser  desconocidos  por  constituir  los  soportes  del  Estado Social de  Derecho,  en  el  que  se  han  establecido,  de  manera  previa, unas pautas de  convivencia  y  control social que deben ser respetadas, así como aplicadas sus  consecuencias  cuando  quiera  que los valores y bienes que son objeto de tutela  se  desconozcan,  sanciones  que  no  podrán  ser  otras  que  las  previamente  establecidas  por  la ley, luego del trámite respectivo, en el que se haya dado  estricto  acatamiento  al  debido  proceso  y  al derecho de defensa”,   por   manera   que   en   uno  u  otro  caso  “al   acreditarse   la   existencia  de  cualquiera  de  las  citadas  circunstancias  permitiría   concluir  que la sentencia cuestionada carece  de  legitimidad  y  su  valor debe ser desconocido mediante fallo que atienda la  procedencia   de   la   revisión,   por   cuanto,  se  hará  evidente  que  la  administración  de  justicia  carecía  de  potestad  para  adelantar cualquier  trámite  distinto  que  no fuera el de su reconocimiento, mediante la decisión  pertinente,  precluyendo  la  investigación  de  haberse  advertido en la etapa  instructiva   o  cesación  de  procedimiento  de  haber  acontecido  en el  juicio”1.   

Advertido lo anterior se tiene que de acuerdo  con  la preceptiva del artículo 80 del anterior estatuto penal (artículo 83 de  la  Ley  599  de 2000), en la etapa instructiva la acción penal prescribe en un  término  igual  al  máximo  de  la  pena  establecida  en  la ley, sin que sea  inferior a cinco (5) años.   

A  su  vez,  el mencionado término debe ser  incrementado  en  una  tercera  parte  cuando  el  comportamiento  delictivo sea  cometido  por  servidor público “en ejercicio de sus  funciones  o  de  su  cargo  o con ocasión de ellos”  (artículo  82  del  Código  Penal  de 1980, artículo 83 del estatuto penal de  2000).   

          Al  tenor  de lo dispuesto por el artículo 84 del referido estatuto  el  cómputo  de ese término extintivo de la acción se inicia desde el día de  consumación  la  conducta  punible si es de ejecución instantánea, o desde la  perpetración  del  último acto si es de ejecución permanente. Sin embargo, el  término  se  interrumpe  con la resolución acusatoria debidamente ejecutoriada  para  comenzar  a  correr de nuevo por la mitad del lapso inicial, sin que pueda  ser  inferior  a  cinco (5) ni superior a diez (10) años, conforme lo ordena el  artículo 86 de la citada legislación.   

En  la  etapa  de  la  causa, el término de  prescripción  de la acción comienza a contarse a partir de la ejecutoria de la  resolución  de  acusación  por un tiempo igual a la mitad del establecido para  la  fase de la instrucción, pero en ningún caso puede ser inferior a cinco (5)  años.   

         Ahora  bien,  el delito de violación al régimen de inhabilidades e  incompatibilidades  por  el  cual  se condenó a BERTHA  BAQUERO  DE  GÓMEZ  establecido tanto en el artículo  144  del Decreto 100 de 1980 modificado por los artículos 18 y 32 de la Ley 190  de  1995,  como  en  el  artículo 408 de la Ley 599 de 2000, tiene asignada una  sanción máxima de doce (12) años de prisión.   

Por   tanto,   si   la   resolución   de  acusación   proferida  el  24  de  marzo  de  2000 fue confirmada el 13 de  septiembre  del  mismo  año  por  la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante los  Tribunales  Superiores  de  Bogotá  y  Cundinamarca, desde  dicha fecha de  ejecutoria  de  la  acusación  debe contarse el término de prescripción de la  acción  penal  durante  la fase del juicio, esto es, seis (6) años, los cuales  se cumplieron el 13 de septiembre de 2006.   

          Aquí  es  imprescindible  expresar  que la sentenciada no tenía la  condición  de  servidora  pública,  en  la  medida en que fue condenada por el  referido  delito  al  suministrar en varias oportunidades diversas mercancías a  la  Alcaldía  municipal  de  Silvania,  tales  como papelería, fax, disquetes,  rodillos,  etc.,  pese  a  ser  cónyuge  de  uno  de  los  concejales  de dicha  localidad.   

Dado  que el inciso 2º del artículo 187 de  la  Ley  600 de 2000 establece que las sentencias de casación, al igual que las  providencias  interlocutorias  de segunda instancia, la consulta y la acción de  revisión,   quedan   ejecutoriadas  el  día  en  que  son  suscritas  por  los  funcionarios   correspondientes,   a  menos  que  el  fallo  de  casación  haya  sustituido  la  providencia  objeto  del  recurso, advierte la Sala que sobre el  alcance  de  dicha  norma ha indicado la Corte Constitucional en sentencia C-641  del 13 de agosto de 2002:   

“La  interpretación  que  excluye  de  notificación  a dichas sentencias vulnera el  principio  de  publicidad  y,  por  ello,  es  deber  de  la  Corte  excluir del  ordenamiento  jurídico  esa  hermenéutica. En consecuencia, las decisiones que  ponen  fin  a una instancia judicial o que resuelven una acción extraordinaria,  en  este  caso,  las  sentencias  que  deciden la consulta y la casación, salvo  cuando  se  sustituya  la  providencia  materia  de  la  misma  y  la acción de  revisión,  deben  ser  notificadas  con el objeto de  poder  exigir el cumplimiento voluntario o coactivo de las decisiones judiciales  y,  en  general, para que éstas produzcan plenos efectos jurídicos”.   

“Conforme  a  lo  expuesto,  es  pertinente  concluir que la norma es constitucional en el sentido  de  que  efectivamente  dichas  sentencias y providencias interlocutorias quedan  ejecutoriadas  el  día en que son suscritas por el funcionario correspondiente.  Sin  embargo, como la notificación de las mismas es indispensable y solamente a  partir  de  dicho conocimiento, es posible imponer voluntaria o coactivamente el  cumplimiento  de  las  órdenes  proferidas  en  la decisión judicial, la Corte  considera  que  la  ejecutoria  de  dichas  sentencias y providencias no produce  efectos  jurídicos  mientras no se surta su notificación. Por eso, en la parte  resolutiva  de  esta  sentencia se declarará exequible la disposición acusada,  en  el  sentido que los efectos jurídicos se surten a  partir   de   la   notificación  de  las  providencias  respectivas” (subrayas fuera de texto).   

Ya  puntualmente  en  cuanto se refiere a la  notificación  de  los  fallos de casación y al término de prescripción de la  acción    penal    expresó    la    Corte    Constitucional    en   la   misma  providencia:   

“Por lo tanto, si  los  efectos  jurídicos  de la decisiones judiciales ejecutoriadas previstas en  el  artículo  187  del  C.  de  P.P., presuponen su notificación, el  término  de  prescripción  de la acción penal previsto en el  inciso  2°  del  artículo  86  del  Código  Penal,  no  se  extingue  por  la  imposición  de  la  pena  mediante  una decisión en firme y ejecutoriada, sino  hasta   que   dicha   providencia   sea   efectivamente   notificada”.   

“De contera que,  una  vez  efectuada  la  notificación personal o realizada la notificación por  edicto  (en  caso  de  no  ser  posible la primera), se entiende que los sujetos  procesales  conocieron  la  decisión  judicial,  y  a  partir   de  ese  momento  se  extingue  el  término  de  prescripción  de  la  acción  y  empieza  a  contar  la prescripción de la  pena”   (subrayas   fuera   de   texto).   

          Así  las cosas, si esta Sala profirió fallo el 11 de septiembre de  2006,  mediante  el  cual  decidió no casar la sentencia impugnada a través de  defensor  por  BERTTHA  BAQUERO  DE GÓMEZ,  proveído  notificado  por edicto  desfijado a las cuatro de  la  tarde  del  19  de  los  mismos mes y año, es claro que si para el día 13,  fecha  en  la cual se cumplía el término de seis (6) años de prescripción de  la  acción  penal,  aún  no  se  había notificado dicho proveído, alcanzó a  consolidarse  el  citado  lapso  de prescripción de la acción penal, es decir,  para  cuando  se  cumplió  con la notificación del fallo ya había operado tal  fenómeno    extintivo    del   ejercicio   del   ius  puniendi por parte del Estado.   

En  consecuencia, la Sala declarará fundada  la  acción  de  revisión  objeto de estudio, por lo que dejará sin efectos la  condena  proferida  en  contra  de  BERTHA  BAQUERO DE  GÓMEZ     y,    en    su    lugar,    dispondrá        la        cesación        del       procedimiento    a    su    favor   por   prescripción de la acción penal.   

          A  su  vez, corresponde disponer la cancelación de los antecedentes  judiciales  que  le  hayan  sido  registrados  a BERTHA  BAQUERO  DE  GÓMEZ  en  virtud  de  los  fallos aquí  invalidados,  amén  de  que  será  del  resorte  del juez de primera instancia  proceder  a  la  cancelación  de los compromisos adquiridos por la procesada en  razón de este diligenciamiento.   

         En  firme  la  presente  decisión,  se  remitirá  el expediente al  despacho  del  Magistrado Augusto J. Ibáñez Guzmán, dado que allí cursa otra  acción  de  revisión  contra  el  mismo  fallo  promovida  por  el sentenciado  Pedro Julio Cruz.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.            DECLARAR fundada  la  causal  segunda  de  revisión  invocada  por  el  apoderado de BERTHA BAQUERO DE GÓMEZ.   

2.            DEJAR   SIN   EFECTO   la  condena  proferida  en  contra  de la  mencionada        ciudadana        mediante       los      fallos  dictados el 26 de noviembre de 2004 por el Juzgado Penal del  Circuito  de  Fusagasugá,  el  17  de  mayo de 2005 por el Tribunal Superior de  Cundinamarca y el 11 de septiembre de 2006 por esta Sala.   

         3.        DECRETAR  la prescripción de la acción  penal  y  la  consecuente cesación de procedimiento por el delito de violación  al  régimen  de  inhabilidades  e incompatibilidades atribuido a la incriminada  BERTHA  BAQUERO  DE  GÓMEZ,  por las razones expuestas en la anterior motivación.   

4.             ORDENAR   la  cancelación  de  los  antecedentes  y  demás anotaciones que en razón de este  proceso  se  hubieren efectuado en contra de la sentenciada. Corresponde al juez  de  primera  instancia  cancelar  los compromisos adquiridos por la procesada en  razón de este expediente.   

5.             REMITIR  al  despacho  del Magistrado Augusto J. Ibáñez Guzmán el diligenciamiento una vez  en   firme  esta  decisión,  de  acuerdo  con  las  razones  expuestas  en  las  consideraciones de este fallo.   

Contra  esta providencia, no procede recurso  alguno.   

Notifíquese  y  cúmplase.   

FRANCISCO   ACUÑA   VIZCAYA                            LUIS    BERNARDO   ALZATE  GÓMEZ   

       Conjuez                                                                            Conjuez   

Salvamento de Voto  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

                   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                WILLIAM      MONROY  VICTORIA   

                                                                                                 Conjuez   

                                                              

GUILLERMO    PUYANA   RAMOS                      YESID REYES ALVARADO   

                 Conjuez                                                                           Conjuez                                      

EDUARDO TORRES ESCALLÓN  

Conjuez  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia  de  revisión  del  22  de septiembre de 2005. Rad. 19822, en sentido  similar fallo del 13 de marzo de 2008. Rad. 25547.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *