27072(10-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27072  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente   

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado  acta  Nº   152   

Bogotá  D.C.,  diez  (10)  de  junio  de  dos  mil  ocho  (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación interpuesto por el apoderado de la parte civil contra la sentencia  de  segunda  instancia proferida por el  Juzgado Segundo Penal del Circuito  de  Armenia, el  17 de octubre de 2006, mediante la cual revocó la dictada  por  el  Juzgado  Primero  Penal Municipal de la misma ciudad, el 8 de agosto de  esa  misma  anualidad,  y  absolvió  a  CÉSAR AUGUSTO  CASTRILLÓN  RESTREPO  de  los  cargos de invasión de  tierras   o  edificaciones   dictados  en  la  resolución  de  acusación.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Mediante denuncia formulada por la señora  BLANCA    DORIS    ROJAS    BARRANTES   en               representación   de  su  hermanos  CÉSAR  FARDY  ROJAS  BARRANTES se puso en conocimiento que el  día  29  de  agosto  de 2003, al pasar por la carrera 13 entre calles 5° y 7°  observó  que  habían  colocado  unas  guaduas  con alambres de púa y sembrado  matas   de   plátano   dentro  de  un  lote  de  propiedad  de  ella  y  de  un  hermano…”   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía  Once  Delegada  ante  los  Jueces  Penales  Municipales  de  Armenia,  el  30 de  diciembre  de  2005,  profirió  resolución  de  acusación  contra César  Augusto   Castrillón  por  la  conducta  punible  de  invasión  de  tierras  o  edificaciones.   

2.  El  Juzgado  Primero  Penal  Municipal de  Armenia,  el  8  de  agosto de 2006, dictó sentencia de primera instancia en la  que  condenó a César Augusto Castrillón Restrepo a las penas principales de 2  años  de  prisión y multa equivalente a 50 salarios mínimos mensuales legales  vigentes  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas como autor de la conducta punible de invasión de tierras o  edificaciones.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el  defensor, el  Juzgado  Segundo   Penal   del   Circuito  de  Armenia,  el 17 de  octubre  de  2006, al desatar el recurso, lo revocó y, en su lugar, absolvió a  César  Augusto  Castrillón  Restrepo   de  los  cargos  formulados  en la  resolución de acusación.   

Contra la anterior decisión, el apoderado de  la parte civil interpuso recurso de casación excepcional.   

L  A      D  E  M  A  N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

El  apoderado de la parte civil, con base en  la  causal primera de casación, presenta un único cargo contra la sentencia de  segunda  instancia,  en  la medida en que considera que el juzgador vulneró, de  manera   indirecta,   la   ley   sustancial   por   error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   

Dice que el juzgador incurrió en dicho error  por  cuanto  que  no  respetó  los  principios  de  la  lógica en los actos de  apreciación  de la prueba, yerro que condujo a inaplicar el artículo 263 de la  Ley 599 de 2000.   

Manifiesta   que   el  juzgador  basó  la  absolución    del    acusado,    “merced   a   la  interpretación  equivocada  que  le  dio  a  la  ubicación  de  los  lotes  de  terreno”  donde se realizó el acto de invasión, en  tanto  que  se  refirió  a un lote que no se encuentra referenciado en la ficha  catastral.   

De   la  misma  manera,  asevera  que  las  consideraciones  del  fallo  de  segunda  instancia no guardan coherencia con la  prueba  documental,  es decir, las Resoluciones 371  y 389 de mayo de 2003,  y  3973 del 29 de diciembre de 1989, el oficio 9.2/C1231 del 14 de mayo de 2003,  las  escrituras públicas números 682  y 699 de marzo de 1990 y el proceso  radicado  bajo  el  número  114  de la Inspección Segunda de Control Urbano de  Armenia.   

Anota  que  la  señora  Fabiola Restrepo de  Castrillón  nunca  ha  tenido  la  posesión  del predio desde el año de 1993.  Insiste  en que  el juzgador confundió la ubicación del mismo, de acuerdo  con  la  ficha  catastral  número  01-06-0054-001-000,  para  lo cual procede a  transcribir apartes de la sentencia.   

Dice  que a las pruebas allegadas al proceso  no  se  les  dio  el  mérito que merecen, en la medida en que se desconoció la  actuación  del  Inspector  de  Control  Urbano  quien ordenó demoler el predio  objeto  de  la  primera  invasión, de acuerdo con el escrito de “denuncia” que presentó el señor César  Rojas   y   que   fue   resuelto   por   Resolución  037  del  14  de  mayo  de  2001.   

Manifiesta  que la declaración extraproceso  rendida  por  el  señor  Jorge  Durán  Tapias  en la Notaría Segunda, resulta  alejada  de  la realidad procesal, por cuanto que se refiere a un contrato sobre  el  lote de terreno situado en la carrera 13 entre calles 5 y 7, inmueble que no  compete al proceso.   

Repite  que  el juez de segunda instancia no  tuvo  en  cuenta  el  oficio OFP-DO.C10-019 del 4 de marzo de 2004 dirigido a la  señora  Blanca  Doris  Rojas,  donde la Doctora Margarita María Pino Ramírez,  Directora  Operativa  de  la  Oficina  de  Planeación  Municipal, comunicó que  después  de  invasión  de  los  terrenos  identificados con la ficha catastral  01-006-0051-009-000,    procedió    a    dejar    acta    de   suspensión   de  obras.   

Dice  que  los  testimonios de José Otoniel  Ordóñez  Ramírez,  Jorge Antonio Durán Tapias y Gustavo Adolfo Botero fueron  analizados  con  violación de los postulados de la sana crítica, puesto que de  ellos  también  se  dedujo que se trataba de un predio objeto de otro trámite,  aspecto que no consulta su contenido.   

Por  último,  asevera  que  el  juzgador de  segunda  instancia  trasgredió  la  reglas  de  la  lógica,  máxime cuando al  diligenciamiento  se anexó una certificación del Juzgado Segundo de Familia de  Armenia,  respecto  de  la  sucesión de María Barrantes de Rojas, en la que se  evidencia   que   sus   herederos   ejercieron   actos   de    “señorío”    sobre    los   bienes  invadidos.   

En tales condiciones, dice que el juzgador de  segunda    instancia   no   debió   revocar   la   sentencia,   “toda   vez  que  la  querella  instaurada  en  torno  a  los  hechos  investigados  en  este expediente, se presentó de manera oportuna, por parte de  la  ofendida  BLANCA  DORIS  ROJAS  BARRANTES,  el día 6 de septiembre de 2003,  sobre  actos  de  invasión realizados el 29 de agosto de 2003, es decir, que de  acuerdo  con  lo señalado en el artículo 35 de la Ley 600 de 2000, la querella  estuvo    ajustada    al   artículo   34   de   la   obra   Ibídem”.   

Dice  que  el  vicio  es trascendente, en la  medida   en  que  el  juzgador  hizo  una  equivocada  apreciación  del  predio  invadido,   que  en  el  proceso  hay  prueba  documental según la cual la  propiedad  de los terrenos está en cabeza de los hermanos Rojas Barrantes y que  la  indagatoria  del  acusado  no guarda coherencia, probanzas que de haber sido  apreciadas   correctamente   se   habría   dado   otro   mérito  a  la  unidad  probatoria.   

Como  norma  violada cita los artículos 263  del Código Penal.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  De  acuerdo  con  el  anterior  recuento  procesal,   surge   evidente  que  en  este  caso  sólo  procede  la  casación  excepcional,  en  la medida en que la sentencia de segunda instancia fue dictada  por  un  Juzgado  Penal  del  Circuito,  encontrándose  dentro de la hipótesis  reglada en el artículo 205, inciso final, de la Ley 600 de 2000.   

Por  manera  que el casacionista, en estricto  acatamiento  de  la  jurisprudencia  de  la  Sala, debió cumplir con las demás  cargas estatuidas para este medio de impugnación extraordinario.   

En efecto, recuérdese que cuando  de la  casación  excepcional  se  trata, el demandante debe exponer así sea de manera  sucinta  pero  clara qué es lo que pretende con el recurso, teniendo como norte  que  solamente procede para el desarrollo de la jurisprudencia o para garantizar  los derechos fundamentales.   

En  tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, el casacionista debe mencionar en la demanda  si  con  la  impugnación de la sentencia de segunda instancia persigue unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, ora para abordar un tópico  aún  no desarrollado, precisando la manera en que la decisión solicitada tiene  la  utilidad  simultánea  de  brindar  solución al asunto y a la par servir de  guía a la actividad judicial.   

Y,  respecto  de  la  protección  de los de  derechos  fundamentales,  el  casacionista  está  obligado  a  desarrollar  una  argumentación  lógica  dirigida  a  evidenciar el desacierto, siendo imperioso  que  demuestre  el desconocimiento de una garantía por quebrantamiento  de  la  estructura básica del proceso o por violación de un derecho fundamental, e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho invocado y su  concreto conculcamiento con la sentencia.   

En  el  evento  que  ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido  que el casacionista no cumplió con la anterior carga, en  la  medida  en  que sin advertir los motivos que lo llevaron a impugnar el fallo  de  segundo  grado  a  través de la casación, sin más comentarios procedió a  postular  el  cargo,  incumpliendo  de  esa  manera  con dicha carga.   

Ahora   bien,   en   el  entendido  que  el  casacionista  acató  el anterior presupuesto, tampoco el reproche cumple con el  presupuesto  de  claridad  y  precisión, en tanto que no enseñó a la Corte en  qué    consistió    el    invocado    error    de    hecho   por    falso  raciocinio.   

Recuérdese que cuando la censura se sustenta  por  los  postulados  de  error  hecho  por  falso  raciocinio,  corresponde  al  libelista  que señale cuál fue la regla de la lógica, principio de la ciencia  y/o  la  máxima  de la experiencia quebrantada en el acto de apreciación de la  prueba,  de  qué  manera  lo  fue  y su incidencia con la parte dispositiva del  fallo, presupuestos que no fueron cumplidos.   

En  efecto, el actor en la fundamentación de  la  censura no hace más que denunciar que el juzgador de segundo grado vulneró  las  reglas  de  la  lógica, en la medida en que se equivocó respecto del bien  inmueble  que  fue  objeto de la invasión, que las consideraciones del fallo no  guardan  armonía  con la prueba documental que cita, que les dio mérito a unas  pruebas  que  no  merecían,  que  los  testimonios  de  José Otoniel Ordóñez  Ramírez,  Jorge  Antonio Durán Tapias y Gustavo Adolfo Botero se valoraron con  desconocimiento  de los postulados de la sana crítica y que los herederos de la  señora  Barrantes  de  Rojas  eran  los  que tenían la legítima posesión del  predio.   

Dicho  de  otra  manera, sin que el libelista  señalara  cuál  fue  el  principio  de  la  lógica  transgredido,  como si la  casación   fuera  una  tercera  instancia,  arremete  contra  las  conclusiones  probatorias  del juzgador de segunda instancia, sin que en modo alguno evidencie  el invocado error de hecho por falso raciocinio.   

       

Finalmente,  se  advierte que del estudio del  proceso  no  se  vislumbra violación de derechos fundamentales o garantías del  sujeto    procesal   que   recurre,   que  determine  el  ejercicio  de  la facultad oficiosa de índole  legal   que   al  respecto  le  asiste  a  la  Sala  en  punto  de  asegurar  su  salvaguarda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el apoderado de  la           parte          civil,   por lo  anotado  en  la  motivación  de  este  proveído.  En  consecuencia,  se  DECLARA  DESIERTO el recurso.     

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese  y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                           ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                               JAVIER     ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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