AHP5388-2014(44597)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado   

AHP5388-2014  

Radicación     n°     44597   

         Bogotá,  D.C.,  nueve  (9)    de  septiembre   de  dos  mil  catorce (2014).   

ASUNTO  

         Resuelve  el  Despacho  la  impugnación presentada por Juan Carlos  Cortés  Aldana  contra  la  decisión adiada 3 de septiembre del presente año,  por  medio  de  la  cual un Magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá  declaró improcedente la solicitud de hábeas  corpus  formulada  por María Esther Cortés Aldana a  nombre  del  supranombrado,  quien  se  encuentra  privado  de  la  libertad  en  establecimiento  carcelario  en razón de la sentencia condenatoria proferida en  su  contra  por los delitos de estafa agravada en concurso homogéneo y sucesivo  y obtención de documento público falso.     

LA PETICIÓN  

         En  síntesis,  la  accionante  basa  su solicitud de amparo en los  siguientes argumentos:   

Sostiene  que  el procesado Cortés Aldana,  quien  el  8  de  febrero  de  2012  fue condenado a 55 meses de prisión por el  Juzgado  4º  Penal  del Circuito de Conocimiento de esta ciudad por los delitos  de  estafa  agravada en concurso homogéneo y sucesivo y obtención de documento  público  falso,  pena  que  en  decisión  del 4 de mayo de dicha anualidad fue  reducida  a 43 meses y 6 días por el Tribunal Superior de Bogotá, solicitó al  Juzgado  Segundo de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Descongestión  de  Acacías  (Meta)  el  reconocimiento  de  la  suspensión  condicional de la  ejecución  de  la  pena,  de  conformidad con el artículo 29 de la Ley 1709 de  2014  que  modificó  el  artículo  63 del Código Penal, benefició que le fue  negado  en  proveído  del 11 de junio de la cursante anualidad, otorgándole en  la  misma  fecha la prisión domiciliaria acompañada de mecanismo de vigilancia  electrónica,  la  cual a la fecha de presentación de la presente acción no ha  sido  materializada  por  el  INPEC,  con  el  argumento  de  que no hay equipos  electrónicos  disponibles, con lo cual se está desconociendo la orden del juez  que vigila la ejecución de la pena.    

         Así  las  cosas,  y  teniendo  en  cuenta que al condenado Cortés  Aldana  tan  solo  le  restan aproximadamente 7 meses para el cumplimiento de la  pena    física    que    le   fuera   impuesta,   depreca   la   «libertad  inmediata  por  suspensión de la ejecución de la pena o  traslado    a    su   domicilio   sin   dispositivo   [electrónico]».    

DECISIÓN DE PRIMERA INSTANCIA  

El Magistrado a quien correspondió conocer  de  la  acción  constitucional, después de agotar el procedimiento establecido  en  el  artículo  5°  de  la  Ley  1095  de  2006,  señaló que la acción de  hábeas  corpus  no resulta  procedente en el caso concreto, porque:   

         (i)   El   procesado   Juan  Carlos  Cortés  Aldana  se  encuentra  legalmente  privado  de  la  libertad,  por  razón  de  sentencia  condenatoria  ejecutoriada  proferida  en  su  contra,  hallándose actualmente descontando la  pena impuesta.    

         (ii)  Los  jueces encargados de vigilar la condena han resuelto las  solicitudes  de  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y prisión  domiciliaria  formuladas  por  el sentenciado, negando la primera y otorgando la  segunda,      en      decisiones      que      no      fueron      objeto     de  recursos.        

         (iii)  Si  las peticiones elevadas por el condenado al interior del  proceso  fueron  resueltas  en  contra  de  sus  intereses,  debió  agotar  los  mecanismos  previstos  por  el ordenamiento jurídico para controvertirlas, y no  acudir   con   ese   fin   a   la  excepcional  vía  judicial  de  hábeas  corpus, pues dicho mecanismo no  está  previsto  para  que  el  juez  constitucional  que  lo  conoce intervenga  indebidamente  en  esferas  que  no  son de su incumbencia, máxime cuando no se  advierte  configurada la privación ilícita de la libertad, ni su prolongación  en   dichas   condiciones.            

IMPUGNACIÓN  

Cabe   destacar,   que   el   sentenciado  Cortés  Aldana  al momento  de  notificarse  de  la decisión que le negó la protección deprecada, plasmó  con  su  rúbrica  que  la  apelaba, situación que conlleva a que se realice un  estudio de la petición de amparo.   

         Adicionalmente,  presentó  un  escrito en el que reitera que en su  caso  se  reúnen  las  exigencias  legales para el reconocimiento del mecanismo  sustitutivo  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena, en  particular  porque  no  tiene  antecedentes  penales,  y en cuanto a la prisión  domiciliaria  que  le  fuera  reconocida  desde  el  11  de junio de la presente  anualidad,  supeditada  al  mecanismo de vigilancia electrónica, señala que el  INPEC  no  ha  cumplido con asignarle uno de tales dispositivos, por lo que pide  que  se  le  releve  de  dicho  condicionamiento  o  se  le otorgue el subrogado  penal.            

CONSIDERACIONES DEL DESPACHO  

         1. Competencia de la Corte.   

         El  suscrito  Magistrado  es  competente  para  conocer  en segunda  instancia  de  la  impugnación  interpuesta  contra  la  providencia  del  3 de  septiembre  de  2014,  mediante  la  cual  un  Magistrado  de  la Sala Penal del  Tribunal    Superior   de   Bogotá   negó   la   solicitud   de   hábeas  corpus  presentada a nombre del  procesado  Juan  Carlos  Cortés  Aldana,  según  lo dispone el numeral 2° del  artículo 7° de la Ley 1095 de 2 de noviembre de 2006.    

2. Procedencia de la acción de hábeas corpus.   

         Como  lo  ha  precisado la jurisprudencia de la Corte, el artículo  30   de   la   Constitución   Política  consagra  el  derecho  fundamental  de  hábeas  corpus,  acción  reconocida  en  varios  instrumentos internacionales, tales como la Declaración  Universal  de  los  Derechos  Humanos,  el  Pacto  Internacional  sobre Derechos  Civiles  y  Políticos,  la  Convención  Americana  sobre Derechos Humanos y la  Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre.   

Así,  el hábeas  corpus,  conforme al artículo 27.2 de la Convención  Americana  de Derechos Humanos y el 4° de la Ley 137 de 1994 (Estatutaria sobre  Estados  de  Excepción),  es  un  derecho intangible y de aplicación inmediata  consagrado  en la Constitución Política, y reconocido como tal en los tratados  internacionales     que     forman    parte    del    denominado    bloque    de  constitucionalidad.   

En síntesis, se trata de la garantía más  importante  para  la  protección  del  derecho  a  la  libertad,  reglado en el  artículo  28  de la Carta Política, el cual reconoce en forma expresa que todo  sujeto  es  libre,  que  nadie  puede  ser molestado en su persona o familia, ni  reducido  a prisión o arresto, ni detenido, ni su domicilio registrado, sino en  virtud  de  mandamiento  escrito  de  autoridad  judicial  competente,  con  las  formalidades legales y por motivo previamente definido en la ley.   

Es  allí donde la Carta Política asigna a  la  ley  la  función  de  regular  la garantía fundamental, esto es, fijar las  condiciones dentro de las cuales aquella puede ser restringida.   

Es   decir,   pese   a   su  indiscutible  consagración  constitucional, no es un derecho absoluto, según se desprende de  lo  previsto  en  el citado artículo 28 de la Constitución, pues aun cuando es  cierto    que    el    hábeas   corpus  es  el  medio  por excelencia para su protección, también lo es  que su aplicación está sujeta al debido proceso.   

En tales condiciones, cabe también recordar  que  este  amparo, como lo  establece  la Constitución Política y lo desarrolla la Ley 1095 de 2006, es un  derecho  constitucional  fundamental  que  tutela  la  libertad  personal en los  siguientes casos concretos:   

a) Cuando la aprehensión de una persona se  lleva  a cabo por fuera de las formas constitucional y legalmente previstas para  ello,   como   sucede  con  la  orden  judicial  previa  (artículos  28  de  la  Constitución   Política,  2° y 297 de la Ley 906 de 2004), la flagrancia  (artículos  345  de la Ley 600 de 2000 y 301 de la Ley 906 de 2004), la captura  públicamente  requerida  (artículo  348  de  la  Ley  600 de 2000), la captura  excepcional  (artículo  21  de la Ley 1142 de 2007) y la captura administrativa  (sentencia  C-24  del  27 de enero de 1994), esta última con fundamento directo  en  el  artículo  28  de  la  Carta  y, por ello, de no necesaria consagración  legal,    tal    como    sucedió    –y  ocurre– en  vigencia de la Ley 600 de 2000.   

b)  Cuando, obtenida legalmente la captura,  la  privación  de la libertad se prolonga más allá de los términos previstos  en  la  Constitución  y  en la ley. En tal supuesto, la acción de hábeas  corpus  tiene por objeto que el  servidor  público: i) lleve  a  cabo  la  actividad  a  que está obligado (por ejemplo: dejar a disposición  judicial  el  capturado,  hacer  efectiva  la  libertad  ordenada, etc.) o bien,  ii)  adopte  la  decisión  correspondiente  al  caso  (verbi  gratia  ordenar  la  libertad  frente  a  la captura ilegal, presentar el  escrito   de  acusación,  instalar  el  juicio  oral,  entre  otras  hipótesis  posibles).   

De otra parte, es preciso señalar que como  la     acción     constitucional     de    hábeas  corpus  está orientada a proteger a la persona de la  privación  ilegal  de  la  libertad  o  de  su  indebida prolongación, al juez  constitucional,  en  el  caso  puesto  a  su  consideración,  le  está  vedado  incursionar  en  terrenos  extraños a este específico tema, so pena de invadir  órbitas  que son propias de la competencia del juez natural al que la ley le ha  asignado  su  conocimiento,  pues  de  lo contrario desborda la naturaleza de su  función  constitucional,  destinada por excelencia a la protección del derecho  fundamental de la libertad.   

En otros términos, conforme se ha indicado  en  esta  Corte de forma constante, la procedencia de la acción de hábeas  corpus se encuentra supeditada a  que  el  afectado  con  la  privación  ilegal de la libertad, o con su ilícita  prolongación,  haya  acudido  primero a los medios previstos en el ordenamiento  legal  dentro  del  proceso  que  se le adelanta, pues, reitérese, lo contrario  conduce  a  una  injerencia  indebida en las facultades que son propias del juez  que conoce de la actuación respectiva.   

Ahora,  si  bien la acción de hábeas   corpus  no  es  necesariamente  residual  y  subsidiaria,  también  lo  es  que  cuando  existe  un  proceso  o  actuación  judicial  en  trámite,  no  puede  utilizarse  con  ninguna  de las  siguientes  finalidades:  (i)  sustituir  los  procedimientos judiciales comunes  dentro  de  los  cuales  deben  formularse  las  peticiones  de  libertad;  (ii)  reemplazar  los  recursos  ordinarios  de  reposición y apelación establecidos  como  mecanismos  legales  idóneos para impugnar las decisiones que interfieran  el  derecho  a  la  libertad  personal;  (iii) desplazar al funcionario judicial  competente;    y    (iv)    obtener    una    opinión    diversa   —a     manera     de     instancia  adicional—   de   la  autoridad   llamada   a   resolver   lo   atinente   a   la   libertad   de   la  persona1.   

Por  tanto,  a partir del momento en que se  impone  la  medida  de  aseguramiento, todas las peticiones que tengan relación  con  la  libertad del procesado deben elevarse al interior del proceso penal, no  a  través  del  mecanismo  constitucional  de hábeas  corpus,   pues  esta  acción  no  está  llamada  a  sustituir el trámite del proceso penal ordinario.   

Lo anterior, salvo que la decisión judicial  por  medio  de la cual se interfiere en el derecho a la libertad personal, pueda  catalogarse  como  una  vía de hecho o se vislumbre la prosperidad de alguna de  las  otras causales genéricas que hacen viable la acción de tutela; hipótesis  en  las cuales, “aun cuando se encuentre en curso un  proceso  judicial,  el hábeas corpus podrá interponerse en garantía inmediata  del  derecho  fundamental  a  la  libertad,  cuando  sea  razonable  advertir el  advenimiento  de un mal mayor o de un perjuicio irremediable, en caso de esperar  la  respuesta  a  la  solicitud  de  libertad  elevada ante el mismo funcionario  judicial,  o si tal menoscabo puede sobrevenir de supeditarse la garantía de la  libertad  a  que  antes  se  resuelvan  los  recursos  ordinarios”2.   

En  esa  medida, para denegar la acción de  hábeas   corpus  no  es  suficiente  con  expresar que la persona se encuentra privada de la libertad por  cuenta  de  una  actuación  procesal o que dentro del trámite existan recursos  para  debatir  la  situación  tildada  de  lesiva  del  derecho  a  la libertad  personal,  pues  en  tal  evento  resulta necesario examinar el caso concreto en  orden  a  establecer  si se presenta una vía de hecho, como eventualmente puede  presentarse,  verbi gratia,  cuando   cumpliéndose   las   circunstancias  fácticas  y  legales  que  hacen  procedente la libertad se niega sin fundamento legal o razonable.   

         3. El caso concreto.   

         De  acuerdo  con  las  precisiones que anteceden, se observa que el  amparo  solicitado  resulta improcedente, por lo que se confirmará la decisión  impugnada, de conformidad con las siguientes razones:   

         3.1  Según las constancias que obran en  la  presente  actuación,  el procesado Juan Carlos Cortés Aldana fue condenado  por  el  Juzgado  4º  Penal  del  Circuito  de Conocimiento y la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de esta capital a la pena de 43 meses y 6 días de prisión,  como  autor  responsable  de  los  delitos  de  estafa  agravada y obtención de  documento   público  falso,  negándosele  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena.      

         Surge  patente  entonces,  que  la  privación  de  la libertad del  mencionado  ciudadano  es  consecuencia  inmediata  de  la condena emitida en su  contra,  y  dado que en la respectiva sentencia le fueron negados los mecanismos  sustitutivos  de  la  prisión  intramural, actualmente se encuentra descontando  pena  en  un centro carcelario, de modo que como aquella no puede catalogarse de  ilegal,  no  hay  lugar,  tal  como acertadamente lo concluyó el Magistrado del  Tribunal, al amparo constitucional.      

         

         3.2   De   otra  parte,  tampoco  puede  afirmarse  que  en la asunto de la especie se presenta la prolongación ilícita  de  la  libertad,  habida  cuenta  que  la  pena impuesta al sentenciado Cortés  Aldana  –43  meses  y  6  días–  aún  no  se  ha  cumplido,  pues  según consta en el presente diligenciamiento, el mencionado se  halla  privado  de  la  libertad  por  razón  de  esta actuación desde el 8 de  febrero  de  2012,  es decir, a la fecha ha descontado físicamente 31 meses y 1  día,  y  se  le ha reconocido por redención de pena 5 meses y 7 días, para un  total de 36 meses y 8 días de pena cumplida.    

         En  esa  medida, es claro que no se configura la segunda hipótesis  que  haría  procedente  la  acción  de  hábeas  corpus  en el trámite que se  revisa,  valga decir, que no obstante el sentenciado haber cumplido la totalidad  de  la pena impuesta, continuara privado de la libertad.       

         3.3  Lo  que  plantea  la  accionante  y  refrenda  en  la  impugnación  el condenado Cortés Aldana, es la inconformidad  frente  a  las  decisiones  adoptadas  por  los  jueces encargados de vigilar el  cumplimiento  de  la  sanción, por cuanto, de una parte, negaron al prenombrado  el  reconocimiento  de la suspensión condicional de la ejecución de la pena y,  de  otro  lado,  si  bien  le  otorgaron la prisión domiciliaria solicitada, la  condicionaron  a  la  utilización  del  dispositivo de vigilancia electrónica,  equipo       que      las      autoridades      penitenciarias      –INPEC–  aún  no  le  han  asignado  por la  supuesta falta de recursos.   

         Sin  embargo, aun cuando el sentenciado manifiesta no compartir las  referidas  determinaciones,  en  la  oportunidad  correspondiente  no agotó los  mecanismos  jurídicos  previstos  al interior del proceso para controvertirlas,  valga  decir,  no interpuso los recursos legales, por tanto resulta improcedente  que   ahora   acuda   a   la   acción   de   hábeas  corpus con la finalidad de reemplazarlos o de revivir  la  oportunidad  para  debatir  aspectos  que,  por lo demás, son del exclusivo  resorte  de  los  funcionarios judiciales encargados de supervisar la ejecución  de  la  sentencia,  en  relación  con los cuales le está vedado inmiscuirse al  juez constitucional.     

         Además,   el   amparo   deprecado  tampoco  está  diseñado  para  sustituir  los  procedimientos  judiciales dentro de los cuales deben ventilarse  peticiones  de  la  naturaleza  de  las  formuladas  por  el condenado, esto es,  aquellas  relativas  a  mecanismos sustitutivos de la pena de prisión, libertad  y,  en  general,  a los aspecto atinentes a la ejecución de la sanción, puesto  que  la  ley  señala  el  trámite  que  debe  seguirse  para  tal  efecto y el  funcionario  judicial  competente  para  resolverlas,  valga  decir,  el Juez de  Ejecución   de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad.        

         Así  las  cosas,  bien  puede el ciudadano Cortés Aldana insistir  ante  el  referido  funcionario  judicial  sobre el reconocimiento del subrogado  penal,  ora  para  que  se  levante  la  exigencia  del  mecanismo de vigilancia  electrónica  como  acompañante  de  la prisión domiciliaria, se le conceda la  libertad  condicional que, cabe destacar, debe ser otorgada oficiosamente cuando  se  cumplan  los  requisitos  legales  o, incluso, para que se requiera al INPEC  sobre  el  cumplimiento  de  la medida de vigilancia electrónica dispuesta para  él.        

Agréguese  que  los  argumentos  en  que  sustentan  las  decisiones  de  los  Jueces  de Ejecución de Penas y Medidas de  Seguridad,  por  medio  de las cuales se negó al condenado el reconocimiento de  la   suspensión   condicional  de  la  ejecución  y  se  otorgó  la  prisión  domiciliaria  condicionada  al  acompañamiento  de  dispositivo  de  vigilancia  electrónica,  no  se ofrecen infundados, caprichosos o arbitrarios y, por ende,  no pueden calificarse como una vía de hecho.   

         En  conclusión,  el  Despacho  encuentra  improcedente  el  amparo  constitucional invocado a favor de Juan Carlos Cortés Aldana.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, el Suscrito Magistrado de la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

         1.  CONFIRMAR  la decisión impugnada de  fecha y origen indicados.   

         2.    DISPONER   la   devolución   del  expediente al Tribunal de origen.   

         

         Notifíquese y cúmplase   

FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO   

Magistrado  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 CSJ  AHP, 26 Jun. 2008, rad. 30066.   

2 CSJ  AHP, 26 Jun. 2008, rad. 30066.     

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