41709(28-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                                  GUSTAVO      ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ   

                            Aprobado Acta No. 279.   

          Bogotá,   D.C.,   veintiocho  (28)  de  agosto  de  dos  mil  trece  (2013).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  constatar si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  ERASMO  ANDRÉS  SÁNCHEZ  FARFÁN, contra la  sentencia  de segundo grado proferida el 18 de febrero de 2013 por la Sala Penal  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Nieva, que confirmó la dictada  el  31de  enero  de  2012  por  el Juzgado Quinto Penal del Circuito de la misma  ciudad,  condenando  al  citado  procesado  a las penas de 48 meses de prisión,  multa  de  $76.300.000 e inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones  públicas   por  el  lapso  de  60  meses,  como  autor  del  delito  de  fraude  procesal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los acontecimientos que dieron origen a este  proceso  fueron relatados en el fallo de segunda instancia como se transcriben a  continuación:   

   

“El 9 de noviembre  de  2006,  Leydy  Yohana  Sáenz,  formuló denuncia penal contra Erasmo Andrés  Sánchez  Farfán  y  Josefina  Coronado Agudelo, pues el 15 de mayo de 2005, en  forma  dolosa  cambiaron  la  muestra  de  alcoholemia  tomada en la Clínica de  fracturas  y  ortopedia,  con  el fin de favorecer al primero de ellos, quien se  encontraba  en  estado  de  embriaguez  y  había  sido  llevado allí por haber  participado  en  un  accidente  de  tránsito  donde  falleciera Norbey Grisales  Sáenz, hermano de la denunciante     

“Precisó  que  Josefina Coronado tomó la  muestra  de  sangre  para  el  experticio  que  debía  rendirse  en  el proceso  2006-0082,  ante  el Juzgado Quinto Penal del Circuito de Neiva; no obstante, la  muestra  llevada  a  Medicina  Legal  no  corresponde  a Erasmo Andrés Sánchez  Farfán,  razón  por  la  cual  el  nombrado señor y Josefina, lograron que el  Fiscal  concediera la libertad al primero de ellos, con fundamento en una prueba  de   alcoholemia   falsa,   conducta   que  constituye  el  ilícito  de  fraude  procesal.”   

Con  base  en  la  denuncia  formulada,  la  Fiscalía  10  Seccional de Neiva abrió investigación penal el 30 de noviembre  de  2006,  ordenando  la  vinculación  de  ERASMO  ANDRÉS  SÁNCHEZ  FARFÁN y  Josefina  Coronado Agudelo. El primero fue escuchado en indagatoria y la segunda  vinculada  mediante  declaración  de  persona  ausente.  A  ambos se les impuso  medida  de  aseguramiento de detención preventiva en resolución del 6 de julio  de 2009.   

Evacuadas  las  diligencias  pertinentes  se  declaró  cerrada  la  investigación,  tras lo cual se calificó el mérito del  sumario  el  6  de  abril  de  2011, acusándose a los procesados como presuntos  coautores  de fraude procesal, decisión que fue impugnada en apelación, siendo  confirmada  en  resolución dictada el 30 de septiembre de 2011 por la Fiscalía  Tercera Delegada ante el Tribunal Superior de Nieva.   

De  la  etapa del juicio conoció el Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  de  Neiva,  despacho  que  luego  de  evacuar  las  audiencias  preparatoria  y  de juicio, dictó sentencia el 31 de enero de 2012,  condenado  a  SÁNCHEZ  FARFÁN a las penas arriba señaladas. Josefina Coronado  Agudelo fue absuelta de los cargos imputados.   

Contra  esta determinación, el defensor del  procesado  ERASMO  ANDRÉS  SÁNCHEZ FARFÁN interpuso recurso extraordinario de  casación.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

                  Primer cargo   

          Al  amparo  de  la causal primera, cuerpo segundo, del artículo 207  de  la  Ley  600  de 2000, alega que el Tribunal incurrió en un falso juicio de  existencia  al valorar los indicios como única prueba para confirmar la condena  contra su defendido.   

          Como  normas violadas cita los artículos 9, 12, 23 y 32 del Código  Penal y 7, 170, 232, 237, 238, 277, 284 y 286 del Código Penal.   

          A  continuación  señala  que  el  juzgador  hizo  una  valoración  equivocada  de  los  hechos,  plasmando inferencias erradas por inobservancia de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  es  decir,  de la lógica, la ciencia o la  experiencia.   

          Dice  que  los  indicios  de  presencia,  oportunidad,  beneficio  y  mentira,  destacados  por  el fallador, no demuestran que su defendido haya sido  la  persona  que  cambió o utilizó a otra persona para que cambiara la muestra  de  sangre  que  le  fue  tomada  para el estudio de alcoholemia, pues física y  materialmente  le  era imposible hacerlo sin contar con la colaboración de otra  persona.   

          En  el  proceso, agrega, no existe prueba o indicio que aclare cómo  se  llevó  a  cabo el cambio de la muestra, ni cómo se violaron las medidas de  seguridad  que  tenía  el  lugar donde esta se hallaba. Tampoco existe prueba o  indicios  que  indiquen  en  qué  momento  se  dejó  de  aplicar  la cadena de  custodia.   

          Segundo cargo   

         

          Al  amparo  de  la  causal  tercera,  acusa  la sentencia de haberse  dictado  violando  las garantías procesales consagradas en los artículos 2, 6,  7,  8, 10, 11, 12, 13, 82 y 83 del Código Penal, que establecen el principio de  igualdad,  derecho  a la defensa, a la actuación procesal, a la contradicción,  la  finalidad  del  procedimiento,  la  extinción y prescripción de la acción  penal.   

          Específicamente,  dice,  la  sentencia  es  ilegal porque se dictó  después  de  ocurrido  el fenómeno jurídico de la prescripción de la acción  penal,  ya  que  los  hechos tuvieron ocurrencia el 15 de mayo de 2005, mientras  que  la  resolución  de  acusación se dictó el 30 de septiembre de 2011, esto  es,  después  de  6  años,  4  meses  y  15  días, transcurriendo un término  superior  “al que le hubiese correspondido como pena  al  encausado”,  pues  la  pena  fue  fijada  en  48  meses.   

          Pide,  en  consecuencia,  que  se case la sentencia y en su lugar se  absuelva  a  su  defendido  de  los cargos formulados o se declare a su favor la  prescripción de la acción penal.   

           CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

Primer cargo  

Bien  poco tiene que responder la Corte a la  propuesta  casacional  del  libelista,  por  elemental  sustracción de materia,  pues,  del  inconexo  escrito  allegado  difícil  resulta  adivinar  qué es lo  pretendido,  dado  que, de manera vaga y abstracta alude someramente a varias de  las  alternativas de ataque casacional por la vía de la violación indirecta de  la   ley   sustancial,   pero   sin  desarrollar  argumentativamente  alguna  de  ellas.   

En efecto, al enunciar el error que atribuye  al  fallador, esgrime que el mismo incurrió en un falso juicio de existencia al  valorar  los indicios como única prueba incriminatoria, pero a renglón seguido  sostiene  que el error radicó en las inferencias indiciarias, que desconocieron  las  reglas  de  la  sana  crítica,  sin  especificar  cuál  de ellas resultó  trasgredida.   

Semejante  planteamiento riñe con la debida  fundamentación  que  debe contener una demanda de casación, no sólo porque de  entrada  advierte  el planteamiento de hipótesis completamente diferentes, cuyo  planteamiento  y  acreditación exigían un análisis independiente, sino porque  la  propuesta  de  violación indirecta se queda en el mero enunciado, ya que ni  siquiera  se  ocupa  el  censor  de  enfrentar  las  razones  que fundamentan la  condena;   o de señalar las pruebas sobre  las cuales recae el error;  y  menos  de acreditar cuál es su trascendencia en la determinación que afecta  a su representado.   

En esas condiciones, el demandante denota un  claro  desconocimiento  de  que el fallo de segundo grado llega a este escenario  prevalido  de  una  doble  condición  de  acierto  y  legalidad  que solo puede  desvirtuarse  cuando de forma lógica, con argumentos suficientes sustentados en  los  hechos,  el decurso procesal y las normas jurídicas aplicables al caso, se  demuestra  un  error evidente, con la trascendencia suficiente como para revocar  o  modificar  lo decidido por las instancias, tarea que de ninguna manera cumple  el censor.   

Ante esa realidad, se impone la inadmisión  del cargo.   

Segundo cargo  

         Si  bien  es cierto que la jurisprudencia  de    la   Sala   tiene  determinado   que   la   alegación   en   casación  de   la   prescripción  de  la  acción  penal,  procede a través de la vía de  la  causal  tercera  del  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, dado que el pasar  por  alto  un  hecho  objetivo  como  lo  constituye  el  paso  del  tiempo y su  consecuencia,  esto  es,  la  imposibilidad  de  proseguir  la actuación penal,  vulnera  el  debido  proceso,  también  lo es que al  mismo  tiempo  se  ha  decantado que el desarrollo del  cargo,  o  mejor,  su  sustento,  debe  hacerse dentro de los presupuestos de la  causal   primera,  ya que la inadvertencia o decisión de las instancias de  abstenerse  de  reconocer  el  fenómeno prescriptivo, solo puede provenir de la  inadecuada  interpretación  o  aplicación de normas concretas, o por el camino  del yerro probatorio.   

         En  este  caso,  el recurrente no asume la sustentación  del  cargo por la vía adecuada y en lo sustancial, se evidencia  un   completo   desconocimiento  de  las  normas  que  regulan  el  término  de  prescripción  cuando esgrime que éste corresponde al  señalado  como  pena  en  la  sentencia,  cuando  el  artículo  83  del  Código  Penal  claramente  establece  que  la acción penal  prescribirá  “en  un tiempo igual al máximo de la  pena  fijada  en  la  ley,  si  fuere  privativa  de  la libertad”,   sin   que   pueda   ser   en  ningún  caso  inferior  a  cinco  años.   

         Y   como  en  este  evento  se  procede  por  un delito de fraude procesal, sancionado con pena  de  prisión  de  6  a 12 años, sin el aumento de la Ley 890 de 2004, según el  artículo  453  del Código penal, es evidente que entre la señalada como fecha  de  los  hechos  –mayo de  2005-  y la fecha de ejecutoria de la acusación -30 de  septiembre  de  2011-, no transcurrió el tiempo máximo de la pena fijada en la  ley,  esto  es,  12  años,  motivo  por  el  cual  ninguna  razón le asiste al  libelista   cuando   esgrime   que   el   fenómeno   operó  en  la  etapa  del  sumario.       

Entonces,  como no se acredita yerro alguno,  el  libelo  será  inadmitido, pues tampoco se observa la vulneración de alguna  garantía  fundamental  que  amerite el ejercicio de las facultades oficiosas de  la  Sala  de  Casación Penal, en los términos del artículo 216 del Código de  Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

En  mérito  a lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada  a  nombre  del  procesado  ERASMO  ANDRÉS  SÁNCHEZ  FRAFÁN  por las  razones expresadas en la parte motiva.   

Contra  este auto  no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                          JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

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