25263(01-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 25263  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta   N°  136   

Bogotá,    D.    C.,    primero  (1°)  de agosto de dos mil siete (2007).   

V   I   S   T   O  S   

La   Corte   procede   a   calificar  los  presupuestos  lógicos  y  de  debida  argumentación de la demanda de casación  presentada   por   el   defensor   de   CARLOS      ADOLFO      LOZADA      DE      LA     CRUZ.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

Los  hechos  fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segundo  grado, Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá  D.C.,  Sala  Penal  de Descongestión, según a su vez los resumió el A-quo, de  la siguiente manera:   

         “La   génesis  del  presente  investigativo  se  remonta  a  las  acciones  de  tutela  No  115961  y 124964 (Radicado de la Corte Constitucional)  impetradas  en  contra de Foncolpuertos por los abogados Fredy Gutiérrez Sajaud  y  Jorge  Enrique  Zambrano  Escudero  quienes  en  representación  de  algunos  extrabajadores  de  Puertos  de  Colombia  y  argumentando  la aflicción de los  derechos  de  igualdad  y  pago  oportuno, solicitaron a favor de los mismos, el  pago  de  las  diferencias  de  primas  semestrales  o “prima sobre prima” e  indemnización  moratoria.   Anomalías  que  en  sede  de revisión fueron  advertidas  por  la  Honorable Corte Constitucional, Juez colegiado que mediante  sentencia  T-010-98,  ordenó compulsar copias a fin de que la Fiscalía General  de  la  Nación  investigara los presuntos punibles en que pudieron incurrir los  accionantes    o    sus   apoderados   judiciales”   

2.   El  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Descongestión de Bogotá D.C., mediante sentencia del 31 de enero  de  2005,  condenó  al procesado Carlos Adolfo Lozada  de  la  Cruz  a  la  penas  principal  de 48 meses de  prisión  y  multa  de  diez mil pesos m/cte ($10.000,oo), por encontrarlo autor  responsable  de los delitos de fraude procesal en concurso homogéneo y sucesivo  y  en  concurso  heterogéneo  con   el  punible de estafa agravada. Le fue  sustituida   la   prisión   intramural   por  domiciliaria.   Conductas  imputadas  en  la resolución de acusación proferida el  16  de  mayo de 2002, que fue apelada y mediante resolución del 27 de noviembre  del  mismo año, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Cundinamarca  confirmó en su totalidad los cargos acusatorios.   

3.   Apelado  el  fallo por la defensa  del   procesado,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Bogotá  D.C.,  Sala  Penal  de  Descongestión,  el  23  de  junio de 2005, lo confirmó  en   su   integridad   respecto   de   Carlos   Adolfo   Lozada   de  la  Cruz,  determinación  contra  la cual su apoderado interpuso recurso extraordinario de  casación, habiendo presentado el correspondiente libelo.   

Las  diligencias  llegaron  a  la  Corte el  pasado 22 de febrero.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

Con  fundamento  en el cuerpo segundo de la  causal   primera   de   casación,   el   defensor  del  sentenciado  acusa al Tribunal de haber violado, de  manera   indirecta,   la   ley   sustancial,   toda   vez   que  “apreció  de  forma  incorrecta  las  pruebas,  concluyendo que las  mismas  eran  indicativas  de  que  el  señor  Carlos  Adolfo   Lozada   de   la  Cruz  conocía  que  estas  prestaciones  sociales  que  los  abogados  Velásquez  Martínez   y   Zambrano  Escudero  reclamaron  en  representación suya, no le  correspondían   de   acuerdo   a   la   ley,  en  otros  términos,  obró  con  dolo”.   

“De haber apreciado el respetado Tribunal  de  forma  correcta las pruebas  debería haber llegado a la conclusión de  que   el   señor  Lozada  de  la  Cruz  no  tenía  conocimiento  de  tal  situación,  es decir, no tenía  dolo,  y, por ende, ninguna responsabilidad penal puede endilgársele de acuerdo  a  la  legislación  penal  sustancial”,  yerro que  condujo  a  la  violación  indirecta  de  varias normas jurídicas de contenido  sustancial,  es  decir,  los  artículos  9°,  12,  21,  22, 28, 29, 30, 32 del  Código  Penal  por falta de aplicación; y los artículos 246 y 453 del Código  Penal por aplicación indebida.   

Reitera que en este caso el Tribunal estimó  que    cuando    el    señor    Lozada    de    la  Cruz   otorgó  poder  a los abogados Velásquez  Martínez  y Zambrano Escudero “para la reclamación  por  vía  de tutela de los mencionados derechos laborales, que tal vez (y sólo  tal  vez)  no  se  le  adeudaban,  obró  con  pleno  conocimiento  de  que ello  probablemente no era así”.   

Referente  a  la  reclamación  por vía de  tutela  de la indemnización moratoria sobre el no pago de unas prestaciones que  había  sido  renunciada  en  una  conciliación  a  través  de  su  abogado de  entonces,   el  Tribunal  sostuvo  que  luego  del  acuerdo  y  de  recibir  una  considerable  suma  de  dinero  por  la reliquidación de prestaciones sociales,  nuevamente  concedió  poder  para que por vía de tutela le fuera reconocida la  indemnización   moratoria   por  el  pago  extemporáneo  de  sus  prestaciones  sociales,  acción  que  prosperó  y  en virtud de la cual le fueron cancelados  $29´757.446,oo.   

Anota  que  el  Tribunal  concluyó  que la  mencionada  indemnización  moratoria  era  ilegal  por  cuanto ya se le habían  cancelado  los  mismos  factores  y  se había renunciado en la conciliación al  reconocimiento  de  salarios  moratorios  originados en los factores reclamados,  “de  donde  se  infiere  que  con  posterioridad no había lugar para reclamar  indemnización  por su pago extemporáneo, porque el trabajador sabía que tales  conceptos  ya  se  le  habían sufragado y no tenía derecho a invocar una nueva  indemnización”.   

Refiere que en punto de la reclamación por  vía  de  tutela de la “prima sobre prima” y la indemnización moratoria por  el  no  pago  de la misma, el Tribunal argumentó que el  procesado otorgó  un  nuevo  poder  el 15 de octubre de 1996 al abogado Zambrano Escudero para que  mediante  tutela procurara obtener dicho pago.  Pero que a esa acreencia no  tenía  derecho,  por  cuanto  “al  retirarse de la  empresa  portuaria  en  el año 1986, obvio es que no le cobijaba la Convención  Colectiva    de    Trabajo    1991   –  1993,  que  empezó  regir para pago de efectos salariales a  partir  del mes de enero de 1991 y por demás únicamente regía para portuarios  activos”.    

Manifiesta   que   para   el  Tribunal  no hay explicación para que  el  procesado  hubiera esperado 10 años para presentar su inconformismo, siendo  que  por  regla  general  las  acciones  correspondientes a acreencias laborales  prescriben  en  un  término  de  3  años  desde  cuando la obligación se hace  exigible.   

Luego  de  transcribir  algunos apartes del  fallo   impugnado,  insiste  en  que  el  Tribunal  incurrió  en  un  error  de  apreciación,  “ya que la valoración en conjunto de  las  pruebas  obrantes  en  la actuación, lejos de demostrar el dolo del señor  Lozada,   conducen   a  considerar  que  el  mismo  obró  sin  este elemento subjetivo”. Así   mismo,   anota   que   el  sentenciador  de  haber  valorado  correctamente   las   pruebas,   habría   absuelto   de   todo   cargo   a   su  representado.   

Dice  que  su  defendido es un hombre de 73  años  de  edad, con nivel académico de apenas sexto grado de bachillerato, sin  formación  universitaria y menos legal, que siempre trabajó en actividades muy  distantes  de  las jurídicas.  Es decir, muy diferente del que presenta el  Tribunal  como  un  astuto maquinador que utilizó a unos ingenuos abogados  para  inducir  en  error a la administración de justicia y obtener una ganancia  económica fraudulenta.   

Se  pregunta  el  libelista de dónde puede  surgir  la  anterior  afirmación “cuando las reglas  de la sana crítica y de la experiencia indican otra cosa?   

¿Cuál es la valoración en conjunto de las  pruebas  de  acuerdo  a  las  reglas  de  la  sana crítica que realiza y que le  permiten  inferir  semejante  juicio? Es una pregunta que no encuentra respuesta  coherente”.   

Sostiene    que    las    “reglas  de  la  sana crítica y de la experiencia indican que lo  que   ocurrió   en   el   caso   del  señor  Carlos  Lozada   fue   algo   bien  diferente”  porque  en  realidad,  insiste,  el  procesado  fue  víctima  de  abogados  inescrupulosos  que  se  aprovecharon de su crasa ignorancia jurídica  para  hacerse  al  poder  especial  y cobrar masivamente acreencias laborales ya  saldadas.   

Concluye      que      “las  reglas  de la sana crítica y de la experiencia   que  deben  emplearse  al  valorar  las  pruebas,  indican que el  señor   Lozada   fue  en  realidad  una  víctima  más  y  no  un  victimario; que el señor Lozada  obró  de  buena  fe y nunca con  dolo…   

“Al  valorar  las pruebas en contra de lo  que  indican  las  reglas  de  la  sana  crítica  y la experiencia, el Tribunal  incurrió  en un error de apreciación, que lo condujo a estimar probado el dolo  en   la  conducta  del  señor  Lozada,  cuando aquellas indicaban una cosa bien distinta”.   

Enfatiza  que  el  paso del tiempo desde el  retiro  de  la empresa de su representado hasta cuando otorgó los poderes a los  abogados  para  incoar  las acciones de reclamación, no son indicativas de dolo  en  su  actuar  como  equivocadamente  lo  dedujo  el  Tribunal, sino que revela  claramente  la  condición  de  víctima  de  abogados inescrupulosos quienes le  hicieron creer la vigencia de sus derechos.   

Así  mismo,  anota  que  constituye  una  equivocación  del  Tribunal  cuando  pasó por alto que el condenado sí tenía  razones  para  creer  que  aún  podía  acudir a mecanismos judiciales  de  naturaleza  laboral,  ya  que  con  anterioridad  se había probado que su   liquidación de las prestaciones sociales había sido incorrecta.   

Finalmente,   el   casacionista  presenta  argumentos          “dogmáticos”          frente         a        la        “probada”  ausencia  del  dolo,  lo que  necesariamente  llevaría  a colegir “en la ausencia  de  responsabilidad  penal  del  señor  Lozada de la  Cruz”,    en   la   medida   en   que,  de  una parte, sin dolo no puede haber responsabilidad penal por  ausencia  de  imputación  subjetiva   y,  por otro lado, sin dolo no puede  haber  responsabilidad  penal por ausencia de autoría y participación, para lo  cual     hace     unas     breves     precisiones    al    respecto.    

   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  el  fallo  impugnado  y, en su lugar, absolver a su defendido de los delitos por  los cuales ha sido injustamente condenado.    

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

En primer lugar, es obligatorio recordar una  vez  más  que la casación es un recurso de naturaleza extraordinaria y rogada,  motivo  por  el cual el legislador estatuyó las causales por las cuales resulta  procedente  atacar  la presunción de acierto y legalidad con que viene amparada  la  sentencia  a  esta sede. Así mismo,  dada las citadas características  de  la  impugnación,  también  la legislación procesal contempla los mínimos  presupuestos formales que debe cumplir el libelo.   

Por  tal  razón,  como  lo  tiene dicho la  Corte,  la  demanda de casación no es de libre formulación, motivo por el cual  no  es  procedente  hacer cualquier clase de cuestionamiento a una sentencia que  por  ser  la  culminación de un proceso está amparada, como se indicó, por la  doble  presunción  de acierto y legalidad, sino que debe ser un escrito lógico  y  sistemático  en el que sólo es permitido denunciar los errores cometidos en  el  fallo, al tenor de los motivos expresa y taxativamente señalados en la ley,  demostrarlos   dialécticamente  y  evidenciar  su  trascendencia  en  la  parte  dispositiva del mismo.   

En  consecuencia,  el  éxito de la censura  depende  de  la argumentación técnica que conlleve, de manera lógica, precisa  y  coherente,  a  la  demostración  de  que  la  sentencia es ilegal, por haber  incurrido  el  juzgador  en  evidentes  vicios  de  juicio  o  de procedimiento.   

En    esas   condiciones,   se     hace    necesario    verificar    si    la   demanda   de  casación   presentada   a  nombre   del   procesado    Carlos   Adolfo   Lozada   de   la  Cruz   reúne  los  presupuestos   formales   para   su  admisibilidad,  de  acuerdo   con   lo  estipulado  en  el  artículo  212   del  Código  de Procedimiento  Penal.   

El     defensor     del   sentenciado,   al   amparo   del  cuerpo  segundo   de   la  causal  primera  de  casación,  formula   un    único    cargo    contra   la  sentencia  de  segunda  instancia,  toda  vez  que, en su criterio, incurrió en violación indirecta de  la  ley  sustancial, por error de hecho por falso raciocinio al desconocerse las  reglas  de  la  sana  crítica,  en  especial  la  de la experiencia, yerro que,  considera,  condujo  al juzgador a violar indirectamente normas sustanciales y a  proferir una sentencia injusta.   

Así, en cuanto a la valoración en conjunto  de  las  pruebas,  desde  su  punto  de  vista,  asevera  que no se demostró el  dolo,  en  cuanto  que  se  trata  de  un  hombre  de  avanzada  edad  y  con  escasa  formación académica  media.   Dice  que  no se explica,  de dónde concluyó el Tribunal el  dolo,  “cuando  las reglas de la sana crítica y de  la  experiencia  indican  otra  cosa”.  Además  anota  que  el  fallador  no señaló por qué la valoración en conjunto de las  pruebas  le permitió concluir que su prohijado sí había fraguado todo el plan  criminal  para defraudar al Estado, máxime cuando, a su juicio, su defendido en  vez  de  ser  un  “maquinador del delito,  por el contrario, fue víctima de inescrupulosos abogados que le  hicieron creer que su reclamación era legítima y actual.   

Planteadas  así las cosas, la Sala observa  que  la  formulación  de  la  censura quedó imprecisa, incompleta y ausente de  coherencia,  pues  siendo  cierto  que  el  actor  reprocha  unos  errores en la  apreciación  de las pruebas,   también lo es que frente a los falsos  juicios  propios del error de hecho invocado no dedicó argumentación lógica y  coherente  tendiente  a  concretarlos,  es decir, no enunció cuáles fueron las  reglas  de  la  experiencia  o  los  principios  de  la  lógica o de la ciencia  desconocidos  en  el acto de apreciación, en la medida en que sólo señala que  no se respetaron las reglas de la sana crítica.   

En  el punto de la trascendencia, tampoco  acreditó   cómo   de   haberse   aceptado   los   planteamientos  del  censor,  necesariamente  el  fallo habría sido favorable y, por lo mismo, la absolución  era  la  decisión  a  adoptar,  en tanto en manera alguna evidencia error en la  apreciación  probatoria.  La  argumentación de la censura se soporta sobre una  personal  valoración de los medios de prueba referidos a la responsabilidad del  hoy  sentenciado,  olvidando que el fallo llega amparado a la Corte precedido de  la  doble  presunción de acierto y legalidad, es decir, que el juzgador acertó  en  la  estimación  de  la  pruebas  y  en  la selección de la norma llamada a  solucionar el conflicto.   

Así,  de  acuerdo  como está formulado el  cargo,  se  hace  necesario  recordar  que  cuando   el reproche en sede de  casación  se  centra  en  la  violación  indirecta de la ley por errores en la  apreciación  probatoria, como lo ha reiterado la jurisprudencia de la Corte, el  demandante  debe  “concretar  la  prueba  o pruebas  sobre  las  que  predica  el  yerro,  indicar  a  qué género corresponde éste  –si   de  hecho  o  de  derecho- y señalar su especie.   

“También  ha  de  demostrar  no sólo la  configuración   objetiva   del   desacierto   probatorio,  sino  la  definitiva  incidencia  de   éste  en  las  conclusiones del fallo, y por tanto, en la  transgresión  indirecta de las normas  de derecho sustancial, para lo cual  debe  indicar  si  ello  tuvo  lugar  por  aplicación indebida o por exclusión  evidente,  es  decir,  tiene  por  carga  integrar  lo  que  se  conoce  como la  proposición del cargo y la formulación completa de éste.   

“Así   mismo,   con  la  finalidad  de  patentizar  la trascendencia del error cometido por el juzgador en la sentencia,  compete  al casacionista indicar cómo habría de corregirse el yerro probatorio  que  denuncia,  modificando tanto el supuesto fáctico como la parte dispositiva  de  la  sentencia.   Esto  le  implica  tener que realizar en la demanda un  nuevo  análisis  del  acervo  probatorio,  en  el  que  se  valoren las pruebas  omitidas,  cercenadas  o  tergiversadas, o se aprecien de acuerdo con las reglas  de  la  sana  crítica  aquellas  en  cuya ponderación fueron transgredidos los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  los dictados de la  experiencia;  y,  de  ser  el  caso, se excluyan las supuestas o las ilegalmente  allegadas o valoradas.   

“Todo ello de modo individual respecto de  cada  prueba…”.  (Auto  del 9 de noviembre de  2006. Rad. 26314).   

En  esas  condiciones, resulta claro que el  impugnante  además  de  no  indicar  expresamente  la regla de la sana crítica  vulnerada,  en  lo  atinente  al  punto  de demostrar la trascendencia del error  invocado  debió  evidenciar  cuál  era la valoración correcta de las pruebas,  para  lo  cual  debía  tener en cuenta los demás medios de prueba sustento del  juicio de responsabilidad.   

Dicho  de  otra  manera,   en lugar de  indicar,  de  manera  clara  y  precisa  cuál  fue la errada apreciación de la  prueba  en que incurrió el juzgador, el discurso lo centra en lamentarse en las  conclusiones probatorias declaradas como probadas en la sentencia.   

En   fin,   advierte   la   Sala  que  la  inconformidad  del  recurrente  la centró en imponer su personal valoración de  los  elementos  de  juicio  en  general,  concluyendo  que  su  defendido  no es  responsable  de las conductas punibles imputadas por ausencia de dolo, es decir,  convierte la censura en una alegación de instancia.    

Por  lo tanto, frente a los anotados yerros  de  la  demanda,  se  impone  su  inadmisión,  pues la Corte, en acatamiento al  principio de limitación, no puede corregirlos.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la Ley,   

R E S U E L V E  

1.         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado CARLOS  ADOLFO  LOZADA  DE  LA  CRUZ. En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                MAURO  SOLARTE PORTILLA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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