SP10744-2016(47906)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

SP10744-2016  

Radicación N° 47.906  

(Aprobado acta N° 232)  

Bogotá, D. C., tres (3) de agosto de dos mil  dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Corte  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de  la demanda de casación presentada por el defensor de Jaime   Rafael   Cometa  Reyes  contra  la  sentencia  proferida  el  9  de noviembre de 2015 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Neiva,  que  confirmó  la  emitida  el 11 de marzo de 2013 por el  Juzgado    Tercero    Penal    del    Circuito   Especializado   de   la   misma  ciudad.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.  La cuestión fáctica fue sintetizada por  el  a  quo en los siguientes  términos:   

Los  hechos  tuvieron  ocurrencia el dos de  diciembre  del  año  2005  aproximadamente  a  las  09:22 pm en el municipio de  Campoalegre   –Huila-,  cuando  miembros  de la Columna Teófilo Forero de las FARC al mando de “James  Patamala”,  se  ubicaron  frente al parque del arroz, atacando una patrulla de  la  policía que se movilizaba por el lugar y donde se transportaban los agentes  JORGE  LEGUIZAMO,  FARITH  ARCE  BONILLA,  JUAN  CARLOS  ORTIZ  TRUJILLO y OSCAR  ORLANDO   LÓPEZ   BOCANEGRA,   segando   así   la  vida  de  los  uniformados,  (…).1   

2. Con ocasión de la denuncia formulada el 6  de  diciembre  de  2005  por  el  Teniente  Julián  Meneses Ruiz, suboficial de  Derechos   Humanos  del  Batallón  de  Artillería  No.  9-Tenerife2,   el   14  siguiente  la  Fiscalía  Cuarta  Especializada  de  Neiva  declaró formalmente  abierta  la  instrucción  y  dispuso  la  vinculación  mediante indagatoria de  Jaime  Rafael Cometa Reyes3.   

3.  La situación jurídica del sindicado se  definió,  inicialmente,  el  5 de enero de 2006, en el sentido de abstenerse de  imponerle      medida      de      aseguramiento4.   

4.  Habiendo  asumido  el  conocimiento  del  asunto  la  Fiscalía  Quinta Especializada de Neiva, el 4 de febrero de 2010 se  ordenó   vincular   a  través  de  injurada  a  Pedro  Luis  González,  alias  “Genaro”,          entre          otros5,  a quien, el 11 de octubre de  2011,  se lo afectó junto con Cometa Reyes   con  detención  preventiva  en  establecimiento  carcelario,  en  calidad  de  coautores  de  los delitos de homicidio agravado y hurto agravado y  autores  del  punible  de  rebelión (artículos 103, 104.8.10, 241.12 y 467 del  Código  Penal)6.   

5.  El 1º de noviembre de 2011 se clausuró  el            ciclo            instructivo7.   

6.  El  mérito del sumario se calificó con  resolución   mixta   del   26  de  enero  de  20128,  por cuyo medio se precluyó,  por  prescripción,  a  favor  de  Jaime Rafael Cometa  Reyes  y  Pedro Luis González por el injusto de daño  en  bien  ajeno  y se los acusó por los de homicidio, en concurso homogéneo, y  hurto,  ambos  agravados –a  título  de  coautores-  y  rebelión  –en         tanto         autores-9.   

7.  El 6 de agosto del mismo año el Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado de Neiva avocó el conocimiento del  asunto  y ordenó correr el traslado de que trata el artículo 400 de la Ley 600  de    200010.   

8.  La audiencia preparatoria se celebró el  18         de        octubre        posterior11  y  la  vista  pública  de  juzgamiento   se   llevó   a   cabo   el  21  de  febrero  de  201312.   

9.  Mediante  sentencia  del  11  de  marzo  siguiente,  Pedro  Luis  González  fue absuelto por los cargos endilgados en la  acusación,   al   paso   que   Jaime  Rafael  Cometa  Reyes fue declarado penalmente responsable, en calidad  de  cómplice,  de  los  reatos  de homicidio agravado, en concurso homogéneo y  hurto agravado y autor del reato de rebelión.   

En   consecuencia,  le  impuso  las  penas  principales  de  treinta  y cuatro (34) años, un (1) mes y quince (15) días de  prisión,  multa  en  cuantía  de  ciento treinta y siete punto cuarenta y ocho  (137.48)  salarios mínimos legales mensuales vigentes e inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el lapso de veinte (20) años,  así   como   el   pago   solidario   –junto  con  los  que  resultaren  también condenados por los mismos  hechos-  de doscientos cincuenta (250) s.m.l.m.v. a favor de los familiares más  cercanos  de  las  víctimas. Igualmente, le negó la suspensión condicional de  la   ejecución   de   la   pena   y   la   prisión   domiciliaria.13   

10.  Inconformes  con el fallo, Cometa  Reyes  y  su  defensor lo apelaron  pero  fue  confirmado  el  9 de noviembre de 2015 por la Sala Penal del Tribunal  Superior             de             Neiva14.   

11.   Contra  este  proveído  la  defensa  interpuso  oportunamente  el  recurso  extraordinario  de  casación15 y presentó,  en     tiempo,    el    correspondiente    libelo16.   

LA DEMANDA  

Previa   identificación  de  los  sujetos  procesales  y  la  sentencia  impugnada,  el  libelista  reproduce  la cuestión  fáctica  como  fue concebida por el a quo  y sintetiza la actuación procesal, luego de lo cual, al amparo de  la  causal primera del artículo 207 de la Ley 600 de 2000, postula en un único  cargo   la   violación   indirecta   de   la  ley  sustancial,  proveniente  de  «errores   de   hecho,   por   falsos   juicios  de  apreciación  y  de  existencia,  que  llevaron a la aplicación indebida de los  artículos  397,  408,  30  y  31  de  la  ley  (sic)  599 de 2000 y la falta de  aplicación  del  articulo  (sic)  32 numeral 10 de la ley 599/00 y del articulo  (sic)   7   de   (sic)   ley   600/2000»17.   

En  desarrollo  de  la  censura,  parte  por  reprobar  que  el  Tribunal  haya  dado  por  probado  el  dolo de las conductas  punibles,  con  fundamento en las indagatorias de Armando Hermosa Tovar y Samuel  Ospina  Criollo,  siendo  que  i)  el  primero, en el juicio, se retractó de la  incriminación   que  hiciera  en  la  indagatoria  en  contra  de  Cometa  Reyes pues manifestó no conocerlo  y  ii)  el día de los hechos, el procesado se limitó a transportar en su canoa  a unos sujetos, desconociendo si eran guerrilleros o paramilitares.   

Precisa, en este punto, que no fue la primera  vez  que lo hizo pues en varias oportunidades y a lo largo de 10 años, utilizó  su canoa para tales fines y para la actividad pesquera.   

A  continuación,  cita  entre  comillas  un  fragmento  cuya fuente no especifica, que por ser incomprensible se reproduce en  su exacto tenor:   

Por consiguiente, el argumento de pertenecer  a  las  FARC  como  miliciano JAIME REAFEL (sic) COMETA REYES no pasa de ser una  afirmación  carente  en  forma  absoluta de soporte factico (sic) y probatorio,  por  lo  cual  es  preciso  desechar  de  plano  la  posibilidad. Máxime que la  evidencia  demostró la condición de pescador interviniente en el transporte de  algunas  personas  en  la  noche  del 2 de diciembre de 2005, sin saber quiénes  eran  dichas  personas  peculados  continuos  y  sucesivos  y  la violación del  régimen  legal  o  constitucional  de inhabilidades e incompatibilidades; pero,  por  tratarse  de  apelantes  únicos  no  es  factible  la  reforma peyorativa,  debiendo  conservarle  la  condición  de  no responsable en la comisión de los  cargos                   imputados.18   

Añade  que  el  fallo  de  segundo nivel no  cuestionó  «el  real conocimiento de la pertenencia  al  grupo insurgente FARC por parte de PEDRO LUIS GONZÁLEZ y el conocimiento de  los  hechos  realizados  el  2  de diciembre de 2005, en los cuales perdieron la  vida     cuatro    policiales    (…)»19,  lo  que  habría  sido  confirmado  por varios de los actores en la audiencia pública de  juzgamiento.   Así  mismo,  asevera  que  la  sentencia  de  primera  instancia  «desechó  la  existencia  de  no responsabilidad de  JAIME  RAFAEL  COMETA  REYES»,  por error de tipo, al  estimar  que  su  oficio  de  pescador,  la  preparación  académica y el trato  permanente  con  personas  a las que transportaba y les vendía pescado, indican  que  «facilitó  su canoa para el fin deseado de los  usuarios  y  por  ende  no  tomó  parte  de los hechos investigados»20.   

Enseguida,   sostiene  que  «el  error que recae sobre el aspecto objetivo de la tipicidad, esto  es,  sobre  alguno  de  sus componentes excluye el dolo porque afecta el aspecto  cognitivo   del   mismo»21,  postura  que le sirve para  reclamar  la  atipicidad  de los delitos atribuidos a su cliente, por virtud del  numeral 10 del artículo 32 del Código Penal.   

Con  tal propósito, fracciona la censura en  dos  acápites que intitula «Error de hecho por falso  juicio   de  raciocinio»22     y     «Error   de   hecho   por   falsos   juicios   de   existencia   por  omisión»23.   

En el primero de ellos, asevera que el falso  raciocinio  se  produjo  porque  los  juzgadores  no  apreciaron en conjunto las  pruebas   y   le  dieron  un  «alcance  demostrativo  inadecuado»24  a las indagatorias vertidas  por  su  representado,  Armando  Hermosa Tovar y Samuel Ospina Criollo, toda vez  que  las  «conclusiones no están respaldadas por las  reglas     de     la     lógica     o     de     la     experiencia».   

En este punto, critica que se haya asegurado  que  su  prohijado  sabía  del  ataque  perpetrado  por  la  guerrilla  el 2 de  diciembre  de  2005  en  el  que  perdieron  la  vida cuatro policías y les fue  hurtado  su  armamento,  pese  a  que  él  refirió  en  su indagatoria y en la  ampliación de la misma que no participó en los hechos.   

Explica  que  el  fallador  incurrió en una  falacia  argumentativa  que atenta contra la lógica, denominada falsa relación  causal,   al  asegurar  que  Cometa  Reyes  participó  en  el  homicidio  de los uniformados, señalando como  única  y  verdadera  causa  el hecho de ser pescador, siendo que «por  regla  precisamente de la experiencia ello no siempre funciona  de     esa    forma»25.   

Para  el  defensor, que su procurado hubiera  transportado  a  unas personas la noche de marras no tiene la entidad suficiente  para  concluir  que «conocía de toda la composición  DEL  ACTO  DELICTIVO  que  se había fraguado en contra de los policías el 2 de  diciembre  de  2.005»,  pues,  insiste,  solo  es  un  pescador.   

Además,  su  hermana  Onaira  Yasmin Cometa  Reyes,  quien sí es guerrillera de la Columna Teófilo Forero de las FARC, pudo  haber  sido  «aprovechada por Armando Hermosa Tovar y  Samuel  Ospina  Criollo»26-.   

También cree que la incriminación en contra  del  acusado,  provino, quizás, de una retaliación de dichos testigos al verse  descubiertos precisamente por ella.   

A  juicio  del  censor, no se puede predicar  certeza del dolo con la sola acusación de los deponentes.   

Así  mismo,  contrario a lo estimado por el  juzgador  «el trato permanente y los muchos años de  ser      pescador»27 no le imponían al encartado  la   obligación  de  conocer  con  antelación  el  acto  criminoso,  sino  que  «se  deben exigir elementos de convicción con mayor  capacidad   suasoria   para   lograr   tal   cometido   demostrativo»28.   

El  censor  es  del criterio que el fallador  valoró  de  forma  aislada  el  plexo  probatorio,  pues  le dio crédito a las  indagatorias  de  Hermosa  Tovar  y Ospina Criollo que vincularon a Cometa  Reyes  como miliciano de las FARC,  pese  a  que  el  acusado  y  los  restantes  integrantes  del grupo insurgente,  incluido  Hermosa Tovar -en su declaración del juicio-, manifestaron desconocer  a  su defendido como miembro de la guerrilla y como partícipe en los hechos del  2 de diciembre de 2005.   

Afirma   el  letrado  que  este  yerro  es  relevante,  porque  al  ignorar la valoración de los referidos medios de prueba  se  «limit[ó]  probatoriamente la no existencia del  dolo    con   relación   a   la   no   participación   por   parte   de   [su]  defendido»29.   

En el segundo segmento, el demandante asegura  que  el  juez plural omitió evaluar las indagatorias y declaraciones durante el  juzgamiento  de  su  prohijado  y  de Onaira Yasmín Cometa Reyes, Henry Sanceno  Polanía,  Fabián  Torres  Cano,  Miguel  Ángel  Díaz y Pedro Luis González,  quienes  dijeron  no  conocer al implicado como miembro de las FARC y partícipe  de los homicidios y del hurto.   

Ello,   dice,   confirma   «la  ausencia  de  intención dolosa y la ignorancia total de que su  actuar  se  adecuaba  a  un  comportamiento punible. Pues si bien aparecía como  pescador  su  intervención  obedeció  a  la  ayuda  licita (sic) que creía le  estaba  brindando  a  las  personas  que  requirieron de su servicio»30.   

Añade  que  el ad  quem   no  valoró  el  oficio  desempeñado  por  el  enjuiciado   «para  el  momento  posterior  de  los  hechos»31  y  la ausencia de vínculos  comerciales  y  personales  con  los sujetos que transportó, lo cual acreditaba  que no obró sabiendo que su comportamiento era ilícito.   

Si   se  hubieran  apreciado  las  pruebas  reseñadas,   opina,   se   habría   establecido   que  existió  un  error  de  tipo.   

Admite  que los errores denunciados, mirados  de  forma  independiente,  no  tienen  la  suficiente  fuerza  para  derruir  la  sentencia,   pero   al   analizarlos   en   conjunto,   afirma,   «surge  con  claridad  la  discordancia  entre  la  conciencia de su  actuar  y  la realidad, vale decir, JAIME RAFAEL COMETA REYES, se representó de  manera  equivocada  que  su  actuar  era  licito (sic), desconociendo el aspecto  objetivo  de los tipos penales imputados, por lo que deviene la atipicidad de su  conducta.»32   

Para cerrar, alude a algunos de los elementos  de  la complicidad (existencia de un acuerdo de voluntades previo o concomitante  a  la  conducta  del  autor  y  dolo),  tras lo cual señala que el actuar de su  asistido  estuvo  «motivado por la buena fe, alentado  por  la  confianza que le generaban los años de su profesión de pescador y con  la  ingenuidad  propia de un joven inexperto en estas lides. JAIME RAFAEL COMETA  REYES,  fue  utilizado como un instrumento de un actuar ilícito, al transportar  a  unas  personas que le pidieron el favor y/o que les prestara el servicio, sin  que  se  pudiera siquiera imaginar la intención dolosa del autor interviniente,  vale   decir,   los   miembros   de   la  Columna  Teófilo  Forero.»33   

Concluye  que  el  error en que incurrió su  representado  es invencible y solicita casar la sentencia demandada y que, en su  lugar, se dicte otra de carácter absolutorio.   

CONSIDERACIONES  

De  conformidad  con  el  artículo  213 del  Código  de Procedimiento Penal del 2000, la Sala inadmitirá la demanda, porque  no  reúne  las  exigencias  mínimas  previstas  en  el  canon  212  del  mismo  Estatuto.   

En  orden  a derruir la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que  recae  sobre  el  fallo de segundo grado, el recurso  extraordinario  de  casación  debe  ser  elaborado  por  quien  demuestre tener  interés   jurídico   para   impugnar,  respetando  las  formalidades  técnico  jurídicas  previstas en la ley y la jurisprudencia, según se trate de cada una  de   las   causales   establecidas   en  el  precepto  213  de  la  Ley  600  de  2000.   

En  ese sentido, el libelo debe ser íntegro  en  su  formulación, suficiente en su desarrollo y eficaz en la pretensión, de  tal  suerte  que  se  debe  soportar  en  los  principios  que  rigen el recurso  extraordinario,  en  especial,  los  de  claridad,  precisión,  fundamentación  debida,   prioridad,   no   contradicción,   corrección   material,   crítica  vinculante,  razón  suficiente y autonomía, sin que sea viable argumentar a la  manera  de  un  alegato  de instancia.  La proposición de los cargos exige  escoger  adecuadamente  la  causal y el sentido de la violación y, concretar el  disenso en términos de trascendencia.   

El  libelo  que  se  examina  no  acata  los  presupuestos   que   rigen   la   impugnación   extraordinaria,   como  pasa  a  verse.   

Para  empezar,  es  palmario  que  el primer  aparte  de la demanda no corresponde más que un alegato de instancia, proscrito  en  sede de casación, en el que el censor antepone su criterio particular al de  las  instancias  pues  se  ocupa  de  rebatir el mérito positivo asignado a los  testigos  que  incriminan  a  su  cliente  bajo  el pretexto que uno de ellos se  retractó  de  su  señalamiento  en  el  juicio y que el acusado actuó bajo el  convencimiento  de  transportar  en su canoa a unas personas que desconocía que  fueran guerrilleras.   

Ignora,  de  este modo, el demandante que la  credibilidad  conferida  a las pruebas no es un tema susceptible de ser rebatida  a  través  de  la  casación,  dada la relativa discrecionalidad que tienen las  instancias  para  valorar  el  acervo  probatorio,  salvo  que  en tal ejercicio  analítico  vulnere las leyes de la sana crítica, que no es el caso, ya que, en  este  segmento, más allá de reprobar lo recién reseñado, nada dice acerca de  cuál  sería  la  regla  de la experiencia, el postulado lógico o la ley de la  ciencia  inadvertida  por  los  falladores  ni  contrasta sus argumentos con las  razones  de  las  instancias para creer en Armando Hermosa Tovar y Samuel Ospina  Criollo.   

Es  así que, aunque el defensor resalta que  el   primero   de   ellos  se  desdijo  de  la  acusación  contra  su  cliente,  convenientemente,  omite  que  los  jueces cognoscentes resaltaron cómo si bien  ese  deponente,  durante  el  juicio,  dijo  no  reconocer  a quien estaba en el  banquillo  de  los acusados, sí expresó que quien participó en los hechos era  “el pescador”, pero que,  como ellos sucedieron de noche no lo pudo ver bien.   

A  lo  anterior  se  suma  la ruptura de los  principios  de  claridad,  fundamentación  debida  y  corrección  material por  cuenta  de  algunas citas consignadas en la demanda que resultan incomprensibles  en  la  medida que la primera de ellas –sin  fuente  conocida-,  la  que consigna una opinión en el sentido  que  la condición de miliciano del procesado carece de soporte fáctico, debido  a  que  es  un  pescador,  también, extrañamente, alude a unos peculados, a la  violación   del   régimen   legal   o   constitucional   de   inhabilidades  e  incompatibilidades  y  a la imposibilidad de agravar los cargos al procesado con  fundamento  en  el  principio  de  no  reformatio  in  pejus,  mientras  la  segunda  de las transcripciones,  atribuida   por   el   censor  al  a  quo,  en  la  que se afirma que ese juzgador admitió que el acusado no  era  responsable de las imputaciones debido a un error de tipo, no corresponde a  las  consideraciones  del  fallo  de  primera  instancia,  que  claramente es de  carácter condenatorio.   

Igualmente,   la  Sala  advierte  que  el  recurrente  carece  de  interés  jurídico  para  reprobar  el fallo de segundo  grado,  con  la pretensión de hacer ver que el coprocesado Pedro Luis González  no  conocía  de  los  hechos  criminales perpetrados el 2 de diciembre de 2005,  tanto  porque  este  sujeto fue absuelto en la sentencia de primera instancia y,  obviamente,  no recurrió en apelación ni mucho menos en casación, como debido  a  que  tampoco  agencia  los  derechos  de  dicha  persona sino de Jaime Rafael Cometa Reyes.   

Ahora,  adentrándose la Corte en el examen  formal  de  los  presuntos falsos raciocinios y falsos juicios de existencia por  omisión  propuestos  por  el  censor, es manifiesto que tales reproches tampoco  satisfacen     las    mínimas    reglas    de    fundamentación    y    debida  argumentación.   

En  efecto, frente al primer tipo de yerro,  es  indispensable  recordar  que  se acredita cuando el ejercicio valorativo del  funcionario  judicial  es  trasgresor  de  los  postulados de la lógica, de las  leyes  de  la  ciencia  o  de  las  reglas  de  la experiencia, es decir, de los  principios    de    la    sana    crítica    como   método   de   apreciación  probatoria.   

Con tal fin, el libelista debe señalar con  exactitud  el  medio  de prueba sobre el que recae el yerro, identificar aquello  que  expresamente dice y se deduce de él, el mérito persuasivo otorgado por el  juzgador,  indicar  y  desarrollar  con exactitud la regla lógica, la ley de la  ciencia  o  la  máxima  de  la  experiencia aplicada erradamente al realizar su  proceso  valorativo,  así como la que apropiadamente le debió servir de apoyo,  la   norma   de  derecho  sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  o  interpretada  y,  finalmente,  demostrar  que, de no  haberse  incurrido  en  el  defecto,  el sentido de la decisión adversa habría  sido sustancialmente opuesto.   

El  letrado  no  procedió  de  la  manera  señalada  porque,  como al inicio de la demanda, limitó su esfuerzo a esgrimir  su  opinión  personal,  la  cual  se  encuentra desprovista de cualquier ataque  sustancial  frente  a los fallos de instancia, habida cuenta que, solamente hace  descansar  su  disconformidad  en  la  valoración de los testimonios de Armando  Hermosa  Tovar  y  Samuel  Ospina  Criollo,  por  la presunta violación de unos  postulados racionales que no precisa como es debido.   

En  efecto,  el  abogado  advera  que  los  falladores   le   dieron  un  alcance  inadecuado  a  esas  pruebas  porque  las  conclusiones  judiciales en el sentido que el acusado sabía del ataque homicida  no  están  respaldadas  por las reglas de la lógica y de la experiencia, en la  medida  que  su  asistido  lo  negó  en  su  indagatoria y, comporta, una falsa  relación  causal aseverar que éste participó en el cruento suceso por el solo  hecho de ser pescador.   

Sin  embargo,  además  que  el  jurista no  explica  por qué los sentenciadores habrían de creer ciegamente en la versión  del  inculpado  que  niega  cualquier  participación  en los acontecimientos de  sangre,  falta  al principio de corrección material porque no es cierto que los  jueces  de  conocimiento  hubieren  afirmado que Cometa  Reyes  es responsable de los homicidios, el hurto y la  rebelión, por su condición de pescador.   

No,  independientemente  del desacierto que  trasluce    la    atribución    de    responsabilidad    contra    Cometa  Reyes  a  título  de cómplice en  unos  delitos  de  naturaleza  propia  y  no  ajena34,  al  procesado  no  se  lo  condenó  en  ese  grado de participación por prestar el servicio de transporte  en  canoa  a  unos ciudadanos, sino porque, de acuerdo con lo narrado por uno de  los    autores    materiales    del    cruento    acontecimiento    –Hermosa  Tovar-  y  otro  miembro  del  grupo  guerrillero  –Ospina  Criollo-   y  los  indicios  de  mentira  y  mala  justificación,  presencia  y  oportunidad  para  delinquir,  capacidad y móvil, se acreditó que el implicado  acordó  con  suficiente  antelación  ayudar  a  los  guerrilleros  homicidas a  escapar  del  lugar  y  a  ocultar  las  armas  hurtadas,  al  punto  que  alias  “Patamala”,   tiempo  atrás  le  financió  un  motor fuera de borda para que ayudara en la huida del  grupo guerrillero.   

Así  mismo, inadvierte que, en la crítica  casacional  no  caben  las especulaciones, como las propuestas por el impugnante  en  el  sentido  que  los  referidos  deponentes  pudieron  haber aprovechado la  condición  de  la  hermana del acusado -que sí es guerrillera- en la comisión  de  los  hechos,  o que la incriminación en contra del procesado puede provenir  de  una  retaliación engendrada en la delación que aquella hiciera respecto de  los  partícipes  en las infracciones penales, pues, como bien lo afirma el juez  plural    «no   existe   sustento   probatorio   ni  argumentativo»35      que     así     lo  demuestre.   

El actor tampoco justifica por qué serían  exigibles   «elementos  de  convicción  con  mayor  capacidad    suasoria»36  que  los  empleados por los  falladores  para  afianzar  el  juicio  de  reproche,  si  es  que los valorados  permitieron    establecer,    en    grado    de    certeza,   que   Cometa       Reyes      «1)  Efectivamente  (…) integraba el grupo insurgente de las FARC,  2)  pertenecía a la Columna Teófilo Forero en calidad de miliciano al mando de  alias  “Patamala”,  3)  fue  la persona que transportó en canoa por el río  Magdalena  en  la  huida  al  reducto  que  cometió  el  atentado, y 4) prestó  colaboración    para    encubrir    las    armas   utilizadas   en   el   hecho  criminal»37.   

Tampoco explicó la razón por la que, bajo  el  amparo  de las leyes de la sana crítica, los juzgadores estarían obligados  a  hacer  prevalecer  la  versión  exculpatoria  del  incriminado y la de otros  miembros  de  la guerrilla que no vincularon al acusado con los hechos, sobre la  de  los dos testigos de cargo y el informe de la red de cooperantes que también  aludió  a  la  participación  del enjuiciado en los delitos investigados, y la  Corte no puede suponerla sin vulnerar el principio de limitación.   

Ahora,  como  en  este  apartado, el censor  acusa  a los falladores de ignorar la referida prueba testimonial favorable a su  pretensión  absolutoria  y tal propuesta se acerca más a la postulación de un  falso   juicio   de   existencia  por  omisión,  que  no  al  falso  raciocinio  argumentado,  la  Corte  se  referirá  a  este  tópico  enseguida,  cuando  se  pronuncie  frente a idéntica propuesta pero en el escenario del último tipo de  yerro mencionado.   

Así, cuando lo que se intenta acreditar es  un   error  de  hecho  en  su  vertiente  de  falso  juicio  de  existencia,  el  casacionista  está  en la obligación de probar que el juzgador olvidó valorar  un  medio de convicción que tenía la capacidad probatoria de variar el sentido  del  fallo  (omisión)  o apreció, como si efectivamente se hubiera practicado,  una  prueba que no obra en el proceso (suposición), para dar por probado algún  supuesto  de  hecho  o  derecho,  con  efecto  trascendente  en  la decisión de  fondo.   

Afirma  el  libelista  que  el  juez plural  omitió  evaluar  las  indagatorias  y  declaraciones  durante el juzgamiento de  Jaime  Rafael  Cometa  Reyes,  Onaira  Yasmín  Cometa  Reyes,  Henry  Sanceno  Polanía,  Fabián Torres Cano,  Miguel Ángel Díaz y Pedro Luis González.   

Al  respecto,  aunque  la Sala advierte que  dichos  medios  de prueba no fueron verdaderamente evaluados por los juzgadores,  pues  al  a  quo  le bastó  sintetizarlos  y  analizar  la  prueba incriminatoria, el censor no demostró la  trascendencia  de dicha deficiencia, si se considera que i) según lo indicó el  censor,  los  testigos  sólo  manifestaron  no  conocer  a su representado como  integrante  del  grupo  insurgente  o  saber  que  quien  los auxilió fue “el  pescador”  pero  no  haber  reconocido  al acusado debido a la oscuridad de la  noche,  ii)  el  demandante  aspiraba a acreditar, a partir de esa información,  que  existió  un  error  de  tipo  por ausencia de dolo y, por último, iii) no  controvierte  fundadamente  la  prueba incriminatoria de quienes lo ubican en la  escena  criminal  como  un  militante  consciente  y voluntario del grupo armado  ilegal,    colaborador    directo    del    cabecilla    alias   “Patamala”,  facilitador  de la huida de  los  subversivos  implicados  en  el  ataque contra los uniformados y partícipe  eficiente   en   la   actividad   de   encubrir   las   armas   hurtadas  a  los  policiales.   

Finalmente, es palmario que las premisas del  actor,  según  las cuales su representado incurrió en un error de tipo, porque  su  conducta  estuvo dirigida por la buena fe, la ingenuidad y la inexperiencia,  en  tanto  su  procurado  únicamente  se  dedicaba  a  pescar y a transportar a  cualquier  ciudadano  que  se  lo  pidiera  y  tampoco  tenía  ningún vínculo  comercial  o  personal  con  los  miembros  de  la  guerrilla que ejecutaron los  homicidios  y el hurto, no encuentran asidero en el soporte probatorio examinado  por  las  instancias,  en  la medida que es claro el vínculo del acusado con el  Frente  Teófilo  Forero  y  su  participación en la huida de los insurgentes a  quienes  transportó  la  noche  de  los  funestos  acontecimientos  por el río  Magdalena.   

En  estas  circunstancias,  no  procede  la  admisión del libelo.   

Pronunciamiento oficioso.  

Siendo   el   recurso  extraordinario  de  casación  un  control  constitucional  y  legal  de  las  sentencias de segunda  instancia,  a  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia le  corresponde  salvaguardar  los derechos fundamentales de los sujetos procesales.  En  vigencia  de  esa  tarea  debe  velar  por  el  respeto  irrestricto  de sus  garantías   esenciales,   en   aras   de  posibilitar  la  efectividad  de  las  mismas.   

En  aplicación  de  tal compromiso y en el  marco  del  Estado  social  y  democrático  de  derecho,  cuando  quiera que se  advierta  la  existencia  de  alguna  trasgresión  sustancial  de  los derechos  constitucional  o legalmente reconocidos de las partes o intervinientes, deberá  remediarla oficiosamente aunque no se advierta en el libelo.   

En  el  caso examinado, la Sala advierte la  necesidad   de   restablecer  las  garantías  procesales  conculcadas  por  las  instancias  a  Jaime  Rafael  Cometa Reyes,  concretamente,  los  principios  de congruencia y legalidad de la  pena,   como   quiera   que   el   a  quo   violó   de   manera   directa  la  ley  sustancial,  al  aplicar  indebidamente  la circunstancia de mayor punibilidad, consagrada en el artículo  58.10  del  Código  Penal, pese a que no había sido imputada en la resolución  de  acusación,  y  al  dejar de aplicar la consecuencia punitiva descrita en el  artículo  30  inciso 2º del Código Penal, en relación con el delito de hurto  agravado,  que  fue  atribuido por el juzgador en grado de complicidad, defectos  estos no corregidos por el Tribunal.   

En  efecto,  de una parte, se tiene que, de  manera  pacífica  y  reiterada,  la  Sala  ha venido  señalando  que  las  circunstancias  de  mayor  punibilidad  de  que  habla  el  artículo  58  de  la Ley 599 de 2000, tienen que estar clara e inequívocamente  imputadas  en  la  resolución  de  acusación  o  su  equivalente,  tanto en su  componente  fáctico  como jurídico, para que puedan ser utilizadas, al momento  de  dosificar  la pena, en la determinación del cuarto de movilidad respectivo,  de   cara   a   los   presupuestos  normativos  del  artículo  61  ejusdem.  Lo  contrario,  constituye una  evidente  vulneración  del  principio  de congruencia. Es así como la Corte ha  enfatizado   que   (CSJ   SP,  23  sep.  2003,  rad.  16320):   

[E]l   solo  enunciado  en  la  resolución  de  acusación  del  supuesto  fáctico  que  la  configura,  no  es  suficiente  para  que pueda ser deducida en la sentencia, ya  que,  como  se  ha dicho, se requiere inequívoca imputación jurídica, sin que  ello  implique  que figure en la parte resolutiva de la acusación, ni que se le  identifique  por  su  denominación  jurídica  o  por la norma que la consagre.  Implica,  pues,  valorada atribución, de tal suerte consignada en cualquiera de  las   fases   de   la   acusación   que   no  se  abrigue  duda  acerca  de  su  imputación.   

Particularmente, en cuanto se refiere a la  agravante  genérica  de  que  trata el numeral 10 del artículo 58 del Estatuto  Sustantivo  Penal,  esta  es,  la de «[o]brar  en  coparticipación criminal», es  indispensable   recordar  que,  esta  Corporación  ha  precisado  que  la  sola  alusión,   en   la  decisión  que  califica  el  mérito  del  sumario,  a  la  participación  del  procesado  a título de coautor, o cualquier otra modalidad  que  implique  participación plural de personas en el delito, no equivale a una  imputación  jurídica  clara  e  inequívoca  de  dicha  circunstancia de mayor  punibilidad.   

En  este  sentido, la sentencia CSJ SP, 20  feb. 2008, rad. 21731 puntualizó:   

En  algunas  providencias,  la  Sala  ha  considerado  que,  si desde el punto de vista fáctico la Fiscalía ha atribuido  de  manera  clara  e  incuestionable  determinada  modalidad de coparticipación  criminal,  constituye  una inequívoca imputación jurídica de la circunstancia  genérica  de  agravación  prevista en el numeral 10 del artículo 58 de la ley  599   de   2000   o  en  el  numeral  7  del  artículo  67  del  Código  Penal  anterior.   

[…] En esta ocasión, al profundizar una  vez  más en el tema, la Sala concluye que, en la resolución de acusación o su  equivalente,  una  clara  atribución  fáctica  de la circunstancia relativa al  obrar  en  coparticipación  criminal,  en  cualquiera de sus modalidades, sólo  implica  una  inequívoca  imputación  jurídica  si el organismo instructor la  trató  expresamente  como  una  causal  de  agravación  punitiva  y no de otra  manera,  o  bien  sustentó  de  cualquier otra forma a lo largo de la decisión  que,   debido  a  la  pluralidad  de  autores  o  partícipes,  hubo  una  mayor  afectación  al  bien jurídico, y por lo tanto un mayor grado de reproche desde  el  punto  de  vista  de  la punición, de acuerdo con los concretos aspectos de  cada situación en particular.   

Lo  anterior  obedece  al correcto sentido  teleológico  de  la  sentencia  de  23  de  septiembre  de  2003 que inició la  doctrina  jurisprudencial  defendida por la Corte. En el ordenamiento sustantivo  anterior,  el  motivo  por  el  cual  la  ausencia  de una inequívoca o expresa  imputación  jurídica  de las circunstancias genéricas de menor punibilidad en  el   pliego   de   cargos   carecía  de  trascendencia,  se  debía  a  que  su  reconocimiento  en  la sentencia no incidía en la determinación  absoluta  de  los  límites  punitivos  y,  por  lo  tanto,  para respetar el principio de  congruencia,  tan solo se necesitaba que hubieren sido atribuidas desde el punto  de  vista  fáctico,  al  contrario  de  lo  que  siempre  ha  sucedido  con las  agravantes específicas.   

Por  ejemplo,  en  la  sentencia  de  2 de  noviembre  de  1983  [CSJ  SP,  2  nov.  1983, rad. 010947], la Corte sostuvo al  respecto que   

“[…]  en el  auto  de  proceder  es  de  obligación  ineludible consignar las circunstancias  específicas  de  agravación o de atenuación que acompañan al delito y que lo  constituyen  o  lo  modifican,  porque  ignorarlas  en  el pliego de cargos para  sorprender  con  ellas  al procesado en la sentencia es violar una de las formas  propias  del  juicio,  garantía  del  derecho  de defensa. En cambio, […] las  circunstancias  de  mayor  o  menor peligrosidad, o de agravación o atenuación  punitivos,  no  tienen  por qué ser relacionados en el auto calificatorio, pues  son  de  la  discrecional  apreciación  del  juez  de  derecho  al  momento  de  fallar.   

”Este criterio se explica porque desde el  punto  de vista punitivo las circunstancias específicas tienden a preestablecer  de  modo absoluto los límites máximos y mínimos que tiene el delito de que se  trata,  mientras que las circunstancias genéricas solo se limitan a permitir la  determinación   concreta   de   la   pena  entre  ese  máximo  y  ese  mínimo  preestablecidos”.   

De ahí que, cuando en el fallo de fecha 23  de  septiembre  de 2003 sobrevino la precisión jurisprudencial en relación con  el  sistema  de  cuartos  previsto en la ley 599 de 2000 (en el que las causales  genéricas  de  agravación  sí  inciden de manera directa en la determinación  del  ámbito  de  movilidad  y,  por lo tanto, de los límites mínimo y máximo  aplicables),  la Sala consideró que, para proteger las garantías fundamentales  del  procesado  y  en  particular  el  principio  de congruencia, era necesario,  además  de  la  simple imputación fáctica de tales circunstancias, la clara e  inequívoca imputación jurídica de las mismas:   

“Y  es  que, en el campo punitivo dentro  del  código  actual,  las  circunstancias  genéricas de agravación tienen una  repercusión  importante, tanto cualitativa como cuantitativa en la pena, que en  el   régimen   anterior  podría  no  tener  la  misma  connotación,  dada  la  discrecionalidad  concedida al juez para aumentar la pena dentro de los límites  de  la  norma  que  tipificaba el tipo y la pena aplicables. Empero, conforme al  artículo  61 actual, el ámbito punitivo puede moverse hasta los cuartos medios  y  aun  al  cuarto  máximo,  cuando  sólo  concurran  circunstancias  de mayor  punibilidad,  lo  cual  eleva considerablemente la pena cuando por la naturaleza  de  la  conducta  punible la pena principal es significativamente alta. Por esta  razón,  la  acusación  debe  ser  lo  suficientemente  explícita,  cuando  al  concretar  al  autor aluda a circunstancias tales como la posición distinguida,  el  motivo  abyecto, los móviles de intolerancia o discriminación o cualquiera  otro  de  los  mencionados  en  el  artículo  58,  pues  estas  no surgen de la  discrecionalidad,   puesto  que  para  que  cumplan  sus  efectos,  deben  estar  supeditadas  a  la  apreciación  probatoria  y,  sobretodo,  a  la  discusión,  contradicción y debate.   

”Lo anterior es conveniente precisarlo en  este  caso  concreto, para expresar, que si en la resolución de acusación y en  la  acusación  en  general,  no  se  le  imputó  expresamente  al procesado la  circunstancia  de agravación prevista en el artículo 58.9 del C.P., tampoco se  tendrá  en cuenta en la sentencia, en respeto de la aludida congruencia, que es  estructural  en  el  debido  proceso.  Si bien la resolución de acusación y la  etapa  del  juicio,  en  el  presente  caso,  tuvieron cumplimiento dentro de la  vigencia  del  código  de  procedimiento  penal  anterior,  es  claro  que ante  determinada  circunstancia,  el  solo  enunciado en la resolución de acusación  del  supuesto  fáctico  que  la  configura, no es suficiente para que pueda ser  deducida  en  la sentencia, ya que, como ya se ha dicho, se requiere inequívoca  imputación  jurídica,  sin que ello implique que figure en la parte resolutiva  de  la acusación, ni que se le identifique por su denominación jurídica o por  la  norma  que  la  consagre. Implica, pues, valorada atribución, de tal suerte  consignada  en  cualquiera de las fases de la acusación, que no se abrigue duda  acerca de su imputación” [CSJ SP, 23 sep. 2003, rad. 16320].   

En  este  orden  de  ideas,  cuando en las  decisiones  citadas  en  precedencia se afirmó que la circunstancia relativa al  obrar  en  coparticipación  criminal  fue  imputada  desde  el  punto  de vista  jurídico  porque  los  hechos plasmados en la acusación hacen referencia a una  modalidad  específica  de participación plural de personas (ya sea coautoría,  autoría  mediata,  determinación  o  complicidad),  con  ello  en  realidad se  menoscaba  el fundamento jurídico de la línea jurisprudencial sostenida por la  Corte,  porque  si  bien  es  cierto  que  para dar por satisfecha la mencionada  atribución  no resulta indispensable su denominación  jurídica  ni  el  señalamiento  de  la norma que la  consagra,  también  lo es que, en esta materia, la univocidad de una causal que  repercute  de  forma  trascendente  en  la  determinación  del cuarto en el que  habrá  de  fijarse  la  pena,  no está sujeta a la claridad con la que podría  desprenderse  una categoría dogmática propia de la teoría del delito, sino al  propósito  del  organismo  acusador de achacarle al procesado un aspecto que en  su  opinión  tiene  que  representarle  una  consecuencia más dañosa desde el  punto de vista de la pena por imponer.   

En  efecto,  con  acusar  a una persona de  haber  realizado  la  conducta  punible  a  título  de,  por  ejemplo, coautor,  cómplice,  autor  mediato  o  determinador, no es posible asegurar que se está  atribuyendo  para efectos de la punibilidad circunstancia de agravación alguna,  ni  mucho  menos  que  se está salvaguardando el principio de congruencia en el  evento  de  que  una  causal en tal sentido sea reconocida en el fallo, sino tan  solo  se  está sustentando jurídicamente una forma de participación que sirve  como  base para argüir que, en atención del respeto al derecho penal de acto o  principio  del hecho, el implicado debe responder por el injusto, a pesar de que  sólo  lo  perpetró  de manera parcial, o determinó a otro a hacerlo, o no fue  su  ejecutor  material,  o  se valió de otro individuo como instrumento (o como  parte  de una cadena de mando), o su aporte no fue esencial para la consumación  del  delito,  o  no  reunía  las calidades especiales requeridas para el sujeto  activo, etcétera.   

En  otras  palabras,  dado  que  equívoco  significa  “[q]ue  puede  entenderse o interpretarse en varios sentidos, o dar  ocasión  a  juicios  diversos”,  cualquier  valoración  de unos hechos en la  providencia  acusatoria,  de  la  que  se  desprenda  que en la realización del  injusto  participaron varios sujetos activos, de ninguna manera constituye desde  el  punto  de  vista  jurídico  una  imputación  atinente  a  la circunstancia  prevista  en  el  numeral  10 del artículo 58 de la ley 599, anterior numeral 7  del  artículo  66  del  anterior Código Penal, pues ésta bien puede ser vista  como  un  señalamiento  a  título  de  coautor,  autor  mediato,  cómplice  o  determinador,   según   sea   el  caso,  sin  que  necesariamente  implique  la  atribución   de   una   circunstancia   merecedora   de   un   mayor   reproche  punitivo.   

Situación  distinta  ocurre  cuando en la  resolución  de  acusación  o  su  equivalente  la  Fiscalía  imputa de manera  expresa   la   causal   de   mayor   punibilidad   concerniente   al   obrar  en  coparticipación  criminal,  ya  sea  mediante  su  denominación jurídica o la  indicación  de  la norma que la consagra, o bien cuando de cualquier otra forma  distinta  a las anteriores la motiva de manera valorada en cualquier parte de la  decisión,  de  tal  suerte  que  se  entienda inequívocamente que lo que está  atribuyendo  con  tal  circunstancia es una mayor gravedad del injusto en razón  del    grado    de    afectación    al   bien   jurídico   que   se   pretende  proteger.   

En   el   caso   examinado,   verificada  detalladamente  la  resolución de acusación, se advierte que, en ninguna parte  de  la  providencia,  el  fiscal  le  atribuyó al procesado la circunstancia de  mayor    punibilidad,    señalada   en   el   artículo   58.10   del   Código  Penal.   

Es  así  que, en el acápite dedicado a la  calificación  jurídica  de  la  decisión,  la  imputación  fue del siguiente  tenor:   

Los hechos que se investigan a los señores  JAIME  RAFAEL  COMETA  REYES  y  JOSE  MEDARDO PINZÓN o PEDRO LUIS GONZALEZ, se  encuentran  estructurados  y  definidos  en  el  Código  Penal Colombiano, como  Homicidio  Agravado  Artículo  (sic)  103  y  104 numerales 8º y 10 de los que  fueron  víctimas los señores JORGE LEGUIZAMO, FARITH ARCE BONILLA, JUAN CARLOS  ORTIZ  TRUJILLO  y  OSCAR  ORLANDO  LOPEZ  BOCANEGRA  miembros  de  la  Policía  Nacional,  en  concurso, Artículo 31, Homogéneo y en concurso Heterogéneo con  los  delitos  de  REBELIÓN ya que también para la fiscalía existen argumentos  de  que  (sic)  los procesados hacen o hacían parte de la agrupación al margen  de  la  ley  de  las  FARC,  Artículo  467,  HURTO  AGRAVADO, contemplado en el  artículo  241,  numeral 12 ya que una vez llevada a cabo l (sic) incursión, se  apoderaron   los  insurgentes  de  las  armas  de  dotación  que  portaban  los  policiales.38   

Y    en   la   parte   resolutiva,   se  dispuso:   

PRIMERO. PROFERIR resolución de acusación  en  contra  de JOSE MEDARDO PINZÓN ó PEDRO LUIS GONZALEZ y JAIME RAFAEL COMETA  REYES  de  notas  civiles y personales conocidas dentro del proceso, en el grado  de  coautores  responsables  de  los  delitos  señalados  en  el acápite de la  calificación  Jurídica  provisional,  por  las  razones  expuestas en la parte  motiva  de esta decisión, excepto el delito de REBELION por el cual cada uno de  los    implicados    deberá    responder   a   título   de   autor.39   

Tampoco  el  cuerpo de la decisión muestra  alguna  referencia  a  la  coparticipación  criminal,  pues  a  lo sumo en unos  segmentos  únicamente  se observan alusiones a la participación del acusado en  grado            de            coautoría40,   que,  como  se  señaló  atrás,   no  basta  para  entender  correctamente  imputada  aquella  agravante  genérica.   

Siendo ello así, lo procedente es, excluir,  de  manera  oficiosa, dicha circunstancia, lo cual, por tener directa incidencia  en  el  cuarto  de  movilidad  a  seleccionar, obliga a redosificar las penas de  prisión  y de multa, no sin antes poner en evidencia el segundo de los dislates  en    que    incurrió    el    a   quo.   

En  verdad, el fallo de primer grado revela  que  en  el  proceso  de identificación de los máximos y mínimos punitivos de  las  conductas  punibles  por  las  que  se emitió condena, el juzgador hizo el  descuento  de  una  sexta parte a la mitad por razón de la complicidad tanto en  la   pena   de   prisión   del   delito   de  homicidio  agravado  –entre   150   y   400   meses-  como,  erróneamente,  en la sanción de multa del punible de rebelión que había sido  atribuido   a  título  de  autoría  –entre  50 y 166.67-, pero omitió hacer lo propio, es decir, aplicar  dicha  rebaja  al delito de hurto agravado, pues únicamente sostuvo que la pena  privativa  de  la  libertad,  iba  «de  2  a 6 años  aumentada  de  una sexta parte a la mitad»41,    con  ocasión del agravante específico.   

Lo anterior significa que, aunque a lo largo  de  la  sentencia,  el  fallador  reconoció que Cometa  Reyes  ejecutó  la  conducta  lesiva  del  patrimonio  económico  a  título  de  cómplice,  a  esa  declaración  no le confirió la  consecuencia  jurídica que le correspondía, esto es, el descuento de una sexta  parte  a  la mitad descrito en el artículo 30 del Código Penal, operación que  habría  arrojado  unos  límites punitivos que van de 14 a 90 meses42  para  ese  punible y no de 28 a 108 meses como lo determinó el juzgador.   

Como  el  sentenciador  partió  de  unos  límites  punitivos equivocados respecto del punible de hurto agravado, es claro  que,  al  concursar  el  delito de homicidio agravado con el resto de homicidios  agravados,  el  hurto  agravado  y  la  rebelión,  intensificó  ilegalmente la  cantidad  de  pena  para  el  segundo  de  ellos,  la  cual,  entonces, debe ser  disminuida proporcionalmente.   

Ahora,  dado  que,  desafortunadamente,  el  ejercicio  de  dosificación  punitiva  realizado  por  el  juez singular es, en  extremo  confuso  y se encuentra incompleto, porque desatendiendo las reglas del  artículo  31  ejusdem,  no  individualizó  cada  una  de las penas de los injustos antes de concursarlos, y  solo  expresó  que  por  todos  los  reatos concursantes agregaría a los 337.5  meses  por  el  homicidio  agravado  base,  72  meses  -6 años-, la Corte se ve  obligada  a  rehacer  dicho  procedimiento,  con la limitante de respetar, hasta  donde   sea   posible,   el  único  criterio  del  a  quo  ajustado a derecho, consistente en fijar cada una  de las penas en el máximo del cuarto finalmente seleccionado.   

En este punto, está bien resaltar desde ya  que,  no  es  posible seguir a cabalidad el parámetro del juzgador, consistente  en  imponer  el  máximo del tercer cuarto, sino del primero, toda vez que, como  se  anotó atrás, la Corte se vio impelida a eliminar la circunstancia de mayor  punibilidad  de  obrar  en  coparticipación criminal, y, en ese orden de ideas,  ante  la  inexistencia  de  otras circunstancias de mayor o menor punibilidad la  pena,  a  voces  del  inciso segundo del artículo 61 hay lugar a ubicarse en el  cuarto mínimo.   

Ahora  bien,  los  delitos  de  homicidio y  hurto,   ambos   agravados   y  en  grado  de  complicidad  están  sancionados,  respectivamente,  con  150  a 400 meses y 14 a 90 meses de prisión. Así mismo,  el  punible  de  rebelión,  a  título de autoría, prevé una pena de 72 a 108  meses   de   prisión,   lo   que   da   lugar   a  los  siguientes  cuartos  de  movilidad.   

Cuartos   

Delito            

Primer             

Segundo             

Tercero             

Cuarto  

Homicidio  agravado  (cómplice)             

150-212.5   +   1  día             

212.5-275   +   1  día             

275-337.5   +   1  día             

337.5-400  

Hurto   agravado  (cómplice)             

14-33    +    1  día             

33-52    +    1  día             

52-71    +    1  día             

71-90  

Rebelión  (autor)             

72-81    +    1  día             

81-90    +    1  día             

90-99    +    1  día             

99-108  

El  juez unipersonal, después de constatar  que  a  favor del sentenciado no concurrían circunstancias de menor punibilidad  –porque     tenía  antecedentes  penales-  y  de  indicar,  erradamente, que concurría la de mayor  punibilidad  relativa  a haber obrado en coparticipación criminal, se ubicó en  los             cuartos            medios43  e  impuso  el  máximo  del  tercer  cuarto:  337.5  meses  de  prisión,  acudiendo  para  el  efecto  a los  criterios  de gravedad, daño real y potencial creado, intensidad del dolo y las  funciones   de   prevención   general  y  especial44.   

A  dicha  suma  le incrementó 72 meses por  razón  de  los delitos concursantes (homicidios agravados en grado de cómplice  (tres),     hurto     agravado     –sin  el  reconocimiento  de la complicidad- y rebelión a título de  autor), para un total de 409.5 meses.   

Como    hay   lugar   a   eliminar   la  coparticipación  criminal,  en tanto circunstancia de mayor punibilidad y, como  se  dijo  atrás,  no  concurren  otras  de  similar  laya  y  tampoco  de menor  punibilidad,  la  pena  para  el  homicidio  agravado  base se debe ubicar en el  primer  cuarto  y,  concretamente,  en  el máximo del mismo, es decir, en 212.5  meses.   

Ahora, como también esa circunstancia tuvo  incidencia  en  el  criterio del juez al momento de fijar la pena de los delitos  concursantes,  igualmente,  es  indispensable establecer la pena individualmente  considerada  para  cada  uno  de ellos y determinar la que le es equivalente una  vez concursados.   

Para  ello,  a  fin  de  conocer  el  monto  impuesto  en el concurso por cada uno de los delitos, primero es necesario saber  a   cuánto   habrían   ascendido   las   penas  si  el  juzgador  las  hubiera  individualizado  antes  de  concursarlas,  teniendo en cuenta para el efecto que  por  el homicidio base tasó el máximo del tercer cuarto. Así, por cada uno de  los  tres  homicidios  agravados restantes la pena habría de ser igual a la del  punible  base,  es decir, 337.5 meses, por el hurto agravado 71 meses, pero como  no  efectuó  el  descuento  por  la  complicidad,  se  asume que la tasó en 88  meses45  y,  finalmente,  por  la  rebelión  99,  para  un monto de 1199.5  meses46,  mismos que al ser equiparados por el concurso a 72 meses, arrojan  una        proporción        de        60.7547   meses   por   los   tres  homicidios,                   5.2848   meses   por  el  hurto  y  5.9449 meses por la rebelión.   

Dado que se impone corregir el descuento no  concedido  por  el  fallador  en  punto de la complicidad del hurto agravado, se  debe   tomar   como   referente   el  máximo  del  tercer  cuarto  –empleado    por    el   a  quo- bajo ese grado de participación,  esto  es,  71 meses, lo que frente a los 1199.5 meses totales y los 72 meses del  concurso,    da    un    valor   de   4.26   meses50.   

Lo  anterior, en un primer momento, implica  que  la  pena  por  los  delitos  concursantes  no  podía  haber sido de 1199.5  –antes del concurso- o de  72  meses  –después  del  concurso-        sino        de        1182.551  y  70.95  meses52,  respectivamente.   

Sin embargo, como la pena de cada uno de los  restantes  delitos  concursantes  no  podía  tasarse  en  el máximo del tercer  cuarto  sino,  se  insiste,  en el máximo del primer cuarto porque no cabía la  circunstancia  de  obrar  en  coparticipación  criminal,  la individualización  correcta    para   cada   uno   de   los   homicidios   agravados   –en  grado  de  cómplice-  es de 212.5  meses  –la misma que la del  delito  base-,  para el hurto agravado –en  grado  de  cómplice-  de  33 meses y para el de rebelión de 81  meses,  para  un  total  de  751.5  meses,  que  terminan  siendo equivalentes a  45.0953 meses, una vez concursados.   

Finalmente,   en  cuanto  a  la  sanción  aflictiva  de  la  libertad  se trata, habida cuenta que la pena del delito base  bajó,  de  igual manera, para salvaguardar el principio de proporcionalidad, es  forzoso  reducir  el  último valor correspondiente a los punibles concursantes,  de  cara  a  la  cantidad  de pena impuesta por la infracción principal, de tal  suerte   que  esta  queda  tasada  en  28.39  meses54,   que   sumados   a   los  212.5   del  homicidio  agravado  -base-,  arroja  una  pena  definitiva de  240.89  meses o, lo que es lo  mismo,  20  años  y  25 días de prisión.   

Por  último,  en  relación con la pena de  multa,  la Corte advierte una seria confusión del juez unipersonal, derivada de  considerar  que  ante  la  no consagración legislativa de este tipo de sanción  pecuniaria  en  el  delito  de  homicidio,  se  debía  trasladar  el  grado  de  participación  imputado  respecto de este punible: complicidad, al de rebelión  que fue endilgado a título de autoría.   

Tal  desafuero resultó en que la multa del  injusto  contra  el régimen constitucional y legal fue degradada ilegalmente en  sus  mínimos  y  máximos  de  una sexta parte a la mitad -50 a 166.67 salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes -cuando los límites correctos iban de 100  a  200  s.m.l.m.v.,  en los términos del artículo 467 del Código Penal-, para  terminar imponiendo una pena de 137.48 s.ml.m.v.   

Ahora,  si  bien,  este  yerro del fallador  aparentemente  favoreció,  de  forma  indebida,  al  procesado  y, no puede ser  corregido   en   esta   sede,   sin   vulnerar   el  postulado  de  no   reformatio   in  pejus,  además  se  advierte  otro  error  que  debe ser corregido por la Sala, pues el monto tasado  por  el  a quo corresponde al  máximo  del  tercer  cuarto  en  tanto,  igualmente  se  hizo  depender  de  la  circunstancia  de mayor punibilidad de obrar en coparticipación criminal y como  se sabe no había lugar a su atribución.   

Así  las  cosas,  la  multa  también debe  ajustarse  al  primer  cuarto, concretamente, al máximo del mismo, que, para el  caso        es        79.16        s.m.l.m.v.55.   

En consecuencia, se casará, oficiosamente,  el  fallo  de  segunda  instancia  en  el sentido de excluir la circunstancia de  mayor  punibilidad del numeral 10 del artículo 68 del Código Penal y fijar las  penas   que   debe   descontar   Jaime  Rafael  Cometa  Reyes  en  20  años  y  25  días de prisión y 79.16  s.m.l.m.v. de multa.   

En  lo  demás,  la  sentencia impugnada se  mantiene incólume.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la  demanda  presentada por el defensor de Jaime Rafael  Cometa  Reyes  contra  la  sentencia proferida el 9 de  noviembre de 2015 por la Sala Penal del Tribunal Superior de Neiva.   

Segundo.  Casar     parcialmente,    de    oficio,  el  fallo impugnado, en el sentido de excluir la circunstancia de  mayor  punibilidad del numeral 10 del artículo 68 del Código Penal y fijar las  penas   que   debe   descontar   Jaime  Rafael  Cometa  Reyes en veinte (20) años y veinticinco (25) días de  prisión,   y   setenta   y   nueve   punto  dieciséis  (79.16)  s.m.l.m.v.  de  multa.   

Tercero. En lo lo  demás, la sentencia impugnada se mantiene incólume.   

Cuarto. Contra esta  decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr. folio 74 del cuaderno  original 5.   

2  Cfr.  folios  23-26  del  cuaderno 1.   

3  Cfr.    folios   68-69  ibidem.   

4  Cfr.   folios   214-219  ibidem.   

5  Cfr.  folios  154-155  del  cuaderno 2.   

6  Cfr.  folios  178-197  del  cuaderno 3.   

7  Cfr. folio 263 ibidem.   

8  Se  precisa  que  en  la  providencia se señala el 2011 como la fecha del pliego de  cargos  pero  verdaderamente se profirió en el 2012, esto es, con posterioridad  a que la investigación fuera cerrada.   

9  Cfr.  folios  38-57  del  cuaderno   4.   La   resolución   cobró   ejecutoria   el   9  de  febrero  de  2012.   

10  Cfr.   folios   164-165  ibidem.   

11  Cfr.   folios   193-196  ibidem.   

12  Cfr.  folios  67-70  del  cuaderno original 5.   

13  Cfr.   folios   74-109  ibidem.   

14  Cfr.  folios  17-34  del  cuaderno del Tribunal.   

15  Cfr. folios 56 ibidem.   

16  Cfr.    folios   59-69  ibidem.   

17  Cfr. folios 63 ibidem.   

18  Cfr. folio 64 ibidem.   

19  Ibidem.   

20  Ibidem.   

21  Cfr. folio 65 ibidem.   

22  Ibidem.   

23  Cfr. folio 67 ibidem.   

24  Cfr. folio 65 ibidem.   

25  Cfr. folio 66 ibidem.   

26  Ibidem.   

27  Ibidem.   

28  Ibidem.   

29  Cfr. folio 67 ibidem.   

30  Ibidem.   

31  Ibidem.   

32  Cfr. folio 68 ibidem.   

33  Cfr. folio 69 ibidem.   

34  Defecto  que no puede ser corregido por la Corte, sin quebrantar el principio de  no      reformatio      in      pejus.   

35  Cfr. folio 31 ibidem.   

36  Cfr. folio 66 ibidem.   

37  Cfr.    folios   30-31  ibidem.   

38  Cfr. folio 52 del original  4.   

39  Cfr. folio 56 ibidem.   

40  Recuérdese  que,  dicho  grado  de  participación,  luego fue degradado por el  a     quo    al    de  cómplice.   

41  Cfr. folio 103 ibidem.   

42 La  operación  aritmética es como sigue: 28 ÷ 2 = 14 y 28 (-) 14 = 14; 108 ÷ 6 =  18 y 108 (-) 18 = 90.   

43 Se  ofrece  aclarar  que  si  hubiera sido cierto que concurría la circunstancia de  obrar  en  coparticipación  criminal,  en  todo  caso,  ante la inexistencia de  circunstancias  de  menor  punibilidad  convergentes  con  ella, no habría sido  correcto  que  el  juez  singular  se  ubicara  en los cuartos medios sino en el  cuarto  máximo porque, en ese escenario, de acuerdo con el inciso 2º del canon  61  de  la  Ley  599  de  2000,  sólo  subsistiría  una circunstancia de mayor  punibilidad.   

44  Así  se pronunció el a quo: «Pasando a ponderar los  fundamentos  para  su individualización, debe decirse que la conducta revistió  y  aún  reviste  notable gravedad en atención a la naturaleza del punible, con  ocasión  de  los  cuatro policiales que fallecieran, afianzando así el temor y  la  zozobra  en  la  población;  el  daño  real y potencial creado que resulta  también  de  gran  magnitud  en las víctimas, sus familias y en la sociedad en  general,  quienes  con  estos  actos  crueles  perpetrados por grupos armados al  margen  de  la  ley,  en  contra de servidores que representan instituciones del  Estado,  perciben  afectadas  la  seguridad  personal  y  pública,  sumado a la  intención  evidentemente  dolosa y planeada en la comisión de la conducta, que  permiten  establecer  que  sí  hay  necesidad  de la pena, como quiera que debe  cumplir  una  función  de  prevención  especial  y  general, como para que los  acriminados  no vuelvan a cometerla y para que la sociedad se sienta prevenida a  la  comisión  de  la  misma;  de  manera  tal que la pena a imponer no será la  mínima  de  los  referidos  cuartos  medios, sino la máxima que será de 337.5  meses  de  prisión  es  decir  en 28 años, 1 mes, y 15 días (…).»   

45 Se  precisa  que  los cuartos para la pena de prisión del delito de hurto agravado,  sin  la complicidad, se enmarcan en los siguientes límites: primer cuarto: 28 a  48  meses;  segundo  Cuarto:  48  a  68  meses;  tercer cuarto: 68 a 88 meses y;  último cuarto: 88 a 108 meses.   

46  Producto de sumar: 337.5 + 337.5 +337.5 + 88 + 99 = 1199.5.   

47 La  regla  de  tres es como sigue: 337.5 x 72 ÷ 1199.5 = 20.5 (por cada homicidio).  20.25 x 3 (homicidios) = 60.75.   

48 La  regla de tres es como sigue: 88 x 72 ÷ 1199.5 = 5.28.   

49 La  regla de tres es como sigue: 99 x 72 ÷ 1199.5 = 5.94.   

50 La  operación   es   la   siguiente:   71  meses  x  72  meses  ÷  1199.5  =  4.26  meses.   

51  Corresponde  a  la  suma  de  de  337.5  meses  (1  homicidio)  + 337.5 meses (1  homicidio)  +  337.5  meses  (1 homicidio) + 71 meses (hurto) + 99 (rebelión) =  1182.5 meses.   

52  Corresponde  a  la suma de 20.25 meses (1 homicidio) + 20.25 meses (1 homicidio)  +  20.25  meses  (1  homicidio)  + 4.26 meses (hurto) + 5.94 (rebelión) = 70.95  meses.   

53 La  regla de tres es como sigue: 751.5 x 70.95 ÷ 1182.5 = 45.09 meses.   

54 La  regla de tres es la siguiente: 212.5 x 45.09 ÷ 337.5 = 28.39 meses   

55 Se  precisa  que  los  cuartos  para  la  pena  de  multa  del  delito  de rebelión  –con el reconocimiento de  la  complicidad-  se  enmarcan  en  los siguientes límites: primer cuarto: 50 a  79.16  s.m.l.m.v.;  segundo  cuarto:  79.16  a 108.32 s.m.l.m.v.; tercer cuarto:  108.32    a    137.48    s.m.l.m.v.y;    último   cuarto:   137.48   a   166.67  s.m.l.m.v..     

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