AP5816-2014(41663)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP5816-2014  

Radicación 41663  

(Aprobado acta Nº 318)   

          Bogotá,  D.C.,  veinticuatro  (24) de septiembre de dos mil catorce  (2014).   

          Procede  la  Sala  a  verificar  los  requisitos de lógica y debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensora de  PABLO         MOLANO         RUEDA.    

H E C H O S  

          Fueron   expuestos   por   el   Tribunal  de  la  siguiente  manera:   

“[…]   Fueron   detallados   por   la  denunciante  Sirley Astry Aristizábal Mona, quien señaló que en compañía de  su  esposo Santiago Martín Marín, ciudadano español, procedieron en el mes de  julio  de  2004,  a hacer entrega a PABLO MOLANO RUEDA  de   $72.946.646,   para   iniciar   un  negocio  de  importación  desde  Panamá,  de  dos  vehículos marca Dahiatsu Terios, modelo  2004,  habiéndoseles  exigido  posteriormente  $35.000.000 más para efectos de  gastos de nacionalización.   

Agregó  que  debido a sus ocupaciones puso  como  beneficiaria  de  la  importación  a  su  hermana  Indira  Isabel  Puerto  Aristizábal,  enterándose  posteriormente  que  el trámite de importación se  había  realizado  pero  que los vehículos habían sido retirados del puerto de  Buenaventura,  sin  volver a tener noticia alguna de los citados automotores”.   

A N T E C E D E N T E S  

          1.  Culminada la  investigación  la  Fiscalía  171 Seccional de Bogotá calificó el mérito del  sumario,  el 18 de noviembre de 2009, con resolución de acusación en contra de  PABLO       MOLANO       RUEDA       como  autor  del  delito  de  estafa (artículo 246 del Código Penal)1.  La  decisión fue objeto del  recurso  de  apelación pero la impugnación se declaró desierta, el 6 de abril  de    2010,   por   sustentación   extemporánea.2   

2.  Asumido  el  trámite  por el Juzgado 41  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  y  realizadas  las audiencias preparatoria y  pública,  el  estrado  judicial  en  cita  por  conducto de su despacho adjunto  emitió,  el  14  de  diciembre  de  2012,  sentencia condenatoria imponiendo al  acusado  las  penas  principales  de  prisión  por treinta y siete (37) meses y  multa  de  cincuenta  (50)  salarios  mínimos  legales  mensuales, junto con la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  lapso  de  la sanción privativa de la libertad, al hallarlo  autor  responsable  del  delito  por el que fue llamado a juicio. Lo condenó al  pago  de perjuicios por $107.942.646 y le negó la suspensión condicional de la  ejecución   de  la  pena,  ordenando  su  captura.3   

3.  Apelada  esta  determinación  por  el  defensor  de MOLANO RUEDA, fue  confirmada  por   el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Bogotá  -Sala   Penal-   el   14   de   marzo   de   2013.4   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          La  defensora  de MOLANO RUEDA interpuso  el  recurso  extraordinario para postular un cargo   principal   y   uno  subsidiario  en  contra de la sentencia de  segunda instancia.   

          En    el    cargo   principal, al amparo de la  causal  contemplada  en  el  artículo  207, numeral 3º, de la Ley 600 de 2000,  solicita  la  nulidad de la actuación aludiendo error en la calificación de la  conducta,  ya  que,  a  su juicio, se conculcó el principio de legalidad por no  deducirse  la  comisión  del  punible  de  abuso  de  confianza.  Tal aserto lo  sustenta  en  el que el engaño, elemento necesario para la configuración de la  estafa,  no  se dio en este asunto, pues considera que su prohijado se limitó a  la  negociación  de  unos  vehículos,  por  lo  que  este convenio no se puede  predicar  sea el resultado de un ardid, en tanto “el  señor   Martín   acudió  a  dicho  contrato  en  forma  libre,  consentida  y  voluntaria,   desprendiéndose   sin   presión   alguna   de  sus  recursos”.   

Bajo  esa  perspectiva,  asevera,  de lo que  podría  hablarse  es  de  una apropiación de dineros transferidos a título no  traslaticio  de  dominio,  pero  esto no fue cotejado en las instancias al punto  que   MOLANO   RUEDA  nunca  recibió  dineros para llevar a cabo la importación de los rodantes materia del  acuerdo,  porque  la  denunciante afirmó que con ese propósito se debitaron de  su  cuenta  US  27.650,  operación  adelantada  a  través  de  la  sección de  operaciones  internacionales  del  Banco Santander. De ahí que el Tribunal haya  incurrido,   igualmente,   en  un  falso  juicio  de  identidad,  toda  vez  que  “En  ningún momento los intervinientes del negocio  de  importación  de  los  vehículos  han  dicho  que  el  señor  MOLANO  los  hubiera  hecho  incurrir en  error”.    

El   ad   quem  también  cometió  este tipo de yerro en la modalidad  de   cercenamiento,   tratándose   del   testimonio  de  Indira  Isabel  Puerto  Aristizábal,  hermana  de  aquella,  al dejar de considerar que reportó que no  tuvo  relación  con el procesado, únicamente se reunió con él cuando prestó  su  nombre  para  el  trámite  de  importación  sin  que de su peculio hubiese  erogado   recursos   para   la   adquisición   de  los  automotores.  Entonces,  “si la señora Puerto Aristizábal solo vio una vez  a  mi  defendido  y  si el negocio como dice el Tribunal se cumplió, cómo pudo  engañarla, máxime que acepta no ser la real compradora?”.   

Así,  insiste,  no  hubo  estafa  sino  una  operación  de  importación  consentida,  incluso  a  favor  de su prohijado se  firmó  un  traspaso para la venta de los vehículos, aspecto corroborado por el  ulterior   comprador   Raúl   Humberto   Monroy  Gallego.  Por  ello,  pide  la  invalidación  de  la  actuación  desde la resolución que calificó el mérito  del  sumario,  para  que  el  comportamiento  desplegado  se  adecúe  al delito  previsto en el artículo 249 del Código Penal.   

Por   su   parte,   en   el   cargo  subsidiario,  invocando  la  causal  primera  del canon citado en precedencia, denuncia la violación indirecta de la  ley  sustancial.  Esto,  por  la  comisión  de  un  falso  juicio de existencia  respecto  del  testimonio de Sirley Astry Aristizábal Mona, por cuanto señaló  que  el  negocio de importación de los vehículos se realizó, autorizándose a  su  hermana para diligenciar un traspaso destinado a su venta sin que se supiera  luego  del paradero de los rodantes. De esta manera, de su narración se colige,  en  criterio  de  la  recurrente,  que  no  hubo  ningún  interés ni ardid del  implicado  orientado a esquilmar el patrimonio del señor Martín Marín, porque  lo  que  ocurrió  fue un pacto contractual aceptado por las partes que después  se  incumplió,  pregonar lo contrario, dice, es “un  notorio  error  que  desestructura el alcance de la autoría que se imputó a mi  defendido”.   

De  igual  modo, asegura, se incurrió en un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad tratándose del testimonio de  Indira  Isabel  Puerto  Aristizábal,  ya  que ésta relató que la negociación  entre   MOLANO   RUEDA,  su  hermana  y  su cónyuge fue libre y voluntaria, limitándose a prestar su nombre  para  la  importación  de  los  vehículos objeto de ese acuerdo, dejándose de  apreciar  el contenido integral del testimonio porque la libelista se cuestiona,  como  en  el  cargo  anterior,  acerca  de la viabilidad de que la testigo fuera  engañada  cuando  no  era la verdadera compradora de los bienes, recalcando que  si  el  procesado  fue  autorizado  para ostentar su tenencia, desde su punto de  vista,   no   pudo  incurrir  en  ardid  alguno,  insoslayable  en  orden  a  la  configuración del delito de estafa.   

De no haberse cometido este yerro, estima, no  se  hubiese emitido sentencia de condena, por lo que solicita casar la sentencia  impugnada  “absolviendo de todo cargo a mi mandante  […]”.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

          1.  Con  la  reseña de la demanda se advierte cómo en ella brillan  por  su  ausencia  los  parámetros  de  lógica  jurídica con los cuales ha de  invocarse  la intervención de la Sala en sede extraordinaria, circunstancia que  derivará     en     su     inadmisión.   

          2.   La   casación,   según   lo   ha   indicado   ampliamente  la  jurisprudencia,  no  es una tercera instancia del proceso penal ni constituye un  escenario  propicio  para  disentir  de  cualquier  manera de la interpretación  normativa  o  de  la  valoración  probatoria efectuada por el juzgador, tampoco  para  detectar  cualquier  clase  de  irregularidad  en  el trámite surtido. El  recurso  extraordinario  y  la  intervención  de  la  Corte,  conforme  con  el  principio  de  limitación,  por  regla  general, se restringe a verificar si la  demanda  contentiva de la impugnación acredita errores trascendentes que pueden  cometerse  en  las  diligencias,  sintetizados de forma taxativa en las causales  legales  que  lo  hacen procedente, para el presente asunto, las previstas en el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000.   

          El  casacionista  no  debe  perder  de  vista  que  la lógica de la  actuación  se  refleja  en  dichas  causales  y que los deberes de una correcta  postulación  y debida fundamentación tienen su razón de ser en que el recurso  es  de  naturaleza  rogada,  de  ahí  la  exigencia de un mínimo de claridad y  precisión  en la presentación del caso al tenor del artículo 212 ibídem. Por  tanto,  no tiene cabida el sustento argumentativo fundado en vaguedades, la mera  discrepancia  de  criterios  o encaminado a que la Sala analice las pruebas como  juez  de  instancia,  pues no se trata de prolongar la controversia que feneció  con  la emisión de una providencia amparada con la doble presunción de acierto  y legalidad (Cfr. CSJ AP, 18 Ago 2010, Rad. 33559).     

          3.   Bajo   esta   perspectiva,  es  palmario  que  ninguno  de  los  mencionados   aspectos   lógico-conceptuales   fueron   considerados   por   la  recurrente,   ya   que   solo   plasmó  en  la  demanda,  sin  ningún  soporte  argumentativo  consistente,  su  llana inconformidad con la decisión de segundo  grado.  En  ese  orden,  varias  son  las falencias que surgen del análisis del  libelo:   

         

3.1. En primer lugar, es premisa fundamental  que   habilita   la  interposición  de  los  recursos,  ya  sean  ordinarios  o  extraordinarios,  contar  con  interés para ello, es decir, la decisión objeto  de  impugnación debe generar agravio o menoscabo en la situación de quien pide  su  revocatoria, modificación o aclaración. En sede extraordinaria, una de las  manifestaciones  de  tal  interés  se  plasma  en  el  principio  de  identidad  temática,  de  acuerdo con el cual el marco teórico en el que se desarrolla el  discurso  contentivo de la inconformidad debe haber sido expuesto previamente en  el   recurso   de  apelación,  ya  que  no  podría  predicarse  error  en  los  razonamientos  del sentenciador de segundo grado respecto de asuntos que no tuvo  la  oportunidad  de  examinar  (CSJ  AP, 18 Abr 2012, Rad. 36608; CSJ AP, 17 Oct  2012, Rad. 33145).   

          En  este  evento,  al  cotejar  los  motivos  de  discrepancia de la  defensa   con   relación   al   proveído   del   a  quo,   se   observa  que  versaron  en  la  falta  de  legitimidad  de  la  denunciante  Sirley  Astry  Aristizábal Mona para poner en  conocimiento  de  las  autoridades  el perjuicio económico del que fue víctima  Santiago  Martín  Marín,  la  supuesta  omisión en establecer la cuantía del  delito,   la  concurrencia  de  la  certeza  probatoria  necesaria  para  dictar  sentencia  de  condena  y la titularidad para el cobro de los perjuicios tasados  en  el  fallo,  sin realizarse referencia concreta o explícita a la hipotética  errónea calificación jurídica de la conducta investigada.   

          Por  ende,  la  no  discusión  de  este  último  aspecto  en  la  alzada  acarrea la carencia de interés para acudir en  casación,  toda  vez  que  es  improcedente  que  se presenten de forma tardía  cuestionamientos probatorios ajenos a las temáticas en comento.   

         

3.2.  Ahora  bien,  pese  a  que lo anterior  resulta   suficiente   para   inadmitir  la  demanda,  surge  ostensible que esta, en lugar de evidenciar los  motivos  de  infracción  a  los  que alude, entremezcló caóticamente diversas  críticas  refractarias  a la naturaleza de las causales de casación invocadas.  Véase:   

          3.2.1.  La  nulidad  es  un  instituto  que,  en  desarrollo  de  la  garantía  fundamental  al debido proceso, procede cuando en la actuación penal  se  vulneran los postulados de validez que sustentan el ejercicio de la facultad  sancionatoria  del  Estado, bien sea, para los fines del recurso extraordinario,  al  desconocerse  la  estructura del trámite o por conculcarse los derechos que  les  asisten  a  quienes  en el intervienen, siempre que la irregularidad genere  una  afectación  de  tal  magnitud  que  haga  imperioso  dejar  sin efectos la  actividad   que   la  ocasionó,  y  aquellas  que  se  deriven  o  dependan  de  ella.       

         

Así, tradicionalmente, se ha escindido esta  figura  en los denominados vicios de procedimiento y de garantía que dan cabida  a  rescindir  los  actos  judiciales  agotados  sin el lleno de los presupuestos  normativos  pertinentes,  de  colmarse  los  principios  que  le  dan viabilidad  (taxatividad,  protección,  trascendencia,  convalidación,  instrumentalidad y  residualidad).   

          De  esta  manera,  las  premisas  elucubradas  por  la censora en el  cargo   principal  ninguna  relación  tienen  con  esta  figura  procesal ni con el alcance de la causal de  casación  en  que  ampara  su reclamo, en tanto aborda una discusión que no se  compadece  con  las  pautas  señaladas. Es decir, acometió una controversia de  tipo  probatorio  en  donde el fundamento de la presunta irregularidad lo afinca  en  la  disidencia que le genera el criterio de la judicatura con relación a la  valoración de los testimonios recaudados.   

          En  ese  orden, si de demostrar la atipicidad de la conducta punible  de  estafa  se  trataba,  por  la  supuesta ausencia del engaño como uno de sus  elementos  constitutivos,  debió  abordarse  la vía de la violación directa o  indirecta  de  la  ley  sustancial,  y acreditar que el juzgador incurrió en un  yerro  en  la  aplicación  del  derecho  o  en la apreciación de los medios de  convicción  que  condujo  a  la  aplicación  indebida  o  a la interpretación  errónea  del  artículo  246 del Código Penal, y a la falta de aplicación del  artículo   249   de   esa   normatividad  (Cfr.  CSJ  SP,  15  Jun  2005,  Rad.  23069).        

          Aunado  a  lo anterior, confusamente se trae a colación en el mismo  cargo  referencias  a  falsos  juicios  de  identidad,  lo  que  no solo vulnera el principio de autonomía de  las  causales  sino  también  el  deber  de  claridad  y precisión que rige la  casación,  ya  que  las  propuestas  encaminadas  a resquebrajar el fallo deben  formularse  de  tal  modo  que se advierta con nitidez la clase de irregularidad  susceptible  de  ser  enmendada  con  el  recurso extraordinario, estando vedado  incurrir   en   mixturas  conceptuales,  máxime  tratándose  de  yerros  cuyas  consecuencias  difieren  en  su  contenido y alcance. (Cfr. CSJ AP, 23 Ago 2005,  Rad. 22640; CSJ AP, 21 Feb 2007, Rad. 26587, entre otros)   

Esta  deficiente  postulación  conceptual,  entonces,  incide en la lógica del reproche, puesto que el errado entendimiento  del  instituto y de los principios en mención impide vislumbrar en que aspectos  concretos  recae la censura elevada, siendo estas inconsistencias indicativas de  que  la  mera disparidad de criterios, se repite, es la que soporta la petición  de invalidación.   

          3.2.2.  En  lo concerniente a los errores de hecho denunciados en el  cargo              subsidiario,               tampoco    se  avizora su efectiva configuración:   

          3.2.2.1.  Al  denunciarse un falso juicio de existencia por omisión  no  basta con decir que el sentenciador excluyó un particular medio probatorio,  porque  lo  relevante  es  demostrar  que se trató de una exclusión absoluta y  trascendente,  es  decir,  que  el contenido material de una o varias pruebas no  fue  considerado  de  ninguna  forma  en el ejercicio valorativo del funcionario  judicial  cuando  tiene  la  capacidad de desvirtuar las conclusiones del fallo,  para  lo  cual el casacionista debe presentar un análisis eficaz que incluyendo  la  valoración  de  las  pruebas  que sí fueron tenidas en cuenta, sin ninguna  dificultad lleve a colegir la presencia de tal situación.   

En  el  evento  que  nos  ocupa,  carece de  fundamento  con  ese  propósito  aducirse que se desconoció la declaración de  Sirley  Astry  Aristizábal  Mona,  toda vez que el ad  quem indicó:   

“Luego   de   determinar  el  interés  legítimo  para  denunciar  que  le  asiste  a  Sirley  Astry Aristizábal Mona,  encuentra  la  Sala  que  al  momento  de  la  denuncia  precisó  que  para  la  negociación  de  los  vehículos a importar se debitó de su cuenta en el Banco  Santander  la suma de $72.942.646, como lo demuestra la liquidación de venta de  divisas  realizada  el  22  de  julio  de  2004, más $35.000.000 para gastos de  nacionalización              […]”.5   

        Por  su  parte,  el  a  quo  en  decisión  que  constituye  una  unidad  inescindible  con la de  segunda instancia, señaló lo siguiente:   

“[…] Comienza precisando [Aristizábal  Mona]  que  conoció  al  acusado porque éste era el esposo de su compañera de  trabajo  Carolina Gómez, quien la relacionó a ella y a Santiago Martín Marín  con  aquel.  Que  en  el  mes  de  julio de 2004 PABLO  MOLANO  RUEDA, en  virtud  al  conocimiento  que  tenía en el sentido que Martín  Marín  disponía  de algún dinero para establecerse en este país, le sugirió  a  éste  como  gran  negocio  la  importación  desde Panamá de dos vehículos  automotores  marca  Dahiatsu  Terios,  modelo 2004, con características de full  equipo,     cuya     propuesta    fue    bien    recibida    e    hicieron    la  negociación.   

Que como beneficiaria colocó a su hermana  Indira  Isabel  Puerto  Aristizábal,  a cuyo nombre, el 26 de julio de 2004, la  empresa  Consolidación  y  Servicios Aduaneros S.A. de la zona libre de Colón,  profirió  la  factura  comercial  20046337.  Precisó  que,  para  cancelar esa  factura,  por  medio del Banco Santander de Colombia […] se hizo el respectivo  pago  y  liquidación  de  divisas  […]  la  cual  generó un débito de pesos  colombianos de $72.942.646.   

Que en efecto los vehículos se ubicaron en  el  puerto  de  Buenaventura  y la DIAN culminó el proceso de nacionalización,  que  no  obstante  a  su  insistencia  para  que  el procesado les entregara los  rodantes,  no  lo  hizo  y  descubrieron  que  los  citados  bienes habían sido  retirados del mencionado puerto.   

Aclaró  que como su hermana Indira Isabel  Puerto  Aristizábal  tenía  un  proceso  por el delito de lesiones personales,  según  el  cual  debía  pagar  la  suma de $2.000.000 cono indemnización, por  sugerencia  de PABLO MOLANO,  quien  adujo  que  Indira  podría  ser  embargada,  se  procedió a realizar un  traspaso  abierto  en  relación al primer vehículo, autorizando a aquella para  que  lo  firmara.  Que  una  vez  entregó  el traspaso, el procesado empezó el  supuesto  trámite  para  la venta del mismo, pero que jamás supieron que pasó  con  el rodante, esto es, si lo vendió o aun lo conservaba. En relación con el  segundo   vehículo,  aseguró  que  este  había  desaparecido  del  puerto  de  Buenaventura”.6   

De esta forma, se tiene que el reparo parte  de  parámetros  errados  en  pos de acreditar un falso juicio de existencia por  omisión,  pues  la  probanza  que  se  dice excluida sí fue considerada por la  judicatura,  solo  que  no se le confirió el alcance pretendido por la defensa,  descartándose  así  la  materialización  de esta especie de infracción. Este  contexto  devela  un  palmario desconocimiento de la naturaleza de la casación,  de  la  noción  del  yerro  que se denuncia y permite colegir la ausencia de la  lógica necesaria para su cabal demostración.   

         3.2.2.2.  Tratándose  del  falso  juicio de identidad supuestamente  cometido   en   el   análisis  de  la  declaración  de  Indira  Isabel  Puerto  Aristizábal,  si  bien  se contrasta en el libelo lo dicho por el juzgador, con  el  contenido  de lo referido por la testigo, el reproche no enseña distorsión  o  alteración objetiva de su relato y el presunto vicio, de igual modo, solo se  hace  consistir  en  la simple divergencia en cuanto las conclusiones extraídas  del  mismo  al  asignársele  la casacionista un mérito diverso, disonancia que  por  supuesto  arroja  un  resultado  suasorio  discordante,  pero ineficaz para  demostrar la modalidad de error de hecho que se invoca.   

En   consecuencia,  puede  afirmarse  sin  hesitación  alguna  que  este medio de conocimiento no se modificó y el que no  se  le haya dado el alcance probatorio pretendido por la recurrente, no puede ni  llega  a  configurar  el  yerro  planteado.  En  otras palabras, al ser el falso  juicio  de  identidad  una  irregularidad  de  carácter objetivo-contemplativo,  debía  evidenciarse  que  el  tenor  literal  de  la prueba fue alterado por el  sentenciador,  puesto  que,  se  insiste,  el  error  no  se  verifica  por  las  deducciones  que  de  los  elementos de convicción se obtienen en el proceso de  valoración,  es  decir,  no debe confundirse la prueba con lo probado, toda vez  que  el  juzgador goza de libertad para abordar este ejercicio solo limitado por  las  reglas  de  la  sana  crítica,  sin que en este evento siquiera se hubiese  intentado  demostrar  cualquier tipo de dislate en esa labor intelectiva, en las  condiciones propias al recurso extraordinario.   

         3.2.2.3.   Así   las   cosas,   el  cargo  subsidiario  se  apoya  en  la  mera  discrepancia  de  criterios  en  punto  de  la  valoración  probatoria,  discordancia  ajena a la  naturaleza  de  la  casación,  ya que no se trata de una fase para continuar en  vano un debate ya finiquitado, como aquí se intentó.    

4.  De  otra  parte,  la  demanda  aduce la  trasgresión  de  los artículos 232 de la Ley 600 de 2000, que señala que toda  providencia  debe fundarse en pruebas legal, regular y oportunamente allegadas a  la  actuación  y que no se podrá dictar sentencia condenatoria sin que obre en  el  proceso  prueba  que  conduzca  a  la certeza de la conducta punible y de la  responsabilidad  del  procesado;  235 ibídem, acerca del rechazo de las pruebas  por  ilegalidad,  impertinencia  o  inconducencia;  237  ídem,  que  regula  el  principio  de  libertad  probatoria;  238  ídem, que consagra cómo las pruebas  deben  ser apreciadas en conjunto de acuerdo con las reglas de la sana crítica;  y  277  ídem,  relativo  a  los  criterios  que  orientan  la  apreciación del  testimonio;  pasándose  por  alto  que  todas  estas  disposiciones  no  son de  contenido  sustancial  sino instrumental y la casación, al tenor de lo previsto  en  el artículo 207 del Estatuto Adjetivo, solo procede cuando la sentencia sea  violatoria   de  una  norma  de  derecho  sustancial.  (CSJ AP, 17 Ago 2005, Rad. 23819; CSJ AP, 23 Ago 2005,  Rad. 22640).   

         5.   Recapitulando,   la  libelista  se  aparta  de  la  dialéctica  connatural  a la casación y pretende imponer su postura a través de un escrito  de  libre  confección en el que, sin ningún rigor, cuestiona erróneamente las  decisiones  judiciales. Por tanto, al carecer la demanda del sustento conceptual  y  argumentativo  propio  de esta sede, conforme se anunció, será inadmitida,  además  porque del análisis  del  expediente no se advierte violación de derechos fundamentales o garantías  de  los  sujetos procesales que de lugar al ejercicio de la facultad oficiosa de  índole  constitucional  y  legal  que  le  asiste  a  la  Sala para asegurar su  protección.   

         

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

         INADMITIR  la  demanda de casación  presentada       por       la       defensora  de  PABLO         MOLANO         RUEDA.   

Contra  esta  determinación  no  procede  ningún recurso   

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folio    187   y   siguientes   cuaderno   original  1   

2  Fl. 208 c.o 1   

3  Fl. 22 y s.s c.o 3   

4  Fl.   3   y   s.s   cuaderno   Tribunal   

5  Fl.  9  sentencia segunda instancia / Fl. 11 cuaderno  Tribunal   

6  Cfr.  Fl. 10 y siguientes sentencia primera instancia  / Fl. 31 y s.s c.o 3     

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