AP3357-2015(45522)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

AP3357-2015  

Radicación N° 45522  

(Aprobado Acta Nº 212)  

Bogotá D.C., diecisiete (17) de junio de dos  mil quince (2015).   

Decide la Sala acerca de la admisión de la  demanda   de   casación   presentada  en  nombre  de  DIEGO     ARMANDO    GUERRERO    BRAND  contra  el  fallo  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá  que modificó  el    emitido    en    el    Juzgado   Veintitrés         Penal        del       Circuito       de      esta  ciudad,  en  el  sentido  de  condenar al citado como  autor de homicidio simple.   

I.   SÍNTESIS  FÁCTICA Y PROCESAL   

1.  En  Bogotá,  en  la  calle  158-A  con  carrera  8-A,  el  3  de diciembre de 2011, a eso de las 9:30 p.m., se presentó  una  riña  entre  DIEGO ARMANDO GUERREO BRAND  y  Jimmy  Ferney  Navarrete  Mahecha,  en  cuyo  desarrollo  éste  recibió  de  parte de  aquél varias heridas con arma corto punzante, una de  las  cuales  le  perforó  el  pulmón  izquierdo y el corazón, y determinó su  deceso,  hechos  que  fueron  presenciados  por  Diego Alejandro Méndez Moreno,  amigo         de         la         víctima1.   

2.  Por  esos  sucesos,  el 16 de febrero de  2013  la  Fiscalía  General de la Nación, ante un juez con función de control  de  garantías  legalizó  la captura de DIEGO ARMANDO  GUERREO  BRAND y le formuló  imputación   en  calidad  de  autor  del  delito  de  homicidio  agravado  descrito  en  los  artículos  103 y 104-7 de la Ley 599 de  2000,  con la modificación de la Ley 890 de 2004, artículo 14, cargo al que no  se         allanó        el        indiciado2.   

3.  El  16  de  abril  de  2013  el  ente instructor radicó escrito de  acusación  contra  el  precitado,  por  la  conducta  punible  atrás referida,  el  cual formalizó en audiencia pública oficiada el  28  de  mayo  siguiente en el Juzgado Veintitrés Penal del Circuito de Bogotá,  cuyo  titular,  tras  la  celebración  del  debate oral, el 17 de enero de 2014  emitió   sentencia   condenatoria   contra   GUERREO  BRAND   por   el   cargo  formulado,  y  en  tal  virtud le impuso la pena principal de cuatrocientos diez  (410)  meses de prisión y  la  accesoria de inhabilidad para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por   veinte  (20)  años,  decisión  impugnada  por la defensora del procesado3.   

4.  El   Tribunal  Superior  del   Distrito  Judicial  de  Bogotá   resolvió   la   apelación  el  2  de octubre de 2014, en  el  sentido de retirar la circunstancia específica de  mayor  punibilidad  del  artículo  104-7 de la Ley 599 de 2000, atribuida en la  acusación  y acogida por el  a-quo,  y  por  lo  tanto  confirmó  la  declaración  de  responsabilidad  del  enjuiciado  como  autor  de  homicidio  simple,  delito por el que fijó la pena  principal  en  doscientos  trece (213) meses y seis (6) días de prisión, lapso  al   que   ajustó  la  sanción  accesoria  de  ley,  sentencia   de   segundo  grado  contra  la  cual  la  asistencia  técnica  del acusado interpuso  el recurso extraordinario de               casación4.   

II. LA DEMANDA  

5.     La     actora     propone    tres    reproches,   los   cuales   se   resumen   como  sigue:   

5.1.  Sostiene en el primer cargo la violación directa de  la  ley  sustancial, pues  considera  que  como  el  Tribunal  estimó insuficiente la prueba de cargo para  estructurar     la    causal    específica    de    agravación    (Ley  599  de  2000,  artículo  104-7)  imputada  en  la  acusación, y conforme a ello, en aplicación del axioma de in  dubio  pro  reo  consagrado  en  el  artículo  7 del Código Penal, retiró tal  circunstancia  de  intensificación  punitiva,  ese  mismo  razonamiento  debió  orientar  al  ad-quem para, más bien, absolver a su prohijado habida cuenta que  en  las  consideraciones  acerca  de  la  responsabilidad  de  su  defendido  el  sentenciador  de segundo grado reconoce que el único  testigo  de  los  hechos  adujo  en su declaración  que  no  vio  el momento  exacto  en  que  el  acusado  infligió a la víctima  la  herida  en  el tórax  que    desencadenó    su    deceso,   y  que sólo percibió cuando le causó las lesiones superficiales  con arma blanca en la espalda.   

De  acuerdo  con lo anterior la recurrente  señala  que  si  el ad-quem aceptó que la única prueba es imprecisa acerca de  la  lesión  mortal  del  hoy  fallecido,  era  perentoria  la absolución de su  mandante  en  aplicación  del  apotegma  citado en presencia, sentido en el que  solicita casar la sentencia ataca.   

5.2.   Como  segundo                 reproche,  con  carácter subsidiario  y al abrigo del artículo  181,  numeral  3,  de la Ley 906 de 2004, denuncia la  violación  indirecta  de  la  ley  a consecuencia de  errores  en  la  valoración  de los medios de prueba que fundamentan la condena  del  procesado,  vicios  que  según  la  demandante  condujeron  a  la falta de  aplicación  del  artículo  7  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  a  la  aplicación   indebida   de   los   artículos  29  y  103  de  la  Ley  599  de  2000.   

Puntualiza que el dislate en que incurrió  el  Tribunal  consiste  en  un  falso  juicio  de  existencia  por  suposición,  “al dar por probado sin  estarlo”   que   su  defendido   fue   la   persona   que   propinó   la   herida   letal   a  Jimmy  Navarrete.   

Trascribe  un fragmento de la declaración  de  Diego  Alejandro  Méndez  Moreno en la que éste refirió que sólo vio con  precisión  el  momento  en  que  el enjuiciado infligió cuatro “puñaleadas” a la víctima cuando se  hallaba  tendido en el piso y boca abajo, a partir de  lo  cual  asegura la impugnante que si eso y solo eso es lo que revela la prueba  de  cargo,  el  fallador  de segundo grado terminó suponiendo una prueba que no  existe  al  afirmar  que  su  prohijado  fue  el perpetrador de la herida mortal  causada a Jimmy Navarrete.   

Agrega que el ad-quem no podía llegar a la  conclusión      de      que      “siguiendo         la         secuencia         lógica”     del    episodio    narrado    por    el    testigo   Méndez   Moreno,  el  encausado  fue el único que pudo ser el autor de la herida  fatal  porque  razonar de esa manera vulnera el principio de inocencia, y por el  contrario  estaba  obligado  a  emitir  la  decisión de fondo que resolviera la  controversia  con  base  en  lo  que  se  probó  sin  ir más allá.   

Con  base en lo anterior solicita casar la  sentencia  impugnada  y  emitir  fallo absolutorio de sustitución a favor de su  prohijado.   

5.3. Finalmente  postula  un  tercer  cargo,  también  con carácter  subsidiario  y  con  sustento  en  el artículo 181, numeral 3, de la Ley 906 de  2004,  por  violación indirecta de la ley a consecuencia de errores de hecho en  la  estimación  de las pruebas que fundamentan la condena del procesado, vicios  que  según  la  demandante condujeron a la falta de aplicación del artículo 7  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  a  la  aplicación  indebida  de  los  artículos 29 y 103 de la Ley 599 de 2000.   

Con  el  fin  de  acreditar  los  aludidos  desaciertos    indica    que    el   Tribunal   se   equivocó   “al  dar  por probado sin estarlo” que  su  representado  es  el  autor del delito de homicidio, y agrega que aun cuando  nunca  cuestionó que Diego Alejandro Méndez Moreno hubiese sido testigo de los  hechos,  su  inconformidad  con  la  valoración de esa prueba radica en que tal  deponente    mintió    al    señalar    GURERRERO  BRAND   como   autor   de   los  sucesos,  porque  tal declarante en realidad  nunca pudo verlo.   

Sostiene que si  fuese  cierto  que el citado testigo vio al procesado en el lugar de los hechos,  desde    el    3    de    diciembre    de    2011    así   lo   habría indicado, pero no fue así ya que  según   las  declaraciones  de  los  policías  que  iniciaron  la  investigación  al principio hubo mucha confusión y sólo muchos  meses  después  “una  persona  que  no  se llevó  juicio  decidió  imputar  con  el autor  [sic]  a  DIEGO  GUERREO  y fue cuando DIEGO MENDEZ decidió conseguir una foto de éste y  reconocerlo         en         un         álbum        fotográfico”.   

Luego  de  la  transcripción  de diversos  fragmentos   de   la   declaración   del   testigo  Diego   Alejandro   Méndez   Moreno,   la  censora  indica  que esa versión  no  concuerda  con la que aquél suministró al primer respondiente que conoció  del  caso,  según  el  acta  contentiva  de  esa  labor  policial, documento   del   que  señala  que  si  bien  es  cierto  no  fue  objeto  de  debate en el  juicio  ni  en  los alegatos de conclusión, debió de todas formas ser valorado  por   el   Tribual   para   no   aceptar   “tanta  seguridad”  del  aludido exponente en cuanto a que  fue el acusado el agresor.   

Destaca   que  el  Ad-quem  también  se  equivocó,  por  desconocimiento  de las reglas de la sana crítica, al concluir  que  el testigo Diego Méndez es la misma persona a la que se refirió el agente  José  Alfredo Fuentes Robles como aquella que les suministró la información y  que  tenía  miedo  de declarar, porque la experiencia permite inferir que Diego  Méndez  no  es  de  una personalidad que le hubiese  hecho sentir miedo de hablar al inicio de la investigación.   

Con  base en lo anterior solicita casar la  sentencia  del  Tribunal  para en su lugar emitir una de carácter absolutorio a  favor de su prohijado.   

III. CONSIDERACIONES  

6.  Según lo  estable  el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, Código de Procedimiento Penal  que   gobernó   este   asunto,   el  recurso  de  casación  es  un   medio   de  control  constitucional  (artículo   235-1)  y  legal,   que   procede  contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia,     y  que     tiene     como    propósitos,  de  acuerdo  con  lo  señalado  en  el artículo 180 del mismo  ordenamiento:  (i)  la  efectividad del  derecho  material, (ii) el  respeto       de       las      garantías      fundamentales,      (iii)  la  reparación de los agravios  inferidos   y   (iv)  la  unificación de la jurisprudencia.   

Para  el cumplimiento de esos objetivos en  el  mencionado régimen procesal se dotó a la Sala Penal de la Corte Suprema de  Justicia  de  facultades sustanciales al conferirle,  entre  otras,  la potestad de superar los defectos de la demanda para decidir de  fondo  cuando  los  fines  de  la  casación,  fundamentación  de  los  mismos,  posición  del  impugnante  dentro  del  proceso,  e índole de la discusión lo  ameriten.   

Lo  anterior  no implica, sin embargo, que  este   mecanismo   sea   de  libre  configuración,  desprovisto  de  todo rigor y que tenga como finalidad abrir un espacio procesal  semejante  al  de las instancias para prolongar el debate respecto de puntos que  han  sido  materia  de controversia, pues, por el contrario, dada su  naturaleza  extraordinaria, quien acude al mismo debe ceñirse a  determinados  requerimientos  sistemáticos basados en la razón y en la lógica  argumentativa,  atinentes  a la observancia de coherencia, precisión y claridad  en   el   desarrollo   de   cada   uno  de  los  reparos  efectuados    (por  vicios  in  procedendo  o  in  iudicando),   y  desarrollarlos  conforme  a  las  causales  de  procedencia  previstas   en   el   artículo  181  del  ordenamiento  procesal,  en  aras  de  persuadir a esta Corporación de revisar el fallo de  segunda  instancia con el fin de corregir el pronunciamiento que se denuncia     como     contrario    a  derecho.   

La          Corte           anuncia  desde  ahora  que el   libelo   analizado  no  será  admitido  con fundamento en  el  inciso  2º  del  artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  norma  de  acuerdo  con  la cual la   demanda  no  será  seleccionada,   entre  otros  eventos,  cuando  en  la  misma  no  se desarrolla de manera adecuada el cargo.   

7.     La     causal    primera    de  casación  (Ley   906   de   2004,  artículo  181,  numeral  1º),  vía seleccionada por la  demandante en la primera queja       formulada    a    la    sentencia,     consagra     la    violación   directa  de  la  ley  por  exclusión   evidente,   aplicación   indebida   o  interpretación  errónea  de una norma de contenido  sustancial.   

En  sede de ese  motivo  de  casación  son inadmisibles las controversias acerca de los hechos y  las  reglas de producción y valoración probatoria, dado que la discusión debe  ser de estricto orden jurídico para acreditar:   

i) La falta de  aplicación  o  exclusión  evidente,  lo  cual  suele  presentarse,  por  regla  general,  cuando  el funcionario yerra acerca de la existencia de la norma y por  eso  no  la  considera en el caso específico que la reclama. Ignora o desconoce  la  ley  que  regula  la  materia  y por eso no la tiene en cuenta, debido a que  comete  un  error  acerca  de  su  existencia  o  validez  en  el  tiempo  o  el  espacio.   

ii)   La  aplicación  indebida,  vicio  que  consiste  en  una  desatinada selección del  precepto.  El  error  se  manifiesta  por  la  falsa  adecuación  de los hechos  probados  en  relación con los supuestos condicionantes de éste, es decir, los  sucesos  reconocidos  en  el  proceso  no  coinciden con la respetiva hipótesis  normativa.   

iii)  O,  por  último,  la interpretación errónea, caso en el cual el juez selecciona bien y  adecuadamente  la  norma que corresponde al suceso en cuestión, y efectivamente  la  aplica, pero al interpretarla le atribuye un sentido jurídico que no tiene,  asignándole  efectos distintos o contrarios a los que le corresponden, o que no  causa.   

Atendiendo  el  sentido  de la violación que expresamente invocó la  actora, esto es, la falta  de  aplicación de la garantía de in dubio pro reo consagrada en el artículo 7  de  la  Ley 906 de 2004, debe la Sala resaltar que un  yerro  semejante  puede  configurarse  por  la  vía  demandada,  cuando  en  la  sentencia  el  fallador de manera expresa e inequívoca reconoce la presencia de  dudas  o  incertidumbre  acerca  de  realización  por  parte  del procesado del  comportamiento  (de  acción u omisión)    que    se   le   reprocha   como   constitutivo   del   delito  atribuido.   

La  demandante  falta  a la obligación de  objetividad  con  los hechos declarados, pues en el asunto estudiado es palmario  que  los sentenciadores de primera como de segunda instancia, en las respectivas  consideraciones,  en parte alguna, consignaron que existiese indeterminación de  la  persona  que el 3 de diciembre de 2011, en los embates propios de una riña,  causó  a  Jimmy  Ferney  Navarrete  Mahecha  sendas  heridas  con  arma  corto  punzante,  una  de  las cuales fue determinante de su  fallecimiento.   

En  efecto,  la  Sala   corrobora   que   tanto   en   el   fallo   de  primer  grado5, como en el  de            segunda           instancia6,  con  base en el testimonio  de  Diego  Alejandro  Méndez Moreno, los funcionarios obtuvieron conocimiento y  convencimiento  más  allá  de  toda  duda  en  cuanto  a  que  en  la fecha de  marras,  luego  de haber  estado  aquél  toda  la  tarde     en     compañía    de    Navarrete      Mahecha,  en  horas  de la noche, cuando     se     hallaban     en     la     vía    pública  se  suscitó  un  inesperado  encuentro     con    GUERRERO    BRAND        (quien       venía  con  otros  dos individuos), al  que  de  inmediato le siguió el enfrentamiento en el  que  se  trenzaron  Navarrete Mahecha y GUERRERO     BRAND,    sólo  ellos  dos,  ambos provistos de  arma  blanca,  en  cuyo desarrollo el ultimo infligió al primero varias heridas  penetrantes,  una  de ellas, la asestada en  el tórax, causante de la muerte de  Navarrete Mahecha.   

Para   eludir  esa  acrisolada  realidad  fáctica,  la censora recurre a citas fragmentarias y descontextualizadas de las  consideraciones  del  fallador  de segundo grado, en las que, es cierto, como no  podía  ser  de  otra  manera,  reconoce  que  el  citado testigo de excepción,  Méndez  Moreno, fue tan sincero que adujo no haber presenciado los detalles del  instante  exacto  en que,  en  medio  de la reyerta, Navarrete Mahecha recibió la herida letal  de  parte  de  su  adversario,  y en  cambio  el  mismo testigo si hizo énfasis en que luego de desvanecerse su amigo  —a  consecuencia de la  punción  en  el pecho—,  cuando  se  hallaba  en el suelo, tendido boca abajo,  GERRERO    BRAND   se  abalanzó    sobre    él    y    le   causó      otras     heridas en la espalda.   

Estas  últimas  las  descartó el ad-quem  como  constitutivas de la realización de la conducta  por     parte    del    acusado    “colocando   a   la   víctima  en  situación  de  indefensión  o  inferioridad,     o     aprovechándose     de    esta    situación”,   según   la   circunstancia   de  agravación  (Ley   599   de   2000,   articulo   104,  numeral  7)  deducida  en  los cargos y acogida por el a-quo, pues de acuerdo  con   la   necropsia,  sustentada  en  la  audiencia  pública  por  el perito forense, esas heridas fueron  superficiales  y  ninguna  incidencia tuvieron en la producción de la muerte de  Navarrete                  Mahecha7.   

Siendo esa la realidad histórica, o mejor,  los  hechos  que  se  declararon  probados en el fallo de segundo grado, la Sala  advierte  que  el  vicio  denunciado  por la recurrente es apenas producto de la  subjetividad  con  la que asume los fundamentos del fallo condenatorio, falencia  que  convierte  la  discrepancia  en  un  inaceptable e impertinente problema de  valoración  de  los  sucesos, ajeno a las exigencias  que  gobiernan  la  violación  directa  de la ley sustancial, razón suficiente  para inadmisión de la censura principal.   

8.  En  cuanto  tiene  que  ver  con  los  cargos  segundo  y  tercero,  ambos  propuestos  como  subsidiarios   y   con  estribo  en  la  causal  tercera  de  casación  (Ley  906 de 2004, artículo  181-3),    impera    recordar   que   ese   motivo  extraordinario  de  impugnación  se  relaciona  con  el    “manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la  cual  se  ha fundado la sentencia”, vía por la  que   son   susceptibles   de   proponer  yerros  de  valoración   probatoria   que   dan   lugar  a  la  vulneración indirecta de  la   ley   por   falta   de  aplicación  o  aplicación  indebida  (únicos  sentidos  de susceptibles de  proponer) de una norma de  derecho sustancial.   

Los   desatinos   que   pueden  originar  agravios  de ese alcance  se agrupan en dos modalidades, a saber:   

De   una   parte,   los   errores  de  derecho, que se presentan  cuando  el  juzgador  contraviene  el debido proceso probatorio, valga precisar,  las  normas  que  regulan  las  condiciones  para  la  producción  (práctica  o  incorporación)  de  un  determinado   medio  de  prueba  en  el  juicio  oral  y  público  (tacha  que se conoce como falso juicio  de  legalidad), o porque,  aun  cuando la prueba ha sido legal y regularmente producida, desconoce el valor  prefijado   en   la   ley   a   la   misma   (yerro  denominado  falso          juicio          de          convicción),  clase  de dislate incompatible con  el  anterior  y  de  excepcional  ocurrencia  dado que, por regla general, en la  actual  sistemática procesal penal (así como en las  anteriores), los elementos de conocimiento no tienen  asignado  en  el  ordenamiento  adjetivo  un  grado  de  persuasión  tarifado o  ponderado   (salvo  lo  relativo  a  la  prueba  de  referencia.   Ley  906  de  2004,  artículo  381,  inciso  segundo),  sino  que el funcionario está en la obligación de apreciarlos  en conjunto, de acuerdo con los postulados de la sana crítica.   

Y  por  la otra, los llamados errores  de hecho, los cuales obligan a  aceptar   que  el  elemento  de  persuasión  satisface  las  exigencias  de  su  producción  y que no tiene en la ley un predeterminado valor de convencimiento,  habida   cuenta  que  las  falencias  en  que  puede  incurrir  el  juzgador  se  manifiestan    a    través    de   tres   diferentes   especies:   falso   juicio  de  identidad,  porque  adiciona   o  recorta  la  expresión  fáctica  de  un  elemento  probatorio  o  distorsiona   su   contenido;   falso   juicio   de  existencia, debido a que tiene como probado un hecho  que  carece  de  acreditación,  o  supone  como  incorporada a la actuación la  prueba  de  ese  aspecto,  o  porque  omite apreciar un elemento de conocimiento  legal   y   allegado   en  forma  válida;  y  falso  raciocinio,  que  se presenta por desviación de los  postulados  que  integran la sana crítica (reglas de  la  lógica,  leyes  de  la  ciencia  y  máximas de la experiencia) como método de valoración probatoria.   

Sea que se trate de errores de derecho o de  hecho,  el  actor  no  puede,  so  pena  de  violar  el  principio lógico de no  contradicción,  proponer  respecto  de  un  mismo medio de prueba simultánea e  indistintamente  las  respectivas  especies  en  que  aquellos  se subdividen, y  además  está  en  el  deber  de  demoler  cada uno  de  los  fundamentos  probatorios  de  la  sentencia  demandada,  mediante  la  acreditación  de  errores  típicos  de la violación  indirecta,  pues  si  deja  incólume  alguno  y  éste  resulta suficiente para  sostener  el pronunciamiento, es claro que no habrá conseguido quebrar la doble  presunción  de  legalidad y acierto con la que llega ungido tal pronunciamiento  a la sede de casación.   

La demandante no acató las exigencias que  gobiernan  la  vía  de  ataque invocada  en  los reproches subsidiarios, pues aun cuanto en ambos aludió  a  eventuales  errores  de  hecho,  en  ninguno  consiguió  acreditar de manera  efectiva      la  configuración de alguno de los dislates de esa estirpe.   

En  el  cargo  segundo denunció  un  falso  juicio de existencia por suposición, sobre la base  de  que  no  hay prueba que señale al acusado como el autor de la herida mortal  causada  a  la víctima, obviando la recurrente que la concreción o afirmación  de  esa  circunstancia  la  obtuvieron  los  falladores  de  primero  y  segundo  grado,   mediante   el  análisis  del  pormenorizado  relato  que  ofreció  el testigo Diego Alejandro  Méndez  Moreno,  en  el  que  señaló  a  GUERRERO  BRAND  como la única persona que en la fecha de los  sucesos  se  enfrentó  en  una  riña y provisto de un arma corto punzante a su  amigo  Navarrete  Mahecha,  contienda  en  la  que  éste  recibió por parte de  aquél  heridas  en  su  humanidad,  una  de  ellas  causante de su muerte.   

Desde   tal   perspectiva,   carece  de  fundamento  el vicio de valoración inicialmente alegado por la demandante, esto  es  el  falso  juicio  de existencia por suposición, el cual terminó     por    negar    la  censora al señalar que el Tribunal  no    podía    deducir   de   la   secuencia   relatada   por   el   mencionado  declarante,     la  autoría   por  parte  de  su  defendido  frente  a  la    herida    letal  causada  a  la  víctima,  alegación  con  la  que  dejó  insinuada,  sin  el  menor desarrollo, un falso  raciocinio  por  desatención  de  los  postulados  de  la  sana  crítica,  falencia argumentativa que no  puede  ser  suplida por la Sala en virtud del carácter rogado de este mecanismo  y con observancia del principio de limitación.   

Finalmente, en el tercer cargo subsidiario  la  actora  no denuncia un específico vicio de valoración probatoria, sino que  en   esencia  cuestiona  la  credibilidad  conferida  en  las  instancias  a  la  declaración    de    Méndez   Moreno,   olvidando   que   ese   aspecto,   conforme  a  la  pedagogía  jurisprudencial decantada  por  la  Sala  únicamente  puede  ser  con  éxito  confutada  si el recurrente  demuestra     objetivamente     un    atentado  a  la  sana  crítica,  para lo cual estaba llamada a señalar la regla lógica, la  ley  de  la  ciencia  o  la  máxima  de  la experiencia vulnerada, ejercicio de  confutación  que  en parte alguna aparece agotado en  los planteados hechos en la respectiva queja.   

En lugar de ello se dedicó a construir la  recurrente  una  crítica  del  poder  suasorio  de  la  declaración de Méndez  Moreno    desde   su  particular  perspectiva,  bajo  la  suposición,  con  base  en elementos que no  fueron  introducidos  en  el juicio como medios de prueba, de que aquel faltó a  la  verdad porque nunca reconoció al procesado como el autor de la agresión, y  que  todo  obedeció al señalamiento de un tercero que no acudió a declarar en  el  debate  oral,  afirmaciones  con  las  que  la  censura  queda reducida a un  insustancial alegato de instancia.   

9.     En    conclusión,  como  de  acuerdo  con  las  consideraciones que preceden en el  escrito    estudiado    no    se   demuestra  la configuración de vicios con  la  capacidad  de  enervar  la  declaración de justicia hecha en la  sentencia  de segunda instancia, que  solo   puede   ser  resquebrajada  en  virtud  de  la  acreditación  de  yerros  manifiestos  y  graves  que dejen sin efecto la doble presunción de legalidad y  acierto  que  la  cobija,  se  impone  la  inadmisión  del  libelo como   perentoriamente  lo  ordena  el  inciso   2º   del   artículo   184   de   la   Ley   906  de  2004.   

Lo  anterior sin perjuicio de puntualizar  que   la   Sala  no  advierte  situación  alguna  que  legalmente  la  habilite  para  superar  los defectos del libelo con el fin de  decidir  de  fondo,  ni  observa violación alguna de  las  garantías  fundamentales  del  enjuiciado DIEGO  ARMANDO      GUERRERO      BRAND     con    ocasión   del   procedimiento  cumplido  o con la emisión del fallo impugnado, como  para  que sea necesario el ejercicio de la facultad oficiosa que le asiste a fin  de asegurar su protección.   

Contra esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia, en los términos concretados por la Corte a partir del fallo de  12    de    septiembre    de    2005   (radicación  24322).   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

1.  NO ADMITIR  la  demanda de casación interpuesta por el     defensor     de     DIEGO     ARMANDO     GUERRERO  BRAND,     respecto  de  la  sentencia que en segunda instancia confirmó  la  condena  emitida  en  su  contra  como autor del  delito de homicidio.   

2.   De  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 184, inciso segundo, de la Ley 906  de     2004,    es    facultad    del    recurrente    elevar    petición    de  insistencia.   

Contra  esta decisión procede el recurso  de reposición.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

PRESIDENTE  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Carpeta principal, folios 56-66.   

2  Ídem, folio 22.   

3.  Ídem,   folios   26-38,   46,   49-53,  71-73,  76-78  y  82-99minuto  32:10  a  47:29.   

4  Cuaderno del Tribunal, folios 13-35 y 41-70.   

5  Carpeta principal, folios 90-92.   

6  Cuaderno del Tribunal, folios 24-28.   

7  Cuaderno del Tribunal, folios 32-34, consideración 5.4.     

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