26052(13-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 26052  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  028  

Bogotá D.C., trece (13) de febrero de dos mil  ocho (2008).   

V I S T O S  

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de  ALBA  RIVERA  ORTEGA  y JAMES MESA  RIVERA   contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Cali, el  21 de noviembre de 2005,  mediante  la cual modificó la dictada por el Juzgado Primero Penal del Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad,  el  22  de diciembre de 2004, y  los  condenó  a   las  penas  principales  de  15  años  de  prisión  y multa  equivalente  a 6583 salarios mínimos legales mensuales vigentes y a la sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el lapso de 10 años, como coautores de las conductas punibles de  tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes, concierto para delinquir con  fines   de  narcotráfico  y  destinación  ilícita  de  muebles  o  inmuebles.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“A.- El 8 de junio de 2002, entre las 5 y 6  de  la  mañana,  se  llevó a cabo diligencia de allanamiento y registro en los  inmuebles  ubicados  en  la Calle 18 A No. 11 B-89 del barrio Sucre; en la calle  39  No.  17-26  y en la calle 36 No. 17A-30 del barrio Atanasio Girardot de esta  ciudad  porque,  según  información  de la Policía Nacional, en los mismos se  distribuían  estupefacientes.  En el primer inmueble JAMES MESA RIVERA dirigía  una  red  de tráfico de bazuco por medio de llamadas telefónicas a través del  abonado  8858794, y fueron incautados 184.98 grs. de cocaína base, 47.18grs. de  marihuana     y    una    gramera    ‘Yamasa’.   

“B.- En el segundo inmueble allanado vivía  ALBA  RIVERA  ORTEGA-  madre  de  JAMES MESA RIVERA-, quien fue encontrada en el  lavadero  del  inmueble  desechando sustancias alcaloides por la cañería de la  cual  quedaron  residuos  en una caja de cartón los cuales resultaron positivos  para cocaína.   

“C.-  El  tercer  inmueble  habitado  por  LUCRECIA     ROSERO     GARCERÁ     –propietaria  del primer inmueble y ex esposa de MESA RIVERA- y NANCY  FRANCISCA   MORENO   HERRERA   alias   ‘Sandra’,  se  incauto  una  bolsa con 530 tabletas de ‘Ritrovil-Roche’  2mgs.,    una    gramera    digital   ‘Tanita’   y  múltiples     fragmentos    de    papelillo    para    elaborar    ‘bazuco    en    papeletas’              –    el    mismo    hallado   a   MESA  RIVERA.   

“D.-  Según  el informe de la Policía la  señora   ALBA   RIVERA   ORTEGA  expendía  las  sustancias  ilícitas  que  le  suministraba  su  hijo, en su domicilio, mientras las señoras ROSERO GARCERÁ y  MORENO HERRERA, vendían dichas sustancias en las calles”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía  Octava  Especializada  de  Cali,  el  23  de  mayo de 2003, acusó, entre otros,  a    Alba   Rivera   Ortega    y    James   Mesa   Rivera   por  las  conductas  punibles  de  tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes,  concierto  para delinquir y destinación ilícita de muebles o  inmuebles,  decisión  que  fue  confirmada,  el 5 de  septiembre  de  2003,  por  la  Unidad de Fiscalía Delegada ante el Tribunal de  esta ciudad.   

2.   El  Juzgado Primero Penal del   Circuito  Especializado de Cali, el 22 de diciembre de 2004, dictó sentencia de  primera   instancia   en   la   que   condenó,   entre  otros,  a  Alba   Rivera   Ortega   y   James  Mesa  Rivera a las penas principales  de  15  años  de  prisión y multa equivalente a 6583 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  y  a  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el lapso de 10 años, como  coautores  de  las  conductas  punibles  de  tráfico,  fabricación  o porte de  estupefacientes,   concierto   para  delinquir  con  fines  de  narcotráfico  y  destinación ilícita de muebles o inmuebles.   

3.   Apelado  el  fallo  por  James Mesa  Rivera  y por el defensor de los procesados, el Tribunal Superior de Cali, el 21  de  noviembre de 2005, al desatar el recurso,  lo modificó, en torno a uno  de   los   procesados.   Respecto  a  los  acusados  recurrentes  lo  confirmó.   

Contra  la anterior decisión, el defensor de  Alba  Rivera  Ortega  y  James  Mesa  Rivera interpuso  recurso de casación.   

L  A S     D E M A N D A  S    D E   C A S A C I Ó N   

a)   Demanda  de  casación presentada a nombre de Alba Rivera Ortega   

La  defensa  técnica, con base en la causal  primera  de  casación,  presenta  un  único  cargo  contra la sentencia, cuyos  argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Único cargo  

La defensa de Rivera  Ortega,  basada  en  la  causal  primera de casación,  acusa   al   Tribunal  de  haber  violado,  de  manera  indirecta,  “la ley sustancial y sus especies”.   

Aduce  que en los delitos de “destinación   indebida   de   inmuebles   y   de   concierto   para  delinquir”,   no  se  tuvo  en cuenta el acervo  probatorio  obrante  en el proceso, habida cuenta que, en su criterio, no había  prueba  que indicara que su defendida expendiera o tuviera el  “inmueble       destinado       para       la       venta       de  estupefacientes”.   

Así  mismo, acota que tampoco está probada  la  existencia  de  una “organización”  dedicada a la comisión de delitos, mediante acuerdo de voluntades  con  permanencia  significativa  en  el  tiempo,  dado  que los juzgadores   “desvinculan     a    la    mayoría    de    las  personas”, desarticulando lo que podía llamarse una  empresa criminal, en tanto que se basaron en conjeturas.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar el  fallo   impugnado   y,  en  su  lugar,  absolver  a  su  defendida  “de   los   delitos   acusados   de  concierto  para  delinquir  y  destinación indebida de bien inmueble”.   

b)  Demanda de casación presentada a nombre  de James Mesa Rivera   

La  defensa de Mesa  Rivera,  con  base  en la causal primera de casación,  presenta  un único cargo contra la sentencia, cuyos argumentos se sintetizan de  la siguiente manera:   

Único cargo  

El  defensor, basado en la causal primera de  casación,  acusa  al  Tribunal   de  haber  violado,  de manera indirecta,  “la ley sustancial y sus especies”.   

Manifiesta   que   en   los   delitos   de  “destinación  indebida  de inmuebles y de concierto  para  delinquir”  no se tuvo en cuenta el acervo  probatorio  obrante  en  el  plenario,  habida  cuenta  que no había prueba que  indicara  que su defendido “guardara en su inmueble o  en algún otro destinado a guardar o vender estupefacientes”.   

Considera  que  la decisión dictada por los  juzgadores  no  consulta  la realidad probatoria en lo que atañe al concurso de  delitos  de  tráfico  de  estupefacientes  y destinación ilícita de muebles o  inmuebles.   De  igual  manera,  asevera  que  su  pretensión  es  “la  absolución  de  las féminas involucradas y la confirmación  de  la  condena  de  JAMES MESA RIVERA, pero sólo por el punible de tráfico de  estupefacientes”.   

Comenta  que  el  expendio  de  sustancias  estupefacientes  y  el  delito  de  destinación ilícita de muebles o inmuebles  conllevan  a una doble incriminación y que sólo se puede aplicar una sanción,  toda     vez     que     se     estaría     ante     una      “concurrencia de tipos”.   

Sostiene  que  los  tipos  penales  son  tan  diversos  que  las  formas  de  lesión  al  bien  jurídico son diferenciables.  Advierte  que  el artículo 376 del Código Penal es un tipo penal alternativo o  compuesto  “y  es  así como se le ha deducido a mis  patrocinados  el  de  vender  para  el  caso  de  JAMES  y  para las damas el de  conservar”. Por su parte, el artículo 377 del mismo  estatuto tiene como verbos el de destinar y/o utilizar o tolerar.   

Añade que siendo los verbos en este caso el  de  vender  y conservar “no es posible  hacer la  deducción  del concurso por el punible del artículo 377, en razón a que no es  típica  a  la  luz  de  este  modelo  legal abstracto, esto es, que designar el  inmueble   para   conservar  sustancias  estupefacientes  no  es  comportamiento  prohibido o digno de reproche” .   

Luego  de  reiterar  sobre  la  unidad en la  acción  penal  y  el  concurso  aparente  de  tipos, asegura que el juzgador de  primera   instancia  por  el  sólo  hecho  de  conservar  y  vender  sustancias  prohibidas  atribuyó  a  los acusados  el punible de destinación ilícita  de muebles o inmuebles.   

Aduce, como segundo punto, que no comparte la  argumentación  dada por el juzgador sobre el concierto para delinquir con fines  de  narcotráfico, dado que “hay implicados que no se  conocen”.  Después de reseñar a varios tratadistas  sobre  el  tema,  anota que “cuando se concierta para  cometer  uno  o  varios  delitos determinados, existen partícipes y concurso de  conductas que pueden ser crónicas”.   

Recalca que difiere que se haya imputado a su  defendido  el  delito  de  concierto  para delinquir con fines de narcotráfico.  Luego  de  citar  a  unos  autores,  comenta  que no comparte la afirmación del  juzgador,  según  la cual, con “el simple acuerdo de  voluntades  permite  configurar la tipicidad de la conducta como tampoco sabe la  génesis del factor de la permanencia”.   

Asegura  que no hay prueba que demuestre que  su  defendido es responsable del delito de concierto para delinquir con fines de  narcotráfico,   dado  que  no  había  “permanencia  significativa   prolongada   en  el  tiempo”  de  la  sociedad  criminosa como tampoco del punible de destinación ilícita de muebles  o inmuebles.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  absolver  a  su defendido “de   los   delitos   acusados:  de  concierto  para  delinquir  y  destinación indebida de bien inmueble”.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.  Como  la ha dicho la jurisprudencia de la  Corte,  la  demanda  es el medio idóneo para denunciar en esta sede los errores  de  derecho  y  de actividad cometidos en la sentencia y, en algunos eventos, al  interior  del  proceso.  Así mismo, vale recordar que dada la naturaleza rogada  de  la  casación,  compete  al  libelista  que  la  confeccione  respetando los  presupuestos   formales   que   la   ley  consagra  para  postular  el  vicio  y  fundamentarlo.   

El  artículo  212  de  la  Ley  600  de 2000  contempla  los  requisitos  que  debe contener la demanda, encontrándose, entre  ellos,  el  de  señalar  la causal y fundamentar el yerro, a fin de que la Sala  pueda  avizorar  la  trascendencia  del  mismo  con  respecto a las conclusiones  adoptadas en la sentencia.   

Ahora bien, cuando el vicio se sustenta por la  vía   de   la   violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  corresponde  al  casacionista  que  indique  la  clase  del  error  cometido  por  el juzgador al  apreciar  las  pruebas, esto es, si fue de hecho o de derecho, y el falso juicio  que  lo  determinó, es decir, de existencia, identidad, raciocinio, legalidad o  convicción.   

Cumplido con el anterior presupuesto y con el  fin  de  evidenciar  la  trascendencia del vicio denunciado contra la sentencia,  también  el  censor debe enseñar a la Corte cuál fue el medio de prueba sobre  el  que  se  cometió  el  error  y,  finalmente,  demostrar cómo de no haberse  incurrido  en  él necesariamente el fallo habría sido favorable al demandante,  para  lo  cual debe tener en cuenta los demás elementos de juicio en los que el  juzgador   se   sustentó   para  concluir  en  el  aspecto  que  es  motivo  de  inconformidad en esta sede.   

Con  el  fin  de  asegurar  la  proposición  jurídica  completa  en  la  formulación  de  la  censura, el casacionista debe  enseñar   en   qué   consistió  la  infracción  a  la  ley  sustancial  como  consecuencia  de  la  errada  apreciación  de  las  pruebas,  es  decir, que se  excluyó  una norma que era la llamada a gobernar el asunto o, que se aplicó un  precepto  que  no  correspondía  a  los  hechos  declarados como probados en el  fallo.   

Si no se cumple con los anteriores parámetros  de  lógica  y  debida  fundamentación,  surge  evidente  que  la  demanda debe  inadmitirse,  máxime cuando la Sala, en virtud del principio de limitación, no  puede  entrar  a  complementar ni a suplantar al libelista en la formulación de  la censura presentada contra el fallo de segunda instancia.   

2. De acuerdo con lo anteriormente expuesto y  en   lo   atinente   a   la   demanda   presentada   a  nombre  de  Alba  Rivera  Ortega, la Corte advierte que  el  libelo  no  fue  confeccionado  con estrictez a los parámetros indicados en  precedencia,  en  tanto  que  el demandante no señaló cuál fue el error en la  apreciación  probatoria  que  le  enrostra  al  Tribunal, así como también el  falso  juicio  que lo determinó, en la medida en que la enunciación del único  cargo  la  limitó  a  anotar  que el juzgador vulneró, de manera indirecta, la  “ley   sustancial   y   sus   especies”.   

En  lo  que  se  podría  entender  como  la  fundamentación  de  la  censura,  también  resulta huérfana de argumentos, en  tanto  que  la  labor  demostrativa  el  demandante la centró en afirmar que el  juzgador  no  tuvo  en  cuenta la unidad probatoria, puesto que concluyó que la  acusada    expendía    y    tenía    el    inmueble    para    la   venta   de  estupefacientes.   

De  la  misma manera, mostrando inconformidad  con  las  conclusiones  adoptadas  en  la sentencia impugnada, asevera que en el  proceso  no  se  demostraron  los  ingredientes  normativos  del  tipo  penal de  concierto    para    delinquir,   habida   cuenta   que,   desde   su   personal  perspectiva,    la   comunidad   probatoria  no  indicaba  que  la  acusada  pertenecía  a  una  organización  criminal para cometer las conductas punibles  por las que fue condenada.   

Dicho  de  otra  forma,  como si la casación  fuera  una  tercera  instancia,  presenta  una  particular manera de cómo deben  valorarse  las  pruebas, concluyendo, obviamente, que en el trámite penal no se  encuentra  demostrado  desde  el  punto  de  vista  del  juicio  de  derecho las  conductas  punibles  de  concierto  para  delinquir y de destinacion ilícita de  muebles o inmuebles.   

En  tales condiciones, como quiera que de los  argumentos  exhibidos por el casacionista no se puede inferir la clase del error  en   la   actividad   probatoria,   el   falso   juicio  que  lo  determinó  y,  consecuentemente,  su  trascendencia  frente  a las conclusiones adoptadas en el  fallo, se impone la inadmisión del libelo.   

Ahora  bien, en lo que atañe a la demanda de  James  Mesa  Rivera, la Sala  observa   que el libelista carece de interés para solicitar la absolución  de   las   procesadas,  en  tanto  que  la  representación  jurídica  para  la  postulación  de  este  cargo  sólo la tiene respecto de este procesado y no de  las damas.   

Así,  también  advierte  la  Sala  que  el  casacionista  tampoco  cumplió  con  el  deber  de  indicar  cuál fue el error  cometido  por  el  sentenciador  al  apreciar los plurales medios de prueba y el  falso juicio que lo determinó.   

Como  en la anterior demanda, los fundamentos  soporte  del  único  cargo  presentado contra la sentencia de segunda instancia  tampoco  llevan  a inferir el cumplimiento de los anteriores presupuestos, en la  medida   en   que    la   argumentación  presentada  por  el  casacionista  únicamente  muestra  su  inconformidad  respecto  a que al procesado se le haya  atribuido  las  conductas  punibles  de  concierto para delinquir y destinación  ilícita  de  muebles  o  inmuebles,  para  lo  cual  se  permite presentar unos  personales  argumentos  en  torno  a  los verbos rectores que contiene los tipos  penales   consagrados   en   los   artículos  376  y  377  de  la  Ley  599  de  2000.   

Así mismo, manifiesta su inconformidad que el  juzgador  hubiese  condenado  a  los  procesados por el delito de concierto para  delinquir  con  fines  de  narcotráfico,  habida  cuenta  que,  en su criterio,  “hay  implicados  que  no se conocen”, para lo cual se apoya en conceptos doctrinarios.   

En  otros  términos,  el  casacionista  sin  demostrar  error  en la apreciación probatoria arremete contra las conclusiones  del  sentenciador  en  cuanto  a que se condenó a su representado y a las damas  por  las  conductas punibles de concierto para delinquir y destinación ilícita  de  muebles o inmuebles, sin que en modo alguno ponga en evidencia la existencia  del vicio y su trascendencia frente a las conclusiones del fallo.   

Por  último,  vale  recordar  que  la simple  discrepancia  de criterios no constituye yerro demandable en casación, toda vez  que  dentro del sistema de apreciación probatoria que rige al proceso penal, el  juzgador  goza  de  libertad para justipreciar los elementos de juicio allegados  validamente  al  proceso,  sólo  limitado  por los postulados que informan a la  sana  crítica, cuya trasgresión se debe postular por los senderos del error de  hecho por falso raciocinio.   

De  otro  lado,  recuérdese que la sentencia  llega  a  esta sede amparada por la doble presunción de acierto y legalidad, es  decir,   que  los  hechos  y  las  pruebas  plasmadas  en  el  fallo  encuentran  correspondencia  con  la  unidad  probatoria, y que la norma sustancial escogida  para  construir el juicio de derecho era la llamada a gobernar el asunto, motivo  por  el  cual  corresponde  al libelista derrumbar dicha presunción con base en  las  estrictas  causales  de casación establecidas por el legislador, demostrar  el  vicio  y  evidenciar  su  trascendencia  frente  a  las  plurales decisiones  adoptadas en el fallo.   

Así, como quiera que la demanda de casación  presentada   a   nombre   del   procesado  James  Mesa  Rivera  carece  de la debida claridad y precisión, se  impone también su inadmisión.   

Finalmente,  no se advierte violación alguna  de  los  derechos  fundamentales  o  garantías de ALBA  RIVERA  ORTEGA  y JAMES MESA  RIVERA,  que  determine  el  ejercicio  de la facultad  oficiosa  de  índole  legal  que  al  respecto  le asiste a la Sala en punto de  asegurar su salvaguarda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

          R E S U E L V E   

INADMITIR   las  demandas    de    casación    presentada   por   el   defensor   de   ALBA  RIVERA  ORTEGA y JAMES  MESA  RIVERA.  En consecuencia,  se     declara    desierto    el    recurso    extraordinario    de    casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                              JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                        JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *